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DOM PROSPERO GUERANGER

ABAD DE SOLESMES

EL AO LITURGICO
PRIMERA TRADUCIDA * EDICION ESPAOLA PARA LOS DE LOS PAISES DE Y ADAPTADA HISPANO-AMERICANOS SANTO POR MONJES DOMINGO SILOS

EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES

DECIMOTERCERO DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES La serie de domingos que en otro tiempo arrancaba de la solemnidad de San Pedro o de los Apstoles, nunca propasaba a este domingo. La fiesta de San Lorenzo daba su nombre a los que siguen, como ocurra desde el Domingo nono despus de Pentecosts, en los aos en que la Pascua se distanciaba ms del equinoccio de primavera. Cuando la fecha de Pascua caa muy prxima a su punto extremo se empezaban a contar desde este Domingo las semanas del sptivio mes (septiembre). Las Tmporas de otoo pueden caer ya en esta semana, pero tambin puede ocurrir que no lleguen hasta el dcimoctavo Domingo. En nuestra explicacin seguiremos el orden adoptado en el misal, que las pone a continuacin del dcimosptimo Domingo despus de Pentecosts.

EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES .

En Occidente el dcimotercero Domingo toma hoy su nombre del Evangelio de los diez leprosos que se lee en la misa; por el contrario, los griegos, para quienes es el Domingo trece de San Mateo, leen en l la parbola de la via, cuyos obreros llamados a diversas horas del da, reciben todos idntica recompensa \

MISA
E L RECUERDO DE LOS TIEMPOS [Link] Iglesia, en posesin de las promesas que el mundo esper tanto tiempo, gusta mucho de recordar una y otra vez los sentimientos que llenaron el alma de los justos durante los siglos angustiosos en que el gnero humano vegetaba en las sombras de la muerte. Tiembla a vista del peligro en que sus hijos se encuentran de olvidar en la prosperidad la situacin desastrosa que la Sabidura eterna les ha evitado, llamndolos a vivir en los tiempos que han sucedido al cumplimiento de los misterios de la Redencin. De un olvido as tendra que nacer naturalmente 1a. ingratitud que el Evangelio del da justamente condena. Por eso la Epstola y, antes que ella el Introito, nos transportan al tiempo en que el hombre viva slo de esperanza bien que se le hubiese hecho promesa de una alianza sublime. Esta deba

i S. Mateo,

X X , 1-16.

DECIMOTERCERO DOM. DESP. DE PENTECOSTES

consumarse en los siglos posteriores; mas entretanto el hombre en espera de volver a encontrar el amor se hallaba en una gran miseria, a merced de la perfidia de Satans y expuesto a las represalias de la justicia divina.
INTROITO

Mira a tu alianza, Seor, no desampares por siempre las almas de tus pobres: levntate, Seor, y defiende tu causa y no olvides las voces de los que te buscan. Salmo: Por qu, oh Dios, nos has rechazado para siempre? Por qu se ha encendido tu furor contra las ovejas de tus pastos? J. Gloria al Padre.
L A S VIRTUDES TEOLOGALES. Hace ocho das vimos el papel que desempea la fe y la importancia de la caridad en el cristiano que vive en la ley de la gracia. La esperanza le es necesaria tambin porque, aunque sustancialmente posea los bienes que le harn feliz por toda la eternidad, la oscuridad d este mundo de destierro se los oculta a la vista; adems, la vida presente, como tiempo de prueba en que debe cada uno merecer su corona \ hace que hasta el final de la misma sientan aun los mejores la incertidumbre y las amarguras de la lucha. Por eso debemos implorar con la Iglesia en la Colecta el aumento en nosotros de las tres virtudes fundamentales de fe, esperanza y cardad; mas, parallegar a gozar en el cielo del pleno cumplimiento de todos los
L

I Cor.,

IX,

25,

EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S

bienes que Dios nos ha prometido, nos es necesaria desde ahora la gracia de amar de todo corazn sus mandamientos, que son el camino que lleva all y se resumen, segn el Evangelio del Domingo pasado, en el amor.
COLECTA

Omnipotente y sempiterno Dios, danos aumento de fe, esperanza y caridad: y, para que merezcamos alcanzar lo que prometes, haznos amar lo que mandas. Por Nuestro Seor Jesucristo.
EPISTOLA

Leccin de la Epstola del Ap. San Pablo a los Glatas (Gal., n i , 16-22). Hermanos: Las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendiente. No dice: Y a sus descendientes, como si fuesen muchos; sino, como si fuese uno slo: Y a tu descendiente, que es Cristo. Y yo digo esto: Que el pacto confirmado por Dios no fu abrogado por la Ley, publicada cuatrocientos treinta aos despus, ni la promesa fu anulada. Porqu, si la herencia viniese por la Ley, ya no vendra por la promesa. Pero Dios hizo la donacin a Abraham por promesa. Para qu sirve, pues, la Ley? Fu puesta por causa de las transgresiones, hasta que viniese el descendiente a quien haba sido hecha la promesa, y fu promulgada por ngeles y por mano de un mediador. Pero el mediador no es de uno solo; Dios, en cambio, es Uno solo. Luego la Ley va contra las promesas de Dios? De ningn modo. Porque, si se hubiese dado una ley que pudiese vivificar, entonces la justicia vendra verdaderamente de la Ley. Pero la Escritura lo encerr todo bajo del pecado, para que la promesa fuese dada a los creyentes por la fe en Jesucristo.

DECIMOTERCERO DOM. DESP. DE PENTECOSTES

L A LIBERTAD DEL C R I S T I A N O . A lo largo de este dilatado perodo del Tiempo que sigue a Pentecosts, dedicado a gloricar la accin del Espritu Santo como santicador del mundo, la Iglesia se complace en recordar con frecuencia en la Liturgia los acontecimientos memorables que libertaron al hombre del yugo de la ley del temor para someterle al suave y ligero de la ley del. amor. La Epstola de este Domingo dcimo tercero nos recuerda que la obra divina de nuestra liberacin se fu preparando muy lentamente. Como los judos continuaban tenindose por un pueblo privilegiado y sostenan por eso que la salvacin slo se poda conseguir por la observancia de la Ley mosaica, ley de esclavitud, San Pablo les recuerda al instante que la salvacin se prometi mucho antes de Moiss y que la promesa va vinculada no a la Ley mosaica, sino a la fe en el que algn da haba de venir al mundo para redimir a los hombres. Al cumplirse esta promesa, la Ley antigua qued para siempre anulada.

L A PROMESA MESINICA. Ahora bien, los judos conocen mejor que nadie esta promesa y sus particulares condiciones. La hizo Dios en la antigedad a Abraham, la renov a los Patriarcas y la confirm con juramento. Esa promesa, en la posteridad de Abraham, siempre tiene en vista al que es la fuente y origen de la bendicin. Por eso no dice el texto sagrado que las promesas vayan dirigidas a Abraham y a sus hijos,

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES .

sino a su hijo, a su vstago, al nico de quien histricamente se puede afirmar que es la bendicin del mundo. Cuando un hombre promete, su promesa puede cambiar, y slo es definitiva despus de su muerte; pero, como Dios no puede morir, la firmeza de la promesa divina queda asegurada de otra manera: por su solemnidad, por su reiteracin, con un juramento. Siendo as de firmes los designios de Dios, no se puede admitir que la Ley mosaica, que lleg cuatrocientos treinta aos ms tarde que la promesa, la pudiese anular, como no pudo tampoco romper el pacto hecho por Dios. Por tanto, una de dos: la justificacin, filiacin divina, herencia del cielo y todo cuanto nos une con el orden sobrenatural, o lo debemos a la ley dada a Moiss o a la promesa que hizo el Seor a Abraham. Mas no cabe duda: todo ha venido a nosotros en atencin a la promesa hecha a Abraham y no en atencin a la ley que di Dios a Moiss.
L A LEY Y LA PROMESA. Pero entonces, cul fu el objeto, la funcin de la Ley? Es una institucin divina sin por qu? De ninguna manera, pero la distancia entre la promesa y la Ley es inmensa. As como la promesa proviene de la bondad de Dios, la Ley fu ocasionada por el pecado: es una medida higinica y provisional. El mundo, cada vez ms depravado, olvidaba los

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preceptos de la ley natural. Dios los promulg nuevamente y, queriendo venir al mundo, se escogi un pueblo que separ de los otros pueblos y constituy guardin de la promesa hasta el da en que se cumpliese, es decir, hasta que viniese el retoo en quien deban ser bendecidas todas las naciones. Y este carcter de la ley, en cuanto es distinta de la promesa, se echa de ver hasta en el modo de su promulgacin. La Ley es una institucin motivada por las circunstancias, en vez de ser, como la promesa, una disposicin espontnea y derivada totalmente del Corazn de Dios. Adems se sirvi de los ngeles como intermediarios para instituirla, porque Dios reservaba para s una intervencin personal para ms tarde. Finalmente, dicha ley se confi a manos de un mediador, Moiss. Al nacer la Ley, hay un mediador porque hay dualidad, porque hay dos partes qu contratan, pues se trata, d un pacto entre Dios y su pueblo. Por esto, precisamente la Ley es caduca: por ser un pacto, la Ley est subordinada a la fidelidad de las partes. Si la una se retira, la otra queda libre. Al contrario, en el da de la promesa, frente a Abraham slo vemos a Dios; de parte de Dios es un compromiso totalmente gracioso; no ha habido intermediario ni condicin; la promesa es absoluta y eterna.

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LA LEY Y L FE. Hay aqu por ventura anA tagonismo entre la Ley y la promesa, y acaso la Ley, despus de muchos siglos, pudo desmentir y anular las promesas de Dios? Nunca jams. Ciertamente, el Seor es Soberano: podra haber dado a la Ley el poder de conferir la gracia y la justicia. Pero, mientras la Ley sea exterior a nosotros, es impotente y slo descubre el pecado que nos prohibe. Para ser eficaz y justificante, se precisara meterla en nuestra vida y grabarla en nuestro corazn, y no cabe duda que Dios podra haber otorgado a la Ley este privilegio de justificar. Pero la Escritura, que nos revela el pensamiento de Dios, nos ensea que hubo una promesa y que, hasta el da de su cumplimiento, Dios quiso que toda la humanidad permaneciese cautiva bajo el yugo del pecado, para que tuviese ocasin y tiempo de reconocer, en medio de su impotencia, que la justicia es manifiestamente el fruto de la promesa y no de la Ley, fruto obtenido por la fe en Jesucristo 1 .
GRADUAL

Mira a tu alianza, Seor, y no olvides para siempre las almas de tus pobres. >". Levntate, Seor, y defiende tu causa: acurdate del oprobio de tus siervos. Aleluya, aleluya. J. Seor, t has sido nuestro refugio de generacin en generacin. Aleluya.
t D o m D e l a t t e , Mlptres de saint Paul, I, 516.

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EVANGELIO

Continuacin del santo Evangelio segn San Lucas (Le., XVII, 11-19). En aquel tiempo, yendo Jess a Jerusaln, pasaba por medio de Samara y de Galilea. Y, al entrar en cierta aldea, le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se pararon de lejos; y alzaron la voz, diciendo: Jess, Maestro, ten piedad de nosotros. Cuando los vi, dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y sucedi que, mientras iban, quedaron limpios. Y uno de ellos, cuando se vi limpio, se volvi, glorificando a Dios a grandes voces, y se prostern ante su pies, dando gracias: y ste era un samaritano. Y, respondiendo Jess, dijo: [Link] sido diez los curados? Y los nueve, dnde estn? No ha habido quin volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levntate, vete: que tu fe te ha salvado.

Los DOS PUEBLOS. El leproso samaritano, curado de su horrible enfermedad, figura del pecado, representa, en compaa de nueve leprosos de nacionalidad juda, la raza desacreditada de los gentiles, admitida al principio por misericordia a participar de las gracias destinadas a las ovejas perdidas de la casa de I s r a e l L a diferente conducta de estos diez hombres con ocasin del milagro obrado en ellos, corresponde a la actitud de los dos pueblos de que son figura, ante la salvacin que el Hijo de Dios trajo al mundo. Esa conducta demuestra una vez ms el principio establecido por el Apstol: "No todos
1 8. Mateo. X V , 24,

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los que han nacido en Israel son israelitas, ni todos los descendientes de Abraham son hijos suyos; sino que por Isaac, dijo Dios a Abraham 1 se contar tu descendencia. Esto es, no los hijos de la carne son hijos de Dios, sino los hijos de la promesa son tenidos por descendencia" 2 . La Santa Iglesia no se cansa de recordar una y muchas veces esta comparacin de los dos Testamentos y el contraste que los dos pueblos ofrecen. Por tanto, antes de continuar, debemos responder a la extraeza que tal insistencia tiene que despertar en ciertas almas no habituadas a la sagrada Liturgia. La clase de espiritualidad que hoy reemplaza en muchos a la antigua vida litrgica de nuestros padres, no los dispone ms que a medias para entrar en este orden de ideas. Estn nicamente acostumbrados a vivir frente a s mismos, y frente a la verdad tal como ellos se la imaginan, ponen la perfeccin en el olvido de todo lo dems; y de esta manera no es de admirar que a tales cristianos les resulte totalmente incomprensible el continuo recordar un pasado que, segn ellos, termin hace ya siglos. Pero la vida interior verdaderamente digna de este nombre no es lo que esos cristianos se imaginan; nunca hubo escuela de espiritualidad, ni ahora ni antes, que colocase el ideal de la virtud en el olvido de los grandes hechos de la hlsto1 2

Gen., Rom.,

X X I , 12. I X , 6-8.

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ria, de tanto inters para Ja Iglesia y para Dios mismo. Adems, qu es lo que sucede con demasiada frecuencia a los hijos que en esto se apartan de la Madre comn? Sencillamente, que e el aislamiento voluntario de sus oraciones privadas, pierden de vista, por justo castigo de Dios, el n supremo de la oracin, que es la unin y el amor. A la meditacin la despojan del carcter de conversacin ntima con Dios que la reconocen todos los maestros de la vida espiritual; por lo que pronto no ser ms que un ejercicio estril de anlisis y razonamientos en que predomine la abstraccin. Despus de la gran obra de l Encarnacin del Verbo, que vino a la tierra para manifestar a travs de los siglos en Cristo y sus miembros a Dios 1 , no hay hecho ms importante ni en el que Dios haya mostrado ni muestre tanto inte^ rs como el de la eleccin de los dos pueblos llamados por El sucesivamente al beneficio de su alianza. "Son sin arrepentimiento los > dones y la vocacin de Dios", nos dice el Apstol; los judos, enemigos hoy porque rechazan el Evangelio, no dejan de ser amados y-aun muy amados, carissimi, en atencin a sus padres 2 . Por eso, llegar un tiempo, esperado por el mundo, en que la negacin de Jud se retractar, sus iniquidades se borrarn, y las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob tendrn cum1 II Cor., I V , 1 0 , 1 1 . 2 Rom., X I , 28-29.

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pUmiento literal \ Entonces se ver la divina unidad de ambos Testamentos; los dos pueblos slo harn uno con Cristo su Cabeza =. Entonces, plenamente consumada la alianza de Dios con el hombre, tal como Dios mismo la quiso en sus designios eternos, una vez que la tierra habr dado su fruto3 y el mundo cumplido su fin, las tumbas devolvern a sus muertos 4 y la historia terminar en la tierra para dejar a la humanidad glorificada explayarse en la plenitud de la vida a los ojos de Dios.
L E C C I N DEL MILAGRO. Volvamos brevemente a la explicacin literal del Evangelio. El Seor, ms bien que mostrarnos su poder, lo que pretende es instruirnos simblicamente. Por eso no les otorga a los enfermos la salud con una sola palabra como lo hizo en otro caso parecido: "Lo quiero, queda curado", haba dicho un da a un pobrecito leproso que imploraba su socorro en los comienzos de su vida pblica, y la lepra desapareci al instante 5 . Los leprosos del Evangelio de hoy quedan sanos tan slo al ir a presentarse a los sacerdotes. Jess los enva a ellos, como lo hizo con el primero, dando de ese modo ejemplo a todos, desde el principio

1 Rom., X I , 25-27. 2 E f . , I I , 14. 3 Sal., L J X V I , 7.

4 Rom.., X I , 15. 3 8. Mateo, VII,

3.

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hasta el ltimo da de su vida mortal, del respeto que se debe a la antigua ley mientras no sea abrogada; en efecto, esta ley conceda a los hijos de Aarn el poder, no de curar la lepra, sino de distinguirla y fallar sobre su curacin 1 . Pero ha llegado el tiempo de una ley ms augusta que la del Sina, de un sacerdocio cuyos juicios no tendrn ya por objeto el averiguar el estado del cuerpo, sino el raer eficazmente, mediante la pronunciacin de su sentencia de absolucin, la lepra de las almas. La curacin que en los diez leprosos se obr antes de llegar a presentarse a los sacerdotes que buscaban, debera bastar para hacerlos ver en el Hombre-Dios el poder del nuevo sacerdocio anunciado por los profetas. Hagamos nosotros con vivas ansias se acelere el momento, tan glorioso para el cielo, en el que reunidos ambos pueblos en idntica fe mediante el conocimiento de las mismas esperanzas realizadas, clamarn, como en el Ofertorio, diciendo a Jess: En ti he esperado, Seor; T eres mi Dios!
OFERTORIO

En ti he esperado, Seor; dije: T eres mi Dios, en tus manos estn mis das.

La oblacin, colocada en el altar, nos debe alcanzar de Dios el perdn de la vida pasada y
i Lev., XIII.

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las gracias para la que est por venir. En la Secreta le rogamos que acepte para el Sacrificio los dones que la Iglesia le ofrece en nombre de todos nosotros.
SECRETA

Mira, Seor, propicio a tu pueblo, mira propicio estos dones: para que, aplacado con esta oblacin, nos otorgues el perdn, y nos concedas lo pedido. Por Nuestro Seor Jesucristo.

Cundo querrn venir los Judos a probar por fin la superioridad del pan de la nueva alianza sobre el man del Antiguo Testamento? Nosotros, los gentiles, cantamos en la Comunin las divinas suavidades del verdadero pan del cielo con tanto jbilo cuanto pide el hecho de que, a pesar de haber venido despus que ellos, hayamos sido preferidos a nuestros antepasados en el banquete del amor.
COMUNION

Nos has dado, Seor, pan del cielo, que encierra en s todo deleite, y todo sabor de suavidad.

La obra de nuestro rescate por Jesucristo, como lo expresa la Poscomunin, se consolida y crece en nosotros tantas veces cuantas recurrimos a. los sagrados misterios. La Iglesia pide para sus hijos la gracia de frecuentar provechosamente estos misterios de salvacin.

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POSCOMUNION

Recibidos, Seor, estos celestiales misterios, te suplicamos hagas que adelantemos en el camino de la redencin eterna. Por Nuestro Seor Jesucristo.

DECIMOCUARTO DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES


MISA

Mira, oh Dios, -protector nuestro, y contempla el rostro de tu Ungido. Asi comienza hoy la Iglesia al irse acercando al altar. La Iglesia es la Esposa del Hombre-Dios y su gloria 1 ; pero el Esposo, dice San Pablo, es a la vez la imagen y la gloria de Dios 2 y la cabeza de la Esposas. As que con toda verdad y como con plena seguridad de ser oda, la Iglesia, al dirigirse al Dios tres veces santo, le ruega que contemple al mirarla el rostro de su Ungido.
INTROITO

Mira, oh Dios, protector nuestro, y contempla el rostro de tu Ungido: porque ms que mil vale un da en tus atrios. Salmo: Cun amables son tus tiendas, oh Seor de los ejrcitos! Mi alma desfallece y suspira por los atrios del Seor. J. Gloria al Padre.
1 I Cor., 2 IblcL. 3 I Cor., X I , 7. X I , 3; S f . , V, 23:

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Las glorias futuras a cuyo pensamiento la Iglesia salta de gozo, la dignidad de la unin divina que ya desde este mundo la hace verdaderamente Esposa, no son obstculos para que deje de sentir la continua necesidad que tiene del socorro de lo alto. En un solo instante de desamparo por parte del cielo vera que la humana fragilidad, alejando a sus miembros de las virtudes que en la Epstola ensalza el Apstol, los arrastrara al abismo del vicio descrito en el mismo lugar. Pidamos con nuestra Madre en la Colecta esa asistencia misericordiosa de cada momento que nos es tan necesaria.
COLECTA

Suplicrnoste, Seor, custodies a tu Iglesia con perpetua proteccin: y, pues sin ti desfallece la humana fragilidad, haz que, con tus auxilios, se abstenga siempre de lo daino y tienda ^ lo saludable. Por Nuestro Seor Jesucristo.
EPISTOLA

Leccin de la Epstola del Ap. San Pablo a los Glatas (Gal., V, 16-24). Hermanos: Caminad en el Espritu, y no satisfaris los deseos de la carne. Porque la carne codicia contra el espritu, y el espritu contra la carne: porque ambas cosas se oponen mutuamente, para que no hagis cuanto queris. Si sois guiados por el Espritu, no estis debajo de la ley. Y manifiestas son las obras de la ley, que son: fornicacin, inmundicia, impudicicia, lujuria, idolatra, hechiceras, enemistades, pleitos, celos, iras, rias, disensiones, sectas, envidias, homicidios, embriagueces, comilonas, y otras parecidas a

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stas, contra las cuales os prevengo, como ya os previne otra vez: porque, los que hacen tales cosas, no conseguirn el reino de Dios. Y los frutos del Espritu son: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, castidad. Contra estas cosas no hay ley. Porque, los que son de Cristo, lian crucificado su carne con sus vicios y concupiscencias.
E S P R I T U Y CARNE. En las lneas que acabamos de leer, el Apstol nos habla de la relacin ntima que en nuestra vida une a estos tres elementos: el Espritu, la libertad, la caridad. San Pablo, como a los Judos, nos dice tambin a nosotros: no hay ms que una ley, la caridad. El que ama, cumple toda la ley. La ley no es ms que la divisin de la caridad. La caridad arroja fuera todo egosmo, y por tanto, toda disputa, toda rivalidad, toda divisin, todo lo que amenaza o arruina la alegra y la vida cristiana. Obedezcamos al Espritu, insiste el Apstol, al principio interior de nuestra vida sobrenatural y guardmonos de los instintos de la carne. Para l, la carne es el egosmo, todo el conjunto de disposiciones y tendencias que no se someten a la accin de Dios. Es que llevamos en nosotros, aun despus del bautismo y de nuestra regeneracin espiritual, un foco de deseos y de codicias opuestas al Espritu de Dios. Por eso, en nuestro interior existe un conflicto

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entre la carne, que tiende a recobrar su antiguo imperio, y el Espritu, que sostiene el suyo..., conflicto que cesa tan slo en el instante en que, rehechos en Nuestro Seor Jesucristo, nos dejamos guiar por el Espritu y cuando todas las obras del egosmo pierden su atractivo para nosotros. Las obras de la carne, dice, son las que proceden del amor gosta: ...en el reinp de Dios no hay lugar para los que a ellas se entregan. Pero es cosa fcil reconocer los frutos del Espritu. Estos frutos son obras santas, sanas, vivas, que el Apstol designa con el nombre de "frutos", no slo porque son el producto final de nuestra actividad sobrenatural sino tambin porque se realizan con alegra, y porque Dios y nosotros gustamos su dulzura y percibimos su provecho. Son frutos que nos unen a Dios y nos hacen descansar en El; que nos ponen en regla con el prjimo, que nos ayudan a guardar el dominio de nosotros mismos en medio de los diversos acontecimientos. "Ahora bien, los que son de Cristo, los que forman parte de Cristo por el bautismo, dieron muerte a su carne y a su anterior vida admica juntamente con sus deseos, sus tendencias y sus codicias. Fueron elevados a un orden nuevo, donde el principio de su vida es el Espritu de Dios. No tienen que hacer otro esfuerzo que el de que contine muerto lo que fu herido de muerte

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el da de su bautismo, y, viviendo del Espritu, obrar en todo y dejarse guiar por el Espritu" 1 . La Iglesia canta en el Gradual la alegre confianza que puso en el Seor, su Esposo. En el versculo aleluytico invita a sus hijos a regocijarse como ella en Dios su Salvador.
GRADUAL

Mejor es confiar en el Seor que confiar en el hombre. J. Mejor es esperar en el Seor que esperar en los prncipes. Aleluya, aleluya. J. Venid, alabemos al Seor, cantemos jubilosos a Dios, nuestro Salvador. Aleluya.
EVANGELIO

Continuacin del santo Evangelio segn S. Mateo (Mt., VI, 24-33). En aquel tiempo dijo Jess a sus discpulos: Nadie puede servir a dos seores: porque, o tendr odio al uno y amar al otro, o se adherir al uno y despreciar al otro. No podis servir a Dios y a mammn. Por tanto, os digo: No se angustie vuestra alma por lo que habis de comer, ni vuestro cuerpo por lo que habis de vestir. No vale el alma mucho ms que la comida, y el cuerpo ms que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros: y vuestro Padre celestial las alimenta. No valis vosotros mucho ms que ellas? Y quin de vosotros, preocupndose, podr aadir a su estatura un codo? Y por qu os preocupis del vestido? Contemplad cmo crecen los lirios del campo: no trabajan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomn, en
i Dom Delatte, Eptres ele vaini Paul, I, p. 536-538.

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toda su gloria, se visti jams como uno de ellos. Pues, si Dios viste as al heno del campo, que hoy es y maana es arrojado al horno: cunto ms (lo har) con vosotros, (hombres) de poca fe? No os angustiis, pues, diciendo: Qu comeremos, o qu beberemos, o con qu nos cubriremos? Porque todo eso lo buscan los gentiles. Pues vuestro Padre celestial sabe que necesitis todas esas cosas. As que buscad primero el reino de Dios, y su justicia: y todas esas cosas se os darn por aadidura.
LAS T R E S CONCUPISCENCIAS. La vida sobrenatural, para llegar a su pleno desarrollo en las almas, tiene que triunfar de tres enemigos que San Juan ha llamado concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de vida \ Acabamos de ver, en la Epstola del da, el obstculo que opone el primero de estos enemigos al Espritu Santo y la manera de vencerle; la humildad (y sobre ella la Iglesia ha llamado ms de una vez la atencin en los Domingos precedentes) es la destruccin del orgullo de la vida. El Evangelio que acabamos de leer tiene por objeto la concupiscencia de los ojos, o sea, el apego a los bienes de este mundo, que no tienen de bienes ms que la falsa apariencia. E L BUEN U S O DE LAS RIQUEZAS. "Nadie, dice el Hombre-Dios, puede servir a dos seores"; y estos dos seores de quien habla son Dios y Mammn, o sea, la riqueza. Y no es que la rii 18. Juan, I I , 16.

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queza sea mala en s misma. Adquirida legtimamente y empleada segn la voluntad del supremo Seor, sirve para ganar los verdaderos bienes, y amontonar por adelantado en la patria eterna los tesoros que no temen a los ladrones ni a la polilla Aunque la pobreza sea la hidalgua de los cielos desde que el Verbo divino se despos con ella, incumbe una gran funcin al rico, puesto en nombre del Altsimo para hacer tiles las diversas porciones de la creacin material. Dios tiene a bien encomendar a sus euidados el alimento y vestido de sus ms amados hijos, de los miembros pobres y pacientes de su Ungido; le llama a ser apoyo de los intereses de su Iglesia y promotor de obras que le merezcan la salvacin; le confa el esplendor de sus templos. Dichoso y digno de toda alabanza es el que de ese modo ordena directamente a la gloria del Creador los frutos de la tierra y los metales que encierra en su seno! No tema: no se habrn pronunciado para l los anatemas que con tanta frecuencia salieron de la boca del Hombre-Dios contra los ricos y afortunados del mundo. No tiene ms que un amo: el Padre Celestial, de quien se confiesa humilde mayordomo. Mammn no le domina; antes tiene l a Mammn por esclavo y sujeto al servicio de su celo. El cuidado que pone en administrar sus bienes segn la justicia y caridad no lo
l S. Mateo, VI, 19-20.

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condena el Evangelio, ya que aun entonces obedece a la palabra de Jesucristo de buscar primero el reino de Dios. Por sus manos pasan las riquezas en obras buenas sin distraer sus pensamientos del cielo, donde est su tesoro y su corazn 1 .
E L MAL uso DE LAS RIQUEZAS. Ocurre todo lo contraro cuando a las riquezas no se las considera ya como un simple medio sino como fin de la existencia, hasta el punto de descuidar y a veces olvidar por ellas nuestro ltimo fln. Los caminos del avaro roban su alma, dice el Espritu Santo 2 . Y es que, en efecto, como explica el Apstol a su discpulo Timoteo, el amor al dinero precipita al hombre en la tentacin y en los lazos del diablo por el tumulto de deseos perniciosos y vanos que engendra; le hunde cada vez ms en el abismo, hasta hacerle vender su fe si es necesario 8 . Y, con todo eso, el avaro, cuanto ms amontona, menos gasta. Guardar su tesoro celosamente, contemplarle 4 , pensar slo en l cuando le es preciso ausentarse, en eso tiene puesta toda su vida; su pasin se convierte en idolatra 8 . Y Mammn, en efecto, ya no es slo para l un seor; es un Dios ante , quien el avaro, inclinado da y noche, sacrifica 1 2 3 4 5 8. Mateo, V I , 21. Prov., I, 19. I Tim., V I , 9-10. Bol., V, 9-10. Bf., V, 5; Col., I I I , 5.

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amigos, parientes, patria y a s mismo, consagrando su alma a su dolo y arrojndole an en vida, dice el Eclesistico, sus propias entraas 1. No nos admiremos de que el Evangelio represente a Dios y a Mammn como a rivales irreconciliables; quin sino Mammn ha visto a Dios en persona sacrificado por treinta monedas de plata sobre su altar? Hay acaso algn ngel cado cuya gloria espantosa brille con ms siniestro fulgor debajo de las bvedas infernales, que el demonio del inters, autor de la venta que entreg al Verbo eterno a los verdugos? El deicidio est a cuenta de los avaros; su miserable pasin, que califica el Apstol de raz de todos los males2, reclama para s legtimamente el crimen ms grande que el mundo ha cometido.
L E C C I N DE CONFIANZA. Pero, sin llegar a los excesos que hicieron decir a los autores inspirados de los libros de la antigua alianza: "No hay nada ms criminal que el avaro, nada ms malvado que amar el dinero" 8 , es fcil dejarse arrastrar, respecto a los bienes de este mundo, por un celo exagerado que sobrepase al que la prudencia permite. El Creador, que cuida de los pjaros del cielo y de los lirios del campo, se olvidar de alimentar y de vestir al hombre, para I Bel., X, 10. a I Tim V I , 10. = Sel., X , 9-10.

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quien fueron criados los lirios y los pjaros? Y, sobre todo, desde que el hombre puede decir a Dios: Padre, la inquietud que condena la sola razn, sera en los cristianos una injuria para aquel de quien son hijos. Su ruindad de alma merecera el desamparo del Seor de todas las cosas. Por el contrario, si, correspondiendo a su nobleza de raza, buscan ante todo el reino de Dios, cuya corona poseern en la verdadera patria, los bienes del valle del destierro, en la medida til al viaje que los conduce al cielo, les estn asegurados en la palabra expresa del Seor. El Ofertorio, como las otras partes de esta Misa, expresa todo l confianza. El jefe de las milicias de Dios, el arcngel San Miguel, cuya fiesta est ya cerca y a quien la Iglesia invoca todos los das en la bendicin del incienso en este momento del sacrificio, no est pronto a defender a los que temen al Seor?
OFERTORIO

El Angel del Seor acampa en torno de los que le temen, y los librar: gustad y ved cun bueno es el Seor.

En la Secreta pedimos que la hostia ofrecida sobre el altar purifique nuestra alma por su virtud y haga que el poder divino se nos muestre favorable.

DECIMOTERCERO DOM. DESP. DE P E N T E C O S T E S

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SECRETA

Suplicrnoste, Seor,-hagas que esta hostia saludable nos alcance la purificacin de nuestros pecados y la propiciacin d tu potestad. Por Nuestro Seor Jesucristo.
COMUNION B u s c a d primero el reino de Dios, y todo lo dems se os dar por aadidura, dice el Seor.

Pureza cada vez mayor, proteccin del cielo y perseverancia Anal, tales son los preciosos frutos de la frecuentacin de los misterios. Consigmoslos, rogando con la Iglesia en la Poscomunin.
POSCOMUNION

Purifquennos siempre, oh Dios, y nos defiendan tus Sacramentos: y lleven a efecto en nosotros la obra de la salvacin eterna. Por Nuestro Seor Jesucristo.

DECIMOQUINTO DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES


MISA

El episodio conmovedor de la viuda de Naim da hoy nombre al dcimoquinto Domingo despus de Pentecosts. El Introito nos ofrece un modelo de las oraciones que debemos dirigir al Seor en todas nuestras necesidades. El Hombre-Dios prometi (Domingo anterior), socorrer-

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nos en todas ellas, a condicin de que le sirvamos fielmente buscando antes que nada su reino. Al dirigirle nuestras splicas, mostrmonos confiados en su palabra como es justo que lo seamos, y as oir nuestros ruegos.
INTROITO

Inclina, Seor, tu odo hacia m; y yeme: salva, oh Dios mo, a tu siervo, que espera en ti: ten piedad de m, Seor, pues clamo a ti todo el da. Salmo: Alegra el alma de tu siervo: ya que a ti, Seor, elevo mi alma. J. Gloria al Padre.

La humildad de la Iglesia en las splicas que dirige al Seor es un ejemplo para nosotros. Si la Esposa obra as con Dios, qu disposiciones de humillacin deben ser las nuestras al comparecer ante la soberana Majestad? Con ra. zn podemos decir a esta tierna Madre, como los discpulos al Salvador: Ensanos a orar! En la Colecta, unmonos a ella.
COLECTA

Haz, Seor, que tu continua misericordia purifique y proteja a tu Iglesia: y, ya que sin ti no puede mantenerse salva, sea siempre gobernada por tu gracia. Por Nuestro Seor Jesucristo.
EPISTOLA

Leccin de la Epstola del Ap. San Pablo a los


Glatas (Gal., V, 25-26; VI, 1-10). Hermanos: Si vivimos del espritu, caminemos tambin en el espritu. No codiciemos la gloria vana, pro-

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vocndonos mutuamente, envidindonos unos a otros. Hermanos, si alguno cayere en alguna falta, vosotros, que sois espirituales, instruid a ese tal con espritu de mansedumbre, considerndote a ti mismo, para que no seas tentado t tambin. Llevad los unos las cargas de los otros, y as cumpliris la ley de Cristo. Porque, si alguien cree ser algo, no siendo nada, se engaa a s mismo. Examine, pues, cada cual sus obras, y as slo tendr gloria en s mismo y no en otro. Porque cada cual llevar su carga. Y, el que es catequizado de palabra, comunique todos sus bienes al que le catequiza. No os engais: de Dios nadie se burla. Porque, lo que sembrare el hombre, eso recoger. Por tanto, el que sembrare en su carne, cosechar de la carne corrupcin: mas, el que sembrare en el espritu, cosechar del espritu vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer el bien: porque, si no nos cansremos, segaremos a su tiempo. As que, mientras tenemos tiempo, obremos el bien con todos, pero principalmente con los hermanos en la fe.
PERSEVERANCIA EN LA LUCHA. La Santa Madre Iglesia vuelve a tomar la lectura de San Pablo donde la dej hace ocho das. Sigue siendo objeto de las instrucciones apostlicas la vida espiritual, la vida engendrada por el Espritu Santo en nuestras almas para suceder a la de la carne. Aunque hayamos domado la carne, no debemos por eso creer que est terminado el edificio de nuestra perfeccin; y es que la lucha debe continuar despus de la victoria si no queremos ver comprometidos los resultados; pero adems se precisa vigilancia para que una u otra de las tres concupiscencias no aproveche el momento para retoar ni causar heridas, tan-

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to ms peligrosas cuanto menos se pensaba en preservarse de ellas, mientras el alma dirige su esfuerzo a otra cosa. La vanagloria, principalmente, exige al hombre que quiere servir a Dios un continuo vivir alerta, porque siempre est presta a infectar con su veneno sutil hasta los actos de la humildad y de la penitencia. Qu insensatez sera la de un condenado a quien la flagelacin le ha salvado de la pena capital que haba merecido, si se gloriase de los azotes con que se castiga a los esclavos y que l lleva impresos en su carne? No tengamos jams semejante locura! Y, sin embargo de ello, se dira que podamos tenerla, ya que el Apstol, a continuacin de sus avisos sobre la mortificacin de las pasiones, nos hace la recomendacin de evitar la vanagloria. En efecto, nunca estaremos totalmente seguros en esta parte mientras la humillacin fsica que inflijamos al cuerpo no ten-, ga en nosotros como principio la humillacin consciente del alma ante su miseria. Tambin los antiguos filsofos tenan sus mximas acerca del dominio de los sentidos; y la prctica de estas clebres mximas era escaln de que se vala su orgullo para alzarse hasta los cielos. Es que, en esto, estaban muy lejos de los sentimientos de nuestros padres en la fe, los|
HUIR DE LA VANAGLORIA.

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cuales, en cilicio y postrados en tierra clamaban en lo ntimo de su corazn: "Ten compasin de m, oh Dios, conforme a tu gran misericordia; porque fui concebido en la iniquidad y mi pecado est siempre ante m" 2.
L A S OBRAS DE LA CARNE. Castigar por vanidad el cuerpo, qu otra cosa es sino lo que San Pablo llama hoy "sembrar en la carne" para recoger en lo porvenir, es decir, en el da de la manifestacin de los pensamientos de los corazones no la gloria y la vida, mas la confusin y la vergenza eterna? Entre las obras de la carne enumeradas en la Epstola precedente se encuentra, en efecto, no slo los actos impuros, sino tambin las disputas, las disensiones, las envidias4, pero ordinariamente nacen de esta vanagloria, en la que quiere el Apstol que reparemos en este momento. La reproduccin de estos actos detestables sera una seal bastante segura de que la savia de la gracia haba cedido el lugar a la fermentacin del pecado en nuestras almas, y en este caso, otra vez esclavos, caeramos debajo de la ley y sus terribles sanciones. De Dios no se mofa nadie; la confianza que da justamente la fidelidad' sobreabundante del amor a todo el que vive del Espritu, no pasara de ser, en estas condiciones, una falsifi1 Par., X X I , 16, etc. 2 Sal., L, 3, 5-7. / Cor., I V , 5. i Gal.. V, 19-21.

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cacin hipcrita de la santa libertad de los hijos del Altsimo. Slo son hijos suyos los que son guiados del Espritu Santo 1 en la caridad 2 ; los dems son hijos de la carne y no pueden agradar a Dios3.
L A CARIDAD FRATERNA. Por el contrario, si queremos una seal cierta de que estamos unidos a Dios, seamos indulgentes con nuestros hermanos considerando nuestra propia miseria, en vez de tomar ocasin de sus defectos y faltas para envanecernos; si caen, tendmosles una mano caritativa y discreta; llevemos mutuamente nuestras cargas en el camino de la vida, y entonces, habiendo cumplido la ley de Cristo, sabremos 4 que estamos en l y l en nosotros. Estas inefables palabras, que us Jess para indicar su futura intimidad con todo el que comiese la carne del Hijo del Hombre y bebiese su sangre en el banquete divino 5, San Juan, que las refiere, las cita palabra por palabra en sus Epstolas para aplicarlas a los que observan en el Espritu Santo el mandamiento del amor de los hermanos. Ojal resuene siempre en nuestros odos esta palabra del Apstol: Mientras tenemos tiempo, hagamos el bien a todos! Porque llegar el da, 1 Rom., V I I I , 14. 2 Gal., I V , 13. 3 Rom., V I I I , 8. t I S. Juan, I V , 13. 5 S. Juan, V I , 57. B I S. Juan, I I I , 23-24; IV, 12-13,

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y no est lejos, en que el ngel del libro misterioso dejar or su voz en el espacio y, con la mano levantada al cielo, jurar por Aquel que vive en los siglos sin fln que el tiempo ha terminado \ Y entonces el hombre recoger con alegra lo que haba sembrado con lgrimas-; como no se cans de obrar el bien en las regiones oscuras del destierro, menos se cansar todava de cosechar sin fln en la clara luz del da de la eternidad. Al cantar el Gradual, pensemos que, si la alabanza agrada al Seor, es a condicin de que salga de un alma donde reine la armona de las virtudes. La vida cristiana, ajustada a los diez mandamientos, es el salterio de diez cuerdas 3, de donde el Espritu Santo, que es el dedo de Dios, hace subir hacia el Esposo acordes que arroban su corazn.
GRADUAL

Es bueno alabar al Seor: y salmodiar a tu nombre, oh Altsimo. J. Para aclamar por la maana tu misericordia, y tu verdad por la noche. Aleluya, aleluya. J. Porque el Seor es un Dios grande, es el Rey de toda la tierra. Aleluya.
EVANGELIO

Continuacin del santo Evangelio segn San Lucas (Luc., VII, 11-16). En aquel tiempo iba Jess a una ciudad, que se llama Nam: e iban con El sus discpulos y mucho
1 Apoc., X , 1-6. . 2 Sal-m., C X X V , 5. s Sal, C X L I I I , 9.

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EL

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gento. Y, al acercarse a la puerta de la ciudad, he aqu que sacaban a un difunto, hijo nico de su madre: y sta era viuda: y vena con ella mucha gente de la ciudad. Cuando la vi el Seor, movido de piedad hacia ella, la dijo: No llores. Y se acerc, y toc el fretro. (Y se detuvieron los que lo llevaban.) Y dijo: Joven, yo te lo mando: levntate. Y se incorpor el que estaba muerto, y comenz a hablar. Y se lo di a su madre. Y se apoder de todos el temor: y alabaron a Dios, diciendo: Un gran profeta ha surgido entre nosotros: y Dios ha visitado a su pueblo.
LA M U E R T E E S P I R I T U A L . Comentando este Evangelio, nos dice San Agustn en la homila que se lee esta misma noche en Maitines: "Si la resurreccin de este joven colma de alegra a la viuda, su madre, nuestra Madre la Santa Iglesia se regocija tambin todos los das al ver resucitar espiritualmente a los hombres. El hijo de la viuda haba muerto de muerte corporal; stos haban muerto en el alma. Visiblemente, empero, se lloraba la muerte visible del primero, mientras que ni siquiera se adverta la muerte invisible de estos ltimos. "Nuestro Seor Jesucristo quera que los milagros que obraba en los cuerpos se interpretasen en un sentido espiritual. No haca milagros por slo hacer milagros, sino que deseaba que, al excitar la admiracin de los que los vean, a la vez estuviesen llenos de verdad para los que comprendan el sentido. Los que fueron testigos oculares de los milagros de Jesucristo, sin comprender su significado, sin penetrar 10 que ellos

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dicen a las almas ilustradas, estos tales slo han admirado el hecho material del milagro; pero otros han admirado a la vez los hechos y han comprendido su significado. De stos debemos ser nosotros en la escuela de Jesucristo... "Escuchmosle, pues, y el fruto sea ste: en los que viven, conservar solcitamente la vida, y en los que estn muertos, recobrarla lo ms pronto posible" 1.
E L BUEN CELO. Cristianos preservados de la defeccin por la misericordia del Seor, a nosotros nos toca tomar parte en las angustias de la Iglesia y ayudar en todo las diligencias de su celo para salvar a nuestros hermanos. No basta no ser de los hijos insensatos que son el dolor de su madre 2 y deshonran el seno que los llev3. Aunque no supisemos por el Espritu Santo que honrar a su madre es atesorar el solo recuerdo de lo que la cost nuestro nacimiento 5, nos inducira a no perder ocasin de enjugar sus lgrimas. La Iglesia es la Esposa del Verbo, a cuyas bodas aspiran tambin nuestras almas; si es cierto que esa unin es la nuestra igualmente, lo debemos probar, como la Iglesia, manifestando en nuestras obras el

1 S. Agustn, Sermn 2 Prov., X V I I , 25. 3 Ibd., X X X , 17. 4 Eol., I I I , 5. "> Tnb., IV, 4.

XCVIII.

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nico pensamiento, el nico amor que comunica el Esposo en sus intimidades, porque no tiene otro en su corazn: el pensamiento de restaurar en el mundo la gloria de su Padre, el amor de salvar a los pecadores. En el Ofertorio cantamos con la Iglesia sus esperanzas cumplidas; no quede nunca muda nuestra boca ante los beneficios del Seor.
OFERTORIO

Esper con paciencia al Seor, y me mir: y oy mi splica: y puso en mi boca un cntico nuevo, un himno a nuestro Dios.

En la Secreta nos ponemos al amparo omnipotente de los divinos misterios.


SECRETA

Gurdennos, Seor, tus misterios; y nos defiendan siempre contra las incursiones diablicas. Por Nuestro Seor Jesucristo.

En Jess todo es vida y fuente de vida. Su palabra hizo volver de la muerte al hijo de la viuda de Nam; su carne es la vida del mundo en el pan consagrado, como canta la Antfona de la Comunin.
COMUNION

El pan que yo dar, es mi carne por la vida del mundo.

No ser perfecta en nosotros la unin divina mientras el misterio de amor no domine de

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tal forma nuestras almas y nuestros cuerpos, que sean plena posesin suya y no encuentren ya su direccin ms que en El y no en la naturaleza. Esto lo explica y lo pide la Poscomunin.
POSCOMUNION

Suplicrnoste, Seor, hagas que la virtud de este don celestial posea nuestras almas y nuestros cuerpos: para que no domine en nosotros nuestro sentido, sino que siempre nos prevenga su efecto. Por Nuestro Seor Jesucristo.

DECIMOSEXTO DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES


MISA

La resurreccin del hijo de la viuda de Nam reaviv el*Domingo pasado la confianza de la Iglesia; su oracin se alza cada vez ms insistente hacia su Esposo desde esta tierra, donde El la deja ejercitar algn tiempo el amor en el sufrimiento y las lgrimas. Tomemos parte con ella en estos sentimientos, que la sugirieron elegir el siguiente Introito.
INTROITO

Ten piedad de m, Seor, pues a ti clamo todo el da: porque t, Seor, eres suave y manso, y copioso en misericordia para todos los que te invocan. Salmo: Inclina, Seor, tu odo hacia m, y yeme: porque soy dbil y pobre, f . Gloria al Padre,

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EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES

En el orden de la salvacin es tal nuestra impotencia, que, si la gracia no se nos anticipase, no tendramos siquiera el pensamiento de obrar, y si no continuase en nosotros sus inspiraciones para llevarlas a trmino, no sabramos pasar nunca del simple pensamiento al acto mismo de una virtud cualquiera. Por el contrario, fieles a la gracia, nuestra vida ya no es ms que una trama ininterrumpida de buenas obras. En la Colecta pedimos para nosotros y para todos nuestros hermanos, la perseverante continuidad de ayuda tan preciosa.
COLECTA

Suplicrnoste, Seor, nos prevenga y siga siempre tu gracia: y haga nos apliquemos constantemente a las buenas obras. Por Nuestro Seor Jesucristo.
EPISTOLA
#

Leccin de la Epstola del Ap. San Pablo a los Efesios (Ef., III, 13-21). Hermanos: Os ruego que no desmayis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria. Por esto, doblo mis rodillas ante el Padre de Nuestro Seor Jesucristo, del cual procede toda paternidad en los cielos y en la tierra, para que, segn las riquezas de su gloria, haga que seis corroborados con vigor por su Espritu en el hombre interior: que Cristo habite por la fe en vuestros corazones: que estis enraizados y cimentados en la caridad, para que podis comprender con todos los santos cul sea la anchura, y la largura, y la sublimidad, y la hondura: que conozcis tambin la caridad de Cristo, que sobrepuja toda ciencia, para que seis henchidos de

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toda la plenitud de Dios. Y al que es poderoso para hacerlo todo mucho ms abundantemente de lo que pedimos o entendemos, segn el poder que obra en nosotros, a El sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jess, por todas las generaciones y siglos. Amn.
NUESTRO CRISTO. CONSENTIMIENTO EN EL MISTERIO DE

Cul es el objeto de la oracin del Apstol, tan solemne en su actitud y en su acento? Ya que hemos sido testigos de todos los misterios de la Liturgia y que conocemos las riquezas de la bondad de Dios, nos queda algo que pedirle? San Pablo nos lo dice: "Todo lo que hizo el Seor resultar estril, si no es atendida esta oracin, y es que, en efecto, el misterio de Cristo verdaderamente slo en nosotros tiene cabal trmino: el nudo, el desenlace, el xito de este gran drama divino que va de la eternidad a la eternidad, estn por completo en el corazn del hombre. La Iglesia, los sacramentos, la eucarista, todo el conjunto del esfuerzo divino no tiene otra finalidad que la santificacin de cada una de nuestras almas individuales; esto es todo lo que Dios se propone. Si Dios lo consigue, el misterio de Cristo es un xito; si fracasa, Dios trabaj intilmente, al menos para el alma que se haya sustrado a su accin. En el corazn, pues, del hombre, se prepara la solucin: se trata de saber si la intencin eterna quedar burlada, si los dolores y la sangre del Calvario recogern su fruto, si la eternidad futura ser para cada uno lo que Dios quiso."

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES .

N U E S T R O CRECIMIENTO E S P I R I T U A L . C o n e l

fln

de que Dios no sea vencido y que su amor no sea traicionado, el Apstol pide a Dios con instancias para las almas tres grados de gracia, en los que se resume todo lo que debe ser la vida cristiana para adaptarse al pensamiento y al amor de Dios, y todo cuanto debemos hacer. En primer lugar, dice el Apstol, fortificarnos por el Espritu en el ser interior y nuevo que se nos di por el bautismo, destruir hasta en sus ltimos vestigios al hombre viejo, al admico, y sobre estas ruinas hacer reinar al hombre nuevo, al cristiano, al hijo de Dios. Pide en segundo lugar a Dios, el evitar la inconstancia y la inestabilidad de nuestra naturaleza, el grabar en nuestros corazones a Cristo que habita en nosotros por la fe, y esto no se logra sin nuestra cooperacin: habitar implica continuidad, adhesin constante y comunin real de vida que someta nuestra actividad al Seor, con algo de la docilidad y de la agilidad de la naturaleza humana de Cristo que tom el Verbo. Finalmente, y es el tercer elemento de nuestro crecimiento espiritual, al quedar el egosmo eliminado en nosotros y la caridad como seora, tendremos toda la talla y la fuerza necesaria para mirar cara a cara al misterio de Dios \ La Iglesia, que se levanta en medio de las naciones, lleva consigo la seal de su divino arquitecto: Dios se manifiesta en ella con toda
i D o m D e l a t t e , Epttres ele saint Paul, I I , IOS.

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la majestad; su respeto se impone por s mismo a todos los reyes. En el Gradual y el Versculo, ensalzamos las maravillas del Seor.
GRADUAL

Temern las gentes tu nombre, Seor, y todos los reyes de la tierra tu gloria. V. Porque el Seor ha edificado a Sin, y ser visto en su majestad. Aleluya, aleluya, J. Cantad al Seor un cntico nuevo: porque ha hecho maravillas el Seor. Aleluya.
EVANGELIO

Continuacin del santo Evangelio segn San Lucas (Luc., XIV, 1-11). En aquel tiempo, habiendo entrado Jess en casa de un prncipe de los fariseos un sbado a comer pan, ellos le observaban. Y he aqu que se present ante El un hidrpico. Y, respondiendo Jess, pregunt a los legisperitos y fariseos, diciendo: Es lcito curar en sbado? Y ellos callaron. Entonces El, tomndole, le san y despidi. Y, respondiendo a ellos, dijo: Qu asno o buey vuestro cae en un pozo, y no lo sacis luego el da del sbado? Y no pudieron responderle a esto. Y propuso a los invitados una parbola, al ver cmo elegan los primeros asientos, dicindoles: Cuando seas invitado a una boda,, no te sientes en el primer puesto, no sea que haya sido invitado otro ms noble que t, y, viniendo el que te Invit a ti y al otro, te diga: Da el puesto a ste: y entonces tengas que ocupar con rubor el ltimo puesto. Sino que, cuando seas invitado, vete, sintate en el ltimo puesto: para que, cuando venga el que te invit, te diga: Amigo, sube ms arriba. Entonces tendrs gloria delante de los dems comensales: porque, todo el que se ensalza, ser humillado: y, el que se humilla, ser ensalzado.

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EL TIEMPO D E S P U E S DE PENTECOSTES .

L A INVITACIN A LAS BODAS. La Santa Madre Iglesia revela hoy el fin supremo que pretende en sus hijos desde el da de Pentecosts. Las bodas de que se trata en nuestro Evangelio, son las del cielo, que tienen por preludio aqu abajo la unin divina consumada en el banquete eucarstico. La llamada divina se dirige a todos; y esta invitacin no se parece a las de la tierra, donde el Esposo y la Esposa convidan a sus parientes como simples testigos de una unin que es adems para los invitados extraa. El Esposo aqu es Cristo, y la Iglesia la Esposa 1 ; como miembros de la Iglesia, estas bodas son por tanto tambin nuestras. L A U N I N DIVINA. Pero, si se quiere que la unin sea tan fecunda cuanto debe serlo para honor del Esposo, es necesario que el alma en el santuario de la conciencia guarde para El una fidelidad duradera, un amor que vaya ms lejos y dure ms que la recepcin sagrada de los misterios. La unin divina, si es verdadera, domina nuestro vivir; esa unin hace que persevere constantemente el alma en la contemplacin del Amado, que promueva activamente sus intereses y suspire de continuo y de corazn por El aunque a veces la parezca que el Amado se oculta a sus miradas y se sustrae a su amor. Y, en efecto, deber la Esposa mstica hacer me1 Ayoc., X I X , 7.

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nos por Dios que las del mundo por un esposo terrestre 1 ? Slo con esta condicin se puede creer que el alma est en los caminos de la va unitiva y que lleva en s los frutos propios de ella. C O N D I C I O N E S PARA LA UNIN.'Para llegar a este dominio de Cristo sobre el alma y sus movimientos que la convierta en suya de verdad, que la sujete a s misma como la esposa al esposo es necesario no dar nunca lugar a ninguna competencia extraa. Demasiado lo sabemos: el nobilsimo Hijo del Padre", el Verbo divino, ante cuya beldad se arroban los cielos, encuentra en este mundo pretensiones rivales que le disputan el corazn de las criaturas, por El rescatadas de la esclavitud e invitadas a participar del honor de su trono; aun en aquellas en que su amor acab por triunfar plenamente, cuntas veces estuvo a punto de perder? Mas El, sin impacientarse, sin abandonarlas por justo resentimiento, prosigui durante muchos aos invitndolas con llamamiento apremiante esperando misericordiosamente a que los toques secretos de su gracia y la accin de su Espritu Santo saliesen triunfantes de tan increbles resistencias.
LA HUMILDAD. La guarda de la humildad, ms que otra cosa cualquiera, debe llamar la
1

I Cor., V I L , 3 4 . 2 I Cor., X I , 8-10. 3 Sab., V I I I , 3. 4 Apoc., I I I , 20.

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atencin de quien aspira a conseguir un puesto eminente en el banquete de Dios. La ambicin de la gloria futura es lo natural en los santos; pero saben que, para adquirirla, tienen que bajar tanto en su nada durante la vida presente, cuanto ms altos quieran estar en la vida futura. Mientras llega el gran da en que cada cual recibir segn sus obras, nos debemos dar prisa a humillarnos ante todos; el puesto que en el reino de los cielos nos est reservado no depende, en efecto, de nuestra apreciacin ni de la de otros, sino tan slo de la voluntad del Seor, que exalta a los humildes. Cuanto ms grande seas, ms te debes humillar en todas las cosas, y de ese modo hallars gracia ante Dios, dice el Eclesistico; pues Dios slo es grande1. Sigamos, pues, el consejo del Evangelio, aunque slo sea por inters; creamos que debemos ocupar el ltimo lugar entre todos. En las relaciones sociales no es verdadera la humildad del que, apreciando a los otros, no se desprecia un poco a s mismo, adelantndose a cada uno en las seales de honor2, cediendo con gusto a todos en lo que no toca a la conciencia, y esto por el sentimiento profundo de nuestra miseria, de nuestra inferioridad ante aquel que escudria los riones y los corazones 3 . La hu1 Ecl., I I I , 21-23. 2 Rom., X I I , 10. 3 Apoc., I I , 23.

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mildad hacia Dios no tiene piedra de toque ms segura que esta caridad efectiva para con el prjimo, la cual nos inclina sin afectacin a hacerle pasar antes que a nosotros en las varias circunstancias de la vida cotidiana. Conforme se van extendiendo las conquistas de la Iglesia, el infierno aviva su furia contra ella para arrebatarla el alma de sus hijos. La antfona del Ofertorio nos proporciona la expresin de las inflamadas oraciones que semejante situacin la sugiere.
OFERTORIO

Seor, ven en mi auxilio: sean confundidos y avergonzados los que buscan mi vida para quitrmela: Seor, ven en mi auxilio.

La Secreta nos demuestra cmo el Sacrificio que muy pronto se va a consumar mediante las palabras de la consagracin, es la preparacin inmediata ms directa y ms eficaz para recibir en la Comunin el Cuerpo y la Sangre divinos que por El se hacen presentes en el altar.
SECRETA

Suplicrnoste, Seor, nos purifiques con la virtud de este Sacrificio y, compadecido de nosotros, hagas que merezcamos ser partcipes de su efecto. Por Nuestro Seor Jesucristo.

La Iglesia, llena sustancialmente en la Comunin de la Sabidura del Padre, promete a

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Dios en accin de gracias guardar sus justicias y hacer fructificar en ella las divinas enseanzas.
COMUNION

Seor, me acordar slo de tu justicia: oh Dios, t me adoctrinaste desde mi juventud: y no me abandones, oh Dios, en mi vejez y mis canas.

En la Poscomunin, pedimos con la Iglesia la renovacin que obra la pureza del divino Sacramento y cuyo efecto se deja sentir as en la vida actual como en el siglo futuro.
POSCOMUNION

Suplicrnoste, Seor, purifiques benigno nuestras almas y las renueves con estos celestiales Sacramentos: para que, de ese modo, alcancemos tambin ayuda para nuestros cuerpos ahora y en lo futuro. Por Nuestro Seor Jesucristo.

DECIMOSEPTIMO DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES


MISA

Las decisiones de Dios son siempre justas, ya confunda en su justicia a los orgullosos, ya en su misericordia ensalce a los humildes. Vimos hace ocho das a este arbitro soberano manos a la obra en la distribucin de las plazas reservadas para los santos en el banquete de la unin

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divina. Al cantar el Introito de este da, recordamos las pretensiones y la suerte diversas de los invitados a las bodas sagradas, y slo apelamos a la misericordia.
INTROITO

Justo eres, Seor, y recto es tu juicio: haz con tu siervo segn tu misericordia. Salmo: Bienaventurados los puros en. su camino: los que andan en la Ley del Seor. J Gloria al Padre.

El obstculo ms odioso que el amor divino encuentra sobre la tierra, es la envidia de Satans, que busca, sirvindose de una usurpacin monstruosa, suplantar en nuestras almas a Dios, que las cri. Unmonos a la Iglesia al implorar en la Colecta la asistencia sobrenatural que necesitamos para evitar el contacto impuro de la serpiente.
COLECTA

Suplicrnoste, Seor, hagas que tu pueblo evite los contagios diablicos y te siga a ti, solo Dios, con alma pura. Por Nuestro Seor Jesucristo.
EPISTOLA

Leccin de la Epstola del Ap. San Pablo a los Efesios (Ef IV, 1-6). Hermanos: Os suplico yo, preso en el Seor, que caminis de un modo digno de la vocacin con que habis sido llamados: con toda humildad, y mansedumbre, con paciencia, soportndoos mutuamente con caridad, conservando solcitos la unidad del espritu en el vnculo de la paz. Sed todos un solo cuerpo, y un solo espritu, como habis sido llamados a una

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES .

propsito para que prenda en ella la llama divina y se realice la unin que esta llama produce.
LA CARIDAD FRATERNA Y SUS FRUTOS. Un-

monos a nuestros hermanos con esta santa cadena de la caridad que sujeta nuestras pequeas pasiones y dilata nuestras almas, para dejar que el Espritu las gue de un modo seguro a la realizacin de la nica esperanza de nuestra comn vocacin, que es unirnos a Dios por amor. Ciertamente aun para los santos la caridad aqu abajo es una virtud trabajosa, porque de ordinario ni siquiera en los mejores logra la gracia restaurar sin defectos el equilibrio de las facultades roto por el pecado original; as se explica que las enfermedades y otros desarreglos de nuestra pobre naturaleza se ordenen a veces no slo a que el justo se ejercite en la humildad, sino tambin los que le rodean, en benvola paciencia. Dios lo permite para aumentar de ese modo el mrito de todos y reavivar en nosotros el deseo del cielo. Y, en efecto, la armona fcil y total con nuestros semejantes slo la encontraremos en la pacificacin completa de nosotros mismos bajo del imperio absoluto de Dios, tres veces santo, hecho para nosotros todo en todos1. En aquella bienaventurada patria, Dios mismo enjugar las lgrimas que sus elegidos habrn derramado por las miserias pasadas y
5 I Cor., X V , 28.

DECIMOTERCERO DOM. DESP. DE PENTECOSTES

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los renovar en su fuente infinita El Hijo eterno, despus de abolir en todos sus miembros msticos el imperio de las potencias enemigas y vencido a la muerte 2, aparecer en la plenitud del misterio de su encarnacin como verdadera cabeza del gnero humano santificado, restaurado y perfeccionado en l 3 . Ya conocemos los dones inapreciables que el Hombre-Dios hizo a la tierra 4 ; gracias a los prodigios de poder y de amor que el Verbo divino y el Espritu santificador han obrado, el alma del justo es verdaderamente un cielo. En el Gradual celebramos la felicidad del pueblo cristiano, que Dios escogi por herencia.
GRADUAL

Dichosa la nacin cuyo Dios es el Seor: el pueblo que Dios se escogi por heredad. Y. Por la palabra del Seor fueron hechos los cielos: y todo su ejrcito por el soplo de su boca. Aleluya, aleluya. J. Escucha, Seor, mi oracin, y llegue a ti mi clamor. Aleluya.
EVANGELIO

Continuacin del santo Evangelio segn San Mateo (Mt XXII, 34-46). En aquel tiempo se acercaron a Jess los fariseos: y le pregunt uno de ellos, doctor de la Ley, tentndole: Maestro, cul es el mayor mandamiento de la Ley? Djole Jess: Amars al Seor, tu Dios, con todo
1 2 3 4 Apoc., X X I , 4-5. / Cor., X V , 24-28. E f . , I , 10. E f . , I V , 8.

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EL T I E M P O DESPUES DE P E N T E C O S T E S

sola esperanza de vuestra vocacin. No hay ms que un solo Seor, una sola fe, un solo bautismo. Un solo Dios, y Padre de todos, que est sobre todos, y por todo, y en todos nosotros. El cual es bendito por los siglos de los siglos. Amn.

La Iglesia prosigue con San Pablo, en la carta a los Efesios, la exposicin de las grandezas de sus hijos, a quienes ruega hoy respondan dignamente a su excelsa vocacin.
E L LLAMAMIENTO DE DIOS. Esta vocacin, esta llamada de Dios, en efecto, ya la conocemos; es el llamamiento del gnero humano a las bodas sagradas de la unin divina, la vocacin a nuestras almas para reinar en los cielos en el trono del Verbo, que ya es su Esposo y su cabeza 1 . El Evangelio de hace ocho das estaba antiguamente mucho ms en relacin con la Epstola que se acaba de leer, la cual le serva de comentario luminoso; por otra parte, en dicho Evangelio se hallaba perfectamente explicada la Epstola de hoy. "Cuando seas llamado a las bodas, deca el Seor, cum VOCATUS fueris, ocupa el ltimo lugar"; el Apstol dice: "mostraos con toda humildad dignos de la vocacin a que habis sido llamados: digne ambuletis VOCATIONE qua VOCATI estis".

F I N Y MEDIOS PARA CONSEGUIR ESA VOCACIN.

Y ahora, qu condicin tenemos que cumplir


1 E f . I I , 5.

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para ser dignos del honor supremo que el Verbo eterno nos hace? La humildad, la mansedumbre y la paciencia son los medios que se nos recomiendan para conseguir el fin. Pero el fin es la UNIDAD de ese cuerpo inmenso que el Verbo hace suyo en la celebracin de las msticas bodas; la condicin que el Hombre-Dios exige a los que llama a ser, como miembros de su Esposa la Iglesia, hueso de sus huesos y carne de su carne 1, es conservar entre s tal armona, que haga verdaderamente de todos un mismo espritu y un solo cuerpo, en el vinculo de la paz. "Vnculo esplndido!, exclama San Juan Crisstomo; lazo maravilloso que nos une a todos mutuamente, y a todos juntos con Dios." Su fuerza es la del mismo Espritu Santo, todo santidad y amor, pues es el Espritu Santo quien forma sus nudos inmateriales y divinos, el Espritu, que en la multitud bautizada, hace las veces del soplo vital que en el cuerpo humano anima y unifica a todos los miembros. Para l, jvenes y ancianos, pobres y ricos, hombres y mujeres, aunque distintos de raza y de carcter, son un solo todo fundido en el inmenso abrazo de amor en que arde perpetuamente la Trinidad eterna. Mas, para que el incendio del amor infinito pueda apoderarse de ese modo de la h u m ^ ^ a regenerada, es menester que se purg$l^d$-ls rivalidades, rencores y disensiones/^*; probaran que es todava carnal y, por tftisrgb, nada a lSI ^
l Ef., V, 30.

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES .

tu corazn, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. Y el segundo, semejante a ste, es: Amars a tu prjimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos est contenida toda la Ley y los Profetas. Y, reuniendo a los fariseos, les pregunt Jess, diciendo: Qu os parece de Cristo? De quin es hijo? Dijronle: De David. Di joles: Cmo, pues, David le llama en espritu Seor, diciendo: "Dijo el Seor a mi Seor: Sintate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus" pies?" Si, pues, David le llama Seor: cmo puede ser hijo suyo? Y nadie supo responderle palabra: ni nadie se atrevi desde aquel da a preguntarle ms.
LA CARIDAD. El Apstol que haba dicho: el fin de la ley es la caridad1, dijo tambin: El fin de la ley es Cristo 2; ahora vemos la armona de estas dos proposiciones, como comprendemos tambin la relacin que hay entre estas palabras del Evangelio de hoy: En estos dos mandamientos estn encerrados toda la ley y los profetas, con estas otras del Seor: Escudriad las Escrituras, pues ellas dan testimonio de mi3. La plenitud de la ley que ordena las costumbres est en la caridad 4, cuyo fin es Cristo; asimismo el objeto de las Escrituras reveladas no es otro sino el Hombre-Dios que resume para los suyos en su adorable unidad la moral y el dogma. El es su fe y su amor, "el fln de todas 1 I Tim., I, 5. 2 Rom., X , 4. 3 S. Juan, V, 39. 4 Rom., X I I I , 10.

DECIMOTERCERO DOM. DESP. DE PENTECOSTES

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nuestras resoluciones, dice San Agustn; todos nuestros esfuerzos slo tienden a perfeccionarnos en El y en esto consiste nuestra perfeccin, en llegarnos a El. Cuando hayas llegado a El, no busques ya ms: El es tu fin" \ Y el Santo Doctor, al llegar aqu, nos da la mejor frmula de la unin divina: Unmonos a El solo, gocemos con El solo y seamos todos uno con El: "haereamus uni, fruamur uno, permaneamus unurn"2. No sabemos por qu ya desde los primeros tiempos sealaron este da a la hermosa antfona del Ofertorio de hoy. Antiguamente iba acompaada de unos versculos, que daremos a conocer. El ltimo de ellos termina con la nueva de la llegada del prncipe de los ejrcitos celestiales en ayuda del pueblo de Dios. Recordando que este Domingo abre la semana de la fiesta del gran Arcngel en el Antifonario publicado por el beato Tommasi conforme a los manuscritos ms antiguos, y que el Domingo siguiente se designa en l con el nombre de primer domingo despus de San Miguel (post Sancti Angel), nos parece hallar en dicho ltimo versculo la explicacin que desebamos.
OFERTORIO

Yo, Daniel, or a mi Dios, diciendo: Oye, Seor, las preces de tu siervo: brille tu cara sobre tu santuario: y mira propicio a este tu pueblo, sobre el cual ha sido invocado tu nombre, oh Dios.
1 E x p l i c a c i n del S a l m o L V I . 2 De la Trinidad, I V , 11.

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f . I. Todava estaba yo hablando, rogando y confesando mis pecados y los de mi pueblo Israel, Sobre el cual fia sido invocado tu nombre, oh Dios, T. II. Cuando o una voz que me deca: Daniel, presta atencin a las palabras que te dirijo, pues he sido enviado a ti, y he aqu que Miguel ha venido en mi ayuda. Y mira propicio a este tu pueblo, sobre el cual ha sido invocado tu nombre, oh Dios.

Perdn para lo pasado y gracia para lo futuro, tales son los efectos que produce el gran Sacrificio. En la Secreta le pedimos con la Iglesia.
SECRETA

Suplicamos, Seor, humildemente a tu Majestad hagas que, estas cosas santas que ofrecemos, nos purifiquen de los delitos pasados y de los futuros. Por Nuestro Seor Jesucristo.

Mientras se celebran los sagrados Misterios el alma cristiana, entusiasmada de amor, presenta al Seor sus promesas y sus votos. Entrguese, s, por entero al Dios escondido que as la colma de favores; pero no olvide en esa expansin tan natural de su corazn que el que as se oculta tan misericordioso debajo de los velos eucarsticos es el Altsimo, terrible a los reyes y castigador de perjuros.
COMUNION

Haced votos al Seor, vuestro Dios, y cumpldselos cuantos, estando a su alrededor, le trais dones: al terrible, que quita el respiro a los prncipes: al terrible para todos los reyes de la tierra.

LAS CUATRO TEMPORAS DE SEPTIEMBRE

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Es la misma santidad de Dios la que viene en este divino Sacramento a curar nuestros vicios y fortalecer nuestros pasos por el camino de la eternidad. Por medio de la Oracin de la Poscomunin ofrecemos nuestras almas a su accin salvadora.
POSCOMUNION

Haz, oh Dios omnipotente, que con tus Sacramentos sean curados nuestros vicios y alcancemos los remedios eternos. Por Nuestro Seor Jesucristo.

LAS CUATRO TEMPORAS DE SEPTIEMBRE


LA SANTIFICACIN DE LAS ESTACIONES. POl'

cuarta vez en el ao pide la Santa Madre Iglesia a sus hijos el tributo de penitencia ordenado a santificar las estaciones. Las noticias histricas relativas a la institucin de las Cuatro Tmporas se encontrarn los mircoles de la tercera semana de Adviento y primera de Cuaresma; esos mismos das recordbamos las intenciones con que deben cumplir los cristianos todos los aos esta obra del servicio que deben a Dios. El invierno, la primavera y el verano, sealados en su comienzo por la abstinencia y el ayuno, nos han hecho sentir sucesivamente en los meses de que constan, las bendiciones del cielo; el otoo recoge los frutos que la miseri-

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EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES

cordia divina, aplacada por las satisfacciones de los hombres pecadores, ha hecho germinar en el seno de la tierra maldita 1 . La semilla preciosa, que confiada a la tierra en el tiempo de las escarchas, se abri camino en el suelo al llegar los das primaverales, despus de anunciada la Pascua, di a los campos el ornato florido que les convena para asociarse al triunfo del Seor; luego, figura exacta de lo que entonces deban ser nuestras almas influenciadas por los ardores del Espritu Santo, creci su tallo al influjo de un sol de fuego y se convirti en dorada espiga que prometa el ciento por uno al labrador, y ste la seg con alegra; y ahora, amontonadas ya las gavillas en los graneros del padre de familia, invitan al hombre a levantar su pensamiento hacia Dios, de quien derivan todos estos bienes. Nadie diga como el rico del Evangelio despus de una cosecha abundante: "Alma ma, ahi tienes gran cantidad de bienes almacenados para muchos aos; descansa, come, bebe, reglate!" Pues Dios, aade el Evangelio, le dijo: "Necio!, esta misma noche te pedirn el alma, y lo que has amontonado, para quin ser?" 2 . En cuanto a nosotros, si queremos ser verdaderamente ricos segn Dios y merecer su ayuda en la conservacin y no menos en la produccin de los frutos de la tierra, empleemos al comienzo
1 Gen., I I I , 17. 2 S. LUC., X I I , 16-21.

LAS CUATRO TEMPORAS DE SEPTIEMBRE

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de esta nueva estacin los mismos medios de penitencia que tan tiles nos fueron ya por tres veces. Adems, es un mandamiento formal de la Iglesia que obliga con pena de pecado grave a too el que no est dispensado legtimamente de la abstinencia y del ayuno en estos tres das.
A P R E C I O DE LA PENITENCIA DE LA IGLESIA. Ya

probamos antes como el cristiano que desea avanzar por los caminos de la perfeccin, se debe imponer voluntariamente algunas penitencias a que, hablando con todo rigor, no estara obligado. Pero en esta materia, como en otra cualquiera, la obra privada no alcanza nunca el mrito ni la eficacia de la accin pblica, ya que la Iglesia reviste las obras de penitencia cumplidas en su nombre en la unidad del cuerpo social, de la misma dignidad y del valor propiciatorio que, por ser la Esposa, tienen todos sus actos. A San Len le gustaba insistir sobre esta nocin fundamental del ascetismo cristiano, en los discursos que diriga al pueblo de Roma con ocasin del ayuno del sptimo mes. "Bien que pueda cada cual, dice, castigar su cuerpo con penas voluntarias y frenar unas veces con suavidad y otras ms duramente sus apetitos carnales, que batallan contra el espritu, con todo eso es necesario que en ciertos das celebremos todos un ayuno general. La devocin es ms eficaz y ms santa cuando en las obras de piedad se une toda la Iglesia con un

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solo espritu y una sola alma. Todo lo que tiene naturaleza de cosa pblica es, en efecto, preferible a lo privado, por lo cual fcilmente se comprende que se trata de un inters mayor cuando se solicita el celo de todos. "La observancia particular del cristiano no afloje en nada su fervor; cada cual, implorando la ayuda de la proteccin divina, se revista, aunque sea en privado, de la celeste armadura contra las asechanzas de los espritus malignos. Pero el soldado de la Iglesia, aunque pueda portarse valientemente en los combates particulares, luchar con ms seguridad y ms xito ocupando su puesto oficial en la milicia de la salvacin; sostenga, pues, la guerra universal en compaa de sus hermanos, y debajo de las rdenes del Rey invencible" 1. Otro ao, y en estos mismos das, el santo Papa y Doctor insista ms enrgica y ms extensamente sobre estas consideraciones, que nunca se recordarn bastante dada la propensin individualista de la piedad moderna. No pudiendo extractar sino unos cuantos pensamientos, remitimos al lector a la coleccin de sus admirables discursos. "La observancia ordenada de arriba, dice, est siempre por encima de las prcticas que hace uno por impulso personal, cuales quiera que ellas sean; la ley pblica hace ms sagrada la accin que podra hacerla un reglamento particular. El ejercicio de
i S. Len, Sermn IV sobre el ayuno del sptimo mes.

LAS CUATRO T E M P O R A S DE S E P T I E M B R E

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mortificacin que cada cual hace a su arbitrio, no mira, en efecto, ms que a una parte y a un miembro; por el contrario, el ayuno que emprende toda la Iglesia, a nadie excluye de la purificacin general; entonces el pueblo de Dios llega a ser omnipotente, cuando se juntan los corazones de todos los fieles en la unidad de la santa obediencia y son por doquier semejantes las disposiciones en el campo del ejrcito cristiano, y la defensa en todas partes la misma. He aqu pues, carsimos mos, que hoy el ayuno solemne del sptimo mes nos invita a cobijarnos al amparo de esta invencible unidad. Levantemos a Dios nuestros corazones; quitemos algo a la vida presente para acrecentar nuestros bienes eternos. El perdn total de los pecados se consigue fcilmente cuando toda la Iglesia se junta en una sola oracin y en una sola profesin de fe. Si promete el Seor conceder lo que se le pide por dos o tres piadosamente reunidos qu podr negar a todo un pueblo que practica a la vez una misma observancia y ruega unido en un mismo espritu? Ante el Seor es una gran cosa y un espectculo maravilloso ver a todo el pueblo de Jesucristo dedicado simultneamente a las mismas prcticas, y que sin distincin de sexos ni condiciones todas las clases trabajan con un mismo espritu. Apartarse del mal y obrar el bien 2 , parece ser el peni S. Mateo, X V I I I . 19-20. a S a l m o X X X I I I , 15.

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES .

domina en todos; Dios es glorificado en las obras de sus siervos; abunda la limosna; cada cual busca los intereses del otro, no los suyos propios. Por esta gracia de Dios que obra todas las cosas en todos 1, el fruto es comn y comn el mrito: no obstante la desigualdad de bienes, la voluntad de todos puede ser la misma, y los que pueden dar menos se igualan con los ms ricos por la alegra que sienten de las larguezas de otro. En un pueblo as, no se encuentra nada desordenado; y no hay tampoco sus diferencias cuando todos los miembros del cuerpo slo desean dar pruebas de una misma fuerza de amor. Entonces la excelencia de las partes se refleja en el todo y constituye su belleza. Abracmonos, pues, carsimos mos, a esta fortaleza dichosa de la santa unidad y entremos en este ayuno solemne con la firme resolucin de una voluntad en buena armona"
Sarniento que
O R A C I N POR LOS CONDENADOS. En nuestras oraciones y en nuestros ayunos de estos das no olvidemos a los nuevos sacerdotes y dems ministros de la Iglesia que el Sbado recibirn la imposicin de las manos. La ordenacin de septiembre no suele ser la ms numerosa de las que el Pontfice realiza a lo largo del ao. La augusta ceremonia que da al pueblo cristiano sus I Cor., X I I , 6. 2 S. L e n , Sermn
1

III

sobre

el ayuno

del sptimo

mes.

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padres y guas que le conduzcan por las sendas de la vida, reviste particular inters en esta poca del ao, ya que responde mejor que otra ninguna al estado presente del mundo, inclinado hacia su ruina. Tambin el ao camina a su n. El mundo, iluminado en otros tiempos por el Hombre-Dios y recalentado por el Espritu Santo, ve en los nuestros resfriarse la caridad 1, disminuir la luz y los ardores del Sol de justicia. Cada revolucin arranca a la Iglesia joyas que, pasada la tempestad, ya no encuentra; se multiplican las borrascas y la tormenta llega a ser el estado normal de la sociedad. Domina el error, y se constituye en ley; la iniquidad se ve por doquier. Cuando venga el Hijo del hombre, deca el Seor, creis que encontrar fe en la tierra2? Levantad, pues, vuestras cabezas, hijos de Dios, porque vuestra redencin se acerca 3. Pero, hasta que llegue el momento en que cielos y tierra, renovados para el reino eterno, se abran a la luz embriagadora del Cordero vencedor 4 , tienen que pasar das peores an, de modo que, si fuese posible, seran seducidos en ellos los elegidos5. Mucho importa que en esos malhadados tiempos, los pastores del rebao estn a la altura de su vocacin llena de peligros, ms sublime. Ayunemos, pues, y recemos. No
i S. Mateo, S. Lucas. X X I V , 12. X V I I I , 8.

s Ibd., XXI, 28.

t Apoc., XXI. ? S. Marros, X I I I , 22,

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EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S .

desfallezcamos a pesar de las muchas prdidas sufridas en las filas de los cristianos, los cuales en otro tiempo cumplieron con fidelidad las prcticas de la penitencia. Aunque pocos en nmero, apretados en rededor de la Iglesia, roguemos al Esposo que se digne multiplicar sus dones en favor de los que llama al honor ms temible que nunca del sacerdocio; que les infunda su divina prudencia para descubrir las emboscadas, su celo incansable en seguimiento de las almas ingratas, su perseverancia hasta la muerte por defender sin reticencias ni compromisos la plenitud de la verdad confiada por El al mundo, cuya conservacin intacta debe ser en el ltimo da la prueba de la fidelidad de la Esposa.

DECIMOCTAVO DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES El paralitico que lleva su cama es el tema del Evangelio del da y da el nombre a este Domingo. Se ha podido advertir que el lugar de este Domingo viene en el Misal a continuacin de las Cuatro Tmporas de otoo. No vamos a discutir con los liturgistas de la edad media si hay que considerarle como ocupando el lugar del Domingo vacante que antiguamente segua siempre a la ordenacin de los ministros sagra-

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dos, segn en otra parte dijimos \ Manuscritos antiqusimos, Sacramentarlos y Leccionarios, le llaman con este nombre empleando la frmula harto sabida: Dominica vacat2. Es tambin cosa digna de hacerse notar que la Misa de este da es la nica en la que se ha invertido el orden de las lecturas sacadas de San Pablo y que forman las Epstolas desde el sexto Domingo despus de Pentecosts: la carta a los Efesios, ya empezada y que se continuar, se interrumpe hoy para dar lugar al pasaje de la primera Epstola a los Corintios, en el que da gracias el Apstol por la abundancia de los dones gratuitos otorgados a la Iglesia en Jesucristo. Pues bien, los poderes que la imposicin de las manos ha conferido a los ministros de la Iglesia, son el don ms maravilloso que conocen el cielo y la tierra, y, adems, las diversas partes de esta Misa se refieren muy bien, como se ver, a las prerrogativas del nuevo sacerdocio. La liturgia del presente Domingo ofrece, pues, especial inters si viene a continuacin de las Cuatro Tmporas de septiembre. Pero no es ordinario, al menos por ahora, que esto suceda, y as no queremos detenernos ya ms en estas consideraciones para no meternos demasiado en el campo de la arqueologa y sobrepasar los lmites fijados.
1 Adviento, S b a d o de las C u a t r o
2 Thomasii, Ed. VEZBOSI, t. V, pp.

Tmporas.
148, 149, 309.

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MISA

Desde Pentecosts el Introito de las Misas dominicales se ha tomado siempre de los salmos. Recorriendo el Salterio desde el salmo doce hasta el ciento dieciocho, la Iglesia, sin cambiar el orden de estos cantos sagrados, pudo escoger en ellos la expresin ms conveniente a los sentimientos que deseaba formular en su Liturgia. En adelante las antfonas del Introito se tomarn de los diversos libros del Antiguo Testamento, salvo una vez en que se emplear nuevamente el libro por excelencia de la alabanza divina. Hoy, Jess, hijo de Sirac, el autor inspirado del Eclesistico, pide a Dios que justifique la fidelidad de los profetas del Seor 1 mediante el cumplimiento de lo que anunciaron. Los intrpretes de los orculos divinos son ahora los pastores de las almas, a quienes la Iglesia enva a predicar en su nombre la palabra de salvacin y de paz; pidamos, nosotros tambin, que la palabra no sea vana jams en su boca.
INTROITO

Da paz, Seor, a los que esperan en ti, para que sean hallados veraces tus profetas: escucha la plegaria de tu siervo y tu pueblo Israel. Salmo: Me alegr de lo que se me dijo: Iremos a la casa del Seor, y. Gloria al Padre.
1 Ecl., X X X V I , 18.

DECIMOTERCERO DOM.

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DE

PENTECOSTES

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El medio ms seguro de obtener la gracia es siempre la humilde confesin de nuestra impotencia para agradar al Seor por nosotros mismos. La Iglesia contina dndonos en sus colectas frmulas admirables.
COLECTA

Suplicrnoste, Seor, hagas que la obra de tu misericordia dirija nuestros corazones: porque sin ti no podemos agradarte. Por Nuestro Seor Jesucristo.
EPISTOLA

Leccin de la Epstola del Ap. San Pablo a los Corintios. (I Cor., I, 4-8). Hermanos: Doy siempre gracias a mi Dios por vosotros, por la gracia de Dios que os ha sido dada en Cristo Jess: porque habis sido enriquecidos en El en todo, en toda palabra, y en toda ciencia, siendo asi confirmado en vosotros el testimonio de Cristo: de modo que ya no os falta nada en ninguna gracia, mientras esperis la revelacin de Nuestro Seor Jesucristo, el cual os confirmar tambin hasta el fin, para que estis sin mancha el da de la venida de Nuestro Seor Jesucristo.
S E N T I M I E N T O S DE LA IGLESIA. La ltima venida del Hijo de Dios ya no est lejos. La inminencia del desenlace que tiene que dar la plena posesin del Esposo a la Iglesia, duplica sus esperanzas; pero el juicio final que consumar al mismo tiempo la reprobacin de gran nmero de hijos suyos, junta en ella el temor al deseo, y estos dos sentimientos irn dominando cada vez ms en la Santa Liturgia.

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La esperanza nunca ha dejado de ser como algo esencial en la existencia de la Iglesia. Privada de contemplar la divina belleza del Esposo, no habra hecho otra cosa desde que ste naci, ms que suspirar en el valle del destierro si el amor que arde en ella, no la hubiese obligado a gastarse, sin mirarse a s misma, por Aquel hacia el cual se iba todo su corazn. Se entreg, pues, sin medida al trabajo, al sufrimiento, a la oracin y a las lgrimas. Pero su abnegacin, por generosa que sea, no ha hecho que se olvide del objeto de sus esperanzas. Un amor sin deseos no es virtud para la Iglesia; lo condena en sus hijos como una injuria al Esposo. Sus aspiraciones desde el principio eran tan legtimas y a la vez tan vehementes, que la eterna Sabidura quiso mirar por la Esposa, ocultndola la duracin del destierro. El nico punto sobre el cual Jess se neg a informar a su Iglesia cuando los Apstoles se lo preguntaron fu la hora de su venida. Semejante secreto entraba en los planes generales del gobierno divino sobre el mundo; pero, de parte del Hombre-Dios, era tambin compasin y cario: la prueba habra sido demasiado cruel; y era mejor dejar a la Iglesia con la idea, verdadera tambin, de la proximidad del n, pues ante Dios mil aos son como un da 2.
x S. Mateo, X X I V , 3, 36. 2 II S. Pedro, I I I , 8.

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ESPERAR AL QUE VIENE. Esto nos explica la complacencia con que los Apstoles, intrpretes de las aspiraciones de la Santa Madre Iglesia, insisten continuamente en sus palabras sobre la afirmacin de la venida prxima del Seor. El cristiano espera la manifestacin de Nuestro Seor Jesucristo el da que venga, nos acaba de decir San Pablo por dos veces en una misma frase. Aplicando a la segunda venida los suspiros inflamados de los profetas que anhelaban la primera 1 , dice en su carta a los Hebreos: Un poco todava, poqusimo tiempo, y el que tiene que venir, vendr y no tardar 2. Y, en efecto, as mismo en la nueva como en la antigua alianza, el Hombre-Dios se llama, por razn de su manifestacin final esperada, el que viene, el que tiene que venir 3. El grito que pondr fin a la historia del mundo ser el anuncio de su llegada: He aqu que viene el Esposo 4! "Ciendo, pues, espiritualmente vuestros rones, dice San Pedro, pensad en la gloria del da en que se revelar el Seor; esperadle, aguardadle con santa esperanza" 3 . EL MILAGRO. Porque ha de ser grande el peligro en los ltimos das, en que las virtudes de los cielos se t a m b a l e a r n e l Seor, como dice 1 2 3 i s o Hab., II, 3. Hebr., X, 37. Apoc., I, 8. S. Mateo, XXV, 6. 1 S. Pedro, I, 5, 7, 13. S. Mateo. X X I V , 28.

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la Epstola, se ha cuidado de confirmar en nosotros su testimonio, de fortalecer nuestra fe por las mltiples manifestaciones de su poder. Y, como para cumplir esta otra palabra de la misma Epstola, que confirmar de ese modo hasta el fin a los que creen en El, sus prodigios se duplican en nuestros tiempos precursores del n. El milagro se da, por cierto, en todas partes y a la faz del mundo; las mil voces de la publicidad moderna llevan sus ecos hasta las extremidades de la tierra. En el nombre de Jess, en el nombre de los santos, sobre todo en el nombre de su Madre Inmaculada, que prepara el ltimo triunfo de la Iglesia, los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen, los males del cuerpo y del alma pierden repentinamente su imperio. La manifestacin del poder sobrenatural se ha hecho tan intensa, que hasta los servicios pblicos, hostiles o no, tienen que tenerlo presente; hasta el trazado de los ferrocarriles se sujeta a la necesidad de llevar a los pueblos a los lugares benditos en que se ha manifestado Mara. En vano dice el impo en su corazn: No hay Dios1! Si no comprende el testimonio divino, es que la corrupcin o el orgullo prevalece en l sobre la inteligencia.
A C C I N DE GRACIAS. Debemos tener empeo en dar gracias a Dios por la misericordiosa liberalidad de que ha dado pruebas para con nos1 S a l m o X I I I , 1.

DECIMOTERCERO

DOM.

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otros. Sus dones gratuitos jams fueron ms necesarios que en nuestros calamitosos tiempos. Ya no se trata ciertamente de promulgar entre nosotros el Evangelio; pero los esfuerzos del infierno contra l han llegado a ser tales, que, para defenderlo, es necesaria una profusin de la virtud de lo alto, parecida de algn modo a aquella otra descrita en la historia de los orgenes de la Iglesia. Pidamos al Seor que nos depare hombres poderosos en palabras y obras. Tratemos de alcanzar que la imposicin de las manos produzca hoy ms que nunca en los elegidos para el sacerdocio todo el fruto apetecido; que esa imposicin los enriquezca en todo y de un modo especial en la palabra y en la ciencia. Hoy, cuando todo parece venir a menos, se vea siquiera brillar viva y pura la luz de la salvacin merced a los cuidados que los pastores prodiguen al rebao de Cristo. No consigan las vilezas ni transacciones de las generaciones de decadencia, no consigan jams ver que disminuyen en nmero o en santidad estos nuevos Cristos, o que en sus manos se acorta la medida del hombre perfecto1, que les confiaron para aplicarla hasta el fin a todo cristiano celoso de vivir segn el Evangelio. Resuene su voz por doquier tan viril y vibrante como conviene a los que son eco del Verbo, y, no haciendo caso de intiles amenazas, domine siempre el tumulto de las pasiones desenfrenadas.
i Ef., I V , 13.

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La Iglesia vuelve a repetir en el Gradual el versculo del Introito para celebrar nuevamente la alegra del pueblo cristiano al saber que est prxima su entrada en la casa del Seor. Esta casa es el cielo, en donde entraremos el ltimo da en pos de Jess triunfador; tambin lo es el templo en que se ofrece el Sacrificio aqu abajo, y en el cual nos introducen los representantes del Hombre-Dios, depositarios de su sacerdocio.
GRADUAL

Me he alegrado de lo que se me ha dicho: Iremos a la casa del Seor. J. Haya paz dentro de tus muros: y abundancia sobre tus torres. Aleluya, aleluya. J. Temern las gentes tu nombre, Seor: y todos los reyes de la tierra tu gloria. Aleluya.
EVANGELIO

Continuacin del santo Evangelio segn San Mateo (Mt., IX, 1-8). En aquel tiempo, habiendo subido Jess a una barca, pas el mar y fu a su ciudad. Y he aqui que le presentaron un paraltico postrado en el lecho. Y, viendo Jess su fe, dijo al paraltico: Confa, hijo, te son perdonados tus pecados. Y he aqu que algunos de los escribas dijeron entre s: Este blasfema! Y, habiendo visto Jess sus pensamientos, dijo: Por qu pensis mal en vuestros corazones? Qu es ms fcil decir: Te son perdonados tus pecados; o decir: Levntate y anda? Pues, para que sepis que el Hijo del hombre tiene en la tierra potestad de perdonar los pecados, dijo entonces al paraltico: Levntate, toma

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tu lecho y vete a tu casa. Y se levant y se fu a su casa. Y, al ver esto las turbas, temieron y glorificaron a Dios, que di tal potestad a los hombres.
DEBERES DE LOS PASTORES. En el siglo x n se lea hoy como Evangelio, en muchas Iglesias de Occidente, el pasaje del libro sagrado que trata de los Escribas y Fariseos que se sentaron en la ctedra de Moiss \ El Abad Ruperto, que nos da a conocer esta particularidad en su libro De los Divinos Oficios, hace ver con acierto la relacin que hay entre dicho Evangelio y la antfona del Ofertorio que todava se dice hoy, en la cual tambin se habla de Moiss. "El Oficio de este Domingo, dice, muestra con elocuencia al que preside en la casa del Seor y recibi la cura de almas, cmo debe portarse en el alto puesto en que la vocacin divina le ha colocado. No se parezca a aquellos hombres que se sentaron indignamente en la ctedra de Moiss; al contrario, asemjese a Moiss, el cual presenta en el Ofertorio y sus versculos un modelo acabado a los jefes de la Iglesia. Los pastores de almas no deben ignorar, en efecto, por qu razn ocupan un lugar ms elevado: a saber, no tanto para gobernar como para servir" -. El Hombre-Dios deca de los Doctores judos: Haced lo que os dicen; lo que ellos hacen, guardaos bien de hacerlo; porque dicen bien lo que hay que hacer, pero no hacen 1 8. Mateo, X X I I I , 1-12.

2 De los Oficios Divinos, "XII, 18.

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nada de lo que dicen. A la inversa de estos indignos depositarios de la ley, los que se sientan en la ctedra de la doctrina "deben ensear y obrar conforme a sus enseanzas, dice Ruperto; o mejor, hagan primero lo que deben hacer, para poder luego ensear con autoridad; no busquen los honores y los ttulos, sino miren tan slo a este nico fin: a cargar sobre s los pecados del pueblo y apartar la clera de Dios de los encomendados a su solicitud pastoral, como hizo Moiss segn se nos dice en el Ofertorio" 1.
P O D E R E S DE LOS PASTORES. El Evangelio de los Escribas y Fariseos sentados en la ctedra de Moiss se reserv ms tarde para el Martes de la segunda semana de Cuaresma. Pero el que hoy se lee en todas partes, no distrae nuestro pensamiento de la consideracin de los excelsos poderes del sacerdocio, que son un bien comn de todo el linaje humano, redimido por Jesucristo. Antiguamente los fieles fijaban en este da su atencin en el derecho de ensear otorgado a los pastores; hoy meditan en la prerrogativa que estos mismos hombres tienen de perdonar los pecados y curar las almas. As como una conducta que estuviese en contradicin con lo que ensean, no disminuira en nada la autoridad de la ctedra sagrada, desde la cual dispensan a la Iglesia y en su nombre a sus hijos I De los Oficios Divinos. X I I , 18.

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el pan de la doctrina, del mismo modo, la indignidad de su alma sacerdotal no mermara tampoco en sus manos lo ms mnimo el poder de las augustas llaves que abren el cielo y cierran el infierno. Y es natural que as suceda, ya que es el Hijo del hombre, Jesucristo, quien por su medio libra de sus culpas a los hombres, hermanos y criaturas suyas, el cual, cargndose con las miserias humanas, nos mereci a todos con su sangre el perdn de los pecados l .
E L PERDN DE LOS PECADOS. Siempre ha sentido la Iglesia placer en recordar este episodio de la curacin del paraltico, el cual ofreci a Jess ocasin de afirmar su poder de perdonar los pecados como Hijo del hombre. Efectivamente, desde los principios del cristianismo negaron los herejes a la Iglesia el poder, que haba recibido de su divino Jefe, de perdonar los pecados en nombre de Dios; esto equivala a condenar a muerte eterna a un nmero incalculable de cristianos, que, cados desgraciadamente en pecado despus de su bautismo, slo pueden ser rehabilitados por el Sacramento de la Penitencia. Mas, qu tesoro puede defender una madre con mayor empeo que aquel que lleva prendido el remedio para la vida de sus hijos? La Iglesia, pues, tuvo que anatematizar y expulsar de su seno a estos fariseos de la nueva ley, que, como sus padres del judaismo, I Hebr., I I , 10-18,

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desconocan la misericordia infinita y la amplitud del gran misterio de la Redencin. Como Jess en presencia de sus contradictores los escribas, as tambin la Iglesia, en prueba de sus afirmaciones, haba obrado un milagro visible en presencia de los sectarios, pero no fu ms afortunada que el Hombre-Dios para llegar a convencerlos de la realidad del milagro de gracia que sus palabras de remisin y de perdn obraban de modo invisible. La curacin externa del paraltico fu a la vez imagen y seal de la curacin de su alma reducida antes a la miseria; pero representaba tambin a otro enfermo: el gnero humano que yaca inmvil desde siglos en su pecado. Ya haba abandonado este suelo el Hombre-Dios al obrar la fe de los Apstoles este primer prodigio de llevar a los pies de la Iglesia al mundo envejecido en su enfermedad. La Iglesia entonces, al ver al gnero humano dcil al impulso de los mensajeros del cielo y teniendo ya parte en su fe, hall para El en su corazn de madre la palabra del Esposo: Hijo, ten confianza, tus pecados estn perdonados. Al instante y de modo visible el mundo se levant de su lecho ignominioso, causando admiracin a la filosofa escptica y confundiendo el furor del infierno; para demostrar bien que haba recobrado sus fuerzas, se le vi cargar sobre sus espaldas, por medio de la penitencia y del dominio de las pasiones, la cama de sus desfallecimientos y de su enfermedad, en

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la que tanto tiempo le haban retenido el orgullo, la carne y la avaricia. Desde entonces, fiel a la palabra del Seor que le ha repetido la Iglesia, va andando hacia su casa, el paraso, donde le esperan las alegras fecundas de la eternidad. Y la multitud de las turbas anglicas, al velen la tierra semejante espectculo de renovacin y de santidad se llena de admiracin y glorifica a Dios, que tal poder ha dado a los hombres.
M O I S S , MODELO DE SACERDOTES. El Ofertorio recuerda el altar figurativo que Moiss erigi para recibir las oblaciones de la ley de esperanza, que anunciaban el gran sacrificio en este momento presente a nuestros ojos. A continuacin de la antfona ponemos los versculos que estuvieron en uso antiguamente. Moiss se muestra aqu en verdad como el tipo de los profetas fieles que saludbamos en el Introito, como el modelo de los verdaderos jefes del pueble de Dios, que se dan de lleno a conseguir para sus gobernados la misericordia y la paz. Dios lucha con ellos y se deja vencer; a cambio de su fidelidad los admite a las manifestaciones ms ntimas de su luz y de su amor. El primer versculo nos muestra al sacerdote en su vida pblica de intercesin y de sacrificio en favor de los dems; el segundo nos revela su vida I 8. Lucas, V, 26.

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privada que se alimenta de la contemplacin. No debemos extraar la extensin de estos versculos; su ejecucin por el coro de los cantores excedera hoy con mucho el tiempo que dura la ofrenda de la hostia y del cliz, pero hay que tener cuenta con que antiguamente participaba toda la asamblea en la oblacin del pan y del vino necesarios al sacrificio. Igualmente, las pocas lneas a que hoy se reduce la Comunin, en los antifonarios antiguos eran la antfona de un Salmo sealado para cada da; de ese salmo se tomaba la antfona a no ser que se tomase de otro libro de la Escritura, en cuyo caso ya no se volva al salmo del Introito; se cantaba el salmo, repitiendo la antfona despus de cada versculo, mientras duraba la participacin comn en el banquete sagrado.
OFERTORIO

Consagr Moiss el altar al Seor, ofreciendo sobre l holocaustos, e inmolando vctimas: ofreci el sacrificio vespertino, en olor de suavidad, al Seor Dios, ante los hijos de Israel. y. I. El Seor habl a Moiss dicindole: Sube a estar conmigo en el monte Slna, y estars de pie en su cima. Levantndose Moiss, subi al monte donde Dios le haba citado; y el Seor descendi a l en una nube y estuvo en su presencia. Moiss, al verle, se postr y le ador diciendo: Seor, te lo suplico, perdona los pecados de tu pueblo. Y el Seor le respondi: Lo har segn tus deseos. Entonces Moiss ofreci el sacrificio vespertino,

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T. II. Moiss or al Sear y dijo: Si he hallado gracia ante ti, mustrate a mi al descubierto, para que pueda contemplarte. Y el Seor le habl en estos trminos: Ningn hombre que me vea, podr vivir; pero estte en lo ms alto del peasco: mi mano diestra te cubrir cuando pasare; y cuando hubiere pasado, retirar mi mano y entonces vers mi gloria, aunque mi cara no se te mostrar; porque soy el Dios que obra en la tierra cosas maravillosas. Entonces Moiss ofreci l sacrificio vespertino. %

La sublime elocuencia de la Secreta excede a todo comentario. Penetrmonos de la grandeza de las enseanzas tan admirablemente resumidas en tan pocas palabras; comprendamos que nuestra vida y nuestras costumbres deben ser algo divino si han de responder a los misterios que se han revelado a nuestra inteligencia y se incorporan a nosotros en el comercio augusto del Sacrificio.
SECRETA

Oh Dios, que, por medio del venerando comercio de este Sacrificio, nos haces partcipes de la nica y suma Divinidad: haz, te suplicamos, que, as como conocemos tu verdad, as la vivamos con dignas costumbres. Por Nuestro Seor Jesucristo.

La antfona de la Comunin se dirige a los sacerdotes y a la vez a todos nosotros; pues, si el sacerdote ofrece la vctima santa entre todas, no debemos presentarnos nosotros con l en los atrios del Seor sin llevar para juntarla a la hostia divina esta otra vctima que somos nos-

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES .

otros mismos; as cumpliremos la palabra del Seor: No os presentaris ante mi con las manos vacas \
COMUNION

Tomad hostias, y entrad en sus atrios: adorad al Seor en su santa casa.

Al dar gracias en la Poscomunin por el don inestimable de los Misterios, pidamos al Seor nos haga cada vez ms dignos.
POSCOMUNION

Drnoste gracias, Seor, vigorizados con este don sagrado, y suplicamos a tu misericordia nos haga dignos de seguir participando de l. Por Nuestro Seor Jesucristo.

DECIMONONO DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES


MISA .

El jefe augusto del pueblo de Dios es la salvacin de los suyos en todos sus males. No lo prob el Domingo pasado de manera admirable, al restaurar a la vez el cuerpo y el alma del pobre paraltico en el que estbamos figurados todos nosotros? Escuchemos su voz en el In1 Ex., X X I I I , 15.

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troito con agradecimiento y amor; prometmosle la fidelidad que nos pide; su ley puesta en prctica nos guardar de recadas. La antfona la han sugerido diversos pasajes de la Sagrada Escritura, mas no se encuentra en ella al pie de la letra. El versculo est tomado del Salmo setenta y siete.
INTROITO

Yo soy la salud del pueblo, dice el Seor: en cualquier tribulacin, en que clamaren a m, los oir: y ser su Seor para siempre. Salmo: Atiende, pueblo mo, a mi Ley: inclinad vuestro odo a las palabras de mi boca. V. Gloria al Padre.

Para comprender bien el pensamiento que domina en las colectas y en otras muchas partes de las misas del tiempo despus de Pentecosts, es conveniente no perder de vista el Evangelio del Domingo anterior. Y as la Iglesia tiene cuenta de nuevo con el episodio del paraltico, que curado en el cuerpo y el alma por el Hijo del Hombre, figuraba un misterio mayor. Reparado en'el cuerpo y el alma por la palabra omnipotente del Salvador, ahora ya puede el gnero humano vacar a Dios con corazn libre y dispuesto. Al unirnos con la Iglesia en la Colecta, pidamos al Altsimo que nunca ya ms vuelva a embargar nuestras facultades la fatal indolencia que ha sido para nosotros tan perjudicial.

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COLECTA

Omnipotente y sempiterno Dios, aparta propicio de nosotros todo lo adverso: para que, expeditos a la vez de alma y de cuerpo, hagamos lo que es tuyo con corazones libres. Por Nuestro Seor Jesucristo.
EPISTOLA

Leccin de la Epstola del Ap. San Pablo a los Efesios (Ef., IV, 23-28). Hermanos: Renovaos en lo ntimo de vuestra alma, y revestios del hombre nuevo, que ha sido creado, segn Dios, en justicia y santidad verdadera. Por lo cual, renunciando a la mentira, hablad verdad cada cual con su prjimo: porque somos miembros los unos de los otros. Airaos y no pequis: no se ponga el sol sobre vuestro enojo. No deis lugar al diablo: el que robaba, no robe ya; antes trabaje, obrando con sus manos lo que es bueno, para que tenga de donde dar al que padezca necesidad.

La Santa Madre Iglesia prosigue hoy la lectura de la Epstola a los Efesios, que haba interrumpido el Domingo pasado. Ya anteriormente el Apstol puso los principios dogmticos de la verdadera santidad; ahora saca de ellos las consecuencias morales.
E L HOMBRE NUEVO. Comprendamos, pues, la moral de San Pablo en nuestra Epstola y lo que l entiende por Justicia y santidad de la verdad, que es la de Cristo 1 , propia del hombre nuevo, de que se debe revestir todo el que aspire a la I Rom., X I I I , 14.

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posesin de las riquezas enumeradas en los pasajes precedentes de su carta inmortal. Volvamos al leer la Epstola del Domingo dcimosptimo y en ella veremos que todas las reglas del catecismo cristiano y de la vida mstica se resumen para el Apstol en estas palabras: "procuremos la unidad"1. Es la mxima que da as a los principiantes como a ios perfectos; es el coronamiento de las vocaciones ms sublimes en el orden de la gracia, y tambin el fundamento y la razn de todos los mandamientos de Dios de tal modo, que, si debemos abstenernos de la mentira y decir la verdad a los que nos escuchan, el motivo, segn el Apstol, es ste: que somos miembros los unos de los otros. Habla el salmista 2 de una clera santa, que provoca a veces el celo de la ley divina y de la caridad; pero aun en esos momentos debe apagarse al instante el movimiento de ira levantado en el alma: prolongarle equivaldra a dar lugar al diablo y poner en sus manos buenas cartas para cuartear y derrocar en nosotros, por medio del rencor y del odio, el edificio de la santa unidad. Antes de nuestra conversin, nuestras faltas hacan sufrir tanto al prjimo como a Dios; la injusticia, si pasaba inadvertida, poco nos importaba; el egosmo era nuestra ley, y tambin era prenda de que Satans reinaba en
1 Bf I V , 3. 2 Sal., I V , 5,

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nuestras almas. Ahora, expulsado por el Espritu de santidad tan indigno usurpador, la mejor seal de que se ha reconquistado su imperio, consiste no slo en que los derechos de los dems son ya sagrados para nosotros, sino tambin en que hacemos nuestro trabajo y todas nuestras obras pensando en que debemos socorrer en sus necesidades al prjimo. En una palabra, prosigue y concluye el Apstol un poco ms adelante, viviremos en caridad, si somos imitadores de Dios como hijos carsimos suyos1. Cristo ha devuelto la libertad de movimientos a nuestras manos paralticas para el bien sobrenatural; levantmoslas espiritualmente en la oracin para glorificar a Dios con este homenaje que El acepta como un sacrificio de suave olor. Esta es la enseanza que la Santa Madre Iglesia nos da con su ejemplo en el Gradual.
GRADUAL

Ascienda mi oracin, como el incienso, en tu presencia, Seor. T. La elevacin de mis manos sea como el sacrificio vespertino. Aleluya, aleluya, y. Alabad al Seor e invocad su nombre: anunciad entre las gentes sus obras. Aleluya.
EVANGELIO

Continuacin del santo Evangelio segn San Mateo (Mat., XX, 1-14). En aquel tiempo habl Jess en parbolas a los prncipes de los sacerdotes y a los fariseos, diciendo: i Ef., V, 1-2.

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El reino de los cielos es semejante a un rey que celebr las bodas de su hijo. Envi a sus siervos a llamar a los invitados a las bodas, y no quisieron venir. Envi de nuevo otros siervos, diciendo: Decid a los invitados: He aqui que ya he preparado mi comida, ya estn muertos mis toros y mis animales cebados, y todo est dispuesto: venid a las bodas. Pero ellos lo rehusaron: y se fueron, uno a su granja, otro a su negocio: los dems prendieron a los siervos y, despus de afrentarlos, los mataron. Cuando lo supo el rey, se enfureci: y, enviando sus ejrcitos, mat a aquellos homicidas y quem su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: Las bodas estn ya preparadas, pero, los que haban sido invitados, no han sido dignos. Id, pues, a las bocas de las calles, y, a todos los que hallareis, llamadlos a las bodas. Y, saliendo sus siervos por las calles, reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos: y se llenaron las bodas de comensales. Y entr el rey para ver a los comensales y vi all un hombre que no tena vestido de boda. Y djole: Amigo, cmo has entrado aqu sin tener traje de boda? Y l call. Entonces dijo el rey a sus ministros: Atndole de pies y manos, arrojadle en las tinieblas exteriores: all ser el llanto y el crujir de dientes. Porque son muchos los invitados, pero pocos los escogidos.
L A S BODAS DEL H I J O DE D I O S . Lo expuesto en los ltimos Domingos nos manifiesta a la Iglesia solcita nicamente de preparar al gnero humano a las bodas admirables cuya celebracin es el fin exclusivo por el que el Verbo de Dios vino a este mundo. En su destierro ya largo la Esposa del Hijo de Dios se nos presenta como el modelo vivo de sus hijos. Ella no ha cesado un momento de disponerlos con sus instrucciones a entender el gran misterio de la

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES .

unin divina. Hace tres semanas \ tratando el tema nico de su solicitud de Madre y de Esposa de modo ms directo que lo haba hecho hasta entonces, les recordaba el llamamiento inefable de que haban sido objeto por parte de Dios. Ocho das despus 2 , gracias a ella, el Esposo de las bodas a las que se los convidaba, se les manifest a ellos en el Hombre-Dios, objeto del doble precepto del amor en que se resume toda la ley. Hoy la enseanza es completa. En el Ocio de la noche, en que San Gregorio nos expone todo su pensamiento, la Iglesia fija esa enseanza: con la doble autoridad de un gran Doctor y de un gran Papa y tambin en nombre de la Iglesia, el Santo explica el Evangelio de esta manera:
COMENTARIO DE S A N G R E G O R I O : "El reino de los cielos es la asamblea de los justos. El Seor dice, en efecto, por un profeta: El cielo es mi trono3; y a su vez dice Salomn: El alma del justo es el trono de la Sabidura4, mientras San Pablo llama a Cristo; Sabidura de DiosSi, pues, el cielo es el trono de Dios, si la Sabidura es Dios, si el alma del justo es trono de la Sabidura, debemos concluir con evidencia en que el alma del justo es un cielo... El reino de 1 2 s 4 5 D o m i n g o X V I d e s p u s de P e n t e c o s t s . D o m i n g o X V I I d e s p u s de P e n t e c o s t s , Isaas, L X V I , 1. Sab., V I I , 27. I Cor., I, 24,

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los cielos es, por tanto, con razn la asamblea de los justos... Si este reino se dice semejante a un rey que celebra las bodas de su hijo, vuestra caridad comprende al momento quin es este Rey, padre de un hijo Rey como El, a saber, aquel-de quien se dice en el salmo: Oh Dios, da al Rey tu juicio, y tu justicia al hijo del Rey 1! Dios Padre celebr las bodas de Dios, Hijo suyo, al unirle a la naturaleza humana, al querer que el que era Dios antes de los siglos, se hiciese hombre al fln de los siglos. Pero tenemos que evitar el peligro de dar a entender que pueda existir dualidad de personas en nuestro Dios y Salvador Jesucristo... Por eso puede ser ms claro y a la vez ms seguro decir que el Padre celebr las bodas del Rey su Hijo, unindole por el misterio de la Encarnacin a la santa Iglesia. El seno de la Virgen Madre fu la cmara nupcial de este Esposo, de quien el salmista dice 2: Puso en el sol su tabernculo: es el Esposo que sale de su cmara nupcial"3. No obstante su calidad de Esposa del Hijo de Dios, la Iglesia est sujeta en este mundo a las tribulaciones. Los enemigos del Esposo, al no poder atacar ahora directamente al Seor, dirigen su furia contra ella. En estas pruebas, soportadas por la Iglesia con amor, ve el Seor un nuevo rasgo de la conformidad que ha de
1 S a l m o L X X I , 2. 2 S a l m o X V I I I , 6. a H o m i l a X X X V I I I sobre

el

Evangelio.

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tener con l en todo; la deja, pues, sufrir en este mundo, contentndose con ayudarla siempre y salvarla, como lo dice el Ofertorio, de los males que aumentan constantemente en su rededor.
OFERTORIO

Si caminare en medio de la tribulacin, me vivificars t, Seor: y contra la ira de mis enemigos extenders tu mano y me salvar tu diestra.

En cuanto a la glorificacin de la soberana Majestad, el augusto sacrificio que estamos preparando consigue siempre su efecto infinito; mas su virtud se aplica al hombre en medida mayor o menor, lo cual depende a la vez de las disposiciones de la criatura y de la misericordia divina. Roguemos, pues, en la Secreta a Dios todopoderoso se digne hacernos sentir copiosamente el efecto de los misterios divinos que se van a realizar.
SECRETA

Suplicrnoste, Seor, hagas que estos dones, que ofrecemos ante los ojos de tu Majestad, sean saludadables para nosotros. Por Nuestro Seor Jesucristo.

El Hombre-Dios ha devuelto espiritualmente el vigor a nuestros miembros, mediante su divino contacto en el sagrado banquete; no olvidemos que debemos en adelante consagrarlos a su servicio, y que nuestros pies, fortalecidos ya, tienen que ejercitarse en correr por los caminos de los divinos mandamientos.

VIGESIMOPRIMERO

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COMUNION

T mandaste que se guarden tus mandamientos fielmente: ojal se dirijan mis caminos a la guarda de tus preceptos.

La Poscomunin parece ser hoy todava un recuerdo del Evangelio del paraltico, que se lea antiguamente en este Domingo. En ella se pide la asistencia del mdico celestial, que arranque al hombre del mal en que gime impotente, y le conceda la fuerza necesaria para cumplir siempre y con valenta la ley de Dios.
POSCOMUNION

Haz, Seor, que tu obra medicinal nos libre clemente de nuestras perversidades y nos apegue siempre a tus mandamientos. Por Nuestro Seor Jesucristo.

VIGESIMO DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES


MISA
J U D O S Y GENTILES.'El Evangelio de hace ocho das tena por objeto la promulgacin de las bodas entre el Hijo de Dios y el gnero humano. La realizacin de estas bodas sagradas es el fin que Dios se propuso en la creacin del mundo visible, y el nico que intenta en el go-

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bierno de las sociedades. Por tanto, no debe admirarnos que la parbola evanglica, al revelarnos el pensamiento divino sobre este punto, haya puesto en claro tambin el gran hecho de la reprobacin de los judos y de la vocacin de los gentiles, que es a la vez el ms importante de la historia del mundo y el ms ntimamente ligado a la consumacin del misterio de la unin divina. Pero la exclusin de Jud ha de cesar un da. Su obstinacin fu el motivo de que a los gentiles se dirigiese el mensaje de amor. Hoy todas las naciones1 han odo la invitacin celestial; ya falta poco para completar a la Iglesia en sus miembros con la entrada de Israel, y para dar a la Esposa la seal de la llamada suprema que pondr n al largo trabajo de siglos 2, haciendo aparecer al Esposo 3. La envidia santa que quera despertar el Apstol en los hombres de su raza al dirigirse hacia las naciones 4 , se dejar sentir en el corazn de los descendientes de Jacob. Qu alegra en el cielo al ver que su voz arrepentida y suplicante se une en presencia de Dios a los cantos de alegra de la gentilidad, que celebra la entrada de sus pueblos innumerables en la sala del banquete divino! Semejante concierto ser en verdad el preludio del gran da que ya de antemano saludaba San Pablo, al
1 2 3 4 Rom., X I , 25-26. Ibd,., V I I I , 22. Apoc., X X I I , 17. Rom., X I , 13-14.

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decir a los judos en su entusiasmo patritico: Si su cada fu la riqueza del mundo y su mengua la riqueza de los gentiles, qu ser su plenitud La misa" del Domingo vigsimo despus de Pentecosts nos permite gustar por anticipado ese momento feliz, en que el nuevo pueblo no estar ya solo para cantar reconocido los favores de Dios. Estn concordes los antiguos liturgistas en afirmar que componen la misa, por partes iguales, los acentos de los profetas de que se sirve Jacob para expresar su arrepentimiento y merecer nuevamente los beneficios divinos, y frmulas inspiradas por las que exhalan su amor las naciones que ya tienen su puesto en la sala del festn de las bodas. En el Gradual y en la Comunin omos al coro de los Gentiles, y al coro de los Judos en el Introito y el Ofertorio. El Introito est sacado de Daniel 2 . El profeta desterrado con su pueblo e Babilonia, en un cautiverio cuyos largos padecimientos fueron figura de los dolores de distinta manera prolongados en la peregrinacin actual de la vida, vuelve a gemir con Jud en tierra extranjera y comunica a sus compatriotas el gran secreto de la reconciliacin con el Seor. Este secreto lo desconoci Israel despus del drama del Calvario, pero, en los siglos anteriores de su historia,
1 Rom., X I , 12. 2 Daniel, III.

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haba tenido de l noticias muy claras y haba sentido muchas veces tambin los saludables efectos. Consiste, como siempre, en el humilde reconocimiento de las faltas cometidas, en el pesar suplicante del culpable y en la confianza firme de que la misericordia infinita sobrepuja a los crmenes ms enormes.
INTROITO

Todo lo que has hecho con nosotros, Seor, lo has hecho con justo juicio: porque hemos pecado contra ti y no hemos obedecido tus mandatos: pero da gloria a tu nombre y haz con nosotros segn tu gran misericordia. Salmo: Bienaventurados los puros en su camino: los que andan en la ley del Seor. J. Gloria al Padre.

El perdn divino, que devuelve al alma la pureza y la paz, es como el preliminar indispensable de las bodas sagradas; la veste nupcial de los convidados debe estar sin mancha so pena de ser xcludo, y su corazn sin inquietudes, para no llegarse a la mesa del Esposo con tristeza. Imploremos este perdn inestimable, que el Seor nos conceder de buen grado pidindoselo por intercesin de su Esposa la Santa Madre Iglesia.
COLECTA

Suplicrnoste, Seor, concedas benigno a tus fieles el perdn y la paz: para que se purifiquen de todos sus pecados y, a la vez, te sirvan con un corazn tranquilo. Por Nuestro Seor Jesucristo.

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EPISTOLA

Leccin de la Epstola del Ap. San Pablo a los Efesios (Ef., V, 15-21). Hermanos: Cuidaos de caminar cautamente: no como necios,' sino como sabios, redimiendo el tiempo, porque los das son malos. Por tanto, no seis imprudentes, sino inteligentes, averiguando cul sea la voluntad de Dios. Y no os embriaguis con vino, en el cul est la lujuria: sino henchios del Espritu Santo, hablando entre vosotros con salmos e himnos y cnticos espirituales, cantando y salmodiando al Seor en vuestros corazones: dando siempre gracias por todo, en el nombre de Nuestro Seor Jesucristo, a Dios Padre. Sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo.

El acercarse la consumacin de las bodas del Hijo de Dios coincidir aqu en la tierra con un aumento de la furia del infierno para perder a la Esposa. El dragn del Apocalipsis1 desencadenar todas las pasiones para arrastrar en su empuje a la verdadera madre de los vivientes. Pero ser impotente para mancillar el pacto de la alianza eterna y, sin fuerzas ya contra la Iglesia, dirigir sus iras contra los ltimos hijos de la nueva Eva, a quienes est reservado el honor peligroso de las luchas supremas descritas por el profeta de Patmos 2 .
INTEGRIDAD DE LA DOCTRINA. Entonces sobre todo, los cristianos fieles debern recordar los consejos del Apstol y portarse con la circuns1 Apoo. X I I , 9. = IBID., X I I , 17.

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peccin que nos recomienda, poniendo sumo cuidado en conservar pura su inteligencia no menos que su voluntad, en estos das malos. Porque para entonces, la luz no slo tendr que resistir los asaltos de los hijos de las tinieblas, que hacen ostentacin de sus doctrinas perversas, sino que tal vez se amortige y adultere por culpa de las flaquezas de los hijos de la luz en el terreno de los principios, por las tergiversaciones, transacciones y humana prudencia de los que se tienen por sabios. Muchos parecer que ignoran prcticamente que la Esposa del Hombre-Dios no puede sucumbir al choque de fuerza alguna creada. Si recuerdan que Cristo se comprometi a defender a su Iglesia hasta el fln del mundo 1, no dejarn de creer que hacen una obra admirable al proporcionar a la buena causa la ayuda de una poltica de concesiones que no siempre se pesan suficientemente en la balanza del santuario: sin contar que el Seor no necesita de habilidades torcidas para ayudarla a cumplir su promesa; y no se necesita decir sobre todo, que la cooperacin que se digna aceptar de los suyos en defensa de los derechos de la Iglesia, no puede consistir en el menoscabo u ocultacin de las verdades que constituyen la fuerza y la belleza de la Esposa. Cuntos olvidarn la mxima de San Pablo escribiendo a los Romanos, que acomodarse a este mundo, buscar una adaptacin imposible del Evangelio
i S. Mateo, X X V I I I , 20.

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a un mundo descristianizado, no es medio para llegar a distinguir de modo seguro lo trueno, lo mejor, lo perfecto a los ojos del Seor 1! En muchas circunstancias de estos malhadados tiempos, ser tambin un mrito grande y raro, comprender nicamente cul es la voluntad de Dios, como lo dice nuestra Epstola. Cuidad, dira San Juan, de no perder el fruto de vuestras obras; aseguraos la total recompensa que slo se concede a la plenitud constante de la doctrina y de la fe 2. Por lo dems, entonces como siempre, segn la palabra del Espritu Santo, la sencillez de los justos los guiar de un modo seguro3; la Sabidura les conceder la humildad 4.
R E D I M I R EL TIEMPO. El nico afn de los justos ser, pues, acercarse ms y ms siempre a su Amado mediante una semejanza cada vez mayor con El, es decir, por una reproduccin ms acabada de la verdad en sus palabras y acciones. Y en esto servirn a la sociedad, como se debe, poniendo en prctica el consejo del Seor, que nos pide buscar primero el reino de Dios y su justicia, y en lo dems confiarnos a El5. Interpretarn para su uso de distinta manera el consejo que nos da el Apstol de redimir i Rom., X I I , 2. = II S. Juan, 8-9. i i Ibd., X I , 2. 5 S. Mateo, V I , 33.

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el tiempo dejando a otros la bsqueda de combinaciones humanas y complicadas, de compromisos inciertos, que en el plan de sus autores estn ordenados a retrasar algunas semanas, algunos meses acaso, la ola ascendente de la revolucin. El Esposo compr el tiempo a precio muy alto para que sus miembros msticos lo empleasen en la glorificacin del Altsimo. La multitud le perdi descarriada en la rebelda y en los placeres, y las almas fieles le redimieron poniendo tal intensidad en los actos de su fe y de su amor, que, si ello es posible, no decreciese hasta el ltimo instante el tributo que ofreca todos los das la tierra a la Suma Trinidad. Contra la bestia de boca insolente y llena de blasfemias 1 , ellos se apropiarn el grito de Miguel frente a Satans, impulsor de la bestia 2 : Quin como Dios? El pueblo antiguo cant, en el Introito, su arrepentimiento y su humilde confianza. Los Gentiles, en el Gradual, cantan sus esperanzas sobradamente cumplidas en las delicias del banquete nupcial.
GRADUAL

Los ojos de todos estn fijos en ti. Seor: y t das a todos el sustento en tiempo oportuno. J. Abres tu mano: y llenas de bendicin a todo viviente.
i ApocXIII, i Ibid., 2. 5-6.

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Aleluya, aleluya. J. Preparado est mi corazn, oh Dios, preparado est mi corazn: te cantar y entonar salmos a ti, gloria ma. Aleluya.
EVANGELIO

Continuacin del santo Evangelio, segn San Juan (Jn., IV, 46-53). En aquel tiempo haba un rgulo cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnam. Cuando supo que Jess vena de Judea a Galilea, fu a l y le rog que bajase, y curase a su hijo, que comenzaba a morirse. Di jle entonces Jess: Si no viereis milagros y prodigios, no creis. Djole el rgulo: Seor, baja antes de que muera mi hijo. Djole Jess: Vete, tu hijo vive. Crey el hombre lo que le dijo Jess, y se fu. Cuando ya bajaba, le salieron al encuentro los siervos y le dijeron que su hijo viva. El les pregunt la hora en que haba mejorado. Y le dijeron: Ayer, a las siete, le dej la fiebre. Y vi el padre que era la misma hora en que le haba dicho Jess: Tu hijo vive: y crey l y toda su casa.

El Evangelio se toma hoy de San Juan, y es la primera y la nica vez en todo el curso de los Domingos despus de Pentecosts. Del Oficial de Cafarnam recibe el nombre este vigsimo Domingo. La Iglesia le ha escogido porque no deja de haber cierta relacin misteriosa en el estado del mundo, con los tiempos a que se refieren profticamente los ltimos das del ciclo litrgico.
E L MUNDO ENFERMO. El mundo va camino de su fin y empieza tambin a morir.

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Minado por la fiebre de las pasiones en Cafarnam, la ciudad del lucro y de los placeres, no tiene ya fuerzas para ir por s mismo ante el mdico que podra curarle. Su padre, los pastores que le han engendrado por el bautismo a la vida de la gracia, los que gobiernan al pueblo cristiano como oficiales de la santa Iglesia, son los que tienen que presentarse ante el Seor a pedirle la salud del enfermo. El discpulo amado nos hace saber, al principio de su relato que encontraron a Jess en Can, la ciudad de las bodas y de la manifestacin de su gloria en el banquete nupcial 2 ; el Hombre-Dios reside en el cielo desde que abandon nuestra tierra, y dej a sus discpulos, hurfanos del Esposo, ejercitarse por algn tiempo en la tierra de la penitencia.
E L REMEDIO. El nico remedio est en el celo de los pastores y en la oracin de la porcin del rebao de Cristo que no se ha dejado arrastrar por las seducciones del libertinaje universal. Pero cunto importa que fieles y pastores, sin rodeos personales, entren de lleno sobre este punto en los sentimientos de la santa Iglesia! A pesar de la ingratitud ms insultante de las injusticias, calumnias y perfidias de todo gnero, la madre de los pueblos olvida sus injurias para pensar slo en la saludable prosperidad y 1 S. Juan.

2 Ibd., II, 2.

I V , 46.

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en la salvacin de las naciones que la insultan; ruega como lo hizo siempre y con ms ardor que nunca, para que tarde en llegar el fin, pro mora finis \
E L PODER DE LA O R A C I N . P a r a responder a su pensamiento, "juntmonos, pues, como dice Tertuliano, en un solo regimiento, en una sola asamblea para ir al encuentro de Dios y sitiarle con nuestras oraciones como con un ejrcito. Le agrada esta violencia". Pero a condicin de que se base en una fe ntegra y que no vacile por nada. Si nuestra fe nos da la victoria sobre el mundo 2 , ella es tambin la que triunfa de Dios en los casos ms peligrosos y desesperados. Pensemos, como la Iglesia, nuestra Madre, en el peligro inminente de tantos desgraciados. No tienen disculpa, ciertamente: el ltimo Domingo se les recordaba otra vez los llantos y el crujir de dientes que en las tinieblas exteriores estn reservados a los despreciadores de las bodas sagradas 3 . Pero son hermanos nuestros y no debemos conformarnos tan fcilmente con la pena de su prdida. Esperemos contra toda esperanza. El Hombre-Dios, que saba con ciencia cierta la inevitable condenacin de los pecadores empedernidos, no derram tambin por ellos toda su sangre? Queremos merecer el unirnos a El por una semejan1 T e r t u l i a n o , Apol, XXXIX. 2 1 S. Juan, V, 4. 3 S. Mateo. X X I I , 13.

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za completa. Resolvmonos, pues, ^a imitarle tambin en esto, en la medida que podamos; roguemos sin tregua ni reposo por los enemigos de la Iglesia y por los nuestros mientras su condenacin no sea un hecho consumado. En este orden de cosas, todo es til, nada se pierde. Suceda lo que sucediere, el Seor ser glorificado por nuestra fe y por el ardor de nuestra caridad. Pongamos todo nuestro esmero nicamente en no merecer los reproches que diriga a la fe incompleta de la generacin de que formaba parte el oficial de Cafarnam. Sabemos que no necesita bajar del cielo a la tierra para dar su eficacia a las rdenes emanadas de su voluntad misericordiosa. Si tiene a bien multiplicar los milagros y los prodigios en nuestro derredor, le quedaremos agradecidos por nuestros hermanos ms flacos en la fe: de aqu debemos tomar ocasin para ensalzar su gloria, pero afirmando que nuestra alma no necesita ya para creer en El de las manifestaciones de su poder. El antiguo pueblo, arrastrando su merecida desdicha a travs de todas las tierras lejanas, vuelve hoy en el Ofertorio a sentimientos de penitencia y canta ahora con la Iglesia su admirable Salmo 136, que super siempre a todo canto de destierro de cualquier lengua.
OFERTORIO

Junto a los ros de Babilonia nos sentamos y lloramos, al acordarnos de ti, Sin.

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Todo el poder de Dios, que cura con una palabra las almas y los cuerpos, reside en los Misterios preparados sobre el altar. Pidamos, en la Secreta, que su virtud obre en nuestros corazones.
SECRETA

Suplicrnoste, Seor, hagas que estos Misterios nos sirvan de medicina celestial y purifiquen los vicios de nuestro corazn. Por Nuestro Seor Jesucristo.

La palabra que nos recuerda la antfona de la Comunin y que sirvi para levantar al hombre abismado en su miseria, es la del Evangelio del banquete divino: Venid a las bodas! Pero el hombre, deificado ya por su participacin aqu abajo en el Misterio de la fe, aspira a la perfeccin eterna de la unin en el medioda de la gloria.
COMUNION

Acurdate, Seor, de la promesa hecha a tu siervo, con la cual me diste esperanza: sta es la que me ha consolado en mi humillacin.

Como lo expresa la Poscomunin la mejor preparacin que puede llevar el cristiano a la santa mesa es una fidelidad constante en observar los divinos mandamientos.
POSCOMUNION

Para que seamos dignos, Seor, de estos sagrados dones, haz, te suplicamos, que obedezcamos siempre tus mandatos. Por Nuestro Seor Jesucristo.

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E L O F I C I O . Los Domingos que van a continuacin son los ltimos del ciclo anual, pero el grado de proximidad que los relaciona con su ltimo trmino, vara cada ao con la Pascua. Esta variacin imposibilita la coincidencia exacta entre la composicin de sus Misas y las lecturas del Ocio nocturno, que se hacen de un modo fijo desde agosto de la manera que hemos dicho 1. La instruccin que los fieles deben sacar de la sagrada Liturgia sera incompleta, ni veran tampoco la solicitud de la Iglesia en estas ltimas semanas tan claramente como conviene para dejarse dominar de ella por entero, si pasan para ellos inadvertidas las lecturas que se hacen en los meses de octubre y noviembre: en el primero se leen los Macabeos, que nos animan a los ltimos combates, y en el segundo se leen los Profetas, que anuncian los juicios de Dios.

M I S A L U C H A CONTRA EL DIABLO. Durando de Mende, en su Racional, se esfuerza por probar que este Domingo y los que le siguen dependen siemi D o m i n g o V I I d e s p u s de Pentecosts.

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pre del Evangelio de las bodas divinas y no son ms que su explicacin. "Y porque estas bodas, dice para hoy, no tienen mayor enemigo que la envidia de Satans contra el hombre, la Iglesia trata, en este Domingo, de la guerra contra Satans y de la armadura de que nos debemos revestir para defendernos en ella, segn se ver en la Epstola. Y, como el cilicio y la ceniza son las armas de la penitencia, la Iglesia en el Introito saca a relucir la voz de Mardoqueo, que rogaba a Dios, cubierto del cilicio y la ceniza" 3.
M I S E R I A DEL GNERO HUMANO. Su fundamento tienen las reflexiones del Obispo de Mende. Mas, bien que el pensamiento de la unin divina, que pronto se consumar, no abandone nunca a la Iglesia, sta se mostrar de modo especial verdaderamente Esposa en la desdicha de los ltimos tiempos, cuando, olvidndose de s misma, slo pensar en los hombres, cuya salvacin la confi el Esposo. Lo hemos dicho ya: la proximidad del juicio final, el estado lamentable del mundo en los aos que precedern inmediatamente al desenlace de la historia humana, es lo que domina en la Liturgia de estos Domingos. La parte de la Misa de hoy que ms impresion a nuestros padres, es el Ofertorio sacado de Job, con su versculos de exclamaciones expresivas y repeticiones apremiantes; puede decirse, en efecto, que este Ofertorio encierra i Racional, V I , 138; Est., I V , 1.

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perfectamente el verdadero sentido que conviene dar al Domingo vigsimoprimero despus de Pentecosts. Al mundo, que se ve reducido, como Job en el estercolero, a la ms extrema miseria, ya solamente le queda la esperanza en Dios. Los santos que todava viven en l, honran al Seor con una paciencia y una resignacin, que en nada merman el ardor y la fuerza de sus splicas. Tal es el sentimiento que desde el primer instante produce en ellos la oracin sublime formulada por Mardoqueo. Rogaba ste en favor de su pueblo condenado a un exterminio total, figura del que espera al gnero humano
INTROITO

En tu voluntad, Seor, estn puestas todas las cosas, y no hay quien pueda resistir a tu voluntad: porque t lo has hecho todo, el cielo y la tierra, y todo cuanto se contiene en el mbito del cielo: t eres el Seor de todo. Salmo: Bienaventurados los puros en su camino: los que andan en la Ley del Seor. V. Gloria al Padre.

La Iglesia, en la Colecta, indica bastante que, si bien est pronta a sufrir los tiempos malos, prefiere la paz, que la permite ofrecer libremente el tributo simultneo de las obras y la alabanza. El ltimo ruego de Mardoqueo en la oracin cuyas primeras palabras las tenemos en el Introito, era para esta libertad de la alabanza
1 Bst., X I I I , 9-11.

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divina, que ser el ltimo amparo del mundo: Podamos cantar a tu Nombre, oh Seor, y no cierres la boca de los que te alaban"
COLECTA

Suplicrnoste, Seor, custodies a tu familia con tu continua piedad: para que, con tu proteccin, se vea libre de todas las adversidades y, con buenos actos, sirva devota a tu nombre. Por Nuestro Seor Jesucristo.
EPISTOLA

Leccin de la Epstola del Ap. San Pablo a los Efesios (Ef VI, 10-17). Hermanos: Confortaos en el Seor y en el poder de su virtud. Revestios de la armadura de Dios para que podis resistir a las asechanzas del diablo. Porque no tenemos que luchar contra la carne y la sangre, sino contra los prncipes y potestades, contra los tenebrosos rectores de este mundo, contra los espritus del mal en los cielos. Por lo cual, tomad la armadura de Dios, para que podis resistir en el da malo y ser perfectos en todo. Tened, pues, ceidos vuestros lomos con la verdad, y estad vestidos de la loriga de la justicia, y tened los pies calzados con la preparacin del Evangelio de la paz: tomad en todo el escudo de la fe, con el cual podris extinguir todos los dardos encendidos del malvado: y el yelmo de la salud: y la espada del espritu, que es la palabra de Dios.
E L DA DEL J U I C I O . Los das malos, que ya sealaba el Apstol el ltimo Domingo, son muchos en la vida de cada hombre y en la historia i E s t . X I I I , 17.

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del mundo. Mas, para cada hombre y para el mundo, hay un da malo entre todos: el del fin y el del juicio, del cual canta la Iglesia que la desgracia y la miseria le convertirn en un da de gran amargura. Los aos se han dado al hombre, y los siglos se suceden unos a otros para preparar el ltimo da. Dichosos los combatientes del buen combate y los vencedores de ese da terrible; se los ver entonces de pie sobre las ruinas y perfectos en todo, conforme a la palabra del Doctor de las naciones. No conocern la segunda muerte; coronados con la diadema de la justicia, reinarn con Dios sobre el trono de su Verbo.
A P O Y A R S E EN C R I S T O . La guerra es fcil con el Hombre-Dios por jefe. Unicamente nos pide por su Apstol que busquemos nuestra fuerza slo en El y en la potencia de m virtud. La Iglesia sube del desierto apoyada en su Amado. El alma fiel se siente conmovida al pensar que sus armas son las mismas que tiene el Esposo. No en vano los Profetas nos le pintaron ya de antemano ciendo antes que nadie el escudo de la fe, tomando el casco de la salud, la coraza de la justicia y la espada del espritu, que es la palabra de Dios. El Evangelio nos le present en medio de la lid para, con su ejemplo, formar a los suyos en el manejo de estas armas divinas. E L ARMA DE LA FE. Armas mltiples por razn de sus mltiples efectos, pero todas, ofen-

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sivas o defensivas, se resumen en la fe. Fcilmente ello se echa de ver al leer la Epstola de hoy, adems de que eso es lo que nuestro jefe divino quiso ensearnos cuando, al ser tentado por tres veces en la montaa de la Cuarentena, quiso responder otras tantas con textos de la Escritura. La victoria que triunfa del mundo es la de nuestra fe, dice San Juan 1; y en e combate de la fe resume el Apstol, al final de su carrera, sus propias luchas y las de toda vida cristiana.. A pesar de las condiciones nada favorables que seala el Apstol, es la fe la que asegura el triunfo a los hombres de buena voluntad. Si en la lucha emprendida tuvisemos que juzgar de las esperanzas del xito de las partes adversas comparando sus fuerzas respectivas, es seguro que las conjeturas nos seran desfavorables. Porque no tenemos que hacer frente a hombres de carne y sangre, sino a enemigos impalpables que llenan el aire y son, por tanto, invisibles, inteligentes y fuertes; que conocen a maravilla los tristes secretos de nuestra pobre naturaleza cada y dirigen todo su valer contra el hombre para engaarle y perderle por el odio que tienen a Dios. En su origen fueron creados para reflejar en la pureza de una naturaleza completamente espiritual el resplandor divino de su autor; ahora, por su orgullo, son y manifiestan ser una monstruosidad de puras
1

1 S. Juan,

V, 4.

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inteligencias consagradas al mal y a odiar la luz.


C O N V E R T I R S E EN LUZ. Nosotros, que ya por nuestra naturaleza slo somos tinieblas, cmo, pues, lucharemos con estas potencias espirituales, que ponen toda su ciencia al servicio de la oscuridad? San Juan Crisstomo 1 lo dice: "Convirtindose en luz." Es cierto que la faz del Padre no puede lucir directamente sobre nosotros antes del gran da de la revelacin de los hijos de Dios; pero ya desde ahora tenemos la palabra revelada -, que suple nuestra ceguera. El bautismo abri el odo en nosotros, pero no abri todava los ojos; Dios habla por la Escritura y por su Iglesia, y la fe nos da una certeza tan grande como si ya visemos. Con su docilidad de nio, el justo camina en paz por la sencillez del Evangelio. La fe le guarda contra los peligros mejor que el escudo, y mejor que el casco y la coraza; la fe amortigua los dardos de las pasiones e inutiliza los engaos enemigos. Con ella no se necesitan razonamientos sutiles ni largas consideraciones, para descubrir los sofismas del infierno o tomar una decisin en un sentido u otro. No bastar en cualquier circunstancia la palabra de Dios, que nunca se equivoca? Satans teme al que con ella se contenta; tema ms a un hombre as, que 1 H o m i l a X X I I s o b r e la E p s t o l a a los E f e s i o s ,

2 II 8. Pedro,

II, 19.

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a las academias y escuelas de los filsofos. Est acostumbrado a sentirse triturar en todo choque debajo de sus pies 1 . El da del gran combate 2 fu arrojado de los cielos con una sola palabra de San Miguel Arcngel, convertido en estos das en modelo y defensor nuestro. En el Gradual y Versculo recuerda la Iglesia al Seor, que nunca ces de ser el refugio de su pueblo; su bondad y su poder precedieron a todos los siglos, porque Dios existe desde la eternidad. Defienda, pues, ahora a los suyos, que se ven obligados en su pequeo nmero a preparar, como en otro tiempo Israel, el xodo final de la Iglesia, la cual abandona este mundo nuevamente infiel para ir a la verdadera tierra prometida.
GRADUAL

Seor, t has sido nuestro refugio de generacin en generacin. J. Antes que se hiciesen los montes o se formase la tierra y el orbe: desde siempre y para siempre t eres Dios. Aleluya, aleluya, y. Al salir de Egipto Israel, sali de un pueblo extranjero la casa de Jacob. Aleluya.
EVANGELIO

Continuacin del santo Evangelio segn San Mateo (Mat., XVIII, 23-35). En aquel tiempo dijo Jess a sus discpulos esta parbola: El reino de los cielos es semejante a un rey que quiso pedir cuentas a sus siervos. Y, habiendo comenzado a pedir cuentas, le fu presentado uno que
1 Rom., 8 Apoo., X V I , 20. X I I , 7.

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le deba diez mil talentos. Mas, como no tuviese con qu pagarlos, su seor mand venderle a l, y a su mujer, y a sus hijos, y todo cuanto tena, para que pagase. Postrndose entonces aquel siervo, ie rog diciendo: Ten paciencia conmigo, y todo te lo pagar. Y, compadecido el seor de aquel siervo, le solt, y le perdon la deuda. Mas, habiendo salido aquel siervo, encontr a uno de sus consiervos, el cual le deba cien denarios: y, apretndole, le ahogaba diciendo: Da lo que debes. Y, postrndose su consiervo, le rog diciendo: Ten paciencia conmigo, y todo te lo pagar. Pero l no quiso: sino que se fu, y le meti en la crcel hasta que pagase la deuda. Y, cuando vieron sus consiervos lo que haba hecho, se contristaron mucho: y fueron y contaron a su seor todo lo sucedido. Entonces su seor llam a aquel siervo, y le dijo: Siervo malo, no te perdon a ti toda la deuda porque me lo rogaste? No debiste, pues, compadecerte t tambin de tu consiervo, como yo me compadec de ti? Y, airado su seor, le entreg a los verdugos hasta que pagase toda la deuda. As har tambin mi Padre celestial con vosotros, si no perdonare cada cual a su hermano de todo corazn.

Meditemos la parbola de nuestro Evangelio, que slo pretende ensearnos un medio seguro para saldar nuestras cuentas desde ahora con el Rey eterno.
S E N T I D O DE LA PARBOLA. En realidad, todos nosotros somos ese servidor negligente e insolvente deudor, que su amo tiene derecho a vender con todo lo que posee y entregarle a los verdugos. La deuda que hemos contrado con su Majestad por nuestras faltas, es de tal natu-

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raleza, que requiere en toda justicia tormentos sin fin y supone un infierno eterno, donde, pagando continuamente el hombre, jams satisface la deuda. Alabanza, pues, y reconocimiento infinito al divino acreedor! Compadecido por los ruegos del desgraciado que le pide un poco ms de tiempo para pagar, el amo va ms all de su peticin y al momento le perdona toda la deuda, pero ponindole con justicia una condicin, segn lo demuestra lo que sigue. La condicin fu la de que obrase con sus compaeros de igual modo que su amo haba hecho con l. Tratado tan generosamente por su Rey y Seor, y perdonada gratuitamente una deuda infinita, podra rechazar l, viniendo de un igual, el ruego que a l le salv y mostrarse despiadado con obligaciones que tuviesen para con l? "Ciertamente, dice San Agustn, todo hombre tiene por deudor a su hermano; porque qu hombre hay que no haya sido nunca ofendido por nadie? Pero, qu hombre existe tambin que no sea deudor de Dios, puesto que todos pecaron? El hombre es, pues, a la vez, deudor de Dios y acreedor de su hermano. Por eso, Dios justo te ha dado esta orden: obrar con tu deudor como l hace con el suyo... 1 Todos los das rezamos, y todos los das hacemos subir la misma splica hasta los odos divinos, y todos los das tambin nos prosternamos para decir: Perdnanos nuestras deudas as como nosotros peri S e r m n L X X X I I I , 2.

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donamos a nuestros deudores 1. De qu deudas hablas t, de todas tus deudas o solamente de una parte de ellas? Dirs: De todas. Luego perdona t todo a tu deudor, dado que sa es la regla puesta y la condicin aceptada"'-'.
PERDONAR PARA SER PERDONADO. " E s ms

grande, dice San Juan Crisstomo, perdonar al prjimo sus agravios para con nosotros que una deuda de dinero; pues, perdonndole sus faltas, imitamos a Dios"3. Y qu es, visto bien todo, la injusticia del hombre con otro hombre si se compara con la ofensa del hombre para con Dios? Mas ay!, sta nos es familiar: el justo lo experimenta siete veces al da 4; ms o menos, pues, llena nuestro diario vivir. Muvanos siquiera a ser misericordiosos con los dems, la seguridad de ser perdonados todas las tardes con la sola condicin de retractar nuestras miserias. Es costumbre laudable la de no acostarse si no es para quedarse dormido en los brazos de Dios, como el nio de un da; pero, si sentimos la necesidad santa de no encontrar al n del da en el corazn del Padre que est en los cielos 5, ms que el olvido de nuestras faltas y un amor infinito, cmo pretender a la vez conservar en nuestro corazn molestos recuerdos o
1 2 s 4 5 San Mateo, VI, 12. S. Agustn, S e r m n L X X X I I I , 4. Sobre la Epstola a los Efesios, H o m i l a X V I I , 1. Prov., X X I V , 16. S. Mateo, VI, 9.

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rencores pequeos o grandes, contra nuestros hermanos, que son tambin hijos suyos? Ni siquiera en el caso de haber sido objeto de violencias injustas, o de injurias tremendas, se podrn comparar nunca sus faltas contra nosotros con nuestros atentados a este bondadossimo Dios, de quien ya nacimos enemigos y a quien hemos causado la muerte. Imposible encontrar un caso en que no se pueda aplicar la regla del Apstol: Sed misericordiosos, perdonaos mutuamente como Dios os ha perdonado en Cristo; sed los imitadores de Dios como sus hijos carsimos" \ Llamas a Dios Padre tuyo y no olvidas una injuria! "Eso no lo hace un hijo de Dios", sigue diciendo admirablemente San Juan Crisstomo; "la obra de un hijo de Dios consiste en perdonar a sus enemigos, rogar por los que le mortifican, dar su sangre por los que le odian. He aqu lo que es digno de un hijo de Dios; hacer hermanos suyos y sus coherederos a los enemigos, a los ingratos, a los ladrones, a los desvergonzados, a los traidores" 2 . Ponemos aqu ntegramente el clebre Ofertorio de Job, con sus versculos. Lo que hemos dicho al principio de este Domingo, ayudar a entenderlo. La antfona, lo nico que hoy se conserva, nos pone delante, dice Amalario, las palabras del historiador que cuenta sencillamente los hechos; por eso su estilo es el narra1 E f . , XV, 32; V, 1. 2 Sobre la Epstola a los Efesios, H o m i l a X I V , 3.

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tivo. Job, al contrario, entra en escena en los versculos, con el cuerpo agotado y el alma llena de amargura: sus repeticiones, interrupciones, nuevos comienzos, sus frases sin terminar, expresan al vivo su respiracin jadeante y su dolor \
OFERTORIO

Haba en la tierra de Hus un hombre llamado Job: era sencillo y recto y temeroso de Dios: al cual pidi Satans, para tentarle: y le fu dado por el Seor poder sobre sus bienes y sobre su carne: y destruy toda su riqueza y los hijos: e hiri tambin su carne con graves lceras. y. I. Ojal Dios pesase mis pecados, ojal Dios pesase mis pecados, por los que he merecido la clera, por los que he merecido la clera, y los males y los males que sufro: stos pareceran ms grandes! Haba en la tierra de Hus. y. II. Porque qu fuerza tengo, qu fuerza tengo, qu fuerza tengo para sobrellevarlos, o cundo llegar mi fin, para obrar con paciencia? Haba en la tierra de Hus. J. III. Acaso mi resistencia es como la de las rocas, o mi carne es de bronce?, o mi carne es de bronce? Haba en la tierra de Hus. y. IV. Porque, porque, porque mi ojo no volver ya a encontrarse en condiciones de ver la felicidad, de ver la felicidad, de ver la felicidad, de ver la felicidad, de ver la felicidad, de ver la felicidad, de ver la felicidad, de ver la felicidad, de ver la felicidad. Haba en la tierra de Hus.

La salvacin del mundo, como la del hombre, est siempre en potencia en el augusto SaI De E celen. O f f . , 1. I I I , C. 39.

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115

orificio, cuya virtud cura en la tierra y aplaca en el cielo. Ofrezcmosle, sin desalentarnos nunca, como un recurso supremo a la misericordia divina.
SECRETA

Seor, propicio estas hostias, con las que has querido aplacarte y restituirnos a nosotros la salud con poderosa piedad. Por Nuestro Seor Jesucristo.
Recibe,

En el fondo del alma de la Santa Madre Iglesia corren parejas una esperanza indefectible y su admirable paciencia. Por ms que se repitan contra ella las persecuciones, su oracin no desmaya; porque guarda fielmente en su corazn el recuerdo de la palabra de salvacin que la di el Seor. La antfona de la Comunin nos lo recuerda.
COMUNION

Desfallece mi alma por recibir de ti la salvacin; espero en tu palabra: cundo juzgars a los que me persiguen? Los inicuos me han perseguido: socrreme, Seor, Dios mo.

En posesin ya del alimento de inmortalidad, consigamos vivir con la sinceridad de un alma purificada.
POSCOMUNION

Conseguido el alimento de la inmortalidad, suplicrnoste, Seor, hagas que, lo que hemos recibido con la boca, lo practiquemos con alma pura. Por Nuestro Seor Jesucristo,

116

EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES .

VIGESIMOSEGUNDO DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES ,


MISA

Segn Honorio de Autn, la Misa del da se refiere'al tiempo del Anticristo 1 . La Iglesia lanza su mirada en lo que est por venir, sobre el reino de este hombre de pecado 2, y como sintiendo ya los golpes de la tremenda persecucin de los ltimos das, toma el Introito del Salmo 129. Si queremos una aplicacin actual y siempre prctica, dada nuestra miseria, en coincidencia con el sentido proftico con que hoy van revestidas las palabras de este Salmo, recordemos el Evangelio de la semana anterior, que en otro tiempo era el de este Domingo. Cada cual se reconocer en la persona del deudor insolvente que slo confa en la bondad de su Seor; y nosotros exclamaremos, en la confusin de nuestra alma humillada: Si escudriases nuestras iniquidades, Seor, quin podra resistir?
INTROITO

Si escudriares nuestras iniquidades, Seor; Seor, quin podr resistir? Pero en ti est el perdn, oh Dios de Israel. Salmo: Desde lo profundo clamo a ti, Seor: Seor, escucha mi voz. T. Gloria al Padre.
i Gemina
a II Tes.,

animae,
I I , 3.

1. IV, 93.

VIGESIMOPRIMERO DOM. DESP. DE PENTECOSTES

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Acabamos de dar nimos a nuestra confianza cantando que en Dios hay misericordia. El mismo es el que da a las oraciones de su Iglesia su acento piadoso porque desea orla. Pero se nos oir a nosotros tambin con ella si rogamos como ella segn la fe, es decir, conforme a las enseanzas del Evangelio. Rezar segn la fe, hoy, pues, equivale a perdonar a nuestro prjimo las deudas contradas con nosotros, si a su vez pedimos nosotros tambin ser absueltos por el Seor de todos.
COLECTA

Oh Dios, refugio y fortaleza nuestra: oye las piadosas preces de tu Iglesia, t, que eres el mismo autor de la piedad, y haz que, lo que pedimos fielmente, lo consigamos eficazmente. Por Nuestro Seor Jesucristo.
EPISTOLA

Leccin de la Epstola del Ap. San Pablo a los Filipenses (Flp., I, 6-1D. Hermanos: Confiamos en el Seor Jess que, el que comenz en vosotros la buena obra, la perfeccionar hasta el da de Jesucristo. Es justo que yo sienta esto de todos vosotros: porque os tengo en el corazn; y en mis cadenas, y en la defensa y confirmacin del Evangelio, todos vosotros sois los compaeros de mi gozo. Porque Dios me es testigo de cunto os amo a todos vosotros en las entraas de Jesucristo. Y lo que pido es que vuestra caridad crezca ms y ms en ciencia y en todo conocimiento: para que probis cosas mayores, para que estis puros y sin mancha el da de Cristo, llenos de frutos de justicia, por Jesucristo, para gloria y loor de Dios.

118

EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES .

E L ALMA DE S A N PABLO. San Pablo, en nombre de la Iglesia, de nuevo nos advierte que se acerca el fin. Pero a este ltimo da, que en el Domingo pasado llamaba da malo, le llama hoy por dos veces, en el corto pasaje de la Epstola a los Filipenses que acabamos de or, el da de Cristo Jess. La carta a los Filipenses rebosa confianza y por ella se desborda la alegra: y con todo, nos seala la cruel persecucin contra la Iglesia y al enemigo que se vale de la tempestad para excitar las malas pasiones aun dentro del rebao de Cristo. El Apstol est encadenado; la envidia y la traicin de los falsos hermanos aumenta sus males. Pero la alegra domina en su corazn por encima de los padecimientos porque ha llegado ya a la plenitud del amor, en que el dolor da vida a la divina caridad. Para l Jesucristo es su vida y la muerte una ganancia; entre la muerte, que respondera al ms ntimo deseo de su corazn entregndole a Cristo, y la vida que multiplica sus mritos y el fruto de sus obras, no sabe qu escoger. Y, en efecto, qu pueden en l las consideraciones personales? Su actual alegra, su alegra futura, consiste en que Cristo sea conocido y glorificado, y poco le importa de qu manera. No se equivocar en su espe- | ranza, ya que la vida y la muerte terminarn | por glorificar a Cristo en su carne ,

1 Flp.,

I,

15-20.

VIGESIMOPRIMERO DOM. DESP. DE PENTECOSTES

119

L A ORACIN DE S A N P A B L O . As se explica la indiferencia sublime en que est el alma de San Pablo, indiferencia que es la cumbre de la vida cristiana, y que no se parece nada, claro est, al nirvana fatal en el que pretendieron los falsos msticos del siglo xvn encerrar el amor. A pesar de la altura a que ha llegado en el camino de la perfeccin, qu ternura prodiga a sus hermanos el convertido de Damasco! Dios es testigo, dice, de la ternura con que os amo a todos en las entraas de Jesucristo1. La aspiracin que le llena y absorbe 2 es que Dios, que ha comenzado en ellos la obra buena por excelencia, la obra de la perfeccin del cristiano que tiene su fin en el Apstol, la contine y la termine en todos para el da en que aparezca Cristo en su gloria 3 . Ruega para que la caridad, esta veste nupcial de los benditos del Padre que l ha desposado con el nico Esposo 4, los rodee de resplandor sin igual en el gran da de las bodas eternas 5 .

E L LIBERALISMO. Ahora bien, el medio de que se desarrolle en ellos la caridad de un modo seguro, consiste en que crezca en la inteligencia y en la ciencia de la salvacin, es decir, en la fe; la fe, en efecto, es la que pone la base de t 2 3 i 5 Flp., I, 8. Filp., I, 24-27. Col., I I I , 4. Rom., V I I I , 28; II Cor., X I , 2. D u r a n d , Racional, V I , 139.

120

EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES .

toda justicia sobrenatural. Una fe menguada, desde luego, slo puede producir una caridad limitada. Cunto se engaan, por tanto, los hombres que no se cuidan de que la verdad revelada vaya a la par con el amor! Su cristianismo se reduce a creer lo menos posible, a proclamar lo inoportuno de nuevas definiciones, a reducir constante y cientficamente el horizonte sobrenatural por miramientos con el error. La caridad, dicen, es la reina de las virtudes; ella les sugiere hasta el modo de manejar la mentira; reconocer para el error iguales derechos que para la verdad, es para ellos la ltima palabra de la civilizacin cristiana, que se funda en el amor. Y pierden de vista que el primer objeto de la caridad es Dios, verdad sustancial, y olvidan tambin que no se hace acto de amor colocando a igual nivel el objeto amado y a su enemigo mortal.
INTEGRIDAD DE LA FE. No lo entendan as los Apstoles: para hacer germinar la caridad en el mundo, sembraban en l la verdad. Todo nuevo rayo de luz serva en el alma de sus discpulos para el amor; y estos discpulos, al convertirse ellos tambin en luz en el santo bautismo en nada ponan tanto empeo como en no hacer pacto con las tinieblas. Renegar de la verdad, en esos tiempos, era el crimen ms grande; exponerse por descuido a menguar sus dere1

Ef.,

V,

8.

V I G E S I M O P R I M E R O DOM. DESP. DE P E N T E C O S T E S

121

chos en lo ms mnimo, era una suma imprudencia 1. El cristianismo haba encontrado al error dueo del mundo; ante la noche que inmovilizaba en la muerte a la raza humana, el nico procedimiento de salvacin que conoci fu hacer brillar la luz; ni tuvo ms poltica que la de proclamar el poder de la verdad sola para salvar al hombre y de afirmar sus derechos exclusivos a reinar en el mundo. Este fu el triunfo del Evangelio despus de tres siglos de lucha encarnizada y violenta de parte de las tinieblas, que se crean soberanas y que como tales queran continuar; de lucha serena y radiante de parte de los cristianos, cuya sangre derramada haca crecer el contento, consolidando en el mundo el reino simultneo del amor y de la verdad. Hoy, por la convivencia de los bautizados, el error vuelve a sus pretendidos derechos y la caridad de muchsimos, por lo mismo, ha disminuido 2; la noche se extiende otra vez sobre un mundo glacial y agonizante. La lnea de conducta de los hijos de la luz3 sigue siendo la misma que en los das primeros. Sin inquietudes ni temores, contentos de sufrir por Jesucristo, como sus mayores y como los apstoles *, conservan como algo muy querido la palabra de vida 6 ;
' 2 3 * E f . , 15, 17. S. Mateo, XXIV, E f . , V, 8. Elp., I, 28-30. Ibid., I I , 16. 12.

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EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES .

pues saben que, mientras en el mundo exista un rayo de esperanza, emanar de la verdad. Canta el Gradual la dulce y fuerte unidad que reina y se conservar en la Iglesia hasta el fin mediante el amor; a su aumento nos exhorta la Epstola, como lo recomendaba cual nico medio de salvacin para el da del juicio, el Evangelio que antiguamente se lea en este Domingo.
GRADUAL

Qu bueno y deleitoso es habitar como hermanos unidos! T. Como el ungento en la cabeza, que se escurre hasta la barba, hasta la barba de Aarn. Aleluya, aleluya. J. Los que temen al Seor, esperan en El, que es su ayudador y su protector, Aleluya.
EVANGELIO

Continuacin del santo Evangelio segn San Mateo (Mt XXII, 15-21). En aquel tiempo, yendo los fariseos, tuvieron consejo para sorprender a Jess en sus palabras. Y le enviaron sus discpulos, con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres veraz, y que enseas de veras el camino de Dios y no te preocupas de nadie: porque no miras la persona de los hombres: dinos, pues, qu te parece: es lcito dar tributo al Csar, o no? Pero Jess, conocida la maldad de ellos, dijo: Por qu me tentis, hipcritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Y djoles Jess: De quin es esta imagen, y esta inscripcin? Dijronle: Del Csar. Entonces les dijo El: Dad, pues, al Csar lo que es del Csar; y a Dios, lo que es de Dios.

VIGESIMOSEGUNDO DOM. DESP. DE PENTECOSTES

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L E C C I O N E S DE PRUDENCIA. Se dira que la penuria de las verdades ha de ser el peligro ms especial de los ltimos tiempos, ya que la Iglesia, en estas semanas que tienen por fln hacernos presentes los ltimos das del mundo, nos encamina continuamente hacia la prudencia del entendimiento como a la gran virtud que entonces debe resguardar a sus hijos. El Domingo volva a poner en sus manos como arma defensiva el escudo de la fe, y como arma ofensiva la palabra de Dios; ocho das antes se les recomendaba 1 la circunspeccin de la inteligencia para conservar, en los das malos, su santidad fundada en la verdad 2 y su riqueza apoyada en la ciencia 3. Hoy, en la Epstola, se les proponan una vez ms la inteligencia y la ciencia, como suficientes por s mismas para aumentar su amor y perfeccionar la obra de su santificacin para el da de Cristo. El Evangelio concluye oportunamente estas lecciones del Apstol con el relato de un hecho sacado de la historia del Salvador, y las da la autoridad que lleva siempre consigo todo ejemplo que procede de la vida del divino modelo de la Iglesia. Y, en efecto, Jesucristo se nos manifiesta aqu como ejemplo de los suyos en los lazos que las intrigas de los malvados tienden a su buena fe.

1 E p s t o l a del D o m i n g o X X . 2 Epstola del Domingo X I X . 3 E p s t o l a del D o m i n g o X V I I I .

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES

E L TRIBUTO AL CSAR. Era el ltimo da de las enseanzas pblicas del Hombre Dios, la vspera casi de su salida de este mundo 1. Sus enemigos, tantas veces desenmascarados en sys astucias, intentaron un esfuerzo supremo. Los Fariseos, que no reconocan el poder del Csar y su derecho al tributo, se unieron con sus adversarios, los partidarios de Herodes y de Roma, para poner a Jess la cuestin insidiosa: Est, o no, permitido pagar el tributo al Csar? Si la respuesta del Salvador era negativa, incurra en la clera del prncipe; si afirmativa, perda todo crdito en el nimo del pueblo. Jess, con su divina prudencia, desconcert sus ardides. Los dos partidos, unidos tan extraamente por la pasin, se negaron a entender el orculo que poda unirlos en la verdad, y sin duda ninguna, al poco tiempo volvieron a sus querellas. Pero la coalicin que contra el Justo se form, se haba roto; el esfuerzo del error, como siempre, se haba vuelto contra ella; y la palabra que esa coalicin haba suscitado pasando de los labios del Esposo a los de la Esposa, no dejara ya de resonar en este mundo, en el que esa palabra forma la base del derecho social entre las naciones. L A AUTORIDAD VIENE DE D I O S . Dad al Csar lo que es del Csar, y a Dios lo que es de Dios, repetan los Apstoles; y, al proclamar muy alto i Martes Santo.

VIGESIMOSEGUNDO DOM. DESP. DE P E N T E C O S T E S

125

que hay que obedecer a Dios antes que a los nombres, aadan: "Somtase toda alma a los poderes superiores; pues no hay poder que no derive de Dios, y los que existen, Dios los ha establecido. Por consiguiente, el que resiste al poder, resiste al orden establecido por Dios, y se atrae la condenacin. Sed, pues, sumisos, porque es necesario, sumisos no slo por el sentimiento del temor, sino tambin por el deber de la conciencia. Por la misma razn pagis los tributos a los prncipes, porque son los ministros de Dios." La voluntad de Dios \ esa es la fuente y la verdadera grandeza de toda autoridad entre los hombres. El hombre, por s mismo, no tiene derecho a mandar a su semejante. El nmero no altera en nada esta impotencia de los hombres sobre mi conciencia, ya que, muchos o pocos, por naturaleza soy igual a cada uno de ellos, y aadir los derechos que cada uno tiene sobre m, es lo mismo que aadir la nada. Pero Dios, al querer que los hombres vivan en sociedad, por lo mismo quiso tambin que al frente hubiese un poder encargado de reducir las mltiples voluntades a la unidad del fin social. Da tambin a los acontecimientos que su providencia dirige, y hasta a los hombres en los orgenes de las sociedades, una gran amplitud para determinar la forma en que se debe ejercer el poder civil y su modo de transmisin. Pero, una
i I S. Pedro, II, 15.

126

EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES .

vez investidos regularmente, los depositarios soberanos del poder slo dependen de Dios en la esfera de las atribuciones legtimas, porque de l solo les viene el poder y no de sus pueblos, que no se le podran otorgar porque ellos tampoco le poseen. Mientras cumplan las condiciones del pacto social, o no conviertan en ruina de laj sociedad el poder que recibieron para su bien, el derecho que tienen a la obediencia es el mismo) de Dios: ya recauden los tributos necesarios a ' su gobierno, ya restrinjan con las leyes que dan ellos en el comercio ordinario de la vida la libertad que permite el derecho natural, ya tambin publiquen edictos que lanzan al soldado en defensa de la patria a una muerte segura. En todos estos casos, es el mismo Dios quien manda por ellos y quiere ser obedecido: desde este mundo pone la espada en sus manos para castigo de los rebeldes 1 ; El mismo castigar eternamente en el otro a los que no se hayan corregido. |
L A L E Y O B L I G A . Cun grande es, pues, esta dignidad de la ley humana, que hace del legislador el vicario mismo de Dios, a la vez que evita al sbdito la humillacin de rebajarse ante otro hombre! Mas, para que la ley obligue y sea verdaderamente ley, es natural que ante todo debe conformarse con las prescripciones y prohibiciones del Ser supremo, cuya sola voluntad I Rom., X I I I , 4.

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puede darla su carcter augusto, hacindola entrar en el dominio de la conciencia. Por esta razn no puede existir en el mundo una ley contra Dios, contra su Ungido o su Iglesia. Desde el momento en que Dios no est con el hombre que manda, el poder de ese hombre slo es una fuerza brutal. El prncipe o la asamblea que pretenda reglamentar las costumbres, la vida moral de un pas en contra de Dios, merece la oposicin y el desprecio de las personas valientes; llamar con el nombre sagrado de ley a esas lucubraciones tirnicas es una profanacin indigna de un cristiano y de todo hombre libre. La Antfona del Ofertorio y sus antiguos versculos hacen referencia, igual que el Introito, al tiempo de la ltima persecucin. Las palabras estn tomadas de la oracin de Ester en el momento de presentarse ante Asuro para luchar contra Amn, figura del Anticristo. Ester es figura de la Iglesia.
OFERTORIO

Acurdate de m, Seor, que dominas sobre todo poder: y pon en mi boca la palabra justa, para que agraden mis palabras al prncipe. T. Acurdate que me he presentado ante ti. T. Convierte su corazn en odio de nuestros enemigos y de sus cmplices; y lbranos por tu poderosa mano, t. que eres nuestro Dios para siempre. T. Rey de Israel, escchanos, t, que guas a Jos como a una oveja. Acurdate de m, Seor.

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EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S .

La garanta ms segura contra la adversidad es la ausencia del pecado en las almas, pues el pecado despierta la clera de Dios y pide venganza. Digamos con la Iglesia en la Secreta:
SECRETA

Haz, oh Dios misericordioso, que esta saludable oblacin nos libre incesantemente de nuestras culpas, y nos proteja contra toda adversidad. Por Nuestro Seor Jesucristo.

La Antfona de la Comunin nos hace notar, para despus imitar, la perseverancia y la solicitud de las splicas de la Santa Madre Iglesia.
COMUNION

Clamo porque t me oyes, oh Dios: inclina tu odo, y escucha mis palabras.

Al celebrar en los Misterios la memoria del Salvador segn recomendacin suya, no debemos perder de vista que estos Misterios sagrados son tambin el refugio de nuestra miseria. Sera una presuncin o una locura no pensar utilizarlos en la oracin, como en la Poscomunin hace la Iglesia.
POSCOMUNION

Hemos recibido, Seor, los dones de tu sagrado Misterio, suplicndote humildemente hagas que, lo que nos mandaste celebrar en recuerdo tuyo, se convierta en remedio de nuestra enfermedad. T, que vives.

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VIGESIMOTERCERO DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES Los aos en que el nmero de Domingos despus de Pentecosts no pasa de veintitrs, se toma hoy la Misa del veinticuatro y ltimo Domingo, y la sealada para el veintitrs se dice el Sbado de la semana anterior o el da ms prximo que 110 se halla impedido por alguna fiesta doble o semidoble. Pero, en todo caso, el Antifonario se termina hoy; el Introito, el Gradual, el Ofertorio y la Comunin que van a continuacin, se debern repetir todos los Domingos sucesivos, ms o menos numerosos, segn los aos, hasta Adviento. En tiempo de San Gregorio el Adviento era ms largo que hoy y, por eso, sus semanas se anticipaban a parte del Ciclo ocupada ahora por los ltimos Domingos despus de Pentecosts. As se explica la penuria de formularios para las misas dominicales despus del Domingo vigsimotercero.
LA ANTIGUA M I S A DEL D O M I N G O [Link]

Iglesia, sin perder de vista antiguamente, aun en este Domingo, el desenlace final de la historia del mundo, volva su pensamiento hacia la llegada ya prxima del tiempo consagrado a preparar 5 v

130

E L T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S .

a sus hijos a la gran fiesta de Navidad. Para Epstola, se lea el pasaje siguiente de Jeremas, que ms tarde sirvi en diversos lugares para la Misa del primer Domingo de Adviento: "He aqu que el da llega, dice el Seor, y suscitar a David una raza justa. Reinar un Rey que ser sabio y har justicia y juicio en la tierra. En estos das Jud ser salvo e Israel habitar en paz; el nombre que darn a este Rey ser: Seor, nuestra justicia. Por lo cual llega el tiempo, dice el Seor, en que ya no se dir: Vive el Seor, que sac de la tierra de Egipto a los Hijos de Israel, sino: Vive el Seor, que sac y llev al linaje de Israel de la tierra del aquiln y de todas las otras a que los arroj y los hizo habitar en su propia tierra1.
L A C O N V E R S I N DE L O S J U D O S . Este pasaje, como se ve, se aplica muy bien y por igual a la conversin de los Judos y a la restauracin de Israel anunciada para los ltimos tiempos. A su luz explican toda la Misa del Domingo vigsimotercero despus de Pentecosts los liturgistas ms ilustres de la Edad Media. Mas, para comprenderlos bien, hay que considerar que el Evangelio del Domingo vigsimotercero fu primitivamente el de la multiplicacin de los cinco panes. Cedamos la palabra al piadoso y profundo Abad Ruperto, quien nos ensear mejor

i Jeremas,

XXIII,

5-8.

VIGESIMOTERCERO DOM. DESP. DE P E N T E C O S T E S

131

que nadie el misterio de este da, en que terminan los acentos, tan variados hasta ahora, de las melodas gregorianas. "La santa Iglesia, dice, pone tanto celo en hacer splicas, oraciones y acciones de gracias por todos los hombres, como pide el Apstol1, que se la ve dar gracias tambin por la salvacin futura de los hijos de Israel, los cuales sabe ella tendrn un da que unirse a su cuerpo. Y, en efecto, como al fin del mundo se salvar el resto de ese pueblo 2, la Iglesia se felicita de ello como de futuros miembros. Recordando las profecas que a ellos se refieren, canta en el Introito todos los aos: El Seor dice: Mis pensamientos son pensamientos de paz y no de afliccin. Y, en efecto, todos sus pensamientos son pensamientos de paz, puesto que promete admitir al banquete de su gracia a los Judos hermanos suyos segn la carne, realizando lo que haba sido figura en la historia del patriarca Jos. Los hermanos de ste, que le haban vendido, vinieron a l, acosados por el hambre, cuando ya sus dominios se extendan por toda la tierra de Egipto; los reconoci y recibi e hizo con ellos un gran banquete: del mismo modo Nuestro Seor, al reinar sobre todo el mundo y alimentar con abundancia del pan de vida a los Egipcios, es decir, a los Gentiles, ver que los que quedan de los hijos de Israel vuelven a El; recibidos en
2

1 I Tim.,

I I , 1.

Rom... IX. 27.

132

EL T I E M P O

D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S .

la gracia de Aquel a quien ellos negaron y dieron muerte, los sentar a su mesa, y el verdadero Jos beber en abundancia y con gozo entre sus hermanos. "El beneficio de esta mesa divina se significa en el Evangelio del Oficio del Domingo, en aquel paso que cuenta cmo el Seor aliment a la multitud con cinco panes. Entonces, en efecto, abrir Jess para los Judos los cinco libros de Moiss, llevados ahora como panes enteros y an no partidos, por un nio, es decir, por este mismo pueblo que contina todava en la pobreza de espritu de la infancia. "Entonces se cumplir el orculo de Jeremas, tan a propsito puesto antes de este Evangelio; ya no se dir ms: Vive el Seor, que ha sacado a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, sino: Vive el Seor, que los ha trado de la tierra del aquiln y de todas en las que estaban dispersos. "Libertados, pues, de la cautividad espiritual en que ahora yacen, del fondo del alma cantarn la accin de gracias sealada en el Gradual: T, oh Seor, nos has libertado de los que ?ios perseguan. "La splica del Ofertorio en la que decimos: Del fondo del abismo he clamado a Ti, Seor, responde manifiestamente tambin a las mismas circunstancias. Pues, en ese da, sus hermanos dirn al grande y verdadero Jos: Te

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conjuramos que olvides el crimen de tus hermanos "La Comunin: En verdad, os lo digo, todo cuanto pidiereis en vuestras oraciones, y lo dems que sigue, que es la respuesta de este mismo Jos, que deca, como antiguamente el primero =: "No temis. Vosotros habais pensado hacerme dao, pero Dios lo convirti en bien, a fln de encumbrarme como lo estis viendo y salvar a muchos pueblos. No temis, pues: yo os alimentar a vosotros y a vuestros hijos" '.
MISA

El Abad Ruperto nos acaba de explicar el Introito. Est tomado de Jeremas \ como la antigua Epstola de este Domingo.
INTROITO

Dice el Seor: Yo pienso pensamientos de paz y no de aiccin: me invocaris, y yo os escuchar: y os har volver de vuestra cautividad en todos los lugares. Salmo: Bendijiste, Seor, tu tierra: redimiste la cautividad de Jacob. T'. Gloria al Padre.

La peticin del perdn se repite de continuo en la boca del pueblo cristiano, porque la fragilidad de la naturaleza hasta al justo le arrastra
i 3 *

Gen., L , 1-7. Ibd., L, 19-21. R u p e r t o , De Jos Divinos Jeremas, XXIX.

O/icios,

XXII,

23.

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continuamente en este mundo \ Dios conoce nuestra miseria; su perdn no tiene fln, pero a condicin de la humilde confesin de nuestras faltas y de la confianza en su bondad. Tales son los sentimientos que expresa la Iglesia en la Colecta del da.
COLECTA

Suplicrnoste, Seor, perdones los delitos de tus pueblos: para que, por tu benignidad, nos libremos de los lazos de los pecados, que hemos contrado por nuestra fragilidad. Por Nuestro Seor Jesucristo.
EPISTOLA

Leccin de la Epstola del Ap. San Pablo a los Filipenses (Flp., III, 17-21; IV, 1-3). Hermanos: Sed imitadores mos, y contemplad a los que caminan conforme al modelo que tenis de m. Porque hay muchos, de quienes os habl muchas veces (y ahora lo repito llorando), que caminan como enemigos de la cruz de Cristo: cuyo fin ser la muerte: cuyo Dios es el vientre: y su gloria ser su confusin, porque slo aman lo terreno. En cambio, nuestra conversacin est en los cielos: de donde esperamos al Salvador, a Nuestro Seor Jesucristo, el cual transformar nuestro humilde cuerpo, hacindolo semejante a su cuerpo glorioso, por el poder que tiene de someter a s todas las cosas. Por tanto, hermanos mos carsimos y deseadsimos, gozo mo, y corona ma: permaneced as en el Seor, carsimos. Ruego a Evodia y suplico a Sntique que sientan lo mismo en el Seor. Tambin te ruego a ti, fiel hermano, las ayudes a ellas, pues trabajaron conmigo en el Evangelio, junto con Clemente y los dems colaboradores mos, cuyos nombres estn en el libro de la vida.
I Prov., XXIV, 16.

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E L B U E N E J E M P L O . La Iglesia es un templo admirable que se levanta a gloria del Altsimo con el concurso de las piedras vivas que han de entrar en sus muros 1 . La construccin de estas murallas sagradas segn un plan preconcebido por el Hombre-Dios, es obra de todos. Lo que uno hace por medio de la palabra 2 , otro lo hace con el ejemplo 3 ; pero los dos construyen, los dos edifican la ciudad santa; y del mismo modo que en tiempo de los Apstoles, la edificacin por el ejemplo gana a la otra en eficacia si la palabra no se apoya en la autoridad de una vida conforme al Evangelio. Pero, como el edificar a los que le rodean es para el cristiano una obligacin que se funda a la vez en la caridad hacia el prjimo y en el celo de la casa de Dios, as tiene que buscar en otro, si no quiere pecar de presumido, la edificacin para s mismo. La lectura de libros buenos, el estudio de la vida de los santos, la observacin, segn la expresin de nuestra Epstola, la observacin respetuosa de los buenos cristianos que viven a su lado, le servirn de mucha ayuda en la obra de la santificacin personal y en el cumplimiento de los designios que Dios tiene sobre l.

Esta relacin de pensamientos con los elegidos de la tierra y del cielo nos apartar de los malos que rechazan la cruz de Jesucristo y
1 E f . , I I , 20-22. 2 I Cor., X I V , 3. 3 Rom., X I V , 19.

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slo piensan en las satisfacciones vergonzosas de los sentidos. Ella, en verdad, centrar nuestra conversacin en los cielos. Y esperando el da, que ya est prximo, de la venida del Seor, "permaneceremos firmes en l, a pesar del mal ejemplo de tantos desgraciados arrastrados por la corriente que lleva al mundo a su perdicin. La angustia y los padecimientos de los ltimos tiempos slo conseguirn aumentar en nosotros la santa esperanza; pues despertarn cada vez ms en nosotros el deseo del momento solemne en que el Seor se aparecer para terminar la obra de la salvacin de los suyos, revistiendo tambin nuestra carne del resplandor de su cuerpo divino. Estemos unidos, como lo pide el Apstol, y en lo dems: Regocijaos siempre en el Seor, escribe a sus queridos Filipenses; "otra vez os lo digo, regocijaos: el Seor est cerca"'.
GRADUAL

Nos libraste, Seor, de los que nos afligan: y confundiste a los que nos odiaron. V. Nos gloriaremos en Dios todo el da, y alabaremos tu nombre por los siglos. Aleluya, aleluya. V. Desde lo profundo clamo a ti, Seor: Seor, escucha mi oracin, Aleluya.
EVANGELIO

Continuacin del santo Evangelio segn San Mateo <Mt IX, 18-26). En aquel tiempo, hablando Jess a las turbas, he aqu que se acerc un prncipe, y le ador, diciendo:
1 Flp., IV, 4-5.

VIGESIMOTERCERO DOM. DESP. DE PENTECOSTES

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Seor, mi hija acaba de morir: pero ven, pon sobre ella tu mano, y vivir. Y, levantndose Jess, le sigui, y tambin sus discpulos. Y he aqu que una mujer, que padeca flujo de sangre desde haca doce aos, se acerc por detrs, y toc la orla de su vestido. Porque deca dentro de s: Si tocare solamente su vestidura, sanar. Pero Jess, volvindose, y vindola, dijo: Confa, hija, tu fe te ha salvado. Y san la mujer desde aquel instante. Y, habiendo llegado Jess a la casa del prncipe, cuando vi a los flautistas, y a la multitud agrupada, dijo: Apartaos: porque la nia no esta muerta, sino que duerme. Y se burlaron de El. Y, arrojada la muchedumbre, entr, y tom su mano. Y resucit la nia. Y se divulg la nueva por toda aquella regin.

Aunque la eleccin de este Evangelio para hoy no remonta en todas partes a gran antigedad, cuadra bien con la economa general de la santa Liturgia y confirma lo que dijimos del carcter de esta parte del ao. San Jernimo nos ensea, en la Homila del da, que la hemorrosa que cur el Salvador figur a la gentilidad, y que la nacin juda est representada en la hija del prncipe de la sinagoga. Esta no debia volver a la vida hasta el restablecimiento de la primera; y tal es precisamente el misterio que celebramos estos das, en que la totalidad de las naciones reconocen al mdico celestial, y la ceguera que padeci Israel cesa tambin al fln. Los CAMINOS DE DIOS. Qu misteriosos y a la vez qu suaves y fuertes se nos presentan los

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designios de la Sabidura Eterna 1 , desde esta altura en que nos hallamos, desde este punto en que el mundo, llegado al trmino de su destino, parece que slo va a zozobrar un instante para desprenderse de los impos y desplegarse de nuevo transformado en luz y amor. El pecado, desde un principio, rompi la armona del mundo arrojando al hombre fuera de su camino. Una sola nacin haba atrado sobre s la misericordia, mas, al aparecer sobre ella como sobre una privilegiada la luz, se advirti mejor la oscuridad de la noche en que el gnero humano se hallaba. Las naciones, abandonadas a su agotadora miseria, vean que las atenciones divinas eran para Israel, a la vez que sentan sobre s cada vez ms gravoso el olvido. Al cumplirse los tiempos en que el pecado original iba a ser reparado, pareci que tambin entonces se iba a consumar la reprobacin de los gentiles; pues se vi a la salvacin, bajada del cielo en la persona del Hombre-Dios, dirigirse exclusivamente hacia los Judos y las ovejas perdidas de la casa de Israel 2 . LA SALVACIN DE LOS GENTILES. Con todo, la raza generosamente afortunada, cuyos padres y prncipes primeros con tanto ardor haban solicitado la llegada del Mesas, no se encontraba ya a la altura en que la haban colocado los pa1 Sag., V I I I , 1. 2 S. Mateo, X V , 24.

VIGESIMOTERCERO DOM. DESP. DE PENTECOSTES

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triarcas y santos profetas. Su religin tan bella, fundada en el deseo y la esperanza, ya no era ms que una expectacin estril que la incapacitaba para dar un paso adelante en busca del Salvador; su ley muy incomprendida, despus de tenerla inmovilizada, terminaba por asfixiarla con las ataduras de un formalismo sectario. Ahora bien, mientras ella, a pesar de su culpable indolencia, se figuraba en su orgullo celoso conservar la herencia exclusiva de los favores de lo alto, la gentilidad, cuyo mal siempre en aumento la induca a buscar un libertador, la gentilidad, digo, reconoci en Jess al Salvador del mundo, y la confianza con que se adelant la vali ser curada la primera. El desprecio aparente del Seor slo sirvi para fortalecerla en la humildad, cuyo poder penetra los cielos
LA SALVACIN DE LOS J U D O S . Israel tena tambin que esperar. Como lo cantaba en el Salmo: Etiopa se haba adelantado a tender sus manos la primera haca Dios En los padecimientos de un abandono prolongado, tuvo Israel que volver a encontrar la humildad, gracias a la cual merecieron sus padres las promesas divinas y poda l mismo merecer su cumplimiento. Pero hoy, la palabra de salvacin ha resonado por todas las naciones, salvando a cuantos deban serlo. Jess, retrasado en su ca-

1 Ecl., xxxv, 21.


2 S a l m o L X V I I , 32,

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EL T I E M P O

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mino, llega al fln a la casa a la que se dirigen sus pasos, a esta casa de Jud, donde perdura an la apata de la hija de Sin. Su omnipotencia misericordiosa aparta de la pobre abandonada a aquella turba confusa de los falsos doctores y a los profetas de la mentira que la tenan adormecida con los acentos de sus palabras vanas; arroja lejos de ella para siempre a esos insultadores de Cristo que pretendan retenerla muerta. Tomando la mano de la enferma, la devuelve a la vida con todo el esplendor de su primera juventud; as prueba de modo bien claro que su muerte aparente slo era un sueo, y que la sucesin de los siglos no poda prevalecer contra la palabra dada por Dios a Abraham, su servidor 1 .
OFERTORIO

Desde lo profundo clamo a ti, Seor: Seor, escucha mi oracin: desde lo profundo clamo a ti. Seor.

El cumplimiento del servicio que debemos a Dios es, en s, muy inferior a la Majestad soberana; pero el Sacrificio que diariamente forma parte de l, le ennoblece hasta el infinito y suple a los mritos que nos faltan, como lo expresa la Secreta de este Domingo.
SECRETA

Ofrecrnoste, Seor, este sacrificio de alabanza para corroborar nuestra servidumbre: a fln de que, lo que
X S, Lucas, I, 54-55.

VIGESIMOCUARTO DOM. DESP. DE PENTECOSTES

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has concedido a los indignos, lo completes propicio. Por Nuestro Seor Jesucristo.
COMUNION

En verdad os digo: Todo lo que pidiereis en la oracin, creed que lo recibiris, y se os conceder.

Admitidos a participar de la vida divina en los Misterios sagrados, pedimos al Seor que no nos veamos expuestos a los peligros de este mundo. Digamos con la Iglesia:
POSCOMUNION

Suplicrnoste, oh Dios omnipotente, no permitas que sigan espuestos a los peligros humanos aquellos a quienes haces gozar de tu divina participacin. Por Nuestro Seor Jesucristo.

VIGESIMOCUARTO DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES


E L F I N DEL A O L I T R G I C O . El nmero de Domingos despus de Pentecosts puede pasar de veinticuatro y llegar hasta veintiocho, segn que la Pascua se acerque ms o menos, en los diversos aos, al equinoccio de primavera. Pero la Misa que sigue se reserva siempre para el ltimo; el intervalo se llena, si le hay, con los varios, ms o menos, Domingos despus de Epifana, que en este caso no se usaron al princi-

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES .

pi del ao. Pero esto debe entenderse exclusivamente de las Oraciones, Epstolas y Evangelios: pues, como ya dijimos, el Introito, Gradual, Ofertorio y Comunin son hasta el fln los mismos que los del Domingo veintitrs.
LA M I S A DEL D O M I N G O VIGSIMOTERCBRO. Ya

hemos visto que esta Misa del Domingo era considerada verdaderamente por nuestros antepasados como la ltima del Ciclo. El Abad Ruperto nos ha explicado el profundo sentido de sus diversas partes. Segn la doctrina que tuvimos ocasin de meditar anteriormente, la reconciliacin de Jud se nos presenta en ella como trmino de las intenciones divinas en el tiempo; las ltimas notas de la Sagrada Liturgia se han mezclado en ella con la ltima palabra de Dios en la historia del mundo. El fln que la eterna Sabidura pretendi en la creacin y que misericordiosamente prosigui despus de la calda con la redencin, est conseguido en efecto y de modo completo; porque este fln no fu otro sino la unin divina con el gnero humano, verificada en la unidad de un solo cuerpo 1. Ahora que los dos pueblos enemigos, gentil y judo, quedan unidos en un solo hombre nuevo, en su cabeza Jesucristo los dos Testamentos que tan hondamente sealaron a travs de los siglos la distincin de los tiempos viejos y
1 Ef., 2 Ibid., II, 16.
15.

V I G E S I M O C U A R T O DOM. D E S P . DE P E N T E C O S T E S

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se borran a si mismos para dar lugar a los esplendores de la eterna alianza.


nuevos,
L A M I S A DE E S T E DA. La Iglesia, pues, detena antiguamente aqu la marcha de su Liturgia. Estaba contenta de haber llevado a sus hijos, no slo a penetrar de esta forma en el desarrollo completo del pensamiento divino, sino tambin y principalmente a unirse de esa manera con el Seor en una verdadera unin, mediante la comunidad de intentos, de intereses y de amor. Tampoco volva ya a anunciar la segunda venida del Hombre-Dios y el juicio final, que hizo durante el Adviento objeto de sus meditaciones al empezar la va purgativa. Slo despus de siglos, queriendo dar al Ciclo una conclusin ms precisa y ms al alcance de los cristianos de nuestros das, se decidi a terminarlo con el relato proftico de la tremenda venida del Seor, que da fln al tiempo y principio a la eternidad. Como San Lucas ya desde tiempo inmemorial es el encargado de anunciar esta terrible venida en los das del Adviento, se escogi el Evangelio de San Mateo para describirla de nuevo y ms ampliamente en el ltimo Domingo despus de Pentecosts.

MISA
INTROITO

Dice el Seor: Yo pienso pensamientos de paz y no de afliccin: me invocaris, y yo os escuchar: y

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EL TIEMPO

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os har volver de vuestra cautividad en todos los lugares. Salmo: Bendijiste, Seor, tu tierra: redimiste la cautividad de Jacob. V. Gloria al Padre.

La prctica de las buenas obras nos hace alcanzar con la ayuda de la gracia una gracia mayor. Pidamos con la Iglesia, en la Colecta, una accin eficaz de este divino motor sobre nuestras voluntades.
COLECTA

Suplicrnoste, Seor, excites la voluntad de tus eles: para que, buscando con ms diligencia el fruto de buenas obras, reciban de tu misericordia mayores remedios. Por Nuestro Seor Jesucristo.
EPISTOLA

Leccin de la Epstola del Ap. San Pablo a los Colosenses (Col., I, 9-14). Hermanos: No cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seis llenados del conocimiento de la voluntad de Dios, con toda sabidura y toda inteligencia espiritual: para que caminis dignamente, agradando a Dios en todo: fructificando en toda clase de obras buenas y creciendo en la ciencia de Dios: confirmndoos en toda virtud segn el poder de su claridad, en toda paciencia y longanimidad, con gozo, dando gracias al Dios Padre, que nos hizo dignos de participar de la herencia de los Santos en la luz: que nos arranc del poder de las tinieblas y nos traslad al reino del Hijo de su amor, en el cual poseemos la redencin, por su sangre, la remisin de los pecados.
A C C I N DE GRACIAS. Accin de gracias y oracin es el resumen de nuestra Epstola y la conclusin digna de las instrucciones del Apstol

VIGESIMOPRIMERO DOM. D E S P . DE P E N T E C O S T E S

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y de todo el Ciclo de la sagrada Liturgia. El Doctor de las naciones no ha desmayado en la tarea que la Madre comn le confi; no es culpa suya el que las almas cuyo gua quiso ser desde el da siguiente al de la venida del Espritu de amor, no hayan llegado a las cumbres de perfeccin que soaba para todas ellas. De hecho, los cristianos que han sido fieles en caminar por la senda que hace un ao viene mostrndoles la Santa Madre Iglesia, saben ahora, por haberlo dichosamente experimentado, que ese camino de salvacin va a parar de modo seguro a la vida de unin, donde reina como soberana la caridad divina. En qu hombre, adems, por poco que haya dominado a su inteligencia y a su corazn el inters que presenta el desarrollo de las estaciones litrgicas, en qu hombre, digo, no ha aumentado al mismo tiempo la luz? Pues la luz es el elemento indispensable que nos arranca del imperio de las tinieblas y nos traslada, con la ayuda de Dios Altsimo, al reino de su amadsimo Hijo. La obra de la redencin que este Hijo de su amor vino a realizar en el mundo, no ha podido menos de adelantar en todos los que se han asociado de una forma o de otra a los pensamientos de la Iglesia, desde las semanas de Adviento hasta estos ltimos das del Ciclo Litrgico. Por eso, todos, cualesquiera que seamos, debemos dar gracias al Padre de las luces 1 , que nos ha hecho
i Kantiano, T, 17.

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES .

dignos de tener una parte, por minscula que sea, en la herencia de los santos.
S P L I C A . 'Pero todos tambin tenemos que rogar, en una u otra medida, para que el don excelente1 depositado en nuestros corazones crezca con el nuevo ao litrgico a punto de empezar. El justo no puede permanecer estacionario aqu en este mundo; tiene que subir o bajar; y cualquiera que sea la altura a donde ya le subi la gracia, debe subir siempre ms y ms 2 mientras est en esta vida. Los Colosenses, a los que se diriga el Apstol, haban recibido totalmente el Evangelio; la palabra de verdad sembrada entre ellos fructificaba all de modo admirable en la fe, la esperanza y el amor 3: pues bien, lejos de servir de ocasin para aflojar en su solicitud hacia ellos, son precisamente sus progresos la razn por la que 4 San Pablo, que ya rogaba por ellos, no cesa de hacerlo. Roguemos, por tanto, nosotros tambin. Pidamos a Dios que nos colme todava y siempre de su divina Sabidura y del Espritu de inteligencia. Lo necesitamos para responder a sus intenciones misericordiosas. El ao que va a comenzar reserva a nuestra fidelidad ascensiones nuevas tal vez laboriosas; pero sern recompensadas con horizontes nuevos en los jardines I Santiago, 1, 17. S a l m o L X X X I I I , C. 3 Col., I, 4-6. 4 IbM., 9.

VIGESIMOPRIMERO DOM. DESP. DE PENTECOSTES

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del Esposo, y una cosecha de frutos ms abundantes y suaves. Caminemos, pues, de una manera digna de Dios, alegres y fuertes bajo de la mirada de su amor, por el camino ascendente que nos lleva al descanso sin fln de la visin beatifica. GAUL RDA
Nos libraste, Seor, de los que nos afligan: y confundiste a los que nos odiaron. T. Nos gloriaremos en Dios todo el da, y alabaremos tu nombre por los siglos. Aleluya, aleluya. T. Desde lo profundo clamo a ti, Seor: Seor, escucha mi oracin. Aleluya.
EVANGELIO

Continuacin del santo Evangelio segn San Mateo (Mat., XXIV, 15-34). En aquel tiempo dijo Jess a sus discpulos: Cuando viereis la abominacin de la desolacin predicha por el Profeta Daniel caer sobre el templo: el que lea, que entienda: entonces, los que estn en Judea, huyan a los montes: y el que est en la terraza, no baje a tomar nada de su casa: y el que est en campo, no vuelva a tomar su tnica. Y ay de las preadas y de las que alimenten en aquellos das! Rogad, en cambio, para que vuestra fuga no sea en invierno, o en sbado. Porque habr entonces una tribulacin muy grande, como no ha existido ni existir otra, desde el principio del mundo hasta hoy. Y, si no fuesen acortados aquellos das, no se salvara nadie: pero, por amor de los elegidos, sern abreviados aquellos das. Si alguien os dijere entonces: Aqu o all est el Cristo: no lo creis. Porque surgirn seudocristos y seudoprofetas: y harn grandes milagros y prodigios, de tal modo que sean engaados (si fuese posible) los mismos elegidos. Ya os lo he predcho.

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Si os dijeren, pues: Est en el desierto; no salgis: Est escondido; no lo creis. Porque, como el relmpago sale de Oriente y aparece al punto en Occidente,, as ser tambin la llegada del Hijo del hombre. Donde estuviere el cuerpo, all se congregarn las guilas. Y, en seguida, despus de la tribulacin de aquellos das, el i sol se oscurecer, y la luna no lucir, y las estrellas caern del cielo, y los pilares del cielo se tambalearn: y entonces aparecer en el cielo la seal del Hijo del hombre: y entonces llorarn todas las tribus de la tierra: y vern al Hijo del hombre venir en las nubes del cielo con mucho poder y majestad. Y enviar sus Angeles con trompeta y con gran voz: y congregarn a sus elegidos de los cuatro vientos, desde lo ms alto de los cielos hasta su extremo. Y aprended esta parbola de la higuera: cuando ya est tierna la rama, y han nacido las hojas, sabis que est cerca el verano: as tambin vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabed que el Hijo del hombre est cerca, est a las puertas. En verdad os digo, que no pasar esta generacin, hasta que se realice todo esto. El cielo y la tierra pasarn, pero mis palabras no pasarn.
E L J U I C I O . Muchas veces, a travs de las semanas de Adviento, han sido tema de nuestras meditaciones las circunstancias que acompaarn a la ltima venida del Seor; dentro de pocos das, esas mismas enseanzas van de nuevo a llenar nuestras almas de un temor saludable. Permtasenos hoy, con el deseo y la alabanza, volvernos hacia el Jefe que tiene que terminar la obra y sealar el triunfo de la hora solemne del juicio. Oh Jess, t vendrs entonces a librar a tu Iglesia y vengar a Dios de los insultos que tanto

VIGESIMOPRIMERO DOM. DESP. DE PENTECOSTES

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se han prolongado; qu terrible ser al pecador esa hora de tu llegada! Entonces comprender claramente que el Seor hizo todo para l, todo hasta el implo ordenado a dar gloria a su justicia en el da m a l o C o n j u r a d o el universo para perdicin de los malvados se resarcir por fln de la esclavitud del pecado que le fu impuesta 8 . Los insensatos intilmente gritarn a las montaas que los aplasten para librarse as de la mirada del que estar sentado en el trono 4 : el abismo se negar a tragarlos; y obedeciendo al que tiene las llaves de la muerte y del infierno 5 , vomitar hasta el ltimo de sus tristes habitantes al pie del terrible tribunal.
LA ALEGRA DE LOS ELEGIDOS. Oh Jess, Hijo del hombre, cun grande nos parecer tu poder, al verte rodeado de las falanges celestes 6 , que forman tu lucida corte, juntar a los elegidos de los cuatro ngulos del universo! Pues tambin nosotros, tus redimidos, miembros tuyos ahora por haberlo sido de tu Iglesia muy amada, tambin nosotros estaremos all ese da; y nuestro lugar misterio inefable! ser el que el Esposo reserva a la Esposa: tu trono 7 , donde, sentados contigo, juzgaremos hasta a los mismos Ange1 Prov., X V I , 4. 2 Sab., V, 21. *> Rom., V I I I , 21. i Apoc., VI, 16. 5 Ibtd., I, 18. Ibid., X I X , 14. ~ Ibd., I I I , 21.

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les l . Desde ahora, todos los benditos del Padre esos elegidos cuya juventud se ha renovado tantas veces como la del guila al contacto de tu sangre preciosa 3 , tienen ya preparados sus. ojos para clavarlos sin pestaear en el Sol de justicia, cuando aparezca en el cielo. Con su hambre acrecida por el lento caminar del destierro, quin podra detener su vuelo? Qu fuerza sera capaz de romper la impetuosidad del amor 4 que los reunir en el banquete de la Pascua eterna? Porque aquello ser la vida y no la muerte, la destruccin de la antigua enemiga 5 , la redencin que llega hasta los cuerpos 8 , el trnsito perfecto a la verdadera tierra prometida, en una palabra, la Pascua, esta vez real para todos y sin ocaso, anunciada por la trompeta del Angel sobre las tumbas de los justos. Qu alegra sentirn entonces en aquel verdadero da del Seor 7 los que hayan vivido de Cristo por la fe y, sin verle, le hayan amado 8! No obstante la debilidad de la carne frgil, oh Jess, identificndose contigo, han continuado en el mundo tu vida de dolores y humillaciones; qu triunfo el suyo cuando, al verse libertados para siempre del pecado y revestidos de cuerpos
1 2 3 i 5 6 7 8 I Cor., V I , 3. S. Mateo, X X V , 34. S a l m o C U , 5. Cant., V I I I , 6. I Cor., X V , 26. Rom., V I I I , 23. S a l m o C X V I I , 24. I S. Pedro, I , 8.

VIGESIMOPRIMERO DOM. DESP. DE PENTECOSTES

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estar

inmortales, sean llevados a tu presencia para ya siempre con tu majestad \


E L T R I U N F O DE C R I S T O .

Pero su gozo mayor sobre todo en asistir ese gran da a la exaltacin de su amantsimo Capitn, cuando se haga pblico el poder que le fu concedido sobre toda carne 2. Entonces aparecers, oh Emmanuel, como el nico prncipe de las naciones \ haciendo aicos la cabeza de los reyes y poniendo a tus enemigos por escabel de tus pies 4 . Y entonces tambin juntos el cielo, la tierra y el infierno doblarn las rodillas 5 delante del Hijo del Hombre, que vino antes en forma de esclavo, fu juzgado, condenado y muerto entre criminales; y juzgars, oh Jess, a los jueces inicuos a quienes anunciaste esta venida sobre las nubes del cielo cuando te hallabas en lo ms profundo de tus humillaciones. Una vez terminada la tremenda sentencia los rprobos irn al suplicio eterno y los justos a la vida que no acaba Tu Apstol nos dice que entonces vencedor de todos tus enemigos y rey indiscutible, pondrs en manos del Padre Eterno el reino conquistado a la muerte, como homenaje perconsistir
i I Tes., IV, 16. S. Juan, X V I I , 2. 3 Salmo II. * Salmo CIX. 5 Flp., II, 10. S. Mateo, X X V I , G4. IUd., X X V , 46.

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fecto de la Cabeza y de los miembros 1 . Dios ser todo en todos. > Ser eso el cumplimiento de la oracin sublime que nos enseaste a los hombres * y que sale ms ferviente cada da del corazn de tus fieles, cuando, dirigindose al Padre que est en los cielos, le piden incansables, a pesar de la apostasa general, sea santificado su Nombre, venga a nos el su reino, y hgase su voluntad as en la tierra como en el cielo. Incomparable serenidad la de aquel da en que cesar la blasfemia y la tierra ser un nuevo paraso, purificada por el fuego del fango del pecado! Qu cristiano no saltar de gozo esperando ese ltimo da que dar comienzo a la eternidad? Quin no tendr en poco la agona de la ltima hora, pensando que aquellos sufrimientos tan slo significan, como dice el Evangelio, que el Hijo del Hombre est ya muy cerca, a la puerta?
V E N , S E O R , J E S S ! Oh Jess, desprndenos cada vez ms de este mundo, cuya figura pasa 3 con sus tareas intiles, sus glorias falsificadas y sus falsos placeres. Como en los das de No y como en Sodoma, segn nos lo anunciaste, los hombres siguen comiendo y bebiendo y dejndose absorber por el trfico y el placer; no pensar en la proximidad de tu venida, como 1 I Cor., X V , 24-28. 2 S. Mateo, V I , 9. 3 I Cor., V I I , 31.

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tampoco sus antepasados se preocuparon del fuego del cielo y del diluvio hasta el momento en que todos perecieron 1. Dejmoslos gozarse y hacerse regalos mutuamente, como dice tu Apocalipsis, figurndose que Cristo y su Iglesia 2 son cosa pasada. Mientras de mil modos oprimen a tu ciudad santa y la imponen pruebas que antes no conoci, no tienen la menor idea de que contribuyen a las bodas de la eternidad; ya slo la faltaban a la Esposa las joyas de estas pruebas nuevas y la prpura esplendorosa con que la adornarn sus ltimos mrtires. En cuanto a nosotros, prestando atencin a los ecos de la patria, percibimos la voz que sale del trono y que grita: "Alabad a nuestro Dios todos sus siervos y cuantos le temis, pequeos y grandes, aleluya, porque Nuestro Seor, Dios todopoderoso, ha establecido su reino. Alegrmonos y regocigmonos, dmosle gloria porque han llegado las bodas del Cordero y su Esposa est preparada" s . Un poco ms de tiempo para que se complete el nmero de nuestros hermanos 4; y te diremos juntamente con el Espritu y la Esposa, con entusiasmo de nuestras almas, tanto tiempo sedientas: "Ven, oh Jess 5 , ven a perfeccionarnos en el amor por la unin eterna, para gloria del
i S. Lucas, X V I I , 26-30. = Apoc., X I , 10. 3 Ibcl., X I X , 5-7. * Ibd., V I , 11. ^ Ibd., X X I I , 17.

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Padre y del Hijo y del Espritu Santo, por los siglos sin fin"!
OFERTORIO

Desde lo profundo clamo a ti, Seor: Seor, escucha mi oracin: desde lo profundo clamo a ti, Seor.

Pidamos al Seor en la Secreta que, al acercarse el ltimo juicio, dirija hacia S todos los corazones y se digne reemplazar en nosotros los apetitos terrenales por los deseos y gustos del cielo.
SECRETA

S propicio, Seor, a nuestras splicas: y, aceptadas las oblaciones y preces de tu pueblo, convierte a ti los corazones de todos nosotros; para que, libres de las ambiciones terrenas, nos llenemos de anhelos celestiales. Por Nuestro Seor Jesucristo.
COMUNION

En verdad os digo: Todo lo que pidiereis en la oracin, creed que lo recibiris, y se os conceder.

Ojal el divino Sacramento, como lo pide la Iglesia en la Poscomunin, cure del todo por su virtud lo que pueda quedar todava de vicioso en nuestras almas al fin de este ao.
POSCOMUNION

Suplicrnoste, Seor, hagas que, por medio de estos Sacramentos que hemos recibido, todo lo que haya de vicioso en nuestra alma, sea curado con el don de su medicamento. Por Nuestro Seor Jesucristo.

PROPIO

DE

LOS

SANTOS

1 4 DE AGOSTO

VIGILIA DE LA ASUNCION DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA El cuadro austero y penitencial de los Oficios que preceden a las grandes solemnidades, deja traslucir muchas veces la alegra juntamente sobria y grata de una espera. Este matiz es el que distingue a las lecturas y a los cantos de la Vigilia de la Asuncin; en l descubrimos la accin misteriosa de una gracia preveniente. Pero esta vez no son los ritos ni las palabras los primeros que despiertan en nosotros esta eufona. La alegra brota del fondo del corazn y se saborea en silencio en lo ntimo del alma. El cristiano se prepara hoy a festejar a su "Madre". Madre suya es ciertamente, ya que Mara es verdadera Madre para cada uno de los hermanos de su Hijo. Medianera y tesorera de todas las gracias, es adems instrumento dcil y perfectamente adaptado para transmitirle la vida sobrenatural con sus incomparables rique-

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EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S .

zas. Pero Mara es tambin la Madre por excelencia, la Madre nica y perfecta, la Madre virginal y total: en una palabra que lo dice todo: es la Madre de Dios. Maana veremos qu es lo que movi a la piedad cristiana a celebrar este "da natalicio" de Nuestra Seora y a conmemorar su entrada triunfal en cuerpo y alma en el Reino de la gloria celestial. Nuestra obligacin por el momento consiste en pensar en nuestra Madre y prepararnos con todos los Santos del cielo y de la tierra y, mejor an, con Dios mismo, a celebrarla dignamente. Celebrar las fiestas de una madre en este mundo es honrarla el da consagrado al Santo o a la Santa cuyo nombre ella lleva. Tratndose de Mara, es cosa completamente distinta. Su fiesta no es la de otra Santa que ella pudiera tener por Patrona. Es nicamente su fiesta, de Ella sola. Lo que la Iglesia se prepara a celebrar, es la coronacin de su propia santidad. No habr ms que un solo homenaje para la que es al mismo tiempo la Madre y la Santa. Ms an: la santidad personal de Mara consiste en ser la Madre perfecta que Dios quiso para su Hijo y para nosotros. Tal es su maravillosa vocacin. Por un privilegio inaudito y conmovedor la perfeccin de la caridad en que para cada uno de nosotros depende la santidad, es en ella la perfeccin del amor materno. Amar a Dios es para Mara amar a su Hijo. Tratndose de ella,

VIGILIA

DE LA

ASUNCION

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celebrar la fiesta de la Madre y de la Santa es Honrarla por la misma y nica perfeccin, alabarla por el mismo y nico amor. Tambin en nosotros el alabarla ser un solo acto de nuestra piedad religiosa y filial. El alma que quiere honrar a Mara, tiene primeramente que cumplir en esta vigilia de la fiesta dos condiciones: ser muy pura y rica de amor. La gracia de los Sacramentos realizar en ella estas santas disposiciones, y la Iglesia, imagen visible y viva de la Reina de los cielos, guiar sus afectos a travs de los pensamientos que el Espritu de Dios la sugiera.
MISA

La vigilia de la Asuncin no aparece en nuestros libros litrgicos hasta fines del siglo vm. Desde entonces han cambiado todas las piezas de la Misa, menos las oraciones. Las piezas aludidas se hallan en otras muchas Misas de Nuestra Seora; pero, joyas admirables, brillan con esplendor ms puro en la aurora del triunfo en que se muestran hoy. El Introito Vultum tuum, tomado de la Misa de las vrgenes, primitivamente se cantaba el da mismo de la Asuncin. Cuando unos siglos ms tarde le sustituy el Gaudeamus, entonces pas el Valtum tuum a la Misa de la vigilia, que al principio comenzaba por el Salve sancta Parens. Este texto del Vultum tuum, splica deli-

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EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES .

cada a la "Toda Hermosa" cuya fiesta se va a celebrar, forma una atmsfera de gracia, de humildad, de oracin y de pureza que luego se ilumina de esplendor y de alegra radiantes.
INTROITO

Implorarn tu favor todos los ricos del pueblo: las vrgenes sern presentadas al Rey despus de ella: sus compaeras sern presentadas a ti con alegrj) y con jbilo. Salmo: Brota de mi corazn una palabra buena: dedico mis obras al Rey. T. Gloria al Padre.

La Colecta que ya asignaron a esta vigilia las copias del Sacramentarlo gregoriano transcritas en el siglo ix, se distingue por condensar en pocas palabras, como era costumbre, los pensamientos que deben alimentar nuestra devocin en este da. El principio evoca en trminos delicados la Maternidad divina y virginal de Mara, fundamento y cumbre de todas sus grandezas. La segunda parte implora una gracia de proteccin y de alegra. Con tranquilidad, pues, con alegra de nio y debajo del amparo de Mara, debemos celebrar su fiesta.
COLECTA

Oh Dios, que te dignaste elegir el seno virginal de la bienaventurada Mara, para habitar en l: haz, te suplicamos, que, protegidos con su defensa, asistamos gozosos a su festividad. T, que vives.

VIGILIA

DE LA

ASUNCION

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EPISTOLA Leccin del libro de la Sabidura Ecli., XXIV, 23-31). Yo, como la vid, exhalo suave olor: y mis flores dan frutos de gloria y de riqueza. Yo soy la madre del amor hermoso y del temor y de la ciencia y de la santa esperanza. En m est la gracia de todo camino y de la verdad: en m toda esperanza de la vida y de la virtud. Venid a m, todos los que me desdis, y seris colmados de mis frutos. Porque mi espritu es ms dulce que la miel, y mi herencia ms que la miel y el panal. Mi memoria durar por todos los siglos. Los que me coman, tendrn an ms hambre: y, los que me beban, tendrn todava ms sed. El que me escuche, no ser confundido: y los que obren movidos por m, no pecarn. Los que me den a conocer, tendrn la vida eterna.

Los versculos que hoy forman la Epstola, desde el siglo vin estaban asignados a una Misa marial. No parece que lo estuviesen desde el principio a la vigilia de hoy. La extrema variedad de los documentos que conocemos como ms antiguos, no nos permite sealar en este punto el uso primitivo. Confesamos que la Epstola de la Misa actual se adapta maravillosamente a las circunstancias. La Iglesia previ ya que, al llegar a Mara, nos sera imposible expresarla nuestra enhorabuena. Y s es Mara misma la primera que habla, adelantndose a todas nuestras felicitaciones. Las palabras que nos dirige son las de la divina Sabidura, cuya Madre y Trono es ella. Abramos de par en par nuestro espritu

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E L T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S .

y nuestro corazn para que estas llamadas del amor penetren en lo ms hondo de nuestro ser., El Gradual est sacado del Comn de las fiestas de Nuestra Seora: en l se cantan tambin con ternura y admiracin la pureza virginal y la Maternidad divina de Mara.
GRADUAL

Bendita y venerable eres, oh Virgen Mara: que, sin mancha del pudor, fuiste Madre del Salvador. T. Oh Virgen, Madre de Dios: Aquel a quien todo el orbe no puede contener, se encerr, hecho hombre, en tus entraas.
EVANGELIO

Continuacin del santo Evangelio segn San Lucas (LE., XI, 27-28). En aquel tiempo, hablando Jess a las turbas, le- l yantando la voz una mujer de la turba, le dijo: Bienaventurado el vientre que te llev y los pechos que te amamantaron. Pero El dijo: Bienaventurados ms bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan.

Este Evangelio se lee en todas las Misas de la Virgen. Pero en la Misa de la vigilia se introdujo desde un principio de un modo particular. Primitivamente se recitaba el mismo da de la Asuncin, a continuacin de la escena de Marta y Mara, tomada tambin de la Misa de las vrgenes. Esta adicin era un modo delicado y muy sugestivo de aplicar a la Madre de Dios el elogio que Cristo hizo de la vida contemplativa. Pero tal enlace ingenioso dej de comprenderse al correr de los siglos y, por eso, al instituirse

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la Vigilia, se dividi el dptico admirable reservando para ella la percopa marial. Tenemos que reconocer, por lo menos, que encaja admirablemente en esta Misa. Contina y amplifica el tema que ha servido de pasto a la Epstola. Pero esta vez es la Sabidura Encarnada, el propio Hijo de Mara el que en un lenguaje misterioso ensalza las grandezas sublimes de su Madre. Esta escena evanglica es tan conocida, que no es necesario recordar su profundo sentido. En esta Madre perfecta, a quien acaba de aclamar una pobre mujer, el Salvador nos invita a admirar ms que nada la disposicin de fe y de fidelidad que hizo de ella el instrumento dcil de los ms altos designios de Dios. En ella, la fe no slo traslad las montaas: engendr a un Dios. Es la obra cumbre de toda la creacin, a la cual slo poda cooperar la humilde y obediente "esclava" del Seor. A la bienaventuranza de la fe recordada por el Evangelio, el Ofertorio aade la bienaventuranza de la virginidad. En ambos casos, una transparencia completa hace que el alma y el cuerpo acojan perfectamente la luz de la gracia, germen divino de una fecundidad misteriosa.
OFERTORIO

Bienaventurada eres t, oh Virgen Mara, que llevaste al Creador de todas las cosas: engendraste al Que te hizo, y permaneces Virgen eternamente.

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EL T I E M P O

D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S .

La Secreta es sin duda ninguna la pieza por la que ms se distingue la Misa de este da. Merecera un extenso comentario si no hubisemos de volver a insistir pronto sobre la importante doctrina que expone. Hasta ahora la Iglesia tan slo haba hablado de las grandezas de Maria; y ahora, con motivo del triunfo que las corona, la asigna el ttulo de Abogada, que la Madre de Dios cumple en el cielo en favor nuestro. Ello indica de modo claro que la glorificacin total de Mara, igualmente que la del Seor, ha precedido a la resurreccin general para garantizar plenamente la redencin y la salvacin de los hombres.
SECRETA Recomiende, Seor, nuestros dones ante mencia la oracin de la Madre de Dios: a trasladaste de este mundo precisamente para terceda confiadamente ante ti por nuestros Por el mismo Nuestro Seor Jesucristo. COMUNION Bienaventuradas las entraas de la Virgen Mara, que llevaron al Hijo del Padre eterno. tu clela cual que inpecados.

Despus de la Antfona de la Comunin, pura reminiscencia del Evangelio, la ltima Oracin reviste una forma ms comn, al menos tal cual hoy la tenemos. Pero sus ltimas palabras contienen una alusin implcita al misterio de la resurreccin corporal de Mara, ya que piden para

SAN

E U S E B I O , CONFESOR

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nosotros una gracia de resurreccin espiritual. El texto primitivo de esta oracin era ms exacto. En lugar de festivitatem praevenimus (nos adelantamos a la fiesta), antiguamente se lea rquiem, celebramus (celebramos el reposo). Esta alusin relacionaba de un modo particular la vigilia con el recuerdo de la muerte (de la Dormicin, decan los griegos) de Mara. Nuestra meditacin no podra realizar esta tarde el sueo legendario de los viejos relatos apcrifos? Trasladara nuestros pensamientos y nuestros corazones junto a nuestra Madre, que entrega su alma a Dios en un suspiro de amor. Instante dichoso que acaba y consuma la continua Asuncin de la Inmaculada y de la llena de gracia en la eterna visin, donde comprende por fln lo que es una Madre de Dios.
POSCOMUNION

Concede, oh Dios misericordioso, tu ayuda a nuestra flaqueza: para que, los que prevenimos la fiesta de la santa Madre de Dios, con el auxilio de su intercesin nos levantemos de nuestras iniquidades. Por el mismo Nuestro Seor Jesucristo.

EL M I S M O DIA

SAN EUSEBIO, CONFESOR En el Oficio y en la Misa, hace la Iglesia conmemoracin de San Eusebio, fundador, en Roma, de la iglesia que lleva su nombre. Esta iglesia

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EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES

del siglo iv, muchas veces restaurada y tambin i reconstruida, no tiene inters arqueolgico, pero es lugar de "estacin" en la Cuaresma. De San Eusebio nada sabemos con precisin si se excepta que fund este "ttulo" o iglesia. El martirologio romano nos dice, segn un hagigrafo del siglo vi, que fu detenido en su casa por orden de Constancio, a causa de su adhesin a la fe catlica. Debi de morir despus de pasar siete meses en continua oracin. Del Sacramento gregoriano sacamos este Prefacio compuesto en su honor: "Verdaderamente es digno y justo alabarte... Dios eterno, e implorar humildemente tu misericordia, a fln de que por la intercesin de tu confesor, el bienaventurado Eusebio, fortalezcas en nuestras almas la devocin con que se asegura nuestra salvacin; y a fln tambin de que te tengamos siempre a ti por protector nuestro, a ti, que te creemos nuestro Creador y a quien adoramos como a Salvador nuestro. Por Jesucristo Nuestro Seor. Amn."

1 5 DE AGOSTO

LA ASUNCION DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA La Asuncin de Nuestra Seora es una de nuestras solemnidades litrgicas ms alegres.

LA ASU N C I O N *DE LA S A N T I S I M A VIRGEN MARIA

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" G a u d e n t Angel! Gaudete, quia cum Christo re-

gnat" l . La Iglesia del Cielo y la de la tierra se unen a la dicha infinita de Dios que acoge y corona a su Madre. Ambas a dos celebran con amor la alegra virginal de la que entra, ya para siempre, en el mismo gozo de su propio Hijo. Angeles y santos se apresuran a aclamar a su Reina, mientras la tierra se regocija tambin de haber dado al Cielo la joya ms brillante.
GLORIFICACIN DEL ALMA DE N U E S T R A SEORA.

Hoy es el "da natal" de Nuestra Seora, en el cual celebramos al mismo tiempo el triunfo de su alma y el de su cuerpo. Detengmonos un instante ante esta glorificacin del espritu, tal vez menos advertida por ser comn a todos los Santos. La entrada del alma de Mara en la visin beatfica es un hecho de un esplendor y de una riqueza que arroja una luz incomparable sobre nuestras ms altas esperanzas. Cierto que no nos podemos figurar la belleza de esta suprema "revelacin", donde la mirada tan pura ya y tan penetrante de la ms perfecta de las criaturas se ha dilatado repentinamente ante un abismo de Belleza infinita. Intentemos al menos, con la ayuda de la gracia divina, levantar nuestros pensamientos hacia la cumbre, misteriosa todava para nuestra vista, en la cual se realiza este prodigio.
i Regocjense los A n g e l e s ! Regocijaos que ella r e i n a c o n C r i s t o ! (Liturgia.j vosotros por-

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EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S .

Y, efectivamente, bien se la puede llamar cumbre, ya que es el trmino de un constante y largo subir. Llena de gracia en el instante mismo de su Concepcin, la Inmaculada no ces nunca de crecer en este mundo ante el Altsimo. La Anunciacin, Navidad, el Calvario y Pentecosts han jalonado ese crecimiento extraordinario. El amor virginal y maternal se han enriquecido y elevado en cada una de esas etapas, tendiendo hacia una cima a la que ninguna otra pura criatura podr llegar nunca. La luz de gloria que de repente invade al alma de Mara y la hace ver en toda su magnificencia las grandezas de su Hijo y su propia dignidad maternal, sobrepuja tambin, y con mucho, a la gloria de todos los Angeles y de todos los Santos. Despus de la santa Humanidad de Cristo, sentado a la diestra del Padre en el Santuario de la Divinidad, no hay nada en el mundo tan perfecto como esta alma maternal, radiante de pureza, de beldad, de ternura y de alegra: Beata Mater! Esta entrada triunfal en la eterna Bienaventuranza har posible en el alma de Mara un nuevo crecimiento? En cuanto a ella misma, no: todo se ha cumplido de manera perfecta; no es posible crecer en la Eternidad. Totalmente abierta a los esplendores del Verbo, Hijo suyo, en el alma de Mara se realizan por fin de modo acabado todas las exigencias de su vocacin subli-

LA ASUNCION DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA

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me. Su alma es el alma de una Madre de Dios perfecta. Pero Mara slo tuvo por Hijo a Jess. Madre de Dios Salvador, lo es tambin de todos los que vayan a beber en las fuentes de la salvacin. Su maternidad de gracia ir amplificndose hasta el fin del mundo. El alma de Mara ve en la luz beatfica a todos sus hijos y todos los designios de Dios sobre cada uno de ellos: pronunciando un fiat a impulsos del amor, da su consentimiento a esta universal Providencia, en la que, por disposicin divina, su propia intervencin no tiene lmites. De esta manera se une al Sumo Sacerdote que no cesa un instante de implorar en nuestro favor la Misericordia del Padre. Su oracin consigue para la Iglesia de la que es figura y dechado, una Asuncin permanente hasta que se logre de un modo definitivo la "plenitud" del Cuerpo Mstico. Mientras llega esa apoteosis, el alma bienaventurada de Mara, "emplea su cielo en hacer bien en la tierra", mejor que cualquier otro santo. Demos, pues, libre curso al entusiasmo de nuestra alegra. A nuestra confianza filial aadamos la gratitud. Celebremos dignamente a nuestra Abogada, Mediadora y Madre, que ocupa el puesto de Reina junto al trono del Cordero.
F E DE LA IGLESIA EN LA A S U N C I N DE M A R A .

Hace ya muchos siglos, sin que nadie haya podido puntualizar de un modo exacto cundo em-

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EL T I E M P O DESPUES DE P E N T E C O S T E S .

pez esta creencia, afirma la Iglesia catlica que el cuerpo de Mara est en el Cielo, unido a su alma gloriosa. Este privilegio del Cuerpo de Nuestra Seora es lo que distingue al mis-": terio de la Asuncin. El primero de noviembre del Ao Santo de 1950, el Papa Po XII, atendiendo a los votos unnimes de los obispos y de' los fieles, proclam solemnemente como "dogma revelado, que Mara, la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen, al fln de su vida terrestre fu elevada en alma y cuerpo a la gloria del Cielo". (Bula dogmtica "Munificenttssimus Deus.") La definicin no puntualiza si Maria pas sin morir de la Tierra al Cielo, o si tuvo que morir como su Hijo, y resucitar antes de entrar en la gloria. El privilegio insigne de la Concepcin Inmaculada, la virginidad y la perfecta santidadde Mara, ciertamente la podan haber hecho inmortal. Pero la Madre del Salvador, que imit siempre a su Hijo fidelsimamente, quiso sin duda seguirle hasta la tumba. Acaso no debiaella, como El y todos nosotros, triunfar principalmente y de modo completo del pecado y de la muerte mediante una gloriosa resurreccin?
L A S LEYENDAS. Algunas leyendas apcrifas que se propagaron al fln del siglo cuarto, han vulgarizado diversos relatos espectaculares, maravillosos y a veces incoherentes sobre la muerte de Mara y el traslado de su cuerpo al Pa-

LA ASU N C I O N *DE

LA SANTISIMA VIRGEN MARIA

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se reMadre muerte y a sus funerales. Santo Toms, que lleg bastante ms tarde, motiv la apertura del sepulcro y entonces se pudieron cerciorar de que el cuerpo de la Santsima Virgen haba sido trasladado a un sitio solamente conocido de Dios. Es del todo necesario distinguir entre nuestra fe y nuestras verdades teolgicas, por una parte, y esos documentos de ningn valor, que tal vez nacieron en el seno de comunidades herticas, por otra. La predicacin y la enseanza pastoral nada tiene que aprender de las adiciones desacertadamente h e c h a s al relato evanglico de la resurreccin del Seor. En vez de servir de fundamento a la fe de la Iglesia en la Asuncin, esas leyendas retrasaron por muchos siglos la unanimidad perfecta de la creencia catlica. El pensamiento cristiano tuvo primero que desprenderse de su desafortunada influencia, para llegar a distinguir claramente los verdaderos motivos que inducen a considerar la Asuncin corporal de Mara como una verdad, de fe.
CREENCIA U N N I M E . Cul es, pues, el motivo por el que ha podido el Romano Pontfice definir como dogma de fe la Asuncin? La Bula pontificia lo declara expresamente: el asentimiento unnime de los Obispos y de las Iglesias actualmente en comunin con la Sede Apost-

raso. Los apstoles, segn esas leyendas, unieron de modo milagroso junto a la del Salvador, y estuvieron presentes a su

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES .

lica. Esta conviccin universal de los Pastores y de sus fieles nunca habra sido posible a no estar su objeto contenido de un modo cierto en la Revelacin.
FUENTES ESCRITURARIAS. Mas en qu fuente de la revelacin cristiana se halla contenida la verdad de la Asuncin? En los documentos de la primitiva Iglesia no hay tradicin oral deV origen apostlico que haya dejado rastro alguno. El Apocalipsis tal vez haga alusin indirecta' al describir la Iglesia en estos trminos: "Una1 gran seal apareci en el cielo: una mujer re-' vestida del Sol, con la luna debajo de sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas La, Madre de Dios es, ya lo hemos dicho, figura y dechado perfecto de la Iglesia; por eso, es posi-; ble que en esta ocasin haya aludido San Juan 1 indirectamente a la presencia de Mara en el Cielo.

Lo cierto, al menos, es que nuestros sagrados^ Libros atribuyen a Mara ttulos y una funcin providencial, cuyo conjunto reclama, como, coronamiento normal, el privilegio de la Asuncin en cuerpo y alma a los cielos. Al dar un sentido marial al versculo del Gnesis conocido con el nombre de Protoevangelio: "Pondr ene-' mistad entre ti y la mujer, entre su raza y la5 tuya. Esta te aplastar la cabeza", la tradicin' t
.

I Apoc.,

X I I , 1.

LA ASUNCION DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA

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cristiana a u t n t i c a m e n t e e x p r e s a d a en la Bula

dogmtica IneffaWis, vi en este orculo divino e l anuncio del triunfo completo de Cristo y de su Madre sobre el pecado y todas sus consecuencias. En este texto se apoy Po IX para definir la Inmaculada Concepcin: no es imposible tampoco ver en l una revelacin implcita del triunfo perfecto de Mara sobre la muerte. Sea lo que fuere de este texto misterioso, vemos que el Evangelio asocia constantemente a Mara a los actos esenciales de la Redencin, sobre todo al sacrificio de la Cruz: cmo creer que no estar corporalmente unida al Hijo en el ejercicio actual de su sacerdocio celeste? Es tambin el Evangelio quien proclama a Mara "llena de gracia", "bendita entre todas las mujeres", y, sobre todo "Madre del Seor": otros tantos ttulos que, como veremos, constituyen una revelacin implcita de la glorificacin inmediata de su alma y de su cuerpo.
LA FALTA DE RELIQUIAS. Pero tenemos que reconocer que los primeros siglos cristianos no tuvieron un conocimiento positivo y exacto de la Asuncin de Mara. A pesar de todo, hay un hecho significativo que merece consideracin: nunca se pens, en parte alguna, reclamar la posesin del cuerpo de la Santsima Virgen, ni tampoco en buscar sus restos. Cuando a las reliquias de los santos se las honraba tanto, abstencin tan radical tiene el valor de un indicio

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seguro. Parece que ya en aquellos tiempos remo- ' tos no se poda pensar que el cuerpo de Marahubiese quedado en la tierra. San Epifanio,1 muerto en 377 despus de haber vivido mucho tiempo en Palestina, confiesa su ignorancia sobre la muerte y sepultura de Mara; ni en unalinea siquiera de sus escritos se insina que los j restos mortales de la Virgen se conserven em: este mundo. Lo que pone en tela de juicio son los relatos maravillosos que empiezan a propa-, garse a este respecto; tambin se pregunta si:, Mara muri y si fu mrtir: y declara que no: se puede responder nada acerca de todas estas J cuestiones. Sin dar por cierta jams la Asuncin, parece que de propsito tampoco la excluye. i Fu a principios del siglo v, en tiempos del" Concilio de Efeso, cuando el pensamiento cat-:5 lico, aficionado de modo particular a la doctrina" mariana, empieza a tratar explcitamente de la-! suerte que ha podido tener el cuerpo de Mara..-' Los relatos apcrifos expresan de una manera ' impertinente y desacertada una verdad que por : s misma se impone a las almas ilustradas por*; la fe: el cuerpo de Mara no estuvo sujeto a l a : | corrupcin del sepulcro: Dios le traslad de modo;) milagroso al Paraso.
. ORIGEN DE LA FIESTA DE LA A S U N C I N . P E

esta poca no hay ms que dos liturgias, la si-' riaca y la egipcia, que tomen de los relatos ap-1 crifos la descripcin de la "dormicin" de Ma-

LA ASU N C I O N *DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA

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ra. Desde 450 tiene Jerusaln su fiesta anual de la Madre de Dios fijada el 15 de agosto: pero durante dos siglos el oficio no dir una sola palabra sobre el hecho de la Asuncin. Un decreto del Emperador Mauricio, principios del siglo vii, instituye en Bizancio la fiesta de la Dormicin de Nuestra Seora. La entrada del Cuerpo de Mara en la gloria llega pronto a ser el objeto principal de la solemnidad, tal vez por la influencia de los apcrifos, y ms que nada en virtud del sentido profundo que posee la Iglesia respecto a las verdades de la fe. Hacia el ao 650 la fiesta de la Asuncin se introduce en Roma. Por ese tiempo, y acaso un poco antes, la Asuncin (de igual modo que en Galia por el influjo de los apcrifos en San Gregorio de Tours) es objeto de una conmemoracin solemne que se celebra al principio el 18 de enero, y despus el 15 de agosto.
LA FIESTA E N R O M A . La celebracin de la Asuncin por la Iglesia romana constitua, por el valor mismo de la doctrina, un hecho de capital importancia. Y hecho ms notable todava: Roma aceptaba de su cuenta y riesgo la creencia en la Asuncin, sin adherirse a las leyendas. Su liturgia slo contiene una alusin a la Asuncin, pero es de una precisin admirable y reduce todo el problema al punto principal: nos referimos a la clebre oracin "Veneranda nobis", que se recitaba al empezar la procesin

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que preceda a la Misa. "Seor, debemos venerar la esta de este da, en el cual la Santa Madre de Dios padeci muerte temporal: con todo, no pudo ser retenida por los lazos de la muerte, la que haba engendrado de su propia sustancia a tu Hijo encarnado, Nuestro Seor." No se poda ser a la vez ms sobrio, ms completo, ni ms exacto. Se afirma de modo claro la creencia en la muerte, en la resurreccin y en la Asuncin corporal de Mara. Se aade el motivo fundamental de esta conviccin: la Maternidad divina, o mejor dicho, el hecho de que la carne de Cristo, Verbo Encarnado, se tom de la carne de Mara. Esta joya de la liturgia marial data al menos de principios del siglo octavo, tiempo en que, en Oriente, San Andrs, Obispo de Creta de 711 a 720, predicando un Triduo sobre la Dormicin de Nuestra Seora, expona el dogma de la Asuncin basndose puramente en la doctrina y sin hacer caso de las tradiciones apcrifas. San Germn de Constantinopla y San Juan Crisstomo, menos prudentes y menos reservados, sabrn tambin relacionar la Asuncin con sus fuentes autnticas. Conviene que citemos siquiera algunas lneas de sus admirables homilas.
S E R M N DE S A N G E R M N . "Cmo, exclama Germn, habras podido tolerar la Concepcin y deshacerte en polvo, t, que libraste al gnero

LA A S U N C I O N DE LA S A N T I S I M A V I R G E N M A R I A

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de la corrupcin de la muerte en virtud de la carne que el Hijo de Dios recibi de ti... "Era imposible que el vaso de tu Cuerpo, que estaba lleno de Dios, se redujese a polvo como una carne ordinaria. El que se anonad en ti, es Dios desde el principio y, por consiguiente, vida anterior a todos los siglos; por esto, era necesario que la Madre de la Vida habitase con la Vida; que yaciese muerta como para dormitar unos instantes, y que el "trnsito" de esta Madre de la Vida fuese como un despertar. "Un nio muy querido ansia la presencia de su madre y, recprocamente, la madre suspira por vivir con su hijo. Era justo, por tanto, que t subieses a donde est tu Hijo, t, cuyo corazn arda en amor de Dios, fruto de tu vientre; justo tambin que Dios, por el afecto filial que profesaba a su Madre, la llamase junto a S, para que all viviese en su intimidad 1. En un segundo Sermn, vuelve al mismo pensamiento en trminos an ms exactos. "En ti misma tienes tu propia alabanza, ya que eres la Madre de Dios... Y por eso, no convena que tu Cuerpo, un cuerpo que haba llevado a Dios, fuese entregado como botn a la corrupcin de la Muerte" 2 . En adelante, estas consideraciones darn materia a todos los Sermones sobre la
Humano
1 Sermn primero sobre 98, 345 y 348. 2 S e r m n I I , col. 357. la Dormicin, Migne P. G.,

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Dormicin o Asuncin de Nuestra Seora. "Los discursos de San Juan Damasceno sobre la preciosa muerte y la Asuncin de Mara, escribe el Padre Terrien, son un himno continuo cantado en honor de esta Virgen bendita. Todos sus privilegios, todas sus gracias, todos los tesoros de que tan prodigiosamente fu enriquecida por el cielo, se recuerdan ah, y todos van a parar a la Maternidad divina, como los rayos de luz a su centro" \ a A partir de este momento el Oriente ha quedado definitivamente ganado a la creencia tra- J dicional en la Asuncin de la Santsima Virgen. Su pensamiento permanecer invariable hasta nuestros das.
L A C R E E N C I A E N O C C I D E N T E . En Occidente s. van a levantar dificultades. Dcil a las ense- r a fianzas de la liturgia, el pueblo cristiano [Link]' conjunto se adhiere sin restricciones a la doc-" trina de la Asuncin; pero los telogos, al menos en la Galia, vacilan y tienen miedo a los ap-| crifos. Sin negar la Asuncin, no quieren tampoco ligar a ella la fe de la Iglesia. En tiempo de Carlomagno, un capitular de Aix-la-Chapelle(hacia el ao 809) omite provisionalmente la Asuncin en la nomenclatura de las fiestas de^ Nuestra Seora; habr que examinar si debe conservarse. La respuesta afirmativa se dar en 813 en el Concilio de Maguncia. i Mere de Dieu, t. I I , p. 371-372.

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La inquietud aumenta a mediados del siglo ix. La noticia de la Asuncin en el Martirologio de Adn deja voluntariamente en duda la cuestin de la Asuncin corporal: rechaza los "datos frivolos y apcrifos" que se han propagado sobre el asunto. Por la misma poca, el Abad de Corbeya Pascasio Radberto dirige a unas religiosas un largo Sermn, "Cogitis me", en el que se hace pasar por San Jernimo. Celebra con expresiones conmovedoras la muerte gloriosa de Mara \ Pero su tratado empieza por infundir desconfianza respecto al relato del "Paso" de Mara de la tierra al Cielo. Segn l, no se sabe de cierto en qu lugar est el Cuerpo de Mara. Es una reaccin, exagerada ciertamente, pero en el fondo muy sana contra una credulidad demasiado fcil en lo relacionado con los apcrifos, entonces muy en boga en las Iglesias de la Galia. (La liturgia galicana haba hecho extractos muy extensos de tales escritos.) Lo ms curioso de este episodio es que el Sermn Cogitis me" pas pronto, con el nombre de San Jernimo, a las lecciones del Breviario que se lean durante la Octava de la Asuncin. Fu necesaria la reforma de San Po V para
i E l R e s p o n s o : "Ascendit Christus" y la Antfona "Hodie gloriosa Virgo celo ascendit" p a r e c e q u e e s t n t o m a d o s del S e r m n Cogitis me. P e r o e s s e g u r o q u e P a s c a s i o R a d berto n o h a r e p r o d u c i d o y c o m e n t a d o p o r s m i s m o e s t a s piezas litrgicas, q u e r e s u l t a r a n e n t o n c e s a n t e r i o r e s al a o 850? E s c i e r t o q u e e n o t r a s p a r t e s d e s u s e r m n e v o c a P a s c a s i o t e x t o s l i t r g i c o s , y l m i s m o l o d i c e c l a r s i m a mente.

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EL T I E M P O

DESPUES

DE P E N T E C O S T E S .

eliminar de la liturgia un texto que en un punto importante se apartaba del pensamiento comv de la Iglesia. ^ Los espritus permanecieron vacilantes los dos siglos siguientes a la aparicin del Sermn"! Cogitis me: San Bernardo, por ejemplo, no se atrever nunca a afirmar expresamente la AsunJ cin corporal de Mara. Pero nada hay que hagE? suponer que el clero y los fieles en general cornal partiesen los escrpulos de los eruditos. La litur-1 gia romana, extendida por todo el Occidente, ce^ lebraba la Asuncin de Mara, que para la mayor] parte de los cristianos era la Asuncin corpo? ral: la Colecta "Veneranda" afirmaba siempre! de modo claro la creencia comn sin ligarla enl manera alguna a los documentos apcrifos, I
E L P S E U D O - A G U S T N . Hacia fines del siglo X ] o principios del siguiente, un libro nuevo sobre] la Asuncin, de autor desconocido todava hoy pero atribuido muy pronto a San Agustn, e s t a j ba llamado a ejercer rpidamente sobre el pen-g Sarniento teolgico una influencia decisiva. Yaj no se trataba de rehabilitar las leyendas ap-j crifas descalificadas en lo sucesivo, sino de sen-J tar la verdad de la Asuncin corporal de M a J ra sobre bases escriturarias y doctrinales in-j conmovibles. Este tratadito sobre la Asuncin es una obra maestra y profunda. Procede con* orden, sin disgresiones, conforme al mtodo es^> colstico: una slida y sana devocin mariaria%

LA ASU N C I O N *DE LA S A N T I S I M A VIRGEN MARIA

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el alma de la exposicin aparentemente austera. Se ve la mano de un gran maestro y de un hombre de fe. En toda la tradicin cristiana, no existe tratado teolgico ms bello sobre la Asuncin corporal de Mara. Tenemos que citar al menos las ltimas lneas. "Nadie podr negar que Cristo haya podido conceder a Mara este privilegio (de la Asuncin corporal). Ahora bien, si pudo, lo quiso: porque quiere todo lo que es justo y conveniente. Se puede, pues, con razn concluir: Mara goza en su cuerpo, igualmente que en su alma, de una felicidad inefable en su Hijo y con su Hijo; se vi libre de la corrupcin de la muerte, ella que, al dar a luz un Hijo tan excelente, qued consagrada en su integridad virginal; vive toda ella, la que nos comunic a nosotros la vida perfecta; est con Aquel a quien llev en su seno, con Aquel a quien concibi, di a luz y aliment de su ser; es Madre de Dios, Nodriza de Dios, Sierva de Dios, Compaera inseparable de Dios. De mi parte, no me atrevo a hablar de otro modo, como no me atrevera a pensar de distinta manera" 1. Este tratado, que haba vuelto a poner la cuestin de la Asuncin corporal de Mara en su verdadero terreno dogmtico, iba a su vez a ejercer una gran influencia no slo en los predicadores, sino tambin en los telogos. En el siglo
es
1

Lber u n u s

de A s s u m p t i o n e

Virginis,

P. L. X L ,

col.

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EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES .

de oro de la Teologa, el asentimiento ser un-' nime: San Alberto Magno, San Buenaventura,' Santo Toms de Aquino hablarn de la Asun-' cin corporal como de una verdad admitida en" toda la Iglesia. En adelante la causa est totalmente ganada. En la Francia del siglo XVII, los' eruditos humanistas suscitarn algunas dudas: i no se trata, con todo, de negar el hecho de lal Asuncin, sino ms bien de discutir las bases his-' tricas. La lucha, envenenada por algunos des-* aciertos, se terminar por falta de combatientes,^ i
L A INMACULADA C O N C E P C I N Y LA A S U N C I N . J

Con la definicin solemne del dogma de la In-, maculada Concepcin en 1854, tena que ha-j cerse nuevamente actual la doctrina de la Asun-j cin. Los dos privilegios de Mara se sostienen mutuamente. Apyanse en fundamentos comu-, nes. Y as, no nos admira que quince aos ms tarde, en el Concilio Vaticano, un nmero considerable de obispos dirigiese una splica al Soberano Pontfice en favor de la definicin dog-, mtica de la Asuncin corporal de Mara. t El magnfico impulso que el Sumo Pontfice Len XIII imprimi a los estudios marianos y que luego continu San Po X, no pudo menos de contribuir a que se afianzase ms y ms el pensamiento cristiano. Pero la Santa Sede se mantuvo circunspecta y exigente: fu San Po X quien, respondiendo a una peticin todava no

LA ASUNCION DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA

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madura, dijo que la cuestin "deba an estudiarse mucho tiempo".


ACTUACIN DE S. S. Po XII. Estaba reservado al Papa Po XII dar cima a esta lenta penetracin del dogma. Desde el principio de su Pontificado, al fijar la fiesta del Inmaculado Corazn de Mara en el da de la Octava de la Asuncin, el Padre Santo alentaba una devocin que daba por supuesto que el Cuerpo glorioso de la Santsima Virgen se hallaba actualmente en la gloria. El paso decisivo se di en 1946 al dirigir S. S. a todos los obispos del orbe catlico un cuestionario sobre la creencia en la Asuncin corporal del Mara y la oportunidad de una definicin. Las respuestas fueron casi todas favorables: de por s constituan un testimonio moralmente unnime de la Iglesia universal en favor de la verdad dogmtica de la Asuncin. El 14 de agosto de 1950 el Padre Santo anunciaba, por fin, que, para clausurar el ao del Gran Jubileo, proclamara solemnemente el dogma maano y fijaba la ceremonia para el 1. de noviembre, festividad de todos los Santos. Idea admirable que asociaba la Iglesia triunfante a la alegra de los catlicos de todo el mundo llegados en multitudes para aplaudir el triunfo de Mara.

Esta continuidad maravillosa en la adhesin de la Iglesia a la doctrina de la Asuncin es uno de los ms bellos testimonios de su vida co-

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EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S .

lectiva. Y lo que es tal vez ms maravilloso, es que esta adhesin permanente se ha sostenido en las horas ms difciles por la afirmacin discreta pero perfectamente equilibrada de la liturgia romana. A partir del siglo vn, la Iglesia de Occidente, de hecho, no ha dejado nunca de celebrar la Asuncin corporal de Mara y esta celebracin fu el instrumento providencial por el que la luz divina penetr profundamente en el espritu de los Pastores y de los Fieles. Al cantar alegres "Assumptci est Maa in caelum", su pensamiento quedaba prendido como por instinto en la gloria total de Mara. No se pona la cuestin crtica preguntndose si el triunfo era para el alma sola. Era Mara, la Madre de Dios, Madre por su Cuerpo y por su Alma, a la que vean elevarse a la gloria.
MISA

Con ocasin de la definicin del dogma, que revisti de nuevo esplendor a la antigua fiesta de la Asuncin, la antigua Misa del 15 de agosto, fu reemplazada por otra nueva, obligatoria a partir de 1951. i La meloda del Introito Signum magnum tiene un carcter muy marcado de alegra y de; admiracin entusiasta, a la vez que de gravedad' y de solemne afirmacin. Se presta a maravilla al fin que desempea, que es acompaar la entradas del Pontfice escoltado de todos sus ministros y

LA ASU N C I O N *DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA

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empezar una funcin ordenada, en cierto modo, a poner ante nuestra vista la glorificacin de Muestra Seora, que aparece rodeada de luz y e gloria en lo ms alto de los cielos. Es verdaderamente una gran Seal, un gran prodigio el que vi San Juan: la Madre del Salvador, personificacin de la Iglesia, esposa de Cristo, subiendo corporalmente al cielo. Y es un gran Signo el que Dios di a su Iglesia en la maana del da primero de noviembre de 1950, con la proclamacin del dogma que recuerda a los hombres su destino sobrenatural y les da la confianza de ser ayudados en su ascensin hacia el cielo por su Madre, que vive all.
INTROITO

Un gran signo apareci en el cielo: una envuelta en el sol, con la luna debajo de sus sobre la cabeza una corona de doce estrellas. Cantad al Seor un cntico nuevo, pues ha prodigios. J. Gloria al Padre.

mujer pies, y Salmo: obrado

La Colecta relaciona la Inmaculada Concepcin y la Virginidad de Mara con la Asuncin corporal. Los tres misterios, en efecto, estn ntimamente unidos y se iluminan mutuamente y nos hacen comprender la unidad profunda de la vida de amor y de pureza que nunca dej de crecer en la Virgen Santsima. La oracin se termina pidiendo para nosotros el fruto especial del misterio: una vida interior orientada hacia el cielo y coronada por la esperanza go-

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES .

zosa de volver a encontrar un da a nuestra gloriosa Madre.


COLECTA

Omnipotente y sempiterno Dios, que has llevado en cuerpo y alma, a la gloria celestial, a la Inmaculada Virgen Mara, Madre de tu Hijo; haz, te rogamos, que siempre atentos a los bienes de arriba! merezcamos ser asociados a su gloria. Por el mismo Nuestro Seor Jesucristo.

'i

EPISTOLA

Leccin del Libro de Judit (Jud., XIII, 22-25; XV, 10). , El Seor te ha bendecido en su fuerza, pues por medio de ti ha reducido a la nada a nuestros enemigos! Has sido bendecida, hija ma, por el Seor, el Dios Al-' tsimo, ms que todas las mujeres de la tierra. Bendito sea el Seor, Criador del Cielo y de la tierra, que dirigi tu mano para cortar la cabeza al caudillo de nuestros enemigos; porque hoy ha hecho tu nombre tan glorioso, que tu alabanza no desaparecer de la1 boca de los hombres, que se acordarn eternamente del poder del Seor; pues, en favor suyo, no perdn naste tu vida al ver las angustias y las aflicciones de tu pueblo, sino que le salvaste de la ruina andando en presencia de nuestro Dios. T eres la gloria de Jerusaln, la alegra de Israel y la honra de nuestro pueblo. 0
L A S VICTORIAS DE MARA. En la fiesta de los Dolores leemos estos mismos versculos del libro de Judit. La vocacin de la Santsima Virgen se parece, en efecto, a la del Seor: "Era preciso que Cristo sufriese para entrar en su gloria" V i S. Lucas, X X I V , 26.

x,a A S U N C I O N DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA

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y del mismo modo fu necesario que una espada je dolor penetrase el alma de su Madre para asociarla al triunfo y a la gloria de Jess. Hoy ms que nunca se nos presenta como Reina, viva y triunfante en el cielo. Tambin nuestros cantos de gozo se unen a la alabanza de Santa Isabel para saludarla "bendita entre todas las mujeres". El gran sacerdote Onas lo deca a Judit mucho antes de la Encarnacin: cunto ms podemos y debemos dirigir nosotros estas palabras a la que es ms temible al demonio que todo el ejrcito de los cristianos, la cual, en el Calvario, unida a su Hijo inmolado, aplast la cabeza de la serpiente! Desde entonces las victorias de Mara se han sucedido sin interrupcin. Como no hay gracia que no nos venga por Mara, todas las victorias de la Iglesia, todas las victorias de un cristiano sobre Satans, son victorias de Mara. No nos quepa duda de que el triunfo ofrecido por Su Santidad Po XII a la Reina del Cielo y de la tierra, sea la seal de una serie de victorias para la Santa Madre Iglesia, como lo fu hace ya casi un siglo la proclamacin del dogma de la Inmaculada Concepcin. El Gradual invita al alma de la Virgen, a olvidarlo todo, a mirar al Rey prendado de su belleza, a responder a su llamada insistente. Y la nota de esta llamada de Dios es una alegra desbordante y llena de admiracin. Toda la Iglesia canta con Mara las maravillas del

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EL TIEMPO

D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S

amor que sern herencia suya en adelante, la felicidad en la que ha entrado para siempre, El Versculo del Aleluya no es ms que la expresin entusiasta y vibrante de la fe de la Igie sia en la Asuncin corporal de Mara.
GRADUAL

Oye, hija, mira e inclina el odo, y el Rey quedar prendado de tu hermosura. J. La hija del Rey entra1 toda resplandeciente; su vestido est hecho de tis de oro. i: Aleluya, aleluya. J. Mara ha sido elevada al cielo i el ejrcito de los ngeles se goza. Aleluya.
EVANGELIO

Continuacin del santo Evangelio segn San Lucas (Luc., I, 41-50). En aquel tiempo Isabel fu llena del Espritu Santo y, levantando la voz, exclam: Bendita eres entre], las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. Y det dnde viene este honor, que la Madre de mi Seor! venga a m? Pues tu voz, en cuanto me has saludado! no ha hecho ms que herir mi odo, y mi nio ha saltado de gozo en mi seno. Eres feliz por haber credol en el cumplimiento de las cosas que te han dicho departe del Seor. Y Mara dijo: Mi alma engrandece al Seor y mi espritu se goza de alegra en Dios milSalvador, porque ha mirado la bajeza de su esclava Eh adelante todas las naciones me llamarn bienaventurada, pues el Todopoderoso ha obrado en m. grandes cosas. Su nombre es santo, y su misericordia|. se extiende de un siglo a otro siglo sobre los que le E L temen. *
i

Las estrofas del Mag-J nificatien su sentido profundo, no dejaban de


L A O R A C I N DE M A R A .

LA AS U N C I O N * DE LA S A N T I S I M A V I R G E N M A R I A

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s er

la expresin de la oracin habitual de Mara, aunque hayan brotado espontneamente de sus labios en casa de su prima Santa Isabel. Haba sacado las palabras de la Sagrada Escritura y se las supo aplicar al contemplar en el silencio las maravillas que Dios obraba en ella y para ella. No podemos poner en duda que esas palabras tuvieron que ser la oracin de toda su vida. Todos los das canta la Iglesia el Magnficat; en cada solemnidad encuentra en l un sentido nuevo y ms profundo. Mara le repiti en Nazaret, en Can, despus de la Resurreccin, en el Monte de los Olivos al subir Jess al cielo: y muchos autores espirituales pensaron que tambin le cant en su martirizado corazn al bajar del Calvario la tarde del Viernes Santo. Pero, con cunta ms razn debe ser el Magnficat la oracin de la Santsima Virgen en este da en que Dios la colma de sus gracias y favores como a Madre de su Hijo, elevndola corporalmente al cielo y coronndola Reina de todo lo creado?
M A G N F I C A T . Su alma en la plenitud de la perfeccin y su espritu iluminado por la visin beatfica, glorifican al Seor y gustan ya para siempre la Salvacin que se la ha concedido como a ninguna otra criatura. No olvida que slo era una minscula criatura, "la esclava del Seor", y que por pura

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EL T I E M P O

D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S .

bondad, sin mritos de su parte, Dios puso lo ojos en ella. Y he aqu que todos los siglos la proclama rn bienaventurada. Bien lo sabemos nosotros nosotros, que, al preguntar a ia historia, vemos las seales que ha dejado de su culto y de su amor hacia la Virgen Inmaculada; nosotros, que estuvimos presentes, o a quienes las ondas nos hicieron como presentes, en la Plaza de San Pe dro de Roma, aquella maana de Todos los San1 tos de 1950, y aclamamos a la Virgen Asunta, con aclamaciones entusiastas e interminables. > . Verdaderamente, "grandes cosas" ha obrado en Mara El que es Todopoderoso. No acertaramos a declarar una por una todas estas gran, des cosas, pero en la fiesta presente vemos el coronamiento con la Asuncin a los cielos. Y esta dicha no es slo de Mara. Tambin nosotros nos gozamos, no nicamente por saber que nuestra Madre es feliz junto a Dios, sino por creer que un da nos reuniremos con ella; la misericordia divina es para todos los que te men al Seor, para todos los que le sirven con fidelidad. Oh, qu vil es el mundo! Los grandes y los poderosos de la tierra, los que se ufanaban de su poder, de su ciencia, de sus riquezas, han desaparecido ahora de la memoria de los pueblos;estaban hartos y no sentan necesidad alguna de la salvacin que traa el Mesas. Y en cambio, la Virgen humildsima, ignorada de todos, y,

LA ASU N C I O N *DE LA S A N T I S I M A V I R G E N M A R I A

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ella, los discpulos de Jess, estn sacindose ahora de los verdaderos bienes y su poder es eterno, de igual modo que su dicha. y todo esto se debe a la fidelidad, al amor de pios, a quien sea honor y gloria por los siglos de los siglos. El texto del Ofertorio, tomado de los primeros Versculos del Gnesis, recuerda la conden a c i n solemne lanzada contra la serpiente en el paraso terrenal, despus de la cada de nuestros primeros padres. En la promesa velada de la Redencin, va tambin el anuncio de la grandeza incomparable de la nueva Eva, de su triunfo absoluto sobre las potencias del mal, de la oposicin irreductible que Dios mismo cre entre ella y Satans.
con
OFERTORIO

Pondr enemistades entre ti y la Mujer, entre tu posteridad y su Posteridad.

Nuestra Seora ha pasado por el trance de la muerte, pero su muerte, el exceso de su amor para con Dios la motiv. Su oracin y la virtud del Santo Sacrificio logren conseguir para nuestros corazones el fuego en que deben abrasarse para merecer una muerte semejante y una gloria parecida.
SECRETA

Suba hasta ti, oh Seor, la oblacin de nuestra devocin, y por la intercesin de la Bienaventurada

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EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES'A-

Virgen Mara elevada al cielo, aspiren sin cesar ha, cia ti nuestros corazones inflamados en el fuego rjp tu amor. Por Nuestro Seor Jesucristo.

La Iglesia ha recurrido al Magnficat para traducir la alegra y el agradecimiento de Nuestra Seora por todos los beneficios recibidos.
COMUNION

Todas las generaciones me llamarn bienaventurada, porque el Todopoderoso ha obrado en mi cosas grandes.

La presencia de Mara en el cielo fortalece nuestra fe; consiga su oracin en este da defiesta aumentar nuestra esperanza y merecer- i nos las gracias que al fln nos llevarn hasta ; donde ella mora en la alegra con la Santsima Trinidad.
POSCOMUNION

Recibidos ya los Santos Misterios, haz, Seor, te suplicamos, que por los mritos y la intercesin de la 1 Bienaventurada Virgen Mara, asunta al cielo, lleguemos a la gloria de la resurreccin. Por Nuestro Seor Jesucristo.

ORACION DE S. S. PIO XII A NUESTRA SEORA DE LA ASUNCION

Oh Virgen Inmaculada, Madre de Dios y Madre de todos los hombres! Nosotros creemos con todo el fervor de nuestra fe en tu Asun-

LA

ASU N C I O N *DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA

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cin triunfal en alma y cuerpo al Cielo, donde eres aclamada Reina por todos los coros de los Angeles y por toda la legin de los Santos; y nosotros nos unimos a ellos para alabar y bendecir al Seor, que te ha exaltado sobre todas as dems criaturas, y para ofrecerte el aliento de nuestra devocin y de nuestro amor. Sabemos que tu mirada, que maternalmente acariciaba a la humanidad humilde y doliente de Jess en la tierra, se sacia en el cielo a vista de la humanidad gloriosa de la Sabidura increada, y que la alegra de tu alma, al contemplar cara a cara a la adorable Trinidad, hace exultar tu corazn de inefable ternura; y nosotros, pobres pecadores, a quienes el cuerpo hace pesado el vuelo del alma, te suplicamos que purifiques nuestros sentidos a fin de que aprendamos desde la tierra a gozar de Dios, slo de Dios, en el encanto de las criaturas. Confiamos que tus ojos misericordiosos se inclinen sobre nuestras angustias, sobre nuestras luchas y sobre nuestras flaquezas; que tus labios sonran a nuestras alegras y a nuestras victorias; que sientas la voz de Jess que te dice de cada uno de nosotros, como de su discpulo amado: "Aqu est tu hijo." Nosotros, que te llamamos Madre nuestra, te escogemos, como Juan, para gua, fuerza y consuelo de nuestra vida mortal. Tenemos la vivificante certeza de que tus ojos, que han llorado sobre la tierra regada con

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EL T I E M P O D E S P U E S DE PENTECOSTES'A-

la sangre de Jess, se volvern hacia este mundo, atormentado por la guerra, por las persecuciones, por la opresin de los justos y de los dbiles; y entre las tinieblas de este valle de lgrimas, esperamos de tu celestial luz y de tu dulce piedad, alivio para las penas de nuestros corazones y para las pruebas de la Iglesia y de la Patria. Creemos, finalmente, que en la gloria, donde reinas vestida del sol y coronada de estrellas, eres, despus de Jess, el gozo y la alegra de todos los Angeles, de todos los Santos; y nosotros, desde esta tierra donde somos peregrinos, confortados por la fe en la futura resurreccin, volvemos los ojos hacia ti, vida, dulzura y esperanza nuestra. Atrenos con la suavidad de tu voz para mostrarnos un da, despus de nuestro destierro, a Jess, fruto bendito de tu vientre; oh clementsima, oh piadosa, oh dulce Virgen Mara!

1 6 DE AGOSTO

SAN JOAQUIN, CONFESOR Y PADRE DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA


H I S T O R I A DE LA F I E S T A . Los Griegos c e l e b r a n la fiesta de San Joaqun al da siguiente de la Natividad de Mara. Los Maronitas la fijaron

SAN

J O A Q U I N , PADRE DE LA STMA. VIRGEN MARIA

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para el da siguiente de la Presentacin, en noviembre; los Armenios, en el martes despus de la Octava de la Asuncin de la Madre de pios. Entre los latinos, que la admitieron ms tarde, hubo divisin en un principio acerca de su celebracin, que tena lugar entre el da siguiente de la Octava de la Natividad, 16 de septiembre, y el da que sigue a la Inmaculada Concepcin de la Santsima Virgen, 9 de diciembre. El Oriente y el Occidente, honrando al padre, estuvieron de acuerdo en acercarle a su ilustre hija. Hacia el ao 1510 determin Julio II que San Joaqun ocupase un lugar en el calendario romano con rito doble-mayor; recordando los vnculos de aquella familia en la que tan admirablemente se armonizan el orden de la naturaleza y el de la gracia, j su esta para el 20 de marzo, da siguiente a la de San Jos. Se dira que el glorioso patriarca debi continuar despus de su muerte, a travs del Calendario litrgico, las peregrinaciones de los primeros padres del pueblo hebreo, cuyas buenas costumbres reprodujo en su noble vida. Apenas hablan transcurrido cincuenta aos despus del pontificado de Julio II, la crtica de entonces ensombreci su historia e hizo desaparecer su nombre del Breviario romano. En 1622 volvi a incluirle Gregorio XV con rito doble, y desde entonces se ha celebrado siempre su fiesta. De tal modo creci la devocin al padre de Maria, que

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES

' A-

se formularon peticiones para que su fiesta flgu-, rase entre las solemnidades de precepto, como ya figuraba la de su esposa Santa Ana. Con el fin de satisfacer a la devocin popular sin aumentar por eso el nmero de das festivos, Clemente XII (1738) traslad la fiesta de San Joaqun al domingo siguiente a la Asuncin de su hija la Santsima Virgen; a la vez la devolva el grado de doble-mayor J. Los PADRES DE MARA. Los pormenores que poseemos sobre los padres de Mara proceden de un apcrifo, el Protoevangelio de Santiago, el cual nos ha dado sus nombres: Joaqun, que significa, "Preparacin del Seor", y Ana, que vale tanto como "Gracia." Una tradicin constante los considera como abundantemente dotados de bienes de fortuna. Su riqueza consista sobre todo en rebaos, como los de los primeros patriarcas. Cierto, por otra parte, que hacan el ms noble uso de ella, siempre prontos a prestar su ayuda al que la solicitaba, y dando siempre el doble en las ofrendas que deban a Dios. Los Padres de la Iglesia, y sobre todo los Padres griegos, no se cansan de celebrar las virtudes y santidad de Joaqun y de Ana. "Con vuestra vida pursima y muy santa, les dice San Juan Damasceno, formasteis la joya de la viri L e n X I I I elev l a fiesta d e s u S a n t o P a t r o n o , a l grado de d o b l e de s e g u n d a c l a s e y a h o r a est, fijada p a r a el da siguiente a la Asuncin.

SAN J O A Q U I N , PADRE DE LA STMA. VIRGEN MARIA

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ginidad, a aquella que sera virgen antes del parto, en el parto y despus del parto, la nica que siempre guardara virginidad as en el cuerpo como en el alma" \ "Joaqun era un hombre justo, a quien su gran mrito colocaba no slo por encima de toda falta, sino tambin de toda sospecha y de todo reproche" 2 . "Era renombrado por su santidad y su justicia, notable por su nobleza y sus riquezas, piadosamente fiel a la oblacin de los sacrificios, solcito de agradar a Dios en todo, hombre de deseos segn el Espritu Santo. Tena por esposa una piadosa mujer llamada Ana, que fu su fiel ayuda en el ejercicio perseverante de las virtudes y en sus oraciones diarias a Dios" 3. En una palabra, "Mara tanto es superior a todos los hijos de los hombres, cuanto Joaqun y Ana sobresalen en perfeccin por encima de todos los que son padres" 4.
E L DECRETO DE L E N X I I I . E l Papa Len X I I I resumi todos estos elogios en el decreto con que elevaba el rito de esta fiesta. Citando la Sagrada Escritura, que ensea que hay que alabar a los que han nacido de una ascendencia 1 Sermn sobre la Natividad, n. 5; P . 2 S a n t i a g o el m o n j e , Sermn sobre la P- G 127, 552 e. 3 C o s m e s el P r o t o v e s t i a r i o : Sobre los n n . 2-4; P . G., 106, 1005-1008. 4 P e d r o d e A r g o s : Sobre, la Concep. de p - G., 104, 1360 b. G., 96, 668 c. Concepcin, n. 6; santos Santa Joaqun Ana, y

n. 9 ;

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gloriosa \ concluye "que se debe honrar con una veneracin especialsima a San Joaqun y a San ta Ana, ya que, por haber engendrado a la Inmaculada Virgen Madre de Dios, son ms gloriosos que todos los dems. Se os conoce po vuestro fruto2, les dice el Damasceno: habis dado al mundo una hija superior a los Angeles y ahora su reina*... Ahora bien, habiendo dis-* puesto la misericordia divina que, en nuestros luctuosos tiempos, los honores tributados a la Bienaventurada Virgen Mara y su culto tomasen incremento en consonancia con las necesidades crecientes del pueblo cristiano, se precisaba que este esplendor y esta nueva gloria de que se encuentra rodeada su bienaventurada hija, re dundase en sus afortunados padres. Quiera Dios que, por el culto as amplificado, sienta cada vez ms eficaz la Iglesia su poderosa intercesin" 4 !
MISA

Buena es la oracin con el ayuno, y hacerl limosna vale ms que amontonar tesoros3. San: Joaqun conoci por experiencia la verdad de esta palabra del Arcngel, mejor an que Tobas. Cuenta una tradicin que haca tres partes de la renta de sus bienes: una para el Templo,.
1 2 3 -i 5 Bcli., X L I V , 1. S. Mat., V I I , 20. S. J . D a m a s c e n o , Oratio I de V. M. D e c r e t o del l . d e a g o s t o d e 1879. Tob.. X I I . 8. Nativlt.

SAn JOAQUIN, PADRE DE LA STMA. VIRGEN MARIA

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otra para los pobres y la tercera para su casa. La Iglesia, al querer honrar al padre de Mara, celebra en primer lugar estas larguezas benficas y la justicia por la que mereci la gloria

con que ahora esplndidamente brilla.


INTROITO

Reparti, di a los pobres: su justicia permanecer de siglo en siglo: su fortaleza ser ensalzada con gloria. Salmo: Bienaventurado el varn que teme al Seor: y que se deleita sobremanera en sus mandamientos. y. Gloria al Padre.
MADRE DE D I O S es el ttulo que convierte a Mara en la ms noble de las criaturas; pero esta nobleza de la hija de Joaqun ensalza tambin a ste entre todos los bienaventurados, porque slo de l se dir por todos los siglos que es el ABUELO DE J E S S . En el cielo, mejor que aqu abajo, nobleza y poder corren parejas. Hagmonos, pues, con la Iglesia, clientes de tan alto personaje. COLECTA

Oh Dios, que, entre todos tus Santos, quisiste que fuese San Joaqun el padre de la Madre de tu Hijo: haz, te suplicamos, que sintamos perpetuamente el patrocinio de aquel cuya esta veneramos. Por el mismo Nuestro Seor Jesucristo.
EPISTOLA

Leccin del libro de la Sabidura (Ecli., XXXI,


8-11).

Bienaventurado el varn que fu hallado sin mancha, y que no se fu tras el oro, ni confi en el dinero

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EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES'A-

y en los tesoros. Quin es se, y le alabaremos? Porque hizo maravillas en su vida. Fu probado con el oro y hallado perfecto; tendr una gloria eterna: pudo violar la ley, y no la viol; hacer el mal, y no lo hizo: por eso, sus bienes han sido establecidos en el Seor,'* y toda la asamblea de los Santos pregonar sus li- mosnas.
LA O R A C I N DE JOAQUN.-Ya dijimos que la riqueza de Joaqun consista en rebaos como* los de los primeros patriarcas. El piadoso empleo que la daba, atraa la bendicin del Seftor| sobre sus bienes. Pero haba otra bendicin que" deseaba ms an, y el cielo le negaba: Ana, su esposa, era estril; se dira que la esperanza de1 Sin se haba ausentado de entre las hijas de Israel que esperaban al Mesas. Un da, en el Tem-'" po, al presentar Joaqun las vctimas, le fueron rechazadas con desprecio. -i Otra ofrenda esperaba de l el Seor del1' Templo; cuando presente en l a la Madre del Cordero de Dios, en vez de ovejas de sus pastos, no la rechazar. ' Pero hoy, en su dolor, se ha escapado sin presentarse a su esposa. Y, huyendo a las montaas donde pastaban sus rebaos, all vivi en una tienda en un continuo ayuno y diciendo:.,. "No tomar alimento hasta que el Seor mi Dios, en su misericordia, me mire; mi oracin empero ser mi alimento." Ana, por su parte, lloraba su doble luto, el de su viudez y el de la esterilidad. Pero, mientras

SAN J O A Q U I N , PADRE DE LA STMA. VIRGEN MARIA

199

ella oraba en el jardn y su esposo en la montaa, sus comunes instancias, presentadas a la vez al Dios Supremo, juntas eran tambin atendidas El Angel del Seor se apareci a los dos, dndoles cita en la puerta Dorada; y Ana muy pronto pudo decir: "Ahora s que el Seor me ha bendecido de un modo grande. Porque estaba viuda, y ya no lo estoy; era estril y ya he concebido"2! En el Gradual cantamos otra vez el mrito de la limosna, y lo que vale cerca de Dios una vida santa. La descendencia de Joaqun ser poderosa, bendita en el cielo y en la tierra. Dgnese emplear en pro de nuestra salvacin el valimiento de que goza junto a su hija augusta y cerca de Jess, de quien es abuelo.
GRADUAL

Reparti, di a los pobres: su justicia permanecer de siglo en siglo. J. Poderosa ser en la tierra su descendencia: la generacin de los rectos ser bendecida. Aleluya, aleluya. J. Oh Joaqun, esposo de Santa Ana, padre de la Madre Virgen: ayuda a tus siervos en la salvacin! Aleluya.
EVANGELIO

Comienzo del santo Evangelio segn San Mateo <Mt I, 1-16). Libro de la generacin de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. Abraham engendr a Isaac. E Isaac
1 Tob., I I I , 24-25. 2 T o d o s e s t o s p o r m e n o r e s los e n c o n t r a r e m o s e n el Pro-

toevangelio

de

Santiago.

200

el

tiempo

despues

d e p e n t e c o s t e s'A-

engendr a Jacob. Y Jacob engendr a Jud y a sus hermanos. Y Jud engendr a Fares y a Zaran de Tamar. Y Fares engendr a Esrn. Y Esrn engendr a Arn. Y Arn engendr a Amnadab. Y Amnadab engendr a Naasn. Y Naasn engendr a Salmn. Y Salmn engendr a Booz de Rahab. Y Booz engendr a Obed de Ruth. Y Obed engendr a Jess. Y Jess engendr al rey David. Y el rey David engendr a Salomn de aquella que fu de Uras. Y Salomn engendr a Robon. Y Robon engendr a Abas. Y Abas engendr a Asa. Y Asa engendr a Josafat. Y Josafat engendr a Jorn. Y Jorn engendr a Ozias. Y Ozas engendr a Joatn. Y Joatn engendr a Acaz. Y Acaz engendr a Ezequas. Y Ezequas engendr a Manass. Y Manass engendr a Amn. Y Amn engendr a Josas. Y Josas engendr a -Jeconas y a sus hermanos en la transmigracin de Babilonia. Y, despus de la transmigracin de Babilonia, Jeconas engendr a Salatiel. Y Salatiel engendr a Zorobabel. Y Zorobabel engendr a Abiud. Y Abiud engendr a Elacim. Y Elacim engendr a Azor. Y Azor engendr a Sadoc. Y Sadoc engendr a Aqun. Y Aqun engendr a Eliud. Y Eliud engendr a Eleazar. Y Eleazar engendr a Matn. Y Matn engendr a Jacob. Y Jacob engendr a Jos, esposo de Mara, de la cual naci Jess, que se llama Cristo.

Los PADRES DE MARA. No encontramos en el Evangelio el nombre de los padres de la Santsima Virgen. Una sola cosa hay de cierto, y es, que Jess, al ser de la raza de David, no poda serlo ms que por parte de su madre, y su madre no poda trasmitirle este noble origen si ella no le tena de su padre o de su madre, de San Joaqun o de Santa Ana. Pero la verdadera nobleza de estos Santos no estriba en la lnea de

San j o a q u i n , p a d r e d e l a s t m a . v i r g e n m a r i a

201

ascendientes que los une con David, sino en su hija, la cual, por ser Madre de Dios, los ha hecho abuelos del Verbo humanado. De qu gloria vemos coronado a San Joaqun? Su nieto, Jess, le da parte del poder que ha recibido para gobernar a todas las criaturas. El Ofertorio canta este honor y este poder de joaquin.
OFERTORIO

Le coronaste de gloria y honor: y le constituste sobre las obras de tus manos, Seor.

"Joaqun, Ana y Mara, los tres juntos, qu sacrificio de alabanza ofrecan a la Santsima Trinidad"!, dice San Epifanio \ Alcncenos tambin su comn intercesin el efecto total del Sacrificio que se prepara en el altar en honor del jefe de esta noble familia.
SECRETA

Acepta, oh clementsimo Dios, este sacrificio, ofrecido a tu Majestad en honor del santo Patriarca Joaqun, padre de la Virgen Mara: para que, por intercesin de l, y de su esposa, y de su beatsima Hija, merezcamos alcanzar el perfecto perdn de los pecados y la gloria sempiterna. Por Nuestro Seor Jesucristo.

No olvidemos en las delicias del Misterio sagrado que, si Mara nos ha dado el trigo de los cielos, en cambio a Joaqun debemos el tener a
1

Oratio de L a d .

Virg.

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d e p E n t e c o s t e s'A-

Mara. Confiemos con toda seguridad a su pru^ dencia la guarda del germen inapreciable que] ahora debe fructificar en nuestras almas. (j
COMUNION

Siervo fiel y prudente, a quien constituy el Seor] sobre su familia: para que les d a su tiempo la me3 dida de trigo.

Los sacramentos producen por s mismos la1 gracia sacramental que les es propia, pero la1 intercesin de los Santos puede mucho cuando se trata de apartar todo obstculo a su plena operacin en los corazones. Esta idea es la que ha sugerido a la Iglesia la frmula de la siguien? te Poscomunin.
POSCOMUNION

Suplicrnoste, oh Dios omnipotente, hagas que, por] estos Sacramentos, que hemos recibido, y por la intercesin de los mritos y preces de San Joaqun, padre de la Madre de tu amado Hijo, nuestro Seor Jesucristo, merezcamos ser partcipes de tu gracia en el j presente y de tu eterna gloria en lo futuro. Por elj mismo Nuestro Seor Jesucristo. 'J
E L ABUELO DE JESS.'Te damos gracias, Padre de Mara: toda criatura te es deudora desde] que el mismo Creador quiso deberte la madre* de quien determin nacer para salvarnos. Esposo de la bienaventurada Ana, nos recuerdas lo que fu el paraso: por la inocencia primera que parece que t recobraste para presidir los or-

203

genes de la Virgen Inmaculada, santifica la familia repara nuestras costumbres. Abuelo de jess, extiende tu amor a todos los cristianos, hermanos suyos; la Iglesia te honra ms que nunca en estos das de prueba: sabe ella tu crdito cerca del Padre Soberano, que se dign asociarte, sin otro intermediario que tu propia hija, a ia generacin temporal de su Hijo eterno.

1 7 DE AGOSTO

SAN JACINTO, CONFESOR


EL APSTOL DE LA EUROPA ORIENTAL. Jacinto es un hroe de esa legin de intrpidos misioneros que en los siglos trece y catorce marcharon al encuentro de la barbarie trtara y musulmana que amenazaba a Occidente. Propag la Orden dominicana cuyo hbito vesta y dilat el reino de Dios, desde los Alpes a las fronteras septentrionales del imperio chino y desde las islas del archipilago a las tierras rticas. Durante cuarenta aos se le vi sembrar prodigios, confundir la hereja y disipar las tinieblas de la infidelidad en las estepas donde el cisma de Bizancio disputaba sus estriles conquistas a la idolatra de los invasores del Norte. Como no falt en el primer apostolado, tampoco poda faltar en ste la ofrenda del marti-

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de

pentecostes

aqu sac el bienaventurado la confianza sobrehumana del taumaturgo a quien jams detuvo ningn obstculo; supo sobre todo conservar el; perfume virginal que embalsam su vida toda, un brillar de belleza sobrenatural que hizo de l un retrato d su padre Domingo. El 15 de. agosto de 1257, da de su triunfo, Nuestra SE-I ora volvi a bajar otra vez a la Iglesia de la] Santsima Trinidad; los Angeles la hacen una escolta brillante, las vrgenes forman su cortej "Oh!, quin eres?", exclama un alma santa del la tierra, a quien el xtasis ha roto los velos de] la mortalidad. "Yo soy, responde Mara, la Madre de la misericordia : y este que tiene su mano' : en la ma es fray Jacinto, mi devotsimo hijo, 'a quien me llevo a las bodas eternas". Nuestra" Seora entona luego con voz dulcsima: Me voy a las colinas del Lbano1; y continuando los Ar-_i geles y las vrgenes en un inefable concierto] este canto celestial, el cortejo desapareca hacia! las cumbres resplandecientes de la patria. j
VIDA. Da v i d a d e S a n J a c i n t o se escribi dema-1

siado tarde (hacia 1352) y, por eso no extraa que, al j lado de hechos verdicos, contenga pormenores legen-i darios. Sabemos qe en 1228 ya perteneca a la orden! de Frailes Predicadores y que se encontraba por en^ tonces en el convento de Cracovia. Diez aos msj tarde predic la Cruzada contra los Prusianos, toda va idlatras, y muri el 15 de agosto de 1257. Los Dominicos ejercieron un vasto apostolado en el siI Cant., IV, 6.

san

jacinto,

confesor

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glo xni en todo el Este de Europa, en Rusia, Prusia, y e n los Balcanes. Pero la invasin de los Trtaros en 1241 y 1242 destruy una multitud de c o n v e n t o s que haban fundado y multiplic los mrtires. San Jacinto es considerado como el apstol de P o l o n i a y su sepulcro es el lugar de clebres y muy
Lituania

frecuentes peregrinaciones.
P O R MARA. Grande fu tu privilegio, oh hijo de Santo Domingo, asociado tan ntimamente a Mara, que te vi entrar en la gloria el da de su triunfo. Tuviste un lugar distinguido en el cortejo que la condujo a los cielos; dinos sus grandezas, su hermosura, su amor para los pobres humanos, a quienes deseara que todos participasen de su felicidad como t. Por ella fuiste poderoso en el valle del destierro, esperando ser junto a ella bienaventurado y glorioso. Has recorrido de nuevo, mucho despus que Alberto y Anscario, Cirilo y Metodio, los senderos ingratos de ese septentrin, donde renacen tan rpidamente los cardos y las espinas, donde los pueblos a los que tanto cost a la Iglesia librarlos del yugo pagano, estn cayendo de continuo en los lazos del cisma y en las trampas de la hereja. El prncipe de las tinieblas tuvo nuevas derrotas en ese campo, una multitud innumerable rompi sus cadenas y la luz de la salvacin brill ms all de lo que todos sus predecesores la haban llevado. Conquista definitiva para la Iglesia, Polonia se con-

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de p e n t e c o s t e s J

rio. Cuntos hechos admirables en los que los ngeles del cielo se dira que quisieron alegrar con su sonrisa los rudos combates de sus hermanos de la tierra! Cuarenta y ocho Frailes Predicadores se haban reunido bajo del gobierno del bienaventurado Sadoc en el convento fundado por San Jacinto en Sandomir, a orillas del Vstula; un da, el lector del Martirologio, al anunciar la fiesta del siguiente, lee esta frmula que a sus ojos se despliega en letras de oro:
E N S A N D O M I R , EL DA CUATRO DE LAS N O N A S DE J U NIO, LA P A S I N DE CUARENTA Y NUEVE MRTIRES.

En un principio se sorprenden, pero pronto comprendieron los hermanos el anuncio extraordinario: se disponen, con la alegra de sus almas, a recoger la palma que al da siguiente les procura una irrupcin de Trtaros; reunidos en el; coro, y al canto de la Salve Regina, rinden a Dios el testimonio supremo. Jacinto no terminar su carrera gloriosa debajo de la espada de sus verdugos. Juan, el discpulo. predilecto, tuvo que quedarse en este mundo hasta que viniese el Seor1; nuestro Santo espera que salga a su encuentro la Madre del Seor.
E L TAUMATURGO. En su vida toda de cielo no faltan ni el trabajo, ni los sufrimientos, ni las intervenciones ms maravillosas de lo alto. Kiev, la ciudad santa de los Rusos, se ha resisi S. Juan, X X I , 22.

san

jacinto,

confesor

205

tido cinco aos al celo del apstol; los Trtaros pasan por ella como la justicia del Todopoderoso. En la ciudad rebelde todo se somete al saqueo. La devastacin general llega a las puertas del Santuario, donde el hombre de Dios poco antes termina el augusto Sacrificio. Y as, revestido de los sagrados ornamentos, con una mano toma el Santsimo, y con la otra la estatua de Mara que le pide que no la entregue a los brbaros; y atraviesa sano y salvo, en unin de sus Hermanos, las hordas paganas ebrias de carnicera, las calles en llamas, y el Dnieper, cuyas olas rpidas se consolidan debajo de sus pies. El Santo, continuando su retirada milagrosa hasta Cracovia, deposit en el convento de la Trinidad su preciosa carga. Mientras la llev, tena tan poco peso como una caa, pero la estatua de Mara recobr despus su peso natural, bastante notable para que la pudiese mover un hombre solo. Despus de otros muchos trabajos, junto a ella vendr Jacinto a morir.
E L DISCPULO DE MARA. La devocin de San Jacinto hacia la Santsima Virgen domin toda su vida, y la misma Virgen, en recompensa, le manifest muchas veces su ternura maternal. Una vez, a los principios de su vida apostlica, se le apareci y le dijo: "Animo y estte gozoso, Jacinto, hijo mo! Todo cuanto pidas en mi nombre, te ser concedido." La inefable entrevista tuvo lugar en la Vigilia de la Asuncin. De

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d e p e n t e c o s t e s'A-

virti en su antemural, hasta los dias de trai-' cin que sealaron el fin de la Europa cristiana!] Oh Jacinto, conserva la fe en el corazn de] los hijos de ese noble pueblo, en espera del da! de la resurreccin. Implora la gracia para las regiones del Norte, que se calentaron un mo-! ment al soplo ardiente de tu palabra. Nada sej te negar de lo que pidieres por medio de Ma-' ra; as te lo prometi esta Madre de misericordia. ; Conserva el celo del apostolado en tu Orden. : Multipliqese el nmero de tus hermanos, que:; hoy son menos de lo que necesitan nuestros tiempos. Al poder que tuviste sobre las olas, hay que aadir el que justificado por tantos prodi-' gios te atribuye la confianza de los fieles: el del volver a la vida a los pobres ahogados. Tambin las madres cristianas han sentido muchas veces tu poder milagroso para llevar a la fuente de la salvacin los frutos de sus entraas a los que un parto difcil puso en peligro de no recibir el bautismo. Ensea a tus clientes devotos que la bondad de Dios es siempre la misma y que no ha disminuido el crdito de sus elegidos.

E L M I S M O DIA

SAN ROQUE, CONFESOR


L A P E S T E N E G R A . Tres aos de hambre, tres meses de derrotas, tres das de peste; ante la

209

divina las hace equivalentes la libertad que se da a David culpable para que elija entre estas tres medidas de expiacin 1. El espantoso azote que hace ms estragos en tres das que en meses y en aos el hambre o una guerra desastrosa, demostr bien su preeminencia lgubre en el siglo xiv de nuestra era; la peste negra cubri al mundo de un manto de luto y le arrebat un tercio de sus habitantes. Sin duda, el mundo nunca mereci mejor el terrible aviso: las gracias de santidad que con profusin se derramaron en el siglo anterior haban llevado a la conviccin de que la defeccin de los pueblos slo se detuvo un da; en adelante, roto ya todo dique, se dejaba ver que la inevitable ola ascendente del cisma, la reforma y la revolucin deba acabar con el mundo. Pero Dios, misericordioso mientras dura esta vida, al castigar a los hombres pecadores, les ofreca el predestinado que poda conjurar su venganza, y que merecera ser hasta nuestros das el amparo a quien se recurre con confianza en las grandes epidemias.
justicia VIDA. La vida histrica de San Roque no se ha escrito todava, y pasar mucho tiempo hasta poder separar lo que es histrico de lo que es legendario en la Legenda sancti Rochi, que en 1478 compuso Francisco Diedo, mucho despus de morir el Santo. Naci en Montpellier hacia 1300. Perdi a sus padres antes de cumplidos los veinte aos y march en pe1

Par.,

X X I , 12.

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d e p e n t e c o s t e s'A-

regrinacin al sepulcro de los Apstoles. Pas a Acquapendente donde causaba estragos la peste y all hizo alto para dedicarse al cuidado de los moribundos; y despus en Roma se puso al servicio de un Cardenal. Ya de vuelta, cay enfermo en el camino, mas, para no servir de carga a nadie, se oculta en un bosque donde un perro le lleva su alimento. Entra en Montpellier, se le toma por un malhechor, se le encarcela y all queda olvidado y muere pasados cinco aos; pero Dios entonces manifiesta su santidad por medio de milagros y San Roque llega a ser uno de los Santos ms populares y ms celebrados 1.

Oracin: "Suplicrnoste, Seor, guardes a tu pueblo con continua bondad y, por intercesin de los mritos de San Roque, presrvale de todo contagio de alma y de cuerpo. Por Jesucristo Nuestro Seor. Amn."

EL M I S M O DIA

OCTAVA DE SAN LORENZO, DIACONO Y MARTIR


E L DICONO DE M A R A . En Navidad Esteban velaba junto a la cuna a donde el Nio Dios vena a robarnos nuestros corazones; hoy escolta Lorenzo a la Reina ante cuyo resplandor se eclipsa la belleza de los cielos. En ambas fechas se precisaba un dicono que tomase parte en el I Anal. Bol., V I I I , 380-415.

octava de s a n l o r e n z o , d i a c o n o Y m a r t i r

211

triunfo del amor, manifestado en Beln en la debilidad del recin nacido y en el cielo en la gloria con que el Hijo se complace en colmar a su Madre. En la peregrinacin por el desierto de este mundo los Diconos, efectivamente, guardan a la Esposa, la Iglesia de Dios, significada por el antiguo tabernculo, donde el arca de la alianza era figura de Mara.
VIRTUDES DEL D I C O N O . "Hijos carsimos, les dice el Pontfice el da de su ordenacin, considerad que por un privilegio extraordinario, al heredar de la tribu levtica su oficio y su nombre, rodeis el tabernculo del testimonio, que es la Iglesia, la cual tiene siempre que defenderse de un enemigo incansable. Como hacan vuestros padres con el tabernculo, as debis vosotros sostener a esta Iglesia; adornadla con la santidad, fortificadla con la divina palabra, sostenedla con la perfeccin de vuestros ejemplos. Y, puesto que Lev significa separado, apartaos de las concupiscencias terrenas; brillad con el resplandor de una pureza sin tacha, como conviene a la amable tribu del Seor" 1 . Por este desasimiento de la tierra que constituye la verdadera libertad, la Iglesia, libre tambin ante la sinagoga esclava 2 , reviste a sus levitas de una gracia que no conocieron los antiguos. De Lorenzo, como se escribi de Esteban,
1

Pontifical romano. 2 Gal., I V , 22-31.

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d e p e n t e c o s t e s'A-

se puede decir que su rostro -pareca el de un Angel entre los hombres *; de tal modo la Sabidura, que habitaba en ellos iluminaba sus frentes con su divina luz, y el Espritu Santo que hablaba por sus bocas 3 , pona gracia en sus labios. El levita del Sina, blandiendo la espada, consagra a Dios sus manos temblorosas 4 en la sangre de los animales. El Dicono, siempre pronto a dar lo suyo, da pruebas de su fortaleza con la fidelidad del amor y no la del esclavo; la sostiene con la rectitud y con el olvido de s mismo; tiene puestos los pies en el mundo donde combate, mas los ojos en el cielo a donde aspira, y el corazn en la Iglesia, que ha puesto en l su confianza.
G L O R I A DE S A N L O R E N Z O . Ms homenajes recibe Lorenzo que los Csares y reyes conocieron jams. Qu conquistador de la Roma antigua le igual en la gloria? Lleg a conquistar hasta Roma; veinticuatro santuarios dedicados a Cristo con su nombre en la Ciudad eterna eclipsan a todos los palacios de los Augustos. Y por todo el mundo, cuntas iglesias insignes y cuntos monasterios se honran con su poderosa proteccin! El nuevo mundo de igual modo que el antiguo, con el glorioso nombre de San Lorenzo nos ofrece sus ciudades y sus provincias y tam1 Act., V I , 15. 2 IUd., I I I , 10. 3 Ibld. i Exodo, XXXII,

26-29.

pia c u a r t o

de

la

octava

de

la

asuncion

213

bin sus islas, sus bahas, sus ros, sus cabos y sus m o n t a a s . Pero entre todos los reinos crist i a n o s se distingue, como es justo, en los honores tributados al ilustre archidicono, su patria E s p a a : ella celebra el primero de mayo la fiesta de sus santos padres, Orencio y Paciencia, que le dieron el ser en tierras de Huesca; Espaa le ha dedicado el ms noble monumento de su gran siglo de oro, San Lorenzo del Escorial, que a la vez es iglesia, monasterio y palacio que recuerda en las lneas de su plan gigantesco las parrillas del Mrtir. Terminemos nosotros esta Octava con la oracin que formula hoy la Liturgia de la Misa: "Excita, Seor, en tu Iglesia, el Espritu al que sirvi el levita San Lorenzo: para que, llenos nosotros del mismo, procuremos amar lo que l am y ejercitar con obras lo que ense" 1.

1 8 DE

AGOSTO

DIA CUARTO DE LA OCTAVA DE LA ASUNCION


SANTIDAD Y GLORIA DE M A R A . E l que com-

prenda la santidad de Mara, ese solo podr apreciar su gloria. Pero la Sabidura que estuvo presente al abrir los cimientos de los abismos 2,
1

Colecta del da de la 2 Prov., V I I I , 27.

Octava.

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despues

de p e n t e c o s t e s J

no nos ha revelado la profundidad de este ocano, junto al cual las virtudes de los justos y todas las gracias que les fueron prodigadas, no son ms que unos riachuelos. Mas la inmensidad de gracia y de mrito que constituye la perfeccin sobrenatural de la Virgen bendita, nos da derecho a deducir que tuvo una supereminencia igual en la gloria, que no es ms que la ratificacin de la santidad de los elegidos. Mientras los otros predestinados de nuestra raza se escalonan en los diversos puestos de las jerarquas celestes, la santa Madre de Dios se eleva por encima de todos los coros bienaventurados 1 , formando un orden distinto por s sola, un cielo nuevo, en el que las armonas anglicas y humanas quedan muy por debajo. En Mara Dios es ms glorificado, mejor conocido y ms amado que en todo el resto del universo. Por este solo ttulo, conforme al orden de la Providencia creadora que a lo ms perfecto subordina lo menos, Mara debera ser la soberana de la tierra y de los cielos.
E L MUNDO CREADO PARA C R I S T O Y PARA MARA.

En este sentido, despus del Hombre-Dios, el mundo existe para ella. El gran telogo y Cardenal de Lugo, al explicar aqu las palabras de los santos, se atreve a decir: "As como Dios, al crear todo por complacencia de su Ungido, le hizo a El fin de las criaturas; del mismo modo
i L i t u r g i a de la fiesta.

da c u a r t o

de l a

octava de l a

asuncion

215

se

puede proporcionalmente decir que sac de

la nada el resto del m u n d o por amor a la Virgen Madre, y quiso q u e se la l l a m a s e con razn 1 tambin a ella, fln de todas las cosas" .

Como Madre de Dios y al mismo tiempo su ya tena ttulo y derecho a sus bienes; como Esposa, deba participar de su corona. "La virgen gloriosa cuenta con tantos vasallos como la Trinidad, dice San Bernardino de Sena. Toda criatura, sea cual fuere su puesto en la creacin, sea espiritual como los Angeles, racional como los hombres, material como los cuerpos celestes o los elementos, el cielo, la tierra, los rprobos, los bienaventurados, todo lo que procede del poder de Dios, est sometido a la Virgen. Porque el que es hijo de Dios y de la Virgen bendita, al querer, por decirlo as, igualar en cierto modo con el principado del Padre el principado de su Madre, se hace, aunque es Dios tambin, servidor de Mara. Por tanto, si es cierto que todo, hasta la Virgen, obedece a Dios; se puede tambin cambiar la proposicin y afirmar que todo, hasta Dios, obedece a la Virgen" Nos dice el Espritu Santo que el imperio de la Eterna Sabidura comprende los cielos, la tierra y el abismo pues bien, esa es la herencia
primognita
I DE LUGO, De Incarnat.
3

Disput.

VII,

sect. 2. de Mara, c. 6.

a Ecl., i Ecl.,

XXIV, XXIV,

5.

S. B e r n a r d i n o ,

Sermn

en la fiesta

7-11.

216

EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES'A-

de Mara en este da de su coronacin. Como i a Sabidura divina, ella puede gloriarse en Dios > Hoy ensalza su humildad Aquel de quien un da cant ella la magnificencia 2. LA BIENAVENTURADA por excelencia 3 se ha convertido en honor de su pueblo, en la admiracin de los Santos y en la gloria de los ejrcitos del Altsimo 4. Con su belleza y en unin del Esposo, salga a la victoria 5 ; triunfe del corazn de los poderosos y de los humildes Poner en sus manos el cetro del mundo, no es un honor vaco de realidad: a partir de este da, manda y combate, protege a la Iglesia, defiende a su jefe, conserva los puestos de la milicia sagrada, suscita los santos, dirige a los apstoles, ilumina a los doctores, extermina la hereja, ataca al infierno.
R E I N A Y M A D R E . Saludemos a nuestra Reina; cantemos sus hechos insignes, semosla dciles; y sobre todo ammosla y confiemos en su amor. No temamos que, en medio de los intereses del reino de Dios, pueda olvidar ella nuestra pequeez o nuestras miserias. Nada escapa a su vista de lo que ocurre en los ms oscuros reductos, en los confines ms distanciados de sus inmensos dominios. De su ttulo, en efecto, de causa universal, pero sometida al Seor, se de1 2 3 4 5 6 Ecl., X X I V , 1. S. Lucas, I, 46-55. Ibd., 48. Ecl., X X I V , 1-4. S a l m o X L I V , 4-6. Ecl., X X I V , 11.

pia c u a r t o

de la

o c t a v a de l a

asuncion

217

duce con razn la universalidad de su providencia; y los maestros de la doctrina 1 nos presentan a Mara asociada en la gloria a la ciencia llamada de visin, mediante la cual todo lo que existe, ha sido o ser, est presente ante Dios. Estemos bien convencidos, por otra parte, que tampoco su caridad podra ser deficiente: como su amor de Dios sobrepuja al amor de todos los elegidos, as la ternura de todas las madres reunidas en la persona de un solo nio, no alcanza a la que la Madre divina profesa al menor, al ms olvidado, el ms abandonado de los hijos de Dios, que son tambin hijos suyos. Ella los previene con su solicitud, escucha sus ruegos humildes en todo tiempo, los sigue en sus pasos culpables, sostiene su debilidad, se compadece de sus males del cuerpo y del alma, extiende sobre ellos los favores de lo alto, de los que la Virgen es celestial tesorera. Digmosla, pues, por boca de uno de sus grandes servidores:
P L E G A R I A . "Oh Santsima Madre de Dios, que embelleciste la tierra y el cielo y, al dejar este mundo no abandonaste a los hombres. Desde aqu abajo, vivas en el cielo; y desde el cielo, conversas con nosotros. Tres veces felices los que te contemplaron y los que vivieron con la Madre de la vida! Pero, as como habitaste en i Surez, aect. 3. 3. o a r s . qu. XXXVII, art. 4; Dsput. XXI,

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el

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despues

d e p e n t e c o s t e s'A-

carne mortal con los hombres del tiempo sado, qudate con nosotros espiritualmente. Oi-:; mos tu voz; y la voz de todos llega a tu odo i la proteccin continua con que nos rodeas, es seal de tu presencia. Nos haces visitas; tu mirada est sobre todos; y aunque nuestros ojos no puedan, oh Santsima, percibirte, en medio i de nosotros ests manifestndote de diversas maneras a quien se hace digno. Tu carne inma- culada, fuera ya del sepulcro, no entorpece la ; fuerza inmaterial, la actividad pursima de ese ; espritu tuyo que, inseparable del Espritu San- ! to, sopla tambin donde quiere 1. Oh Madre de ! Dios, recibe el homenaje agradecido de nuestra j alegra, y habla por tus hijos a Aquel que te ha glorificado: cualquiera que sea tu peticin, l la cumple por su divina virtud; sea l bendito por todos los siglos"2.

E L M I S M O DIA

SAN AGAPITO, MARTIR La Iglesia hace memoria en este da de un mrtir de Palestina, no lejos de Roma: San Agapito. Fu decapitado el 18 de agosto de 270 "entre las dos columnas" que se levantaban en una
1 S. Juan, I I I , 8. 2 S. G e r m n d e C o n s t a n t i n o p l a : Sobre la Dormicin I

219

encrucijada de los alrededores de la ciudad. Leemos en su pasin que tena 15 aos cuando sufri el martirio. El ejemplo intrpido que di este jovencito en un tiempo en que las persecuciones se haban interrumpido en todas partes, impresion hondamente a sus contemporneos. Tambin a nosotros nos invita a estar siempre prontos a derramar nuestra sangre por Cristo, aunque parezca que no tenemos cerca la amenaza. Desde el siglo v, Roma levant una baslica a San Agapito, y su culto se extendi rpidamente por toda la cristiandad. Sus reliquias se quedaron, con honor, en un principio en Penestre (hoy Palestrina), y desde el siglo xv estn en Corneto, menos la cabeza que fu restituida a su ciudad natal. Oracin: "Algrese tu Iglesia, oh Dios, confiada en los sufragios de tu santo mrtir Agapito: y por sus preces gloriosas, permanezca devota y contine segura. Por Jesucristo Nuestro Seor. Amn."

EL MISMO DIA

SANTA ELENA, VIUDA Constancio Cloro, en su juventud, se cas con Elena, atrado de su belleza y de sus virtudes; pero, al llegar a ser emperador, la tuvo que

220

EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S'A-

repudiar por su modestsimo origen. Su h i j 0 | Constantino, por el contrario, al suceder a su padre, quiso honrar a su madre y la elev a la* dignidad imperial. Elena, que fu grande en i a J humillacin, supo permanecer humilde en osj honores supremos. Se asoci a la vocacin mila-l grosa de su hijo, se hizo cristiana con l y coi l asegur el triunfo de la Iglesia sobre el mun-" do pagano. Pas los ltimos das de su vida en el servi-' ci de la Iglesia, consagrndose a las obras d' caridad y favoreciendo el esplendor del culto' divino. Enriqueci con obras de arte las baslii cas que Constantino mandaba levantar por doquier, sobre todo las de Jerusaln, a donde fu' en peregrinacin De este modo contribuy al desarrollo de la liturgia de los Santos Lugares, donde, como se sabe, se form en gran parte e l j ciclo litrgico. Ms tarde, la leyenda la atribuy un papel importante en el descubrimiento de la verdadera cruz. Santa Elena muri el 329 y * fu enterrada en Roma. Su fiesta, en la Octava de la Asuncin, la une ntimamente a los honores que se tributan a la reina del cielo, junto a la cual es grato contemplar a esta emperatriz de la tierra, ocupando un puesto de aqu en adelante entre las ms nobles damas de su corte. Desde lo alto del cielo vela, Elena, continua- ; mente por tu obra. Haz que este triunfo de la i Iglesia que Dios realiz por ti y por tu hijo, se: renueve en nuestros das. Ayuda a los hombres i

SAN J U A N EUDES, CONFESOR

221

e Estado, a los amos de este mundo, en sus dedeos de gobernar bien. Otrgales, por tu interc e s i n , la gracia de no buscar ms que el bien e todos, de permanecer sumisos a la voluntad de Dios y, reconociendo a la Iglesia su libertad y sus derechos, hacer felices a los pueblos que s e es han confiado.

1 9 DE AGOSTO

SAN JUAN EUDES, CONFESOR La Octava de la Asuncin es acogedora para los servidores ilustres de Mara. Despus de San Jacinto y antes de Santa Juana de Chantal y San Bernardo, festejamos hoy a San Juan Eudes. Es un benemrito de la Iglesia catlica: las misiones que predic en Francia son innumerables, e incontables son tambin los hijos y las hijas que de l descienden: los primeros se dedican en la Congregacin de Jess y de Mara a la formacin del clero, a la enseanza y a las misiones, y las segundas, en la Congregacin de Nuestra Seora de la Caridad o Instituto del Buen Pastor a la rehabilitacin de pecadoras.
E L REFORMADOR. Po X deca en el Breve de su Beatificacin: "El divino Maestro no permite nunca en su Iglesia que la sal de la tierra se desazone, es decir, los representantes del mi-

222

EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S'A-

nisterio sagrado, cuya accin tiene que arranj car a los hombres de la corrupcin. En pocas de relajacin, su misericordia gustosamente sus- cita santos que trabajen con todo celo en ie vantar la disciplina y las costumbres en el clero y por lo mismo procuren en ms amplia medida* la salud eterna de las almas" ^ Pues bien, tal vez el mayor mal que padeca Francia al fin de las guerras de religin y al principio del siglo XVII, siglo que iba a ser glo-i rioso para ella, fuese la mediocridad de sus sacer- dotes. Para poner remedio a eso, el Padre Eudes^ en un principio, concibi la idea de reunir a los clrigos jvenes con el fin de prepararlos a re-^ cibir dignamente las Ordenes sagradas. Pero,| como unos das de recogimiento slo producan frutos efmeros, se resolvi a crear seminarios' segn lo prescrito por el concilio de Trento. Y entonces fund la Congregacin de Jess y Mara, cuyos miembros tendran este doble objeto; la formacin del clero en los seminarios y la' renovacin del espritu cristiano entre los fieles por medio de las Misiones. j "Lo que complet los servicios que Juan Eu-j des prest a la Iglesia, aade el Papa San Po X, fu que, ardiendo en un amor extraordinario hacia los Sagrados Corazones de Jess y de! Mara, pens antes que nadie, y no sin divina inspiracin, tributarles un culto litrgico. Dei
i B r e v e del 11 d e a b r i l d e 1909.

SAN J U A N EUDES, CONFESOR

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eSte culto tan dulce, se le debe considerar como padre, Doctor y Apstol"3. Si no tuvisemos que ser aqu excesivamente breves, seguiramos al ardiente misionero por todas las parroquias donde despleg su celo, escucharamos su palabra elocuente, y seramos testigos de la santidad que aseguraba, ms que todos los medios, sus xitos apostlicos. Mas, para conocer un poco su alma, nos bastar leer algunas de las pginas que nos ha dejado en la Vie et le Royanme de Jsus, pues vivi y predic lo que ha dejado consignado en este libro inmortal.

E L D O C T O R . Discpulo de .Berulle, su espiritualidad es la de la Escuela francesa y toda la santidad se resume para l en la palabra de San Pablo: "Vivo, mas no yo, sino que es Cristo el que vive en m". "Todos los textos sagrados, escribi, nos ensean que Jesucristo debe ser algo viviente en nosotros; que no debemos vivir sino en El, y su vida debe ser nuestra vida; que nuestra vida debe ser una continuacin y expresin de su vida y que no tenemos derecho a vivir en el mundo si no es para llevar, manifestar, santificar, dar gloria y hacer vivir y reinar en nosotros la vida, las cualidades, las disposiciones, las virtudes y las acciones de Jess" 2.
1

B r e v e del 11 d e a b r i l de 1903. 2 Le Royanme de Jsus, ,p. 164.

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EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S'A-

Al hablarnos de la vida cristiana, hace no-j tar que "lo que San Pablo dice del sufrimientoCompleto en mi carne lo que falta a la Pasin de Cristo para su cuerpo que es la Iglesia 1 , se puede decir de todas las dems acciones que un cristiano realiza en la tierra. Porque un verdadero cristiano, miembro de Jesucristo, unido a El por la gracia, contina y completa con todas sus acciones las que Jess practic aqu abajo. De forma que la oracin, el trabajo, el mismo descanso, continan y completan la oracin, el trabajo y el descanso de Jesucristo. Y en este sentido es como San Pablo declara que "la Iglesia es el cumplimiento de Jesucristo, que Jesucristo, que es la cabeza de la Iglesia, ha dado cumplimiento a todo en todos y que concurrimos todos a la perfeccin de Jesucristo y a la edad de su plenitud" 3. "As, pues, debemos ser una copia de Jess en la tierra para continuar aqu su vida y sus obras y para hacer y sufrir todo lo que hacemos y sufrimos santa y divinamente en el espritu de Jess... Y, porque este divino Jess es nuestra cabeza y nosotros sus miembros, se sigue que debemos estar perfectamente animados de su espritu y vivir su vida. "Considerad, por tanto, concluye, considerad muchas veces estas verdades con atencin y
1 Col.,
2

I, 24. I , 22, 23. 3 Ibd., I V , 13.

Ef.,

SAN J U A N EUDES,

CONFESOR

225

a p r e n d e d de aqu que la vida, l a religin, la devocin cristiana consiste en continuar la vida, la religin y la devocin de Jess en el mundo,

y por esta razn todos los cristianos estn obligados a llevar una vida toda santa y divina y a hacer todos sus actos santa y divinamente, lo que no es difcil, sino muy dulce y facilsimo, a los que tienen cuidado de elevar a menudo su espritu y su corazn a Jess y de entregarse y unirse a El en todo lo que hacen" Qu decir de su devocin ardiente a Mara? "No debemos separar, escriba l, lo que Dios uni de un modo tan perfecto. Jess y Mara estn tan perfectamente ligados, que quien ve a Jess ve a Mara, quien ama a Jess ama a Mara. Jess y Mara son los dos primeros fundamentos de la religin cristiana, las dos fuentes vivas de todas nuestras bendiciones... No es verdaderamente cristiano aquel que no tiene devocin a la Madre de Jesucristo y de todos los cristianos... Y, puesto que debemos continuar las virtudes y poseer en nosotros los sentimientos de Jess, debemos tambin continuar y llevar en nosotros los sentimientos de amor, de piedad y de devocin que el mismo Jess tuvo para con su bienaventurada Madre..." 2 . Y aqu hacemos alto en nuestras citas: stas bastan para hacernos entrever las maravillas
1

Le Royanme

de Jsus,

p. 165-167.

Ibid., p. 337-338.

226

el

tiempo

despues

d e p e n t e c o s t e s'A-

de la gracia en el alma de San Juan Eudes, y para determinarnos a poner en prctica una doctrina que l vivi a la vez que la predic y que perdura tan seductora y tan segura para las almas nobles.
VIDA. San Juan Eudes naci en 1601, en la aldehuela de Ri, en la dicesis de Sez, de padres piadosos que le consagraron a la Santsima Virgen. En 1615, siendo colegial de los Jesutas de Caen, hizo voto de virginidad, se entreg a Mara y la profes un culto ferviente. Recibi la tonsura y las rdenes menores en 1621, y, de la Universidad de Caen, entr en la Congregacin del Oratorio fundada por Berulle, donde permaneci veinte aos. Berulle haba querido restablecer en el clero la doctrina y la santidad, pero no haba pensado en los Seminarios; para instituirlos, San Juan Eudes dej en 1643 el Oratorio y fund la Congregacin de Jess y de Mara y al momento, ccm cinco compaeros sacerdotes, abri el primer Seminario de Caen, al que siguieron otros muchos. Para ganar a las pecadoras a la vida cristiana, fund la Orden de Nuestra Seora de la Caridad, y para evangelizar a las almas abandonadas se hizo misionero durante muchos aos, predicando en los campos abandonados, en los pueblos y hasta en la Corte con una libertad y una elocuencia que tena su apoyo en una santidad eminente. Propag la devocin a los Sagrados Corazones de Jess y de Mara y fu el primero que les tribut un culto litrgico. Siempre el a la ctedra de Pedro, fu perseguido por los jansenistas, a los que se opuso con valor. Finalmente, quebrantado por sus innumerables trabajos, muri el 19 de agosto de 1680 pronunciando los dulces nombres de Jess y de Mara.

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beatificado por San Po X y canonizado en 1935 por P 1 u e extendi su fiesta a la Iglesia universal.
PLEGARIA. "Debemos tener devocin a todos los santos y ngeles", escribas t, oh San Juan Eudes. Con alegra escuchamos tu consejo y te honramos en este" da, "honrndote porque Jess te ama y te honra, y tambin porque t amas y honras a Jess, de quien eres amigo, servidor, hijo, miembro y como una parte (del mismo)... Adoramos a Jess en ti, pues El lo es todo para ti: tu ser, tu vida, tu santidad, tu gloria. Le damos gracias por la gloria y las alabanzas que a S mismo se ha dado en ti y por ti, y ms todava por las gracias que te ha comunicado y nos ha comunicado por ti" 1 . Unidos a los sentimientos de tu corazn abrasado de amor para Jess, le decimos contigo: "Ven, Seor Jess, ven dentro de m con la plenitud de tu virtud, a destruir todo lo que te desagrada y a obrar en m todo lo que deseas para tu gloria. Ven con la santidad de tu Espritu, para desasirme enteramente de todo lo que no seas t, para unirme de modo total contigo y para hacer que me porte santamente en todas m's acciones. Ven en la perfeccin de tus misterios, es decir, para obrar perfectamente en m lo que t deseas obrar con tus misterios, para
1

Le Royanme

de Jsus,

p. 345.

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EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES'A-

gobernarme segn el espritu y la gracia de tus misterios, y para glorificar y realizar y consu-: mar en m tus misterios. Ven con la pureza de tus caminos, es decir, para cumplir en m, al precio que sea y sin perdonarme en nada, todos los designios de tu puro amor, y para condu-l cirme por los caminos rectos de este mismo puro' amor, sin permitirme declinar ni a la derecha ni a la izquierda y sin conceder nada a las inclinaciones y sentimientos de la naturaleza corrompida y del amor propio. Ven, oh Seor Jess" 1

2 0 DE AGOSTO

SAN BERNADO, CONFESOR Y DOCTOR DE LA IGLESIA


G L O R I A S DE S A N B E R N A R D O . "He aqu que] la Reina se ha sentado despus de su nico; Hijo en el festn eterno. Entonces, como el nardo; que difunde su perfume, Bernardo entreg su, alma a Dios"2. Sin duda fu para recompen-; sarle de haber sido su caballero tan fiel y el\ cantor tan amante y elocuente de todas sus j grandezas, por lo que Mara vino a buscar a; 1 P a r f r a s i s d e l a O r a c i n t a n c o n o c i d a del P . C o n d r e n : Veni Domine Jesu, l i g e r a m e n t e m o d i f i c a d a p o r M. 01ier: O Jesu, vivens in Mara. 2 H i m n o de V s p e r a s .

GAII

BERNARDO, CONF. Y DOCT. DE LA IGLESIA

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Bernardo durante la Octava de su gloriosa Asuncin. El Menologio cisterciense recuerda a sus hijos todos los aos la figura gloriosa y los mritos del primer Abad de Claraval: "En el claustro se ejercita maravillosamente en los ayunos, en las oraciones, en las vigilias, llevando en la tierra una vida del todo celestial. Sin descuidar el trabajo de su perfeccin, se ocupa con celo y xito en la santificacin de los suyos; vese adems obligado a presentarse ante el mundo. Aconseja a los Papas, pacifica a los reyes, convierte a los pueblos; extermina la hereja, abate el cisma, predica la cruzada, rehusa obispados, obra milagros sin nmero, escribe obras admirables y un millar de cartas. A los 63 aos, cuando muere, ha fundado ya 150 monasterios, y 700 religiosos le lloran en Claraval. El Papa Alejandro III le inscribi en el catlogo de los Santos y Po VIII, en 1830, le confiri el ttulo de Doctor de la Iglesia universal". Grande es el elogio, pero no exagerado. Innumerables son los ttulos que se le han dado al que vino a Claraval a buscar en la humildad de la vida monstica, el silencio, la facilidad de hacer penitencia y de rezar mientras llegaba la muerte que le unira con su Dios. El que buscaba ser olvidado de todos, lleg a ser, a pesar suyo, el hombre de quien no poda prescindir su siglo, el que iba a tener sobre sus compatriotas una influencia sin igual y que en la

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el

tiempo

despues

d e p e n t e c o s t e s'A-

historia quedara como una de las figuras ms nobles y ms atractivas de la Iglesia y de su pa. tria. Bossuet, en un panegrico clebre, nos ie ha representado en la celda estudiando la cruz de Jess, despus en la ctedra sagrada y a travs de los caminos de Europa, predicando esa misma cruz. Pero, antes que l, Alejandro III ie haba llamado "luz de toda la Iglesia de D i o s por la antorcha de su fe y de su doctrina"; San-: to Toms de Aquino: "el elegido de Dios, i a perla, el espejo y el modelo de la fe; la columna de la Iglesia, el vaso precioso, la boca de oro que embriag a todo el mundo con el vino de su dulzura"; y San Buenaventura le llam: "el gran contemplativo, de mxima elocuencia, lleno del espritu de sabidura y de una santidad eminente"; y nos extenderamos demasiado si fusemos a citar el nombre y los elogios de los Santos que le han venerado y saborearon su' doctrina "meliflua", desde Santa Gertrudis y Santa Mectildis hasta San. Luis Gonzaga y San: Alfonso de Ligorio.
E L C A B A L L E R O DE N U E S T R A S E O R A . Pero lo que de modo especial nos debe impresionar en; estos das, lo que debera bastar para dar gloria ; a San Bernardo es que fu el cantor y el caballero de Nuestra Seora. "Fu, dice Bossuet, el ms fiel y el ms casto de sus hijos; el que msj honr entre todos los hombres su maternidad , gloriosa, el que crey que deba a sus c u i d a d o s a

s a

bernardo,

conf.

doct.

de l a

iglesia

231

y a su caridad maternal la influencia continua d e gracias que reciba de su divino Hijo." Nos cuenta la leyenda que un da los Angeles le ensearon en la Iglesia de San Benigno de Dijon, la salve Regina, y que una vez la Virgen dej correr hasta sus labios algunas gotas de la leche con que se haba alimentado Jess. Pero sea de esto lo que fuere, Bernardo nunca se mostraba ms elocuente ni ms persuasivo que al hablar de Mara. Sus discursos nos la presentan en todos los misterios de nuestra salvacin ocupando junto al Seor el puesto que Eva haba tenido cerca de nuestro primer padre; habl de ella en trminos tan tiernos y conmovedores, que hizo vibrar el corazn de los monjes y de las multitudes que le escuchaban, del gran amor que senta a esta divina Madre, y contribuy poderosamente a hacerla amar en su nacin. Sus sermones sobre la Anunciacin se han hecho famosos y los del misterio de la Asuncin se diran que son posteriores a la definicin del dogma que tanta alegra ha trado al mundo. Tal vez sea esto lo que le ha acarreado tanta popularidad. Porque San Bernardo no es slo admirado por los que estudian la historia del siglo x n y se encuentran con l en todo lo grande y grave que entonces sucede, o tambin por los monjes y los telogos que estudian su doctrina; San Bernardo es amado, y "el secreto de su popularidad y del amor que se le tiene, est en el amor que l tuvo a Jess y en la ternura con que am a

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EL T I E M P O D E S P U E S DE PENTECOSTES'A-

Mara, ternura profunda, amor ardiente que nos enfervoriza aun despus de ocho siglos"1. "j e .ss y Mara: dos nombres, dos amores que se funden en uno solo y hacen de su corazn un horno. El amor de Mara da el movimiento y el amor de Jess se abre en l como un lirio en su tallo. Este amor le persigue por las sendas de la Escritura, por las speras montaas de la vida monstica, por la prctica asidua de las virtudes ms varoniles, pero siempre por medio de Mara; se esfuerza en cantar al Verbo acompandose de Mara como de una lira" 2 . Despus de ocho siglos, las oraciones que San Bernardo redact o bosquej sirven a las almas para rezar a Mara, para expresarla su confianza y su amor. Las repetimos todos los das, avaloradas con el fervor de todos los que las pronunciaron antes que nosotros: la Salve Regina, el Acordaos. No conocemos modo mejor para honrar a este gran Santo, serle grato y darle gracias, que repetir, siguiendo su ejemplo, las oraciones que brotaron de su corazn y sobre todo alabar a Nuestra Seora con sus propias palabras.
VIDA. Bernardo naci en Fontaine-lez-Dijon en 1090. A los 16 aos se qued sin madre. Poco despus pens ingresar en el Cister, donde el Abad Esteban Harding estaba descorazonado por no tener vocacio1 D o m D o m i n i q u e N o g u e s : La Mariologa de San Ber-

nardo, p. XIV. 2 Ibd., p. XV.

s a

n b e r n a r d o , c o n f . y doct. de l a iglesia

233

nes.

Pero no lleg solo. En Pascua de 1112 se presentaba con treinta parientes o amigos, a los que l haba, animado a abrazar la vida perfecta. Permaneci durante tres aos en este monasterio, entregado a la oracin y a la ms ruda penitencia. En 1115 llegaba a ser Abad de Clairvaux. La fama de su doctrina y de su santidad pronto le trajeron postulantes en crecido nmero; pronto tuvo que fundar monasterios y aceptar la reforma de los que solicitaban su ayuda. Todo para todos, tuvo muchas veces que dejar su monasterio para combatir el cisma de Anacleto II en Italia, la hereja en el medioda de Francia, o para predicar la cruzada a peticin de Eugenio III. Para este hijo, que lleg a ser Papa, escribi el tratado de la Consideracin y para sus monjes su Apologa del ideal cisterciense, el Tratado del amor de Dios y el Comentario del Cantar de los Cantares. Agotado por los trabajos y fatigas, consumido por excesiva penitencia, acab por n sus das en su monasterio, el 20 de agosto de 1153. Fu canonizado veinte aos despus y declarado por Po VIII Doctor de la Iglesia universal el 23 de julio de 1830.
PLEGARIA A SAN B E R N A R D O . ' E r a conveniente que visemos al heraldo de la Madre de Dios seguir de cerca su carroza triunfal; y, al entrar en el cielo en esta Octava radiante, te pierdes con deleite en la gloria de aquella cuyas grandezas ensalzaste en este mundo. Ampranos en su corte; dirige hacia el Cister sus ojos maternales; en su nombre, salva una vez ms a la Iglesia y defiende al Vicario del Esposo. Pero en este da, nos convidas a cantarla, a r garla contigo, ms bien que a rezarla contigo; el homenaje que ms te agrada, oh Bernardo,

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EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S'A-

es ver que nos aprovechamos de tus escritos sublimes para admirar "a la que hoy sube gloriosa y colma de felicidad a los habitantes del cielo." Aunque rutilante, el cielo resplandece con nuevo fulgor a la luz de la antorcha virginal. En las alturas resuenan tambin la accin de gracias y la alabanza. Estas alegras de la patria no debemos hacerlas nuestras en medio de nuestro destierro? Sin morada permanente, buscamos la ciudad a la que la Virgen bendita arriba en este momento. Ciudadanos de Jerusaln, muy justo es que desde la orilla de los ros de Babilonia nos acordemos de ello y dilatemos nuestros corazones ante el desbordamiento del ro de felicidad cuyas gotitas saltan hoy hasta la tierra. Nuestra Reina tom hoy la delantera; la acogida esplndida que se la ha hecho, nos da confianza a nosotros, que somos su squito y sus servidores. Nuestra caravana, precedida de la Madre de misericordia, a ttulo de abogada cerca del Juez, Hijo suyo, tendr buen recibimiento en el negocio de la salvacin 1 . "Deje de ensalzar tu misericordia, oh Virgen bienaventurada, el que recuerde haberte invocado intilmente en sus necesidades. Nosotros, siervecillos tuyos, te felicitamos, s, por todas las dems virtudes; pero en tu misericordia ms bien nos felicitamos a nosotros mismos. Alabamos en ti la virginidad y admiramos tu humili S. B e r n a r d o , primer Sermn sobre la Asuncin.

SANTA JUANA DE CHANTAL, VIUDA

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dad; P e r o l a misericordia sabe ms dulce a los miserables; por eso abrazamos con ms amor la misericordia, nos acordamos de ella ms veces y ia invocamos sin cesar. Quin podr investigar, oh Virgen bendita, la largura y anchura, la altura y profundidad de tu misericordia? Porque su largura alcanza hasta su ltima hora (a los que la invocan); su anchura llena la tierra; Su altura y su profundidad llen el cielo y dej vaco el infierno. Ahora que has recuperado a tu Hijo y eres tan poderosa como misericordiosa, manifiesta al mundo la gracia que hallaste en El: alcanza perdn al pecador, salud al enfermo, fortaleza a los dbiles, consuelo a los afligidos, amparo y proteccin a los amenazados por algn peligro, oh clementsima, oh piadosa, oh dulce Virgen Mara" 1 !

2 1 DE AGOSTO

SANTA JUANA FRANCISCA FREMIOT DE CHANTAL, VIUDA


EL " V E S T I D O " DE M A R A . Aunque la gloria de Mara est por dentro 2 , su belleza parece tambin en el vestido que la rodea 3 : vestido misterioso, tejido con las virtudes de los Santos,
1 2 3

San B e r n a r d o , c u a r t o S e r m n sobre la Asuncin, S a l m o X L I V , 14. Ibid., 10-15.

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cisco de Sales dice muy bien: "Todas las religiones tienen un espritu comn, a la vez que cada una tiene su espritu particular. El general o comn es que todas aspiran a la perfeccin de la caridad; pero el espritu particular es el medio de llegar a esta perfeccin de la caridad, es decir, a la unin de nuestra alma con Dios y con el prjimo por amor de Dios"1. Viniendo, pues, al espritu especial del instituto que fund con nuestra Santa, el Obispo de Ginebra declara que es "un espritu de profunda humildad para con Dios, y de una gran mansedumbre para con el prjimo, por el que, ya que se use de menos rigor con el cuerpo, se tiene mayor benignidad en el corazn 2. Y, como "esta Congregacin ha sido erigida de forma que ninguna gran aspereza pueda apartar a las dbiles y enfermas de entrar en ella para vacar a la perfeccin del amor divino" 3 , el Santo aade graciosamente: "Si hubiese alguna hermana tan generosa y valiente que quisiese llegar a la perfeccin en un cuarto de hora, haciendo ms que la Comunidad, yo la aconsejara que se humillase y se sujetase a no querer ser perfecta sino en tres das, yendo al paso de las dems 4 . Porque hay que observar siempre en todas las cosas una gran sencillez: andar sencillamente, es el verdadero camino de las hijas de la Visitacin, ca1 2 3 4 Entretiens Spirltuels, XIII. Ibid., XIII. C o n s t i t u c i o n e s de la Visitacin, Entretiens, XIII.

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Prembulo.

SANTA JUANA

DE CHANTAL, VIUDA

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jflino sumamente agradable a Dios y muy seguro"1EL BLASN DEL SAGRADO CORAZN. C o n la

mansedumbre y la humildad por divisa, estuvo acertado el piadoso Obispo al dar a sus hijas por armas el divino Corazn, fuente apacible de tan suaves virtudes. Ya se sabe cun magnficamente fu aprobado por el cielo este blasn. No haba pasado un siglo, y una religiosa de la Visitacin, Santa Margarita Mara, poda decir: "Nuestro adorable Salvador me ha hecho ver la devocin de su divino Corazn como un rbol hermoso que de toda la eternidad haba destinado a echar races en medio de nuestro Instituto. Quiere que las hijas de la Visitacin distribuyan copiosamente los frutos de ese rbol sagrado a todos los que los quieran comer, sin miedo a que los falte" 2. "Amor, amor, amor, hijas, yo no s otra cosa." As exclamaba tambin en sus ltimos aos Juana de Chantal, la gloriosa cooperadora de Francisco de Sales en la fundacin de la Visitacin de Santa Mara. "Madre, la dice una hermana, voy a escribir a nuestras casas que su Caridad es ya anciana y que, como su patrn San Juan, no habla ya ms que de amor". A lo cual la Santa respondi: "Hija, no haga esa comparacin,
1 Bntretiens, XIV. 2 C a r t a del 17 de j u n i o de 1689, a l a M a d r e d e maise. Sau-

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EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S J

que la deben su justicia y su recompensa 1 . Del mismo modo que toda gracia nos viene por i a Madre divina, as toda la gloria del cielo con-i verge hacia la que tiene la Reina de los cielos; Ahora bien, entre las almas bienaventuradas, las hay que de un modo ms inmediato es-l tn cerca de la Virgen bendita 2. Ganadas por; el cario particular de esta Madre de la gracia lo dejaron todo 3 para correr por el mundo tras i el olor de los perfumes del Esposo que ella di al mundo conservan en el cielo con Mara la gran intimidad que ya tuvieron con ella en el tiempo del destierro. De aqu procede que en esta hora"^ de la exaltacin junto al Hijo de Dios 5, el Sal-l mista canta tambin a las vrgenes que penetran con ella jubilosas en el templo del Rey6j Aunque no adorna su frente con la diadema' de la virginidad, la elegida propuesta hoy a nuestra veneracin es una de las que merecieron por su humildad or un da el celeste mensaje: Hija, escucha y mira e inclina el odo ce tu corazn y olvida a tu pueblo y a la casa de tu padre 7. Fu tal el mpetu con que corri por^ los caminos del amor, que se vi a innumerable^ vrgenes seguir sus pasos para llegar de modo ms seguro al Esposo. Tambin ella tiene er
1 2 3 4 5 e 7 Apoc., X I X , 8. S a l m o X L I V , 15. S. Mateo, X I X , 27. Cant., I , 3. S a l m o X L I V , 10. I b d . , 15-16. I b l d . , 11.

SANTA JUANA

DE CHANTAL, VIUDA

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consecuencia un puesto glorioso en el vestido oro, de reflejos variadsimos, con que resplandece en su triunfo la Reina de los Santos 1 . porque qu otra cosa es la variedad que, segn el Salmo, presentan los bordados y las franjas de esa tnica de gloria 2 , sino la diversidad de matices que reviste el oro de la divina caridad entre los elegidos? La eterna Sabidura ha multiplicado las formas con que se realiza en el mundo la vida de los consejos evanglicos, a fln de acentuar el resultado feliz que dimana de tal diversidad en la luz de los Santos.
LA REGLA DEL AMOR. Tal es la enseanza que la Liturgia ha intentado en la proximidad de dos fiestas, la de ayer y la de hoy. De la austeridad cisterciense al renunciamiento ms interior de la Visitacin de Santa Mara, la distancia parece grande; la Iglesia, con todo, junta la memoria de Santa Juana de Chantal con la de San Bernardo, como homenaje a la Santsima Virgen en la octava que corona su gloria; es que, en efecto, todas las Reglas de perfeccin no son, para honor de Mara, sino otras tantas variantes de la nica Regla, la del amor, en el que fu ella durante su vida el ms acabado modelo. E L E S P R I T U DE LA V I S I T A C I N . Al hablar de la variedad de las familias religiosas, San Frani S a l m o X L I V , 10. a Ibid., 10, 14, 15.

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porque no hay que deshonrar a los Santos coim parndolos con los miserables pecadores; pero! me daran por el gusto comunicando a todas i mis hijas que si me dejase llevar de mis sent-: mientos, si siguiese mi inclinacin y si no temiese molestar a nuestras hermanas, no hablara jams de otra cosa que de la caridad; y las aseguro que no abro casi nunca la boca para hablar de cosas buenas sin que me vengan ansias de decir: Amars al Seor de todo tu corazn y a tu prjimo como a ti mismb"1.
VIDA. Juana Francisca Fremiot de Chantal naci en Dijon el 23 de enero de 1572, de una honrada familia de magistrados. Su educacin fu muy esmerada, y a los veinte aos se cas con el barn de Chantal, de quien tuvo cuatro hijos y con quien vivi feliz durante ocho aos. Su marido muri en un accidente de caza; su dolor fu muy grande, mas su fe y la obligacin de educar a sus hijos reanimaron su valor. En 1604 fu a Dijon con el n de seguir la Cuaresma que predicaba el Obispo de Ginebra, San Francisco de Sales; le tom por director de conciencia y, en Pentecosts de 1607, ste la confi el deseo de fundar con su ayuda una nueva Orden, la de la Visitacin de Santa Mara. Ella sali para Annecy el 29 de marzo de 1610. Gracias a los consejos del Santo Fundador, hizo grandsimos progresos en la virtud y se manifest como un modelo perfecto de humildad, de obediencia, de pobreza. Merced a sus trabajos y a su celo, el Instituto se desarroll muy rpidamente y las casas se multiplicaron en Francia y en Saboya. Se encontraba en Moulins en diciembre de 1641 y all muri. Su cuerpo fu llevado a Annecy
I Mmoires de la Mre DE CHATJOY, III. P . , CH. v.

SANTA JUANA

DE CHANTAL, VIUDA

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descansa en el nuevo monasterio, junto al altar niayor, con el de San Francisco de Sales. Santa Juana (je chantal fu beatificada el 21 de noviembre de 1751 y canonizada en 1767.
MARTA Y M A R A . El oficio de Marta pareci en un principio que te estaba reservado, oh gran Santa. Adelantndose a la hora que iba a sonar u n poco ms tarde para Vicente de Pal, Francisco de Sales, tu Padre, tuvo el pensamiento de hacer de tus compaeras las primeras hijas de la Caridad. Por eso recibi tu obra el nombre bendito de Visitacin, como llamada a poner debajo del amparo de Mara tus visitas a los pobres enfermos ms abandonados. Pero el decaimiento progresivo de la salud moderna haba puesto de manifiesto, dentro de las instituciones de la Santa Iglesia, un vaco todava ms doloroso y de ms urgente solucin: muchas almas, llamadas a la porcin de Mara, eran rechazadas por no poder soportar la vida austera de las grandes Ordenes contemplativas. El Esposo, cuya bondad se digna adaptarse a todas las edades, te escogi, oh Juana, para ayudar a su Corazn Sagrado, en este campo de su amor, a remediar las miserias fsicas y morales del mundo envejecido, gastado y con amagos de ruina. LA CARIDAD. Renuvanos, pues, en el amor de Aquel cuya caridad te consumi antes a ti; en sus ardores recorriste diversas sendas de la

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES'A-

vida, y nunca te traicion la admirable forta leza de alma que la Iglesia recuerda a Dios hoy para obtener por medio de ti la ayuda necesa-" ria a nuestra debilidad 1 . No vuelva ya ms en tre nosotros a helar nuestros corazones el fu nesto veneno del espritu jansenista; ya lo san bemos por ti: el amor no es real si no vive de fe, de generosidad, de renunciamiento, en i" humildad, la sencillez y la mansedumbre. Es e] espritu de tu santo Instituto, el espritu de tu angelical Padre, que por l fu tan amable y tan fuerte; Dios quiera que reine siempre entreJ tus hijas, y se conserve entre sus casas la dulce' unin que alegra de continuo a los cielos; sane el mundo aspirando los perfumes que siempre! exhalan los retiros silenciosos de la Visitacin! de Santa Mara. 'I

2 2 DE AGOSTO

OCTAVA DE LA ASUNCION Y FIESTA DEL| ; CORAZON INMACULADO DE MARIA


LA DEVOCIN AL CORAZN INMACULADO. L a d e -

vocin al Corazn Inmaculado de Mara es tan antigua como el cristianismo. El Espr.'tu Santo nos lo ense por San Lucas, el evangelista de la infancia del Salvador: "Mara guardaba
i C o l e c t a , S e c r e t a y P o s c o m u n i n de l a f i e s t a .

FIESTA DEL CORAZON INMACULADO DE MARIA

243

todas estas palabras, y las meditaba en su Cor a z n . Y la Madre de Jess guardaba todas estas cosas en su corazn" 1 . Tal es el origen de e s t a devocin que, andando el tiempo, excitara a los fieles a dar a Mara el honor y el amor que se la deben. Las perfecciones de ste Corazn las han cantado los mayores Doctores de la Iglesia: San Ambrosio, San Agustn, San Juan Cris s t o m o , San Len, San Bernardo, San Buenav e n t u r a , San Bernardino de Sena, las dos grandes monjas Santa Gertrudis y Santa Mectildis... pero en el siglo xvn, San Juan Eudes, "padre, doctor y apstol del culto del Sagrado Corazn"2, antes lo fu del pursimo Corazn de Mara, y del dominio de la piedad privada, lo introdujo en la Liturgia catlica.
OBJETO DE ESTA DEVOCIN. El objeto de esta devocin l mismo nos lo ha dicho: "En el corazn santsimo de la predilecta Madre de Dios, pretendemos y deseamos sobre todo reverenciar y honrar la facultad y capacidad de amor, tanto natural como sobrenatural, que existe en esa Madre de amor y que ella emple toda en amar a Dios y al prjimo. La palabra corazn significa el corazn material y corporal que llevamos en nuestro pecho, rgano y smbolo del a mor; tambin se toma por la memoria y por e l entendimiento, con el cual hacemos la medi1 2

S. Lucasj I I , 19, 51. Bula de c a n o n i z a c i n .

1
246 EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES

sino tambin para ser nuestro corazn, de modo que, siendo miembros de Jess e hijos de Mara no tengamos ms que un corazn con nuestra Cabeza y nuestra divina Madre y que hagamos todas nuestras acciones con el Corazn de Jess y de Mara" 1 . j Y cmo pueden los hombres, al darse ms y ms cuenta de lo que deben a su Madre, no i creerse obligados a mostrarla su agradecimiento ! y su amor! Si Nuestra Sera nos di su Cora- 1 zn, no es justo que nosotros la demos el nes- I tro para que ella le purifique, le santifique y en : l establezca el reino de Dios y se le entregue a Jess, y que se le demos por una consagracin completa y perfecta de nosotros mismos, como aconsejan los Santos y especialmente San Grin de Monfort?
CONSAGRACIN AL CORAZN I N M A C U L A D O . P e r o ,

si la consagracin de un alma individual a Mara, la acarrea las ms grandes gracias, qu frutos deberemos esperar de una consagracin de todo el gnero humano hecha por el Sumo Pontfice? La Virgen misma se dign anunciar que esto la agradara. Y, por eso, el 8 de diciembre de 1942, Su Santidad Po XII, respondiendo con jbilo al deseo de Nuestra Seora de Ftima, lleno de confianza en la mediacin universal de la Reina de la Paz, consagr solemnemente al gnero humano al Inmaculado Corai S. J u a n E u d e s , Goeur admirable, 1. X I , c. 2.

FIESTA DEL CORAZON INMACULADO DE MARIA


zn

247

de Mara. Todas las naciones catlicas se unieron al supremo Pastor.


MISA

La fiesta del Corazn Inmaculado de Mara se c o n c e d i a muchas dicesis y a casi todas las Congregaciones religiosas y se celebraba en fechas distintas. Su Santidad Po XII la extendi a la Iglesia universal y la fij en el da de la Octava de la Asuncin, cuyo dogma defini despus en 1950. El Introito es una invitacin a acercarse a este Corazn como a un trono donde seremos enriquecidos con la gracia, que la Santsima Virgen recibi en abundancia colmada no slo para ella sino para todo el gnero humano.
INTROITO Llegumonos confiadamente al trono de la gracia, a fln de alcanzar misericordia y hallar gracia para auxilio oportuno. Salmo: Brota de mi corazn una palabra buena: dedico mis obras al Rey. f . Gloria al Padre... Llegumonos.

La Liturgia celebra a Mara como al "Santuario del Espritu Santo, Sacrarium Spiritus Sancti." Su Concepcin inmaculada preparaba a Mara para ser la morada ms digna del Espritu Santo. Este Espritu, al habitar en ella, la colm de la gracia santificante, de las virtudes teologales y morales y de sus siete dones. Tal santidad haca vivir a Mara segn el Cora-

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EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S'A-

tacin, y por la voluntad, que es la raz del bien y del mal, y por la cima ms alta del alma p0r" la cual practicamos la contemplacin; en una palabra, por todo lo interior del hombre. No ex-! clumos ninguno de estos sentidos; mas hablando del Corazn de la Madre de Dios, lo qu principalmente queremos y deseamos, es reverenciar y honrar todo el amor y toda la caridad que ella tuvo para con Dios y para con nosotros" t Ahora bien, nada hay ms dulce para un nio que honrar a su madre y pensar en el amor de que ha sido objeto. San Bernardo, al hablar del Corazn de Jess, nos ha dicho: "Su corazn est conmigo. Cristo es mi cabeza; y cmo no va a ser mo todo lo que pertenece a mi cabeza? Los ojos de mi cabeza corporal me perte? necen en sentido propio; de igual modo, este corazn espiritual es mi corazn. Con razn puedo llamarle mo. Y yo poseo mi corazn con Jess"2. Otro tanto podemos decir del Corazn de Mara. Una madre es toda para su hijo; sus bienes, su amor, hasta su vida le pertenecen: un hijo puede siempre contar con el corazn de su madre. Todos somos hijos de la Santsima Virgen. Nos acogi en su seno a una con Jess el da de la Encarnacin. Nos di a luz en el dolor del Calvario, y nos ama en proporcin con lo que la
1 Dvotion au Sacr-Coeur Goeur admirable, 1. I, c. 2. 2 Via mstica, c. 3, de Marie, Caen, 1650, p. 38 y

FIESTA DEL CORAZON INMACULADO DE MARIA

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hemos costado. Lo que ms quiere es Jess, y a se le ofreci por nosotros al Padre, dando su fiat para la inmolacin y entregndole para nosotros; cmo no le iba a imitar dndose ella tambin?
CONFIANZA E N EL CORAZN INMACULADO. La

nos repite las palabras de Jess: "Venid a m todos y yo os aliviar..." Nos sonre y nos llama como en Lourdes, y no hay nadie que pueda pretextar su indignidad para quedarse a distancia. El Corazn de Mara que fu Sede de la Sabidura y durante nueve meses morada del Verbo encarnado, ese corazn que form al mismo Corazn de Jess y le ense la misericordia para con los hombres, ese corazn que siempre lati al unsono del Corazn de Jess y que fu adornado por El de los dones ms preciosos de la gracia, ese Corazn maternal es por excelencia el refugio de los pobres pecadores. Y por esto precisamente fu hecho inmaculado. Nunca corri por l sino sangre pursima, la sangre que tena que dar a Jess para derramarla por nuestra salvacin. Este Corazn es el depositario y el custodio de las gracias que el Seor conquist con su muerte, y sabemos que Dios nunca dispens una gracia a nadie ni la dispensar sin que pase por las manos y el Corazn de la que es tesorera y dispensadora de todos sus dones. Finalmente, este Corazn se nos di con el de Jess, "no slo para ser nuestro modelo,
Virgen

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EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S'A-

El Corazn de Mara, por no ser ms que reza y santidad, continuamente unido al foco de la divina caridad que es Dios, estaba tambin todo ardiendo en amor. Este Corazn est siempre lleno de vida, siempre ardiendo en el mismo amor: mereceremos abrasarnos en el mismo fuego acercndonos a l imitando sus virtudes.
SECRETA ii

Al ofrecer, oh Seor, a tu Majestad el Cordero inmaculado, te suplicamos que encienda en nuestros corazones aquel fuego divino que inflam el Corazn del la bienaventurada Virgen Mara. Por el mismo Jesucristo Nuestro Seor.

La Antfona de la Comunin vuelve a tomar las palabras del Evangelio. Ahora que hemos recibido el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo] ojal tengamos tambin "con nosotros", como el Apstol, es decir, en nuestro pensamiento"? en nuestro corazn, en nuestra vida, a la que' nos di Jess por Madre! i
COMUNION *

Dijo Jess a su Madre: Mujer, he ah a tu hijo!. Luego dijo al discpulo: He ah a tu madre! Y desde aquella hora el discpulo la recibi por suya.

La Poscomunin contiene lo que tenemos que] pedir al terminar la Octava de la Asuncin: he-a mos festejad con veneracin al Corazn vivo

FIESTA DEL CORAZON INMACULADO DE MARIA

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y amante de nuestra gloriosa Madre subida al cielo. Sabemos que es poderosa para con el Corazn de Dios y que ama a todos sus hijos; confiemos en su mediacin, en su intercesin, y Dios, a ruegos suyos, nos librar de los peligros e a vida presente y nos guiar al cielo para alabar all eternamente a la que con Jess nos mereci la salvacin.
POSCOMUNION

Alimentados con los divinos dones, te rogamos, Seor, humildemente que, por la intercesin de la bienaventurada Virgen Mara, de cuyo inmaculado Corazn hemos celebrado devotamente la esta, libres de los peligros presentes, consigamos los goces de la vida eterna. Por Nuestro Seor Jesucristo.
SPLICA AL C O R A Z N INMACULADO DE M A R A .

"Oh Madre admirable, qu cosas tan grandes y gloriosas tenemos que pensar y decir de ti y de tu bondadoso corazn! Si los orculos del Espritu Santo dicen tan alto que eres un abismo de milagros, de seguro que no se equivoca el que diga que tu Corazn es un mundo de maravillas. Porque no ha sido la humildad de tu Corazn la que te ha levantado al trono ms alto de gloria y de grandeza a que una pura criatura puede llegar? No es la humildad, la pureza y el amor de tu Corazn la que te ha hecho digna de ser Madre de Dios y la que te ha enriquecido con todas las perfecciones, prerrogativas y grande-

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EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S'A-

zn de Dios: ojal podamos participar de su santidad para vivir segn su corazn y tambin conforme al Corazn de Dios.
COLECTA Omnipotente y sempiterno Dios, que preparaste en el Corazn de la bienaventurada Virgen Mara una morada digna del Espritu Santo: concdenos propicio, que los que celebramos devotamente la festividad de este mismo inmaculado Corazn, podamos vivir segn el tuyo. Por Nuestro Seor Jesucristo.

La Epstola es la misma que la de la Vigilia de la Asuncin. Los versculos del Gradual y del Aleluya, como tambin los del Ofertorio, son la accin de gracias de Mara al Seor, que la colm de tantos beneficios.
GRADUAL Se alegrar mi corazn con tu socorro: cantar al Seor que me ha dado tantos bienes y entonar salmos al nombre del Seor Altsimo. J. Se acordarn de tu nombre, Seor, de generacin en generacin; por lo cual los pueblos te alabarn eternamente. Aleluya, aleluya. J. Mi alma engrandece al Seor: y mi espritu se regocija en Dios, mi Salvador. Aleluya. EVANGELIO Continuacin del santo Evangelio segn San Juan (Jn XIX, 25-27). En aquel tiempo: Estaban junto a la Cruz de Jess su Madre, Mara de Cleofs y Mara Magdalena. Viendo, pues, Jess a su Madre y al discpulo a quien amaba, que estaba all, dijo a su Madre: Mujer, he

FIESTA DEL CORAZON INMACULADO DE MARIA

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h a tu hijo! Luego dijo al discpulo: He ah a tu j^iadre! V desde aquella hora el discpulo la recibi por suya-

La maternidad de Nuestra Seora data de la pero en el Calvario es donde fu s o l e m n e m e n t e proclamada por Jess agonizante. Darnos su Madre, vale tanto como darnos la mayor prueba de su amor; adems, aceptar Mara ser nuestra Madre, era lo mismo que manifestarnos toda la ternura y misericordia que encerraba su corazn. Nunca se sinti Mara tan Madre como en el momento en que vi sufrir y morir a su Hijo, y le oy que nos confiaba, que nos entregaba a ella. La Virgen acept entonces sin ninguna dificultad el profesar el afecto que tuvo a Jess durante su vida, no slo a San Juan, sino a todos nosotros, a los verdugos de su Hijo, a todos aquellos que fueron causa de su muerte. Y, cuando el centurin se acerc a traspasar el Corazn de Jess, ya difunto, la espada que antao predijo el anciano Simen penetr en el alma, en el Corazn de Mara y abri una herida que, como la del Salvador, no se cerrara ya...
Encarnacin,

OFERTORIO Mi espritu se regocij en Dios, mi Salvador: porgue ha hecho en m grandes cosas el Todopoderoso, cyo nombre es santo.

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EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S'A-

zas propias de tan sublime dignidad? Por to<}0 ello, miro, saludo y venero a tu Corazn virginal como a un mar de gracia, como a un miiagro de amor, como a un espejo de caridad, como a un abismo de humildad, como al trono de ia misericordia, como al imperio de la divina voluntad, como al santuario del amor divino, como al objeto primero del amor de la Santsima Trinidad" \ "Abre, abre, oh Madre de misericordia, la puerta de tu Corazn benignsimo a las oraciones que te dirigimos con suspiros y gemidos. No rechazas ni tienes asco al pecador, por muy corrompido que se halle en pecados, si suspira hacia ti y si implora tu intercesin con un corazn contrito y penitente" 2. "Sea siempre bendito, oh Mara, tu nobilsimo Corazn, adornado de todos los dones de la Sabidura divina, e inflamado en ardores de caridad. Sea bendito ese Corazn en el que me- ditaste y guardaste con tanta fidelidad y cui-i dado los sagrados misterios de Nuestra Redencin, para revelrnoslos en el momento opor-" tuno. Para ti la alabanza, para ti el amor, oh Corazn amantsimo; a ti el honor, a ti la gloria de parte de todas las criaturas, por los siglos de los siglos. Amn" 3 .
1 S. J u a n E u d e s , Coeur admirable, 1. IX, c. 14. 2 S. B e r n a r d o , Oracin a la Virgen.
3 N i c o l s d e S a u s s a y , Antidotarium. animae, P a r i a , 1495.

VIGILIA

DE SAN BARTOLOME, APOSTOL

253

EL M I S M O DIA

CONMEMORACION DE LOS SANTOS TIMOTEO, HIPOLITO Y SINFORIANO, MARTIRES Tres mrtires tienen hoy el honor de ser festejados con su Reina inmaculada, elevada al cielo: Timoteo, sacerdote oriundo de Antioqua, martirizado al correr de la ltima persecucin y enterrado junto a la sepultura de San Pablo en recuerdo, idea delicada, de su homnimo, discpulo del Apstol; Hiplito, mrtir romano que fu enterrado en la isla sagrada o isla de Porto. Sinforiano, un joven mrtir de Autun. Despus de haber contemplado el triunfo de Nuestra Seora en los cielos, nos parece or las palabras que su valerosa madre deca a San Sinforiano: "Hijo, mira al cielo y contempla al que all reina como soberano. No se te quita la vida, sino que se te cambia por otra mejor."

2 3 DE AGOSTO

VIGILIA DE SAN BARTOLOME, APOSTOL Las Vigilias, lo hemos dicho ya, consistan en pasar una noche en la oracin y en el canto

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EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES'A-

de los Salmos, para preparar las almas a ia solemnidad del da siguiente. Y an hoy, a Iglesia, al hacer preceder la Vigilia a las fiestas principales, no tiene otra mira que invitarnos a una oracin ms constante. Pues bien, el Evangelio de maana, antes de recordarnos las curaciones que obr el Seor y la eleccin de los Apstoles, nos presentar a Jess en la montaa pasando la noche en oracin. "Pensaba en todos nosotros y en su Iglesia. De esta oracin sali todo. De ella nacieron los apstoles, los mrtires, los pontfices, los confesores, las vrgenes, todos los santos. De ella arranca la efusin de la vida sobrenatural a travs del mundo" 1 . Tomemos a pecho el seguir al Seor en su soledad y unirnos a su oracin. Para eso, oigamos lo que nos dice San Ambrosio en el oficio de Maitines de la fiesta: "Las almas grandes, las almas sublimes son las que suben al monte. Pues el Profeta no dice al primero que llega: "Sube a un alto monte, t que evangelizas a Sin; levanta tu voz con fuerza, t que evangelizas a Jerusaln." Esforzaos, no con vuestros pies corporales, sino con las grandes acciones, en subir a ese monte y en seguir a Jesucristo, a fin de que podis vosotros mismos ser tambin un monte. Porque, si recorris el Evangelio, veris que los nicos en subir al monte con El fueron los discpulos. El Seor ruega, por tanto, no por si
i D o m D e l a t t e , Evangile, t . I, p. 270.

SAN F E L I P E

BENICIO,

CONFESOR

255

mismo, sino por m. Pues, si bien el Padre lo todo en poder del Hijo, ste, para cumplir su pap el d e h m k r e > juzga que debe rogar a su padre por nosotros, porque es nuestro abogado. "Y pas toda la noche, dice el texto, rogando a Dios." He aqu un ejemplo que se te da, oh cristiano, un modelo que se te manda imitar. Porque, qu debers hacer por tu salvacin si piensas en que Cristo pas toda una noche rogando por ti? Qu debers hacer al emprender cualquier obra de piedad, dado que Cristo se puso en oracin y or a solas antes de mandar a misin a sus Apstoles"?
puso

EL M I S M O DIA SAN FELIPE BENICIO, CONFESOR

EL APSTOL DE LOS DOLORES DE M A R A .

NUeS-

tra Seora ya reina en los cielos. No la fu difcil triunfar de la muerte; mas, a ejemplo de Jess, mereci por el sufrimiento entrar en la gloria Tampoco nosotros llegaremos por camino distinto del que siguieron el Hijo y la Madre, a la bienaventuranza infinita. Recordemos las alegras tan dulces que hemos gustado en estos cho das; pero no olvidemos que nos falta to1

s. Lucas,

X X I V , 26.

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EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S'A-

dava camino que andar. Qu estis mirando al cielo?, decan a los discpulos los Angeles e la Ascensin; porque los discpulos, al ver momento ante sus ojos los claros horizontes a e la patria, no se resignaban ya a este valle de lgrimas. Mara, de igual modo que el Seor, nos enva hoy un mensaje desde las cumbres luminosas a donde la seguiremos y en donde la rodearemos despus que hayamos merecido con los trabajos del destierro formar parte de su corte; sin apartar nuestra alma de la Virgen, Felipe Benicio, apstol de sus dolores, nos recuerda el verdadero sentido de nuestra situacin de extranjeros y peregrinos del mundo. Luchas por fuera, por dentro temores 1 : esto fu la vida de Felipe en su mayor parte, como fu tambin la historia de Florencia, su patria, y la historia de Italia y del mundo en el siglo XIII. Naci en el momento en que una efervescencia admirable de santidad conspiraba por hacer un nuevo paraso de la ciudad de las flores; pero, a la vez su ciudad natal era teatro de luchas sangrientas, de asaltos de la hereja y de todos los excesos de las miserias que prueban que en este mundo Jerusaln y Babilonia en todas partes se cruzan. El prncipe del mal iba a conocer la virtud de los reactivos que el cielo tena en reserva para ayudar al mundo en su vejez. Y entonces Nuestra Seora presenta ante su Hijo irritado a Domingo y a Francisco, que
I

II Cor.,

V I I , 5.

SAN F E L I P E

BENICIO,

CONFESOR

257

iban a reducir la ignorancia y las ambiciones de la tierra con la armona de la ciencia y de todos ios renunciamientos; y fu entonces tambin cuando Felipe Benicio, el Servita de la Madre de Dios, recibe de ella la misin de predicar por Italia, Francia y Alemania, los inefables padecimientos que la convirtieron en corredentora del gnero humano.
LA O R D E N DE LOS S E R V I T A S . La fiesta de los siete santos fundadores, el 12 de febrero, nos di a conocer ya el origen de los Servitas. Eran stos unos piadosos ermitaos florentinos que se dedicaron a la contemplacin de la Pasin de Cristo, y de los Dolores de su Santsima Madre. Nuestra Seora, deseando difundir por el mundo la caridad en que ardan y la devocin que la profesaban, les inspir el fundar una orden religiosa destinada a honrar sus siete dolores, y a bendecirla por su dignidad de corredentora del gnero humano. Pero, sin grandes dotes para la accin, los Siete santos fundadores no pudieron imprimir a la Orden de los Servitas mucha fuerza conquistadora. Necesitaba una nueva cabeza. Y sta fu San Felipe Benicio. A los veintin aos entr en la Congregacin, a los treinta y cuatro lleg a ser el Superior, y por sus trabajos, sus misiones, sus predicaciones y sus padecimientos, se fu ella desarrollando. Fund numerosas casas en toda Europa. Penetrado del espritu de los fundadores, lleno de

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EL T I E M P O D E S P U E S DE PENTECOSTES'A-

celo por la gloria de Nuestra Seora, tan pro, fundamente humilde, que pens no pasar de hermano lego, de una caridad y de una miserii cordia sin lmites, pero tambin de una doctrina firmsima e intransigente, fu un apstol incom-: parable y propag en la Iglesia el amor a Mara; Madre de Dios y Madre de los hombres, cuyo sufrimiento, junto con el de Jess, nos mereci la salvacin y la paz.
VIDA. San Felipe Benicio naci en 1233, o sea/ el mismo ao que siete ermitaos de Florencia fundaban la Orden de los Servitas de Mara. Felipe fu enviado a Pars para comenzar sus estudios y luego a Padua a estudiar medicina. En 1253 volvi a Florencia, su patria. Al ao siguiente entraba, en Cafaggio, en el convento de los Servitas y reciba el hbi-' to negro de los conversos de manos del bienaventurado Bonglio Monaldi, uno de los siete fundadores de l Orden. De aqu le enviaron al convento de Monte Senario. Los dominicos adviertieron su inteligencia despierta y pidieron a sus superiores que no dejasen esta luz debajo del celemn. El 12 de abril de 1259 s ordenaba de Sacerdote, tres aos despus le nombraban maestro de novicios y luego, en 1267, se le: elega quinto general de la Orden. Consigui hacer aprobar las constituciones en 1268 y estuvo en el domicilio de Lyon en 1274; hizo el oficio de pacificador en las discordias que dividan a sus compa-, triotas en Bolonia, Florencia y Pistoya. En 1284, recibi en la tercera Orden de las "manteladas" a Santa Juliana Falconieri. Cay enfermo el 15 de agosto de 1285 y muri el 22 besando su crucifijo y diciendo: "Este es mi libro, en el que lo he aprendido todo, la vida cristiana y el camino del paraso." Felipe fu

SAN FELIPE

BENICIO, CONFESOR

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beatificado por Len X, y despus canonizado en 1671 por, el Papa Clemente X. Su fiesta se extendi a toda Iglesia en 1694. la
CON LA MADRE DOLOROSA. Acrcate, Felipe, y sube a ese carro \ Oste esta palabra aquellos das en que el mundo sonrea a tu juventud y te ofreca su fama o sus placeres; era la invitacin que te haca Mara,, que baj hasta ti, sentada en el carro de oro, figura de la vida religiosa a la que te convidaba; un manto de luto envolva con sus pliegues a la soberana de los cielos; una paloma revoloteaba en derredor de su cabeza; un len y una oveja arrastraban su carro entre precipicios de donde suban los silbidos del abismo. Era lo porvenir lo que se iba aclarando: t habas de recorrer la tierra en compaa de la Madre de los dolores, y este mundo, minado en todas partes por el infierno, no tendr ya para ti ningn peligro; porque la suavidad y la fuerza sern tus guas, y la sencillez tu norma. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseern la tierra 2! LA PRTJEBA. Pero es contra el cielo contra el que principalmente deba servirte la amable virtud a la que se hizo esa promesa de imperio; contra el cielo que lucha tambin con los fuertes y te reservaba la prueba del mayor desamparo, ante el cual haba temblado el Hombre-Dios:

1 Act., VIII, 29.


2

S. Mateo, V, 4.

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EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES'A-

despus de aos de ruegos, de trabajos, de heroica abnegacin, recibiste, como recompensa el ser desechado aparentemente por el Seor, la desaprobacin de su Iglesia, la inminencia de una ruina que amenazaba, mucho ms que a tu vida, a todos aquellos que Mara te habia confiado. Contra la existencia de tus hijos los Servitas, no obstante las palabras de la Madre de Dios, se diriga nada menos que la autoridad de dos concilios generales, cuyas resoluciones no estorb el Vicario de Cristo. Nuestra Seora te ofreca a beber el cliz de sus amarguras. No viste el triunfo de una causa que la interesaba a ella como a ti; pero, como los patriarcas al saludar de lejos el cumplimiento de las promesas, la muerte no pudo hacer vacilar tu confianza serena y sumisa.
SPLICA. El supremo poder de este mundo parece que un da el Espritu Santo lo puso a tus pies; como lo pide la Iglesia, en recuerdo de la humildad que te hizo temer la tiara, concdenos el despreciar los bienes temporales para solamente buscar los del cielo \ Los fieles no han olvidado, con todo, que t fuiste mdico de los cuerpos, antes de serlo de las almas; tienen gran fe en el agua y los panes que tus hijos bendicen en esta fiesta y que recuerdan los favores milagrosos con que fu ilustrada la vida de su padre; mira siempre por la fe de los puei C o l e c t a del da.

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blos; corresponde al culto especial con que los mdicos cristianos te honran. Y, finalmente, hoy, cuando el carro misterioso de la hora primera se ha convertido en el carro de triunfo en que Muestra Seora te asocia a la felicidad de su entrada en los cielos, ensanos a condolernos como t de tal modo en sus dolores, que merezcamos estar contigo en la eternidad y tener parte en su gloria.

2 4 DE AGOSTO

SAN BARTOLOME, APOSTOL El Evangelio de San Juan, desde sus primeras pginas, nos presenta al Apstol cuya fiesta celebra hoy la Iglesia. Su verdadero nombre es Natanael, que significa don de Dios. Mas parece que por costumbre se le designaba nicamente con el nombre de Bartolom, que quiere decir hijo de Tolmai. Natanael fu verdaderamente un don de Dios para los innumerables paganos a los que, con peligro de su vida, llev la buena nueva de la salvacin.
LA VOCACIN DE S A N BARTOLOM. Form parte del grupo de los cinco Apstoles privilegiados que Jess reuni antes de comenzar su vida pblica y que fueron testigos de su primer mila-

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES'A-

gro. Jess, en efecto, estando todava cerca del lugar de su bautismo, haba retenido junto a si a Juan y a Andrs, que el Bautista le haba enviado; a Pedro, llevado por su hermano, y a Felipe, a quien haba llamado El mismo. Y parece que fu entonces, de camino para las bodas de Can, cuando Felipe, ardiendo ya en el deseo de ganar almas a Jesucristo, presinti la vocacin de su amigo Natanael, a quien, en vindole, habl del Mesas en estos trminos: "Hemos hallado a aquel de quien escribi Moiss en la ley y los profetas, a Jess, Hijo de Jos de Nazaret". Esta profesin de fe, tan sencilla pero tan firme, no lleg a convencer al piadoso Natanael, aunque proceda de un amigo en quien no poda tener duda. El nombre de Nazaret le disgust. Nazaret era una pequea ciudad de mala fama. Escptico, respondi: "Puede salir algo bueno de Nazaret"? Felipe entonces tuvo el arranque de todo verdadero discpulo de Jess. En vez de entrar en discusiones, invit a su amigo a juzgar por s mismo: "Ven y vers." Ningn corazn recto que encuentre a Jess puede permanecer indiferente. Al momento queda conquistado. Los Apstoles mejor que nadie lo pudieron comprobar. Saban que su actividad para nada vala si no iba acompaada de la de Cristo. No hay hombre que pueda hacer nacer la fe sobrenatural o el amor divino en el corazn de otro hombre. Eso es obra de Dios solo. El Seor

SAN BARTOLOME, APOSTOL

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es el nico autor de la gracia. Unicamente pide a ios Apstoles que le traigan las almas y El las har hijas de Dios. El Apstol, servidor dcil y fiel, desaparece humildemente ante su Maestro. Sabe que una vez que ha dicho: "Ven y vers", ha cumplido todo su ministerio.
E L ACTO DE F E DE S A N B A R T O L O M . El amigo de Felipe, tocado ya en el fondo de su corazn por la llamada del Padre "que lleva las almas al Hijo" y preso de una profunda conmocin, se acerc a Jess. Y Jess, al verle llegar, le salud jubilosamente: "He aqu un verdadero Israelita, en quien no hay dolo." Magnfica declaracin de parte del Supremo Juez, cuya mirada penetra los ms ntimos repliegues de las conciencias! Por entonces, tngalo presente el lector, la casustica farisaica haba cambiado en muchos puntos la moral natural y haba convertido a los Judos en ergotistas, falsos, hipcritas; por lo cual, la lealtad profunda de Natanael era ya una virtud rara en el pueblo de Dios. Y se explica la explosin de alegra en el Mesas al encontrar, en medio de su pueblo corrompido, un verdadero Israelita. Pero Bartolom era adems una alma humilde. Aquel elogio pblico y repentino le asust; tal vez hasta le desagrad. Busc el modo de aminorarle discutiendo su verdad: "De qu me conoces"?, replic; cmo puedes saber lo que valgo? Y Jess, mirndole con una mirada di-

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vina y humana que penetraba en lo ms hondo de las almas para saciarlas en su sed de Dios le respondi sencillamente: "Antes de llamarte Felipe, cuando estabas bajo la higuera, te vi." Misteriosa respuesta que slo poda darla el que lee en las conciencias. La continuacin del dilogo nos deja entrever a qu preocupaciones secretas de Natanael debi de responder el Seor. Poco antes, oculto en la sombra de una higuera, Bartolom se haba puesto en oracin. Como buen Israelita, haba pedido a Dios que salvase a su pueblo de la esclavitud y cumpliese la profeca de Daniel enviando al "Hijo del hombre", a quien el profeta habla visto caminar sobre las nubes, rodeado de Angeles, y a quien se le haba dado "el seoro, la gloria y el imperio" sobre todos los pueblos, por toda la eternidad \ Haba tambin pedido la venida tan deseada del verdadero rey de Israel. Entonces, en contacto con el Seor, a la mirada divina de sus ojos, se sinti comprendido y atendido en las pocas palabras de su respuesta. Su primera duda se desvaneci para dar lugar al borbotar de la fe y del amor, y de lo ms profundo de su ser, exclam entregndose por completo: "Maestro, t eres el Hijo de Dios, t eres el Rey de Israel". Esta es la gloria autntica de San Bartolom. Nos di un ejemplo de fe cristiana, aun antes que el mismo San Pedro, si bien es cierto que de una manera menos solemne y menos comI Daniel, VII, 18-14.

SAN BARTOLOME, APOSTOL

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pleta. Su espontaneidad, su arranque, a la vez que la delicadeza de su docilidad a los primeros toques de la gracia, todo nos revela un alma entregada totalmente a la voluntad divina. Y jess recompens al instante la fe de Natanael con magnificas promesas. "Porque te he dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Vers cosas mayores." Y, en efecto, presenciar los milagros de la vida pblica del Mesas, en su predicacin, en su resurreccin y en su ascensin. Luego, volvindose Cristo hacia los otros discpulos y dirigindose en ellos a todos los que despus haban de creer en El, aadi: "En verdad, en verdad os digo que veris abrirse el cielo y a los ngeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo de hombre." Jess afirmaba as bien claramente que El era el Mesas esperado. Cupo, pues, a San Bartolom, el insigne privilegio de dar origen con su acto de fe al primer testimonio que el Mesas di de s mismo y que nos ha conservado el Evangelio. Luego de haber referido circunstanciadamente la vocacin de Natanael, las Escrituras no vuelven a decir nada de este Apstol; pero lo dicho es bastante para hacerle amar y, por eso, la Iglesia celebrar con gratitud su memoria hasta el fin de los tiempos.
VIDA. San Bartolom era oriundo de Can de Galilea, compatriota de San Simn y amigo de San Felipe. Los Evangelios dicen poco de l: se sabe tan slo que tom parte en la ltima pesca milagrosa,

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES'A-

despus de la resurreccin del Seor. Despleg su apostolado en Armenia y probablemente en Persia tambin. Tal vez de aqu llevasen sus discpulos ms lejos su predicacin, esto es, a Etiopa y an a las Indias!J Tradiciones antiguas afirman que muri desollado vivo' y que fu decapitado por orden de Un rey pagano.' En el siglo vi se encuentran sus reliquias en Daras, en Mesopotamia. En el ix se veneran en el medioda d^ Italia: primeramente en Lipari y luego en Benevento. Por fin, en el siglo xi, se las traslad a Roma. San Bartolom es el patrn de Armenia. En Occidente tambin le reconocen por patrono las corporaciones de carniceros. curtidores y encuadernadores.
O R A C I N P O R LA UNIDAD. Ensanos, oh gran Apstol, a dejarnos guiar en todo por el espritu de fe. Del mismo modo que t respondiste con docilidad a Felipe, que te invitaba a acercarte a Jess y dar su vida por El, alcnzanos que seamos tambin nosotros dciles a los sucesores de los Apstoles, a la Iglesia, al Papa, que con sus enseanzas y sus mandatos nos guan a Cristo, nos ensean a vivir en su amor, a recibirle en los sacramentos, de forma que un da podamos contemplar en el Cielo la gloria de nuestro Redentor. Y t, de quien Roma se glora por guardar tus restos preciosos, lleva a Pedro ' las naciones que evangelizaste; justifica las esperanzas de universal unin que en nuestros das se van reavivando; ayuda a los esfuerzos que hace el Vicario del Hombre-Dios para jun-, tar bajo, del cayado del pastor a los rebaos di-.

SAN L U I S , R E Y DE FRANCIA, C O N F E S O R

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sidentes, cuyos pastos sec el cisma. Todos unidos, podamos disfrutar en comn de los tesoros de nuestras tradiciones concordes e ir a Dios a costa de todas las privaciones, por el procedimiento a la vez tan amplio y tan sencillo que nos ensean tu sublime teologa y tus ejemplos.

2 5 DE AGOSTO

SAN LUIS, REY DE FRANCIA, CONFESOR "Escuchad, oh reyes, y entended; aprended, gobernadores de los confines de la tierra. Prestad atencin los que imperis sobre las muchedumbres y los que os engres sobre la multitud de las naciones. Porque el poder os fu dado por el Seor y la soberana por el Altsimo, que examinar vuestras obras y escudriar vuestros pensamientos... A vosotros, pues, reyes, se dirigen mis palabras, para que aprendis la sabidura y no pequis. Pues los que guardan santamente las cosas santas, sern santificados, y los que hubieren aprendido, sabrn cmo responder. Ansiad, pues, mis palabras: amadlas e instruios. La sabidura es luminosa e incorruptible y se deja fcilmente contemplar de los que la aman, y encontrar de los que la buscan. Y aun se anticipa a darse a conocer a los que la desean..." 1 .
i Sab., V I , 2-4, 10-14.

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EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES'A-

O F I C I O DE LA AUTORIDAD. La fe del cristiano fu lo que constituy en Luis IX la grandeza del prncipe. Medit mucho tiempo estas palabras del libro de la Sabidura, que la Iglesia nos* hace leer en el ocio de los Maitines de hoy y que propone tambin a la imitacin de todos los que tienen que ejercer el cargo tremendo de ^ la autoridad. San Luis comprendi gue una misma ley une con Dios al sbdito y al prncipe,; porque tienen el mismo nacimiento y el mismo destino. La autoridad que se da a algunos, slo1 sirve para aumentar su responsabilidad; porque, viniendo toda autoridad de Dios, tienen' obligacin de ejercerla como la ejerce Dios mis-" mo, es decir, para el bien de sus sbditos, d modo que les faciliten cumplir con su fin, que1 es glorificar a Dios. ^ Al venir al mundo Cristo, que es quien posee la realeza por derecho de nacimiento, poda ha^1 ber despojado a los reyes de sus prerrogativas. Pero no quiso reinar al modo de los reyes de la tierra, slo exigi que la autoridad de los reyes se inclinase ante la suya. "Soy rey porque lo.. quiere mi Padre, le hace decir San Agustn; no' os entristezcis como si con eso se os despojase de un bien que fuese vuestro, antes bien, recof nociendo que os conviene estar sumisos al que os da seguridad en la luz, servid al Seor de todos; con temor y gozaos en El" ' . i C o m e n t a r i o s s o b r e el S a l m o 2.

SAN L U I S , R E Y DE FRANCIA, CONFESOR

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ENSEANZA DE LA IGLESIA. Esta seguridad que proviene de la luz, la Iglesia contina dispens n d o l a a los reyes. La Iglesia, sin meterse en el campo de los prncipes, est por encima de ellos, como madre de los pueblos, como juez de las conciencias, y como gua nica de todos los hombres. Oigamos al Papa Len XIII, cuyas enseanzas se distinguen por la exactitud y perfeccin: "Como hay en el mundo dos grandes sociedades, la una civil, cuyo n prximo es procurar al gnero humano el bien temporal y ter r e n o ; l a otra religiosa, que tiene por objeto llevar a los hombres a la felicidad del cielo para la cual han sido creados, as hay dos poderes 1 entre los cuales Dios ha dividido el gobierno de este mundo. Cada uno en su gnero goza de soberana; y cada cual est ceido a lmites determinados y trazados conforme a su naturaleza y a su fln especial 2 . El fundador de la Iglesia, Jesucristo, quiso que fuesen distintos el uno del otro y que los dos fuesen libres en el cumplimiento de su misin propia; pero con la condicin de que, en las cosas que dependen a la vez de la jurisdiccin y del juicio de uno y de otro bien que a ttulo diferente, el poder encargado de los intereses temporales sera dependiente, como conviene, del que tiene que vigi-

E n c c l i c a : Nobilissima - E n c c l i c a : Immortale

Gallorum gens, Dei: 1. de n o v .

8 febr. 1885.

1884.

270

EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S

lar por los intereses del cielo Fuera de esto sometidos ambos a la ley eterna y natural, de-i ben ponerse recprocamente de acuerdo en las cosas que se refieren al orden y al gobierno de cada uno dando lugar a una serie de relaciones que con razn se puede comparar a la que proviene en el hombre de la unin del alma y del cuerpo" 3 . En la esfera de los intereses eternos, de los que nadie puede legtimamente desentenderse en este mundo, los prncipes han de procurar mantener debajo de la dependencia de la Iglesia y de Dios, no slo a sus pueblos, sino tambin sus propias personas. Porque "no dependiendo menos de Dios los hombres unidos por los lazos de una sociedad comn que tomados aisladamente, las sociedades polticas, de igual modo que los particulares, no pueden sin pecado proceder como si no existiese Dios, ni prescindir de la religin como de algo extrao, ni dispensarse de seguir en esta religin las reglas conforme a las que Dios mismo ha declarado que quiere se le honre. Por consiguiente, los Jefes de Estado en cuanto tales, deben tener como santo el nombre de Dios, considerar como uno de sus principales deberes el amparar la religin con la autoridad de las leyes y no determinar ni ordenar nada que sea contrario a su pureza" 4.
1 2 3 i Encclica: Encclica: Encclica: Encclica: Arcanum divinae sapientiae, 10 febr. de 1880. Nobilissima Gallorum gens. Immortale Del. Immortale Del.

SAN L U I S , R E Y DE FRANCIA, CONFESOR

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Adems, fuera de de la Iglesia, los reyes y los pueblos no podrn encontrar la prosperidad ni la felicidad. San Agustn lo escriba ya en su libro de la Ciudad de Dios: "Llamamos felices y dichosos a los emperadores cristianos cuando reinan justamente; cuando, entre las lenguas de los que los engrandecen y entre las sumisiones de los que humildemente los saludan, no se ensorberbecen, sino que se acuerdan y conocen que son hombres; cuando hacen que su dignidad y potestad sirva a la Divina Majestad para dilatar cuanto pudieren su culto y religin; cuando temen, aman y reverencian a Dios; cuando aprecian sobremanera aquel reino donde no hay temor de tener consorte que se le quite; cuando son tardos en vengarse y fciles en perdonar; cuando esta venganza la hacen forzados de la necesidad del gobierno y defensa de la repblica, no por satisfacer su rencor, y cuando le conceden este perdn, no porque el delito quede sin castigo, sino por la esperanza que hay de correccin; cuando lo que a veces obligados ordenan con aspereza y rigor, lo recompensan con la blandura y suavidad de la misericordia, y con la liberalidad y largueza de las mercedes y beneficios que hacen; cuando los gustos estn en ellos tanto ms a raya cuanto podran ser ms libres; cuando gustan ms de ser seores de sus apetitos que de cualesquiera naciones, y cuando ejercen todas estas virtudes, no por el
FELICIDAD DE LOS R E Y E S .

as enseanzas

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EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S'A-

ansia y deseo de la vana gloria, sino por el amor de la felicidad eterna; cuando, en fln, no dejar de ofrecer por sus pecados sacrificios de humil dad, compasin y oracin a su verdadero D i o s , Tales emperadores cristianos como stos decimos que son felices, ahora en esperanza, y despus realmente cuando viniere el cumplimiento de lo que esperamos" 1 .
S A N L U I S . De este modo quiso obrar siempre el noble rey que Dios concedi a Francia. Conforme a la palabra de la Escritura "haba hecho pacto con el Seor de guardar sus man-jj damientos y hacerlos guardar a todos" 2 . Dios fu el blanco de su vida, la fe su gua: aqu se halla el secreto de su poltica y el de su santidad. Como cristiano, servidor de Cristo; como prncipe, su lugarteniente; entre las aspiraciones del cristiano y las del prncipe qued indivisible su alma; esta unidad hizo su fuerza, como ahora es su gloria, y Cristo, que rein slo en l y por l en Francia, le hace reinar consigo en los cielos para siempre. Hay en toda su vida un reflejo de graciosa sencillez que da particular realce a su herosmo y grandeza; parece que, en su reinado admirable, aun los desastres aumentaron su gloria.

1 S. A g u s t n : La Ciudad, 2 II Pa., X X X I V , 31-33.

de Dios,

1. V, c. 24.

SAN L U I S , R E Y DE FRANCIA, CONFESOR

273

La humildad de los reyes santos no es olvido de la grandeza del oficio que cumplen en nombre de Dios; su abnegacin no puede consistir tampoco en la negligencia de unos derechos que son deberes tambin; como la caridad no es impedimento en ellos para la justicia, as el amor a la paz tampoco es en ellos contrario a las virtudes guerreras. San Luis sin ejrcito no dejaba de tratar con toda la nobleza de su alma con el infiel vencedor; en Occidente, adems, pronto se supo y a medida que con los aos creca su santidad se lleg a saber mejor: este rey, que gastaba las noches en rogar a Dios y los das en servir a los pobres, no pensaba ceder a nadie las prerrogativas de la corona que haba heredado de sus padres. En Francia no hay ms que un rey, dijo un da el justiciero del bosque de Vicennes, anulando una sentencia de su hermanos Carlos de Anjou; y los barones en el castillo de Bellme, y los ingleses en Taillebourg no hubieron de esperar tanto tiempo para saberlo. Tampoco Federico II, el cual amenazaba con aplastar a la Iglesia y buscaba cmplices en Francia; a sus explicaciones hipcritas se las di esta respuesta: No est tan debilitado an el reino de Francia, que se deje guiar por vuestras espuelas.
LA MUERTE. La muerte de San Luis fu sencilla y grave, como haba sido su vida. Dios le llam para s en circunstancias dolorosas y tris-

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el

tiempo

despues

de

p e n t e c o s t e s'A-

tes, lejos de la patria, en aquel suelo africanofv donde en otra ocasin tanto tuvo que padecerespinas santiflcadoras que deban recordar al prncipe cruzado su joya predilecta, la corona"3 sagrada que supo conseguir para el tesoro de Francia. Movido por la esperanza de convertir al cristianismo al rey de Tnez, lleg a sus costas, donde le esperaba el combte supremo, ms como apstol que como soldado. Os comunico el bando de Nuestro Seor Jesucristo y de su ministro Luis, Rey de Francia: reto sublime lanzado a la ciudad infiel, muy digno de poner fin a tal vida.
VIDA. San Luis naci el 25 de abril de 1214 y fu bautizado en la iglesia de Poissy. El 8 de noviembre de 1226, al morir su padre, empez a ser rey de Fran cia. La reina Blanca de Castilla al momento le hizo consagrar en Reims, y se ocup de darle una educacin regia y, sobre todo, sumamente piadosa. Tom las rien das del poder a los veinte aos y cay gravemente en fermo. Prometi entonces, si curaba, emprender una cruzada en pro de la libertad de los Santos Lugares Lleg a Egipto en 1248 y derrot a los sarracenos, pero la peste diezm su ejrcito; fu vencido despus y he cho prisionero. Puesto en libertad San Luis, pas cin co aos en Oriente reedificando las ciudades y castillos de los cristianos, libertando esclavos y convirtiendo infieles. La muerte de su madre le hizo volver a Francia. Gobern sabiamente el reino y di a sus sbditos el ejemplo de las ms sublimes virtudes. El 2 de julio de 1270 emprendi de nuevo la cruzada, desembarcaba en Tnez, a cuyo rey esperaba convertir. Pero otra vez la peste se declar en su campo y el rey muri

SAN L U I S , R E Y DE FRANCIA, CONFESOR

275

el

25 de agosto no sin antes dar sus consejos a su hijo Felipe- Trasladse su cuerpo a San Dionisio en Francia v los milagros obrados junto a su tumba movieron al papa Bonifacio VIII a ponerle en el nmero de los
Santos.
SPLICA.

"Ten a bien escuchar nuestra ora-

cin t, que, llevando la corona real antes de recibir de Roma el nimbo de santidad, autorizaste a todos tus sbditos a llegar hasta ti, ya

fuese en tu palacio de Pars, ya en tus viajes a travs de tus provincias, ya debajo del roble de Vincennes, y siendo preferidos los ms humildes y los ms desheredados. "T, que gobernaste a Francia para darla la paz, la justicia y el amor, ven hoy en su ayuda a restaurar las ruinas de la guerra, a restablecer en ella la equidad y darla la unidad, la concordia y la amistad de unos con otros. "T, que abarcaste en tu solicitud a toda la cristiandad, salva a Europa, que hoy est amenazada de ser destruida por los inventos cientficos puestos al servicio del odio y de la furia dominadora, y dala seguridad restituyndola el sentido de la comunidad espiritual. "T, que mediante las misiones religiosas sucesoras de las Cruzadas deseaste evangelizar a los Infieles, gana para la ley de Cristo los continentes que todava le desconocen. "T, que en el papado honraste la representacin divina entre los hombres, protege al So-

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EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S'A-

berano Pontfice y con l a los Obispos y a nuestro clero secular y regular. "T, que diste ejemplo de castidad y de pa_ ciencia en el matrimonio, de afecto y de vigilancia en la educacin paterna, mira bondadoso a nuestros hogares y a nuestra niez. "T, que no paraste un momento de buscar la paz en ti mismo y en tu derredor, danos la paz interior, hoy ms necesaria que nunca por las inquietudes cotidianas y por el aumento de la baranda y de las dificultades de la vida. "T, que practicaste con tanto valor, sabidura y delicadeza de conciencia el cargo ms difcil, el de Rey, haz que cumplamos con alegra y a conciencia nuestros deberes profesionales, comprendiendo y aceptando las responsabilidades que nos imponen. "T, que consumiste en la llama de la caridad toda tu vida, alcnzanos el amor que transforma la fealdad del cuerpo y las manchas dei alma, que nos permite vencer los prejuicios y las repugnancias y tratar al prjimo como a nosotros mismos y al pobre como enviado de Dios. "As podremos esperar encontrarte en el reino de los cielos..." 3 .
i Henry Bordeaux, Saint Louis, p. 511-512.

SANTA MARIA MICAELA, VIRGEN

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EL M I S M O DIA

SANTA MARIA MICAELA DEL SANTISIMO SACRAMENTO, VIRGEN Santa Mara Micaela del Santsimo Sacramento, llamada tambin la Madre Sacramento, es una de las grandes figuras de la Iglesia espaola en el siglo xix. Nacida en 1809 de la ilustre familia de los Desmaisires y Lpez de Dicastillo, fu conocida en el mundo con el nombre de Vizcondesa de Jorbaln; pero indiferente a todos los esplendores de la nobleza y de la fortuna, hizo voto de compartir sus bienes con los pobres y de practicar todo aquello que conociera ser la voluntad de Dios. Las obras de caridad eran ya su principal tarea desde su juventud. Esto la llev a trabajar en favor de las infelices muchachas que, en un momento de debilidad, de obcecacin o de necesidad, se dejan arrastrar al vicio; y con ese fin instituy la Congregacin de las Seoras Adoratrices, Esclavas del Santsimo y de la Caridad, cuya ocupacin deba ser la adoracin continua de Cristo en la Eucarista, la educacin religiosa de las colegialas y refugiadas y la instruccin correspondiente a su sexo. Todas las furias del averno se desataron en terca lucha contra ella, porque comprenda Sa-

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EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES'A-

tanas que la Madre Sacramento sacaba de sus garras ms almas que todos los predicadores juntos. Tanto arreci el encono infernal y de i0s paniaguados del vicio, que se la apellid "ia siempre calumniada", pero Dios sac siempre ia cara por ella. Su influencia en la sociedad espaola fu y sigue siendo notable. Se la considera con grandeza de alma y empuje de accin como una segunda Santa Teresa. Despus de haber propagado por toda Espaa su Instituto, muri en Valencia en 1865 del mal del clera, que contrajo desafiando a la muerte y sirviendo heroica a las apestadas. Protege desde el cielo, Micaela, serafn de amor a Dios y al prjimo, sobre todo al sexo dbil, a fln de que salgan siempre de nuestras mujeres espaolas, cumplidas dechadas de virtud que exciten, para gloria de Dios y de Espaa, otra eterna calumniada, la admiracin y pasmo del mundo entero.

2 6 DE AGOSTO

SAN CEFERINO, PAPA Y MARTIR San Ceferino es el dcimocuarto sucesor de San Pedro; despus de San Pedro, ningn P a p a haba tenido tan largo pontificado como San Ceferino, ya que fu elegido el 198 y nuri

SAN C E F E R I N O ,

PAPA Y MARTIR

279

en

217- Adems fu un Pontificado importantsimo a juzgar por los datos que han llegado nasta nosotros. Un adversario nos le presenta como poco instruido y sin personalidad destacada, pero sabemos que, ayudado por el dicono Calixto, su futuro sucesor, defendi la unidad de la Trinidad y dej una obra contra los herejes de su tiempo. R e g l a m e n t muchas circunstancias del culto litrgico, y agrand el cementerio, llamado ms tarde de Calixto, donde en lo sucesivo se enterraron los Papas.

Muri con muerte tranquila, pero, como su vida se desenvolvi en tiempo en que la Iglesia era perseguida, sta le ha dado el ttulo de mrtir, porque fu para su tiempo modelo y testigo de Cristo.
ELOGIO. Sucesor de Vctor I, el Pontfice de la Pascua, tambin a ti te devor el celo de la casa de Dios 1 para sostener y aumentar cada vez ms la regularidad, la dignidad, el esplendor del culto divino en este mundo. En el cielo, la corte del vencedor de la muerte se enriqueci, durante tu pontificado, con la noble conquista de un Ireneo y de una Perpetua y de todos los innumerables mrtires a los que la persecucin de Septimio Severo di la corona del triunfo. Entre emboscadas llenas de peligros, la verdad
1

S. Juan, II, 17.

280

EL T I E M P O DESPUES DE PENTECOSTES'A-

encontr en ti al guardin divinamente asisti<j0 que el Seor prometi a su Iglesia 1 . Tu fidelidad qued recompensada con los nuevos progresos de esta Esposa del Hijo de Dios a ti confiada con su consolidacin definitiva en la tierra de un mundo que tiene que conquistar totalmente para el Esposo. En octubre nos volveremos a encontrar con tu recuerdo, inseparablemente unido al de Calixto, hoy tu dicono, y ms tarde Vicario del Hombre-Dios. Bendcenos ahora como padre; y haz que Pedro nos reconozca siempre como hijos suyos.

2 7 DE AGOSTO

SAN JOSE DE CALASANZ, CONFESOR


L A VOCACIN. Sers la ayuda del hurfano; a ti se te ha confiado el -pobre 2. Esta palabra la vi ya Venecia realizada en la persona de su noble hijo, Jernimo Emiliano, y hoy seala la santidad de otro ilustre personaje que cuenta entre sus antepasados a los primeros prncipes de Navarra, pero que se ha convertido en tronco de una lnea ms noble en el reino de la caridad. El descendiente de los Calasanz de Peralta de la Sal, el apstol a quien los pueblos de i S. Lucas, X X I I , 32. a S a l m o I X , 14.

SAN J O S E DE CAXiASANZ, CONFESOR

281

su a d m i r a c i n

Aragn, de Catalua y de Castilla preparan en agradecida las ms altas dignidades, oye resonar en el odo de su alma una voz misteriosa: ACUDE A R O M A ; sal de la tierra de tu nacimiento1; pronto se te aparecer en su celestial belleza la compaera que se te ha destinado, la santa pobreza, que en este momento te invita a las austeras delicias de su alianza; anda, aunque no sepas el camino por donde te llevo2; te har padre de una gran posteridads; te mostrar cunto tendrs que padecer por mi
nombre \ MAESTRO D E S C U E L A . F u e r o n necesarios cuarenta aos de una fidelidad ciega para preparar al elegido del cielo, en la santidad ignorada, a su vocacin sublime. En efecto, nos dice hoy San Juan Crisstomo en nombre de la Iglesia, "qu cosa ms grande que modelar almas, formar las costumbres de los nios? Lo digo ntimamente convencido: sin duda ninguna, est por encima de todos los pintores, sobre todos los que fabrican estatuas, sobre toda clase de artistas, el que sabe modelar almas jvenes" 5 . Jos comprendi la dignidad de su misin: conforme a las recomendaciones del Santo Doctor 6, a lo largo de los cincuenta y dos aos que
1 2 3 4 5

6 Ibd,

Gen., X I I , L. Bebr., X I , 8. Gen., X I I , 2. Acta, I X , 16. Homila sobre

S. Mateo,

LX.

282

EL T I E M P O D E S P U E S DE P E N T E C O S T E S'A-

Dios le conceder vivir todava, nada le p are cer despreciable o bajo en el servicio de i0s pequeos de este mundo; y no le costar nada a travs de la enseanza de las letras, llegar a infundir el temor del Seor 1 a los nios que Se llegan a l. De su residencia de San Pantalen las Escuelas Pas se extiende^ rpidamente toda Italia; luego saltan el mar y los montes y se propagan por Sicilia y Espaa, y los pueblos y reyes se disputan aquel escaso nmero en Moravia, Bohemia, Polonia y pases del Norte. Calasanz quedaba asociado por la eterna Sabidura a su obra salvadora en el mundo 2 ; reconoci sus trabajos esa misma sabidura como lo suele hacer con los privilegiados de su amor, ofrecindoles, segn dice el Espritu Santo, el combate de los fuertes, n el que les da seguridad de la victoria mediante su ayuda, que es ms poderosa que todo lo dems8. A los historiadores de San Jos de Calasanz se les podra exigir el pormenor de las pruebas que hicieron de l un prodigio de la fortaleza4 que hoy nos recomienda la Iglesia; estas pruebas, basadas en calumnias especiosas de algunos falsos hermanos, llegaron hasta la deposicin del Santo y la ruina momentnea de su Orden, que qued reducida al estado de Con1 S a l m o X X X I I I , 12. 2 I b d . C X , 10. 3 Sab., X, 12. 4 L e c c i n del s e g u n d o

Nocturno.

SAN J O S E DE CALASANZ, CONFESOR

283

su muerte, devolvieron * las Escuelas Pas el estado Regular y el ttulo e R e l i g i o s o s &e votos solemnes.
V l D A s a n Jos de Calasanz naci en Espaa, en peralta de la Sal, en 1556. Desde su niez manifest a la Santsima Virgen ternsima devocin. Hizo sus estudios en Estadilla y despus en Lrida y fu ordenado sacerdote en 1583. Nombrado Vicario General por el Obispo de Urgel, se mostr muy caritativo con todas las miserias y trabaj en la reforma eclesistica. Pidi ir a Roma y en 1592 lleg a la Ciudad Eterna, y all vivi cinco aos vida oculta. Pasaba la vida rezando, visitando y cuidando enfermos. Conocedor de la ignorancia religiosa del pueblo, resolvi fundar una "Escuela Pa". En 1621, Pablo V cre una congregacin de los Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pas: Jos quedaba nombrado General al ao siguiente. Las escuelas se multiplicaron, pero surgieron dificultades entre los profesores. Un intrigante le acus ante el Santo Oficio e Inocencio X suprimi las Escuelas Pas. El Santo acept todas sus pruebas en silencio y con resignacin, viendo slo a Dios en los que le perseguan, y muri a los 92 aos, profetizando el restablecimiento futuro de su obra: lo que tuvo lugar en 1656, por voluntad de Alejandro VII. Jos fu beatificado en 1748 por Benedicto XIV y canonizado por Clemente XIII, en 1767. Po XII le ha proclamado patrn de todas las escuelas populares cristianas.

e g a c i n secular. Pero, despus de Alejandro V I I y luego Clemente I X ,

PROTECTOR DE LA INFANCIA. El Seor ha escuchado el deseo de los pobres, se ha adelantado tos deseos de su corazn1, hacindote el man1

Ofertorio;

S a l m o IX, 17.

284

EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES'A-

datario de su amor y poniendo en tus labios ia palabra que El formul el primero: Dejad qUe
los nios se acerquen a m \

Oh Jos, cuntos te debern la felicidaa eterna, porque t y tus hijos habis conservado en ellos la semejanza divina que recibieron en el bautismo, el nico ttulo, del hombre p ara entrar en los cielos2! Bendito seas por haber merecido la confianza de que Jess encomendase a tus cuidados a estos seres tan d b i l e s objeto de su divina predileccin.
LA PRUEBA. Bendito seas tambin por haber justificado mejor todava esta confianza en el Seor, al dar licencia al infierno, como en otro tiempo con Job, de acabar con todo en torno tuyo. No es justo que Dios pueda contar con los suyos de modo inalterable? No resulta de suma conveniencia que, en medio de las defecciones de este triste mundo, justifique ante sus Angeles, su gracia y nuestra pobre naturaleza, manifestando hasta dnde pueden llegar en sus Santos las determinaciones de su voluntad siempre adorada? LAS ESCUELAS P A S . La reparacin que tu confianza invencible esperaba de la Madre de Dios, tena que venir cuando al cielo pluguiese. Oh Jos, ahora cuando ha sonado ya la hora de 1 3. Marcos, 2 Ibd. X, 14.

SANAGUSTIN,O B I S P O Y DOCTOR DE LA IGLESIA

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para las Escuelas Pas, tanto tiempo esperada, bendice a tus hijos, cuyo nmero, en nuestro siglo, crece constantemente; c o n c d e l e s las bendiciones de Jess Nio, y otro t a n t o a los numerosos estudiantes que continan ellos formando en la ciencia cristiana; y a todos lo que dedican sus trabajos y su vida en pro de la juventud, infndeles tu espritu, dales fortaleza; levanta nuestras almas a la altura de las enseanzas de tu heroica existencia.

la res urreccin

2 8 DE AGOSTO

SAN AGUSTIN, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA


EL ALMA DE L O S S A N T O S . "Que admirable es Dios en sus Santos" 1 ! Esta exclamacin del Salmo nos la sugiere la Liturgia casi todos los das. Entre todos los espectculos a propsito para aleg