Opinin y debate Marta Lamas* El enfoque de gnero en las polticas pblicas
Hoy se denomina gnero al conjunto de ideas, representaciones, prcticas y prescripciones sociales que se elaboran a partir de la diferencia anatmica entre los sexos. O sea, el gnero es lo que la sociedad considera lo propio de los hombres y lo propio de las mujeres. Se reproduce mediante costumbres y valores profundamente tcitos que han sido inculcados desde el nacimiento con la crianza, el lenguaje y la cultura. Cambia histricamente, de poca en poca, mientras que la diferencia biolgica se sostiene a lo largo de los siglos. Es tambin una lgica cultural omnipresente en todas las situaciones sociales. El ser humano introyecta esquemas mentales de gnero con los cuales clasifica lo que lo rodea: es un filtro a travs del cual percibimos la vida. Tambin los mandatos de gnero se encarnan en el cuerpo, por lo que es como una armadura que constrie las 1 actitudes y acciones corporales. Pero el gnero es ms que un poderoso principio de diferenciacin social: es un brutal productor de discriminaciones y desigualdades. Las ideas y las prcticas de gnero jerarquizan social, econmica y jurdicamente a los seres humanos. La diferencia anatmica entre mujeres y hombres no provoca por s sola actitudes y conductas distintas, sino que las valoraciones de gnero introducen asimetras en los derechos y las obligaciones, y esto produce capacidades y conductas econmicas distintas en cada sexo. O sea, el gnero traduce la diferencia sexual en desigualdad social, econmica y poltica; por eso las fuerzas del mercado reproducen las relaciones de gnero mientras que el sistema jurdico las legitima. En la actualidad, poderosas instancias internacionalescomo la ONU o el Banco Mundial promueven el enfoque de gnero como una herramienta para enfrentar esa injusta situacin. Es evidente que los objetivos de estas dos instituciones son muy diferentes: para el Banco Mundial, la urgente necesidad de impulsar un modelo de desarrollo que supere al actual, que no ha logrado abatir pobreza, exclusin y desempleo, lo ha llevado a identificar mejor las circunstancias existenciales de los agentes econmicos. As, ha encontrado que los comportamientos diferenciados de mujeres y hombres, derivados del esquema cultural del gnero, reproducen la insostenibilidad econmica con consecuencias en la estructuracin desigual de las oportunidades, especialmente del empleo y los ingresos. De ah que el Banco Mundial trabaje para incorporar un enfoque de gnero en la poltica macroeconmica que descarte la neutralidad de los planteamientos macroeconmicos que reafirman la desigualdad. La preocupacin de la ONU ha sido mucho ms amplia y abarcadora que la del Banco Mundial, pues analiza el impacto de las relaciones de gnero en el orden social. Con el enfoque de gnero la ONU pretende institucionalizar una poltica antidiscriminatoria que parte de reconocer que las mujeres tienen derechos, que muchas estn en situaciones de marginacin y que hay queempoderarlas. Su inters por un tratamiento igualitario (igualdad de oportunidades y de trato) que elimine las jerarquas entre hombres y mujeres, ha llevado a la ONU a comprometer a los gobiernos a que trabajen para garantizar una situacin ms equitativa. En 1 995, la ONU logr que 18 9 Estados firmaran una definicin vinculante que qued plasmada en la plataforma de accin de la iv Conferencia de la Mujer en Beijing. sta dice: los gobiernos y otros actores tienen que apoyar una poltica activa y visible que integre de manera coherente una perspectiva de gnero en todos los programas y en todas las polticas. De esta manera, se podrn analizar las posibles repercusiones de las decisiones sobre mujeres y hombres antes de la toma de stas. Cmo pretende la ONU que se logre este objetivo? Su propuesta es el gender mainstreaming,que significa instalar ese enfoque en la corriente principal. Traducido como transversalizacin de la perspectiva de gnero, consiste en una estrategia doble: por un lado, reconocer la diferenciacin social, econmica y poltica entre los sexos tomando en consideracin las desigualdades de mujeres y hombres en todos los mbitos de la sociedad, y por el otro lado, impulsar medidas especficas en losmbitos en que, segn los resultados de un diagnstico de gnero, las mujeres no tienen acceso equitativo a recursos materiales y simblicos. La ONU desea que los gobiernos desarrollen polticas ms equitativas en todos los niveles, lo que implica que pongan a disposicin los recursos institucionales y financieros necesarios para implementar el enfoque de gnero. Claro que, por los contextos locales y las tradiciones culturales sumamente divergentes entre los pases, los objetivos a lograr en cada lugar son muy diferentes desde el punto de vista poltico, econmico, social y cultural. Lo unitario es que el enfoque de gnero cambia radicalmente el carcter de la poltica pblica, independientemente de que los objetivos en cada regin sean distintos. Dos herramientas principales del enfoque de gnero son la auditora de gnero y los presupuestos con perspectiva de gnero. La auditora consiste en un anlisis de la legislacin y el presupuesto (incluyendo los subsidios, los impuestos y los proyectos sociales) para determinar los efectos que stos provocan en la situacin de ambos sexos. No se miden slo los recursos destinados a las mujeres, ya que stos constituyen una parte mnima del presupuesto total del Estado, sino tambin aquellos rubros que a primera vista no parecen relevantes
para las mujeres. Como el presupuesto nacional es neutral, o sea, no distingue qu va para los hombres y qu para las mujeres, se suele suponer que el dinero los beneficia a ambos por igual. Sin embargo no es as; todo lo que se hace, cada peso que se gasta, tiene un impacto diferente en cada sexo y esa variacin se refiere al nmero y a la calidad de los servicios disponibles. Uno de los objetivos de la auditora de gnero es fomentar una mayor intervencin de las mujeres en los asuntos econmicos y fiscales, y hacerlas formar parte del proceso de creacin del presupuesto. Elaborar el presupuesto con ese enfoque significa valorar precisamente las repercusiones que tendr en hombres y mujeres. Si bien ambos instrumentos son muy tiles, hay que insistir que hasta la fecha en pocos casos existen mecanismos de rendicin de cuentas. Adems, el enfoque de gnero no promueve dentro de las instancias gubernamentales acuerdos vinculantes y sanciones claras ni instala un programa slido de desarrollo de recursos humanos con enfoque de gnero. Tambin hace falta un sistema de informes y de monitoreo que permita realizar una evaluacin por fuera del aparato gubernamental. Algo que hay que tener claro es que la perspectiva de gnero, por s misma, no abre alternativas polticas, ni sirve para superar la poltica neoliberal, desmantelar las instituciones patriarcales ni para enfrentar la masculinidad hegemnica. Este enfoque slo es capaz de incidir analtica y estratgicamente en la direccin de ciertas polticas pblicas y acciones gubernamentales. Al reflexionar sobre qu se puede lograr con la transversalizacin de la perspectiva de gnero, se ve que urgen estrategias complementarias. Esto no desacredita la perspectiva de gnero como tal, sino slo reconoce que hasta ahora su papel ha sido limitado. Es posible luchar contra la desigualdad entre mujeres y hombres desde una variedad de lugares y niveles, y el proceso laborioso de transversalizar el enfoque de gnero en la administracin pblica es slo uno ms de ellos. Es obvio que la aplicacin transversal de la perspectiva de gnero es una estrategia de incidencia poltica radicalmente diferente del activismo feminista. Se trata de un enfoque top-down (de arriba hacia abajo) que compromete a la direccin de los gobiernos. La experiencia muestra que, a pesar de que el enfoque de gnero se dirige a todos los seres humanos, son bsicamente las mujeres las interesadas en que se modifiquen las jerarquas entre hombres y mujeres. Y como las burocracias gubernamentales no cuentan con un dinamismo poltico propio de sus integrantes, es indispensable la alianza con los actores polticos interesados en la equidad de gnero, como son las organizaciones de la sociedad civil que trabajan en pro de los derechos humanos y las feministas, cuyas estrategias polticas son la movilizacin de sus bases y la crtica. La presin proveniente de la calle es muy til, siempre que no deteriore los procesos de vinculacin y retroalimentacin entre ambas dinmicas polticas. Hay que encontrar formas de establecer puentes entre las instituciones gubernamentales y las organizaciones de la sociedad que permitan avanzar hacia el objetivo comn. Para ello es esencial la disposicin a emprender un dilogo que respete las respectivas lgicas de actuacin de cada instancia, la activista y la institucional. Desde esta comprensin, el modelotop-down del enfoque de gnero se complementa con la movilizacin de las organizaciones civiles. No obstante la brecha que existe entre el alcance del enfoque de gnero y los objetivos polticos dirigidos a lograr equidad, no hay que desechar el instrumento;nicamente hay que tener claras sus limitaciones. La desigualdad social no se entiende, y mucho menos se elimina, slo con perspectiva de gnero. En nuestro pas, la desigualdad de clase o el racismo suelen ser tan brutales como el sexismo. La brecha entre el enfoque de gnero y la exigencia de transformacin social ha conducido a un sector del feminismo a desarrollar una mirada mucho ms compleja para tratar de cerrarla. Las experiencias de la vida personal se corresponden con dimensiones mltiples de la vida social: no somos slo mujeres u hombres; tambin pertenecemos a una clase social, tenemos cierto color de piel y compartimos una cultura determinada. Enfocarse slo en una dimensin, como sera el gnero, no da cuenta de la complejidad del problema de la desigualdad. Por eso ahora, teniendo en la mira el objetivo de la justicia social, se plantea la intersectorialidad, que califica una perspectiva que interrelaciona distintos elementos, 2 como clase social, raza y pertenencia tnica, con el gnero. Usar la intersectorialidad requiere un trabajo estratgico al interior de las instancias de la ONU, por ejemplo en las metas de los Objetivos del Milenio. Pese a sus enormes dificultades y limitaciones, transversalizar el enfoque de gnero en la actuacin gubernamental cambia no slo la situacin del sector pblico, sino que influye en las disposiciones y prcticas de la vida privada. De igual manera, las transformaciones personales de mujeres y hombres tambin generan efectos dinmicos en el mundo laboral y en la vida pblica. Hablar de vida privada y vida pblica me lleva a un asunto relevante. La lucha de las mujeres por adquirir las mismas libertades de los hombres para estudiar, para trabajar, para votar, para gobernar, para dirigir ejrcitos, para oficiar misas ha concentrado durante largo tiempo los reclamos de igualdad en la esfera pblica. Ahora, el anlisis de lo que ocurre en la esfera privada ha llevado a plantear que son los hombres los que se tienen que igualar a las mujeres respecto a una obligacin humana esencial: el trabajo de cuidado de los seres vulnerables (nios, nias, personas jvenes, ancianas, enfermas y discapacitadas). La divisin sexual del trabajo de cuidado es una de las caractersticas del sistema de gnero y 3 produce consecuencias en el orden social y en la subjetividad de los seres humanos. Quienes cuidan a las personas que no se pueden cuidar por s mismas son, casi en su totalidad, mujeres. Las creencias y mandatos culturales de gnero han hecho que el trabajo de cuidado se vea como una labor consustancial a la feminidad. La
identidad de las mujeres se construye psquicamente como cuidadoras, por lo que se asume que el cuidado humano es responsabilidad de ellas. Los Estados modernos han dado forma a las necesidades y los derechos de las personas que cuidan y de quienes requieren ser cuidadas de manera funcional a la lgica de gnero, que 4 reproduce la desigualdad. La ausencia de esquemas ms compartidos para el cuidado no slo es un obstculo para la inclusin en el mercado de trabajo, sino tambin es un impedimento para la prctica de una ciudadana 5 social plena. Por ello es crucial que las labores femeninas de cuidado se vuelvan neutrales, como ya ha ocurrido con las labores que antes se consideraban masculinas (las pblicas). Esto significa igualar a los hombres de tal forma que tengan las mismas obligaciones de cuidado que ya tienen las mujeres. Hoy se concibe a la ciudadana moderna no slo como el estatuto jurdico que confiere derechos y obligaciones, como pagar impuestos o votar, sino como un repertorio de cualidades indispensables para el desempeo cvico; 6 aqu aparece el cuidado como tarea prioritaria. Ha surgido la propuesta de que el ejercicio de la ciudadana 7 implique el cuidado de las personas dependientes. Este planteamiento minimizara de forma dramtica las desigualdades entre mujeres y hombres. La exigencia del cuidado tiempo para cuidar y condiciones para ser cuidado supone un gran desafo para las tendencias socioeconmicas postindustriales, con serias consecuencias fiscales y fuertes transformaciones de los sistemas modernos de seguridad social. Una restructuracin de este calibre requiere la creacin de un nuevo sistema de seguridad social y el establecimiento de nuevas obligaciones, con mecanismos claros que garanticen el bienestar colectivo y el respeto a la autonoma personal. Por ltimo, la realidad social no es slo un conjunto de relaciones de fuerza entre agentes sociales, sino tambin un conjunto de relaciones de sentido, un orden simblico. Como los seres humanos somos seres biopsicosociales, el gnero est en el cuerpo, en la psique y en la conducta social. Este orden simblico del gnero, vinculado a condiciones materiales y a prcticas sociales, es un sistema de poder y por ello constituye un campo de lucha poltica. El poder est incrustado en una pluralidad de situaciones cotidianas, especialmente en las relaciones ms ntimas en que estamos entrelazados. Es difcil cuestionar y modificar los cdigos culturales de gnero que hemos heredado y que encubren formas de explotacin e injusticia, porque son parte de nuestra identidad. El gnero es subjetividad socializada y vaya que es complejo modificar la subjetividad de las personas. El principal mecanismo de reproduccin social y el medio ms potente de mantenimiento de la sujecin personal a la desigualdad social es justamente la violencia simblica que cada quien se aplica a s mismo por los mandatos 8 de gnero. No va a ser fcil transformar las prescripciones culturales de gnero que traemos introyectadas, pues estn arraigadas profundamente en el psiquismo humano, en el inconsciente, y no se cambian a puro voluntarismo. Enfrentar los arcaicos y discriminatorios esquemas de gnero que producen sexismo y homofobia requiere una intervencin de poltica cultural que muy pocos gobiernos estn dispuestos a hacer y que escasas agencias y fundaciones internacionales estn dispuestas a financiar. Tal vez una razn clave de la lentitud del cambio de los esquemas de gnero es justamente la ausencia de una poltica cultural dirigida a impactar el orden simblico. Por lo pronto un asunto prioritario es transmitir que los asuntos de gnero no son asuntos de mujeres. Tambin las prescripciones de gnero de la masculinidad resultan una carga opresiva y los hombres padecen las exigencias y obligaciones absurdas del mandato cultural de la virilidad. Cada vez ms los hombres viven situaciones de opresin y discriminacin y, no obstante, las mujeres son en gran medida quienes impulsan los cambios en las relaciones de gnero; este enfoque les da a los hombres una plataforma para que acten en su propio inters. Pero lo ms importante a comprender, y que est en el fondo del asunto, es que la equidad beneficia a todos, mujeres y hombres. Equidad es una palabra que ingres hace poco al vocabulario democrtico, pero que tiene orgenes muy antiguos; proviene del latn aequus, que quiere decir igual, y su acepcin est vinculada al mbito de la justicia: equidad es la cualidad de los fallos, juicios o repartos en que a cada persona se le da segn corresponda a sus mritos o demritos. O sea, es la cualidad por la que ninguna de las partes es favorecida de manera injusta en perjuicio de otra. Lograr equidad es lograr igualdad con reconocimiento de las diferencias; por eso la introduccin de nuevas prcticas y nuevas normas con que las personas puedan ser medidas y evaluadas, junto con una redistribucin de recursos que verdaderamente refleje un nuevo arreglo equitativo, har posible enfrentar con eficacia las prcticas de gnero que producen desigualdad, tanto material (pobreza) como simblica (discriminacin). Ya no es posible seguir con un discurso que hable del enfoque de gnero desvinculado de la materialidad de los procesos de reproduccin cotidiana de los cuerpos sexuados. Y por reproduccin me refiero no slo a tener hijos o negarse a tenerlos, sino tambin al conjunto de actividades que hacen posible que los seres humanos reproduzcan su fuerza de trabajo cotidianamente. Esto requiere alimentacin, ropa limpia y otros cuidados, o sea, las labores llamadas domsticas que comotrabajo de amor realizan gratuitamente las amas de casa o que se paga a otras mujeres para que las hagan. Un verdadero enfoque de gnero ubica, primero que nada, la
importancia del cuidado humano, y reconoce lo imprescindible que es econmica y existencialmente. No valorar el trabajo invisible conduce a las prcticas sexistas de distintos espacios laborales, falta de igualdad de oportunidades, al descuido en el cuidado infantil (como el caso de las guarderas subrogadas delIMSS), etc. La conciliacin trabajo-familia es la gran tarea que se olvida en los discursos sobre el enfoque de gnero; justamente esta perspectiva debera servir para ubicar la centralidad del impacto econmico, poltico y social que tiene que hacerse cargo de cuidado humano bajo la actual distribucin del poder. Hay que dejar de concebir como femenino el trabajo de cuidado humano, o sea, dejar de verlo como el trabajo natural de las mujeres y pensarlo como un trabajo humano esencial. Slo as se podrn plantear nuevas coordenadas que, al establecer un verdadero equilibrio de las responsabilidades familiares y laborales desde una visin de gnero diferente, permitan construir alternativas que liberen simblica y materialmente a las mujeres y a los hombres. Finalmente, lo que vemos hoy da es que la desigualdad provoca conflictos y resentimientos. Laguerra de los sexos persiste, con la variacin moderna de que hoy tambin los varones se creen vctimas de las mujeres. Sobre este fenmeno que va en auge, Elisabeth Badinter seala que es intil cerrar los ojos: las relaciones entre hombres y mujeres no han progresado en absoluto en estos ltimos aos. Incluso es posible que, con ayuda del individualismo, se hayan deteriorado. No slo no se resolvi la disputa, sino que se complic. Los dos sexos se 9 colocan en vctimas el uno del otro. El tema de la conciliacin trabajo-familia es el de la conciliacin de las mujeres y los hombres. Si no se concilia vida familiar y vida laboral pblica, no se van a conciliar los hombres y las 10 mujeres. Y si mujeres y hombres no se concilian, toda la vida se revuelve, se complica y se vuelve un campo de batalla. Hoy hablar de perspectiva de gnero es una prctica discursiva, social y poltica que define un cambio civilizatorio al convertir las labores de amor de las mujeres en responsabilidades de toda la sociedad. Al trazar el horizonte de la equidad de gnero se dibuja una sociedad donde mujeres y hombres comparten el trabajo remunerado, la toma de decisiones, el tiempo de ocio y el cuidado de los seres vulnerables. La sociedad es mixta, somos 50%-50%; por eso las labores de gobierno y las de cuidado, las tareas agradables y las pesadas, deberan estar repartidas en la misma proporcin. se es justamente el sentido del reclamo de paridad: ir a mitades no slo en la toma de decisiones de los asuntos pblicos, sino tambin en el desempeo de las tareas humildes e imprescindibles de la vida privada. S, la equidad entre mujeres y hombres es el objetivo principal a alcanzar y el enfoque de gnero es uno de los tantos caminos por los cuales transitar en esa direccin para acabar con la desigualdad existente en todos los terrenos.
* Doctora en Antropologa y fundadora de Grupo de Informacin en Reproduccin Elegida (GIRE); actualmente es presidenta de su Consejo de Administracin. Notas al pie de pgina: 1.- Marta Lamas, Cuerpo: diferencia sexual y gnero, Mxico, Taurus, 2002. 2.- Leslie McCall, The complexity of intersectionality en Emily Grabham et al. (eds.),Intersectionality and Beyond.
Law, power and the politics of location,Canad, Routledge, 2008. 3 - Mara Jess Izquierdo, El cuidado de los individuos y de los grupos: quin cuida a quin? en Debate Feminista, nm. 30, Mxico, octubre de 2004. 4.- Trudie Knijn y Monique Kremer, Gender and the Caring Dimension of Welfare States: Towards Inclusive Citizenship en Social Politics, Otoo, 1997. 5.- Paul Kershaw, Carefair: Rethinking the Responsibilities and Rights of Citizenship, Vancouver, ubc, 2006. 6.- Knijn y Kremer, op. cit.; Ruth Lister, Dilemas in Engendering Citizenship en Barbara Hobson (ed.), Gender and Citizenship in Transition, New York, Routledge, 2000; Paul Kershaw, Carefair: Choice, Duty and the Distribution of Care en Social Politics: International Studies in Gender, State and Society, 2005; Naila Kaaber, Ciudadana incluyente, Mxico, Programa Universitario de Estudios de Gnero/unam, 2007. 7.- J. B. Elshtain, Public Man, Private Woman, Oxford, Martin Robertson, 1981; Mary G. Dietz, El contexto es lo que cuenta: feminismo y teoras de la ciudadana en Debate Feminista, nm.1, Mxico, marzo de 1990; K. B. Jones,Citizenship in a woman-friendly polity en Signs, vol. 15, nm. 4, University of Chicago, 1990, pp. 781-812; Joan W. Scott, Igualdad versus diferencia: los usos de la teora postestructuralista en Debate Feminista, nm. 5, Mxico, marzo de 1992; Chantal Mouffe, Democratic Politics Today en Chantal Mouffe (ed.),Dimensions of Radical Democracy, Londres, Verso, 1992; Nancy Fraser, After the Family Wage: a Postindustrial Thought Experiment en Barbara Hobson (ed.), op. cit. 8.-Pierre Bourdieu, La dominacin masculina, Barcelona, Anagrama, 2000. 9.- Elisabeth Badinter, Fausse route, Pars, Odile Jacob, 2003. 10.- Mara Jess Izquierdo, op. cit.