Escritos y Estadísticas de 1870-74
Escritos y Estadísticas de 1870-74
ndice
o o o o o o o o o o o o o o o o
Seor don Mariano Brcena Materiales para formar la estadstica general de la Repblica Mexicana Impresiones de un viaje a la Sierra de Huauchinango Sierra de Pachuca. Atotonilco el Chico Las estaciones en el Valle de Mxico Extensin y poblacin del Valle de Mxico Una excursin a la Caverna de Cacahuamilpa Una excursin a la tierracaliente. De Teziutln a Nautla. Una excursin a Perote Un paseo a Jalapa Ensayo de un estudio comparativo entre las pirmides egipcias y mexicanas Ruinas de la antigua Tollan Memoria con que el secretario de la Sociedad Filarmnica da cuenta de los trabajos de sta en el ao de 1870 Memoria presentada a la Junta Directiva de la Sociedad Filarmnica Mexicana, con motivo de la construccin del Teatro del Conservatorio Discurso en honor de Samuel Morse Discurso en honor de Lamberto A. S. Quetelet
En diversas pocas se ha intentado la formacin del censo de la Repblica, y pocas veces se ha obtenido, aunque de una manera imperfecta. Muy conocidas son las causas que se oponen a esta clase de trabajos estadsticos, y no me ocupar, por tanto, en su enumeracin. Sin embargo, creo que los resultados obtenidos en la formacin del censo, no estn distantes de la verdad, y revelan un crecimiento lento de nuestra poblacin, cuyas causas es muy conveniente estudiar; objeto que me he propuesto, aunque no con la extensin que tal asunto merece, por carecer de los datos necesarios. Para investigar la exactitud de los ltimos datos acerca de la poblacin de la Repblica, es preciso recurrir a los censos que en pocas distintas se han publicado, para compararlos con el ltimo, teniendo en cuenta las diferencias entre -2- nacidos y muertos, y tomando por base el antiguo censo que inspire ms confianza. Don Manuel Orozco y Berra public en la Memoria del Ministerio de Fomento (1857) un interesante artculo, como todos los que son obra de su talento. Discutiendo en dicho artculo los mejores datos oficiales que pudo procurarse, consign un verdadero monumento estadstico, cuyo final resultado dio la cifra de 8.281.403. La confianza que deben inspirar los trabajos del seor Orozco, por su reconocida aptitud, y el conocimiento que tuve por los datos oficiales que sirvieron para el indicado artculo, puesto que fueron los mismos de que me serv para el censo que consign en el Atlas, y me dieron el resultado de 8.283.088, cifra que en muy poco difiere de la anterior, me han decidido para los clculos de hoy, a tomar por base el censo obtenido por el seor Orozco. Partir para esta operacin de los datos ms antiguos sera intil, puesto que ya esta tarea ha sido hbilmente desempeada por persona competente.
Estado de Aguascalientes
Segn la Memoria del seor Orozco, la poblacin de Aguascalientes, conforme a la noticia remitida por el Estado en 5 de Febrero de 65 (que -3- debe referirse a 1864), ascendi a 83.837 habitantes. La noticia oficial que se ha recibido en el Ministerio de Gobernacin ltimamente (1869) da 139.115 habitantes, distribuidos de la manera siguiente: Ciudad de Aguascalientes Demarcacin del partido Municipalidad de Jess Mara Calpulalpam Demarcacin del partido Calvillo Demarcacin del partido Ocampo Demarcacin del partido Municipalidad de Tepezala 31.872 33.996 8.237 5.823 18.619 6.891 14.308 3.146 11.427 4.796 ________ Nmero total de habitantes 139.115
Es decir, que segn ambos documentos, la poblacin aument en 14 aos, 63.278 habitantes; el promedio que resulta por la comparacin de los datos de movimiento de la poblacin, en tres aos, me da una cifra de 2.000 individuos por ao en favor de la poblacin, o en 14 aos 28.000, que sumados a los del censo de 1834, dan para 1868 el guarismo de 113.837 habitantes, -4que adopto prudentemente como ms aproximado.
Estado de Campeche
El dato que publiqu en mi Carta general (1863) tomado de la obra de don Toms Aznar Barbachano, expresaba 86.453 habitantes como censo del Estado en 1858. La Memoria presentada por el gobernador a la legislatura en 1869, consigna 80.366 habitantes, distribuidos de la manera siguiente: Campeche Carmen 19.553 10.753
Suma
80.366
Si ambos documentos son exactos, como es de creerse, revelan un decrecimiento deplorable en la poblacin, debido sin duda alguna, a la funesta guerra de castas de la pennsula.
Estado de Coahuila
Orozco y Berra asigna para 1856 al Estado 67.598 habitantes. Las ltimas noticias del Ministerio -5de Gobernacin dan 93.150 habitantes, segn consta a continuacin: Saltillo Parras Viesca Mouclova Ro Grande 34.721 10.268 11.322 23.425 13.414 ________ Total 93.150
Ningn dato verdadero he podido adquirir respecto del movimiento de la poblacin, pues del que consta en la Memoria del Gobierno del Estado (1869) ningn resultado puede obtenerse, por ser formado por el registro civil que, como es sabido, presenta con exactitud su estado de defunciones, pero sumamente incompleto el de nacimientos. Debe admitirse el ltimo dato, pues apenas manifiesta una diferencia de 25.000 en favor de la poblacin en el perodo de doce aos, o prximamente 2.000 individuos por ao, que no puede considerarse exagerada.
Estado de Chiapas
La Memoria de 1857 da al Estado la poblacin de 167.472 habitantes.
-6Las noticias del Ministerio de Gobernacin 193.987, de la manera siguiente: San Cristbal las Casas Comitn Tuxtla Gutirrez Pichucalco Chiapa Chiln Soconusco Palenque Simojovel 46.750 36.364 23.545 15.027 19.799 17.845 13.545 9.479 11.633 ________ Suma 193.987
El aumento que ha habido en doce anos es de 26.515, o prximamente 2.200 al ao, que corresponde a cerca de 1 por ciento.
Estado de Chihuahua
La Memoria de 857 da 164.073 habitantes. Los datos del Ministerio de Gobernacin 179.971, comprendiendo 15.000 indios tarahumares no empadronados. Distrito Iturbide Cantn -7Cantn " " " Arteaga Matamoros Galeana Victoria 10.266 5.770 3.354 8.000 46.694 Rayn 51.643 6.841
Distrito Hidalgo
Apaches no empadronados
Ha aumentado la poblacin en doce aos, segn ambos documentos, 15.898 habitantes, que corresponden al ao 1.325 individuos por trmino medio, y menos de uno por ciento. El clculo no es, por tanto, exagerado, y debe admitirse.
Estado de Durango
Memoria de 1857 El censo ltimo Distribuidos de la manera siguiente: -8Distrito de la capital Tamazula Nombre de Dios San Juan del Ro Cuencam Papasquiaro El Oro Mapim Nazas Mezquital 37.305 16.239 16.025 16.227 15.449 15.893 8.055 12.988 8.420 11.034 144.331 habitantes 173.402 "
El aumento que conforme a estos documentos ha tenido el Estado en el perodo de doce aos, es de 29.611 individuos, o sean 2.467 por ao; aumento que corresponde a 2 por ciento prximamente. El movimiento de la poblacin en 1856 fue: Nacidos Muertos 8.227 5.586
Que revela alguna conformidad con el trmino medio anterior. El dato del ministerio de Gobernacin me parece no hallarse distante de la verdad.
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Estado de Colima
El censo que de este Estado publiqu en el Atlas, era de 61.243. El movimiento en 1855 dio una diferencia en contra de la poblacin, de catorce individuos, segn se ve por el siguiente dato: Varones Nacidos Muertos 697 755 Hembras 666 622 Total 1.363 1.377 ______ Diferencia en contra 14
La poblacin en los aos subsecuentes ha de haber disminuido de una manera notable, pues el padrn que ltimamente remiti el Gobierno del Estado (y en el cual se debe tener entera confianza por haberse practicado por segunda vez las operaciones para rectificar las primeras), solamente da para 1868 la poblacin de 48.649 habitantes, distribuidos de la manera siguiente:
-10De manera que en doce aos ha perdido la poblacin 12.594 individuos; mil sesenta en el ao, o ms de dos por cada cien habitantes. Evidentemente las causas principales de esta deplorable diminucin, han provenido de la guerra civil, y muy particularmente de lo insalubre de la parte del Sur y Sur Oeste del Estado, debido en una gran parte a la incomunicacin de la extensa laguna de Cuyutln con el mar.
Estado de Guanajuato
Acerca de este Estado de Guanajuato, que por la proporcin en que se encuentra su poblacin respecto de su extensin territorial, se ha considerado como el ms poblado de la Repblica, se nota una gran diferencia entre los diversos datos que en distintas pocas se han publicado. La Geografa de Almonte le da (1852) Anales de Fomento, (1852) Dato oficial, (1855) Cuadro sinptico, (1856) Atlas de la Repblica, (1857) Memoria de Fomento, (1857) Carta general, (1863) Datos de gobernacin, (1868) 713.388 718.775 672.809 697.270 874.073 729.103 874.000 729.988
-11Debo advertir que el dato de que me serv tanto para el Atlas como para la Carta general, constaba en la estadstica del Estado que mand formar el Ministerio de Fomento; los informes que despus he adquirido respecto del procedimiento que emple el comisionado para formar el censo, me han convencido de la muy poca confianza que aquel dato merece. Tomemos para nuestros clculos el dato oficial de 1855, que da para el censo del Estado 672.809. El movimiento en favor de la poblacin: En 1855 En 1856 13.682 18.155 ______ Suma Trmino medio 31.837 15.818
Que corresponde a un aumento de dos y un quinto por ciento. Para no errar por exceso, admitiremos por trmino medio el uno y medio. En doce aos la poblacin habr obtenido un aumento de 125.508 individuos, que dan para 1868, 822.778 habitantes. Los datos del Ministerio de Gobernacin son los siguientes: -12Departamento de la capital Guanajuato La Luz Silao Romita Irapuato Cuitzeo Salamanca Pueblo Nuevo Valle de Santiago y Congregacin del Jaral Pnjamo 56.012 13.670 30.738 15.352 25.640 20.626 22.889 2.438 21.782 23.166
Congregacin de Cuermaro
4.800 237.113
Departamento de Len Len San Francisco del Rincn Pursima del Rincn Piedragorda 78.930 16.127 6.919 17.404 119.38 0 -13Departamento de Celaya Celaya San Miguel de Octopan Rincn de Tamayo San Juan de la Vega Apaseo, San Pedro, Tenango, San Bartolo Ixtla Santa Cruz Cortzar y el Guaje Tarimoro Salvatierra Morolen Yuriria Uriangato Maravatio Acmbaro Tarandacuao de la Constancia Irmuco Tcuaro Jercuaro Coroneo 29.203 171 208 413 16.820 11.607 11.877 7.265 21.688 6.832 17.992 4.868 2.055 15.671 2.567 1.471 381 10.510 2.753
Chamacuero Neutla
-14Departamento de Allende Allende Hidalgo San Felipe San Juan de Ocampo San Diego del Bizcocho 36.911 44.883 35.984 4.960 11.780 134.518 Departamento de Sierra-Gorda San Luis de la Paz Mineral de Pozos Iturbide Tierrablanca Santa Catarina Victoria Xich Atarjea 19.464 4.356 16.989 5.320 1.627 10.685 3.183 2.381 ________ 64.005 ______ _ Suma 729.988
Sabido es que en los lugares mineros el movimiento de la poblacin est sujeto a las eventualidades de las minas; pero stas en Guanajuato, -15- aunque no se encuentran en el estado floreciente de otros tiempos, su decadencia no ha llegado al grado de influir de una manera notable en la diminucin de la poblacin. Bien pudiera por dicha causa haber decado sta en los minerales; pero en cambio las poblaciones industriales como Len, Salamanca y Celaya, as como la agricultura en los ricos terrenos del bajo, habran ganado los brazos que abandonaran los trabajos de las minas, si otra causa muy poderosa no lo hubiera impedido: la funesta guerra de intervencin, que hizo sentir sus consecuencias en Guanajuato tanto como en la mayor parte de los
Estados de la Repblica. Por todas las razones expuestas, creo prudente tomar un trmino medio entre el resultado que da el clculo y el ltimo dato oficial. El clculo da El ltimo dato 822.778 habitantes 729.988 ________ Suma Trmino medio 1.552.766 776.383 "
Que a mi juicio es el censo probable para 1868, el cual revela un aumento de 47.280 individuos respecto del dato del seor Orozco y Berra, y corresponde a menos de medio por ciento anual.
Estado de Guerrero
En la mayor parte de obras estadsticas publicadas, se le da al Estado 270.000 habitantes; pero este dato es incierto, por haberse formado de noticias aisladas que no inspiran mucha confianza. Segn creo, hoy es la primera vez que tenemos un dato completo y oficial de aquella parte de la Repblica, y es el que debe admitirse. La noticia recibida por el Ministerio de Fomento, es la siguiente: Distrito del centro Chilapa Tavares Ometepec Allende Morelos Hidalgo Mina Aldama Galeana 28.543 15.359 16.601 17.558 13.819 41.593 39.322 29.070 23.052 16.973 ________ 241.860
Estado de Jalisco
El Ministerio de Gobernacin posee los datos nicamente de siete cantones, y son para m tan inexactos, que no deben figurar en el censo general de la Repblica. Para demostrar su inexactitud, nos bastar comparar dichos datos en lo que concierne al Cantn de Guadalajara con los de la estadstica del seor Banda, que merecen mucha confianza, tanto por el sello de veracidad que revela su estadstica, como por la procedencia de los datos. Datos de Gobernacin, (1869) Datos de Banda, (1855) 82.668 200.703 ________ Diferencia en favor de los datos de Banda 118.035
Diferencia enorme, que es tanto ms de notar, cuanto que los datos de Banda se refieren a una poca mucho ms atrasada. Segn los datos oficiales que en 1857 tuve a la vista para la formacin del Atlas de la Repblica, la poblacin de Jalisco constaba en aquella poca de 804.058 habitantes. -18Corregido este dato despus por personas que conocen bastante la poblacin del Estado, segn lo expresa el seor Banda en su estadstica ( Boletn de la Sociedad de Geografa, tomo 11, pgina 612), la poblacin del Estado para 1857 daba un total de 822.229 habitantes, distribuidos de la manera siguiente: Cantn de Guadalajara Cantn de Lagos Cantn de la Barca Cantn de Sayula Cantn de Ahualulco Cantn de Autln Cantn de Tepic Cantn de Colotln Cantn de Zapotln 162.807 158.894 108.993 54.918 88.709 56.657 74.642 48.782 67.825 ________
822.229 Segn los pocos datos que he podido reunir sobre el movimiento de poblacin, el aumento de sta se efecta en la relacin de uno por cada cien individuos. Calculando con esta base, resulta que la poblacin para 1870 debe ser de novecientos treinta y siete mil trescientos treinta y siete. En la misma estadstica del seor Banda se consigna el censo de la poblacin formado en vista de los datos ministrados por los ciento veintin curatos que comprende el Estado de Jalisco. La poblacin del Estado para 1855, segn estas noticias, es la que sigue: Poblacin de los diez y ocho curatos que comprende el cantn de Guadalajara dem de los ocho curatos que encierra el cantn de Lagos dem de los diez y ocho curatos del cantn de la Barca dem de los veintin curatos del cantn de Sayula dem de los catorce curatos del cantn de Etzatln dem de los doce curatos del cantn de Autln dem de los doce curatos del cantn de Tepic dem de los ocho curatos del cantn de Colotln
Suma -20-
924.580
Si admitimos este mismo dato para 1870, despreciamos el aumento que en los diez y seis aos debiera haber tenido la poblacin, y el cual sera de 73.966 almas; cifra que puede compensar la prdida de la poblacin por la guerra civil, la de la intervencin, y sobre todo por la emigracin a los Estados circunvecinos. No vacilo en aceptar los datos anteriores, dados por los curas de las dicesis de Jalisco, por dos razones: primera, porque es sabido que los curas son los poseedores de los mejores datos respecto de poblacin; y segunda, porque deben inspirar mayor confianza los trabajos ejecutados por mayor nmero de personas que a consecuencia de la subdivisin administrativa estn en aptitud de conocer ms la localidad cuanto menor sea la extensin de sta.
Toluca Tenango Tenancingo Ixtlahuaca Lerma Villa del Valle Jilotepec Sultepec Temascaltepec Tlalnepantla Cuautitln Zumpango Otumba Texcoco Chalco
77.143 46.325 35.113 57.543 37.371 30.102 42.042 38.466 26.269 34.563 30.189 25.038 31.633 40.931 46.461 ________
599.189
________ 1.124.494 Resultado que difiere poco del obtenido por el clculo, y debe en mi concepto admitirse.
Estado de Michoacn
Por los informes que he adquirido, el gobierno del Estado de Michoacn es uno de los que ms empeo han tenido en la formacin del censo, y los datos que ha remitido deben considerarse como exactos, hasta donde es posible que lo sean, atendiendo a las dificultades que se presentan en la ejecucin de obra de esta naturaleza; sin -24embargo, debemos proceder a nuestros clculos, aunque no sea ms que para investigar la importancia del movimiento de la poblacin. La cifra que obtuve para mi Atlas geogrfico fue la misma del Cuadro sinptico, la cual ascenda en 1856 a 491.679. Los datos del Ministerio de Gobernacin dan la siguiente: Morelia Zinapcuaro Maravatio Zitcuaro Huetamo Tacmbaro Ario Ptzcuaro Uruapam Apatzingn Coalcomn Los Reyes Jiquilpam Zamora 96.371 37.800 41.823 37.979 29.600 25.900 23.590 28.612 41.377 13.996 9.573 16.154 30.275 46.765
Este resultado manifiesta, comparado con el anterior, que en doce aos la poblacin de Michoacn ha tenido un aumento de 126.393 habitantes, que corresponden a 1,7 por ciento al ao.
Estado de Nuevo-Len
La Memoria del Ministerio de Fomento consign 145.779 habitantes para el censo del Estado en 1856. Los datos de gobernacin dan 174.000 distribuidos de la manera siguiente: Monterrey Cadereyta Villaldama Salinas Victoria Doctor Arroyo Garca Montemorelos Cerralvo Linares 47.818 15.012 11.870 11.480 22.233 14.223 20.232 10.139 20.993 ________ 174.000 Calculando el aumento de la poblacin en doce aos 1 por ciento que me indican los datos que tengo a la vista, resulta la cifra de 170.268, que est en consonancia con la anterior.
Estado de Oaxaca
La Memoria del gobernador en 1852, daba al Estado 542.938 habitantes (Memoria de Fomento). El movimiento de la poblacin en tres aos dio la suma de 27.695 habitantes en favor de ella, o sea por trmino medio al ao 9.232, que corresponden a 1,7 por ciento. En diez y seis aos la poblacin deba haberse elevado a 690.750 habitantes. El censo que ltimamente ha remitido el gobierno del Estado al Ministerio de Gobernacin, slo le da 601.850, que en diez y seis aos corresponde a menos de 1 por ciento de aumento anual. Desde luego se advierte, en vista de tales datos, cules son los Estados de la Repblica que ms poblacin han perdido en la guerra de intervencin. Los ltimos datos son los que a continuacin se expresan: Centro Coixtlahuaca Cuicatln Choapam Ejutla -27Etla Huajuapam Jamiltepec Juchitan Juquila Juxtlahuaca Miahuatln Nochistln Ocotln Pochutla Silacayoapam Tehuantepec 20.242 34.129 28.155 27.916 14.136 11.288 27.764 27.564 25.085 9.767 20.590 17.684 47.220 12.553 14.383 8.958 14.189
Teotitln del Camino Teposcolula Tlacolula Tlaxiaco Tuxtepec Villa Alta Villa lvarez Villa Jurez Yautepec
21.361 23.260 32.226 35.687 16.108 34.837 38.083 19.041 19.624 ________ 601.850
Estado de Puebla
El censo que se ha formado del Estado en diversas pocas, marca diferencias muy notables, -28- y demuestra que en Puebla ms que en ningn otro Estado de la Repblica, la guerra civil y de intervencin han hecho sentir sus funestas consecuencias. La Memoria del gobierno del Estado en 1849, dio el censo de 683.725, sin incluir los Distritos de Tlalpa y Ometepec que se segregaron para formar parte del Estado de Guerrero, as como el de Tuxpam, que se agreg a Veracruz; para 1865 la estadstica consign la cifra de 655.882; don Pascual Almazn 830.000 en su Carta de Puebla que public en 1868, y los ltimos datos 688.788. Si comparamos las dos noticias oficiales (1849 y 1869), resulta que el aumento que ha tenido la poblacin en diez y ocho aos, apenas da la cifra de 5.063. Comparados los censos de 849 y 855, se nota una diferencia en contra de la poblacin, de 27.843 habitantes. Si tomamos por base para nuestros clculos la cifra que corresponde a la estadstica que mand formar el Ministerio de Fomento, tendremos: En 1855 En 1868 655.882 688.778 _______ _ Diferencia en favor, en trece aos, que corresponde a menos de por ciento al ao 32.896
El censo que ltimamente recibi el Ministerio de Gobernacin, y al cual me refiero, es como sigue: Acatln Atlixco Chalchicomula Chiautla Cholula Huauchinango Huejocingo Matamoros Pahuatln Puebla San Juan de los Llanos Tecali Tecamachalco Tehuacn Tepeaca Tepexi Teziutln Tetela Tlatlauquitepec Zacapoaxtla Zacatln 36.176 36.805 44.861 26.740 31.768 21.587 21.364 32.565 18.300 70.916 30.196 24.199 38.010 50.942 31.788 41.184 19.630 30.314 14.749 23.376 43.318 ________ 688.788
Estado de Quertaro
En 1851, segn datos oficiales, el Estado contaba con 132.124 habitantes. Calculando el aumento que debe haber tenido la poblacin en diez y siete aos, a razn
de 1 por ciento al ao, resulta la suma de 23.682, que agregada a la anterior, da para 1868 el censo de 155.806. Poco difiere esta cantidad de la del dato oficial del Ministerio de Gobernacin; con todo, es prudente admitir la ltima, pues la primera descansa nicamente en el simple clculo. Datos del Ministerio de Gobernacin: Distrito del centro San Juan del Ro Amealco Jalpam Tolimn Cadereyta 48.237 31.412 12.701 19.300 22.442 19.194 ________ 153.286
Noticias incompletas y para m muy inexactas, pues basta comparar la que se refiere a Ro Verde para convencerse de ello. ltimo dato Dato oficial de 1855 " " 17.365 48.019 el partido. 86.153 el distrito.
Tomemos, por tanto, el dato oficial de 1856, y con esa base calculemos el aumento de la poblacin a razn de 1 por ciento, que es la mitad de lo que revela el dato que sobre movimiento de ella poseo, y se refiere a 1856.
El documento oficial para 1855 es el siguiente: Distrito de San Luis Ro Verde Venado Tancanhuitz 179.139 86.153 86.146 38.922 ________ 390.360 Aumento probable en 13 aos 76.120 ________ Censo para 1868 -32Despus de ejecutados los clculos anteriores se recibi la Memoria del Gobernador del Estado, correspondiente al perodo de 24 de Septiembre de 1868 a 31 de Julio de 1869. El censo que consta en dicha Memoria es el siguiente: Partidos. " " " " " " " " " " " " Capital Catorce Santa Mara del Ro Venado Guadalczar Cerritos Salinas Ro Verde Ciudad del Maz Hidalgo Tancanhuitz Tamazunchale Ciudad de Valles 127.000 48.500 51.500 34.000 29.500 29.500 17.000 41.500 23.000 28.000 19.000 16.000 12.000 466.480
Este dato difiere poco de la cifra obtenida por el clculo, y siendo adems el oficial, debe admitirse.
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Estado de Sinaloa
La mayor parte de los trabajos estadsticos que acerca de la Repblica se han publicado repiten la cifra de 160.000 habitantes como censo del Estado de Sinaloa, que consign en el Atlas y tom de los archivos del Ministerio de Fomento. El nico dato oficial que poseo es el del Ministerio de Gobernacin para 1868, el cual, comparado con el anterior, revela la lentitud con que crece la poblacin del Estado, debido sin duda a las continuas revueltas que lo han agitado, y como stas no han cesado, de presumir es, que marche a su crecimiento cada vez con mayor lentitud. Esta observacin, en mi concepto, manifiesta que la cifra que consign en el Atlas no estaba lejos de la verdad. El dato oficial a que me refiero es el siguiente: Distrito de Mazatln " " " " " -34Distrito del Fuerte " " de Sinaloa de Culiacn 23.438 22.016 29.093 ________ 161.157 Ya escritas las anteriores lneas se recibi la Memoria ltima del Gobierno del Estado (1869), cuyos datos se refieren al ao anterior. Los relativos al censo son los que siguen: del Rosario de Concordia de Cosal de San Ignacio de Mocorito 26.298 15.387 10.676 13.322 8.248 12.679
Distritos.- Mazatln " " " " " " " " Rosario Concordia Cosal San Ignacio Mocorito Fuerte Sinaloa Culiacn
26.298 15.387 10.676 13.322 8.248 12.679 23.438 23.157 29.093 ________
462.298
Estado de Sonora
El Atlas geogrfico y el Cuadro sinptico dan al Estado en 1856 la poblacin de 147.000 habitantes, y la Memoria del Ministerio 139.374. -35- El documento oficial que obra en el Ministerio de Gobernacin consigna 130.711, distribuidos del modo siguiente: Distrito de Ures " " " " " " " " de Hermosillo de Guaymas de Alamos de Moctezuma de Sahuaripa de Arizpe de Altar de Magdalena 18.282 19.873 14.947 21.800 9.395 7.996 6.543 5.468 3.907 ________ 108.211 Deben agregarse segn el mismo 13.000 yaquis.
En esta noticia no aparecen las dems razas que se encuentran en Sonora, como son los pimas, los ppagos, los apaches y los seris. Segn la estadstica de don Manuel Monteverde, publicada hace ms de doce aos, la poblacin de Sonora -36- constaba de 134.000 individuos, en cuyo nmero figuran: Mayos y yaquis patas Pimas Ppagos Apaches Seris 30.000 35.000 15.000 15.000 10.000 200 ________ 105.200 Es decir, que en la poblacin de Sonora pertenecen a la raza indgena los 0,7. Las cifras que da a este respecto la noticia oficial, se hallan muy distantes de las ministradas por la estadstica de Monteverde. Parece por las indicaciones que encontr en los datos oficiales, que no se han podido empadronar todos los indgenas de Sonora; creo prudente, en vista de tal circunstancia, aceptar las cifras que da la estadstica ya citada, menos la que concierne a los apaches, por dos razones: la una, porque no tienen residencia fija, y la otra, porque establecen con ms frecuencia sus rancheras en los terrenos de la Mesilla, que pertenecen a los Estados-Unidos, de manera que si se encuentran en Sonora, es debido principalmente a sus invasiones. -37Adems, por noticias que he adquirido, la poblacin puede calcularse en la cuarta parte de raza blanca y las tres restantes de raza indgena. As, pues, la poblacin de Sonora puede representarse de la manera siguiente: Raza blanca 31.732
Mas como estos datos se refieren al ao de 1854, la cifra que representa la poblacin es en la actualidad muy baja; de suerte que si calculamos a razn de 1 por ciento anual su aumento, tendremos como un dato probable para 1868 la suma de 157.397.
Estado de Tabasco
El Atlas geogrfico de la Repblica daba al Estado en 1857 la poblacin de 63.569 segn los datos oficiales que tuve en aquella poca. Los que posee el Ministerio de Gobernacin y se refieren a 1868 dan la suma de 83.707. -38El aumento de la poblacin, segn las noticias oficiales acerca de su movimiento, fue: En 1854 En 1855 1.873 individuos en favor de la poblacin. 1.385 ________ Trmino medio 1.629
De manera que en doce aos el aumento total ha sido de 19.538, que agregados al censo de 1867 dan para la poblacin del Estado en 1868 la suma de 83.134, que slo difiere del ltimo censo oficial en 673 individuos. En tal virtud, el aumento que ha tenido la poblacin es a razn de 2 por ciento al ao. Debe, pues, admitirse el ltimo censo.
Estado de Tamaulipas
El dato oficial que se consign en el Atlas geogrfico y se refiere a 1856, marca la poblacin en 108.514. La nica noticia que poseo relativa a movimiento de la poblacin revela un crecimiento muy lento, pues aqulla obtuvo en su favor en 1855 la pequea cifra de 339 habitantes, que corresponden a 0,4 por ciento. Esta misma noticia -39- nos demuestra que la poblacin crece en el Distrito del Centro; es de poca importancia en el del Norte, y mengua en el del Sur, que como es sabido, en l se encuentran los lugares enfermizos del Estado. Si a estas consideraciones se agrega el inconveniente de la guerra civil de que aqul ha sido presa, debemos prudentemente no alterar aquella cifra. La poblacin se divide segn las razas: Europea Mixta de europea e indgena Indgena Africana (en los puertos) Mixta de indgena y africana Mixta de europea y africana 22.399 64.811 10.763 201 5.453 4.887 ________ 108.514 Las razas europea, indgena y mixta estn en la siguiente relacin: La indgena representa la novena parte; del resto la tercera parte corresponde a la europea y las dos restantes a la mixta.
Estado de Tlaxcala
El censo de 1857, segn la Memoria de Fomento, era de 90.158, que debe haber ascendido en 1868 a 106.386 habitantes, calculando a razn -40- de 1 por ciento al ao. ltimamente se agreg al Estado la municipalidad de Calpulalpam, cuya poblacin es de 9.943 almas, que sumada a la cifra anterior, da 116.329 habitantes. El censo formado ltimamente, consigna la cifra de 117.941, distribuida de la manera siguiente: Distritos
Hidalgo (Tlaxcala) Zaragoza (Zacatelco) Jurez (Huamantla) Morelos (Tlaxco) Ocampo (Calpulalpam)
117.941
Suma que poco difiere de la anterior obtenida por medio del clculo.
Estado de Veracruz
La poblacin en 1853 constaba, segn el documento oficial publicado en el Atlas, de 338.859; pero esta cifra no comprende la poblacin de los cantones de Acayucn y Minatitln, que pertenecen -41- al Estado de Veracruz desde que dej de existir el territorio de Tehuantepec en 1857; de suerte que se deben agregar 28.000 a la cifra anterior, cuya suma da 366.859 habitantes. El ltimo documento oficial ministra los siguientes datos: Cantn de Veracruz " " " " " " " " " " " Tuxpan Misantla Jalapa Cosamaloapn Coatepec Jalacingo Papantla Acayucn Orizava Tuxtlas Tantoyuca 41.914 26.166 6.912 46.735 15.557 25.194 30.266 15.609 16.559 41.601 21.345 22.123
En consecuencia, el aumento de la poblacin en quince aos ha sido de 70.648 habitantes; -42- cifra que corresponde a menos de uno y medio por cada cien individuos.
Estado de Yucatn
Diversas cifras se han publicado respecto de la poblacin de Yucatn; cifras que proceden ya de trabajos oficiales, ya de clculos extraoficiales; unos y otros revelan, o la inseguridad de la base de que parten y la dificultad de formar el censo de los habitantes de la pennsula, o bien un movimiento muy irregular que unas veces crece poco, y otras mengua extraordinariamente. La guerra de castas que se ha entronizado desde hace tantos aos sin que, para m, haya esperanza de que algn da cese, es ciertamente la causa de las irregularidades en la marcha de la poblacin. Don Jos Mara Durn, en su artculo sobre poblacin para 1862, public, respecto de Yucatn, los siguientes datos: La poblacin de este estado en 1845, segn su estadstica publicada en el tomo tercero del Boletn de la Sociedad de Geografa y Estadstica, era de En 1838 el Instituto -43En 1856 Lerdo de Tejada En 1857 el Atlas La misma era la del Ministerio de Fomento 668.62 3 668.63 2 "
575.36 1 580.98 4
El seor M. P. (1858)
450.00 0
Que demuestran las circunstancias que he indicado. El censo que en esta noticia aparece para m aceptado en 1857, no lo fue en realidad, pues en el Estado respectivo del Atlas, no obstante que consign esta cifra como el ltimo dato, hice acerca de l consideraciones fundadas que me condujeron a estimar la poblacin de la pennsula para aquella poca solamente, en unos doscientos ochenta a trescientos mil individuos. Indudablemente que esta cifra fue baja, si en el censo de Yucatn deben comprenderse no slo los indgenas mayas sujetos y sustrados de la obediencia del gobierno, sino aun los habitantes del Petn, poblado antiguamente por los itzaes, tribu de los mayas, que fue conquistada por el gobernador de Yucatn don Martn de Urza en 1797. Segregada la parte de Campeche para erigirse en Estado, juntamente con la Isla del Carmen, aun cuando se admita en la actualidad para Yucatn la misma cifra que en 1857, su poblacin habr adquirido su aumento natural, segn se comprueba con el ltimo dato oficial. -44En 1857 admit de 280.000 a 300.000. Los datos oficiales para 1868 dan 282.634. Distribuidos de la manera siguiente: Partido de Mrida Hunucm Sisal Acanch Tixkokob Motul Temax Itzamal Zotuta Valladolid Ezpita Tiximin Tekax Peto 42.141 18.614 3.959 22.258 17.557 20.744 16.995 25.211 11.313 18.370 11.277 11.514 15.073 8.131
Ticul Maxcan
139.731 _______ _
Censo de 1868
422.365
En 1845 el Secretario de Gobierno del Estado present a la legislatura su Memoria, en que constan -45- los siguientes datos, que son ciertamente oficiales (sin incluir el distrito de Campeche). Distrito de Mrida " " " de Izamal de Tekax de Valladolid 91.229 67.423 35.505 23.066 ________ Total 217.223
Tomando el promedio de la diferencia en favor de la poblacin, segn el movimiento de ella en cuatro aos, da 10.500; y en los veintitrs aos trascurridos desde aquella fecha hasta el ao prximo pasado, el monto de su poblacin debera ascender a 458.723; cifra mucho mayor que la del ltimo censo, y que revela igualmente la irregularidad en el crecimiento de la poblacin, segn queda indicado. La relacin del crecimiento, con arreglo a estos clculos, es por lo menos de un tres por ciento anual. En la estadstica de los seores Regil y Pen se distribuye la poblacin segn sus razas: cuarta parte de blancos y castas, y tres cuartas de indgenas. El doctor Mora ha calculado que la poblacin de la Repblica deba duplicarse cada diez y ocho aos. Respecto nicamente de Yucatn ha habido -46- en su apreciacin acierto, a juzgar por los datos que he manifestado, salvo los errores que pudieran resultar y son consiguientes a clculos semejantes y a la inseguridad de la base de que se parte.
Estado de Zacatecas
El censo para 1854, segn documento oficial, fue de 280.087, y el movimiento de la poblacin dio en los aos de 55 y 56 en favor de ella, 16.702, o por trmino medio 8.352; aumento que corresponde a tres por cada cien individuos. Calculando con esta base, se obtiene, en los catorce aos trascurridos desde aquella fecha, el aumento de 116.928, que sumado al censo de 1854, da para 1868 la suma de 397.015. El clculo comprueba el censo que remiti ltimamente el gobierno del Estado, y el cual es como sigue: Distrito de Zacatecas Fresnillo Sombrerete Nieves Mazapil Ciudad Garca -47Pinos Villanueva Snchez Romn Juchipila Nochiztln Ojo Caliente 38.846 44.893 27.811 18.106 20.022 8.345 ________ Censo para 1868 394.977 65.687 55.157 35.745 28.291 7.951 44.123
Distrito de Mxico
Segn el ltimo censo y los clculos relativos a la ciudad de Mxico, de la que trataremos en seguida, el nmero de habitantes puede estimarse en 315.906, distribuidos de la manera siguiente: Ciudad de Mxico Prefectura de Xochimilco 240.000 29.541
-48-
Territorio de la Baja-California
El censo oficial da para 1868, 21.645 habitantes, los cuales se hallan distribuidos de la manera siguiente: Municipalidad de la Paz " " " " " " " de San Jos de San Antonio de Todos Santos de Santiago de Muleg de Comond de Santo Toms 3.698 3.108 3.771 1.084 1.722 1.405 1.357 5.500 ________ 21.645
-49-
Jalisco Durango Yucatn San Luis Tamaulipas Veracruz Oaxaca Zacatecas Campeche Sinaloa Guerrero Michoacn Chiapas Nuevo-Len Tabasco Puebla Guanajuato Mxico Hidalgo Quertaro
Oaxaca Mxico San Luis Veracruz Yucatn Hidalgo Zacatecas Distrito Guerrero Chiapas Chihuahua Nuevo-Len Durango Sinaloa Sonora Quertaro Morelos Tlaxcala Aguascalientes Tamaulipas
601.850 599.189 476.500 437.507 422.365 404.207 394.977 315.906 241.860 193.987 179.971 174.000 173.402 162.298 157.397 153.286 121.098 117.941 113.837 108.514
5 Mxico 6 Puebla 7 Aguascalientes 8 Hidalgo 9 Quertaro 1 Michoacn 0 1 Colima 1 1 Jalisco 2 1 San Luis 3 1 Veracruz 4 1 Zacatecas 5 1 Yucatn 6 1 Nuevo-Len 7 1 Chiapas 8 1 Guerrero 9 2 Tabasco 0 2 Sinaloa 1 2 Durango 2 2 Tamaulipas 3 2 Campeche 4
423 390 348 323 302 194 138 128 112 108 100 89 82 78 67 44 42 27 26 21
15 12 11 10 2
Nmero total
8.845.759
No hay datos respecto de poblacin ms difciles de obtener, que los relativos a la ciudad de Mxico en la poca presente. Las conmociones polticas han impedido a los gobiernos fijar su -50- atencin en tan importante asunto, y por otra parte la inveterada costumbre de los habitantes de ocultarse a los empadronamientos, temiendo nuevos impuestos o su ingreso al ejrcito, han hecho muy difciles las operaciones del censo las pocas veces que la autoridad ha decidido su formacin. No nos queda ms que un solo recurso para investigar el censo actual de la capital de la Repblica: el clculo, tomando por base el censo antiguo que merezca ms confianza. Este procedimiento es sin duda defectuoso, porque se carece de otros datos que nos acercaran mucho a lo cierto; tales son los que se refieren al movimiento de poblacin. Si no poseemos un buen censo, se puede atribuir a las circunstancias que he indicado, y esto constituye una disculpa legal; pero carecer de las noticias de nacidos y muertos para averiguar el progreso o decrecimiento de la poblacin todos los aos, es una falta imperdonable. Los censos que inspiran ms confianza son: Censo de Revillagigedo (1790) Padrn formado por el juzgado de polica (1811) Censo por Navarro y Noriega (1820) Boletn de la Sociedad de Geografa, para 1838 -51El censo de Revillagigedo pasa por uno de los ms exactos; y siendo adems el de una poca ms remota y el ms bajo, deberemos tomarlo por base del clculo. Si se considera como aumento probable al ao nicamente 0,8 por 100, creo que no hay exageracin, y el resultado no se alejar mucho de la verdad. As, pues, en 1790 el censo era de 112.926. Calculando el aumento progresivo en perodos de veinte aos, tendremos: 112.926 168.846 179.830 205.430
El aumento anual en el ltimo perodo corresponde a 1.410 habitantes. Para investigar la certeza de este dato, es preciso recurrir a las noticias que he podido proporcionarme acerca del movimiento de la poblacin. Debo las de nacidos a la bondad de los seores gobernadores de la Mitra, y la de defunciones a las oficinas del registro civil.
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Parroquias San Jos Santa Veracruz La Palma San Antonio de las Huertas Salto del Agua Santa Ana Santa Mara San Sebastin San Pablo Sagrario Santa Cruz y Soledad Santa Cruz Acatln San Miguel Santa Catarina
1867 Total 673 808 165 104 481 273 413 454 656 1.513 816 74 491 753
1868 Total en Total los dos aos 692 799 190 159 472 339 422 474 658 1.489 865 84 366 789 1.365 1.607 355 263 953 612 835 928 1.314 3.002 1.681 158 857 1.542
______ 7.674
______ 7.798
______ 15.472
No teniendo ms dato oficial respecto de defunciones que el relativo a 1868, nos serviremos nicamente del dato respectivo de nacidos para su comparacin: Nacieron en 1868 Murieron 7.798 6.293 ______ Aument la poblacin 1.505
El aumento obtenido por medio del clculo en el ltimo perodo indicado, 1830 a 1870, se -53- encuentra prximamente conforme con el que arrojan los datos de movimiento de poblacin en 1859 a 1868. De esto resulta de una manera comprobada, hasta donde es posible la comprobacin en noticias sujetas a clculo, que la poblacin de la capital es de 204.000. La relacin de 0,8 por ciento que ha servido de base para el clculo, se refiere nicamente al referido censo, sin tener en cuenta ni la poblacin ambulante, ni las milicias, ni los extranjeros. Estos nuevos elementos han aumentado desde hace tiempo la poblacin de la ciudad de Mxico, y no sera aventurado, por tanto, darle un censo para 1870, por lo menos de 225.000 almas. En tiempo de la intervencin se pretendi formar el padrn de la ciudad, y su resultado apenas elev la suma de sus habitantes a 134.000. Nuestro sistema de empadronamiento, defectuoso por una parte, y las ocultaciones por la otra, hacen presumir con fundamento, que cerca de la mitad de la poblacin queda fuera del padrn, y mucho ms en una poca tan delicada y peligrosa como la del tiempo a que me refiero. El empadronamiento simultneo, la prudencia y aptitud por parte de los empadronadores, y la buena disposicin de los habitantes para cumplir con la ley relativa al asunto, son circunstancias -54- indispensables para lograr un censo perfecto; pero tengo la ntima conviccin de que tales requisitos no se llenaron en aquel tan interesante trabajo. Los anteriores clculos, ejecutados con el fin de investigar el grado de exactitud que merezcan los datos remitidos al Ministerio de Gobernacin, demuestran la lentitud con que marcha a su crecimiento la poblacin. Segn el doctor Mora, sta debera duplicarse en el trascurso de diez y ocho aos, y segn el Barn de Humboldt en diez y nueve aos, si no existiesen ciertas causas perturbadoras. Conforme a estas aserciones, la Repblica debera contar por lo menos 14.000.000 de habitantes, y la capital 352.000, teniendo en consideracin su poblacin en 1850. Las enfermedades reinantes de la capital, de las cuales la pulmona ocupa el primer lugar, a consecuencia de la elevacin del suelo, los aires nortes reinantes y su inconstante temperatura, pueden sealarse como causa principal del progreso lento de la poblacin; pero es preciso apuntar las verdaderas causas de insalubridad de Mxico para no atribuirla como muchos pretenden, a su propia naturaleza. Mi opinin a este respecto
es diametralmente opuesta; porque en efecto, qu medidas se han tomado alguna vez para mejorar las condiciones higinicas de -55- la ciudad? No vemos diariamente remover el cieno de inmundas atarjeas, impregnando el aire de miasmas nocivos? Se han dictado providencias para la conveniente inhumacin de los cadveres? En los panteones, en lugar de la fragancia de las flores, solamente se respiran, y muy particularmente en Santa Paula, miasmas deletreos que son tan desagradables al olfato como nocivos y peligrosos para la vida; la psima costumbre de la inhumacin en nichos, la situacin de los panteones en los lugares en que reinan los aires, y la de los hospitales en el centro de la poblacin; los inmundos muladares que la rodean, y las dems circunstancias indicadas, son causas suficientes para hacer insalubre el lugar ms favorecido por la naturaleza. Si todas estas circunstancias existiesen reunidas a la vez como en nuestro Mxico, en cualquier otro lugar de la tierra, preciso es convenir que sera inhabitable. Si, como lo espero, las autoridades, en cumplimiento de un deber sagrado, fijan su atencin en tan delicado asunto y dictan las medidas propias a remediar los expresados males, disminuirn las enfermedades que hoy impiden el aumento natural de la poblacin, o por lo menos se presentarn con mayor benignidad. La causa de tales males, repito, no est en la naturaleza, sino -56- ms bien en la apata, en la indiferencia o en el egosmo. En las poblaciones, y muy particularmente en las ciudades populosas como la nuestra, debe procurarse antes que el embellecimiento, un buen arreglo de polica en todos sus ramos; las poblaciones que disfrutan de esos beneficios, insensiblemente progresan y se embellecen como una consecuencia del bienestar. En tal virtud, y aunque parezca repetir mis conceptos, debo manifestar que si se quiere dar la mayor salubridad a Mxico, es preciso modificar las condiciones higinicas, que en la actualidad no pueden ser peores, para lo cual debe atenderse de toda preferencia: 1. Al desage directo y canalizacin del valle de Mxico. 2. Procurar el mejoramiento de la clase menesterosa, tanto en sus habitaciones que hoy son hmedas y malsanas, como en sus alimentos, que en la actualidad ni son variados ni nutritivos, ni los que corresponden a sus penosas ocupaciones. 3. Cegar las innumerables acequias que son otros tantos focos de corrupcin. 4. Desecar los pantanos que rodean la ciudad. 5. Destruir los inmundos muladares que existen en los suburbios y sustituirlos con arboledas. -576. Retirar los hospitales del centro, colocar los panteones fuera de los aires reinantes, y adoptar otro sistema de inhumacin.
7. Dar vida a los barrios que perecen por falta de agua. 8. Perfeccionar el sistema de limpieza de las atarjeas. 9. Llevar adelante la disposicin relativa a la construccin de inodoros en las casas en cuyas calles hay atarjeas, y hacer desaparecer cuanto antes los inmundos carros nocturnos que transitan an por las mejores calles de la ciudad con detrimento del buen nombre de sta. 10. Plantar rboles en todas las calles anchas de una manera conveniente, y no sobre las aceras y a corta distancia un rbol de otro, como ya se ha verificado, pues creciendo su follaje y entrelazndose, impiden la libre circulacin del aire y de los rayos del sol, conservando en la superficie del suelo la humedad, circunstancias que perjudican la salubridad. 11. Sustituir las caeras de plomo por caeras de fierro. Conozco suficientemente que todas estas mejoras demandan tiempo y dinero y no son fciles de llevar a cabo desde el momento; pero deben emprenderse, pues a medida que adelanten iremos obteniendo sus beneficios. -58Me he extendido demasiado respecto de la poblacin de Mxico, porque conociendo sus males he deseado indicar sus remedios; pero una vez conseguido el intento, seguir tratando de la poblacin en general. Para demostrar que la de la Repblica marcha a su crecimiento con una lentitud que entristece, bastar comparar la que hoy se consigna en estas noticias y la que debera tener si progresara de una manera regular. Para obtener este ltimo dato fijmonos en el censo del Barn de Humboldt de 1825, deduciendo la parte que corresponde a los antiguos Departamentos de Texas, Nuevo-Mxico y Alta-California, que hoy pertenecen a la Unin norteamericana. Censo del Barn de Humboldt Territorio perdido 7.000.000 118.000 _________ Resta 6.882.000
En el Boletn de la Sociedad de Geografa, tomo I, pgina 13, se dice: Por la observacin ms escrupulosa del movimiento de la poblacin en diferentes quinquenios, se ve probado en las Tablas geogrfico-polticas, que el aumento de nuestra poblacin en aos benignos corresponde a uno cuatro quintos por ciento. De suerte que segn -59- esta relacin, la Repblica en 1870 debera tener 12.816.420 habitantes. Poblacin segn este clculo 12.816.420
8.845.759 _________
Diferencia
3.970.661
En que puede estimarse la prdida que ha sufrido la poblacin de la Repblica, a consecuencia de las guerras civiles, la de los americanos y la de la intervencin, las invasiones del clera, etc. Los datos estadsticos, por imperfectos que hayan sido, han dado fuerza y valor a la opinin, que para m es un hecho, de que la raza indgena se debilita y decrece a la vez que se vigoriza y progresa la raza blanca. Este hecho est en perfecto acuerdo con las leyes de la naturaleza: el mal de la raza indgena existe, para su decrecimiento, en sus propias costumbres, en las condiciones higinicas de su modo de vivir. Una miserable choza sirve de habitacin a una numerosa familia, y en ella hacinados verdaderamente sus moradores no pueden menos que respirar un aire inficionado, siendo adems sus alimentos escasos y poco nutritivos, a la vez que penosas y fuertes sus cotidianas ocupaciones. Lstima causan esos desgraciados -60- indgenas, que sin distincin de sexo ni edad se ven en las avenidas de la poblacin, y agobiados bajo el peso de fardos enormes, regresar a sus pueblos con el mezquino precio de sus mercancas! Si consideramos al indio desde que nace, y aun antes de nacer, no vemos otra cosa que una serie de miseria y de abyeccin. Las indias, aun en la poca de su mayor embarazo, no abandonan sus penosas faenas, y sin cuidado por el ser que en su vientre vive, se ocupan en la molienda del maz y fabricacin de tortillas, ocupaciones que no pueden menos que ser muy nocivas a la generacin. An no pasada la edad de la lactancia, se cra el nio con tortillas, frutas y otros alimentos impropios de sus facultades digestivas, ocasionando a los nios con tal imprudencia diarreas y otras enfermedades que los conducen al sepulcro, o cuando menos se cran dbiles y enfermizos. Las viruelas, a consecuencia del abandono e indiferencia de los padres respecto de la vacuna, causan lamentables estragos, siendo esa enfermedad de las ms perniciosas en la raza indgena. La noticia que poseo del movimiento de la poblacin en el pueblo de Ixtacalco, y la cual revela, a juzgar por los datos, que el registro civil no ha extendido su dominio a dicho pueblo, -61- corrobora la opinin del decrecimiento de la raza, debido particularmente a la mortalidad de los prvulos. En 1868 nacieron " murieron 165 190 ____ Diferencia en contra Figurando en la mortandad 140 prvulos. 25
En el ao de 869, aun cuando resulta por la comparacin de los datos un aumento a la poblacin de 59 individuos, los prvulos representan en la mortandad la cifra de 65, por 34 los adultos. Un hecho debe llamar mucho nuestra atencin, porque prueba que la degradacin de la raza no est en su propia naturaleza sino en las costumbres de sus individuos. Las indias de los pueblos cercanos a las capitales, emplendose en las casas particulares como nodrizas, cran nios sanos y robustos, porque en su nuevo empleo mejoran de condicin por el aseo a que se les obliga, por la buena alimentacin, y en fin, por el total cambio de sus condiciones higinicas. Pero esta misma circunstancia es un mal muy grave para la raza: guiadas las mujeres por el inters de ganar mejor sueldo, abandonan sus propios hijos a los -62- cuidados mercenarios de otras mujeres, como si fuera posible sustituir el amor y cuidados de una madre. Otra de las razones que a mi modo de ver causa la degeneracin de la raza indgena, es la de los matrimonios que se efectan de una manera inconveniente y prematura. La edad nbil de la mujer en nuestro pas, mdicamente considerada, es a los diez y ocho aos, y en la tierracaliente a los catorce; pero entre el aserto de la medicina y su consecuencia, media una enorme distancia segn mi humilde concepto. Respecto de los indios se nota con frecuencia la unin entre una mujer que apenas ha llegado a la edad de su desarrollo y un hombre de cuarenta o ms aos, enteramente desarrollado y robustecido; la mujer, en consecuencia, se debilita y enferma, y los nios que de ella nacen son dbiles y raquticos. Si a estas causas, que tan poderosamente obran en el decrecimiento de la raza indgena, se agrega la sensible diminucin que ha sufrido a consecuencia de nuestras guerras civiles, pues la raza indgena constituye en su mayor parte el ejrcito, se ver corroborada la verdad de mi aserto. Cmo destruir tantas y tan poderosas causas que conspiran al aniquilamiento de la raza indgena? El nico medio es el de cambiarles las condiciones moral e higinica de su vida, ilustrndoles -63- y crindoles necesidades de que totalmente carecen. Pero el carcter del indio se ha prestado, se presta o se prestar a tal remedio? Muy difcil es; pero en nombre de la humanidad debe intentarse, y en todo caso existe otro remedio radical para ms tarde: la inmigracin, y como consecuencia de sta el cruzamiento de la raza. Estudiando el carcter, usos y costumbres de las distintas tribus que habitan la Repblica Mexicana, se observa que no todas se encuentran en las mismas circunstancias respecto de su condicin, docilidad y civilizacin. En unas, como las que constituyen los comanches, apaches y seris en nuestras fronteras, la barbarie se halla en toda su plenitud: la perfidia, la traicin y la crueldad son las circunstancias esenciales de su carcter; ellos son principalmente los que impiden el desarrollo de los ricos elementos de nuestros Estados fronterizos y los que han diezmado la poblacin de aquellas extensas comarcas, sin que hayan bastado a reducirlos la paz y proteccin con que se les ha brindado por nuestros gobiernos y por el gobierno colonial. Pero no siempre la justicia y la razn han estado de parte de la raza blanca, segn lo demuestran las siguientes lneas.
En el siglo pasado las compaas presidiales -64- del Altar y Horcasitas, despus de la tenaz persecucin que emprendieron contra los seris, lograron establecer con algunos de ellos, pueblos como el de Seris, cerca de Hermosillo, y pacificar el resto de la tribu; pero esa paz fue efmera y de poca duracin, pues de nuevo se sublevaron, destruyendo haciendas y ranchos, y desde entonces han continuado siendo el azote de los caminantes, principalmente en el trayecto de Hermosillo a Guaymas. Dichosamente para la humanidad se ha reducido mucho su nmero, y apenas cuenta hoy unos quinientos individuos, de ms de dos mil que eran a fines del siglo pasado. Los dems indios de Sonora, tales como los yaquis, mayos, ppagos, patas, etc., hombres fuertes y bien constituidos, laboriosos y de carcter dcil, son otras tantas razas tiles y vigorosas, de las cuales las autoridades del Estado no han sabido sacar el ventajoso partido de que son susceptibles. Las feraces campias que forman las vegas de los ros Yaqui y Mayo, y la bella caada de Ures, ponen de manifiesto con sus producciones, la laboriosidad de los indios, as como los conceptos vertidos en las siguientes lneas que inserto, dan a conocer la conducta seguida por el gobierno del Estado. En 1825 se dio por las autoridades de Sonora -65- una disposicin que ordenaba la mensura y valo de las fincas pertenecientes a los pueblos del Estado, y tena por objeto el arreglo de las contribuciones. Los pueblos del Yaqui representaron al jefe poltico, por medio de una comisin, contra la tal providencia, pidiendo su revocacin, apoyndose en razones ms o menos bien fundadas, pero que a la autoridad corresponda escuchar. En aquellos momentos un jefe militar recin llegado al Estado, mand una fuerza de doscientos hombres para reducir a prisin a los autores de la representacin, y esta providencia dio origen a la sublevacin de los indios. El jefe de la fuerza cumpli la orden, y al ser atacado por los indios, dio muerte a sus prisioneros, incitando a sus contrarios, con tal proceder, a vengarse de sus enemigos. Tal fue el principio de la guerra de los pueblos del Yaqui y del Mayo en 825, y que por espacio de tres aos sostuvieron las fuerzas que al mando del coronel Paredes salieron de Guadalajara. Despojados los indios de sus propiedades y teniendo que luchar con enemigos que les hacan una guerra sin cuartel, continuaron haciendo uso del derecho de represalia, contribuyendo a la ruina del Estado, hasta que en 1828 se hizo con ellos la paz, que tampoco fue de larga duracin, puesto -66- que en diversas pocas, ya por la imprudencia de algunos gobernantes o por nuestras contiendas civiles, Sonora ha sido el teatro de continuas revoluciones que lo han arruinado. La conducta observada respecto de esos indios, susceptibles de adquirir el mayor grado de civilizacin y que por las bellas circunstancias que los caracterizan formaran una parte muy importante de la poblacin mexicana, ya como valerosos y fuertes soldados, ya como diestros agricultores y mineros, ha sido las ms veces imprudente. Si los indios, en el caso citado, representaron haciendo uso de uno de los ms bellos derechos del ciudadano, y no opusieron viva resistencia al avalo de sus solares, la prudencia exiga de las autoridades haber tomado otro camino que el de la guerra; en stas resida el poder y la civilizacin, mientras en los pobres indios la debilidad y la ignorancia. Podra esperarse que esa raza conquistada en otro tiempo, fuera tratada por los libertadores de otra manera que la trataba la raza conquistadora?
Entre las dems tribus indgenas debo citar, como ms numerosa, la familia mexicana que se extiende en los Estados de Sinaloa, Jalisco, Mxico, Quertaro, Guanajuato, Hidalgo, Puebla, Veracruz, Guerrero y Oaxaca. Estos indios, descendientes de los antiguos mexicanos, no todos -67- han conservado la pureza de su raza, de sus costumbres y de su idioma; los que habitan los lugares prximos a las capitales, son los ms degenerados; son los mismos que, sucios y andrajosos, vemos con sus mercancas en las calles de Mxico, ebrios las ms veces y particularmente las indias. Los habitantes de las sierras y las costas, como los huauchinangos, totonacos, etc., son, por el contrario, aseados, conservan ms puras sus costumbres y su idioma, tienen verdadera repugnancia al robo, y todos se dedican al principal ramo de la riqueza pblica, la agricultura. Las indias no solamente son aseadas, sino que aun puedo decir, relativamente hablando, elegantes, pues cuidan de su tocado, tejiendo sus trenzas con cintas de colores, y ostentan en sus hombros el quichquemel, primorosamente bordado con estambres y sedas asimismo de colores. Por otra parte, el carcter dcil y respetuoso de estos indios facilita los medios de ilustrarles, creando verdaderos ciudadanos que hoy solamente lo son por el nombre que nuestras leyes les otorgan. Los huauchinangos se dedican a cultivar, en las laderas de las montaas, la caa de azcar, de la cual extraen el aguardiente y fabrican panela. Cuntas ventajas obtendra la Repblica con la enseanza e ilustracin de esos indios y con la colonizacin -68- de los extensos y feraces terrenos, casi despoblados, que aqullos poseen! La raza yucateca, raza belicosa y crecida, ha causado muchos males a la Repblica. Pocas veces en paz y casi siempre en una guerra desastrosa, ha arruinado la pennsula de Yucatn, que por su posicin geogrfica y sus ricos elementos debera ocupar un alto rango entre los Estados de la confederacin mexicana. Muy curiosas e interesantes son las noticias que acerca de esta raza consigna el seor don Santiago Mndez en su Memoria presentada al Ministerio de Fomento en 24 de Octubre de 1861. (Vase el Boletn de la Sociedad Mexicana de Geografa y Estadstica, segunda poca, tomo segundo, pgina 374.) Despus de haber tratado acerca de algunas razas que habitan la parte central de la Repblica, las noticias que poseo me permiten extender estos apuntes a los indgenas de Tabasco y Chiapas. Las costumbres, usos e inclinaciones, en general, de todos estos indios, no revelan ciertamente una esperanza para el mejoramiento de su raza y utilidad de la nacin. Muy delicada es la tarea que me he impuesto, pues no faltan personas que atribuyen a falta de patriotismo el hablar con toda franqueza respecto de los defectos -69- de nuestra poblacin; pero yo veo que la nacin no marcha a su engrandecimiento con la rapidez que desean las autoridades y la parte progresiva de ella, y es preciso estudiar y sealar sus males. No quiero que los conceptos vertidos en estas lneas aparezcan como imputaciones nacidas de mi imaginacin, y por tal motivo me apresuro a manifestar que tales conceptos constan en los documentos oficiales que obran en mi poder. Los indgenas de los pueblos del partido de Jalpa, y lo mismo puede decirse en general de los dems indios de Tabasco, a pesar de su docilidad, prefieren la vida salvaje en las montaas a las ventajas de la sociedad, si por este medio pueden eludir toda carga concejil. Solamente en sus festividades religiosas se les ve reunidos, y en tales circunstancias se entregan de tal manera a la embriaguez y a la glotonera, que
contraen graves enfermedades, anticipndose las ms veces la muerte. Con pocas excepciones, viven continuamente en la vagancia, y propagan su especie sin respetar ningn grado de parentesco. Pretenden curar sus enfermedades con races y plantas nocivas a la salud, ocasionando la muerte particularmente a los nios. Tal vez todas estas circunstancias son la causa de que muy pocos individuos lleguen a la edad de 50 aos. -70Los indgenas que habitan las mrgenes de los ros Usumacinta y tributarios, son, en su mayor parte, oriundos de Yucatn, y como todos los de su especie, muy afectos a la embriaguez. Los indios de Tenozique, hace unos cuarenta aos eran sumamente honrados y probos; pero su unin con los petenes y emigrados de Yucatn introdujo en ellos la desmoralizacin. stos y otros defectos, aunque con algunas excepciones, revelan los documentos respecto de los indgenas del distrito de Comitn, del Estado de Chiapas, y los cuales, por evitar repeticiones y no hacer intilmente ms extenso este artculo, me abstengo de extractar. Las anteriores lneas manifiestan la decadencia y degeneracin en general de la raza indgena, y los pocos elementos de vitalidad y vigor que ofrece para el progreso de la Repblica; las mismas costumbres, el mismo carcter reservado y desconfiado que tena el indio en tiempo del gobierno colonial, ha seguido manifestando bajo las leyes protectoras de la Repblica, que le otorgan justamente el ttulo de ciudadano; pero, como antes he manifestado, no soy de los que desesperan de su civilizacin, y creo que el medio ms eficaz para lograrla consiste en el cruzamiento de la raza por medio de la colonizacin. Este seguro remedio para contener los innumerables -71- males que impiden el progreso natural de la nacin, no se ha logrado, porque, para m, no han existido leyes protectoras, fundadas en la previsin, que den garantas y proporcionen trabajo a los colonos; que determinen el deslinde de los inmensos terrenos baldos que posee la nacin, y su estudio respecto de la climatologa, geologa y producciones; y en fin, que ordenen la manera conveniente de hacer productivos todos los terrenos del pas, ya sea por la enajenacin o por el arrendamiento de los terrenos que no pueden ser cultivados por sus poseedores. Nuestros propios elementos, segn se ha tratado de demostrar en este artculo, por heterogneos y por escasos, no bastan para llevar a la nacin por el sendero de su engrandecimiento. La colonizacin, y en mi concepto solamente ella, es el remedio radical de nuestros males. Si existiesen leyes como las a que me refiero, la nacin vera a estas horas llegar sin interrupcin colonos europeos a sus costas, atrados por el brillante porvenir que nuestro frtil suelo con su hermoso clima ofrece al hombre laborioso y emprendedor; veramos aumentar diariamente nuestra poblacin, a la par que la de los EstadosUnidos, del Brasil y Buenos-Aires, en donde la inmigracin europea es un elemento de prosperidad. -72-
A la autoridad toca fijar de una manera decidida su atencin en este asunto, porque interesa al porvenir de la Repblica. Mxico, Mayo 1. de 1870.
Existen en la Repblica Mexicana lugares muy notables y dignos de un estudio especial, ya sea que se les considere como sitios en donde la naturaleza se manifiesta prdiga y rica, ya sea que se les estudie con respecto a la importancia de la poblacin que contienen. Uno de esos lugares es, sin duda, la parte Norte del Estado de Puebla, ocupado por la Sierra de Huauchinango. Aquellas montabas elevadas y cubiertas de una exuberante vegetacin; aquellos ros que en tiempo de crecientes corren con impetuosidad, ora abrindose paso por entre los riscos que se han despeado -74- de las montaas, ora precipitndose de alturas considerables y formando bellas cascadas como el salto del Necaxa; aquellos bosques enmaraados, en donde la multitud de bejucos pendientes de las frondosas copas de los rboles oponen grandes obstculos al paso del atrevido viajero; aquellas aves que con su armonioso canto ahuyentan la tristeza que las soledades infunden; y en fin, aquellas risueas aldeas, habitadas por indgenas oriundos de la verdadera raza azteca, todo convida a la meditacin en tan pintorescos sitios. Comienza la Sierra de Huauchinango a ocho o diez kilmetros al Noreste de Tulancingo (Estado de Hidalgo); desde ese punto el camino, atravesando por una serie de eminencias de suaves pendientes, conduce al pueblo de Acaxochitln (caaveral florido). Las poblaciones desde este lugar adquieren ese aspecto nuevo, ese carcter peculiar a todas las dems de la Sierra, as por su situacin como por la forma y orden de su casero. Situadas en un terreno accidentado, las casas se hallan edificadas con irregularidad; y a causa de las nevadas, que son tan frecuentes en el invierno, los techos inclinados que las cubren son muy elevados. La vegetacin que en todo y por todas partes se manifiesta, hace desaparecer el feo y triste aspecto que en lo general presentan -75- los otros pueblos indgenas que no gozan de iguales favores de la naturaleza. De Acaxochitln el camino se dirige a Huauchinango, atravesando terrenos sucesivamente ms accidentados, los cuales ofrecen siempre al viajero objetos dignos de admiracin. Huauchinango, que segn algunos viene de la palabra Houachinamil (Casa de caa de amilpa) y segn otros de Cuatchinamil (Palo para flechas), puede considerarse como un inmenso ramillete de flores, pues abundan tantas en aquel bello recinto, que el verde follaje de los arbustos y plantas desaparece casi por completo, bajo sus matices y
colores. Situada como las dems poblaciones de la Sierra en terrenos fragosos, sus calles o avenidas no se encuentran en un mismo plano. La parte principal de la poblacin ocupa la ms baja del suelo; en tanto que la avenida de las carreras, formada por dos hileras de casas y jardines, descuella en la superior. Desde esta avenida se ve, por una parte, la poblacin con su casero de techos elevados, sus calles y jardines; y por la otra, una tan profunda barranca, que la vista apenas puede penetrar al fondo. Esta poblacin, que tanto sufri en la ltima guerra extranjera, se halla rodeada de speras y elevadas montaas, a las que domina por la parte S. E., la cumbre del Zempoala. -76Desde Huauchinango el camino desciende hacia el ro Necaxa, que ms adelante forma el Tecolutla. Las montaas que a uno y otro lado del camino se encuentran, y la vigorosa vegetacin, encubren los objetos distantes; la impetuosa corriente de las aguas, produce un ruido montono, que a veces se aleja y a veces se escucha ms cercano, segn es la fuerza y direccin de las brisas; solamente esos ecos armoniosos de las selvas anuncian la proximidad de algn torrente. El viajero no descubre el ro de Necaxa sino hasta el momento casi en que toca con el pie la cristalina linfa de su corriente. Indeciso delante de tantos primores reunidos a la vez en aquel pintoresco sitio, el viajero no sabe qu admirar antes, si las montaas que forman el valle, revestidas de una vegetacin lozana, o las vegas del ro con sus plantas y flores; si la impetuosidad de la corriente que en su curso nada respeta, o el atrevido y esbelto puente de bejuco, que sirve all de medio de comunicacin. Este puente endeble, si bien de una forma graciosa, no es colgante como se observa en otros lugares; y particularmente en la Amrica del Sur; es un gran arco formado de troncos y ramas gruesas de rbol, ligados con bejucos; apyanse en ambas mrgenes del ro las extremidades del arco, y dos rboles corpulentos las afirman; sus barandillas, -77- que alejan todo temor de peligro, estn formadas de ramas y bejucos entrelazados. Pasado el ro, el camino asciende de nuevo por el cerro de Necaxa, que es un importante punto fortificado; el ro por el Sur y Oriente rodea este cerro y algunas montaas ms elevadas que l, y precipicios y desfiladeros lo limitan por Occidente y Norte; por esta parte son tan considerables los desfiladeros, que el ro, perdiendo su nivel, se precipita a una profundidad de ms de 130 metros, y forma la bellsima cascada o salto de Necaxa, que algunos conocen con el nombre de Huauchinango. En este sitio son ms notables los contrastes que el suelo de la Repblica ofrece en otros muchos lugares. El ro Necaxa, despus de despearse en tan profunda barranca, se abre camino en el fondo de ella, por entre una vegetacin enteramente tropical, en tanto que en la elevada mesa, cuya base baa el mismo ro, se cultivan las gramneas propias de las regiones templadas. En la cumbre del Necaxa existe una fortificacin con almacenes y depsitos de agua, y en las montaas inmediatas hay caminos cubiertos; circunstancias todas que convierten en un lugar inexpugnable este punto fortificado; nada extrao es, por tanto, que la historia de la intervencin le consagre algunas pginas. -78El camino se convierte en un sendero abierto en las fuertes pendientes de las montaas. Desde all se contempla en toda su grandeza el famoso salto de Necaxa, y los accidentes y detalles de un suelo bello y feraz. El camino desde donde se observa la cascada, es extraordinariamente ms elevado que el lugar en que el agua se precipita
para formarla. El observador puede contemplar desde all, la corriente del ro antes de precipitarse en el abismo, perder su nivel y despearse con grande estruendo, dividiendo sus aguas en tres ramales; seguir con la vista y contar las ondulaciones que stas forman en su cada, y ver desprenderse de lo ms profundo de la barranca con un movimiento ascensional el agua en forma de vapor, que envuelve y descubre alternativamente como con una gasa el follaje de las plantas. Si se aparta la vista de aquel espectculo sorprendente, encuentra, cualquiera que sea el punto a que se dirija, otros tan dignos de admiracin, porque en aquellos lugares reina por completo la armona de la naturaleza; eminencias casi verticales, cuyo pie baan las aguas, y en cuyas cumbres se extienden frtiles praderas; grietas profundas, y valles en cuyo fondo cruzan las aguas, unas veces tranquilas, y otras en impetuosos torrentes; y en fin, la vegetacin tan abundante y espesa que apenas -79- deja entrever los precipicios. Algunas veces el viajero ve formarse las tempestades bajo sus pies, extenderse las nubes y ocultar como con un velo los primores de la naturaleza, con los que est engalanada aquella cuenca prodigiosa, al mismo tiempo que sobre su cabeza se extiende un cielo puro, lmpido y sereno. La senda conduce al ameno y pintoresco pueblo de Xicotepec, que elevado sobre colinas, en medio de un terreno ligeramente ondulado y cercado de altas eminencias, se le descubre desde el camino en una posicin dominante y de las ms risueas; tan pronto la vista se fija en el contorno del pueblo, que se dibuja en su azul y difano cielo, tan pronto se recrea con aquellos lomeros cubiertos de csped de un verde brillante, y en los cuales serpea el agua en cristalinos y delgados hilos. De Xico el viajero prosigue su camino continuamente por un terreno fragoso y siempre bello y feraz, admirando unas veces los helechos gigantescos que se agrupan en las caadas, y la multitud de plantas y preciosas flores que evidentemente an no ha clasificado el naturalista, y extasindose otras con la presencia de aquellas eminencias que forman el espinazo de la Sierra, con sus bases sumergidas en la cristalina linfa de los ros y con sus cumbres coronadas de nubes, -80- que heridas por los rayos del sol poniente se tien de los ms vivos y variados colores. El terreno desciende formando una pendiente rpida, llamada Cuesta de San Marcos o Cazones. Este ro se pasa en tiempo de lluvias por medio de un aparato llamado por los indgenas puente de maroma. Consiste dicho aparato en una cuerda tirante, atada a los rboles en una y otra margen del ro; en la cuerda gira una polea y de sta pende una soga con la cual se asegura el viajero; otras dos cuerdas sirven para atraerla hacia las orillas del ro. Tan impetuosas son en estos lugares las corrientes de los ros, que no sin inminente riesgo pueden pasarse a nado; solamente los indgenas por su mucha prctica desafan los peligros, vindoseles con la mayor destreza vencer la fuerte resistencia que el agua les opone. Pasando el ro de Jalapilla, el terreno vuelve a elevarse de nuevo para descender despus; y tan pronto se pasa por el pedregal que rodea al pueblito de San Pedro Patlacotla, como se atraviesa por desfiladeros, o se camina precisamente por el espinazo de los contrafuertes de la Sierra; tan pronto observa el viajero bajo sus pies un abismo, como ve extenderse delante de s una campia revestida de abundantes pastos.
Al contemplar desde una de esas alturas dominantes -81- un terreno en extremo accidentado, en el que las enormes grietas y profundas barrancas se suceden continuamente, la imaginacin se esfuerza por descubrir los arcanos de la naturaleza y la poca del cataclismo que convirti aquel suelo en un lugar de tan extraordinaria aspereza; aquella sucesin de eminencias que se extienden hasta el horizonte, pueden compararse a los oleajes del Ocano; los trastornos del globo han conmovido aquel suelo, presentndonos en l la imagen viva de un mar agitado por furiosas tempestades. La vegetacin, a medida que el terreno desciende, adquiere mayor vigor y lozana: los campos, los rboles y aun las mismas rocas, se cubren de musgo, de lquenes y de lama, brotando en graciosas formas los helechos y otras plantas parsitas. La vainilla, la purga de Jalapa, el caf, la caa de azcar, mil frutas y rboles corpulentos entre cuyo follaje descuella, mecindose, la esbelta palma real, tales son las principales producciones de aquel suelo privilegiado. Si a la contemplacin de tantas galas, de tan esplndida naturaleza, se agrega el canto del armonioso zenzontli y el del festivo clarn de la selva, compaeros inseparables del viajero en aquellas soledades; si adems de tantos primores naturales se ve ste sorprendido por el salto audaz de un ciervo que por huir de su presencia salva -82- un precipicio para detenerse despus en airosa postura, y fijar su mirada en aquel que ha causado sus temores, no puede menos que sentir en su alma las ms vivas y gratas emociones. La naturaleza de estos sitios caracteriza la de toda la Repblica en general; y, sin embargo, cuntos la niegan, tal vez por no haber recorrido sino los lugares estriles, como el Salado, en el valle de Mxico! En el gran desierto de Sahara, en medio de sus abrasadores arenales existen aquellos lugares frtiles y amenos que se llaman oasis; el suelo de nuestra Repblica, al contrario, es en toda su extensin un oasis, con tal o cual paraje estril y desolado. Si del examen de la naturaleza se pasa al de los pueblos que habitan tan pintorescas comarcas, las impresiones que el alma recibe son igualmente gratas. Desde el pueblo de Acaxochitln hasta el de Xico, es decir, en una extensin de 11 leguas, poco ms o menos, el pas est habitado por indios huauchinangos, los cuales, en mi concepto, constituyen una de las razas indgenas ms importantes. Los huauchinangos, descendiendo de los antiguos mexicanos, hablan el bello idioma de stos, y en algunos de ellos, he credo reconocer perfectamente caracterizado el tipo azteca, -83- segn se nos pinta en las obras que tratan de la historia antigua de Mxico. Los indios huauchinangos son de mediana estatura, fuertes y en lo general bien formados: largo, negro y terso tienen el cabello, y morena la tez. Su aspecto, en atencin al perfil del rostro, se distingue del de los dems indgenas conocidos en el pas, tanto cuanto se asemeja al de los habitantes de algunas comarcas asiticas. Con respecto a su traje, los huauchinangos todos lo usan idntico, y se compone de unos calzones blancos y anchos, remangados casi siempre hasta la rodilla, un cotn azul de gnero de lana, un pauelo a manera de corbata y el sombrero tejido de palma.
Sencillos y moralizados en sus costumbres, si algn vicio tienen, es slo el de la embriaguez. El pueblo de Xico puede considerarse como un punto de la lnea divisoria entre los mexicanos y totonacos; desde este punto en adelante, ya se observan en los habitantes algunos rasgos que marcan la diferencia entre ambas razas. Los totonacos, ms dciles y de mejor carcter que los mexicanos, de Xico en adelante ya presentan en la tez un color ms amarillento, lo que, en mi concepto, proviene de la influencia de la elevada temperatura en que viven, de la humedad del suelo y de su proximidad a las costas. -84- El traje se diferencia del de los huauchinangos, en el jubn, cuyo tejido forma pequeos cuadros color de caf y blancos, distinguindose muy particularmente por las pieles de animales que usan a manera de capas; ya ms cerca de las costas el traje es todo de lienzo blanco. Las indias son extraordinariamente dadas al aseo en sus cuerpos y trajes, llegando a ser stos hasta lujosos algunas veces. Una enagua estrecha llamada chincue y un quichquemel primorosamente bordado de estambre y sedas de colores, constituyen el traje. No menos airoso es su peinado: entretejen sus negros y largos cabellos con cintas de colores, y cien en seguida sus cabezas con sus bien tejidas trenzas, a manera de corona. Se engaa todo aquel que pretenda conocer la raza indgena por los desagradables tipos que se presentan en las calles de Mxico o en sus alrededores; la importancia de esa raza, su verdadero carcter, sus usos y costumbres, deben estudiarse en las fragosidades de las sierras; all es donde existen pueblos susceptibles de civilizacin, y all mismo se pueden conocer los que son incapaces de adquirirla. La sierra de Huauchinango y la sierra alta de Zacualtipn nos presentan pueblos de distinta raza y de diverso carcter: los unos, desconfiados pero dciles; los otros, desconfiados -85igualmente y adems prfidos. En tan corta extensin de terreno se presentan dos pueblos de instintos y caracteres diametralmente opuestos; cualidades que aun en sus respectivos idiomas se revelan: dulce y armonioso el uno, spero y gutural el otro; tales son los mexicanos y otomes. Los huauchinangos se ocupan en la labranza, en la pesca y en la cra de ganados, cultivan la caa de azcar en las pendientes de las montaas, y elaboran panela y aguardiente. Acontece muy a menudo que el viajero se vea sorprendido en medio de su reposo por los indgenas que acuden a felicitarle, taendo arpas y otros instrumentos, con los que acompasan sus caractersticos cantos, o para ejecutar sus bailes pantommicos. La msica, unas veces lnguida y triste y otras viva y alegre, despierta y embarga la atencin. Ejecutan sus bailes graciosa y hbilmente; el ms curioso y notable es el conocido con el nombre del segador, ejecutado nicamente por varones. El que dirige el baile lleva en la mano una rama de hojite, mayor que la de los dems, y con ella indica las figuras que han de ir haciendo los danzantes. Colcanse stos simtricamente, y a la primer seal empieza el baile; ora se les ve ejecutar figuras complicadas, siguiendo y marcando a -86- comps con las plantas de los pies los sonidos de la msica, ora se les ve imitar las evoluciones del segador; por ltimo, a la seal dada por el director, cambian repentinamente la figura, de manera que los que se encuentran diametralmente
opuestos, se dirigen al encuentro uno del otro, dndose con el hombro, como para impulsar al cuerpo, un movimiento giratorio y cambiar de posicin. Dase fin a la danza, ejecutando la misma figura que la cadena de nuestras cuadrillas, pero de una manera ms graciosa, pues jams abandonan el comps de la msica ni los movimientos con que imitan al segador. En algunos lugares, al ejecutar estas ltimas evoluciones, van entretejiendo los listones de diferentes colores que cada cual lleva en la mano, de lo que resulta una vistossima labor. En sus fiestas pblicas, en sus simulacros de guerra, en sus juegos y aun en sus actos religiosos, estos indios conservan sus antiguas tradiciones; mas un inveterado temor hacia las personas civilizadas les comunica cierta reserva y desconfianza. Tales son, en compendio, los principales caracteres distintivos de ese pueblo que habita uno de los ms bellos lugares de la Repblica. -87Cun inmensas seran las ventajas que la nacin pudiera obtener, si se aprovechase de las extensas tierras baldas de las comarcas que he descrito, y si se procurase la instruccin de un pueblo tan susceptible de adquirir un alto grado de civilizacin! Mxico, Noviembre 18 de 1871.
Cun agradable, risueo y pintoresco es el lugar en que se asienta el Mineral del Chico! La topografa del terreno y la vegetacin primaveral que all se manifiesta eternamente, ofrecen al naturalista un campo vasto para sus estudios. Atotonilco el Chico se encuentra a tres leguas al Norte de Pachuca; y desde el momento en que el viajero sale de este punto con direccin al primero, empieza a experimentar las sensaciones ms agradables. No existe entre ambos lugares una va que merezca verdaderamente el nombre de camino, pues solamente un estrecho sendero -90- cruza por entre precipicios y desfiladeros que a cada paso infunden temores y sobresaltos aun al viajero ms animoso, y que slo lo pintoresco del lugar puede inspirarle el valor necesario para proseguir en su anhelado viaje. Adelntase el sendero por la muy inclinada falda del cerro de la Magdalena; y si bien su ascenso es cada vez ms peligroso, ofrece, en cambio, la oportunidad de poder admirar ms libremente las gigantescas obras de la naturaleza. El acompasado y lejano ruido de las mquinas de vapor, y el que produce el martilleo incesante de los morteros en las haciendas de beneficio; el sonido confuso
causado por el choque de las cadenas destinadas a las obras de desage; el rechinar de los malacates, el estrpito del agua empleada como fuerza motriz, y el retumbante estruendo de la plvora en las concavidades de las minas, no producen, ciertamente, las bellas armonas de la msica ni del canto de las aves; mas aquel conjunto de sonidos inarmnicos, aquellas disonancias, hieren, sin embargo, de una manera grata el odo del viajero, porque esos sonidos son la voz del trabajo, cuyos ecos, conducidos velozmente por el viento, pregonan por todas partes los triunfos de la industria. All todo es movimiento; en los tenebrosos antros de la tierra, miles de trabajadores se afanan -91- por arrancar a sta los tesoros que guarda en sus entraas, mientras que exteriormente las mquinas de vapor, con el movimiento compasado de sus balancines, hieren con su varilla maestra la dura corteza de la tierra para extraer el agua que, brotando a torrentes por los vertideros, forma despus arroyos cristalinos; vense girar las poderosas ruedas hidrulicas con uniforme movimiento, comunicndolo a los morteros y arrastras; grupos de acmilas en los patios de las haciendas de beneficio recorren en crculo las tortas minerales que cubren el suelo simtricamente: los pequeos carros que conducen el metal, deslizndose por una va frrea, aparecen sbitamente por los socavones de las minas; y por ltimo, la misma naturaleza parece que lucha contra la destruccin decretada por los consumidores de lea, porque all mismo, donde se ven derribados, y muchas veces intilmente, hermosos y corpulentos rboles, brotan los renuevos, como si la naturaleza tratase de ensear al hombre un gran principio econmico, que por negligencia abandona. Poco ms all del cerro de la Magdalena, el ruido que nace en la industriosa poblacin de Pachuca, llega al odo como un vago rumor que, debilitndose ms y ms, acaba por extinguirse completamente; entonces el silencio de las soledades, -92- la quietud de las selvas, se enseorean de esos amenos lugares; silencio y quietud que slo son interrumpidos de vez en cuando por los golpes del hacha del leador, por el soplo impetuoso de los vientos, o por el fragor de las tempestades. Desde el desfiladero de una gran eminencia, en el fondo de una barranca, y rodeado de reducidas tierras de labor, descbrese el pintoresco pueblo de Cerezo, cuyo conjunto, por la distancia, aparece como un paisaje en miniatura. En lo ms fragoso de la sierra se encuentra un pequeo llano cubierto de csped y matizado de flores, como un rico tapiz que ha tendido all la naturaleza. Ese llano de corta extensin y cercado de altas montaas, que se conoce con el nombre de Sabanilla, con su verde alfombra y sus lmpidas corrientes, incita al viajero a descansar de sus fatigas y a mitigar su sed. A la derecha de este pequeo Edn, se levanta majestuosa la cresta de la sierra con una forma caprichosa: parece que la mano de un hbil artista ha colocado en la cumbre de la montaa las rocas que la coronan, con arreglo a las precisas reglas de la arquitectura. Una serie de ventanas, formadas por el hacinamiento natural de las rocas, hace dudar al pronto de que aquello sea obra de la naturaleza, a no revelarlo la poca simetra, que es -93- lo que constituye esencialmente lo sublime en las grandes obras de la naturaleza. Esta cumbre se conoce con el nombre de Ventanas del Chico. Bellos, majestuosos, sublimes se presentan los variados paisajes que por todas partes se dibujan en el fondo de un cielo pursimo. Contmplase en primer lugar la sierra de Pachuca, con sus cumbres de formas caprichosas; el Zumate, el Jacal y los
Pelados o Navajas, la Pea del guila, las Peas Coloradas, las Brujas y el Ahuizote; las que circundan el Mineral del Monte; los Jaspes, la Pea Alta y otras de menor importancia; pero sobre todas descuella la aglomeracin de peas llamadas las Monjas, al Suroeste del Chico, y que aparecen a lo lejos como un grupo de estatuas. Al Noreste, terminando la Sierra de Pachuca, se extienden las llanuras de Atotonilco el Grande, limitadas al Norte por la gran barranca de Metztitln, que es un prodigio de la naturaleza. Dibjase aquella barranca en el trmino de la llanura, sin que la vista pueda abarcar toda su longitud, y en vano se esforzara la imaginacin por hallar la causa de aquella obra sorprendente. La Sierra Alta de Zacualtipn, ms all de la barranca, cierra el horizonte de tan bello paisaje. Las feraces campias que se distinguen a lo lejos, que con sus cimas llegan hasta la regin -94- de las nubes; las vastas llanuras que se dilatan perdindose en el horizonte, todo desaparece ante el nuevo espectculo que ofrecen las montaas de Actopan con sus gigantescos monolitos. Hacia el Occidente, en medio de frondosas selvas, se extienden las campias de Actopan. Los cerros que por el Sureste circundan a esta poblacin, cubiertos de rboles y plantas, sustentan en sus cimas aquellas rocas colosales de prfido, aquellos monolitos, de los que algunos alcanzan a cien metros de elevacin, y que aparecen como estatuas gigantescas o como soberbios edificios, verdaderas maravillas del arte o de la arquitectura. El aspecto que tales obras naturales presentan, vara con el lugar de observacin elegido; desde el camino de Mxico al Interior, se distinguen como un grupo de estatuas representando monjes en oracin, motivo por el cual se les da el nombre de los Frailes. Cerca de Actopan, se ven clara y distintamente los monolitos, irguiendo sus moles gigantescas y rasgando con sus picos elevados las nubes, que impelidas por los vientos llegan a chocar contra sus masas. Ms grandioso, ms sorprendente es el aspecto que presentan, observadas desde las llanuras y montaas de Pachuca; uno de aquellos monolitos, y de los ms voluminosos, descuella dominando a los dems, -95- y otros dos a los lados de ste, y en posicin ms avanzada y simtrica, figuran la cpula y las dos torres de un templo cristiano. La ilusin es completa: el viajero llega a creer por tan momento que viaja por Inglaterra, y que acercndose a Londres distingue ya prxima la famosa catedral de San Pablo. Variado y de otro gnero es el paisaje que se extiende por el Sur: llanuras interrumpidas por algunas sierras cuyos accidentes y detalles se dibujan perfectamente; lagos que baan con sus aguas una gran extensin de terreno, y los cuales, vistos desde el declive de una montaa al descender a la llanura, producen la ilusin ptica de lmpidos espejos verticales; montaas gigantescas que por partes rodean esas campias, y que a medida que ms se alejan aparecen medio veladas por la bruma, asomando resplandecientes en el ltimo trmino del paisaje las nevadas frentes del Popocatepetl y el Iztaccihuatl. Tal se ve el pintoresco Valle de Mxico. Prosiguiendo la excursin por la Sierra de Pachuca, interrumpida por algunas horas, a causa de la contemplacin de los otros lugares descritos y de que no se puede prescindir, el camino de Pachuca al Chico presenta sin interrupcin objetos admirables: ya son los accidentes de aquel fragossimo suelo; ya la selva umbra -96- con sus aves
canoras de esmaltados plumajes; ya las rocas caprichosas que coronan las cimas de los montes; ya el aspecto que ofrece el Mineral del Chico, que surge de pronto en el fondo de una deliciosa caada. Desde el momento en que se comienza a descender por el fuerte declive de la montaa, se descubre el casero diseminado en un suelo fragoso, los huertos y jardines que rodean las habitaciones, y en posicin dominante el templo de orden drico, con su elevada cpula. Un lmpido arroyo que va a unirse al ro de las Adjuntas pasa serpenteando por la poblacin y poniendo en movimiento con el impulso de su corriente la maquinaria de la hacienda de San Cayetano. Las montaas que circundan completamente la poblacin, se hallan, en su totalidad, vestidas de una vegetacin lozana, dominando entre las plantas los oyameles, que, con sus graciosas copas de figura cnica, se destacan unas de otras con cuanta simetra puede caber en las obras de la naturaleza, y se escalonan desde la base a la cima de las montaas. Brotan de las eminencias raudales de agua, que en su cada chocan y saltan de pea en pea, produciendo un sonido armonioso, se abren paso al travs de un rico cortinaje de plantas y de flores silvestres y fecundizan la Caada de San Diego, sitio de los -97- ms pintorescos, en donde la prdiga naturaleza ostenta eternamente su esplndido ropaje primaveral. All los rboles corpulentos con sus nudosos troncos cubiertos de lama y plantas parsitas; el agua que juguetea multiplicando sus corrientes para encajonarse despus en su cauce, acariciando con su espumosa linfa las exquisitas flores de un verde prado, y las variadas aves y mariposas que vuelan de rama en rama y de flor en flor, todo forma un bello conjunto, imagen fiel del paraso perdido, que inmortaliz Milton con sus cantos. Si por su buena suerte llega a presenciar el viajero alguna de aquellas escenas conmovedoras, tan frecuentes en aquellos sitios, que tan favorablemente predisponen el alma para recibir gratas sensaciones, nace la inspiracin y se desea el genio del artista para trasladar al lienzo sus impresiones, o el numen del poeta para cantar las maravillas de la naturaleza. La imaginacin ms atrevida apenas puede forjar un cuadro como el que tuve la dicha de presenciar, y del que me permitir hacer un plido bosquejo. Era una noche de invierno, muy cerca ya la poca del plenilunio. En un cielo difano y sereno la luna derramaba sus vvidos fulgores por toda aquella esplndida naturaleza; el curso y movimiento de las cascadas se hallaba interrumpido -98- por la congelacin del agua, la cual, herida por los resplandores del astro, suspenda sobre el abismo las yertas masas de sus cristales, o serpeaba por los declives de las montaas como ricos filones de plata virgen. Iluminado el interior del templo, de sus ventanas se desprendan los rojizos rayos de la luz artificial, contrastando con la blanca y apacible luz de la luna. El repique de las campanas, cuyos ecos repetan las montaas, anunciaba un acto religioso. En efecto, los trabajadores de las minas y algunos nios y ancianos, con cirios encendidos y entonando cnticos de alabanza, salan del templo con el mayor recogimiento, precediendo a un sacerdote que conduca el sagrado Vitico. Siguiendo la procesin por las asperezas del suelo, se detuvo pocos instantes en un lugar, cual si hubiera sido intencionalmente el elegido para presentar en toda su majestad aquel cuadro conmovedor. En ese momento la luna haba llegado al punto ms culminante de su carrera, desprendiendo con mayor intensidad sus rayos luminosos. La tersa superficie de las hojas de los rboles, la linfa cristalizada de los ros, los inclinados techos de las casas,
las montaas y el suelo, todo reflejaba la argentada luz de aquel astro, y no se vean ms sombras que las que proyectaban las plantas o la que produca, de una manera indecisa, el humo del -99- incienso y de las antorchas, el que, como las plegarias de los hombres, se elevaba al estrellado firmamento. Cuadro admirable, lleno de belleza y de uncin; potico y pintoresco para el artista, sublime y aprobador para el creyente! Aquella procesin continu su marcha para llevar los consuelos de la religin al moribundo, y regres al santuario. Algunos instantes despus todo se hallaba sumergido en la ms completa calma y silencio; slo el tiempo, por el indefinido sendero de los siglos, y el esplendente astro de la noche por su camino sembrado de estrellas, prosiguieron cumpliendo con las irrevocables leyes de su destino. El recuerdo de aquella hermosa noche vivir eterno en mi alma. Mxico, Febrero 24 de 1872.
Pocos habrn de ser los lugares de la tierra que bajo el punto de vista potico y pintoresco puedan superar en belleza al Valle de Mxico; contribuyen a esto muy poderosamente los variados fenmenos que en l ofrecen las estaciones del ao. Aseguran algunos sabios europeos, que en las regiones intertropicales se reducen a dos las estaciones del ao: el tiempo de sequa y el de lluvias; mas en nuestro pas no se corrobora este aserto. Verdad es que en aquellas regiones la variacin del tiempo determina menos marcadamente -102- el cambio de las estaciones que en las zonas templadas; pero esa mudanza se efecta en el Valle de Mxico, segn lo comprueban las hermosas y frescas maanas de su primavera, prdiga en exquisitas y variadas flores; los calurosos das de su lluvioso esto, rico en sazonados frutos; las tibias tardes del otoo con sus bellsimos celajes, y las fras noches de invierno con su difano y estrellado cielo. Al declinar las horas avanzadas de la noche en la bella estacin de primavera, la densa oscuridad que envuelve la superficie de la tierra se disipa poco a poco, y vanse descubriendo los objetos a medida que la tenue luz crepuscular invade progresivamente las regiones occidentales. Propagndose los rayos del sol con un constante movimiento ondulatorio, causan reflexiones y refracciones sucesivas en la atmsfera y en las nubes, esparciendo la luz en todas direcciones y permitindonos distinguir aun los objetos que no estn directamente iluminados por aquel astro. Si esta luz, que se conoce con el nombre de luz difusa o derramada, no existiese, la sombra proyectada por una nube o por cualquier objeto, engendrara la oscuridad de la noche; y no existiendo el crepsculo, el sol se presentara en el horizonte repentinamente y en todo su esplendor.
-103Los dulcsimos trinos del jilguero, el gorjeo de las dems aves, el armonioso sonido de las campanas que en las poblaciones anuncian la hora del alba, y el labrador que acude al campo con sus yuntas para dar principio a sus faenas, marcan los instantes en que los esplndidos rayos de la aurora, que preceden a la salida del sol, se difunden por el trasparente fluido de la atmsfera. Antes de traspasar el sol el horizonte, la regin oriental se colora sucesivamente con los brillantes tintes: rojo, naranjado, amarillo, verde y purpurino; el lmite de la blanquecina luz crepuscular que en forma de arco se extiende por el espacio, va rpidamente avanzando hacia el zenit, al mismo tiempo que la parte superior del cielo que rodea este punto, adquiere progresivamente el matiz azulado ms intenso. La cresta de la cordillera oriental se dibuja y destaca sobre un fondo brillante de rosa y oro; las majestuosas cumbres nevadas del Popocatepetl e Iztaccihuatl, que se levantan como dos colosos para descubrir los primeros el orto del sol, e iluminados dbilmente en su parte occidental por la luz difusa, aparecen cual si fueran formados de cristal de Bohemia. De vez en cuando una densa columna de humo, que se hace perceptible a los albores de la aurora, sale del crter del Popocatepetl, demostrando la constante actividad -104- de este volcn que conserva vestigios de tremendas erupciones. Cuando el sol, trasponiendo el horizonte, sigue su marcha ascensional, presenta un bello espectculo, en verdad muy difcil de describir. Su disco, de un color rojizo y aumentado aparentemente a causa de la refraccin atmosfrica, se presenta circundado de una aureola luminosa, y disminuye paulatinamente su dimetro a medida que va elevndose. Sumergida en el horizonte la curva anticrepuscular, el Occidente adquiere la misma sucesin de tintas, y la parte superior del cielo se colora con un azul brillante, vivsimo. Deliciosos se presentan desde ese momento los alrededores de la capital. Chapultepec con sus abundantes y limpios manantiales, su pintoresca colina, su potico palacio y su frondoso bosque de sabinos seculares, de cuyos ramajes cuelga en madejas el heno ceniciento, como cabellera digna de su ancianidad; Tacubaya con sus palacios, sus parques y jardines; Mixcoac con sus amenos con tornos y sus callejones formados de rboles frutales; San ngel, Coyoacn y Tlalpam con sus arroyos cristalinos, sus huertas, sus campias y sus bellas caadas cubiertas de plantas, de rboles y de trepadoras enredaderas. En todos esos lugares se goza con la embriagadora frescura de la maana, con la amenidad -105- de los campos, y respirando el ambiente embalsamado con el aroma de las flores. All muestran su belleza los enjambres de mariposas de relucientes y pintadas alas, y los colibres, esas preciosas avecillas que dotadas de una volubilidad extraordinaria, hienden el aire como exhalaciones, o bien chupando el nctar de alguna flor, suspendidas en el espacio, baten incesantemente sus alas y ostentan a los reflejos del sol el verde y nacarado esmalte de su plumaje. Hacia el Sur de la capital, el suelo del Valle se presenta bajo un aspecto diferente del de los lugares que se acaban de mencionar. No se encuentran all la camelia, el lirio, la rosa de Bengala ni otras flores exquisitas debidas al esmerado cultivo; pero crecen en
las chinampas, en esas islas artificiales que han convertido los pantanos en amenos pensiles, la frondosa amapola, el purpurino clavel, la elegante dahalia, la perfumada violeta, y la fragante rosa de Castilla. El canal que une los lagos de Xochimilco y Texcoco, se ve cubierto en los das de primavera de canoas cargadas de flores y verduras, que se dirigen a los mercados de Mxico; y todo aquel que haya concurrido a los paseos cuaresmales de la Viga, recordar siempre con agrado la animacin que constantemente reina en ese lugar, en donde el pueblo encuentra uno de sus goces predilectos. -106- Puede decirse que all se verifica la fiesta de la Primavera y de las flores. *** La duracin del da artificial que llega a su mximum durante la poca del solsticio de esto, y la accin ms directa de los rayos del sol en esta parte de la regin intertropical, elevan la temperatura a 24 grados y an ms, convirtiendo en calurosos los das frescos y agradables de la estacin florida. La calina y las brumas, particularmente en las maanas, empaan la atmsfera, y algunas veces su densidad llega a tal grado, que ofusca el hermoso conjunto y el relieve de las montaas que circundan el Valle, las cuales slo aparecen como cubiertas con un velo poco difano. El esto, en el Valle, as como las dems estaciones del ao, tiene su atractivo particular. Dilatadas desigualmente las capas atmosfricas por el fuerte calor de la superficie de la tierra, ste invierte, por decirlo as, el orden o disposicin de aquellas que estn en contacto con el suelo. Sabido es que gravitando las capas atmosfricas superiores sobre las inferiores, la densidad de stas es mayor, y decrece progresivamente de la superficie hasta la ltima, la ms ligera y sutil, que se llama ter. Contrariada esa ley general por -107- la dilatacin de las capas inferiores, la refraccin de los rayos luminosos, o sea la desviacin que stos sufren al atravesar de un cuerpo a otro de desigual densidad, se verifica de una manera contraria que en el caso en que las capas atmosfricas se hallan superpuestas en su orden normal, y entonces se produce el espejismo; ilusin ptica que nos hace percibir invertidos los objetos debajo del suelo o en medio de la atmsfera. En los terrenos llanos y resecos que se encuentran en la parte Norte del Valle, se ve con frecuencia extenderse la calina sobre la superficie de la tierra, y retratarse inversamente debajo de ella las montaas con todos sus accidentes y detalles, cual si fuesen reproducidas por el lmpido espejo de las aguas. La ilusin del espejismo es an ms interesante, ms admirable en el lago de Texcoco, aun cuando tal fenmeno sea menos frecuente en l. Desde las orillas del lago puede contemplarse su extensin y la tranquilidad de sus aguas en los das serenos. Las pequeas y defectuosas embarcaciones, cuyas formas no han variado desde los das de la conquista, se ven cruzar el lago cargadas de granos y verduras, destinados a los mercados de Mxico. Las frgiles y estrechas chalupas de los pescadores y floreras, hienden velozmente la superficie de las aguas, interrumpiendo -108- el silencio de la
soledad solamente el chasquido de los remos o el acento de los cantos montonos de aquellos que conducen tan dbiles barquillas. Cuando la temperatura de las aguas del lago es inferior a la del aire que con ellas est en contacto, de una manera sbita desaparecen aquellas barquillas de la superficie del agua, y se ven inversamente flotando en el aire, navegando al impulso de los remos, en un revuelto mar de nubes. Los fuertes vientos que soplan en esta poca del ao, y muy particularmente en las tardes, despejan la atmsfera destruyendo la calina, y preparan los hermosos das de esto. Las montaas dibujan sus contornos y presentan los detalles de su relieve con mayor claridad. Las nubes (cumulus) en forma de caprichosas montaas de nieve, asoman por encima de la cresta de la cordillera oriental, y sucesivamente van creciendo hasta que adquieren proporciones colosales. Esas preciosas nubes, cuya forma redonda se atribuye al exceso de electricidad acumulada en ellas, hacen palidecer con su extremada blancura y brillo las nevadas cumbres del Popocatepetl e Iztaccihuatl, y flotando continuamente en la atmsfera, se unen con otras, extendindose sobre toda la superficie del Valle, y ocultando a ste por completo su -109- cielo puro y hermoso. Convirtense entonces en nimbus, que son las nubes tempestuosas sin forma determinada, cenicientas, y cuyos bordes se tien dbilmente de gris y de un indeciso color morado. Con frecuencia las corrientes opuestas del aire forman esas columnas de vapor, que pendiendo de las nubes y animadas de un movimiento giratorio, se ven atravesar con rapidez por el Valle, amenazando destruir con su irresistible poder todo cuanto encuentran a su paso. El pavor y el deseo de la observacin luchan en el nimo, cuando esas trombas se ven suspendidas sobre las majestuosas torres de la Catedral, desafiando a stas en poder y fortaleza, y cuando se les ve recorrer toda la ciudad en actitud cada vez ms amenazadora, tan pronto devolviendo al nimo la confianza con su contraccin, como acobardndolo ms con su acrecimiento; circunstancias que tan distintamente se advierten cual si aquellas masas flotantes de vapor y agua estuviesen movidas por invisibles resortes. Si alguna vez ese terrible meteoro toca la superficie de la tierra, arranca los rboles de raz, destruye los edificios y abre profundas grietas en las montaas. Desde mediados hasta el fin del esto, las lluvias son abundantes y copiosas en el Valle, y -110- generalmente las tardes tormentosas, formando contraste con las maanas, en que se goza de los vivificantes rayos del sol y de una atmsfera tranquila. Muchas veces, a pesar de hallarse despejado el cielo de las campias, los nimbus que se forman a lo lejos y el viento impetuoso, presagian una tempestad prxima y deshecha. El huracn forma en la superficie de la tierra nubes de polvo, que se arrastran y arremolinan velozmente; las aves, con sus alas extendidas, surcan espantadas el aire, tan pronto volando horizontalmente como inclinndose hacia la tierra, contra la cual parecen van a estrellarse; dirgense apresuradamente los rebaos al aprisco; los trigales que cubren los campos adquieren ese movimiento ondulatorio por medio del cual producen alternativamente sus dorados reflejos, y los rboles y arbustos crujen,
resistiendo el fuerte empuje de los vientos que hacen inclinar las ramas y follaje, cual si trataran de arrancarlas de sus troncos. En el transcurso de algunos minutos, el cielo se cubre de nubes amarillentas en las cuales se proyectan las aves que circularmente revolotean. Los nubarrones que cruzan con velocidad vertiginosa la atmsfera, como si tratase cada una de ellas de adquirir mayor rapidez, se juntan y se separan alternativamente, produciendo con su choque y -111- rozamiento las fuertes descargas elctricas, cuyos retumbantes ecos repercuten en progresin decreciente las mismas nubes y las montaas. El espacio se ilumina por intervalos con esa luz deslumbradora que produce la chispa elctrica. Un ruido, prolongado a veces, e intermitente otras, es la seal precursora de la lluvia de granizo, meteoro de los ms interesantes y cuya teora descansa an en hiptesis. El agua cae a torrentes, inundndolo todo y haciendo desbordar los ros con fuertes e impetuosas corrientes que van a aumentar el caudal de los lagos; y por ltimo, el agua de stos se agita, formando oleajes amenazadores para las frgiles embarcaciones que en ellos navegan, y remedando, en pequeo, las desastrosas tormentas del mar. Cual nubes de verano pasan pronto, y cesa la tormenta. El cielo vuelve a su antigua serenidad y pureza, y los campos, con sus pastos, sus plantas y arboledas, ostentan ese verdor brillante y fresco que les comunica la humedad. A lo lejos algunas nubes se resuelven en menuda lluvia, la que, herida por los rayos del sol ya prximo al ocaso, forma el bello meteoro luminoso del arcoiris, cuyas extremidades se apoyan algunas veces en las elevadas crestas de la Sierra Nevada. Tales son los espectculos que la poca del esto nos ofrece en el Valle de Mxico. -112*** El tiempo de aguas, volviendo a la atmsfera su diafanidad y frescura, y al cielo su trasparencia, prepara las encantadoras tardes de otoo. La lucidez de la atmsfera, reflejando sta unas veces los rayos azules del espectro solar, imprime al cielo ese bello color que va disminuyendo de intensidad del zenit al horizonte, hasta terminar en el mismo, ms tenue y apacible; y otras, reflejando los rayos amarillos y rojos, produce variadas y encendidas tintas sobre el horizonte. Muy importante es el espectculo que ofrecen las regiones orientales del Valle a la cada del sol. En esos momentos, como si el astro trasmitiera a las cumbres de las elevadas montaas el intenso fuego que lo enciende, trasforma la ntida blancura de la nieve en los vivos cambiantes del palo y de la concha ncar. Sobre el horizonte, el cielo adquiere el encendido color de las auroras boreales; y todo aquel brillante y deslumbrador colorido es tan bello, que slo un hbil artista sera capaz de reproducirlo con su inspirado pincel. La sucesin de eminencias que gradualmente se elevan por el Sur hasta terminar en el majestuoso Ajusco; las alturas de las Cruces y Monte Alto por el Oriente, y la Sierra de Guadalupe especialmente, a causa de su menor distancia, surgen con -113- todos sus detalles; y reflejndose en la tierra, en las rocas y en su vegetacin la luz del sol, sus
declives aparecen como regados de piedras preciosas, ofreciendo en su conjunto los variados colores y matices de un mosaico. De los meteoros luminosos que son tan frecuentes en los das de otoo, ninguno es tan notable como el que ofrece la coloracin de las nubes al declinar las tardes, y el aspecto general del cielo. El azul de ste, de una trasparencia extraordinaria, se ve surcado por unas rfagas luminosas que convergen en un punto del horizonte, y que extendindose como radios de un crculo, se hacen ms perceptibles por el hermoso color que les sirve de fondo. Las nubecillas que se conocen con el nombre de cirrus, y que a causa de su menor densidad son las que flotan en la atmsfera a mayor altura, se presentan unas veces agrupadas como velln cardado; otras extendidas en bandas paralelas o en forma de penachos, dejando entre s espacios que dan curso libremente a los hacecillos luminosos del sol; y otras, en fin, ocupan una gran parte del cielo o todo l, en cuyo caso se dice que ste se halla aborregado. Heridas estas nubes por los rayos del sol, adquieren sucesivamente los ms variados tintes. -114- El color rosado desaparece para dar lugar a otro purpurino que, desvanecindose, termina presentando los matices del violado. Al brillante color del oro sucede el naranjado, y a ste, por ltimo, el amarillo cromo; trasformaciones todas que se efectan a medida que el sol va acercndose al ocaso. Estos efectos singulares, causados por las inflexiones de la luz, son an ms notables en las nubes de la especie cumulus, que adems de presentar las formas ms caprichosas, ofrecen los mismos cambiantes de vivos colores, y una orla luminosa de extremada blancura en sus contornos. *** La diafanidad del cielo presagia la entrada de la rigurosa estacin invernal, con sus frecuentes heladas, su luna refulgente y sus estrellas rutilantes. El benigno clima que por lo general se disfruta en Mxico, hace ms sensible el cambio de estacin, y muy particularmente la entrada del invierno. Hiela con demasiada frecuencia, y por las maanas la escarcha, como un frgil cristal, cubre la superficie del agua. Cun bellas y embriagadoras son las noches de luna, durante el invierno, en el pintoresco Valle de Mxico! -115Baadas por la refulgente luz de aquel astro las heladas cspides del Popocatepetl e Iztaccihuatl, que se proyectan en un fondo azulado, causan un efecto mgico; pero nada es comparable con el que ofrece el encantador aspecto del cielo por la sucesiva aparicin de las estrellas y su uniforme y oblicuo movimiento.
El soberano de los asterismos, el precioso Orin, precedido del bello astro Aldebarn, de la constelacin de Tauro, se presenta con sus numerosas y brillantes estrellas, entre las que lucen con mayor intensidad Betelguese, Rgel y los Tres Reyes Magos, o sea el Cinturn. Con los ms vivos destellos aparece en seguida la gentil y ms cintiladora estrella del firmamento, el refulgente Sirio, astro principal del Can mayor. Su luz clara y brillante, examinada con atencin, presenta en su parte inferior la apariencia de un fuego abrasador, y en la superior, azulados destellos. Apenas levantado Sirio sobre el horizonte, brota hacia el Sur de ste Canopus, lucero no menos bello, estrella principal de la nave Argos. De la misma manera van apareciendo sucesivamente los dems astros que contemplamos en nuestras regiones. Cstor y Plux, primeras estrellas de la constelacin zodiacal Gminis; Rgulus, el Corazn de Len; la Osa mayor, que se -116- ve recorrer majestuosamente su camino en torno del polo boreal; la Espiga de la Virgen; el bellsimo Arturo en el Boyero; Antares en el Escorpin, y en fin, tantos y tan bellos astros que van esparcindose como diamantes en la azulada bveda del firmamento. Precedida de unas estrellas y seguida de otras aparece la luna, trasmitindonos los rayos del sol. En su movimiento ascensional sobre el horizonte, nos presenta anlogas circunstancias a las que el astro soberano del da ofrece, y las cuales se han descrito al principio de este artculo. Baada por los rayos apacibles de la luna la superficie de la tierra, la perspectiva que ofrece la ciudad de Mxico, observada desde un punto cualquiera de la parte occidental del Valle, es extremadamente bella. Levntase en primer trmino la ciudad con su extensa lnea de edificios, sus variadas y numerosas cpulas y torres, entre las que descuellan erguidas las de su famosa catedral. Proyectndose stas en un claro horizonte, dejan entrever la luz de la luna por los espacios que resultan de sus detalles arquitectnicos, semejando primorosas labores de la ms delicada filigrana. Extendidos sobre la verde alfombra de los prados y con su linfa plateada, se presentan en segundo trmino los lagos de Texcoco y Chalco; y -117- en el tercero y ltimo se levantan dominantes el Telapn, el Tlaloc, el Iztaccihuatl y Popocatepetl, ostentando los dos ltimos sus relucientes y nevadas diademas. Cuando flotan en la atmsfera los vapores condensados en estado vesicular o en heladas partculas, o bien nubecillas ligeras interponindose entre la luna, los rayos luminosos reflejados por sta se modifican, ofrecindonos entonces el hermossimo meteoro que se conoce con el nombre de coronas. Un gran crculo de colores, entre los que domina el rojo, se dibuja en el cielo, sirvindole de centro el hermoso satlite de la tierra. Los fenmenos meteorolgicos que se suceden en el Valle de Mxico, la topografa y extensin de ste, su rica naturaleza y la estructura de su suelo, sobre todo, proporcionan vasta materia para escribir volmenes enteros. En este artculo, unos
cuantos rasgos descriptivos demuestran la importancia de esta bella localidad de la Repblica, y cun digna es de investigaciones y de un constante estudio. Mxico, Abril 13 de 1872.
segn avanzan ms o menos hacia el centro de l los declives y contrafuertes de las sierras que los circundan, ms o menos se estrechan las partes llanas. Forman los planos ms considerables del Valle los llanos de Chavarra, San Javier y Tizayuca, al Sur de Pachuca; el Valle de Otumba, limitado al Norte por los cerros Malinalco, Cerrogordo y otros de -122- menos consideracin, y comunicado con la parte principal del de Mxico por los ricos terrenos de Acolman; los valles de Texcoco y Chalco, que deben considerarse como la prolongacin del de Mxico; y por ltimo, los llanos de Zumpango y Tlalnepantla, separados de los que rodean a la capital de la Repblica, por la sierra de Guadalupe. La mayor extensin del Valle, segn la lnea oblicua que une a Tlalpam con Pachuca, es de ciento catorce kilmetros, y su mayor latitud en el paralelo de Cuautitln, sesenta y dos kilmetros. Respecto del rea, muy difcil es determinarla con exactitud cuando no existe el plano orogrfico de tan importante lugar de la Repblica. La poblacin del Valle, conforme a los mejores y ms verdicos datos que he podido proporcionarme, puede estimarse en 525.000 habitantes, distribuidos de la manera siguiente: -123Curatos Pachuca Tezontepec Axapusco Otumba Tizayuca Jaltenco Zumpango Teoloyuca Tolcayuca Habitantes que dem mexicano hablan castellano 14.020 5.638 5.310 6.158 3.414 2.522 5.939 5.725 ________ 48.726 Ecatepec Tepexpan Acolman Tecamac 780 8.000 2.425 5.000 ________ 16.205 6.300 938 1.474 3.316 dem otom ________ Total 14.020 6.418 5.310 6.158 11.414 2.425 7.522 5.939 5.725 _______ _ 64.931 6.300 938 1.474 3.316
Teotihuacn Tepetlaoxtoc Chautla Mexicalcingo Culhuacn Chalco Mexquic Xochimilco Tlalpam Coyoacn Churubusco Tlahuac Texcoco Coatlinchn Chimalhuacn Atenco Coatepec Chalco Ixtapaluca Ixtapalapa Ixtacalco
7.359 2.769 500 200 1.200 3.000 2.387 3.129 492 16.815 1.707 4.070 1.923 2.500 3.000 ________ 51.051
2.143 1.803 2.772 959 2.000 731 2.247 14.008 2.300 1.000 2.000 13.469 2.500 643 1.119 2.670 ________ 64.392
________ -
9.502 4.572 2.772 1.459 2.200 1.931 2.247 17.008 4.687 4.129 492 2.000 30.284 1.707 6.570 1.923 3.143 4.119 2.670 _______ _ 115.443
-124Cuautitln Tultitln Huehuetoca Tepotzotln Coyotepec Tlalnepantla 2.376 3.126 2.305 2.752 7.219 5.065 6.921 3.572 3.000 7.441 6.921 3.126 5.877 5.752 7.219
2.961 4.313 3.218 2.000 15.835 1.249 ________ 47.354 ________ 147.131
5.065 7.413 6.544 7.817 2.000 15.835 1.705 _______ _ 82.715 _______ _ 263.089 225.000 _______ _ 488.089
Ciudad de Mxico
En esta noticia faltan los datos relativos a algunas parroquias, como son Tultepec, Tlasala, Coacalco, Ecatzingo, Cocotitln, Ayapango, Tepetlixpa, Tlalmanalco, Ozumba, Amecameca, Ayotzingo, Guadalupe, Tacuba y Atzcapotzalco, y no parecer por tanto exagerado si hago subir la cifra anterior, a 525.000. -125Algunas obras existen que han tratado extensamente acerca del Valle de Mxico; motivo por el cual, me he limitado a ocuparme slo en la extensin que debe considerrsele y en el nmero de sus habitantes con relacin a ella. Mxico, 4 de Mayo de 1872.
Muy digno de describirse es el camino que conduce de Mxico a la famosa caverna que es el objeto principal de este artculo. No fijar mi atencin en la parte recorrida de ese camino por el ferrocarril de Tlalpam, por ser demasiado conocida. La serrana de Ajusco, que por el Sur limita el Valle de Mxico, ligando las sierras del Popocatepetl con las eminencias de las Cruces y Monte Alto, ocupa en latitud una grande extensin de terreno, presentando en sus declives, y muy particularmente en los australes, inclinaciones en extremo rpidas. -128Presntase el terreno, recorrido por el camino, rido, y apenas se ve en las eminencias que lo coronan una vegetacin pobre en extremo. Aun cuando para el viajero, vido de lugares amenos y pintorescos, estos lugares no tienen ningn atractivo, son, sin embargo, muy interesantes, considerndolos geolgicamente. Vense por doquiera enormes grupos de rocas eruptivas que estn revelando una accin volcnica tremenda, y las cuales se presentan como inmensos edificios derruidos por la accin destructora del tiempo. El ascenso para traspasar la lnea de la divisin de las aguas, es en extremo difcil, y se llega, despus de algunas horas de camino, a Topilejo y a la Venta del Guarda; lugar interesante por determinar el punto ms elevado del camino y desde el cual puede observarse el Valle de Mxico en toda su extensin, con su ms bella perspectiva. Del Guarda se llega a la Cruz del Marqus, y desde este punto, que seala los lmites del Estado de Morelos, se desciende rpidamente, rapidez que crece de Huitzilac en adelante, de tal suerte, que los carruajes ruedan con una velocidad que casi se asemeja a la que adquieren los cuerpos abandonados a su propio peso; y a medida que se desciende, la temperatura se eleva, comprobando la observacin tantas veces hecha, de que en Mxico bastan unas cuantas horas de -129- camino para pasar de una zona en extremo fra a otra clida. La vertiente austral de la serrana de Ajusco, que en esta parte toma el nombre de Cuesta de Huitzilac, no se presenta con la desnudez del declive septentrional. Muchos rboles de la familia de las conferas, cubren el terreno, observndose los oyameles en las cumbres, y los ocotes, pinos, encinos y algunos cedros en los declives. Multitud de barrancas surcan el suelo y descienden hacia los planes de Cuernavaca, encontrndose esta ciudad, antes de ahora capital del Estado de Morelos, entre dos de ellas. La mayor parte de esas barrancas se interponen entre Cuernavaca y los pueblos de Chalma y Ocuila, del Estado de Mxico, erizando de dificultades y de fuertes pendientes, las veredas que ligan entre s esas poblaciones. Distnguese desde la eminencia de la cuesta, la tierracaliente ofreciendo un bello panorama. Las lomas sucesivas que tanto caracterizan la topografa de los terrenos de Cuernavaca, desaparecen a causa de la altura de donde se observan, y slo se admiran extensos planes matizados por el frondoso follaje de las plantas tropicales y por los plantos de caa, cuyo color esmaltado de verde ms o menos intenso, segn el mayor o menor crecimiento de las plantas, armoniza con los variados colores que reflejan los terrenos sin -130- cultivo. Descbrense a los vivsimos resplandores del sol y diseminados en las campias, agrupados los edificios de las poblaciones y separado el plan de Amilpas del de Cuernavaca, por la sierra de Tetillas, Montenegro y Jiutepec, y
por ltimo, se ven a lo lejos escalonadas, sobre planos inclinados, diversas eminencias que terminan con las crestas de las elevadas sierras que por todas partes circundan el Estado de Morelos, y cierran sus horizontes. Cuernavaca (Cuauhnahuac, rodeada de flores), se halla situada, segn las observaciones astronmicas de don Francisco Jimnez, a 18 53' 02" 31 de latitud Norte y 0 06' 19" 50 de longitud Oeste de Mxico, a 1.505 m de altura sobre el mar y a 18 leguas Sur de la capital de la Repblica. El terreno en que se asienta forma una loma entre dos grandes depresiones, ofreciendo en sus calles frecuentes ascensos y descensos. Desde cualquiera altura de la ciudad se abarca de una sola mirada el territorio del Estado en toda su extensin. Se descubren las montaas que lo limitan y las que interrumpen la uniformidad de su suelo: al Norte, la serrana de Ajusco; al Oriente las nevadas y majestuosas cumbres del Popocatepetl y el Iztaccihuatl en ltimo trmino, y en el primero, las cimas de formas caprichosas de la sierra de Tepoztln. Los extensos plantos de caa, los -131platanares que extienden sus erguidas y lustrosas hojas en medio de una vegetacin lozana, esmaltan los campos de un verde hermoso, revelando las riquezas de un Estado esencialmente agrcola. El clima de la ciudad como el de todas las localidades del Estado, es clido, marcando el termmetro como temperatura mxima en tiempos normales, a las tres de la tarde, de 24 a 25 centgrados. La declinacin de la aguja es de 8 30' al Este. La poblacin actual de la ciudad, es de 16.000 habitantes repartidos en 500 casas que forman el casco, y en las casuchas de sus huertos y campos. Comprende 60 calles y callejones, 5 plazas, 5 templos; el antiguo palacio de Corts, que posee ms bien el carcter de un edificio fortificado, carcter que va desapareciendo por las reedificaciones. En l residan los poderes del Estado, que se trasladaron posteriormente a Cuautla, su nueva capital. La ciudad posee adems el edificio del Instituto literario, el teatro de Alarcn, que puede contener 2.000 personas, un hospital, un matadero, doce posadas, un cuartel, casa de correos y estacin telegrfica; una imprenta, cinco curtiduras, un molino de aceite, cuatro fbricas de aguardiente, ocho de ladrillos y tejas y ocho caminos vecinales. Forman los suburbios de esta ciudad los siguientes barrios: San Pedro y Santo Cristo, por -132- el Sur; Amatitln, por el Este; San Antn, por el Oeste, y Guadalupita y el Calvario por el Norte. Pasado el pintoresco pueblecillo de San Antn, a 3 kilmetros Noroeste de Cuernavaca, se desciende a una profunda barranca por un sendero estrecho y pedregoso. En esta barranca y de una altura de 37 metros, el agua que proviene de otra barranca llamada de Toto, se precipita, formando en su cada preciosas ondulaciones, alternando con delgados hilos cristalinos que se apartan de la masa principal del torrente. De la cuenca abierta por el agua con su incesante golpeo, se eleva sta en menudas partculas, produciendo a los vivsimos rayos del sol, los colores del iris, notables por su persistencia. El continuo movimiento del agua al pie del salto, ha descarnado la montaa, abriendo una gruta profunda que por su lobreguez contrasta tanto con la blancura de la corriente cristalina, y con el fresco verdor de los helechos, de los arbustos
y plantas tropicales, que engalanan aquella cuenca. Grietas profundas surcan horizontalmente las paredes verticales de la barranca que miran al Oriente, en tanto que en el declive opuesto un grupo de prismas baslticos incrustados en el terreno, alternan con las lucientes hojas de las anonceas. Los festones de bejuco que, pendientes de la cima, flotan a ms de media altura de -133- la barranca, y la frondosidad de los rboles, entre cuyo follaje se descubren las esbeltas hojas del banano, contribuyen a hermosear el lugar, dndole un aspecto encantador. Tres cuartos de legua al Este de Cuernavaca, se halla el pueblo de Chapultepec (cerro del Chapuln), ameno por sus huertas de rboles frutales y siembras de semillas y legumbres. Hacia el Sur y a la misma distancia se encuentra el pueblo de Acapantzingo (frente del Carrizal). La industria de sus habitantes consiste en el cultivo de rboles frutales. Su situacin a inmediaciones de la capital y su amenidad, hacen de este pueblo un lugar de recreo. En l, el archiduque Maximiliano hizo construir una gruta con hermoso jardn y extensa huerta. El Estado de Morelos se halla dividido para su administracin en las siguientes fracciones: Municipalidades Distrito de Cuernavaca Cuernavaca Tepoztln Xochitepec Tlaltizapan Xiutepec -134Distrito de Morelos Cuautla Ayala Ocuituco Yecapixtla Distrito de 10.078 1.206 1.381 4.835 1.399 2.610 6.329 1.580 29 2 1 12.106 3.818 7.710 6.416 8.225 2.456 2.974 5.468 2.902 5.807 4.149 2.797 1.800 612 44 6 15 5 14.076 6.605 5.777 7.283 5.519 Raza mixta Indgena Extranjeros Total
Yautepec Yautepec Tlayacapam Totolapam, municipio Tlalnepantla, municipio Distrito de Tetecala Tetecala Miacatln Jojutla Tlaquiltenango Puente de Ixtla Amacusac, municipio Coatln del Ro, municipio Mazatepec, municipio -135Distrito de Jonacatepec Jonacatepec Zacualpam Amilpas Xantetelco Tetelilla Tepaltzinco 5.294 2.469 2.623 2.189 1.140 _______ _ Sumas 77.670 2.375 4.854 2.320 2.914 3.728 _______ _ 72.714 6 4 2 7.675 7.327 4.945 5.103 4.868 1.972 3.619 3.140 1.343 2.044 1.227 1.357 1.103 1.532 909 3.535 3.932 1.860 1.773 589 345 3 13 14 11 6 2 3.507 4.541 6.689 5.286 3.910 3.002 1.946 1.448 3.059 2.021 1.571 1.044 4.017 3.979 2.213 1.786 20 2 7.096 6.000 3.786 2.830
El camino para llegar a Cacahuamilpa recorre los terrenos pertenecientes a los distritos de Cuernavaca y Tetecala; y a medida que en l se avanza, se descubren a uno y otro lado, ms o menos cerca, los pueblos y haciendas de la mayor parte de sus municipalidades. Al Noreste de Cuernavaca se ven las montaas de Tepoztln (lugar de fierro). La villa del mismo nombre, cabecera de la municipalidad, se encuentra situada en la caada que se forma por los montes de Otlayuca. Esta cordillera, que se desprende de la sierra del Popocatepetl, se halla revestida casi en su totalidad de vegetacin, produciendo cedros, ayacahuites, caobas, encino -136- de diversas clases y el oyametl. En tiempo de lluvias esas eminencias adquieren un bello aspecto, as por la frondosidad de la vegetacin como por los arroyuelos que se forman y precipitan desde las alturas, serpenteando por los declives como hilos de plata, y que por su blancura tanto contrastan con las ennegrecidas superficies de las rocas. Al llegar esos arroyos a las partes ms bajas, forman otras tantas cascadas y se unen por medio de varias barranquillas a un arroyo que recorre los terrenos de la municipalidad. No escasean en las mismas montaas los minerales de fierro, circunstancia de donde tom origen el nombre de la poblacin. Al Suroeste de Cuernavaca y a dos y media leguas se encuentra Xiutepec (cerro de yerba) con mil doscientos setenta y nueve habitantes. El pueblo se halla situado en medio de un llano limitado al Oriente por varias eminencias que forman una cordillera rica de vegetacin y entre cuyos rboles se cuentan algunos de finas y exquisitas maderas. Las principales cumbres de esa cordillera se denominan Barriga de Plata, llamada as por ser mineral; el Tajn, la Palma, Rancho del Cerrado y Monte-Negro. En este ltimo lugar tuvo efecto el 22 de Agosto de 1870 un fenmeno que caus gran sensacin entre los habitantes de aquellas comarcas. Al declinar la -137- tarde de ese da, inmensos nubarrones vertan el agua a torrentes, escuchndose al propio tiempo bajo de tierra fuertes detonaciones y sintindose un ligero terremoto. Al da siguiente se observ que la vegetacin que revesta la montaa haba desaparecido en una extensa zona de sus vertientes, presentando slo rocas ennegrecidas y sin lesin alguna la cumbre. Todos los despojos de tierra, piedra y malezas, presentando una masa compacta, cubran a poca distancia el suelo arrojados all, sin duda alguna, por la fuerte tensin del aire, que, dilatado violentamente por el calrico interior, abriose paso por los declives de ella. Esos despojos formaron en algunos puntos un espesor que vara de una y media a tres varas. Dos arroyos de agua permanente, fresca y abundante, riegan los terrenos de la municipalidad; ambos se conocen con el nombre de la Barranca. Uno de ellos nace en el pueblo de Chapultepec, de la jurisdiccin de Cuernavaca, riega la hacienda de Atlacomulco y pasa por el centro del pueblo de Xiutepec, y el otro se forma de los veneros de Texalpam, aumentando su raudal con el agua que proviene de las vertientes de las fuentes al Noroeste y muy cerca de Xiutepec. Renense ambas barrancas, cuyo curso es de Norte a Sur, en el pueblo de Zacualpam, a cuatro kilmetros al Sur de la cabecera. -138Concese con el nombre de Paseo de las Fuentes un sitio ameno, que dista dos kilmetros de Xiutepec hacia el Noroeste. Copiosos manantiales de agua cristalina
forman una corriente rpida en medio de una vegetacin virgen y lozana: grupos de frondosos sabinos, de fresnos y lamos, higueras silvestres, naranjos, manglares y otros rboles frutales dan sombra a ese ro, a cuyas mrgenes se extienden risueas y frtiles campias. Desde el camino, y a diez kilmetros de Cuernavaca, se distinguen por la parte oriental la hacienda del Puente y el pueblo de Xochitepec. Xochitepec, que quiere decir cerro de la flor, es la cabecera de la municipalidad de su nombre, con mil quinientos habitantes, y distante de Cuernavaca veinte kilmetros al Sur. Las montaas de Colotepec, Alpuyeca, San Jos y Tetelpa, forman hermosos valles, y muy particularmente el que ocupan los terrenos de las haciendas llamadas Chiconcuac y el Puente, donde se cultiva la caa de azcar y el arroz, artculos que constituyen la principal riqueza de estos lugares. Riegan estos valles dos ros que se conocen con los nombres de Apatlaco y Alpuyeca, cuyo curso es de Norte a Sur, y su confluencia en un punto cerca de Xoxocotla. El primero nace en la barranca de Santa Mara, -139- municipalidad de Cuernavaca, y el segundo en las de Tetlama. Reneseles en Apatlaco considerable cantidad de agua salobre que proviene de dos manantiales. En estos ros se pescan truchas y bagres. La hacienda de caa de Temisco, de la municipalidad de Cuernavaca, y las de Chiconcuac y San Vicente, puede decirse, que hoy forman una sola hacienda, cuyos frutos se benefician todos en esta ltima. El seor Bermejillo, propietario de ellas, ha logrado establecer en la de San Vicente una magnfica maquinaria para la elaboracin y purificacin del azcar, cuyo costo ha ascendido a la suma de 200.000 pesos. Estas haciendas elaboran al ao: Temisco San Vicente Chiconcuac 26.000 81.000 ________ 107.000 @ de azcar " 39.000 17.488 ________ 56.488 de miel "
El camino prosigue por los terrenos pertenecientes al distrito de Tetecala. Ocupan todo el distrito, extensos lomeros y grupos de cerros de poca elevacin que por su aridez forman un notable contraste con las frondosas y frtiles caadas. Los ros que las riegan son: el de Coatln que nace al Norte en las montaas de Ocuila, del Estado de Mxico, pasa por la hacienda de Cocoyotla, -140- Coatln del Ro, Tetecala, San Miguel Coatln y Coachichimola, unindose al Amacusac; el ro Tembembe nace igualmente en la barranca de Toto, pasa por terrenos de Cuentepec, Miacatln, Mazatepec y Ahuehuecingo y se une al anterior, a una legua al Norte de Ixtla. En estos ros se cogen camarones, bagres, cangrejos, mojarras, perros de agua, roncadores, salmiches y truchas. La laguna de Coatetelco, situada al Oriente de Mazatepec y de un kilmetro de longitud, presenta un panorama agradable por los plantos de caa que la rodean y por la multitud de garzas que se ven sobre la superficie de las aguas. Esta
laguna produce igualmente truchas y bagres. Perteneciente al distrito se encuentra otra laguna muy notable, en jurisdiccin de Puente de Ixtla. Concese esta laguna con el nombre de Tequesquitengo, cuya extensin es de cuatro leguas cuadradas. Dos particularidades notables ofrece esta laguna a la atencin del viajero. La primera consiste en su gran profundidad, calculada en 50 metros hacia el centro. Cerca de su orilla austral se halla sumergido un pueblo, pudiendo distinguirse, cuando la diafanidad de las aguas lo permiten el frontispicio del templo, sobresaliendo de la lquida superficie, la cruz con que remata la torre. Constituye la segunda, la existencia de unos -141- toros, llamados caravaos que han contrado la costumbre de vivir en el agua y que en vano se ha tratado de sujetarlos al yugo. Cuando el calor del sol se hace sentir con mayor fuerza, huyen apresuradamente burlando la vigilancia de sus guardianes, y se introducen en la laguna, uncidos muchas veces a los carros o arados. La villa de Tetecala (casas de piedra), cabecera del distrito, se halla situada a la margen izquierda del ro Coatln y a 40 kilmetros Suroeste de Cuernavaca, con 2.000 habitantes. Sus terrenos son productivos y su vegetacin tan vigorosa que el maz de riego, se cosecha antes de cuatro meses y el de temporal a los seis despus de su siembra; el pltano siempre da su fruto tan slo limpiando la planta y el terreno en que ha crecido; la caa de azcar adquiere muchas veces en su desarrollo una longitud de tres metros; se cosecha adems el frijol, chile, ajonjol, camote y arroz, cuyo cultivo es de la mayor importancia en las vegas todas del ro Coatln; deben mencionarse entre las frutas, sandas, melones, cocos, aguacates, limas, anonas, timbirichis, chicozapote, mangos, ilamas, guanvanas, dtiles, ciruelas, mameyes y zapotes prietos, produciendo adems en abundancia, toda clase de legumbres y verduras. -142El calor es insoportable en esta localidad, marcando el termmetro a la sombra hasta 31 C. A 4 kilmetros de Tetecala, prosiguiendo el camino hacia el Poniente, se encuentra el pintoresco pueblo de Coatln del Ro (lugar de culebras). Erguidos cocoteros se agrupan en torno de la iglesia parroquial, de humilde aspecto; los cafetos y platanares, entre cuyo follaje descuella el esbelto papayo, apenas permiten descubrir, por entre sus ramas, las habitaciones de la poblacin. El tupido ramaje de corpulentos rboles, entre los que se cuentan los naranjos, mangos, limoneros y limeros, se dibuja en las aguas de un ro cristalino, que con sus vegas frtiles y amenas aumenta los encantos de tan bello paisaje. Apenas se sale de esta poblacin se vuelve a caminar por lomas y colinas estriles, con direccin al Sur, y slo de trecho en trecho se distinguen algunas caadas vestidas de vegetacin. A 6 kilmetros de Coatln se penetra en una caada formada por opuestas eminencias en los confines del Estado, lmites con el de Guerrero, ascendiendo por una vereda pedregosa, a la falda de la montaa, hasta llegar al pueblecillo de Cacahuamilpa (siembra de cacahuates) que dista de Coatln 8 kilmetros. Algunas casuchas y un
templo pequeo, de humildsimo aspecto, ocupan la falda de un cerro, y desde este punto, caminando -143- siempre por desfiladeros y en continuo descenso, se llega al grupo de cerros elevados, en uno de los cuales sbitamente se descubre la abertura de la famosa Caverna de Cacahuamilpa.
II
Antes de penetrar en los antros misteriosos de la caverna, conviene dar una idea de la topografa del lugar. Los accidentes exteriores del terreno de tal manera se relacionan con aquella gigantesca obra natural, que hacen indispensable el pleno conocimiento de todos sus detalles. Tomando por punto de partida la montaa de la caverna, extindense al Norte de ella, dos cordilleras opuestas que forman una caada, cuyo thalweg tiene una direccin de Norte a Sur. De estas dos cadenas la occidental se liga inmediatamente con la montaa de la caverna, en tanto que la oriental, desvindose por enfrente de ella, deja un espacio de terreno, en el cual se eleva otra eminencia, de una altura casi nula por el lado de la caada, pero de grande elevacin por el opuesto, en donde la contrapendiente se confunde con la vertical. Tan fuerte es por esta parte la depresin del terreno, que para descender a l, se hace preciso, -144- las ms veces, apoyar pies y manos en las ramas y troncos de los rboles para evitar la cada por los desfiladeros. Esta cuenca da origen a otra caada, cuya direccin es de Occidente a Oriente. El descenso rpido en tan corto espacio de terreno convierte ste en un lugar de extremada fragosidad. Vense rocas acantiladas, dominando el abismo y taladradas por las aceradas races de los amates. All la naturaleza agreste oculta con un manto de esplndido follaje una de sus obras ms admirables. Saltando de uno en otro peasco y abrindose paso por entre las ramas de los rboles, el viajero llega a colocarse en un punto, en medio de un ro cristalino, desde donde, lanzando instintivamente un grito de sorpresa, puede admirar a un tiempo mismo dos colosales y bellsimas grutas, de cuyo fondo salen serpenteando y en rpida corriente, los dos ros que alimentan el Amacusac. Las piedras calizas que forman las bvedas de las grutas se hallan dispuestas de tal manera, que parece que en su colocacin intervino el arte con sus precisas reglas; desprndense de las grietas de las bvedas y en forma de festones, las estalactitas con aquel desorden que aumenta los encantos de la naturaleza. Las bvedas disminuyen gradualmente de altura, presentando en el fondo una lbrega abertura por donde sale el agua, dando indicios de la -145- profundidad de los subterrneos. La esplndida luz que ilumina la parte abierta de las grutas, lucha por penetrar en el fondo para disipar las tinieblas, y apenas con sus reflejos, hace brillar el agua en los puntos en que, por algunos obstculos, rompe su corriente. De vez en cuando parvadas de guacamayas, asustadas por la presencia del viajero, abandonan sus nidos, hendiendo el aire con su rpido vuelo, bajo las cenicientas rocas de las grutas, para proyectarse despus en la pursima bveda del cielo.
Esas dos grutas se hallan en opuesta posicin: la una mira al Norte y la otra al Sur, reunindose frente de la primera los dos ros que forman el Amacusac. Si se busca el origen de stos, preciso es remontarse hasta las alturas de Tenancingo y de Ixtapa de la Sal, en el Estado de Mxico, cuyo territorio riegan dirigiendo su curso hacia la montaa de Cacahuamilpa, para perderse en ella y brotar de nuevo en el agreste lugar que acaba de describirse. Encumbrando de nuevo la eminencia, el viajero puede contemplar, desde la meseta, la extensa boca de la caverna con los verdes festones de follaje que la adornan, y algunas concreciones de estalactitas que se presentan como un indicio de las -146maravillosas cristalizaciones que en sus antros aqulla encierra. Llgase a la abertura natural por un sendero estrecho y de poca extensin. La longitud de la base de esta abertura es de 36 metros, su mayor altura de 4,75. El rumbo de la base 19 Suroeste y la temperatura a las doce del da y a la sombra, 27 R. La existencia de la caverna permaneci ignorada hasta el ao de 1833. Los mismos indios, antes de esta poca, no se atrevan a penetrar en ella, creyendo, en su ciego fanatismo, que la primera estalactita en figura de chivo, era la encarnacin del espritu malo que impeda el acceso al interior. Un incidente revel al mundo civilizado la importancia de esa tan prodigiosa obra natural. Refugiado un criminal en la caverna, permaneci en ella durante el tiempo que dur la persecucin, cesada la cual, pudo regresar a su hogar, asombrando con sus relaciones fantsticas a los vecinos de Tetecala, quienes inmediatamente dispusieron la primera expedicin. Muy dividida se encuentra la opinin respecto de las teoras referentes a la formacin de las cavernas: unos la atribuyen a la accin de las aguas y otros a la plutnica. -147La existencia de los dos ros, que perdindose en la montaa de Cacahuamilpa surgen de nuevo en un lugar ms bajo que el suelo de la caverna, ha hecho presumir que en la formacin de sta las aguas han ejercido la accin principal; pero si se atiende a diversas circunstancias contrarias, debe creerse ms bien que tal efecto tuvo por causa una dislocacin violenta del terreno, de la misma manera que se observa en las grietas de los minerales, con slo la diferencia de haber sido stas inyectadas por las materias fundidas. Los terrenos adyacentes, en los cuales se advierten dislocadas y metamorfoseadas las capas calizas, corroboran esta asercin. En los mares, el continuo movimiento del agua desaloja las materias slidas del terreno, abriendo grietas y grutas profundas, as como en las tierras continentales las aguas han contribuido principalmente a perforar las montaas. No slo esta causa puede producir tales efectos: la eyeccin de materias eruptivas, el enfriamiento de las lavas, la expansin de los gases y vapores y la liquidacin gnea de las rocas, son otras tantas causas a que debe atribuirse la existencia de las grutas y cavernas que tan justamente
nos admiran. Supnese igualmente que los espacios hoy libres se hallaban ocupados en tiempos remotos -148- por grandes masas de sal que, disuelta por el agua, fue arrastrada en su corriente; mas lo que no admite duda es, que la accin plutnica ha sido el agente principal en la formacin de muchas cavernas. Escudriando con la mayor atencin el interior de la caverna, no se ven ni cantos rodados, ni arenas, ni limo que hicieran presumir la existencia en pocas lejanas de grandes corrientes que produjeran la grande oquedad que nos admira; por el contrario, todas las rocas que se encuentran agrupadas en el suelo y provienen de fuertes derrumbes, as como las que forman las paredes y las bvedas, son angulosas, con sus aristas bien determinadas; circunstancias que no se observan en las dos grutas de que he hecho mencin. Aqu se encuentran grandes peascos sin aristas y carcomidos por la accin del agua. La existencia de los dos ros prximos a la caverna debe atribuirse a una coincidencia casual, como ha podido observarse en otras cavernas cuyas circunstancias son idnticas. La montaa de Cacahuamilpa, segn fundadas conjeturas, se halla perforada en todas direcciones, formando galeras laterales, quiz tan interesantes por sus detalles como por el can principal que ya conocemos. Los ros de Ixtapa y Tenancingo, segn mi humilde juicio, que de ninguna manera puede -149reputarse como una conclusin definitiva, no perforaron la montaa, sino que, encontrando sus corrientes caminos subterrneos, prosiguieron por ellos su curso. Por otra parte, no puede creerse sin violencia, que dos ros de tan escaso caudal hayan podido no slo abrir el can principal, sino las galeras laterales que hacen del conjunto un verdadero laberinto. En la formacin de la caverna de Cacahuamilpa puede haber intervenido el agua, pero no como agente principal. Prosigamos nuestra excursin al interior de la caverna. Descendiendo por una rampa arenosa, se penetra a la primera galera, enteramente iluminada por la luz natural. Las extensas proporciones de esta galera, con sus paredes de rocas acantiladas y de enormes peascos que parece que se derrumban; los festones de estalactitas que se ven suspendidas de la ancha bveda, surcada por grietas profundas; las caprichosas estalagmitas que se presentan, ora en figura de preciosas coliflores, ora representando columnas de mrmol; y por ltimo, la pavorosa oscuridad que reina ya en la segunda galera, en medio de la cual apenas se distingue el brillo de las antorchas, todo ello forma un conjunto de admiracin para el hombre indiferente, y de conmocin y -150- asombro para el que ha recibido de la naturaleza el sentimiento de lo grande y de lo bello. Las estalactitas y las estalagmitas no son otra cosa que las concreciones de caliza incrustante. Filtrndose el agua que lleva en disolucin el bicarbonato de cal, se adhiere en el techo de la caverna a una yerba o a cualquiera objeto pequeo que forma un ncleo; por el desprendimiento del cido carbnico, la materia caliza vuelve a su estado primitivo, revistiendo a aquel objeto. Nuevas filtraciones producen el mismo efecto, haciendo crecer, por agregacin sucesiva, las estalactitas, que adquieren las ms variadas figuras. Las gotas que se desprenden de la bveda y caen al suelo, elaboran de la misma manera otras concreciones en sentido inverso, constituyendo entonces las estalagmitas, que muchas veces se unen a las estalactitas por sus vrtices.
La atencin del viajero, en la primera galera, se fija preferentemente en dos objetos: primero, en la estalagmita que representa el chivo encantado, que por habrsele destruido la cabeza ha perdido su primitiva forma; y despus en una preciosa columna que, con su gracioso capitel a manera de un penacho, sostiene el arranque de un arco natural. La presencia de esta columna despierta la idea de la creacin de un estilo de -151- arquitectura a imitacin de la naturaleza; as como un canastillo con la preciosa hoja de acanto, infundi a los griegos la idea del hermoso capitel corintio. Salvando los obstculos que ofrece el hacinamiento de las rocas desprendidas de la bveda, se pasa al saln del Plpito, que yo me atrevera a llamar, ms bien, galera del Trono. Aqu la oscuridad es completa y apenas puede distinguirse, a la tenue luz de las antorchas, las hermosas concreciones, cuyo inters, por su forma y magnitud, crece progresivamente. Primorosas labores de encaje y filigrana bordan el suelo y rodean las enhiestas estalagmitas; en tanto que bellas incrustaciones, blancas como el mrmol de Carrara, revisten las paredes y reflejan la luz con sus prismticos cristales. En forma de elegante cortinaje circular y diestramente arrugado por la mano maestra de la naturaleza, se desprende de la bveda un haz de estalactitas, cubriendo una concrecin que gradualmente se levanta del suelo.
III
El can principal de la caverna, cuya direccin general es al Poniente, con poca inclinacin al Sur, se halla dividido por arcos naturales o -152- por grandes agrupamientos de estalagmitas colosales. Solamente en el trnsito de una a otra galera, cuyo sitio preciso no recuerdo, se observa un cambio brusco de direccin al Sureste, de manera que los ejes de ambas galeras forman un ngulo agudo. El corto tiempo que permanec en la caverna, no me permiti anotar todos los monumentos notables que sta encierra, para poder, cuando menos, dar una idea de ellos; me limitar, por tanto, a describir ligeramente los que mayor impresin me causaron. Al penetrar en una de las galeras se admiran bellas y colosales estalagmitas, que iluminadas por las bujas y vistas de lejos, aparecen como edificios principales de una gran ciudad; se ve en primer lugar, un palacio de mrmol con sus farolas encendidas, efecto producido por las bujas, y a su izquierda, medio perdido por las sombras, un templo, en cuyo cementerio se elevan dos o tres erguidos pinos. La ilusin no desaparece sino hasta el momento en que casi se tocan con las manos aquellas concreciones. Entonces, como por un efecto de fantasmagora, desaparecen los edificios, convirtindose el palacio en una primorosa fuente invernal. De dos tazas sobrepuestas y de mayor a menor dimetro, se desprenden chorros de agua congelada, cuyo receptculo general es -153- un estanque con sus pretiles perfectamente determinados aunque irregulares. Debera llamarse este saln, Galera de la fuente. El extenso tramo de los monumentos se halla dividido por un grupo de voluminosas estalagmitas, y en l, durante nuestra permanencia, los fuegos de Bengala produjeron efectos maravillosos.
Hallndonos en el trmino de la galera, encendironse aqullos en el extremo opuesto, permitindonos distinguir, ante un vivsimo fondo de luz, las enhiestas moles de las estalagmitas, de entre las cuales sobresala una por sus esbeltas proporciones, su aguzada cima y disposicin de sus cristales, que la hacan aparecer como la torre gtica de una catedral. Rodeada esta estalagmita por otras informes y agrupadas como los edificios de una poblacin, cualquiera creera, atendiendo a la forma de la torre, que desde una altura contemplaba a la ciudad de Estrasburgo, a la luz del crepsculo matinal. Los reflejos de esa luz, interceptada por los monumentos, iluminaban muy confusamente la parte superior de la bveda, que en el conjunto de sus grandes peascos y profundas grietas, apareca como un cielo nublado y tempestuoso. En vano luchaba la imaginacin por desechar ese efecto ilusorio para dar cabida a la realidad; aquellos -154- monumentos la mantuvieron viva, hasta que extinguida la luz quedaron sumergidos en las tinieblas. Llama mucho la atencin la galera a que se da el nombre de Saln del Muerto. Refirese que habindose internado un viajero en la caverna sin guas y sin la indispensable cuerda que dirigiera sus pasos a su regreso, pereci presa de las mayores angustias, afanndose por encontrar la salida. Consumida la luz de la antorcha y la que se proporcion quemando sus propios vestidos, ya en medio de las tinieblas, vagaba a la ventura de uno en otro laberinto. Notables son las palabras con que describe este fatal incidente la viajera Caldern de la Barca, esposa del primer ministro espaol acreditado cerca de nuestro gobierno. La referida seora se expresa as: Unos viajeros descubrieron aqu el esqueleto de un hombre, tendido sobre un costado, y con la cabeza casi revestida de cristalizaciones. Probablemente habra entrado solo en estos laberintos, ya impulsado por una atrevida curiosidad, o ya huyendo de alguna persecucin, y no encontrando salida morira de hambre. Cierto que es casi imposible encontrar la salida de la cueva, sin algunas seales que guen los pasos entre aquellas galeras, salas, entradas y salidas y corredores compartidos. -155Aunque hay muchos objetos tan notables que al instante se pueden reconocer, tales como el anfiteatro, por ejemplo, hay cierta monotona hasta en esta variedad; y fcil es concebir la situacin en que debi hallarse aquel infeliz vagando entre obeliscos y pirmides, y baos de alabastro y columnas griegas; entre congelados torrentes que no podan apaciguar su sed, y rboles con frutas y hojas de mrmol y vegetales cristalinos, que se burlaban de su hambre, entre plidos fantasmas que no podan socorrerlo en sus apuros; figrasele a uno or sus gritos pidiendo auxilio, donde las voces producen un eco como si todos los plidos habitantes de la caverna respondiesen con burla, y verle en seguida, despus de apagada el hacha, acostarse exhausto y desesperado cerca de algn portal de mrmol para morir. La galera de los rganos es sin duda la ms notable por la forma y nmero de las estalactitas y estalagmitas que se presentan bajo la forma de Cactus cristalizados. Las variadas figuras de unas y otras, y su agrupamiento complicado en grandes masas, dan a esta galera el aspecto de un edificio gtico. La percusin en esas cristalizaciones produce sonidos ms o menos graves en proporcin al grueso y densidad de aqullas.
Sorprenden otros salones por las figuras tan -156- hermosas como variadas que ofrecen las concreciones, las estalactitas en forma de airosas lmparas, y las estalagmitas semejando esbeltos candelabros, elevados obeliscos y graciosas palmas; pudiendo decirse que all la naturaleza se hallaba representada en sus tres reinos: desde la pequea coliflor hasta el colosal sabino con sus flotantes madejas de parsitas, convertidas en hilos de cristal; as en el reptil como en el mamfero que se ve a la entrada de la caverna; y por ltimo, tanto en las piedras oolticas como en las columnas y rocas monolticas. Regadas en el suelo de la caverna se encuentran pequeas concreciones globulosas, que llaman confites, las cuales se forman por el agrupamiento del carbonato de cal que tiene el agua en disolucin, en torno de una burbuja de aire, de un grano de arena, o de un cuerpo orgnico, formndose primero el ncleo y engrosndose sucesivamente por capas. Estos granos se llaman oolitas si son pequeos y pisolitas si son grandes y bien determinadas las capas que los forman. M. Virlet pudo observar este fenmeno en nuestro lago de Texcoco, segn hace notar don Juan Vilanova en su preciosa obra Compendio de geologa. Fenmeno debido, como se expresa en ella, a la consolidacin o fijacin del carbonato de cal alrededor de cada uno de los huevos, que -157- en nmero prodigioso, depositan en el fondo de las aguas la Corixa femorata y la Notonecta unifasciata, insectos hempteros de la tribu de los Notonectdeos. Las estalactitas tubulosas abundan en la caverna, blancas, huecas y traslcidas como el can de una pluma; as como las estalagmitas de numerosas y pequeas masas, agrupadas y arrionadas en forma de coliflor. Aun cuando en los grandes monumentos, las concreciones se presentan opacas y muy parecidas al mrmol estatuario, se encuentran, sin embargo, otras muchas cristalizaciones, unas traslcidas y otras difanas como el cuarzo y el cristal de roca. El suelo de la caverna va en continuo ascenso de una a otra galera; de suerte que el viajero puede observar sucesivamente, antes de traspasar, cada uno de los tramos, el ascenso de los guas que le preceden y el hermoso efecto que producen las luces de las antorchas en las alturas de los peascos. Al regresar de las remotas galeras de la caverna, cree el viajero haber dado fin a sus impresiones, sin sospechar el maravilloso y mgico efecto que le preparan los primeros destellos de la luz natural. Sumergido durante largo tiempo en las tinieblas a pesar de las antorchas, cuyo -158- efecto en los antros de la caverna no es otro que el producido por la luz fosforescente de las lucirnagas en la inmensa extensin de los campos, la aparicin sbita de los rayos solares le causan la ms viva y grata impresin. Desprndense en perspectiva, como los rompimientos de una decoracin, las salientes rocas de las paredes y bvedas en forma de pilastras y arcos naturales, presentndose en ltimo trmino, como el fondo de la escena, la famosa entrada de la gruta, por la cual penetra una luz verde, tenue y apacible reflejada por las plantas exteriores, y velando, como con una gasa sutil, todos los objetos, creyendo ver por ltimo, el viajero, en todos esos detalles, los preparativos para una representacin fantstica. La total extensin de la caverna no es conocida, a pesar de haber llegado todos los viajeros que la han visitado a la galera de los rganos, fin de aquella segn la expresin de los guas. Diversas circunstancias revelan, muy fundadamente, la falsedad
de tal aseveracin. El aire que se respira y alimenta la luz artificial en lugares tan profundos, demuestra la existencia de comunicaciones directas con el exterior. La desconfianza y el temor que para nuevas exploraciones a la aventura revelan en sus palabras los guas, dan fuerza a mi observacin; apoyndola asimismo las -159tradiciones, segn las cuales existen galeras en donde el estruendo de un torrente infunde cierto pavor que obliga a retroceder a los exploradores; y confrmala, por ltimo, la opinin de un viajero observador, el seor Landecio. Desde una eminencia, que este seor llama el palco escnico, en la Sala de los rganos, se observa la continuacin de la galera independientemente de aqulla por donde los guas conducen a los viajeros, siguiendo una planta curvilnea para volver al can principal. Otra observacin hice en aquellos subterrneos en el momento en que los referidos guas nos condujeron a la galera de los rganos: el cambio brusco respecto de la direccin general, tal vez nos conduca a una galera lateral, nica conocida de las muchas que contiene en su conjunto aquel laberinto. No explorada suficientemente, como de hecho no lo est nuestra famosa caverna, no podemos asegurar que por su extensin sea la primera del mundo. La gruta de Mammouth, en Kentuky, cerca de Luisville, tiene la extensin enorme de cuarenta kilmetros, contndose en ella doscientas veinte avenidas, cincuenta y siete cpulas, once lagos, siete ros, ocho cataratas y treinta y dos pozos, que por su extraordinaria profundidad pueden considerarse como otros tantos abismos. -160Aventaja nuestra caverna a la mayor parte de las conocidas, en que de su interior no se desprenden miasmas deletreos como en la gruta del Perro en el antiguo reino de Npoles, y la de la Magdalena en Francia, cerca de Montpellier; ni su suelo ofrece los precipicios y abismos como el abismo sin fondo de la caverna de Mammouth. Puede explorarse sin riesgo alguno, y, con excepcin de los pedregales formados por los derrumbes de las bvedas y que causan algunas molestias, el viajero puede admirar, sin sustos ni sobresaltos, las bellsimas concreciones que la adornan. Tal vez las nuevas exploraciones nos den a conocer otras galeras que no posean esas ventajas; pero mientras tanto, puede asegurarse que el acceso a la caverna de Cacahuamilpa no ofrece dificultades ni infunde temores. Aun cuando existen fundadas presunciones respecto de la mayor extensin de la caverna, es de dudarse de las exageradas dimensiones que se le atribuyen. Algunos pretenden que sus galeras y ramificaciones alcanzan a las montaas de Tasco, y no falta quien asegure que aqullas se relacionan con la caverna del Teutli, cerca de Milpa Alta, en las montaas que por el Sur limitan el Valle de Mxico. En un cuadernillo, sin portada, que contiene una relacin escrita y mandada imprimir, segn se me ha dicho, por don Francisco -161- Ramrez Castaeda, se lee, a este respecto, lo que sigue: Se refiere que aquellas familias, la mayor parte acomodadas, ocultaron sus tesoros en Mexcalco, cueva que se halla junto al Teutli, y cuya caverna es una de las ms raras curiosidades de la naturaleza. La entrada de la cueva es estrecha al principio, y a las tres o cuatro leguas de camino subterrneo, va extendindose progresivamente y presentando a la vista todas las creaciones de una bella gruta, con cristalizaciones, estalactitas y estalagmitas
formadas por el tiempo. De trecho en trecho se presentan diversas cuevas o senderos ms o menos prolongados; pero hay una va regularmente cmoda, por donde puede practicarse una exploracin, la que se comunica con la gruta de Cacahuamilpa, a ms de veinticinco leguas de distancia. Pocas personas se han atrevido a penetrar bastante en la cueva, y slo una vez que se introdujo por all una manada de carneros, varias personas penetraron en ella con objeto de sacarlos de all; lo que no consiguieron, pues las ovejas se internaron mucho en ella, y los que iban en su seguimiento, despus de dos das de camino, se volvieron, ya sea por temor o por falta de alimento y de luces. -162Increbles por dems son los detalles que se relacionan en las anteriores noticias. No slo la distancia, sino la muy notable diferencia de nivel entre los dos lugares, hacen del todo dudosa, si no imposible, la comunicacin de la caverna de que se hace mencin con la de Cacahuamilpa; con todo, la Sociedad de Geografa y Estadstica, atendiendo a la importancia real de esta obra natural, y prescindiendo de aquella otra circunstancia, debe mandar explorarla y hacer los estudios que la ciencia exige. Mxico, Marzo 6 de 1874.
A quin mejor que a usted, a cuya amable invitacin deb el conocer una de las ms bellas y ricas regiones de la Repblica, puedo dedicar el presente artculo? En l la verdad de los hechos me ha obligado a mencionarle a menudo, a riesgo de ofender su reconocida modestia; pero no puede ser de otra manera, cuando el nombre de usted est indisolublemente unido a las mejoras materiales y sociales que van desarrollndose rpidamente en aquellos pueblos. -164Reciba usted esta dedicatoria como una dbil muestra de la profunda estimacin que le profesa su siempre muy adicto amigo y seguro servidor, Antonio Garca Cubas. ***
La naturaleza, que en Mxico se ostenta por todas partes prdiga y rica, ofrece de continuo al viajero nuevos y bellos asuntos de que tratar, por ms que ste, al emprender nuevas descripciones, tenga por agotadas las facultades de su imaginacin. De las alturas de Teziutln a la desembocadura del Nautla, en un espacio de veinticuatro leguas, el viajero puede admirar la vegetacin en su mayor desarrollo y grandeza, as en la regin fra como en la templada y caliente. A la variedad de las conferas que pueblan las alturas prximas a las regiones heladas, se suceden los bosques impenetrables de la zona templada en la cuesta de Teziutln, y a stos las vrgenes selvas tropicales. Fuentes y cascadas, rboles y plantas, flores y aves, todo en su conjunto da a aquellas regiones el triple y rico aspecto de frondosidad, de vida y de hermosura. Los helechos y flores, los liquen y licopodios, engalanan las profundas grietas de las montaas y matizan con los ms vivos -165- colores los troncos de los rboles y las mismas rocas. A la belleza de la vegetacin que as cubre las laderas de las montaas como reviste con su rico manto de verdura las extensas campias que terminan en los arenales de la playa, se aduna el confuso ruido del agua y el bellsimo canto de las aves. De sorpresa en sorpresa, y emocionado cada vez ms, el viajero traspasa sucesivamente los lmites de cada zona. Al cesar de percibir el extrao zumbido que, en las tierras fras, produce el aire penetrando en el fibroso follaje del ocote, fijan su atencin los ecos lejanos de los torrentes, el estruendo de los saltos y cascadas, y el armonioso canto del clarn de las selvas, que por todas partes manifiesta su existencia entre los frondosos ramajes del liquidmbar; y por ltimo, a los bellsimos trinos de esa ave, de las regiones templadas, se siguen en las clidas el triste lamento de la trtola, el montono canto de la perdiz y la incesante algazara de las cotorras y chachalacas. Ms que el simple objeto de una descripcin, tiene este artculo el de dar a conocer una regin que, por sus grandes riquezas, tiene marcado un gran porvenir. Feraces en extremo sus campias, permiten que las plantas espontneas adquieran todo su desarrollo, y no se resisten al cultivo de las ms tiles al -166- hombre. Su temperatura, aunque en su mayor parte clida, no engendra las temibles enfermedades endmicas que hacen inhabitables otras comarcas de la misma naturaleza. Los desmontes para abrir las tierras al cultivo, la desecacin de algunos terrenos hmedos y pantanosos, y las providencias que se sigan al establecimiento de las colonias, darn a los lugares de que me ocupo la mayor salubridad posible, agregndose a estos ventajosos y prsperos elementos, la ms completa seguridad de que se disfruta en toda la comarca; seguridad que ha llegado a ser proverbial. Los terrenos que el camino recorre, pertenecen, en general, a los cantones de Jalacingo y Mizantla, del Estado de Veracruz, y en su menor parte al distrito de Teziutln, del Estado de Puebla. ***
Teziutln
La Cumbre de los Oyameles, punto de partida en esta descripcin, es el ms elevado de todo el camino, encontrndose a veintisis kilmetros Suroeste de Teziutln. El terreno desciende, ofreciendo, por todas partes los ms variados y pintorescos -167paisajes: unas veces hermosos bosques de oyameles, ocotes y pinos, y otras extensas y profundas barrancas, salvando las cuales se descubre a lo lejos Jalacingo en las vertientes de la pintoresca sierra de su nombre. La cresta ondulada, de esta sierra, por la forma caprichosa de sus cumbres, se ve coronada de corpulentos rboles que se destacan y dibujan, a pesar de la distancia, ante un pursimo cielo. Las sinuosidades del terreno ocultan unas veces y descubren otras los bellos paisajes que se suceden, apareciendo de improviso la hermosa sierra de Chinautla con el casero de su poblacin diseminado en sus vertientes, y enfrente de ella la pintoresca ciudad de Teziutln. Esta ciudad, cabecera del distrito de su nombre, antiguamente Teziuyutepetzintla (cerro de granizo o fuerte granizada al pie del cerro) se halla situada en la sierra de su nombre a treinta y seis leguas Noreste de la capital del Estado, y a los 19 49' 30" 22 de latitud Norte, y 1 44' 56" 3 de longitud Este de Mxico, segn las observaciones de don Francisco Jimnez, de las cuales me sirvo en el curso de este artculo. Sus calles, como las de todas las poblaciones que tienen su asiento en las fragosidades de las montaas, ofrecen ascensos y descensos continuos e irregularidades en el alineamiento de las casas; stas, en su mayor parte, -168- son de dos pisos hacia el centro de la poblacin, con sus inclinados techos de teja y salientes hasta cubrir las aceras. Su plaza, en la que se ha formado un jardn, se halla circundada al Oeste por la parroquia, cuya torre aislada, le imprime un aspecto particular; al Norte por las casas consistoriales, de buena apariencia, as por sus dimensiones como por la simtrica forma de su fachada y elevados portales; al Sur por algunas casas particulares, y al Occidente se halla ilimitada, extendindose el terreno hasta la barranca formada por las vertientes de la sierra de Chinautla. El exterior del templo, por sus detalles, ofrece una extraa mezcla de estilos de construccin: romano en su primer cuerpo, y barroco en el segundo. El frontispicio corresponde a un vestbulo que sin duda es de construccin ms reciente al de todo el edificio. Una torre, destinada exclusivamente a las campanas del reloj, se levanta en el centro y en un plano reentrante respecto al del frontispicio. El interior es de tres naves, hallndose los arcos as como las bvedas que stos sostienen en extremo deteriorados. La capilla del Carmen, tanto por su bella forma como por su pintoresca posicin, es el templo ms notable de Teziutln. Construida sobre una colina, se asciende al templo por dos opuestas -169- escaleras, a las cuales se llega por una elegante portada, marcando el dintel de sta la diferencia de nivel entre el piso de la pequea plaza, a cuyo extremo se levanta el edificio, y el del pavimento de ste, circunstancia que aumenta la elegancia de la construccin. Los ms preciosos rboles, plantas y flores revisten las pendientes de la cercada colina. Vense all, brotando con profusin, las fragantes rosas de Castilla, al lado de los preciosos ramos de azucena, de nardos y de alfombrilla de variados colores, y alternando con el erguido y elevado ciprs, el cnico oyamel, los pinos y los sauces. En el centro de este inmenso ramillete de plantas y flores se levanta la preciosa capilla, coronada por cuatro graciosas y simtricas torres. Tal es el aspecto encantador de este lugar.
Bellsimas y en extremo agradables son las perspectivas que ofrecen los alrededores de Teziutln, desde las alturas del Carmen. Distnguese a lo lejos, al Norte, la sierra de Atoluca; al Oriente, los cerros de Ocotepec y cordillera de Quetzalan (criadero de quetzales), y en lontananza, las eminencias de Palomastepecques; al Sur los montes de Teziutln, cuyas caadas se ven matizadas por los variados colores del follaje de los encinos, eilites y robles; y al Suroeste el elevado carro, de figura caprichosa, conocido con el nombre -170- de Tzompantitn, y en fin, al Poniente la sierra de Chinautla, que a pesar de la distancia presenta bien determinada la estratificacin de sus rocas, y aisladamente un trozo de pirmide en el extremo Norte. Dominndose la poblacin desde las torres del Carmen, no tanto por la elevacin de este edificio cuanto por la altura de la colina en que se encuentra, presntase aqulla en toda su extensin rodeada de floridas y selvticas colinas. Vese el terreno surcado por barrancas que en su mayor parte, por el Norte, afluyen al ro del Calvario y ste al de Mara de la Torre, en tanto que las del Oeste forman el ro de San Pedro y ste el del Espinal; los bosques de eilites, planta cuya corteza abunda en tanino, con su tupido y vivsimo follaje, y los que forman los encinos de varias clases, los robles y otros muchos rboles, cubren esas caadas que desde lejos se distinguen por el aspecto sombro de sus arboledas. Descbrese igualmente sobre la cima de otra colina, la iglesia de San Juan, cuyas elegantes torres se apoyan en dos arcos que, arrancando desde el suelo sirven a aqullas de contrafuertes. La ciudad posee un hospital bien atendido, un teatro, varios talleres industriales y casas acreditadas que mantienen un comercio activo con los -171- pueblos de las sierras de Tlatlauqui y Zacapoaxtla. Los artesanos se distinguen por el esmero y limpieza de sus artefactos, y particularmente en el ramo de carpintera y ebanistera han adquirido justa fama, tanto por la eleccin de las exquisitas maderas cuanto por el gusto y solidez de los muebles que construyen. El clima de la ciudad, aunque fro, es agradable y sano, e influye notablemente en la bella ndole de sus habitantes, y sobre todo, en el hermoso y rosado color que se advierte, en general, en el cutis de las mujeres. Las densas nieblas que en el Otoo y en el Invierno acumulan los vientos del Norte en la sierra de Teziutln, ocasionan lluvias tenaces que, alguna vez, han durado cuarenta y seis das. Al principio del Verano el termmetro, a la sombra y a diferentes horas del da, da las siguientes indicaciones: 6 de la maana 2 de la tarde 3 id. 15 21 23 C. " "
9 de la noche
16 "
Los terrenos de todo el distrito en sus tres climas, fro templado y caliente, son por lo regular frtiles y producen las siguientes frutas: pitaya, -172- tuna, capuln, albaricoque, durazno blanco, de hueso colorado, melocotn y prisco, pera, membrillo, pagua, nuez, granada de China y cordelina, manzana chata y camuesa, peras, tejocote, uvas, calabazas y meln, higo, zarzamora, sanda, pia, jobo, mango, chirimoya, anona, pltano guineo, macho, largo y de Manila; entre las zapotceas, cabello, domingo, mamey, negro, blanco y chico, jinicuil, anaya, tepetomate, aguacate, bienvenido, olopio, naranja, lima, limn comn y real, ciruela, guayaba, cuajilote, papaya de tres clases. Prodcese igualmente la caa de azcar y algunas races, tales como camotes, jcamas y yuca, y abundantemente la raz de Jalapa. Muchas y muy estimadas son las maderas que se encuentran en estos terrenos, as por su solidez como su finura y belleza, tales son: cedros (cedrela), honguillo, empoalcahuatl, pimiento, chicozapote, caoba (sivictenia), caobilla, encino blanco y prieto, cosalcuahuitl, naranjo, ocotillo, el petrificante chijol, bienvenido, pitzoyac, rosadillo, trompillo, rbol del hule, laurel, tigrillo, platanillo, haya, palosanto, madroo, mesanteco, jobo, jamalcuahuitl, moral, liquidmbar, ojancho, espino, oyamel, pino, sauz, fresno y boj. El ailite o eilite que se produce en climas fros, se emplea en la curtidura de pieles por la abundancia de tanino que contiene la corteza. -173Los productos de la agricultura en el distrito pueden estimarse: Zona fra Maz Frijol Raz de Jalapa Caf Arroz Chilepochtli 15.00 cargas 0 50 cargas 120 quints. Templada 3.00 cargas 0 25 cargas Caliente 10.00 cargas 0 500 cargas 40.00 ars. 0 2.000 ars. Total 28.00 0 50 120 525 40.00 0 2.000
Cultvase adems la caa de azcar que rinde 10.000 arrobas de panela, el algodn, la vainilla, ail y achotillo. Los indgenas se emplean en la cra de ganado lanar, cabro y vacuno, aunque en pequea escala, calculndose en 3.200 cabezas. El distrito cuenta con 18.000 habitantes, de los cuales 5.820 residen en Teziutln. Hllanse subordinados a esta ciudad, como cabecera de distrito, municipalidades de Atempan, Chignautla, Huaytamalco, Macuilquila y Xiutetelco. las
Respecto de instruccin pblica, existen en el mismo distrito 15 escuelas, a las que concurren 660 nios y 200 nias. Ensase en ellas a leer, escribir, aritmtica, historia sagrada y moral, elementos de geometra, geografa e historia de Mxico. En la cabecera hay establecido un colegio, que es el Seminario Palafoxiano, destinado a rdenes -174- sacerdotales, a cuyo fin se hallan establecidas las siguientes ctedras: latn, lgica, metafsica, teologa y rudimentos de matemticas y fsica. En el colegio municipal de Teziutln, que abri sus clases el 3 de Febrero anterior, se ensean los idiomas espaol, latn y francs; primero, segundo, y tercer ao de filosofa, derecho natural, dem civil, dem mercantil y tenedura de libros, botnica, fsica y farmacia; concurren 35 alumnos, y sirven gratuitamente las ctedras los seores doctor don Federico Casas, ingeniero Manuel Lpez Len, don Arnulfo Bello, don Flix M. lvarez, licenciado don Quirino Domnguez, don Fernando C. Lavalle y don Bernardino H. Daz. Continuando el camino de esta ciudad a Tlapacoyan, se desciende por la fragosa cuesta de Teziutln. El terreno, en extremo accidentado, presenta tres series de montaas, de las cuales la central es la que sigue el camino en continuos ascensos, puesto que, para abreviar las distancias, abriose ste por el espinazo de la cordillera. El mismo terreno, cubierto en su mayor parte de barro ferruginoso, adquiere la mayor solidez en las secas; pero de tal manera se descompone en el trayecto del camino a los primeros aguaceros, que hace ste intransitable y peligroso. Bajo tales condiciones, la apertura de un nuevo camino, siguiendo las convenientes lneas de nivel, facilitando -175- el paso de las caadas, no ofrece dificultad alguna, y si slo debe atenderse a la construccin de las calzadas de piedra, tan necesarias a su conservacin. Los intereses del comercio y el prspero porvenir que est reservado a la rica comarca de que me ocupo, exigen la pronta ejecucin de un nuevo camino en la cuesta de Teziutln, nico tramo que imposibilita las transacciones mercantiles de los pueblos de la sierra con la rica y feraz regin de Nautla y Xicaltepec. Desde Tlapacoyan en adelante se extienden las campias y las frtiles vegas de los ros de Bobos y Mara de la Torre, interrumpidas aqullas en algunos trechos por poco elevados lomeros, que de ninguna manera sirven de obstculo a la apertura de una ancha y cmoda va, aun tratndose de un ferrocarril. Ligeras diferencias de nivel determinan un plano ligeramente inclinado y uniforme desde aquel punto hasta el mar, y en l la vegetacin se ostenta en todo su desarrollo y lozana. La colonizacin, que en estos terrenos es ya un hecho, camina a su mayor estabilidad, y el gobierno no debe consentir en que aquellos pueblos, y los que nuevamente se formen, queden incomunicados de la mesa central por la hoy inaccesible barrera de la cuesta de Teziutln. Prosiguiendo el camino en esta cuesta, como ya he manifestado, por la cresta de la cadena central, -176- vense a uno y otro lado fuertes declives, que unidos por su pie con los opuestos de las otras cordilleras, presentan fragosas y profundas barrancas, a las cuales se unen en gran nmero las afluentes. Los arroyos Consoquico y Tatahuicapa, interceptan el sendero con fuertes depresiones, muy peligrosas al caminante, pues hay que descender en zigzag por una fuerte pendiente para ascender a la opuesta de la misma manera. Las sinuosidades del terreno ofrecen por todas partes esplndidas caadas y hermossimos valles. Distnguese por una parte un ro, que serpeando por la espesura de un bosque, y perdiendo repentinamente su nivel, se precipita en un ancho y profundo valle, mientras que por otra se ve la diversidad de plantas y flores que cubren por completo los desfiladeros de las montaas: unas veces admira el caminante las preciosas enredaderas que cuelgan en festones de las copas de
los rboles o de las rocas sobre el abismo, y otras el corpulento liquidmbar, cuya copa disputa a los encumbrados montes la altura, en tanto que hunde en lo ms profundo de su barranca su aoso tronco. En las cimas, el camino ahonda el terreno formando estrechos pasos cuyas paredes revisten los ms variados y preciosos helechos, y en los recodos se admiran desde la ms pequea y sutil de estas plantas hasta la ms crecida y -177- majestuosa llamada helecho arborescente. El ruido del agua que bulle por todas partes, saltando en las barrancas y derramndose en las florestas, unido al incesante trinar del clarn de las selvas, produce en aquellas soledades un encanto inexplicable. Los pinos y otros rboles de las Conferas desaparecen al principio de la cuesta para dar lugar al liquidmbar y a los variados helechos de gallardas formas, coronando las eminencias los cedros, el conguillo (rbol sin aroma), el rosadillo, mesanteco y el aguacate, dominando el ajcocuahuit, rbol de madera slida, denominado palo de las alturas. El camino, en la cuesta de Teziutln, toca en los siguientes lugares, notables por las circunstancias que en seguida se expresan. El Palenque, a ocho kilmetros Noreste de Teziutln, y a mil quinientos sesenta y cuatro metros sobre el mar, determina el lmite superior del liquidmbar. Ecostoc, a quince kilmetros y mil ciento cincuenta y nueve metros de elevacin, lmite inferior del liquidmbar. Dos-Cerros, a veinte kilmetros y novecientos doce metros sobre el mar, lmite entre los Estados de Puebla y Veracruz, segn la Carta de aquel Estado, por don Pascual Almazn. Entre Ecostoc -178- y Dos-Cerros se encuentra el rancho de Aguatitanapa, que produce la guayaba (psidium), la naranja, y se cultiva el caf. Buenavista, a veintids kilmetros y seiscientos cincuenta y siete metros de elevacin; desde este lugar se produce y cultiva el tabaco. Tlapacoyan, a veinticinco y medio kilmetros y a cuatrocientos setenta y dos metros de elevacin, fin de la cuesta. Imposible es determinar con toda precisin los lmites del reino vegetal y el trnsito de una a otra zona. Las plantas se confunden y la misma temperatura se hace sentir con alguna intensidad en lugares que por la vegetacin pertenecen a la zona templada. Por las observaciones que pude hacer, la zona caliente termina en Ecostoc y la templada en el Palenque, hallndose la regin ms fra, en estos lugares que se describen, en las Cumbres de los Oyameles, cuya elevacin es de dos mil novecientos veintinueve metros 37 centsimos. Es evidente que de las tres zonas, la ms variada y rica, en el reino vegetal, es la templada, pues a su propia y exuberante vegetacin hay que agregar la de los climas fro y clido, de que participa cerca de sus respectivos lmites. -179***
Tlapacoyan
La villa de Tlapacoyan (lavadero) es cabecera de la municipalidad de su nombre, del cantn de Jalacingo (Xalatzinco, arroyito de arena), y se halla situada al pie de la cuesta de Teziutln a los 19 58' 14" 44 latitud Norte, y 1 64' 47" 6 de longitud Este de Mxico. Poco poblada y con unas cuantas casucas presentbase no ha mucho tiempo Tlapacoyan, cuyo porvenir se hallaba cifrado en sus ricos elementos agrcolas. Desarrollados stos, particularmente por las plantaciones de caf y de tabaco, adquiere cada da mayor importancia. Las grandes y hermosas hojas de la nicotiana coloran las campias de un verde intenso, en tanto que el verdinegro cafeto marca las simtricas lneas de su plantacin en los planos inclinados de las colinas. Las galeras en que se secan las hojas del tabaco, despidiendo stas su fuerte aroma, se ven diseminadas en los campos, alternando con los rsticos talleres donde se beneficia y elabora la misma planta. Tan rica es Tlapacoyan en el reino vegetal como en el animal, En sus montes crece la higuera -180- gigantesca (ficu), la ceiba, cedro (cedrela), la caoba (sivictenia), el encino roble y encinos de todas clases, as como los naranjos, limos, limn real y limoneros. Sus huertos producen zapotes blancos, prietos, chicos, mameyes, cabellos y de otras clases; entre las anonceas, la chirimoya y la anona amarilla; jinicuiles, grande y chico; pltanos, macho blanco, blanco hembra de dos clases, guineo grande y dominico, morado, amarillo de Costa Rica, manzano, enano, corpulento y chino. De Tlapacoyan en adelante se encuentran jabales de tres clases: el cambamba prieto y grande, de quijada blanca; el comn rosillo, y el tamborcillo, que es el ms chico y el ms bravo, aunque fcilmente se domestica. Los tres sirven de alimento. El tigre de manchas negras y amarillas, llamado el grande o tigre real: es bravo y carnicero, habita la sierra y los bosques espesos. El tigrillo, de manchas negras, existe en los mismos lugares y se alimenta de gallinas, pavos y trtolas. Encuntranse igualmente leopardos, la onza o gato monts, ardillas, tlacoachis, armadillos, mapaches, especie de perros que comen peces y aves, perros de agua, la zonista, especie de tejn y cazadora en el monte como las dems fieras; el tejn y la marta; los venados son de dos clases, el grande pardo, y el temazate alazn; la cuautuza o tuza real, que llama la atencin -181por su pintada piel, de circulitos blancos en lneas paralelas a lo largo de su piel; y por ltimo, no escasean las comadrejas, conejos, monos, etc. Cuntanse entre las aves, el papan comn, papan real (ostinops Moctezuma), pico de canoa, pito real, urracas, tordos, faisanes, penlopes, entre las que se cuentan el cojolite, chachalacas, perdices, clarines, tzentzontles, primaveras, especie de trtolas cantoras, palomas, gallinas moctezumas, auras, zopilotes, patos, quebrantahuesos, gavilanes, aguiluchos, lechuzas, tecolotes, garzas, cocos blancos y rosados, pjaros verdes y otros muchos. Reptiles.- La ms venenosa de las culebras, llamada Nauyatl, vboras de cascabel, boa voladora, llamada as por su costumbre de andar por las ramas de los rboles,
confundindose muchas veces con los bejucos, es pinta de negro y amarillo, y llega a crecer cuatro varas; la mazacuatl, ms gruesa que las anteriores, coralillo, bejuquillo, que es sumamente delgada y larga, culebra prieta y culebra de agua; escorpiones, iguanas, etc. *** Vista la poblacin de Tlapacoyan desde alguna colina, ofrece el ms delicioso aspecto. Sumergidas sus casas ente el follaje de los rboles, apenas -182- se descubren los techos de algunas y sus calles cercadas por la muy original planta llamada pochiche y por los floridos rboles de Piocha. El pochiche es un rbol sin follaje durante la eflorescencia. En cada extremidad de sus ramas brota una flor amarilla, de la forma y tamao de la dahalia, y cuando acaban las flores, el rbol se cubre enteramente de follaje. La sierra de Teziutln, con sus avanzados centinelas, los dos cedros, se levanta imponente al ocaso de Tlapacoyan, mientras que por el Norte y Sur limitan el valle las eminencias cuyos pies baan los ros Mara de la Torre y Bobos. Por el Noreste se dilatan sus horizontes hasta el mar, extendindose sus ricas vegas, y distinguindose en elevada posicin la hacienda del Jobo. Si ante la vista de tan bello panorama se siente embriagada el alma, mayores encantos y sorpresas preparan al vido viajero los alrededores de Tlapacoyan. A cuatro kilmetros Sur de esta poblacin se encuentra el pintoresco pueblo de Tomata, con su rstica capilla, a la cual sirve de campanario una pequea torre improvisada, con troncos de rbol. Desde Tlapacoyan al pueblo se camina por un sendero cercado por rboles de piocha que, cargados de flores, embalsaman el ambiente, dejndose ver por el lado opuesto a la florida cerca, la pintoresca, profunda y frondosa -183- caada que forma el lecho del ro de Bobos. Dos lugares, por la suma belleza de su paisaje, obligan al caminante a detener su marcha: la caada del Salto de Tomata y el plan de Totoapa. Para poder admirar en toda su grandeza la cada del agua, preciso es descender de la montaa al plano superior del ro de Bobos. El agua pierde su nivel a veinte varas de altura, y se precipita en una cuenca. Elevadas rocas baslticas, acantiladas y desnudas, se extienden en crculo a uno y otro lado del Salto, formando en el extremo opuesto una abertura natural, y ofreciendo notable contraste, por su oscuro color, con el fresco manto de verdura que reviste la parte superior de las eminencias. Un abundante y ancho torrente cae con rapidez y agitado como un raudal de plata fundida, que hace elevar el agua despus de su cada, en menudas partculas, formando una niebla que en parte oscurece aquella cuenca. Encerrada el agua en el fondo de ese vaso cilndrico natural, forma un lago que participa del agitado movimiento del torrente, formando pequeos oleajes que se estrellan contra los rompientes de los basaltos, y luego se desliza tranquilamente por la abertura natural ya mencionada. El plan de Totoapa (pjaro del agua), a poca distancia del Salto, es un bellsimo valle al que -184- afluyen hermosas y pintorescas caadas. Las montaas que lo forman, de figuras caprichosas, se suceden escalonndose, presentando en su conjunto una deliciosa perspectiva. Un plan con abundante y esmaltado pasto; huertos de caf que rodean una que otra granja; ganados que se ven pacer en la campia; un ro cristalino que serpea al pie de las montaas; eminencias cubiertas de rboles, plantas y flores, que se retiran gradualmente ofreciendo distintos trminos de perspectiva y
colorido, y un pursimo cielo, son los elementos de que all puede disponer un hbil paisajista. Si de las bellezas de la naturaleza pasamos a los usos y costumbres de los habitantes de Tlapacoyan, mucho hay digno de relatar. Ocpase una gran parte de aqullos en el cultivo del tabaco y del caf y en la elaboracin de puros, y los otros se emplean en el comercio; mas lo que verdaderamente llama all la atencin es la raza indgena, as por sus costumbres como por sus trajes. Los hombres, menos activos e industriosos que las mujeres, se dedican a las labores del campo y visten sencillamente calzn blanco de manta y cotn de lana, negro o caf. Las mujeres, mucho ms aseadas que los hombres, usan enaguas y quichquemel de lienzo blanco; traje -185- sencillo que convierten en elegante vestido los domingos y das de celebracin de sus fiestas. Atraen verdaderamente la atencin en tales das, vindoselas errantes por la poblacin, casi siempre acompaadas de dos en dos y yendo y viniendo a la iglesia y a las tiendas, haciendo ostentacin de sus primorosos trajes. Compnense stos de la enagua blanca terminada en una faja de cuadros azules o rojos y de un elegante gipil que desciende en airosos pliegues hasta la rodilla, y el cual se ve curiosamente adornado con tejidos de cordones y cintas de diverso color, que forman las ms vistosas labores. Hilos de rosarios rodean sus cuellos, no siendo aqullos otra cosa que unos collares de coral, de cuentas, de chaquira, y de pequeas monedas de plata, en tanto que adornan sus orejas largos pendientes de metal sobredorado, y por ltimo, el mastahual, redecilla de cintas, recoge las bien tejidas trenzas de su luciente y negro cabello que tan bien cuadra a la limpia y morena tez de su rostro. Cuando eran permitidas las demostraciones externas religiosas, esmerbanse los hombres, para la festividad del Corpus, en el adorno de los palos de tarro (bamb gigantesco), empendose cada cual en superar a los otros en las dimensiones del bamb y en el gusto de los adornos. Los novios colocaban en la extremidad del -186- tarro una mueca, en representacin de su prometida, haciendo por ese medio, gala de su conquista y pblico su regocijo. Consrvase entre estos indios una costumbre esencialmente oriental. Acatan y respetan los deberes naturales de la mujer, tanto que en sus casamientos descubren si sta ha sabido o no guardar la pureza de sus costumbres, lo cual influye de una manera decisiva en el aprecio o desprecio de su persona. En el primer caso, se procede en la tornaboda a la gran fiesta y baile del tehuacanzi, en el cual tiene una parte muy importante el ramillete del zempaltxcohitl. En el transcurso de la fiesta, bilanse, enfrente uno de otro, el ramo y el coconete, que es un mueco de cera que all se introduce con el intencional objeto de indicar a la mujer la ley de su destino. Distribyese el axole, que es un atole de maz y de cacao, de que todos gustan, y despus de las mayores demostraciones de regocijo, concluye la fiesta retirndose los consortes; ella honrada y querida, y l contento y satisfecho. En el segundo caso se suspende el baile del coconete, y al distribuirse el axole, ofrceseles a la novia y al padre de sta en una jcara perforada en el fondo, de tal suerte que al tomarla aqullos en sus manos, el lquido se escurre. El -187- padre y la
hija saben lo que esto significa, y ambos se retiran, bajo la impresin ms desagradable, a ocultar su afrenta en su humilde hogar. El clima de Tlapacoyan es clido, marcando el termmetro a las dos de la tarde y a la sombra 28 C. Su altura sobre el mar es de 472 metros 90. Poblacin 1238 habitantes. ***
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La humedad de las tierras principalmente proviene del abundante y fuerte roco de la noche, hasta el grado de hacer gotear los rboles por la maana como si les hubiera llovido, contribuyendo esta circunstancia a la extremada feracidad de aqullas. El maz da doscientos cuarenta por uno. El arroz, sin necesidad de riego, da en cualquier terreno, y aun en las colinas, 100 por uno. El chilpotle se produce con suma abundancia. La caa de azcar es de superior clase; y aunque cristaliza bien, hasta hoy slo ha servido para hacer piloncillo. La vainilla se da con profusin desde el Jobo a la playa, y su explotacin produce buenas utilidades. El caf es aromtico y de superior clase, y hoy se extienden sus plantos en grande escala, desde Ocostoc en la cuesta de Teziutln, en adelante. El tabaco es el ramo de preferente cultivo, as por la superior clase de la planta como por sus -190- rendimientos. La mayor parte de los habitantes de toda la zona se halla empleada en su explotacin. No es conocido este tabaco en la mesa central, porque en su totalidad se exporta para Francia. La cra de ganados es de mucha importancia, los que, en su mayor parte, se consumen en los dems cantones de Veracruz. Los rendimientos de los ramos agrcolas en el cantn de Jalacingo, que lo forman en su mayor parte los lugares de la regin que se describe, son de alguna consideracin, segn lo demuestran los siguientes datos: Maz Frijol Cebada Chilpotle Trigo Pin Haba 29.075 fanegas, valor. ps. 1.470 fanegas 44.310 cargas 957 arrobas 5.860 cargas 150 cargas 650 cargas 87.225 00 5.145 00 132.930 00 1.435 50 23.440 00 1.500 00 2.600 00
864 arrobas
-191Puede juzgarse de la gran importancia y riqueza de esta regin por los anteriores datos, teniendo en cuenta la escasa poblacin de ella, que no permite abrir al cultivo todas las fertilsimas tierras de que puede disponer y cultivarlas en la extensin que merecen. Adems de los ramos expresados, existen otros cuyo cultivo no se ha intentado, como el cacao, el ail y el algodn, que deben indudablemente producir grandes beneficios. Las exquisitas maderas que en ella existen y la multitud de plantas tiles a la industria y a la medicina, formarn otros tantos ramos importantes de exportacin. Los alrededores del Jobo ofrecen por todas partes lugares amenos que verdaderamente embelesan. El Saln del Encanto, majestuosa obra de la naturaleza, se encuentra a tres kilmetros Sur de la casa de la hacienda. Para admirar en toda su grandeza aquella maravilla, preciso es fijar la atencin, primero, en los bosquecillos de naranjos, limos, sangre de drago y de otras plantas; bosquecillos por donde atraviesa el sendero que conduce al Encanto. Los rboles sangre de drago extienden su follaje en secciones horizontales como los cedros del Lbano, y cubren la va en muchos puntos, haciendo sombra al viajero, quien, unas veces admira el agrupamiento de plantas, rboles -192y bejucos que interceptan el bosque, y otras, las verdes plantaciones del tabaco en las pequeas praderas. Interrmpese la senda por la fuerte y sbita depresin del terreno, descubrindose en bellsimo panorama la dehesa de Alseseca, circundada de montes con sus bellas campias en que pacen los ganados, y un ro de agua cristalina que las riega. All la hermosa planta gramnea del tarro, que tiene todos los caracteres del bamb, se alza erguida a ms de veinte varas de altura. Esos otates gigantescos se agrupan en crculo, arqueando gallardamente sus copas de finsimo y picado follaje, de la misma manera que se observa en un haz vertical de hermosas plumas de pavo real. Descendiendo al plan por una rapidsima pendiente, y siguiendo en el llano de Alseseca la margen izquierda del ro en sentido inverso de su corriente, se llega a una
ancha y profunda caada de paredes verticales que forman el Saln del Encanto, nombre que tan bien cuadra a la grandeza del lugar. Dos altas eminencias se extienden en anfiteatro, la oriental con sus enormes cantiles completamente revestidos de verde follaje, y la opuesta que se dirige de Este a Oeste y luego tuerce al Norte, presentando inversas sus pendientes, de suerte, que los grupos de sus -193- elevadas rocas, avanzan hacia el espacio formando el arranque de una bveda natural, y bajo la cual corre un arroyo cristalino. Alternando con las desnudas rocas de esa inversa pendiente, se ven las orqudeas y hermosas enredaderas, soltando al aire sus flotantes festones de flores y follaje. Otras plantas trepadoras, por sus tupidas enramadas, forman un verde y cerrado cortinaje que tapiza a grandes tramos las ennegrecidas y rocallosas paredes. La vista apenas alcanza a distinguir los rboles y plantas que coronan las alturas, en tanto que de la verde pradera, circundada por aquellas eminencias, se alzan a gran altura corpulentas y frondosas hayas. Hacia el fondo del Saln, las montaas se separan y forman una estrecha y profunda caada que con extraordinario mpetu recorre el ro de Bobos. Por la disposicin de las montaas, el curso de ste no se percibe sino hasta el momento en que sus aguas blancas y espumosas brotan por aquella estrecha abertura y se derraman en su ancho cauce al pie de la montaa oriental. Acercndose, cuanto es posible, por la orilla del ro, a la hendidura profunda, se presume, por el estruendo interior del torrente y por las menudas partculas que con fuerza hieren el rostro, que el agua salta en cascada o se desliza con rapidez por una fuerte pendiente; lo nico que se advierte, -194- algo internado en la cavidad, es un monolito al parecer de caliza, que representa un blanco corcel naciendo de las espumas del agua. El arroyo antes indicado, une sus aguas al de Bobos en el lugar que ste establece su curso en el Saln del Encanto. Multitud de plantas inclinndose hacia el ro, empapan en las cristalinas aguas sus ramas y sus follajes, dominando entre todas por sus grandes, lustrosas y acorazonadas hojas, la mafafa (arum sculentum?), las cuales, por sus dimensiones, sirven muchas veces a los indgenas de paraguas. ***
La congregacin de Palmillas cuenta hoy con 362 habitantes, y se halla situada a la margen izquierda del ro de Bobos. Tiempo es ya de tributar al seor Martnez de la Torre, los elogios que merecen su empeo desinteresado y su anhelante deseo por desarrollar en aquella rica y feraz comarca, todos los elementos de prosperidad de que es susceptible. Cierto es que en ella tiene su magnfica y extensa finca de campo, pero es de advertir que ahora se trata de los beneficios que su propietario derrama entre todos los habitantes de la zona, sin excepcin de clases ni distincin de nacionalidades. Todos stos atestiguan con su gratitud, que el seor Martnez de la Torre no ha procurado slo el engrandecimiento de su hacienda, sino que ha promovido y puesto los medios para -196- lograr el bienestar de las congregaciones que ocupan sus terrenos, y aun de las poblaciones que pertenecen a otra fraccin poltica del Estado de Veracruz. Si todos los propietarios de fincas rsticas, a ejemplo del seor Martnez de la Torre, promovieran iguales ventajas, el pas todo caminara a pasos de gigante a su engrandecimiento, puesto que al poner los medios para su propia prosperidad, procuraran, como buenos ciudadanos, la principal y de mayores trascendencias, como es la de la nacin entera. Las ricas tierras que comprende la congregacin de Palmillas son esencialmente azucareras, y poseen las ventajas de poder ser regadas por las aguas del ro de Bobos, y por consiguiente susceptibles de sacar de ellas opimos frutos. As lo comprendi el seor Martnez de la Torre, y al efecto, por su orden, se han hecho ya las debidas plantaciones de caa, se ha levantado la casa del director y puesto los cimientos para las oficinas correspondientes, debiendo elaborarse la azcar por los mejores y ms nuevos procedimientos. Nunca he presenciado mayor alegra y entusiasmo, como el que manifestaron todos los individuos que del Jobo, del Caizo, de Paso de Novillos y del Pital, concurrieron a la colocacin de la primera piedra. Aquella ceremonia fue -197- una verdadera fiesta, en que el regocijo no conoci lmites. Todos comprendan que aquel acto significaba el principio de una nueva era de prosperidad, y todos en sus semblantes revelaban el regocijo que los animaba. Bajo una preciosa enramada, en la casa del director, y en medio de los trofeos formados con instrumentos de labranza y caas de azcar, los concurrentes confundan sus entusiastas brindis y sus palabras nacidas de su expansivo corazn, con el murmullo gratsimo del ro que baaba la base de aquella sala campestre. Si hago mrito en este artculo de las conmovedoras palabras que el seor Martnez de la Torre diriga a los concurrentes, y de las que en cambio de ellas reciba, no se tenga por impropia una sensibilidad nacida, por efecto de las circunstancias, de una accin noble. Cuando brotan lgrimas de los ojos de varones que, como los habitantes de aquellas regiones, demuestran su fortaleza en los rudos trabajos del campo, bajo clima tan riguroso, y cuando en ellos se observa una lucha sostenida entre la fuerza viril y el sentimiento, no puede menos que comprenderse que en sus pechos late un corazn no pervertido. Lgrimas as vertidas son hijas de una accin moral, que enaltecen al hombre en cuyos ojos asoman. Concluida la ceremonia de la colocacin de la -198- primera piedra, el virtuoso cura de Tlapacoyan, presbtero don Manuel de la Villa, all presente, bendijo el
principio de las obras, segn sus deseos manifestados antes, dirigiendo una alocucin a los concurrentes, y el seor Snchez Facio improvis un elocuente discurso dirigido al seor Martnez de la Torre a nombre de la autoridad municipal de aquella misma poblacin. Levantose una acta como trmino de la fiesta, redactada por mi amigo Snchez Facio y firmada por duplicado por todos los presentes, a fin de que un ejemplar quedase en poder del mismo seor Martnez de la Torre y el otro depositado en la primera piedra. La acta a que me refiero es del tenor siguiente: En el ao de 1866 este lugar era montuoso y despoblado. Durante la administracin del seor don Roque Salazar se hizo el desmonte y la limpia, y el aspecto risueo y pintoresco que hoy presenta, es debido a su cuidado y al impulso que ha querido dar a la finca su propietario, para quien es un bien querido al que estn ligados los recuerdos tiernsimos de la familia. Hoy, en medio de una fiesta sencilla, se ha colocado la primera piedra de esta fbrica que dar a estas comarcas, privilegiadsimas por la naturaleza, la vida del comercio, siendo el asilo donde encuentre el obrero un trabajo que proporcione -199a su familia el pan y la tranquilidad. Los que suscribimos, testigos presenciales de esta ceremonia, solemne en medio de su sencillez, llenos de fe en el porvenir, hacemos votos por la prosperidad de este establecimiento, y porque la generacin que encuentre este escrito no deba su descubrimiento a la investigacin de ruinas causadas por el soplo destructor de las revoluciones, sino a una nueva empresa de mayor magnitud, que siendo la continuacin de la presente, perpete la voluntad de su fundador al construir este templo del trabajo. Apadrinando este acto el sbdito espaol don Vicente Llaguno, y asistiendo a l el digno cura prroco del pueblo de Tlapacoyan, presbtero don Manuel R. de la Villa, de la misma nacionalidad, se han asociado de esta manera a una obra en la que, como en todas aquellas que tienen por objeto la regeneracin de los pueblos por medio del trabajo, no se reconocen nacionalidades ni categoras, debiendo todos los hombres contribuir a ellas con todas sus fuerzas donde quiera que puedan utilizarse. Hzose esta inauguracin bajo la presidencia del estimable C. Manuel Mendoza Aguilar, presidente del ayuntamiento de la municipalidad de Tlapacoyan. -200Dios conceda prosperidad a esta obra para bien de estas comarcas y satisfaccin de su fundador y de sus descendientes! Ingenio de la Palmilla, Marzo 27 de 1874. -Siguen muchas firmas. *** De Palmillas a la congregacin de Ixcacuaco, se cuentan 8 kilmetros siguiendo la misma margen izquierda del ro Bobos. Cuenta esta congregacin 192 habitantes.
Paso de Novillos, a 4 kilmetros de la anterior, es uno de los lugares ms importantes de esta costa, as por sus ricos elementos como por su poblacin, que asciende a 421 habitantes. Industriosos y activos sus moradores, han secundado con entusiasmo los esfuerzos del seor Martnez de la Torre en provecho de la colonizacin. En terrenos de la hacienda, los ingenieros que para el efecto sostiene all aquel emprendedor y til ciudadano, han hecho los trazos convenientes para una hermosa poblacin, que ser, sin duda alguna y dentro de pocos aos, una de las ms ricas del cantn de Jalacingo. Este lugar llevar en lo sucesivo el nombre de Concepcin Papanotitln. -201Elvase la temperatura en este lugar: A las cinco de la maana A las doce de la maana A las dos de la tarde A las seis de la tarde 19 30 31 27 C.
De Paso de Novillos, despus de recorrer un tramo de 5 kilmetros, rico y feraz como los anteriores, se llega a la congregacin del Caizo, nombre que sin duda le viene de la planta del mismo nombre que crece abundantemente en sus terrenos y la cual es un otate de hermoso y verde follaje. Cuenta esta congregacin con 156 habitantes. El camino, despus del vado del ro Mara de la Torre, vado peligroso en las fuertes crecientes, el camino se desva un poco de las mrgenes del ro de Bobos. El ingeniero Francisco Jimnez ha consultado al Ministerio de Fomento la construccin de un puente en dicho paso. En todo este extenso tramo se admira una vegetacin exuberante y las higueras adquieren proporciones colosales. En stas forman sus nidos diversas aves, y muy especialmente el hermoso Papan real (Ostinops Moctezuma), de plumaje caf y cola amarilla en forma de abanico. Acostumbradas estas aves a vivir en sociedad, fijan sus nidos de figura de una bolsa alargada, agrupndolos en uno de -202- los ms altos ramos de la higuera, y mientras que tan preciosos animales salen a buscar el alimento de sus hijuelos, o el material para la construccin de sus nidos, permanece uno de ellos al cuidado de sus flotantes habitaciones. El papan comn (Psilorhinus Morio), de un solo color, se ve por todas partes, huyendo precipitado ante la presencia del viajero, as como los pericos y cotorras, aturdiendo todos con sus agudos gritos. Antes de llegar al Pital, congregacin distante de la anterior 20 kilmetros, se atraviesan unas pequeas praderas, entre cuyo pequeo pasto crece la preciosa sensitiva. La vegetacin que circunda estas sabanas, cambia del todo, y cualquiera creera hallarse en los campos de las altas mesas. Los encinos y uveros, rboles poco crecidos que dan sus frutos parecidos a pequeas aceitunas, son los nicos que all se conocen, cargados en su mayor parte del fibroso heno y de otras muchas plantas parsitas. Esta extraa vegetacin, en medio de una lona verdaderamente tropical, admira y no se acierta en la causa que motive tan repentina mudanza; tal vez influya en ello la
naturaleza del terreno algo ferruginoso. En estas sabanas se ven pacer multitud de ganados. El Pital cuenta hoy con 700 habitantes y se halla situado a la margen izquierda del ro, -203- formando sus casas una sola y prolongada calle. Digno de admiracin es el corpulento y frondoso rbol, conocido all con el muy original nombre de raspa-sombrero, y el cual se encuentra en el centro de la calle mencionada. Tan cargado de flores se halla ese rbol, flores que se parecen a la de los corpulentos laureles, que se duda mucho de que sea mayor el nmero de sus hojas. Este rbol sirve al mismo tiempo de campanario, pues de sus nudosos brazos y entre su tupido follaje, se ven pendientes dos o tres campanas que aumentan el encanto de tan precioso vegetal. ***
Colonia de Jicaltepec
A 7 kilmetros del Pital, por un terreno feracsimo, se llega a la colonia francesa de Jicaltepec, dividida por el ro de Bobos, o sea ya ro de Nautla, quedando la parte principal de la poblacin a la margen derecha y extendindose por la izquierda, en una distancia de 17 kilmetros, multitud de ranchos poblados por mexicanos y franceses. Esta colonia, que pertenece al cantn -204- de Misantla, contar con unos mil habitantes, trescientos de los cuales son de origen francs. Se halla situada a los 20 10' 19" 33 de latitud Norte y 2 16' 11" 1 de longitud Este de Mxico. Por apuntes manuscritos que poseo del seor D. E. B. de Boguslawski, me encuentro felizmente en aptitud de poder dar algunos detalles histricos acerca de la colonia de Jicaltepec, nica que entre nosotros ha podido establecerse, a pesar de los obstculos que tales empresas tienen que vencer en sus principios. El ao de 1832 don Esteban Guenot compr a don Gregorio Montoya por la suma de 850 pesos, doce leguas cuadradas, poco ms o menos de terreno, situado a la orilla derecha del Nautla y separado del mar por tierras de la propiedad de otro francs, el doctor Chavert. Por iniciativa del seor Guenot formose en Francia, el siguiente ao. La compaa de Colonizacin franco-mexicana de Dijon, emitiendo sta 224 acciones, mitad en favor del seor Guenot, director de la empresa, y mitad para su venta a razn de 1.000 francos la accin, pagando adems la sociedad al propio seor Guenot la suma de 434.000 francos por los gastos de viaje. La primera expedicin, compuesta de 100 colonos, cruz los mares con direccin a Jicaltepec en Septiembre de 1834, a la que sigui la segunda -205- formada de 112 individuos, en Abril de 1835. Habaseles impuesto a los colonos ciertas obligaciones que no podan menos que refluir en su propio perjuicio y en el del establecimiento y subsistencia de la colonia. Obligbase a los de la primera expedicin a trabajar en
beneficio de la sociedad, retribuyndose sus trabajos con el salario de 800 pesos anuales y con una corta extensin de terreno a los nueve aos. Fundada bajo tales bases la formacin de la colonia, desde luego exista en ella un principio antieconmico, no slo para su prosperidad sino aun para su estabilidad. Advertida la sociedad de Dijon de ese error, modific sus condiciones a los colonos de la segunda expedicin, segn las cuales aqullos eran libres en sus trabajos, pero se les impona el deber de ceder la tercera parte de sus productos. Como se ve, las nuevas estipulaciones en nada mejoraban la situacin de los colonos, los cuales al fin tuvieron que decidirse a la rescisin, de hecho, del contrato, reunindose en junta y decretando el desconocimiento de M. Guenot, como director de la colonia. Esto aconteca en Febrero de 1836. Teniendo oportuna noticia de este hecho M. Guenot, abandon la direccin a su hermano don Justino, quien, por las circunstancias, tuvo que proseguir el mismo rgimen de conducta que -206- su antecesor, quedando por consiguiente la colonia sometida al propio orden de cosas. Existiendo las mismas causas, forzoso era que se siguieran idnticos efectos, esto es, el desconocimiento de los colonos a toda autoridad colonial, resolvindose a trabajar por su propia cuenta, y a depositar, bajo inventario, en la casa de la direccin, las herramientas y tiles de la sociedad, todo lo cual fue destruido en un incendio que poco tiempo despus acaeci. A la imprevisin de las compaas que se formaron en Francia debe atribuirse principalmente los males que se siguieron al establecimiento de la colonia; en primer lugar por el psimo sistema de colonizacin adoptado, y en segundo, por la falta de tacto en la eleccin de los colonos, puesto que la mayor parte de los que vinieron nunca fueron agricultores, y por consiguiente no podan, en la regin de que tratamos, acostumbrarse a los rudos trabajos del campo bajo la influencia de un clima, para ellos, abrasador. Estableciose en Pars, despus del acontecimiento que he referido (en 1839), una nueva sociedad que organiz otra expedicin para Jicaltepec, la cual lleg a su destino en 1840. A la llegada de estos nuevos pobladores apenas existan en la colonia diez familias que haban podido mantenerse y aun adquirir una modesta fortuna. -207- La disolucin de esta ltima compaa dio por resultado la decisin de los colonos para trabajar cada cual como y mejor pudiese. Desde entonces subsiste la colonia, aunque no en el estado floreciente que era de esperarse. Los colonos, en su mayor parte, no trabajan en terreno propio, sino en el de la comunidad, y esta circunstancia engendra naturalmente la decadencia en lugar de la prosperidad. El colono trabaja con asiduidad, y adelanta en tanto que se halla en aptitud de procurarse un porvenir para l y su familia. El seor Martnez de la Torre ha procurdoles un bien, cediendo a unos y vendiendo a otros, a bajo precio y plazo largo, los terrenos que de su propiedad han deseado aqullos adquirir a la orilla izquierda del Nautla. Otra circunstancia muy digna de observacin ha influido en la decadencia de la colonia. Aunque Jicaltepec goza de un clima sano y no tan ardiente como otros lugares de la costa, desarrollose all en 1861 la terrible enfermedad del vmito, que caus la muerte a trescientos colonos, todos de la margen derecha del ro y ni uno solo de la izquierda. Esta circunstancia, que nicamente puede explicarse por la diferencia en las condiciones climatolgicas y por la elevacin y resequedad del terreno, no puede
admitirse aqu como causa de aquel efecto, puesto que tales condiciones son en ambas -208- partes las mismas. No s, por tanto, a qu atribuir aquel fenmeno. La temperatura de Jicaltepec hace elevar la columna mercurial: A las seis de la maana a A las doce de la maana a A la una de la tarde a A las tres de la tarde a A las seis de la tarde a 24 28 29 29 24 C.
La temperatura aqu indicada no es, ni con mucho, semejante a la que el termmetro expresa en Paso de Novillos, lugar ms retirado que el anterior, de la costa. Los vientos que soplan de las montaas y la brisa del mar refrescan el ambiente, dando salubridad a un lugar, que por su situacin prxima a la costa del golfo, debera ser extremadamente malsano. El vmito no es aqu endmico como en Veracruz, y las dems enfermedades son ms benignas, a pesar de existir an montes cercanos que, al ser destruidos, aumentarn sin duda alguna la salubridad. Tampoco existen en Jicaltepec, y aun en toda la zona que se ha descrito, la cantidad de insectos y reptiles venenosos que atormentan a los habitantes de otras regiones clidas. Aqu los moscos y el pinolillo, que sufre algunas trasformaciones, -209- son los animales que causan algunas molestias. El pinolillo, insecto imperceptible que se adhiere a las ramas y hojas de los rboles en nmero prodigioso, se derrama en el cuerpo humano produciendo una fuerte irritacin, cuando por descuido se sacude una rama sobre el transente. El pinolillo se trasforma en coloradilla, insecto rojo de mayor volumen; de coloradilla pasa a conchuda, y este insecto, de mayores dimensiones, se convierte en garrapata. De la garrapata nace de nuevo el pinolillo, y as sucesivamente. Elevada sobre un ribazo del ro de Nautla, la mayor parte de la Colonia de Jicaltepec, presntase, desde la opuesta orilla, en potica y pintoresca posicin con sus boscosas colinas y montaas en el fondo, y sus hileras de frondosos mangos y rboles corpulentos bordando las riberas. Las bellezas del paisaje que se aprecian en conjunto a la clara luz del da, se tornan en mgicos efectos en tanto que reina la oscuridad de la noche. Los diamantes de la vegetacin, los fosforescentes cocuyos, cubren a millares el tupido y agitado follaje de los mangos, a cuyo movimiento, impelido por la brisa, despiden aqullos en todas direcciones sus blandos e intermitentes destellos. Abatida la temperatura por la llegada del sol -210- a su ocaso, y modificada por las brisas del mar, se goza de un ambiente fresco y delicioso durante las noches y aun en las ltimas horas de la tarde. Nadie sino el que haya tenido ocasin de experimentar, en las zonas clidas, la transicin de los fuertes calores del medio da al temperamento tibio y agradable de las noches, puede comprender esos goces. ***
trasladarse al papel, tales como los siguientes, que revelan el carcter de un pueblo muy semejante, bajo muchos aspectos, al andaluz: Eres delgada y alta, Pareja y lisa, Cual si la vara fueras De la justicia.
La mujer que tuvo amores No sirve para casada, Porque dicen los doctores Que de su vida pasada Le quedan los borradores.
Negrita, flor de limn, Dame de tu medicina Para sacarme una espina Que tengo en el corazn, Y al suspirar me asesina.
El amor que te tena, En una rama qued; Vino un fuerte remolino, Rama y amor se llev. -214Que te quise, fue verdad; Que te ador, fue muy cierto; Que te tuve voluntad; Pero aquel era otro tiempo.
Si me quieres, dimel, Y si no, dame veneno, Que no es la primera dama Que le da muerte a su dueo.
Si piensas que pienso en ti, En eso no pienso yo; Que vaya a pensar en ti La madre que...
Yo soy un gavilancito Que anclo por aqu perdido, Por ver si puedo sacarme Una pollita del nido.
En el mar de tu pelo Navega un peine, Y en sus olas blanditas Mi amor se duerme. -215Desde que te vi venir Le dije a mi corazn: Qu bonita piedrecita Para darse un tropezn!
Qu ojos me pelara el muerto Si me viera con la viuda, Hasta sacara la mano De su jonda sepultura!
La vecina de all enfrente Es una buena cristiana, Sale a misa por la noche Y vuelve por la maana.
Me dijiste que fue un gato El que entr por tu balcn; Yo no he visto gato prieto con sombrero y pantaln.
Segn antes he manifestado, los cantores con su ademn picaresco e intencional hipocresa provocan la hilaridad de los oyentes. Al entonar las estrofas revelan o fingen la mayor serenidad, y con una indiferencia, verdaderamente estoica, lanzan -216- el verso ms picante y mordaz, cerrando humildemente los ojos cual si se viesen agobiados por el sueo. Propnense muchas veces, y por largo tiempo, una competencia de improvisacin, frecuentemente de pie forzado, y entonces los mayores desatinos se adunan a una chispeante gracia. Uno de los bailes ms notables es el que se conoce con el nombre de la banda. Extienden sobre la tarima una banda de seda en toda su longitud, y a poco, los que bailan, sin perder el comps y el ritmo musical, la enredan con los pies, tejiendo tres lazos simtricos, de los cuales el del centro es de mayor amplitud. Tejida ya la banda en forma de guirnalda, la colocan en la cabeza de la jarocha que con ellos toma parte en el susodicho baile. Otras veces, entusiasmado alguno de los asistentes por el atractivo de los ojos picarescos de la jarocha o por su destreza en el baile, se aproxima a ella y le coloca su ancho sombrero en la cabeza. Si slo es uno el que hace uso de esta galantera, la jarochita contina bailando con el sombrero puesto; mas si hubiere varios imitadores, aqulla no permite, para no inferir ofensa, que uno o ms sombreros se sobrepongan al primero; y en tal caso, prosigue bailando con un solo sombrero puesto, y los otros en las manos. -217- Concluido el baile, la que ha sido objeto de aquellas atenciones, toma asiento en el estrado, conservando los sombreros y esperando a que sus dueos los demanden. Cada cual pide el suyo, entregando a la que los ha honrado, una o varias monedas de plata a guisa de gala, con lo cual llega aqulla a reunir muy buenas propinas. Tales son los Bailes de Tarima. ***
De todas las rancheras establecidas en la margen izquierda del ro, la de Zopilotes es la que merece mayor atencin, as por los elementos que para su prosperidad puede desarrollar, como por ser el punto objetivo para el establecimiento de una colonia bajo nuevas y convenientes bases, y la cual se halla situada a 2 kilmetros Noroeste de Jicaltepec, en la vuelta que hace el ro. Como acabo de observar, el lecho arenoso de ste es una dificultad para la navegacin por buques de mediano porte; pero la canalizacin, removiendo la arena por medio de una draga, ser, sin duda, el medio ms eficaz para destruir aqulla. Entonces la nueva Colonia de San Rafael, hoy ranchera de Zopilotes, se convertir en un puerto de exportacin de nuestros ms ricos frutos. Las embarcaciones pequeas afluirn a l para trasbordar a otras mayores, azcar, caf, cacao, raz -219- de Jalapa, zarzaparrilla, tabaco, vainilla, preciosas maderas de construccin, exquisitas frutas y ganados. Tales consideraciones me hicieron recordar al seor Martnez de la Torre las ideas que desde mucho tiempo antes le haba manifestado respecto de la conveniencia de unir la ciudad de Mxico con el puerto de Nautla, por medio de un buen camino carretero, ya que no fuera posible, por la va frrea. Tan arraigada estaba en m esta conviccin, que me apresur a exponerla al ilustrado Ministro de Fomento, el seor don Jess Tern, quien desde luego acept mis indicaciones, ordenndome que desarrollara el pensamiento. La proximidad de Nautla ms que otro punto de la costa respecto de Mxico, la feracidad de los terrenos de aquella zona caliente, la bondad del clima relativamente a los otros lugares de la misma costa, las ventajas que ofrece la navegacin del Nautla, en la escala que antes hemos indicado, los menores accidentes de la Sierra Madre por el rumbo de Teziutln, y la sucesin de llanuras desde Mxico hasta el pie de aquella sierra por Apam, Huamantla y San Juan de los Llanos, eran otros tantos argumentos que apoyaban mis ideas para la apertura del referido camino, y hubiera insistido en ellas, atendiendo a la buena voluntad de don Jess Tern, a no haberlo -220- impedido la intervencin europea con sus consiguientes trastornos. No puedo comprender la prosperidad de un pas sin el desarrollo de las mejoras materiales. Un camino, un puente, un canal, valen ms para una nacin, que por cada una de esas obras millones de pesos en efectivo. Duleme, por tanto, esa apata, ese egosmo que se advierte, con honrosas excepciones, en nuestras clases sociales que, estando en posibilidad de hacer mucho por su patria, miran con indiferencia sus males. Aqu no se conocen, como en los Estados-Unidos, en escala relativa, las empresas de colonizacin, ni compaas industriales; nacen las iniciativas y mueren en su cuna por falta de capitalistas emprendedores. En vano trato de inquirir la causa del adormecimiento del patriotismo, siquiera para revelarla a quien pudiera remediar tan nocivo mal. Para evitar esta digresin en que empezaba a engolfarme, permtaseme antes de concluir, apreciar el porvenir de esta regin que he visitado con inmenso placer, y para ello volvamos a Teziutln a fin de referir una conversacin que se grab en mi memoria, y que mide bien toda la fe que en el bienestar de estos pueblos puede abrigarse. Teziutln es la tierra natal del seor Martnez de la Torre, quien entre sus sentimientos cuenta con -221- uno, para l de gran poder, el profundo amor que le profesa al pueblo en que naci. Natural es que las personas que le acompaan y visitan le hablen de todos los proyectos de mejoras morales, materiales y sociales que en aquel rumbo pueden desarrollarse.
En una tarde bellsima subimos a la bveda de la preciosa capilla del Carmen de Teziutln, y contemplbamos el encantador panorama de la poblacin, dirigiendo nuestras miradas sobre todo un horizonte que se presentaba bello y halagador a nuestro espritu de viajero, y tierno y patritico al corazn de Martnez de la Torre. Al admirar la belleza con que Dios ha dotado a aquella poblacin, viene al espritu el pensamiento de un futuro de felicidad, de progreso, de grandes adelantos para las generaciones que estn por venir, y nosotros nos preguntbamos: qu ser Teziutln, tan preciosa poblacin, al pasar unos treinta aos? Cuntas familias la visitarn, cuando el ferrocarril llegue a Perote, y pueda hacerse el trayecto desde Mxico en un solo da? Cuntos elementos va a reunir esta ciudad que es el centro de la sierra, la capital propiamente dicho, de esos pueblos ricos de bienes de fortuna y an ms ricos por su amor al trabajo y a los adelantos? ste fue el tema de nuestra conversacin, del -222- cual se desprendan vaticinios que dejaban satisfechos a los hijos de aquella preciosa poblacin, en donde encuentran afecto sincero todos los que la visitan y una verdadera patria los extranjeros, que viven como en la tierra propia, formando luego familias honradas que se confunden en todos sus goces con los hijos del pas. El comercio en Teziutln est dividido entre nacionales y extranjeros, y stos, tomando aficin a los hbitos del campo, invierten parte de su capital en la compra de propiedades rsticas y urbanas, asimilando en todo sus costumbres a las del lugar en que viven. Mil reflexiones brotaban sobre esta materia, tomando parte en la conversacin el activo jefe poltico de Teziutln, as como el de Jalacingo, el seor don Jos J. Guzmn, que fue siempre nuestro apreciable compaero. Todos fijaban, como base para la prosperidad de aquellas poblaciones, el desarrollo de la gran riqueza de la tierracaliente, que partiendo de los pueblos de la sierra llega a las orillas del mar. El reconocimiento que hice del trayecto de Teziutln a Nautla, vino despus a comprobarme que los clculos nada tenan de exagerados. Nuestra conversacin pareca un tejido de flores, como lo que los estudiantes llaman jardn en las dulces expansiones de la imaginacin. Yo, que -223- no tena motivos ms poderosos que mi fra razn para apreciar lo que haba odo, medit sobre ese halagador presagio del porvenir que brotaba de la imaginacin estimulada por el patriotismo; y a semejanza de los viajeros que, al recorrer pases desconocidos, aventuran aseveraciones que se refieren al futuro, voy a permitirme decir lo que creo sern esas poblaciones antes de algunos aos. Teziutln, hoy ciudad reducida, caminar por la senda del progreso a pasos rpidos, y ser siempre notable el adelanto de sus hijos, porque all no hay conflictos privados que dividan a las familias, y la autoridad poltica, el prroco del pueblo y los particulares trabajan para mejorar en todo una poblacin que por la naturaleza tiene mucho que dar y por sus actuales pobladores mucho que esperar. Siguiendo el recuerdo de la conversacin no puedo dejar de estampar aqu un deseo de muchos de los vecinos de Teziutln. Esta poblacin dista ocho o nueve leguas de Perote, adonde llegar dentro de poco la lnea del ferrocarril, y es fcil de construir un ramal que ligue esos pueblos. El ramal de Perote a Teziutln presenta facilidades que
sabrn aprovechar aquellos pueblos llamados a ser el depsito de valiosos frutos; tal es el deseo de los teziutecos. -224Ahora que Mxico entra, tal vez para siempre, en el camino de la paz, es preciso tocar todas las cuestiones que ms de lleno afectan su porvenir, y entre ellas la colonizacin tiene a mi juicio un lugar de preferente distincin. A ella tiene el gobierno que consagrar su atencin, y como punto que satisface cuanto puede apetecer el inmigrante, debe designarse toda la regin que atraviesa desde Perote hasta Nautla. Por esa costa de Veracruz, en la que se hallan situados tambin los puertos de Tecolutla, Tuxpan, Tampico, etc., slo se necesita dirigir bien al principio la colonizacin, que ella vendr abundante una vez que haya acierto en los primeros pasos. No me creo autorizado para poner como un programa indefectible de los sucesos futuros, lo que ofrece la colonia de San Rafael; pero si el seor Martnez de la Torre, firme y constante en su propsito de fundar una gran colonia, no se detiene ante las dificultades naturales de una empresa de esa magnitud, la nueva colonia ser la base de una numerosa inmigracin, particularmente francesa, porque abundan en sus terrenos las mejores condiciones: 1. Una tierra frtil con ricas maderas, regada por el copioso y fecundante roco de la noche. 2. Medios de expedita comunicacin, porque la colonia situada a la orilla del ro Nautla puede fcilmente embarcar sus -225- frutos para Veracruz, o traerlos para la mesa central. 3. Grande economa de trasporte para los inmigrantes, porque desembarcando en Veracruz, pueden en veinticuatro o treinta horas llegar por Nautla a la colonia. 4. La inmigracin francesa al tocar las playas de Nautla se creer en su propia patria porque llega a una poblacin francesa donde hay, por instruccin del seor Martnez de la Torre y autorizada por el jefe poltico, una junta de mejoras materiales que tendr entre otras atenciones la de recibir a los inmigrantes, atenderlos y procurarles trabajo y comodidad. 5. Gran abundancia de los elementos precisos para la vida, pues que los cereales se producen prodigiosamente, y carne y pescado fresco hay de sobra. 6. Facilidad de trabajo, porque conocidos y cultivados esos terrenos en alguna extensin por los arrendatarios franceses, slo esperan mayor nmero de brazos para aumentar una produccin que en su creciente progreso, har sin duda la riqueza de esos colonos. ***
vorgine que forman las olas precipitndose sobre el agua que de la playa se retira para volver al seno del Ocano, todo causa al espectador el mayor asombro. De Jicaltepec a Nautla hay una distancia de 11 kilmetros por tierra, y 16 por agua. Por falta de una embarcacin hube de hacer la travesa por el primer medio. Tres o cuatro eminencias de poca consideracin interrumpen la planicie de la costa, y desde ellas se gozan vistas en extremo agradables. Los franceses han establecido algunas granjas y dehesas, a uno y otro lado del ro, que se ofrecen a la vista del viajero como paisajes pintorescos de la Suiza, salvo la vegetacin tropical, que en todo el trayecto es tan abundante y feraz como la anteriormente descrita; encuntrase al fin del camino el agrupamiento -227- de casas de lodo, paja y zacate, diseminadas las ms en las llanuras, y formando calles algunas, las cuales constituyen la poblacin del puerto de Nautla, situado a 20 12' 43" 44 latitud Norte y a 2 21' 30" 8 de longitud Este de Mxico. Al llegar al puerto, mi primer cuidado fue el de procurarme una embarcacin que me condujese a la barra, conseguida la cual, me instal en ella en compaa de mi amigo Snchez Facio. El remero, en atencin a que el bote era celoso1 nos recomend la mayor tranquilidad, y botando2 al principio para bogar3 despus, surcamos las aguas del angosto estero de Nautla, y a poco nos encontramos hendiendo las cristalinas aguas de la extensa ra del mismo nombre. Las mrgenes del estero se hallan sembradas por el precioso y florido ramaje de los laureles, macho y hembra, y bordado por los lirios y la preciosa majahua, planta que da una semilla parecida al ajonjol. En las mrgenes del ro crece la misma vegetacin, distinguindose, adems, las impenetrables barreras de los manglares. La diafaneidad del -228- agua permite descubrir, muchas veces, el lecho arenoso del ro y los peces que en su seno se agitan, nadando unas veces en opuestas direcciones y saltando otras sobre la superficie, produciendo un leve chasquido. Caminbamos en direccin de la Barra, en los momentos en que estaba vaciando la marea4, como a una legua de distancia, cuando un ruido persistente y lejano, muy semejante al que producen las nubes tempestuosas antes de descargar sus fuertes granizadas, atrajo nuestra atencin: eran los rugidos del Ocano, enfurecido por el azote de fuertes turbonadas5, y en tanto que el mar permaneca agitado a consecuencia del pasado huracn, apenas se haca sentir en el ro una ligera y agradable brisa. La lmpida superficie de las aguas formaba anillos6 y cabrillas de viento7, y no macheteaba8 como en el golfo la marejada9. A medida que nos acercbamos a la barra, mayores eran los estruendos del mar y mucho mayor mi impaciencia por contemplarle libremente. Ya cerca de la desembocadura del ro fue preciso -229- virar10 a la derecha, pues la Barra cruzada11, y la resaca12 nos impedan salir al mar en tan dbil embarcacin como la nuestra. La ranchera, llamada de la Barra, fue nuestro seguro puerto, y apenas puse los pies en tierra firme, corr precipitado por los arenales, salvando los pequeos mdanos que me interceptaban la vista del mar, para contemplar la ms grande y maravillosa obra del Criador sobre la tierra. Volvime a poco a la ranchera deseoso de ver fisgar13, deseo que no logr por no estar el mar en calma chicha14 y hube de contentarme con ver solamente atarrallar15. Las gaviotas con su rpido vuelo surcaban el aire oblicuamente y se arrastraban por la superficie de las aguas marinas para alzar de nuevo su vuelo y perderse en el espacio,
en tanto que de entre los manglares y matorrales del ro salan -230- precipitadas otras aves, como alcatraces, garzas, candiles, y el martn pescador. Antes de regresar a Jicaltepec pas mucho tiempo en contemplacin delante del Ocano; miles de ideas surgieron en mi mente, y me cre feliz pensando en que podra trasladarlas al papel. Una triste realidad ha desvanecido mi ilusin: mi insuficiencia para describir aquel prodigio de la naturaleza, pues todas aquellas ideas que su presencia me inspir, quedaron sumergidas en su insondable abismo. Mxico, 25 de Abril de 1874.
Si debiera juzgarse de la fertilidad y belleza del Estado de Puebla por las llanuras de Chalchicomula y San Juan de los Llanos, que se extienden al Oriente de su hermosa capital, se adquirira una triste idea de su territorio. Esas planicies extensas y en gran parte arenosas, sin la menor corriente que las fertilice, producen una impresin desagradable, a lo que contribuyen varios cerros aislados que en medio de aquellas se levantan, notables tan slo por su completa desnudez. La monotona que all reina excita el ms vivo deseo de traspasar los lmites de esa -232- zona en busca de otra regin halagadora. Crese a cada paso que el espejismo, bajo la influencia de un sol reverberante, va a ofrecer sus mgicos efectos, contribuyendo tal vez esa esperanza a hacer sentir menos las fatigas del camino. Las miradas del viajero buscan con avidez, en torno del horizonte, algn punto notable en que fijarse, y slo uno logra su afanoso empeo en la elevada mole del Citlaltepetl. La helada cumbre de esta eminencia, cuyas entraas estn en ignicin constante, observada desde la llanura, produce una impresin que slo puede ser comparada a la que el navegante experimenta al contemplarla desde alta mar, como la estrella luciente que le gua al trmino de su viaje. La absorcin de los vapores atmosfricos por esa sierra, cuyo ncleo forma el Citlaltepetl, y los fuertes deshielos, dan nacimiento a varios ros que fecundizan y vivifican la vertiente oriental que en escalones desciende hasta las playas, en tanto que tales ventajas no se observan en la vertiente opuesta, cuyo pie descansa en las campias de Puebla. Sin embargo, bajo la benfica influencia de las lluvias, el aspecto de esas llanuras cambia temporalmente, brotando el pasto en abundancia y cubrindose por completo con el verde ropaje del maz. Solamente los arenales que por Tepeyahualco -233- se extienden hasta Perote, conservan siempre el mismo aspecto triste y desconsolador. Tal vez esta circunstancia motiv la falsa apreciacin de un viajero francs, segn el cual nada en nuestro territorio era digno de atencin y s todo montono y triste. Si de los arenales de Perote y Tepeyahualco hubiera aquel viajero continuado su excursin, sin salir de los lmites del Estado de Puebla, a las sierras de Huauchinango, Tlatlauqui,
Zacapoaxtla y Teziutln, o bien a los bellos distritos de Oeste y Sur, se habra visto obligado, ante tanta belleza natural, a cambiar de opinin, asentada de una manera tan inexacta como indiscreta y aventurada; pero ya se sabe que la ligereza y la ignorancia son los rasgos caractersticos de los viajeros extranjeros, con muy pocas y honrosas excepciones. Tan convencidos estamos los mexicanos de esas cualidades de farsa y mentida sabidura, que leemos sus obras con la preconcebida intencin de rernos de sus desaciertos. Si bajo el punto de vista pintoresco nada ofrecen esas campias a la atencin del viajero, presntanse, sin embargo, muy interesantes bajo su aspecto geolgico. El terreno entre Chalchicomula y Perote revela, a cada paso, la accin del fuego. Las capas de toba volcnica alternan con las de la lava basltica en toda la zona, cubiertas por -234- la tierra vegetal. Los detritus y ceniza volcnica revisten las hondonadas, en donde, depositndose las aguas han formado las pequeas lagunas de Quecholac y Alchichica. Al Norte de Chalchicomula, y adelante de la hacienda de la Capilla, se ven extensas barreras circulares de basalto escoriceo, y en abundancia la obsidiana y piedra pmez. Ninguna corriente de lava observ que descendiendo de la cordillera ligase esta aglomeracin de escorias, por lo cual es de inferirse que en ese mismo lugar abortaron del interior de la tierra, presentndose como los labios de un crter. Cerros y colinas de diversa extensin manifiestan, por su completa desnudez, la estratificacin de sus rocas calizas, ms o menos compactas, y entre las cuales se encuentra la piedra litogrfica en los cerros de la Cofrada, a una legua Suroeste de la hacienda de San Antonio. Cerca de la laguna de Quecholac, al Occidente de ella, se encuentran los cerros de la Preciosa, con vetas de plata, que constituyen el distrito minero del mismo nombre. Lo que principalmente llam mi atencin en estos terrenos, despus de abandonar el ferrocarril en San Marcos, fue el aspecto volcnico de algunos puntos de la hacienda de Xalapasco. Dos violentas depresiones, enteramente circulares, interrumpen la llanura, presentndose, por sus rpidos -235- y extensos taludes y por su fondo plano y profundo, como dos inmensas calderas. La toba volcnica, revestida de tierra vegetal, cubre las pendientes, las cuales se ven surcadas por grietas profundas que, como otros tantos barrancos, descienden desde la cumbre al fondo del valle. En estas hondonadas se depositan las aguas llovedizas en gran cantidad, pero luego desaparecen por medio de innumerables filtraciones. En la hacienda de Xalapasco tuve noticia de la existencia de unos cerros llamados Las Derrumbadas, al Occidente de la hacienda de la Capilla, observndose, al pie de ellos, el desprendimiento de gases, considerados en la comarca como esencialmente medicinales. Por circunstancias independientes de mi voluntad, no me fue posible trasladarme al lugar de Las Derrumbadas para observar el fenmeno, tan notable como digno de estudio, de los baos de vapor all existentes. Mi permanencia en Xalapasco fue de poca duracin, y muy a pesar mo hube de abandonar aquellos lugares para proseguir mi camino con direccin a Perote. Un alemn, dignsimo miembro de la Sociedad Mexicana de Geografa y Estadstica, el seor don Carlos Sartorius, que residi entre nosotros y cuya reciente muerte lamentamos, se expresa en los siguientes trminos respecto de la existencia de
-236- los baos sulfurosos de Las Derrumbadas, en su obra intitulada Mexiko und Mexikaner (Darmstadt 1852). Al Poniente del Pico de Orizaba, hacia las altas planicies, se encuentran tambin diversos fenmenos volcnicos. En un escorial, enteramente desnudo de vegetacin, brota del suelo un vapor de azufre. Los indios aprovechan estas azufreras calientes para baos de vapor, haciendo excavaciones de tres pies de profundidad y de otro tanto de anchura, en las que se meten, cubrindolas despus, de suerte que slo la cabeza les queda de fuera. En las cercanas est tambin un grupo de montaas llamado 'Los Derrumbados', de las cuales una est rajada. De la profunda grieta brotan llamas con frecuencia. Otro escritor alemn, Karl B. Heller, a quien la ciencia geogrfica debe muchas noticias interesantes sobre nuestro pas, es ms explcito; y en la pgina 90 de su libro Reisen in Mexiko (Leipzig 1853), dice as: Las dos montaas ms altas, cuya elevacin sobre la planicie puede ser de mil a mil quinientos pies, han dado a esta comarca el nombre de 'Los Derrumbados', a causa de su escarpada falda. Una montaa ms baja, situada al Noroeste de Tepetitln, se hace notar a causa de los constantes vapores y del humo que se levantan de su -237- cima, los que de noche esparcen hasta lo lejos una luz clara. Este crter es muy activo y de fcil acceso; la gente de los alrededores, como su altura es poca, va all con frecuencia para sudar con el vapor caliente y librarse de muchas enfermedades reumticas y gotosas. Tales son las nicas noticias que he recogido acerca de los baos de vapor de Las Derrumbadas; noticias que me ha facilitado, desde Berln, mi amigo el seor don ngel Nez. El objeto principal de este artculo es la descripcin de Perote, segn puede inferirse del ttulo; as, pues, no me detendr ms en otros pormenores ajenos de aquel lugar. Perote es una poblacin que muere. Su existencia ha seguido las vicisitudes del castillo del mismo nombre, y hoy sus tristes y desiertas calles son nicamente el reflejo de la destruccin y aniquilamiento de la fortaleza. El tiempo y el olvido han hecho desaparecer los datos de la fundacin del pueblo, y slo se ha conservado la noticia de la del convento de religiosos de la Orden de la Caridad, bajo la advocacin de San Hiplito, con el principal objeto de dar hospitalidad a los espaoles pobres que llegaban en las flotas y transitaban por el lugar, erogando los gastos, para llenar este fin, cinco -238- haciendas de labor y once ranchos de las inmediaciones. En 1709 exista ya la Hermandad de los padres hiplitos, y se cree que fueron los primeros pobladores desde tiempo inmemorial y poseedores del terreno que hoy ocupa la poblacin en los desiertos de Pero.
En 1770 fue evacuado el convento, despus de lo cual ste y la iglesia se convirtieron en ruinas. La fecha de este acontecimiento coincide con la de la construccin de la fortaleza, como se ver ms adelante. La poblacin de Perote, antigua Pinahuizapam, pertenece al cantn de Jalacingo, Estado de Veracruz. Su clima es extremadamente fro, marcando el termmetro, en el verano, a las cuatro de la tarde 14 C., segn la nica observacin que pude hacer en mi trnsito por el lugar. Como antes he manifestado, el terreno en que se asienta la poblacin es arenoso y en extremo poroso, de tal suerte, que absorbe por completo el agua que procede de las vertientes del Cofre, impidiendo que establezca su corriente. Perote lleg a tener cerca de cuatro mil habitantes; pero hoy su decadencia es tal, que no llega a mil el nmero de sus moradores. Por todas partes y en todas sus calles se ven casas cerradas, que slo ostentan -239- las muestras de los ramos de su antiguo comercio, y apenas una que otra tienda de abarrotes abre al pblico sus puertas. Hllase situada la poblacin al pie de la falda occidental del Cofre de Perote, a dos mil veinticinco metros de elevacin sobre el mar, en la boca de la sierra; cuya circunstancia, unida a la topografa del terreno, decidi a la construccin de la fortaleza, como punto estratgico a inmediacin del pueblo. La noticia ms antigua respecto de la existencia de este pueblo y de su nombre actual, data del ao de 1542, segn un testimonio de posesin de un lote situado entre Cceres y Perote, mandada dar por el virrey don Antonio de Mendoza a Hernando de Robledo, vecino de Mxico. Que el nombre de Perote fue dado al antiguo Pinahuizapam, inmediatamente despus de la conquista, lo comprueba la siguiente relacin de Torquemada, en su Monarqua Indiana: De esta parte que mira al poniente, volviendo al medioda de estas serranas dichas, hay otras iendo de Mxico a la Veracruz y Puerto de San Juan de Ula, de las cuales la una se llama Sierra del Cofre; porque en lo ms alto de ella est un mogote o cabeo muy sealado que le llaman el Cofre y los naturales de esta tierra le llaman Nappatecutli, que quiere decir: -240- Quatro veces Rey o Seor; al pie de esta sierra hay una agua que la llaman Pinahuitzatl, que quiere decir vergonosa o de vergenza. Otro arroyo hay cerca de este que llaman Temaicalatl por donde toma la sierra estos dos nombres Temazcalapa y Pinahuizapam y en este lugar est ahora situado el Hospital de Perote, el cual nombre cobr del primer espaol que all en aquella parte hizo una venta. Tales son las sucintas noticias que respecto del pueblo de Perote he podido recoger. En 26 de Noviembre de 1763 el Marqus de Cruillas, dirigi al virrey de Espaa una iniciativa para que en el llano fro y reseco de Perote se construyeran por cuenta de la Real Hacienda extensos almacenes para conservar los repuestos de armas, municiones, plvora y harinas, a fin de socorrer prontamente a Veracruz e Islas de Barlovento en casos de guerra.
Las antiguas expediciones pirticas de Lorencillo a las costas de Veracruz y los justos temores de ser stas invadidas por fuerza de la armada inglesa, con cuya nacin se hallaba en guerra la Espaa, inspiraron la idea no solamente de poner en estado de defensa el Castillo de Ula, y la fortificacin de Antn Lizardo para cuyas obras se presupuestaron ms de 2.700.000 pesos, sino de la construccin de la fortaleza de -241- Perote que adems de su objeto principal indicado, se le daba el de poder servir de un lugar seguro de depsito a los caudales que peridicamente se conducan de Mxico a Veracruz. La resolucin definitiva para la construccin de un fuerte y no de simples almacenes, lleg al Marqus de Croix por real cdula de 20 de Noviembre de 1769, aprobando el nombramiento del director de la obra, hecho en favor del ingeniero don Manuel Santiestevan, y comunicando las precisas instrucciones para la mayor ampliacin del proyecto primitivo, pues al rey pareca muy reducido el frente que segn ese proyecto se daba a la fortaleza y por tanto dbil para resistir rudos ataques. Psose mano a la obra en 25 de Junio de 1770, con arreglo al plano formado por su hbil director y bajo la base del siguiente presupuesto: Ps. Cs. Muro principal, excavacin Mampostera ordinaria, diez mil quinientas noventa y ocho varas cbicas Muro principal, 40.311 varas cbicas -242Ciento cincuenta y nueve estribos para cortinas, flancos y cajas Mil trescientos sesenta y dos varas lineales de cordn de un pie de dimetro Siete mil cuatrocientas sesenta y nueve varas cbicas de parapeto Novecientas tres varas cbicas de banqueta Mil cuatrocientas varas longitudinales contraescarpa Quince mil cuatrocientos noventa y dos varas cbicas de mampostera pava levantar el muro de la contraescarpa Cuatro mil doscientas varas cbicas de mampostera ordinaria para el parapeto del camino cubierto 23.413 261 31.794 120.93 3
03
46.478
12.600
Construccin de ocho traversas Excavacin del foso Excavaciones, pies derechos de empuje, costados y pilastras -243- para las bvedas de los edificios interiores Dos mil cien varas cbicas de mampostera de ladrillo para formar la rosca Por mampostera ordinaria de una vara de grueso para el casco de la bveda Muros Cuarteles para la tropa Edificio paralelo a los anteriores Escaleras y corredores para los cuarteles Edificio paralelo a la puerta principal Escalera y corredor para dem Arsenal de artillera Escaleras y corredor para el mismo Almacenes de plvora Muralla de la cerca Aljibes y pozos Puente estable y levadizo Puertas y ventanas con su herraje Estacada Cuatro Garitas para los ngulos Por gastos imprevistos
1.740 6.000
21.152 10.500 12.600 5.412 12.840 12.620 2.776 7.051 1.059 10.402 1.459 4.903 9.092 37.017 650 2.613 13.780 400 100.00 0 ____________ 534.01 7 69 48 48 25 05 40
-244Muy avanzados se hallaban los trabajos de circunvalacin, cuando el ingeniero director crey conveniente hacer una modificacin a su proyecto primitivo, la cual
consista en suprimir el tercer piso de los edificios interiores sustituyndolo con otras obras, para l ms importantes, que sin alterar el presupuesto daban mayor solidez a la construccin. Aprobado ese cambio por el virrey Bucareli en 1771 y a su tiempo por el rey de Espaa, las obras continuaron sin interrupcin hasta el fin de Enero de 1777, en que terminaron, habiendo excedido el total costo de las obras a la cantidad presupuestada en 125.869 pesos 60 granos. Presentado desde luego el plano del edificio, por el ingeniero Santiestevan, y la inscripcin que a juicio de l debiera ponerse en el frontispicio, el virrey Bucareli consult a la Corte de Madrid este asunto, pidiendo al rey su aprobacin. Por comunicacin fechada en Aranjuez el 2 de Mayo del propio ao de 1777 y firmada por el ministro don Jos de Glvez, el rey aprob el nombre de San Carlos dado a la fortaleza, y los de San Carlos, San Antonio, San Jos y San Julin a los cuatro baluartes. Concluido el fuerte, psose desde luego en estado de defensa, abastecindolo de todas las -245- armas y municiones necesarias, conforme al siguiente pormenor: Caones nm. De a " " " " 2 4 1 6 1 2 8 4 6 8 10 12 14 ___ Sumas 50 Caones nm. De a 12 pulgadas De a 9 dem Pedreros Granadas de mano ___ Sumas Caones nm. 9 ___ 15 3 3 3 Cureas 9 10 13 16 18 ___ 66 Cureas 5 5 5 24.000 ______ 26.800 Balas 6.000 8.000 10.000 12.000 14.000 ______ 50.000 Balas 800 2.000
De a 6 De a 3 y 4
12 12 ___
18 18 ___ 36 Armamento
18 18 ___ 36
24
2.500 200 400 500 200 100 1 1 1 300 300 300 500 1.500 200 200 4 12 2
Moldes de bala de fusil para hacer 40 a la vez Moldes de carabina para hacer 40 a la vez dem para pistola tiles y dems pertrechos de artillera Azadas Espiochas Azadones Palas de fierro Palas de madera herrada Hachas de Vizcaya grandes dem de mano Juegos de poleas dem de 2 pulgadas de grueso y 30 varas de largo Gatos o cres
Aun cuando en el recinto de la fortaleza, segn la amplitud que se le haba dado, podan maniobrar diez mil hombres, no se pertrech, sin embargo, sino con lo estrictamente necesario a un tren de campaa que pudiera moverse pronta y oportunamente. La importancia del fuerte como punto estratgico, debe de ser muy poca cuando hemos presenciado siempre su abandono en circunstancias crticas para la Repblica. Nunca nuestras armas han contenido en ese punto a las huestes extranjeras que han invadido el territorio nacional, y slo en los anales de su historia se registran pocos hechos notables referentes, unos, a la guerra de la independencia, y otros, a nuestras contiendas civiles. Todos los esfuerzos hechos por el general La Llave, para destruir la fortaleza y no entregar a las fuerzas intervencionistas sino solamente sus ruinas, se estrellaron ante la solidez del edificio. La destruccin de un baluarte y de la Santa Brbara, fue lo nico que se logr con tan empeoso afn, y para lo cual hubieron de consumirse algunos quintales de plvora. La fortaleza de Perote, presenta hoy el ms triste aspecto de desolacin. Su vestbulo abovedado y ennegrecido, su amplio y solitario patio, cuyo pavimento enyerbado cubre profundos y -248- extensos aljibes, sus escaleras destruidas, sus innumerables subterrneos y paredes derruidas; sus muros, troneras y banquetas mohosas, y en fin, sus fosos desecados, todo infunde la mayor tristeza. El viajero puede hacerse la ilusin de creerse trasportado al destruido castillo de algn seor feudal, y que cada una de aquellas ruinas es un trofeo de victoria de la civilizacin contra la barbarie. Un trofeo ms halagador y ms grandioso puede alcanzar la cultura de nuestro gobierno con la restauracin del edificio, y su dedicacin a una penitenciara. Yo as lo espero, y me atrevo a iniciarlo ante quien corresponda. Mxico 24 de Julio de 1874.
Un paseo a Jalapa
Al seor don Sebastin Lerdo de Tejada
Rodeando la ancha falda del Nauhcampatepetl o Cofre, se sigue el camino que de Perote conduce a Jalapa, entre cuyas poblaciones se interpone la inmensa mole de esa montaa. A medida que se avanza desaparecen las llanuras y se presentan los terrenos fragosos de la Sierra Madre oriental. Al abandonar las extensas planicies de Perote se penetra en el monte, donde se ven los ocotes elevando erguidas sus copas, en medio de los renuevos que por todas partes brotan en cantidad innumerable. Los terrenos ms y ms accidentados, no ofrecen al viajero, a primera vista, cosas notables y dignas de su atencin, sino uno que otro pueblo de poca importancia y -250- algunas ruinas de edificios, que en otro tiempo fueron las oficinas de alguna hacienda de labor. Ante esos
muros derruidos, rodeados de tierras incultas, y en presencia de las cruces que de trecho en trecho se levantan a los lados del camino, como otras tantas seales siniestras de nuestras contiendas civiles, que por fortuna han desaparecido, el nimo del viajero adquiere la tristeza que naturalmente engendra la desolacin, impidindole contemplar las maravillas de la naturaleza. Cree el viajero que bajo cada uno de esos rsticos monumentos reposa una vctima, que por bveda sepulcral slo tiene el frondoso follaje de los lamos y por oracin fnebre el ruido del viento que zumba entre los matorrales. nicamente piensa en la distancia que le falta que recorrer para llegar a las Vigas, poblacin que se asienta en el ancho collado que en este lugar forma la cresta de la cordillera. Desde esta poblacin, el camino desciende hacia las costas de Veracruz, y desde l la vista puede contemplar los ms esplndidos y extensos panoramas. Vese primeramente la Hoya, pueblo pequeo cuyo casero se levanta en el fondo de un profundo y estrecho valle, y cuya vegetacin propia de las zonas templadas, se presenta extremadamente bella y revistiendo las faldas de las montaas. Desde la cuesta de San Miguel del -251- Soldado, la vista descubre una bellsima y repentina hondonada con el suelo erizado de eminencias y surcado de barrancas. Tan extensa, tan profunda es esta violenta depresin, que la vista confunde sus accidentes y apenas percibe dbilmente el variado colorido que al suelo dan las plantas y las rocas. De la falda del Nauhcampatepetl se desprende una corriente de lava escoricea, que por todas partes forma colinas y profundsimas grietas; los intersticios, con el trascurso del tiempo, se han cubierto de tierra vegetal, de la cual han nacido plantas y aun rboles corpulentos, presentando en su conjunto esas masas de rocas y vegetales el aspecto ms extraordinario. La corriente volcnica se dirige al Este y contina sin interrupcin hasta la costa, formando en el mar, segn se cree, los arrecifes Boquillas de piedra. El ro Sedeo nace en la montada del Cofre, al Poniente de Jalapa, pasa al Norte y se pierde bajo la lava en terrenos del Paso del Toro, continuando su curso subterrneo hasta el Descabezadero, cuatro leguas poco ms o menos de distancia, para brotar de nuevo, formando una cascada de 20 a 24 metros de altura. En este lugar da principio el ro de Actopan, que contina su curso hasta el mar, formando al desembocar la barra de Chachalacas. El fondo de esta caada es todo de lava roja y arena, constitucin -252fsica de que proviene la circunstancia que paso a indicar. Existen en Tlacolula unas horadaciones naturales y verticales, por cuyo fondo corre el agua del ro sin obstculo alguno; pero en tiempo de lluvias, no siendo suficiente la cavidad interior para contener el agua de las fuertes crecientes, brota aqulla al exterior por dicha horadacin y establece su curso por la superficie, de manera que se establecen dos corrientes sobrepuestas. Varios arroyos y ros se renen antes del Descabezadero, y as como el ro Sedeo, ocultan su corriente en varios lugares, por la extremada porosidad del terreno. El camino de Jalapa ofrece todos los encantos de una naturaleza lozana y los ms esplndidos paisajes. Las feraces comarcas de la tierracaliente se extienden a lo lejos revestidas de su brillante vegetacin tropical, y las montaas y colinas se suceden determinando el carcter spero del terreno. La extensa caada de Actopan se presenta en lontananza con su aspecto tenebroso, y en vano la vista se esfuerza por escudriar el fondo de aquel abismo. La circunstancia que paso a indicar me impide no slo describir, ni aun enumerar, tantas bellezas naturales come las que en esos lugares sorprenden al viajero continuamente.
Al descender la cuesta de San Miguel, densos -253- nubarrones amenazaban verter el agua a torrentes, obligndome a apresurar la marcha e impidindome contemplar los bellos paisajes que por todas partes se presentaban a la vista. El que no ha presenciado una tormenta en el corazn de una sierra, no puede concebir ni la ms ligera idea de un espectculo tan sublime como imponente, espectculo que domina el nimo aterrorizado y acaba por inspirarle la ms profunda admiracin. Los nimbus, de siniestro y sombro aspecto, avanzan por las altas regiones atmosfricas, con movimiento rpido y vertiginoso, ocultando el cielo poco antes despejado. Los relmpagos y los truenos se suceden como precursores de la tempestad; espantadas las aves vuelan precipitadamente para albergarse en las profundas grietas de las rocas, y en vano el caminante busca afanoso algn lugar que le d un seguro asilo contra el deshecho temporal. El rbol ms corpulento se doblega a impulsos del huracn, cediendo muchas veces al irresistible poder del desencadenado elemento, y al dividirse, su aoso leo cruje fuertemente cual si lanzara un gemido el gigante de la selva. Nada en su cada lo detiene, y al desgajarse troncha y derriba con estruendo los rboles que le cercan. El estampido del rayo, la repercusin en las montaas de su estridente sonido, el movimiento ondulatorio -254- del follaje agitado por el aire, los rugidos del viento, y el agua que en cataratas se desprende de las nubes inundando el suelo y corriendo precipitadamente en encontradas direcciones por los pliegues y quiebras de la montaa, todo se combina all para hacer ms imponente el fragor de la tempestad. Pasada la tormenta, el viajero, libre de su natural pavor y sobresalto, puede contemplar una atmsfera lmpida y trasparente que colora de un bellsimo azul el cielo, y permite distinguir netamente el relieve de las montaas lejanas con la fresca y brillante vegetacin que las reviste. Los impetuosos torrentes disminuyen lentamente su caudaloso volumen, convirtindose luego en delgados hilos de cristal. Las bellsimas frases musicales de la Pastoral de Beethoven no reconocen ciertamente otra fuente de inspiracin que esos sublimes espectculos de la naturaleza. *** Asentada sobre la ancha falda del Macuiltepec y en pintoresca y potica posicin, se descubre de improviso la bella Jalapa, que por sus bosques y jardines se presenta como un rico vergel, en medio de las selvas veracruzanas. Los azahares y liquidmbar impregnan el ambiente -255- con sus gratsimos aromas, que a cada momento se renuevan, conducidos de los bosques a la poblacin por las rfagas del viento. Antes de penetrar en tan bella mansin, que algn poeta ha llamado nido de palomas, permtaseme dar una ligera idea de las impresiones que se reciben al contemplar desde la cumbre del Macuiltepec, los ms pintorescos paisajes. Distnguese por el Norte el cnico cerro de la Magdalena y la sierra de Chiconquiaco, cuyos primeros escalones se forman por los altos lomeros de la Banderilla y de la hacienda Lucas Martn; al Poniente, los cerros de San Salvador y Molino de San Andrs; al Sudoeste, el Nauhcampatepetl, elevada montaa coronada por el precioso Cofre, monolito de prfido, y cuyas escalonadas eminencias, engalanadas
con la ms exuberante vegetacin, ofrecen distintos trminos de una hermosa perspectiva. Al pie de la montaa se extiende el ameno paisaje que forman las florestas del bien poblado Molino de Pedreguera. Si se dirige la vista en torno del horizonte, se fija de preferencia en los hermosos panoramas que se desarrollan por el Sur, Este y Sureste. Hacia el primer rumbo, los ramales que se desprenden de la Sierra-Madre avanzan en sucesin gradual hacia las costas, distinguindose con claridad, enclavadas alternativamente, las colinas y caadas -256- opuestas, de tal suerte, que pueden seguirse con la vista las ondulaciones de las extensas barrancas que surcan el terreno. En el primer trmino de ese paisaje se extienden los feraces terrenos de Xico, Teocelo y Coatepec, y en el ltimo la erguida y nevada cumbre del Citlaltepetl, con los labios de su crter perfectamente determinados. Muchas veces, las nubes se aglomeran en la cumbre en forma de inmensas humaredas, y al robar stas al sol sus tintes rojos, presentan la montaa cual si se hallase agitada por una erupcin desastrosa. Con la ausencia de las nubes desaparece tan ilusorio cuanto imponente espectculo para dar lugar al real, fro y sereno aspecto de la montaa, que destaca su mole colosal y brillante ante su lmpido cielo. A lo lejos apenas se dibuja la sierra de Huatusco, cuyo indeciso color se confunde con el azul blanquecino del cielo cerca del horizonte. La feraz y hermosa caada de Actopan, se presenta al Oriente del Macuiltepec como un insondable abismo, limitada al Noreste por la sierra de Misantla, que se levanta dominante, reflejando la luz del sol para hacer mayor su contraste con el sombro y lbrego aspecto que ofrece la profunda barranca. Hacia el Noreste y salvando la caada, se distingue el Salto y pueblo de Naolinco, que por la -257- distancia aparece coronando los cantiles de la sierra. Por ltimo, deprimindose el terreno por el Sureste, la vista puede dilatarse hasta el mar, trmino, por ese rumbo, del horizonte de Jalapa. El hacinamiento de los edificios de esta ciudad en el inclinado plano que forma la falda del Macuiltepec, da a la poblacin el bellsimo aspecto panormico de todo lugar que tiene su asiento en un terreno extremadamente accidentado. Los bosques de liquidmbar, de jinicuiles y de otras plantas aromticas, constituyen las barreras naturales de la ciudad, formando, como el Monte de Pacho al Sur de ellos, sus ms deliciosos paseos. La poblacin, en su interior, revela el buen gusto de sus habitantes. Muchas de las casas son de dos pisos, y de buena apariencia las que limitan la calle principal y la del Calvario, encontrndose en esta ltima el edificio del hermoso Casino, en donde peridicamente tiene sus tertulias la alta clase de la sociedad. La plaza principal, aunque pequea, es hermosa y se halla limitada al Sur por el palacio del gobierno del Estado, y al Noreste por la catedral; edificio que, aunque nada notable revela en su arquitectura, conserva cierta armona con el resto de los edificios. Un precioso jardn, con asientos -258- y senderos de mrmol y engalanado con bellsimas plantas y flores, ocupa la parte central de la plaza, constituyendo un paseo de los ms agradables, particularmente en las noches de luna.
El cerrado bosque de Pacho al Sur de la ciudad, con sus arboles de liquidmbar, jinicuiles y muchas plantas de aromticas flores, es uno de los sitios ms pintorescos y amenos. Pocos lugares ofrecern tantos encantos como la bellsima caada que recorre el camino que de Jalapa conduce a Coatepec; aqu el liquidmbar ostenta su verde follaje ms o menos brillante, segn est o no directamente iluminado por los rayos del sol o tan slo por la luz difusa, cubriendo por completo, casi con exclusin de otros rboles, cerros y colinas. La festonada bveda de verdura, bajo la cual avanza en su camino el viajero, intercepta los ardientes rayos del sol, conservando fresco y delicioso el ambiente. Algunas corrientes cristalinas se deslizan en la espesura del bosque, ocultndose unas veces entre los matorrales, y brotando otras de las hendeduras de las rocas. Los helechos, bajo la fresca sombra de los rboles, muestran en su rica variedad las ms gallardas formas; y por ltimo, las aves interrumpen el silencio de la selva con su incesante gorjeo, y animan con su presencia aquella tan rica como risuea floresta. -259El clima de Jalapa es templado, agradable y sano. El termmetro, a principios del verano, marca: A las ocho de la maana A las doce A las dos de la tarde A las siete de la noche 20 25 25 20 C.
Si las bellezas naturales de la encantadora Jalapa causan la admiracin del viajero, sta crece al contemplar la poblacin bajo el punto de vista del orden social. La educacin de la mujer, la instruccin pblica y la civilizacin de la clase obrera, constituyen en Jalapa la base ms slida en que puede afirmarse su futura prosperidad. La virtud sin ostentacin, la afabilidad sin coquetera y la instruccin sin vanidad, son los caracteres distintivos de la mujer de Jalapa, en la que se adunan los ms finos modales a la franqueza veracruzana. De esa educacin que engendra en la madre de familia elevados sentimientos, ha nacido el desarrollo de la instruccin pblica, y del progreso intelectual la ilustracin del pueblo. Hermosa cadena de inestimable precio, cuyos eslabones extremos son la elegante dama y la lavandera de Jalitic y de Techacapa! -260Entre las buenas circunstancias que fueron la causa de mi atenta observacin en Jalapa, una de ellas se refiere al desarrollo que en la poblacin ha adquirido la instruccin pblica. Una ley sabiamente meditada por la junta de directores de los colegios del Estado, y decretada por la legislatura del mismo, declara obligatoria la instruccin primaria, ordenando el establecimiento de una escuela de nios y otra de nias por cada dos mil
habitantes en todas las poblaciones del propio Estado, as como el de una cuando menos, en todo lugar de algn movimiento industrial o mercantil. La misma ley impone a las autoridades polticas y municipales la obligacin de establecer escuelas en las crceles y prisiones, y recomienda por ltimo, a los hacendados y a los dueos de fbricas y talleres, igual procedimiento en sus fincas, a fin de que en ellas reciban la instruccin primaria los hijos de los jornaleros. Constituyeron la junta para la formacin del proyecto de ley de instruccin pblica los seores don Silvestre Moreno Cora, Rector del colegio de Orizaba; don Esteban Morales, Rector del de Veracruz; licenciado don Jos Mara Mena; presbtero don Jos de Jess Carbajal, Rector del colegio de Crdoba; licenciado Manuel Alba, del de Jalapa, y don Miguel Chzaro, Rector del de Tlacotalpam. -261La enunciacin de los nombres de las personas que formaron esa junta, convocada por el ilustrado gobernador don Francisco de Landero y Cos, basta por s sola para infundir una plena confianza respecto a sus trabajos. Al recorrer las calles de la ciudad fijaron mi atencin las multiplicadas inscripciones de colegios que se leen a cada paso, pertenecientes unos a particulares y otros al Estado. Desde luego naci en m el deseo de investigar la extensin de las materias de enseanza y el adelanto de los alumnos, a cuyo efecto me propuse visitar el mayor nmero de escuelas que me fuera posible, empezando indeterminadamente por la primera que se me ofreciera al paso, y sta fue la que tan acreditadamente dirige el profesor don Juan E. Longuet. Los modales afables y corteses de este caballero, me inspiraron la mayor confianza animndome a exponerle mis deseos, que en el acto fueron satisfechos. Al penetrar en aquel modesto santuario de la inteligencia, reinaba un profundo silencio, que slo interrumpa el chirrido que sobre el papel producan las plumas de los alumnos; silencio y quietud que fueron para m el primer indicio del buen orden all establecido. Los dibujos y las planas que se mostraban revelaban el adelanto de los alumnos; pero ms que todo, el anlisis -262- prosdico que todos ellos, sin excepcin, hicieron de un aplogo. La seguridad empleada por el profesor en sus preguntas, y el aplomo con que los alumnos las contestaban, me demostraron el buen mtodo del profesor y la inteligencia de sus discpulos. Del colegio del seor Longuet pas al Instituto Literario que dirige el profesor don Guillermo D. Muiz, y excusado es decir que en ese establecimiento observ el orden establecido, el buen mtodo de enseanza y el adelanto de los alumnos, al nivel del colegio del seor Longuet. Las mismas circunstancias concurren en el Instituto Jalapeo, del profesor don Jos Mara Hoz, y en los establecimientos de nias que dirigen las inteligentes seoritas Rosario Martnez y Juana Molina. El justo temor de hacer difuso un artculo que ms bien tiene el carcter de descriptivo que de estadstico, me impide dedicar una resea especial a cada uno de los establecimientos de instruccin pblica de Jalapa. La visita que de muchos de ellos hice,
sin eleccin determinada, y los adelantos de todos demostrados, inducen a creer que los dems establecimientos deben manifestar iguales ventajas. Sin embargo, imposible me sera guardar silencio respecto del colegio preparatorio que actualmente sostiene -263el Estado. Fundose el colegio en 1843, bajo los auspicios del Gobierno general, por el licenciado don Antonio M. Rivera, antiguo magistrado del tribunal superior del Estado. Las vicisitudes polticas obligaron a los directores del Instituto a cerrar sus aulas en distintas pocas, entorpeciendo los progresos que desde su fundacin se haban iniciado. Reorganizado bajo la administracin del seor Hernndez y Hernndez, con la denominacin de Colegio del Estado, ha continuado difundiendo, sin interrupcin alguna, la ms slida y til enseanza bajo la inteligencia y afanosa direccin de su actual rector el licenciado don Manuel M. Alva. Las materias que se cursan en el referido colegio, son: primero y segundo ao de latn, matemticas, gramtica, lgica, ideologa, geografa, historia, derecho constitucional, moral, dibujo, idiomas francs e ingls y msica vocal e instrumental, hallndose establecidas adems, conforme a la citada ley, clases nocturnas de primera enseanza para adultos. A los esfuerzos del benemrito seor don Antonio Mara Rivera, fundador del colegio, se debe el establecimiento, en el mismo Instituto, de una biblioteca pblica. Rstame slo hablar de la clase obrera. Si bien es cierto que en otros lugares de la Repblica -264- los artesanos honrados, rindiendo culto al saber y la caridad, han formado asociaciones ms o menos numerosas, la que en Jalapa se form por iniciativa de los ciudadanos Miguel Ortega y Andrs Villegas, ambos carpinteros, no tiene ejemplo, as por sus nobles fines como por las bases de su institucin. La Sociedad de Artesanos y Agricultores de Jalapa se estableci en 1. de Junio de 1867, y desde esa poca la constancia de sus miembros y el exacto cumplimiento de los preceptos reglamentarios, han influido de una manera notable en la prosperidad de la asociacin. sta tiene por objeto la creacin de un fondo especial que gira mercantilmente, y a cuyos gananciales tienen derecho los socios contribuyentes que han enterado ntegra su accin de 50 pesos. Un reglamento previsivo determina la manera de hacer las devoluciones equitativas por falta de cumplimiento al contrato. La Sociedad no se ha limitado a este fin: sostiene un Casino, en el cual se han llenado las exigencias de la civilizacin actual. En el vasto y cmodo saln principal celebra sus sesiones ordinarias la Junta Directiva, se efectan mensualmente las tertulias familiares de los socios, y se dan por los mismos lecturas semanarias sobre un punto determinado, el cual se somete a discusin. Los dems departamentos se hallan destinados -265- a la biblioteca, salas de lectura, clases de gramtica, aritmtica, geografa y dibujo, y a los billares y cantina, de suerte que nada falta all para la instruccin y recreo de los socios. Los bailes dados por los artesanos sorprenden verdaderamente al que por primera vez concurre a ellos. Los trajes, la compostura, la decencia, todo refleja en las familias de aqullos la buena educacin y el acatamiento a las conveniencias sociales.
*** Al observar la decadencia actual de Jalapa y su reducido comercio, intilmente se procura investigar las causas que tan directamente se oponen al engrandecimiento de un pueblo que, como el de que se trata, se encuentra en tan bellas condiciones de prosperidad. En mi concepto, esa decadencia, por la razn expresada, no puede menos que ser transitoria; la va frrea de Jalapa reanimar dentro de poco el vigor amortiguado de un pueblo que para su bienestar cuenta con sobrados elementos. Cuatro fbricas industriales existen en Jalapa, y de ellas dos merecen citarse por su grande importancia. Una, llamada La Libertad, se halla situada en el lugar del antiguo Molino de Pedreguera; es de la propiedad del seor don Bernardo -266- Sayago, el infatigable industrial y promovedor de las mejoras materiales. Aplicada como fuerza motriz el agua que proviene particularmente de las lluvias, las labores de la fbrica se hallan sujetas a la periodicidad y eventualidad de aqullas, y sin embargo, los operarios, durante la paralizacin de los trabajos, continan percibiendo sus jornales, ocupndose en el acopio de materiales, y emplendose, como albailes y canteros, en la construccin de casas en las inmediaciones de la fbrica, erigiendo una bonita y moderna poblacin. La otra fbrica, con el nombre de Industria Jalapea, se halla ubicada en los terrenos ms bajos de Jalapa, en el lugar llamado el Dique, desde el cual la ciudad presenta el ms hermoso panorama. Dbese a los esfuerzos combinados de los seores don Rafael Martnez de la Torre y don Agustn Serdn la completa restauracin de la fbrica. A fin de evitar la paralizacin de los trabajos, se ha establecido una hermosa mquina de vapor que funciona durante la escasez de las lluvias. Entre las mejoras que su activo y emprendedor propietario ha introducido en el establecimiento, ocupa el primer lugar la creacin de una escuela de instruccin primaria, obligatoria para los hijos de los operarios. -267Jalapa debe felicitarse por tener al frente de su industria a los seores Martnez de la Torre, Sayago y Serdn. *** Doy fin al presente artculo, manifestando los datos relativos a los principales productos agrcolas, los cuales revelan la importancia del rico cantn de Jalapa, aun cuando el cultivo no est actualmente en relacin con la fertilidad del suelo: Algodn Tabaco Chile seco Frijol 1.000 qs. al ao 15.000 arrobas 2.000 arrobas 4.120 fanegas $4.000 18.750 4.000 8.240
Lea Maz Caf Palma Vainilla Pepita pipin Madera Cebada Ocote Papa -268Verdura Frutas Paja Pastura Purga Mxico Agosto, 1. de 1874.
148.130 tareas 60.500 cargas 200 quintales 100.000 docenas 10 millares 1.000 fanegas 26.440 trozos 1.225 cargas 7.200 dem 1.000 dem
111.097 121.000 3.200 25.000 500 1.500 10.576 3.675 5.400 5.000
5 0
6.640 dem 9.600 dem 1.500 dem 18.000 tercios 2.400 arrobas
Parte primera
Pirmides egipcias
Las pirmides egipcias y las que existen en el territorio mexicano, particularmente en las cercanas de Teotihuacn, tienen tantos puntos de analoga, que cuanto ms detenidamente se estudian unas y otras, robustecen ms la opinin generalmente -270admitida de la antigua comunicacin entre los habitantes de ambos mundos. El
arquelogo francs monsieur Medeah cree que no hay conexin ninguna entre unos y otros monumentos; mas para m, su juicio es infundado por descansar en simples conjeturas, y adems, en este asunto, si es algo aventurado el emitir una opinin en pro de aquel aserto, lo es an ms el asentar en contra una proposicin definitiva. El estudio actual se reduce a comparar la forma, construccin, objeto y dems circunstancias similares de esas obras notables que en ambos hemisferios se conservan a pesar del trascurso de los siglos. Para que esas comparaciones sean ordenadas y puedan apreciarse ms fcilmente, me propongo hacer la descripcin de las pirmides egipcias y mexicanas por medio de prrafos correlativos, marcando con unos mismos nmeros romanos los que se refieran a cada particularidad de la misma naturaleza, con el fin de hacer ms palpable el paralelo. I Alrededores del Cairo. Descripcin del terreno
El Nilo, clebre ro de frica, cuyo nacimiento ha permanecido desconocido durante muchos siglos, a pesar de los esfuerzos y de las investigaciones -271- de los gegrafos16, entra al Egipto por Asuan, antigua Siena, en donde forma la isla Elefantina, clebre por el nilmetro que en ella se encontraba y serva para indicar la futura inundacin. El Nilo comienza a crecer insensiblemente cada ao a la entrada de Junio, hasta que en el solsticio de esto se nota el aumento de sus aguas, el cual contina hasta fines de Agosto. El terreno por donde pasa el ro es estrecho, y va ensanchndose a medida que se acerca a su famoso Delta. La cuenca de este ro es angosta hasta el Cairo, y cuenta apenas en algunos lugares de 2 a 5 leguas de anchura, y en el bajo Egipto unas 50, hallndose limitadas al Este y Oeste por varias cadenas de montaas. Su curso es impetuoso en algunos lugares, segn los accidentes del terreno, formando muchas cascadas de renombre, aunque en realidad son de poca consideracin, pues apenas llega su altura a dos o tres metros. Este ro est sujeto a fuertes crecientes como se ha indicado antes, que producen desbordamientos, de manera que las aguas, depositando sus lamas a uno y otro lado de las mrgenes, -272- fertilizan el terreno, formando contraste con la aridez de los adyacentes. Al Norte, y cerca del Cairo, el ro se divide en dos brazos formando el Delta; el oriental o Diameta descarga en el Mediterrneo, cerca de la poblacin de Diameta, y el occidental o Roseta, cerca de la poblacin as llamada. El terreno comprendido entre ambos brazos, o sea el Delta, es el ms frtil y el ms bien cultivado del Egipto. Antiguamente el Nilo tena siete bocas principales por donde desaguaba al mar; pero hoy, a causa de encontrarse obstruidos los canales por la arena, no cuenta ms de las dos mencionadas. Para dar una idea ms exacta del aspecto del Egipto, oigamos a monsieur Rozzier, individuo de la comisin francesa, explorador de los monumentos egipcios: Son en extremo pintorescos los contornos de Siena y de las Cataratas; pero el resto del Egipto, especialmente el Delta, es tan montono que acaso sera imposible encontrar otro parecido... Los campos del Delta ofrecen tres cuadros diversos, segn las tres estaciones del ao egipcio. Principiando por la mitad de la primavera, no se muestra ms que una tierra gris y pulverulenta, con tan profundas grietas, que apenas osara uno
recorrerla. En el equinoccio de otoo se ve una extensin de agua roja y sucia y entre la -273- cual se elevan palmeras, pueblos y angostos diques para las comunicaciones; retiradas las aguas, que poco tiempo se sostienen a aquella altura, hasta fines de la estacin, no se ofrece a la vista ms que un suelo negro y fangoso. En el verano despliega la naturaleza su magnificencia; entonces la frescura, la fuerza de la nueva vegetacin, la abundancia de los productos que cubren la tierra, superan a cuanto se admira en nuestros ms afamados pases. Durante aquella bienaventurada estacin, es el Egipto, de un cabo al otro, una magnfica pradera, un campo de flores y un ocano de espigas, cuya fertilidad hace ms notable el contraste de la aridez absoluta que le rodea. El Cairo, actual capital del Egipto, se halla situado a un cuarto de legua de la margen derecha el ro Nilo y al Sureste de su bifurcacin para formar el Delta. La cuenca del ro es en este lugar de una y media a dos leguas de ancho. El terreno frtil est cultivado y tiene hermosos jardines. Frente al Cairo, atravesando el Nilo, se encuentra Gizeh, ciudad triste y mal construida, pero a la cual dan alguna agradable apariencia las palmas de dtiles, los sicomoros y olivos, y su hermoso palacio rodeado de jardines. Cerca de Gizeh, se encuentran las famosas pirmides que son el objeto de este artculo. Su -274- situacin no es en la parte frtil del valle del Nilo, sino en la estril, arenosa y ms elevada que por el occidente lo limita, de tal manera, que las bases de las pirmides han desaparecido bajo las arenas del desierto. Ms al occidente se encuentra la cadena Lbyca.
Tanto en el Egipto como en la Nubia encuntranse a las mrgenes del Nilo multitud de pirmides, aunque no todas tienen la importancia de las de Gizeh, y de stas, cuatro son las de mayores dimensiones: la principal, llamada de Cheops, por atribuirse su construccin al monarca Egipcio as llamado, la de Chephren y Myserinus por igual motivo, y la cuarta o de Filista, que no es tan notable como las anteriores. Aun cuando para mi objeto es intil extenderme a otras materias que no sean las indispensables al paralelo que me he propuesto seguir, creo conveniente tratar de todas las que se refieran, por curiosas e interesantes, a las pirmides egipcias. El gegrafo dans Malte-Brun, nos dice respecto de la etimologa de la palabra pirmide, -275- que algunos sabios creen que ha sufrido alteracin al trasmitirse de los egipcios a los griegos y otros que viene de estos ltimos. Los rabes llamaban a una pirmide Haram en lengua copta; la palabra Khrom significa fuego, y como entre los egipcios la palabra pi era un artculo, debieron decir pikhrom, el fuego, de donde viene la palabra griega piram, y que ms adelante se
convirti en pyramys (pirmide en espaol). La palabra indica la circunstancia de estar consagradas las pirmides al sol. Volney cree que los griegos tomaron la palabra de los egipcios; que stos llamaban a una tumba bour, lo mismo que en Palestina. Los griegos cambiaban la b en p, y aadan una terminacin de su propio idioma, y en lugar de bour, decan pour-amis; y despus pyramis. En las obras modernas se asienta que a esos monumentos se ha dado el nombre de pirmides por su semejanza con la llama de una buja. Por ltimo, Csar Cant incluye en su preciosa historia la nota siguiente: Los griegos tomaron el nombre de pyrmide de , fuego, o de , trigo, y solcitos de inventar una historia sobre una etimologa, dedujeron aqulla de la semejanza con la llama, y sta, de suponerlas destinadas para graneros. Las anteriores lneas manifiestan las diferentes -276- conjeturas ms o menos probables respecto de la idea que gui a los constructores de los monumentos de que tratamos para darles la forma piramidal. Sin embargo, existen circunstancias muy notables que hacen concebir otra idea con ms viso de certidumbre. Los habitantes del Egipto medio, a imitacin de los de Tebas, comparaban la vida humana a la carrera del sol, y abran las sepulturas en las montaas situadas hacia el Ocaso, para demostrar que all era el trmino de la vida humana. La cadena Lbyca se halla distante de las mrgenes del Nilo y de las grandes poblaciones antiguas; tal vez por esta circunstancia concibieron la idea de construir montaas artificiales al Occidente y ms prximas de los centros de poblacin. Los cuartos interiores y galeras de las pirmides pueden muy bien ser la representacin de las grutas y sus senderos. Por todas estas razones creo que la forma piramidal de los monumentos de que hablamos, proviene ms bien de que los egipcios construan sus monumentos sepulcrales a imitacin de montaas. En Teotihuacn se nota igualmente la situacin de las pirmides al Occidente del terreno en donde se encuentran vestigios de una antigua y grande poblacin.
Las pirmides de Egipto, segn se manifiesta en la lmina primera, presentan una superficie unida en sus faces y terminando en punta; pero realmente no es as. Estn formadas de una sucesin de pirmides truncas, colocadas unas sobre otras, de mayor a menor, dejando entre una y otra un escaln, de manera que van ascendiendo sucesivamente por gradas hasta la cima, que es una meseta. Las faces o caras de las pirmides corresponden exactamente a los cuatro puntos cardinales; sin embargo, las pirmides de Etiopa no se encuentran exactamente orientadas como las que se admiran
en Egipto. La mayor de las pirmides cuenta de 208 a 250 escalones; los autores que he consultado a este respecto, as como acerca de sus dimensiones, estn en completo desacuerdo. Esas gradas facilitan la subida a la cima. Para mi objeto importa tener presente la siguiente circunstancia. Las pirmides de Gizeh no son un tipo inalterable de todas las dems egipcias que se encuentran en la regin del Nilo. A cuatro leguas Sur de stas existen las -278- de Sacarah y Dachour, que se distinguen sobre todo de las anteriores por su construccin de ladrillo. Otras pirmides slo estn formadas de dos o tres gradas, pero que dificultan la subida a cada una de ellas por hallarse separadas de diez a trece metros de altura. En la regin del Nilo, en la Nubia, existen innumerables pirmides, aunque ninguna puede compararse con las de Egipto. La direccin de la lnea en que se encuentran los monumentos, es oblicua respecto del meridiano, segn puede observarse en el plano respectivo.
La mayor parte de los que han escrito acerca de estos notables monumentos, que por su altura y construccin han sido considerados como una de las maravillas del mundo, creen que fueron levantados para servir de sepulcro a los monarcas egipcios, apoyando su opinin el sarcfago de granito encontrado en el interior de la pirmide mayor; pero la circunstancia de haberse hallado la osamenta de un buey en el sarcfago de -279- la pirmide de Chefren es un poderoso argumento en favor de los sabios que creen en el destino religioso dado a estos monumentos. El sabio Langles se adhiere a esta opinin, pues cree que fueron construidas en honor del sol, bajo el nombre de Osiris. Muchos sabios han dado rienda suelta a su imaginacin respecto del objeto de estas construcciones, y adems de las dos opiniones anteriores, que son las ms generales y se fundan en datos, existen otras por las que se pretende, ya que el objeto era puramente cientfico con el fin de perpetuar el sistema geomtrico de los egipcios, o de fijar sus observatorios astronmicos, ya considerndolas como obras de utilidad y sabidura, como diques opuestos en los sitios ms convenientes a las invasiones de las arenas del desierto, y ya, en fin, atribuyendo dichas construcciones a la ambicin y fatuidad de los ricos monarcas. Por ltimo, otros han tratado de probar que esos monumentos eran otras tantas lneas de defensa contra las incursiones de los pueblos vecinos. No solamente los sabios han emitido su opinin respecto de la historia de estos monumentos, sino que aun la fbula ha intervenido con su parte romanesca. Por ser sta
tan curiosa como -280- entretenida, si bien inverosmil, no puedo prescindir de la tentacin de relatar lo que me ensean los autores que he consultado. Agotados los tesoros de Cheops, que construa la pirmide que lleva su nombre, arbitr como recurso el prostituir a su propia hija: una gran piedra labrada por persona, era el precio de tan infame comercio. Refirese igualmente, respecto de la pequea pirmide, que un guila arrebat la sandalia de la hermosa Radopa a la sazn que sta se hallaba en el bao. El guila dej caer tan gracioso calzado en las llanuras de Menfis; el rey, al verlo, se enamor de su duea, ordenando que al instante se la buscase. El Faran vio a la griega y la hizo su esposa, quien, movida de gratitud, mand levantar la pirmide en el mismo sitio en que haba cado su sandalia. Por ltimo, otra de las versiones proviene de la interpretacin que un anciano del monasterio cristiano de Kalmoun hizo de un libro escrito en caracteres desconocidos. En ese libro se haca mencin de las observaciones celestes para la construccin de las pirmides, y adems, contaba all la prediccin de que la tierra sera sumergida. En consecuencia, un rey de Egipto, llamado Sourid, hijo de Salhoud, hizo construir una tumba para l y otras dos para su familia. -281He presentado las diferentes opiniones que se han dado a conocer acerca de estas construcciones; pero, en mi humilde juicio, creo que ellas tienen dos objetos: el religioso y el de servir de sepulcro a los monarcas. Bajo del sarcfago en que se deposit el buey, smbolo de la divinidad, que prueba el fin religioso, se encuentra, como veremos ms adelante, un pozo vertical y profundo con otras galeras interiores; tal vez es la va que conduce a algn sepulcro, pues segn la creencia ms generalizada, las galeras, laberintos y rampas que existen en el interior de las pirmides, acaso no tienen otro fin que el de ocultar mejor los despojos mortales de un monarca. Nuestras catedrales han sido santuarios a la vez que criptas de las dignidades de la Iglesia, y algunas veces de los altos personajes del Estado. Esta costumbre de depositar en lugar sagrado a los muertos, la hallamos en todos los tiempos y en todos los pueblos. Por ltimo, confirma la idea de ser las pirmides sepulcros de altos personajes, la circunstancia de hallarse cercados de monumentos fnebres de menos importancia. Para explicar la diferencia de dimensiones entre las pirmides, se cree que desde el momento en que un monarca se hallaba investido del poder, los egipcios se encargaban de hacer su sepultura, -282- a la que llamaban la morada eterna. Se construa la base cuadrada en la roca, y sobre ella se iba levantando la pirmide, unas veces por capas horizontales, otras por capas inclinadas, pero conservando siempre la forma piramidal. De ao en ao, durante la vida del Faran, se adelantaba la obra aumentando la base y las capas para dar mayor volumen a la pirmide, hasta que muerto aqul, se suspendan las obras de ampliacin y se violentaba el trmino del monumento, de cuya circunstancia resultaba que cuanto ms largo era el reinado del monarca, mayores eran las dimensiones de su monumento sepulcral.
Campo vasto es por cierto el de las hiptesis, en donde puede lanzarse atrevida la imaginacin. Mahmoud-Bey, astrnomo distinguido del virrey de Egipto, observ en la pirmide de Cheops que los rayos de la hermosa estrella Sirio, al llegar sta a su punto ms culminante, caan casi perpendiculares a la luz austral de la pirmide, y esta circunstancia fue para l una revelacin. Las pirmides deban estar consagradas a alguna divinidad astrolgica, representada por la refulgente estrella del Can Mayor. El perro representaba (Figuier.- Ao cientfico, sptimo ao) al dios Sothis, el juez de los muertos, a quien se daba la figura de Cynocfalo, es decir, de -283- hombre con cabeza de perro. El dios Sothis, bajo la forma de chacal, condenaba a los malos a penas eternas o al infierno; y entonces se constitua en el dios infernal Typhon, llamado Ceth en lengua egipcia, lo que quiere decir astro o perro; los griegos pronunciaban Soth y Sothis, de donde se deriva el nombre Sirio, estrella principal de la constelacin del Can Mayor. As, pues, Sothis, Cynocfalo y Ceth, es siempre el Perro Celeste, cuya alma e inteligencia est representada por la estrella Sirio. El perro Anubis, o sea el Mercurio egipcio, y Toht, o el gran Hermes, son igualmente la representacin del Perro Celeste en la mitologa egipcia. El smbolo que designa a Sothis se encuentra las ms veces unido a la figura de la diosa Isis, a quien en todo tiempo Sirio estaba consagrado. No cabe duda, por tanto, que esta estrella sea la representacin del dios de los muertos. Segn los principios de la astrologa, Sothis, para juzgar el alma del cuerpo depositado en la pirmide, deba aparecer en el punto ms culminante de su carrera, en todo su poder y majestad; porque la accin de un astro respecto de un objeto sometido a su influencia, es tanto ms poderosa, cuanto ms directos son los rayos que le enva, y de este razonamiento se dedujo la consecuencia -284- de que al construirse la pirmide, los rayos de Sirio debieron caer perpendicularmente a su faz austral, condicin por medio de la cual, fcil era calcular la edad de las pirmides. La latitud de Gizeh es de 30. La distancia polar de Sirio es hoy de 106 31'. Su distancia al horizonte Norte es de 136 grados y medio en el momento de pasar por el meridiano de Gizeh. Por otra parte, la inclinacin de la faz austral de las pirmides respecto del horizonte, es de 52 grados y medio, de lo cual resulta que los rayos de Sirio forman hoy con el plano de dicha faz, un ngulo de 136 31 - 52 31', o sea de 84. En qu poca, por consiguiente, dicho ngulo era igual a 90, o sea a un ngulo recto? Tal era el problema, fcil de resolver, por el distinguido astrnomo Mahmoud-Bey, basando su clculo en la precesin de los equinoccios, obteniendo como resultado la cifra de 3.300 que expresa los aos antes de Jesucristo, en que fue construida la pirmide. El error de esta fecha es prximamente de dos siglos.
V Monumentos fnebres
En todo el valle del Nilo se encuentran, adems de las pirmides, obras de arte, unas aisladas -285- y otras construidas en las mismas rocas, que han llamado mucho la atencin de los viajeros por su grandiosidad y por su forma, as como por las momias que en ellas se encuentran. Junto a cada ciudad se abren catacumbas con filas de galeras que conducen a salas cuyos techos estn sostenidos por pilastras; y stas, as como las paredes, se ven decoradas con pinturas al fresco o de relieve, unas histricas y otras representando actos de la vida domstica. Las catacumbas ms notables son las de los reyes, abiertas en la cordillera Lbyca, las cuales son profundas y contienen en salones y galeras, sarcfagos de granito, sepulcros, momias, vasijas y otros objetos. Pero no todos los sepulcros son de igual magnificencia. La comisin francesa exploradora nos dice que alrededor de las pirmides principales se agrupan algunos monumentos del mismo gnero, menos elevados, y que el tiempo y la mano del hombre casi los ha destruido. Salah-ed-dyn (Saladino), hizo demoler muchos de ellos para emplear su material en la construccin de las murallas del Cairo. La citada comisin manifiesta adems, que esas pirmides, rodeadas de monumentos fnebres, estn situadas en un pramo cerca de la llanura de las momias, cementerio de Menfis. -286Por ltimo, Csar Cant, al tratar de estas colinas fnebres artificiales, dice: A esta clase de construcciones pertenecen las colinas levantadas sobre los huesos de hroes que representan todas un tipo comn. En Tesalia, hacia Tesalnica, en el Helesponto, y donde quiera que dominaron los Pelasgos, estn llenos los valles de estos tmulos, segunda forma solemne de las sepulturas. En las Termpilas, en Queronea, en Maratn y Farsalia, se encuentran en gran nmero; antiqusimas las presentan el Cucaso, la Clchide y la Crimea; las riberas del ro Hylas (Diniester) conservan los sepulcros de los prncipes cimricos y de los reyes escitas que sojuzgaron el pas. Pallas not en la Rusia Meridional, los de los Escondos, y Meyer los que se hallan en las llanuras de los Kirguizes en las dos orillas del ro Ablakilla, donde se recogen, entre las cenizas, pequeos objetos de bronce cincelados en forma de hojas y de flores, y se encuentran rostros humanos grabados en losas de piedra. Una infinidad de ellos se encontraron entre el Rhin y el Danubio, erigidos por los germanos y eslavos, y todos los das se descubren en las praderas del Elba y del Oder, donde duermen los hroes teutones y vendos. Entre los chinos y tibetinos apenas se elevan algunos metros; seis estadios de circunferencia tena el de Aliates, -287- padre de Creso, rey de Lidia; ms de trescientos metros de anchura y treinta de elevacin tienen los tmulos del rey escandinavo Gormo y de la reina Daneboda; cerca de Pella, capital de la Macedonia, hay uno de tres cmaras con largas galeras; en fin, muchsimos conserva todava la Armrica, en la cual existe uno cerca de Vannes, hasta de treinta y dos metros de altera, y cuando menos de triple anchura por la base. Si se cruza el Atlntico, las riberas del Ohio y del Lago Ontario, la Nueva York y la Pensilvania Occidental nos presentan millares de estas colinas fnebres, muy parecidas a las que se hallan en la Siberia; lo cual podra indicar que aquellos pueblos pasaron por el estrecho de Bering. En el Per, largas galeras que se comunican entre s
por medio de pozos, rodean lo interior de estas colinas artificiales que llaman huacas. Desde la cadena de los Andes hasta la de los Allheganis, y desde los lagos del Canad hasta el Golfo de Mxico, se ven montones de tierra y guijarros, tanto ms abundantes cuanto ms se camina hacia el Medioda, y siempre de forma semejante. El italiano Beltrami vio, en las cercanas de San Luis, en Amrica, muchsimos cerros sepulcrales, rectangulares, circulares o piramidales, entre los que haba uno de sesenta pies de altura y treinta de circuito por la base, teniendo al lado -288- oriental un machn triangular, parecido al de la Torre de los Gigantes de Gozzo. Otro tanto se nota en los morais o sepulcros de la Oceana. Dos especies de tumbas rodean las Pirmides: unas se levantan como colinas de poca altura construidas con los materiales extrados de las canteras inmediatas y en medio de la arena que casi las ha cubierto; y otras, segn el uso troglodita, estn abiertas en las rocas y enfrente de las llanuras del Nilo. Hacia el Sur se encuentra la estatua gigantesca de la Esfinge 17, y cerca de sta, hileras de innumerables tmulos y ruinas, entre las cuales se elevan tres pirmides inferiores. En fin, por todo lo que antecede, se puede observar que no todas las pirmides tienen el mismo nmero de gradas, ni estn construidas del mismo material, as como independientemente de las pirmides existen innumerables tmulos que tienen la misma forma.
La de Cheops, segn los datos de la expedicin francesa: Lado de la base Altura La de Chefren, segn los mismos datos: Lado de la base Altura 204 132
m
232 138
747
90
Altura
54
Como antes he manifestado, todas las cifras que se consignan en las obras que he consultado estn en completo desacuerdo. Las que ms confianza merecen, son ciertamente las que obtuvo la comisin francesa y que acabo de apuntar; sin embargo, stas pueden haber sido perfectamente ejecutadas, y no por eso dar la verdadera dimensin de las pirmides, puesto que las bases de -290- stas se encuentran cubiertas por la arena. As es que, para m; la noticia ms exacta que se tiene respecto de la pirmide mayor, es la del general Grobert, que al medirla tuvo la precaucin y cuidado de descubrir la base sumergida en la arena algunos metros, y medir de un ngulo a otro, obteniendo 728 pies, o sean 236m48. Para medir la altura se sirvi de otro medio que, si bien era penoso, en cambio se obtena un resultado ms satisfactorio, y consisti en medir la altura de los innumerables escalones que forman las gradas de la pirmide y sumar los resultados parciales. Este trabajo dio para la altura vertical 447 pies o 145m20.
En la cara Norte de la pirmide de Cheops, a la altura de la decimoquinta grada, existe una abertura a la cual se llega por un montecillo adherido a la pirmide. Esta abertura, disimulada en otro tiempo y abierta hace siglos, da entrada al interior de las pirmides. Segn la expedicin francesa, para penetrar al interior, preciso es deslizarse por una estrecha galera, seguir despus una rampa ascendente para llegar a otra galera -291- baja horizontal. Todas estas vas subterrneas estn hechas de piedra calcrea. A la entrada de la galera existe un pozo de 200 pies de profundidad, hecho en la roca, y por la misma se llega a la cmara llamada de la Reina, que no tiene inscripcin ni cornisas; al salir de esa cmara se encuentra la continuacin de la rampa ascendente, pero ms inclinada y penosa. Esta rampa conduce a un descanso, en donde todo anuncia que pronto se ver la pieza misteriosa del monumento. Un cerramiento complicado en su construccin, con las seales de una abertura forzada, conduce a la cmara llamada del Rey, santuario pigmeo comparado con el gigantesco monumento. Este cuarto es un paralelogramo de treinta y dos pies de largo y diez y ocho de altura. Est construido con enormes piedras atravesadas de una a otra pared, a manera de los envigados de nuestros techos. Un sarcfago de granito, colocado de Norte a Sur, se encontr vaco y sin adornos; diversas circunstancias manifestaron que haba sido profanado.
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Parte segunda
Pirmides de Teotihuacn
A 50 kilmetros Noreste de la capital de la Repblica se encuentra el valle de Teotihuacn, el cual se halla separado del ameno y frtil valle de Texcoco por una serie de eminencias que forman un contrafuerte de la Sierra Nevada. Los cerros Aztecatl, San Pablo, Patlachique, Locoyo, Cuafio, San Telmo y otros, elevan sus altas cumbres, unas cubiertas de vegetacin y otras enteramente desnudas, presentando el aspecto que en lo general caracteriza a todas las dems montaas que circundan el valle. ste, hacia el Oriente, se halla limitado por las ltimas alturas de la Sierra Nevada, cuyas principales cumbres, por esta parte, son los cerros de Soltepec, Campanarie, Tepayo y otras de menos importancia. Por el Norte, cierran el valle los cerros Malinalco, Maravillas y Cerrogordo, que alza su cumbre a -293- unos 800 metros sobre las llanuras inmediatas, dominando todas las dems eminencias del valle. Forman la base de estas montaas una sucesin de lomas, que, ya cubiertas de tierra vegetal, o bien descubriendo su terreno de formacin volcnica, ostentan el bello ropaje de una vegetacin vigorosa, o tienen el aspecto triste de un suelo rido o improductivo. Aun cuando el valle de Teotihuacn no ofrece los pintorescos paisajes y risueos sitios de otros lugares de la Repblica, particularmente de las Sierras, no carece, sin embargo, de lugares amenos. La vista que presenta el valle por la parte del Sur, al destender de la montaa opuesta, despus de haber atravesado un terreno inculto y triste, es verdaderamente agradable. Los cerros Patlachique y dems mencionados, se levantan en medio de una vegetacin lozana, y las campias se extienden, matizadas con los variados colores que producen las labores de los campos, contrastando con el verde oscuro de los simtricos plantos de magueyes. Por otra parte se descubren los diversos pueblos y haciendas, tambin con diferentes aspectos, pues parece que en estos lugares reina por donde quiera el contraste; primero, San Juan Teotihuacn elevando la esbelta y elegante torre de su templo en medio de las frondosas copas de los sabinos; ms a lo lejos, Otumba, -294- triste como sus alrededores, que parecen estar recordando la sangrienta batalla que all empearon los aztecas en defensa de su nacionalidad; Axapusco rodeado de tierras estriles; Acolman con terrenos feraces que producen ricas mieses; Santa Catarina con sus largos callejones de enhiestos y bien alineados rganos; en fin, toda la parte Sur y del Poniente es frtil, mientras que la del Norte y Oriente es ms o menos estril. Teotihuacn se asienta en medio de unas lomas speras y tepetatosas que insensiblemente van ascendiendo hacia el Norte, formando la base de Cerrogordo. Nada notable ofrece el terreno en este lugar, pues cubierto en su mayor parte de toba volcnica y de basalto escoriceo, llamado vulgarmente tezontle, apenas nacen en l uno que otro rbol del Per (Schinus Molle) y algunos matorrales que interrumpen la uniformidad de un suelo naturalmente rido y triste, aun cuando la tierra vegetal haya venido con el tiempo a fertilizar determinados lugares. La parte Sur de la poblacin est muy lejos de presentar el mismo aspecto: manantiales pursimos de agua cristalina nacen a inmediaciones del templo, fecundizando el terreno y cubrindolo de una
esplndida vegetacin; pintorescas y hermosas calzadas y arboledas; campos cubiertos de pastos y verduras, y la diversidad de plantas gramneas que -295- all se cultivan, embellecen el suelo, formando el principal y ms notable contraste con el anteriormente descrito.
A tres kilmetros Noreste de San Juan Teotihuacn se encuentran las dos pirmides que son el asunto de este cuadro comparativo. Hllanse situadas en la parte menos frtil y ms elevada del terreno que por este lado circunda a aquella poblacin. En aquel suelo, cuya formacin, segn se ha indicado antes, es de basalto escoriceo, se ven grutas profundas formadas indudablemente al extraer el material que hubo de emplearse en la construccin de los monumentos. Al Sur de la pirmide principal, llamada del Sol, existe otra obra digna de atencin, conocida hoy con el nombre de Ciudadela, y la cual est formada de cuatro muros de igual longitud, cortndose en ngulo recto. El espesor de los muros es de 80 metros y la altura media 10, con excepcin del occidental que mide cinco. Las faces anteriores son verticales, ms no as las exteriores que forman talud. En el centro del cuadro se eleva una pequea pirmide de base cuadrangular, y sobre -296- la parte horizontal de las murallas otras catorce de menores dimensiones colocadas simtricamente. Las pirmides de Teotihuacn no sorprenden la vista del viajero que las descubre desde el camino de fierro que une la capital de la Repblica, con la ciudad de Puebla, porque teniendo al frente de ellas la gran mole de Cerrogordo, la comparacin que instintivamente se hace entre esos monumentos y las elevadas montaas, les es ciertamente desfavorable; pero si se desciende por la falda del cerro Malinalco, el aspecto que presentan desde el momento que se perciben, es en verdad sorprendente; entonces, destacndose sobre la llanura, elevan majestuosamente sus moles seculares, haciendo concebir al viajero la ilusin de que se halla trasportado a las regiones del Nilo, y le traen a los labios el verso del poeta Delille: Leur masse indestructible a fatigu le temps. Su indestructible masa al tiempo fatig.
Ntase desde luego la analoga que existe en el sitio elegido para la construccin de las pirmides egipcias y estas nuestras. El ro de Teotihuacn pasa al Sur de estos monumentos, sirviendo como de foso a la parte Norte y occidental de la Ciudadela. Este ro desagua en la laguna -297- de Texcoco con grandes crecientes en tiempo de
lluvias, siendo entonces su curso muy impetuoso. Sus aguas han descubierto en una inmensa extensin del terreno, cimientos de edificios y capas horizontales de una mezcla finsima endurecida como la roca, todo lo cual revela los restos de una vasta poblacin, quiz la Menfis de estas regiones. En una grande extensin del terreno que rodea a las pirmides, a ms de una legua de radio, se observan, en efecto, los cimientos de multitud de edificios; descbrense en las mrgenes del ro y a uno y otro lado de los caminos, las capas horizontales de cal; otras capas de tierra y lodo, de tezontle y de toba volcnica existen all mismo, revelando un idntico sistema de construccin; en los caminos que unen a las pirmides con San Juan, adems de estas construcciones, se notan distintamente vestigios de paredes que se cortan en ngulo recto. La multitud de piedras labradas que se han extrado de todas estas ruinas, y que se emplean actualmente en las construcciones del pueblo de San Juan y de las haciendas inmediatas, indican que la antigua poblacin era de cierta importancia.
Las pirmides de Teotihuacn, aun cuando vistas de lejos muestran sus faces sin solucin ninguna de continuidad, al observarlas de cerca se advierten muy distintamente los cuerpos de que constan, as como la meseta que da forma a la cumbre. La pirmide del Sol, segn las observaciones de la Comisin cientfica de Pachuca, se halla situada a los 19 41' 26" 74 de latitud septentrional, y a las 6 h 35' 18" 32 longitud en tiempo al Oeste de Greenwich. Esta pirmide, que es la mayor y la ms austral de las de Teotihuacn, est compuesta de cuatro cuerpos y tres gradas. La de la Luna cuenta igual nmero de gradas, distantes una de otra diez metros, aunque en la actualidad no se percibe de una manera clara y distinta, sino la superior. En el prrafo correlativo, he hecho notar que no todas las pirmides egipcias tienen la misma forma; que unas cuentan innumerables escalones y otras apenas una, dos, tres y ms gradas, como las del alto Egipto. Al observar el plano de la Comisin cientfica de Pachuca, me llam la atencin la desviacin, -299- hasta de unos 30 grados, de las faces de estos monumentos respecto del meridiano verdadero. Mi convencimiento en el particular, primero por las observaciones de algunos historiadores tocante a los monumentos antiguos, y luego por las que tuve ocasin de hacer en las ruinas de Mitlaltoyuca, es de que esa desviacin apenas llega a unos cuantos grados; circunstancia que he atribuido a la imperfeccin de los instrumentos de que podan disponer los antiguos habitantes de Mxico para sus observaciones astronmicas. En tal virtud, me decid a dirigirme al lugar de las pirmides, con el fin de hacer personalmente todas las observaciones necesarias y llenar el objeto que me he propuesto en el presente artculo.
Las faces de las pirmides de Teotihuacn no estn exactamente orientadas, aunque la desviacin no es tan grande como la que se infiere de la consulta del plano a que antes me he referido, y sin embargo mis observaciones no estn en desacuerdo con las de la Comisin de Pachuca, como intentar explicarlo a su debido tiempo. El estado difcil, para proceder a la observacin, en que actualmente se encuentran las pirmides, por hallarse enteramente cubiertas de vegetacin y por los derrumbes que han hecho desaparecer las aristas, me hubieran obligado a permanecer por ms tiempo en esos lugares con el fin de despejar -300- convenientemente sus faces, si dos circunstancias no hubieran venido a favorecer mi intento. En la cara occidental, la grada del centro se conserva y muestra patentemente su arista, orientada la cual dio por resultado 7 Noreste respecto del meridiano magntico, y como la declinacin de la aguja en Teotihuacn es de 8 12' Este, la desviacin de la faz occidental de la pirmide del Sol viene a ser, respecto del meridiano astronmico, de 15 12' Este y no de 30 como aparece en el ya referido plano. Todas las faces de las pirmides se cortan en ngulo recto. La segunda circunstancia, an ms favorable al intento, me la ofreci la pirmide de la Luna. En muchos lugares de ella y aun en toda la longitud de la cara oriental, los derrumbes de la capa de piedra y lodo han dejado descubiertas las faces aplanadas y bruidas, sin vegetacin ninguna, y presentndolas convenientemente al observador. Las faces oriental y austral tienen las siguientes posiciones respectivas: faz oriental, 1 30' Noreste; faz austral, 88 30' Noroeste, y por consiguiente cuentan respecto del meridiano verdadero, la primera 9 42' Noreste, y la segunda 80 18' Noroeste. De las observaciones anteriores se deduce que las dos pirmides no estn igualmente orientadas, coincidiendo la de la Luna, aproximadamente, con el meridiano magntico. -301Si, respecto de esta circunstancia, difieren estos monumentos de los del Egipto medio, no sucede lo mismo con los del alto Egipto y Etiopa, segn manifest en el lugar respectivo, y por consiguiente, si tal circunstancia no era una regla general entre los egipcios, esta falta de conformidad nada prueba en contra de las conclusiones generales con que dar fin a esta disertacin. Una circunstancia muy particular y digna de llamar la atencin es la de encontrarse la lnea de los centros de las dos pirmides en la direccin del meridiano astronmico, de la misma manera que se observa en las pirmides del alto Egipto, aunque no en las de Gizeh. La diferencia de cerca de dos grados que encontr al observar desde la meseta de la pirmide del Sol, sin duda proviene (y en esto estoy de acuerdo con el ingeniero Almaraz) de que los constructores tenan conocimiento del movimiento de la bveda celeste y se fijaron en la polar, creyndola exactamente en el eje del mundo. Este hecho podra favorecer el argumento de los que atribuyen a estos monumentos un objeto puramente cientfico. No tratando yo sistemticamente de demostrar la comunicacin entre los habitantes del antiguo y nuevo mundo por la comparacin de sus monumentos, hago notar que as como manifiesto -302- todas sus circunstancias anlogas y similares, igualmente pongo en relieve todas las en que difieren. La pirmide del Sol se encuentra adems
circunvalada, menos por la parte occidental, por una muralla de la misma forma que la de la Ciudadela. En ningn libro he visto descritas obras semejantes al pie de las pirmides egipcias, y si existen, o no he tenido ocasin de notarlas, o no se las menciona, tal vez por hallarse sumergidas en el inmenso mar de arena. Sin embargo, el examen del adjunto plano de las pirmides de Gizeh, que acompao, hace notar obras anlogas que circundan a estos monumentos, y sealadamente a la segunda y tercera. Respecto de la diversidad de construcciones que acompaan a las grandes pirmides egipcias, existe aun mayor analoga con las de Mitlaltoyuca. Como individuo que fui de la comisin exploradora y encargado particularmente del levantamiento del respectivo plano, tuve ocasin de estudiarlas hasta donde lo permitan los escasos elementos con que contbamos. En las pirmides de estas ruinas, se observa el mismo orden en general que en las de Teotihuacn, pues difieren respecto de su construccin, circunstancia que proviene, sin duda, de la diversidad de materiales de que podan disponer sus constructores. -303Las ruinas de Mitlaltoyuca se encuentran en medio de una selva virgen, en donde los corpulentos cedros y rboles frutales, las palmas reales y la innumerable cantidad de bejucos entrelazados impiden al viajero penetrar libremente en ella. Los monumentos se encuentran ocultos por esa exuberante vegetacin, obstculo que nos impidi continuar nuestra exploracin, y apenas pudimos examinar unos cuantos monumentos, no obstante el gran nmero que de ellos existe. En veintids das, contados desde la salida de Mxico hasta nuestro regreso, la comisin cumpli su encargo, formando el seor Almaraz el croquis del camino de Tulancingo a la Mesa de Coroneles y el clculo de la extensin de los terrenos baldos; el seor don Guillermo Hay, sacando las vistas fotogrficas y redactando la descripcin de las ruinas, y yo levantando el plano. En tan corto plazo era de todo punto imposible la exploracin y estudio conveniente de todas las ruinas; pero los datos que recogimos revelaban, desde luego, la importancia arqueolgica de dichas ruinas. El conjunto de monumentos est formado de pequeas pirmides truncadas, tmulos, collados y rampas. Las mencionadas pirmides son de cortas dimensiones, como que no cuentan ms de dos a tres metros, y de una sola grada; la mayor -304parte de ellas estn construidas con losas de arenisca, colocadas horizontalmente por capas y cubiertas con una torta bruida de muy buena mezcla hidrulica. La pirmide principal tiene once metros de altura aparente, por cuanto a que el primer cuerpo se halla oculto, en su mayor parte, por el rico humus de la selva; su base mide cuarenta metros, y sus faces orientadas por el meridiano magntico se cortan en ngulo recto. Dos circunstancias llamaron mucho nuestra atencin: la primera es la disposicin de las losas que cubren la parte superior de uno de los tmulos, las cuales guardan el orden que se observa en los arcos y bvedas de nuestros das. Este descubrimiento, debido al seor Hay, demuestra claramente que los antiguos habitantes de esta tierra conocan la bveda y la construan con ms o menos perfeccin. La segunda circunstancia es la escultura (lmina 1.), ejecutada en un trozo de la misma arenisca. Examinando la figura, se advierte que por sus justas proporciones, el tipo y dems circunstancias, se separa tanto del repugnante aspecto de los dolos aztecas, cuanto puede acercarse al carcter de las momias egipcias.
La otra figura de la propia lmina, representa el fragmento de una careta encontrada en las ruinas de Teotihuacn. En las facciones se advierten, -305- no los rasgos toscos y deformes que por lo general caracterizan a las figuras aztecas, sino la mayor maestra en el modelado, indicio seguro de la existencia de un pueblo ms culto.
El hecho de estar rodeadas estas pirmides de monumentos fnebres, induce a creer que fueron construidas con el mismo objeto que las de Egipto. Mas en lo que no cabe duda es que la mayor fue dedicada al sol bajo el nombre de Tonatiuh, as como la menor a la luna con la denominacin de Mextli Itzacualt. En Mxico existen tradiciones vagas referentes al objeto de dichas pirmides; pero respecto de la poca de su construccin, no hay ni siquiera hiptesis, o por lo menos no he podido investigarlo en las obras que he consultado. El Diccionario Mexicano de Historia y Geografa, dice a este respecto lo que sigue: Este clebre monumento (Pirmides de Teotihuacn) de las antigedades mexicanas, cercano a Texcoco, era el templo ms suntuoso dedicado a Tonatiuh, es decir, el sol o el que va resplandeciendo, o tambin Teutl, que significa Dios, -306- y por ltimo, el que rige a la luna, el corazn del cielo y el padre de las horas. La pirmide menos alta era el templo de la mujer del sol, Centeotl, que quiere decir rodeada de deidad; la llaman tambin Tonacayohua, que slo exiga para sus sacrificios, trtolas, codornices y conejos. Aunque los edificios colosales de los toltecas, los chichimecas, los aculhuas, los tlaxcaltecas y los aztecas presentan diferentes dimensiones, todos tienen una misma forma, la piramidal, y sus lados siguen exactamente la direccin del meridiano y del paralelo del lugar. El templo se eleva en medio de un vasto recinto cuadrado y rodeado de una muralla, dentro de la que haba jardines, fuentes, las habitaciones de los sacerdotes y algunas veces almacenes o depsitos de armas. Una grande escalera conduca a la cima de la pirmide truncada, y en sta, que era como una especie de plataforma, se encontraban una o dos torres que encerraban los dolos colosales de las deidades a quienes se haban dedicado, y en donde se mantena el fuego sagrado. Esta construccin proporcionaba la vista, desde mucha distancia, del sacrificio, as como de la procesin y dems ceremonias que hacan los sacerdotes. Hay una semejanza demasiado notable entre los templos de los antiguos babilonios, descritos -307- por Herodoto y Didoro de Sicilia, y los Teoallis del Anhuac.
Cuando los mexicanos en 1190 vinieron a la regin equinoccial de Nueva-Espaa, ya encontraron construidos los monumentos piramidales de Teotihuacn, de Cholula y de Papantla, y los atribuyeran a los toltecas , nacin civilizada que habitaba en Mxico haca quinientos aos, pues que no conocan otras tribus que hubiesen habitado el pas antes de los toltecas, a quienes atribuan la ms remota antigedad; pero es muy posible que hayan sido construidos antes de la venida de los toltecas, es decir, antes del ao de 648 de la era vulgar. El templo de Mxico estaba dedicado a Tezcatlipoca y a Huitzilopoxtli, y los aztecas lo construyeron por el modelo de las pirmides de Teotihuacn, seis aos, no ms, antes del descubrimiento de la Amrica por Cristbal Coln. (...) Las pirmides chicas que rodean a la del Sol, apenas tienen de nueve a diez metros de altura. Segn las tradiciones de los indgenas, servan de sepulcros a los jefes de sus tribus. Alrededor de Cheops y de Mycerino en Egipto, se distinguen tambin ocho pirmides chicas, colocadas con mucha simetra y paralelas a los lados de las grandes. Los templos de Teotihuacn tenan cuatro -308- plataformas principales; cada una de ellas estaba dividida en pequeos escalones, de los que se distinguen todava les artes (las vrtebras)18. Su ncleo es de barro mezclado con piedras pequeas, y est revestido de un muro de tezontle 19. Esta construccin es muy parecida a una de las pirmides egipcias de Sakharah, que tiene seis plataformas , y que segn el viaje de Pococke es un conjunto de polvo amarillo, revestidas por fuera de piedras en bruto. (...) Al principio de la civilizacin, los pueblos escogan lugares elevados para sacrificar a sus dioses. Los primeros altares, los primeros templos, se erigieron sobre las montaas, y stas, o eran aisladas, o se procuraba darles formas regulares, en plataforma, o practicando en ellas escaleras para subir a su altura20. De las lneas anteriores se deduce, que adems de servir los monumentos de Teotihuacn de sepulcros, tenan un objeto religioso. Dichos monumentos, as como los de Egipto, se prestan, por la diversidad de circunstancias que los acompaan, -309- a toda clase de interpretaciones y conjeturas; la ciencia cree descubrir en la orientacin de las pirmides, en la inclinacin de sus faces y en todo lo dems que se ha hecho notar en el curso de este artculo, el fin con que fueron construidos tan soberbios monumentos, revelando los conocimientos astronmicos que posea el pueblo constructor; la teogona por su parte, en el hecho de depositarse all animales sagrados, y en la existencia de aras e dolos, descubre un objeto meramente religioso; el arte de la guerra, hace notar en las murallas de circunvalacin, otras tantas lneas de defensa; las costumbres, la historia o las tradiciones los presentan como monumentos fnebres. No es, de consiguiente, extrao que los sabios, encontrando cada cual pruebas suficientes para las teoras en que se han fijado, estn en desacuerdo. Los dolos colosales que el viajero admira en Teotihuacn, la dedicacin de las pirmides a las divinidades, el sol y la luna, y los dems que ha podido recoger la historia, manifiestan su objeto religioso; de la misma manera, cada una de las otras
circunstancias repetidas, estn revelando los dems fines, principales los unos y secundarios los otros. En mi humilde concepto aquellos monumentos eran a la vez tumbas y altares.
Con la denominacin de tlalteles21 se conocen los innumerables tmulos que rodean las pirmides. Esos monumentos se hallan unas veces aislados y otras unidos y alineados, limitando la calzada que comienza cerca de la Ciudadela, pasa por la cara occidental de la pirmide del Sol y termina enfrente de la cara austral del monumento de la Luna, formando al concluir un gran crculo, en cuyo centro se encuentra otro tmulo. Llmase esa calzada, Calle o Valle de los Muertos. El aspecto que presenta esta doble y simtrica hilera de tmulos, es de los ms imponentes. Colocado el observador en el eje de la calle, contemplando esa doble hilera de monumentos que, descubiertos en parte, presentan extensas escalinatas medio derruidas, y teniendo al frente la pirmide de la Luna, que se alza majestuosamente rodeada de los tlalteles que al terminar la calle se separan en forma de anfiteatro, se siente sobrecogido de entusiasmo a la vez que turbado -311- por la tristeza que causa el romntico aspecto del lugar. Aquellas obras gigantescas construidas por la mano del hombre, que permanecen all como para revelar la remota existencia de un pueblo, tal vez feliz y poderoso, y que de su ser no ha dejado otra memoria que esos edificios misteriosos, cuyas pginas, grabadas en las rocas, no han podido an ser descifradas, admiran a la par que conmueven. Muchos creen que todas estas pequeas pirmides que como satlites rodean a las del Sol y de la Luna, representan los astros del firmamento. Esta hiptesis podra ser un nuevo argumento en favor de los que atribuyen a este gnero de construccin un objeto cientfico. Los egipcios, como ha podido notarse, edificaban unas veces suntuosas sepulturas, y otras construan pequeos tmulos, a semejanza de montaas. Si bien las construcciones de que ahora se trata, no estn abiertas en las rocas de las grandes eminencias y difieren muy particularmente de las de Tebas, en cambio conservan mucha analoga respecto de los dems monumentos fnebres, tanto por su situacin en los sitios ms elevados como por el objeto a que estaban destinados. La Comisin Cientfica de Pachuca, al ocuparse en el levantamiento del plano de las ruinas, emprendi la demolicin de un tmulo situado en el centro -312- de la Calle de los Muertos, y encontr un nicho vaco, de las dimensiones del cuerpo de un hombre, y con las paredes y la bveda perfectamente bruidas, cual si estuviesen estucadas; tal vez en otros tmulos se encontrarn cadveres o momias que vendrn a dar la solucin definitiva del problema que nos ocupa. De desearse fuera que una comisin exploradora
se ocupara de emprender estas interesantes indagaciones, como lo he propuesto al Ministerio de Instruccin Pblica.
He indicado en el artculo tercero, que habindome llamado la atencin la desviacin de cerca de 30 que ofrecen las faces de las pirmides en el plano de la Comisin Cientfica de Pachuca, me vi obligado, con el fin de no hacer apreciaciones temerarias, a trasladarme a Teotihuacn, como en efecto lo verifiqu en unin de mi compaero el ingeniero don Manuel Espinosa. No saba a qu atribuir las enormes diferencias que resultaban entren los datos de nuestras observaciones y las del plano referido, conociendo, como conoca, la aptitud y conciencia con que fueron ejecutados los trabajos de dicha Comisin; -313- mas al orientar la Calle de los Muertos, pude explicarme aquellas diferencias, advirtiendo que la meridiana astronmica se halla en el repetido plano inclinada 12 al Oeste, error que se advierte desde luego fue cometido por el grabador. Hecha esta rectificacin, nuestras observaciones, en general, estn de acuerdo con las de la Comisin de Pachuca. Los resultados que obtuvimos son los siguientes: Pirmide del Sol Lado Norte-Sur de la base Lado Este-Oeste, cara austral Altura Inclinacin de las caras Norte y Sur Inclinacin, cara Oeste Meseta, de Norte a Sur Meseta, de Este a Oeste Rumbo de Este-Oeste, cara austral Rumbo Norte-Sur, cara oriental Direccin, Calle de los Muertos Noreste Lnea de los centros de las dos pirmides -314232m 220m 66m 31 3' 36 18m 32m 83 7 8 45' 10 Noroeste Noreste Noreste Noroeste
Pirmide de la Luna Lado Este-Oeste de la base Lado Norte-Sur Altura Inclinacin de la cara oriental Inclinacin de la cara Sur Inclinacin en la parte bruida Inclinacin de la cara oriental, bruida Meseta, seis metros por lado Orientacin, cara Norte, Luna, de Este a Oeste Orientacin, cara oriental, de Sur a Norte Los datos de la Comisin de Pachuca, son: Pirmide del Sol Lado Norte-Sur de la base Lado Este-Oeste Altura Pirmide de la Luna Lado Este-Oeste de la base Lado Norte-Sur Altura -315Los datos, que difieren muy particularmente de los anteriores, son los que se contraen a las alturas de las pirmides. Para explicarlas debe tenerse presente que los monumentos se hallan edificados en un suelo inclinado de Norte a Sur, como se ha hecho notar, y que, al tomar la altura, la Comisin tal vez procedi por la parte Norte, mientras que nosotros lo verificamos por la parte Sur. Al efecto, medimos una base de sesenta metros del lado opuesto de la muralla, a corta distancia de la base de la pirmide del Sol y en un pequeo llano; desde los extremos de la base tomamos los ngulos de altura y de proyeccin; mtodo exacto, el cual nos dio el resultado expresado. Para la 156m 130m 42m 232m 224m 62m 88 30' 1 30' Noroeste Noreste 156m 130m 46m 31 30' 36 47 47
altura de la pirmide de la Luna, la base se midi igualmente de sesenta metros en el pequeo espacio que media entre los tlalteles, en el lugar en que, al separarse, forman anfiteatro. La relacin entre la base y la altura de las pirmides de Teotihuacn no es la misma que existe en los elementos de las egipcias; pero si los habitantes de Mxico, admitiendo una hiptesis, posean tambin la costumbre de ir aumentando el volumen del monumento durante la vida del monarca, o por cualquiera otra circunstancia, es de creerse que los constructores tenan la intencin de elevar ms la pirmide del Sol, y a juzgar -316- por la base, habra llegado a tener las colosales proporciones de la de Cheops. Por otra parte, no existiendo entre las bases y altura de las pirmides egipcias una relacin constante, mal podramos nosotros tratar de buscar analogas a este respecto. El ingeniero Almaraz, jefe de la Comisin cientfica de Pachuca, a la cual tuve la honra de pertenecer, crey encontrar la unidad lineal del pueblo constructor de las pirmides, haciendo comparaciones con las medidas obtenidas en el levantamiento del plano, resultando de sus observaciones que la extensin lineal de 0,8 es la base o unidad. En estas arduas cuestiones, todas las teoras descansan en suposiciones; pero muchas veces, de conjetura en conjetura, se logra llegar a una solucin acertada. En tal virtud, cada uno puede lanzarse al campo de las hiptesis; las pruebas que se emitan sern las que lleguen a trasformar aqullos en evidencias. Suponiendo que dicha unidad lineal sea cierta y comn para los monumentos de los dos pueblos que comparamos, resulta que aqulla estar contenida en el estadio egipcio 225 veces. Por consiguiente, las pirmides de ambos pases tendrn las siguientes dimensiones, arregladas a esa unidad supuesta: -317Base, pirmide de Cheops Altura Base, pirmide del Sol (Norte-Sur) dem (Este-Oeste) dem segn Almaraz Altura Base Este-Oeste de la Luna Lado Norte-Sur de dem 236 00 145 12 295 00 181 50
232 290 00 00 220 00 224 00 66 00 156 00 130 275 00 280 00 82 50 195 00 162 50
00 Altura dem segn Almaraz Distancia entre los centros de las pirmides, dem, dem Lado del cuadrado del tmulo dem, dem Espesor de la muralla de la Ciudadela, dem, dem Radio de curvatura del monumento circular dem, dem 46 00 42 00 800 00 5 60 80 00 5 20 57 50 52 50 1000 00 7 00 100 00 6 50
El punto de que voy a tratar es para m de la mayor importancia, tanto que puede estimarse decisivo en este mi trabajo; es aqu donde voy a demostrar la grande analoga que existe en los principales detalles que son comunes a las pirmides -318mexicanas y egipcias. Empero debo advertir que slo me limito a llamar la atencin acerca de sus diversas circunstancias, sin que por eso se entienda que pretendo imponer mi opinin. La puerta o abertura, disimulada en una poca remota y descubierta en tiempos ms recientes; su situacin hacia el medio de una de las faces; la colina adherida a esa misma faz y en cuyo trmino se encuentra la abertura; la estrecha galera que conduce al interior; el profundo pozo que se encuentra al terminar dicha galera, los monumentos fnebres, las pequeas pirmides y las dems construcciones que rodean a los monumentos principales , y por fin, los otros pormenores que he hecho notar en el curso de este artculo, no pueden atribuirse a coincidencia casual en la concepcin de la misma idea; tal teora es para m inadmisible. Bien s que dos, y an ms pueblos, simultneamente y sin haber estado en relacin, pueden haber descubierto el mismo gnero de construcciones, como la pirmide, que es un cuerpo tan simtrico, y que bien podemos llamar elemental; pero si en los monumentos como los de que tratamos hay identidad de circunstancias, de pormenores y de caracteres distintivos, preciso es convenir en que hubo comunicacin entre un pueblo y el otro. -319Se cree que la disposicin de las pirmides egipcias en forma de gradas no tuvo ms objeto que el de facilitar la ascensin de los materiales a los cuerpos superiores al paso que se iban construyendo, por cuanto a que el pueblo constructor no conoca otras mquinas que el plano inclinado y la palanca. Igual argumento pudiera aducirse respecto de las construcciones mexicanas, pero yo no admito tal suposicin; las gradas,
en las pirmides egipcias o mexicanas, hacan el oficio de meros andamios? Habra en tal caso regularidad en todas las gradas de todos los monumentos; pero la verdad es que en determinadas pirmides son desiguales las distancias de una a otra grada; que en algunas, como las de Cheops, Chefren, etc., los innumerables escalones de que constan son poco elevados; y que en otras se encuentran pocas gradas, siendo muy grande la distancia entre dos sucesivas; algo ms que la simple comodidad tuvieron por mira los constructores de tales monumentos. Semejante disposicin, por otra parte, habra convenido en las pirmides de grande altura, pero no en las pequeas, en donde hubiera sido de todo punto intil. En las minas de Mitlaltoyuca, la mayor parte de las pirmides apenas llegan a la altura de dos a tres metros, y sin embargo estn formadas de gradas. De todas maneras, ya fuese el -320- objeto de tal disposicin el indicado, u otro que ignoramos, el sistema de escalones en la construccin de unas y otras pirmides, apoya la idea de que ambos pueblos tuvieron desde luego este punto de contacto. Respecto del mtodo de construccin de las pirmides de Teotihuacn, se sigui el de capas sobrepuestas. En la puerta o abertura estrecha de la pirmide de la Luna se encuentran perfectamente marcadas las distintas capas horizontales de que est formada la pirmide. La primera capa se compone de piedra y barro, y su espesor de 0 m,95; la segunda, de toba volcnica, de 0m,57 de espesor; sobre sta se encuentra la tercera capa, compuesta de una mezcla de arena gruesa de tezontle (basalto escoriceo) y barro, con un espesor de 0m,08 y por ltimo, esta capa se halla cubierta de otra de finsima cal, de 0m.001 de grueso y bruida por su parte superior. A estas capas vuelven a sobreponerse otras conforme al mismo sistema. Otras capas guardan el propio orden que las primeras, con la diferencia de que slo cubren o revisten las pirmides, guardando la inclinacin de 47, como antes se ha indicado. La capa de cal en stas es de un milmetro y medio; toda se encuentra bruida y en algunos lugares pintada de rojo; as se hallan cubiertas las faces de las pirmides de Mitlaltoyuca. Una -321- gran cantidad de piedra de todas dimensiones y algn lodo, cubren las superficies de las pirmides; de tal manera, que por razn de la gravedad, stas se han aglomerado hacia las bases, modificando por tal motivo su forma piramidal. Esta circunstancia me hizo concebir una idea, la cual robustec apoyndome en las dems observaciones que hice en las mismas pirmides. Pero antes de aventurar una opinin, permtaseme escudarme con los conceptos vertidos por el ilustre sabio Barn de Humboldt. Aux limites des connaissances exactes, comme du haut d'un rivage elev, l'oeil aime se porter vers les rgions lointaines. Les images qu'il voit peuvent tre trompeuses; mais comme ces images dcevantes que croyaient apercevoir bien avant le temps de Colomb, les habitants des Canaries et des Acores, elles peuvent amener la dcouverte d'un nouveau monde. Pues bien; sin pretensiones de ninguna clase y slo por hacer uso del derecho que todo hombre tiene de expresar sus pensamientos, aventuro la siguiente conjetura: las pirmides de Teotihuacn, tal cual hoy se encuentran, no se hallan como en su estado primitivo. Existe un hacinamiento de piedra suelta, cuyos intersticios cubiertos de tierra vegetal han hecho nacer la multitud de plantas y flores con que estn revestidas -322actualmente las faces de las pirmides. Este hacinamiento de piedra, se aparta del sistema de construccin seguido en todo el cuerpo de los monumentos, y adems, el derrumbe de esas piedras efectuado en una gran parte de la faz oriental de la Luna, ha
descubierto un plano inclinado perfectamente bruido, que indica ser la verdadera faz de la pirmide. Esta observacin aislada no dara tanta fuerza a mi raciocinio si no estuviese acompaado de las mismas circunstancias en todos los monumentos. Efectuando una circunvolucin por las cuatro faces de la Luna, se advierte el mismo sistema: en la faz austral y en la occidental, y a la misma altura, vienen a cortarse en ngulo recto las dos faces descubiertas y bruidas como la anterior, que conservan respectivamente la misma inclinacin de 47; en la cara septentrional se advierten los mismos derrumbes de piedra suelta y los mismos planos inclinados y bruidos; y por ltimo, en la faz oriental y hacia la mitad de su altura, idnticas circunstancias y de una manera ms clara, todava, vinieron a confirmar mi opinin, pues el plano inclinado se halla descubierto casi en toda su longitud de Norte a Sur, permitindome practicar sobre la masa primitiva la orientacin de dicha pirmide. Observando desde el centro de la cara Sur, la colina de que trataremos ms -323- adelante, y que se encuentra adherida a dicha faz, se advierten los mismos planos inclinados y bruidos formando escalones, de tal suerte que esa colina, a su vez, no es otra cosa que un trozo de pirmide. No ha mucho tiempo que al visitar, como individuo de la Comisin de Pachuca, todos estos monumentos, los tlalteles no llamaron mi atencin sino por su alineamiento, su uniforme altura y su configuracin a manera de pequeos cerros; pero mi reciente visita me ha proporcionado la ocasin de poder dar con ellos mismos mayor fuerza a mi argumento. En los tlalteles, no es el derrumbe natural de las piedras y de la tierra, sino las excavaciones recientemente hechas lo que ha motivado la denudacin de sus faces; stas, como en la pirmide de la Luna, se encuentran bruidas y presentan adems la forma de extensas graderas y escalinatas; de manera que, pirmides, colinas, tlalteles y todos los detalles de estas construcciones se hallan ocultos. Qu motivo tendran los antiguos pobladores de Mxico para hacer desaparecer esos notables monumentos bajo una enorme cantidad de piedras y tierra? En mi concepto, los toltecas, dueos de los referidos monumentos, cuya construccin data tal vez de una poca anterior a la era cristiana; los toltecas, repito, restos de una nacin culta y civilizada, temiendo las -324depredaciones de los chichimecas, pueblo brbaro que vino a fijar su residencia en el Valle de Mxico, quiz trataron de dar la forma de montaas a esos santuarios y sepulcros, a fin de evitar que fuesen profanados por los nuevos inmigrantes. Podr parecer esta opinin demasiado avanzada; no la presento, por tanto, sino como una mera conjetura. La nica abertura conocida, que es la de la pirmide de la Luna, se encuentra en la cara austral, a la altura de veinte metros y en la parte superior del tlaltel sobrepuesto. Esta abertura da entrada a una estrecha galera descendente, interrumpida por un pozo profundo cuadrangular, cuyas paredes estn revestidas de sillares de toba volcnica. Se ha credo que esa abertura no es ms que una horadacin artificial ejecutada por buscadores de tesoros; pero es de observarse que los que en tal cosa se ocupan no suelen perder su tiempo en construir un pozo regular, con sus paredes perfectamente verticales, y mucho menos en revestirlas de sillares y bruir las superficies. El eje de la galera descendente, el da de mi observacin, coincida exactamente con el meridiano magntico. El resto de lo interior permanece desconocido; no explor ms adentro, a causa de los grandes derrumbes que obstruyen el paso, y por no contar -325- con los elementos necesarios para vencer esa dificultad.
Si en la pirmide de la Luna, que es de menos importancia y dimensiones, existen tales detalles, muy parecidos a los de las pirmides de Gizeh, cun interesantes no habrn de ser los que presente la pirmide del Sol, cuya base es casi igual a la de Cheops? Puede decirse, juzgando por analoga, que la abertura de la pirmide del Sol debe encontrarse en la faz occidental, al terminar el tlaltel sobrepuesto. Por ltimo, debe llamar la atencin que las pendientes de las faces de las pirmides son, con poca diferencia, las mismas, exceptuando la cara austral de la Luna y la occidental de la del Sol, en donde existen los tlalteles adheridos; las pendientes en estas faces, segn ha podido observarse, son de 36. Tal vez la intencin de los constructores fue hacer ms difcil el ascenso a la abertura, oponiendo con eso mayores dificultades al descubrimiento del interior de las pirmides, de la misma manera que se ha presumido, y con fundamento, respecto de las de Egipto.
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Conclusin
En el paralelo que intent establecer en este artculo, entre las pirmides egipcias y las de Teotihuacn, creo haber demostrado las circunstancias comunes a unas y a otras, las cuales, en resumen, son las siguientes: 1. En la regin del Nilo, lo mismo que en Teotihuacn, el lugar elegido para la construccin de las pirmides, es idntico. 2. Tanto las pirmides egipcias como las mexicanas, en general, estn orientadas; si las de Teotihuacn no lo estn con la exactitud que las de Gizeh, no es esto una prueba en contrario, por cuanto a que la orientacin en sta no era regla invariable entre los egipcios, como se echa de ver en otras muchas de aquel mismo pas, pues se encuentran en el propio caso que las de Teotihuacn. 3. La lnea que une los centros de las pirmides de Teotihuacn, se halla en el meridiano astronmico, circunstancia que concurre en algunas del alto Egipto. 4. En punto a construccin, es anlogo en unos y otros monumentos el sistema de gradas y escalones. 5. En ambos pases las dos pirmides mayores -327- estaban dedicadas al Sol: en la de Cheops, bajo el nombre de Osiris, y en la de Teotihuacn bajo el de Tonatiuh22. 6. El lugar que en la regin del Nilo se llama Valle de los Muertos, tiene analoga topogrfica y homnima con el que en Teotihuacn se llama Calle de los Muertos. 7. Algunos monumentos de Egipto tienen carcter de fortificaciones; idntico carcter presentan los de Teotihuacn.
8. Los monumentos menores que se hallan en derredor de las pirmides egipcias y de las mexicanas, inclusos los de Mitlaltoyuca, son del mismo gnero y estuvieron destinados al propio objeto. 9. Unos y otros monumentos tienen adherida a una de sus faces una colina artificial. 10. La puerta disimulada en otro tiempo y abierta recientemente, existe tanto en algunas pirmides egipcias como en la de la Luna. En la del Sol, esa abertura permanece ignorada; -328- pero probablemente la tiene en la cara occidental. 11. El interior de unos y otros monumentos, a juzgar por el de la Luna, tiene analoga; pues si bien sta no ha sido suficientemente explorada, se le conoce ya la primera galera estrecha y descendente, y el pozo vertical. Es ms que probable que en la del Sol se encuentren ms detalles, y que stos tengan mayor similitud con la de Cheops. 12. El dolo encontrado en las ruinas de Mitlaltoyuca, tiene exactamente el tipo de las momias egipcias23. He tratado de demostrar, por medio de este ensayo, que por razn de las analogas que existen entre los monumentos egipcios y los mexicanos, es de inferirse que en pocas remotas hubo relacin entre dos continentes separados por la inmensidad del Ocano. No s si habr caminado acertadamente en mis comparaciones; pero -329- si as no fuese, mi patria tiene hijos sabios que sabrn dilucidar dignamente tan importante cuestin. Por mi parte, estoy firmemente persuadido de que si los pueblos que construyeron los monumentos americanos no venan directamente del Egipto, por lo menos eran descendientes de otros pueblos a quienes los egipcios trasmitieron sus conocimientos. Qu pueblos fueron? La craneologa y la etnografa comparadas resolvern, sin duda alguna, la cuestin. Al dar a luz el presente estudio, me ha guiado principalmente la idea de hacer que se fije la atencin de los hombres pensadores e ilustrados de mi pas sobre un punto que tan importante es para el esclarecimiento de nuestra historia antigua. Todas nuestras ruinas ofrecen al hombre estudioso vasto campo de investigaciones, por cuyo medio quiz podamos algn da revelar al viejo mundo un misterio que hace tanto tiempo lo preocupa. Casas-Grandes, Teotihuacn, Papantla, Xochicalco, el Palenque, Uxmal y Mitla son el eslabn que une la historia de dos continentes; lo hallaremos, tal vez, removiendo esos escombros. Mxico, Julio de 1870.
No obstante la amenidad del sitio que ocupa la villa de Tula, a pesar de los risueos paisajes que la rodean, embarga la tristeza el nimo del viajero que llega ante sus muros a fin de conocer las reliquias de un pueblo en otro tiempo feliz y poderoso, restos preciosos que, como medallas histricas de la avanzada civilizacin tolteca, yacen esparcidos en las faldas de las colinas o cubiertas por el humus de las campias. Al recorrer aquellos lugares, que fueron el asiento de la antigua Tollan, no muy distantes de la poblacin moderna, ya sea por la preocupacin del nimo, -332- o porque efectivamente la presencia de aquellos restos den al lugar un aspecto desconsolador, el viajero experimenta un pesar, cierta melancola mezclada con el ardiente deseo de la investigacin; los montecillos de piedra, solitarios, que como puntos de defensa se elevan sobre una extensa colina; los monolitos que representan esbeltas columnas o estatuas derribadas, y en su mayor parte ocultas por el terreno, y la multitud de piedras encaladas, trozos de obsidiana y figuras de barro regadas por el suelo, todo imprime al lugar un aspecto triste y de desolacin, de tal manera, que parece que todos esos objetos y aun el mismo terreno no reflejan la brillante luz del sol sino plida y amarillenta. La moderna Tula, villa y cabecera del distrito de su nombre, en el Estado de Hidalgo, cuya poblacin no llega hoy a mil habitantes, se halla situada a diez y nueve leguas Norte de la ciudad de Mxico, al pie de unos cerros, y barrada por los ros grande y chico de Tula, cindola el primero por el Este y Norte, y limitndola el segundo por el Poniente. El terreno, por la parte oriental, se extiende formando lomas y colinas que sucesivamente van adquiriendo mayor altura, y se halla circundado por otras eminencias ms considerables, tales como el cerro de Jicuco por el Norte, el cual, visto desde Tula, aparece con su -333- caprichosa cumbre esfrica, sostenida por columnas al parecer de formacin basltica; al Noreste y Este las montaas de Tlahuelilpan y de Bojaij Grande, sobre cuyas cimas asoman en lontananza los famosos monolitos u rganos de Actopan, que dan al paisaje una hermosa perspectiva; y por el Sur, la sucesin de cerros que separan el valle de Tula del de Cuautitln, y sobre los cuales descuella el famoso cerro del Sincoque, al cual yo me atrevera a llamar, adems, cerro Humboldt. Encuntranse otros cerros inmediatos a la poblacin: por el Norte, el del Tesoro; por el Noroeste, el de Magoni Grande, y el conocido con el nombre de la Malinche; por el Sureste, el del Ocote; por el Sur el del Calvario, y por el Oeste el Cielito. Todas estas eminencias se ligan con otras de tal suerte, que parecen interminables. El ro de Tula, que es el mismo que conocemos con el nombre de Ro del Desage de Huehuetoca, corre de Sur a Norte, y casi a orillas de la poblacin, por la parte oriental, se desva al Poniente para volver poco despus a dirigir su curso al Norte al recibir las aguas del ro chico que desciende de las montaas de Dexcani y Xintdeji, situadas al Poniente de la poblacin. Limitado el lecho del ro en su curso hacia el Norte por el pie del elevado cerro de Magoni y por el del Tesoro, y sombreado por el hermoso follaje de -334- los lamos, fresnos y otros rboles que en sus orillas crecen, adquiere un potico aspecto que de tal manera seduce al viajero, que instintivamente contina su paseo sin desviarse para nada de aquellas mrgenes tan pintorescas y amenas. La poblacin ocupa el espacio del ngulo que en su confluencia forman los ros grande y chico; el aspecto que presenta en su recinto es desagradable, as por sus casas, que en lo general son de un solo piso, como por el carcter de su almenado templo, que aparece ms bien como una fortaleza. Pero estas impresiones desfavorables se tornan en
sensaciones gratsimas al observar desde las alturas del templo el panorama de la poblacin, interrumpido por numerosos huertos que antes se escondan a la vista, tras de los muros de las habitaciones; descbrense, en segundo trmino, hermosas calzadas, sombreadas por el follaje de los rboles, entre los que llaman la atencin por su simtrica forma un fresno corpulento; y por ltimo, la vista puede dilatarse en las hermosas campias y eminencias que las limitan. La iglesia parroquial es de slida construccin, formando un notable contraste el exterior de ella con su interior. Exteriormente no guarda en su arquitectura orden alguno; la fachada o frontispicio, que mide 28 metros de altura, es de muy mal gusto, revelando apenas uno que otro detalle, -335- su carcter religioso. Los muros, as de los costados como el que corresponde a la bside del templo, son ms bien propios de edificios fortificados; trece garitas o bastiones en torno de la bveda, rematan los contrafuertes de los muros, llenando los espacios entre unas y otras multitud de almenas. El interior es notable por su aseo y por la construccin de la bveda, que forma con sus arcos combinados primorosas labores de estilo gtico. A la entrada del templo se lee en el muro de la derecha esta inscripcin: La parroquia, bajo la advocacin de San Jos, se concluy en 1553. En Mayo de 1844, Iberri dio a luz una acabada descripcin de este templo, en los trminos siguientes: La villa de Tula, situada a diez y nueve leguas Noreste de Mxico, tiene por iglesia parroquial un templo que fue convento de religiosos de San Francisco, el cual, as como todos los que hay de esta Orden en la Repblica, est construido con la arquitectura propia para servir tambin de fortaleza; pero ninguno he visto que manifieste tanto como ste el aspecto de un castillo, y en que se haya puesto tal cuidado y prolijidad para cubrir sus flancos con torres y garitas, para doblar las lneas de defensa y para hacerlo de una dureza cuanto cabe en la mampostera. Su largo es de sesenta varas -336- castellanas, su ancho de quince y su alto de treinta; el espesor de las paredes tiene dos y media varas, el cual es el mismo desde lo alto a abajo de ellas, y por la parte exterior estn cubiertas totalmente de un revestimiento de piedra de cantera superior, cortada en cuadrilongos perfectamente labrados y pulidos, que por la base del templo tienen hasta tres cuartas cada pieza, y luego disminuyen de tamao insensiblemente, de modo que los ms altos son de una tercia; las hileras de cal con que estn pegados son muy delgadas, y se mantienen casi intactas despus de doscientos ochenta y dos aos que llevan de puestas, pues segn dos inscripciones que estn en la iglesia, y los informes que me ha dado el seor cura don Jos Mara Ruiz de Velasco, fue empezada el ao de 1553 y acabada en el de 1561. El interior del templo no tiene cosa notable; pero si se fija la atencin en la pintura de los santos que se hallan en los altares, se deduce que los pintores fueron de buenos conocimientos y ejecucin, segn la regularidad de los trazos y lo bien colocado de las sombras; las dos capillas anexas son obras posteriores al templo, muy inferiores en todo. Del otro lado del grande edificio se hallan los claustros, que hoy estn casi arruinados, y lo poco que se mantiene en pie, consta de un pequeo patio rodeado de un portillo bajo y otro -337- encima de l, sumamente estrechos, y que son como el corazn de un laberinto de celdas, de pasadizos y escaleras, todo tan angosto, tan complicado y tan oscuro, que en muchas partes es necesario ir a tientas.
El contraste que forma todo esto con la elegancia y suntuosidad del templo, me ha hecho creer que tal estrechez ha sido calculada al intento de la austeridad religiosa, o de no embarazar los medios de defensa. El atrio, en forma de un cuadrado, circunda a todo lo que se ha dicho, y su elevacin es de cinco varas, contando con el muro. Esta obra es, a mi juicio, tan clebre como la iglesia, pues el muro tiene ochocientas varas de largo, y el terrapln artificial sobre que est, no baja de un milln de varas cbicas; circunstancias todas que dan un mrito extraordinario a este edificio, atendiendo a lo reciente que estaba la conquista cuando fue hecho, a la escasez de operarios espaoles que naturalmente haba entonces24 y al lujo y minuciosidad de su manufactura. Hay en los archivos de esta parroquia porcin de escrituras, de testamentos y de otros papeles, algunos escritos en idioma mexicano, muy correctos -338- segn la opinin de dicho seor cura; de modo que por estos datos y por los que se han referido, los religiosos fundadores fueron hombres de grandes virtudes y conocimientos, propios para dejar a la posteridad las seales del genio macizo, constante y emprendedor que tuvo la Espaa en aquella poca. Los terrenos de Tula, regados por los ros antes mencionados y por dos manantiales, de los cuales uno nace en el pueblo de Tepatitln, y otro de agua salada en las cercanas de la cabecera, son frtiles y producen maz, trigo y cebada de buena calidad, artculos que rinden cien cargas por una de sembradura. A la entrada de la hermosa calzada, limitada por hileras de frondosos rboles, y en la cual se encuentran las primeras casas de la poblacin, existe sobre el ro grande un puente de slida construccin, en cuyo centro se eleva una maciza pilastra que contiene la siguiente inscripcin, que copio con su propia ortografa: Reynando en las Espaas la catol. maj. del Sr. D. Crlos III (Q. D. G.) y en esta N. Esp. el Exmo. Sr. B. Frey D. Ant. Bucarely Birrei de ella y Alcalde Mavor de esta Prov. el cap. D. Franco Martinez Bravo, siendo actualmente cura el Sr. Presb. D. Onofre Gil Barragan a cuyo zelo se deve la fabc. de este puente y a la exactitud -339- de los diputados de este pueblo, dando los materiales el Becindario y el Sr. Conde de Valparaiso, marques del Jaral del Berrio cap. del rden de Santiago del consejo de su mag. en el de hacienda y contador decano jubilado del tribunal y real audiencia de cuentas, contribuy a todos los de ms gastos hasta su conclusin que se verific en 8 de Abril de 1779. La cra de ganado vacuno, lanar, cabro, de cerda y caballar, es de importancia en las haciendas y contornos de la poblacin. Entre los animales salvajes se cuentan los leopardos, gato-monteses, lobos, coyotes, venados, liebres y conejos; encuntranse adems tuzas, conchuelas, pachones, ardillas, tejones y tlacoachis, animales que notablemente perjudican los sembrados. Las principales aves que habitan estos lugares son: cuervos, quebrantahuesos, trtolas, gavilanes, guilas, tordos, golondrinas, gorriones y calandrias.
Entre los reptiles se enumeran las vboras de cascabel, hocico de puerco, coralillo, culebras y alicantes, las tres primeras muy venenosas, pues su mordedura causa la muerte a quien con brevedad no es atendido; lagartijas, escorpiones venenosos, camaleones y sapos. Insectos.- Tarntulas y araas venenosas, -340- principalmente la llamada capulina, avispas, zacatn, abejas, mariposas, chapulines, moscones, cochinillas y hormigas. Se hallan sujetas a la municipalidad de Tula las siguientes poblaciones, ascendiendo en toda ella la poblacin a 5.083 habitantes que hablan el castellano y el otom, dominando este ltimo. Localidades Su clasificacin Nmero de habitant es Idiomas
Distancias de la poblacin legua Oest s e " " " " varas " " " " "
Tula San Antonio Tula San Miguel de las Piedras Xochitln San Andrs El Huerto Sacamilpa Bomintza El Llano San Lucas Santa Mara Ilucan San Miguel Unido San Marcos Molino de Jazo San Lorenzo
Villa Hacienda Pueblo " " Barrio Pueblo " Barrio Pueblo " " " Hacienda Pueblo
2 " 2 2 1 80 0 2 2 1 2 2 1 1 1 80 0
772 Castellano 287 dem 160 Otom 187 dem 161 dem 366 dem 290 dem 335 dem 361 dem 71 dem 200 dem 219 dem 526 Castellano " 221 " Castellano y otom
legua Este s " " " " " " " varas " " Sur " " " " "
2 2 1 1 2
legua Nort s e " " " " " " " "
181 Otom 412 dem 200 dem 37 dem 97 dem _____ 5.083
Todo lo que antecede da a conocer geogrfica y estadsticamente a la poblacin moderna de Tula; trataremos en seguida de la antigua Tollan. -341*** La historia antigua de Mxico, tan interesante por sus fastos, tan bella por sus tradiciones y tan potica por sus episodios, ya se la considere relacionada a las dems naciones de la tierra, ya como perteneciente a la de un pueblo autctona, es de suma importancia, y bien merece, por tanto, el distinguido lugar que la Sociedad mexicana de Geografa le ha fijado en sus anales. Infructuosas han sido hasta hoy las investigaciones de los sabios que se han ocupado en la interesantsima cuestin de la procedencia de las razas que poblaron la rica y vasta extensin del Anhuac. Tratando unos de asimilar las antiguas tradiciones de aquellos pueblos al sagrado texto de la Biblia, y empendose otros en deducir ese origen de analogas ms o menos probables, todos las hacen proceder del antiguo mundo, pero sin poder precisar el lugar que dio origen a la emigracin. Cuestin ardua y muy difcil es sta, pues con la luz de la hoguera nos sumi en la oscuridad el ciego fanatismo de un hombre. El obispo Zumrraga, al entregar a las llamas los papiros indgenas, preciosos monumentos arqueolgicos, sepult quiz toda la historia de un pueblo en el insondable abismo de la eternidad. -342Desde las orillas del Gila a las del Usumacinta, encuntranse esparcidos en nuestro territorio restos de edificios, cuya importancia, as por la construccin de stos como por las bellezas de su ornato, va en aumento del Septentrin al Medioda. Coecillos o Tlateles, pirmides y fortificaciones, templos y suntuosos palacios, son otros tantos monumentos que atestiguan una civilizacin muy avanzada, y constituyen las huellas que en su peregrinacin un pueblo dej marcadas. Esta circunstancia, muy notable por cierto y las analogas que continuamente se presentan al emprender el estudio de aquellas razas en lo poco que poseemos, corroboran la opinin que he admitido de que los primeros habitantes de Mxico procedieron del Asia. Respeto con toda sinceridad
ajenas opiniones, tanto que sera el primero en aplaudir una teora que destruyese mi error. En las investigaciones deseo, libre de toda preocupacin, la verdad histrica, y a falta de datos autnticos admito por precisin el medio de las analogas, poderoso resorte de la historia. Solamente basando nuestras investigaciones en los caracteres jeroglficos de las rocas o en el aspecto de los monumentos, y escudriando la lbrega cavidad de los sepulcros, quiz nos sea dable con el tiempo lograr la resolucin de tan arduo problema. -343Los toltecas, que segn la historia fueron los pobladores ms antiguos de esta parte del continente americano, despus de los Olmecas y Xicalancas, conocieron, a juzgar por la relacin de Ixtlilxochitl, la creacin del mundo, el diluvio, la ereccin de la torre de Babel y la confusin de las lenguas. Tenan por seguro que el mundo haba sido destruido tres veces, y otras tantas regenerado, llamando a cada destruccin edad o apagamiento del Sol. La primera sobrevino por la catstrofe del diluvio, y la llamaron edad del Sol de agua; la segunda por un huracn, y la dieron por nombre edad del Sol de aire, la tercera por un terremoto, y la llamaron Sol de tierra, y esperaban, por ltimo, la destruccin del mundo por medio del fuego. Intentando usurpar el poder al legtimo heredero del trono tolteca, dos nobles de estirpe real, llamados Chacaltzin y Tlacanuhtzin, despertaron las ambiciones de sus adictos, y de esas disensiones polticas result el decreto de su destierro, que llevose a efecto hacia el ao 439 de la era cristiana, primero de su peregrinacin hacia estas regiones. La relacin histrica seala por punto de partida la ciudad de Tlachicatzincan en la regin de Huey Tlapalan, sin precisar la situacin de la ciudad, dando slo un indicio de tal regin en la confluencia de los ros Gila y Colorado. Las -344hiptesis, las conjeturas, el vivsimo deseo de conocer el origen de un pueblo que nos ofrece una historia llena de interesantes detalles, son la consecuencia de aquella omisin por la absoluta falta de datos. Aquellos caudillos seguidos de una multitud de sus adictos, y guiados por el astrlogo Huematzin, emprendieron su peregrinacin fundando pueblos y ciudades, sin encontrar por largo tiempo el soado lugar en que haban de poner los fundamentos de su imperio. Despus de recorrer sesenta leguas llegaron a un lugar que dieron por nombre Tlapalantongo y en donde permanecieron tres aos; de Tlapalantongo pasaron a Hueyxalan, distante unas setenta leguas del anterior, y all permanecieron cuatro aos, y as sucesivamente continuaron su peregrinacin, detenindose en Jalisco ocho aos; en Chimalhuacn, seis; en Atenco, cinco; en Tuxpan, cinco; en Quiyahuixtlan Anhuac, seis; en Zacatln, siete; en Tutzapan, seis; en Tepetla, ocho; en Matzatepec, ocho; en Zuihcohua, ocho; en Iztacuetxucha, veintisis; en Tolantzinco, diez y seis, y en Tollan, donde definitivamente fijaron su residencia. Ningn lugar parecioles ms conveniente para fundar la ciudad que debiera ser la capital de su nacin, que el que abraza las hermosas y feraces campias de un valle cercado por sierras que en -345- nada cedan a aqullas en fertilidad. El aspecto del suelo, regado por un ro caudaloso, los sedujo, poniendo fin a su peregrinacin.
Durante los primeros seis aos de su permanencia en Tollan levantaron templos y edificios, embelleciendo los primeros interiormente con adornos de oro y piedras preciosas, y los segundos con huertos, parques y jardines. Establecidos ya y temerosos de ser molestados por los Chichimecas, tribu salvaje que habitaba las regiones inmediatas al Panuco y Huexotla, convinieron en dirigirse a aquel monarca en solicitud de uno de sus hijos, a fin de elegirlo rey. Esta primera resolucin que produjo el deseado fin, pues juntamente con el favorable resultado obtuvieron del monarca chichimeca la promesa de que jams seran molestados por l ni por sus descendientes, revelaba desde luego la astucia y sagacidad que caracteriz despus a la nacin tolteca. Ao 667. Juraron por rey al prncipe chichimeca, que desde entonces llev el nombre de Chalchiuetlanetzin (piedra preciosa), y por reina a la hija de Acapichtzin, seor tolteca, la cual dieron a aqul por esposa. Con este rey empieza el catlogo de los monarcas toltecas, y a ponerse en prctica la ley de sucesin que fijaba al reinado de cada uno de aqullos el periodo de 52 -346- aos, previniendo adems, que si el monarca mora antes de terminar su reinado, gobernase la Repblica por el tiempo que faltase, y espirado ste entrase a regir los destinos del pas el legtimo sucesor. Es de admirar que todos los monarcas toltecas, en su reinado, cumplieron el perodo, y uno de ellos, Mitl, lo excedi en siete aos. Muerto el primer rey casi al cumplir los cincuenta y dos aos, fue enterrado con todas sus insignias y hacindole los mayores honores. Ao 719. Ixtlilquechahuac o Izacateclatl, como legtimo sucesor, subi al trono, y en su reinado prosigui el engrandecimiento de la Nacin, y a ste sucedi el prncipe Huetzin. Poco antes (ao 771) de la muerte de Ixtlilquechahuac, el astrlogo Huematzin, en sus ltimos das coleccion en un gran libro que se llam Teoamoxtli o libro divino, los ritos, sacrificios y ceremonias del pueblo tolteca, las leyes, mximas y sentencias, catlogo de reyes y seores, los preceptos astrolgicos, artsticos y cientficos; en una palabra, todos los sucesos prsperos y adversos, formando de esta manera la historia de aquel gran pueblo cuya ruina igualmente predijo. Ao 823. A la muerte de Huetzin hered el trono su hijo Totepeuh, cuyo reinado fue notable -347- por la paz y tranquilidad de que disfrut la nacin. A Totepeuh sucedi el prncipe Necazxoh (ao 875), y a ste su hijo Mitl, el ms sabio de los reyes toltecas, durante cuyo reinado lleg a su apogeo la monarqua. Sabio y prudente, dict leyes memorables y extendi su podero a muy grandes distancias; fundndose entonces villas, pueblos y ciudades, entre las cuales sobresala Teotihuacn (lugar de adoracin), que exista ya, y que siendo como era el gran santuario de los toltecas, super en grandeza a Tula, por sus templos, monumentos y poder. Teotihuacn no slo era notable por sus edificios y extensin, sino por sus elevadas pirmides, dedicadas, la mayor al Sol, y la menor a la Luna, y tal vez los innumerables tlalteles a las estrellas, si se atiende al carcter emblemtico del pueblo que nos ocupa. Estos monumentos, segn manifiesto en otro artculo, eran, en mi opinin, tumbas y altares. Para contrarrestar la supremaca que sobre la capital haba adquirido Teotihuacn, Mitl levant el grandioso templo de la Rana, diosa de las aguas, enriquecindolo en su
interior con adornos de oro y piedras preciosas, y con la escultura de la diosa, hecha de una esmeralda. En Tollocan se construyeron palacios, cuyas piedras labradas representaban por medio de jeroglficos, -348- los ms notables hechos de la historia tolteca. Anlogos palacios se edificaron en Cuaunhuac y en otros lugares a que se extenda su podero. Los toltecas sobresalieron en las artes y en las ciencias, y eran tan diestros en aqullas, que muchos interpretan la palabra tolteca por artfice, aunque lo ms probable es que signifique natural de Tollan. Fundan el oro y la plata, haciendo de estos metales curiosos objetos; tallaban las rocas ms duras y lapidaban las piedras preciosas. Igualmente sobresalan en las ciencias, como lo acreditan sus trabajos astronmicos que les dio por resultado el exacto cmputo del tiempo, y el cual fue calificado por el ilustre astrnomo Laplace, de original. Dividan el ao en diez y ocho perodos de veinte das, agregaban al fin cinco das complementarios, llamados nemonteni (intiles), completando as los 365 das del ao solar; mas como este excede al perodo de 365 das de poco menos de seis horas, formaban su siglo de 52 aos que llamaban Huihmolpia, haz o atadura de aos, y la edad o vejez (Huehuetilixtli) de 104, agregando a stos 25 das, de lo que resultaba solamente un da de diferencia dada 538 aos. La agricultura prosperaba, dedicndose preferentemente los toltecas al cultivo del maz, chile, frijol y otras semillas, as como al del algodn, -349- de que obtenan tanto provecho. Las mujeres hilaban y tejan con l mantas lisas, asargadas y afelpadas, con dibujos y figuras de colores. En la arquitectura, los toltecas eran muy diestros y construan sus edificios con piedras labradas, unas veces sobrepuestas y otras unidas con finsima mezcla; perpetuaban sus anales por medio de sus caracteres jeroglficos, y en fin, en sus leyes, en sus usos y costumbres demostraban la muy avanzada civilizacin de un gran pueblo. En sus ceremonias religiosas excluan los sacrificios humanos, con excepcin de los que practicaban en honor de Tlalotl, dios de las aguas, que adoraban en la cumbre de una de las ms elevadas montaas de la Sierra Nevada, al Este de Texcoco, y de Tonacatecuhtli, sacrificando al primero seis donas, y al segundo un criminal que era destrozado por las salientes puntas de dos rocas giratorias. Las leyes prohiban la poligamia, y segn ella los monarcas no podan contraer nupcias por segunda vez, y tan considerado era el valor en los hombres como en las mujeres el pudor. Una sociedad que como la de los toltecas fundaba su estabilidad en el respeto a la ley, como lo demuestran sus usos y la sucesin legtima -350- de sus reyes, no poda menos que ser feliz y poderosa. La sabidura y la prudencia fueron la gua de Mitl en su reinado, y por merecimiento de tan grandes cualidades se quebrant por primera vez la ley, prosiguiendo aqul en el trono hasta el da de su muerte, que acaeci 7 aos despus de expirado el trmino de los 52 aos, y por la misma causa sigui gobernando la reina viuda Huihtlalzin (ao 986), con la aquiescencia de su hijo Tecpancaltzin.
Muerta la reina Huihtlalzin, cuatro aos despus, tom las riendas del gobierno el prncipe su hijo, en cuyo reinado empieza la decadencia del imperio. Un noble tolteca, llamado Papantzin, haba descubierto el medio de extraer el jugo del maguey; y deseando hacer a su soberano un presente de ese licor, se hizo acompaar para tal objeto de su hija, nobilsima dona, tan hermosa como su nombre, pues se llamaba Flor (Xochitl). Presntase la dama y ofrece al rey aquel regalo, que agrad sobremanera al soberano, no tanto por el obsequio, cuanto por la bella dama que lo ofreca. Desde luego concibi por ella una pasin violenta, y slo la meditacin de un plan para conseguir sus fines preocupaba su nimo. Despidi al padre y a la hija, pero instndoles a que repitiesen -351- su obsequio, y que al serle de nuevo presentado, lo fuese slo por la hermosa Xochitl. Volvi sta de nuevo al alczar real, pero ya no regres a su hogar. Seducida por los halagos y ofertas del monarca, hubo de ceder a sus instancias y resignarse a vivir en el lugar de recreo que le destinara el rey, quien, para ocultar sus miras, envi a decir a Papantzin, que deseando unir a su hija con un rey su vasallo, la haba puesto bajo los solcitos cuidados y educacin de una matrona. Pas algn tiempo; y ya fuese por simples sospechas o por el deseo de ver a su hija, Papantzin se resolvi a inquirir el paradero de sta. Tras de largas pesquisas y valindose de la seduccin, logr al fin su objeto, penetrando en unos jardines, donde a la sazn se hallaba la dama con un nio en los brazos. No consintiendo en la deslealtad de su rey, dirigi a su hija estas palabras: Acaso el soberano te ha puesto aqu para que juegues con nios?. Avergonzada y trmula confes sta su debilidad, y el noble Papantzin resolvi desde luego dirigirse a pedir al rey satisfaccin de su afrenta. Al da siguiente, al acabar de escuchar Tecpancaltzin la queja del anciano, le consol ofrecindole que no tomara esposa, y que el hijo de Xochitl (que haba recibido el nombre de Meconetzin, o sea hijo del maguey), sera su heredero. -352Al expirar el trmino de los cincuenta y dos aos de su reinado, Tecpancaltzin cumpli su ofrecimiento, haciendo jurar por rey a su hijo natural Meconetzin, quien tom el nombre de Topiltzin, y fue la manzana de la discordia en el reino tolteca. Hzose notable el reinado de este prncipe por la bondad de su gobierno en los primeros aos, por su disipacin y vida disoluta en los siguientes, y por las enrgicas y acertadas disposiciones que en los ltimos aos dict a fin de reparar sus faltas. Su conducta desarreglada contamin a todas las clases de la sociedad, y el desenfreno fue tal, que los sacerdotes, a pesar de su voto de castidad, vivan pblicamente con las damas principales; el vicio y los mayores escndalos reinaban por todas partes; desorden que naturalmente iba precipitando rpidamente a la nacin en un abismo, tanto como antes la industria, el trabajo y el respeto a la ley la haban elevado a su mayor esplendor. A este principio inevitable de decadencia del pueblo, se siguieron algunas calamidades como un justo castigo de sus delitos; unas veces el cielo derram abundantes lluvias que anegaron las tierras, perdindose las cosechas, y otras privndole de ellas, de tal suerte, que una espantosa sequa, unida a los abrasadores rayos del sol, -353- arruinaron las mieses y aun las semillas que guardaban los graneros.
Para colmo de desdichas, los seores de Xalisco, de la misma raza, alegando derechos al trono de Tollan, y creyendo conculcada la ley con la exaltacin de Topiltzin, invadieron con un grande ejrcito poblaciones del dominio de este monarca; ni las palabras amistosas de los nobles embajadores enviados a su encuentro por el rey, ni los ricos presentes que en nombre de ste les ofrecieron, fueron bastantes a hacer desistir a los invasores de su intento; antes bien prosiguieron stos su marcha hasta penetrar en el recinto de Tula. Infructuosa fue la conducta de persuasiva que respecto a los monarcas de Xalisco observ Topiltzin, encaminada a obtener de ellos el abandono de su empresa, no obteniendo del tirnico empeo de stos, sino una tregua de diez aos, concedida a fin de que pudiera prepararse a la defensa. No es de extraar esta concesin de una raza que en mucha estima tena el valor y la lealtad. Este pacto dio por primer resultado la inmediata retirada de las fuerzas invasoras. Cumplido el plazo convenido, tiempo que no malgast el ilustre Topiltzin, se aprest para la guerra, situando convenientemente sus fuerzas y eligiendo para su cuartel general las llanuras de -354- Tultitln. Apenas se avistaron las huestes enemigas, sali a su encuentro el avanzado ejrcito tolteca. Trbase el primer combate, dando principio a una serie de luchas encarnizadas que duraron tres aos, haciendo en todas ellas los toltecas, unas veces vencidos y otras vencedores, inauditos esfuerzos de valor. Derrotado por completo el primer cuerpo de ejrcito, avanzan Topiltzin y el anciano rey Tecpancaltzin, a la cabeza de sus huestes, y la hermosa Xochitl guiando a las damas, que, como un cuerpo de amazonas, igualmente se disponan para el combate. Vinense a las manos unos y otros contendientes con la mayor bravura y coraje; la presencia de sus soberanos alienta y reanima a los guerreros, que con sus flechas y acertados golpes siembran por todas partes la desolacin y la muerte; las mismas damas y mujeres de los soldados, siguiendo el ejemplo de la reina Xochitl, penetran en lo ms encarnizado del combate y luchan cuerpo a cuerpo con los soldados enemigos. Tres das y tres noches consecutivas, y sin momento alguno de tregua, dur la refriega, no sin recibir continuamente los enemigos nuevos refuerzos, en tanto que los toltecas no eran reemplazados por nuevos guerreros. Agotadas las fuerzas de stos por una lucha tan tenaz, creca en proporcin la superioridad del enemigo, que progresivamente ganaba terreno. -355- Decidiose al fin el triunfo en favor de los de Xalisco, y el ejrcito tolteca, disperso ya, se refugi en las montaas y en los lagos, y slo quedaba en pie un corto cuerpo de ejrcito, que emprendi su retirada conducido por sus dos reyes y por la reina Xochitl. Este valeroso ejrcito, perseguido de cerca, y siempre luchando, pas a Xaltocan; de aqu a Teotihuacn, dirigindose luego para las montaas del Sur, rumbo a Totolapan. El rey Tecpancaltzin y la reina Xochitl, con algunos de sus vasallos, fueron alcanzados antes de llegar a Tultecasochitlalpam, que entiendo fue en las colinas de Tlalmanalco, y tuvieron que luchar cuerpo a cuerpo, pereciendo a manos de sus enemigos el primero, sin que le sirviera de escudo su ancianidad, y la segunda, sin respeto a su valor, a su sexo y hermosura. Tal fue el fin trgico de una herona digna de figurar en un poema! Topiltzin se refugi en una cueva de Xico, de donde sali despus de la retirada de sus enemigos para dirigirse a Tlapalan, que, segn creo, era el reino de Aculhuacan, donde dio algunas leyes que confirm Netzahualcoyotl, viviendo muy considerado hasta el da de su muerte.
El resto de los toltecas se disemin por distintos rumbos: unos se dirigieron a las costas del mar del Sur y Guatemala, y otros a Tehuantepec, -356- Coatzacoalco, Campeche y Xacolotlan. De esta manera concluy una monarqua que tan bellas pginas dej en la historia; pginas que he recogido de la relacin histrica de don Fernando de Alva Ixtlilxochitl. Rstame slo hablar de los objetos que en su exploracin a las ruinas de la antigua Tollan hall la Comisin nombrada por la Sociedad de Geografa, y compuesta del doctor Manfred, presidente; Porter C. Bliss; doctor Ord; Ziehl, y el que suscribe, como ingeniero y cronista en esta vez por ausencia de don Eufemio Mendoza, a quien ocupaciones preferentes le impidieron acompaar a la Comisin. Las figuras 1 y 2 representan: la primera un zodiaco, y la segunda un jeroglfico, cuyo objeto ignora la Comisin; ambas figuras se encuentran talladas sobre basalto, hallndose actualmente en el dintel de la puerta principal del templo. La figura 3 representa el fragmento de un utensilio de roca basltica y de propiedad particular. Las figuras 4, 5 y 6, constituyen el fuste de una gran columna, igualmente de basalto, de la cual slo se encuentran hasta ahora en el patio de la casa de diligencias estos tres trozos, que miden: el primero 0m63; el segundo 0m56, y el tercero 1m20, y de dimetro, los tres, 0m830. Como puede verse por los dibujos, los toltecas -357- posean un medio ingenioso para ligar perfecta y slidamente las diferentes partes del fuste de una columna, practicando en la parte central de una de las bases un cilindro hueco, mientras que en la base contraria de otra labraban otro cilindro macizo de igual dimetro, de manera que ste ajustase con aqul. La superficie cilndrica de los fustes se halla primorosamente tallada, admirndose en los dibujos la correccin y el buen gusto; circunstancias que constituyen una prueba de la justa fama que de buenos artistas gozaban los toltecas, hasta hacer este nombre sinnimo de aqul. En los dibujos que tan distintamente se advierten en las figuras 4 y 6, se cree observar en pocos detalles el arte clsico de los griegos, aunque en el total se advierta particularmente el egipcio; los de la figura 5, y parte de la 6, son enteramente originales. Los monumentos, como los representados en la figura 7, merecen una preferente atencin. Esas columnas pareadas y construidas en monolitos de basalto, en cuyos fustes se tallaron cuatro nudos o tlalpillis que representan cada uno el perodo de trece aos, demuestran en el conjunto de stos, bien el siglo tolteca simplemente, o que se quiso tal vez consignar en un monumento -358- indestructible la terminante clusula de la ley de sucesin. La figura 8 ofrece un gran dolo, asimismo de basalto, representacin horrible y deforme de un animal fantstico.
En una roca, que a mi parecer es toba volcnica y bien tallada, se encuentra una figura que representa a un monarca con todas sus insignias. Este objeto, marcado con el nmero 9, existe incrustado en uno de los muros interiores de una posada de la plaza principal de Tula. La figura 10 ofrece un jeroglfico grabado en la roca del Cerro de Magoni Chico, llamado tambin de La Malinche. En ninguna de las obras que he ledo acerca de la historia antigua de Mxico, se hace mencin de todos estos objetos. Acerca de algunos es muy natural que as sea, puesto que la mayor parte de ellos han sido desenterrados ltimamente. La misma Comisin promovi y presenci la extraccin de las columnas pareadas, que se encontraban ocultas por la tierra vegetal en la falda del Cerro del Tesoro y a orillas de un riachuelo. Otro fuste de columna, igual a la figura 6, se halla a la entrada del templo sirviendo de pileta de agua bendita, a cuyo fin se le destruyeron los tallados antiguos. -359La mayor parte de las ruinas del antiguo Tollan se encuentran diseminadas al Oeste de la poblacin moderna, frente a un lugar llamado el Salitre, aglomerndose la mayor parte en el Cerro del Tesoro. Estos monumentos arqueolgicos han sido salvados de su total destruccin por los esfuerzos desinteresados de un til ciudadano cuyo nombre siento sobremanera no recordar. Tal es el informe que por mi conducto rinde a la Sociedad de Geografa la Comisin exploradora de las ruinas de Tula. Mxico, 15 de Febrero de 187325.
Memoria con que el secretario de la Sociedad Filarmnica da cuenta de los trabajos de sta en el ao de 1870
Cumpliendo con la obligacin que me prescribe el reglamento de la Sociedad Filarmnica Mexicana, tengo la honra de hacer la debida relacin de sus actos durante el ao de 1870. Luchando su Junta Directiva con multitud de obstculos, como una consecuencia de la falta de recursos necesarios a una empresa de la magnitud de la nuestra, ha hecho cuanto ha dependido de sus facultades, atendiendo a la vez al sostenimiento de la Sociedad y al progreso de su Conservatorio. Solamente un empeo decidido, -362- la constancia y el patriotismo de que se hallan animados todos los individuos de la junta,
pueden haberla conducido a la feliz realizacin de los filantrpicos fines que se propuso la Sociedad al establecerse. Uno de los afanes de esta Sociedad ha sido el de propagar entre la interesante clase de artesanos el estudio de la msica, arte eminentemente civilizador. Con el establecimiento y sostn del Orfen Popular, esta afn ha sido coronado por un xito satisfactorio. Formado el Orfen de personas laboriosas, honradas, entusiastas por el arte musical y dispuestas siempre a dar el debido cumplimiento a las determinaciones de la Junta, ha contribuido al lucimiento de los conciertos y peras que se han ejecutado en el teatro, conforme a nuestras disposiciones reglamentarias y bajo la direccin de sus dignos e inteligentes profesores. La constancia, aptitud y conducta intachable de todos los que forman esa utilsima seccin del Conservatorio, as como el desprendimiento que manifestaron, cediendo para compra de papeles de msica el donativo que en favor suyo hizo la Junta de Instruccin Pblica, por haber contribuido a la solemne distribucin de premios de las escuelas nacionales, son circunstancias muy honrosas que los hacen acreedores al aprecio de la Sociedad. -363La comisin de conciertos ha puesto nueve en ejecucin, de los cuales dos fueron de msica clsica; y en todos ellos los ejecutantes han hecho brillar sus dotes artsticas, recibiendo de los espectadores el justo y digno homenaje debido a su talento. Debo consignar un voto de gracias a nombre de la Sociedad, a nuestras simpticas aficionadas y a todos los socios que se han dignado cooperar al brillo de nuestras funciones lricas. Si la Sociedad no ha podido, por la escasez de sus fondos, socorrer pecuniariamente a sus artistas, ha promovido todos los medios eficaces de proteccin. A la muerte del seor Aduna, la Junta acord la ejecucin de un concierto a beneficio de la familia de aquel distinguido artista. La comisin nombrada al efecto y compuesta de los seores Bablot, Guichenn y Rivas, cumpli satisfactoriamente con su encargo, permitiendo a la Sociedad poder ofrecer a la familia Aduna el producto lquido de la funcin, que ascendi a 600 pesos. No cabe duda de que el divino arte de la msica modifica y moraliza las costumbres de un pueblo. Convencida de esta verdad la Sociedad Filarmnica y con el ms vivo deseo de proporcionar a los alumnos del Conservatorio los medios a propsito para hacerles adquirir una posicin -364- digna en la sociedad, no ha perdonado sacrificios de todo gnero a fin de poner aquel establecimiento a la altura de los de primer orden de la Repblica. Mucho se ha luchado y mucho an habr que luchar para vencer la multitud de obstculos que presenta una empresa de tamaa magnitud, ora se atienda a la escasez de recursos, ora a las preocupaciones de todo gnero, que son un escollo, mil veces ms temible que la misma falta de recursos, puesto que aqullas traen consigo inevitablemente la divisin de un cuerpo, que unido alcanzara resultados enteramente satisfactorios. En un plantel como el nuestro no basta, en verdad, la subvencin que acord el Congreso, a mocin de nuestro ilustrado ministro de Instruccin pblica, el seor Iglesias, y que por la escasez del erario no se percibe con la deseada regularidad; hay
establecidas en l cuarenta y dos clases, servidas por veintisis profesores y cinco seoritas, sustitutas de clases; las gratificaciones son muy cortas; la mayor parte de los profesores sirven gratuitamente una clase por lo menos; pues no obstante todo esto, la subvencin no alcanza a cubrir los gastos ms indispensables. Deseando la Junta directiva satisfacer todos sus compromisos y poder adquirir los recursos necesarios -365- para la compra de instrumentos, libros de texto y de msica, as como para el mejoramiento del edificio, intent poner en escena la pera Hernani, la que a pesar de haberse ensayado con esmero, no pudo llevarse a efecto por los grandes gastos que exiga su ejecucin, y porque el reclutamiento que en esos das se hizo en la capital, a consecuencia de la revolucin de San Luis, retrajo a los artesanos que formaban parte de las masas corales. Se sustituy despus la mencionada pera con la Sonmbula, particin que por ser favorita del pblico nos prometa resultados muy satisfactorios. El xito correspondi a nuestros deseos? Penoso es responder con una negativa a esta interpelacin. En tales ocasiones se ha patentizado una idea que hasta hoy expresan mis labios; un corto nmero de individuos, relativamente a nuestra poblacin, se afana y se esfuerza por el adelanto artstico y literario de Mxico, luchando contra la apata, la indiferencia, el egosmo o las preocupaciones de la multitud. Sin pretender exagerar el mrito de la ejecucin de la pera Sonmbula, me tomar la licencia de hacer observar, para satisfaccin de los que en ella tomaron parte, y aunque mis palabras sean de poco valor, que la crtica en esta ocasin fue por dems severa tratndose de personas que no son artistas de profesin. -366El teatro estuvo lleno en el ensayo y con escasa concurrencia en la representacin; en sta el xito pecuniario no fue satisfactorio cual corresponda y era de esperarse atendiendo a la afluencia de gente en la noche anterior. Por qu tal inconsecuencia? No eran en la representacin los mismos ameritados artistas que los de la vspera? De otro orden y de mayor trascendencia fueron los obstculos que se presentaron para la realizacin del grandioso pensamiento de los festivales, siendo uno de aquellos el que nace de la divisin entre los amantes de la msica clsica y los intransigentes partidarios de la msica italiana. Si stos no adujesen simplemente en contra de aquella msica su nica y favorita expresin de no me gusta, que no es una razn para prevenirla en contra de la opinin general; si desprendindose de su preocupacin se detuvieran a escuchar con atencin las delicadas composiciones de los maestros clsicos, descubriran que en el conjunto de la riqueza armnica de aqullas resalta una meloda tan bella y grata como en las composiciones italianas; cesara desde luego esa divisin, que no debe existir en los filarmnicos, y todos a la par rendiran tributo a Beethoven y Rossini, a Mozart y a Donizetti, a Haydn y Bellini, a Meyerbeer, a Gounod, y -367- a tantos otros genios que han encantado el mundo con sus ricas armonas los unos, y con sus sentidas melodas los otros; el genio ha hermanado aquellos ilustres nombres, y todos ellos deben pronunciarse con respeto, con veneracin. Que la msica clsica no sea entre nosotros suficientemente conocida, y s de difcil comprensin desde el primer momento, no es razn para que se la desdee, y menos por un cuerpo cientfico como es el del Conservatorio de msica, que est en el imprescindible deber de ofrecer a sus profesores y alumnos modelos que imitar en todos los gneros y muy particularmente de aquel que posee el germen de lo sublime y de las buenas reglas. Si a cada paso fuera preciso evocar nuestros recuerdos y primeras
impresiones, deberamos confesar que nada encontraramos en lo sucesivo capaz de halagar nuestros sentidos. La misma msica italiana, as como la francesa, han agradado despus de haberse familiarizado con su estilo. Hernani, Rigoletto, Trovador, Macbet y otras han sido recibidas framente en sus primeras representaciones, as como las magnficas particiones de Meyerbeer y Gounod, no han podido an aclimatarse entre nosotros. Puede darse una partitura ms bella, ms tierna que la Favorita de Donizetti? Y sin embargo, hasta hoy se reconoce su mrito. La msica, a mi ver, cuanto mayor -368- sublimidad encierra, es de ms tarda comprensin; pero una vez comprendida, el entusiasmo que produce en nosotros es eterno, y no cansa como la msica ligera. Veinte y an ms veces se escuchar, y siempre con mayor agrado, la conjuracin de Hugonotes, y no habr paciencia para or tres veces el coro de Toreros de Traviata y ni una sola vez los desaforados gritos entre Decio y Atila. La historia de la msica viene en apoyo de mis palabras; y aunque mis conceptos parezcan repetidos, debo insistir presentando ms argumentos, pues trato de convencer. La partitura, Don Juan, de Mozart, es hoy considerada no solamente por los maestros y los inteligentes, sino aun por los profanos que han habituado su odo al estilo de aquella msica, como un modelo de buena composicin y como el germen fecundo de magnficas ideas; y sin embargo, antes de ser comprendida, fue recibida con frialdad, en su primera ejecucin en Viena, mientras hoy causa el mayor entusiasmo y asombro de los afectos a todo lo grande y bello. Considerando otros gneros, Roberto el Diablo, Profeta, Hugonotes, Guillermo Tell y Fausto, no son escuchados an entre nosotros con el agrado y respeto que merecen por su extraordinario mrito. Cuntos se deleitan hoy con -369- el Stabat Mater, de Rossini, que ayer calificaban de incomprensible y montona, esa sublime composicin, que hiere las fibras ms delicadas del sentimiento. Todas estas observaciones prueban hasta la evidencia, que la buena msica, sea cual fuere su gnero y escuela y por razn de su misma sublimidad, no puede ser comprendida momentneamente; pero qu valen unos instantes de desagrado con las inefables y duraderas sensaciones que la buena msica despierta en el alma, cuando ha llegado a revelar sus bellezas? Podrn atribuirse mis palabras a mera pedantera, profano como soy al divino arte de la msica, aun cuando por l sienta profunda aficin, y debo prevenirme, ante esa calificacin, que acepto resignado, porque en todo caso, entre el pedante que defiende lo bueno, porque es bueno, y el pedante que lo ataca por ignorancia, prefiero ser lo primero. Al presentar a la sociedad la proposicin de los festivales, idea iniciada por el seor Bablot, y secundada por el maestro Morales, el seor Fonseca y el que suscribe, se tuvo por objeto: primero, la unin de los filarmnicos; segundo, la propagacin de una msica que algn da ser el encanto de nuestra culta sociedad; y tercero, introducir en Mxico, teniendo en cuenta nuestros escasos -370- elementos, la costumbre de los grandiosos espectculos, que son hoy la admiracin de toda Europa. Logrose el primer objeto, puesto que hemos visto la noche del 29 de Diciembre ltimo, ejecutarse entre otras piezas una sinfona de Beethoven, por las dos orquestas reunidas y algunos de nuestros ms distinguidos aficionados, que se confundieron en un laudable sentimiento de confraternidad; esa ejecucin fue notable por la precisin y maestra que desplegaron
los apreciables instrumentistas, y llam la atencin de los inteligentes la prontitud con que se identificaron con el estilo grandioso y severo del gigante de la sinfona; sus esfuerzos y su inteligencia son dignos de los mayores elogios, como lo son la ciencia y el reconocido talento del maestro Morales, que tuvo el orgullo de dirigir a esa falange de ameritados ejecutantes; hago partcipe de estos elogios a los apreciables directores de las dems piezas ejecutadas, Agustn Balderas, Flix Sauvinet y Germn Laue. El primer festival mexicano abre la nueva era del progreso de la msica trascendental en nuestro pas. No puede negarse que un brillante xito artstico coron los afanes de la comisin, y sta no podr menos que dar un voto de gracias, no slo a esos artistas, sino a los seores aficionados de -371- la seccin de canto de la Sociedad Filarmnica, y muy especialmente a las seoras que se dignaron contribuir al brillo de esa solemnidad artstica con el prestigio de su belleza y de su talento. Si los trabajos de la Junta directiva se han encaminado al bien de la sociedad, no lo han sido menos en provecho y adelantamiento de su Conservatorio. Perenne vigilante del buen orden y de la slida instruccin de los alumnos, ha dictado todas las medidas conducentes al arreglo interior del establecimiento y al puntual servicio de las ctedras. El alumbrado de gas es una utilsima mejora, puesto que con menor gasto se tiene ms ampliamente iluminado todo el edificio de lo que antes estaba. La Junta ha acordado para el presente ao escolar el establecimiento de nuevas ctedras en el Conservatorio, creando adems una escuela de declamacin, cuyo plan hace que se la deba considerar como la primera que de su gnero se establece en Mxico. Gloria es esta que justamente corresponde a la Sociedad Filarmnica. La idea que domina principalmente en los individuos de la Junta, es la de proporcionar a los alumnos del Conservatorio elementos que les faciliten un modo honesto de vivir; tal ha sido el motivo por que no se ha limitado a la instruccin -372musical. Muchas nias no tenan las facultades necesarias para el estudio de este arte, mientras que poseen brillantes disposiciones para un estudio literario. A la realizacin del pensamiento feliz de la Junta, se debe que muchas seoritas hayan podido recibirse de profesoras, obteniendo unas gratificaciones en el Conservatorio, otras, sueldos de la corporacin municipal, y algunas han abierto, por su cuenta establecimientos de educacin; de manera que nuestro Conservatorio debe considerarse no solamente como un establecimiento para formar artistas en el canto y declamacin, sino como un plantel de profesores que deben derramar la luz y la enseanza en toda la extensin de la Repblica. Igualmente debo llamar la atencin respecto de los instrumentistas. El Conservatorio ha dado algunos ejecutantes a las orquestas y bandas militares, aunque es de sentirse que stos no hayan perfeccionado su educacin musical; pero la Junta no ha podido evitarlo, porque ni ha estado en sus facultades ni en sus principios, violentarlos de manera alguna. De desearse fuera que se meditase el asunto convenientemente, en vista de sus consecuencias trascendentales, para que se dictasen algunas providencias, que sin chocar con los principios liberales, evitasen aquel mal. En los exmenes mensuales, as como en los -373- pblicos de fin de ao, han demostrado los alumnos y alumnas del Conservatorio, que la instruccin que en l se
recibe es moral, complexa y slida. Si el Gobierno, como es de suponerse, sigue impartiendo su proteccin a este establecimiento, debemos esperar un xito completo para el porvenir, y que nuestro Conservatorio llegue a ser un plantel-modelo, y digno de rivalizar con los ms afamados de Europa. Tales han sido los actos de la Sociedad Filarmnica durante el ao de 1870, los cuales me ha tocado la honra, en esta vez, de enumerar. Mxico, 8 de Enero de 1871.
Memoria presentada a la Junta Directiva de la Sociedad Filarmnica Mexicana, con motivo de la construccin del Teatro del Conservatorio
Seores de la Junta Directiva: El espritu de iniciativa que desde la creacin de la Sociedad Filarmnica ha guiado a las juntas que se han sucedido, ha determinado el constante progreso de tan til instituto, y muy particularmente del Conservatorio de Msica y Declamacin. Dbese a las juntas que han antecedido a la de 1873 la realizacin de grandes ideas que tan poderosamente han influido en la esmerada instruccin de los educandos del Conservatorio, -376- as como a la ltima que ha regido los destinos de la Sociedad Filarmnica corresponde la honra de haber realizado el pensamiento de la formacin de su Teatro; pensamiento de trascendentales resultados para el objeto de nuestra institucin. El distinguido lugar que entre los establecimientos de enseanza pblica ocupa hoy el hermoso plantel, objeto de los desvelos de la Junta, exiga urgentemente la mejora que acaba de realizarse. El saln antiguo de conciertos, por su desaseo, por sus malas condiciones acsticas y por el desarreglo de sus localidades, era poco digno de los espectculos que en l ha ofrecido constantemente la Sociedad; espectculos por cuyo medio revelaba as a la nacin entera como a los ilustrados extranjeros que concurran, los rpidos progresos de los alumnos del Conservatorio y el delicado gusto de los socios por el arte de la msica. Si la Sociedad Filarmnica hubiera podido disponer de suficientes recursos, la formacin del Teatro poco o nada ofrecera de particular; sera tal circunstancia una prueba solamente de la ilustracin de sus miembros; consiste el mrito en haber acometido la empresa sin recursos, prescindiendo de las escasas asignaciones de la asociacin, que apenas bastan a cubrir sus presupuestos. Diose el acuerdo, y se procuraron los -377- primeros fondos apelando a una suscripcin entre varios particulares, la que, realizada, nos permiti dar principio a los trabajos, que se ejecutaron son una rapidez extraordinaria. La filantropa de los accionistas obliga a consignar sus nombres, como un justo tributo de agradecimiento; el Conservatorio debe, por tanto, inscribir en el catlogo de sus insignes benefactores a los seores:
Don Sebastin Lerdo de Tejada Don Jos Mara Iglesias. Don Rafael Martnez de la Torre. Don Ramn Terreros. Don Guillermo Barrn. Don Antonio Escandn. Don Antonio Mier y Celis. Don Pedro del Valle. Don Manuel Fernndez del Castillo. Don Manuel Iturbe. Don Luis Muoz. Don Sebastin Camacho. Insuficientes los fondos reunidos por medio de esta suscripcin para cubrir los presupuestos, y decidida la Junta a cerrarla por la premura del tiempo, apel a otros recursos, comprometiendo su crdito personal algunos honorables miembros de la misma Junta. Se contrat la obra de -378- carpintera con el hbil artesano don Pedro Mendoza, bajo la condicin de que el valor correspondiente a dos acciones de a 600 pesos cada una, le sera pagado a la conclusin de la obra con los productos de las primeras entradas; lo cual, aunque estableca una diferencia en su favor respecto de los accionistas, en nada rebajaba el mrito de su patritico proceder. Deseando, por mi parte, corresponder dignamente a la confianza que en m se dign depositar la Junta Directiva, nombrndome para formar el proyecto del teatro y encargndome de la direccin de las obras, desarroll aqul, estudindolo concienzudamente, aunque no sin graves dificultades que vencer, puesto que se me obligaba a circunscribirlo en el paralelogramo del antiguo saln, de dimensiones tan desproporcionadas, que impedan ante todo dar al nuevo teatro la conveniente forma circular. El problema para m era de muy difcil resolucin, por cuanto a que era preciso no incurrir, por la inconveniente forma del local, en el defecto que se advierte en los teatros improvisados, que son, generalmente, largos y estrechos; era de todo punto indispensable procurar al saln otra perspectiva ms agradable, sin reducir su extensin. sta fue la base de mi proyecto; y fueme preciso, para realizarlo, remeter la lnea de los palcos -379- respecto de la de las plateas, a fin de que desde las lunetas pudiese verse todo el conjunto, y reducir la extensin longitudinal del saln, en apariencia, avanzando hacia el frente del proscenio las lneas de los palcos y plateas, y sustituyendo las localidades perdidas por esta reduccin con los palcos de anfiteatro; circunstancia que ofreca, adems, la ventaja de poder disponer de una pequea sala para desahogo y para la colocacin de las escaleras de los palcos. Logrado el fin, mediante estas disposiciones, el proyecto fue aprobado en todas sus partes, ponindose desde luego en ejecucin; y aqu me cumple advertir, que si la obra se ha llevado a feliz trmino, dbese particularmente a la eficaz cooperacin de los hbiles artistas y artesanos, todos mexicanos, a quienes, por fortuna ma, encomend los diversos trabajos: los de carpintera al seor don Pedro Mendoza; el ornato del arte sonado a los seores don Agustn Ramrez y don Jos Serrato; el del proscenio a este mismo seor; los dorados del saln al propio seor Ramrez, y los del proscenio a don Francisco Lazarin; los medallones con los bustos que adornan la primera curva del artesonado y el ornato de la curva superior del proscenio a don Juan Fernndez; la pintura del vestbulo al estilo pompeyano a don Petronilo Monroy; el teln de boca a
don Tiburcio Snchez; el bordado -380- del segundo teln a las alumnas del Conservatorio Manuela Marn, Josefina Figueroa, Refugio Valds y Refugio Cerd, bajo la inteligente direccin de la Seorita Luz Oropeza; la decoracin de conciertos a don Rafael Gonzlez; las mnsulas de fierro al herrero seor Lazo de la Vega; los candelabros de bronce para gas a don Hiplito Aburto; los festones del proscenio y los del artesonado al seor don Jos Ortega; y por ltimo, los bustos de Alarcn, Gorostiza, Rodrguez Galvn y Caldern, los cuales deben decorar los costados del proscenio, a don Agustn Barragn. Debo mencionar los buenos oficios del seor don Gonzalo Mller, que tanto me ayud en las obras materiales que se emprendieron para la formacin del Foyer, as como el empeo e inteligencia que mostraron en sus trabajos los oficiales de carpintera y de pintura. Los retratos que decoran la primera curva del referido artesonado, estn fielmente modelados conforme a los magnficos grabados de la obra intitulada Los Msicos clebres; y respecto de los autores dramticos, de otros no menos buenos grabados y fotografas de contemporneos. Para justificar la eleccin que se hizo de las notabilidades en ambos ramos del arte, bastar citar sus nombres, que, por orden cronolgico, son: -381Compositores a la derecha del proscenio 1 Palestrina 2 Rameau 3 Haendel 4 Sebastian Bach 5 Gluck 6 Haydn 7 Mozart 8 Mhul 9 Beethoven 10 Auber 15241594 16831764 16851759 16851759 17141787 17321809 17561791 17631817 17701827 1782-
1874 11 Ftis 12 Rossini 13 Meyerbeer 14 Donizetti 15 Bellini 16 Verdi 17 Gounod 18 Jos Antonio Gmez 19 Bustamante 20 Beristain 17841872 17921868 17941864 17981848 18021835 1814 1818 1805 17871861 18171839 525 A. de J. 495 A. de J.
Autores dramticos a la izquierda del proscenio 1 Esquilo 2 Sfocles -3823 Plauto 4 Terencio 5 Lope de Rueda 6 Shakespeare 7 Ben Jonson 8 Lope de Vega 9 Caldern de la Barca 10 Corneille 11 Molire 12 Racine 227 A. de J. 193 A. de J. 1500-1567 1564-1616 1574-1637 1526-1635 1600-1681 1606-1684 1622-1684 1639-1699
13 Moreto 14 Sor Juana 15 Moratn 16 Victor Hugo 17 Alfieri 18 Goethe 19 Schiller 20 Bretn de los Herreros Alarcn. Gorostiza. Caldern. Rodrguez Galvn. -383-
Algunos bustos de otros hombres notables han dejado de colocarse en nuestro saln por falta de espacio, y esta circunstancia explica y disculpa suficientemente tan sensible omisin. No obstante el detenido estudio que emprend en el desarrollo del proyecto respecto de la forma que debiera darse al saln, faltbanle a aqul las condiciones acsticas e higinicas tan esenciales en las salas de espectculos, circunstancias que originaron nuevas dificultades. Las paredes rectangulares del local y la forma del cielo, sostenido por planos inclinados hechos de propsito para cubrir las grandes zapatas que soportan las vigas del techo, contrariaban, de todo punto, las leyes de la acstica; defecto que correg, sustituyendo los planos inclinados por superficies curvas que no impidiesen la libre propagacin del sonido, lo cual, por su combinacin, mejoraba notablemente el aspecto del artesonado. Con el mismo fin me propuse evitar en las nuevas construcciones, hasta donde era posible, las formas angulares; y por ltimo, para aumentar la sonoridad, determin la formacin de una caja armnica en el lugar que a la orquesta corresponde, y limitar el arco del proscenio por dos curvas elpticas paralelas. El resultado correspondi a mis deseos, y espero que pronto os convenceris de ello. -384Para la conveniente ventilacin del saln, aprovech cuantos recursos estuvieron a mi arbitrio. Hice colocar persianas en las cuatro ventanas, y practicar horadaciones en la parte inferior de las paredes; sistema que, como se sabe, es de los ms provechosos resultados. En el zcalo que corresponde a cada platea, se hicieron los convenientes taladros, por donde, sin molestar, penetra el aire que proviene de aquellas horadaciones;
y por ltimo, comuniqu el foro, por la parte del techo y en toda su extensin, con la sala perfectamente ventilada que existe en el piso superior. He procurado dar al escenario las mayores comodidades posibles, no obstante sus lmites reducidos, disponiendo, para el pronto servicio de la escena, que las decoraciones sean en su mayor parte cerradas y de rompimiento; que los telones se levanten sin doblar, con lo cual se logra la conservacin de ellos y mejor efecto, y que el servicio de los maquinistas se haga por la parte superior, a fin de no entorpecer la escena. Por la parte posterior del foro se construyeron, en nmero de once, los cuartos de los actores y las salas para vestuario de coristas y comparsas; dichos cuartos, bien ventilados, rodean el foyer de artistas, que es indispensable a fin de evitar que stos reciban a sus visitas en los mismos cuartos. -385Para concluir con esta parte de mi informe, debo manifestar a la Junta, que con el objeto de precaver al edificio de un incendio, atendiendo a ste prontamente en sus principios, aprovech la fuente que se hallaba en el pequeo patio de la habitacin destruida para la formacin del foyer, colocando una buena bomba que eleva el agua hasta el depsito que se encuentra en la parte ms elevada del edificio. Paso a tratar de la inversin de los fondos. Al aceptar el encargo con que me honr la Junta, desde luego propuse se hiciera exclusivamente la distribucin de dichos fondos por la tesorera de la Sociedad, previos varios requisitos, y sin ms intervencin por mi parte que la de poner el visto bueno a los recibos de los interesados, conforme a los presupuestos econmicos presentados directamente a la Junta y aprobados por ella. La cuenta que tengo la honra de presentar, es la misma que ha seguido la Tesorera de la Sociedad Filarmnica; todas las partidas, aun aquellas que provienen de gastos menores e insignificantes, estn debidamente documentadas y a entera satisfaccin de las personas que las han requisitado. La cuenta a que me refiero es como sigue: -386Cuenta que presenta el que suscribe como encargado de la construccin del teatro, de las cantidades que se han invertido en dicha obra Ingresos Recibido de los accionistas26 dem del Gobierno para reposiciones del edificio dem de los propietarios de las localidades dem de prstamos del seor 8.200 2.000 262 6.000 Egresos
Escalante dem del seor Iglesias -387A Mendoza por el importe de sus presupuestos27 A dem por varios trabajos extraordinarios A los talladores A la maderera por vigas y tabla de techar A Ramrez por sus presupuestos A sus pintores para concluir la obra y pintura del Foyer A Lazarin, por el proscenio y las galeras A Fernndez, retratos, medalln, etc. Por trabajos de pintura en el teln, cuarto de fumar y diseo del proscenio -388A Mller, encargado de la obra de albailera por rayas, materiales y gastos menores A Garcilaso y Guillaumin por varios trabajos de herrera A Valds, por asfalto A varios, importe de las cortinas y varillas, balleta, bellotas, flecos, etc., etc. Por papel sellado para los contratos A Aburto por candelabros, candil y farola A Ortega por varios trabajos de yeso 5.414 25 709 01 120 62 162 25 3.465 00 413 03 808 00 680 00 200
210 00
2.421.12 208 64 82 00
A Serrato, dem A Castaares por globos apagados A Delarue, por hule para tapizar bancas y barandillas -389A Alfaro por tapizar las mismas Por manta para las decoraciones Por alfombra para los palcos, plateas, escaleras y contadura, incluso lo dado por cuenta de la postura A Alfaro, por los inodoros A Del ro, bombillas, plumeros y armellas, etc., etc. A Monroy, por cuenta del vestbulo A Gonzlez, por la decoracin de conciertos A Simon Philips por cuenta de las sillas dem unos silloncitos Por sillas para la orquesta -390Por post. de la bomba A Dall Aglio por cuenta de decoraciones
172 50 72 00 128 00
228 00 76 75
4 00 100 00 _________ _
Suma del egreso Cantidad suplida del fondo de la Sociedad 1.099 84 _________ _ Igual 17.761 84
17.761 84
_________ _ 17.761 84
El tesorero, Liceaga. He desempeado la comisin con que me honr la Junta Directiva, procurando interpretar los deseos que la animaban al dar su acuerdo para trasformar el antiguo saln de conciertos en un local que por su decoro fuese digno del arte. No s, Seores, si habr llenado vuestro intento, ms si como lo temo, as no fuere, podis por lo menos estar convencidos de que he hecho cuanto me ha sido posible, y slo me resta suplicaros que os dignis aprobar mis humildes trabajos. Febrero 1. de 1874.
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Seores: No se puede tratar de una obra cientfica sin rendir grande admiracin a la inteligencia humana, a ese destello de la sabidura divina por el cual se distingue el hombre particularmente de los dems seres vivientes. La naturaleza ha ido cediendo progresivamente sus admirables arcanos al estadio y a la observacin del sabio que nada de cuanto existe ha despreciado y todo ha sido objeto de su investigacin, as la delicada yerbecilla que colora de verde esmalte las campias, como la frondosa ceiba y el secular sabino de los bosques; as la inquieta mariposa como el atrevido cndor que se cierne sobre las nevadas cspides de -392- las montaas; con el mismo inters ha hecho el estudio anatmico del infusorio, como el del cetceo de colosales proporciones; y por ltimo, abrindose paso por entre las densas capas de las aguas, ha descendido a escudriar el mundo martimo, y rasgando el sutil velo del ter, se ha lanzado a la indefinida extensin del espacio para inquirir las leyes que rigen a los cuerpos celestes. As, pues, los conocimientos humanos han adquirido un desarrollo prodigioso; y ya en nuestros das cada materia de una ciencia, constituye otra ciencia separada, aunque ntimamente relacionada con la que le dio origen. La Fsica, ciencia sublime de la naturaleza, ha revelado al hombre interesantes misterios. La casualidad, seguida de la observacin unas veces, y el estudio y perseverancia otras, han logrado descubrir multitud de fenmenos fsicos que han tenido, la mayor parte, utilsimas aplicaciones. La electricidad, agente principal, del cual segn nuevas teoras, dimanan los dems, ha enriquecido notablemente las ciencias, y como fuente inagotable, continuar enriquecindolas, produciendo los mayores prodigios; ese poderossimo agente ha
nulificado las distancias trasmitiendo la palabra con la velocidad del rayo, sin que le sirvan de barrera las gigantes cadenas de montaas, -393- ni de obstculo las tremendas agitaciones del Ocano. La electricidad esttica, antes del invento de Volta, por fuerte que fuera su acumulacin, era insuficiente para aplicarla a la telegrafa de una manera practicable y conveniente; hecho notable que estaba reservado a la electricidad dinmica, o ms bien al electro-magntico. Volta invent el aparato generador de tan poderoso agente; Bequerel modific el aparato de Volta haciendo constante la elaboracin, y por tanto perenne la corriente, y Oersted observ por primera vez la influencia de esa corriente en la brjula. Entonces naci el electro-magnetismo, y con esta ciencia el principio de la telegrafa elctrica bajo la sabia aplicacin de Ampre. Si la sabidura de estos hombres ilustres inund de luz el antiguo mundo, Franklin y Morse brillaron como astros de primera magnitud en el mundo de Coln. Franklin, como algunos sabios europeos, entrevi la idea de las comunicaciones telegrficas, y Morse la realiz; Franklin desprendi de las nubes el rayo y le sepult en el inflamado seno de la tierra, y Morse se apoder de l para encerrarlo en un circuito de metal; Franklin preserv al hombre de la descarga elctrica, y Morse la utiliz convirtiendo ese terrible meteoro en el -394- mensajero rpido, digno mulo por su velocidad, del pensamiento. Con el aparato de Morse, la idea de la telegrafa elctrica tuvo su definitiva aplicacin, establecindose la primera lnea entre Washington y Baltimore. Desde entonces los telgrafos se multiplicaron en ambos continentes, y ya slo preocupaba el nimo de los hombres cientficos el hecho de la colocacin del cable submarino, idea maravillosa que deba realizarse ms tarde. El 5 de Agosto de 1858 el Nuevo Mundo, por la voz del presidente de los Estados-Unidos, saludaba al antiguo, representado por la reina de Inglaterra. El rayo surcaba la inmensidad del Ocano estampando con su estela de fuego las siguientes frases, las ms elevadas y dignas de tan grandioso espectculo: El telgrafo ha unido a Europa y a Amrica. Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad. *** Veamos ahora de qu manera ha secundado la Repblica Mexicana a las dems naciones respecto de una mejora material de tanta importancia y trascendencia. Como en Europa, Mxico ha puesto en uso di versos sistemas telegrficos. Los aztecas trasmitan -395- sus mensajes por medio de hombres apostados de trecho en trecho; en pocas modernas, el telgrafo areo en las torres de nuestra catedral denunciaba los movimientos del invasor norteamericano; Y por ltimo, en 1850, el benemrito don Juan de la Granja haca el primer ensayo en la capital de la Repblica, de la telegrafa elctrica, comunicando el palacio nacional con la Escuela de Minas. Para poder apreciar debidamente el mrito de don Juan de la Granja, preciso es recurrir a la historia, que nos muestra las decepciones y las penalidades que han atribulado el nimo de varones ilustres que algo nuevo han emprendido, aun cuando los obstculos para la realizacin de una idea no hayan tenido por causa la timidez, la
envidia, o la ignorancia de los dems hombres; preciso es tener en cuenta los escasos elementos de que podemos disponer, particularmente por el excesivo egosmo de la mayor parte de nuestra gente acomodada, hecho que intilmente se ha tratado de justificar. A no existir esta causa principal, extensas lneas telegrficas ceiran como una diadema de fuego el territorio de la Repblica. Por consiguiente, mucho tuvo que luchar don Juan de la Granja para realizar su empresa, por la falta de accionistas, y aquella hubiera fracasado sin el eficaz auxilio pecuniario -396- de don Hermenegildo de Viya y Coso, actual cesionario de la lnea de Mxico a Veracruz. La patria reconocida premi los afanes del ilustrado emprendedor don Juan de la Granja, honrndole con el ttulo de ciudadano mexicano y de diputado al Congreso de la Unin. Por orden cronolgico expreso en seguida todas las disposiciones dictadas acerca del establecimiento de lneas telegrficas en la Repblica. 1849, 10 de Mayo.- Publcase el primer decreto concediendo privilegio exclusivo a don Juan de la Granja para plantear lneas telegrficas en la Repblica (Gobierno del seor Herrera). 1851.- Queda establecida la lnea telegrfica entre Mxico y Puebla, trasmitindose el primer telegrama en el mes de Diciembre. 1853.- Primer telegrama de la lnea de Mxico a Len, contratada con don Juan de la Granja por don Octaviano Muoz Ledo, Gobernador de Guanajuato, en la cantidad de cien mil pesos. 1859.- Se prorroga al seor don Hermenegildo de Viya y Coso, cesionario de la testamentara, de don Juan de la Granja, el privilegio otorgado a este seor el 10 de Mayo de 1849. 1865, 7 de Junio.- Decreto concediendo privilegio a don Carlos C. Clute y socios para el establecimiento de tres lneas: primera, por un ao, de Guanajuato a Matamoros, pasando por San -397- Luis, Saltillo y Monterrey; segunda, por dos aos, de Matamoros a Veracruz, por Victoria, Tampico y Tuxpam; tercera, por dos aos, de San Luis Potos a Durango, pasando por Aguascalientes, Zacatecas, Fresnillo y Sombrerete. 1865, 12 de Agosto.- Decreto concediendo permiso a don Carlos J. Arnoux, como representante de varios capitalistas de Nueva-York, para establecer tres lneas: la primera, de la Capital a San Francisco de California, pasando por Toluca, Morelia, Zamora, La Barca, Guadalajara, Tepic, San Blas, Mazatln, Culiacn y Guaymas; la segunda, de Mazatln a Durango, Cuencam, Parras, Villa-Aldama, Cerralvo y Camargo; y la tercera, del puerto del Manzanillo a Guadalajara. 1865, 16 de Noviembre.- Se concede permiso a don Rodrigo Rincn para establecer una lnea de Lagos a Aguascalientes. 1865.- Se aprueba el gasto de 10.000 pesos para el establecimiento de la lnea de Tehuacn a Oaxaca.
1865, Julio 27.- Bajo las mismas bases que la lnea anterior, Maximiliano acord la construccin de un ramal de Tepeji a Tula. 1865, Noviembre 12.- En el mismo ao se construy la lnea del puerto de Sisal a Mrida. Adems de las expresadas lneas, por convenio -398- celebrado con los seores Jecker y Compaa, sobre pago de su crdito, se comprometieron dichos seores a entregar las siguientes lneas en los plazos que se expresan: De Mxico a Len, establecida ya, para Enero de 1866, sin privilegio. De Mxico a Tampico, pasando por Pachuca, Tulancingo, Zacualtipam, etc. De Len a Guadalajara. De Amozoc a Veracruz, por Perote. De Mxico a Cuernavaca. En tiempo de Maximiliano se hicieron en el propio ao propuestas por don Arturo de Marcoant para establecer dos cables submarinos; uno del cabo de San Antonio al de Catoche, y otro de este punto a Veracruz. Tal proyecto no tuvo efecto. 1869, Abril 30.- Se concede una subvencin de 5.000 pesos, en el presupuesto del ao, a las compaas concesionarias de Durango a Mazatln. 1869, Mayo 5.- Se decreta otra subvencin de 11 pesos por kilmetro construido del telgrafo de Tlalpam a Cuernavaca, subvencionando a la empresa con una cantidad que no exceda de 2.000 pesos. 1869, Mayo 31.- Se subvenciona a la empresa del telgrafo de Mxico a Toluca con la cantidad de 20 pesos por kilmetro construido. -3991870, Noviembre 18.- Se concede otra subvencin a la empresa del telgrafo de Veracruz a Tampico, de 25 pesos por kilmetro construido entre este ltimo puerto y el de Matamoros. 1870, Diciembre 10.- Decreto que fija el plazo de seis meses y la cantidad de 32.000 pesos al telgrafo de Durango a Mazatln y autorizando al Ejecutivo para invertir 12.300 pesos en la compra del de Sombrerete a Durango. 1870, Diciembre 13.- Decreto autorizando a don H. G. Norton, de Nueva-York, para establecer en las aguas de la Repblica un cable electro-submarino que sirva de comunicacin entre un punto cualquiera de la costa Norte de Veracruz y otro de la costa de los Estados-Unidos.
1871, Diciembre 7.- Se exceptan de los derechos aduanales los tiles y materiales para el telgrafo de Campeche, al cantn de Iturbide y estados limtrofes. 1872, Abril 11.- Se prorroga por un ao el trmino fijado a don H. G. Norton para establecer el cable entre Yucatn y la Isla de Cuba. 1872, Octubre 29.- Se decreta la construccin de una lnea que partiendo de Tancasnequi, pase por Ciudad Victoria y termine en Matamoros. 1872, Diciembre 23.- Decrtase la lnea de Apizaco a Huauchinango por Tlaxco y Chignahuapan, -400- y dos ramales en la lnea del interior, y son los de Tepeji a Tula y Jilotepec. 1872, Diciembre 13.- Se autoriza al Ejecutivo para la construccin de un telgrafo de Mazatln a Ures, tocando en Culiacn, el Fuerte, lamos, Guaymas y Hermosillo. El mismo decreto consigna al telgrafo de Durango a Chihuahua y Paso del Norte, el gasto de 60.000 pesos. Las lneas que hoy forman en la Repblica la red telegrfica, son las siguientes. Lneas del Gobierno Federal Kilmetros De Mxico a Quertaro De Quertaro a San Luis por San Miguel De San Luis a Matamoros por Saltillo, Monterrey, Cadereyta, Cerralvo y Mier De Quertaro a Len por Salamanca, Guanajuato y Silao De Guanajuato a Dolores Hidalgo (ramal) De Irapuato a Pnjamo (ramal) De Celaya a Salvatierra (ramal) -401De Salamanca, a Valle de Santiago (ramal) De Mxico a Tixtla por Cuernavaca y Chilpancingo De Tehuacn a Oaxaca De Durango a Mazatln De Mrida a Campeche De Hecelchacn a Iturbide (ramal) 50,28 336,82 251,40 377,10 159,22 83,00 209,50 251,40 900,00 272,35 58,66 62,85 44,90
De Mrida a Sisal De Mrida al Progreso De Mrida a Izamal De Mrida a Tekax De Mrida a Mama
3.368,16 Kilmetros
Suma total de las lneas del Gobierno -402Lneas de los estados De San Luis a Durango, por Pinos, Ojo Caliente, Zacatecas, Fresnillo, Sombrerete, Chalchihuites y Nombre de Dios De Ojo Caliente a Aguascalientes (ramal) De Zacatecas a Jerez y Villanueva (ramal) De Salvatierra a Maravatio y a Ptzcuaro por Morelia De Jalacingo a Tampico por Ozuluama De Veracruz a Minatitln por Alvarado, Tlacotalpam, Cosamaloapan, Tuxtla y Acayucan
1.321,14
Suma de las lneas de los Estados Lneas de particulares De Len a San Blas por Guadalajara De San Juan de los Lagos a Aguascalientes (ramal)
De Guadalajara al Manzanillo De Mxico a Toluca -403De Mxico a Veracruz por Ro Fro, Puebla, Caada, Orizaba, etc. De Mxico a Veracruz por Ometusco, Huamantla, Jalapa, etc. De Apizaco a Puebla por Tlaxcala (ramal) De Ayotla a Ameca De Ometusco a Tulancingo por Pachuca (ramal) De Perote a Teziutln por Jalacingo (ramal) De Jalapa a Coactepec (ramal) De Huamantla a la Caada por Chalchicomula (ramal) De la Caada a Tehuacn (ramal) Lnea del Ferrocarril de Mxico a Veracruz De Puebla a Apizaco (ramal)
370,00 67,40
411,50 581,29 51,95 20,00 113,13 39,38 8,38 99,51 34,56 415,00 45,00 _______ _
Suman las lneas de particulares Total nmero de kilmetros en la red telegrfica, 9.098,40 Suman las lneas construidas dem en construccin y decretadas
2.667,10
Total -404-
9.098,40
No me detendr en encarecer las innumerables ventajas que con el establecimiento de los telgrafos obtienen la industria, la agricultura y el comercio. Todos los dignos miembros de la Sociedad de Geografa que me escuchan, las conocen mejor que yo. Sin embargo, debo hacer notar dos circunstancias dignas de ser observadas y de que les
prestis vuestra atencin. El telgrafo en Mxico ha venido a corroborar la idea de que los sacudimientos de tierra no son simultneos sino progresivos. Poco tiempo hace que, al sentirse en Veracruz un terremoto, los telegrafistas de aquella oficina comunicaron inmediatamente su observacin a los empleados de la de Mxico, donde no se senta el menor movimiento al recibirse el mensaje. La palabra tiembla fue trasmitindose progresivamente por el orden de la situacin de las oficinas del trayecto, y al cabo de minuto y medio, el suelo en que se asienta la capital empez a oscilar fuertemente. Si la agricultura, la industria y el comercio han obtenido inmensas ventajas con el establecimiento de las lneas telegrficas, la ciencia geogrfica mucho tiene que esperar de ellas, puesto que por su medio se obtienen pronta y econmicamente las diferencias de longitudes. A los esfuerzos de nuestros ingenieros Daz Covarrubias -405- y Jimnez, debemos algunas posiciones geogrficas determinadas por este medio; y si la Sociedad de Geografa tomara a su cargo asunto de tanta importancia, en el trascurso de poco tiempo podramos contar con un gran catlogo de posiciones geogrficas exactas, que viniesen a corregir los graves errores que contienen nuestros planos. Doy fin a mi corto discurso, recomendando a la ilustrada Sociedad de Geografa y Estadstica la Carta telegrfica de la Repblica, que con tanto acierto ha sabido llevar a feliz trmino nuestro distinguido telegrafista y consocio Cristbal Ortiz. Diciembre 21 de 1872.
Seores: La famosa ciudad de Gante, patria de tantos hombres ilustres en las ciencias, en las artes y en las armas, vio nacer el 22 de Febrero de 1796 a un nio que con el tiempo llegara a ser honra y orgullo de la ilustrada Blgica. Llamose ese nio Lamberto Adolfo Santiago Quetelet. Si pudiera vaticinarse el porvenir de los hombres, la humanidad entera celebrara con fausto el natalicio de aquellos seres que, como Quetelet, vienen al mundo dotados de una privilegiada inteligencia; habra celebrado con jbilo el nacimiento de ese -408- nio, saludndole como al futuro astrnomo, al infatigable meteorologista y al estadista profundo. Como todos los hombres de genio, Quetelet revel desde su edad temprana las dotes de su claro entendimiento, pues a los diez y ocho aos su buena instruccin le permiti elevarse al magisterio, como profesor de Matemticas en el Colegio de Gante, y cinco aos despus en el Ateneo de Bruselas, al mismo tiempo que ocupaba un asiento en la Academia Real de Blgica, de la cual fue ms tarde secretario perpetuo.
A fin de perfeccionar sus conocimientos astronmicos, march a Pars en 1824, enviado por el ilustrado gobierno del rey Guillermo, y regres a su patria, dos aos despus, para fundar el Observatorio de Bruselas, cuya direccin se le confi, y la cual desempe hasta los ltimos das de su existencia. Los anuarios cientficos, las revistas y los libros de los sabios insertan preciosos datos debidos a las profundas observaciones de Quetelet, a sus variados conocimientos y a su extremada dedicacin; bellos e interesantes trabajos, con los cuales el ilustre astrnomo recompens con usura a su gobierno la proteccin que de l recibiera. En las inmortales obras de Humboldt y Arago, en lo concerniente a la meteorologa, casi en cada -409- pgina se lee el nombre de Quetelet, y las justas apreciaciones que de sus trabajos e interesantes observaciones hacen ambos sabios. Cada una de aquellas citas, en libros tan eminentes, erige a Quetelet un monumento eterno, como lo son las bellas pginas del Cosmos y la Astronoma popular. De 1827 a 1829 recorri Inglaterra, Escocia, Alemania, Suiza e Italia, dando, a fuer de inteligente observador, ms dilatado ensanche a sus conocimientos, los cuales revel tan luego como hubo regresado a su patria, emprendiendo una serie de tiles publicaciones. La reputacin del astrnomo belga se extendi rpidamente y se hizo universal; en 1841 su patria le honr con el ttulo de presidente de la Comisin Central de Estadstica, y la Europa toda y la Amrica, le colmaron de honores y de todo gnero de distinciones. La Astronoma Elemental de Quetelet ha sido en Mxico el primer libro cientfico que, como un gua luminoso, ha puesto el profesor en nuestras manos. Sus instructivas pginas nos dejaron percibir la radiante luz de la ciencia, impidiendo con su buen mtodo que aqulla nos ofuscara. Si a esta circunstancia favorable se agrega nuestra inclinacin natural a honrar a los sabios erigindoles un templo en nuestros corazones, preciso -410- era que la Sociedad Mexicana de Geografa y Estadstica, fiel intrprete de aquel sentimiento, distinguiese al ilustre sabio con el ttulo de socio, y decretase, al saber su muerte, acaecida el 17 de Febrero ltimo, esta solemne sesin en honra de su memoria. Bajo diversos puntos de vista debe considerarse el genio de Quetelet: como astrnomo distinguido, como hbil meteorologista, como estadista profundo, y ms que todo como propagador infatigable de la ciencia. Esta ltima y envidiable cualidad basta por s sola para hacer su apologa. Si se consideran los servicios prestados a la sociedad, tanto por el genio creador de los principios como por el sabio propagador de los conocimientos humanos, en sus respectivas esferas, resalta un gran mrito. Si el brillante astro del da resplandece por su propia luz, los planetas con sus reflejos tambin ahuyentan las tinieblas. Los Laplace, con su genio creador, lanzan al mundo los brillantes rayos de su inteligencia; y los Quetelet, planetas de esos soles, los difunden disipando las tinieblas de la ignorancia. El hombre, en general, no puede poner sus ojos en la radiante fotosfera solar, y s puede fijar la vista en el disco apacible de la luna. Aun prescindiendo de las propias observaciones de Quetelet como astrnomo, y de las cuales -411- tratar esta misma noche mi apreciable consocio don Francisco
Jimnez, la enunciacin slo de las innumerables obras que dio a luz el ilustre sabio, bastan para demostrar su relevante mrito como propagador insigne. La meteorologa, una de las ciencias ms difciles por su aplicacin y que demanda la mayor asiduidad en las observaciones, fue el asunto a que dio grande importancia el ilustre astrnomo, consagrndole su tiempo y las ricas dotes de su entendimiento. La lluvia de meteoros csmicos que haba sido observada en Amrica, en 1799, por Humboldt y Bonpland, fue para Quetelet el origen de un importante descubrimiento. Nada es ms digno de las inteligencias privilegiadas que el examen de los fenmenos celestes. En la contemplacin del firmamento, el poeta halla la inagotable fuente de inspiracin; en el estudio del Universo, el astrnomo descubre las leyes inmutables que rigen a los cuerpos que lo pueblan; y en la atenta meditacin de los espacios infinitos, el filsofo, ante los asombrosos arcanos providenciales, adquiere la conviccin de las limitadas facultades de su entendimiento. Consagrado constantemente al estudio, Quetelet contribuy a descubrir las leyes a que se hallan sujetas en el espacio las masas metericas, -412- fijando su atencin en los anillos de millares de meteoritas que circulan en torno del sol como otros tantos asteroides, y a los cuales la tierra encuentra en su camino. Quin no ha visto aparecer de improviso esos cuerpos, inflamarse al contacto de la atmsfera, cruzar rpidamente el espacio con sus estelas luminosas como pequeos y brillantes cometas, y extinguirse sbitamente? Ese sublime espectculo que slo excita la curiosidad y admiracin del hombre indiferente, es un manantial de sabidura para el diligente observador. Comparando las observaciones modernas con las de los anales chinos, cuyo extracto public Biot, lleg Quetelet a determinar la periodicidad de la lluvia de estrellas errticas, llamadas de San Lorenzo, y que tiene lugar del 9 al 11 de Agosto. Segn las distintas circunstancias que concurren en la aparicin de esos cuerpos de materia csmica, forman tres grupos: 1. Estrellas espordicas, que aparecen todo el ao y cruzan en todas direcciones en nmero de ocho, trmino medio, por hora, en el campo de un observador, segn el mismo Quetelet. 2. Lluvia de San Lorenzo, del 9 al 11 de Agosto, que radian de las constelaciones de Perseo y Casiopea, y cuya mxima intensidad se efecta el da 10, conforme a las observaciones del mismo ilustre sabio; y por ltimo, -413- la lluvia del 10 al 15 de Noviembre, cuyo lugar de radiacin es la constelacin de Len, y su mxima intensidad la madrugada del da 14. En la interesante Memoria que sobre los catlogos de estrellas errticas public Quetelet, manifiesta las relaciones de periodicidad que existen entre las auroras boreales y aquellos meteoros, sin que por esto se entienda que entre aqullas y stos existe el mismo origen y pertenecen a una misma clase, sino que debe suponerse que las causas determinantes de las auroras boreales pueden ser favorables al nacimiento del fenmeno meterico. A Quetelet se deben interesantes observaciones sobre ciertos movimientos simultneos atmosfricos, los cuales explica por medio de ingeniosas hiptesis, y adems sobre las lluvias, temperatura del suelo y auroras boreales, publicando sus resultados y dando de todo las ms sabias descripciones y curiosos detalles.
A ejemplo de estos sabios, el mismo Quetelet hizo multiplicados experimentos, introduciendo el termmetro en la tierra y a distintas profundidades, a fin de resolver la importantsima cuestin de la temperatura del globo. Sus propias observaciones y la comparacin que de stas hizo con las de otros sabios, le dieron un resultado satisfactorio respecto de la velocidad media -414- con que se trasmite el calor al interior de la tierra, determinando las dos profundidades en que las variaciones anuales y diurnas de la temperatura pueden considerarse nulas. Por ltimo, en 1873, Quetelet public su Memoria sobre las resoluciones del Congreso de Viena, del cual form parte. Tena por objeto esa reunin la discusin de las bases que, en concepto de aquellos sabios, deberan adoptarse para proceder de una manera uniforme a las observaciones meteorolgicas en todos los pases. Las obras ms notables que nos dej el eminente Quetelet, independientemente de las estadsticas e histricas, son: la Astronoma Elemental (1826), cuya segunda edicin tom el ttulo de Elementos de Astronoma (1847), Anuario del Observatorio Real de Bruselas (1833-1866), Fsica del Globo (1861), Meteorologa de Blgica, comparada con la del Globo (1867), y varias Memorias destinadas a la Correspondencia fsica y matemtica de Blgica y a los Anales del Observatorio. Los importantes trabajos de Quetelet no se limitaron a la astronoma y meteorologa; su talento y su erudicin prestaron a su patria servicios no menos importantes, con las obras que escribi sobre estadstica. Estos distintos ramos de la ciencia, basados -415- en datos numricos, demandan cada uno, por su dificultad suma, una inteligencia superior y especial. De los fenmenos celestes y atmosfricos obtiene el astrnomo y meteorologista los datos esenciales de sus clculos; el estadista los recoge de los hechos naturales, sociales y polticos. Los primeros, respectivamente, fijan las leyes del movimiento de los astros y las causas determinantes de los meteoros, y el segundo da a conocer el estado social de un pueblo en sus elementos naturales de economa, situacin y movimiento. Aqullos predicen la reproduccin de los fenmenos celestes y las variaciones del tiempo, y ste prev los males de la sociedad y propone las medidas necesarias para su remedio. Estas diversas circunstancias realzan ms el mrito del hombre que supo tratar con tanto acierto materias tan variadas como difciles, y que llenaron toda su laboriosa existencia. Los ttulos slo de las obras que Quetelet escribi sobre estadstica, revelan su inmensa importancia. Investigaciones estadsticas acerca del renio de los Pases-Bajos (1830); Investigaciones sobre la reproduccin y mortalidad, y sobre la poblacin de Blgica (1832); Influencia de las estaciones sobre la mortalidad a diferentes edades (1838); -416Cartas al Duque de Sajonia-Coburgo-Gotha, sobre la teora de las probabilidades, aplicada a las ciencias morales y polticas (1846); Sistema social y leyes que lo rigen (1848); Estadstica moral y leves en que se funda (1848); y con el concurso de M. Heuschlin, Estadstica internacional (1865).
Public, adems, un Proyecto de ley para la enseanza pblica en Blgica (1838); una Historia de las ciencias fsicas y matemticas (1865), y las Ciencias fsicas y matemticas de los belgas a principios del siglo XIX (1867). Muy pocas son las noticias que de la vida de Quetelet nos han llegado. Uno que otro rasgo biogrfico que consigna el Diccionario de Vapereau respecto de ese sabio, y las menciones y citas de sus obras y observaciones que se encuentran en los libros cientficos, han sido el nico material de que he podido disponer para dar forma a este corto discurso, en desempeo de la comisin que la Sociedad se dign conferirme. Sin embargo, puedo aventurar, acerca de la vida de este sabio, una presuncin que no desmentir ciertamente la biografa que escriban sus compatriotas. Entregado el ilustre Quetelet a sus ocupaciones favoritas en el seno de su familia, estimado de su gobierno y querido de sus -417- amigos, entre los cuales contaba en primer lugar a Humboldt, Arago, Agassiz, Maury y otros hombres ilustres, su existencia, con excepcin de las penalidades inherentes a la humanidad, debe haber sido tranquila y feliz. Digna fama le granjearon en vida sus importantes trabajos; de hoy en adelante, sus obras constituyen su fama pstuma. Mxico, Julio 25 de 1874.
FIN