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Farsa Fúnebre en el Chaco, 1952

Un hombre alto y flaco apareció en un pueblo del Chaco argentino y se hizo pasar por el general Juan Domingo Perón, fingiendo llorar su muerte. Montó un simulacro funerario con una muñeca rubia en una caja de cartón y recibió a la gente que desfilaba a darle el pésame. Recaudó dinero de los asistentes. El documento reflexiona sobre la naturaleza de este hombre y su representación de una figura política mítica, en un momento de irrealidad histórica.
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Un hombre alto y flaco apareció en un pueblo del Chaco argentino y se hizo pasar por el general Juan Domingo Perón, fingiendo llorar su muerte. Montó un simulacro funerario con una muñeca rubia en una caja de cartón y recibió a la gente que desfilaba a darle el pésame. Recaudó dinero de los asistentes. El documento reflexiona sobre la naturaleza de este hombre y su representación de una figura política mítica, en un momento de irrealidad histórica.
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KL HACEDOR

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EL SIMULACRO En uno de los das de julio de 1952, el enlutado apareci en aquel pueblito del Chaco. Era alto, flaco, aindiado, con una cara inexpresiva de opa o de mscara; la gente lo trataba con deferencia, no por l sino por el que representaba o ya era. Eligi un rancho cerca del ro; con la ayuda de unas vecinas arm una tabla sobre dos caballetes y encima una caja de cartn con una mueca de pelo rubio. Adems, encendieron cuatro velas en candeleras altos y pusieron flores alrededor. La gente no tard en acudir. Viejas desesperadas, chicos atnitos, peones que se quitaban con respeto el casco de corcho, desfilaban ante la caja y repetan: Mi sentido psame, General. ste, muy compungido, los reciba junto a la cabecera, las manos cruzadas sobre el vientre, como mujer encinta. Alargaba la derecha para estrechar la mano que le tendan y contestaba con entereza y resignacin: Era el destino. Se ha hecho todo lo humanamente posible. Una alcanca de lata reciba la cuota de dos pesos y a muchos no les bast venir una sola vez. Qu suerte de hombre (me pregunto) ide y ejecut esa fnebre farsa? 'Un fantico, un triste, un alucinado o un impostor y un cnico? Crea ser Pern al representar su doliente papel de viudo macabro? La historia es increble pero ocurri y acaso no una vez sino muchas, con distintos actores y con diferencias locales. En ella est la cifra perfecta de una poca irreal y es como el reflejo de un sueo x> como aquel drama en el drama, que se ve en Hamlet. El enlutado no era Pern y la mueca rubia no era la mujer Eva Duarte, pero tampoco Pern era Pern ni Eva era Eva sino desconocidos o annimos (cuyo nombre secreto y cuyo rostro verdadero ignoramos) que figuraron, para el crdulo amor de los arrabales, una crasa mitologa.

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