La Mujer en La Teoria Criminologica (240-266)
La Mujer en La Teoria Criminologica (240-266)
Mujer y criminalidad
El bajo nivel de delincuencia femenina en relacin con el de los hombres es universalmente reconocido por todos los criminlogos. stos concluyen que las mujeres son siempre y en todo lugar menos propensas que los hombres a cometer actos delictivos. Quizs esto sea lo que justifique que en Amrica Latina hasta pocas muy recientes, e incluso hoy, los estudios sobre delincuencia femenina no pasan de ser un mero apndice cuando existe de los estudios sobre criminologa general (masculina). Son escasos los estudios sistematizados que den razones acerca de la evolucin de la delincuencia femenina. Ms an, la bibliografa criminolgica usual en esta parte de Amrica no hace referencia a posiciones o teoras que expliquen la situacin de la mujer en relacin con las desviaciones sociales. Esta falta de sistematizacin que permita conocer ms profundamente sobre esta temtica es consecuencia de la marginalizacin que se ha hecho de los estudios e investigaciones sobre la mujer, por considerarlos muy particularizados o inaplicables a la poblacin desviante general.
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Tal como lo acuerdan diferentes autoras latinoamericanas,1 los trabajos sobre criminalidad presentan el problema como Paz de la Cuesta (1992). Alda Facosa de varones. Los anlisis se hacen desde la pers- cio y Rosala Camacho citadas por Gladys Tinedo Fernndez (1995). pectiva del hombre y sus resultados, considerados como verdades universales vlidas para ambos sexos, invisibilizan de este modo a la mujer. La cuestin est en que se toma al sexo masculino como paradigma de lo humano: la figura masculina y/o su problemtica es central, mientras que la figura femenina y/o su problemtica est ausente o es perifrica. Estos estudios, que slo se han hecho desde la perspectiva masculina y que se aplican a las mujeres, constituyen una sobre generalizacin que desvirta la objetividad, sealando como especfico de un sexo conductas, necesiEsto que sealan las autoras es dades e intereses de los que participan ambos.2 tambin palpable en nuestro pas No ha sucedido lo mismo en otras partes del mun- (Argentina), que en cuanto a poltica penitenciaria percibi a la vido, especialmente en los pases anglosajones, en don- sita conyugal hasta no hace mucho como una necesidad a de la produccin de trabajos y estudios sobre la satisfacer slo para los hombres, desconociendo la necesidad de criminalidad femenina s ha proliferado, conforman- afecto e intimidad en las mujeres. do una vasta literatura sobre gnero y delito que se remonta especialmente hacia los aos 1940-1950. No obstante, la transposicin automtica de estos trabajos a pases como el nuestro, da lugar a una representacin falsa de lo que son los perfiles de la delincuencia femenina. Efectivamente, el fenmeno de la criminalidad, como cualquier otro fenmeno social, viene indudablemente matizado por las especiales condiciones que concurren en una determinada sociedad, entre las cuales cobra gran importancia la regu
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! Un ejemplo muy concreto lo constituye la doctrina anglosajona que sostiene que la mujer comete delitos sexuales especialmente la prostitucin en altas proporciones, concluyendo que la prostitucin es el equivalente para las mujeres a los delitos contra la propiedad en los varones. Estas afirmaciones slo pueden originar equvocos en ordenamientos como el nuestro, pues el ejercicio de la prostitucin en nuestro pas, actualmente, no constituye un delito.
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lacin jurdico-penal aplicable a dicha sociedad. Esto porque, en definitiva, son las leyes penales las que en una sociedad definen qu conductas son delictivas y cules no; y estas normas penales no son idnticas en todos los ordenamientos jurdicos.3 As, las teoras explicativas de la desviacin han retrasado su atencin con respecto a la criminalidad femenina, permitiendo que en la actualidad permanezcan como consagradas cientficamente teoras que, en el mbito de la criminalidad masculina, han sido hace tiempo desechadas. En este sentido, se ha intentado enfocar el problema de la delincuencia femenina a partir de las caractersticas biolgicas y naturales atribuidas como propias al sexo femenino. Desde Lombroso, parte importante de la doctrina ha procurado descubrir especificidades en la mujer delincuente a partir de estudios sobre anormalidades cromosmicas, desrdenes hormonales, sndrome premenstrual, etc. Restando importancia a las circunstancias sociales, fijaban la atencin en determinadas caractersticas biolgicas y psicolgicas de la delincuente. Segn esta interpretacin, las diferencias orgnicas entre hombres y mujeres se expresan tambin en una natural menor propensin al comportamiento agresivo y a la Es interesante sealar aqu que toma de riesgos, subyaciendo con ello la idea de que esta interpretacin, ya criticada por Sutherland, no ha podido an el hombre delincuente se hace mientras que la muser desechada a pesar del abundante material estadstico disponible. jer delincuente nace.4
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Desde otra perspectiva y gracias a los movimientos feministas que surgieron en las dcadas de 1960 y 1970, se logr ms recientemente sensibilizar el tema de la desviacin femenina que haba sido ignorado por mucho tiempo, o que segua sostenindose en las explicaciones patolgicas de estas conductas segn las teoras lombrosianas. La traslacin del tema de la desviacin femenina hacia el rol de vctimas es esencialmente obra de estos movimientos. El feminismo logra contrarrestar la idea de que las mujeres corren menor riesgo de ser vctimas de la violencia que los hombres; y desmitifican los estereotipos de seres pasivos, inferiores, condicionados por su biologa, mitos que no hacan otra cosa que legitimar su supuesta inferioridad femenina y su determinacin biolgica (Carmen Anthony Garca, 1995). En este marco conceptual, estudios e investigaciones sobre el problema de la prostitucin, por ejemplo, llevan a la conclusin de que la prostituta no es, como se piensa habitualmente, el smbolo de la desviacin femenina como deca Lombroso, sino un smbolo de la victimizacin que consagra la estructura patriarcal. Todo lo expuesto nos orienta sobre el sentido de adoptar el elemento gnero en las discusiones, investigaciones y trabajos que afrontemos sobre criminalidad femenina. En los anlisis sobre la cuestin femenina y los aspectos relacionados con la criminalidad de la mujer, el elemento gnero est relacionaYa los trabajos de Margaret Mead do con las conductas y condicionamientos que la mostraron que lo natural no es lo determinante y que el comportasociedad y la cultura imponen como comporta- miento es condicionado por patrones culturales propios del grupo mientos femeninos o masculinos.5 As, cualquier social de pertenencia.
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anlisis de criminalidad para que pueda ser real debe tomar en cuenta las necesidades y la posicin de subordinacin de la mujer; considerar la especificidad de la condicin femenina y apreciar los efectos positivos o negativos de las circunstancias que rodean su vida: la feminizacin de la pobreza, las pautas sociales que adjudican mayor responsabilidad a las madres como organizadoras de la sobrevivencia de los hijos, la maternidad, etctera. La tipologa del gnero resulta una categora social que involucra toda la actividad humana y ayuda a visibilizar a la mujer en su especificidad respecto al sexo masculino y su relacin de subordinacin. No slo existe una relacin reconocida entre delito y clase social, sino tambin mltiples y complejas relaciones entre el gnero, el tipo del delito o el papel de la mujer en el acto delictivo, tanto de victimaria como de vctima. Reconocer estos hechos puede significar un elemento importante a tener en cuenta cuando se analiza la conducta delictiva de la mujer.
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cias, las tradicionales teoras sobre las conductas desviadas pueden explicar tanto los modelos de delincuencia masculina como femenina, pero en lo atinente a esta clase de delitos menores. Los autores aseveran que las recientes investigaciones que reportan datos en lo individual, identifican factores causales de delitos femeninos que son consistentes con aquellos sugeridos por las teoras tradicionales de explicacin del delito como anomia, asociacin diferencial o control social, por ejemplo. Pese a que estas teoras tradicionales del delito no se han planteado especficamente el problema de la explicacin diferencial por gnero, de ellas podemos extraer algunas conclusiones explicativas de los ms bajos registros en las conductas delictivas femeninas. La teora de la anomia sugiere que las mujeres estn menos sujetas que los hombres a los nfasis culturales en el xito material, ya que stos prevalecen y se hacen ms fuertes en las esferas pblicas en donde se desenvuelven los hombres y no en los mbitos domsticos y del hogar en los que mayormente se encuentran las mujeres. La teora de la asociacin diferencial nos orienta a comprender por qu las mujeres estn menos expuestas a la influencia de comportamientos desviados y son menos propensas a involucrarse con grupos de delincuentes, puesto que tienen mayores restricciones para conectarse o acceder al mundo delictivo. Los roles tradicionales reducen ms las probabilidades de las mujeres de entrar en contacto con subculturas desviadas. El enfoque que presentan estos recientes trabajos es considerar que las teoras tradicionales proveen explicaciones razonables de
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formas menores de delincuencia tanto masculina como femenina y, tambin, para diferencias de gnero en el delito slo en algunas categoras que revisten menor gravedad. La explicacin de la variabilidad de los delitos graves cometidos por mujeres y de las diferencias de gnero en delitos de mayor gravedad, segn los autores, es mucho ms problemtica dado que las teoras tradicionales no aportan elementos de consistencia para esas explicaciones. Las amplias fuerzas sociales sugeridas por estas teoras (como el desempleo, la pobreza y los controles sociales) brindaran explicaciones sobre ofensas menores masculinas y femeninas, ejerciendo influencias causales tanto sobre delitos masculinos como femeninos. En este sentido, revisando la evolucin comparativa de las tasas masculinas y femeninas de delitos en la provincia de Crdoba Repblica Argentina y para el periodo 1975-1996,6 pudimos obVer Mariana Snchez. Gnero y delito. Tesis de maestra en Mtoservar que las tasas masculinas y femeninas varan a lo dos y Tcnicas de Investigacin en largo de la serie temporal de manera muy similar, espeCiencias Sociales, Universidad Blas Pascal, 2003. cialmente en las conductas delictivas que identificamos como de mayor frecuencia y menor gravedad. Esto es, en los delitos contra la libertad, las personas y la propiedad, las tasas masculinas y femeninas siguen idnticos cursos de ascensos y descensos en la serie histrica. Estos resultados, en primer lugar, nos indujeron a descartar las teoras que sostienen explicaciones biolgicas o naturales de la relacin entre mujeres y delitos, dado que las tasas femeninas no se mostraban estables, variaban de manera afn con las masculinas a lo largo del tiempo; es decir, respondan a las mismas causas sociales o legales indepen$
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dientemente de cualquier condicin asociada a la naturaleza que distinga al hombre de la mujer. En segundo lugar, y en relacin con esas fuerzas sociales que influyen en la comisin de los delitos femeAl igual que lo que suceda con la ninos, observamos tanto mediante tcnicas de anlipoblacin desviante masculina, en sis cuantitativas, como cualitativas que son los la que los porcentajes de desempleo presentan correlaciones muy porcentajes de desocupacin los que influyen con significativas con estos tipos de delitos ms frecuentes. mayor intensidad en los delitos cometidos con mayor Tanto las tasas generales de desofrecuencia por las mujeres,7 delitos contra las personas, cupacin como las tasas femeninas de desocupacin alcanzan coeficientes de correlacin muy contra la libertad y contra la propiedad. elevados, con altos niveles de sigLas distintas medidas de desempleo utilizadas en el nificacin, con estos tipos delictivos femeninos considerados ms anlisis cuantitativo confirmaron (aplicando el modelo frecuentes: contra las personas (no el homicidio), contra la liberestadstico de correlacin de Pearson) que sus efectos tad y contra la propiedad. Los relatos de las entrevistadas lo alcanzan a ser intensamente influyentes en las variacioevidencian claramente: Trabaj nes de los tipos delictivos cometidos ms frecuentemen- en casa de familia mucho tiempo. Cuando se fue la seora a Espaa te por las mujeres cordobesas, los que son asimismo me qued sin trabajo. Estuve un tiempo con el tejido pero no me alconsiderados tipos de menor gravedad.8 Igualmente, de canzaba... No tener trabajo me ha esto, y las entrevistas en profundidad realizadas a las internas llevado a Sufr si lo intento la nunca pude! mucho con falta trabajo, las nicas de la crcel para mujeres Buen Pastor de la ciudad de de me cierran son las puertas que se del trabajo, y vecinos Crdoba, pudimos extraer que, de acuerdo con la expe- porque tengo amigos vecinos me que trabajan bien, mis riencia y con la imagen de las propias actoras, el desem- conocen, me quieren y me respetan (caso 2, robo simple). Estoy ac por no conseguir trapleo se presenta como una variable que favorece la bajo. Por ms que los chicos de la inclusin de las mujeres en delitos lucrativos, principal- calle quieran cambiar, no se les da un trabajo, no se les da una opormente delitos contra la propiedad, que son los tipos de tunidad y tienen que llegar a esto... Todas las que estn ac mayor frecuencia y menor gravedad en la comisin de la adentro te dicen que es porque no consiguen trabajo ni nada (caso poblacin desviante femenina.9 4, robo calificado).
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Estas teoras tradicionales pueden ayudarnos a interpretar los patrones de delincuencia femenina y masculina de delitos frecuentes, y tambin nos iluminan sobre por qu los niveles de delincuencia femenina son ms bajos que los masculinos. Sin embargo, estas interpretaciones son mucho menos ilustrativas cuando buscamos respuestas a una gran variedad de profundas diferencias en modelos masculinos y femeninos de delincuencia. La literatura sobre esta problemtica coincide en reflexionar sobre algunos ejemplos de cuestiones que no son capaces de ser explicadas por las teoras tradicionales y que han sido demostradas por numerosas investigaciones sobre delincuencia femenina, como los siguientes: a) Por qu los delitos de mayor gravedad son menos caractersticos de la delincuencia femenina? La participacin criminal masculina en delitos de gravedad excede en mayor grado la femenina, cualquiera que sea la fuente de los datos, el tipo de delito, el nivel de participacin o la medida de la participacin. Las mujeres son menos propensas para involucrarse en delitos graves e, incluso, los valores monetarios de robos femeninos, contra la propiedad, cuestiones de drogas, etc., son tpicamente ms pequeos que para similares delitos cometidos por hombres.10 Kruttschinitt (1994); Steffensmeier (1983); Steffensmeier y Allan Como en Crdoba, durante el periodo analizado en (1995); citados por Steffensmeier y Allan (1996). nuestra investigacin (1975-1996),11 se observa que el Snchez, [Link]. homicidio es un delito en el que las mujeres cordobesas participan con poqusima frecuencia, con una media a lo largo de los 22 aos de poco ms de un homicidio (1.21) cada 100 mil mujeres; en
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comparacin con la media masculina que supera los 16 homicidios cometidos por hombres cada 100,000 habitantes. b) Por qu son las delincuentes femeninas menos propensas a participar o liderar grupos criminales? Las mujeres son ms proclives que los hombres a delinquir solas o a ser parte de pequeos o relativamente no permanentes grupos delictivos. Cuando las mujeres delincuentes son involucradas con otros especialmente en robos ms lucrativos o delitos de mayor gravedad, ellas tpicamente actan como cmplices de hombres quienes organizan, conducen y liSteffensmeier y Daly (1989). derean la ejecucin del delito.12 As tambin ha sido observado en nuestra provincia de Crdoba. Hemos podido corroborar en nuestro trabajo de investigacin sobre gnero y delito, que la mayor parte de las mujeres consultadas en las entrevistas en profundidad realizadas en la crcel para mujeres Buen Pastor, actuaron ilegalmente acompaadas por una figura masculina (jefe, hijo, pareja). Las tcnicas cualitativas de anlisis nos permitieron, en el trabajo de investigacin citado, observar adems que para el caso de delitos ms graves cuya comisin no es frecuente en las mujeres las interpretaciones tericas asociadas a los intensos controles sociales y a las fuertes posiciones de subordinacin en la que se encontraban las mujeres entrevistadas, se evidenciaban con mucha fuerza. Los potentes controles sociales ejercidos por hombres emocionalmente significativos en la vida de las mujeres, terminaban conducindolas por el fuerte lazo afectivo que las ligaba a
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seguirlos y acompaarlos en cualquier decisin u opcin de vida que tomaran, incluida la delictiva.13 c) Por qu las mujeres parecen necesitar un mayor nivel de provocacin antes de volcarse hacia la actividad delictiva, especialmente a delitos graves? Aparentemente la poblacin desviante femenina aparece en un umbral ms alto, que es particularmente ms visible en los delitos de mayor gravedad. Las mujeres necesitan un estmulo ms fuerte y poderoso que los hombres para cometer delitos. Esto puede vincularse a una socializacin que incluye controles internos ms fuertes que producen mayor supervisin y control sobre las mujeres, lo que reduce riesgos y oportunidades en las elecciones desviantes femeninas. Todas estas cuestiones revisadas y corroboradas En investigaciones de autores por la literatura14 no son satisfechas por la mayor parcomo Steffensmeier (1983); Miller (1986); Pettiway (1987); Steffenste de las teoras tradicionales explicativas de las conmeier y Terry (1986); Gilfus (1992); mencionados todos en Steductas desviadas. Tampoco stas nos son tiles para ffensmeier y Allan (1996). brindar explicaciones ms profundas acerca de diferencias importantes como las de los ejemplos citados en cuanto a las conductas delictivas de hombres y mujeres.
Estuve sometida a mi marido hasta que llegu a este lugar. Estuve sometida a l, a sus caprichos y estupideces. Pero Dios me mostr esto para que me de cuenta de lo que es trabajar... Todo esto, a pesar de que me ha hecho dao, me ha enseado a valorizarme a m y a los otros (caso 5, homicidio simple). Mi pareja o ex pareja es compaero mo de causa. Yo estaba mucho con l, con mi novio, estaba siempre con l... l me tena mucho para l, yo haca lo que l me deca... Estaba muy controlada por l, muy custodiada. Yo estaba enamorada, estaba ciega. No me daba cuenta, me pona en contra de mi familia, no me dejaba trabajar con mis hermanos, me quera tener para l ... El da que lo dej me sent libre, aunque estaba ac encerrada, me sent libre. Era como que me dominaba mucho (caso 8, comercializacin y trfico de estupefacientes).
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Como sostiene Meda Chesney-Lind (1986), esta posicin no es realmente tan nueva; desde finales del siglo pasado los criminlogos han estado analizando las posibles consecuencias de la emancipacin de las mujeres y alertando que de ella podran resultar dramticos cambios en el carcter y frecuencia de los delitos cometidos por mujeres. La autora cita una famosa criminloga feminista Freda Adler que en 1975, cuando las tasas de arrestos femeninos en los Estados Unidos ascendieron a valores alarmantes, en su libro Sisters in Crime directamente atribuye los cambios en las tasas de arrestos de mujeres a la tensin vivida por las mujeres en la lucha por la igualdad social y econmica. Adler sostiene que de la misma forma que las mujeres demandan igualdad de oportunidades que los hombres en el campo del comportamiento ajustado al derecho, un similar nmero de mujeres est forjando su camino dentro del mundo delictivo. Desde otra perspectiva podemos cuestionar la influencia de los movimientos femeninos en las variaciones en las brechas delictivas por gnero en las recientes dcadas en Argentina. Observando los resultados obtenidos en el citado trabajo de investiSnchez, [Link]. gacin realizado en Crdoba sobre gnero y delito Delitos contra las personas, homicidios, delitos contra la honesen el periodo 1975-1996,15 en cuanto a la evolucin tidad, delitos contra la libertad, delitos contra la propiedad y delide las diferencias por sexos en cada clase de delitos tos contra el Estado, cuyas tasas analizados,16 encontramos nicamente diferencias o fueron elaboradas a partir de los totales de hechos delictuosos con brechas ms pequeas en el periodo 1975-1980, intervencin policial que por ao y jurisdiccin publica el Registro pero en toda la dcada de los ochenta y hasta 1996 Nacional de Reincidencia y Estadstica Criminal del Ministerio de las brechas delictivas por gnero se incrementan o, Justicia de la Nacin.
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como en el caso del homicidio, se mantienen ms o menos estables. Si bien las tasas de delitos ms habituales o de mayor frecuencia en la conducta desviada femenina (y tambin masculina) presentan tendencias ascendentes especialmente desde 1980 en adelante, las diferencias por sexo en la actividad ilcita no se reducen sino que por el contrario, se mantienen estables o se incrementan. La hiptesis de igualdad de gnero no nos brinda mayores respaldos frente a estos resultados, dado que las diferencias de gnero en el delito, con el avance de la participacin femenina en la sociedad, no se han reducido hacia los aos ms recientes. Algo semejante ocurre en otros pases; Estados Unidos, por ejemplo, en donde los profundos y significativos incrementos en las tasas de delitos femeninos se producen en el periodo 1960-1975 (Steffensmeier, 1996), periodo en el que los movimientos femeninos haban ganado mucho terreno. Sin embargo, los incrementos en las tasas de arrestos femeninos en delitos de menor gravedad, seala este trabajo, son mucho menos pronunciados hacia 1990 y casi no se registran claras tendencias de ascenso en delitos de mayor gravedad; a lo largo del periodo estudiado (1960-1990) se mantienen alrededor de 15% en relacin con los masculinos. La hiptesis de desigualdad de gnero (Meda ChesTambin autores como Miller ney Lind, 1986)17 sugiere que las relaciones de poder (1986); Daly (1989) y Richie (1995); patriarcales dan forma o conducen a mayores desi- citados por Steffensmeier (1996). gualdades de gnero en el delito, empujando a las mujeres a las conductas desviantes a travs de la victimizacin, la
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marginalidad econmica y las necesidades de supervivencia. La lgica del enfoque de la hiptesis de desigualdad de gnero sugiere que a mayor igualdad entre los sexos, menor porcentaje de delitos femeninos, puesto que la discriminacin y las condiciones de pobreza juegan roles de importancia en la creacin del delito femenino. El argumento de la desigualdad de gnero seala, adems, que los incrementos en los delitos femeninos de mayor frecuencia (como delitos contra la propiedad o contra las personas) son menos probables de provenir de la mayor inclusin de la mujer en el mercado de trabajo, que de presiones econmicas o condiciones de poAnalizando los efectos actuales breza soportadas por el sexo femenino. Dado que las de la llamada revolucin feminista, Gilles Lipovetsky (ensayista, mujeres no han realmente experimentado mayores y profesor de filosofa de la Universidad de Grenoble, autor del libro mejores posiciones en el mundo econmico, parece La tercera mujer presentado en poco plausible que cualquier ola de delito femenino Buenos Aires en la Feria del Libro de 1999 y reseado por Diario Clapueda ser explicada por esa va. Los autores enrolados rn, Seccin A, Fondo del domingo, 2 de mayo de 1999) afirma que en esta corriente concluyen que ms bien es la discrien las ltimas tres dcadas la misma termin por preservar casi tanminacin econmica y los contextos de profunda potos valores como los que intent cambiar; tales como el amor de la breza (antes que la liberacin femenina) lo que mejor pareja heterosexual, la ortodoxa procreacin entre hombre y mujer, explica el carcter de los delitos femeninos. Es decir, etc., que, segn este ensayista francs, la posmodernidad no despese a haber ganado mayor terreno de igualdad con el truy. Esta visin lo lleva a sostener que el futuro previsible del gnero opuesto, las mujeres an experimentan la expoder en las sociedades an es el hombre y que el feminismo podr clusin de los mbitos de poder econmicos en la solograr que las mujeres entren en la ciedad, lo que se traduce en una mayor influencia de la esfera poltica (probablemente porque lo poltico es menos prestidesigualdad social sobre el sexo femenino que puede gioso), pero las esferas del poder del dinero seguirn ocupadas por conducir a las mujeres a optar por caminos ilegales.18 los hombres, manteniendo al sexo
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Y Argentina, indudablemente, no est exenta de femenino alejado de altos cargos jerrquicos o sencillamente imbuieste proceso. A partir de la dcada de 1970 la inclu- do en el mbito domstico del cuidado de la casa y los hijos. sin de la mujer en la sociedad se hizo creciente, y las transformaciones experimentadas por este grupo poblacional fueron muchas. La expectativa femenina de vida se prolong; gracias a los controles de natalidad las mujeres pudieron decidir tener un nmero menor de hijos; se increment la educacin formal femenina y el acceso a ella; la presencia de la mujer en la actividad econmica, social y poltica aument. No obstante, a pesar de los avances registrados en distintos mbitos, el indicador ms importante de la desigualdad de gneros sigue siendo el econmico. Es, precisamente, en el campo laboral donde se perciben las mayores desigualdades entre hombres y mujeres; es ah donde an persisten muchas y profundas diferencias. Estn aqu presentes los fenmenos de discriminacin laboral y discriminacin salarial. La concentracin laboral femenina se localiza en trabajos de baja remuneracin y escaso prestigio, registrndose adeUn estudio realizado por la ecoms fuertes y significativas disparidades salariales.19 nomista Nuria Susmel, de la FunEn las empresas se observa un dualismo laboral (Mon- dacin de Investigaciones Econmicas Latinoamericanas ( FIEL tuschi-Barroetavea, 1989). No slo las mujeres tienen citado por el diario La Nacin vedado el acceso a reas consideradas masculinas sino Economa y Negocios, 18 de mayo de 1997), sobre los datos del INDEC muestra que a que, adems, el mercado laboral interno femenino, dis- de horas trabajadas igual cantidad y cumpliendo similares, los salarios tinto del masculino, no funciona en forma adecuada para tareas son siempre inferioresfemeninos a los asegurar que las mujeres puedan ascender a posiciones su- masculinos. periores. Es clara la evidencia respecto a la existencia de
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una brecha salarial, que no sera tan significativa en los puntos de entrada a las ocupaciones como en las posiciones posteriores de la escala jerrquica. Esta circunstancia refleja la ambivalencia o contradiccin en la que se encuentra la situacin de la mujer en la sociedad argentina, desproporcionada en relacin con los logros femeninos en otros mbitos, especialmente el educativo. Por otra parte, el fenmeno de empobrecimiento tambin constituye un rasgo central de la sociedad argentina desde la dcada de 1970. El aumento de los porcentajes de desempleo y las importantes variaciones experimentadas por los ndices de inflacin, se constituyeron en factores determinantes que pusieron en movimiento este crculo vicioso de pobreza en nuestro pas. Dado que la ocupacin y el empleo constituyeron la fuente principal del ingreso de la mayora de la poblacin, ambos determinaron un papel central a la hora de definir y detectar una situacin de crisis y empobrecimiento. Las difciles situaciones econmicas surgidas de esta situacin modificaron an ms la vida de las mujeres argentinas. Para hacer frente a los efectos de la crisis, y tal como ocurriera en varios pases industrializados durante las guerras mundiales, las mujeres aumentan su inclusin en la poblacin econmicamente activa. As, mientras en 1980 la poblacin econmicamente activa femenina era de 32.4%, diez aos ms tarde, en 1990, alcanzaba 38.2%. Sin embargo, la falta de trabajo se hizo sentir tambin en este sector de la poblacin, registrndose altas tasas de desempleo en el sector femenino
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en comparacin con el masculino. As, mientras en 1985 la tasa de desocupacin especfica por sexo en Argentina era de 4.6% para las mujeres y 5% para los hombres, en 1996 alcanzaban 21.9% para el sector femenino y 16.7% para el masculino, segn lo informa el INDEC (Instituto Nacional de Estadsticas y Censos). Es as como la crisis tuvo un doble efecto sobre la vida de las mujeres: por un lado, contribuy a impulsarlas al mercado de trabajo, acentuando su incorporacin a la esfera pblica y reduciendo la brecha que las separa de los hombres. Sin embargo, esta voluntad de incorporacin de las mujeres se encontr estructuralmente limitada por la falta de oportunidades de trabajo, ya que a pesar de observarse un mayor crecimiento de los porcentajes de mujeres en la poblacin econmicamente activa, la crisis tambin alcanz a este sector con tasas de desempleo que se hicieron sentir con ms fuerza que en el sector masculino. Las significativas e intensas correlaciones observadas mediante tcnicas cuantitativas entre los porcentajes de desempleo y las tasas de delitos ms frecuentes (especialmente delitos contra la propiedad) en anteriores trabajos (Snchez, 1997, 1998, 1999, 2003) sobre conductas desviadas de diferentes poblaciones desviantes de Crdoba y Argentina, se enmarcan en lo sostenido por esta ltima teora revisada, la hiptesis de desigualdad de gnero. Tanto en nuestra provincia de Crdoba como en todo el pas, el desempleo se ha arraigado en la sociedad como un profundo problema estructural, indicador por excelencia de la profunda pobreza en la que todo el pas se encuentra inmerso. Igualmente, mediante el
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empleo de tcnicas cualitativas, tambin pudimos apreciar cmo, muy significativamente, el relato de algunas de las delincuentes entrevistadas en estos trabajos no deja lugar a dudas del fuerte impacto que provocaron en sus vidas los contextos de pobreza y falta de trabajo en los que se encontraban.
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bin las desigualdades de gnero en tipo, frecuencia y contexto del delito. Las reas, que describiremos brevemente a continuacin, no son discretas como advierten los autores sino ms bien se solapan y mutuamente se refuerzan unas a otras: a) Las normas de gnero: Los mayores tabes contra el delito inherentes a la condicin femenina provienen desde larga data de dos focos poderosos adscritos a las mujeres: su rol como educadora de los hijos y su feminidad y virtud sexual. En algunas condiciones estas cuestiones forman las oportunidades y dan lugar a las actividades ilcitas de mujeres adolescentes y adultas. Las mujeres son premiadas en toda sociedad por su habilidad para mantener y establecer relaciones sociales y obligaciones de familia; y su identidad tiende a ser derivada de hombres claves en sus vidas (padres-esposos). Esta identidad, as formada, constrie las elecciones desviantes de ese grupo de mujeres que se relacionan con hombres convencionales; pero, a la vez, alimenta los contextos criminales de aquellas que comienzan siendo cmplices de sus maridos o novios. Las expectativas sexuales y la apariencia fsica refuerzan mayormente esta dependencia femenina, as como tambin la mayor vigilancia de sus padres o maridos. Por otra parte, estos estereotipos sociales femeninos son bsicamente incompatibles con las cualidades valoradas en el mundo criminal. La clave que distingue entre qu es considerado femenino y qu es delictivo es fuerte y ntida; mientras que la lnea divisoria que distingue qu es considerado masculino y qu es criminal, no lo es tanto. El delito es frecuentemente estigmatiza-
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cin para las mujeres y su potencial costo en relacin con sus beneficios, es mucho mayor que para los hombres. b) Desarrollo moral: Las condiciones femeninas inherentes a la maternidad y a su funcin educadora, predisponen a las mujeres hacia una tica de cuidado que las restringe de la violencia y de otras conductas criminales que resultan injuriosas a los dems. Las mujeres, adems, son socializadas no slo para estar ms atentas a las necesidades de los otros, sino tambin para temer la amenaza de separacin de quienes las aman. Estas complejas cuestiones pueden inhibir a las mujeres de actividades delictivas susceptibles de causar dolor a otros, pero tambin y por este mismo temor, acompaar y complacer al ser amado en cualquier empresa, incluida la delictiva. Esto es lo que se observa claramente en el anlisis de las entrevistadas, internas de Buen Pastor, sentenciadas por delitos de mayor gravedad, en nuestra investigacin citada sobre gnero y delito. c) Control social: El control social tan fuerte e intenso que viven frecuentemente las mujeres debido a su posicin social dependiente modela su habilidad para cometer delitos. El comportamiento femenino es ms fuertemente monitoreado a travs de estereotipos negativos y sanciones. La supervisin y el control reducen los riesgos femeninos e incrementan el apego a los padres, maestros y amigos; los cuales, a su vez, reducen la influencia de grupos asociados a conductas contrarias a la ley. Las manifestaciones vertidas por las internas de Buen Pastor entrevistadas en nuestro trabajo pueden interpretarse con mayor clari-
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dad a partir de estas consideraciones tericas. La relacin de control tan fuertemente ejercida sobre ellas, enmarcada en un contexto normativo de gnero particular, si bien permite mantenerlas inhibidas de elecciones desviantes, a la vez favorece la inclusin de ellas en conductas delictivas de mayor gravedad cuando quien las induce es precisamente quien ejerce e impone esta fuerte relacin de control sobre ellas.20 Yo nunca me imagin esto, nunca supe lo que era el Buen Pastor. Esto d) Fuerza fsica y agresin: Las demandas del medio me ha pasado por ser demasiado tonlo ambiente delictivo en cuanto a fuerza fsica y violencia ta, por creer todo queque me deca, por hacer todo lo me deca. Yo pendiente todo lo de l ayudan a explicar la menor frecuencia y la menor seve- estaba conmigo lodeque quera...l,Mi haca ridad en los tipos delictivos cometidos por mujeres en pareja es el principal que sabe todo, pero yo fui la tonta, l siempre estuvo comparacin con los cometidos por hombres. La vulne- enamorado de su mujer (caso 9, corrupcin de menores). rabilidad real o percibida puede, tambin, ayudar a comprender la habitualidad femenina a los roles subordinados en las actividades delictivas. La apariencia fsica condiciona mayormente las formas y tipos de conductas delictivas. La asociacin masculinidad-fuerza-violencia, estudiada vastamente por la literatura, juega un papel central no slo en la comisin de delitos sino en cualquier rol ejercido en la sociedad. e) La sexualidad: Las diferencias sexuales-reproductivas contribuyen a ampliar las desigualdades de gnero en el delito. Los hombres orientan sus actividades delictivas a comprometidos y serios hechos ilcitos, en tanto que las mujeres se ven involucradas mayormente en delitos de menor gravedad. Las posibilidades femeninas en
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esta rea reducen la necesidad de cometer delitos graves, que son caractersticos de las conductas masculinas. A modo de cierre y conclusin, los resultados de nuestra investigacin sobre gnero y delito, derivados de una doble estrategia de anlisis de las conductas delictivas femeninas, pueden ser entendidos conjuntamente con esta perspectiva terica en el sentido que la participacin femenina en el delito es ms alta para aquellos delitos ms consistentes con las normas tradicionales y para los cuales las mujeres tienen mayores posibilidades; y ms baja para aquellos delitos que disienten con la forma tradicional de las normas de gnero y para los cuales las mujeres tienen menores oportunidades. Es as como se explican los resultados alcanzados en cuanto a la mayor intervencin de las mujeres en pequeos delitos contra la propiedad como hurtos, robos en almacenes y cheques en blanco, delitos compatibles con los roles femeninos tradicionales; y, asimismo, para los pocos casos de delitos graves que fueron analizados cualitativamente. Tal como lo entiende esta perspectiva terica, las mujeres raramente asesinan o asaltan con violencia; cuando lo hacen generalmente estn condicionadas por un contexto de control social muy fuerte ejercido generalmente por una figura masculina. Finalmente, la variabilidad de los delitos femeninos observada se presenta a travs del tiempo, pero sus cambios se limitan principalmente a delitos de menor gravedad o a pequeas formas de delincuencia y son ocasionados por cambios estructurales que influyen en los roles sociales de gnero; tales como cambios en la marginalidad
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econmica de las mujeres y la expansin de las oportunidades de tipos delictivos. La considerable estabilidad entre las brechas delictivas por gnero (especialmente observada en delitos ms graves como el homicidio o los delitos contra el Estado) puede ser explicada en parte por la durabilidad histrica de la organizacin de gnero, dado que los roles diferenciados por gnero, las relaciones sociales y la mayor formalizacin sobre las mujeres del control social, no han cambiado tan radicalmente en los ltimos tiempos.
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