r-caldas: amor, deseo y sexo en Sartre Andres Klaus Fri, 25 May 2001 [Link] -0700
AMOR, DESEO Y SEXO EN SARTRE por Jeff Mason* En su juventud, Sartre se puso en contacto con una poderosa teora acerca de la existencia humana (la ontologa fenomenolgica), y pens que ella podra resolver nuestros problemas filosficos. Entre otras cosas, hemos sido convocados para describir el fenmeno del amor, el deseo y la intimidad sexual en nuestra relacin con los otros (Sartre denomina a estos modos: 'ser-para-otro/s' y 'ser-para-nosotros'). Nos dice cun importantes son nuestros cuerpos, y cmo nuestra sexualidad es un primer modo de nuestra existencia encarnada. De cualquier manera, su teora es muy restrictiva y no nos permite describir completamente las posibilidades del amor, el deseo y las relaciones sexuales entre los seres humanos. Desafortunadamente, ha tenido que forzar las relaciones interpersonales para que puedan entrar en su teora. En El ser y la nada sartreano no hay manera de que la gente est sexualmente cerca entre s. Puede existir fidelidad y compaerismo hacia una causa, pero las relaciones ntimas entre individuos estn cargadas de dificultad. La dialctica del amor, el deseo y el sexo est perdida, y hemos sido dejados en un juego de espejos donde nunca nadie abandona el crculo de la proteccin personal. Hay una falla para comunicarnos satisfactoriamente con nuestro compaero sexual. Sartre nos deja con una falsa imagen parcializada del amor y el deseo sexual, como una guerra por la vida y la muerte del libre 'ser conciente (de s)'. (A este ser consciente lo llama el 'para- s', porque existe para s mismo, es conciente de su propia existencia). Sartre llega a una discusin acerca del cuerpo y el sexo despus de quitarse siglos de creencias metafsicas en Dios y la inmortalidad del alma. Vemos a la vida humana sobreviviendo en un planeta que no es ni creacin humana ni creacin divina. Dios es meramente una proyeccin que creamos para representar lo que deseamos poder pero nunca puede Ser; esto es, un ser auto-originado, un ser auto-contenido que no necesita de nada mas para Ser, puesto que es, al mismo tiempo, conciente de s mismo y de su propia auto-suficiencia. Nuestro sueo de poseer un ser auto-suficiente se destruye por la contingencia y los acontecimientos de nuestras vidas. Nosotros no tenemos experiencia de un ser necesario, y no se revela ante nosotros bajo ninguna luz natural. Cuando damos una razn religiosa para la existencia, estamos tratando de otorgarnos un ser permanente y un valor hacia nosotros mismos. Nos sentimos estrechamente relacionados con el acontecer y el cambio en un mundo condicionado por las fuerzas de la naturaleza y las fuerzas culturales que nos dan una historia y una situacin particular. Nos experienciamos como un 'vaco' o un 'deseo' para un Ser que nosotros no somos y que nunca podremos ser pero que deseamos haber sido; un extrao de s, o un alma que posee la posibilidad de perfeccin y permanencia. El amor sexual y el deseo son las formas bsicas de cmo tratamos, pero fallamos, de recobrar este Ser, el cual es la ausencia de s. A nosotros, los humanos, nos preocupa el hecho de que no somos "cosas" de la manera en la que las mesas y las sillas lo son. El nuestro es un Ser que se cuestiona acerca de la naturaleza de las mesas y las sillas, y ms an de nosotros mismos. Vivimos en el tiempo como una proyeccin dentro del futuro y, hasta
donde sabemos, la muerte trae el fin de la vida conciente. Necesitamos cosas para vivir, que son definidas como carencias; y es slo por esa ausencia interna que vemos al mundo como una nada intil. Las "cosas" se distinguen, en primera instancia, slo como parte de una instrumentalidad que aspira al logro de futuras metas. No somos completamente "seres", pero s "seres-en-el-mundo", los cuales reconocen situaciones y significados que no son "cosas" sino tambin parte de un proceso de entrega y bsqueda de significado. Adems de Dios, la fenomenologa de Sartre nos hace atravesar la separacin sustancial de "seres concientes" y "cosas inconscientes". l no sostiene que los cuerpos materiales son sustancias no pensantes que existen en el espacio y el tiempo; mientras que los seres conscientes son adems sustancias, pero existen en el tiempo y no en el espacio. Es por ello que Sartre denomina mas bien conciencia a la "nada", y no una cosa. Usualmente nuestra conciencia es consciente de un objeto fuera de s misma, y es all donde cada uno de nosotros es una forma nica de no ser una cosa con un conjunto de propiedades. En cambio, esta nada o accin de ser trascendental y fctico, es nuestra libertad de responder a todas las contingencias que el mundo real nos pone en nuestro camino. Debemos vivir sin la posesin de un ser esencial, sin destino, y sin excusas. Nuestra "facticidad" es la conexin que la conciencia tiene de un mundo fuera de s misma; no de su propia eleccin, esto incluye: nuestro cuerpo, nuestro pasado, pares humanos, lenguaje, muerte, y todo el resto. Estamos siempre yendo ms all de lo que relativamente nos es dado con relacin a un futuro proyectado. La fenomenologa describe las cosas como se nos aparecen y nos trae delante las estructuras que confieren significado en el mundo. Ningn tipo de tpico le es tab, incluso el cuerpo y la sexualidad humana. Justamente, estos son temas descuidados en filosofa porque no son lo suficientemente generales. Desde una perspectiva filosfica desencarnada, el cuerpo humano es slo una instancia del cuerpo en general, y la sexualidad proviene del cuerpo. Estas cuestiones son un territorio ms acaparado por los moralistas y psiclogos que por los filsofos. A Sartre debe acreditrselo por plantear estos temas y mostrarlos desde una significacin filosfica. Sin embargo, hay un definitivo prejuicio contra el cuerpo, el sexo y la facticidad en la filosofa sartreana que se retrotrae, por lo menos, hasta Scrates y Platn. Mientras que ellos y otros separaron el alma del cuerpo, estos elevaron el alma a un lugar lejos de las vicisitudes del cuerpo. El cuerpo es imperfecto y propenso al cambio. El alma, en cambio, es incorruptible, inmutable, y est conectada a una esfera eterna y fuera de peligro de la desintegracin corporal. Esta actitud fue planteada y confirmada a una nueva escala por los pensadores cristianos quienes dieron por sentada la distincin entre el alma y el cuerpo, y construyeron su teologa alrededor de ese dogma. De cualquier modo, mas que la Idea de Bien platnica es ahora Dios quin nos llama a una vida eterna que deja atrs nuestra existencia animal. El cuerpo se vuelve carne, y todo aquello a lo que est ligado se convierte en una trampa y un engao. Los placeres corporales son denunciados, y el placer intenso del sexo fsico se vuele un pecado fuera del matrimonio. Sartre reconoce que nuestra vida consciente depende de nuestros cuerpos. Nosotros "los" vivimos. Una de las maneras de "vivir" nuestros cuerpos es adoptando un modo sexual de ser-en-el-mundo. An siendo controvertido, Sartre argumenta que nuestras vidas sexuales no son slo el resultado de la biologa, sino de elecciones y conductas que adoptamos en un mundo que contiene diversas formas sociales de conductas sexuales.
No obstante, Sartre est profundamente imbuido en una larga tradicin filosfica de la cual intenta trascender. Denuncia la distincin cartesiana entre sustancia material y sustancia mental, pero distingue ser-para s de ser-en s de una manera que arrastra consigo algunas desafortunadas connotaciones de la antigua tradicin de la dualidad filosfica y teolgica. Por ejemplo, consideremos un elemento del pensamiento acerca de la mujer en El ser y la nada y en sus obras y novelas. La mujer viene a representar el ser-en-s, pero ser-en-s es ser un ser no-consciente. Sin decir exactamente eso, Sartre convierte a la mujer en inmanencia, en cosas pasivas imposibilitadas de aseverarse a s mismas como seres conscientemente libres; existen bajo la percepcin que les emana de su ser asociado a la facticidad de un cuerpo. Son tratadas como una amenaza para la accin, elegidas libremente por los hombres. Esta asociacin pasiva entre las mujeres y la actividad de los hombres deforma la posible imagen sartreana acerca de las relaciones de amor, deseo y sexo. Oficialmente, el para-s no es genrico. La conciencia humana es originalmente pre-personal. Sartre dice que est describiendo la experiencia humana, pero llega a su cometido con una idea previa acerca de lo que estar en la descripcin. Nos dice que la nica cosa que podemos hacer, cuando los otros nos miran con amor y deseo, es acaparar o capturar la libertad de ese otro antes de que ste lo haga con nosotros. El peligro y el juicio estn al acecho en la mirada de nuestro espectador. Nunca sabemos con exactitud lo que la otra persona piensa de nosotros. Podemos tener indicios -de vez en cuando- de cmo es nuestra apariencia para los otros, pero nunca obtenemos una mirada directa de nosotros mismos a travs de los ojos del otro. No hay un fundamento de confianza que sea definitivo. El otro es siempre una amenaza ontolgica. El cuerpo nos hace vulnerables para la mirada del otro. Nos sita como un objeto entre otros en un mosaico emprico de espacio y tiempo. Un mdico ve nuestro cuerpo del modo en que nos lo examina. Para observar el cuerpo hay que transformarlo en objeto, del mismo modo que algo es observado en un microscopio. Mi cuerpo me brinda perspectiva en el mundo, pero otros lo ven desde afuera. An cuando veo mi reflejo en un espejo, no me veo a m mismo como lo hacen los otros. No tenemos control de cmo somos vistos por los dems. La mirada de los otros nos convierte en objetos; igual lo hace nuestra mirada con quienes nos rodean. Este proceso de objetivacin significa que, para el pensamiento de Sartre, la mirada de mutuo reconocimiento en el rostro de dos pares es una idea que resulta extraa. Siempre hay una medida de confianza envuelta tanto en el amor como en la amistad debido a que podemos ser sombras mutuamente. Esta confianza es imposible de justificarse si uno se detiene en la visin sartreana de las relaciones interpersonales en El ser y la nada. Cmo se agota esto con relacin al amor, el deseo, y la vida sexual humana? Sartre argumenta que el amor sexual y el deseo son estrategias perpetuas para satisfacer nuestro deseo ferviente de mantener la trascendencia (conciencia) sin ansiedad. Cada una es un intento fallido de la conciencia de adquirir un ser mediante la captura o manipulacin de su conciencia de s. Nuestra naturaleza sexual, argumenta, no se satisface por orgasmos o realizaciones fsicas en soledad, aspira a algo infinito que llene el vaco que nos define. Desde que somos definidos como carencias, an lo que utilicemos para remediar ese vaco, es por s misma una carencia. No podemos escapar a nuestra finitud y contingencia, excepto en un sueo de pura trascendencia, como el sueo de la vida en el Cielo. La teora de Sartre lo fuerza a enfrentarse con la sexualidad como un modo de experiencia corporal, lo cual parece inquietarlo. Parece
desconforme de su facticidad y el modo en que el cuerpo se la recuerda; eso implica una preocupacin acerca de su ser corpreo para los otros y a su vez, el ser corpreo de stos para l. Sin un ser sustancial en el cual volver a caer, el cuerpo se convierte en el vehculo de nuestro ser-en-el-mundo. Nuestro cuerpo nos arroja a un mundo contingente. El sexo envuelve al cuerpo de maneras cruciales. La teora de Sartre toma algunas fantasas sexuales comunes como la dominacin y la sumisin y hace de ellas el sine qua non de unas fallas metafsicas para conseguir la recuperacin acabada de ese ser alienado; el profundo ser que es confirmado por la mirada y las acciones del amado. Sartre es un purista quin ve al deseo sexual como algo impuro debido a su conexin con el cuerpo. El amor, para Sartre, es el intento de capturar la libertad del ser querido transformndolo en un objeto irresistible, fascinante y hasta mgico. Es importante realizar esto porque los ojos de los otros son espejos en donde nos vemos proyectados. Ser mirado con amor es tener firmeza del ser propio de un modo tal que uno nunca podra afirmarlo por s mismo, desde el momento en que el ser que est siendo afirmado puede ser removido o puede estar en los brazos de otra persona. Luego, el proyecto del amor fracasa; debido a la amplitud que se logra al capturar el amor del otro el significado se escapa, puesto que aquel amor que no es dado libremente se vuelve intil. El deseo es la otra estrategia sartreana que nos permite tratar con la mirada deseosa del otro. Aqu, es el intento de prevenir al otro de la mirada hacia nosotros y juzgarnos desde el exterior. El deseo de otro es una trampa que debe ser conocida por medio del cario. Ac Sartre tiene la extraa idea de que mediante el cario uno intenta transformar al otro en una carne inerte, introvertida y desinteresada de cualquier cosa externa relacionada con los sentimientos y sensaciones corporales. El problema aqu es que convertir a alguien en carne implica necesariamente convertirse tambin uno en carne, ya que es slo mediante nuestro cuerpo que podemos tocar a otro, y en consecuencia, se pierde la libertad (conciencia) que se esta tratando de arrancar del otro. En la frustracin el amante se encuentra en dimensiones desesperantes. A pesar de esto, el amor y el deseo las transforman a stas en sadismo y masoquismo. En ambos casos, alguien es transformado en objeto. El objetivo es estar libre del riesgo emocional que envuelve cualquier relacin humana ntima, y las relaciones sexuales estn particularmente cargadas debido a los placeres corpreos que las atraviesan. El sdico se adhiere a la pura trascendencia y libertad, mientras que el masoquista intenta entregar libertad y convertirse en una pura cosa para el otro (pura facticidad). El sdico desea tocar sin ser tocado, el masoquista desea ser tocado sin tocar. El cario, en El ser y la nada, es decididamente una postura personal. Sartre parece pensar que cuando uno es tocado, la carne se vuelve inerte y pasiva. Parece estar atrado y repelido por las partes del cuerpo de la mujer; el cuerpo carnoso. Tiene algunas cosas que decir de manera no placentera acerca de lo obsceno del cuerpo femenino y de su rol reproductivo. Sartre encuentra en el cuerpo de una mujer desnuda el recuerdo de un cadver, y lo disuade de cualquier idea de contacto fsico y la prdida de control que implica el sexo. Est inmovilizado en una fantasa sexual. Parece una idea lejana decir que al descubrir el cuerpo como carne ste se vuelve pasivo e inerte como un objeto en una tabla de diseccin. Haciendo el amor es como se descubre un cuerpo 'viviente'. No es la prdida de la libertad, sino una posibilidad de ella. El entrelazamiento del cuerpo y la mente en el amor sexual nos revela como cuerpos y sujetos, pero esto no encaja en las regiones del Ser que Sartre ha
trazado para nosotros. Recibiendo y dando placer y afecto se manchan las fronteras del "para-s" y del "en-s". A pesar de que algunas patologas y fantasas sexuales o amorosas existen del modo en que Sartre las describe, su desarrollo no hace justicia a otras posibilidades ms positivas. Traduccin: Deborah Chabes El presente artculo fue gentilmente cedido por el Dr. Jeremy Stangroom, Director de la revista "The Philosophers Magazine", [Link] Gran Bretaa, bajo la autorizacin de su autor Jeff Mason. *El Dr. Jeff Mason es Profesor de Filosofa en el Irvine College, en la Universidad de California. Actualmente trabaja en la publicacin de un libro sobre Meditaciones filosficas para principiantes. ========================================================================= ==== Si necesita retirarse de la lista envie un mensaje a: [EMAIL PROTECTED] con una unica linea : unsubscribe r-caldas Para inscribirse en la lista envie un mensaje a [EMAIL PROTECTED] con una unica linea : subscribe r-caldas Los mensajes que circulan en la lista los puede consultar en : [Link]
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