Creo que presentarme leyendo lo que voy a decir no es muy académico, pero es que no
tengo el don de la improvisación ni la elocuencia necesaria.
Este encuentro al que me han invitado, me habéis invitado, supone para mi un gran
honor y la satisfacción de reunirme con ustedes, con vosotros.
Esta circunstancia me hace retroceder a un lejano pasado: cuando un grupo de
distinguidos linarenses unidos por la fe, ilusión y propósitos, tenían un ambicioso sueño,
reorganizar para Linares la Hermandad de la Santa Cena Sacramental.
A este distinguido grupo se unió un nutrido grupo de entusiastas colaboradores, de
cofrades; cada uno con sus posibilidades y limitaciones, pero con el entusiasmo de
todos a Una, desde el Hermano Mayor de la Hermandad, hasta el que hacia labor de
recaudación.
Quiero recordar con admiración y gratitud al famoso escultor don Víctor de los Ríos,
que colmó plenamente lo que los reorganizadores de la Hermandad esperaban de el.
Para mi Don Víctor de los Ríos sigue vivo en su obra.
Quiero también recordar con inmensa gratitud a Don José Córdoba, Hermano Mayor de
la Hermandad, por la confianza que puso en mí.
Cuando supe que existía una comisión para traer a Linares la Santa Cena, pensé que ese
“Paso” seria algo grandioso.
Me presente a don José Córdoba, le exprese mi deseo de hacer un proyecto de la carroza
y tallarlo. Me pidió el proyecto.
En mi casa, y a tamaño natural, dibuje el frente y un costado de la carroza: Hablamos
del tema. Le dije, que en caso de hacerlo, desearía que fuese en un gran taller, en el
taller de D. José García Calvache. Este señor ebanista, no sabia nada de mi propósito, D.
José Córdoba me dijo; Si te comprometes con este proyecto ¡Adelante!, gracias don
José.
Don Víctor trajo una maqueta en arcilla, fui a verla a la ferretería del señor Montiel.
Para el proyecto solo tome la medida de la puerta de la iglesia, la longitud fue por
estimación del proyecto, D. Víctor me invito a su taller en Rió Rosas, en Madrid, para
tomar las medidas del conjunto escultórico que estaba realizando, para aplicarlas a la
carroza.
Volví poco después a su taller para verificar las medidas y volver a ver la obra. Volví
por tercera vez, no recuerdo por qué, tal vez algún detalle.
D. Víctor me dijo durante la construcción de la carroza, que cuando terminará podía
trabajar en su taller é ingresar en la academia de Bellas Artes de San Fernando, donde él
tenía un cargo. Por el conocí al famoso pintor Vázquez Díaz.
Quiero destacar, que D. Víctor sugirió la idea de que, antes de barnizar la carroza, se le
diera un suave tono de color a los ocho paneles de la carroza: El señor García Calvache
fue al taller de D. Víctor para aprender la técnica que tan hábilmente empleo en todos
los paneles.
Dos años después, un Domingo de Ramos, salía de la iglesia de Santa Maria con todo su
esplendor y grandeza, la Cofradía de la Santa Cena Sacramental, la Santa Cena del Sur.
A tanto esplendor se sumaba la vistosidad de las túnicas y capas amarillas de los
cofrades, en aquellos cofrades vibraba la emoción de un renacer de primavera. También
quedaron sorprendidos y emocionados los miles de ciudadanos que vivieron aquella
triunfal tarde.
El sueño de aquellos soñadores se había cumplido. ALELUYA.
Ese mismo día, sobre las 7 de la mañana, yo iba a terminar los últimos detalles de la
carroza, yo iba con mi sueño en bandolera, confiado en trabajar en Madrid.
Unos golpes de martillo me despertaron,: mi sueño se había desvanecido. Volví a la
realidad del momento. En aquel lugar llore como un niño, mi mala suerte. Me sentí
aprendiz de mucho y maestro de nada, pero joven dispuesto a todo.
Deseo que este homenaje sea mas sentido para los que ya no están y para los que aún
quedamos, especie rara en peligro de extinción. Perdón por la expresión.
Aquellos soñadores, simbólicamente, encendieron una antorcha y la ofrecieron como un
reto a los futuros relevos cofrades. Aquella antorcha la veo triunfante y luminosa en
vuestras manos, y deseo que cuando llegue el momento del relevo, siga triunfante por
los senderos del tiempo.