Reseñas sobre ecología y filosofía
Reseñas sobre ecología y filosofía
Para Jordi Mir Garcia, por su generosa amistad. En agradecimiento de sus permanentes lecciones de ternura.
Confucio en Die Fackel [La Antorcha]: "Si los conceptos no son correctos, las palabras no son correctas; si las palabras no son correctas, los asuntos no se realizan; si los asuntos no se realizan, no prosperan ni la moral ni el arte, la justicia no acierta; si la justicia no acierta, la nacin no sabe cmo obrar. En consecuencia, en las palabras no debe haber nada incorrecto. Esto es lo que importa". Karl Kraus
Si volviera a ser joven ahora [...] no tratara de convertirme en cientfico o profesor, preferira ser fontanero o vendedor ambulante, con la esperanza de disponer as de ese modesto grado de independencia todava asequible en las actuales circunstancias. Albert Einstein, The Reporter (18/11/1954)
Entonces se descubri una forma de evitar la enfermedad. sta consiste en poner en duda que lo que se est transmitiendo desde el pasado es realmente verdadero, y tratar de encontrar ab initio, de nuevo a partir de la experiencia, cul es la situacin, antes que confiar en la experiencia del pasado tal como se ha transmitido. Y eso es la ciencia: el resultado del descubrimiento de que vale la pena volver a comprobar por nueva experiencia directa y no confiar necesariamente en la experiencia del pasado. As lo veo. sta es mi mejor definicin. Richard P. Feynman, El placer de descubrir
La libertad, Sancho, es uno de los ms preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, as como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres Miguel de Cervantes, El Quijote, II, 58.
NDICE. Presentacin. I. Ecologa, ecologismo 1. Crnica de un desastre anunciado. Franz J. Broswimmer, Ecocidio. Breve historia de la extincin en masa de las especies. 2. El debate sobre la gestin econmica de los recursos naturales y el medio ambiente. scar Carpintero Redondo, Entre la economa y la naturaleza. La controversia sobre la valoracin monetaria del medio ambiente y la sustentabiidad del sistema econmico. 3. Libro modlico. scar Carpintero, La bioeconoma de Nicholas GeorgescuRoegen. 4. Crecer, objetivamente, es crecer? Clive Hamilton, El fetiche del crecimiento. Colectivo revista Silence, Objetivo decrecimiento. Podemos seguir creciendo hasta el infinito en un planeta finito?. 5. El guardin entre la finitud. Jorge Riechmann, Gente que no quiere ir a Marte. Ensayos sobre ecologa, tica y autolimitacin. 6. Por senderos de armona. Estefana Blount, Luis Clarimn, Ana Corts, Jorge Riechmann, Dolores Romano (coords.) Industria como naturaleza. Hacia la produccin limpia 7. La naturaleza como fuente de inspiracin. Jorge Riechmann, Biommesis. Ensayos sobre imitacin de la naturaleza, ecosocialismo y autocontencin. 8. Como abejas de lo invisible. Joaqun Nieto y Jorge Riechmann (coords). Sustentabiidad y globalizacin. Flujos monetarios, de energa y de materiales. 9. Para percibir el autntico poder de la armona. Jorge Riechmann (coord), tica ecolgica. Propuestas para una reorientacin. 10. Cuadro verde con tonalidades rojizas. ngel Valencia Siz (ed), La izquierda verde. 11. Historia de un trascendental descubrimiento cientfico. Spencer Weart, El calentamiento global. II. Filosofa
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1. Las slidas razones del sistemismo. Mario Bunge: La relacin entre la sociologa y la filosofa. 2. Modesta aproximacin a un libro de referencia. Miguel Candel, El nacimiento de la eternidad. Apuntes de filosofa antigua. 3. Dos en uno. Franois Cusset, French Theory. Foucault, Derrida, Deleuze & Cia, y las mutaciones de la vida intelectual en Estados Unidos. 4. La alargada sombra del teorema de Gdel. Rgis Debray y Jean Bricmont, A la sombra de la Ilustracin. Debate entre un filsofo y un cientfico. 5. Popper, Wittgenstein, el atizador y su traduccin. David J. Edmonds y John A. Eidonow, El atizador de Wittgenstein 6. Memorias de un profesor que fue maestro de muchos. Juan Carlos GarcaBorrn, Espaa siglo XX. Recuerdos de observador atento. 7. Para un proyecto de tica mundial. Hans Kng y Karl-Josef Kuschel (eds), Ciencia y tica mundial. 8. A favor de la verdad. Michael P. Lynch, La importancia de la verdad. Para una cultura pblica decente. 9. Filosofa analtica en estado puro. Manuel Prez Otero, Esbozo de la filosofa de Kripke.. 10. Una biografa excelente. Terry Pinkard, Hegel 11. Rompiendo olas y abismos injustificados. Hilary Putnam, El desplome de la dicotoma hecho-valor y otros ensayos. 12. Un clsico de un clsico. Williard Van Orman Quine, Desde un punto de vista lgico. 13. Bondad y brevedad. John R. Searle, Libertad y neurobiologa. Reflexiones sobre el libre albedro, el lenguaje y el poder poltico. 14. Del otro lado del Atlntico. Gabriel Vargas Lozano Esbozo histrico de la filosofa en Mxico (siglo XX) y otros ensayos. III.Filosofa de la ciencia.
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1. Destacable aproximacin a la mecnica cuntica. Georges Charpak y Roland Omns, Sed sabios, convertos en profetas 2. Ciencia con tica. Xavier Domnech, Qumica verde. 3. A la altura de los cuartetos de Beethoven. Antonio Fernndez-Raada, Ciencia, incertidumbre y conciencia. Heisenberg. 4. No era de una poca, sino para todos los tiempos. Richard P. Feynman, El placer de descubrir. 5. El legado de un cientfico humanista. Stephen Jay Gould, La estructura de la teora de la evolucin. 6. En una de las fronteras. Jess Mostern y Roberto Torretti, Diccionario de lgica y filosofa de la ciencia. 7. A favor de la fertilidad cruzada y de la libertad como no dominacin. Flix Ovejero Lucas. El compromiso del mtodo. En el origen de la teora social postmoderna, y Flix Ovejero Lucas, Jos Luis Mar, Roberto Gargarella (compiladores). Nuevas ideas republicanas. Autogobierno y libertad. 8. Contra las franjas lunticas. Robert L. Park, Ciencia o vud. De la ingenuidad al fraude cientfico. 9. Ideas y opiniones de un Nbel de fsica. Steven Weinberg, Plantar cara. La ciencia y sus adversarios culturales. IV.Filosofa poltica. 1. El sentido de la democracia. Cornelius Castoriadis, Democracia y relativismo. Debate con el MAUSS. 2. El compromiso del filsofo: fronteras abiertas. Michael Dummett, Sobre inmigracin y refugiados. 3. Con la boca bien abierta. Francisco Fernndez Buey, tica y filosofa poltica. 4. Recuperacin del todo perdido. Francisco Fernndez Buey, Politica.
5. Bondad y brevedad. Philippe van Parijs y Yannick Vanderborght, La renta bsica. Una medida eficaz para luchar contra la pobreza. 6. Conversaciones con un ironista liberal, tenaz defensor del sueo americano. Richard Rorty, Cuidar la libertad. Entrevistas sobre poltica y filosofa 7. Del inodoro. Rafael Snchez Ferlosio, Non olet 8. Prctica poltica y reflexin terica: ciudadana y nuevas formas democrticas en construccin. Hilary Wainwright, Cmo ocupar el Estado. Experiencias de democracia participativa. 9. Aviso urgente: las desigualdades sociales perjudican gravemente a la salud. Richard Wilkinson, Las desigualdades perjudican. Jerarquas, salud y evolucin humana. V. Derechos de los animales. 1. Ensanchando el mbito tico. Jorge Riechmann, Todos los animales somos hermanos. Ensayos sobre el lugar de los animales en las sociedades industrializadas. 2. Cultura en la naturaleza y naturaleza en la cultura. Frans de Waal, El simio y el aprendiz de sushi. Reflexiones de un primatlogo sobre la cultura. VI. Franquismo. 1. Una llamada que son como sirena. Niall Binns, La llamada de Espaa. Escritores extranjeros en la Guerra civil. Montesinos, Barcelona 2004, 362 pginas. 2. Una aproximacin a los intentos de legitimacin poltica del franquismo. Carme Molinero, La captacin de las masas. Poltica social y propaganda en el rgimen franquista. 3. Unas memorias, una presentacin y un curioso prlogo. Miguel Nez, La revolucin y el deseo. Memorias 4. Singular escritura y no menos curiosa reflexin. Arnau Puig, Dau al set, una filosofa de la existencia.. 5. Espaa como inmensa prisin. J. Sobrequs, C. Molinero, M. Sala (eds), Los campos de concentracin y el mundo penitenciario en Espaa durante la guerra civil y el franquismo. C. Molinero, M. Sala y J. Sobrequs (eds), Una
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inmensa prisin. Los campos de concentracin y las prisiones durante la guerra civil y el franquismo. Margarita Sala (coordinacin), Catlogo de la exposicin Las prisiones de Franco. David Ginard i Fron, Matilde Landa. De la Institucin Libre de Enseanza a las prisiones franquistas.
VII. Globalizacin. 1. En el corazn de las tinieblas. El lado oscuro de la globalizacin. David Dusster, Esclavos modernos. Las vctimas de la globalizacin. 2. Razonables propuestas para un turismo responsable. Jordi Gascn y Ernest Caada, Viajar a todo tren. Turismo, desarrollo y sostenibilidad. 3. Del comercio justo y del minicrdito: Quo vadis? Xavier Montagut y Esther Vivas (coords). Adnde va el comercio justo? Modelos y experiencias. ngel Font, Microcrditos. La rebelin de los bonsis. Reflexiones sobre el impacto de los microcrditos en la reduccin de la pobreza. Icaria, Barcelona, 110 pginas. 4. Un libro militante. Xavier Montagut y Fabrizio Dogliotti, Alimentos globalizados. Soberana alimentaria y comercio justo. 5. La resolucin del misterio de la trinidad neoliberal. Richard Peet (y colaboradores), La maldita trinidad. El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organizacin Mundial del Comercio. 6. Con letra de Eugne Pottier y al comps de la Internacional. Francisco Fernndez Buey, Gua para una globalizacin alternativa. Otro mundo es 7. Lo pequeo es hermoso e interesante. Jos Luis Sampedro, El mercado y la globalizacin. 8. Piratas en accin. Vandana Shiva. Proteger o expoliar? Los derechos de propiedad intelectual. Vandana Shiva. Cosecha robada. El secuestro del suministro mundial de alimentos. Paids, Barcelona 2003. Traduccin de Albino Santos Mosquera 9. La impudicia publicitaria del capitalismo. Juliet B. Schor, Nacidos para comprar. Los nuevos consumidores infantiles. VIII. Historia. 1. Ascenso y cada de una abyeccin. Ferran Gallego, De Mnich a Auschwitz. Una historia del nazismo, 1919-1945.
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2. Seis personajes en marco atmico. John Hersey, Hiroshima 3. Las razones de una disidencia. Edward W. Said, Crnicas palestinas. rabes e israeles ante el nuevo milenio. IX. Historia de la ciencia. 1. Religin e instituciones religiosas versus ciencia. Antonio Beltrn, Galileo, ciencia y religin. 2. Mujeres de ciencia. Mara Jos Casado Ruiz de Lizaga, Las damas del laboratorio. Mujeres cientficas en la historia. Dava Sobel, Los planetas. 3. Anatoma de un asesinato. Maria Dzielska, Hipatia de Alejandra. . 4. Del alma y sus nmeros. Pedro Miguel Gonzlez Urbaneja, Pitgoras: el filsofo del nmero. 5. Seis ensayos de un gran historiador. Gerald Holton, Ciencia y anticiencia. 6. En honor del espritu humano y al servicio de otros asuntos. Antonio Martinn (editor-coordinador), Las matemticas del siglo XX. Una mirada en 101 artculos (M XX). 7. Divertimento matemtico. Mario Livio, La proporcin urea. La historia de phi, el nmero ms enigmtico del mundo. Lamberto Garca del Cid, La sonrisa de Pitgoras. Matemticas para diletantes. Adrin Paenza, Matemtica, ests ah? Sobre nmeros, personajes, problemas y curiosidades. Bernardo Recamn, Las nueves cifras y el cambiante cero. Divertimentos matemticos. David Berlinski, Ascenso infinito. Breve historia de las matemticas. Charles Seife, Cero. La biografa de una idea peligrosa. Antonio Crdoba Barba, La saga de los nmeros. Nmero, conjuntos y demostraciones. X. De la instruccin pblica 1. La filosofa en primaria. Joanna Haynes, Los nios como filsofos. El aprendizaje mediante la indagacin y el dilogo en la escuela primaria. 2. Ciencia para la ciudadana. Jean-Marc Lvy-Leblond, La piedra de toque. La ciencia a prueba. 3. Revulsivo antipedaggico. antipedaggico? Ricardo Moreno Castillo,
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Panfleto
4. En aras de la instruccin pblica. Fundacin Ecologa y Desarrollo (coords), Por una nueva educacin ambiental. Para lectores de 12 a 20 aos. Jorge Riechmann, Qu son los alimentos transgnicos. 5. Para contar interesantes historias (cientficas). Bettina Stiekel (ed), Los nios preguntan, los premios Nobel contestan. 6. Dilogos (no insustanciales) sobre tica. Ernst Tugendhat, Celso Lpez y Ana Mara Vicua, El libro de Manuel y Camila. XI. Intervenciones polticas. 1. Contra el (hispnico) revisionismo histrico. Vicente Navarro, Bienestar insuficiente, democracia incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro pas. 2. Slidas razones socialdemcratas. Vicen Navarro, El subdesarrollo social de Espaa. Causas y consecuencias. 3. Una breve aproximacin al estado del mundo. Ignacio Ramonet, Guerras del siglo XXI. Nuevos miedos, nuevas amenazas. 4. Para todos con el asenso de (casi) todos? Daniel Ravents (Coord). La Renta Bsica. Por una ciudadana ms libre, ms igualitaria y ms fraterna. 5. Desde un punto de vista estrictamente tico. Peter Singer, El presidente del bien y del Mal. Las contradicciones ticas de George W. Bush. 6. Miradas complementarias con matices disidentes. Stephen Smith, Negrologa. Por qu frica muere. Bru Rovira, fricas. Cosas que pasan no tan lejos. RBA, Barcelona, 2006, 266 pginas. XII. Marxismos 1. El sentido de la democracia. Cornelius Castoriadis, Democracia y relativismo. Debate con el MAUSS. 2. Encomiable sensatez analtico-marxista. Terry Eagleton, Ideologa. Una introduccin 3. Movimiento de apertura hacia nuevas indagaciones. Terry Eagleton, Despus de la teora. 4. Intervencin en la vida. Erich Fried: Amor, duelo, contradicciones.
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Antologa
5. Autobiografa de un historiador que nunca se ha puesto unos vaqueros. Eric Hobsbawm, Aos interesantes. Una vida en el siglo XX. 6. Repensando (con mirada socialista) la tradicin socialista. Flix Ovejero Lucas, Proceso abierto. El socialismo despus del socialismo. 7. Un Marx sin marx(ismo): crtica de una idea peligrosa. Maximilien Rubel, Marx sin mito. 8. Biografa de un hombre que admiraba a Espartaco y a Johannes Kepler. Francis Wheen, Karl Marx. XIII. Nacionalismos 1. Crtica de la crtica acrtica. Francesc-Marc lvaro, Els assassins de Franco (en colaboracin de Jordi Mir Garcia). 2. Del nacionalismo realmente existente. Jess Royo Arpn, Argumentos para el bilingismo. 3. Los nacionalismos en la historia. Antonio nacionalismos. De los orgenes a la globalizacin. R. Santamara,
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4. Un sofisticado ontoepistemlogo en el pas de las maravillas nacionalistas. Carlos Ulises Moulines, Manifiesto nacionalista (o hasta separatista, si me apuran). XIV. Poltica de la ciencia 1. La ciencia bajo el nazismo: compromiso y responsabilidad de los cientficos. John Cornwell, Los cientficos de Hitler. Ciencia, guerra y el pacto con el diablo. 2. Con la gente. Silivo O. Funtowicz-Jerome R. Ravetz, La ciencia posnormal. Ciencia con la gente. 3. El Hoover-macartismo contra Einstein. Fred Jerome, El expediente Einstein. 4. Contra una nueva fase del expolio. Martin Khor, El saqueo del conocimiento. Propiedad intelectual, biodiversidad, tecnologa y desarrollo sostenible.
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5. Ciencia y beneficios.Jorge Riechmann, Cultivos y alimentos transgnicos. Una gua crtica. Carlos Amorn, Las semillas de la muerte. Basura txica y subdesarrollo: el caso de Delta&Pine.. 6. Con razones excelentes. Jorge Riechmann y Joel Tickner (coords), El principio de precaucin. En medio ambiente y salud pblica: de las definiciones a la prctica. 15. Software libre. 1. Contra la apropiacin privatista del software. Pekka Himanen, La tica del hacker y el espritu de la era de la informacin. 2. Cooperacin voluntaria. Richard M. Stallman, Software libre para una sociedad libre.
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Presentacin Haba escrito alguna resea en los aos noventa pero fue en el nmero 141 de El Viejo Topo de junio-julio de 2000 cuando publiqu Controvertidos asuntos. Se trataba de un breve comentario sobre tica y poltica poltica, un ensayo que Francisco Fernndez Buey haba publicado recientemente en las Ediciones Bellaterra de Barcelona. Al cabo de los aos, pensando con calma, no se me ocurre mejor inicio. Con apoyo y complicidad de Miguel Riera, el tenaz y admirable director de El Viejo topo, he ido escribiendo reseas mensuales que se han publicado en la revista a lo largo de estos siete aos. Hasta el mes de abril de 2007, ciento una, si no he perdido la cuenta o no he extraviado alguna. Creo que todas ellas estn aqu recogidas. He aadido tres o cuatro comentarios que haban sido publicados en Daphnia, la excelente revista del Instituto ISTAS de Comisiones Obreras. El volumen est organizado a partir de una distribucin temtica de las reseas. De forma laxa, muy laxa. Quince secciones en total. Desde ecologa y ecologismo hasta software libre pasando por marxismo, filosofa de la ciencia, filosofa poltica o derechos de los animales. Como no podra ser de otra forma, no todos los apartados estn igualmente poblados. Dentro de cada apartado, las reseas aparecen por orden alfabtico del autor del libro comentado, no por orden cronolgico. He pensado que ste era un dato poco significativo para el lector. No he fechado los textos pero, en su gran mayora, fueron escritos pocos meses despus de la edicin castellana del libro comentado cuya fecha de edicin s que viene indicada. Tampoco he efectuado revisiones. Me ha parecido que era mejor dejar las cosas tal como estaban. Desde luego, no estoy totalmente seguro de suscribir ahora, en todos los casos, lo que en su momento pude comentar o pensar (Mejor dicho: estoy casi seguro que no escribira sin modificaciones lo que en su momento pude apuntar. Dejmoslo, pues, de esta forma). No es fcil el gnero de las reseas. Ledas las que aqu se incluyen es fcil observar que no todas ellas estn escritas con el mismo entusiasmo, con la misma documentacin y con el mismo espritu crtico. Me da la sensacin, que el lector o lectora no dejar de observar, que en algunos momentos el desacuerdo intelectual o, por el contrario, la entrega entusiasta fueron sentimientos subterrneos y algo incontrolados, en ningn caso pertinentes. Disculpas por ello. Sea lo que haya sido, siempre he intentado intentado, no logrado- ser temperado y ecunime en mis comentarios. He aspirado en estos textos a lo que me parece esencial en cualquier resea: incitar a la lectura de la obra comentada si es el caso; sealar el asunto central del ensayo y sus mejores prendas, as como sus puntos menos conseguidos; resaltar algn asunto no central pero cuya presentacin merece
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ser destacada; apuntar algunos de los senderos indicados. Etc. Espero haber rozado estos desiderata en alguna ocasin. Se admitir el torpe juego matemtico-telefnico del ttulo de la recopilacin. Hubiera sido un disparate usar, como era pertinente, 101 reseas. Su asociacin con 101 dlmatas -uno de los peores ataques a la sensibilidad infantil o adulta que conozco en estos ltimos 50 aos, por no hablar de sus prolongaciones posteriores- hubiera sido inevitable. Por lo dems, los presupuestos terico-polticos desde los que estn elaboradas estas textos son casi transparentes: inters por el conocimiento cientfico, no por el cientificismo, sin entreguismo acrtico; neto reconocimiento por la filosofa amiga de otros saberes, modesta en su hacer y clara en su decir; apertura al estudio de temas no transitados en las diversas tradiciones emancipatorias; consideracin de que el marxismo no es una tradicin finiquitada, y, finalmente, una apuesta poltica actual, no mero recuerdo histrico, por el socialismo en serio (y con humor) y por el republicanismo tambin en serio (y con no menos humor). En buena compaa por lo dems. Don Antonio Machado, uno de los grandes poetas espaoles del siglo XX, y de todos los siglos, lo expres as un primero de mayo de 1937, ante un congreso de las juventudes socialistas unificadas: Desde un punto de vista terico, yo no soy marxista, no lo he sido nunca, es muy posible que no lo sea jams. Mi pensamiento no ha seguido la ruta que desciende de Hegel a Carlos Marx. Tal vez porque soy demasiado romntico, por el influjo, acaso de una educacin demasiado idealista, me falta simpata por la ideal central del marxismo, me resisto a creer que el factor econmico, cuya enorme importancia no desconozco, sea el ms esencial de la vida humana y el gran motor de la historia. Veo, sin embargo, con entera caridad, que el Socialismo, en cuanto supone una manera de convivencia humana, basada en el trabajo, en la igualdad de los medios concedidos a todos para realizarlo, y en la abolicin de los privilegios de clase, es una etapa inexcusable en el camino de la justicia; veo claramente que es sa la gran experiencia humana de nuestros das, a la que todos de algn modo debemos contribuir. No estoy seguro que al final de sus das Antonio Machado no fuera marxista, con toda la heterodoxia con la que se quiera matizar el trmino. Conjeturo igualmente que, esta vez, el gran poeta err en su consideracin de la idea central del marxismo. Pero creo, como y con l, que el socialismo, a pesar de la lluvia y del inmenso granizo que ha cado, sigue siendo una etapa inexcusable en el largo camino de la justicia que, ms all de las diferencias conceptuales y polticas que puedan tenerse sobre esta sin duda borrosa nocin, hay que recorrer con urgencia y sin descanso. Son gritos en
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el cielo y en la tierra son actos, dijo gritando y haciendo otro poeta tambin republicano y socialista.
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(E.T.) El mundo se nos va volviendo tan ajeno y tan inhspito, que pronto seremos los hombres, los terrestres mismos, los que mirando y sealando al planeta ms remoto digamos. Mi casa! Mi casa!. Rafael Snchez Ferlosio, Vendrn ms aos malos y nos harn ms ciegos Como bilogo, he llegado a esta conclusin: hemos alcanzado un punto crtico en la ocupacin humana de este planeta. El medio ambiente es un sistema complejo, delicadamente equilibrado, y este conjunto ntegro recibe el impacto de todas las agresiones infligidas separadamente por los agentes contaminadores. Jams, en la historia de la Tierra, se ha sometido su tenue superficie sustentadora de vida a unos agentes tan activos, variados y asombrosos. Creo que los efectos acumulativos de esos contaminadores, sus acciones interdependientes y su amplificacin, pueden ser fatales para la compleja trama de la biosfera. Y como el hombre es, en definitiva, una parte dependiente de ese sistema, pienso que la contaminacin persistente del orbe -si no se impone una supervisin rigurosa- destruir la adaptabilidad de este planeta para la vida humana. Barry Commoner (1966), Ciencia y supervivencia
El mercantilismo ha osado usar como tablones de anuncio hasta los umbrales de nuestra conciencia. Karl Kraus
1.Ecologa, ecologismo
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1. Crnica de un desastre anunciado Franz J. Broswimmer, Ecocidio. Breve historia de la extincin en masa de las especies. Editorial Laetoli, Pamplona, 2005, 318 pginas.
Antes de la aparicin de los seres humanos, la extincin anual de especies giraba en torno a una por milln (0,0001%); en la actualidad es de una por cada mil especies: 0,1%, 1.000 veces ms que los niveles prehumanos. El homo sapiens lleva existiendo poco ms de 130.000 aos, pero haran falta entre 10 y 25 millones de aos para que el proceso natural rectificara la devastacin de la biodiversidad terrestre desencadena por las sociedades humanas, especialmente por las generaciones ms recientes. Recordemos que hace apenas dos siglos miles de millones de palomas migratorias poblaban el paisaje de Estados Unidos, que 60 millones de bisontes vivan en las llanuras norteamericanas, que entre 30 y 50 millones de tortugas marinas gigantes vivan en el mar del Caribe, que hace slo 100 aos el oso blanco -nuestro oso polar- poblaba los bosques de Nueva Inglaterra, etc. Se entender entonces la forma en que Franz J. Broswimmer define la categora que da ttulo a su ensayo. Ecocidio es el conjunto de acciones realizadas con la finalidad de perturbar o destruir, total o parcialmente, un ecosistema humano. Comprende, entre otros ejemplos, el uso de armas de destruccin masiva (nucleares, qumicas o bacteriolgicas); el intento de provocar desastres naturales (terremotos, erupciones volcnicas, inundaciones); la utilizacin militar de defoliantes (Vietnam); el uso de bombas para alterar la calidad de los suelos o aumentar el riesgo de enfermedades, o la expulsin a gran escala, por la fuerza y de forma permanente, de seres humanos o animales de su lugar natural. La nocin describe los destructores modelos productivos contemporneos que conllevan la degradacin medioambiental global hasta lmites impensables hace pocas dcadas (slo en los ltimos 50 aos, las acciones humanas han introducido en la diversidad de vida del planeta cambios mayores que los ocurridos en cualquier otra poca de la historia), y la extincin antropognica en masa de las especies. No sabemos el nmero exacto de especies que pueblan la Tierra (se han catalogado 1.700.000 de un total que vara, segn autores, entre 5 y 30 millones) pero s sabemos que diariamente desaparecen ms de 100: entre 2000 y 2002 la lista de especies animales amenazadas pas de 10.000 a 16.000; contando las plantas, existen actualmente 76.000 especies amenazadas, tantas como las especies vivas que podemos considerar bien conocidas. La situacin, sin alarmismo alguno, no parece que vaya a corregirse fcilmente: recordemos el reciente
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fracaso en la cumbre de Curitiba (Brasil), de la 8 conferencia sobre la Convencin de la ONU para la Diversidad ecolgica y su intento de conseguir un acuerdo mundial que frene esta prdida masiva de biodiversidad y los intereses contrapuestos en juego: los pases del sur, tiene la mayora de las especies, y los pases industrializados, despus de disminuir netamente su riqueza ambiental por un desarrollismo alocado, efecto necesario se dice de una supuesta modernidad, buscan ahora formas de explotar la diversidad an no alterada de los dems territorios (Con anexos incluidos no despreciables: por ejemplo, y tal como ha denunciado Vandana Shiva, con la intencin de imponer las semillas asesinas de las industrias de las biotecnologas, la llamada tecnologa Terminator). El asunto no es balad. Como argumenta cuidadosamente Broswimmer, los seres humanos dependemos de la biodiversidad; su degradacin nos acabar por daar irremediablemente. A escala planetaria, el 40% de las recetas mdicas que se prescriben proceden de diversas especies o se sintetizan a partir de ellas: hay ms de 3 millones de norteamericanos con cardiopatas cuyas vidas duraran menos de 72 horas de no ser por la digitalina, una sustancia derivada de la dedalera (p. 33). Adems, no es poco lo que nos queda por saber: el Instituto Americano de Investigacin del Cncer ha identificado ms de 3.000 plantas que contienen ingredientes activos contra la enfermedad, el 70% de las cuales tienen su origen en los trpicos terrestres. En sus conclusiones, Broswimmer seala el tipo de mundo que estamos construyendo: un mundo global caracterizado no por un progreso real sino por el real retroceso en las normas de civilidad y en los principios que rigen las interacciones entre la naturaleza y la sociedad. Un mundo en que la libertad real de los ciudadanos para elegir qu tipo de vida quieren seguir, qu tipo de alimento quieren cultivar, qu tipo de alimentacin desean seguir, no cuenta nada, absolutamente nada, frente al poder de las grandes corporaciones. El autor recuerda el sufrimiento causado en las ltimas dcadas por los desastres naturales, claro indicio que lo que va a significar vivir en un mundo en colapso ecolgico. Los humanos acaparamos ya un 40% de la produccin primaria terrestre para nuestro propio uso egosta (p. 173). Sus efectos: coste en prdida de hbitats naturales, reduccin de la viabilidad ecolgica, extincin de ms especies. De ah las palabras de Canetti que el autor hace suyas: la supervivencia del planeta se ha hecho tan incierta que cualquier teora, cualquier cosmovisin que d el futuro por seguro es una apuesta inaceptable. Dnde estamos pues? En un punto entre un pasado industrial destructivo sin parangn y un futuro incierto que ofrece, a nuestro alcance y a nuestras nuevas formas de actividad, tanto el espectro de la aniquilacin como la promesa de la democracia ecolgica (p. 177). O, si se prefiere, por seguir con la disyuntiva luxemburguista:
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democracia ecosocialista o barbarie. El monstruo est llamando a nuestras puertas y no con toques suaves. A destacar, sin duda, el magnfico glosario que el autor ha incluido en su ensayo (pp. 179-198), el enfoque didctico y formativo presente en todas sus pginas y las excelentes, tiles y documentadas tablas que Broswimmer ha situado al final de Ecocidio (199-239). Represe, por ejemplo, para construir un rpido mapa de nuestro mundo en las tabla 30 -Efectos sociales de la globalizacin- y 31 -Quin domina el mundo?. No s si, como seala Charles Secrett, director de los Amigos de la Tierra, este es un libro de lectura obligada para los polticos y grandes empresarios de todo el mundo, algunos de cuales conocen perfectamente las coordenadas bsicas de la situacin, pero s es cierto que Ecocidio cuenta magistralmente la historia nada armoniosa de la humanidad y la naturaleza, y ofrece una visin nada complaciente de los devastadores efectos de la actividades humanas sobre nuestro planeta: al comenzar el siglo XXI es ya evidente, tiene, tendra que ser evidente para todos, que por primera vez desde la extincin de los dinosaurios hace 65 millones de aos, se estn produciendo cambios de enorme trascendencia ecolgica; que desde 1970 los bosques del mundo se han reducido a la mitad; que ha desaparecido una cuarta parte de los recursos pesqueros del mundo. No es un dato propagandstico que el 70% de los bilogos consideren que la Tierra se encuentra sumida en la extincin en masa de especies ms rpida de los 4.500 millones de aos de la historia del planeta. En la portada de Ecocidio se recoge una consideracin de Vandana Shiva: Un libro esencial para todo el que se preocupa por el futuro de la humanidad. Puede sonar a eslogan publicitario pero, sin duda, es una afirmacin veraz.
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scar Carpintero Redondo, Entre la economa y la naturaleza. La controversia sobre la valoracin monetaria del medio ambiente y la sustentabiidad del sistema econmico. Los libros de la catarata, Madrid, 1999. Presentacin de Jos Manuel Naredo.
Rafael Snchez Ferlosio daba cuenta de esta fbula china en el eplogo de La homila del ratn1. Un emperador quera inmensamente a su nica hija. Temeroso de darla en matrimonio a un hombre que la hiciera sufrir, orden a sus cortesanos que recorriesen el imperio buscando a un joven que tuviera el rostro de la perfecta santidad. Entre los aspirantes, trados de remotos confines de la inmensa China, se eligi el que acab siendo compaero aceptado de la hija del Emperador. Su comportamiento no defraud la eleccin. La supo hacer siempre feliz, viviendo amorosamente con ella hasta el final de sus das. Pero ocurri que cuando estaba siendo amortajado para su sepultura, un cortesano not junto a su sien el borde de la hasta entonces inobservable mscara de oro que cubra su rostro. El joven haba cometido perjurio, grit el cortesano, al tiempo que arrancaba de golpe la mscara que cubra el autntico rostro. Cul no sera el asombro de todos los presentes al ver que el semblante que entonces se mostraba ante sus ojos tena las facciones idnticas, absolutamente idnticas, a las de la mscara que hasta entonces le cubra. Rostro y mscara tenan la misma faz. Pero no siempre, como es sabido, las mscaras ocultan rostros idnticos. Ni siquiera similares. scar Carpintero, joven profesor de la Facultad de Econmicas de la Universidad de Valladolid, colaborador del rea de Medio Ambiente de la Fundacin 1 de Mayo y, para nuestro bien, asiduo colaborador del topo, ha extrado las mscaras con las que suele cubrirse, con ciertos aires de soberbia y aparatosa cientificidad, la ciencia econmica en su tratamiento de la gestin de los recursos naturales y del medio ambiente y se ha encontrado, y nos muestra, un rey desnudo o con escaso ropaje. Entre la economa y la naturaleza (EEN) se abre con una breve e interesante presentacin de Jos Manuel Naredo y se compone de una valiosa introduccin y de cuatro extensas y documentadas secciones. El mismo autor seala del modo siguiente los objetivos de su investigacin: mostrar las principales aristas de la controversia sobre la valoracin econmica del medio ambiente y la sustentabilidad del sistema econmico desde una triple perspectiva histrica, terica y metodolgica, argumentando con buenas y poderosas razones las limitaciones en que el estudio de las relaciones entre economa y naturaleza puede embarcarse si nos seguimos empeando en colocar en el puesto de mando de nuestras aproximaciones la
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Rafael Snchez Ferlosio, Ensayos y artculos. Volumen I. Barcelona, Ediciones Destino 1992, pp. 449-450.
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valoracin monetaria de los ecosistemas. Carpintero seala la aparente paradoja de la situacin dado que el proceso de monetarizacin del medio ambiente, y su integracin en el paradigma analtico ordinario, estuvieron precedidos por la expulsin de las preocupaciones de economistas como Quesnay, Malthus, Ricardo u otros, por anclar el edificio de la economa en el sustento biofsico que ciertamente le da cobijo. Ms detalladamente. La primera seccin, la ms breve de EEN (Riquezas, recursos naturales y medio ambiente en la ciencia econmica) traza un excelente panorama histrico de las varias reflexiones que han concedido importancia a la naturaleza en el desarrollo de la ciencia econmica, con especial referencia a la distincin aristotlica entre economa y crematstica y al papel de los fisicratas, presentados como el ltimo eslabn de unin entre lo fsico y lo econmico. Un ntido cuadro de Naredo sobre las restricciones sucesivas de la nocin de riqueza (desde la inclusin en ella de todos los objetos que componen la biosfera y los recursos naturales hasta su definicin como conjunto de objetos valorados, apropiados y que resulten productibles) es comentado por Carpintero con no menos claridad y correccin (pp. 55-59). La segunda seccin (La dimensin microeconmica en la monetarizacin del medio ambiente) da cuenta en sus seis primeros apartados de las valoraciones monetaristas del medio ambiente, para desembocar en una presentacin de la economa ecolgica, disciplina que, a diferencia de la economa ambiental, se ha mostrado desde siempre dispuesta a aceptar que es el sistema econmico el que est inserto en la biosfera y no el medio ambiente el que forma parte, como una variable ms o menos relevante, del propio sistema econmico (p. 109). Al ser las relaciones entre economa y medio ambiente relaciones entre sistemas con reglas propia de funcionamiento y, consiguientemente, con cierto margen de compatibilidad, no parece razonable acometer el estudio de estas relaciones desde los pilares tericos y conceptuales de una disciplina en concreto, sea sta la economa o la ecologa (p. 110). La tarea de la economa ecolgica ser, pues, trazar puentes entre ambas, lo cual significa abrirse a otros argumentos, sean estos econmicos, biolgicos o fsicos. Se trata de aprender de una fertilizacin cruzada entre todos ellos (p. 110), sin que ello conlleve la negacin de la autonoma relativa de la ciencia econmica o, ms general, de las ciencias sociales. Carpintero seala que la envergadura de los problemas sugeridos por la actual crisis ecolgica ha puesto de manifiesto las enormes limitaciones de los anlisis parciales. Es en esta zona de frontera e interseccin entre la ecologa, algunas partes de la fsica como la termodinmica, y, por ltimo, la economa, donde desempea su labor la Economa ecolgica (p. 111). Esta segunda seccin finaliza con una equilibrada comparacin de la economa ambiental y de la economa ecolgica, y con una recapitulacin de
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lo expuesto con una ilustrativa aplicacin a gran escala: el clculo del valor monetario de los servicios proporcionados por la biosfera terrestre. La siguiente seccin (La dimensin macroeconmica de la valoracin monetaria. Hacia la reforma ecolgica) se centra en las voces y argumentos que desde finales de los aos sesenta y amparndose en las anteriores crticas de economistas como Kapp o Wantrup y en informes globales como Los lmites del crecimiento, sostuvieron la necesidad de una modificacin de las herramientas que los economistas empleaban para medir el xito y el bienestar econmico de una nacin (p. 158), consideraciones que sealan con toda claridad la imposibilidad de que indicadores como el PNB sirvan para dar cuenta tanto de la degradacin como del agotamiento de los recursos naturales. Carpintero expone a continuacin las carencias ambientales de los sistemas de cuentas nacionales, da cuenta de la correccin ecolgica de las macromagnitudes, seala algunas objeciones a la mera correccin ambiental del PNB, informa del sistema de cuentas de los recursos naturales (SCRN) noruego y francs y finaliza con una aproximacin crtica al sistema de cuentas satlites presentada como solucin intermedia que sigue manteniendo la idea de produccin como la de generacin de un valor aadido monetario de forma tal que el medio ambiente y su dimensin fsica han sido arrinconados en lo que Naredo ha denominado el limbo de las cuentas satlites. La cuarta seccin, la ms extensa de EEN (Del debate sobre la valoracin macroeconmica a la controversia sobre la sustentatibilidad) se inicia con una reflexin de las tempranas posiciones de J. S. Mill, T. R. Malthus y sobre la tesis del estado estacionario. Esta nocin tuvo en la dcada de los sesenta de este siglo un apoyo en la metfora de Kenneth Boulding sobre el sistema Tierra como nave espacial. Esta nave espacial que puede ser representada, desde un punto de vista termodinmico, como un sistema que intercambia energa con el exterior (radiacin solar, por ejemplo) pero no materiales (salvo la excepcin, por ahora despreciable, de los meteoritos), es incompatible con la extensin de esa otra economa que Boulding bautiz como la del Cow-Boy, simbolizando el modo de produccin y consumo depredador de las modernas sociedades industriales... Es, por tanto, este mbito de lo econmico el que se encuentra constreido en su expansin en los lmites de una nave espacial que avanza con recursos limitados (p. 225). Sin poder dar cuenta de la riqueza de los anlisis de estos apartados, el autor prosigue dando explicacin detallada de la relevancia que para la economa tienen los resultados de las ciencias naturales, especialmente de la termodinmica y de la ecologa. Son a tal efecto absolutamente recomendables los apartados 3.1, 3.2 y 3.3 (pp. 241-258). La seccin finaliza con una extensa y no menos interesante aproximacin al concepto de sustentabilidad.
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Se cierra EEN con un apretado pero sustancial eplogo y con una documentada bibliografa, cierre en que el autor recoge unas palabras de Frank Hahn sobre la necesidad futura de un abrazo entre la economa y disciplinas como la historia, la sociologa o la biologa. Un abrazo, en fin, que nos recuerde nuestro verdadero lugar, este territorio que participando de lo natural y lo social se encuentra, como es sabido, entre la economa y la naturaleza (p. 357). En definitiva, EEN tiene un innegable inters no slo para economistas o cientficos sociales sino para filsofos con aficiones epistemolgicas, para socilogos de la ciencia o para historiadores de las ideas y ms, en general, para todo ciudadano o ciudadana interesado por asuntos de tanta importancia y urgencia como pueda ser el de nuestra vida equilibrada en esta nave espacial con rumbo desconocido y mando, en ocasiones, netamente irresponsable. No creo que sea traicionar la aspiracin de Carpintero con su trabajo si sealo que ha tenido muy en cuenta en su exposicin este pblico no especialista cuidando con mimo el uso no excesivo de formulacin matemtica, reducida a dos sencillas apariciones (p. 279 y p. 314) que pueden ser comprendidas sin dificultad Un trabajo as, un esfuerzo tan encomiable, mereca una historia tan hermosa como la que Snchez Ferlosio escoga para finalizar su homila. Bien mirado no es de extraar. A scar Carpintero se le nota feliz cuando sostiene, recordando una idea similar de Jorge Riechmann, que a l no le importara en absoluto formar parte de alguna agrupacin comunistaepicrea, con la austeridad que la situacin, la naturaleza y la tica exigieran, que tuviese en Manuel Sacristn su orientador o dirigente. Con gustos as, las cosas suelen hacerse de forma excelente.
3. Modlico scar Carpintero, La bioeconoma de Nicholas Georgescu-Roegen, Montesinos, Barcelona, 2006. Presentacin de Joan Martnez Alier.
scar Carpintero, profesor de economa en la Universidad de Valladolid, ha escrito un libro modlico, un ensayo sobre uno de los grandes economistas del siglo XX, til no slo para lectores avezados en cuestiones econmicas. Editado este mismo 2006, el ao del centenario del nacimiento, La bioeconoma es una magnfica e imprescindible biografa intelectual de
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Nicholas Georgescu-Roegen (1906-1994), autor de un obra decisiva para el desarrollo de la economa ecolgica: La ley de la entropa y el proceso econmico. La bioeconoma de Nicholas Georgescu-Roegen es la primera biografa intelectual publicada en castellano sobre el economista rumano, autor que con su obra revolucion la evolucin de la ciencia econmica en la 2 mitad del siglo XX tendiendo puentes entre sta, la biologa y la fsica (la termodinmica concretamente) con el objetivo de explicar las bases reales de los procesos econmicos. Fue un autntico disidente de la ciencia econmica ortodoxa. Es muy recomendable el captulo sexto del estudio de Carpintero donde se sistematizan las reflexiones dispersas en varios textos del economista rumano y donde se muestran las potencialidades poltico-ecolgicas de sus planteamientos. Lo que Georgescu-Roegen llam bioeconoma hoy encuentra acomodo en disciplinas como la economa ecolgica o la ecologa industrial. En sntesis, como seala Joan Martnez Alier en el breve pero magnfico prlogo del libro: scar Carpintero ha escrito un excelente libro () un libro que va al fondo en el estudio de la vida y la obra de Georgescu-Roegen. Se trata, pues, de un estudio, escrito en prosa viva, absolutamente recomendable no slo para economistas o estudiosos de las ciencias sociales sino para todo ciudadano que quiera aproximarse con rigor a la obra de alguien de quien Jacques Grinevald seal que nuestros descendientes, que sufrirn las consecuencias de nuestra arrogancia y de nuestra negligencia, nos reprocharn el olvido de un genio () que derroch energa en vivificar (en la plena acepcin del trmino) nuestro modo de pensar de economa. No se lo pierdan.
4. Crecer, objetivamente, es crecer? Clive Hamilton, El fetiche del crecimiento. Editorial Laetoli, Pamplona, 2006, 254 pginas. Traduccin de Jos Luis Gil Aristu; revisin tcnica de Henrike Galarza. Colectivo revista Silence, Objetivo decrecimiento. Podemos seguir creciendo hasta el infinito en un planeta finito? Leqtor, Barcelona, 2006. Traduccin de Javier Fernndez de Castro.
Se imaginan ustedes quien es el autor de este texto escrito en la primera mitad del siglo XIX? Confieso que no me fascina el ideal de vida mantenido por quienes piensan que el estado normal de los seres humanos
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es luchar para medrar; que atropellar, machacar, darse codazos y pisarse unos a otros, comportamientos que constituyen el tipo de vida social hoy existente, son el destino ms deseable para el gnero humano o meros sntomas desagradables de una de las fases del progreso industrial. Han imaginado bien: es un texto de John Stuart Mill, un pasaje de Principios de economa poltica que seguramente ha inspirado muchos desarrollos de El fetiche del crecimiento de Clive Hamilton. Noam Chomsky, a quien el propio autor agradece su estmulo y sugerencias, lo ha sealado: ste es un libro que se echaba en falta y que da de lleno en el clavo. Tiene razn: El fetiche del crecimiento da en el clavo porque refuerza una idea que poco a poco va calando entre diversos sectores de las izquierdas, o incluso en otras zonas del mapa poltico: no podemos seguir viviendo como vivimos, no nos conviene seguir creciendo como estamos (de)creciendo. El volumen construye una crtica razonable al capitalismo consumista y esboza las estructuras bsicas de una sociedad del post-crecimiento. Cul sera el propsito fundamental de esta sociedad? No aumentar las rentas sino dar a los seres humanos posibilidades de satisfaccin y realizacin personal. La bsqueda del bienestar [] permitir la aparicin de una individualidad autntica (y no fabricada) y el florecimiento de las potencialidades humanas (p. 240) (Por cierto, por qu me recuerda esta reflexin algunos pasajes de algo tan obsoleto y caduco como el Manifiesto Comunista?). Las principales tesis que el autor defiende en este ensayo pueden ser concretadas del modo siguiente: 1. No es razonable dejar la bsqueda del bienestar en manos del individuo que acta de forma solitaria, dado que, generalmente, el mercado lo absorbe. 2. Necesitamos una nueva poltica del bienestar, que Hamilton denomina eudemonismo, una poltica que vaya ms all del crecimiento productivista y que aspire a una sociedad en la que la gente pueda dedicarse a actividades capaces de mejorar realmente su bienestar individual y colectivo (p. 19). El Manifiesto por el Bienestar, elaborado por la New Economics Foundation de Londres y el Australia Institute de Camberra ofrece una perspectiva que, precisamente, va ms all del fetichismo del crecimiento y de la obsesin por el mercado. 3. Es necesario centrar, focalizar si se prefiere, la nueva poltica en la creacin de una sociedad en la que todos los seres humanos puedan llevar una vida que valga realmente la pena. Grficamente, una magnfica forma de captar una de las ideas centrales de Hamilton se concreta en la figura 1 de la pgina 75 donde se compara la evolucin del PIB y del IPG, el Indicador del Progreso Genuino, de Reino Unido, Estados Unidos y Australia entre 1950 y 2000. En Estados Unidos, por ejemplo, situado el PIB de 1950 en 100, se llegara en 1997 al valor 270 aproximadamente, casi el triple del valor inicial, mientras que el IPG, situado
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en 100 tambin en 1950, alcanzara apenas, en 1997, el valor 120. La situacin sera similar en el caso de Inglaterra y algo mejor en Australia. Hamilton ha tenido adems la gentileza de escribir un prlogo para la edicin castellana (pp. 11-14), fechado en julio de 2005, donde expone preguntas -cuyas respuestas parecen empezar todas ellas por una clara negacin- tan bsicas como las siguientes: De continuar el ritmo actual de crecimiento, el PIB espaol, situado actualmente en 800.000 millones de euros, se doblar en los prximos 25 aos. Pero, se resolvern los problemas sociales y medioambientales del pas? Sern los espaoles ms felices? (p. 11). Adems, y de forma sorprendente en un autor que no es de tradicin marxista, Hamilton no tiene problema alguno en citar a Karl Marx, al trasnochado filsofo de Trveris, reconociendo que algunas de sus propuestas beben de esa fuente, de las crticas marxianas del fetichismo de la mercanca, a la alienacin de la ciudadana, al impacto psicolgico del trabajo asalariado bajo el capitalismo. Acaso el principal problema que puede sealarse a algunos desarrollos de este admirable ensayo es que contempla las sociedades occidentales de forma excesivamente homognea, desde una perspectiva, digamos, muy de clase media, olvidando, aunque no siempre, los importantes problemas de marginacin, precariedad, falta de medios, que tambin se dan en sectores importantes de estas, las nuestras, sociedades supuestamente desarrolladas. No es cierto que todos los ciudadanos de estas sociedades tengan amplias posibilidades de consumo, aunque sin duda tiene razn Hamilton cuando apunta que nadie va a ser ms feliz ni va a llevar una vida ms interesante si centra su inters vital en el cambio de un motor de explosin marca XV por otro de marca YW, con siete puertas y direccin hiperasistida. Puede discutirse adems el uso de algunas generalidades Nuestros polticos llevan aos vendindonos-; algunas crticas poco matizadas a la ciencia y al desarrollo cientfico; algunas afiliaciones histricas de los partidarios de la reduccin econmica -los que el autor llama reductores- con el paradigma liberal en alguno de sus estadios anteriores (no todos los liberales fueron personas como Stuart Mill); algunas crticas, en mi opinin injustas, a las posiciones de las izquierdas no aposentadas que llevan aos apuntando la necesidad de romper con esta alienacin existencial por errores que pudieran cometer en su momento; el olvido sin casi contraejemplos de franjas de esa izquierda tradicional que parece reducirse a los laboristas y a la socialdemocracia, o incluso algunos usos terminolgicos discutibles como ciencia de la felicidad, pero es igual, es totalmente secundario, pelillos a la mar. Nada de ello quita un pice de valor e inters a este trabajo. Si la historia ha terminado, seala Hamilton, hay que reiniciarla, pues la sociedad posterior al crecimiento es la fase de la historia situada ms all del capitalismo consumista (p. 21). Vale la pena, pues, leer El fetiche, vale la pena reflexionar de nuevo sobre los numerosos temas que El fetiche sugiere,
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propone y desarrolla y, sobre todo, vale la pena empezar a vivir, y ayudar a vivir, en la lnea que El fetiche defiende muy razonablemente y con pasin no ocultada. Lnea, adems, coincidente en parte, slo en parte, con lo que exponen los diversos autores de la revista Silence en Objetivo decrecimiento. Silence, ecologa, alternativas y no violencia, es una revista publicada en Lyon desde 1982, con ms de 280 nmeros publicados, que puede consultarse en www.revuesilence.net y que se ha convertido en punto de referencia del pensamiento radical, humanista y solidario no slo en Francia sino incluso en Italia. Objetivo decrecimiento es una versin abreviada de un libro ms extenso, Objectif dcroissance, publicado en Francia, Lyon, en 2003. En la contraportada se seala la idea central defendida: frente a la idea compartida, se dice, por todos los polticos, sean de derechas o de izquierdas, de que hay que seguir creciendo a toda costa, se apuesta aqu por la reduccin planificada del crecimiento econmico de los pases ricos, ese 20% de la poblacin mundial que consume el 80% de los recursos. Crecer, desarrollarse si se prefiere, pasa por decrecer, como mnimo en los pases enriquecidos. Parece imposible, inconsistente, acaso irracional pero Racionalmente, sin embargo, a los pases ricos no les queda ms remedio que reducir su produccin y su consumo a fin de decrecer (p. 11). Vincent Cheynet, uno de los coordinadores de la revista Casseurs de pub y miembro de la Asociacin colo, seala en la presentacin y en el primer artculo del volumen, algunas de las ideas centrales del movimiento: 1. La crisis ecolgica ha revelado el callejn sin salida, poltico, cultural, filosfico, en el que ha cado nuestra civilizacin. 2. La guerra que libran nuestras sociedades contra la Tierra es el reflejo de la guerra que libran los pases ricos contra su conciencia. 3. Nuestro mundo est condicionado por la ideologa consumista y, segn Cheynet, est prisionero de una fe ciega en la ciencia, buscando una respuesta que no contradiga su ansia de crecimiento exponencial de objetos y servicios. 4. El concepto de desarrollo sostenible respondi inicialmente a esa finalidad pero el trmino, seala Cheynet, ha de volver a su lugar natural: al de los tpicos trillados. 5. Las soluciones tcnicas son importantes pero deben ser acomodadas a nuestras opciones democrticas. Su propuesta pasa por el decrecimiento sostenible y convivencial que nos permite engaarnos: Nos impone mirar de frente la realidad y existir en todas nuestras dimensiones para tener la capacidad de afrontar lo real y tratar los problemas (p. 9). 6. Se defiende aqu una economa saludable, es decir, un modelo econmico que, como poco, no recorra al capital natural, que viva de rentas, una humanidad que viva slo de las rentas de la naturaleza, el
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nico objetivo que podemos plantearnos, tanto desde un punto de vista moral como cientfico. El volumen incorpora artculos diversos que van desde una biografa de Georgescu-Roegen de Jacques Grinevald hasta una llamada al decrecimiento convivencial de Serge Latouche, pasando por un trabajo de Willem Hoogendijk, miembro de la Plataforma europea de campesinos crticos y por un, en mi opinin, magnifico ensayo de Denys Cheynet sobre el papel del automvil en nuestras sociedades industrializadas. El ltimo texto incorporado en el Manifiesto de The Ecologist contra la desestabilizacin climtica de la Tierra. Acaso el comentario crtico que podra apuntarse tiene que ver con el tipo de encuesta que Denys y Vincent Cheynet (pp. 179-183) incorporan al volumen. Hay en ella, creo, algunas aristas sectarias que podan evitarse. No est claro, en contra de lo que apuntan (y puntan) sus autores, que las respuestas triviales antes sus sesgadas preguntas sean A y B y que la nica va transitable sea la C. Como suele ocurrir con la vida y con el sentido de la vida (nada ms humano, seala Cheynet, precisamente que la bsqueda de ese sentido), l matizaciones, como tambin lo exigen algunas generalizaciones que descalifican, por ejemplo, a todos los polticos. Por otra parte, algunos desarrollos espiritualistas no siempre son muy convincentes. Sea como sea, no hay ninguna prdida de valor, no hay ninguna duda que el crecimiento, supuestamente sostenible o sin serlo, en muchas de sus variantes, no slo es injusto, no slo es antisocialista, no slo es antiecolgico, sino que, como sealan los miembros de Silence, es simple y llanamente un disparate antropolgico (aunque no slo).os matices son necesarios y algunas de sus preguntas y muchas de sus respuestas permiten esas
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5. El guardin entre la finitud. Jorge Riechmann, Gente que no quiere ir a Marte. Ensayos sobre ecologa, tica y autolimitacin Madrid: Los libros de la Catarata 2004, 247 pginas. Prlogo de Jos Manuel Naredo.
Los confiados optimistas en el desarrollo imparable, progresivo, ilimitado y benefactor de los saberes y haceres tecnocientficos, conjunto cuya interseccin no es vaca con el de los aguerridos (y agresores) partidarios del sistema maximin -mximo beneficio para un reducido sector oligoplico y mnimo bienestar, cuando no condena a la inexistencia, para una mayora abrumadora de la Humanidad- suelen argir, si generosamente queremos ensanchar el campo semntico del apreciado trmino, que las preocupaciones y llamadas urgentes de atencin de documentados ecologistas, en accin ininterrumpida, estn no slo absolutamente desenfocadas y desorientadas sino que son, simple y bsicamente, un regreso (reaccionario e irracionalista) al pasado: no hay peligro sustantivo al acecho, o bien stos son nimios y fcilmente evitables, o acaso, se seala, los datos de partida de la perspectiva ecologista estn mal construidos, son (im)puros e interesados inventos alocados, y, por tanto y finalmente, se concluye que los alarmados, antirracionalistas y alterados insurgentes olvidan conscientemente que existe una mejora notable, incluso sobresaliente, entre la situacin actual y la que se viva algunos aos atrs, cuando, por ejemplo, el uso irresponsable de derivados fluorados y clorados adelgaz y agujere la capa de ozono. Despus de ello, los confiados partidarios del maximin entonan alegremente en algn spot radiofnico financiado por alguna
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transnacional amante del medio ambiente: el futuro est abierto y la energa, nuestra energa, es limpia como nuestro corazn y nuestras finalidades. Cuando las cosas y los acontecimientos se tuercen un tanto, cuando los datos, argumentos y situaciones apuntadas desde varios frentes son abrumadoramente contrarios a sus -estas s- demenciadas posiciones, los productivistas y tecnicistas sin freno abren una de las ltimas puertas de su diseada cosmovisin y echan mano de la pica csmica del cowboy postmoderno: si las cosas no llegasen a funcionar satisfactoriamente en nuestro planeta azul, hasta el punto de que la especie humana se convirtiera definitivamente en un tejido canceroso de la biosfera, la salida est a nuestro alcance: dmonos cuenta de que no estamos limitados a nuestra morada en el aire, de que somos parte activa y conquistadora de un sistema mucho ms amplio. Marte est cerca y quien dice Marte -por si nos atacan sus pobladores- dice Saturno o Plutn. Vayamos all donde podamos y deseemos. Nada nos est vetado. Todo es posible incluso lo supuestamente imposible. Hagamos, sin excesiva y paralizante reflexin y conscientemente alejados de toda norma de precaucin, todo aquello que podamos hacer. Invirtamos sin pestaear y sin control en una nueva odisea en el espacio para 2101 y siglos venideros. Alcancemos Jpiter, ms pronto que tarde y, si es necesario, y es claro y distinto que empieza a ser necesario, rompamos en diez, cien o mil partes lo que haya que explotar y la vida humana, con nuestros omnipotentes saberes y haceres tecnolgicos, estar garantizada cuanto menos para los prximos 10.000 aos, como postulaba el progresista astrnomo britnico Adrian Berry en la dcada de los setenta. Luego, los dioses tecnolgicos seguirn ordenado nuestro existir csmico. Atrs dejaremos las huellas aniquiladoras de nuestro ser. No hay nada que cambiar en el plano de nuestras finalidades bsicas, no hay que alterar en lo ms mnimo nuestras costumbres ni nuestra forma de respirar, pisar, producir y consumir. Ninguna otra vida es posible ni concebible. El futuro no slo est abierto y es infinito sino que est al lado de nuestra voz de mando. El arma de nuestra ansia de conquista y poder es invencible. Somos ya ms que humanos. Ha llegado la hora del superhombre: la del Ser que est ms all de lo humano. Estamos, como apunta el autor, ante el arte de la fuga capitalista hacia la bestia, hacia la mquina. Jorge Riechmann, con Gente que no quiere ir a Marte, la tercera parte de su triloga de la autocontencin -cuyas dos primeras partes fueron Un mundo vulnerable (2000) y Todos los animales somos hermanos (2003)- arguye de forma admirablemente documentada contra el ilimitado mar de falacias que inunda una perspectiva unilateralmente desarrollista. Somos hijos de Prometeo, hemos robado fuego y saberes prohibidos a los dioses, pero es deber de todos comportarnos como descendientes inteligentes de ese legado insumiso. Y no porque
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renunciemos al desarrollo sino porque creemos, con Pasolini, que el crecimiento (neo) capitalista es antagnico a un verdadero progreso humano que no consista en la acumulacin irrestricta de objetos chabacanos y faltos de sentido, acompaada de una constante e irreversible destruccin de valores existenciales bsicos. La finalidad bsica de los diez captulos que componen esta tercera parte de la triloga, as como su imprescindible nota previa -La utopa negativa del capital- y la reflexin final, sin olvidar la hermosa dedicatoria del ensayo, es enunciada por Riechmann en los siguientes trminos: El volumen que tienes entre manos, amable lector, discreta lectora, est escrito para explorar por qu la idea de viaje a Marte -comprendida no slo en sus trminos literales, sino tambin en toda su dimensin simblica- no nos parece de entrada demasiado atractiva, ni a m ni a mucha otra gente (por valioso que juzguemos el conocimiento cientfico sobre el devenir del cosmos y las caractersticas de nuestro sistema solar). El autor de Canciones allende lo humano nos presenta sus posiciones con informacin sustantiva y diversa, esto es, con informacin contrastada y pertinente para el caso; con fina y completa argumentacin que no olvida las mltiples caras de las cuestiones tratadas, con modlica pasin razonada e inspirndose, en la discusin normativa, en un enorme y variado conjunto de pensadores y poetas. Entre otros, Hanna Arendt, Juan Ramn Jimnez, Hans Jonas, Albert. Camus, el citado Pier Paolo Pasolini, Lewis Mumford, Paul Forman y Manuel Sacristn, recogiendo tambin enseanzas del tsimtsum de la cbala o del jasidismo o budismo zen. A destacar, por su infrecuencia, el inters y buen hacer con el que Riechmann presenta las tesis de Nicholas Rescher -un filsofo de la ciencia que sin duda merece una mayor atencin en tierras ibricas- sobre el mbito de la tecnologa. La apuesta por la autolimitacin, la construccin de una tica del lmite y de la imperfeccin -dado que, como el propio Riechmann seala, la destruccin ecolgica, la desigualdad socioeconmica y el descontrol de la tecnociencia son los tres temas mayores que deberan abordar hoy las ciencias sociales y la crtica filosfica- no implican en ningn caso la idealizacin de pasados ms o menos remotos. Contrariamente a lo que en alguna ocasin se ha defendido desde algunos sectores del ecologismo y desde otras tribunas, no se parte aqu del presupuesto de un bello, idealizado y armnico equilibrio de las culturas primitivas, alterado o liquidado sin ms matices por la modernidad. No se trata de ningn combate entre antiguos y modernos, entre la armona clsica y la desarmona de la Modernidad. Y, desde luego, an menos se defiende una nostalgia por lo pre-humano en la lnea de lo apuntado por John Zerzan (pp. 39-40). Riechmann es cartesianamente claro en este punto, con una interesante arista critica contra el irrealismo conformista y consolador: Situar la Edad de Oro en un pasado inalcanzable por definicin me parece reaccionario -seala-. Se trata de un
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ejemplo ms -me temo- de la loca idealizacin de lo que nos queda lejos, lo ms lejos posible, de manera que nuestro pensamiento desiderativo no tiene porque arriesgarse en el contraste con la realidad -que suele ser doloroso (p. 40). Por otra parte, acaso podra apuntarse crticamente que esta llamada a la audacia contenida, al cultivo del lmite, resulta contraria a la propia naturaleza humana. No somos los humanos la especie de la soberbia, del descontrol, de la ilimitacin? No est en nuestra propia esencia de seres biolgicos dominantes el transgredir toda frontera que se nos quiera imponer artificial, innaturalmente? No nos condena este cultivo del jardn de la finitud a un mortal aburrimiento que con el transcurso del tiempo conllevar una explosin descontrolada de energas amantes del riesgo y de la aventura existencial? Hablar de la naturaleza humana fija, de esencias biolgicas inamovibles siempre es discurso de alta tensin, ms all de trivialidades del tipo somos seres que necesitamos respirar o consumir diariamente determinada cantidad de caloras, pero Riechmann se ha esforzado en dejar claro que no hay en su propuesta normativa y vital ningn brindis al sol del lunes y de la inactividad. Ms all del prudente elogio a la pereza del que fuera yerno de Marx, el autor de Un zumbido cercano nos propone una multitud de tareas que alejan mil aos-luz la posibilidad de todo aburrimiento existencial. Cuidar los lmites de nuestra vida, convertirnos en guardianes de la finitud, construir un mundo donde las desigualdades abyectas sean un recuerdo de la pre-historia, aceptar la pica de la autolimitacin y de la igualdad, no es condenarnos a una somnolencia insoportable. Acaso no haya mayor aventura para las generaciones futuras -para los por nacer, de los que hablaba Brecht- que evitar la aniquilacin de nuestro vulnerable habitculo. Como una cebolla inagotable, cada capa de su ser esconde a su vez otras muchas e inesperadas capas. El mismo Borges recordaba aquella aspiracin del compaero de Madame de Chatlet -Un hombre que cultiva su jardn como quera Voltaire- y conclua: Esas personas, gente que se ignora, estn salvando el mundo. En las pginas finales del ensayo, hay, adems, un punto de enorme inters psicolgico, con netas implicaciones politicas, que no debera pasar desapercibido por el cmulo de informacin, de razones y reflexiones que nos brinda el autor del ensayo. Riechmann, retomando ideas de Hans Jonas y Gnther Anders, apunta a un problema bsico en su consideracin del ser humano y de su prctica social: el olvido, la marginacin del miedo, el no asustarse suficiente ante los peligros crecientes en los que nos encontramos inmersos, por desidia, por defensa psicolgica ante lo insoportable, por pensar que eso no nos va a ocurrir ni a nuestros prximos, por creer que el futuro est lejos o acaso, arguyendo, que la ley de la entropa nos condena a todos a la larga y que, por tanto, dentro de dos billones de aos todos estaremos calvos. Qu es pensar?, preguntaba Heidegger. Pensar, responde
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Riechmann, es pensar a partir de Auschwitz, de Hiroshima y de Chernbil. Con Zygmunt Bauman, Hiroshima y Chernbil no son daos colaterales de la modernidad, sino parte integrante, hasta la fecha, del proyecto, de un proyecto que debemos heredar y cuidar con cuidado. Esa es la gran tarea que nos ha legado el terrible siglo XX. Debemos reflexionar asustndonos suficientemente (y sin parlisis) ante la destruccin. En nuestra poca, seala Riechmann, la poca moral del largo alcance, la respuesta tica poltica que precisan los graves problemas a los que hacemos frente debe formularse -a mi entender- en trminos de responsabilidad (hacerse cargo de las consecuencias) y autocontencin (tratar conscientemente de moderar nuestra hybris) (p.246). De lo anterior no se infiere desconocimiento de los datos bsicos de la situacin. La Tierra pierde fuerza poco a poco al tener que contrarrestar la accin constante del flujo y reflujo de las mareas. Gira por ello cada vez ms despacio. Habr una poca en que la Tierra tarde 25 horas en girar sobre s misma, luego 26, y as sucesivamente. Llegar pues el momento, muy lejano, en que ese giro casi se detendr. Tambin la Luna se alejar cada vez ms, y es plausible pensar que al salirse de su rbita vuelva a caer sobre la Tierra. Sin duda, este probable suceso es un fenmeno de peligro no desdeable: nuestro satlite se ver sometido a fuerzas enormes que acabarn por romperlo; sus trozos llovern sobre la Tierra y la arrasarn. Algo habr que hacer, sin duda, pero, tambin sin duda, esta no es tarea urgente de nuestra hora. Obsrvese, por otra parte, que el peligro sealado no est en nuestro mal hacer sino en las propias leyes cosmolgicas. Adems de lo sealado,Gente que no quiere ir a Marte es una decidida apuesta por una racionalidad completa, ya que, tal como seala Jos Manuel Naredo en su magnfico prlogo, cuando la posibilidad de encontrar un planeta habitable se sita como poco a una distancia de cientos de aos luz, la idea de la colonizacin espacial se convierte en un distopa no slo fsica sino econmica ya que el empeo de enviar pobladores a otros, supuestamente habitables, o a comerciar con ellos enterrara muchos ms recursos de los que podra aportar a nuestro planeta. De hecho, la carrera espacial en su vano empeo de escapar de la Tierra, ha ayudado a apreciarla mucho ms como el planeta tan singular y adaptado a nuestras necesidades que es como morada idnea e irreproductible que debemos cuidar... (p. 16). Riechmann, con este nuevo ensayo, nos ensea a cuidar con mimo nuestra singular estancia, nuestra area morada: Habr que aprender a cuidar la Tierra, tratndola a veces con amor de jardinero, a ratos con reverencia de ermitao budista, por trechos con sentimiento de hermandad franciscana, en otras ocasiones con admiracin de indio de las Grandes Praderas (p. 246). Y nos recuerda, adems, la necesidad de refutar aquel aforismo, por l citado, del gran Max Born en 1968, precisamente en 1968:
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Tengo la impresin de que la Naturaleza ha fracasado en su intento de producir en esta Tierra un ser inteligente. A que esperamos para intentar desmentir, con el debido respeto, la afirmacin del gran fsico atmico?
6. Por senderos de armona Estefana Blount, Luis Clarimn, Ana Corts, Jorge Riechmann, Dolores Romano (coords.) Industria como naturaleza. Hacia la produccin limpia (IcN) Los libros de la Catarata, Madrid, 2003, 283 pginas.
[...] la habilidad para apreciar el valor cultural de la naturaleza virgen se reduce a una cuestin de humildad intelectual. El hombre moderno de mente superficial, que ha perdido sus races en la tierra, cree haber descubierto ya lo que importa de verdad: es se que pregona imperios polticos o econmicos que durarn mil aos. Slo el estudioso se da cuenta de que toda la historia consiste en sucesivas salidas desde un mismo punto de partida, al que el hombre vuelve una y otra vez para organizar, de nuevo, otra bsqueda de valores duraderos. Slo el estudioso entiende por qu la naturaleza, cruda y salvaje, define y da sentido a la empresa humana. Aldo Leopold, La naturaleza virgen (IcN, pp. 265-266).
A. Ian Herskowitz1, profesor de la Universidad de California en San Francisco, centr su investigacin en la Saccharomyces cerevisiae, la levadura del pan. Es el organismo unicelular ms sencillo que funciona de forma similar a una clula humana. Las clulas de la levadura son de dos tipos (comparables a los genes masculino y femenino) y son capaces de pasar de un tipo de otro. Herskowitz, el humn metfora, averigu la forma en que la levadura consigue hacer ese cambio y lo describi de una forma conocida como el modelo casete: cada clula posee una coleccin de cintas -de genes masculinos y femeninos- y puede pasar de un tipo a otro metiendo una cinta diferente. G. Fink, profesor de Gentica en el MIT, ha sealado que el gran don de Herskowitz, y no era un atributo cualquiera, resida en la capacidad de poder mirar un gran conjunto de datos completamente confusos y contradictorios y sacar una metfora que daba sentido a todos de una forma magnfica. Sin duda, la tarea de Herskowitz merece ser cultivada, especialmente en los mbitos de trabajo interdisciplinar y con gran cantidad de informacin cuya consistencia no siempre aparece de manera inmediata. Trabajar con la naturaleza, y no contra ella; producir sin contaminacin empleando la energa del sol; disear los bienes y servicios no ya desde la cuna hasta la tumba
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sino desde la cuna hasta la cuna, cerrando los ciclos totalmente; estas son algunas de las excelentes metforas formuladas por los coordinadores del volumen Industria como naturaleza. Hacia la produccin limpia para transmitir una idea general de lo que puede ser la produccin limpia -uno de los elementos centrales de cualquier estrategia de sustentabilidad ecolgica (p.9). Ms difcil, admiten los mismos autores del volumen, es trazar con detalle sus requisitos e implicaciones, y esbozar caminos para avanzar hacia ella. Pues bien, ste difcil propsito es el reto asumido en la concepcin y publicacin de IcN. Los estmulos para su elaboracin surgieron en las segundas jornadas para la prevencin de la contaminacin y produccin limpia en Aragn (Zaragoza, 28 y 29/11/2001). IcN incorpora algunas de las ponencias y materiales de estas segundas jornadas, pero tambin otros importantes trabajos traducidos sobre produccin limpia, entre los que cabe destacar Hacia una qumica sostenible de Terry Collins, ensayo previamente publicado en la prestigiosa revista cientfica Science 291, 48 (2001). Los artculos recogidos se distribuyen en cuatro secciones: en la primera se trata de proporcionar las herramientas tericas e histricas bsicas para construir transiciones hacia la produccin limpia (p. 11), destacando aqu dos excelentes ensayos de Jorge Riechmann: Biommesis: el camino hacia la sustentabilidad y Cerrar los ciclos: la produccin limpia; en la segunda seccin se elabora con mayor detalle la idea de una qumica limpia o sostenible; en la tercera se muestran ejemplos concretos de cambios en empresas que mejoran su rendimiento medioambiental; en la cuarta parte se introducen trabajos que nos ofrecen perspectivas ms amplias sobre trabajo, ecologa y sociedad, destacando en este ltimo apartado el ensayo de Aldo Leopold La naturaleza virgen, que incluimos como homenaje a uno de los grandes filsofos de la naturaleza de todos los tiempos (p. 11) y el artculo de Albert Recio. No es posible transmitir aqu, ni tan siquiera muy sucintamente, la totalidad de ideas contenidas en IcN pero s sealar brevemente algunas de sus consideraciones bsicas. Terry Collins seala en su contribucin -Hacia una qumica sostenible, pp. 87-92- que esta vieja y admirada disciplina cientfica ha de desempear un papel importante que permita hacer posible una civilizacin sostenible en la Tierra (p. 87). La qumica verde puede posibilitar esa sustentabilidad en tres reas clave: en primer lugar, los qumicos pueden contribuir al desarrollo de la conversin viable de la energa solar en energa qumica y a la mejora de su conversin en energa elctrica; en segundo lugar los reactivos usados para la industria qumica deben obtenerse cada vez en mayor medida de fuentes renovables para reducir nuestra dependencia del carbono fosilizado (p.88), y, en tercer lugar, las tecnologas contaminantes deben ser sustituidas por alternativas benignas.
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Collins seala una razn cientfica general qu explica por qu la tecnologa qumica contamina: los qumicos que desarrollan nuevos procesos se esfuerzan bsicamente en alcanzar reacciones que produzcan solamente el producto deseado. Para ello usan diseos de reactivos relativamente simples, empleando casi en su totalidad la tabla peridica de los elementos; empero la naturaleza logra una gama enorme de procesos bioqumicos selectivos con apenas un puado de elementos comunes medioambientales. La selectividad se logra a travs de un diseo del reactivo que es mucho ms elaborado que el sinttico (p. 88). Collins apuesta por la necesidad de una normativa rigurosa basada en el principio de precaucin y el principio de la inversin de la carga de la prueba para evitar el lanzamiento de nuevos compuestos persistentes mviles en el medio ambiente; tambin resulta necesario desarrollar una definicin exacta de la persistencia (p.89). Los principios de la qumica verde o sostenible deben convertirse, en su opinin, en una parte integral de la formacin y de la prctica qumica de Universidades e instituciones afines, y, dado que la qumica ejerce una influencia casi ilimitada sobre la actividad humana, se entrelaza inextricablemente con la tica, con lo que una comprensin de la tica de la sustentabilidad (Jonas: 1984) constituye por tanto un componente esencial de una formacin sensata en qumica (p. 91). En uno de sus trabajos, Riechmann nos aproxima a la nocin de biommesis (Biommesis: el camino hacia la sustentabilidad, pp. 25-48), que l mismo define en los trminos siguientes: imitar la naturaleza a la hora de reconstruir los sistemas productivos humanos, con el fin de hacerlos compatibles con la biosfera (p. 25). La nocin, sostiene el autor, juega un papel clave a la hora de dotar de contenido la categora ms formal de sustentabilidad, que es presentada del siguiente modo: los sistemas econmico-sociales han de ser reproducibles -ms all del corto plazo- sin deterioro de los ecosistemas sobre los que se apoyan (p.26). Por consiguiente, sustentabilidad es equivalente a viabilidad ecolgica y los sistemas socioeconmicos que funcionan destruyendo su base biofsica son sistemas insostenibles que deben ser orillados. De ah que, en contra de todo productivismo teido de modernidad, de ciencia y de racionalidad pero que, en el fondo y en su superficie, muestra con nitidez saber trasnochado, escasa documentacin cientfica y locura irracionalista, el desarrollo sostenible deba tener una importante dimensin de autolimitacin (p. 28) ya que de lo que se trata es de satisfacer nuestras necesidades actuales sin poner en peligro la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer las suyas. Sembrar para hoy, para todos (y todas) y para el maana. A partir de la idea de biommesis, Riechmann sugiere cinco principios bsicos para la reconstruccin ecolgica -que supone destruccin previa- de la economa (p. 35): 1. Vivir del sol como fuente energtica. 2. Cerrar los ciclos de materiales 3. No transportar demasiado lejos los materiales. 4.
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Evitar los xenobiticos como COP o OMG. 5. Respetar la diversidad. Un eslogan que resume sucintamente el segundo principio es basura es comida. Todos los productos de la economa seran clasificables como nutrientes biolgicos o como nutrientes tcnicos. El planteamiento en cualquier caso ha de ser residuo cero, en el sentido de que los residuos de los procesos productivos seran aprovechables ntegramente como materia prima -igual que sucede en los ciclos de materiales que se dan en la biosfera (p. 36). Obsrvese, por otra parte, que el nico criterio distributivo justo para el espacio ambiental tiene fuertes resonancias igualitaristas: iguales porciones de espacio ambiental para todos y cada uno de los seres humanos, esto es, que cada habitante de la tierra tenga igualdad de derechos al patrimonio natural de sta (p. 39). De este modo a la justicia intergeneracional que subyace a la idea de sustentabilidad debe sumarse la justicia entre las diferentes naciones, sociedades, clases sociales y seres humanos, sin olvidar que ese mismo espacio lo compartimos con incontables seres vivos no humanos, lo cual abona la necesidad de una tica no especiesta, que trace lazos amigables ms all de los componentes, de todos los componentes de la humanidad estricta. Cabe destacar finalmente las tiles y documentadas pginas sobre Recursos en Internet para promover la produccin limpia que Dolores Romano ha incorporado en las pgina finales (pp. 271-283) de IcN.y el excelente ensayo de Albert Recio sobre Trabajo, ecologa y sociedad (pp. 213-238). En ste, Recio contrapone tres modelos laborales -1. La propuesta neoliberal; 2. La respuesta socialdemcrata reformada y sus limitaciones 3. Una apuesta ecolgico-socialista de corte post-capitalista-, que le permiten focalizar mejor las cuestiones que considera bsicas en este mbito, aun admitiendo que la realidad nunca se produce en forma de modelos cerrados, de compartimentos estancos (p. 235). Los dos primeros modelos al descansar el centro de la vida social en el desarrollo capitalista, difcilmente apuntan hacia mundos sostenibles (p. 235), dado que presuponen alegre y confiadamente en la capacidad creativa ilimitada de la empresa privada y del desarrollo tecnolgico como respuestas a todos los interrogantes. Despus de estos iniciales compases crticos, Recio apunta, de forma esquemtica pero constructiva, algunas ideas sobre un modelo utpico alternativo por dos razones bsicas: en primer lugar, porque, siguiendo la tradicin de Paul Baran, es necesario empezar a generar ideas y experiencias que indiquen senderos que nos permitan avanzar hacia una forma superior de vida social, admitiendo que apuntar ideas no es tener las cosas resueltas, es contribuir a que otros con ms ingenio y dedicacin puedan elaborarlas ms eficazmente (p. 235) y, en segundo lugar, porque los modelos alternativos pueden ayudar a rehuir la peligrosa deriva neoliberal a fuerzas polticas (y movimientos sociales) con efectiva vocacin -no slo nominal- de
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transformar o revolucionar anquilosas e injustas estructuras sociales. El firmante de esta resea no puede dejar de manifestar su ms sentido convencimiento -sin duda revisable pero fcilmente compartible- con esta lnea de investigacin y de intervencin poltico-cultural. IcN ha sido editado con la colaboracin de CC.OO. de Aragn y de ISTAS (Instituto social de trabajo, ambiente y salud). Ambas organizaciones son ejemplo destacado de sensibilidad y combate cultural sin desnimo por una forma radicalmente distinta (es decir, con nuevas races) de entender la relacin entre la especie y su entorno. Cabe aqu destacar agradecida y admirativamente por tanto su contribucin a que todos aprendamos, como seala Riechmann en su poema final para el volumen (Ah, sobre esta tierra), a: Cuidar estas humildes charcas y humedades/ como la herencia que de tus padres recibiste / Cuidar los campos de cultivo/ como tu propio cuerpo (...) / Cuidar el mundo/ porque es maravilla sobre maravilla / y no hay otro.
(1) Mary Duenwald, Ira Herskowitz, genetista, El Pas, 9/5/2003.
B. Desde la cuna a la cuna (cerrando los ciclos) Trabajar con la naturaleza, y no contra ella; producir sin contaminacin empleando la energa del sol; disear los bienes y servicios no ya desde la cuna hasta la tumba sino desde la cuna hasta la cuna, cerrando los ciclos totalmente. Estas son algunas de las excelentes metforas formuladas por los coordinadores del volumen Industria como naturaleza. Hacia la produccin limpia para transmitir una idea general de lo que puede ser la produccin limpia -uno de los elementos centrales de cualquier estrategia de sustentatibilidad ecolgica (p.9). Ms difcil, admiten los propios coordinadores, es trazar con detalle sus requisitos e implicaciones, y esbozar caminos para avanzar hacia ella, pero ste es precisamente el reto asumido en la concepcin y publicacin de IcN. Los estmulos para su elaboracin surgieron en las segundas jornadas para la prevencin de la contaminacin y produccin limpia en Aragn (Zaragoza, 28 y 29/11/2001). IcN incorpora algunas de las ponencias y materiales de estas jornadas, pero tambin otros importantes trabajos -traducidos en su mayor parte por Toni Oller Castell y revisados por Jorge Riechmann- sobre produccin limpia, entre los que cabe destacar Hacia una qumica sostenible(pp.87-92), de Terry Collins, previamente publicado en Science 291, 48 (2001). Los artculos recogidos en el volumen se distribuyen en cuatro secciones: en la 1 se trata de proporcionar las herramientas tericas e histricas bsicas para construir transiciones hacia la produccin limpia (p.11); en la 2 se elabora con mayor detalle la idea de una qumica limpia o sostenible; en la 3 se muestran ejemplos concretos de cambios en
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empresas que han mejorado su rendimiento medioambiental; y, finalmente, en la 4 se incorporan ensayos que nos ofrecen perspectivas ms amplias sobre trabajo, ecologa y sociedad, destacando en este ltimo apartado el ensayo de Aldo Leopold La naturaleza virgen, que incluimos como homenaje a uno de los grandes filsofos de la naturaleza de todos los tiempos (p.11). No es posible transmitir aqu la totalidad o incluso una parte sustantiva de las ideas contenidas en IcN pero s sealar brevemente algunas de sus reflexiones bsicas. Terry Collins seala en su contribucin que la qumica ha de desempear un papel importante para hacer posible una civilizacin sostenible en la Tierra (p. 87). La qumica verde puede hacer posible esa sustentabilidad en tres reas clave: en primer lugar, los qumicos pueden contribuir al desarrollo de la conversin viable de la energa solar en energa qumica, y a la mejora de su conversin en energa elctrica; en segundo lugar los reactivos usados para la industria qumica deben obtenerse cada vez ms de fuentes renovables para reducir nuestra dependencia del carbono fosilizado (p. 88); y en tercer lugar, las tecnologas contaminantes deben ser sustituidas por alternativas benignas. Collins seala una razn cientfica general qu explica por qu la tecnologa qumica contamina: los qumicos que desarrollan nuevos procesos se esfuerzan bsicamente en alcanzar reacciones que produzcan solamente el producto deseado; para ello usan diseos de reactivos relativamente simples, empleando casi en su totalidad la tabla peridica de los elementos; empero la naturaleza logra una gama enorme de procesos bioqumicos selectivos con apenas un puado de elementos comunes medioambientales. La selectividad se logra a travs de un diseo del reactivo que es mucho ms elaborado que el sinttico (p. 88). Collins apuesta por un giro copernicano en nuestra consideracin econmica de la qumica y, con l, por la necesidad de una normativa rigurosa basada en el principio de precaucin y el principio de la inversin de la carga de la prueba para evitar el lanzamiento de nuevos compuestos persistentes mviles en el medio ambiente; tambin resulta necesario desarrollar una definicin exacta de la persistencia (p. 89). En uno de sus trabajos, Riechmann nos aproxima precisamente a la nocin de biommesis (Biommesis: el camino hacia la sustentabilidad, pp. 25-48), que define en los trminos siguientes: imitar la naturaleza a la hora de reconstruir los sistemas productivos humanos, con el fin de hacerlos compatibles con la biosfera (p. 25). La nocin, sostiene, juega un papel clave a la hora de dotar de contenido la categora ms formal de sustentabilidad, que es presentada as: los sistemas econmico-sociales han de ser reproducibles -ms all del corto plazo- sin deterioro de los ecosistemas sobre los que se apoyan (p. 26). Por consiguiente, sustentabilidad es equivalente a viabilidad ecolgica y los sistemas socioeconmicos que funcionan destruyendo su base biofsica son sistemas insostenibles que deben ser orillados. De ah que, en contra de todo
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productivismo teido de modernidad, de ciencia y de racionalidad pero que en el fondo, y en su superficie, muestra con nitidez saber trasnochado, poca documentacin cientfica y locura irracionalista, el desarrollo sostenible deba tener una importante dimensin de autolimitacin (p. 28) ya que de lo que se trata es de satisfacer nuestras necesidades actuales sin poner en peligro la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer las suyas. Sembrar para hoy, para todos y para las siguientes maanas. A partir de la idea de biommesis, Riechmann sugiere cinco principios bsicos para la reconstruccin ecolgica -que supone la actual destruccin previa- de la economa (p. 35): 1. Vivir del sol como fuente energtica. 2. Cerrar los ciclos de materiales 3. No transportar demasiado lejos los materiales. 4. Evitar los xenobiticos como COP o OMG. 5. Respetar la diversidad. Un eslogan que resume el segundo principio es basura es comida. Todos los productos de la economa seran clasificables como nutrientes biolgicos o como nutrientes tcnicos. El planteamiento en cualquier caso ha de ser residuo cero, en el sentido de que los residuos de los procesos productivos seran aprovechables ntegramente como materia prima -igual que sucede en los ciclos de materiales que se dan en la biosfera (p. 36). Obsrvese, por otra parte, que el nico criterio distributivo justo para el espacio ambiental tiene fuertes resonancias igualitaristas: iguales porciones de espacio ambiental para todos y cada uno de los seres humanos, esto es, que cada habitante de la tierra tenga igualdad de derechos al patrimonio natural de sta (p. 39). De este modo a la justicia intergeneracional que subyace a la idea de sustentabilidad debe sumarse la justicia entre las diferentes naciones, sociedades, clases sociales y seres humanos, sin olvidar que ese mismo espacio lo compartimos con incontables seres vivos no humanos, lo cual abona la necesidad de una tica no especiesta que trace lazos amigables que incorporen no slo a los componentes de la humanidad estricta. Cabe destacar finalmente el excelente e imprescindible ensayo de Albert Recio sobre Trabajo, ecologa y sociedad (pp. 213-238), destacadamente en su construccin de un modelo laboral alternativo, y las tiles y documentadas pginas sobre Recursos en Internet para promover la produccin limpia que Dolores Romano ha incorporado en las pgina finales (pp.271-283) de IcN.
7. La naturaleza como fuente de inspiracin Jorge Riechmann, Biommesis. Ensayos sobre imitacin de la naturaleza, ecosocialismo y autocontencin. Los Libros de la Catarata, Madrid, 2006, 362 pginas.
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Jorge Riechmann inicia su reflexin en este ltimo ensayo (que, como l mismo seala, se mueve a caballo entre las ciencias ambientales y la filosofa ecolgica) recordando la sugerencia de Javier Echevarra: los filsofos espaoles deberan abordar los temas de nuestro tiempo sin caer en las tentaciones del absentismo filosfico y de la irresponsabilidad. El autor de triloga de la autocontencin recoge el reto, una vez ms, y aborda con detalle y singularidad estos grandes y urgentes temas que concreta en los tres siguientes: la crisis ecolgica global, la creciente desigualdad social planetaria y los desafos planteados por la tecnociencia que emergi a largo del siglo XX. Uno de los hilos conductores que guan su reflexin puede formularse as: en lo que respecta al desarrollo o al progreso opera una suerte de ley de rendimientos decrecientes de tal modo que, superados ciertos umbrales, seguir avanzando por caminos trillados se torna cada vez ms contraproducente. Las frmulas antiproductivistas no expresan ninguna tendencia romntica trasnochada, mstica o desinformada; no constituyen ninguna perspectiva antiilustrada. Todo lo contrario: son muestra de una racionalidad completa, de un punto de vista no sesgado ni centrado nicamente en aspectos parciales de un sistema necesariamente global. Debemos ser conscientes que estamos en el final de la era del derroche energtico que, como Riechmann seala, no slo representa una manera imposible de vivir sino que, adems, es una forma moralmente injusta de estar en el mundo, una manera vital y estticamente abyecta de transmitir nuestra herencia a las futuras generaciones (Un dato, un slo dato que corrobora su descripcin: un da es el tiempo que tarda la economa mundial en consumir el equivalente a 22 millones de toneladas de petrleo; nuestro planeta necesit ms de 10.000 das en generar esa energa). Riechmann sintetiza en cinco rasgos problemticos los puntos nodales de la situacin: 1. El problema de la escala: hemos llenado el mundo, saturndolo en trminos ecolgicos. 2. El problema del diseo: nuestra tecnoesfera est mal pensada, y est por ello en conflicto con la biosfera. 3. El problema de la eficiencia: somos terriblemente ineficaces en el uso de materia y energa. 4. El problema fustico: nuestra tecnociencia anda descontrolada y soberbia y est irresponsablemente orgullosa de su inmenso poder. 5. El problema de las desigualdades: barreras sociales, crecientes, histricamente inauditas, son el marco en el que se desarrolla nuestra civilizacin: si en 1913 la proporcin entre el 20% ms rico y el 20% ms pobre era de 11 a 1, en 1998 la proporcin era de 66 a 1. Frente a estos problemas, para conseguir sociedades ecolgicamente sostenibles y para lograr una ciudad humana global que sea habitable, Riechmann seala cinco principios bsicos: el principio de gestin generalizada de la demanda, el principio de biommesis, el principio de ecoeficiencia (el nico, seala el autor, que de forma ms o menos natural encaja con la dinmica del
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capitalismo), el principio de precaucin y el principio de igualdad social (o mejor, la vieja buena trada de la Gran Revolucin de 1789: libertad + igualdad + fraternidad o solidaridad, todos ellos adecuadamente corregidos por la mirada feminista sobre la realidad (p. 43)). Al desarrollo y explicacin de estas problemticas y de algunos de esos principios, est dedicado el grueso de Biommesis. La categora que da ttulo al libro desempea, segn Riechmann, un papel central a la hora de dotar de contenido la idea ms formal de sustentabilidad (recordando que el principio, por s solo, no basta para alcanzar la reconciliacin entre sistemas humanos y naturales). El concepto surge de una tradicin que tiene en Lewis Mumford, Ramon Margalef, H. T. Odum o Barry Commoner algunos de sus eslabones esenciales y puede definirse as: debemos imitar la naturaleza a la hora de reconstruir los sistemas productivos humanos con el fin de hacerlos compatibles con la biosfera, y, ms que imitar organismos, o algunas de sus partes, como de hecho ya se ha realizado ocasionalmente en mbitos de la robtica o de la ciencia de los materiales, se trata de imitar ecosistemas. ste es el objetivo, seala Riechmann, que hemos de plantearnos primordialmente (p. 189). No estamos, desde luego, ante una forma reactualizada de la vieja tradicin del derecho natural o ante una tica de cuo naturalista que pretenda deducir valores morales a partir del mundo natural o de ciertos rasgos del mismo, incurriendo con ello, advierte el autor, en errores prximos a la falacia naturalista. No se trata de eso, no se trata de imitar la naturaleza porque sea una maestra moral o porque lo natural per se supere moral o metafsicamente a lo artificial, sino, bsica, esencialmente, porque funciona, porque lleva ms tiempo de rodaje, porque en los sistemas naturales las partes y el todo son recprocamente coherentes despus de casi 4.000 millones de aos de coevolucin. La biosfera funciona aunque, sin duda, sea de forma no siempre acogedora; incluso en ocasiones poco amigable para el ser humano. No se trata, sin embargo, de que no podamos hacer reformas en esta, nuestra casa, sino que debemos pensar muy bien qu tipo de reformas queremos ensayar y cules no en nuestro vulnerable hbitat. Debemos reconstruir los sistemas humanos de manera que encajen armoniosamente, sin inconsistencias, con los sistemas naturales. La biommesis es, por tanto, una estrategia de reinsercin: debemos reintegrar la tecnoesfera en la biosfera. Estudiar esta ltima nos indicar como reformar el mal diseo de la primera, enlazando con ello con algunas propuestas y principios de la tecnologa alternativa de los aos sesenta-setenta del siglo XX. A la crtica del capitalismo y a las propuestas ecosocialistas dedica el autor los captulos 11-14 del volumen. Su crtica central: la expansin mundial del capitalismo, buscando la mxima rentabilidad monetaria por varias vas, incluyendo la generacin irresponsable de supuestas
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externalidades (que jams, claro est, quiere internalizar), choca frontalmente contra el equilibrio ecolgico y la estabilidad de los ecosistemas. Por ello, sin poner trabas a este tipo de acumulacin, no puede atajarse este dinmica suicida, pero, por otra parte, poner trabas a la acumulacin quiere decir ni ms ni menos cuestionar los mismos fundamentos del sistema (p. 263). Es decir, negarse a aceptar, con razones e informaciones, la viabilidad del sistema capitalista y de su modelo civilizatorio que mirado framente parte de un supuesto suicida: producir y producir, sea como sea, incluso hacindolo de forma obsoleta y errnea, a riesgo de transitar por el borde del abismo material, para que la giratoria rueda de la acumulacin monetaria no detenga su marcha. Riechmann delimita la perspectiva ecosocialista de la forma siguiente: el socialismo, como sistema social y como modo de produccin, se caracteriza por dejar de considerar el trabajo como una simple mercanca, el ecosocialismo aade a esta consideracin, sin ningn olvido de lo social, el de la sostenibilidad: tambin la naturaleza debe dejar de ser una mercanca; modo de produccin, organizacin social, deben cambiar para llegar a ser ecolgicamente sostenibles y, adems, justos. Por ello, seala, el ecosocialismo es una perspectiva socialista que toma nota del fracaso real del socialismo irreal, del fracaso y abandono de finalidades alternativas de las socialdemocracias europeas, sin disminuir por ello su voluntad de transformacin social, manteniendo el ncleo moral fuerte de la tradicin (igualdad, comunidad, libertad, autorrealizacin), asumiendo que el presupuesto de la abundancia es un postulado falso e imposible que debe ser abandonado en todo intento de cambio revolucionario (es decir, real, no slo declarativo) y en toda concepcin sobre los fines ltimos de la tradicin que piense por s misma y que no se limite a repetir talmdicamente, como tantas veces hemos hecho, tesis, ideas, datos y argumentos fechados. La doble faceta de ensayista-filsofo y de poeta del autor queda plasmada en el hermoso captulo 15 que cierra el volumen: Todo el sitio para la belleza. Por si faltara algn aliciente, un magnfico prlogo de Francisco Fernndez Buey sobre Filosofa de la sustentabilidad abre el ensayo.
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8. Como abejas de lo invisible. Joaqun Nieto y Jorge Riechmann (coords). Sustentabiidad y globalizacin. Flujos monetarios, de energa y de materiales. Germana, Valencia 2003. 342 pginas.
Dos excelentes ejemplos expuestos por los coordinadores de Sustentabiidad y globalizacin. Flujos monetarios, de energa y de materiales(SyG) sobre mundializacin y modernidad dan cuentan de las preocupaciones esenciales que subyacen a este magnfico volumen. El primero, de Joaqun Nieto (Recorridos moleculares de impacto global, p.13), est extrado de Nuestro futuro robado, de Coborn, Mayers y Dumanoski e ilustra ntidamente los potenciales efectos devastadores de las
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acciones humanas incontroladas: las molculas de PCB fabricadas en una planta surea de Estados Unidos recorren de este a oeste el pas americano, remontan los Grandes Lagos, descienden al mar de los Sargazos, alcanzan el interior del Crculo Polar rtico y ascienden a lo largo de la cadena alimentaria: de la grasa de una pulga de agua a una gamba, un eperlano (un pariente del salmn de 20 cm. de largo), una trucha de lago, una gaviota argntea, un cangrejo, una anguila, un coppodo (un pequeo crustceo que forman parte del plancton), un bacalao rtico, una foca con ocelos y, finalmente, un oso polar, de la isla Kingsoya, a 79 grados de latitud norte, que se alimenta de focas, morsas y peces, ve alterada fuertemente su reproduccin dado que, en su ascensin por la cadena trfica, la concentracin de PCB se ha multiplicado por...3.109! (tres mil millones). El segundo ejemplo es de Jorge Riechmann (Sobre la importancia de lo invisible, p.16), segundo coordinador del volumen. El concepto de mochila ecolgica, ideado por Friedrich Schmidt-Bleek en 1994, considera la suma de todos los materiales que no estn incluidos en una determinada produccin econmica, pero que son necesarios para su produccin, uso, reciclaje y eliminacin. Se abarcara, digamos, desde la cuna del producto hasta su tumba. Veamos la siguiente aplicacin de esa nocin: los movimientos de materiales necesarios para fabricar una bandeja de madera de kilo y medio superan los dos kilos; ste es el valor de su su mochila ecolgica; en cambio, una bandeja de cobre, que presta prcticamente los mismos servicios, si se contabiliza el mineral explotado, el agua consumida y contaminada, los movimientos de materiales en la cadena de transporte, puede alcanzar una mochila ecolgica de media tonelada!. Es decir, unas 200 veces ms que la de madera. La mochila ecolgica media de un automvil pesa ms de 15 toneladas, ms de 10 veces su propio peso. La modernidad del capital (y partidarios) consiste, entre otras cosas, en apostar por el coche, como medio masivo de transporte bsico, y por la bandeja de cobre, como utensilio casero. Como seala Riechmann, es fcil apreciar que, en casos como ste, lo que no se ve cuenta mucho ms que lo que se ve (p. 16). A estos temas y asuntos relacionados apuntan las cuestiones tratadas en SyG. Lo esencial sobre este imprescindible e instructivo ensayo puede formularse con brevedad: cojamos papel y lpiz (o abramos archivos, como se prefiera) y tomemos cuantas notas nos sean necesarias. Obtendremos netos beneficios no mercantiles. No slo por el despliegue de excelentes argumentos e informacin sustantiva que encontraremos, sin demasiado esfuerzo, sino tambin por las magnficas reflexiones filosficas, metafsicas o politicas, como se prefiera, que nos son regaladas aqu y all. Un ejemplo (de Riechmann): El capitalismo tiene que impedir, a toda costa, la pregunta por los fines humanos, y muy especialmente por los fines ltimos o fines en s mismos. Pues su propio para qu ltimo, su finalidad de finalidades, su razn no instrumental sino sustantiva, es extrahumana y no debe enunciarse
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en voz alta: para que siga girando la rueda de la acumulacin de capital. Para ese proceso ciego, para ese canbal dinamismo, los seres humanos provistos de fines propios son un estorbo que hay que orillar (p. 327). Sera por ello una verdadera pena y, adems, un inmenso error que por razones de acumulacin de informacin, por extravo de sendero en el ya inabarcable bosque de publicaciones sobre temas de ecologa y ecologismo, acaso por problemas de distribucin o de simple pero a veces crucial ubicacin en libreras, un trabajo como ste pasara desapercibido al lector vivamente interesado en los cada vez ms cruciales asuntos anexos al llamado desarrollo econmico y al creciente deterioro ecolgico, o al lector/a que est en vas de incorporarse a este ilustrado y crtico movimiento ciudadano cuya importancia no puede ni debe escaprsele a ningn observador atento, movimiento que, como todas las tareas polticas de inters, se mueve por tres normas bsicas: pensar, decir y, sobre todo, hacer (que es, como es sabido, una excelente manera de pensar y decir). Adems, y por si fuera poco, nos ayuda a superar la ensoacin irresponsable. En este caso, el mito de la desmaterializacin econmica. El objetivo bsico del Sustentabilidad y globalizacin (SyG) se explicita en la Introduccin del volumen (J. Riechmann, Sobre sustentabilidad, globalizacin y el movimiento alterglobalizacin, pp. 9-12): desde 1972, desde aquella cumbre de Estocolmo que tuvo como lema Una sola Tierra ha pasado mucha agua contaminada bajo todos los puentes. En los aos ochenta, las voces acrticas del sistema nos sermoneaban hasta cansarnos (y vencernos, por agotamiento): nuestro objetivo, decan, es conciliar el crecimiento econmico y la proteccin del medio ambiente. En los noventa, el registro cambi. El lema publicitario fue reemplazado, y repetido con no menor tenacidad. De lo que trata, de lo que verdaderamente se trata, se nos dice ahora, es de conciliar desarrollo sostenible y globalizacin. Pues bien, a escrutar la sustancia o insustancialidad de esa frase se destina el presente volumen, nacido de un esfuerzo de reflexin que el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS), junto con el Departamento Confederal de Medio Ambiente de CCOO y gracias a la colaboracin de la Universidad Complutense de Madrid, organiz a lo largo del ao 2002, colaboracin que se tradujo en la celebracin de dos cursos: Ecologa y globalizacin. Flujos monetarios, de energa y de materiales (6,7 de marzo de 2002) y Ro + 10: las claves de la Cumbre de la Tierra (29 al 31 de julio de 2002). Componen SyG, adems de la citada introduccin de Riechmann, dos trabajos de Joaqun Nieto, secretario de Medio Ambiente y de Salud laboral de CC.OO. (Recorridos moleculares de impacto global y Balance de la cumbre mundial de desarrollo sostenible: despus de Johannesburgo, qu?), dos imprescindibles ensayos de Jos Manuel Naredo, un modlico artculo de scar Carpintero, tres aportaciones ms de Jorge Riechmann, adems de las contribuciones de Peter Bartelmus, Ivn Murray, Dolores
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Romano y Emilio Menndez, y de una cuidada declaracin de la secretaria de poltica internacional de CC.OO. sobre globalizacin y sindicalismo trasnacional. Me permito recomendar al lector, especialmente interesado en las relaciones entre el movimiento obrero y el ecologismo poltico, el captulo de Riechmann sobre Los efectos del cambio climtico sobre el empleo y la necesidad de una transicin justa (pp.217-258). Adems de ste y sin ningn desmerecimiento del resto de aportaciones, cabe destacar tambin El metabolismo de la sociedad industrial y su incidencia planetaria, de Jos Manuel Naredo crisis; el penetrante artculo de scar Carpintero sobre El papel del comercio internacional y el mito de la desmaterializacin econmica y ecopotico Tiempo para la vida: la crisis ecolgica en su dimensin temporal, de Jorge Riechmann. Una de las tesis centrales del volumen es expuesta por Carpintero con una didctica metfora mdica: Las modernas economas industriales sufren una adiccin enfermiza por los recursos energticos y minerales que, aunque les proporciona bienestar, conlleva la degradacin de su salud futura. Al igual que en los individuos, resulta contraproducente tanto la continuidad de la dosis como la suspensin repentina de la misma. Por lo tanto, la terapia de desintoxicacin debe incorporar la reduccin paulatina y consciente de la droga. No cabe, sin embargo, dejarlo todo a la voluntad del paciente. Aqu los medios para hacerlo mas llevadero estn, desde hace aos disponibles para su uso (p.146). Seala Riechmann que a los icebergs hay que mirarles los bajos, que a los cardos hay que medirles las races y que a los automviles hay que rastrearles su pesada (e inadmisible) mochila ecolgica. Rainer Maria Rilke lo formul as: Somos abejas de lo invisible. Para sobrevivir en el XXI y venideros, el autor de Una morada en el aire nos recomienda y urge para que esa propiedad se extienda mucho ms all del crculo de los poetas. A todos los que (ay!) no pertenecemos a ningn crculo potico, Sustentabiidad y globalizacin. Flujos monetarios, de energa y de materiales nos ensea, nada ms y nada menos, a mirar ms all de lo visible.
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9. Para percibir el autntico poder de la armona Jorge Riechmann (coord), tica ecolgica. Propuestas para una reorientacin. Editorial Nordan-Comunidad, Montevideo 2004, 247 pginas.
El origen de este ensayo coordinado por Jorge Riechmann se encuentra en el Primer Congreso Iberoamericano de tica y Filosofa Poltica celebrado en Alcal de Henares entre el 16 y 20 de septiembre de 2002. El volumen se ha confeccionado con una estricta seleccin de los trabajos all presentados, complementados con algn texto adicional. tica ecolgica aspira a dar una idea de la riqueza y fecundidad que exhibe, a ambos lados del Atlntico, una filosofa que quiere hacerse cargo de los gravsimos problemas ecosociales a los que hacemos frente. Por ello, en l se incluyen diversos textos, unidos por el citado hilo conductor ecosocial, que versan sobre justicia ambiental (Henri Acselrad), sobre el debate en torno a la representacin de las generaciones futuras (M. Teresa La Valle), sobre la aplicacin de la teora de juegos al anlisis del conflicto de la central trmica de Andorra-Teruel (Ricardo Parellada), sobre los derechos de animales no humanos (Carmen Velayos Castelo, Oscar Horta, Ana Cristina Ramrez Barreto), sobre agrotica (Jorge Riechmann), sobre tica-esttica desde una perspectiva ambiental (Ana Patricia Noguera), sobre ecofeminismo (Mara Jos Guerra Palmero),
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adems de un magnfico anlisis del problema de la extensin de la comunidad de justicia en el liberalismo verde rawlsiano (Joaqun Valdivielso Navarro). Cierra el volumen un sentido eplogo del coordinador: Una comunidad que incluya a los muertos, las encinas y las abejas. Las pginas iniciales de tica ecolgica se abren con la declaracin final de este Primer Congreso de Filosofa moral y poltica, encuentro que se inscribe en el proyecto de creacin de una comunidad filosfica iberoamericana que aspira a tener una voz propia en el concierto mundial del pensamiento, sin olvidar que, como seala Luis Villoro, la marca de originalidad que una comunidad filosfica determinada imprime en una produccin filosfica no consiste, desde luego, en el tratamiento de temas que le fueran exclusivos o en la formulacin de problemas peculiares sino en la importancia que concede a unos y otros siguiendo deseos colectivos; se traduce entonces en un estilo, un enfoque, un modo especfico de tratar problemas universales, que expresa necesidades y supuestos culturales propios (p. 11) [el nfasis es mo]. Esta voz propia de la comunidad iberoamericana se caracteriza en la declaracin como una voz crtica y abierta, que cree que Iberoamrica es impensable sin Europa y Europa sin Iberoamrica, afirmacin que adquiere especial relevancia en el caso de dos pases europeos: de Portugal y de Espaa. Las siguientes pginas de tica ecolgica incluyen un manifiesto de 54 puntos -Una tica para la sustentabilidad. Manifiesto por la vida, pp. 15-28, que demanda adhesiones que pueden remitirse a www.rolac.unep.mx/educamb/esp/matexto.htm-, aprobado, en Bogot, en el simposio sobre tica ambiental y desarrollo sustentable, reunido a instancias de la XIII reunin del Foro de Ministros de Medio Ambiente de Amrica Latina y el Caribe. Lo mnimo que debera decirse -y acaso lo esencial- de ese manifiesto es que est tan lleno de sugerencias, de nuevas lneas de reflexin y de argumentacin que debera figurar como texto de lectura obligatoria para su comentario, crtica y posible ampliacin, y para gua no olvidada de actuaciones, en toda instancia cultural y poltica que se preciara por su sensibilidad ante los acuciantes, y nada especulativos, problemas medioambientales a los que se enfrenta, a los que nos enfrentamos, la Humanidad presente y futura. Acaso no sea exagerado afirmar que se trata de una propuesta para una futura declaracin de los deberes y derechos humanos medioambientales. No logro concebir que ninguna fuerza, organizacin o colectivo de izquierdas tenga reparos en suscribir cada uno de sus puntos. Todo en l es sustantivo. Baste citar, a ttulo de ejemplo, dos de sus tesis. La primera: la crisis ambiental es una crisis de civilizacin, es decir, la crisis de un modelo econmico, tecnolgico y cultural que ha depredado a la naturaleza, ha subyugado las culturas alternas, ha menospreciado la diversidad cultural, discrimina al Otro -al indgena, al pobre, a la mujer, al
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negro, al Sur- mientras privilegia un modo de produccin explotador, generador de un estilo de vida desmesuradamente consumista, que han devenido netamente hegemnicos en el actual proceso globalizador. La penltima tesis: la tica de la sustentabilidad es una tica del bien comn. El Manifiesto ha sido realizado en comn para convertirse l mismo en bien comunitario; por ello, busca inspirar principios y valores, promover razones y sentimientos y orientar procedimientos, acciones y conductas hacia la construccin de sociedades sustentables. El coordinador del volumen finaliza sus consideraciones sobre tica ecolgica y actividad agropecuaria, recordando que, entre 1923 y 1946, Diego Rivera pint en ciudad de Mxico, en la sede de la Escuela Nacional de Agricultura, una serie de murales que nacieron bajo el lema Aqu se ensea a explotar la tierra, no al hombre, y apunta Riechmann que a comienzos del siglo XXI, lo que est a la orden del da, es aprender a labrar, pastorear, plantar, pescar sin explotar ni la tierra ni al ser humano. Esta es, sin duda, una de las cruciales tareas de nuestra hora. tica ecolgica nos ilustra y ayuda describiendo un razonado y documentado panorama de la urgencia de nuestros haceres y de la decisiva importancia de los mismos. Aqu, como en tantos otras ocasiones, de lo que se trata no es slo de interpretar el mundo -que tambin- sino de transformarlo y, por ello, tambin aqu la mejor forma de decir es hacer y vivir (ya) de otro modo.
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10. Cuadro verde con tonalidades rojizas. ngel Valencia Siz (ed), La izquierda verde. Prlogo de Andrew Dobson. Icaria, Barcelona, 2006, 383 pginas.
Hay como mnimo una razn para quedarse sorprendido, netamente sorprendido, y agradecido a un tiempo, al leer el magnfico prlogo de Andrew Dobson que abre este volumen. Dobson, catedrtico de Ciencia Poltica en la Open University de Londres, miembro del consejo editorial de Environmental Politics y reconocido autor o editor de numerosos trabajos sobre pensamiento y poltica ecologista, y tambin de un ensayo de 1989 sobre Ortega -Una Introduccin a la poltica y filosofa de Jos Ortega y Gasset- Dobson, por motivos geogrficos y profesionales, es persona que, en principio, no sigue, que no puede seguir con detalle, las vicisitudes concretas de la poltica y la cultura espaolas. Pues bien, a pesar de ello, en el prlogo que comentamos, al sealar que el ecosocialismo se desarrolla, como no poda ser de otra forma, de acuerdo con la naturaleza singular de los sistemas polticos en los que se inserta, afirma que el caso espaol est netamente influido por nuestra experiencia de transicin a la democracia y por la forma en que el marxismo influy en el movimiento antifranquista, aadiendo Dobson: Eso permiti que el marxismo sobrevivir de un modo que distingue a Espaa del resto de Europa, dando lugar a algunas de las ms sofisticadas ideas acerca de la relacin entre el marxismo y los nuevos movimientos sociales (es el caso de Manuel Sacristn y mientras tanto) que surgan en esa poca en el continente. De ah que el ecosocialismo espaol sea el resultado de la izquierda que se ha unido al ecologismo poltico, mientras que en otros lugares normalmente es el ecologismo poltico el que se une al socialismo (pp. 8-9) [La cursiva es ma]. He de confesar que no acabo de seguirle en la conclusin que extrae, pero si debo remarcar su
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sensibilidad para reconocer el trabajo pionero de un autor y de una publicacin cuya labor e importancia no siempre son reconocidos equilibradamente y sin sectarismos. La izquierda verde traza un brillante y documentado panorama del paradigma ecologista, tanto en su vertiente ms terica como en sus consideraciones polticas o de intervencin. El volumen est estructurado en cuatro apartados: Pensando en la izquierda verde, con artculos de Valdivielso, Riechmann y Arias Maldonado; El espacio poltico de la izquierda verde, con trabajos de Pedro Ibarra y Alberto de la Pea, y ngel Valencia, al mismo tiempo editor del volumen; La izquierda verde en el caso espaol, con trabajos de M. A. Llauger, sobre el ecologismo en las Baleares, de Ricard Gom y Marc Rius sobre el ecologismo en Catalunya y de Jos Larios Martn sobre el ecologismo andaluz. Dos artculos, uno de Juan Carlos Monedero y Joaquim Sempere, forman el cuarto apartado La izquierda verde: perspectivas y desafos de futuro- y una documentada y muy til gua de lectura de Joaqun Valdivielso y Manuel Arias cierra el volumen. En la introduccin de ngel Valencia Izquierda s, pero sostenible- se puede encontrar un resumen de todas las aportaciones incluidas (pp. 17-24). Como suele ocurrir en este tipo de publicaciones, y no es ningn demrito desde luego, la diversidad de trabajos permite diversas aproximaciones a gusto del lector o lectora. El estudioso del movimiento poltico ecologista, por ejemplo, tiene en la tercera parte un buen material de estudio; el analista de los movimientos sociales y la concepcin ecologista tiene tambin excelente material en los trabajos de Pedro Ibarra y Alberto de la Pea y ngel Valencia. El interesado por todo tiene ante l todo el volumen, sin resto. Me permito recomendar por su vuelo terico la atenta lectura de los trabajos de Valdivielso El ser natural humano. Ecologismo, marxismo y socialismo-, La crtica ecosocialista al capitalismo, de Jorge Riechmann; La izquierda verde ante los desafos del nuevo milenio, de Joaquim Sempere, y Verde izquierda desbordante: apuntes para un socialismo posmoderno, de Juan Carlos Monedero. Riechmann, por ejemplo, construye una excelente argumentacin para negar la compatibilidad del sistema de produccin y vida capitalistas con la preservacin a medio y largo plazo de la biosfera, tanto para la humanidad actual como para las generaciones futuras, defiende, pues, la tesis de la irresolubilidad de la actual crisis ecolgica en trminos de civilizacin capitalista, al mismo tiempo que seala lneas de actuacin polticas para el avance de la alternativa ecosocialista Ms all de las preferencias e intereses de cada cual, ms all de la coincidencia total con la formulacin de los tres ejes polticos que seala el editor del volumen en su introduccin, este ensayo es sin ninguna duda una excelente aproximacin a los planteamientos, anlisis, propuestas y actuaciones ecologistas, en el que quiz falte un mayor balance critico de las
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experiencias polticas -no slo de oposicin o de crtica sino gubernamentales, de poder- en las que recientemente han estado (y siguen estando) inmersas formaciones polticas enmarcadas en ese paradigma poltico-filosfico o en grupos polticos de orientacin ecologista de mbito internacional. Quiz interese sealar con prudencia algunos puntos de discrepancia o de duda, marginales en todo caso y que en absoluto pretenden negar valor ni inters al conjunto del volumen. Por ejemplo, el documentado trabajo de Ricard Gom y Marc Rius, sobre Iniciativa per Catalunya Vers (ICV) presenta, en mi opinin, algunas dificultades. La primera, acaso inevitable, es que los autores estn demasiado prximos a la formacin poltica que analizan, tienen su piel muy prxima al cuerpo que presentan para lograr un distanciamiento terico, sin que ello quiera significar que hayan construido una apologa desmedida y en al aire de la organizacin. La segunda dificultad est relacionada con algunos cuadros- resmenes que presentan y que en mi opinin responden a un intento excesivo por establecer diferencias con formaciones prximas en puntos o lugares donde acaso no haya tales demarcaciones. En el primer caso (p. 259) presentan un resumen de doble entrada eje econmico tradicional: Izquierda, derecha; propuestas econmicas: sostenibilidad: eje ecolgico emergente, productivismo- y sitan en la casilla izquierda sostenible a la izquierda verde, al ecosocialismo, y en la casilla izquierdaproductrivismo a la izquierda clsica, a los socialdemcratas y a los, en palabras de los autores, neocomunistas. En el segundo resumen (p. 260), el cuadro se construye en base a la apuesta por la redistribucin y la cohesin social (fuerte-dbil) y a la autodeterminacin personal (fuerte o dbil expresin de las diferencias). En la casilla redistribucin fuerteautodeterminacin fuerte sitan a la izquierda verde, y en la casilla redistribucin fuerte-dbil expresin de las diferencias a la izquierda clsica. Y, claro est, las preguntas se amontonan: la izquierda clsica mantiene o sigue manteniendo una expresin dbil de las diferencias y vacila, por tanto, en el tema de la autodeterminacin personal? Hay que recordar de nuevo aquel pasaje del Manfiesto donde se define la libertad de cada cual como condicin necesaria para el libre desarrollo de todos? La izquierda clsica sigue siendo una izquierda productivista? No hay autores y planteamientos nomimal y efectivamente ecologistas en el seno de la tradicin que ellos caracterizan como neocomunista? En tercer lugar, resulta algo extrao trazar una historia de Iniciativa per Catalunya (qu nombre tan raro, qu denominacin tan poco ecologista), y del ecologismo en Catalunya, sin citar a un autor que mirado como se quiera mirar, incluso, como comentbamos, desde la perspectiva de Andrew Dobson, ha sido central en la irrupcin del pensamiento ecologista, en la renovacin de la tradicin marxista catalana y en el mismo activismo antinuclear. Me refiero, claro est, a Manuel Sacristn.
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De hecho el libro azul, el Manifiesto Programa de Iniciativa de 1996 creo recordar, al que los autores hacen referencia (p. 252), fue escrito por dos discpulos, y no cualesquiera, del propio Sacristn, por Francisco Fernndez Buey y Vctor Ros. La aportacin de Juan Carlos Monedero es un excelente trabajo, empezando por el ttulo: Verde izquierda desbordante -el subttulo acaso algo menos: Apuntes para un socialismo posmoderno- , siguiendo por sus fuentes: De Sousa Santos y Riechmann, y continuando por su desarrollo y su magnfico estilo literario. Empero, me permito tres puntualizaciones. La primera: no acabo de ver que la apuesta por una ontologa dinamicista de lo social y lo natural ponga en crisis la lgica aristotlica de la identidad y no creo que sea posible ni concebible que la tierra sea A y no A, y A y su contrario (p. 304). La segunda: no estoy convencido que sea una buena formulacin afirmar que la razn moderna fracas a la hora de frenar el nazismo, y que vuelve ahora a naufragar ante un mundo indolente pese al mundo dolor (p. 305). Es as de hecho? No es la razn instrumento imprescindible para superar nuestra crisis? No abrimos con ello la puerta de atrs incuso la entrada principal- a algn irracionalismo poco cuidadoso y poco aconsejable terica y polticamente? Por lo dems, la ausencia de certeza en ciencia es muy anterior Ignoramos e ignoraremos- a la irrupcin de la mecnica cuntica y, en principio, el principio de incertidumbre, es independiente de ella (p. 312), y, en principio, la preocupacin de algunos cientficos por las aplicaciones tecnolgicas de la ciencia es igualmente anterior o paralela al mal que han ocasionado o estn ocasionando sus aplicaciones ms recientes. Empezando por Neurath y siguiendo por Einstein, Szilrd o por Commoner. Por lo dems, el paralelismo o anticipacin que establece Monedero entre Rousseau y Clausius a propsito del segundo principio de la termodinmica (p. 311, nota 3) acaso sea una conjetura de alto riesgo. Dobson recuerda en su prlogo una afirmacin de Jos Antonio VieraGallo, secretario de Justicia en el gobierno de Salvador Allende: El socialismo puede llegar slo en bicicleta. Aunque no quede bien en la hora de hoy, la frase recuerda aquello que, segn parece, dijo el mismsimo Chu En-Lai a Nixon en su visita a China ante el asombro de ste por la cantidad de bicicletas que circulaban entonces por Pekn: No aspiramos, dijo Chu En-Lai, a que Pekn sea el caos urbanstico de Nueva York ni que cada familia china tenga en casa dos, tres o cuatro motores de explosin. Garca Lorca, el gran poeta asesinado, lo haba dicho y cantado ya en su Romance sonmbulo: Guardias civiles borrachos/ en la puerta golpeaban./ Verde que te quiero verde,/ verde viento, verdes ramas./ El barco sobre la mar/ Y el caballo en la montaa.
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11. Historia de un trascendental descubrimiento cientfico Spencer Weart, El calentamiento global. Editorial Laetoli, Pamplona, 2006. Traduccin de Jos Luis Gil Aristu; revisin tcnica de Alfredo Rueda y Bosco Imbert, 262 pginas.
Uno de los datos cientficos ms significativos es el reconocimiento creciente de que el cambio climtico no se debe exclusivamente al CO2. (aunque, por supuesto, se deba tambin al CO2). La actividad humana est aportando -adems de otros gases de efecto invernadero como el metanouna cuarta parte, al menos, de polvo, niebla qumica y otras partculas en aerosol presentes en la atmsfera terrestre. Todos estos agentes tienen mltiples efectos sobre la radiacin de entrada y salida, directamente o mediante su influencia en las nubes (p. 202). La principal fuerte de incertidumbre actual no se halla en la ciencia. Para predecir el cambio climtico habr que prever antes los cambios en el nivel de CO2 metano y otros gases de efecto invernadero, adems de las emisiones de humo y otros aerosoles, por no mencionar los cambios en cultivos y bosques. Estos cambios dependen menos de geoqumica y la biologa de las acciones humanas. La cuestin de si el mundo experimentar un calentamiento suave o drstico depende, sobre todo, de las futuras tendencias sociales y econmicas (p. 226). Hay ms probabilidades de que suframos un calentamiento global que lo contrario: Debemos esperar que el comportamiento del clima siga cambiando y que los mares continen subiendo de nivel atenindose a unas pautas cada vez peores que conoceremos a lo largo de nuestras vidas y que se prolongar hasta las de nuestros nietos (p. 235). Spencer Weart, director desde 1974 del Centro de Historia de la Fsica del American Institut of Physics en College Park, Maryland, advierte en el prlogo de su ensayo (pgs 7-10), con algn que otro presupuesto eurocntrico, que tenemos que tomar decisiones difciles, que nuestra respuesta a la amenaza del calentamiento global afectar a nuestro bienestar, a la evolucin de las sociedades humanas y, de hecho, a todas las formas de vida de nuestro planeta. Uno de los objetivos de su ensayo es ayudar a los lectores a entender el atolladero en el que nos encontramos, explicando cmo se ha llegado a l. No es, pues, tema central de El calentamiento global las acciones que podamos y debamos acometer en el futuro y en nuestro inmediato presente. Se narra en l, cmo hemos llegado
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a la situacin actual y cmo hemos llegado a comprenderla. La larga lucha para concebir cmo la humanidad poda estar alterando las condiciones atmosfricas fue un esfuerzo poco visible (p. 7). Algunos eslabones de este descubrimiento, mayoritariamente aceptado por las comunidades cientficas, seran los siguientes: 1. En 1896, un solitario cientfico sueco Svante Arrhenius- descubri el calentamiento global como concepto terico, tesis que en aquel entonces la mayora de los especialistas declararon como muy improbable, y an ms: la mayora de los cientficos pensaban en 1910 que los clculos de Arrhenius eran completamente errneos. El argumento de Arrhenius fue el siguiente: si una racha de erupciones volcnicas expulsara gran cantidad de CO2, elevara con ello la temperatura y este pequeo incremento tendra como consecuencia que el aire caliente retendra ms humedad; como el valor de agua es el gas de efecto invernadero ms importante, la humedad adicional aumentara el calentamiento de forma considerable al bloquear ms la radiacin infrarroja; a la inversa si se interrumpieran todas las erupciones volcnicas: el CO2 acabara siendo absorbido por el suelo y el agua de los ocanos, y el aire, al enfriarse, retendra menos vapor de agua y por consiguiente, se bloqueara en mucha menor media la radiacin infrarroja: este proceso conducira a una gladiacin. 2. En la dcada de los cincuenta del siglo XX, unos cientficos californianos descubrieron el calentamiento global como mera posibilidad, como un riesgo que poda tener lugar en un futuro muy remoto. 3. En 2001, apenas 50 aos ms tarde, una organizacin que moviliz a miles de cientficos de todo el mundo descubri el calentamiento global como fenmeno que haba comenzado ya a influir de manera cuantificable en las condiciones atmosfricas y que poda agravarse mucho ms. El lector no encontrar en este estudio denuncias polticas globales contra el demenciado sistema de produccin regido por el beneficio maximizado como norma esencial; sin embargo, hay apuntes, reflexiones, notas puntuales que no parecen transitar por sendero opuesto (quizs pueda afirmarse, eso s, que el estudio de Weart est demasiado centrado en aportaciones de los cientficos norteamericanos y que acaso no tenga suficientemente en cuenta contribuciones de cientficos de otras reas geogrficas). Por ejemplo, el autor no tiene ningn reparo en recordar que Reagan asumi la presidencia de USA con una administracin que despreciaba abiertamente las preocupaciones por el medio ambiente, incluido el calentamiento global. Muchos conservadores metan en un mismo saco todos esos asuntos considerndolos peroratas de progresistas hostiles al mundo empresarial, un caballo de Troya para favorecer el desarrollo de la regulacin gubernamental y los valores profanos (p. 172). Igualmente seala que, despus de la confirmacin del descubrimiento, los estudiosos que criticaban de manera mas categrica las previsiones del calentamiento global, generalmente, no editaban sus trabajos en publicaciones cientficas
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clsicas sino en escenarios financiados por grupos industriales y fundaciones conservadoras, o en medios de orientacin empresarial, como The Wall Street Journal (p. 198), o tambin que El problema desaparecera de la atencin pblica en medio de los distintos episodios de la polmica. Los polticos no crean poder ganar mucho agitndolo. El propio Gore se limit a mencionar brevemente el calentamiento global durante su campaa para la presidencia de EEUU el ao 2000 (p. 215) (Ello no es obstculo, claro est, para discrepar de algunas afirmaciones polticas laterales- del autor. Por ejemplo, su optimista balance sobre el avance de los gobiernos democrticos en el mundo a lo largo del siglo XX (p. 189), su consideracin de la influencia creciente de las instituciones con fundamentos democrticos en los asuntos mundiales, o sobre su misma acepcin de la categora democracia). Como un buen libro no estrictamente acadmico de historia de la ciencia, que es lo que en definitiva es El calentamiento global, podemos encontrar en l excelentes apuntes sobre cuestiones epistemolgicas anexas. As, entre otros asuntos, sobre la complejidad: Miles de personas realizan estudios afanosos que slo casualmente nos dirn algo sobre el cambio del clima. Muchos cientficos son apenas conscientes de la existencia de otros como ellos () Este tipo de ciencia cuyas especialidades slo establecen contactos parciales se ha extendido conforme los cientficos se esforzaban por entender asuntos cada vez ms complejos (p. 9); sobre los inevitables lmites del conocimiento humano: El carcter enmaraado de los estudios climticos es un reflejo de la propia naturaleza. El sistema climtico de la Tierra es de una complicacin tan poco simplificable que nunca lo entenderemos por completo como podemos entender una ley fsica. Esas incertidumbres contaminan la relacin entre climatologa y poltica (p. 9); sobre las presuposiciones metacientficas: Segn esta concepcin, el aumento o la reduccin de la nubosidad para estabilizar la temperatura o a manera como los ocanos mantendran un nivel fijo de gases en la atmsfera eran ejemplos de un principio universal: el equilibrio de la naturaleza. Casi nadie imaginaba que las acciones humanas, tan insignificantes en medio de la vastedad de las fuerzas naturales, pudieran trastocar el equilibrio que gobernaba el conjunto del planeta. Esa visin de la Naturaleza como algo sobrehumano, benevolente e intrnsecamente estable- se hallaba profundamente asentada en la mayora de las culturas humanas (p. 19); sobre la politizacin de la ciencia: En 1945, conforme remita el esfuerzo blico, los cientficos se preguntaban qu sera de aquellas empresas. La Armada de Estados Unidos decidi tomar cartas en el asunto y financiar estudios de base a travs de un nuevo Departamento de Investigacin NavalLa disponibilidad sin trabajas de unos cerebros preparados poda ser esencial en futuras situaciones de emergencia. Entre tanto, los cientficos que hicieran descubrimientos clebres daran prestigio a la nacin en la competicin mundial con la Unin Sovitica en marcha ya para entonces: la
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Guerra Fra. Haba, pues, motivos para apoyar a los buenos cientficos, sin que importara qu problemas decidieran resolver (p. 35) o En 1981, por ejemplo, Hansen envi a Sullivan un informe cientfico que estaba a punto de publicar y en el que anunciaba que el planeta se estaba calentando perceptiblemente. El efecto invernadero fue por primera vez noticia de primera pgina en The New York Times. Sullivan amenaz al mundo con un calentamiento sin precedentes que poda provocar una subida desastrosa del nivel del marEl Departamento de Energa respondi incumpliendo la promesa de financiacin dada a Hansen, quien tuvo que despedir a cinco personas de su Instituto (p. 173); o sobre las normas cientficas y el contexto social: El mantenimiento de la confianza es ms difcil cuando la estructura social no tiene cohesin. Un grupo especializado no puede comprobar a fondo el trabajo de investigadores de otra rama cientfica, sino que debe aceptar su palabra en el terreno en que es vlida . El estudio del cambio climtico es un ejemplo extremo. Los investigadores no pueden aislar la meteorologa de la fsica solar; los estudios sobre contaminacin de la informtica; la oceanografa de la qumica glacial; etctera. La gama de revistas que citan en sus notas a pie de pgina es muy amplia. Esta amplitud resulta inevitable, al ser tantos los factores diferentes que influyen realmente en el cima (p. 229). El cambio climtico, advierte Weart, no es una historia sino muchas historias paralelas conectadas de forma espordica; su libro las entreteje artificialmente en una nica perspectiva. Para mayor profundizacin, para conseguir ms informacin, el autor remite a una pgina que, con sus propias palabras, contiene dos docenas de ensayos paralelos y tres veces ms informacin que el libro: www.aip.org/history/climate. Apuntaba el climatlogo Stephen H. Schneider en su resea del ensayo de Weart en Nature: ste es un libro excepcional. Quizs el mayor elogio que pueda hacerle es afirmar que tratar de utilizarlo en lugar de mi propio libro en las clases sobre el clima. El calentamiento global est ms puesto al da, es ms slido histricamente, est muy bien escrito y, lo que es ms importante, es corto y va derecho al grano. Suena a mensaje publicitario y de hecho la cita de Schneider figura en la contraportada del libro- pero, adems, es una afirmacin verdadera, verdadera sin sombra razonable de duda. De hecho, como recordaba Jos A. Tapia, James Hansen, el cientfico de la NASA al que haca referencia Weart, sostiene que las estimaciones de las consecuencias del cambio climtico que se han hecho hasta ahora son muy optimistas en cuanto a la subida del nivel del mar. Segn el IPCC -el Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas- y la EPA -la Agencia de Proteccin Ambiental de EEUU-, lo esperable es una subida de un metro como mucho en los prximos cien aos, pero Hansen sostiene que, teniendo en cuenta la velocidad a la que se est deshelando Groenlandia y la Antrtida, pueden ser ms bien 25 metros. Imaginemos las consecuencias de
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esta subida para ciudades costeras como Buenos Aires, Nueva York, Lisboa o Barcelona.
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-Eres estpido, terriblemente estpido!- dijo contumaz Ivn-. Miente con ms ingenio; si no, dejar de escucharte. T quieres vencerme con el realismo, convencerme de que existes, pero yo no quiero creer que existes! No lo creer! -No miento, todo es verdad; por desgracia, la verdad suele ser siempre poco ingeniosa. Ya veo que esperas de m algo grande, quiz esplndido. Es una gran pena, porque yo doy slo lo que puedo... -No filosofes, asno! -Bueno estoy yo para filosofar, cuando tengo todo el costado derecho paralizado, gimo y bramo... Fedor Dostoievski, Los hermanos Karamzov
Tengo que estudiar de una vez en profundidad el aspecto cultural y de conciencia, no semitico, de la filosofa. El decir y calmarse. Manuel Sacristn Luzn, 2.IV.1965.
II. Filosofa
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1. Las slidas razones del sistemismo. Mario Bunge: La relacin entre la sociologa y la filosofa, EDAF Madrid 2000, 359 pginas. Traduccin de Mara Dolores Gonzlez Rodrguez. Revisin de Miguel ngel Quintanilla.
Sera estpido y suicida, apunta Mario Bunge, perder la esperanza en nuestra capacidad para disear o redisear el futuro y asegurar prudentemente la supervivencia de nuestra especie con la ayuda del conocimiento positivo, de la tecnologa y de una moralidad humanista y altruista a un tiempo, sin que, desde luego, ello implique despreciar otro tipo de saberes, aproximaciones y ayudas fundamentadas. Sin embargo, en nuestra postmoderna era, en el nuevo romanticismo en el que nos encontramos inmersos, apunta el inolvidable autor de La investigacin cientfica, se ha puesto de moda abandonarse a esa desesperacin y encima culpar de nuestros actuales problemas a la razn, la ciencia y la tecnologa, en vez de a los valores errneos y a nuestros lderes polticos y empresariales.(la cursiva es ma). De dnde la pujanza de este neorromanticismo? En opinin de Bunge son varias las razones: 1. El incumplimiento de las ilusiones y promesas de la gente de la generacin del autor; 2. porque lo fcil es creer sin excesivo fundamento; 3. porque la inaccin es ms cmoda que la accin y 4 porque el irracionalismo esta apoyado por las la fuerzas ms reaccionarias, que prosperan gracias a nuestra ignorancia y desgana para abordar los problemas sociales de un modo racional y realista. El autor recuerda en este punto al mismsimo Isaac Asimov: es ms fcil y, desde luego, menos peligroso rechazar la ciencia y al tecnologa sin ms y sin matices, que rebelarse con tenacidad contra el orden social realmente existente para muchos millones de seres humanos: lo primero solo necesita ignorancia y no pone en peligro nuestra vida y nuestra libertad. sta es una de las provocativas tesis que Mario Bunge defiende (con la tenacidad, rigor y conviccin a las que nos tiene acostumbrados) en su reciente volumen La relacin entre la sociologa y la filosofa (RESF). El autor, bonaerense de nacimiento, aunque no de devocin, octogenario pero activsimo, es, sin duda, una de las principales figuras actuales de la filosofa de la ciencia escrita en algunas de las lenguas hispnicas o no hispnicas. Sus publicaciones trazan un amplio crculo filosfico y cientfico. Cualquier resumen es traicionarle. A pesar de ello, cabe citar Filosofa de la fsica, Materialismo y ciencia, Las teoras de la causalidad, Economa y filosofa, llegando, finalmente, a este RESF, sin olvidar los ocho volmenes no traducidos de su Treatise on basic philosophy.
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RESF consta de diez captulos. El 1 y el 5 han sido escritos por Bunge especialmente para el volumen. Los dems son versiones completamente revisadas de publicaciones anteriores y corresponden a un grupo de trabajos escritos entre 1991 y 1997 en la revista Philosophy of the Social Science, adems de ponencias y conferencias como la leda en la New York Academy of Science en 1995 con el ttulo Flight from Science and Reason. El mismo Bunge apunta en su Prefacio (pp. 21-24) algunas de las principales tesis defendidas a lo lago del volumen. Sostiene, en primer lugar, que la sociologa y la filosofa no son territorios disjuntos sino que estn netamente conectadas. Son muchos los cientficos sociales y filsofos que proclaman que sociologa y filosofa son mbitos de investigacin separados cuando no disjuntos. La sociologa es una disciplina positiva, con alguna contaminacin filosfica; la filosofa, sin embargo, es otra cosa. Algunos se preguntan dnde y cmo trazar los lmites exactos entre uno y otro saber. Bunge sostiene, por el contrario, que los dos campos estn entrelazados y que no slo no es posible sino que, adems, no es deseable trazar ninguna lnea de demarcacin entre ellos. Ms an: sostengo que todas las ciencias -naturales, biosociales y sociales-, interseccionan con la filosofa. Es, por tanto, falsa la tesis positivista segn la cual hay una neta lnea de demarcacin entre el mbito cientfico y el espacio filosfico. As, apunta Bunge, la nocin de sociedad es tanto un concepto cientfico, dado que aparece en todas las ciencias sociales, como una categora filosfica. Si para el individualismo metodolgico este concepto es problemtico y prescindible y para los holistas es una nocin no analizable, Bunge, desde su sistematismo, sealar la correccin y los beneficios de esta nocin. Otro ejemplo, para ilustrar su tesis conectiva, estara situado en la idea de que la sociedad posee propiedades emergentes o supraindividuales. Como, por ejemplo, poseer una estructura. Ah tenemos el caso, seala Bunge, de una categora netamente filosfica (emergencia) que aunque causa recelos en parte de la comunidad de los cientficos sociales. Esta tesis relacionista, nos recuerda Bunge, no habr sorprendido a clsicos del pensamiento como Stuart Mill, Marx, Durkheim o Weber, ni tampoco a Keynes, Braudel, Gellner, Merton, Marvin Harris o Amartya Sen. Eso no quita que la tesis tiene que ser refinada y ejemplificada repetidas veces, porque es ajena tanto a la corriente principal de la sociologa como a las filosofas dominantes . As pues, el autor reitera la relevancia de la filosofa o de algunas filosofas para la sociologa, aquellas corrientes que afrontan las problemticas filosficas que surgen en la investigacin social. Otras, en opinin del autor, como la filosofa lingstica o el deconstruccionismo impiden la investigacin e incluso el debate racional. Qu har, que debera hacer pues una filosofa de la ciencia fecunda y crtica como la
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defendida por el autor? Mostrar presuposiciones tcitas, analizar conceptos esenciales, refinar estrategias huersticas, elaborar sntesis coherentes, realistas y sugerentes e incluso identificar y ayudar a debatir nuevos problemas importantes . El autor no oculta su militancia en el llamado realismo filosfico que l mismo caracteriza del modo siguiente: 1. El realismo, los realistas, creen que los hechos sociales son objetivos, incluso cuando sean invenciones sociales, pero tambin reconocen que los hechos pueden percibirse de modos diferentes por individuos diferentes. 2. Las ideas se construyen por los individuos en lugar de encontrarlas ya elaboradas. Son pues constructivistas psicolgicos y epistemolgicos pero no en cambio constructivas ontolgicos. Los cientficos creen e imaginan conceptos pero no crean la realidad o el suelo que los sugiere. 3. Desde una posicin realista, Bunge se opone al holismo tipo Durkheim que sostendra que los hechos sociales acontecen por encima de los actores sociales. Si se quiere, que somos simples peones en algn tablero Supremo de Ajedrez. Desde su posicin, las personas construyen no slo la sociedad en la que viven sino las herramientas conceptuales que usan para actuar y comprender esa misma sociedad. Bunge se pone manos a la obra y acta en consecuencia. No slo reflexiona filosficamente en torno a la sociologa y las ciencias sociales, en general, sino que, aceptando como buena la interseccin filosofa-sociologa, interviene ntidamente con aportaciones sustanciales en la arena sociolgica. Como entrante, nada carnvoro pero s apetitoso, sealo algunas de los temas y tesis principales apuntadas por el autor. En el primero de los captulos de RESF Bunge argumenta ampliamente sobre la relevancia de la filosofa para la sociologa y caracteriza detalladamente la ontologa social que l defiende: el sistemismo. Esta es la concepcin segn la cual toda cosa es un sistema o un componente de algn sistema, donde un sistema es desde luego un objeto complejo cuyas partes se mantienen unidas por vnculos de una o ms clases (p. 30). As pues, desde esta concepcin, todos los rasgos sociales, tanto los econmicos, como los culturales o polticos, forman una nica pieza. Podemos distinguirlos analticamente, pero son inseparables nticamente. Por lo que el sistemismo claramente engloba tanto al individualismo, puesto que tiene en cuenta la composicin, como al holismo, dado que enfatiza la estructura u organizacin, pero supera a ste dado que no acepta que las totalidades no sean descomponibles y discrepa del individualismo metodolgico que piensa los todos sociales como simples agregados de individuos autnomos. Apunta el autor (pp. 36-38) que hay quienes consideran que el estudio atento de los sistemas sociales niega la existencia de leyes generales. Defienden aquellos que los estudios sociales son necesariamente idiogrficos o particularizados, no nomotticos o generalizadores. Bunge argumenta, en este caso, fcticamente y pone el ejemplo de algunas leyes sociales
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conocidas que falsan la tesis anterior. As, 1. Las tasas de nacimientos estn directamente relacionadas con la mortalidad infantil e inversamente relacionadas con el nivel de vida, 2. La concentracin de poder econmico va acompaada de una concentracin de poder poltico y cultural, 3.La pobreza impide el desarrollo fisiolgico o 4. La profunda desigualdad social retrasa el crecimiento econmico. Por ello, an admitiendo que el conjunto de las leyes sociales conocidas es netamente menor que el de las de la fsica, la qumica o la biologa, Bunge sostiene que las ciencias sociales son tanto ciencias nomotticas como idiogrficas. El segundo captulo de RESF (Mecanismo), tal vez la seccin de mayor complejidad del volumen, se centra en el tema de la importancia del mecanismo en la explicacin de las cuestiones sociales. As, cmo se explica la fuerte correlacin positiva entre la pobreza y el desempleo? Las personas son pobres al estar desempleadas o ms bien ocurre a la inversa? Una posible explicacin toma como eje un mecanismo: el del ciclo causal o bucle de realimentacin positiva: pobreza desnutricin y falta de habilidades marginalidad desempleo pobreza (p. 50). El concepto original de mecanismo ha sido ampliado netamente desde el siglo XVII, cuando, apunta Bunge, los mecanicistas dominaban la ciencia natural. Un mecanismo, define, es un proceso en un sistema concreto, capaz de producir o impedir algn cambio en el sistema en su conjunto o en alguno de sus subsistemas. En resumen, un mecanismo es cualquier proceso que hace funcionar a una cosa compleja (p. 55). As pues, si bien todo mecanismo es un proceso, la inversa es falsa. El crecimiento econmico, por ejemplo, es un proceso resultante de la operacin de determinados mecanismos de produccin, comerciales y polticos, como investigacin y desarrollo, mercadotecnia e intervencin en asuntos extranjeros, junto con circunstancias favorables no predecibles, conocidas como buena suerte (p. 59). La importancia de los mecanismos en la explicacin cientfica es el tema central del captulo siguiente (Explicacin) de RESF. Si etimolgicamente explicar significa desentraar o hacer explcito lo que era tcito, hablando, estrictamente, slo los hechos pueden explicarse dado que los teoremas se deducen y, por tanto, se demuestran, pero no se explican, excepto en un sentido pedaggico (p. 89). Explicar la emergencia de una cosa concreta o de sus cambios no es sino desvelar el mecanismo o los mecanismos por los que lleg a ser lo que es o el modo en que cambia. Algunas de las primeras explicaciones humanas fueron mticas (invocaban agentes sobrenaturales) pero otras, en cambio, eran causales, esto es, explicaban determinados hechos, reales o imaginarios, en trminos de mecanismos causales ms o menos plausibles, entendiendo por tal aquel que es activado por acontecimientos (causas) de un determinado tipo (p. 90), siendo stas externas o internas.
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Algunas de las causas internas de la conducta humana observable con acontecimientos mentales. Tales son las decisiones motivadas por las intenciones que el materialista-realista Bunge caracteriza como procesos que se producen en los lbulos frontales de los primates y quiz tambin en algunos otros vertebrados superiores. En este caso, las causas pueden llamarse razones, pero desde el punto de vista de Bunge una explicacin por razones es tan solo un caso particular de la explicacin causal. El nico caso en que se justifica el rescate de las peculiaridades de la explicacin por razones es cuando separamos las razones de los procesos de razonamiento que ocurren en nuestros cerebros. Esto es lo que debemos hacer cuando lo que queremos es sopesar los mritos epistmicos, morales o prcticos de las razones que damos para emprender una accin (p. 90). A lo largo de este captulo Bunge desarrolla las condiciones de lo que llama explicacin mecansmica. Discrepa el autor de las explicaciones funcionales. No es que el funcionalismo sea falso sino que, simplemente, es superficial y adems estril en la prctica porque slo podemos alterar el curso de las cosas alterando sus mecanismos. El macroeconomista que pretende recuperar una colectividad de una recensin tiene que empezar por encontrar qu la caus, para de este modo descubrir su causa o las causas. As, sabiendo que la poltica de inflacin cero perseguida por EEUU, Canad y Argentina ha provocado una grave y prolongada depresin -debida a la eliminacin de puestos de trabajo y recorte de gastos sociales- un macroeconomista socialmente responsable sugerir modificar esa poltica, proponiendo un lugar de ella que se reduzca la velocidad de reduccin de la inflacin y que se haga compatible con el bienestar social (pp. 91-92). Finaliza Bunge el captulo con un listado de siete reglas metodolgicas para el estudio de los mecanismos. Entre ellas: M1. Estdiese todo hecho social en su contexto (o sistema) ms amplio; M2. Descompngase todo sistema en su composicin, entorno y estructura; M3. Distnganse los diferentes niveles del sistema y mustrese sus relaciones ; M7. En caso de un mal funcionamiento del sistema,. examnense las cuatro posibles fuentes -composicin, entorno, estructura y mecanismo- e intntese reparar el sistema modificando alguna o todas ellas (pp. 121-122). El captulo IV tiene como asunto central la medicin y la cuantificacin. Ambas, apunta Bunge, se han considerado el suelo de la ciencia moderna desde que Galileo nos impuso medir todo lo que sea medible (p. 123). El consejo galileano se ha seguido de modo entusiasta y, en opinin bungiana, ha producido una cosecha inmensa. Sin embargo, el prestigio de ambas operaciones ha hecho que conceptos matemticamente mal definidos se confundan con autnticas variables cuantitativas y que, en ocasiones, se prefieran mediciones triviales a observaciones cualitativas profundas (p. 123).
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Puede cuantificarse toda caracterstica, es decir, todo atributo puede convertirse en una magnitud? Bunge sostiene que slo una propiedad es, con toda certeza, intrnsecamente cualitativa, a saber, la existencia (p. 131). En cualquier otro caso, dependemos de nuestra habilidad e inters, de modo tal que ante un fracaso lo honesto sera suspender el juicio y animar a otros a que lo intenten (p. 132). No hay en todo caso ninguna razn para que otra propiedad, distinta de la existencia, no pueda cuantificarse. De hecho, la historia de la ciencia, seala Bunge, no demuestra pero s muestra una marcha triunfal de la cuantificacin en todas las ciencias, sean stas naturales, sociales o biosociales. Advierte el autor a continuacin sobre la diferencia entre cuantificacin y medicin. La primera, o construccin de medidas, es un procedimiento puramente conceptual, aun cuando est sugerida por problemas empricos. Sin embargo, la medicin es una operacin emprica, aunque presuponga ideas razonablemente claras acerca de qu es ser medido y cmo (p. 143). En opinin de Bunge la mayora de los los cientficos sociales apenas han medido algo, al menos personalmente (p. 145). Cuando usan nmeros, confan ciegamente en los que les aportan individuos no cientficos, ya sean estos agentes del censo, contables o inspectores de la Administracin. De hecho, muchas de estas cifras (costes, precios, beneficios) ms que medirse se leen o calculan. Otras, como los costes de transaccin y de oportunidad, as como los precios de garanta, en el mejor de los casos son conjeturas (p. 145). Concluye Bunge de todo ello que debemos neutralizar el prejuicio romntico contra la exactitud y, sobre todo, contra la cantidad, porque entumece el cerebro y obstaculiza la exploracin y el control de la realidad. Empero debemos tener cuidado con la seudocuantificacin, pues es parte de la seudociencia (p. 146). Conviene recordar en este punto -el materialista Bunge se nos pone aqu algo bblico- las palabras del seor. T has ordenado todas las cosas por su medida, cantidad y peso. Los captulos 5 y 6 estn dedicados a la teora de la eleccin racional y a la filosofa social de Sir Karl Popper. La primera teora, sostiene Bunge, trata de la valoracin, intencin, decisin, eleccin y accin y est basada en dos ideas simples y atractivas. La primera es el llamado postulado de la racionalidad, segn el cual las personas saben lo que es mejor para ellas y actan en conformidad con ello; la segunda es el postulado del individualismo metodolgico (todo lo que necesitamos para dar cuenta de cualquier hecho social en cualquier lugar y tiempo son las creencias, decisiones y acciones de los individuos implicados en , p.147). Bunge sostiene que esta teora ha sido un fracaso tanto terico como prctico, por las siguientes razones: 1. No era, no es, suficientemente racional dado que gira en torno a conceptos tan borrosos como los de probabilidad y utilidad subjetiva, mientras que ignora los conceptos claros y
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esenciales de recurso natural y trabajo (p. 165); 2. Adopta el individualismo ontolgico y metodolgico o atomismo, por lo que no considera la estructura social; 3. Es demasiado ambiciosa, al intentar explicarlo todo, no da cuenta de nada en particular (p. 166); 4. Es triplemente ahistrico: no contiene el concepto de tiempo, se supone que vale para todas las personas y todas las pocas, con independencia de rdenes sociales (p. 166) e ignoran el conocido comentario de Marx sobre los hombres, la historia y sus circunstancias (Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen como quisieran; no la hacen bajo circunstancias elegidas por ellos, sino bajo las circunstancias directamente encontradas, dadas y transmitidas desde el pasado); 5. Sus hiptesis son empricamente incontrastables, dado que es posible que ni agentes ni observadores puedan conocer ni las probabilidades ni las utilidades en cuestin. El captulo siguiente est dedicado a la filosofa social de Popper cuyos pilares principales, seala Bunge, son racionalidad, individualismo, libertarismo, antinomismo, utilitarismo negativo, ingeniera social progresiva y un pilar sumergido, el del orden social deseable (pp. 169-170). En su opinin, la filosofa social popperiana carece de una teora del orden social porque no tiene ni una teora adecuada de la sociedad ni una filosofa moral positiva. Todo lo que hace la filosofa social de Popper es aconsejarnos sustituir la pregunta tradicional esencial Quines deberan ser los gobernantes? por la pregunta procedimental Cmo podemos domesticarlos (p. 200). El resultado, concluye Bunge, es una filosofa social negativa, superficial, formalista e inconsistente que no resiste la comparacin con las filosofas sociales de Ibn Jaldn, Spinoza o Marx, entre otros. Los ltimos captulos del volumen se centran en La ilustracin y sus enemigos (cap. 7), la sociologa de la ciencia (de Marx a Merton, captulo 8; la constructivista-relativista, captulo 9) y, finalmente, en una proclama en favor de la intolerancia respecto al charlatanismo acadmico (captulo X). Un ejemplo como muestra de esta seudociencia acadmica. El supuesto racismo cientfico es un invento del siglo XIX que culmin en la Rassenkunde nazi. El profesor Arthur Jensen, partiendo de algunas mediciones del cociente intelectual, sostuvo en 1969 la inferioridad innata de los afroamericanos. Esta posicin fue unnimemente rechazada por la comunidad cientfica. Sin ninguna prueba, empero, Yaron Ezrahis declar que este rechazo se debi a razones ideolgicas. Herrnstein y Murray, en su best-seller The Bell Curve, de 1994, sostuvieron la misma posicin racista sin aadir prueba alguna. El Instituto de Empresa Norteamericano apoy esta publicacin y el libro recibi una extensa publicidad otorgada por periodistas de derecha que vean en l la base para eliminar los programas sociales dirigidos a dar una oportunidad a los nios afroamericanos. Por supuesto, la idea es que no hay dinero, especialmente si es pblico, que pueda corregir una deficiencia gentica (p. 322).
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El volumen finaliza con un cuadro de derechos y deberes intelectuales y acadmicos (p. 330). Entre ellos: Nadie tiene derecho a comprometerse a sabiendas en una industria acadmica y Todo acadmico tiene el deber de expresarse de la forma ms clara posible. En sntesis, uno puede no acabar de aceptar algunas metforas conservadores, por lo bajo, del autor (Por lo cual, permtaseme una metfora: el problema es transformar una desordenada y estril unin de hecho en un matrimonio legal y frtil, p. 27), puede discrepar de algunas de sus posiciones (Por ejemplo, la principal filsofa feminista ha denunciado la precisin. En particular, la cuantificacin, la objetividad y el inters por la contrastacin emprica, como una metodologa de corriente masculina (Harding, 1986). Estos enemigos de la ciencia... (p. 125)), puede incluso quedar muy sorprendido por ciertos atisbos de inmodestia no controlada (Adems, es posible, y en realidad altamente deseable, definir un predicado de existencia exacto; de hecho, se ha realizado (Bunge, 1977), p. 132), puede polemizar, en fin, con la nocin de revolucin cientfica defendida por el autor que le empuja a sealar que slo conocemos dos revoluciones cientficas totales en la historia: el nacimiento de la ciencia en el siglo V a.d C y su renacimiento en el siglo XVII (p. 187), pero ello no es obstculo para considerar esta nueva aportacin del autor de Filosofa de la fsica como un excelente trabajo, escrito con un sobrio, asctico y, en ocasiones, contundente estilo analtico, lleno de sugerentes ideas, a izquierda y derecha, y de interesantes desarrollos conceptuales tiles para cualquier lector interesado en los mbitos de la filosofa, de la sociologa o de su interseccin no vaca, como es de predecir ocurra, incluso sin medicin alguna, entre la mayora de los lectores de El viejo Topo. Incluso, para sorpresa de Bunge, entre sus lectoras.
2. Modesta aproximacin a un libro de referencia. Miguel Candel, El nacimiento de la eternidad. Apuntes de filosofa antigua, Barcelona, Idea Books, 2002, 222 pginas.
Alteri vivas oportet si vis tibi vivere (Has de vivir para otro si quieres vivir para ti) Aforismo debido a Waldo Hutchins, uno de los primeros presidentes de la junta administrativa del Parque Central de Nueva York.
En la clebre paradoja zenoniana, Aquiles parece alcanzar rpidamente a la tortuga pero, sopesado y pensado con ms calma, la cosa no es tan inmediata: no se trata de mostrar sino de demostrar. En el testimonio que poseemos de Aristteles, el discpulo de Parmnides arguye as: cuando el
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corredor de pies ligeros haya alcanzado la posicin inicial del sosegado animal, ste ya no estar all esperndole tranquilamente sino que habr avanzado una pequea distancia en el camino emprendido; cuando Aquiles alcance esta nueva posicin, la tortuga tampoco estar all para saludarle sino que habr seguido su trayectoria avanzando otro pequeo trecho del camino; cuando, en un tercer momento, el veloz corredor alcance esta segunda posicin de la tortuga, tampoco el paciente quelonio habr detenido su tenaz marcha sino que habr avanzado una nueva distancia y as, sin fin: Aquiles, el atleta admirado podr acercarse indefinidamente al reptil hasta el punto de separarle de l despreciables infinitsimos pero nunca podr alcanzarle y an menos superarlo. Uno de los grandes, por no decir el mayor lgico del siglo XX, Quine, en un delicioso trabajo sobre las senderos de las paradojas, situ la apora zenoniana en el mbito de las paradojas falsdicas: la argumentacin alteraba nuestras creencias ms firmes sobre distancias, velocidades y tiempos porque presupona una nocin absolutamente falsa: que toda suma infinita de trminos deba ser infinita; es evidente que tal creencia no es siempre aceptable: la suma de una serie infinita de miembros compuesta por la unidad, su mitad, la mitad de esta mitad, y as siguiendo, es tan finita como el primer par. No todos los autores han aceptado convencidos la solucin (o disolucin) quineana. Salmon o Gardner, por ejemplo, han comparado el razonamiento de Zenon a una cebolla de capas infinitas: abrimos una capa, la analizamos, pensamos que hemos disuelto el problema y nos enfrentamos a otra capa que a su vez parece superarse en algn momento pero que deja tras de s capas y capas cada vez ms profundas e interesantes. No hay ncleo ni espacio vaco para el descanso. Algunos libros, pocos, muy pocos, son como las aporas de Zenon: cebollas (o lechugas, si se prefiere) potencialmente infinitas. El nacimiento de la eternidad (ENE) es uno de ellos. El hermoso aforismo, traducido por el propio autor, probablemente sea el fondo tico-filosfico que subyace a muchas de las pginas de este ensayo de Miguel Candel y, desde luego, no merece pasar desapercibido en una lectura precipitada. Todo en ENE, como no poda ser menos dada la importancia de la efemrides, merece ser mirado con atenta y delicada mirada: desde las citas iniciales (Parmnides, Platn, Borges, p.5) o la sugestiva Nota previa, fechada un significativo 14 de abril de 2002, pasando por los hermosos y casi cinematogrficos ttulos de sus apartados hasta la misma dedicatoria que el autor ha escogido, con cario y emocin no contenidas, para el ministro (o ministra) de Educacin de turno Que esto ltimo es un alarde de generosidad, casi incomprensible, no debera ser puesto entre parntesis dubitativos bajo ningn punto de vista. Candel Sanmartn fue expulsado de la Universidad de Barcelona, junto con Francisco Fernndez Buey, durante la larga huelga de los profesores no numerarios (PNN) del curso 1974-1975, tuvo que opositar a las ctedras de
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enseanza media, siendo enseante de un instituto colomense (IES Puig Castellar) durante largos aos, combinando su admirable y recordada tarea de profesor de griego con su trabajo de traductor en la ONU y, posteriormente, en el parlamento europeo en exclusiva, para finalizar esta curiosa espiral hegeliana como profesor titular de la Universidad de Barcelona, habiendo traducido en el camino autores tan diversos y fundamentales como Aristteles, Davidson, Gramsci o Teofrasto. Si el alunizaje, con imgenes falseadas de laboratorio incluidas bajo supervisin del autor de Senderos de gloria, se hizo esperar sin inquietud alguna, el aterrizaje de Candel en la Facultad de Filosofa ha tardado ms de lo conveniente para la salud pblica filosfica del pas. ENE est dividido en diez captulos, resultado de doce aos de trabajo en el campo de la filosofa antigua en distintas vertientes: conferencias, docencia, traduccin e investigacin... (p.10), que abarcan desde aproximaciones al atomismo clsico (II. Lo lleno y lo vaco: la realidad como lmite entre dos infinitos) hasta bellas secciones sobre la amistad (IX. La amistad: el yo en el t) y eros (X.El combate entre eros y fobos), con inclusin de una excelente y curiosa aplicacin de la teora de juegos. El firmante de esta resea no debera ocultar su preferencia por los captulos III (Realidad de las formas o formas de la realidad) y VI (La apora del movimiento) y sealar la originalidad y atrevimiento de la seccin VII: La saludable levedad del ser (luces y sombras de la lgica aristotlica), probablemente una de las ms sabiamente heterodoxas secciones del volumen. No puede ser aspiracin de esta injusta, por breve, aproximacin a ENE dar cuenta detallada de ninguno de sus captulos, pero s, en cambio, argir por qu es altamente razonable la creencia de que estamos ante uno de los libros filosficos ms interesantes publicados en los ltimos aos en hispnicos territorios, por autores y autoras de cualquier origen y condicin: 1. ENE es (esta vez s) un libro de filosofa. No es un ensayo reflexivo ni una historia de opiniones y creencias ni una simple aproximacin histrica a tal punto o a tal tema ms o menos prximo al mbito filosfico. Desde la primera hasta su ltima pgina, un filosofar crtico ocupa el puesto de mando democrtico. El lector no podr ser presa de ninguna decepcin cuando al leer un libro que lleva como modestsimo subttulo Apuntes de filosofa antigua se encuentre siempre con autnticos textos filosficos. 2. La combinacin de historia, reflexin, presentacin analtica, competencia filolgica es tan inusual como sorprendente. Ejemplos de esto ltimo puede verse en la nota 53 de cap. VIII o en la 22 del captulo siguiente. 3. De hecho, hay en ENE dos libros en uno porque el conjunto de notas que acompaan al texto principal, y que casi obligan a leerlo
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bidimensionalmente, tienen tanto inters que el lector obtiene doble premio al razonable precio de uno slo. 4. Las traducciones de los textos son en muchos casos del propio autor. No es innecesario sealar que no slo corrige erratas notables sino que su versin muestra un dominio del griego y un castellano tan hermoso que slo cabe solicitar aqu ms de lo mismo y sugerir una historia textual de la filosofa con presentaciones, traducciones y comentarios candelianos. La seleccin de textos de las pginas 46-52 son un botn de muestra para degustacin inicitica. 5. Es muy usual en aproximaciones a la filosofa antigua una introduccin estricta y, en ocasiones, nominalmente histrica, que evita o salta alegremente la discusin crtica de los argumentos esgrimidos. Es frecuente que podamos leer ensayos sobre la teora de las formas de Platn donde se hable y hable sobre Ideas y ms Ideas y apenas se discuta alguna de las justificaciones esbozadas para defender la existencia de un mundo tan singular, su carcter ntico o algunas de las razones platnicas para escoger el Bien y no el Ser como eidos presidencial. El lector no se decepcionar en este punto. No slo encontrar sofisticadas discusiones y penetrantes argumentos filosficos sino que el autor se lanza con excelentes redes, cuando as lo estima, a dar su propia e interesante versin. 6. No debera pasar desapercibido el concepto de historia de la filosofa que Candel defiende. Escribe el autor: La historia de la filosofa es la historia de esa interminable cadena de actos de comprensin. Hay dos maneras de hacerla: una, como notarios, que dan fe de la existencia de una herencia de la que, como tales, no pueden participar; otra, como herederos, a quienes incumbe emplear tilmente los bienes que les han sido legados (p.9). Para hacerlo sin traicin, advierte el autor, el estudioso necesita conocer el contexto material en el que surgen aquellos esquemas y el lenguaje en el que se formularon. Es decir, debe ser a un tiempo, historiador y fillogo. El autor de ENE rene armoniosamente ambos requisitos. 7. Si como Borges apunt, el concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religin o al cansancio (Las versiones homricas, Discusin), la nocin de libro trabajado es, en cambio, netamente humana. ENE es un ejemplo de ello: un ensayo laboriosamente tejido en el que cada seccin ha sido pulida, analizada, revisada y estudiada con atencin. Las ganancias, sin prdida alguna, son netas para cualquier lector. 8. Admitiendo que no existen frmulas perennes, el autor sostiene, en cambio, que es significativo hablar de filosofa perenne, apuntando, sabia y confiadamente tal vez, que de hecho, tomada como proposicin, la oracin es analtica: perenne es ya una de las notas sustantivas de filosofa. Candel, en cambio, no se hace ilusin alguna respecto a la perennidad del filosofar: la filosofa es un accidente en la historia humana y, desde luego, puede concebirse un discurso humano (demasiado humano) sin preguntas
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ltimas. En su opinin, est ya instaurado e instalado en la comunicacin social...Donde la informacin recuerda a marchas forzadas su sentido etimolgico de imposicin de formas y donde un alud continuo de qus sepulta irremediablemente cualquier tmido porqu (p.11). 9. La irona que Candel usa, sin abuso, a lo largo de estas pginas produce tal divertimento que impide al lector tentaciones de nuevas revisiones de Con faldas y a lo loco o de To be or not to be. Un ejemplo: discutiendo la boutade postmoderna que sostiene, reiterada, pesada y apasionadamente, que la realidad es una simple construccin social y sealando que, obviamente, todo concepto de realidad es una construccin, como, por otra parte cualquier categora, Candel seala: (...) Por otro lado, preguntar al posmoderno, como algunos crticos hacen Y quin construye la sociedad?, es excederse en la aplicacin del principio de caridad: resulta altamente dudoso que el interpelado pueda entender la pregunta (p.15). 10. Popper ha argido decisivamente contra la vindicacin de la profeca en el mbito de las ciencias sociales, pero no, en cambio, sobre pronsticos o predicciones, ms o menos acotadas. Ah va una de xito casi asegurado: dentro de cuarenta o cincuenta aos, tal vez ms, los estudiosos de la filosofa clsica citarn complacidos, como estudio clsico, este hermoso libro de muy hermoso ttulo. ENE ser, es, sin duda, un libro de referencia. Sera una lstima que problemas de distribucin o marco nacional dificultaran su conocimiento ms all de nuestras fronteras lingsticas. Obligadas son tres notas finales. La primera: agradecer a Idea Books y al director de la coleccin, Gerard Vilar, el atrevimiento infrecuente de atreverse con textos tan esenciales. La segunda: el lector habr observado que el subttulo del ensayo candeliano es un modesto Apuntes de filosofa antigua. Cabe preguntarse: si estos estudios son simplemente unos apuntes, entonces qu entender el autor por ensayo o estudio riguroso? La tercera nota: Candel finaliza su nota previa (p. 10) recordando de forma necesariamente annima a todos mis alumnos, a cuya curiosidad e inters debo el estmulo para tratar de hacer comprensibles por el hombre de hoy las palabras de los clsicos. El firmante de esta resea tiene como casi nica nota destacada de su curriculum el haber sido, y seguir siendo, uno de esos alumnos y se atreve a sugerir al ministerio de turno, o a la conselleria autonmica correspondiente, que declare textos modlicos oficiales de saber filosfico la Nota previa y el captulo I (A modo de presentacin: filosofa solar, filosofa lunar) que el autor ha escrito para el volumen. Nunca se haba dicho tanto en tan pocas lneas!. ENE merece ser ledo con lpiz, regla y papel o con el archivo de los resmenes y apuntes abierto. Es muy probable que el lector tenga dificultades para seleccionar los pasajes ms interesantes o anotar y comentar lo que le parezca ms esencial porque todo en l, en limpia correspondencia biunvoca con el ttulo que lo designa, tiene aspiracin de
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permanencia, que, al igual que la eternidad, tambin es hija de los hombres. Si de toda aproximacin a la filosofa clsica cabe decir lo que Borges seal en Tln, Uqbar, Orbius Tertius: Ese plan es tan vasto que la contribucin de cada escritor es infinitesimal, digamos que no todos los infinitesimales tienen el mismo rango. El de ENE no es nfimo.
3. Dos en uno Franois Cusset, French Theory. Foucault, Derrida, Deleuze & Cia, y las mutaciones de la vida intelectual en Estados Unidos, Melusina, Barcelona, 2006 (original francs 2003), traduccin de Mnica Silvia Nasi, 379 pginas.
La filosofa, dicen, suele ser muy aburrida y los filsofos, dicen tambin, son una de las especies existentes ms soporferas. Pero no siempre: toda norma, incuso esta misma regla, tiene su excepcin. Circula un chiste en el ambiente -filosfico, of course- que cuenta Bouveresse en una entrevista con Lucien Degoy y Jrme-Alexandre Nielsberg (sin permiso, n 1, 2006, pp. 199-200): [] A menudo se dice que, en lo que en los Estados Unidos ha sido llamado la teora francesa, el trmino teora se utiliza de forma intransitiva: conviene evitar preguntar, de un modo que sera calificado de positivista, de qu tipo de hechos, exactamente, la teora constituye la teora. Esplndido aunque algo cruel y en el fondo equivocado: la teora francesa pretende ser teora de algo, aunque ese algo no siempre est suficientemente delimitado (Cabe preguntarse, eso s, si no es simple inconsistencia o mera publicidad adjetivar una teora con un trmino geogrfico-nacional). Barthes sealaba, por ejemplo, recuerda el propio Cusset, que teora francesa designa cierta discontinuidad, una naturaleza fragmentaria de la exposicin, anloga a enunciaciones de tipo aforstico o potico, un combate para agrietar la simbologa occidental, ya que la teora disuelve el significado constantemente y lo excluye como representante de la
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monologa, de la determinacin, de todo lo que no da cuenta de la multiplicidad (p. 114). Otra cosa es que la teora francesa sea una teora en alguna acepcin usual del trmino o ms bien sea un trmino usado con nuevo significado. As, la misma definicin de Deleuze que abre el volumen: La teora es en s misma una prctica, tanto como su objeto. No es ms abstracta que su objeto. Es una prctica de los conceptos, y hay que juzgarla en funcin de las otras prcticas con las que interfiere (p. 13), o la que construye el propio Cusset: la nueva theory, francesa o simplemente literaria, de profunda implantacin en los departamentos de literatura desde hace treinta aos, es misteriosamente intransitiva y no tiene ms objeto que su enigma: es, ante todo, discurso sobre s y sobre las condiciones de su produccin y, por consiguiente, sobre la universidad-. De algn modo constituye el efecto institucional de la desaparicin de la literatura como categora delimitada, de una extensin de su territorio pareja a la de su indefinicin (p. 109). Debo confesarlo: tengo problema con varias pasos de la ltima definicin, aunque debe recordarse que el mismo Cusset habla a veces de la indefinicin de la teora: No sorprende, pues, que la teora, a pesar (o quizs a travs) de su indefinicin, se transforme en objeto de debates universitarios tan impensables en Francia como el que hizo furor en 1982-83 en las columnas de la revista Critical Inquiry bajo el ttulo Against Theory (p. 112). El autor llega incluso a establecer, por encima, dice, de la teora racional de la ciencia occidental (sin aclarar el sentido de este enunciado), una vinculacin entre esta theory estadounidense, de base francesa, concebida como prctica de lo indefinido, confusin de fronteras, y la theoria presocrtica celebrada por el mismsimo Martin Heidegger: Sea como fuere, hay dos relatos filosficos-sociolgicos -o dos narraciones, como se prefiera- en este celebrado ensayo de Franois Cusset, antiguo director de la Oficina del libro francs en Nueva York, y actual profesor en la Columbia University en Pars. El primero, el ms propiamente sociolgico, describe con todo lujo (informado) de detalles, incluso con interesantes y curiosas fotografas (p. 192; no hay que perderse la de Baudrillard en escena, al cierre del simposio Chance, en el casino Whisky Petes en Nevada en 1996), el desembarco de un conjunto de pensadores franceses -agrupados con la etiqueta de postestructuralistas: Foucault, Derrida, Deleuze, Baudrillard, Lyotard, Barthes, Virilio, Latour, Lacan, Kristeva, Althusser, etc. especialmente los cuatro primeros- en Estados Unidos a partir de la dcada de los aos setenta, as como la difusin y la transformacin de algunas de sus nociones y tesis bsicas en la cultura norteamericana: la diseminacin de las huellas, el espacio hiperreal de la simulacin, la deconstruccin, la microfsica del poder, los planos y conexiones en los planos de inmanencia deleuzianos,... La incidencia de esta corriente filosfica, precisamente cuando como recuerda repetidamente
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Cusset su influencia iba decayendo en Francia, es clave para entender los debates tericos que han surgido, y siguen surgiendo, en estas ltimas dcadas, especialmente, en las facultades de literatura de Universidades americanas de prestigio y en el mbito de una izquierda adjetivada como nueva y post-marxista. Sin duda, admitmoslo, algunas de estas discusiones se han trasladado, o se estn trasladando, al continente europeo (o a una parte de l) El mtodo usado en su exposicin es anunciado por el propio Cusset: consiste en dar prioridad a la circulacin social de los signos, el uso poltico de las citas, la produccin cultural de los conceptos (p. 23), aun admitiendo que tal categora, teora francesa, para existir, supone una cierta violencia taxonmica a expensas tanto de la singularidad de las obras como de sus divergencias explcitas. En definitiva, una cosa es la obra de Foucault y otra las tesis o el lenguaje de Deleuze, sin olvidar que uno de los agrupados, Baudrillard, argumentaba ya hace ms de un cuarto de siglo la necesidad de Olvidar Foucault. Poco hay que decir crticamente sobre esta primera narracin. Aparte del discutible -y no muy logrado para mi gusto- paralelismo cinematogrfico con el que el autor inicia su relato, French theory se lee muy bien, est magnficamente documentado, ilustra siempre (incluso en exceso, en ocasiones), llena un vaco informativo no muy transitado en Espaa, explica con correccin influencias y debates, narra magnficamente el humus universitario y poltico que permiti el arraigo de estas concepciones filosficas, son excelentes sus apuntes sobre la historia de la literatura Norteamrica, los retratos de algunos de los grandes nombres de estas corrientes son iluminadores (los de Rorty, Fish o Said, por ejemplo), las notas sobre la literaturizacin de los autores importados son muy pertinentes, etctera, largo etctera. Ello no es obstculo para sealar que en ocasiones sus afirmaciones permitan o exijan matices. Por ejemplo, no se entiende muy bien que Cusset escriba sobre () la misma rabia que hace que un tal Jean-Jacques Salomon (p. 17) para referirse, efectivamente, a Jean-Jacques Salomon, profesor honorario, titular de la ctedra de Tecnologa y Sociedad en el Conservatoire National des Arts et Mtiers, y del que hace ms de 30 aos Siglo XXI tradujo su excelente Ciencia y poltica; puede apuntarse que la relacin que establece Cusset entre la revolucin epistemolgica de Kuhn y la sociologa de las ciencias de Latour (p. 104) no sera seguramente bien recibida por este ltimo (y acaso tampoco, por el primero, si pudiera opinar); es discutible su afirmacin sobre el profundo anticomunismo del Crculo de Viena (p. 106) y las consecuencias tericas antihegelianas que extrae de esta precipitada consideracin, o sobre el marxismo ortodoxo que segn l practican Terry Eagleton o incluso Perry Anderson (p. 136), o el mismo uso del trmino materialismo dialctico para referirse a la tradicin marxista (p.
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163); no parece tampoco adecuado presentar la crtica de Sokal y Bricmont tal slo en sus primeros compases, sin seguir sus derivadas posteriores y el dilogo entre Debray y Bricmont, y dar cuenta de ella como si fuera una critica global a la totalidad de la obra los filsofos importados, ni, desde luego, parece pertinente pasar por alto lo que pudo (y puede) significar la publicacin del artculo-trampa de Sokal en Social Text, una revista codirigida por Andrew Ross, de enorme prestigio en los Cultural Studies, ni en la negativa posterior del consejo editorial a editar en la misma publicacin otro artculo de Sokal en el que revelaba su inteligente broma (El texto de Sokal, eso s, fue publicado en Lingua Franca). Pero French Theory no es solo el relato detallado e informado de la difusin de una muy importante influencia terica. Es tambin, en ocasiones, una defensa de las posiciones o del lenguaje que el mismo Cusset adjetiva a veces como jerga- que ese conjunto (heterogneo) de pensadores representa, o del papel poltico y cultural del posmodernismo, y es aqu, en este punto, donde las crticas o el debate filosfico pueden hacerse ms presente y las matizaciones y desencuentros ms manifiestos. Aparte de diversas y esperadas consideraciones sobre la verdad y la objetividad, y por poner un slo ejemplo, cuando Cusset afirma que desde entonces, [Francia] slo ha podido oponer a los nuevos temores inspirados por la globalizacin y los desarraigos culturales, la misma escala media, formalizada hace ms de dos siglos, del universalismo humanista: el sujeto, el debate, la sociedad, o, incluso, esa abstraccin progresista de otro mundo posible (sic). El universalismo abstracto, protocolonial o neokantiano, y su violencia simblica acarreada por las figuras normativas de la Repblica o del progreso- suenan a veces como los nombres en cdigo de cierto provincianismo cultural (p. 327), el lector puede notar un cierto abuso del lenguaje, una valoracin excesivamente general y un arista poltica poco transitable. Por lo dems, algunas de las afirmaciones del documentado autor de French Theory parecen algo precipitadas. Al sealar, por ejemplo, que las tesis constructivistas, popularizadas en Estados Unidos por los trabajos de Latour y Hacking y las cuestiones de la minora o de la diferencia cultural nunca han conseguido penetrar en la epistemologa y en la sociologa de la ciencia francesa, concluye de ah el aislamiento institucional de Latour confinado en el laboratorio de sociologa de la Escuela de Minas de Pars. La confianza en la razn, y hasta la unidad de la Repblica no sobreviviran, segn parece (p. 324). Ms all de la adecuacin de la agrupacin HackingLatour, acaso haya que recordar que Ian Hacking es profesor del Collge de France y que Bruno Latour, aparte de haber sido profesor visitante en la London School y en la Universidad de Harvard, ha sido investido doctor honoris causa por varias universidades europeas. No parece que confinamiento sea el trmino ms ajustado para describir su situacin
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profesional. Tampoco la adscripcin de Jacques Bouveresse (p. 278) al liberalismo francs parece un acierto interpretativo ni incluso la expresin muy racionalista (p. 198) para referirse a Noam Chomsky parece un hallazgo lingstico.
4. La alargada sombra del teorema de Gdel Rgis Debray y Jean Bricmont, A la sombra de la Ilustracin. Debate entre un filsofo y un cientfico. Barcelona, Paids 2004, 168 pginas. Traduccin de Pablo Hermida Lazcano.
Discutan crticamente Sokal y Bricmont en Imposturas intelectuales el empleo abusivo, por parte de algunos filsofos y cientficos sociales, de categoras y resultados muy particulares tomados de las ciencias formales y fsico-matemticas. Uno de los intelectuales criticados, si bien muy puntualmente, fue Rgis Debray quien en Crtica de la razn poltica haba hecho alusiones al teorema de incompletud de Kurt Gdel. El mismo Debray lleg a entrevistarse con Sokal y Bricmont a propsito de la aparicin de Imposturas. El compaero del Che en Bolivia y el compaero de Sokal en Imposturas prosiguieron y profundizaron este encuentro, ampliando el marco de la discusin, primero en forma de correspondencia y luego mediante nuevos encuentros que dieron lugar A la sombra de la Ilustracin, una interesante conversacin entre un cientfico natural (Bricmont es catedrtico de Fsica terica en la Universidad de Lovaina) y un humanista, politlogo o cientfico social (Debray es catedrtico de Filosofa y presidente del Instituto europeo de Historia y Ciencia de las Religiones) donde discuten sobre temas polticos, epistemolgicos y filosficos generales. Hay, adems, un punto de coincidencia poltica que no debera olvidarse. Ambos vieron, cuando pocos vean, que la supuesta injerencia humanitaria en Kosovo, sin mandato de la O.N.U., dispona para una prxima guerra preventiva imperial. En el eplogo del volumen, hay un neto reconocimiento de Bricmont al coraje de Debray en este punto y una denuncia del linchamiento meditico al que estuvo sometido. Los temas discutidos aparecen estructurados en cuatro secciones: 1. El debate y la lgica. 2. La racionalidad y la ciencia. 3. El conocimiento y la historia. 4. Lo religioso y lo poltico. Un breve eplogo cierra la conversacin. A destacar la bibliografa seleccionada y comentada por el propio Bricmont,
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as como las notas que supongo tambin de su autora. Por ejemplo, este comentario sobre Althusser y Para leer el Capital: Gracias a una retrica seductora combinada con un cierto nmero de observaciones correctas sobre el idealismo, Althusser llega a defender una aproximacin cientfica al marxismo en la cual, de hecho, se elude por completo la cuestin de las pruebas empricas que permitiran ver con claridad que estamos ante una ciencia... El hecho de que se hubiera podido sostener en esa poca (1965) un discurso semejante, y que ste ejerciera una influencia en la formacin de los profesores normalistas ilustra el corte entre filsofos y cientficos en Francia. Esta singladura aboca rpidamente a una actitud escolstica hacia textos dotados de un carcter implcitamente sagrado (pp. 151-152). La conversacin se desarrolla por derroteros no siempre previsibles, con giros de inters y con polmicas abiertas. Me permito sealar alguno de estos momentos: 1) sobre Latour y la nueva sociologa de la ciencia (pp. 1920), donde Debray, no sin razones, seala que no nos pondremos de acuerdo con respecto a Latour y, desde luego, tendremos que volver a hablar de sus trabajos, de los que usted se burla con demasiada ligereza; 2) sobre las creencias y motivaciones plurales del individuo (pp. 30-31); 3) en torno al marxismo y al naturalismo (pp. 65-66): 4) sobre el debate en torno a la guerra entre Einstein y Freud (pp. 81-84), o, finalmente, sobre valores y presencia universal de lo trascendente (pp. 112-116). No deja de ser sorprendente que, de entrada, ya en el primer captulo del ensayo el propio Debray no tenga reparos en reconocer que sobre la intencin misma de Imposturas estaba plenamente de acuerdo, y que haba festejado la chanza de Social Text... Estuvieron acertados sobre todo al quitarme la razn a propsito de una frase poco afortunada sobre la incompletud (p. 18). El mismo Debray apunta que en una comunicacin a la Sociedad francesa de Filosofa, en 1996, ya distingui entre lo que era un fuente de inspiracin interesante y la imposibilidad de asimilar un sistema poltico-social a un sistema lgico-deductivo (p. 24). Y acaso quepa sealar crticamente que no siempre el crtico y amante del rigor Bricmont est a la altura de las circunstancias por l sensatamente sealadas. As, en su presentacin del mismo teorema de incompletud en las pgs. 22-23, o en su crtica al marxismo (vase lo dicho sobre Gramsci y la naturaleza humana en la pgina 65). Pero no menos puede decirse de Debray. As, cuando negro sobre blanco sostiene que si la mundializacin liberal significa el mercado sin Estado, entonces la crtica de extrema izquierda del estado habra sido su valedora (sic) (p. 71). O, cuando al hablar de De Gaulle, seala que no pueden compararse 35 aos de ejercicio de anlisis histrico, que es lo que hizo el general resistente, con una intuicin de Lenin de 1917 o una constatacin de Russell en 1920. Los anlisis de De Gaulle se referan al devenir del siglo, no a coyunturas concretas (pp. 90-91). O acaso esta perla final: Conecto de forma deliberada un fenmeno ideolgico con un sustrato
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tcnico: el plomo. Fin del plomo, fin de los tipgrafos, fin de las columnas vertebrales de los partidos. El da en que LHumanit entr en videocomposicin, se acab! (p. 97). Es una metfora, sin duda, pero hay metforas intiles. Esta es una de ellas. Pueda sealarse que tal vez A la sombra de la Ilustracin sea un libro excesivamente parisino. Si se percibe as, para completar el mbito geogrfico y observar que la sombra de Gdel y sus teoremas suele ser muy alargada, permtaseme dos observaciones finales. La primera: si se desea una magnfica aproximacin a la recepcin de los teoremas de Gdel en ese territorio que llamamos Espaa, y comentarios subsiguientes y no siempre menos desacertados que el de Debray, vase: Paula Olmos y Luis Vega La recepcin de Gdel en Espaa, Endoxa n 17, 2003, pp. 379-415. Y la segunda anotacin, para cerrar el crculo: hace nos 20 aos, en las clases de metodologa de las ciencias sociales de 1983-1984, Manuel Sacristn daba cuenta de la crisis de fundamentos de la matemtica como arranque de la filosofa de la ciencia del siglo XX, sealado que la irrupcin del teorema de incompletud de Gdel y su consecuencia ms directa -que no se podan buscar fundamentos absolutos ni siquiera en las ciencias formales- haba dado lugar a especulaciones infundadas que todava se podan leer. Recordaba entonces que en un suplemento dominical de la poca, un periodista comentaba un libro en el que se afirmaba que los sistemas polticos no podan ser completos, supongo que quera decir que no podan ser perfectos o algo as- y que eso era, en definitiva una aplicacin del teorema de Gdel. Sacristn comentaba que se trataba de la resea periodstica de un libro de Debray, Crtica de la razn poltica. Curiosamente, el mismo libro que fue criticado puntualmente por Sokal y Bricmont y que est en el arranque de esta interesante conversacin filosfica.
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5) Aunque no el propio Marx, a quien Popper tena el mximo respeto y quien realmente hizo predicciones, si bien Popper las consideraba falsificadas... (p. 248). Debera decir las consideraba falsadas. De la misma forma, en la pg. 254, ...de hecho, que algunas grandes teoras han sobrevivido a una falsificacin temprana, cuando debera decir a una falsacin temprana o, tal vez, a una falsacin ingenua. No se trata de cansar al lector y sealo, explcitamente, que no debera verse esta breve nota como crtica o descalificacin de trabajo alguno. Nadie ignora las condiciones laborales y las urgencias a las que estn sometidos (o sometidas) muchos traductores hispnicos. Nadie sabe todo ni, incluso, nadie est obligado a conocer detalles alejados de su mbito normal de trabajo, peor s que, tal vez, las empresas editoriales -o mejor, algunas empresas editoriales- deberan reducir en un infinitesimal (pongamos, el 0,01%) su cuenta de resultados y completar los trabajos de traduccin con revisiones tcnicas realizadas por personas del mbito del tema traducido y conocedoras del idioma original.
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6. Memorias de un profesor que fue maestro de muchos. Juan Carlos Garca-Borrn, Espaa siglo XX. Recuerdos de observador atento. Ediciones del Serbal, Barcelona, 2004; prlogo de Horacio Capel, eplogo de Laureano Bonet, 222 pginas.
Francisco Fernndez Buey lo destac en su necrolgica. Juan Carlos Garca-Borrn fue un pensador serio, riguroso, contenido, amigo de sus amigos, discreto en el mejor sentido -el de Gracin- de la palabra, aadiendo quienes le conocimos le recordaremos como un maestro que supo serlo en tiempos en que los maestros eran pocos, y que sigui sindolo cuando ya no era docente. Uno de sus alumnos, Albert Domingo Curto, se manifestaba en trminos similares en una carta publicada pocos das despus del fallecimiento, en verano de 2003, del autor de Sneca y los estoicos y de La filosofa occidental en su historia. Lo primero que resulta necesario destacar de Espaa siglo XX es que sin ser estrictamente un libro de historia ni de memorias personales -Este no es un libro de historia. Tampoco son mis memorias o confesiones (p. 13)pretende y consigue cultivar la memoria colectiva. Ni la desmemoria interesada, ni la reconstruccin ad hoc y desde triunfantes atalayas de lo vivido y realizado, estn en la intencin, en el guin y en la realizacin de Espaa siglo XX. Horacio Capel, antiguo alumno de Garca-Borrn, lo seala en su presentacin: Este libro es una crnica construida desde el recuerdo y apoyada en el testimonio de una correspondencia mantenida con algunos profesores e intelectuales de gran relieve. Expone las vivencias de una persona que ha vivido lcidamente siete dcadas del siglo XX y que se ha visto afectado por las transformaciones que el pas ha experimentado durante las mismas (p. 9). Garca Borrn expone en trminos similares la metodologa de su ensayo: escribir, pues, lo que sigue valindome exclusivamente de cartas, fotografas y documentos que encuentro a mi alcance a la vera de mi ordenador. Pretendo a partir de ellos ordenar recuerdos, aclararlos en lo posible, ampliarlos y apuntalarlos en referencias objetivas. Eso proporcionar una perspectiva limitada pero viva, concreta y genuina de la historia grande (p. 13). Por ello, este ensayo no es slo, sindolo, un magnfico instrumento para adentrarse en la vida, quehaceres y pensamiento del que fuera profesor y maestro de muchos -entre ellos, de filsofos y autores tan destacados como J.-J. Acero, J. M. Bermudo o Narcs Comadira- sino para aprender de una mirada crtica -estudiosa, documentada, nada trillada ni servil- de la historia reciente de nuestro pas, as como de vidas paralelas y amigas. Entre
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ellas, las de E. Pinilla de las Heras, Josep M Castellet o Manuel Sacristn. Si se observa el ndice nominal se constatar que estos dos ltimos, junto con la que fue su mujer y compaera (y el omnipresente dictador), son los nombres ms citados en el volumen, por lo que Espaa siglo XX es tambin un magnfico instrumento para comprender las posiciones, relaciones, trabajos y reflexiones de miembros destacados del grupo Laye, de la llamada generacin de los 50. En mi opinin, est a la altura del imprescindible estudio del que fuera su compaero E. Pinilla de las Heras, En menos de la libertad. Incluye, adems, textos de difcil consulta hoy, publicados en Qvadrante, por ejemplo, o significativos pasos de cartas a l dirigidas (As, una de 1959 en la que Sacristn le explica sus motivaciones de fondo para presentarse, sin posibilidades reales de xito para alguien que viva tan en off-side como vivo yo, a la ctedra de lgica de Valencia en las escandalosas oposiciones de 1962). Como no poda ser menos en un filsofo tan atento al contexto como Garca Borrn, el eje principal de estas memorias reside, pues, en conciliar su existir, su propio estar, su quehacer intelectual y ciudadano con el trasfondo social e histrico que le toc vivir y, como apunta Bonet en su eplogo, de padecer en ocasiones. En los cuatro captulos en los que est estructurada Espaa siglo XX -1. Infancia y orgenes. 2. Guerra y posguerra, universidad y milicia. 3. Segunda juventud y madurez. 4. En la monarqua de Juan Carlos I- se observa siempre, incluso en su captulo inicial, esta mirada atenta al entorno. De ah la excelente combinacin de aspectos biogrficos y de presentacin y anlisis del contexto socio-poltico. Me permito destacar las secciones tituladas Los aos de universidad y Qvadrante y, en general, la totalidad del captulo III. En el captulo final del volumen -Penltimas reflexiones (aunque no nuevas)- Garca-Borrn recuerda aquellas palabras del canciller y filsofo F. Bacon -El hombre, ministro e intrprete de la naturaleza, solo hace y entiende en la medida en que ha observado, por la experiencia o por la reflexin, el orden de la naturaleza; y no sabe ni puede hacer ms. A la naturaleza no se la vence sino obedecindola- sobre las que nunca dej de llamar la atencin en sus ltimos aos. Los peligros subsisten, la amenaza no ha sido superada. De ah su mensaje final: Sin pretensiones vaticinadoras o oraculares, al repasar esas inquietudes e ilusiones como recuerdos de mi vida me limito a encarecer la reflexin que a tan ingentes amenazas les es debida; a insistir en exigirnos prudencia, con renuncia a seguridades salvficas y conservacin de la serenidad (p. 205). Garcia-Borrn trabaj y colabor en las universidades de Valencia y Barcelona pero no consigui la ctedra de ninguna institucin universitaria. El grueso de su actividad docente la realiz en institutos de bachillerato, impartiendo seminarios y dando cursos en los ICE de la UB y la UAB. Acaso esto seale, con el dedo gordo o incluso con las dos manos, qu fue la
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Universidad espaola bajo el franquismo y parte de la transicin, pero tambin seala con un dedo no menor y no oculto la importancia decisiva que tuvieron algunos profesores de enseanza pre-universitaria en la formacin y vocacin de generaciones de alumnos. En el cultivo de eso que se llamaba, y debera seguir llamndose, la instruccin pblica. En esto ltimo, para nuestra fortuna, Garca Borrn fue un maestro querido y reconocido al que muchos debemos agradecer mucho. No slo fue un historiador del senequismo sino que fue l mismo un senequista: alguien que aspira a forjar los espritus, alguien que se constituye en espejo de las acciones y para quien la filosofa nunca fue slo una actividad acadmica, ms o menos remunerada, sino un instrumento bsico para un buen, solidario y admirable vivir.
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Hans Kng y Karl-Josef Kuschel (eds), Ciencia y tica mundial. Editorial Trotta, Madrid, 2006, 470 pginas.
El proyecto de un nuevo principio de pensamiento regido por la idea de una tica mundial surgi en 1990, obedeciendo al desafo que suponan y suponen para la Humanidad temas tan acuciantes como la paz mundial, las relaciones entre religiones, las desigualdades econmicas, la relacin entre la especie y el medio (Era, precisamente, en ese momento cuando se estaba preparando la conferencia de la ONU para el Medio Ambiente y desarrollo que se celebrara en Ro de Janeiro en 1992). La borrosa idea original fue madurando hasta convertirse en un programa presentado a la opinin pblica en 1990 como proyecto de una tica mundial. Tres aos ms tarde, en 1993, el parlamento de las Religiones del Mundo reunido en Chicago aprob la declaracin de una tica que buscaba o intentaba buscar consenso universal, ms all de diferencias culturales, religiosas o territoriales. Pues bien, desde 1995, la Fundacin para la tica mundial se ha venido dedicando a proseguir y a ampliar este proceso de comunicacin intercultural e interreligioso, mediante actividades, encuentros e investigaciones. El volumen que comentamos es un ejemplo de sus trabajos. El proyecto de tica mundial se articula en torno a tres grandes afirmaciones: 1. No hay supervivencia sin tica mundial 2. No hay paz mundial sin paz religiosa. 3. No hay paz religiosa sin dilogo entre las religiones. El tono musical, admtase, es netamente religioso si bien el programa est abierto a otras perspectivas como algunos textos de este volumen parecen confirmar. Lo que se viene a sealar insistentemente es que no es posible eludir la bsqueda de valores, finalidades y actitudes comunes a toda la humanidad, sin que ello comporte ningn menosprecio de las diferencias culturales o religiosas realmente existentes, que obviamente en ningn momento se aspira a anular o superar.. Para que el lector no olvide el marco poltico -digamos, altamente moderado- de la declaracin y de la Fundacin para la tica mundial no est de ms reproducir unas palabras de Hans Kng, alma, cuerpo y espritu del proyecto: Uno de los resultados ms importantes lo trajo consigo, en 1997, la iniciativa de InterAction Council, que rene a antiguos jefes de Estado y de gobierno. Bajo la direccin determinante del ex canciller federal alemn Helmut Schmidt pudo presentarse la propuesta, en especial a las Naciones Unidas, de una Declaracin general de las obligaciones humanas. Kung seala la consecucin de este acto como uno de los resultados ms importantes. El carcter institucional del proyecto, la presencia de personalidades reconocidas, la orientacin socialdemcrata-de-derechas parecen bastante obvios.
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Ciencia y tica mundial est dividido en cinco grandes secciones -1. tica econmica y ciencia del derecho. 2. Ciencia poltica. 3. Ciencias de la educacin. 4. Ciencias naturales. 5. tica- que agrupan l19 aportaciones . Son especialmente recomendables, en mi opinin, los escritos de Gnther Mack, La bsqueda de un paradigma cientfico til para el futuro, y Ernst Ulrich von Weizscker, tica mundial ecolgica. Este ltimo por ejemplo, con acierto y razones, seala: En esta situacin del mundo, tambin la tica mundial corre el peligro de ser acaparada por la doctrina econmica, que piensa globalmente y est a la vez dominada por arrogancia. Para los dbiles de la Tierra, todo lo que huela a globalidad se ha convertido de la noche a la maana en algo profundamente sospechoso (p. 305). Las lneas centrales del proyecto queda explicitadas en la intervencin inicial de Hans Kng, El mercado global exige una tica global (pp. 15-32). En algunos casos, segn creo, con formulaciones mejorables. Por ejemplo: Kng afirma que las cuestiones relativas al mercado global son cuestiones que ataen al conjunto de la sociedad, de carcter poltico en sumo grado y tambin, en ltima instancia, tico. Se trata por ejemplo de preguntarse si el beneficio, esto es, el afn de lucro, bsicamente justificado, debe ser el nico fin y exclusivo de la economa, de un banco, de una empresa. El afn de lucro bsicamente justificado? Y dnde est la prueba a de esa justificacin? No hay nada que objetar a los resultados de ese afn bsicamente justificado ms all de su aceptacin como fin exclusivo? Igualmente, tampoco estas grandes transformaciones globales son procesos que obedecen a una necesidad natural (como opinaba Marx) sino que son transformaciones gobernables, en principio y dentro de ciertos lmites, naturalmente. Transformaciones globales que obedecen a una necesidad natural? Este es el Marx que Knh ha extrado de todas sus lecturas? . Es posible, por ello, sealar que algunas otras secciones y perspectivas hubieran ampliado la aproximacin a este importante asunto, que la mayora de las intervenciones no tienen carcter rupturista ni incluso reformista sustantivo, que la mayora de los colaboradores pertenecen a un mbito cultural e ideolgico similar (a pesar de la declaracin de diversidad del proyecto apuntada por Kng), que es posible que estemos ante una nueva declaracin intelectual que d vida a determinados colectivos pero que cuente con muy pocos desarrollos y con escasa incidencia en las poblaciones, pero tambin habra que recordar, como seala el propio Kng en la introduccin del volumen, que una piedra que se arroja no ocasiona inicialmente un gran remolino, es cierto. Pero propaga involuntariamente sus crculos. Con la tica mundial se arroj al agua, hace algn tiempo, una piedra as, y efectivamente ha propagado crculos en un tiempo relativamente corto y por todo el mundo.
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8. A favor de la verdad. Michael P. Lynch, La importancia de la verdad. Para una cultura pblica decente. Piads, Barcelona, 2005, 255 pginas. Traductor: Pablo Hermida Lazcano.
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Las siguientes palabras abren este ensayo de Michael Lynch donde se discute la importancia normativa y gnoseolgica de la verdad: A comienzos de 2003, el presidente Bush afirmaba que Irak estaba intentando adquirir los materiales necesarios para fabricar armamento nuclear (p. 15). Afirmacin falsa como es sabido y l saba. Sin embargo, esa falsedad sirvi, junto con otras falsas tapaderas conocidas (Husein era un dictador, Irak eran nido de terroristas, nos deben preocupar los derechos de todos los seres humanos), para justificar una decisin ya tomada sobre la reorganizacin del mapa de la zona. Qu sentido tiene entonces preocuparse por una idea abstracta como la verdad, por un principio normativo tan intil como la veracidad, si la mentira, ya no falsedad, consigue los resultados deseados? No es acaso cierto, aunque acaso no sea relevante, que incluso algunos intelectuales de renombre consideran la verdad irrelevante? Entonces, por qu preocuparse por esa finalidad, por ese valor? Por lo siguiente. En una entrevista de 1979 con Jordi Guiu y Antoni Munn para El Viejo Topo, Manuel Sacristn seal en clave autobiogrfica: A m el criterio de verdad de la tradicin del sentido comn y de la filosofa me importa. Yo no estoy dispuesto a sustituir las palabras verdadero y falso por las palabras vlido/no vlido, coherente / incoherente, consistente / inconsistente. No, para m las palabras buenas son verdadero y falso, como en la lengua popular, como en la tradicin de la ciencia. La afirmacin, incluso su rotundidad, era consistente con un autor que haba hablado de La veracidad de Goethe, que haba apostado para que la revista clandestina de los intelectuales del PSUC se llamara Veritat y que, adems, sola decir y recordar aquel lema muy del gusto tambin de su admirado Gramsci: La verdad es siempre revolucionaria. Pero ha pasado el tiempo, no mucho tiempo esta vez, y, como deca el poeta, la verdad inexorable ha asomado. No son buenos tiempos para la lrica ni para la verdad. Los frentes abiertos son diversos. Desde instancias postmodernistas, como recuerda Lynch (p. 16), se afirma no slo que la verdad objetiva es una ilusin sino que el preocuparse por ella, por su esencia, si as queremos decirlo, supone una prdida de tiempo. Probablemente sea un asunto entretenido pero, en todo caso, en el mejor de los supuestos, absolutamente irrelevante. Stanley Fish, recuerda Lynch, decano de la Universidad de Illinois de Chicago y prominente crtico literario, no slo piensa que la verdad carece de valor sino que, adems, eso es lo que ya creemos realmente porque aunque afirmemos que nosotros queremos creer la verdad lo que realmente queremos creer, segn Fish, es lo til, no lo verdadero; lo que efectivamente nos importa son las consecuencias de nuestras creencias: las buenas creencias son las creencias tiles, las que nos ofrecen lo que realmente queremos. Ningn papel relevante juega la verdad en todo esto.
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Desde posiciones muy distantes polticamente, desde atalayas de la derecha poltica extrema (Lynch cita los casos de los escritores norteamericanos Allam Bloom o Robert Bork pero encontraramos casos muy similares en otros lugares), la defensa de la verdad se identifica con la defensa de verdades absolutamente ciertas (de ah, en parte, las reacciones de los partidarios de las posiciones anteriormente descritas): el relativismo, de inspiracin izquierdista, se dice, socava los grandes principios, los grandes valores que sustentan la nacin, la clase, la raza, el grupo, la comunidad (subryese lo que se crea ms pertinente para el caso). Se han de redescubrir las grandes teoras, las grandes afirmaciones que Dios (u otro sujeto o ente con papel afn) nos ha otorgado. La confusin central que enmarca estas argumentaciones es tan inmediata que da cosa sealarla: es obvio que la lealtad inquebrantable, indiscutible, a lo que uno cree, a lo que el grupo al que pertenece (o quiere pertenecer) sostiene, a lo que se cree mayoritariamente (o no) en la comunidad propia, no es indicio alguno de inters real ni limpio por la verdad sino muy probablemente, en la mayora de los casos, neta seal de dogmatismo (disfrazado o no) terico y/o poltico que esconde, o suele esconder, posiciones de fuerza, poder y privilegios. En esas estamos y entre esas posiciones se sita el ensayo de Lynch. La importancia de la verdad est dividido en tres partes: I. Mitos cnicos. II. Teoras falsas. III. Por qu importa la verdad. Las tesis bsicas que el autor defiende son: 1. La verdad es objetiva. 2. La verdad es buena. 3. Vale la pena investigar la verdad. 4. Merece la pena preocuparse por la verdad en s misma, que, desde luego y el punto es esencial, no hay que confundir con afirmaciones supuestamente similares del tipo: 1. Slo existe una Verdad. 2. Slo la razn pura puede acceder a la verdad. 3. La verdad es misteriosa. 4. Slo algunos seres privilegiados pueden conocer la verdad. 5. Deberamos buscar la verdad a toda costa. Por ejemplo, en el caso de esta ltima afirmacin, Lynch argumenta con tacto que el conocimiento puede resultar con frecuencia peligroso. Ciertas proposiciones pueden ser buenas sin que sea bueno creerlas. Rara vez es bueno buscar la verdad y slo la verdad a toda costa, al margen de las consecuencias. Perseguir siempre algo sin que importen las consecuencias suele ser una receta para el desastre-. Tal es la condicin humana; y esto no es menos aplicable a la verdad que a cualquier otro valor (p. 72). La verdad acaso sea revolucionaria prima facie pero no lo es siempre y en toda circunstancia. La importancia de la verdad es un ensayo de indudable marchamo analtico (con la elegancia de estilo que eso suele conllevar y con las consabidas cuidadas argumentaciones) pero esa caracterstica no le impide, por ejemplo, discutir y recibir adecuadamente legados muy alegados de esa
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tendencia filosfica como algunas sospechas y consideraciones de Foucault sobre verdad y poder (pp. 55-56). Adems de otros temas de inters, Lynch sostiene en el ltimo captulo de su ensayo que la verdad tiene una dimensin poltica, que la preocupacin de la verdad es una dimensin constitutiva de la democracia liberal, y construye una interesante discusin sobre si el liberalismo poltico (con crticas a posiciones liberales como las defendidas de Rorty), en su acepcin ms usual, presupone o defiende una determinada concepcin de la vida buena. En su opinin s: la visin que ofrece el defensor de la democracia liberal es que la vida mejora si uno vive en una sociedad donde el gobierno se abstiene en lo posible de defender una concepcin de lo que hace que una vida sea mejor que otra (p. 200). Segn Lynch, en un interesante giro popperiano, el liberal (poltico) no debe identificar la verdad con lo que admite como verdad en el debate libre y abierto sino ms bien lo contrario: el liberal debe creer que lo que admite como verdad puede, sin embargo, no ser cierto (p. 203). El liberalismo requiere derechos, el concepto de derecho presupone el concepto de verdad objetiva; por consiguiente, el liberalismo presupone un concepto de verdad. El lector, sin embargo, acaso pueda encontrar en los pasos finales de este captulo, en la discusin de Lynch con B. Williams, una excesiva confianza en las posibilidades polticas de intervencin en las democracias liberales realmente existentes. La razn es simple, como Lynch seala, para que las democracias liberales funcionen necesitan que sus ciudadanos tomen decisiones informadas y esto significa, en su opinin, que los ciudadanos, especialmente los elegidos para actuar como representantes polticos del resto, han de ser tan veraces como sea posible, en lo que atae a los porqus, los qus, los dnde y los cmos del gobierno. Sin esa sinceridad pblica el ciudadano no puede tomar decisiones acertadas y en la medida en que no pueda tomarlas, el proceso democrtico resultar ilusorio y el poder del pueblo quedar reducido a un mero eslogan (p. 216). Pues bien, segn parece, se es el caso en la mayora de democracias liberales realmente existentes. La pregunta por la verdad, como Lynch sostiene, no equivale a preguntarse qu es el oro sino a preguntarse qu es la justicia o qu es la igualdad. Preguntarnos por qu nos preocupa la verdad nos ayuda a entender lo que la verdad es. Al hacerlo, seala, aprendemos que la verdad se parece ms al amor o a la fraternidad que al dinero: es objetiva en su existencia, subjetiva en su apreciacin, capaz de existir en formas distintas, puede ser peligrosa y de difcil descubrimiento y, sin duda, en ocasiones, no resulta fcil vivir con ella. Pero, sea como sea, el inters por la verdad forma parte o debe formar parte de cualquier idea de vida buena. Martha Nussbaum ha sealado que La importancia de la verdad desempea un servicio pblico de primera magnitud. Michael Lynch explica
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con vigor y claridad por qu es importante el concepto de verdad para una cultura pblica decente. No es elogio menor viviendo de quien viene. Aado: si se tuviese que escoger un volumen para introducir y discutir con un pblico, especialista o no, sobre temas gnoseolgicos y normativos afines, el ensayo de Lynch estara entre los primeros libros de la estantera. Recurdese, en todo caso, el aforismo con el que Machado iniciaba su Juan de Mairena: la verdad es la verdad la diga Agamenn o la diga el porquero. Agamenn asiente; el porquero disiente. Se entiende la actitud del porquero dada las infinitas falsedades de la Verdad establecida, pero tambin hoy la apuesta por la Verdad sigue siendo una buena y necesaria apuesta del porquero, de todos sus compaeros y de todos sus partidarios.
9. Filosofa analtica en estado puro. Manuel Prez Otero, Esbozo de la filosofa de Kripke. Montesinos, Barcelona, 2006, 276 pginas.
Existen como mnimo dos razones para recomendar vivamente la lectura de este ensayo del profesor titular del departamento de Lgica, Historia y Filosofa de la Ciencia de la Universidad de Barcelona, Manuel Prez Otero. La primera: este esbozo es una de las primeras introducciones (acaso la primera), escritas en castellano, en torno a la filosofa de Saul Kripke, que no es, como es sabido, un filsofo cualquiera sino de uno los grandes filsofos analticos vivos (equiparable a W. O.Quine o a H. Putnam, por ejemplo). Tal vez por ello, Prez Otero inicia su ensayo con las siguientes
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palabras: Muchos consideran muchos consideramos- que Saul Kripke es el filsofo vivo ms importante Desde luego, Kripke es uno de los filsofos contemporneos ms citados e influyentes del mundo (p. 9). La segunda razn, y acaso tan importante como la anterior, es que Esbozo de la filosofa de Kripke (EFK) es un libro modlico, porque es un magnfico ejemplo de cmo hacer un libro didcticamente impecable, verdadero modelo para otros intentos: bien argumentado, bien escrito, legible a la perfeccin desde su primera lnea, con documentadas, claras e interesantes referencias a autores clsicos y a temas bsicos de la historia de la filosofa, permanente respeto al lector (o lectora) sin presuponer en l conocimientos previos ni dominio de ningn terminologa especial o especializada, preocupacin constante para que el estudioso pueda aprender realmente y conozca bien las cuestiones que se exponen, notas a pie de pgina que distan mucho de abrumar al lector no especialista, todas ellas aclaratorias, algunas de ellas excelentes, como por ejemplo, la 8 del captulo 3 (p. 111). En definitiva, un libro que instruye, que ensea a argumentar filosficamente, filosofando en acto, y que hace pensar con rigor. No es poco. Todo lo contrario. Es posible, sin embargo, que el lector que no est acostumbrado a este tipo de narracin filosfica, a este estilo terico -cuya tradicin, por cierto, es antiqusima, tan antigua como el mismo Aristteles- puede objetar la aparente lentitud de la exposicin, las vueltas supuestamente retricas que se dan sobre muchos de los temas tratados, la escasa sustantividad o trascendencia de los asuntos discutidos, la morosidad con la que se exponen argumentos y crticas, el rigorismo excesivo con el que se discuten contraejemplos y rebuscados experimentos mentales, los detallados y frecuentes resmenes o balances que presenta el autor, los recordatorios incluso algunas repeticiones- que se ofrecen con frecuencia, la supuesta escasa ganancia terica obtenida tras su lectura. Errar, errar de pleno, totalmente, si piensa as. Si como Lope sealaba: Esto es amor. /Quien lo prob, lo sabe, esto, EFK, es filosofa exquisita: quien la degust, lo ha entendido. Hay ganancia terica, y mucha, al seguir paso a paso como no poda ser de otra forma- las cuidadas exposiciones de Prez Otero. No creo que puedan citarse muchos otros ejemplos para introducirse en los grandes temas tratados por la filosofa del lenguaje -del XX, y en los aos iniciales del XXI-, que es, como se sabe, parte sustantiva, central, para nada marginal, de la gran filosofa actual. El autor, por otra parte, ha tenido cuidado en distinguir con claridad aspectos epistemolgicos, de filosofa de lenguaje y ontolgicos en las cuestiones tratadas, y no ha dejado estos ltimos en el archivo de los temas inaccesibles. Los lectores con mayores apetencias ontolgicas o trascendentes no se vern defraudados. De hecho, en opinin de Prez Otero, el particularismo semntico modal, el externalismo y la reivindicacin
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del esencialismo aristotlico son elementos filosficamente importantes que nos ha legado El nombrar y la necesidad (p. 264). Acaso pudiera sealarse que un ensayo de estas caractersticas necesita un glosario, y no uno cualquiera sino uno que est densamente poblado. El lector no tiene por qu conocer la diferencia entre enunciados descriptivos y normativos, ni a qu llama Frege sentido de una proposicin ni en qu consiste la concepcin descriptiva-cualitativa del significado. La crtica no sera pertinente: Prez Otero ha tenido la delicadeza otro acierto msde presentar, explicar, definir, todas, absolutamente todas las nociones tericas que usa en su exposicin, desde nociones bsicas epistemologa, por ejemplo- hasta conceptos ms especializados. No hay ninguna categora filosfica que introduzca en su exposicin, por usual que sea, que no est definitiva y aclarada por l. Manuel Prez Otero, que es un lgico competente autor, entre otras publicaciones, de Lgica y metodologa de la ciencia y de artculos de investigacin editados en reconocidas revistas de filosofa analtica como Teorema, Teora o History and Philosophy of Logic- ha tenido adems de nuevo el cuidado de no abrumar al lector con una simbologa que desconoce y unos clculos deductivos que no podra seguir: no hay apenas signos lgicos que puedan ahuyentar al lector en toda su exposicin, aunque el autor sabe muy bien que hubiera sido posible tratar tal o cual asunto con determinados formalismos lgicos, acaso con mayor penetracin pero con prdida de comprensin por el lector medio. EFK se centra fundamentalmente en el estudio detallado de El nombrar y la necesidad (homenaje nada oculto a Meaning and Necessity del gran Rudolf Carnap). El libro de Kripke, seala Prez Otero, es una obra fundamental, pero no resulta especialmente densa ni ambigua. La nica dificultad relevante que puede conllevar leer su texto es que requiere cierta familiarizacin con algunas tesis (bsicamente de filosofa del lenguaje) pertenecientes a la tradicin filosfica analtica. Parte de nuestra tarea ser presentar previamente al lector esa tesis (p. 15). Esta finalidad expositiva no implica en absoluto entrega o acriticismo: En alguna ocasin menciono en el texto puntos concretos de la concepcin kripkeana que -a mi juicio- son problemticos. Tambin cito algn otro trabajo en el que discuto algunos de esos puntos, con un enfoque menos expositivo, ms crtico (p. 17). Est expuesta en EFK toda la filosofa de Kripke? De qu otras aportaciones de Kripke no trata EFK? Prez Otero, de nuevo, informando al lector de la finalidad de su ensayo, seala que EFK no trata de las aportaciones de Saul Kripke en el mbito de la semntica formal de los mundos posibles, de su teora sobre el concepto de verdad, de su discusin sobre el argumento de Wittgenstein en torno a la imposibilidad de la existencia de lenguajes privados, ni tampoco se incluyen detalladamente las criticas y objeciones a las ideas defendidas en El nombrar y la necesidad. La
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motivacin pedaggica central del autor es, en todos los casos, la causa esencial de estas restricciones. EFK est estructurado en tres partes. Los dos primeros captulos la primera parte- desarrollan los preliminares adecuados para describir el contexto filosfico en que situar las aportaciones de Kripke. La parte central de EFK corresponde al captulo 3 (pp. 87-196). Se exponen en l, con todo lujo de detalle, las criticas de Kripke a la concepcin de Frege-Russell sobre la referencia, y a las tesis metafsicas y epistemolgicas vinculadas a esa concepcin, al mismo tiempo que se presentan las tesis de Kripke acerca de diversos temas filosficos como el concepto metafsico de necesidad, la nocin de mundo posible, la naturaleza de los objetos particulares y de los gneros naturales. La tercera y ltima seccin est compuesta por los captulos 4, 5 y 6: en el captulo 4 se presenta un argumento de Kripke a favor de ciertas posiciones dualistas en torno a las relaciones entre lo mental y lo corporal; el captulo 5 presenta sus reflexiones en torno a las oraciones sobre creencias, y en el sexto menos informativo y ms interpretativo que los anteriores (p. 19)- Prez Otero nos presenta reflexiones y conclusiones generales, anticipadas a lo largo del libro, en un marco filosfico ms amplio, en el que trato de situar y realzar las aportaciones filosficas fundamentales de Kripke (p. 19). Para finalizar y para no dar sensacin de entrega acrtica por parte de este reseador, cabe acaso hacer algn comentario lateral que no pretende ni desea ser ledo como crtica: 1. Un individuo de la talla moral-poltica de Richard Nixon uno de los grandes sanguinarios del siglo XX y uno de los polticos ms inmorales con los que uno puede toparse - no merece figurar en un libro como ste, aunque sea tan slo en ejemplos que pretenden ilustrar tal o cual reflexin. Prez Otero ha usado aqu referencias del libro del propio Kripke, por lo que no cabe hacer ninguna objecin real. Simple manifestacin de malestar ante la referencia (y la esencia) de tal nombre propio. 2. Estrictamente hablando, si no ando errado, hay una nica informacin innecesaria dada por Prez Otero a lo largo de su ensayo: al referirse al Crculo de Viena lo presenta como un movimiento filosfico y poltico. Tiene razn, toda la razn, pero no parece que el segundo aspecto destacado juegue papel alguno en su exposicin. 3. Si Prez Otero hubiera sido totalmente coherente en el tema de las traducciones, cosa nada central, y hubiera citado en toda circunstancia el traductor del texto original referenciado al castellano (pp. 265-270), se hubiera podido comprobar de nuevo que el traductor de excelentes obras del gran filsofo analtico W. O. Quine no fue otro que el mejor filsofo marxista hispnico del siglo XX.
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(Este hecho, dicho sea entre modestos parntesis, hubiera podido plantear algn problema a viejas afirmaciones de algunos filsofos analticos espaoles en absoluto, Prez Otero- sobre el papel jugado por los pensadores marxistas -as, en general- en la introduccin de la lgica y la filosofa analtica en nuestro pas). 4. El lector acaso hubiera deseado que las palabras finales de EFK () Es deseable que puedan encajar bien (SLA: las aportaciones ms relevantes de El nombrar y la necesidad) con el resto de teoras y principios que conjuntamente integran nuestra mejor concepcin cientfica y filosfica global sobre el mundo, nuestra mejor concepcin del lenguaje y de la realidad extralingstica (p. 264)hubieran tenido un mayor desarrollo explicativo. Queda abierto el enigma en torno a nuestra mejor concepcin global del mundo. Pero tal vez eso sea un sabio truco de escritor: Prez Otero abre camino para un futuro ensayo en el que desarrolle el marco y los elementos de ese deseo. En definitiva, en rigor, con el mismo rigor con el que Prez Otero expone sus argumentos y sus comentarios a lo largo de todas las pginas de este magnifico ensayo, el adjetivo analtica est de ms en el ttulo de esta resea: EFK es, esencialmente -por usar un trmino muy del gusto de Kripke, de Prez Otero y del mismsimo S. Jay Gould- filosofa, sin adjetivo innecesario, en estado puro.
Hegel. Terry Pinkard. Acento editorial, Madrid, 2001, 927 pginas. Traduccin de Carmen Garca-Trevijano.
Sostiene el autor de esta excelente biografa que un filsofo francs contemporneo observ una vez que la gran ansiedad que sufre todo filsofo moderno est en que, sea cual sea el camino que tome, cada uno de esos caminos acaba en un callejn sin salida, y en cada uno de ellos est Hegel aguardando con una sonrisa (p. 11). Puede pensarse tal vez que esta conjetura de un Hegel omnipresente y sonriente sea algo exagerada, pero hay varios motivos sustanciales para recomendar sin vacilacin la lectura sosegada de esta muy competente biografa intelectual del autor de la Fenomenologa del Espritu. Veamos algunos, pocos, de estos numerosos motivos: 1. Su autor, Terry Pinkard, no es solo un reconocido especialista en la obra de Hegel (La dialctica de Hegel, 1987; La Fenomenologa de Hegel, 1994) sino que es tambin un esplndido escritor que consigue que leamos
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esta larga y documentada aproximacin a la vida y obra de Hegel con la pasin que merecen las obras clsicas. 2. Pinkard inicia su estudio con las siguientes palabras: Hegel es uno de eso pensadores de los que toda persona culta cree saber algo. Su filosofa fue la precursora de la teora de la historia de Karl Marx, pero, a diferencia de Marx, que era materialista, Hegel fue un idealista en el sentido de que pensaba que la realidad era espiritual en ltima instancia, y que esta realidad se desarrollaba segn un proceso de tesis /anttesis/ sntesis. Hegel glorific tambin el estado prusiano, sosteniendo que era obra de Dios, la perfeccin y la culminacin de toda la historia humana...Hegel desempe un gran papel en la formacin del nacionalismo, el autoritarismo y el militarismo alemanes con sus celebraciones cuasi-msticas de lo que l llamaba pretenciosamente lo Absoluto (p.9). Sostiene Pinkard que todo lo que se afirma en este prrafo, salvo la primera frase, es falso, pero que a pesar de ello este clich de Hegel contina repitindose en casi todas las historias breves del pensamiento o en las cortas entradas de un diccionario (p.9). Puede discutirse sin duda el uso del valor semntico de verdad para adjetivar la primera frase normativa del prrafo anterior o se puede estar tan slo parcialmente convencido de la falsedad del resto de los enunciados, pero es enormemente sugerente que uno de los objetivos declarados de esta biografa sea mostrar la correccin de esta sospecha. 3. Pinkard se mueve constantemente en el deseable espacio de la ira contenida. Seala, por ejemplo, que Hegel ha sido casi desterrado del mbito de la filosofa analtica y que parte de la explicacin de esa marginacin es histrica y que en esa parte ocupa lugar destacado la influencia de La sociedad abierta y sus enemigos de Sir Karl, sealando la parcial responsabilidad de la catstrofe alemana en la funesta influencia del pensamiento de Hegel (p. 13). Pinkard se limita a apuntar, con escandalizado y envidiable sosiego, que aunque el tratamiento popperiano de Hegel haya sido un escndalo en s mismo eso no ha servido para acallar los masivos temores de que el estudio de las obras hegelianas sea en s mismo una arriesgada empresa. 4. La admiracin de Pinkard por el biografiado apenas le empuja a las heladas aguas de la hagiografa exaltada. Probablemente el tratamiento, justificativo en ocasiones, que el autor da de la relacin entre Hegel y su primer hijo, fruto de relacin no institucionalizada, sea el aspecto ms discutible. Cuando Pinkard escribe Esta situacin [la dificultad para que los nuevos aprendices pudieran convertirse en maestros] fue algo que Hegel, pese a sus agudas observaciones sobre la economa moderna, no alcanz a ver con respecto a su propio hijo], uno tiende malvolamente a traducir no alcanz a ver, por no importarle en demasa. 5. La aproximacin biogrfica a Hegel no evita sino que consigue reflexiones y aproximaciones filosficas didcticas y de inters. El lector
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encontrar, entre otros, un ejemplo destacado de ello el el captulo V de esta obra (Hegel encuentra su propia voz: La Fenomenologa del Espritu). 6. En un reciente libro de divulgacin filosfica (David J.Edmonds y John A. Edinow, El atizador de Wittgenstein) puede uno toparse, y tal vez darse de bruces, con el paso siguiente: Se dice que entre el pblico se encontraba su segunda [de Braithwaite] e idiosincrsica esposa, tambin conocida por su nombre de soltera, Margaret Masterman [...] Tena el hbito de sentarse en el antepecho de la ventana. Segn uno de los testigos, llevado quiz por su imaginacin calenturienta, era famosa por no llevar bragas (segn afirma, su continuo cruzar y descruzar las piernas distrajo su atencin del incidente del atizador) (p.78). Nada parecido hallar el lector en esta biografa. Para su bien, y en honor del buen gusto, no tendr conocimiento alguno de las costumbres hegelianas, o de sus prximos, sobre ropa interior y cuestiones afines. 7. En torno a la filosofa de la historia hegeliana y la existencia o no de leyes histricas, tema de indudable repercusin en las tradiciones marxistas, el lector podr encontrar varias aproximaciones de inters. Por ejemplo, las pginas dedicadas a la Revolucin de julio en el captulo XV (En casa: 1827-1831). 8. Desde varios sectores de la filosofa analtica se ha intentado vacunar a la comunidad filosfica contra Hegel aludiendo a las varias meteduras de pata, cuando no de cuerpo entero, sobre asuntos cientficos. Por ejemplo, la extraa afirmacin hegeliana en torno a la necesidad de que el sistema solar estuviera constituido por siete y tan slo siete planetas. El lector encontrar igualmente en varias secciones de esta obra una aproximacin mucho ms matizada y documentada. 9. Finalmente, reiterando que las razones para recomendar la lectura de este ensayo podran multiplicarse como panes y peces, cabe advertir que una de las imgenes ms hermosas que se conocen sobre el terceto filosfico-romntico por excelencia (Hegel-Schelling- Hlderlin) y el rbol plantado como canto de renovacin y libertad se tambalea netamente despus de la aproximacin de Pinkard. Puestos a sealar algn pero cabra solicitar la presencia desarrollada en futuras reediciones de un tema anunciado pero poco transitado como es el espinoso asunto de la dialctica y de la falsa trada hegeliana de tesis/anttesis/sntesis, as como indicar la ausencia en la bibliografa de dos libros que sin duda mereceran estar en este excelente volumen:Del Yo al Nosotros, el excelente estudio de Valls Plana sobre la Fenomenologa, y el trabajo de Lukcs sobre El joven Hegel y la sociedad capitalista. De la admirable versin castellana cabe indicar la prctica inexistencia de erratas (he observado tan slo un 1879 por un 1789) y la excelente idea de situar las numerosas, documentadas y no prescindibles notas al final del volumen (pp. 833-912).
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11. Rompiendo olas y abismos injustificados Hilary Putnam, El desplome de la dicotoma hecho-valor y otros ensayos. Barcelona, Paids Bsica 2004, 215 pginas. Traduccin de Francesc Forn i Argimon. Revisin de Miguel Candel.
Se afirma en la contraportada del nuevo ensayo de Hilary Putnam -titular emrito de la ctedra John Cogan de la Universidad de Harvard y autor de libros tan decisivos en la filosofa contempornea como La herencia del pragmatismo; Razn, verdad e historia o Las mil caras del realismo-, que, si la filosofa desempea alguna tarea en el mundo (represe en el prudente condicional), esa tarea tendra que ser la de clarificar nuestro pensamiento y despejar las ideas que obnubilan nuestras mentes. Sin duda, si esta loable aspiracin fuera prctica constante del filosofar contemporneo, nuestras ideas seran algo ms ntidas y nuestras mentes andaran menos confusas. No es frecuente alcanzar o vislumbrar esas cimas. Empero, en ocasiones, la suerte no nos da la espalda y un singular ensayo filosfico cumple efectivamente con las funciones sealadas. El desplome de la dicotoma hecho-valor y otros ensayos es una de estas esperadas aportaciones filosficas que an tratndose, inicialmente, de una discusin en el mbito acadmico presenta una notable e interesante arista politica ciudadana.
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En la primera parte del libro se recogen las conferencias que Putnam imparti en noviembre de 2000 por invitacin de la Fundacin Rosenthal. Se presenta en ellas una convincente argumentacin contra la casi indiscutible dicotoma hecho-valor -herencia de la prctica filosfica de convertir en separaciones absolutas lo que en principio son distinciones inocuas-, tal y como esta divisin ha sido desarrollada y definida histricamente. Putnam, que fue colega durante 10 aos de Amartya Sen en la Universidad de Harvard, seala la importancia del enfoque de las capacidades en economa de bienestar ante quiz el mayor problema con que se enfrenta la humanidad en nuestro tiempo, el de las inmensas disparidades entre las partes ms ricas y las pobres del mundo (p. 11), lo que Jon Sobrino ha llamado, con razn teolgica y laica a un tiempo, la metablasfemia de nuestra poca. La propuesta de Sen, que Putnam comparte, parte del presupuesto de que los temas de economa del desarrollo y los temas politicos relacionados no pueden mantenerse en casillas absolutamente separadas y disjuntas. La segunda parte de DDHV -Racionalidad y valor- se inicia con un captulo continuacin de la temtica central de la conferencias; en el resto de apartados, Putnam ha recogido ensayos suyos recientes que se sustentan directamente en los argumentos de las conferencias Rosenthal y les ayudan a tomar cuerpo (p. 12). La tesis de que los juicios de valor, nuestras finalidades, nuestros valores, son mera y estrictamente subjetivos es una concepcin filosfica que ha llegado a tomar caractersticas de principio asentado en el ncleo duro de la tradicin y en el sentido comn consolidado. Es la ley de Hume: ningn debe (valor) a partir de un es (hecho). Numerosos autores sostienen que si bien los denominados enunciados fcticos o sintticos (aquellos que, por ejemplo, habitan en nuestras teoras cientficas) pueden ser objetivamente justificados e incluso ser verdaderos, los juicios valorativos no pueden aspirar ni a lo uno ni a lo otro. Como apunta Putnam, segn algunos partidarios extremos de la dicotoma, los juicios de valor estn completamente al margen de la esfera racional. Lionel Robbins, uno de los economistas con mayor influencia en el siglo XX, apunt que cuando se trata de valores no hay ni puede haber lugar para la discusin. Los argumentos que defienden esa separacin tajante han tenido importantes consecuencias en el mundo real a lo largo del siglo XX. Pensemos, por ejemplo, en la esfera econmica, donde esta separacin es aire ambiental respirado intensamente, y en la decisiva influencia de los consejos de sesudos y sofisticados economistas, que, en sus palabras, hacen ciencia, no poesa, en las actuaciones de gobiernos, alianzas polticas, o incluso de algunas organizaciones no gubernamentales. La posicin de Putnam es justa, y justificadamente, la contraria: es posible y necesario construir argumentos racionales en el mbito tico. La pregunta por las diferencias supuestamente insalvables entre juicios de
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hecho (EE.UU. apoy directamente, mediante acuerdos secretos, el golpe militar de Pinochet) y juicios de valor (La poltica de guerras preventivas del Imperio es inadmisible moral y polticamente) ya no es una pregunta imposible e indocumentada: pueden muy bien estar en juego cuestiones de -literalmente- vida o muerte (p.16). De hecho, como seala el autor en la introduccin y en otros pasajes de su ensayo, la misma ciencia, paradigma positivista por excelencia de conocimiento fctico, racional, objetivo y justificado, presupone valores como la coherencia, la plausibilidad o la simplicidad (o incluso la belleza, como seal el mismsimo Paul Dirac) de las teoras que sin duda son tambin valores (en el mbito epistmico) y que, hasta la fecha, se desplazan por las mismas turbulentas aguas que los valores ticos en lo que respecta al tema de su objetividad o justificacin. Putnam opera aqu tal como Quine lo hizo en 1951 respecto a la dicotoma analtico/sinttico: arguyendo que los enunciados cientficos no podan ser divididos tajantemente en convenciones (enunciados analticos) y hechos (enunciados sintticos). Entre el negro y el blanco, existen, existan, otras tonalidades fructferas. Algunas de las precisiones y posiciones centrales que Putnam defiende en su ensayo, y que l mismo presenta de forma excelente en las conclusiones del captulo III (pp. 78-83), pueden ser resumidas del modo siguiente: 1. Desinflando el hinchado globo de la dicotoma no matizada hecho/valor, lo que obtenemos es la conveniencia de trazar una distincin entre juicios ticos y otro tipo de juicios. Esta puede ser una distincin til, como tambin lo es trazar una distincin entre juicios qumicos y juicios que no pertenecen a este mbito del conocimiento. Pero no se sigue nada metafsico de la existencia de una distincin hecho/valor en este (modesto) sentido (p. 34). 2. La nocin de hecho que subyace a la distincin clsica de Hume entre cuestiones fcticas y relaciones de ideas (de ah, la posterior separacin entre enunciados analticos y sintticos), al igual que la tesis de que nunca un debe debe derivarse de un es, es una concepcin muy estrecha de lo que es un hecho segn la cual ste se corresponde con una impresin sensorial. Difcilmente encontraramos hoy alguna prctica, realmente existente, en ciencias ms o menos sofisticadas, que se moviera cmodamente en torno a estos estrechos lmites de lo que es un hecho. 3. Una concepcin lingstica segn la cual nada puede ser a la vez un hecho y un portador de valor, y de ah la separacin tajante de ambos mbitos, es pobre y totalmente inadecuada, dado que una enorme masa de nuestro vocabulario descriptivo usual est y tiene que estar imbricado por valoraciones, aunque su funcin predominante pero no nica sea la de describir hechos, personas, lugares o situaciones. Por ejemplo, los trminos
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que usamos en la descripcin histrica, sociolgica y en otras ciencias sociales estn invariablemente teidos de principios, de valores. 4. El efecto ms negativo de la dicotoma tajante hecho/valor es que, en la prctica, funciona como autntico freno de la discusin y del pensamiento. Es mucho ms cmodo y fcil sealar que tal enunciado o creencia es, simplemente, un juicio de valor y que, por tanto, es meramente una cuestin subjetiva, ms o menos alocada, ms o menos interesada, que trabajar en la lnea que intentaba ensearnos Scrates: indagar quines somos y cules son nuestras convicciones ms profundas, y someter estas convicciones a la exigente prueba de un examen reflexivo (p. 59). 5. No se trata de apostar ni por el relativismo moral ni por el imperialismo cultural. Reconocer que nuestros juicios morales pretenden tener validez objetiva, esto es, pretenden estar justificados, no implica desconocer que estn conformados por un determinado marco cultural y por una problemtica concreta. No hay aqu incompatibilidad alguna. Lo mismo ocurre con nuestras investigaciones y teoras cientficas. La solucin no estriba en abandonar la discusin ni situarse en algn mirador de lo Absoluto, ajeno a todo contexto, sino en investigar, discutir y tantear las cosas de una manera cooperativa, democrtica y, por encima de todo, falibilista (p. 60). El errar es humano no excluye, claro est, el mbito politico. 6. La vida no slo mancha sino que en ocasiones ensea. Y la vida ciudadana muestra que somos capaces de distinguir entre juicios justificados e injustificados, incluyendo aqu los juicios de valor. Sin duda, eso no quita que pueda haber casos controvertidos, an no resueltos, o incluso difcilmente resolubles. Pero lo bastante, como recuerda Putnam que sostena Jane Austin, es bastante aunque no sea todo ni el Todo. Putnam seala que una versin de cada una de las dicotomas centrales, la dicotoma hecho/valor, es frente a debe, y de la dicotoma analtico/sinttico, cuestiones de hecho frente a relaciones de ideas, ha tenido un carcter fundacional para el empirismo clsico de Locke o Hume, as como para su principal herencia filosfica en el siglo XX, el positivismo lgico y corrientes afines. De modo que, apunta el autor El desplome de la dicotoma hecho-valor y otros ensayos, llegar a pensar sin estos dogmas -trmino del autor- acaso sea entrar en una autntica posmodernidad, entrar en un campo totalmente nuevo de posibilidades intelectuales en todas las esferas importantes de la cultura (p. 22). Si es as, si nos convencen las argumentadas valoraciones putnamianas, no hay que dudarlo: hay que combatir por y en esta tendencia posmoderna. Es (hecho) la buena (valor).
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12. Un clsico de un clsico. Williard Van Orman Quine, Desde un punto de vista lgico. Paids, Barcelona 2002. Segunda edicin revisada con un nuevo prlogo del autor. Traduccin y presentacin de Manuel Sacristn [Traduccin de los pasajes no publicados en la primera edicin a cargo de Miguel Candel]. Prlogo a la nueva edicin castellana de Jess Mostern.
La editorial Paids ha tenido el acierto y la gentileza de reeditar, con interesantes ampliaciones, la edicin que Ariel hizo en 1962 de Desde un punto de vista lgico [DVL] con traduccin y presentacin de Manuel Sacristn. Los principales aadidos de esta nueva edicin son el prlogo de Quine de 1980 (pp.20-24), la breve nota a la segunda edicin de la obra (p. 25), los cambios introducidos por el autor -a partir de la segunda edicin de la obra- sobre el controvertido asunto de la lgica modal (pp. 219-224) y el prlogo que para esta reedicin ha escrito el profesor e investigador del CSIC Jess Mostern. Decir a estas alturas de la historia del pensamiento filosfico que estamos ante uno de los clsicos de la filosofa analtica -o de la filosofa tout court- del siglo XX es tan innecesario como sealar que el autor de este volumen ha sido y es uno de los mayores filsofos del reciente siglo y de todos los tiempos. La inexistencia de noticias de su reciente fallecimiento (diciembre, 2000) en importantes medios de comunicacin es uno de los desaguisados periodsticos ms notables que cabe citar. Los memorables e imprescindibles nueve artculos que componen DVL y cuyo origen se sita entre los aos 1937 y 1951 han sido cruciales en el transcurrir de la filosofa de la ciencia, de la lgica y del lenguaje a lo largo de dcadas y dcadas. Cabe destacar especialmente, Dos dogma del empirismo (1951) y Acerca
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de lo que hay (1948), que curiosamente haba sido publicado en 1948 en Revista de Metafsica. Todo en DVL es interesante, singular, bien construido argumentativamente y con el sabroso y austero estilo que Quine imprima a sus publicaciones: desde el paralelismo establecido por el autor entre los tres puntos de vista medievales sobre los universales y las tres grandes corrientes de fundamentacin de la matemtica del siglo XX (pp.53-55) hasta las penetrantes e inolvidables pginas en las que Quine se enfrenta crticamente a una de las distinciones usuales en la historia del pensamiento filosfico, la divisin excluyente entre enunciados analticos y sintticos (pp.61-80). La misma ancdota que da pie al hermoso ttulo del volumen merece ser contada una vez ms. Estaban Henry Aiken y Quine, con sus respectivas esposas, en un local nocturno de Greenwich Village. Quine le explicaba a Aiken su proyecto de publicar un volumen que recogiera sus puntos de vista filosficos. En aquellas precisos instantes Harry Belafonte acababa de cantar el calipso From a logical point of view y Aiken le seal a Quine que el ttulo de la cancin encajaba maravillosamente con el contenido de su futuro libro. Quine no estuvo sordo frente a la hermosa idea de su amigo. En su presentacin a la edicin castellana de DVL de 1962, Sacristn traza una breve presentacin de la obra de Quine -del que l mismo tradujo, siempre por gusto y admiracin, volmenes como Palabra y objeto, Las races de la referencia, Filosofa de la lgica o la primera edicin de Los mtodos de la lgica-, seala que la enseanza filosfica contenida en el volumen no es menor que la que representaron clsicos de la filosofa del siglo XX como el Tractatus de Wittgenstein o Metafsica como ciencia rigurosa de su maestro H.Scholz y construye dos excelentes aproximaciones no formales a la teora prenominal de Quine y a su filosofa de la ciencia que no deberan pasar desapercibidas. En el hermoso prlogo que Jess Mostern ha escrito para esta edicin, puede verse igualmente una sucinta aproximacin a tres de los artculos contenidos en el volumen: Acerca de lo que hay, Dos dogmas del empirismo y Nueva fundamentacin de la lgica matemtica. Mostern no ahorra elogios al referirse al traductor -Sacristn fue un filsofo original y riguroso, uno de los pensadores marxistas ms lcidos, la figura descollante de la oposicin intelectual al rgimen de Franco y un introductor de la lgica matemtica en Espaa (p. 17)- e informa que desde su publicacin la obra de Quine ejerci una enorme influencia en la filosofa anglosajona, que acab siendo publicada en muchas lenguas -incluso en chino y en japons-, pero que su primera traduccin fue al castellano, la llevada a cabo por Sacristn en 1962. Una ancdota puede ilustrar el reconocimiento que Sacristn senta por la obra de Quine. En una carta de 1 de octubre de 1972 dirigida a Javier
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Pradera, por aquel entonces consejero de Alianza editorial, el traductor de DVL sealaba lo siguiente: Querido Javier, Contesto de prisa a dos preguntas pendientes tuyas: 1: el ganar el mismo dinero en menos tiempo traduciendo para Grijalbo no es slo cuestin de tarifas, sino tambin de textos. Lo esencial para trabajar menos es, como te escrib, traducir porqueras (en alguno de los numerossimos sentidos en que es porquera la aplastante mayora del impressum propio de la cultura superior). Las cuales no plantean nunca problemas serios de traduccin. De todos modos, te digo lo que s de las tarifas de Grijalbo: son tarifas iguales para cualquier lengua, pero ms bajas para novela que para el resto de sus temas (ciencia, filosofa, historia, arte, libros para regalo). S imprecisamente lo que paga a sus traductores de novela (por lo comn muy malos): entre 70 y 80 ptas. la holandesa de 2100 pulsaciones, pero admitiendo generosamente como completa cualquier holandesa honradamente empezada... Para comparar: la holandesa del Quine (que me ha exigido mucho ms tiempo que la de cualquier bl-bl-bl filosfico), me ha salido a 102 ptas aproximadamente. Pero te repito que el factor ms importante es la naturaleza del texto. Por eso no me las prometo muy felices ahora que hoy a empezar para Grijalbo el Capital... 2. Querra no traducir fuera de mi programa Grijalbo -sobre todo ahora que empiezo El Capital- ms que en verano. Si te parece, t me mandas el texto en junio [Filosofa de la lgica]y yo te lo envo traducido a primeros de octubre. Podamos adoptar incluso -por si quieres hacer ya un contrato- la fecha del 10 de octubre como fecha de entrega, siempre que yo tenga el texto el da 10 de junio. Un abrazo Otro detalle ms que tiene que ver con el mismsimo Quine. El firmante de esta resea, por sugerencia de un profesor de la Universidad de Navarra y sin duda en noche estrellada y con luna llena, tuvo el atrevimiento de escribir a Quine preguntando por la posibilidad de intercambio epistolar entre l y su traductor castellano. Pens que, con probabilidad tendente a 1, la carta quedara extraviada en algn despacho de la Universidad de Harvard. Me equivoqu. Casi a vuelta de correo -11 de diciembre de 1997-, Quine me contest, de su puo y letra, sealando que saba que Sacristn haba traducido su obra al castellano pero lamentando, por otra parte, la inexistencia de correspondencia entre ambos. Por si todo esto fuera poco, la contraportada de la actual edicin est basada en un texto que Sacristn escribi para la antigua edicin castellana de 1962 y no debera pasar desapercibida la hermosa cubierta
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matemtica que Mario Eskenazi ha diseado para esta edicin. As pues allegro, allegro, molto vivace.
13. Bondad y brevedad John R. Searle, Libertad y neurobiologa. Reflexiones sobre el libre albedro, el lenguaje y el poder poltico. Paids, Barcelona 2005; traduccin y prlogo de Miguel Candel, 120 pginas.
Si hubiera que ser estrictamente consecuente con uno de los atributos centrales apuntado en el ttulo de esta resea, habra tan slo que sealar: lanlo y digan a otros que lo lean, y no se olviden de sealar que el prlogo de Miguel Candel es parte sustantiva del continente recomendado. Y ya est: el resto es lectura. Pero como nos tememos que una heterodoxia as no sera admisible incluso en una revista con tanta cintura terica como el topo, aadamos, pues, algo ms reconociendo, eso as, que lo sustancial ya ha sido enunciado. Los dos textos que junto con el prlogo del traductor forman Libertad y neurobiologa provienen de sendas conferencias impartidas por Searle (Candel: pronnciese Srol) en Pars, a comienzos de 2001. Se recogen aqu con el ttulo: LIbre albedro y neurobiologa: una relacin problemtica (pp. 25-88) y Lenguaje y poder (pp. 89-120). Searle es autor, entre otros, de ensayos tan reconocidos como El descubrimiento de la mente, La construccin de la realidad social, Razones para actuar o aquel magnfico trabajo de los Cuadernos Anagrama de los setenta: La revolucin de Chomsky en lingstica. El primer texto se inicia con la exposicin de un malestar: la persistencia del problema tradicional del libre albedro en la filosofa contempornea le parece al autor poco menos que un escndalo. No se ha avanzado mucho en este punto y, como suele ocurrir, la eternizacin de estos problemas cuelga de presupuestos implcitos e indiscutidos. En este caso, el problema es que pensamos que las explicaciones de los fenmenos naturales han de ser completamente deterministas. Pero, al mismo tiempo, cuando se trata de explicar un cierto tipo de comportamiento humano, parece que tenemos sistemticamente la experiencia de actuar libre o voluntariamente, en un sentido de estas ltimas palabras que hacen imposible dar explicaciones deterministas de nuestros actos (pp. 27-28).
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Pues, bien, seala Searle, resolvemos algunos de estos problemas supuestamente irresolubles cuando mostramos o se nos muestra el presupuesto falso del que habamos partido hasta entonces. En el caso del problema mente-cuerpo, por ejemplo, la falsa presuposicin radicaba en el propio vocabulario con el que se enunciaba el problema: los trminos espritu-carne, mental-fsico, presuponen que esos trminos designan categoras nticas mutuamente excluyentes. Liberados de esa creencia el problema se diluye: todos nuestros estados mentales estn causados por procesos neurobiolgicos que tienen lugar en el cerebro, realizndose en l como rasgos suyos de orden superior o sistmico (p. 29). Al desarrollo de una estrategia similar para el problema del libre albedro est dedicado el resto de la conferencia de Searle. No se trata aqu de explicitar el desarrollo de su argumentacin, pero cabe, eso s, sealar que en el sendero recorrido est el inters de su aproximacin con un destacable apartado dedicado a La estructura de la explicacin racional (pp. 46-57). En los compases conclusivos de este texto, Searle discute con detalle las dos hiptesis contrapuestas en torno a si los procesos mentales conscientes que tienen lugar en el cerebro, los procesos que constituyen la experiencia del libre albedro, se realizan en un sistema neurobiolgico que es totalmente determinista (p. 62). En medio, un apunte tan destacable como el siguiente: el yo no es una ninguna entidad aparte sino la suma del carcter propio y de la propia racionalidad de un agente consciente. La segunda parte del ensayo, ms breve, est dedicada al tema del lenguaje y el poder. Su objetivo es explicar la ontologa del poder poltico y explicar el papel del lenguaje en la constitucin de dicho poder (p. 89). Las pginas 91-93, donde Searle presenta sus nociones de dependencia e independencia del observador, son modlicas de lo mejor de la tradicin analtica. El autor presenta en su anlisis las categoras que usa en su aproximacin: intencionalidad colectiva, funciones de estatuto y reglas constitutivas. En nueve puntos (pp. 107-120), explicita su concepcin de lo poltico y del poder poltico. En el ltimo de estos puntos, Searle seala que de la misma forma que ha dejado sin resolver la cuestin de la legitimacin poltica, ha pasado tambin por alto los problemas tradicionales del cambio social (p. 120). No es necesario indicar que cualquier ayuda al respecto sera muy bien recibida. El traductor y prologuista aventura, a raz de este segundo texto, un interesante apunte para disolver la aparente contraposicin entre causalidad y libertad: el presupuesto falso del que Searle parece partir en su exposicin es la confusin entre libertad con indeterminacin y, desde un punto de vista psicolgico, de determinacin con deseo. Pero, sostiene Candel, ser libre no es carecer de causas determinantes de la propia accin sino ser uno mismo la causa. Con arreglo a ese concepto de libertad es ms importante querer lo que uno hace que hacer lo que uno quiere (p. 19).
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Si se nos permite una pequea nota crtica para finalizar, no deja de ser curioso que un pensador como Searle, tan poco dado al clsico dualismo mente-cuerpo y al embrujo del lenguaje sobre este asunto, escriba: (...) si estoy sentado en un parque contemplando un rbol, hay un cierto sentido en el cual no depende de m lo que estoy experimentando. Depende ms bien de la manera de ser del mundo y de mi aparato perceptivo (p. 31), de lo que parece deducirse que este m no incluye una parte tan de m con mi propio aparato perceptivo que, sin duda, me guste o no, desee o no otras capacidades, me condiciona (o me ayuda, depende de cmo queramos decirlo) pero que no por ello deja de ser parte de m mismo.
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14. Del otro lado del Atlntico Gabriel Vargas Lozano Esbozo histrico de la filosofa en Mxico (siglo XX) y otros ensayos. Nueva Len, Ideas Mexicanas, 2005, 288 pginas. Presentacin de Jaime Labastida.
Es posible disentir cortsmente de algunas afirmaciones e incluso de algunas preguntas formuladas por Jaime Labastida, autor de la presentacin de este ensayo de Gabriel Vargas Lozano, reconocido profesor-investigador del Departamento de Filosofa de la UAM-I, ex-presidente de la Asociacin Filosfica de Mxico y director de la revista Dialctica. Por ejemplo, puede hablarse verdaderamente de filosofa mexicana (o de filosofa espaola, vasca o catalana por lo dems)? Tiene algn sentido interrogarse sobre la existencia de una filosofa espaola o sobre el carcter especfico de la filosofa en lengua espaola? Desde luego que podemos hablar de forma ingenua, y sin pretensiones tericas, como de hecho hacemos normalmente, del empirismo ingls, del idealismo alemn, del materialismo francs, del pragmatismo americano o del neopositivismo viens, pero nacionalizar la filosofa o vincular lenguas y discurso filosfico son temticas de alto riesgo conceptual y poltico. La filosofa, como los trabajadores o los ciudadanos proletarios del Manifiesto Comunista, no tienen patria o acaso no deberan tenerla. Ahora bien, los filsofos -los practicantes licenciados o no de esa cosa llamada filosofa, que, esta vez s, debera seguir recordando sus races etimolgicas y vindicar, practicando, su vieja aspiracin al saber, a todo saber- suelen estar arraigados en determinados paisajes, no siempre muy delimitados (tambin aqu se imponen los conceptos y sentimientos borrosos), en determinadas problemticas y, sin olvidar temas y cuestiones de mbito universal que sin duda existen, sus intereses o investigaciones pueden centrarse en mbitos geogrficos concretos y expresarse, como no poda ser de otro modo, en determinada lengua (o en determinadas lenguas) que desde luego no tiene por qu ser, como gustaba decir y pensar Heidegger, el griego clsico o el alemn en exclusiva. Tambin puede haber, porque la hay, filosofa en cataln, en euskera, en dans o en eslovaco. Si, como apunt Aristteles, no hay camino regio para el estudio de la geometra, no s ve que haya camino lingstico o nacionalitario privilegiado para la comprensin de los avatares del Ser, ms all de tradiciones, inquietudes e importancia de las comunidades lingsticas de cada uno/a.
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No hay peligros de este orden en el caso de este informadsimo esbozo de la historia de la filosofa en Mxico. El ttulo de Vargas ya es indicativo de las posiciones del autor y sus primeras lneas son toda una declaracin de intenciones: Los trabajos que conforman este libro, son producto de un amplio proyecto de investigacin sobre las caractersticas que ha adoptado el desarrollo de la filosofa en nuestro pas (p. 15). El ensayo tiene, para nosotros, lectores hispnicos, un doble inters: no slo por conocer lo que no suele ser conocido ni estudiado, a pesar de ser historia cultural de un pas hermano al que siempre deberamos estar agradecidos, sino porque la nmina de los filsofos espaoles exiliados tras el golpe y triunfo del fascismo espaol es enorme y recoge lo mejor y ms admirable de la cultura republicana: Jos Gaos, Juan-David Garca Bacca, Eugenio Imaz, Adolfo Snchez Vzquez, Ramn y Joaqun Xirau, Wenceslao Roces, Mara Zambrano, Joan Roura y tantos otros, expulsados de nuestro pas por las legiones franquistas y el triunfo del nacional-catolicismo filosfico. De alguna de estas figuras y de muchas otras cuestiones da cuenta este ensayo de Vargas Lozano, que contiene un esbozo histrico de la filosofa en Mxico en el siglo XX, ensayos sobre figuras como Leopoldo Zea, Luis Villoro o Jos Gaos, reseas de libros de Ral Fornet-Betancourt o Abelardo Villegas, y finalmente, textos vindicativos de la filosofa y del filosofar y una detallada cronologa de la filosofa en Mxico (pp. 241-283), que recoge datos e informaciones hasta el mismo ao 2005. Un sentido texto que Vargas Lozano dedica a Jos Gaos, el primer traductor de Heidegger al castellano, acaba con las siguientes palabras: Gaos muri demasiado pronto pero podramos decir que haba llegado ya a tocar, como los grandes filsofos universales, lo universal y lo particular sin buscar su divorcio (p. 160). No encuentro mejor forma de sealar la perspectiva central de este trabajo del prolfico escritor, profesor y conferenciante Gabriel Vargas Lozano, quien, por cierto, es coautor de una de las mejores entrevistas que se realizaron a Manuel Sacristn Luzn, fue tambin el conferenciante invitado que inaugur las jornadas dedicadas a Sacristn en noviembre de 2005 en la Universidad de Barcelona y, adems, ha participado generosamente en los documentales de Integral Sacristn dirigidos por Xavier Juncosa, siendo uno de los actores principales del dedicado a Sacristn en Mxico.
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Una de las causas principales de la miseria de las ciencias es su supuesta riqueza. Su objetivo no es abrir la puerta a una sabidura infinita, sino poner lmites al infinito error B. Brecht, La vida de Galileo . No pocas de las generalidades especulativas existentes en las ciencias sociales, tales como la significacin de una institucin, las causas intrnsecas, etc., pueden considerarse como reliquias de la escolstica. Algunos contenidos relacionados con problemas de orden social, particularmente con la historia, toman un sentido equvoco, debido a que, a veces, los escritores prefieren emplear un lenguaje complicado y retorcido cuando el uso de expresiones claramente empricas y unvocas, podran resultar malsonantes para los lectores. As, en vez de decir sin rodeos: Un grupo tnico extermin a otro y destruy sus casas y sus libros, algunos historiadores prefieren decir. Llevada por su misin histrica, tal nacin comenz a extender su civlizacin por toda la tierra Otto Neurath, Fundamentos de las ciencias sociales. Es simplemente una falacia lgica pasar de la observacin de que la ciencia es un proceso social a la conclusin de que el producto final, nuestras teoras cientficas, es como es debido a las fuerzas sociales e histricas que actan en el proceso. Un equipo de escaladores puede discutir sobre el mejor camino para llegar a la cima de la montaa, y estos argumentos pueden estar condicionados por la historia y la estructura social de la expedicin; pero al final, o encuentran un buen camino hasta la cima o no lo encuentran, y cuando llegan all saben que han llegado (Nadie titulara un libro sobre montaismo Construyendo el Everest ). Steven Weinberg, El sueo de una teora final, cap. VII.
1.
3. Filosofa de la ciencia.
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1. Destacable aproximacin a la mecnica cuntica Georges Charpak y Roland Omns, Sed sabios, convertos en profetas. Ed. Anagrama. Barcelona (Espaa), 2005 Traduccin de Javier Calzada
Es muy probable que el ttulo de este ensayo produzca temblores (y horrores) en ms de un lector. Es posible que si se ojea al azar el volumen y se lee el texto de Jawaharlal Nehru que lo cierra (p. 253), sin tener en cuenta tiempo y contexto -"Quien podra permitirse ignorar la ciencia hoy? En cada instante debemos buscar su ayuda... El futuro pertenece a la ciencia y a aquellos que se profesan sus amigos!"-, pueda verse aqu una sospechossima declaracin de cientificismo que parece olvidar a estas alturas de la jugada la otra cara, la cara ms amarga de la empresa tecnocientfica; puede uno discrepar de aproximaciones excesivamente rpidas, confusas y poco meditadas (Heidegger, pp. 159-161) -o, por contra, acaso generosas en exceso (Nietzsche, 155-159)-; puede sealarse que algunos pasos hubiera sido necesario argumentarlos con mayor lujo de detalles ("Como ha mostrado el fsico Wolfgang Pauli, el mundo de los tomos y su mecnica cuntica son claramente incompatibles con la teora kantiana de las categoras", p. 154), tesis que parecen coincidir con otras declaraciones poco afortunadas: "Las ciencias necesitan de la prueba para demostrar su grado de fiabilidad, mientras que la filosofa es una montaa de papeles" (Georges Charpak, El Pas, 16 de abril de 2005), o, en fin, puede parecer impropio de dos inteligencias tan poderosas como las de Charpak (premio Nobel de Fsica en 1993) u Omns (fsico terico de relieve) que escriban, negro sobre blanco y sin ms matices, que fue "as como Marx imagin conocer con seguridad los conceptos que describen exactamente la sociedad, as como ciertas leyes que permitiran predecir su curso" (p. 56), aunque puedan ser pertinentes sus crticas a afirmaciones de Althusser en su presentacin del libro I de El Capital. No importa, incluso tampoco importa en demasa la tesis sobre mutaciones -digamos, filosfico-histrica- que sostienen los autores de este ensayo: ha habido tres grandes mutaciones en la historia de la humanidad: la primera fue el comienzo de la era neoltica, hace unos 12.000 aos, tras el ltimo perodo glaciar; la segunda, el surgimiento de la ciencia experimental hace unos 400 aos, con la obra de Galileo y Newton, y estamos ahora inmersos en la tercera de ellas. Es igual. Cabe destacar, en cambio, algunas de sus tesis, posiciones y desarrollos. Los siguientes, por ejemplo: 1. Los autores creen que "sin haber penetrado realmente en el significado de la ciencia, no es posible entender nada del mundo moderno que vaya ms all de una comprensin superficial. Esta es la idea bsica del
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presente libro y su razn de ser" (p. 9). No hay posible discrepancia sobre este punto, ms teniendo cuenta la perspectiva moral que mantienen: el captulo 7, que cierra la primera parte del ensayo, finaliza con una cita de Rabelais: "La ciencia sin conciencia no es ms que la ruina del alma" (p. 139). 2. No es descabellado afirmar, como hacen los autores, que el sentimiento experimentado por quienes se acercan a la comprensin de algunas leyes de la naturaleza es un sentimiento prximo a lo sagrado, ni tampoco reconocer que la aproximacin a los mbitos disputados por la filosofa y la teologa no siempre se encuentran candidatos a la altura de las circunstancias "para afrontar las perspectivas actuales o los desafos presentes" (p. 11). 3. Charpak y Omns ven con claridad la importancia que el tema de la ciencia y la religin estn adquiriendo, y va a adquirir, en muchos debates y en muchas comunidades. Viendo la riqueza del movimiento de las ideas en la Edad Media rabe, se preguntan, cmo entonces se ha secado la fuente de genios como Alhazn (inventor de la cmara oscura) y por qu, desde entonces y con reconocidas excepciones (el premio Nobel Abdus Salam, fundador del Instituto Internacional de Trieste), el pensamiento cientfico ha languidecido en el mundo musulmn? La respuesta, con la que coinciden, ha sido avanzada por Ahmed Zewail, premio Nobel de Qumica en 1999, y titular de la ctedra Linus Pauling del California Instituye of Technology: la influencia de tendencias oscurantistas, hostiles por principio a toda investigacin cientfica y a todo conocimiento de este orden" (p. 195). En definitiva, el fundamentalismo religioso, de all pero tambin de aqu, estara taponando cualquier perspectiva de mejora no slo en el desarrollo de la ciencia en ciertas reas sino en la comprensin ciudadana de resultados asentados. 4. En la tercera parte de su ensayo, los autores dan numerosas ideas a favor de una educacin a la altura de nuestro tiempo, una educacin para la paz que persiga la alfabetizacin cientfica de todos los nios del planeta, con interesantes y estimulantes descripciones pedaggicas ("Retrato de una alumna: Soumia o la "recuperacin escolar"", pp. 240-242). 5. La critica matizada pero rigurosa que Charpak y Omns trazan a determinadas construcciones filosficas ilustra, e ilustra mucho. Por ejemplo, al uso ideolgico que hace Richard Dawkins de su idea didctica sobre el gen egosta (pp. 131-132) o a las tesis de Michael Ruse sobre la libertad humana como ilusin y a la consideracin del pensamiento como simple juego de mecanismos (pp. 132-137), con una muy notable aclaracin de nociones usadas alegremente en contextos muy diversos, y no siempre con intenciones ingenuas, como linealidad o no linealidad: una ecuacin es lineal cuando la suma de dos de sus soluciones tambin es una solucin; un mecanismo es lineal cuando al sumarse sus datos iniciales podemos predecir
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su resultado final sumando los respectivos resultados (el flujo de la sangre en los capilares es lineal, pero no lo son la mayora de los fenmenos biolgicos). Pero, desde mi punto de vista, lo esencial de este ensayo de estos dos grandes fsicos no es todo lo anterior, sin ningn menosprecio a sus posiciones, sino la deslumbrante aproximacin (pp. 77-130), una buena forma de empezar la lectura del ensayo, sin formalismo matemtico alguno, amparndose en figuras geomtricas elementales y con nociones bsicas sobre composicin de vectores, que realizan a la mecnica cuntica, una de las teoras ms complejas de la fsica contempornea y con mayor nmero de implicaciones filosficas extradas, no siempre documentadas y con base en la compresin real de los resultados cientficos aceptados. No me resisto a reproducir un paso de sus conclusiones: "Cuntas cosas no se han dicho y escrito a propsito de un supuesto conflicto y de una incompatibilidad fundamental entre las leyes cunticas y el sentido comn! Algunos trabajos de lgica suficientemente desarrollados han permitido reconciliarlos, pero una vez ms es la decoherencia la que ha trabado los ltimos nudos. Sin entrar en temibles meandros, basta sin duda mencionar que, despus de la transmutacin de las leyes mediante la decoherencia, no slo se convierte en clsico cuando puede decirse acerca del mundo sensible, sino que su correspondiente lgica se aproxima al sentido comn" (p. 129).
2. Ciencia con tica. Xavier Domnech, Qumica verde. Rubes editorial, Barcelona, 2005.
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No slo es posible, y acaso necesario, que las posiciones y credos polticos se revisen con frecuencia; tambin puede y debe hacerlo el conocimiento positivo. La propuesta de una nueva forma de pensar y hacer qumica, la qumica verde, es un ejemplo de ello. Este magnfico y novedoso ensayo de Xavier Domnech nos sumerge en el seno de la qumica preventiva. La clave est sealada en la cita de La caverna de Jos Saramago que abre el volumen: "Es una estupidez perder el presente slo por el miedo de no llegar a ganar el futuro". La qumica es una ciencia bsica en nuestras vidas y sociedades que, desde diferentes mbitos y en numerosas ocasiones, ha recibido justas crticas por daar el medio ambiente y a los ciudadanos con procesos altamente contaminantes y energticamente poco eficientes. La qumica verde es una revisin cientfica, una forma novedosa de hacer qumica, una propuesta de seguir desarrollando esta vieja disciplina cientfica, con una prioridad central: respetar el entorno sin por ello dejar de cultivar la ciencia, sin por ello caer o deslizarse hacia algn tipo de saber pseudocientfico o adversario del conocimiento positivo. Es, si se quiere, una propuesta de rectificacin de los programas de investigacin realizada desde consideraciones normativas sobre el papel social que deben jugar el saber cientfico y sus aplicaciones. Ciencia practicada con pulsin tica y poltica y con responsabilidad medioambiental. El qumico, seala Xavier Domnech, puede hacer un paso importante hacia delante por medio "del diseo y fomento de estrategias que disminuyan el riesgo asociado a la dispersin de los contaminantes en el medio ambiente, ya sea amortiguando qumicamente el efecto de los contaminantes una vez producidos, o bien produciendo menos compuestos residuales y menos txicos, mediante el uso de rutas sintticas ms limpias". De ah la definicin de qumica verde que nos propone: practicar qumica verde es hacer qumica de forma sostenible, procurando minimizar la produccin de compuestos residuales y ahorrando el consumo de recursos materiales y energticos. No es sueo, no es un mero ideal: es ya cientficamente posible. Qumica verde est estructurado en cinco captulos y un eplogo. En el primero de ellos se explica la situacin de la qumica productiva, su impacto social ("la produccin de compuestos orgnicos sintticos es la que, despus de las refineras, emite a la aguas mayor cantidad de hexaclorobenceno: unos 13,6 Kg por ao, que es el 12% de los vertidos totales... El HCB es un potente cancergeno, cuya presencia se ha puesto de manifiesto en organismos vivos, como por ejemplo la leche materna (p. 30)). En el segundo captulo se presentan los riesgos de estas actividades, las estrategias para combatirlas y se sealan los 12 principios centrales de la qumica verde. Entre ellos, "Es mejor prevenir la generacin de residuos que su tratamiento una vez producidos"; "se ha de minimizar la demanda de
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energa en el proceso qumico"; "los compuestos qumicos se han de disear de tal manera que al acabar su vida til, no persistan en el medio ambiente y se degraden a compuestos inocuos" (p. 45). Las restantes secciones del ensayo estn centradas en la exposicin en positivo de los ejes bsicos de la propuesta: optimizacin de recursos (captulo 3); ecodiseo de las reacciones qumicas (captulo 4); cuantificacin de las mejoras ambientales (captulo 5). En el eplogo, el autor seala que la qumica verde debe ir ms all de un cdigo de buenas prcticas ambientales y que la consideracin de la dimensin ambiental abre nuevas vas de investigacin en diferentes campos, no cerrando, por tanto, el desarrollo de la ciencia, el despliegue de nuevos programas. Esta propuesta de "qumica verde" no es, por tanto, ninguna postura oscurantista que pretenda bloquear el "progreso" ni el desarrollo del saber. La qumica verde ya ha conseguido notables resultados: fotocatlisis, electrocatlisis, biocatlisis y catlisis bifsica, uso de lquidos inicos, de fases supercrticas, materiales nanomtricos, al igual que materiales fotosensibles capaces de convertir energas renovables en formas energticas ms tiles. Recordemos, por ejemplo, que el 98% de los compuestos orgnicos que se sintetizan actualmente provienen del petrleo cuyo refinado consume enorme energa, y que durante su conversin a compuestos qumicos especficos se debe llevar a cabo un proceso de oxidacin que es una de las etapas ms contaminantes del proceso (p. 54). Por ello, no slo a causa de que el petrleo sea un recurso limitado sino tambin debido a la contaminacin que se origina durante su refinado, la bsqueda de recursos alternativos es imprescindible y urgente. El cultivo de la qumica verde obliga, desde luego, a un trabajo interdisciplinar. Empuja al al qumico a interesarse por la ingeniera qumica, por la ecologa, la toxicologa, las ciencias de los materiales, la geologa, la biotecnologa o la economa; en definitiva, a relacionarse con otras comunidades cientficas y trabajar conjuntamente, a interesarse por otros saberes. De nuevo aqu una neta seal de que las clasificaciones cientficas tradicionales estn en momento de cambio, en perodo de revisin. No hay saber aislado que no tengan vasos comunicantes con otros desarrollos cientficos aparentemente alejados. Para que la qumica verde juegue un papel destacado es vital incorporar su enseanza en la formacin bsica de los futuros qumicos en nuestras facultades universitarias e incrementar la sensibilidad social hacia los desarrollos de una ciencia que quiere ser amiga de la tierra y de sus pobladores. Las tareas de divulgacin y de formacin en la enseanzas preuniversitarias y para la ciudadana en general siguen siendo bsicas tambin en este mbito. La qumica verde es, pues, otra de las urgentes tareas cientficas y sociales de nuestra hora, un ejemplo de ciencia crtica no servil dispuesta a
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no rendir culto al mito, cada vez ms desenmascarado, de un "progreso" incontrolado que confa ciegamente en un futuro que no olvidemos es, en parte, consecuencia de nuestro presente.
3. A la altura de los cuartetos de Beethoven. Antonio Fernndez-Raada, Ciencia, incertidumbre y conciencia. Heisenberg. Nivola, Madrid, 2004, pgs. 276.
En un texto escrito al poco del fallecimiento del creador de la teora de la relatividad (La obra cientfica de Einstein, 1955), despus de reconocer la decisiva importancia de sus contribuciones cientficas, Werner Heisenberg, el creador de la teora cuntica de matrices, criticaba a Einstein por su ingenua
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fe en la posibilidad de solucionar los problemas polticos a base de buena voluntad, porque los entonces vigentes valores nacionales o patriticos le eran francamente extraos, por su odio exagerado al militarismo y por su creencia en que la paz slo poda conseguirse con el control de las actividades de los Estados nacionales. Y aada: los horrores del nazismo le hicieron escribir una carta al presidente Roosevelt, incitndolo enrgicamente a que los Estados Unidos fabricaran bombas atmicas.... La citada carta de 1939, que, como es sabido, Leo Szilard escribi y Einstein firm, no incitaba a la fabricacin enrgica de nada. Fernndez-Raada, catedrtico de Electromagnetismo en la Universidad Complutense y autor de esta biografa cientfica, comenta: Realmente el obituario de Heisenberg raya en la infamia (p. 255) (Para una detallada descripcin del autntico papel de Einstein en el proyecto Manhattan, vase: Francisco Fernndez Buey, Albert Einstein. Ciencia y conciencia, Retratos del Viejo Topo, Barcelona, 2005, especialmente pp. 193-258; la carta a la que se refera Heisenberg est reproducida en las pgs. 207-209). Es probable que no fuera sta la nica ocasin en la que el gran fsico muniqus -del cual tambin celebramos en este 2005 el primer centenario de su nacimiento- se aproxim a territorios ticos tan poco aconsejables. Al anlisis de su obra cientfica y de sus posiciones polticas est dedicada este magnfico ensayo de Fernndez-Raada cuyas documentadas, sentidas pero matizadas crticas, no son obstculo para una comprensible admiracin por la obra de uno de los unos grandes fsicos del siglo XX. Su principio de incertidumbre y su teora cuntica de matrices, por citar slo sus dos contribuciones mayores, son comparables por su importancia como realizaciones humanas a la Capilla Sixtina de Miguel ngel, los dramas de Shakespeare, los cuartetos de Beethoven o la filosofa de los antiguos griegos (p. 7). No hay exageracin en el comentario. Entre 1923 y 1927, un reducido grupo de fsicos produjo un caudal de ideas que permitieron una nueva teora cuntica de la materia, que hoy seguimos aceptando, y cuyas bases conceptuales se establecieron en el congreso Solvay celebrado en Bruselas en octubre de 1927. Heisenberg, junto con Niels Bohr, Louis de Broglie, Erwin Schrdinger, Paul Dirac y Max Born, fue uno de los grandes protagonistas de esta decisiva historia. Antes de cumplir los 23 aos, haba propuesto en 1924 su mecnica de matrices; entre 1925 y 1927 particip activamente en las discusiones que dieron forma final a la teora; anunci, a sus 25 aos, al iniciarse 1927, su principio de incertidumbre y, finalmente, en 1932 fue el primer fsico en desarrollar una teora sobre la estructura de los ncleos atmicos. Las relaciones de incertidumbre o de indeterminacin, o, simplemente, el principio de Heisenberg, sealan que el producto de las incertidumbres -o imprecisin con la que determinamos su valor- de la posicin y el momento (masa por velocidad) de una partcula es siempre
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superior a una cantidad no variable: el cociente entre h, la constante de Planck: 6,6. 10-34 julios.seg, y el cudruplo de . No podemos disminuir arbitrariamente la incertidumbre, la imprecisin en la medida, de una de las dos variables -pongamos por caso, la posicin- sin aumentar al mismo tiempo la imprecisin de la otra medicin (el momento o la velocidad). Existe una limitacin intrnseca en nuestro conocimiento simultneo de ambas variables: no nos es posible determinar con exactitud, y al mismo tiempo, la posicin y la velocidad de una partcula. Uno de los temas centrales que vertebran esta biografa tiene que ver directamente con el ttulo del ensayo: la ciencia y la conciencia, el saber positivo y el compromiso poltico y moral. Una de sus tesis bsicas puede resumirse en los trminos siguientes: durante aos el nico estudio sobre la bomba alemana fue un ensayo del periodista suizo R. Jungk (Ms brillante que mil soles, 1949) en el que se defenda que Heisenberg y sus colaboradores podan haber construido la bomba si hubieran querido pero que no lo haban hecho para evitar ofrecer al rgimen hitleriano un arma tan terrible. Podemos disculpar entonces la actuacin de Heisenberg? Los documentos y estudios aparecidos en las ltimas dcadas, en especial las grabaciones de Farm Hall, han cambiado la situacin (p. 11). Curiosamente, Francisco J. Yndurain recordaba recientemente que cuando Walter Gerlach se enter que los norteamericanos haban hecho estallar, con xito mortfero, las bombas atmicas en Hiroshima y Nagasaki, dirigindose al grupo de cientficos alemanes que estaban recluidos con l en Farm Hall les espet: Si esto es cierto, ustedes son unos incompetentes!. Era cierto, y uno de los cientficos recluidos era Werner Heisenberg (quien, por cierto, recibi su doctorado con la calificacin ms baja posible porque en el examen de fsica que tuvo que superar demostr un desconocimiento total de todo lo que no fuese pura teora fsica, hasta el punto que Wilhelm Wien, miembro del tribunal, era partidario de suspenderle, de suspender en su doctorado a uno de los grandes cientficos del XX). Adems de la presentacin de la vida y obra de Heisenberg, FernndezRaada seala aqu y all sus posiciones metodolgicas, llenas de sensatez compartible. Por ejemplo, las dedicadas a los movimientos antirracionalistas que presentan la ciencia como mero producto sin base emprica de acuerdos culturales, basados en el inters de grupos, las circunstancias del momento o el mero capricho (p. 29). Posiblemente, como seal Forman, el ambiente de crisis cultural coadyuv al abandono por la mecnica cuntica de la nocin de causalidad de la fsica clsica, pero tambin es razonable pensar que esa misma teora hubiera surgido y triunfado en otro ambiente cultural muy distinto. Pensemos, por ejemplo, en las importantes contribuciones a la teora del fsico ingls Paul Dirac, surgidas en coordenadas cientfico-culturales muy alejadas.
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La edicin multicolor de esta coleccin de Nivola, o incluso la excesiva presencia de fotografas o de textos seleccionados, puede no entusiasmar a todos los lectores, pero es todo un acierto que aspectos fsico-matemticos que exigen conocimientos especializados estn situados al margen del texto principal -por ejemplo, la presentacin de la ecuacin de Schrdinger, pp. 8889, o La mecnica de matrices, pp. 68-69-, aunque no es seguro que el criterio est siempre bien aplicado. Por ejemplo, el apartado no tcnico dedicado a Empirismo y libre invencin de conceptos (pp. 75-79). Dos recomendaciones: las pginas que Fernndez-Raada dedica al viaje a Copenhague de Heisenberg para visitar a su antiguo maestro y amigo Niels Bohr en 1941 (pp. 223-230) y las dedicadas a la incomprensin de los cientficos alemanes de ideas fsicas bsicas para la elaboracin de una bomba atmica (pp. 212-214), que deja en el aire la pregunta de si la Alemania nazi hubiera podido construir la bomba si no hubiera perseguido y espantado a sus mejores cientficos. Probablemente no. Un dato: el producto bruto de EE.UU. -sustrato bsico que les permiti gastar, en plena guerra mundial, el billn de dlares anuales que consuma el proyecto Manhattan, un proyecto que, en aquel momento, no tena el xito garantizado- era en aquellos aos el doble que el alemn y diez veces superior al japons. En una ocasin, Heisenberg pregunt a Bohr sobre si, dado que la estructura atmica de la materia era poco asequible a una descripcin intuitiva, podramos entenderla alguna vez. Despus de una breve vacilacin, Bohr le respondi. Creo que s, pero debemos saber primero qu significa la palabra entender. No es fcil saber qu respuesta puede satisfacernos ante una pregunta as, pero sea cual sea el grado de exigencia requerido, puede sostenerse sin exageracin que este ensayo de Fernndez-Raada nos ayuda a entender, en la diversa medida de nuestras fuerzas fsico-matemticas, no slo aspectos de la obra cientficos de Werner Heisenberg sino los dramas polticos y sociales que subyacan -y subyacen- en esa cosa, nada marginal, que llamamos ciencia. O tecnociencia, como se prefiera.
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4. No era de una poca, sino para todos los tiempos. Richard P. Feynman, El placer de descubrir. Crtica (Drakontos), Barcelona 2000, p. 218. Traduccin castellana de Javier Garca Sanz.Editor: Jeffrey Robbins.
Feynman sola ir con su padre, amante de la ciencia pero no un cientfico profesional, a los bosques de las montaas Catskill, su lugar de veraneo. Paseando por los bosques su padre le preguntaba. a qu no sabes qu tipo de pjaro es?. F. sola responder negativamente: no tengo ni la ms ligera idea. Le informaba entonces de que se trataba de un tordo de garganta marrn, que en portugus se deca de tal modo, en italiano le llamaban as, en chino de otro modo, diferente que en japons. Y conclua: ahora ya sabes qu nombre tiene ese pjaro en todos los idiomas que quieras, pero cuando hayas acabado con eso no sabrs absolutamente nada sobre el pjaro. Slo sabrs cmo llaman al pjaro los seres humanos de diferentes lugares. Ahora, miremos al pjaro. El Feynman adulto no tuvo dudas de la enseanza que su padre le haba transmitido: le haba enseado a mirar con tenacidad, a observar sin prejuicio, a fijarse detalladamente en las cosas del mundo. Esa actitud era o deba ser la base de la empresa cientfica y es una de las reflexiones que pueden encontrarse en el placentero El placer de descubrir (PdD). PdD est compuesto por trece trabajos, de carcter metacientfico, de uno de los grandes fsicos del siglo XX: desde una entrevista de 1981 emitida en la BBC (en el programa Horizon: El placer de descubrir, que da ttulo al volumen), pasando por su conferencia de 1985 sobre Los computadores del futuro o sobre Cul es y cul debera ser el papel de la cultura cientfica en la sociedad moderna hasta sus reflexiones sobre Qu es la ciencia?, El valor de la ciencia y La relacin entre ciencia y religin. Con la posible excepcin del segundo captulo, se trata de ensayos de densidad varia, netamente asequibles a lectores sin formacin especializada en el mbito de las ciencias fsicas. Varias perspectivas pueden centrar la lectura de estas pginas. Por ejemplo las siguientes. En primer lugar, las consideraciones filosficas de alguien tan poco dado a la especulacin sin base como Feynman (alguien, alguna vez, ha hablado del chato y desptico paleopositivismo del autor). El captulo que cierra El placer, dedicado a las relaciones entre ciencia y religin, es una muestra interesante de este apartado. En segundo lugar, sus aproximaciones a la ciencia, a su estatus epistmico y a su papel en la cultura. Aqu encontraremos apuntes del siguiente tenor: Nuestra responsabilidad como cientficos, sabedores del gran progreso y el gran valor de una filosofa satisfactoria de la ignorancia,
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del gran progreso que es el fruto de la libertad de pensamiento, est en proclamar el valor de esta libertad, ensear que la duda no debe ser temida, sino bienvenida y discutida, y exigir esta libertad como nuestro deber para con todas las generaciones venideras (p. 121). Sin duda, en tercer lugar, los lugares en los que el autor explica su participacin en la construccin de la bomba en Los lamos y su reaccin ante el lanzamiento de aqulla en Hiroshima. Una muestra algo aterradora: Y una vez que uno ha decidido hacer un proyecto como ste, sigue trabajando para conseguir el xito. Pero lo que yo hice -dira que de forma inmoral- fue olvidar la razn por la que dije que iba a hacerlo, y as, cuando la derrota de Alemania acab con el motivo original, no se me pas por la cabeza nada de esto, que este cambio significaba que tena que reconsiderar si iba a continuar en ello. Simplemente no lo pens... (pp. 20-21). En cuarto lugar, las consideraciones pedaggicas de uno de los grandes maestros de la fsica moderna (Freeman J. Dyson, autor del prlogo de PdD: Cuando conoc a Feynman, supe inmediatamente que habia entrado en otro mundo. l no estaba interesado en publicar artculos bonitos. l estaba luchando, con ms fuerza con la que yo haba visto luchar antes a nadie, por comprender el funcionamiento de la naturaleza reconstruyendo la fsica desde abajo...). La posicin de Feynman sobre estos espinosos asuntos didcticos es catica y modesta a un tiempo: Mi teora es que la mejor forma de ensear es no tener ninguna filosofa, ser catico y mezclarlo todo en el sentido de que uno utiliza todas las formas posibles de hacerlo...Lo siento: despus de muchos, muchsimos aos de tratar de ensear y tratar todo tipo de mtodos diferentes, realmente no s como hacerlo (p. 28) Finalmente, tampoco resultarn ociosas las miradas sobre el Nobel y los premios de alguien que fue premio Nobel de Fsica en 1965 junto con Julian Schwinger y Sin-Itiro Tomonaga por su trabajo fundamental en electrodinmica cuntica y sus implicaciones en la fsica de partculas: El premio est en el placer de descubrir, en la excitacin del descubrimiento, en observar que otras personas lo utilizan (mi trabajo); esas son cosas reales, los honores no son reales para m. No creo en los honores, eso me fastidia..., los honores son las charreteras, los honores son los uniformes. As es como me educ mi padre. No puedo soportarlo, me duele (p. 23) Es cierto que el gran Feynman no siempre tiene las antenas puestas y a veces hace una cabezada. Por ejemplo, respecto de las ciencias sociales, parece desviarse hacia un cierto imperialismo fsico: Debido al xito de la ciencia, existe, pienso yo, un tipo de pseudociencia. Las ciencias sociales son un ejemplo de una ciencia que no es ciencia. No hacen [cosas] de forma cientfica, slo siguen las formas: recogen datos, hacen esto y aquello y todo lo dems, pero no llegan a ninguna ley, no han descubierto nada (p. 29). Hay tambin la joya anticomunista de rigor: Me gustara comentar, de pasada y puesto que la palabra atesmo est estrechamente relacionada
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con comunismo, que las ideas comunistas son la anttesis de lo cientfico, en el sentido de que en el comunismo se dan respuestas a todas las preguntas -preguntas polticas tanto como morales- sin ninguna discusin y sin ninguna duda. El punto de vista cientfico es exactamente todo lo contrario... Incluso para el bueno de Spinoza tiene Feynman una extraa y poco matizada aproximacin: Hay una tendencia a la pomposidad en todo esto, para hacerlo todo profundo. Mi hjjo est siguiendo un curso de filosofa y ayer por la noche estbamos considerando algo de Spinoza.. y haba el razonamiento ms pueril! Estaban todos esos atributos y sustancias, todas estas elucubraciones sin sentido, y nos echamos a rer. Ahora bien cmo pudimos hacer eso? Aqu est este gran filsofo holands, y nosotros nos remos de l. Es porque no tena ninguna excusa! En esa misma poca viva Newton, Harvey estaba estudiando la circulacin de la sangre, haba gente con mtodos de anlisis mediante los que se estaba avanzando! Uno puede tomar cada una de las proposiciones de Spinoza y sus proposiciones contrarias, y mirar el mundo y no puede decir cules son correctas... (p. 157) Punzantes y paradjicas pinceladas sin duda que no impiden otras mucho ms armnicas que pueden constituir un excelente programa epistmico e incluso existencial. He aprendido a vivir sin saber. No tengo que estar seguro de que estoy teniendo xito y, como dije antes acerca de la ciencia, pienso que mi vida es ms plena porque soy consciente de que no s lo que estoy haciendo. Estoy encantado con la anchura del mundo! (p. 163). De ah que para Feynman una de las mayores y ms importantes herramientas de la fsica terica sea la papelera. Ahorro decirles lo que debi pensar para el caso de la filosofa o de las ciencias sociales.
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5. El legado de un cientfico humanista Stephen Jay Gould, La estructura de la teora de la evolucin. Tusquets (Metatemas), Barcelona, 2004, 1.426 pginas; traduccin de Ambrosio Garca Leal.
Todo lo que no sea dedicar diez o doce mil pginas a comentar con detalle (es decir, estudiar, informarse, preguntar, discutir) este voluminoso libro de libros laico est de ms y probablemente sea una tarea inconsistente con el objeto comentado. Intentemos, pues, llamar la atencin poniendo el acento en algunas aristas, acaso secundarias. Antes una seal de la deslumbrante desmesura de esta Estructura: el ndice comprimido del volumen ocupa una pgina, apenas 9 lneas; el ndice expandido ocupa 13 pginas. Es, por consiguiente, una tarea imposible dar breve cuenta de un libro cientfico-filosfico de esta naturaleza. Hacer una resea justa y documentada de un libro de libros como es La estructura de la teora de la evolucin es una de esas tareas imposibles o sobrehumanas a las que sola hacer referencia Martin Gardner. Gould ha sido, es, muy conocido entre nosotros por sus ensayos de divulgacin e instruccin cientfica: La vida maravillosa, El pulgar del panda, rase una vez el zorro y el erizo, y tantos otros. Si bien La estructura no pertenece a este gnero cientfico-literario, est escrita con el mismo rigor, la mima calidad literaria, el mismo gusto por el detalle y por la reflexin histrica y cultural y la misma precisa argumentacin a la que Gould nos tena acostumbrados. En un comentario que Steven Rose escribi sobre La estructura gouldiana para The Times Literary Suplement, sealaba lo siguiente: a finales de los setenta, Gould, junto con Richard Lewontin, present una ponencia en la Royal Society londinense titulada Las pechinas de San Marcos y el paradigma panglossiano: una crtica del programa adaptacionista. Estableciendo una analoga con la arquitectura del Duomo de Venecia, argumentaba Gould que muchas adaptaciones evolutivas son consecuencia de otros elementos estructurales del organismo -la barbilla humana se forma como una consecuencia arquitectnica accidental de distintos gradientes de crecimiento seo en el crneo humano- o bien, en expresin de Gould, exaptaciones, esto es, elementos que surgen en un contexto pero que posteriormente se subvierten para encajar en otro muy distinto. Por ejemplo, las plumas, en su origen, no se desarrollaron para poder volar sino que surgieron en los ancestros reptiles de las aves actuales para regular su temperatura. Pues bien, cuenta Rose que durante el receso posterior a la comunicacin, un distinguido y estricto neodarwinista, especialista en las bancas de las conchas de caracol, le agarr, temblando, con la cara desencajada y llena de furia, y le insisti en que l poda demostrar, sin
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posibilidad de error, que cualquier variacin en los modelos de sus conchas representaba una adaptacin funcional seleccionada naturalmente, y que, por tanto, Gould deba ser denunciado como lo que era: ni ms ni menos que un marxista revolucionario. Era el inicio de una batalla entre las, digamos, izquierda y derecha darwinistas, entre los gouldianos y los dawkinianos, entre los cuales cabe situar a filsofos de tanto renombre como Daniel Dennett -La peligrosa idea de Darwin-, con quien Gould polemiza sin irse por las armas ni esgrimiendo un lenguaje muy diplomtico en las pginas 10361038 del volumen. No fue, empero, el encuentro londinense la nica ocasin donde se sealaron acusaciones de ese tenor. La segunda mitad de La estructura establece los pilares fundamentales del revisionismo darwiniano de Gould: su teora del equilibrio puntuado o interrumpido. Gould y su colaborador Eldredge defendieron que la especiacin se haca a rfagas, rpidas en tiempo geolgico, pero cientos de generaciones en la vida real. Por tanto, aparte de romper el estrecho vnculo entre genotipo y fenotipo (cambios mutacionales en el primer nivel no se traducan inmediatamente a nivel fenotpico), se estableca una crtica al asentado gradualismo a favor de una concepcin evolutiva por saltos. Y a qu suena este no gradualismo continuista? Suena, efectivamente, a cambio dialctico, a ley engelsiana, a transformacin de la cantidad en cualidad, esto es, a marxismo clsico, ortodoxo, puro, duro y paleoltico. De hecho, alguno de los crticos de Gould argument que la gnesis de su disparatada teora cientfica tena una fcil explicacin: el autor de La falsa medida del hombre haba recibido instruccin marxista desde muy pequeo y por ello esta tradicin alocadamente rupturista estaba presente, ideolgicamente presente, en sus conjeturas cientficas. No debamos olvidar, sealaba el sin duda agudo crtico, que el padre de Gould haba sido... militante del partido socialista norteamericano! (como realmente fue el caso). Pero, bien mirado, la situacin no es atpica. Ernst Mayr, el para algunos Darwin del siglo XX, que propuso la teora de la especiacin aloptrica, el aislamiento geogrfico, como mecanismo para el nacimiento de una nueva especie y quien consolid la definicin de especie -dos individuos pertenecen a la misma especie si y slo si pueden producir descendencia frtil- public unos 600 artculos cientficos y describi 24 nuevas especies de pjaros y 400 subespecies. Pero no siempre tuvo xito en sus propuestas tericas. Su teora de la revolucin gentica, la idea de la que Mayr se senta ms orgulloso, sealaba un mecanismo para la generacin rpida de nuevas especies que irrit a la mayora de los darwinistas ortodoxos. Todas las grandes teoras, con cosmovisiones derivadas y adheridas, tienen un sector ortodoxo-conservador en su seno no siempre vaco de argumentos. Tampoco la teora del equilibrio puntuado de Jay Gould ha obtenido acuerdo total entre la comunidad de bilogos evolucionistas o de
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filsofos dedicados a este tema, y tambin Gould (1941-2002), como Mayr, ha sido uno de los grandes cientficos humanistas de la pasada centuria. De lo cual no se infiere que Gould no reconozca cambios en la formulacin y contenido de su teora ni que niegue haber cometido errores. Lo dice explcitamente: Tampoco mantengo una postura que sera an ms estpida: que no cometimos errores importantes que obligaran a introducir correcciones en la teora. Por supuesto que los cometimos y hemos intentado enmendarlos (p. 1036). Las innovadoras propuestas cientficas de Gould pueden ser resumidas del modo siguiente: 1) La seleccin natural no consiste siempre en una competencia entre individuos sino que, en ocasiones, compiten genes, poblaciones e incluso especies. 2) La seleccin no es el nico motor de la evolucin: el genoma tiene una dinmica interna, hace propuestas por su cuenta, sin que la adaptacin al medio tenga un papel preponderante en ellas, y 3) La evolucin no es siempre una transicin suave, continua y gradual. Pensemos, por ejemplo, en las extinciones masivas causadas por sucesos drsticos e imprevisibles como la cada de un gigantesco meteorito en nuestro planeta. La estructura de la teora de la evolucin pide tiempo y atencin pero no exige una preparacin especial para adentrarse en sus consideraciones bsicas. Sin duda, si los tiempos y atmsferas culturales fueran otros, La estructura sera un excelente volumen para un seminario no forzosamente universitario. Bastara un grupo de ciudadanos/as con pulsin intelectual para disfrutar y aprender durante largo tiempo, con l y con lecturas derivadas. Adems, con regalos puntuados: las consideraciones histricas y filosficas que Gould va diseminando aqu y all a lo largo de las pginas del volumen, as como sus cuidadas argumentaciones contra las mil caras del creacionismo y los diez mil oportunismos de esta concepcin teolgico-cientificista. Hay, por otra parte, otro punto de inters desde una perspectiva social y poltica. Preguntado en 2000 por la tendencia a recurrir en ciencias sociales a explicaciones neodarwinistas -tal vez un resurgimiento mutante del darwinismo social del XIX- Gould seal: Esta es una poca conservadora y creo que a los conservadores les resulta tentador decir: Por qu reclaman el cambio o la igualdad cuando lo que tenemos ahora refleja el estado natural de la naturaleza humana?. Adems, creo que, a veces, en la actualidad utilizamos mal a Darwin a la hora de intentar aliviar nuestra decepcin ante algunos de nuestros peores rasgos. O sea que, si no nos gusta nuestra agresividad o nuestro sexismo, podemos intentar disculparlo diciendo: Bueno, estamos hechos as. No podemos evitarlo. Tambin La estructura nos ensea, en este plano, a no confundir el conocimiento de lo que hay con la conciliacin con lo existente, al saber con la excusa ideolgica, al prejuicio con el pseudoargumento cientfico. Esto es, las tmporas con algunas zonas corporales.
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6. En una de las fronteras. Jess Mostern y Roberto Torretti, Diccionario de lgica y filosofa de la ciencia. Alianza Editorial, Madrid 2003, 670 pginas
Este Diccionario de lgica y filosofa de la ciencia (DLFC) no es slo un diccionario de lgica y filosofa de la ciencia sino que incorpora adems
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conceptos de las ciencias fsicas, de la matemtica, de la biologa y de la filosofa en un sentido amplio. No hay en l entradas de nombres propios y cabe destacar, en primersimo lugar, su rabiosa actualidad (en el buen sentido del trmino, que tambin lo tiene). Por ejemplo, al desarrollar la entrada estado se introducen recientes distinciones entre el estado dinmico de un sistema fsico y su estado propiamente tal debidas a Z. Albert y fechadas en 2000. Los autores de DLFC, Jess Mostern y Roberto Torretti, gozan de todas las condiciones, nada fciles de alcanzar, que permiten emprender una tarea de dimensiones tan enormes y que suele ser fruto de colectivos heterogneos y coordinados de investigadores. Mostern es profesor de investigacin en el Instituto de Filosofa del CSIC, miembro titular de la Academia Europea y autor de ms de veinte libros entre los que son de cita obligada Racionalidad y accin humana, Conceptos y teoras de la ciencia y Vivan los animales!. Torretti es profesor emrito de la Universidad de Puerto Rico, miembro titular del Institut International de Philosophie y autor de The Philosophy of Physics, El paraso de Cantor y Creative Understanding. Los autores sealan en el prlogo de la obra la novedad no slo hispnica de DLFC: La necesidad ampliamente sentida de un diccionario de lgica y filosofa de la ciencia a la altura de nuestro tiempo nos llev a buscar una obra de este tipo en otras lenguas, a fin de recomendar su traduccin al castellano. Pronto nos dimos cuenta de que tal obra no exista, por lo que decidimos ponernos manos a la obra y redactarla nosotros mismos (p.9). Dado que, en opinin fcilmente compartible con algn matiz, es en el mbito de la filosofa de la ciencia el terreno donde se sita muchas de las cuestiones ms fascinantes del pensamiento actual, para seguir algunas de estas discusiones y acaso tomar partido en ellas, es necesario entender las cuestiones fundamentales que se plantean en las ciencias ms avanzadas, al menos en sus lneas generales, y para ello se necesita una comprensin bsica de las nociones ms centrales. Mostern y Torretti entienden, con criterio discutible, que matemtica, lgica, ciencias fsicas y biologa son esas ciencias ms avanzadas y, por tanto, no se incluyen en este diccionario conceptos o categoras de disciplinas como la qumica, la paleontologa, la economa o la sociologa, por ejemplo, o categoras usuales de la historia del pensamiento filosfico. El lector encontrar en DLFC la voz inflacin cosmolgica pero no, en cambio, la voz inflacin econmica. Tampoco se hallarn en este diccionario voces como alienacin, consciencia, materialismo o teora hilemrfica de la materia, pero s, en cambio, materia oscura, lef, tautologa, teorema de incompletud o entropa. Igualmente, los asuntos epistemolgicos tratados se centran bsicamente en los mbitos cientficos sealados. Seguramente, la verdad est en el todo, pero, con prudente criterio, los autores han credo, con toda probabilidad, que usualmente el Todo ms que una totalidad cognoscible es una entidad inabarcable.
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La extensin de las voces sin duda es indicativa de los intereses intelectuales de los autores de DLFC. As, la entrada lgica de segundo orden, con casi 7 pginas, juntamente con la voz verdad, es una de las voces que presenta un desarrollo mayor; la voz antinomia, por el contrario, es presentada en una sucinta pero sustancial explicacin de 14 lneas. Ms claramente an: si la voz tomo exige un pequeo artculo de cuatro pginas, la entrada atomismo lgico se despliega en apenas 21 lneas. Como es comprensible, DLFC, que aspira al rigor y a la conceptuacin exacta, no evita el uso de simbolismos lgicos y matemticos en sus definiciones, por lo que su lectura exige atencin y toma de apuntes. El lector tiene la garanta de que, salvo error por mi parte, no hay erratas ni despistes en las formulaciones presentadas. La seleccin de voces puede ser cuestionada como podra ser discutida cualquier otra eleccin. Como los mapas borgianos, no existen los diccionarios filosficos, novedosos o tradicionales, que contengan todas las voces necesarias para satisfacer todos los gustos. DLFC, empero, contiene algunas entradas nada usuales y que vale la pena destacar. Por ejemplo, lgica paraconsistente, marco de referencia, mereologa o paradoja de Einstein, Podolsky y Rosen. Tiene inters remarcar que, adems del riguroso tratamiento sin errores ni erratas frecuentes de voces lgicas, matemticas y afines, al igual que de los mismos conceptos fsicos y algunas categoras filosficas, los autores dan aqu y all algunas muestras de coraje y sentido del humor filosfico-epistmico que es obligado destacar y acaso agradecer. Dar algunos ejemplos: 1. Mostern y Torretti definen ter de la forma muy singular: Nombre asignado sucesivamente a diversas criaturas de la fantasa cientfica (p. 215). Posteriormente nos ofrecen unas breves pinceladas de cuatro de estas fantsticas criaturas y finalizan sealando que la fsica del siglo XX seguir el camino abierto por Einstein cuya electrodinmica de los cuerpos en movimiento (1905b) revela superflua la introduccin de un ter lumnico (p. 216). 2. Al definir evolucin los autores no slo sealan con fro distanciamiento que fuera del restringido mbito de la psicologa, el Universo ms bien parece ayuno de cualquier intencionalidad, sino que se alejan de cualquier teleologismo ya que la teora darwinista de la evolucin por seleccin natural no explica ni predice el curso concreto de la evolucin biolgica. Simplemente muestra que es consistente con las leyes de la fsica (p. 218). 3. Todo un gato, si bien se trata del gato de Schrdinger -experimento diseado de tal modo que la muerte o supervivencia de este animal encerrado en una caja depende de que se produzca o no un determinado fenmeno cuntico de ocurrencia incierta, tiene una entrada propia que
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merece esta singular (y divertida) aproximacin Vctima de un experimento mental, diseado por Schrdinger (1935) para ilustrar una dificultad de la mecnica cuntica (p. 261). 4. Al definir inconmensurabilidad, despus de presentar la nocin para magnitudes geomtricas -el lado y la diagonal de un cuadrado, por ejemplo-, los autores sealan que Kuhn us el trmino metafricamente para referirse a la relacin la ciencia normal surgida tras un perodo revolucionario y la ciencia normal practicada en la etapa previa a la revolucin cientfica. Segn leen Mostern y Torretti las tesis del autor de La estructura, ste sostiene que los reemplazos de paradigma generan entre los modos de hacer ciencia un abismo a travs del cual no es posible la comunicacin inteligente y el debate racional (p. 285), aadiendo a continuacin, con escasa represin expresiva, que Los cientficos practicantes suelen opinar que esta idea es ridcula, matizando inmediatamente que seguramente lo sera si paradigma fuera sinnimo de teora cientfica. No es cambio ridcula la idea kuhniana si paradigma significa, como quera el propio Kuhn, un dechado individual de investigacin cientfica que combina elementos epistemolgicos, nticos y metodolgicos. La propuesta de Kuhn de sustitucin de paradigma por matriz disciplinaria socava, en opinin de los autores, las bases de la inconmensurabilidad de las teoras cientficas. 5. Al dar cuenta el teorema de Fermat (p. 549), una de las conjeturas ms simples y hermosas de la matemtica, Mostern y Torretti sealan que durante los tres siglos siguientes a su postulacin por Fermat muchos matemticos se afanaron en hallar una solucin de la conjetura de tal modo que la misma bsqueda de una solucin -que casa difcilmente, como mnimo en el mbito de las ciencias formales, con la idea popperiana del espritu cientfico como alma en tensin falsadora permanente-, dio pie a numerosos e importantes descubrimientos, apuntando finalmente que en la ltima dcada del siglo XX Andrew Wiles encontr por fin una demostracin, la cual utiliza conceptos y recursos a los que Fermat -con toda seguridad, remarcan los autores con conviccin decidida- no tuvo acceso (p. 549). DLFC no es pues un libro que forzosamente debamos leer de la primera a la ltima pgina pero s en cambio un excelente y riguroso diccionario que puede ayudarnos en momentos de dificultad cientfica y filosfica, especialmente, desde mi punto de vista, en ciertos mbitos de las ciencias fsicas y en desarrollos no trillados de la lgica y la matemtica. Es cierto, por otra parte, como se seala en la solapa de DLFC, que algunas de las voces presentadas -concretamente las relativas a la teora de la relatividad y la mecnica cuntica- se convierten en sintticos ensayos actualizados sobre la cuestin. DLFC incluye una utilsima relacin de voces (pp. 645-670) donde no slo se da cuenta de todas las entradas incluidas en l sino de otros trminos de inters, indicando los conceptos donde estas nociones son comentadas o
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presentadas sucintamente. Antes de ello (pp. 637-643), se nos ofrece una relacin alfabtica y cronolgica de filsofos y cientficos destacables, si bien slo se incluyen nombres de personas fallecidas. Entre los 264 relacionados se han incluido cinco pensadores hispnicos: Severo Ochoa, Ramn y Cajal, Ortega y Gasset, Ferrater Mora y Manuel Sacristn. Tal vez la proporcin no se corresponda con exactitud matemtica -y con cierta inconsistencia con el espritu de este Diccionario tan matetizado- con la contribucin efectiva de los pensadores de Sefarad al desarrollo de la ciencia y la filosofa pero, sin duda, la eleccin no slo merece se recibida con aplausos sino que, creemos gozosos, no puede ser discutida con xito.
7. A favor de la fertilidad cruzada y de la libertad como no dominacin. Flix Ovejero Lucas. El compromiso del mtodo. En el origen de la teora social postmoderna. Montesinos, Barcelona 2004, 280 pginas. Flix Ovejero Lucas, Jos luis Mar, Robert Gargarella (compiladores). Nuevas ideas republicanas. Autogobierno y libertad. Paids, Barcelona 2004, 285 pginas. Varios traductores.
El compromiso del mtodo (CdM) y Nuevas ideas republicanas (NiR), las dos ltimas publicaciones de Flix Ovejero Lucas, son muestra significativa de los dos mbitos de investigacin en los que, prioritariamente, se ha centrado la produccin intelectual ltima del autor de Libertad inhspita: la metodologa de las ciencias sociales, prxima sin papanatismo al
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quehacer real de los cientficos sociales (sin desatender la labor de cientficos naturales con mbitos prximos y relacionados) y la filosofa poltica atenta a los desarrollos acadmicos ms rigurosos de esta disciplina sin menosprecio alguno por problemas y desarrollos de la prctica poltica ciudadana. Recurdese a este respecto, su edicin, junto con Roberto Gargarella, de Razones para el socialismo (Barcelona, Paids 2001). Su prlogo sigue siendo de lectura obligada. El primero de los ensayos, que, como el mismo Ovejero Lucas seala, haba sido escrito tiempo atrs para un asunto de ubicacin acadmica, ha sido revisado para esta edicin, y lleva incorporado un documentado apndice: Un panorama de la reciente filosofa de las ciencias sociales (pp.223-277). Frente a un indiferencia convenida entre cientficos sociales y filsofos de la ciencia social en la que cada uno ira por su propio y disjunto camino, se defiende en CdM la necesidad de una fertilidad cruzada en la que la filosofa de la ciencia no tema adoptar, si es necesario, procedimientos normativos y las ciencias sociales no se encierren autistamente en sus propios problemas, evitando exhibiciones pblicas de las inevitables dificultades que acechan a toda empresa gnoseolgica mientras simulan un bienestar inexistente. Es este pacto convenido de silencio entre cientficos sociales, que aparentaban respetar, sin real inters, a metodlogos autocomplacidos, y acomodados epistemlogos que evitaban inmiscuirse, para evitar crticas de normatividad prepotente e indocumentada, en asuntos que afectaban al desarrollo y fundamentacin de las ciencias sociales, el que, en argumentada opinin de Ovejero, subyace a la actual situacin de insufrible monopolio postmoderno en la gestin de la consciencia crtica que debe acompaar a la ciencia y sus aplicaciones. CdM, por otra parte, como el propio Ovejero Lucas seala en su Advertencia y en su excelente Introduccin, explora las races de la indiferencia entre las ciencias sociales y la filosofa de la ciencia, al mismo tiempo que es un alegato a favor de la crtica metodolgica, de su servicio para la propia ciencia social (p. 21). Pero no es propiamente un texto de metodologa, sino que, de hecho, CdM va contra su propio mensaje central: de la misma forma que alguna crtica de arte no hablan propiamente de arte sino (aburrida y abusivamente) de otras tendencias crticas, mucha filosofa de la ciencia, la que tal vez tenga menos inters y ms intereses, no ha discutido propiamente sobre problemticas cientficas sino sobre otros desarrollos epistmicos. Los metacientficos han dialogado, cuando lo han hecho, con metacolegas, no con los pobladores del primer mundo investigador. Ovejero Lucas es consciente de esta situacin: CdM no es, pues, un texto de filosofa de la ciencia sino sobre filosofa de la ciencia. La propia posicin epistmica del autor le obliga a este desarrollo: como el Tractatus, y la comparacin con el clsico de Wittgenstein no es simple adorno.CdM es tambin mensaje de una sola ocasin.
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El resumen del ensayo es presentado por el propio autor (pp. 21-23): en los tres primeros captulos se examina la naturaleza y las races de esa complicada relacin que hace que la permanente innovacin al mtodo se vea acompaada de una real ignorancia del mtodo. La responsabilidad del alejamiento de la ciencia y sus problemas con respecto a la filosofa de la ciencia es asunto de los siguientes captulos. La tesis del autor es ntida: la responsabilidad del alejamiento no es de la filosofa de la ciencia en cuanto tal sino de una cierta manera de entender la reflexin de fundamentos. Es en el captulo Fertilidad cruzada (pp. 159-197), donde Ovejero Lucas expone sus tesis acerca de una filosofa de la ciencia amiga y cercana a la ciencia social: 1. La filosofa de la ciencia debe atender a las ciencias sociales reales. 2. La epistemologa de la ciencia debe deslizarse por las fronteras de las investigaciones sociales. 3. La filosofa de la ciencia debe ejercitarse y controlarse en la historia. 4. La filosofa de la ciencia debe tener sensibilidad multidisciplinar. Los captulos finales del ensayo son un alegato a favor de un trfico de resultados entre cientficos sociales y filsofos de la ciencia al servicio de entender la ciencia en sus diversas dimensiones (p. 23), incluidas aquellas instancias sobre las que, normalmente, la mayor parte de las tendencias dominantes en la filosofa de la ciencia contempornea apenas han prestado atencin. Como se seal anteriormente, en el apndice con el que se cierra el libro, Ovejero ha trazado un panorama de la reciente filosofa de las ciencias sociales. Quine sola discrepar, algo enfadado, de los artculos o ensayos que obligaban a una lectura bidimensional (primera dimensin: texto central; segunda dimensin: numerosas, densas y pobladas notas a pie de pgina). Probablemente su creencia (y enfado) hubiera sido falsada en este caso. Las largas y frecuentes notas que acompaan al apndice final, y a algunos otros captulos, no slo aportan una documentada y actualizada bibliografa sustantiva (nota 77, pginas 269-270) o un resumen riguroso de las tesis centrales de una determinada posicin (la nota 52, p. 259; sobre el instrumentalismo epistmico) sino que, en frecuentes ocasiones, la agudeza del autor corre pareja con los mejores momentos del H. Hawks de Luna llena. Sealo mi nota preferida: al dar cuenta de la influencia de las tesis epistemolgicas de Sir Karl, Ovejero anota: Quiz convenga recordar que Popper s prest inters, y mucho y apreciable, a las ciencias sociales. Pero pareca estar situado en un hemisferio cerebral distinto del que empleaba en sus trabajos como filsofo de la ciencia estndar (p. 79, nota 9). Han cambiado mucho las cosas en los aos transcurridos desde que el autor escribi la primera versin de este trabajo hasta la actualidad? En su opinin, segn seala en este apndice final, la respuesta no puede ser rotunda. Es cierto, seala Ovejero, que ha pasado cosas importantes en filosofa de la ciencia (crtica de las tesis de la concepcin heredada), es cierto que desde algunas ciencias sociales, especialmente la economa, se
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han producido desarrollos que corrigen vicios denunciados (por ejemplo, el no abrirse a los resultados de otras disciplinas afines) pero no es menos cierto que esas lneas de trabajo estn lejos de ser predominantes en sus respectivas disciplinas (p. 276) y que, entretanto, con nuevos ropajes, se han ido consolidando corrientes que prolongan algunas de las peores maneras intelectuales criticadas (p. 277). El autor apunta, sin ocultamiento, a deconstruccionistas, constructivismos sociales y posmodernismos. La imprecisin en las que estn instaladas esas corrientes, y con la que juegan, les resulta una estrategia exitosa en pro de su desconfianza a la racionalidad y a la ciencia, sealando finalmente Ovejero que no es injusto achacar una parte de la culpa de esa consolidacin a la filosofa de la ciencia examinada [...] que al alejarse de la ciencia, declin sus responsabilidades crticas. Otra parte, seguramente, hay que cargarla en la cuenta de unas ciencias sociales cmplices, poco dispuestas a examinar sus fundamentos (p. 277). El segundo ensayo,Nuevas ideas republicanas. Autogobierno y libertad, donde Ovejero Lucas, junto con Jos Luis Mar y Robert Gargarella, ofician de compiladores y autores de un excelente y larga introduccin, pertenece al segundo mbito de inters del autor de La quimera frtil. Ovejero Lucas, que fue inicialmente profesor-ayudante de Manuel Sacristn en la ctedra de metodologa de las ciencias sociales de la facultad de Econmicas de la Universidad de Barcelona, es ahora profesor de Economa y tica en el mismo departamento universitario. Como es sabido, la interseccin de economa y tica suele ser vaca o poco poblada, por lo que Ovejero Lucas duplica sus tareas y labores en ambas disciplinas. Lgicamente, la filosofa poltica, con ms sensibilidad tico-ciudadana, es uno de los territorios que suele transitar para bien ciudadano. En una destacable reflexin sobre Ciencia y anticiencia, Gerald Holton expona un ejemplo revelador de la decisiva importancia de la participacin ciudadana en los asuntos pblicos. En un experimento piloto iniciado en 1980 por la Public Agenda Foundation de EE.UU, fueron convocados seis grupos, de entre 9 y 14 personas, representativos del conjunto de la ciudadana usamericana, con la finalidad de que mediante documentados y adecuados debates tomaran decisiones fundamentadas sobre problemas normativos tico-polticos cuya evaluacin pareca en principio requerir sofisticados conocimientos cientfico-tcnicos tan slo accesibles a una reducidsima minora de miembros prominentes de determinadas comunidades acadmicas. Los dos ejemplos citados por Holton como temas propuestos para su discusin fueron la pertinencia o no de fomentar la produccin de istopos de material fisionable y la de primar o no la investigacin agresiva del proceso de envejecimiento. Al inicio de los encuentros, cada uno de los grupos participantes, sin preparacin previa, ofreca una respuesta bastante previsible. Sin embargo, al final de cada sesin, despus de que se hubiera sealado la necesidad de
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estudiar y discutir los aspectos cientfico-tcnicos del tema y, tras haber dialogado unos con otros sin urgencias ni precipitaciones, se volvan a pronunciar sobre el asunto tratado: pudo observarse que el resultado de esta segunda votacin era muy diferente del primero ya que se aproximaba, en gran medida, al obtenido por destacados grupos de cientficos profesionales que haban abordado las mismas cuestiones. Cabe entonces concluir, apuntaba Holton, que con los recursos necesarios y con condiciones sociales y culturales que posibiliten la intervencin informada de los ciudadanos, asuntos de inters pblico podran ser dilucidados con racionalidad y mesura, en plazos relativamente breves, con la activa participacin de personas sin preparacin especfica en las materias objeto de discusin. Como ya prob, junto con Gargarella, en Razones para el socialismo, Ovejero Lucas ha tomado buena nota de la indicacin de Holton y se ha propuesto una admirable (e interminable) tarea de educacin ciudadana en el (en ocasiones) sofisticado mbito de la filosofa poltica. NiR recoge ocho ensayos de autores como Michael Sandel, Quentin Skinner, Philip Pettit, Cass R Sunstein, Will Kymlicka o J. Habermas (los compiladores dan cumplida cuenta de estos textos y sus autores en las pgs. 58-62) que constituyen una excelente muestra de textos clsicos del republicanismo poltico junto con otros ms novedosos ceidos a problemas o perspectivas especficas (as el excelente Feminismo y republicanismo es sta una alianza posible? de Anne Phillips, pp. 263-285). Pero, como seal recientemente Salvador Giner (El Pas. Babelia, 3/4/2004) el meollo del libro es el largo ensayo preliminar de los compiladores que lleva por ttulo La alternativa republicana (pp. 11-74). No cabe aqu resumir su contenido pero s sealar algunas de sus ideas principales: 1. La conocida definicin de Lincoln de la democracia apenas se corresponde con la experiencia de los ciudadanos en el mundo contemporneo, incluso si viven en democracias consolidadas. Poblaciones enteras pueden ver cmo sus condiciones de vida cambian de la noche a la maana no como resultado de sus decisiones, de sus esfuerzos o de sus errores, sino de flujos financieros o de poderosas voluntades especuladoras (p. 12). 2. Es patente la prdida de vigor poltico y de un mnimo aconsejable de salud cvica en nuestras sociedades. 3. Las apelaciones liberales a la democracia suelen resultar estriles, de ah que la preocupacin por mantener las conquistas polticas y las tradiciones igualitarias heredadas de las primeras revoluciones democrticas conduca, de un modo natural, a volver la mirada hacia la tradicin inspiradora de las fuerzas normativas y polticas sobre las que se haba cimentado las instituciones en crisis (p. 14). 4. En corrientes de la tradicin republicana, se entiende que un Estado libre es aquel que no est sujeto a coacciones y se rige por su propia voluntad, entendiendo por tal la voluntad general de todos los miembros de la
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comunidad(p. 19). Es condicin necesaria para la vida libre que los ciudadanos sean polticamente activos y que acten comprometidos con la suerte de su comunidad. La libertad ser, entonces, para autores como Q.Skinner, no un sinnimo de ausencia de coercin, como es usual en la tradicin liberal, sino una situacin que se caracteriza por la ausencia de dominacin (p. 20). 5. El estatuto republicano de ciudadana es mucho ms exigente que el propuesto por el liberalismo: implica asumir compromisos respecto a los intereses fundamentales de la sociedad en su conjunto. Las leyes republicanas exigen virtud ciudadana. 6. La concepcin republicana de democracia no la reduce a mera confrontacin entre grupos y agregacin de preferencias. Una sociedad realmente democrtica debe conseguir que se den las circunstancias que permitan a la ciudadana separar las buenas de las malas preferencias, las formadas de modo incorrecto. 7. Desde el punto del diseo, el republicanismo seala que ningn diagrama institucional es aceptable si se desentiende del tipo de ciudadanos necesarios para que dicho diseo pueda mantenerse. 8. El mercado capitalista, incluso en sus versiones ms perfeccionadas, complica la realizacin del ideal democrtico republicano: sus dispositivos motivacionales socavan el escenario cvico; la desigualdad desde la que funciona atenta inmediatamente contra la igualdad de poder y, no menos, contra el sentimiento de fraternidad; las relaciones de produccin que lo definen hacen improbable el autogobierno y propician la arbitrariedad y el despotismo (p. 50), Sin duda, un sensato realismo obliga a preguntarse por la organizacin econmica que permite hacer viable una ciudadana republicana. A ello dedican los compiladores la parte sustantiva de su trabajo (pp. 50-58). El tema no es marginal: como Cass Sunstein, uno de los autores recogidos en el volumen, ha sealado las fuerzas de los mercados empujan constantemente a desigualdades radicales, a una mayor discriminacin, estn, si se quiere, ms bien ente las causas del problema que entre los senderos de su solucin. Al operar la mundializacin econmica en un espacio en el que no existe Estado, el mercado asume la totalidad de las funciones que permiten el desarrollo del sistema, abonando, de esta forma, la tendencia liberal a sustituir poder ciudadano por mercado de poderosos y reducir, an ms, el mbito de lo poltico en aras de una hegemona totalizadora de la instancia econmica. Que lneas polticas de intervencin sugiere, entonces, la defensa de una concepcin republicana del estado, de la libertad y de la ciudadana? Puede alimentarse, y alimentar a su vez, la tradicin marxista de la nueva tendencia republicana? A este respecto, no me resisto a citar, por sus netos aires republicanos, una carta que hizo cambiar sustantivamente algunas concepciones del Marx tardo: (...) Pero, cmo lo deducen ustedes de su Capital? No trata en l la cuestin agraria, ni habla de Rusia, se les objeta. Lo habra dicho si hablara de nuestro pas, replican sus discpulos, quiz con demasiada temeridad. Comprender entonces,
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ciudadano, hasta qu punto nos interesa su opinin al respecto y el gran servicio que nos prestara exponiendo sus ideas acerca del posible destino de nuestra comuna rural y de la teora de la necesidad histrica para todos los pases del mundo de pasar por todas las fases de la produccin capitalista. Me tomo la libertad de rogarle, ciudadano, en nombre de mis amigos, tenga a bien prestarnos este servicio [...] Reciba usted, ciudadano, mis respetuosos saludos. Vera Zaslich (Carta a K. Marx, 16/2/1881) Al buen hacer sealado, se junta un magnfico detalle de los ciudadanos compiladores que han situado, en versin original sin subttulos, Grndola, vila morena como obertura del ensayo. En la comunicacin De Popper a Kuhn. Una mirada desde las ciencias sociales (AA.VV. Popper/Kuhn. Ecos de un debate. Barcelona, Montesinos 2003, pp. 121-165), defenda Ovejero Lucas la necesidad de que la filosofa no permanezca ajena a los debates sustantivos de las ciencias (y teoras y prcticas afines). Los filsofos de la ciencia deben intervenir en los asuntos terrenales pero no de cualquier modo, sino con documentada informacin de las teoras y prcticas en las que tercian. Ovejero Lucas (y sus republicanos colegas) intervienen con estos dos ensayos en debates filosficos, cuyo inters no afecta tan slo a la Academia y a sus pobladores, sino que debera figurar en la agenda de todo ciudadano/a que aspire a intervenir, de forma informada, en debates sustantivos de este mundo grande y terrible que nos ha tocado en suerte.
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8. Contra las franjas lunticas Robert L. Park, Ciencia o vud. De la ingenuidad al fraude cientfico. Grijalbo Mondadori (Aula abierta), Barcelona 2001, 326 pginas. Traduccin de Francisco Ramos [Edicin original: Woodoo Science. Oxford University Press, Nueva York, 1999]
Martin Gardner, en Carnaval matemtico, explica que Wilhlem Fliess estaba convencido de que detrs de todo fenmeno biolgico (y quizs de la misma naturaleza inorgnica) haba dos ciclos fundamentales: uno, masculino, de 23 das, y otro, femenino, de 28. Trabajando con mltiplos de estos nmeros y sumando o restando, segn las ocasiones, logr imponer este sistema 23-28 para explicar cualquier entidad o evento natural. Algunas de sus tesis bsicas las expuso, por vez primera, en una obra titulada Las relaciones entre la nariz y los rganos sexuales femeninos desde el punto de vista biolgico: 1.Cualquier persona es bisexual. 2. El ciclo masculino es el dominante en los machos normales y est reprimido el femenino; lo contrario ocurre en las hembras normales. 3. En el humn y en los animales los dos ciclos comienzan con el nacimiento: el sexo del nio viene determinado por el ciclo que se transmite primero. 4. Los perodos continan a lo largo de la vida, manifestndose en los altos y bajos de la vitalidad fsica y mental, y determinando incluso la fecha del fallecimiento. 5. Ambos ciclos estn ntimamente relacionados con la mucosa de la nariz: existe una relacin directa entre las irritaciones nasales y toda clase de sntomas neurticos e irregularidades sexuales. 6 .Los zurdos estn dominados por el ciclo del sexo opuesto (cuando Freud lleg a expresarle sus dudas en este punto, Fliess le contest sin pestaear que era zurdo sin saberlo). Freud tom, en un principio, la teora de los ciclos de Fliess por uno de los mayores avances en biologa, llegando a pensar que con ellos poda
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explicarse la distincin que l haba encontrado entre neurastenia y neurosis de angustia. Crey que el placer sexual era una liberacin de enega del ciclo de 23 y el displacer sexual del de 28, y pens que morira a los 51 aos porque ese nmero es suma de 23 y 28. La obra magna de Fliess fue publicada en 1906 y lleva por ttulo El decurso de la vida: fundamentos de una biologa exacta. La frmula bsica de Fliess era 23x + 28y, siendo x e y, nmeros enteros, positivos o negativos, aunque Fliess no respeta siempre el carcter entero de las incgnitas. A lo largo de las pginas del libro, aplica su teora numrica a una gran diversidad de fenmenos naturales, desde la clula al sistema solar: la luna da una vuelta a la tierra en 28 das, el ciclo de una mancha solar es de 23 das,... Pero, tambin, aadimos nosotros, los das del ao, la fecha del nacimiento de Freud o de Fliess, la edad de Cristo, la publicacin de los Principia, el ao de la muerte de Spinoza o del mismo Fliess (que no poda ser sino 1928), las pginas de las obras de Marx, el nmero del topo que el lector tiene entre sus manos, el ao de la proclamacin de Repblica espaola,...podan ser presentados como combinacin de los dos ciclos. Por qu?. Por una razn simple y estrictamente matemtica: porque existen dos enteros (11 y -9) tales que 23. 11 + 28. -9 = 1. De ah que 2 sea igual a 23.(11. 2) + 28. (-9. 2) = 2, y, en general, para un nmero cualquiera n, 23.(11. n) + 28. (-9 .n) = n. De esta forma, 1931 puede ser puesto como combinacin de 23 y 28 de la forma siguiente: 23.(11.1931) + 28 (-9.1931) = 1931. An ms: es demostrable que todo nmero natural puede ser representado como combinacin de otros dos nmeros enteros cualesquiera. Es decir, que si 23 y 28 se sustituyen por dos nmeros cualesquiera, A y B (pongamos, 1979, el ao de la revolucin sandinista, y 1968, el nefasto ao de la invasin de Praga) la nueva frmula, A.x + B.y, permitir expresar tambin todo nmero entero positivo (en este caso, como combinacin del glorioso ao sandinista y del trgico ao praguense). Pero no importa la sencillez matemtica de la explicacin: la tenacidad es la tenacidad y los modernos fliessianos han aadido, para completar su, sin duda, penetrante y no menos profunda teora, un tercer ciclo, el intelectual, que tiene una duracin de 33 das. Si un pensador del rigor y la profundidad del autor de El malestar en la cultura, pudo mantener esta creencia confiadamente durante largos aos de su vida, es de imaginar lo que puede ocurrirnos a cualquier mortal con las antenas crticas peor dispuestas. De ah, el inters de Ciencia o vud (CV) de Robert L. Park. RP es catedrtico de Fsica en la Universidad de Maryland (EE.UU) y director de la oficina en Washington de la Sociedad Americana de Fsica. Fsico especializado en la estructura de superficies cristalinas, colabora con artculos de opinin en The New York Times y sus reportajes sobre ciencia aparecen regularmente en el Washington Post. Edita, adems, una columna semanal sobre temas cientficos en Internet (www.aps.org/WN), de
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consulta casi obligada para hombres y mujeres de ciencia, para periodistas y para, en general, el pblico interesado en temas cientficos. CV est estructurado en diez captulos donde se vierte informacin, comentarios crticos y juicios de valor sobre temas tan variados como el cambio climtico, la medicina natural, la astronoma virtual, la fusin fra, la guerra de las galaxias o el peligro que representan las lneas elctricas en la difusin del cncer. El hilo conductor es claro: denunciar disparates varios, construidos y vendidos publicitariamente, con buenas o rentables intenciones, en y con el nombre de la Ciencia y con efectos sociales no discutibles ni despreciables. Por ejemplo, la mitad de la poblacin norteamericana actual cree que la tierra est siendo visitada por extraterrestres que conocen un modo de viajar ms rpido que la velocidad de la luz, y mucha gente culta lleva imanes en sus zapatos para recuperar la energa natural (p. 13). Por qu ideas y postulados cientficos o pseudocientificos que estn total e indiscutiblemente equivocados atraen a un largo squito de seguidores, no slo entre capas sociales alejadas de centros o focos culturales? En opinin de RP, muchas personas, eligen sus creencias cientficas del mismo modo que deciden ser metodistas, o demcratas, o hinchas de un determinado club de ftbol. Juzgan la ciencia en funcin de cmo concuerde con el modo en que quisieran que fuera el mundo (p. 13). De hecho el papel de las creencias previas (digamos, en trminos clsicos, de la ideologa) puede ser central en debates que se interseccionan con el mbito cientfico. Si todos los cientficos dicen obrar de buena fe, si la ciencia parece ser la bsqueda desinteresada y sin trmino de la verdad, si todos los practicantes creen por igual en el llamado mtodo cientfico y si, finalmente, tienen casi todos ellos acceso a datos similares, cmo explicar entonces su desacuerdo tan profundo en temas como, por ejemplo, el cambio climtico? RP apunta la siguiente conjetura: (...) El clima constituye el sistema ms complejo que los cientficos se han atrevido nunca a abordar. Existen enormes lagunas en los datos relativos al pasado distante, lo cual, unido a las incertidumbres de las simulaciones informticas, significa que incluso los cambios ms pequeos en los supuestos previos dan como resultado proyecciones muy distintas y desencaminadas. Ninguno de los dos bandos discrepa en este punto. Tambin coinciden ambos en que los niveles de CO2 en la atmsfera estn aumentando. Lo que les separa son sus cosmovisiones polticas y religiosas, profundamente distintas. En pocas palabras: quieren cosas distintas para el mundo (p. 58) (la cursiva es ma). Las creencias y las credulidades acrticas, ms o menos ingenuas, pueden afectar netamente a la ciudadana no especializada. Sea, a ttulo de ejemplo, el caso de la homeopata. Segn la ley de Hahnemann, las sustancias que producen un determinado conjunto de sntomas en una persona sana pueden curar dichos sntomas en una enferma. Hahnemann
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pas gran parte de su vida probando sustancias naturales para descubrir qu sntomas producan, para, posteriormente, prescribirlas a las personas que exhiban dichos sntomas. De hecho, la homeopata, tal como se practica actualmente, nos recuerda RP, se basa casi por completo en la lista de sustancias de Hahnemann y en sus indicaciones al uso (p. 83). Pero, obviamente, las sustancias naturales suelen ser extremadamente txicas. Preocupado por los efectos colaterales de sus medicaciones, Hahnemann experiment con la dilucin. Descubri que al diluir, los efectos secundarios se podan reducir y, en el lmite, eliminar, y, an ms, que cuando ms dilua la medicina, ms parecan beneficiarse de ella sus pacientes. Su segunda ley, la ley de los infinitesimales, puede ser formulada del modo siguiente: cuanto menos, mejor. As, el Oscillococcinum, el remedio homeoptico usual para al gripe, procede del hgado del pato, en una dilucin estndar de 200 C. 200 C significa que el extracto se diluye en la proporcin de una parte por cien de agua, luego se agita, y se repite secuencialmente hasta 200 veces. El resultado: una disolucin de 1 molcula del extracto por cada 10 elevado a 400 molculas (un 1 seguido de 400 ceros) de agua. Pero dado que en todo el universo fsico slo existen, aproximadamente, 10 elevado a 80 partculas elementales (protones, electrones), la disolucin homeoptica de 200 C ira mucho ms all del lmite de dilucin de todo el universo visible. Qu hizo entonces que Hahnemann y con l la homeopata se hicieran muy populares? En aquella poca los mdicos todava trataban a los pacientes con sangras, purgas y frecuentes dosis de mercurio y otras sustancias txicas. Si los remedios infinitamente diluidos no hacan ningn bien, al menos tampoco hacan ningn dao, permitiendo que las defensas naturales del paciente corrigieran el problema. A medida que la reputacin de Hahnemann creca, la confianza de los pacientes en su curacin aumentaba. La creencia suscitaba el efecto placebo, y permita que los mecanismos de reparacin de su propio cuerpo funcionaran sin que el estrs los alterara (p. 85). Este es uno de los ejemplos presentados y analizados por RP. Puede que el lector constate crticamente un cierto conservadurismo epistmico en el decir de RP, aunque no siempre, as como una excesiva dependencia de situaciones de la cultura y sociedad usamericanos. Sin embargo, eso no quita un pice de inters a muchas de sus aproximaciones y vale la pena destacar de alguien tan instalado en el sistema cientfico oficial y desde consideraciones bsicamente cientficas, su neta visin crtica de algunas de las aventuras espaciales (pp. 105-137) o de la resucitada guerra de las galaxias (pp. 264-267), asunto en el que no olvida la actuacin de Edward Teller (el ms firme partidario de la superbomba, de la bomba H), durante la era McCarthy, quien, en una audiencia ante la Comisin de Energa Atmica estadounidense (AEC), seal que resultara muy juicioso negar a Oppenheimer la autorizacin para trabajar en materia de seguridad. La AEC
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retir la autorizacin en 1954 y eso conllev, en la prctica, que el gran Oppenheimer nunca ms pudiera ejercer su profesin de fsico nuclear. Muchos fsicos no perdonaran jams a Teller lo que consideraran una traicin a un inteligente y honorable colega (p. 266). Sin duda, Robert L Park es uno de ellos. Finalmente, el subttulo de la traduccin castellana parece incorporacin editorial, al igual que el ttulo. Lo primero no es grave, lo segundo lo es un poco ms. No se trata de Ciencia o vud sino de Ciencia vud, que es la forma con la que el autor se refiere a ese tipo de conocimiento afectado de cierta locura epistmica. ...utilizar la expresin ciencia vud para referirme de forma conjunta a todas estas variedades: ciencia patolgica, ciencia basura, seudociencia y ciencia fraudulenta. El presente volumen pretende ayudar al lector a reconocer la ciencia vud y a comprender las fuerzas que parecen conspirar para mantenerla viva (p. 25). Propsitos no slo nobles sino urgentes. Sin duda, una de las mltiples y necesarias tareas de nuestra hora.
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9. Ideas y opiniones de un Nobel de fsica Steven Weinberg, Plantar cara. La ciencia y sus adversarios culturales. Paids, Barcelona 2003. Traduccin de Juan Vicente Mayoral, 280 pginas.
No est en absoluto claro que las verdades objetivas no produzcan jams esfuerzo moral: Coprnico y Galileo no han muerto, como Bruno, en la hoguera, pero han luchado y sufrido por verdades as. Y es que, al no haber demostrabilidad absoluta, tambin es necesaria una decisin para imponerse el modo de pensar -y an ms el de vivir- racional. Manuel Sacristn (1967), Un problema para tesina en filosofa
Sostiene Steven Weinberg en la presentacin de Plantar cara (PC) que hasta donde hemos podido descubrir las leyes de la naturaleza son impersonales, sin indicios de plan divino o de algn status especial para los seres humanos. De un modo u otro, cada uno de los ensayos de esta recopilacin se enfrenta a la necesidad de afrontar estos descubrimientos. Expresan un punto de vista racionalista, reduccionista, realista y devotamente secular. Plantar cara es, despus de todo, la postura opuesta a la oracin (p.12). Cada uno de los ensayos probablemente sea en este caso una expresin algo imprecisa, pero sin duda esta coleccin de artculos de Weinberg -catedrtico de Fsica y Astronoma en la Universidad de Texas, premio Nobel de Fsica en 1979, junto con Sheldon Glashow y Abdus Salam, por sus aportaciones a la teora electrodbil e inolvidable autor de Los tres primeros minutos del universo- puede verse y leerse como un comentario razonado y detallado que, desde diferentes puntos de vista y en diferentes circunstancias, da cuenta de esa perspectiva filosfica que el autor presenta aqu como un punto de vista racionalista, realista, secular y, por si fuera poco, reduccionista. PC contiene 23 ensayos o conferencias, gran parte ellos ya publicados en revistas como The New York Review of Books, Scientific American o Daedalus. Editados entre 1985 y 2000, Weinberg ha escrito para cada uno de ellos una breve presentacin donde da cuenta de las circunstancias que motivaron su elaboracin y, en algunos casos, de las encendidas polmicas que desencadenaron. Los temas recorren un amplio e interesante espectro: desde la crtica de la poltica armamentstica del gobierno Reagan (La ciencia como arte liberal, pp.13-18) hasta una aproximacin a la reflexin epistmica de los socilogos de la ciencia (La bsqueda de la paz en las guerras de la ciencia, pp.263-268), pasando por un comentario crtico y sosegado a algunas de las tesis kuhnianas (La no revolucin de Thomas Kuhn, pp.191-208) y por sus agudas observaciones sobre las reacciones producidas tras la publicacin de Imposturas intelectuales (El ensayo Sokal,
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pp.141-155 y La ciencia y el engao de Sokal: respuesta a las crticas, pp.157-163), cuyo autor, el fsico neoyorquino Alan Sokal, haba seguido un curso de doctorado sobre mecnica cuntica impartido por el mismo Weinberg en la Universidad de Harvard en 1974-1975. Es destacable el sucinto captulo 16 (El Camaro rojo, pp.187-189), donde Weinberg da cuenta de la gnesis de un descubrimiento crucial en la fsica del XX en torno a la interaccin dbil, en el que seala: tena la respuesta correcta, pero haba estado centrado en el problema equivocado (p.188). En medio de todo ello, reflexiones tan poco cientificistas, tan escasamente positivistas, tan inusuales, tan sostenibles, tan a pie del trabajo real de las comunidades cientficas, como las siguientes:
(...) La empresa cientfica depende en el mejor de los casos de los meros prejuicios y de las preconcepciones humanas. S que hice parte de mi mejor trabajo porque tena ciertas preconcepciones sobre la manera en que las fuerzas deban funcionar, e ignor evidencias experimentales en su contra, y no tuve xito en dar el paso siguiente en ese trabajo porque tena prejuicios en contra de ciertos mtodos matemticos. No es una historia atpica.
Cabe destacar aqu dos de los trabajos incluidos en PC que tratan abiertamente uno de los temas recurrentes en la historia del pensamiento filosfico, y afines: las complicadas y en ocasiones nada amistosas relaciones entre el conocimiento cientfico y las afirmaciones, saberes o creencias religiosas. Weinberg discute la tesis y argumentacin de si el Universo muestra signos de un diseador inteligente en los captulos 20 (El Universo de un diseador?, pp.231-242) y 21 (El universo de un diseador?: respuesta a las crticas, pp.243-246). El primero de estos trabajos fue incluido en dos colecciones diferentes de los mejores ensayos usamericanos del ao (The Best American Essays, 2000 y The Best American Science Writings, 2000) y algunas de sus afirmaciones dieron pie al mayor nmero de cartas de respuesta que se recuerda en la historia reciente de The New York Review. Se entiende. En algunos de los pasajes, Weinberg seala: [...] Con o sin la religin, la buena gente se puede comportar bien y la mala gente puede hacer el mal; pero para que la buena gente haga el mal, para eso se requiere la religin (p.242). El pormenorizado anlisis concreto de la situacin concreta -en la mejor tradicin leninista, que tambin la hay- que Weinberg realiza sobre la afirmacin de algunos miembros de la comunidad cientfica de que ciertas constantes de la naturaleza tienen valores que parecen haber sido misteriosamente bien ajustados slo a los valores que permiten la posibilidad de la vida, de una manera que slo podra ser explicada mediante la intervencin de un diseador con algn inters especial por la vida (p.235) debera merecer toda nuestra atencin crtica y me atrevo a aventurar que resultara gozosa incluso a la mirada atenta del mismsimo Kant, el filsofo crtico por excelencia. Su comentario en torno al
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principio antrpico -(...) esto me parece poco ms que un galimatas mstico- tampoco debera ser arrojada al cubo de lo obviable. Las pginas finales dedicadas al tema del mal y del libre albedro son tan pertinentes que no dudo que Epicuro y Hume apenas tendran objeciones para hacerlas suyas. Algunos otros trabajos de PC perteneceran al mbito de la filosofa poltica. As, Cinco utopas y media (pp.247-262) o El sionismo y sus adversarios (pp.183-185). En este brevsimo artculo, escrito por alguien que no tiene inters en la preservacin del judasmo (o, me apresuro a decir, cualquier otra religin), sino mucho inters en la preservacin de los judos (p.184), el liberal Weinberg, el Nobel de centro-izquierda Weinberg, sostiene tesis tan singulares como las siguientes: 1. El sionismo representa la intrusin de una cultura democrtica, cientfica, sofisticada y secular (sic) en una zona del mundo tradicionalmente desptica, atrasada y obsesionada por la religin. 2. Hasta que los atentados rabes hicieron necesaria [cursiva ma] la accin militar, la apropiacin de tierras se hizo por compra y establecimiento ms que por conquista. 3. El ideal del sionismo sera traicionado si los fanticos ortodoxos tuvieran xito en hacer de Israel un Estado teocrtico, pero Weinberg sostiene a continuacin que no puede creer que esto vaya a ocurrir. 4. El antisionismo, adems de liberar sentimientos antisemticos y de haber pasado a desempear el papel de un multiculturalismo sensacionalista, ayuda a calmar el sentimiento musulmn y a mantener as el acceso al petrleo de Oriente Medio. Finaliza Weinberg su peculiar reflexin con una pregunta retrica. Necesito decir que en realidad hay una gran distincin moral entre el Israel democrtico y secular creado por el sionismo, cuyo objetivo a largo plazo es simplemente que lo dejen en paz, y los enemigos que lo rodean? (p. 185). El autor de El sueo de una teora final seala una neta diferencia entre los proyectos de construccin y alojamiento de Jerusaln, que el mismsimo halcn Sharon ha calificado recientemente de ocupacin, y el disparo de ametralladoras sobre autobuses escolares. Se sobreentiende, que los disparos asesinos son nica y estrictamente palestinos. El artculo est fechado en 1997. Cuando uno piensa lo hecho y ordenado por los gobiernos de Sharon en estos ltimos aos, en asesinatos como el de Rachel Corrie, compatriota de Weinberg, bajo las ruedas de una defensiva excavadora del ejrcito israel pasando, sin temblor, por encima de ella y aplastndola, no hay ms remedio que pensar que nadie, ni incluso Weinberg, est libre de decir, de cuando en cuando, alguna barbaridad no marginal bajo apariencia de crtica a lugares comunes. En la presentacin del ensayo final de PC (La bsqueda de la paz en las guerras de la ciencia), por lo dems excelente, explica Weinberg que el editor de Times Literaty Supplement le pregunt por la posibilidad de escribir un resea sobre un libro de Ian Hacking en torno al programa fuerte de los socilogos de la ciencia (La construccin social de qu?). Seala
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Weinberg que no tuvo dudas, que contest afirmativamente sin vacilar, entre otras razones porque ya estaba leyendo libro de Hacking ya que como le dije a Meinhardt, haba visto referencias hacia m en el ndice, lo que siempre tomo como un buen signo (p.263). Este es acaso uno de los pocos delirios de PC. Cabe acaso aadir un breve instante de ensoacin. En el cap.2 -Newtonismno, reduccionismo y el arte de testificar ante el Congreso-, Weinberg, al dar cuenta de los descubrimientos de los Principia, seala que:
(...) En lgica formal, puesto que las leyes de Kepler y las leyes de Newton son ambas verdad, cualquiera de ellas puede decirse que implica la otra (Despus de todo, en lgica simblica la afirmacin A implica B slo quiere decir que nunca ocurre que A es verdad y B no lo es, pero si de hecho A y B son verdad entonces se puede decir que A implica B y que B implica A).
Es obvio que las leyes de Kepler y las de Newton no se coimplican y que aunque A y B sean ambas proposiciones verdaderas de hecho, de ah no puede inferirse que A implique B o que B implique A porque el trmino nunca de la definicin de implicacin lgica refiere no slo a cuestiones fcticas sino a posibilidades consistentes, a otros mundos posibles (que tal vez ya estn en ste, en alguno de los posibles sentidos de estar). Sea como sea, suele decirse que los genios suelen dormir una vez en su vida y es muy posible que ste sea el momento de la sucinta cabezada de Weinberg. De lo que no hay duda es que el autor de PC no slo es uno de los grandes de la fsica del siglo, un interesante liberal (con falta notable de informacin en algn mbito y con desviados sesgos ideolgicos en otros, tal vez por trgica historia familiar) sino un comentarista de asuntos epistemolgicos exquisito que cultiva con esmero un jardn filosfico que ya haba cuidado con atencin otro gran fsico del XX llamado Albert Einstein. El subttulo de Plantar cara -La ciencia y sus adversarios culturalescreo que no figura en el original ingls pero, sea como fuere, recoge adecuadamente una de las finalidades bsicas de Weinberg: dar argumentos que erosionen, debiliten y acaso falseen los frecuentes y, en ocasiones, indocumentados ataques irracionalistas, contrarios al conocimiento cientfico, al que por cierto toman como visin imperial de una Razn tecnificada y deshumanizada.
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Abandonando de una vez el reducto familiar -preferido hasta aqu slo por ser el campo de experiencia ms simple y ms comn-, para ampliar no de golpe, sino paso a paso, el horizonte, empezar por referirme a una leyenda segn la cual, preguntados en cierta ocasin los Siete Sabios de Grecia sobre cul era el ideal de la mejor ciudad, llegado el turno de la palabra al rodio Clebulo de Lindos, contest lo siguiente. La mejor ciudad es aquella en que los ciudadanos temen ms el reproche que la ley. Rafael Snchez Ferlosio, El alma y la vergenza.
Que uno sea un asesino no prueba nada contra su estilo. Pero el estilo puede probar que es un asesino. Karl Kraus
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1. El sentido de la democracia Cornelius Castoriadis, Democracia y relativismo. Debate con el MAUSS. Mnima Trotta, Madrid, 2007, 98 pginas. Introduccin y notas Jean Louis Prat; traduccin: Margarita Daz.
Como indica Jean Louis Prat en su presentacin, Democracia y relativismo tiene su origen en un debate pblico celebrado en 1994, entre Cornelius Castoriadis, fallecido tres aos despus, y redactores de MAUSS (Mouvement anti-utilitariste en sciences sociales). La trascripcin fue efectuada por Nicos Iliopoulos y publicada en dos partes en la Revue du MAUSS, la primera con el ttulo La relatividad del relativismo y la segunda como La democracia. Puede interpretarse el debate como un comentario de texto a la cita de Castoriadis que abre el ensayo: la etimologa de democracia nos remite a la dominacin del demos, del pueblo, de las masas. Si no tomamos dominacin en sentido formal, y es eso precisamente lo que deberamos hacer segn Castoriadis, el dominio real presupone poder decidir por nosotros mismos sobre nosotros mismos y sobre cuestiones esenciales, y hacerlo con conocimiento de causa. En estas cuatro ltimas palabras se centra todo el problema de la democracia: Con conocimiento de causa. sta es la cuestin. Y la conclusin que de ello se deriva: no se trata de confiar el poder a una casta de burcratas incontrolados, ilustrados o no, incompetentes o no, sino en transformar la realidad social de forma que los datos esenciales y los problemas fundamentales sean asequibles para los individuos y que stos puedan decidir con conocimiento de causa. Les suena? Efectivamente, es la vieja aspiracin de las diversas tradiciones socialistas, de todas ellas, en el mbito poltico, en el piso superior de la metfora arquitectnica marxiana. El ensayo est, como dijimos, dividido en dos partes. La primera, La relatividad del relativismo (pp. 27-60), se centra en la discusin de una tesis histrico-poltica de Castoriadis. Existe una singularidad en la cultura griegooccidental, cuyo germen proviene de la sociedad clsica griega (Herdoto: los egipcios son ms sabios y sensatos que los griegos), que irrumpe probablemente en Europa a partir de los siglos XI o XII, desarrollndose a partir del XVI (Las Casas, Montaigne, Montesquieu, Swift), que no tiene por qu ser necesariamente modelo para otras sociedades ni para futuros ms o menos prximos, y que puede ser expresada brevemente as: la puesta en cuestin ininterrumpida de s misma (El sabor epistemolgico de la expresin y su posible influencia en formulaciones de textos polticos de Karl Popper no parecen una simple ensoacin). El requisito, adems, es esencial: slo l
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permite que exista un movimiento poltico, slo l posibilita la verdadera poltica. Como es obvio, la crtica de eurocentrismo se asoma rpidamente en el horizonte. Aunque la formulacin tiene adverbios protectores, Castoriadis sostiene reiteradamente que, en medio del descalabro existente, la cultura occidental es ms o menos la nica en el seno de la cual puede ejercerse una contestacin y un cuestionamiento de la instituciones existentes (p. 35). An ms, una cultura, una sola cultura, reconoce la igualdad de las culturas, mientras que las restantes no la reconocen. Es la misma cultura que permite la pregunta sobre si se es o no eurocentrista, mientras que no son permitidas preguntas similares, sobre si uno es irano o islamo-centrista, en las correspondientes sociedades. Para Castoriadis, desde el punto de vista de la eleccin poltica, no todas las culturas son equivalentes. No hay un relativismo transitable en este punto. Sin embargo, aunque sostenga que la verdadera influencia de Occidente es cada vez menor, porque la cultura occidental, en tanto que cultura democrtica en el sentido fuerte del trmino, es cada vez ms dbil (p. 42), Castoriadis no defiende que Occidente deba transformar esas otras sociedades: no se trata de hacer europeos a africanos o asiticos, sino que, en esas sociedades, hace falta que algo vaya ms all, y que existe en el Tercer Mundo, al menos en ciertas partes, comportamientos, tipos antropolgicos, valores sociales, significaciones imaginariasque podran ser incorporadas a este movimiento, transformndolo, enriquecindolo, fecundndolo (p. 43). En la segunda parte, La democracia (pp. 60-98), se discute principalmente, y con vigor admirable, la tesis de la naturalidad de la democracia. La opinin de Castoriadis es ms bien la opuesta: creo que existe una inclinacin natural de las sociedades humanas a la heteronoma, y no a la democracia (p. 61). Existe, en su opinin, una inclinacin natural a buscar fuera de la actividad propia de los seres humanos (fuerzas trascendentales, ancestros, el darwinismo del mercado) un origen o garanta del sentido. De hecho, la democracia, entendida como auto-institucin explcita, no como un rgimen de consenso que puede darse en una sociedad muy jerarquizada, es un rgimen improbable, frgil, y ello es demostracin de su artificialidad. Y qu es, pues, la democracia para Castoriadis? No es un procedimiento. La democracia entendida as, no quiere decir nada (p. 69). La democracia no es el paraso, no es un rgimen perfecto que est inmunizado contra el error, la aberracin, el crimen o la locura. Es un rgimen poltico donde existen derechos, donde existe el habeas corpus, la democracia directa -la democracia representativa no es democracia (p.70)-, donde la transformacin de las condiciones sociales y econmicas permite la participacin ciudadana, una sociedad libre, autnoma, que permita cambiar
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sus instituciones, y que necesita de instituciones que permitan la rectificacin y el nuevo hacerse. Con un corolario no marginal: nadie nace ciudadano, uno se hace ciudadano. Para ello hay que aprender, y eso exige un rgimen de educacin. Este apartado se cierra con una reflexin de inters sobre la tecnociencia contempornea (pp. 97-98), que Castoriadis caracteriza del modo siguiente: No se pregunta si hay necesidad, si se quiere. Se pregunta: se puede hacer? Y si se pude hacer, se hace; y luego se encuentra la necesidad o se crea una. Somos, debemos ser en su opinin, la primera sociedad en la que la autolimitacin del avance de las tcnicas y la ciencia se plantee no por razones religiosas o por imposicin, sino por phrnesis, por prudencia en el sentido aristotlico del trmino. Como no podra ser de otra forma, algunas formulaciones de Castoriadis apenas estn desarrolladas. Ello entraa riesgos. Por ejemplo, cuando critica la nocin marxiana de planificacin racional entre los intercambios de las personas entre s y con la naturaleza (No s muy bien qu sentido puede tener eso (p. 33), cuando habla de la adopcin de ideas, de orientaciones decididamente capitalistas por parte del movimiento obrero y particularmente por el marxismo (p. 47) o cuando habla, con mejorable formulacin, de la expropiacin del movimiento obrero popular por el marxismo (p. 59). Esta edicin espaola ha tomado como base los textos publicados en la Revue du MAUSS pero ha corregido errores y lagunas de la edicin francesa y ha incorporado varias intervenciones omitidas. Constituye, por tanto, la edicin ms completa del debate. Por primera vez, una edicin espaola supera una edicin de la Francia republicana. Los buenos oficios de los afrancesados Rafael Miranda, Margarita Daz, traductora del volumen, de Jean Louis Prat, autor de las documentadas notas y de la magnfica introduccin que acompaan la edicin, de Juvenal Quillet, de Jordi Torrent, cuya pulsin intelectual por todo lo humano es admirable sin lmite perceptible, y de Juan Manuel Vera han sido decisivos para este regalo. Gracias por ello.
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Michael Dummett,Sobre inmigracin y refugiados. Ctedra, Madrid 2004. Traduccin de Miguel ngel Coll, 165 pginas.
Se sea pitagrico o no, se crea o no en la reencarnacin, todo miembro que se precie de la comunidad filosfica (o de asociaciones prximas), sea del Este, del Oeste, del Norte o del Sur, analtico, dialctico o continental, ha soado reencarnarse, en tres ocasiones como mnimo, en las conexiones neuronales centrales de la mente de Michael Dummett. Profesor emrito de lgica de la Universidad de Oxford, el gran estudioso e investigador de la obra de G. Frege ha dedicado la mayor parte de sus esfuerzos filosficos y docentes a la lgica, a la filosofa del lenguaje, de la ciencia y de la matemtica y a partes significativas de la metafsica. Escribi dos ensayos sobre disuasin nuclear, pero apenas es conocido su compromiso terico y militante contra la discriminacin racial y su permanente defensa de los inmigrantes y refugiados que han ido llegando a Gran Bretaa a partir de los aos 60. Fue l, y su compaera Ann Dummett, quienes crearon los primeros comits para su ayuda e integracin. Sobre inmigracin y refugiados (SiR) es un magnfico testimonio de esta, hasta ahora, desconocida faceta del autor de aquel inolvidable artculo sobre la Verdad. Aquel joven de Trveris, probablemente se excedi una milsima de grado cuando apunt, crticamente, en su ltima tesis sobre Feuerbach, la tendencia de los filsofos a la estricta interpretacin, olvidndose con frecuencia de la imperiosa necesidad de transformar el mundo (y a sus pobladores, de paso y si es posible). Aunque acertara de pleno, l mismo, con su activo filosofar, fals su propia afirmacin. Cre escuela. Dummett, un filsofo tan escrupulosamente acadmico como l, autor de obras tan reconocidas como Elemenetos del intuicionismo seala en el prlogo de SIR: (...) en 1964 me compromet, junto con mi esposa Ann, en la lucha contra el racismo en Gran Bretaa.Durante cuatro aos dedique cada minuto de mi tiempo libre a esa lucha; cumpl con mis deberes docentes, pero abandon cualquier intento de trabajar creativamente en la filosofa (p.11; las cursivas son mas). Neto compromiso tico y poltico, activa y eficazmente diseado por los Dummett, que no ahorraba esfuerzos ni molestias: Actuando en nombre de CARD [Campaa Nacional contra la Discriminacin Racial], cre una red extraoficial de informadores en el aeropuerto de Heathrow para que me llamaran por telfono, a cualquier hora del da o de la noche, cuando tuvieran conocimiento de que alguien haba sido rechazado. Entonces yo tena que llamar al funcionario jefe de inmigracin y decirle, cuando por fin consegua comunicar con l, que quera formular una protesta; a continuacin tena que salir corriendo al aeropuerto, averiguar los antecedentes y formular mi protesta al funcionario de inmigracin... (p.12)
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SIR se estructura en dos partes:Principios e Historia. Para el lector no britnico, esta segunda parte puede resultar de menor inters pero, an as, con rentable y agradable esfuerzo, pueden hallarse magnficos premios. Por ejemplo, las pginas dedicadas a la supuesta profundidad del prejuicio racial (pp. 103 ss); su crtico y preciso comentario sobre la entrevista televisiva con la Sra.Thatcher en 1978 (pp. 127 ss) o su documentada aproximacin a la poltica de inmigracin italiana de los aos noventa (pp. 157 ss). Pero, sin duda, la parte sustantiva del ensayo de Dummett se expone en los cinco captulos que componen la primera seccin de SiR. Aqu, independientemente del acuerdo o desacuerdo matizado que pueda tenerse con asuntos laterales (la relacin entre China y Tbet, Kosovo, la interpretacin de Pacem in Terris de Juan XXII), lo nico que cabe es animar a la atenta lectura del ensayo. Sera, sin duda, desviadamente exagerado pretender que este reseador pueda siquiera vislumbrar alguna arista defectuosa en los sofisticados argumentos de Dummett. Queda tan solo mostrar algunos ejemplos de su excelente perspectiva de anlisis y de sus principios bsicos, con especial atencin a la propuesta metodolgica enunciada en el punto 4: 1. El abismo cada vez mayor entre pases ricos y pobres representa el problema ms grave al que se enfrenta el mundo en los comienzos del siglo XXI. Cerrar ese abismo es la necesidad ms acuciante que tenemos ante nosotros; no resolverla no slo prolonga una gran injusticia, sino que amenaza la estabilidad mundial (p.38). 2. Incluso aunque una gran proporcin de los que piden asilo fuera realmente fraudulenta, lo cual es posible, an habra entre los prisioneros o detenidos muchos que han sido perseguidos o torturados y tienen un derecho indiscutible a ser reconocidos como refugiados. Es cruel infligirles el castigo que se supone que merecen los que cometen un fraude. La compasin hacia quienes han sido sometidos a un terror real exige que no se corra el riesgo de tratarlos severamente con un encarcelamiento injustificado. Y cmo se puede evitar ese riesgo si los que buscan asilo son detenidos antes de que sus casos sean debidamente examinados? Ms an, no slo es cruel la encarcelacin de aquellos con solicitudes de asilo admisibles:encarcelar a personas que han escapado de situaciones que no podan soportar, incluso si sus solicitudes no son reconocidas por quienes deben juzgarlas, es casi tan inmoral (pp. 52-53). 3. La manipulacin de la opinin con fines indignos bien puede ser un craso error, que no ser perdonado. Envenenar la opinin pblica contra un grupo de personas que piden nuestra ayuda y merecen nuestra piedad -o realmente contra cualquier grupo- es un crimen peor que el simple hecho de tratar a sus miembros injustamente. Sin embargo, los dos mayores partidos polticos britnicos han estado en connivencia en esto durante aos (pp. 5657) [el nfasis es mo].
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4. La presuncin para los individuos siempre es a favor de la libertad:debe haber una razn determinada para que un estado tenga derecho a recortar esa libertad, si efectivamente as es. De modo que el derecho de un estado a impedir la entrada en su territorio debe basarse siempre en una razn especfica. La responsabilidad de la prueba reside siempre en la reivindicacin del derecho a no admitir aspirantes a inmigrantes (pp. 69-70). 5. (...) hasta que sea mejorada la condicin de los pases empobrecidos, la justicia tambin exige que los pases ricos no cierren sus puertas a los pobres. La determinacin, basada en el miedo, que ha llegado hasta Romano Prodi, y que impide la inmigracin a los pases de la Unin Europea, es histrica y profundamente injusta. Actualmente, las naciones europeas, mientras protestan piadosamente contra el racismo y la xenofobia, en la prctica se comportan como un Divas (Epuln) cuya reaccin al ver a Lzaro a sus puertas es reforzar los cerrojos (p. 81). 6. La prueba de fuego ser el trato a los gitanos. Siempre lo ha sido:durante siglos, desde que llegaron a Europa, los gitanos han sido la minora ms despiadadamente perseguida del continente, ms duramente incluso que los judos. La tierra donde los gitanos que buscan refugio puedan encontrarlo, y sean tratados con amabilidad por sus autoridades, ser un tierra en la que florezca la justicia (pp. 88-89). Nada mejor para cerrar este comentario sobre este admirable trabajo de Dummett que recoger la prognosis, que merece ser compartida por todos, con la que finaliza su reflexin: Diversas corrientes forman remolinos alrededor de Europa: corrientes de pnico, crueldad y odio; una fuerte corriente de egosmo obtuso, inconsciente de sus probables consecuencias; y una corriente de sensatez y humanidad. Slo si predomina esta ltima, habr alguna esperanza de alejar el desastre para el mundo fuera de Europa y dentro de ella (p. 165). Que as sea.
3. Con la boca bien abierta Francisco Fernndez Buey, tica y filosofa poltica. Edicions Bellaterra, Barcelona 2000, 312 pginas.
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Se cuenta que cuando ya Einstein se haba instalado en Princeton, huyendo de la tecnocientfica barbarie nazi y gozando de una celebridad tal vez no envidiable, un reportero le pregunt sobre la posible existencia de una frmula que permitiera obtener xito en la vida. La respuesta fue afirmativa. Si A representaba el xito, la frmula sera A = X + Y + Z, donde X era el trabajo e Y la suerte. Y la Z, observ el periodista, qu significa esta incgnita? Sonriendo antes de responder, Einstein le coment: Mantener la boca cerrada. Es obvio que ni el mismo creador o descubridor de la teora de la relatividad estaba libre de error. Etica y filosofa poltica (EFP), la ltima publicacin de Francisco Fernndez Buey (FFB), catedrtico de Filosofa Moral de la Universidad Pompeu Fabra y, para nuestro bien y saber, asiduo colaborador en las pginas del topo siempre joven, defiende con apasionamiento riguroso la idea contraria: para tener xito en la vida, xito en sentido clsico, para hacer de ella una buena, una excelente vida, hay que saber mantener la boca bien abierta para usarla con criterio en los mltiples asuntos que como ciudadanos y como seres nos conciernen. Es probable que en boca cerrada no entren moscas pero, al final, inexorablemente, uno estalla. Le falta oxgeno. EFP lleva como subttulo Asuntos pblicos controvertidos y ste es precisamente su tema central. Siete de sus ocho captulos estn dedicados a temas tico-polticos como el aborto, la eutanasia, la denominada explosin demogrfica, el encuentro (o encontronazo: racismo, xenofobia) entre culturas, la guerra y la paz, la crisis ecolgica y las ticas y polticas que toman el ecologismo como inspiracin, la democracia, en muchos casos, demediada y, finalmente, algunas cuestiones de tecnociencia y biotica, con ajustado apartado dedicado al tema de la clonacin y a la tica de la imperfeccin y el control de la poltica cientfica. Empero, el primer captulo introductorio de EFP es un excelente ejercicio aristotlico, con sorprendente y depurado estilo analtico, de clarificacin y depuracin de trminos. El autor define conceptos como moral, relaciona tica y moral, establece las vinculaciones entre estos mbitos y el de la poltica, discute sobre la primaca de sta sobre aqullas, comenta el asunto de las ticas de la conviccin y de la responsabilidad en asuntos polticos y distingue con precisin entre la poltica entendida como teora y como praxis. Cualquier resumen de lo aqu comentado sera pobre y sesgado, pero sera necio no subrayar la coincidencia de FFB con las tesis del admirado autor de tica a Nicmaco en lo referente a las relaciones entre la tica y la poltica: (...) vale la pena subrayar [subraya FFB] que ha habido y hay ticas (con mayscula) mucho peores que algunas polticas (con minscula) y que la peor de todas las ticas (con mayscula) es aquella que se basa en la creencia del carcter demostrativo de la Moral, de una moral sin divergencias
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que lo funda todo. De modo que, aunque a uno le llamen antiguo, es preferible ser aristotlico en esto y seguir manteniendo provisionalmente... la idea que el el de Estagira tuvo de la relacin entre tica y poltica. Los restantes siete captulos, centrados en los asuntos pblicos referenciados, presentan probablemente una estrategia similar: aceptar las buenas razones que, como mnimo desde Hume, tenemos para distinguir los planos del ser y del deber de ser, los mbitos de lo descriptivo o explicativo del plano de lo normativo, pero sin renunciar al aspecto clarificador que pueden tener nuestros conocimientos positivos. Si se quiere, stos pueden verse como un instrumental eficaz que permite arrojar las malas hierbas que entorpecen los debates y envuelven en espesas tinieblas las posiciones mantenidas. As, fcil ilustracin, las manipulaciones pseudocientficas de pelculas como El grito silencioso en el caso del debate sobre el aborto. Es en este asunto, por poner un ejemplo notable, donde FFB esgrime unas excelentes estrategias de discusin. Siguiendo a Richard Dworkin, comenta que nuestras teoras puede conectar con la prctica de dos modos. O bien desde fuera hacia adentro, construyendo teoras generales a partir de primeros principios de alguna ndole y aplicando posteriormente esas teoras a problemas concretos o bien, procediendo en direccin opuesta, desde dentro hacia afuera. Podemos empezar con problemas prcticos (debera permitir la ley, en algn caso, la prctica del aborto o de la eutanasia y en qu circunstancias?) y preguntarnos entonces qu cuestiones generales de naturaleza filosfica o afn deberamos afrontar para resolver esos problemas. Me parece que no cometo ningn error si sealo que el autor se apunta, sin vacilacin, a la segunda de estas direcciones. Probablemente, FFB tendra algunos matices que esgrimir pero no un desacuerdo global con aquella idea de E. O. Wilson, el padre de la sociobiologa, que anunciada la llegada del momento en el que haba que sacar la tica de las manos de filsofos y biologizarla. Parece razonable que sin negar la autonoma de la reflexin tica, debamos tener en cuenta al tratar asuntos de esta ndole los factores biolgicos o biosociales pertinentes. No hay usurpacin, ms bien refuerzo, como el mismo FFB ha sealado: el apoyo que significa la incorporacin de la cultura cientfica a la discusin tica, poltica o jurdica. O acaso no ayuda, por ejemplo, para diferenciar con correccin entre diversidad biolgica y aspiracin a la igualdad social, la comprensin de la gentica y de la biologa molecular en la lnea de Teodosius Dobzhanski?. As pues, el autor sostiene con buenas y convincentes razones la idea de que un humanista (un filsofo, un pensador, un artista, pongan ustedes los etcteras que sean necesarios) no debera estar a espaldas ni alejado del conocimiento cientfico, no slo social sino natural y formal, para evitar el permanente riesgo de caer en el feo vicio del desconocimiento o en el de la asignificatividad. Detrs de ello, no hay duda, est el tema de las tres
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culturas, cuestin a la que el autor ha dedicado trabajos y artculos en repetidas ocasiones, con la misma lnea de defensa: el pensador que se precie y al que debemos apreciar no puede estar inmerso en un ocano de ignorancia positiva, aunque desde Scrates y con Cusa sepamos que conocer es conocer nuestro desconocimiento. Nuestro humanista debe ser un amigo de la ciencia - que, desde luego, no implica ser enemigo de otros saberes-, por muy negativas que sean y le parezcan muchas de sus aplicaciones o construcciones y desvaros. Se le pueda reprochar a FFB que la tarea que nos propone tal vez sea necesaria pero que, en todo caso, o es una tarea sobrehumana, no tanto por su infinitud sino por sus colosales dimensiones, o bien, si se quiere, que est al alcance de muy pocos y que, por tanto, la implicacin que parece colegirse resulta ser netamente aristocrtica, en el peor de los sentidos, que lo tiene, de este trmino. Slo unos pocos estaran en condiciones de intervenir en esos asuntos pblicos controvertidos: aqullos que tuvieran tiempo, energa, capacidad y profundidad para dotarse de tamao arsenal de saber. Pero el autor ya ha contestado en su libro, y en trabajos recientes, a la objecin de la mejor forma en que puede hacerse: sealando el camino, indicando que claro est que no se trata de que nos convirtamos en expertos en asuntos de fsica de partculas, de termodinmica, de gentica molecular o de lgica borrosa, por ejemplo, sino que adquiramos los conocimientos bsicos en algunas de estas materias. Para ello, FFB ha tenido la gentileza de indicarnos al final de cada uno de estos siete captulos una bibliografa seleccionada que incorpara excelentes y recientes libros asequibles para un lector medio de informacin y divulgacin cientficas. Por otra parte, se le podra plantear al autor la misma dificultad que hace aos sugiri Manuel Sacristn a una publicacin de Jess Mostern sobre Racionalidad y accin humana. Si el criterio a partir del cual podemos construir -no deductivamente- nuestras posiciones morales tiene su base en el conocimiento positivo, no hay que olvidar que ste siempre es potencialmente revisable y en muchas ocasiones revisado en escasas dcadas. As, las ideas y venidas de sectores de la comunidad cientfica sobre el carcter gentico de nuestras preferencias sexuales, puede enturbiar notablemente el debate sobre cuestiones afines. FFB advierte reiteradamente sobre esta provisionalidad del conocimiento, no es ajeno a la tesis de que una docta ignorancia (que es ignorancia, pero docta) puede hacernos prescindir de las opiniones de las comunidades cientficas en determinadas cuestiones y pone reiterado nfasis en avisarnos del lema que debera regir en estas polmicas: el deber ser no surge con mecnica deductiva a partir de nuestras provisionales pero no absurdas consideraciones sobre el ser. Si se tuviera que resumir en un solo enunciado el principal aviso que, en mi opinin, se vertebra en estas pginas, el mejor candidato tal vez fuera el siguiente: el desconocimiento ostentoso -y, en ocasiones, ostendado- de la
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reciente cultura cientfica sita frecuentemente a muchos filsofos postmodernos en la contemporaneidad de la ms absoluta premodernidad. Y puestos a ser wittgenstenianos, aunque sea en un sentido no estrictamente wittgensteniano, no hay que olvidar que el autor del Tractatus ya tuvo la deferencia de finalizar su obra con aquella astuta recomendacin: De lo que no se puede hablar, lo mejor es el silencio. PS: Todo parece indicar un resurgimiento, hasta ahora vivido como imposible, de antiguos vientos del este, por lo que parece que se anuncia una prolongada huelga por la dignidad, por las 35 horas y por el trabajo sin precariedad, en el sector de la impresin. As que es posible que las muy probables reediciones de EFP tengan que esperar un tanto. Conociendo al autor es obvio que no va a hacer nada por romper el combate obrero. Ms an, en contra de su inters como agente racional, no es de extraar que participe o encabece alguna de las escaramuzas. As que un consejo: interrumpan lo que est haciendo, por importante que sea, y vayan a la librera ms cercana a adquirir un ejemplar de EFP. Me lo agradecern. No digan que no les he avisado.
4. Recuperacin del todo perdido Francisco Fernndez Buey, Politica. Losada, Madrid, 2003, 338 pginas.
Se har justicia. /Cundo? /Cuando los vivos sepan lo que sufrieron los muertos. /Dijo eso sin rastro alguno de amargura en la voz, como si tuviera toda la paciencia del mundo. John Berger, Puerca tierra
Apunta Jorge Riechmann, en una reciente y excelente aproximacin -Para acercar lo que se desgarr- al ltimo libro de Francisco Fernndez Buey, una interesante sugerencia: leer Politica junto con Humanidad e inhumanidad, que tambin aborda un territorio poltico-moral parecido
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desde una perspectiva de historia social. El ensayo de Jonathan Glover se abre con una cita de la autobiografa de R. G. Collingwood -La principal tarea de la filosofa del siglo XX es tener en cuenta la historia del siglo XX - e ilustra su eplogo con otra cita de Collingwood: (...) si se supone que el pasado vive en el presente, si se supone que, aunque encapsulado en el presente y a primera vista oculto detrs de los rasgos ms contradictorios y prominentes del presente, est todava vivo y activo, es perfectamente posible relacionar el historiador con el no historiador de la misma manera en que el guardabosque informado se relaciona con el viajero ignorante. Fernndez Buey, catedrtico de filosofa poltica en la Universidad (pblica) Pompeu Fabra de Barcelona y uno de nuestros filsofos temticamente ms polifnico, acta en Politica de educado guardabosque con visitantes acaso menos informados y, desde luego, ha tenido muy en cuenta la historia del siglo XX.Qu historia? La historia de dos espantosas guerras mundiales que tuvieron Europa como eje, la historia de las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki que haca decir aos despus a R. Oppenheimer, el director del proyecto Manhattan, que tena un gran ansiedad por descubrir si ese tipo de bomba terminara produciendo los efectos que de ella se esperaban, o ms brevemente, si su intrincado mecanismo funcionara; eran pensamientos terribles, lo s, pero no poda evitarlos; la historia del Advenimiento del Socialismo, la historia de un sistema guiado por un bienamado Lder y Seor, el gran Stalin, que ordenaba a Vishinski, el eterno fiscal estalinista, reconocer personalmente los cadveres de los fusilados, y por l mismo condenados, Bujarin, Rikov, Yagoda y Krestinski; la historia del Milenio del Reich, la historia de aquel infierno dantesco llamado Auschwitz, la historia, en fin, de aquel funcionario ejemplar -responsable mximo del funcionamiento de las infraestructuras que conducan a millones de personas a las cmaras de gas- llamado Adolf Eichmann, que crea haberse inspirado siempre, en sus actuaciones, en el imperativo categrico kantiano. No le faltan pues razones a Fernndez Buey cuando seala que el gran asunto de la conciencia tico poltica del siglo XX no fue el bien y lo bueno (ni su bsqueda, ni su definicin, ni siquiera su etimologa), sino el del mal y la maldad (p. 28). Politica est compuesto de una introduccin y de siete captulos dedic ados, respectivamente, a Karl Kraus, Gyrgy Lukcs, Walter Benjamin, Bertolt Brecht, Simone Weil, Hanna Arendt y Primo Levi. En la introduccin, Fernndez Buey fundamenta la irrupcin y necesidad de esta vieja-nueva categora filosfica: politica es un trmino ambivalente elegido para reunir algunas de las aportaciones decisivas a la conciencia tico-poltica del siglo XX. Su ambivalencia, buscada por el autor, sugiere al mismo tiempo pluralidad de ticas y fusin de lo tico y lo poltico (p. 32). Entendida en el primer sentido, politica no es, en los autores tratados, una afirmacin normativa sino un juicio de hecho, que no implica en ningn caso admisin del relativismo tico, sino agudizacin de la batalla de ideas (p. 33);
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entendida como fusin o deseo de fusin de los mbitos tico y poltico, es una propuesta normativa que arranca de dos observaciones: 1, que la separacin entre tica y poltica ha tenido y tiene fundamento metodolgico pero ha sido pervertida en la vida prctica de las sociedades (p. 33), y 2, que los principales problemas polticos remiten a principios ticos y, viceversa, que los asuntos privados acaban normalmente en consideraciones poltico-jurdicas, remitiendo ambas consideraciones al mismo asunto: la recuperacin del todo perdido una vez que se ha admitido que, por razones analticas o metodolgicas, conviene mantener separados el juicio tico y el juicio poltico (p. 33). Fernndez Buey, despus de unas interesantsimas pginas dedicadas a la valoracin de la tradicin heredada, a la intencin de Nietzsche de retrotraer la reflexin tica a la filosofa y la ciencia del lenguaje y al surgimiento de la metatica analtica con los Principia Ethica de Moore, seala que ninguno de los grandes pensadores del siglo, ms all de la finalidad buscada, ha logrado algo equivalente a las sistematizaciones ticas de Kant o Hegel, sin que ello implique menosprecio alguno de algunos de esos intentos. Fernndez Buey no se propone entonces seguir y discutir estos desarrollos, digamos, ms acadmicos, sino que el autor de Leyendo a Gramsci transita por un camino ms relacionado con la historia de la otra tica, con la obra de autores cuyo inters prioritario ha estado centrado en las actitudes tico-polticas de las gentes en su vida activa, o, como sealaba el autor en una reciente entrevista, (...) intento construir una politica a partir de autores que no son filsofos acadmicos, que no aparecen en los manuales de filosofa, a excepcin de Arendt. Todos ellos son atpicos, con una gran capacidad de reflexin filosfica y para los que cuentan ms sus vivencias personales (El Pas, 27/11/2003, p. 32). No es posible ni sera justo resumir aqu lo apuntado por el autor en sus anlisis, en su dilogo con las obras y reflexiones de estos autores. Pero s sealar algunos premios que, con seguridad, podrn obtenerse tras la lectura de Politica. He aqu una breve lista: el sucinto pero sustancial balance de lo aportado a la conciencia tico-poltica del siglo XX por el autor de Los ltimos das de la humanidad; la magnfica sntesis biogrfica de Lukcs que consigue Fernndez Buey en las pginas 86-96 de su ensayo; la singular y sugerente lectura, acaso hoy una de las pocas transitables de Historia y consciencia de clase (pp. 103-117); la cuidadosa aproximacin a las tesis sobre filosofa de la historia de Benjamin (pp. 137-154); las hermosas pginas dedicadas al Galileo de Brecht (pp. 191-195); el dilogo con Jimnez Lozano a propsito del misticismo de Weil (pp. 199-205), en consistente lnea con la advertencia inicial que abre este captulo: Deberamos tratar de evitar que con Simone Weil acabe pasando algo parecido a lo que ha ocurrido entre nosotros con Teresa de vila, a saber: que la limitacin de su pensamiento y de su hacer al aspecto mstico158
religioso desvirte a la persona hasta dejarla prcticamente demediada, como el vizconde de Italo Calvino (p. 197); el dilogo y comparacin que establece Fernndez Buey a lo largo del captulo dedicado a Arendt entre las tesis sostenidas en Los orgenes del totalitarismo y en Eichmann en Jerusaln; finalmente, el inolvidable captulo que dedica al autor de Los hundidos y los salvados, a aquel qumico que, despus de su propia experiencia en Auschwitz, describi los campos de exterminio como si se tratara de hacer un informe cientfico, y que a pesar de la tragedia de su vida, fue un optimista ilustrado y sigui pensando favorablemente de la especie humana. Es el que mejor refleja la memoria de la ofensa, y lo hace con distancia crtica(El Pas, 27/11/2003; p. 32). El mismo Levi defini el estilo de su memoria histrica de la ofensa como oralidad sin dramatismo. A los premios sealados, hay que sumar otros de no menor excelencia: la trabajada prosa del autor que consigue que Politica pueda ser leda como una excelente novela de ideas (represe, por ejemplo, en el hermoso ttulo de los captulos que la componen: La historia del hombre vista por un ngel: Walter Benjamin, La conciencia moral en el rigor de la palabra: Karl Kraus,...); la cuidada bibliografa seleccionada, y en algunos casos comentada, que acompaa a cada uno de los autores tratados, y las logradas imgenes que el autor nos regala aqu y all y que, sin duda, constituyen acicates no desechables para un excelente argumento de pelcula, acaso observaciones para una nueva triloga de Lars von Trier sobre las revoluciones europeas del XX. Una muestra: Poco antes de abandonar Heidelberg definitivamente, Lukcs meti en una maleta las pruebas de las etapas de su camino en la vida, de lo que luego llam mi camino hacia Marx y lo deposit en custodia en el Deutsche Bank de aquella ciudad. En la maleta haba varios manuscritos, borradores, notas y cartas, entre ellos el material para su libro inacabado sobre Dostoievski. La fecha del depsito de la maleta era el 7 de noviembre de 1917. Nunca dijo nada a nadie de ese depsito, ni siquiera a Gertrud Bortstieber, la mujer con la que vivi luego durante muchos aos. Aquel depsito se descubri accidentalmente despus de la muerte de Lukcs y se public algunos aos ms tarde (pp. 94-95). Hay, adems, en cada una de las siete aproximaciones una leccin, en acto, para todo lector/a atento y sensible: la exquisita forma en la que Fernndez Buey lee, nos lee, textos centrales de cada uno de los autores tratados. Hace ms de 50 aos, comentando precisamente una discutible edicin de 1950, del padre Perrin, de A la espera de Dios de Simone Weil, Manuel Sacristn, maestro y filsofo amigo del autor de Politica, comentaba: Poco a poco va uno descubriendo que es ms difcil saber leer que ser un genio. Pues bien, hay personas que para nuestra fortuna tienen el firme y generoso propsito de ayudarnos a los dems a transitar sin extravos por el sendero ms difcil.
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Fernndez Buey seala en la Introduccin que no pretende justificar la eleccin de los autores tratados. Si se tuviera que escribir una detallada historia de la conciencia tico-poltica del siglo XX, la seleccin resultara insuficiente y arbitraria. Pero no me he propuesto eso sino, mucho ms modestamente, sugerir algunas calas en ese conciencia priorizando autores y temas que a veces son tratados como cabos sueltos en la historias y manuales al uso (p. 33). Nos solicita entonces que perdonemos la arbitrariedad de su eleccin. Los autores con los que dialoga son, por as decirlo, santos de mi devocin. Si eso no fuera una forma de hablar, si creyera en santos y estuviera sugiriendo un devocionario laico, aadira que tengo algunos ms, por supuesto (p. 34). Y cita, como ejemplos, a Moore, Gramsci, Einstein, Camus, Bloch, Marcuse y Debord. Represe que son siete igualmente los componentes de la nueva lista. Ello es ocasin para que los lectores pidamos, con la mxima delicadeza, un segundo volumen de Politica que recorra el nuevo arco tico-poltico que va de Moore a Debord. Como en la lista anterior, tambin en esta hay un slo filsofo bsicamente acadmico. Juan Goytisolo propona recientemente un excelente criterio de seleccin de lecturas en esta supuesta era de la informacin desmedida: slo merecen ser ledos, sealaba el autor de Coto vedado, los libros que merecen ser reledos. Si aceptan este interesante criterio, y no veo que tengan muchos argumentos para orillarlo, ustedes, y Goytisolo, si an no lo han hecho, debern leer Politica, porque, con Riechmann, estamos ante un libro imprescindible que merece ser ledo y reledo.
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5. Bondad y brevedad Philippe van Parijs y Yannick Vanderborght, La renta bsica. Una medida eficaz para luchar contra la pobreza. Piados, Barcelona, 155 pginas. Prlogo de Daniel Ravents (traduccin de David Casassas).
Seala Daniel Ravents en el prlogo que ha escrito para la edicin castellana de este ensayo de Van Parijs y Vanderborght, que abundan los libros gruesos que podan haberse escrito con muchas menos palabras y que, en cambio, son escasos los libros (por qu libritos? Pedro Pramo es un librito? Lo es el Tractatus?) que aportan informacin y material de reflexin en escaso nmero de pginas. La renta bsica es uno de ellos y esta resea aspira a ser consistente con ese deseable atributo. La renta bsica consta de una introduccin y de cuatro captulos. En la introduccin se seala el objetivo central del estudio: contribuir a que la controvertida propuesta de la renta bsica pueda ser objeto de un debate sereno y bien informado (Recurdese la definicin de la nocin: Por renta bsica entendemos aqu un ingreso conferido por una comunidad poltica a todos sus miembros, sobre una base individual, sin control de recursos ni exigencia de contrapartida (p. 25)). En el primer captulo Una idea
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nueva?- se reconstruye sucintamente la prehistoria y la historia de esta idea, recordando las aportaciones, entre otros autores, de Moro, Condorcet, Thomas Paine, Fourier, Russell,incluso (ay!) las de Milton Friedman y Johannes Ludovicus Vives, humanista cataln de origen judo y profesor en Lovaina, a quien debemos el primer plan detallado y cuidadosamente argumentado de una renta mnima garantizada (p. 27). El segundo captulo Una idea plural?- explica con detalle la definicin del concepto, da cuenta de las diversas variantes de la propuesta y clarifica las relaciones con categoras o vindicaciones prximas. En el tercero Una idea justa?- se exponen los argumentos centrales esgrimidos a favor de la idea y las objeciones principales, y en el cuarto Una idea de futuro?- se aborda las posibilidades polticas actuales de la propuesta. Los autores resumen en la conclusin (pp. 141-142) sus principales posiciones la renta bsica lleva a su favor dos siglos de historia; la renta bsica es una idea sumamente simple; la renta bsica es un medio de lucha, que debe ser explorado con prudencia, contra la pobreza y el paro; formas de renta mnima implantadas en algunos pases sealan la direccin hacia la implantacin de la verdadera renta bsica- y sealan: Al igual que sucedi antes con el sufragio universal, no bastar con un solo da para que la renta bsica deje de ser una ilusin de unos pocos excntricos y se convierta en una evidencia para todos (p. 142). No puede haber duda de que todo ciudadano interesado en temas de explotacin, de pobreza, de justicia, tiene en este libro de Van Parijs y Vanderborght un excelente material que le permitir profundizar en un dilema muy presente en toda la discusin: siendo obvio que la puesta en prctica de la renta bsica, permaneciendo constante todo lo dems, permitira una reduccin de la pobreza, dada la escasez de los recursos, la cuestin es si la renta bsica permite alcanzar ese objetivo con mayor eficacia que los dispositivos convencionales de rentas mnimas (p. 75). Ya que no es posible discutir brevemente las numerosas cuestiones que se abordan en el volumen -el paro y la renta, el coste de la individualizacin familiar, la renta y el reparto del trabajo, renta y justicia, renta bsica y finalidad comunista-, y puesto que no resulta muy til un entusiasta elogio del ensayo, por lo dems merecido, cabe sealar las siguientes aristas: 1. El uso de anotaciones matemticas elementales hubiera facilitado la comprensin de algunas figuras. Por ejemplo, y aunque sin duda las notas complementarias permiten el seguimiento de las representaciones, en el caso de los grficos 1 y 2 de las pginas 56 y 61. Resulta algo extrao, por lo dems, el uso de superndices en la grfica 4 (p. 69). 2. La apretada sntesis con las que los autores presentan sus tesis y sus argumentos no debera ocultar la mucha cera que arde detrs de muchas de sus afirmaciones. El lector/a debera, pues, complementar (y meditar) la explicacin que aqu se brinda. Por ejemplo, al tratar el importe de la renta bsica, mayor o menor que el umbral de pobreza, sealan: Cualquier
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propuesta sensata de renta bsica no toma estas formas extremas [300 euros: financiada con la supresin de todas las pensiones no contributivas actuales; 200 euros que se aadiran al conjunto de subsidios existentes financiados a travs de un impuesto progresivo]. Pero basta su comparacin para ilustrar la absurdidad de una preocupacin exclusiva por la cuestin del importe propuesto. En funcin del modelo de financiacin y de otras medidas de acompaamiento, una renta bsica de importe ms dbil puede mejorar sensiblemente la situacin de los ms pobres, mientras que una renta bsica que estipule un importe ms elevado puede deteriorarla (pg. 52). Es slo un ejemplo; hay muchos otros. 3. Puede observarse en algunos casos, slo en algunos casos, una cierta asimetra o precipitacin en determinadas consideraciones polticas de los autores. Por ejemplo, destacan que Jordi Sevilla, ministro del actual gobierno PSOE, propone, desde 2001, una reforma fiscal que incorpora una renta bsica (p. 123), pero no parece que ese deseo del ministro Sevilla tenga hasta ahora alguna plasmacin en la actuacin poltica de su gobierno. En cambio, en un apartado extraa o curiosamente titulado Extrema izquierda, sealan, no sin refutarse de hecho en las lneas inmediatamente posteriores, que los partidos comunistas ortodoxos sin especificar qu organizaciones incorporan a ese ortodoxia-, no se han mostrado demasiado seducidos por esta marcha hacia el reino de la libertad, sin duda (sic) demasiado alejada de su propia visin acerca de la realizacin gradual del comunismo (pp. 123-124). No hace falta sealar que las posiciones y discusiones sobre el tema en el mbito del PCE, PCP, Rifundazione, PSUC-viu falsean sin duda esa consideracin. 4. Varias consideraciones que se presentan a lo largo del estudio al referirse por ejemplo, a la participacin de los jvenes adultos o al caso de los inmigrantes que desconocen la lengua del pas de acogida- parecen matizar el carcter incondicional de la propuesta. Por ejemplo, condicionar el derecho a la renta bsica al seguimiento de un itinerario formativo que permita a los recin llegados adquirir un conocimiento suficiente de la lengua del pas de acogida (p. 138). Sea justa o no, sea necesita o no esta limitacin, parece ir en sentido contrario a uno de los argumento esgrimidos con ms fuerza para defender la propuesta. Por motivos, acaso similares, podra aducirse que la renta bsica slo ser concedida a aquellos individuos comprometidos con la derecha extrema fascista que sigan, con xito suficiente, cursos de formacin democrtica y social, o a aquellos individuos de rentas superiores a los 200.000 euros anuales que siguen un curso acelerado sobre igualdad, libertad real y comportamiento tico. 5. Tampoco parece totalmente convincente la presentacin realiza de todas las posiciones sindicales. No slo porque algunos de los puntos sealados 3 y 5, por ejemplo (p. 111)- pueden ser preocupaciones ya superadas sino porque, en algn caso, los autores citan, para defender su
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anlisis, declaraciones sindicales de los aos 1985 y 1986! Mucho ha llovido desde entonces, incluso en territorio sindical. Recuerda Daniel Ravents un fragmento de un escrito de Van Parijs de 1999: La filosofa poltica nunca ha sido para m un fuego frvolo que solamente busca hacer distinciones sutiles que permitan lucirse, sino que se trata de una parte esencial de la urgen tarea de reflexionar sobre lo que debe hacerse para conseguir que nuestras sociedades y nuestro mundo sean menos injustos que ahora o simplemente eviten el desastre. La renta bsica est en esa lnea. Es un trabajado ensayo de filosofa poltica que, consistentemente, est alejado del simple lucimiento intelectual, porque, importa, y mucho, contribuir a mejorar nuestras sociedades. Por si fuera poco, la cuidada traduccin castellana de David Casassas est a la altura de los autores y del prologuista.
6. Conversaciones con un ironista liberal, tenaz defensor del sueo americano Richard Rorty, Cuidar la libertad. Entrevistas sobre poltica y filosofa, Trotta, Madrid, 2005. Ed. Eduardo Mendieta; 206 pginas;
traduccin de Sonia Arribas Considerado en crculos acadmicos, no forzosamente filosficos, como el filsofo vivo ms importante de Estados Unidos, Richard Rorty no ha dejado de manifestarse neta y reiteradamente en estas ltimas dcadas sobre una amplia diversidad de asuntos pblicos controvertidos con puntos de vistas no siempre transitados por mayoras, aunque no siempre a contracorriente del discurso y la argumentacin imperantes en los crculos de poder de Estados Unidos. Editadas por Eduardo Mendieta, se recogen en este volumen once entrevistas publicadas entre 1982 -De la filosofa a la postfilosofa- y 2001 -Sobre el 11 de septiembre. El editor finaliza su nota introductoria al volumen con una declaracin de neto y combativo tono poltico, y con clara arista crtica: Tengo la esperanza de que este libro permitir que muchos de aquellos que le rechazan, y que de forma deliberada representan equivocadamente sus punto de vista, consideren en qu amplia medida Rorty ha estado de forma coherente al lado de la democracia y ha sido un defensor incansable del sueo de una Amrica que debemos seguir forjando, porque su identidad moral an ha de ser forjada, ms que necesita ser preservada (p. 206) [la cursiva es ma]. Las ltimas palabras entrecomilladas son del propio Rorty y el sueo de una Amrica
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remite a lo que usualmente se entiende por tal finalidad real-onrica en el discurso poltico contemporneo. Si no se est muy introducido en la filosofa de Rorty, acaso sea aconsejable iniciar la lectura del volumen por las pginas introductorias de Mendieta -Hacia una poltica post-filosfica, pp. 9-29- y por la documentada presentacin de Derek Nystrom y Kent Puckett en su entrevista con Rorty para Prickly Pear Pamphlets -aqu recogida en las pginas 111-119-, que lleva el sorprendente y enrojecido ttulo, no sabemos si del gusto del filsofo, Contra los jefes, contra las oligarquas: una conversacin con Richard Rorty. De hecho, el aforismo inicial de Rorty con el que Mendieta abre su introduccin -Cuida la libertad y la verdad se cuidar a s misma- marca el tono filosfico del conjunto: una vindicacin de la libertad, no siempre definida con precisin (acaso por tratarse de un concepto borroso que permite multitud de aproximaciones en sus mrgenes e incluso en su ncleo central), como instrumento, como procedimiento, como un estar esencial en el mundo, vindicacin primordial que, se afirma, conlleva el desarrollo de otras normas o valores en base al siguiente razonamiento: si cuidamos la libertad, la verdad se cuidar a s misma, dado que un enunciado verdadero es, por definicin, aquel sobre el que la comunidad libre est de acuerdo en que es verdadero; consiguientemente, al cuidar la libertad, la verdad nos vendr dada como fruta ya madura. El lector juzgar sobre el carcter circular, suficiente o conclusivo del razonamiento. Algunas de las claves de las posiciones polticas de Rorty quedan dibujadas en los compases iniciales de la citada entrevista de Nystrom y Puckett: 1. McCarthy consigui, para desgracia de las posiciones democrticas avanzadas de carcter socializante, como las defendidas por Rorty, que el anticomunismo tuviese mala fama entre los crculos de izquierda (p. 119). 2. El socialismo democrtico, la posicin poltica defendida por Rorty, es y debe ser netamente anticomunista y debiera ser entendida como una visin reformista del capitalismo (p. 120), que no aspira a la transgresin o transformacin radical de este modo de produccin y reproduccin sino a la superacin de sus aristas ms inhumanas y ms corruptas, cuya sangrante realidad no ofrece atisbo de duda a Rorty. 3. El oro de Mosc pag real y eficazmente la infiltracin rojocomunista en muchas instituciones norteamericanas, ms all de la coincidencia en este punto con lo dicho y denunciado por ciudadanos tan poco admirables como el senador McCarthy. La diferencia bsica entre la infiltracin va oro de Mosc y la financiacin, a travs de la CIA, de asociaciones e instituciones de grupos anticomunistas como el Congreso para la Libertad Cultural, que Rorty admite y reconoce, reside en que el gobierno de Stalin fue malo y el nuestro relativamente bueno. Y adems, cuando
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tomabas el dinero que Stalin te daba, trabajabas a sus rdenes, pero no cuando tomabas el dinero de la CIA [...] Los intelectuales anticomunistas en Europa, cuyos escritos se publicaban gracias al dinero de la CIA fueron figuras heroicas, gente como Silone y Koestler y Raymond Aron (p. 121). 4. Al final se obtuvo el que fue, segn Rorty, el objetivo primordial de la guerra fra: dar una oportunidad a la ciudadana para conseguir gobiernos democrticos en Europa del Este, aunque, como l mismo admite, se tuviera que vivir con los recuerdos del asesinato de Allende, de la guerra del Vietnam y de otros horrores (p. 122). Por ello tal vez pueda defender Rorty singulares afirmaciones como la de que la concepcin marxista, la tradicin marxista, no es un conjunto de ideas, sino una conspiracin poltica no adjetivada a la que no se debera dar ninguna dignidad intelectual (p. 165). Se encuentran, adems, en el volumen singulares pasajes que acaso no deberan pasar desapercibidos. As, al describir su visin de lo sucedido en Rusia y en otros pases de Europa del Este despus de la cada del muro y la desintegracin de la URSS, Rorty apunta que lo que est ocurriendo puede ser entendido como una lucha entre los gnsteres -todos ellos, en su opinin, antiguos dirigentes comunistas- y los intelectuales, y que ignora quin va a ganar en cada pas. A lo que aade Rorty: Lo asombroso de Rusia, a mi juicio, es que toda la propiedad del estado fue robada en unos pocos aos, [risa] y ahora todo es privatizado, lo que significa que la nomenklatura es su propietaria privada. Creo que los comunistas rusos se llevaron toda la riqueza del pas y la pusieron en sus cuentas corrientes individuales en Suiza. El lector/a no perder su tiempo filosfico si reflexiona sobre el origen y trasfondo de esa risa de Rorty, si se pregunta cmo es posible que un filsofo tan fino y sofisticado como l pueda hablar continuamente y sin matiz alguno de los comunistas, y cmo es posible que un exquisito lector de Wittgenstein y Shakespeare como l no tenga nada qu decir -el resto es silencio- respecto a los nuevos dirigentes rusos y a la bendicin occidental no matizada de casi todas sus actuaciones. Por si faltara algn grano gordo de sal, en una de las entrevistas recogidas, fechada a finales de 2001, Mendieta y Rorty dialogan sobre el 11 de septiembre y sus consecuencias y en un determinado momento el autor de La filosofa y el espejo de la Naturaleza sostiene que el ataque terrorista a los Estados Unidos justific la accin militar desatada contra Afganistn, y ello independientemente de la permanente mentira en la que estaba instalado el gobierno anti-internacionalista de Bush. Preguntarse por las razones que justifican esa supuesta justificacin es seguramente obligacin de todo filsofo que no haya perdido definitivamente tensin filosfica y pulso moral y de todo ciudadano/a que no haya claudicado ni est dispuesto a hacerlo, y que quiera pensar los asuntos hasta el final (o hasta donde alcancen sus fuerzas mentales).
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7. Del inodoro Rafael Snchez Ferlosio, Non olet. Destino, Barcelona 2003, 310 pginas.
En un, en tiempos aorados, transitado pasaje del captulo III del libro I de El Capital, Marx apuntaba que:
(...) Al mismo tiempo los precios, los amorosos ojos con que le hacen guios las mercancas, indican los lmites de capacidad de transformacin, su propia cantidad. Como la mercanca desaparece al convertiste en dinero, a ste no se le ve cmo lleg a las manos de su poseedor, qu fue lo que se transform en l. Non olet, cualquier que sea su origen (OME 40, p. 121)
Neta distincin entre la gnesis del objeto y su validez mercantil. Sea cual sea su origen: no huele. Frase atribuida al emperador Vespasiano, y con la que ste se haba referido al inodoro elemento, olfateado segn se cuenta con moneda muy cercana a su nariz, dinero recabado fiscalmente de los urinarios de la va pblica. Snchez Ferlosio seala que el ttulo de su ltimo libro -nombre, a su vez, del apartado III del captulo Trabajo y ocio- est tomado del que un oscuro arbitrista granadino de principios del siglo XIX, del que se ignora el nombre y slo parece, relativamente, averiguado que fue clrigo, le puso a cierto opsculo -hoy slo fragmentariamente conservado... (p. 177). Ya esta misma consideracin, entre muchas otras, es prueba conclusiva de la casi inabarcable erudicin a la que nos tiene acostumbrados, y admirados, SF. No es inconsistente pensar que acaso el mismo Marx tomara su cita del clrigo granadino. Por ello, acaso quepa sugerir a Ferlosio una posible lnea de investigacin clrigo innombrado-humn que admiraba a Espartaco, por si fuera de inters establecer, o falsar, la posible conexin entre el opsculo del oscuro arbitrista y las fuentes documentales del autor de El Capital.
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Qu puede decirse sucintamente de esta, la ltima publicacin del autor de El alma y la vergenza? Bsicamente y sin vacilacin: dedicarse a su lectura, con toda la atencin y cuidado que merece, es una de las mejores apuestas (Bordieu) concebibles, independientemente de la mediacin y determinacin del aparato de produccin textil, esto es, de la poderosa industria de textos insustanciales, como acostumbraba a decir el padre Batllori. Tanto da que nos puedan sorprender algunos pocos pasajes del ensayo de Ferlosio. Pueden escaprsele a uno, como es mi caso, las razones unamunianas que mueven a SF a escribir Jmbled de Chspir, y a respetar, sin cambios y casi a continuacin Sir Lawrence Olivier (pp. 58-59). Acaso quepa distanciarse cortsmente del sentido del humor vertido por SF sobre el autor de La mala reputacin (aquellas erres rrodadas y vibrantes que le imit el bellaco de Brassens (p. 75)), mas cuando muestra a un tiempo, y con adoracin modlica, su ilimitado y apasionado reconocimiento por la voz y el hacer artstico de Piaf: Tan slo...una mujer pequea, fea y de apariencia casi contrahecha, pero una artista excepcional, por la irresistible fuerza de expresividad pattica que impulsaba su voz y su diccin [...] como Edith Piaf, lograba lanzar tan lejos y tan fuera de s misma sus canciones que ningn pblico poda negarse a ellas (p. 75). Quiz podamos discrepar parcialmente sobre el severo juicio -sin duda, justificado en otras ocasioneslanzado como dardo sobre Clark Gable (p. 86), si pensamos en el Gable de las inolvidables Vidas rebeldes del ltimo Huston. Podemos disentir, con pertinentes razones extradas de ensayos feministas y afines, de la algo rpida observacin de SF sobre los trminos gnero y sexo: Puesto que gnero ha sido ltimamente robado a la gramtica como un pudoroso eufemismo para decir sexo (p.99). Tal vez pueda parecernos reflexin no seguible en todos sus extremos lo sealado por el autor de Vendrn ms aos malos y nos harn ms ciegos sobre la belleza masculina: (...) por lo mismo, as como (...) se ha tenido siempre, acaso injustamente, por innecesario preguntarles a las guapas por su autocomplacencia ante el espejo, de los guapos se piensa de antemano que nunca seran sinceros ante tal pregunta, cuando no, incluso, la recibiran como una ofensa (p.114). Podemos temblar inseguros ante la compaa escogida por SF para su anlisis de las categoras de trabajo y ocio en la obra de Marx: nada ms, y nada menos, que el mismsimo Jean Baudrillard y El espejo de la produccin. O la ilusin crtica del materialismo dialctico (pp. 126 y ss), sobre si todo si recordamos, por ejemplo, aquel paso de los Grundrisse de Marx: El tiempo libre -entendido a la vez como tiempo de ocio y tiempo de actividad superior- ha transformado (en la sociedad comunista) materialmente a su poseedor en otro sujeto (OME 22, pp. 97-98). Acaso debamos elebar alguna amable queja ante trinitarias igualaciones no matizadas en afirmaciones como esa conversin del trabajo en categora contractual por obra de la
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economa de produccin y el surgimiento desde todos los sectores, liberales, marxistas o cristianos, de toda clase de apologas, a cual ms grandilocuente, del trabajo en s mismo y por s mismo (p. 147). Extraa igualmente que, sabido lo sabido sobre el movimiento de movimientos, SF -con innegable y corts delicadeza- seale que tampoco los que claman contra la globalizacin hayan sabido o querido decir nada sobre el achaque...que impide a la economa de mercado hasta los ms sinceros propsitos de subuentio pauperum: la redundancia (p. 277). Podemos disentir de la rotundidad de afirmaciones como aquella en la que SF seala que Marcuse ha sido el ltimo que, desde el marxismo, ha pretendi naturalizar ese fetiche abstracto que sera el Trabajo en cuanto gnero universal... (p.146). Finalmente, tal vez podamos demandar la necesidad de algn matiz al sealar Ferlosio que fue una flaqueza terica de Marx la de ser tan progresista como los liberales (p.284) -si bien admite la lucidez del Marx tardo, crtico del capitalismo productivista-, dado que es ya el Marx del primer libro de El Capital1 quien seala antiprogresistamente que: (...) Este progreso en la cuota de la tisis tiene que bastarles al progresista ms optimista y al propagandista alemn del librecambio que ms mentiras vomite a lo Faucher (OME 41, 103). O, igualmente, y tambin del primer libro de El Capital: (...) todo progreso de la agricultura capitalista es un progreso no slo del arte de depredar al trabajador, sino tambin y al mismo tiempo del arte de depredar el suelo; todo progreso en el aumento de su fecundidad para un plazo determinado es al mismo tiempo un progreso en la ruina de las fuentes duraderas de esa fecundidad (OME 41, 141-142). Poco importa. Pelillos insustanciales a la mar. Es tan hermoso el castellano de SF, su erudicin es tan exquisita, sus anlisis de casos y ejemplos tan diversos como los dedicados a Veblen y su teora de la clase ociosa, a la publicidad de El Corte Ingls, a los artculos y ensayos de Pedro Schwarz y Rafael Termes sobre libertad de horarios y la naturaleza permanentemente insatisfecha del ser humano, o a los ensayos de Rifkin sobre El fin del trabajo y de Viviane Forrester sobre Una extraa dictadura, son tan impecables que todo lo que no sea ponerse en activa accin lectora es prdida inestimable de tiempo y sustantividad. Hay adems valores aadidos. Non olet no slo transcurre siempre por el sendero de la veracidad, sino que otorga el nombre de la rosa a la rosa verdadera. En este caso sociedad de produccin a lo que, usualmente, es visto y nombrado, no inocentemente, como sociedad de consumo, falaz designacin que desva la mirada al supuesto gran poder de la ciudadana al adquirir bienes o servicios, ocultando la casi total omnipotencia de los sectores dirigentes del aparato productivo para crear supuestas necesidades, estrictamente funcionales al propio sistema de produccin. De hecho, ya en un clebre texto de 1970 sobre La Universidad y la divisin del trabajo (Intervenciones polticas,. Barcelona: Icaria, 1985, pp. 123-124), Sacristn ya
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haba sealado en tiempos de tenaz, desviada y persistente discusin sobre la sociedad de consumo que: Marx no ignora -al menos en la poca de redaccin de los materiales que luego iran al libro III de El Capital- la invencin de falsas necesidades por razones econmicas, por lo que ahora se llama ambiguamente consumismo y es en realidad productivismo al servicio de la menos fecunda reproduccin ampliada imaginable... An ms. En una entrevista de 1969 (Checoslovaquia y la construccin del socialismo, Acerca de Manuel Sacristn, pp. 51-52), un ao despus de la invasin sovitica de Praga, Manuel Sacristn apunt una caracterizacin de la sociedad socialista en trminos de inversin de la relacin entre produccin y necesidades de los consumidores:
(...) El ideal del dominio de las necesidades de los consumidores sobre la produccin (sobre las necesidades de enriquecimiento y tcnicas de los que poseen y/o dominan el aparato de produccin) es un objetivo fundamental del socialismo. Las actuales sociedades burguesas no son sociedades de consumo, como dice la propaganda capitalista, sino de imponente dominio de los productores (de los propietarios y/o dominadores de los medios de produccin) sobre los trabajadores, que son el grueso de los consumidores
Ferlosio seala netamente a la publicidad como una de las aristas ms abyectas del proceso social, del sistema global del capital. Innecesario por sabido, pero es casi de obligada cita este paso de Non olet (p. 263) La publicidad produce al consumidor y, consiguientemente, el hombre en su solo papel de personaje dentro del argumento de la produccin; el hombre as producido es cada vez ms sustancialmente lo que la economa ha necesitado y decidido que sea: el carburante de la produccin. La edicin de Non olet, incluida la hermosa y significativa portada, est adems magnficamente cuidada. Non olet denuncia, pues, con contundencia los aires podridos de un mundo recorrido casi en su totalidad por monedas y papeles inodoros o cuyos varios colores no logran esconder sus usuales y abyectas gnesis.
(1) Los textos citados de Marx provienen de observaciones y notas de Manuel Sacristn. Especialmente de Karl Marx como socilogo de la ciencia (mientras tanto 16-17, 1983, pp. 9-56.
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8. Prctica poltica y reflexin terica: ciudadana y nuevas formas democrticas en construccin. Hilary Wainwright, Cmo ocupar el Estado. Experiencias de democracia participativa. Icaria, Barcelona 2005, 255 pginas [ttulo original: Reclaim the State]. Traduccin de Beatriz Martnez y Vita Randazzo.
Joan Subirats, prologuista del ensayo, lo seala en el primer enunciado de su presentacin (pp. 7-12): no estamos ante un libro ms. En los ltimos aos, han aparecido en nuestro pas ensayos que sealan algunas de las varias limitaciones del institucionalismo representativo como forma mxima de democracia, pero, normalmente, estos textos o bien tienen un carcter esencialmente acadmico o, por el contrario, tienen un formato estilstico netamente militante. El libro que reseamos supera esta disyuntiva y combina equilibradamente la reflexin poltica, la innovacin conceptual, la sugerencia terica, con reflexiones a pie de calle, a pie de movimiento: pensamiento en (y sobre la) accin. Hilary Wainwright emprende, pues, con este ensayo una bsqueda por las nuevas formas de democracia que estn inventando y construyendo ciudadanos (y ciudadanas, aqu el trmino no es redundante) del mundo. Ella es, sin duda, persona adecuada para sumergirse en ese bsqueda sin trmino pero con finalidad: Wainwright, aparte de miembro de la International Labour Studies Centre, es redactora-jefe de la revista Red Pepper, publicacin que junto con El viejo topo, MO, Mladina, Carta, Politis y otras publicaciones editan Eurotopa, cuyo segundo sumario est dedicado a La construccin de una Unin militar y sus resistencias. El presupuesto central que gua su investigacin puede resumirse as: las varias tradiciones de la izquierda occidental, con matices y correcciones que no habra que olvidar (y que, desde luego, la autora no olvida), normalmente han considerado los procesos de transformacin social como acontecimientos sociales dirigidos desde el vrtice de la pirmide, desde instancias jerarquizadas de poder, a partir de saberes polticos acumulados en partidos, organizaciones o en colectivos acadmicos, desde los que se segregaban directrices, normas, consignas, finalidades polticas, que la ciudadana responsable (y politizada) deba incorporar en su accin social, sealando acaso alguna imposibilidad, algn mal clculo, algn error poltico.
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Funcin, pues, bsicamente receptiva; sujetos de accin-ejecucin que no de creacin. Pero ya no ms: adis a ese pasado. La autora apuesta por una reflexin poltica que tenga a la ciudadana, a los activistas sociales, como centro de teorizacin, como autnticos creadores de nuevas propuestas, de nuevas formas de organizacin social, que irn surgiendo mediante ensayos, errores y aprendizajes. Lo seala Wainwright, con toda claridad, en el prlogo de su estudio: los partidos socialdemcratas han dado por sentado que una vez alcanzada la mayora electoral podan conducir la mquina del Estado en la direccin que quisieran, pero el Estado, como es sabido, no es tan neutral ni tan maleable: la victoria electoral, en opinin de la autora que debe compartirse, slo se traducir en cambios reales cuando los movimientos y organizaciones democrticas de la sociedad ya estn ejerciendo todo tipo de poder econmico, social y cultural para alcanzar dichos cambios (p. 30), siguiendo en algunos casos una direccin comn o bien una accin complementaria a la del gobierno elegido. De ah uno de los propsitos explcitos de su investigacin: analizar cmo personas de todo el mundo estn experimentando soluciones innovadoras, a menudo mientras luchan contra las consecuencias deshumanizadoras de un mercado desatado (p. 60). Una bestia sin bozal. De hecho, el primer captulo del ensayo -Una masa con sentido: conocimiento, poder y democracia- desarrolla con detalle esta lnea reflexiva: la bsqueda, en palabras de la autora, de formas ms enrgicas de democracia a travs de las que se pueda luchar por la justicia social, de formas polticas que no se reduzcan a la formacin de lites polticas en competencia -leal, a veces; desleal, en ocasiones- por los votos de un electorado pasivo al que se puede desinformar y manipular sin lmite y ad nauseam. Con las contrapartidas conocidas: menor participacin ciudadana, especialmente de las capas ms favorecidas; incremento acelerado del poder de las grandes empresas. Cabe destacar adems, en este captulo, las interesantes reflexiones epistemolgicas de la autora. Especialmente recomendables son, en mi opinin, las pginas dedicadas a las posiciones de Friedrich von Hayek (pp. 61-64), o las dedicadas a la argumentacin de la tesis de que los movimientos sociales desde finales de los aos sesenta ejemplifican en sus prcticas una nueva forma de entender la organizacin del conocimiento: estos movimientos cuestionaron la definicin de lo que se consideraba conocimiento, la estrechez de las fuentes de conocimiento consideradas relevantes para las polticas pblicas, las categoras restringidas de personas cuyo conocimiento era considerado valioso y los procesos mediante los que se llega al conocimiento (p. 70). De este modo, muchos de los temas sobre los que discutieron las mujeres en los inicios del movimiento no tenan nombre propiamente, pero todo ello condujo a una explosin crtica sobre el uso y funcionamiento de los servicios pblicos y sobre las polticas
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econmicas existentes. De ah una de las ideas centrales de Wainwright: los enfoques sobre el conocimiento desarrollados en la prctica -si no en teora-, por los movimientos sociales democrticos, desde finales de los sesenta poseen, hoy en da, una relevancia sin explotar (p. 73). Por ello la autora centra el grueso de su trabajo -captulos II-VII (pp. 77- 190)- en el anlisis de algunos de esos movimientos, en la reflexin sobre las experiencias que estn detrs de algunos movimientos alterglobalizadores: Porto Alegre, Manchester Este, Luton, Newcastle. Con que finalidad? Con la de observar lugares donde la gente est intentando, de manera consciente, crear cambios bajo circunstancias difciles (p. 81). Buscando, pues, no tanto experiencias exitosas, sino observando como los esfuerzos de las gentes que a pesar de tendencias contrarias luchaba, lucha, por contrarrestar las presiones nacionales e internacionales que intentan conformar sus vidas, sin permiso previo alguno. Con enseanzas para todos: la lucha de Newcastle, por ejemplo, contra su propio fatalismo y contra el poder de las multinacionales, es un ejemplo de cmo los estallidos que ocurren en el crisol britnico repercuten en todos aquellos que, en algn lugar del mundo, desafan a las compaas privadas que tratan de introducirse en el mbito de los servicios pblicos (pp. 82-83). Son tambin absolutamente recomendables las conclusiones que la autora extrae de sus anlisis; por ejemplo, las derivadas a la experiencia del presupuesto participativo de Porto Alegre (pp. 119-121), donde acaso quepa sealar que debido a la fecha de publicacin del texto original (2003) la autora no ha podido analizar ni enfrentarse a aspectos ms discutibles de la experiencia del gobierno del PT presidido por Lula (Probablemente el lector espaol sacar ms provecho de las informaciones y anlisis dedicados por la autora a tres experiencias inglesas aqu no muy conocidas). El captulo VII -Cambiando el mundo mediante la transformacin del poder- es el ms terico y el ms propositivo del libro, partiendo de la base epistmico-poltica anunciada por la autora: la prioridad de la prctica social. De ah que sus conclusiones tericas no sean tanto una recopilacin de razonamientos tericos originales sino ms bien resumen de las nuevas ideas y los nuevos puntos de partida inspirados por lo que ha hallado en su investigacin, en las luchas sociales que ha ido analizando. Las primeras ideas son esenciales: el contrapoder democrtico -y su corolario: el replanteamiento de la representacin poltica y con ella, de la misma idea de partido poltico- y la importancia de las redes de democracia internacional. No es necesario sealar que las tesis defendidas por John Holloway en Cambiar el mundo sin tomar el poder (que, por cierto, es un ensayo que est traducido y editado por El Viejo topo, cosa que parece desconocerse segn nota 1, p 196) tienen mucho en comn con la perspectiva defendida por la autora. El mensaje final de la autora es claro y compartible sin riesgos: todos los que creemos en que otro mundo es posible y necesario debemos trabajar
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para convertir la resistencia en organizaciones estables que muestren da a da, la gran capacidad de los ciudadanos para el autogobierno democrtico (p. 236). Las protestas contra la guerra de Irak revelaron los inicios de un nuevo poder, de una nueva subjetividad poltica que conecta lo local con lo mundial. En sntesis: un ensayo poltico, con derivadas organizativas y gnoseolgicas, que no debera aparcarse en alguna estantera alejada de nuestra librera, sino que debera estar muy a mano en nuestra mesa de trabajo y muy presente nuestras preocupaciones ms urgentes de accin poltica. Un consejo final: no pasen por alto los detallados e instructivos recursos ofrecidos en el captulo VIII (pp. 237-255) ni la dedicatoria del ensayo ni el texto de John Milton con el que Wainwright abre su magnfico ensayo: Seguir buscando aquello que no sabemos a travs de lo que sabemos; seguir aunando la vedad con la verdad a medida que la encontramos. Esto es lo que compone la mejor de las armonas.
Richard Wilkinson, Las desigualdades perjudican. Jerarquas, salud y evolucin humana. Crtica (Darwinismo hoy), Barcelona 2001 Traduccin castellana de Silvia Furi, 111 pginas (Mind the Gap, Londres 2000).
Por qu los pases que tienen grandes diferencias de ingresos entre ricos y pobres, como, por ejemplo, los Estados Unidos, tienen mayores ndices de mortalidad que otros en los que esa diferencia es menor como Suecia o Japn? Por qu los ndices de mortalidad son dos o tres veces ms altos entre las personas pertenecientes a las capas ms desfavorecidas de la jerarqua social que entre las que se sitan en puestos ms elevados? Por qu en Europa Oriental, durante las dcadas de 1970 y 1980, cuando, despus de una notable mejora en dcadas anteriores, los niveles de salud dejaron de mejorar o incluso se deterioraron? Por qu las diferencias de renta cobran importancia en el seno de los pases enriquecidos pero no entre ellos? Es decir,por qu entre los cincuenta estados de USA, donde las diferencias culturales son menores que las que pueden hallarse entre distintos pases, no existe, teniendo en cuenta las diferencias en la distribucin de la renta, ninguna relacin entre la mortalidad y la renta media de cada estado, si bien en cada uno de ellos s que hay una clara y ntida conexin entre renta y salud? A estas y preguntas similares se intenta dar sucinta respuesta en Las desigualdades perjudican. Jerarquas, salud y evolucin humana (DP), de Richard Wilkinson, autor de Unhealthy Societies [Sociedades enfermas], especialista reconocido en salud pblica y profesor en el Trafford Centre for Medical Research de la Universidad de Sussex. DP, como Wilkinson seala en las pginas iniciales, trata de salud y evolucin, de las influencias ambientales en la salud, de cmo los factores socioeconmicos hacen que determinadas sociedades, y algunos grupos dentro de dichas sociedades, sean ms sanas y longevas que otras (p.9). En opinin del autor, las causas de las variaciones de salud a lo largo del tiempo, de las diferencias de salud entre pases o entre clases sociales de cada pas tienen su origen no en cuestiones de orden gentico o hereditario sino en los cambios y diferencias ambientales. No se trata de negar lo evidente. Claro que, por ejemplo, la alimentacin afecta directamente a la salud de las personas pero hay elementos mucho ms sutiles que influyen en nuestra salud (p.10). Se sabe hoy que algunas de las relaciones ms importantes entre la salud de las personas y las condiciones de vida son las relaciones psicosociales: muchos de los procesos biolgicos que conducen a la enfermedad se desencadenan por lo que pensamos y sentimos acerca de nuestras circunstancias sociales y
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materiales (p.10). Si la falta de vitaminas o la excesiva exposicin a la radiacin ejercen un efecto directo y negativo sobre la salud humana, nuestras circunstancias sociales afectan a nuestra salud indirectamente a travs de su influencia en nuestra experiencia subjetiva de la vida (pp.1011). El creciente conocimiento de hasta qu punto el estado anmico de las personas influye en su salud fsica exige, en opinin de RW, un replanteamiento, y es aqu donde la teora evolutiva puede contribuir a este proceso aclarando no slo por qu somos sensibles y nos sentimos estresados ante ciertos aspectos de la vida social, sino tambin por qu estas fuentes de estrs conducen a la enfermedad (p. 11). El primer captulo de DP esboza sucintamente el estado actual de los estudios sobre desigualdades en salud. Los resultados obtenidos sealan que los aspectos psicosociales desempean un papel decisivo en la relacin entre la salud y las circunstancias socioeconmicas. Se ha podido comprobar, en reiteradas ocasiones, que cuanto menor es el grado de desigualdad social, tanto ms saludable es la sociedad. O dicho de otro modo, las sociedades igualitarias no slo son ms justas sino que son ms sanas. En el captulo 2, RW explica porqu ciertos factores sociales, como una posicin social subordinada o la falta de autonoma o control, son tan decisivos para la salud. El estudio muestra que todos ellos estn relacionados con dimensiones fundamentales de la realidad social respecto a la que hemos desarrollado una sensibilidad y atencin particulares; por esta razn constituyen poderosas fuentes de ansiedad (p. 13). En el captulo 3, posiblemente la seccin que presenta mayor complicacin tcnica para el lector no especialista, RW seala los vnculos que se han establecido entre los procesos biolgicos y los psicosociales, entre la ansiedad crnica y las enfermedades relacionadas con la estimulacin fisiolgica crnica (p. 13). Finalmente, en el captulo 4, ltimo captulo del volumen, se plantea cmo la estructura social, y nuestra posicin en ella, pueden exacerbar nuestras ansiedades respecto a la forma en que somos observados por los dems, ansiedades que alcazan los mismos fundamentos de la vida social, nuestra naturaleza reflexiva como seres sociales y nuestra tendencia a vernos a travs de los ojos de los dems (p. 13). La tesis central de DP puede ser formulada del modo siguiente: 1. La estrategia social predominante viene determinada bsicamente por los gradiantes de igualdad o desigualdad que operan en la sociedad en cuestin. 2. Las desigualdades de rentas, la pertenencia a determinados grupos o clases sociales, lo afectan todo: desde el tipo de estructura social a la que se enfrentan los individuos hasta la naturaleza del desarrollo emocional temprano (p. 14). 3. Las desigualdades socioeconmicas ejercen un profundo efecto en la calidad del entorno social y en el bienestar psicolgico y social de la poblacin.
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Es necesario observar que RW insiste, a lo largo de las breves pero sustanciales pginas de su libro, en torno a que la relacin entre salud y renta es algo ms compleja que una simple relacin proporcional del tipo a ms renta, mejor salud. Por poner un ejemplo ilustrativo: incluso teniendo en cuenta las diferencias monetarias y hablando en trminos de poder adquisitivo, la ciudadana griega tiene menos de la mitad de los ingresos medios de los ciudadanos norteamericanos y, a pesar de esta diferencia neta de renta, su salud es mejor. De la misma forma, la esperanza de vida, seala RW, en la mayora de los pases desarrollados aumenta, o ha aumentado hasta ahora, en dos o tres aos cada dcada, pero esta mejora econmica no est directamente relacionada con el crecimiento econmico: la economa de un pas puede crecer a un ritmo dos veces ms rpdo que la de otro durante quiz veinte aos y sin embargo sus ciudadanos pueden no beneficiarse de crecimiento adicional alguno de la esperanza de vida (p. 23). La cuestin, por tanto, no est centrada tanto en el crecimiento sino en la distribucin social de esos bienes, en la igualdad o desigualdad social imperante en una comunidad. RW explica la importancia que tuvieron para los estudios de salud pblica las investigaciones sobre el trabajo y la prdida de empleo. Se observ que el nivel de control que las personas ejercen sobre su trabajo era un ndice muy fiable de su salud. En cuanto a la prdida de empleo, los estudios se centraron sobre los efectos que el cierre de fbricas ejercan sobre todos los trabajadores, independientemente de su buena o mala salud previa. Se vi claramente que no slo el paro conduce a un deterioro de la salud de los desempleados, sino que otro grupo de estudios mostr que la salud empeoraba no slo cuando la gente quedaba realmente en paro, sino incluso antes, cuando la amenaza del pero afloraba y la gente comenzaba a preocuparse por sus empleos (p. 22). El autor apunta que la comprensin de los fenmenos estudiados arroja una nueva luz en la poltica de clases y en el papel de la desigualdad en las sociedades modernas. Ahora que el igualitarismo, por razones no cientficas sino estrictamente ideolgicas, est tan desacreditado, al igual que las concepciones y formaciones polticas que lo han vindicado y que siguen situando en primer plano de sus demandas o exigencias, tenemos gracias a DP (y a otros estudios documentados como los realizados en nuestro pas por investigadores de la talla de Vicen Navarro o Joan Benach) una buena cantidad de excelentes argumentos para sostener que este sistema, sin mejoras sustanciales, no es el ms perfecto de los concebibles y que otro mundo posible y deseable puede ser netamente mejor incluso en aspectos tan bsicos para los humanes como la salud o la vida. RW seala que las desigualdades de salud suelen traducirse en diferencias de cinco o diez aos en la esperanza de vida entre ricos y pobres dentro de un mismo pas, y en
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ocasiones incluso hasta quince aos de diferencia (p. 16). No slo nos han robado el mes de abril, sino los abriles y mayos de una dcada. Richard Dawkins, el autor de El gen egosta, recomendaba a los potenciales lectores que compraran los libros de esta coleccin (Darwinismo hoy) por docenas y se los enviaran a sus amistades en vez de postales. Desconozco el presupuesto monetario del lector del topo para estos asuntos, pero, por poco que pueda, en este caso y sin que se sirva de precedente, le recomiendo que, sin vacilacin alguna, siga la sabia recomendacin de Dawkins. Especialmente, en el caso de Las desigualdades perjudican (o en el no menos interesante trabajo de Peter Singer,Una izquierda darwiniana, publicado en esta misma coleccin).
E. O. Wilson. Para comprender la enorme importancia de esta unidad biolgica, imaginemos nuestro desaliento moral si los hombres-monos australopitcidos hubieran sobrevivido hasta la poca actual, con una inteligencia situada entre la de los chimpancs y los seres humanos, separados genticamente para siempre de ambos, evolucionando detrs de nosotros en lenguaje y en las facultades superiores del razonamiento. Cul hubiera sido nuestra obligacin para ellos? Qu hubieran dicho los telogos,
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o los marxistas, que pudieran ver en ellos la forma ms extrema de una clase oprimida? (Sobre la naturaleza humana, pp. 80-81). A. Este interesantsimo paso indica el abismo entre Wilson y los telogos y marxistas. Estos, ms o menos inconsciente, onrica (Marvin Harris) o ideolgicamente, estn contra el orden natural en su aspecto tico, contra la tica del orden natural. Los telogos la consideran fruto del pecado original, los marxistas la consideran injusta. Unos y otros deberan considerar oprimidos no slo a los australopitcidos hipotticos, sino tambin a los cerdos, a las gallinas y a las vacas y terneras. La gracia estar en desarrollar esa condena y esa oposicin a la naturaleza con cautela, para no ser destruidos: natura parendo vincitur. En cambio, Wilson y los suyos estn a favor de la tica del orden natural, incluso cuando es falsamente natural, cultural, y lo proclaman natural. Porque se creen depredadores ltimos y les gusta serlo.
B. Muchas debilidades: 1) Efectivamente, hay animales que sufren la forma ms extrema de opresin. 2) El abismo entre Wilson y los telogos y marxistas: stos, ms o menos onricamente (Harris), estn contra la tica del orden natural dado. Los telogos la consideran producto del pecado, los marxistas injusta. Unos y otros deben considerar oprimidos no slo a los hipotticos australopitcidos, sino tambin a los reales cerdos y a las reales gallinas, y a las terneras y a las vacas. El problema para ellos est en desarrollar su oposicin a la tica de la naturaleza con cautela, para no ser destruidos. Tendrn que articular modos nuevos del natura parendo vincitur. En cambio, Wilson y los suyos estn a favor de la tica de la naturaleza y tambin del existente orden cultural, al que a menudo canonizan como natural. Y estn de acuerdo con lo que hay porque se creen depredadores ltimos y les gusta serlo. Manuel Sacristn (1981)
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Recordemos algunos puntos bsicos1: 1. Los estudios realizados sobre el comportamiento social de los cerdos sealan que estos animales necesitan cario, que se deprimen fcilmente si les aislamos o negamos el juego y que la falta de estmulos mentales y fsicos puede ocasionar un deterioro grave de su salud. Consiguientemente, los cerdos, unos animales no humanos, necesitan, como nosotros, el contacto, el juego y no alcanzan una vida buena si malviven en inmundas pocilgas de aislamiento. 2.La prestigiosa revista cientfica Science public un trabajo de unos investigadores de Oxford en el que informaban de las aptitudes de dos cuervos de Nueva Caledonia: a Betty y a Axel se les dio la opcin de utilizar un alambre recto y otro curvo para sacar un trozo de carne del interior de un tubo y ambos eligieron el curvo; cuando Abel rob el gancho de Betty, sta coloc el alambre recto que le quedaba en una grieta y lo dobl con el pico hasta curvarlo y conseguir un gancho como el que se le haba sustrado, con el que extrajo la comida del interior del tubo. De 10 experimentos realizados, en los que slo se le dieron alambres rectos, Betty fue capaz de construir instrumentos curvos en nueve ocasiones. Por lo tanto, los animales, como quera Marx, son tambin capaces de fabricar instrumentos. 3. Alex, un loro africano, es capaz de identificar siete colores, ms de 40 objetos y puede juntar o separarlos en categoras. Ha aprendido conceptos como mismo o distinto. As, pues, los animales, loros en este caso, pueden acceder a ciertas nociones abstractas. 4. El gorila Koko, al que se ense el lenguaje de los signos, ha aprendido ms de mil signos y entiende miles de palabras en ingls. En los tests de inteligencia se le punta entre 70 y 95. Se encuentra en la categora de aprendizaje lento sin retraso, muy por encima de algunos animales humanos. Los animales no humanos son tambin seres simblicos, con una determinada capacidad intelectual y capaces de adquirir niveles de lenguaje y manejarse con l. 5. En el Zoo Nacional de Washington, los orangutanes exploran con espejos partes de su cuerpo que, de otra forma, no podran ver. Ello es muestra de que, en contra de afirmaciones usuales, los animales pueden tener consciencia de s mismos. 6. Es entonces el duelo por los muertos la lnea divisoria? En ocasiones, los elefantes se quedan en silencio varios das junto a sus parientes muertos, tocndoles con cuidado con su trompa. El bilogo keniata J. Poole infiere que ese comportamiento deja pocas dudas sobre si los elefantes experimentan o no emociones y sobre si poseen una cierta compresin de la muerte. 7. Finalmente, experimentos recientes sealan que, al jugar, los cerebros de las ratas liberan dopamina, una sustancia asociada con el placer y la emocin en los seres humanos. Probablemente, las ratas tambin tengan esas sensaciones. Cabe entonces afirmar la existencia de un abismo ontolgico insalvable entre el Ser de los animales humanos y la entidad de todos los otros animales no humanos? No ramos chimpancs y animales humanos la misma especie hace slo unos 6 millones de aos? Se comportan todas las
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criaturas no humanas por instinto y sus comportamientos son slo actividades impulsadas genticamente? No tienen acaso que ensear los gansos a sus hijos las rutas de emigracin? No son la mayora de animales criaturas popperianas partidarias del aprendizaje e invencin por prueba y error? Es nuestro mayor cerebro -1500 cm3 en el caso del Homo sapiens, pero apenas 500 en el australopiteco- tan distinto del de otros animales? Si lo fuera, esta cuestin fctica podra justificar los dolorosos experimentos a los que se ven sometidos millares de animales en nuestros laboratorios de investigacin o las (in)humanas condiciones en que millones de animales son mantenidos para su consumo ms irresponsable? Puede aceptarse aspticamente la zafia alegra de las fiestas del toro, de la caza del zorro o de las peleas de gallos? Si suponemos, aunque no admitamos, una distancia evolutiva radical, si no hubiese empata alguna entre nosotros y los otros animales, podra ello justificar el maltrato sin disimulo, la cosificacin ms abyecta, la crueldad ms inimaginable? Alguien sera capaz de mirar y ver sin dolor los medios de vida y de transporte a los que sometemos a millones y millones de animales diariamente? Estamos autorizados a patentar formas de vida y planear una produccin cosificadora de seres vivos como si fueran tornillos o gomas de borrar o acaso, como seala la legislacin holandesa desde 1996, los animales son seres sintientes con un valor intrnseco? Es nuestro trato con los animales no humanos una cuestin meramente esttica, acaso educativa? Es una mera emocin indignada lo que sentimos cuando sabemos que en noviembre de 2001 un grupo de individuos, por simple e irresponsable diversin, entraron en las instalaciones de una sociedad protectora de animales de Tarragona y serraron las patas de quince perros? No hay aqu cuestin tica alguna sino una simple broma de mal gusto o tal vez una prueba de idiotismo social? Jorge Riechmann, filsofo moral, ensayista, poeta, ecologista en accin, traductor (y largo etctera) contesta a estas, y a otras muchas cuestiones, en Todos los animales somos hermanos [TASH], y lo hace con la informacin, el rigor, la bsqueda de educacin cientfica y la sensibilidad a las que nos tienes acostumbrados. Si el lector/a tiene ocasin de hacerlo, le sugiero leer TASH en paralelo, cerca de o en compaa de Cuidar la T(t)ierra (Barcelona, Icaria 2003), otro esforzado trabajo de Riechmann, que en mi opinin es uno de los mejores ensayos de filosofa moral publicado en estas ltimas dcadas (Puede y debe verse sobre l una documentada resea de Francisco Fernndez Buey -Filosofa y prctica de la sostenibilidad- en www.lainsignia.org). Si en otra estantera prxima, puede situar Una mirada en el aire (El viejo Topo, Barcelona 2003), la conjuncin deparar netos beneficios. Hay certeza. Riechmann seala en las pginas iniciales la finalidad central de su ensayo cuestionar el mencionado prejuicio [el prejuicio que identifica la preocupacin por los animales no humanos con sntomas histricos];
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convencer a nuestros reticentes filsofos de que los animales s que plantean problemas filosficos de envergadura (especialmente para la filosofa prctica), estimular un debate social ms amplio sobre el lugar que los animales ocupan y el que deberan ocupar en las sociedades industrializadas; y proporcionar a los enseantes, quiz, una herramienta pedaggica til para abordar algunas importantes cuestiones de tica aplicada (p. 23). Doce son los captulos que componen TASH. Las cuestiones tratadas abarcan desde la experimentacin con animales, las razones para incluir a stos en la comunidad moral, pasando por una aproximacin documentada a la cuestin jurdico-moral de si los animales tienen o no derechos o por interesantes anotaciones sobre la problemtica de los xenotrasplantes y las esperanzas de clonacin teraputica. No es posible dar breve cuenta de todas estas cuestiones pero s cabe destacar aqu las siguientes cualidades: 1. Hay en el hacer de Riechmann un ejemplar tarea de educacin cientfica, con tensin moral y reflexin filosfica incorporada, que est en lnea consistente con la mejor tradicin ilustrada. No puede haber hoy una ciudadana responsable y activa socialmente que est alejada de informaciones y discusiones bsicas sobre estos u otros temas cruciales. 2. Hay, por otra parte, el intento de construir, de sealar los caminos de una nueva cultura, de una nueva forma civilizatoria, que entienda fraternalmente la relacin entre nuestra especie y otras especies hermanas, que reconstruya las relaciones de dominio y privilegio de capas minoritarias sobre gran parte de la poblacin mundial y que entienda y asuma que la Tierra, y las tierras, exigen cuidados y una relacin equilibrada y no una mera e irresponsable explotacin sin lmite. La supuesta modernidad es, en ocasiones, una forma neta de barbarie. 3. El estilo de Riechmann, su armoniosa y buscada fusin de informacin, argumentacin y comentario moral-potico, persiguen educar cientficamente al lector, al mismo tiempo que le ayudan a cultivar su sensibilidad y su gusto moral. 4. Todo ello escrito desde con un virtud infrecuente: la honestidad intelectual. Un ejemplo. En el captulo 10 de TASH -La complejidad del concepto de persona-, Riechmann construye la nocin de cuasi-persona y seala que slo con este concepto podemos hacer frente al poderoso argumento de los casos marginales. Y, entonces, en nota a pie de pgina apunta que esa nocin, ese hallazgo intelectual que crea original la encontr, posteriormente, en un trabajo de Harlan B. Miller recogido en The Great Ape Project, editado por Peter Singer y Paola Cavalieri, y aade: (...) De hecho, ha sido una experiencia recurrente durante la redaccin de estos ensayos: casi cada idella o argumentacin que se me ocurra la encontraba despus formulada previamente por algn otro autor, a medida que me adentrada en la amplsima literatura especializada. En ese caso, ello ha sido un sido un motivo de satisfaccin ms que de incomodidad: pues pone de manifiesto
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que estas nuevas ideas sobre animales, tica y derecho, por contrarias a nuestras ides reues que parezcan en un primer momento, se asientan en realidad sobre intuiciones ticas ampliamente compartidas (apenas uno supera el prejuicio de especie). (pp. 372-373) 5. El combate contra el especiesmo no hace a Riechmann olvidar las enormes desigualdades que asolan a nuestra especie. No es slo que los animales humanos maltratemos a los animales no humanos, sino que muchos animales humanos son salvajemente maltratados -es decir, humanamente maltratados- por sus hermanos ms prximos. Como seala el autor de Un zumbido cercano: Como se ve en estos pocos ejemplos, como atestigua la historiografa para pocas anteriores, y como por otra parte caba esperar, son especialmente los grupos ms vulnerables y desprotegidos (presos, locos, deficientes mentales, minusvlidos, enfermos terminales, usuarios pobres de la sanidad pblica) quienes histricamente se han convertido en involuntarios cobayas humanos para los mayores abusos (p. 257). A la cuestiones y temas sealados hay que sumar tres anejos que merecen una atenta mirada. El primero, Asamblea de filsofos (ms dos o tres infiltrados) sobre animales, tica y derecho, es una cuidada antologa de textos centrales sobre el tema que incluye ms de una sorpresa agradable. El segundo, Notas sobre derechos morales y derechos legales, es una excelente aproximacin a una de las cuestiones bsicas del debate y, finalmente, En torno a la nocin de valor, aparte de darnos una interesante visin histrica y analtica de esta nocin, finaliza con el esbozo de un programa tico para el siglo XXI que tendra como valores centrales la pacificacin de la existencia, el florecimiento de la persona y la calidad de las relaciones humanas. Finalmente, cabe llamar la atencin sobre el hermoso prlogo de Carlos Piera Gil, en el que apunta una interesante perspectiva complementaria: paliar el sufrimiento o tratar de eliminarlo cuando nos lo encontramos no debe depender de que el mal nos afecte, sea directamente, sea por empata. No es la identidad del destinatario la que determina que sepamos lo que deberamos hacer con respecto a ste (...) La empata es, ciertamente, primordial entre esos factores, pero, como el resto de ellos, no es determinante (p. 11) En sntesis: Jorge Riechmann, con este nuevo ensayo, no slo da razones sustantivas para modificar nuestras usuales consideraciones e inquietudes ticas sobre nuestros hermanos evolutivos, no slo da trabajados y sentidos argumentos que sealan que los animales son seres sintientes con derecho a nuestro respecto moral sino que posibilita que nuestra mirada corrija sus usuales puntos de inters y sea capaz de observar con atencin y mimo no siempre cultivados. Con J. M. Coetzee (Desgracia, p.107), podemos asentir: Es mircoles. Se ha levantado temprano, pero Lucy madruga ms
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que l. La encuentra contemplando los gansos silvestres de la presa. -No son hermosos?- dice ella. Vienen todos los aos sin falta, y siempre son esos tres, siempre los mismos. Me siento muy afortunada de recibir su visita, de ser la elegida.
(1) Los ejemplos estn extrados de: Pablo de Lora, Justicia para los animales (Madrid, Alianza 2003); Jess Mostern, Vivan los animales! (Madrid, Temas de Debate 1998); Peter Singer, Liberacin animal (Madrid, Trotta 1999) y Jeremy Rifkin, Lo que podemos aprender de los animales!,El Pas, 26/10/2003.
2. Cultura en la naturaleza y naturaleza en la cultura. Frans de Waal, El simio y el aprendiz de sushi. Reflexiones de un primatlogo sobre la cultura, Paids, Barcelona 2002. Traduccin de Patricia Teixidor, 335 pginas.
En El simio y el aprendiz de sushi (SAS), se discute con documentados argumentos la borrosa y, para algunos, infranqueable frontera que delimita la naturaleza y la cultura. El estudio del comportamiento de los grandes simios relativiza esta usual y radical separacin. Frans B. M. de Waal, autor de este ensayo, es uno de los mayores expertos mundiales en primatologa, es profesor sobre comportamiento de primates en el departamento de psicologa de la Universidad Emory (Atlanta, Georgia) y es director del Living Links Center, un centro de estudios sobre la evolucin de humanes y simios antropoides. De Waal trabaj inicialmente con los chimpancs del zoo holands de Arnhem, experiencia que est en la base de su libro La poltica de los chimpancs (Alianza, Madrid 1993) y es autor tambin, entre otros
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ensayos, de Bien natural: los orgenes del bien y del mal en los humanos y otros animales (Herder, Barcelona 1997). SAS est dividido en tres grandes secciones -1. Espejos culturales. La forma en que vemos a otros animales. 2. Qu es la cultura? Qu es la naturaleza? 3. Naturaleza humana. La forma en la que nos vemos a nosotros mismos- y un delicioso eplogo: El salto de la ardilla. El objetivo del primatlogo holands viene ya sealado en su prlogo:En este libro me propongo explorar si los animales tienen o no cultura. Considero que vale la pena la bsqueda de una respuesta a este tema por varias razones... (p. 19). Entre ellas, porque nos permite enterrar otro anticuado dualismo occidental: la nocin que la cultura humana es algo opuesto a lo natural que hay en los humanos (p. 19). El mismo De Waal (Mundo cientfico 224, pp. 95-98), ha sintetizado del modo siguiente las tesis bsicas de El simio y el aprendiz de sushi: : 1. La transmisin cultural, es decir, la transmisin de conocimientos y prcticas por medios no genticos no es especfico de la especie humana, puesto que puede observarse tambin en otros animales. As, los macacos japoneses aprenden de sus congneres como lavar patatas en el mar y las hembras chimpancs ensean a sus cras como utilizar correctamente piedras para partir nueces. 1.1. Por ello, no es aceptable la tesis de que los animales no humanos sean entes sometidos a leyes estrictamente genticas, negando que la existencia de culturas humanas sea una correcta lnea de demarcacin entre los humanes y el resto de los animales. Como se seala en la contraportada, el ttulo del ensayo proviene precisamente de una analoga que De Waal establece entre la forma en que se transmiten los comportamientos en las sociedades de primates y la manera en que las habilidades del maestro de sushi (pescado crudo elaborado) se traspasan al aprendiz a travs de la meticulosa observacin de sus movimientos. Despus de haber escrito este libro, estoy ms seguro que nunca de que el tema de la cultura animal va a quedarse con nosotros para crecer y convertirse en uno de los campos ms apasionantes: un campo cuyas implicaciones van ms all de la conducta animal (p. 11). 2. La cultura occidental ha moldeado la forma en que consideramos a los animales no humanos. 2.1. Y a la recproca: esta mirada ha determinado la forma de vernos a nosotros mismos. De este modo, contrariamente al punto de vista de una humanidad asocial defendido por clsicos de la filosofa poltica tan opuestos como Hobbes o Rousseau, De Waal sostiene que los humanes somos herederos de un largusimo linaje de animales sociables que establecen toda clase de vnculos entre s.
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2.2. Es pues la competencia o la cooperacin lo que ha dominado la vida de los animales? Ambas: los animales estn en competencia pero al mismo tiempo se necesitan, nos necesitamos, unos a otros. (...) Es cierto que compiten [los macacos] por las hembras y el estatus dentro de la jerarqua, pero tambin son perfectamente capaces de atenuar la competicin por la comida y se llevan bien la mayor parte del tiempo. Para mantener la paz realizan montas y abrazos entre ellos con gran excitacin, se espulgan y utilizan a las cras para tender puentes... (p. 241). 2.2.1. Esta cooperacin es adems posible no slo entre individuos de la misma especie sino entre individuos de especies diferenciadas. Vase, por ejemplo, lo apuntado por De Waal a propsito de perros y tigres (La supervivencia del ms amable, pp. 265-268). 2.3. Esta dinmica social de competicin y cooperacin no es exclusiva de las sociedades de primates sino que puede verse tambin en otros niveles biolgicos. Por ejemplo, en el comportamiento de las clulas en organismos multicelulares. 3. La teora segn la cual naturaleza y la cultura son entidades totalmente diferenciadas y opuestas, una teora del gusto de Thomas Henry Huxley, pero tambin de Freud y Lvi-Strauss, carece de todo fundamento. A pesar de que el humn es un ser cultural, nunca ha abandonado la naturaleza. Y nunca podr hacerlo. Tendencias a construir culturas existen tambin en otros animales no humanos. 3.1. En sntesis: hay naturaleza y hay cultura, y nosotros, como muchos otros animales, tenemos un pie en cada una de ellas.: Pensar en la naturaleza y la cultura como mbitos distintos y diferentes es peligroso: existe mucha naturaleza en la cultura, al igual que existe mucha cultura en la naturaleza (p. 232). 3.1.1. Consiguientemente, es falso que el hombre sea un ser bsicamente cultural y los animales no humanos sean seres estrictamente naturales, distincin excluyente que est en la base de algunas posiciones, nada inocentes, contrarias a reconocer derechos a los animales o a admitir legtimas preocupaciones morales por la vida y el sufrimiento de los animales no humanos. La frontera se difumina: los animales no humanos son hasta cierto punto seres culturales y nosotros nunca hemos perdido vnculos con la naturaleza. La analoga que De Waal establece entre el comportamiento de Nixon, ante el abandono de la presidencia norteamericana, y los chimpancs ante situaciones estresantes parecidas ilustra esta cercana ntica (p. 256). 3.2. De ah no puede colegirse que De Waal no sea crtico respecto a algunas tendencias de la sociobiologa, de la ecologa del comportamiento o de la psicologa evolucionista: en estas disciplinas se salta con demasiada ligereza de la dotacin gentica al comportamiento como si entre los dos mbitos no hubiera, de hecho, muchos otros factores implicados. No se
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puede, sostiene De Waal, explicar un comportamiento separndolo de su contexto cultural en el sentido amplio de esta categora. Empero, las ciencias sociales no deberan quedarse al margen de la perspectiva evolucionista. Se necesitan enfoques integrados en los que la mirada evolucionista se complete con puntos de vista igualmente legtimos. Sin esta perspectiva es imposible explicar la especie humana. De ah que el primatlogo holands apunte, con optimismo y deseo compartible, que dentro de cincuenta aos el retrato de Darwin colgar de las paredes de los departamentos de psicologa y sociologa. Quien escribe colgar tal vez quiera decir debera colgar. Hay adems una cuestin lateral que no debera pasar desapercibida al lector y ms tratndose de un cientfico de primera fila. Las reflexiones epistemolgicas de De Waal vertidas a lo largo de las pginas de SAS, muy pegadas a su propio trabajo de investigador, sobre hechos y teoras, sobre mtodos de investigacin y mtodos de exposicin, sobre prejuicios y conclusiones a propsito de los bonobos, o sus reflexiones histricas sobre sociobiologa y etologa (pp. 80-81), sobre Lorenz (pp. 86-96), sobre Niko Tinbergen o sobre Imanishi (el Stephen Jay Gould del Japn), o en torno a Aristteles y Darwin y su vindicacin de un nuevo modelo de humn de ciencia que podramos llamar Darwinstteles (p. 78) o sus interesantes y nada triviales consideraciones sobre ideologa, cultura o concepcin del mundo y prctica cientfica real a propsito de las prcticas y perspectivas de investigadores orientales, no son simples notas notas marginales En este mbito, podemos encontrar pasos de tanto inters como el siguiente: (...) Para convertir el estudio del comportamiento en una ciencia con madurez necesitamos inspirarnos en la visin aristotlica y organizar nuestro estudio alrededor de determinadas reas la cognicin, la adaptacin evolucionista, la cultura y la gentica, en lugar de que la estructura de nuestra disciplina dependa de si tratamos con un primate bpedo o con otro animal. Al suprimir esta divisin artificial, habremos avanzado mucho para conseguir calmar el excesivo miedo a caer en el antropocentrismo, miedo que, por otro lado, naci de esta misma divisin (p. 81). Esta ltima valoracin es independiente de algunas extraas y disonantes notas. As, De Waal conjetura, en tonalidad nada dubitativa, que la necesidad de los cientficos conductuales de ir de forma rectilnea desde la teora a los datos dando la impresin de que saben menos sobre la verdad de lo que realmente saben, proviene de un deseo de ser como los fsicos, que provienen de una ciencia que ha alcanzado la elevada fase de la prediccin de saln (sic, p.159). No slo eso. Poco despus de haber llegado a alcanzar algn nuevo descubrimiento como la existencia de los quarks o la prediccin de que la colisin entre un mesn y un protn debera dar lugar a una partcula lambda, De Waal sostiene que hordas (sic) de cientficos se disponen a probar sus hiptesis en enormes aceleradores de partculas y
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cmaras de vaco (p. 159) del CERN o de Fermilab. De la misma forma, causa extraeza terica o desconocimiento semntico, afirmaciones como que las teoras se formalizan con frecuencia, lo cual no significa que tengamos que negar la importancia de las predicciones generales (p. 160). Hay que destacar la excelente traduccin de Patricia Teixidor, sus oportunas y documentadas notas a pie de pgina, el completsimo ndice analtico y nominal de SAS, as como las ilustraciones, en algunos casos debidas al propio autor, que acompaan algunos pasajes. El lector puede reparar, por ejemplo, en los dibujos sobre reconciliacin de chimpancs (p. 59), o sobre las grajillas (p. 88) -que el mismo De Waal ha criado-, al igual que sus excelentes fotografas sobre macacos tibetanos (p. 128) o la maravillosa toma de Robert Yerkes del joven bonobo Chim (p. 192), en sorpresiva pose de serio y aplicado estudiante. Es posible que en algunos casos la perspectiva del autor olvide otras legtimas aproximaciones. As, De Waal afirma que el comunismo fracas porque iba en contra de la naturaleza econmica humana (p. 247), naturaleza econmica de la que l apenas nos da apunte alguno. Igualmente, le parece evidente, de forma notablemente simplificadora, que las comunidades hippis de los sesenta, basadas en la negacin de los celos sexuales, no duraron mucho (p. 247), y ms teniendo en cuenta lo sealado por l mismo sobre los bonobos en el captulo 3: Los bonobos y las hojas de ficus. Primates hippies en un paisaje puritano. No importa, nada de esto es significativo. En un reciente topo (num. 181-182, pp. 71-77), Jorge Riechmann arga sobre la conveniencia y urgencia de una comunidad que incluyera a los muertos, las encinas y las abejas. Este libro del autor de La poltica de los chimpancs abona orgnicamente esa misma necesidad, porque, como el mismo De Waal seala, desde que en 1857 Linneo tuvo el coraje cientfico de clasificarnos junto a monos y simios antropoides, salvadas las conocidas y no siempre amables resistencias culturales y religiosas, ha ido calando poco a poco el mensaje de que no estamos solos en el mundo: Lo cierto es que, biolgicamente hablando, nunca lo estuvimos. Ha llegado el momento de argumentar lo mismo con respecto a las culturas (p. 39). Finalmente, me permito una breve recomendacin: para abrir boca de forma nada carnvora, el lector/a podra iniciar su lectura por las deliciosas pginas compuestas por De Waal sobre Mozart y los estorninos (El pequeo bobo de Mozart, pp. 138-142) o por el mismo eplogo de su obra: El saldo de la ardilla. Imposible que pueda sentirse defraudado. Si obra de este modo, se encontrar con esta armnica y analgica nota en si bemol:
(...) El pez globo tiene un hgado extremadamente txico que, si no se extrae de la forma correcta, puede causar parlisis y una muerte segura (por eso no es sorprendente que en Japn la preparacin de este plato de sushi para realizar el llamado fugu requiera tener una licencia especial). El arriesgado consumo de este exquisito plato es comparable
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a la conducta de los chimpancs salvajes de masticar la parte amarga del endocarpio, en la que parecen haber aprendido a evitar las partes txicas de la planta (p. 297).
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El triunfo del fascismo en nuestra patria no significara una etapa breve y transitoria de gobierno reaccionario, como fue la Dictadura de Primo de Rivera o el bienio negro. El triunfo del fascismo sobre la Repblica no sera una simple derrota parcial y pasajera. Sera el fin de todo lo que los obreros han conquistado en decenas de aos de trabajo y de duros combates: sera el fin de toda libertad, el aplastamiento de la dignidad humana, la esclavitud ms dolorosa. Dolores Ibrruri, El nico camino No olvides nunca que los menos fascistas de entre los fascistas tambin son / fascistas Roque Dalton,Consejo que ya no es necesario en ninguna parte del mundo pero que en El Salvador...,Antologa Lo que quera hacer notar es que cuando en Italia hay una huelga general es de verdad. No s a qu se debe. Quiz a que el fascismo dur menos all que aqu -ste fue el ms largo del mundo, y an queda su aroma de fosa comn-; tal vez muri en una guerra, y la diferencia en que Mussolini muriera colgado por los pies y Franco en su cama puede tener mucho que ver con estas diferencias. E. Haro Tecglen, Italia, Espaa, El Pas 18.4.2002
VI. Franquismo
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1. Una llamada que son como sirena Niall Binns, La llamada de Espaa. Escritores extranjeros en la Guerra civil. Montesinos, Barcelona 2004, 362 pginas.
Dos confesiones previas y acaso necesarias. La primera: la admiracin que despierta, ya desde sus primeras pginas, la lectura de La llamada de Espaa, el ltimo libro del poeta, profesor y ensayista Niall Binns, puede adormecer la arista crtica, la tendencia a buscar objeciones secundarias de todo lector atento. Es mi caso. Segunda confesin: a casi todo el mundo, sepa o no su lugar en l, en algn instante de su vida le hubiera gustado escribir las palabras, todas las palabras de un libro ya escrito. Es igualmente mi caso y el libro deseado es ste, precisamente ste. Su autor, el escritor de este magnfico texto, ha enseado literatura de lengua inglesa en la Universidad de Saint Louis (Madrid) y actualmente es profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad Complutense. Entre sus libros ms recientes, cabe destacar Nicanor Parra (200), La poesa de Jorge Teillier: la tragedia de los lares (2001), Tratado sobre los buitres (2002) y Canciones bajo el murdago (2003). La llamada de Espaa est estructurada en cuatro secciones: 1. Introduccin (magnfica) . 2. Las democracias en crisis (Reino Unido, Francia, Estados Unidos). 3. Los pases totalitarios (Alemania, Italia, Unin Sovitica). 4. La Amrica Hispana (Chile, Ecuador, Mxico, Per, Argentina, Cuba) 5. Conclusin (breve y sustantiva sin relleno). Una documentada y seleccionada bibliografa sobre escritores extranjeros en la guerra y sobre literatura y guerra civil cierra el volumen. En sus pginas, un erudito y sentido despliegue por la obra de autores conocidos y reconocidos como W. H. Auden, Langston Hughes, Orwell, S. Spender, Andr Malraux, Paul luard, Simone Weil, Upton Sinclair, Bertolt Brecht, Carpentier, Huidobro, Nicols Guilln, pero tambin Roy Campbell (Un peso pesado en el bando de Franco), Rochellle, Brasillach o Priscilla Scott-Ellis (La enfermera aristocrtica de Franco). La posicin moral-poltica desde la que se construye el esplndido cuadro de La llamada de Espaa est apuntada en las primeras lneas de su introduccin: despus de recordar la deleznable dedicatoria con la que Cela abri San Camilo 1936, Binns sostiene que pocos de los jvenes brigadistas fueron simples aventureros; el impulso, la decisin de venir a Espaa para los voluntarios de ideologa marxista -muchos exiliados de sus propios paises, comunistas convencidos- no es equiparable ni puede ser equiparado al de los soldados enviados por Mussolini y Hitler; reducir sus motivaciones a la sed de sangre y al desdn es aberrante. Porque Madrid fue el corazn del mundo: en palabras de W. H. Auden, Madrid is the heart (p. 12). Y,
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consiguientemente, la tendencia a poner en el mismo saco moral la presencia de unos y otros no slo es revisionismo histrico de la peor intencin, reconstruccin sesgada e interesada de la memoria histrica, sino simple y llanamente inadmisible: El fascismo de Brasillach, de Drieu la Rochelle y del repugnante Roy Campbell, la religiosidad institucional de Claudel e incluso el monarquismo tradicionalista de Bernanos se entienden en su contexto [...] pero suenan hoy cavernarios y slo podran suscribirse desde planteamientos de la derecha ms extrema [...] Los autores, en cambio, que se opusieron a la sublevacin, incluso los ms torpes e insensibles de ellos, nos resultan hoy casi siempre ms cercanos --ideolgicamente ms cercanos- porque luchaban y escriban en nombre del legado, o al menos parte del legado ms duradero de la modernidad, lo que sigue en pie del discurso progresista: los reclamos de libertad, fraternidad e igualdad (pp. 339-340). An ms, la apreciacin de Binns sobre las crticas de, por lo dems, admirables combatientes anarquistas, poumistas y liberales a la actuacin de los comunistas en nuestra guerra civil est llena de sensatez, matizadamente compartible: si situamos acciones, valoraciones e individuos, y contextualizar es siempre un deber inexcusable en cualquier aproximacin, no habra que olvidar que en aquellos aos, en nombre de la igualdad y la justicia, la URSS (por qu Binns escribe Rusia en ocasiones?) estaba construyendo una alternativa al fascismo y a las democracias realmente existentes. Los comunistas, escritores y brigadistas, que vinieron a Espaa todava ignoraban -en el verano de 1936- la sanguinaria paranoia y el cinismo de Stalin, y los intentos de descalificarlos como estalinistas, basndose en acontecimientos posteriores (simultneos, algunos de ellos, a la guerra civil) o en atrocidades que no se comprobaran del todo hasta 1956, se hacen a veces de mala fe y a menudo con gran simplismo (p. 340). Lo anterior no es obstculo para sealar que el eje de La llamada de Espaa es la presentacin y anlisis de la obra de una muestra representativa de escritores extranjeros que acudieron a la guerra civil espaola y escribieron sobre ella. Tambin aqu el trazado es siempre admirable, lleno de informacin, de penetrante lectura, de ajustada contextualizacin, evitando, y consiguiendo siempre, descalificar una obra por su sesgo ideolgico o valorarla en positivo tan slo por simpatas polticas. Cualquier seleccin, pues, sera injusta por lo que dejara al margen. pero este lector se ha sentido especialmente conmovido o -no excluyente- interesado por las aproximaciones a la obra de Hugh MacDiarmid (pp. 73-76), Laurie Lee (pp. 92-97), Hemingway (pp. 180-187), Langston Hughes (pp. 194-198), Koestler (pp. 228-235), Mikhail Koltsov (pp. 247-252), Neruda (pp. 261-269), Paz (pp. 289-295) o Csar Vallejo (pp. 305-311), sin olvidar la cuidada seleccin fotogrfica de las pginas 129-144. Adems de lo dicho, hay dos principalsimas virtudes en este ensayo poltico-literario (o mejor, de crtica literaria situada en contexto) de Niall
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Binns: la breve pero hermossima seleccin de textos que acompaan su exposicin y el lenguaje, el maravilloso castellano en el que est escrita La llamada de Espaa: todo l es un regalo. Por ello, con Cernuda, y con admiracin similar, cabe decir: Gracias, compaero gracias por el ejemplo.
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2. Una aproximacin a los intentos de legitimacin poltica del franquismo. Carme Molinero, La captacin de las masas. Poltica social y propaganda en el rgimen franquista. Ctedra, Madrid, 2005, 223 pginas.
Carme Molinero, una de las ms importantes historiadoras del perodo franquista y de la cultura del antifranquismo, emprende con este breve pero sustantivo ensayo una aproximacin a la otra cara, la supuestamente ms amable del rgimen franquista. El estudio, como seala su autora en la conclusin, tiene como objetivo contribuir a una mejor caracterizacin del rgimen franquista: la represin y el control social fueron siempre la mdula de la dictadura pero el franquismo no fue nunca una dictadura militar tradicionalista (p. 20) Que el franquismo asesin masivamente, que tortur sin piedad, que neg libertades esenciales de toda laya, que constituy el marco poltico en el que las clases privilegiadas de siempre (centrales o perifricas, con o sin contradicciones entre ellas) camparon a sus anchas, que protegi y fue protegido por una jerarqua catlico-escolstica que pase al dictador bajo palio, que dej de practicar la compasin y que nunca ha pedido disculpas por su ayuda y justificacin, es de sobras conocido y apenas discutido sino por historiadores revisionistas que quieren situar, para justificar, el origen de todos los males en la revolucin obrera de Asturias del 34, criminalmente reprimida por el Ejrcito espaol, con la Repblica vigente, desde luego, en manos de la derecha, pero el franquismo, al igual que otros regmenes fascistas, se desarroll tambin con una retrica populista, con frecuencia antiburguesa, que pretendi y consigui penetrar parcialmente en sectores de las mismas poblaciones a las que persigui y explot sin miramientos. Como rgimen poltico, como todo marco poltico clasista, el franquismo adquiri hegemona gracias a los inolvidables servicios de individuos como los hermanos Creix, el seor Arias Navarro, el ex-embajador o ministro de Turismo Fraga o el almirante Carrero Blanco (considerado hoy vctima del terrorismo), sino tambin mediante un discurso marcadamente populista y supuestas realizaciones sociales. En opinin de Molinero, los historiadores an no han dedicado suficiente atencin al discurso social del rgimen, en especial a la importancia del discurso en torno a la Justicia social en la imagen pblica que el rgimen quera proyectar de s mismo (p. 12) y que le permita diferenciarse de otros regmenes conservadores. Todo ello, historiogrficamente, puede permitir una caracterizacin ms exacta del rgimen a la que vez que permite avanzar en la comparacin de la dictadura franquista con otros regmenes dictatoriales como el portugus, el alemn, el italiano o la Grecia de los coroneles.
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El libro de Molinero est estructurado en tres captulos. El primero, que sita el marco poltico general, trata del discurso de la poltica social, relacionado con el reforzamiento de la idea de comunidad nacional. Seala aqu la autora que si bien en la propaganda del rgimen se negaba la existencia factual de la clase obrera, mero invento de la propaganda comunista-masnica, el rgimen se comport teniendo en cuenta siempre que los trabajadores respondan a experiencias e intereses especficos. El franquismo conjug una determinada acepcin de justicia social con un concepto ntido de disciplina social. Ejemplo paradigmtico de esta combinacin, segn la autora: la visita de Franco a la Barcelona de 1942. El segundo captulo del ensayo est dedicado a los principales gestores de esta poltica social, a los instrumentos que la canalizaron durante el franquismo: el Ministerio del Trabajo (y en su cabeza, el inefable Girn de Velasco y su intento de relacin directa con las masas espaolas); la Organizacin Sindical espaola, el denominado sindicato vertical, superador de la lucha de clases y de los sindicatos clasistas; la Obra Sindical del Hogar y la Seccin femenina de la Falange que tambin fue un instrumento til para que el estado llegara a puntos recnditos del territorio peninsular y para penetrar en el mbito ms ntimo de algunos individuos, como es el hogar (p. 15). El tercer y ltimo captulo est dedicado a analizar el impacto que tuvo esa poltica en la poblacin a la que iba dirigida. En opinin de la autora, el franquismo fue capaz de desarticular la sociedad civil a travs de la poltica de exterminio realizada durante la guerra y la inmediata postguerra, pero no pudo penetrar significativamente en el tejido social. En este captulo la autora seala los factores fundamentales que explican los lmites del consenso obtenidos por el rgimen franquista en la primera mitad de su existencia. En la conclusin de su estudio, Molinero seala que el franquismo no fue nunca un rgimen dictatorial tradicionalista: despus del golpe militar, aniquilado el inesperado, por casi impensable, movimiento de resistencia obrera y popular, los golpistas tuvieron que buscar una visin moderna del Estado: supuestamente ellos nunca quisieron mirar hacia atrs, su objetivo, decan, no era volver a la Espaa anterior al 14 de abril. No es necesario sealar que su inspiracin, en sus primeros aos de existencia, estuvo centrada en los regmenes fascistas italiano y alemn. Algunos de los puntos bsicos de la ideologa del franquismo que seala y destaca la autora: 1. Ni liberalismo ni marxismo, aunque sin duda los liberales y marxistas-comunistas no fueron tratados de igual manera por las instituciones de control del rgimen. 2. Su accin poltica estuvo presidida por las ideas de unidad no solo patritica sino comunitaria, de superacin de la lucha de clases, la disciplina y la jerarqua sociales. 3. La poltica social fue un elemento central del discurso poltico: desde diversas instancias el
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rgimen se revisti de un manto de Estado asistencial. No hay duda que para jornaleros, para campesinos que huan de la miseria y del caciquismo ms atroz, las infames condiciones de vida de los suburbios de las grandes ciudades espaolas pudieron representar una mejora social, cultural, y una mayor esperanza para sus hijos e hijas. No era posible entonces la comparacin con las conquistas sociales de los trabajadores europeos de la poca: Europa tena una frontera natural, e incluso informativa, en los Pirineos. Ello tambin puede explicar la idealizacin que para muchos trabajadores represent la Unin Sovitica. El padre del que suscribe, exjornalero y trabajador de la construccin sin cualificar, escuchaba las informaciones radiofnicas despotricando siempre contra Franco y dando vivas a la Unin Sovitica de Lenin y Stalin de la que haba odo hablar durante una guerra en la que su hermano haba fallecido en la batalla del Ebro y de la que se deca, l lo deca con orgullo, que era la patria de los trabajadores. Constituy, pues, el rgimen un polo de atraccin para capas desfavorecidas de la poblacin? En opinin de Molinero, el rechazo existente entre una parte de la poblacin no desapareci y el rgimen slo consigui la colaboracin distante de otra parte (p. 213). Las dursimas condiciones de vida a las que tuvo que enfrentarse durante varios decenios sectores mayoritarios de la ciudadana dificultaron sin duda una mayor aceptacin del franquismo. Es discutible, sin embargo, que como seala la autora, los cambios que tuvieron lugar a partir de la dcada de los 60 se produjeron a pesar del rgimen franquista, pues la liberalizacin econmica no fue una opcin libre del rgimen, sino una medida imprescindible de supervivencia poltica. Es posible que la victoria de los tecncratas opusdestas sobre los falangistas en la dcada de los cincuenta no fuera sino una forma inteligente de seguir el mismo camino con varias ms modernizadas. De hecho, eso es lo que ocurri durante casi dos dcadas. Creer, como algunos han sostenido (no digo que la autora lo sostenga), que su apuesta por la modernizacin econmica era una forma de horadar lentamente el Rgimen desde dentro es una de las fabulaciones ms increbles que estn acundose como verdades histricas. En opinin de Molinero, fue el discurso y las organizaciones falangistas los que convirtieron al rgimen en algo peculiar dentro de los sistemas polticos europeos posteriores a 1945, aunque acabada la guerra mundial el franquismo logr sobrevivir durante 30 aos olvidndose de la mayora de las quimeras que haba sostenido durante su primera dcada de existencia.
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3. Unas memorias, una presentacin y un curioso prlogo. Miguel Nez, La revolucin y el deseo. Memorias, Ediciones Pennsula, Barcelona 2002, 367 pginas. Prlogo de Manuel Vzquez Montalbn y de Luis Goytisolo. Edicin de Elena Garca Snchez
Me atrevo a sugerir la lectura de La revolucin y el deseo (o, si se prefiere, el deseo de revolucin) por los dos anexos finales. En el primero de ellos, Nez ha recogido su intervencin en el acto de presentacin de Asalto a los cielos, de Irene Falcn, la colaboradora -que no secretaria, como apunta Nez- de Dolores Ibrruri. Aqu, el autor sintetiza sus actuales posiciones polticas bsicas: denuncia sentida dolorosamente de las miserias, dureza y comportamientos poco compasivos, y no siempre comprensibles, del comunismo hispnico e internacional, vindicacin de los principios bsicos ilustrados, no sectarios y anticapitalistas de la tradicin enrojecida y llamamiento explcito a la actitud crtica, permanente y antiservil como atributo esencial de la militancia en todos los contextos e instituciones, incluida las propias en primer lugar. Dado que la narracin no es lineal, el breve y til anexo II que ha trazado la editora -dudo que la admirable modestia de Nez le haya permitido esta nota-, donde se ha dibujado cronolgica y sucintamente los principales avatares poltico-histricos del autor, es de ayuda inestimable para seguir cmodamente lo narrado. Nacido en 1920, Nez Gonzlez combati en la guerra civil (quinta del bibern), se afili al Partido Comunista de Espaa (mejor en Espaa), fue responsable poltico de la organizacin guerrillera del partido y, en la clandestinidad, fue uno, entre pocos ms, de los artfices de la reconstruccin del PSU de Catalunya (mucho mejor: en Catalunya). En medio, condena en las prisiones de Atocha (prisin convento), Yeseras, Ocaa, Aranjuez, Prisin Celular (Modelo (!)) de Barcelona y, finalmente, desde 1959 hasta 1967, en la prisin central de Burgos de cuyo comit de prisin form parte. En total, unos 14 aos de crcel (la sexta parte, hasta ahora, de una vida que sigue activa, muy activa), con torturas y comportamiento ejemplar y modlico para generaciones de comunistas y prximos. Sabido esto, recordar que no hay intencin alguna de concelebrar comunitariamente, como fiesta de la ciudadana democrtica, el da del combatiente antifranquista, y que esa merecida jornada pueda ser el 14 de abril o el 16 de febrero, por ejemplo, y, que en cambio, el da en que un Papa, Po XI (por cierto, tan reaccionario como su siguiente nominal), edit una bula en la que declaraba, por dogma acrtico de fe, libre de pecado original a la esposa del carpintero Jos, sea, en cambio, fiesta de obligado e inamovible cumplimiento en un Estado laico, es
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prueba apodctica, y casi inapelable, no slo de una injusticia alfica sino de una curiosa, aunque no nica, aportacin hispnica a la barbarie civilizatoria. La revolucin y el deseo (RD) est estructurado en siete apartados: 1. Races (infancia y juventud de Nez); 2. La guerra civil; 3. La victoria franquista (con especial atencin a la represin inmediata a la guerra); 4. Las crceles; V. La resistencia a la dictadura; VI. La legalizacin y VII. La cooperacin solidaria: 1982-2002. Los recuerdos, como se sabe, suelen transcurrir por escenarios subjetivos y no exhaustivos y, como ya apunt Borges, la memoria humana no suele acuar moneda alguna, ni la propia. Por ello, se pueden encontrar algunos extraos olvidos (o incluso erratas) en estas memorias y se puede discrepar de algunas de las consideraciones de Nez. As, por ejemplo, apenas hay noticias sobre lo que los comunistas sefaradianos (y afines) pensaron sobre las invasiones de Hungra y Praga o sobre el mayo parisino, las varias crisis internas del PCE-PSUC son descritas con excesiva cautela (por ejemplo, la de Claudn, Semprn y Vicens), la posicin poltica del autor es discutible, y muy concreta, en algunos puntos (por ejemplo, cuando se refiere a lo acontecido en el V Congreso del PSUC o al supuesto intento de superacin de las diferencias en el VI), su percepcin de la transicin poltica es sin duda singular (Poda hacer sido el cambio de otra forma? Quizs no..., p. 324); lo apuntado sobre la actuacin del PSUC en el caso de Puig Antich es conjetural, con riesgo de alta tensin; no hay apenas noticias (aparte de lo apuntado en el anexo I) de lo que signific la desintegracin de la URSS y la cada del muro, pero, por una parte, justo es reconocer que de todo no se puede hablar y, por otra, que algunos otros pasos compensan con creces posibles desacuerdos. Por ejemplo, lo sealado sobre Fraga y el 23-F (p.336), su aproximacin a Miguel Hernndez (pp.146147), pero, sobre todo y especialmente, el pulso irnico, veraz y sabiamente modesto con que Nez narra sus propias e impresionantes vicisitudes derrumban cualquier arista crtica o discordante. Donde algunos hubieran filmado, a cmara impdicamente lenta, con plano fijo y Rquiem de Mozart para impresionar al lector, l ha tenido la gentileza de hacerlo con la rapidez, la irona y, en ocasiones, rabia contenida del Wilder de Primera plana. El lector debera agradecer su eleccin, aunque, como suele ocurrir, uno pueda extralimitarse en alguna escena. RD, en sntesis, puede ayudar y ayuda a la construccin de la permanentemente revisable (que no revisionista) verdad histrica sobre nuestro pasado prximo. Si como Machado peda, y Montalbn recuerda, lo que importa es buscar la verdad, no la de cada uno, no se ve como conseguir aqulla sino es a partir de las subjetividades parcialmente veraces y sopesadas de cada uno. En contra de lo que suele ocurrir con los prlogos de ocasin, las pginas de presentacin de Vzquez Montalbn (Nosotros los comunistas,
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pp.9-22) merecen lectura atenta y producen efectos gratificantes, con aguda reflexin sobre el voluntarismo de los combatientes antifranquistas y el perverso cuento de una transicin inspirada por un rey bueno y ejecutada por un valido sagaz. A este prlogo, se aade, digmoslo as, una breve nota de Luis Goytisolo (pp.23-24). El deseo de que una revolucin adrenalnica no altere las constantes vitales de lector me empuja a aconsejarles, sin atisbo alguna de censura, que, llana y simplemente, se lo salten. Si obran as se evitarn chocar (inelsticamente) con pasos tan sutiles como los siguientes: a) qu hubiera pasado en Espaa si, por haber discurrido las cosas exactamente al revs de como discurrieron, el PC hubiera llegado al poder?... al menos durante los aos que yo recuerdo -la segunda mitad del franquismo-, nadie en Espaa, salvo la direccin del Partido Comunista y la Direccin General de Seguridad [sic. algo as como la direccin de la gestapo o de la Dina chilena], crea que eso fue posible. Y los apoyos que hallaba el Partido Comunista se basaban en ese supuesto () (probablemente Goytisolo (Luis) generaliza aqu lo que acaso es propia y exclusiva percepcin), y b) (...) Pondr algunos ejemplos relacionados con personas y hechos que tambin yo he conocido. As, la imagen que ofrece de Manuel Sacristn, persona de trato difcil en la medida en que su inflexibilidad ideolgica iba unida a una preocupante ausencia de sentido de la realidad. Mejor juicio le merecemos los universitarios de la poca, y en especial Octavi Pellissa, con su irona socrtica, en el polo opuesto de Sacristn... El ataque de inmodestia apenas es un grano de sal si se compara con la indelicadsima oposicin Pellissa-Sacristn y con la absoluta contradiccin de lo apuntado y los pasos que Nez dedica a Sacristn (pp.256-257) que ni siquiera un deconstruccionista derridiano de ltima hornada podra leer de forma consistente con lo sealado por el prologuista: lo que el seor acadmico comenta de Sacristn es de cosecha propia, en absoluto atribuible a Nez. En sntesis y con nimo agotado: el admirado autor de Antgona y de Teora del conocimiento no tuvo su tarde-noche al escribir este nota. O tal vez s?
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4. Singular escritura y no menos curiosa reflexin Arnau Puig, Dau al set, una filosofa de la existencia. Barcelona, Flor del viento 2003, 221 pginas.
En la contraportada de Dau al set, una filosofa de la existencia (D7) se nos indica que estamos frente a un libro esencial para entender el espritu y las aportaciones del grupo Dau al set. Su autor, Arnau Puig, es sin duda persona adecuada para emprender una tarea de tanto inters e injustamente tan poco cultivada. Fue creador y fundador de Algol (1946) y Dau al set (1948) y fue becado posteriormente por el gobierno francs para estudiar Filosofa de la Ciencia en la Sorbonne y preparar un doctorado de Estado sobre sociologa del conocimiento. Ha sido, ms tarde, profesor en la Universidad Central y en la Autnoma de Barcelona y de historia del arte y semitica en las Escuelas de Artes y Oficios y finalmente catedrtico de Esttica y profesor emrito de la Universidad Politcnica de Barcelona. Ms que frente a un relato estrictamente biogrfico o a una reflexin sobre el interesante y poco estudiado grupo barcelons de los cincuenta, entre cuyos miembros cabe citar a Joan Brossa, Modest Cuixart, Joan Pon o a Antoni Tpies, estamos frente a una aproximacin densamente poblada de reflexiones y testimonios filosficos, cuyo estilo est probablemente influido -contagiado incluso- por la estancia de Puig en tierras parisinas. sta es quizs una de las razones que dan cuentan de algunas formas de decir, sin duda peculiares, de este Dau al set. Cabe ilustrarlo con algunos ejemplos: 1. El autor presenta una curiosa narracin sobre el principio de incertidumbre de Heisenberg -que l llama principio de indeterminacin de Schrdinger- en los siguientes trminos: cuando intervenimos en algo en aquella misma medida condicionamos, alteramos, aquello que tomamos en consideracin. Lo que estudiamos, aquello sobre lo que vamos a tratar, al proceder a ello, le damos ya nuestra naturaleza, sindonos imposible saber cul pueda ser la suya real (p. 55). Ms all de la extraa sintaxis del fragmento, probablemente la tesis sealada sea correcta (o tal vez no), pero sin duda est lejos de ser una formulacin ortodoxa o aceptable del principio cuntico y mucho ms cerca de ser una estricta y algo alegre especulacin o acaso metfora filosfica que toma al principio supuestamente como base. 2. Al acercarse a la revista Dau al set, Puig da cuenta de un artculo, publicado en uno de sus primeros nmeros, dedicado a reflexionar sobre lo espacios inmateriales. Se consigue delimitar estos mbitos, seala, mediante los signos de las matemticas, como es el caso de p, que muestra la relacin entre radio y circunferencia. Como es bien sabido, p es la relacin entre el dimetro, no el radio, y la longitud de la circunferencia, y no s si ayuda a algo apuntar, como hace Puig, que este nmero es inconmensurable, es
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decir, no se le pueda alcanzar nunca exactamente, como sucede con las personas, con los individuos(p. 67). No hay aqu demasiada filosofa matematizada de la existencia, demasiada metfora insustancial en muy pocas lneas? 3. Puig sita a Francesc Vicens, en el inicio de los aos sesenta, fuera del la rbita del PSUC en algn partido hermano (p. 121) pero anda errado en esta apreciacin sin duda lateral. Vicens era entonces un exiliado poltico, miembro activo de la direccin ejecutiva del PSU de Catalunya. 4. Puig seala que Manuel Sacristn fue un caso ejemplar de cmo las personas organizan su estar en el mundo conforme a sus intereses, desplazando despiadadamente (sic), con el olvido si fuera el caso, a la persona que les incomoda, al margen de los principios o de las ideologas que fueran... (p. 120). Si ese clculo despiadado fuera verosmil, hay que sealar que no hay apenas ejemplos en la historia reciente de mayor torpeza existencial sobre clculo de intereses propios y realidad vital. Su comentario posterior de que en las discusiones con Sacristn ste delimit la tarea intelectual de Puig al campo de la epistemologa, quedndose l en cambio con la epistemologa filosfica, plantea problemas netos de comprensin. Qu linea de demarcacin establece Puig entre la epistemologa cientfica y la filosfica? Cultiv alguna vez Sacristn alguna lnea epistemolgica adversa o distanciada del saber cientfico? Cmo se consigue situar a alguien que no es ayudante, subordinado o similar en un determinado mbito en contra de su deseo? Algo ms adelante, Puig se refiere a la evolucin poltico-filosfica de Sacristn en los trminos siguientes: (...) era posible pasar del heideggerianismo al comunismo, como el mismo Heidegger pas de su filosofa ontolgica al nazismo (p. 124). Innecesario es sealar que algunas formas de decir ms de lo que dicen hablan del que dice. 5. Algunos pasos de D7 muestran que la modestia no es una virtud que Puig cultive hora tras hora, tal vez en sintona con un Nietzsche al que refiere con admiracin ilimitada en repetidas ocasiones. Por ejemplo, al dar cuenta de su participacin en la redaccin de Revista seala que Estas personas me tomaban por mis cualidades y porque haba vivido en Pars, adems de porque en el hablar siempre (sic) demostraba conocimientos y creatividad (p.135). Vivir Pars es garanta inapelable?. 6. Puig nos recuerda, como nota de una reflexin gnoseolgica sobre informacin y teoras, cmo Kepler pudo formular sus leyes mecnicas del espacio gracias a la dispersin y escasez de informacin que posea (p. 50). Tycho Brahe, por el contrario, lleno de datos e informacin se perda al entramar sus clculos: siempre le faltaba alguna cosa para encajar en sus conjeturas. Puig parece no recordar que Kepler fue ayudante de Brahe, que los numerosos y sistemticos datos observacionales de este ltimo fueron decisivos para sus tres leyes y su misma cosmovisin y que el mismo Brahe
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construy un sistema del mundo, el ticnico, sntesis del copernicano y del ptolemaico, por lo que parece que al final los datos, su exceso de informacin, tuvieron cierta consistencia e importancia. Algunas de las fotografas que acompaan a la narracin en las pginas centrales -entre la 128 y la 129-, son significativas e ilustrativas. Otras algo menos. Por ejemplo, una montada probablemente para la ocasin del mismo Arnau Puig, o su consejero fotogrfico, que lleva el siguiente encabezamiento. El autor reflexionando: se dice a s mismo, o dice acerca de lo dems?. Queremos pensar que el miembro de Dau al set es ajeno a una inclusin tan problemtica. Joan Brossa y Manuel Sacristn son las dos personas ms citadas a lo largo de las pginas de D7. Incluso ms de Heidegger o Mir. La positiva aproximacin al primero no se corresponde con la negativsima reflexin sobre el segundo, de la misma forma que la justicia del primer acercamiento es netamente opuesta a la injusticia de la segunda consideracin. Lucha de opuestos? Dialctica de los contrarios? Todo lo dicho por Puig en la pgina 136 sobre Sacristn y la contestacin radical debera pasar, desde mi punto de vista, a la antologa universal del disparate sin sentido. Reflexin lateral, pero probablemente no insustancial, es preguntarse las razones de esta nueva tosquedad intelectual y su resultado final. Qu filosofa de la existencia permite afirmaciones poco equilibradas, injustas en ocasiones y posiblemente tan resentidas?
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5. Espaa como inmensa prisin J. Sobrequs, C. Molinero, M. Sala (eds), Los campos de concentracin y el mundo penitenciario en Espaa durante la guerra civil y el franquismo, Crtica-Museu dHistria de Catalunya, Barcelona, 2003, 1.098 pginas. C. Molinero, M. Sala y J. Sobrequs (eds), Una inmensa prisin. Los campos de concentracin y las prisiones durante la guerra civil y el franquismo, Crtica, Barcelona, 2003, prlogo de Josep Fontana, 358 pginas. Margarita Sala (coordinacin), Catlogo de la exposicin Las prisiones de Franco. Museu dHistria de Catalunya-Generalitat de Catalunya. Barcelona, 2003-.2004, 344 pginas. David Ginard i Fron, Matilde Landa. De la Institucin Libre de Enseanza a las prisiones franquistas. Flor del Viento, Barcelona, 2005, 294 pginas.
No fue tarea difcil. El responsable de la imagen grfica de la exposicin Las prisiones de Franco, Pere Canals, persuadi sin esfuerzo al resto de organizadores para que el cartel de informacin sobre esta inolvidable exposicin deba adecuarse, sin encubrimientos o temores a daar sensibilidades oficiales, con lo que se iba a mostrar (y a denunciar): el cartel anunciador escogido fue entonces la imagen del cuerpo torturado de Francisco, de Paco Tllez, un admirable luchador antifranquista, comunista del PSUC (y hoy militante del PSUC-viu y de EUiA). Y esa imagen, la fotografa de un cuerpo desecho, quemado, torturado, violentado, lleno de hematomas, sondado, que a tantos jvenes impresion en el ao de la muerte de Franco, es la que abre el catlogo de una de las exposiciones ms brillantes que se han podido ver en Barcelona en los ltimos aos, en el Museu dHistria de Catalunya, desde el 27 de noviembre de 2003 hasta el 12 de abril de 2004. Que esta exposicin no se haya podido trasladar a otros lugares del pas es prueba casi irrefutable de desatino, de la omnipotencia poco mediada y nada exquisita de la derecha continuadora del franquismo (y de sus intelectuales inorgnicos), acaso de la falta de coraje de muchos, de la cultivada visin sesgada del pasado o, simplemente, de la falta de reconocimiento de la labor bien hecha por motivos polticos poco confesables. Sea como sea, no hay que perder la esperanza de que
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colectivos ciudadanos vindiquen para un futuro prximo la reorganizacin de esta exposicin y su presencia en ciudades como Madrid, Zaragoza Sevilla, Bilbao, Valencia, o cualquier lugar de esa inmensa prisin que fue lo que hoy llamamos Espaa (comunidades autnomas no excluidas). Seguro que en su vindicacin cuenta con el apoyo entusiasta del comit cientfico, del comit organizador y de Margarida Sala, alma, cuerpo, espritu y magnfica gua del proyecto. El cartel anunciador al que antes me refera abre precisamente el catlogo de la exposicin (en cataln, castellano e ingls) que esta vez s en un libro que ayuda, instruye, y cuyo contenido fotogrfico es no slo magnfico sino imprescindible. A retener, entre otros, los textos de Manel Risques, Ricard Vinyes, Angela Cenarro y Santiago Vega, as como la presentacin, cartas y fotografas en el apartado dedicado a Matilde Landa. De hecho, la misma exposicin estuvo enmarcada y fue resultado de un encuentro anterior celebrado tambin en Barcelona entre el 21 y el 23 de octubre de 2002 y que dio origen a la publicacin de un gran ensayo -por su importancia y por el nmero de pginas- que tuvo como tema de estudio y anlisis Los campos de concentracin y el mundo penitenciario en Espaa durante la guerra civil y el franquismo. De este enorme volumen, que se convertir, que se ha convertido en un clsico indiscutible del tema, se edit posteriormente en Crtica un ensayo con el ttulo Una inmensa prisin. Los campos de concentracin y las prisiones durante la guerra civil y el franquismo, que recoga las ponencias y algunas de las comunicaciones presentadas en estas jornadas. Josep Fontana recuerda en su sustantivo prlogo un dato que no debera olvidarse: una cifra dada por una fuente gubernamental a un corresponsal estadounidense habla de 192.684 ejecuciones entre 1939 y 1944, en los cinco aos que siguieron al trmino de la guerra (p. xiii). El mismsimo Ciano, ministro de Asuntos Exteriores del gobierno fascista de Mussolini, se escandalizaba, durante una visita a nuestro pas en julio de 1939, por el gran nmero de ejecuciones que se seguan produciendo y sostena que los encarcelados no eran prisioneros de guerra sino esclavos de guerra. Esa fue la autntica naturaleza espiritual bendecida del franquismo. Los campos de concentracin y el mundo penitenciario en Espaa durante la guerra civil y el franquismo se estructura en cuatro grandes secciones: 1. Los campos de concentracin europeos. Modelos comparativos. 2. Los campos de concentracin durante la guerra civl y el franquismo. 3. Las prisiones franquistas. 4. Fuentes documentales. A la introduccin de Jaume Sobrequs, se suman el excelente prefacio de Carme Molinero, la leccin inaugural impartida por Michel Leiberich sobre El mundo concentracionario europeo y la leccin de clausura impartida por Nicols Snchez-Albornoz: Cuelgamuros: presos polticos para un mausoleo. Deberamos fijar la mirada sobre las fotografas y comentarios que cierran el texto de Snchez204
Albornoz, miembro de la Federacin Universitaria Escolar, que cumpli condena en el destacamento penal del Monasterio en Cuelgamuros. El autor, uno de los cuatro presos polticos supervivientes que trabajaron en Cuelgamuros, seala la sorpresa de un documentalista francs porque en las guas oficiales y los folletos descriptivos distribuidos en pleno siglo XXI, en un pas que inici su transicin poltica hace 30 aos, se segua repitiendo la cantinela franquista sobre el valle de los Cados y sobre el abyecto husped principal de la cripta. Nunca se menciona, ni mencionan los guas, que los presos polticos levantaron el monumento, ni Patrimonio Nacional, bajo cuya autoridad se encuentra el conjunto, venda en su quiosco, por ejemplo, el ensayo de Daniel Sueiro sobre la Verdadera historia del Valle de los Cados. Nada puede objetarse al contenido de Los campos de concentracin y el mundo penitenciario en Espaa durante la guerra civil y el franquismo. Acaso que el volumen es tan enorme que el mismo peso dificulta su manejo a ciudadanos sin constitucin atltica. Newton ya advirti sobre las consecuencias de la ley de la gravitacin. El lector puede encontrar en la tercera seccin, aproximaciones a Marcos Ana, a Rafael Prez Contel, a las treces Rosas, a la actitud de la nunca suficientemente amada y admirada Iglesia catlica ante la represin ejercida por el rgimen de Franco, a la vida en las prisiones y, como regalo final, una inolvidable comunicacin de David Ginard i Fron que lleva por ttulo Matilde Landa i la pres de les dones de Palma. Esta ltima comunicacin ya anunciaba algo grande y lo que ha venido despus confirma todas las expectativas. El ensayo de Ginard i Fron, como ya lo fuera su magnfico trabajo dedicado a Heriberto Quiones sobre el que ya se llam la atencin en estas pginas del topo, no slo es magnfico sino que es imprescindible. Es, en mi opinin, uno de los textos ms documentados, ajustados, equilibrados, que uno ha podido leer en estos ltimos tiempos, cuyo indudable rigor histrico no es mayor que su fuerza literaria. Ginard escribe impecablemente bien lo que estudia tenazmente. Y con respeto. No es para menos: Matilde Landa Vaz, militante del PCE durante la Repblica y la guerra civil, fue encargada tras la victoria fascista de reconstruir el partido en Madrid. Detenida, encarcelada, tuvo un papel central en la estructuracin de la resistencia en las prisiones de mujeres. Presionada por las autoridades franquistas (y afines) para que renunciara de su ideario y abrazara la fe catlica, se quit la vida en la crcel de Mallorca en 1942, a los 38 aos de edad. Son de lectura imprescindible las 29 cartas dirigidas por Matilde Landa a Carmen Lpez Landa, su hija, entre 6 de junio de 1937 y abril de 1941 aqu recogidas en las pginas 218-247. Apenas nada crtico puede decirse sobre el ms que magnfico ensayo de Ginard, pero para evitar una apologa entregada, acaso quepa sealar: a) algn uso del trmino ejecucin debera haberse evitado y sustituido por asesinato; b) en la contraportada, acaso no atribuible a Ginard, hay, en mi
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opinin, crticas a actuaciones del PCE y de su direccin que ayudan a cultivar la imagen tpica e injusta que se tiene del partido, y c) la acumulacin de datos, las fuentes, las referencias, los impecables desarrollos laterales, son tales que en ocasiones, nada infrecuentes, las notas del ensayo adquieren mucho ms cuerpo que el texto central. Acaso hubiera sido adecuado, y pensando en nuevas reediciones no es un consejo intil, haber separado las notas en dos clases disjuntas: a) las aclaratorias o complementarias, a pie de pgina, y b) las relativas a fuentes, referencias bibliogrficas y discusiones historiogrficas, situadas al final del volumen. Tmese ello, por favor, como un grano de sal que no pretende quitar valor alguno a un inmenso y admirable trabajo que anuncia que el PCE y su historia estn de racha: tiene en el joven historiador mallorqun (y en otro joven historiador italiano afincado en Barcelona, Giaime Pala) un cientfico sensible empeado en la inmensa tarea de dar cuenta de una historia, con sombras sin duda, pero con inmensas luces y con admirables actuaciones. Gracias, compaero, gracias. PS: Si no ando errado, las hijas de la Caridad -orden religiosa que gobern con mano de hierro y sangre las antiguas crceles de mujeres durante el XIX y comienzos del XX, y que fueron expulsadas en 1931 por la primera mujer directora general de prisiones,Victoria Kent, hasta que el dictador golpista Franco volvi a recurrir a ellas como carceleras- fue la orden que dirigi en tiempos de posguerra las crceles de Palma, Les Corts, Mlaga o Valencia. Matilde Landa estuvo, pues, en sus dominios indiscutidos. Pues, bien, paradojas de la vida y de la historia: el Premio Prncipe de Asturias de la Concordia de 2005 ha sido concedido a esta orden que, segn el cronista oficial, destaca por su excepcional labor social y humanitaria en apoyo de los desfavorecidos en Espaa desde finales del siglo XVIII ! Fernando Hernndez Holgado se refera a ello indignado en una carta a El Pas de 17 de setiembre de 2005. Estos detalles y premios principescos, tendrn algo que ver con la celebracin -increble, impensable, inconcebible- en 2005 de los 30 aos de la subida al trono de Espaa, por designacin de la Jefatura y Cortes del Rgimen anterior, del actual Jefe de Estado? Es consistente, en alguno de los posibles sentidos del trmino, que detrs de la celebracin pueda estar un partido y un gobierno que se dice socialista, progresista, e instituciones de carcter democrtico? Insisto en el punto: no a los 30 aos de la aprobacin de la Constitucin monrquica sino a los 30 aos del nombramiento de Juan Carlos I tras la muerte del dictador Franco.
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Me condenaron a veinte aos de hasto por intentar cambiar el sistema desde dentro ahora vengo a desquitarme primero conquistaremos Manhattan despus conquistaremos Berln Leonard Cohen, First we take Manhattan
El capitalismo no ha necesitado grandes idelogos para imponer la lgica contable de la partida doble. El capitalismo trata de convertir a la naturaleza en capital monetario. Es la ms terrible, la ms insultante de las reducciones, con ello se olvida que en ltima instancia la riqueza de las naciones no viene del mercado, sino de los recursos naturales, las materias primas que, una vez elaboradas, ponemos en l. Sin embargo, somos tan arrogantes que olvidamos que todo el inmenso poder de las finanzas actuales que es capaz de enriquecer o arruinar a los pases no es suficiente ni para reconstruir la complejidad de una ameba. Antonio Valero y Jos Manuel Naredo (1999), Desarrollo econmico y deterioro ecolgico.
VII. Globalizacin
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1. En el corazn de las tinieblas. El lado oscuro de la globalizacin David Dusster, Esclavos modernos. Las vctimas de la globalizacin. Tendencias (Ediciones Urano), Barcelona, 2006, 206 pginas.
Benjamn Forcano recordaba recientemente unas palabras de Pere Casaldliga, reciente Premio Internacional de la Generalitat catalana: Creo que el capitalismo es intrnsecamente malo, porque es el egosmo socialmente institucionalizado, la idolatra pblica del lucro, el reconocimiento oficial de la explotacin del hombre, la esclavitud de muchos al yugo del inters y la prosperidad de los pocos. Esclavos modernos es, entre otras cosas, una detallada e informada ilustracin -unas de las muchas posibles- de esta consideracin del admirado sacerdote cataln (apodado el Che por cierto). El ensayo de Dusster se abre con el artculo 4 de la declaracin universal de los Derechos humanos: Nadie ser sometido a esclavitud ni a servidumbre. La esclavitud y la trata de esclavos estn prohibidas en todas sus formas (represe: en todas sus formas). De hecho, la esclavitud parece una lacra social de un lejano pasado, pero, como el mismo autor seala (p. 17) fue abolida en Brasil en 1888 y en Estados Unidos en 1865. Antes, durante los tres siglos siguientes a la colonizacin europea de Amrica, segn clculos de Anti-Slavery International, entre 12 y 28 millones de pobladores africanos fueron esclavizados y desembarcados en Amrica. Los 27.000 viajes de barcos negreros trasladaban a la ida los siervos encadenados (un 20% muri antes de llegar a puerto) y retornaban con materias primas, especias y recursos extrados de la tierra invadida. Abolida oficialmente en todos los continentes, pese a la persecucin legal perdura en nuestros das y como consecuencia de la globalizacin de la economa, de forma ms extendida y menos residual de lo que se pueda barruntar, agravada con nuevas formas de explotacin que horadan los derechos humanos ms bsicos (p. 25). Con un matiz muy importante, otro argumento emprico decisivo contra la actual forma de mundializacin del capitalismo (mundializacin que, por cierto, tal como ha sealado Eric Hobsbawn, cada da se parece ms al mundo que haba dibujado Marx en el Manifiesto Comunista): las formas extremas de abuso sexual, laboral, infantil, parecan hasta hace poco prcticas frecuentes en pases subdesarrollados, con regmenes dictatoriales, en territorios anclados en un pasado no superado, poco modernizados, con unas clases dominantes absolutamente retrgradas y un Imperio-metrpoli al acecho, etc, etc. En la actualidad, y sta en una las consideraciones centrales del trabajo de Dusster, los casos de explotacin y trata de personas afectan prcticamente a todos los pases del mundo (p. 25).
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Algunos ejemplos de esta situacin: el 70% de las prostitutas que ejercen en Espaa son de origen extranjero y las redes mafiosas que las controlan (pura o hdridamente espaolas muchas de ellas) se han multiplicado en el ltimo lustro (la prostitucin en Espaa es un negocio alegal que mueve anualmente unos 300 millones de euros, p. 159); trabajadores inmigrantes sin papeles, pagando alquileres a todas luces abusivos, comparten pisos de apenas 70 metros cuadrados con 15 compaeros ms; Michael Shelby, fiscal de Texas, ha reconocido pblicamente que entran cada ao en Estados Unidos unas 16.000 personas de forma forzada; si usamos el concepto de esclavitud como sinnimo o cercano al de servidumbre, unas 27 millones de personas en el mundo son obligadas actualmente a realizar trabajos no remunerados (si se incluyen trabajos serviles con sueldos muy precarios, la cifra se eleva a 200 millones, y recordemos que 2.000 millones subsisten con menos de 2 dlares diarios); la trata de personas representa una actividad ilegal que mueve 7.000 millones de dlares anuales, tiene ramificaciones en un centenar de pases e incorpora entre 600.000 y 800.000 personas cada ao (p. 29); en Payatas, cerca de Manila, y esto es slo un ejemplo entre otros muchos posibles, miles de nios y mujeres rastrean diariamente en un gigantesco vertedero, en una montaa humeante de 220.000 metros cuadrados de residuos slidos; Daisy, una trabajadora en la maquila hondurea de El Progreso, se levanta a las 4h30 de la madrugada y se acuesta a las 22h, despus de haber trabajado entre su casa y la fbrica unas 14 horas, seis das por semana, con un sueldo semanal que oscila entre 34 y 59 euros; jaulas con mujeres prostituidas con engaos en Kamatiphura; zonas del mundo convertidas en prostbulos para hombres occidentales (el 73% de los casi 16 millones de turistas britnicos que visitaron Tailandia entre 1980 y 1986 eran hombres; p. 129); 300.000 nios entre 5 y 14 aos que trabajan en el cinturn de las alfombras del norte de India (p. 164). Y as siguiendo. Seala Dusster que vivimos en un mundo implacable, en una poca de lamentaciones pblicas por los errores del pasado, de excusas por vergenzas histricas: Alemania siente el horror de los crmenes nazis; Juan Pablo II pidi perdn por la condena de Galileo,.. pero la cuestin esencial es que nuestro examen de conciencia raramente se extiende a un anlisis de las actitudes del presente: Sembramos desigualdad y explotacin sin preocuparnos de que, tal vez, nuestros descendientes debern, algn da, deplorar pblicamente los procesos actuales (p. 24). O ms cnicamente, sabiendo que tambin ellos tendrn que hacerlo pero que continuarn obrando con los mismos parmetros, sin importarles, una vez mas, que la noria de la Historia gire aplastando y machacando. Crueldad para el presente, mirada compasiva hacia el pasado. Dusster finaliza su recomendable ensayo sealando lo que est en juego. Est en juego el modelo de sociedad en que creemos. Est en juego pasar a la historia como
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una civilizacin que enterr los ideales de la Ilustracin para consolidar su bienestar, una cultura que admiti la barbarie porque sta no afect a la mayora, un modelo de convivencia que, a imagen y semejanza de la antigua Grecia, reserv su democracia para los elegidos y conden la esclavitud a los dems (p. 189). Los dems que, sin duda y aunque no importe, pueden estar muy prximos.
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2. Razonables propuestas para un turismo responsable Jordi Gascn y Ernest Caada, Viajar a todo tren. Turismo, desarrollo y sostenibilidad. Icaria (Ms Madera), Barcelona 2005, 159 pginas.
Viajar a todo tren, a toda velocidad, con coche propio o alquilado, con aviones de compaas de bajo precio, o de importe no tan ajustado, a territorios vecinos, prximos o remotos, se est convirtiendo, para amplios sectores sociales de los pases, digamos, desarrollados o, en supuestas vas de serlo, en una actividad nada marginal, que mueve una cantidad enorme de dinero y de recursos. Que esta actividad tenga algo que ver, aunque sea remotamente, con el placer, con el conocimiento, con la felicidad, con la aventura no acartonada, con el contacto interesado, modesto y atento con otras culturas, no es algo inmediato ni, que se sepa, demostrado en medida parcial o total. Es, cada vez ms, en sus aristas mayoritarias -que son las que cuentan para los que cuentan- una actividad comercial y de servicios que, como todo acto econmico en esta sociedad del Mercado-Rey, se convierte en una accin que pretende el mximo beneficio, en el mnimo tiempo, por procedimientos legtimos o no, y sin reparar en consecuencias sociales, culturales, estticas, en el respeto a las personas (sobre todo, las menos favorecidas) y al medio ambiente, que suele contar con la entusiasta colaboracin de algunos pobladores privilegiados o bien situados del territorio. Si una visin es capaz de resumir las consecuencias distpicas del turismo masivo y masificador, basta darse una vuelta (rpida: para evitar desolacin) por casi cualquier rincn del litoral cataln-valenciano para llenarse el alma de rabia ilimitada pero en absoluto gratuita. Qu tendr que ver ese horror paisajstico con la belleza, con el descanso, con el conocimiento de los otros! No hablemos ya de lo que eufemsticamente se denomina turismo sexual, esto es, prostitucin programada. Que algunas multinacionales, con nombres y apellidos y con enorme prestigio econmico y respeto en las grandes instancias, premien a sus ejecutivos o a sus cuadros medios exitosos, con viajes a determinadas zonas del sudeste asitico -o del Caribe, sin duda- cuyo objetivo bsico, cuando no nico, es la relacin sexual comprada con personas en situaciones prximas al abismo vital (y en manos de grupos de all o de aqu que les esclavizan sin piedad alguna), debera pasar a la historia universal de la infamia, del horror, de lo inadmisible, y al cuadro de sntomas alarmantes de unas sociedades enfermas que contagien enfermedades sin ningn pudor. Pues bien, a explicar este lado oscuro del turismo est dedicada la primera parte del libro de Jordi Gascn y Ernest Caada, autores ambos que estn en las mejores condiciones concebibles para abordar esta tarea: desde
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hace tiempo estn prctica y sensiblemente implicados en temas relacionados con los pases y ciudadanos del Tercer Mundo, con la cooperacin internacional solidaria -y no burocrticamente entendida- y han coordinado adems la Red para un Turismo Responsable, una plataforma creada por varias ONG catalanas. Gascn y Caada discuten, por ejemplo, algunos de los mitos asociados al turismo y a sus beneficiosos impactos socioeconmicos (pp. 11-29). As, partiendo de un estudio de A. Costa, sealan que en un anlisis realizado en unos 3.600 municipios espaoles de ms de 1.000 habitantes se demuestra que en aquellos lugares donde el turismo es un sector econmico primordial se incrementa su influencia sobre las entidades pblicas y obtiene un neto trato de favor en las polticas de gasto municipal: los gastos sociales por habitante se reducen de media casi 10 euros (y unos 7,5 los generales y los de vivienda) y, en cambio, se aumentaban en ms 3 euros los gastos dedicados a proteccin civil y a seguridad ciudadana, y en casi 13,5 los dedicados a bienestar comunitario. En los siguientes apartados, los autores dan cuentan de los impactos en la comunidad y en el grupo domstico; en la cultura de los pases visitados (as, la diversidad regional alimentaria tiende a disminuir en favor de los modelos occidentales tipo basura-rpidaMcDonalds) o, destacadamente, en el medio ambiente. Aqu, partiendo de un estudio del grupo de trabajo sobre el Clima, la Energa y el Trfico de la Asociacin Alemana para el Medio Ambiente y la Proteccin de la Naturaleza sealan que los viajeros en Europa deberan renunciar a volar tanto como fuera posible y movilizarse en tren o en autobs (pp. 53-54) y que, si se hacen viajes largos en avin, la estada mnima en el pas de recepcin debera ser de como mnimo de tres semanas. Todo est perdido? Nada puede hacerse? No: Gascn y Caada nos ofrecen en la segunda parte de su oportuno estudio (pp. 87-155) unas argumentadas reflexiones para configurar un turismo responsable que, como no poda de otro modo, debera ser el nico turismo admisible (sabido que lo otro es naufragio, explotacin, ilusin estpida y fealdad). En las conclusiones de su estudio, sealan algunas de las ideas centrales de su propuesta: 1. El turismo, como casi cualquier otro sector econmico, puede generar impactos altamente negativos o no, todo depende del modelo aplicado y de su gestin. Si bien, histricamente, ha provocado ms desventajas que ventajas en los sectores de poblacin ms vulnerables y en los ecosistemas. 2. El turismo es un espacio de conflicto social y, por tanto, la cuestin es entender esta dinmica de conflicto en los modelos de desarrollo turstico y en su gestin, y tener claro al lado de qu clases sociales queremos estar (p. 153). 3 Ello exige generar un movimiento social, con capacidad de incidencia, que lo transforme con criterios de sostenibilidad social, econmica, cultural y ecolgica. Turismo responsable ser, pues, aquel que genere un movimiento social a favor de un turismo
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sostenible, respetuoso, que denuncie impactos negativos y que se implique con los colectivos afectados. El Turismo comunitario, que tambin debe ser fortalecido, es el turismo de pequeo formato, establecido en zonas rurales y en el que la poblacin local, a travs de sus estructuras organizativas, ejerce un papel significativo en su control y gestin (p. 155). En sntesis: se trata, una vez ms, de no actuar como Reyes-despticos de un mundo que podemos comprar y maltratar a nuestro caprichoso antojo sin reparar en nada ni en nadie.
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3. Del comercio justo y del minicrdito: Quo vadis? Xavier Montagut y Esther Vivas (coords). Adnde va el comercio justo? Modelos y experiencias. Icaria, Barcelona, 2006, 130 pginas. ngel Font, Microcrditos. La rebelin de los bonsis. Reflexiones sobre el impacto de los microcrditos en la reduccin de la pobreza. Icaria, Barcelona, 110 pginas.
Estos dos nuevos ensayos de la coleccin de Icaria Ms Madera estn centrados en temas, con aristas polmicas, que son base y fundamento de movimientos sociales y ciudadanos de importancia creciente. El primero de ellos puede interpretarse como un intento de disolucin de una paradoja: Nestl, Dole, Mc Donalds, afirman que tienen productos de comercio justo; Carrefour, Alcampo y otras grandes superficies celebran semanas de comercio justo, y todo ello con certificaciones FLO, impulsadas por el sector mayoritario de la coordinadora movimiento. Pero, por otra parte, no son esas corporaciones los enemigos ms decididos contra cualquier concepcin razonable de la equidad en el comercio? El objetivo de Adnde va el comercio justo? Modelos y experiencias (que acaso sin pretenderlo puede leerse como una detallada respuesta a un trabajo de Albert Recio -Consumo responsable: una reflexin crtica-publicado en el nmero 99 de mientras tanto) es profundizar en el debate sobre la situacin del movimiento, dando cuenta de los retos a los que se enfrenta y los debates ms importantes que han surgido en su seno: opciones de certificacin y certificacin de productos, venta en productos grandes superficies, responsabilidad social corporativa, poltica de alianzas, criterios de distribucin. El ensayo coordinado por Montagut y Vives est estructurado en cuatro apartados, con diez breves artculos escritos por activistas del movimiento. El primer apartado, en el que centraremos nuestra resea, da cuenta de las demandas del comercio justo en Espaa. El segundo presenta las caractersticas del modelo de comercio justo defendido por los autores. El tercero presenta cuatro experiencias: Espanica (Espaa), Andines (Francia), UNORCA (Mxico) y Corporacin Talleres (Ecuador). En la ltima seccin se analizan las perspectivas de futuro que afronta el movimiento y en apndice se ofrece la declaracin de mayo de 2006 del Espacio por un Comercio Justo, una coordinadora de diecisiete organizaciones que se autodefine por su apoyo a las luchas de las organizaciones campesinas por la defensa de sus cultivos y formas tradicionales de produccin o por su concepcin del
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comercio internacional como complemento del local y no como motor descontrolado de desarrollo. La perspectiva en la que se sitan los autores que colaboran en el volumen es explicitada por los coordinadores del ensayo. Se apuesta aqu por un comercio justo que defienda el derecho a la soberana alimentaria, a la tierra, a las semillas, a producir y consumir libremente, comercio justo no slo Norte-Sur sino Sur-Sur y Norte-Norte, un movimiento [] que se opone a aquellos que promueven la globalizacin neoliberal y que trabaja en alianza con aquellas organizaciones y redes que la combaten (p. 8), un comercio justo que es definido por la equidad en los intercambios econmicos, [que] engloba a todos los trabajadores implicados en una red (productor, empaquetador, transportista, transformador, comerciantes al mayor y al menor cliente), todos ellos deben decidir sobre su vida econmica y vivir correctamente de su trabajo, respetando el equilibrio ecolgico, tanto si la red va de norte a sur, de este a oeste o en sentido contrario, de un vecino a otro (p. 47). Una polmica decisin de la coordinadora estatal espaola fue tomada en marzo de 2004: impulsar una iniciativa nacional del sello FLO (Faitrade Labelling Organizations) para certificar los productos de comercio justo con el siguiente resultado: 10 organizaciones votaron a favor, 7 en contra y 3 se abstuvieron. Las organizaciones crticas, que creen que el FLO pone por delante el incremento de las ventas a los principios del movimiento, crearon en febrero de 2006 el Espacio por un comercio justo, una coordinadora que aglutina a unas 30 tiendas del Estado y algunas importadoras y ONG con una visin integral del comercio justo y un discurso crtico con la venta de sus productos en las grandes superficies y la certificacin FLO (p. 16). Esther Vivas analiza en su contribucin los dos grandes polos de referencia en el movimiento: uno, que ella denomina tradicional y dominante (TD), que cuenta con un discurso social y polticamente dominante (p. 14) Intermn Oxfam, sera la organizacin lder de este sector- y otro, el global y alternativo (GA), que mantiene una visin integral tanto de la produccin como de la distribucin y venta final, y que establece alianzas con otros movimientos sociales crticos con la actual globalizacin de la codicia, si bien, admite Vivas, cuenta con un visibilidad ms reducida (p. 14). La Xarxa, la red de consumo solidario, sera la mayor de estas organizaciones pequeas. Vivas dibuja un informado cuadro -no construido aspticamente dado que la autora es parte destacada de su propio objeto de anlisis- de las principales diferencias entre una y otra tendencia (pgs. 2526). Cabe citar aqu algunas de las diferencias ms acusadas: respecto a la relacin con los productores del Sur, TD defiende una perspectiva basada en el Asistencialismo, transferencia monetaria Norte-Sur, perspectiva cuantitativa, mientras que el GA mantiene una posicin de alianza estratgica, solidaridad internacionalista, y perspectiva cualitativa; respecto
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al comercio internacional, TD apuesta por la liberacin comercial, la apertura de los mercados del Norte a los productos de los pases del Sur y por la reforma de la OMC, mientras que GA defiende la soberana alimentaria y descalliramiento de la OMC. Respecto a la Responsabilidad Social Corporativa, TD defiende alianzas con el mundo empresarial, como actor de transformacin social, mientras que el GA denuncia el marketing empresarial como instrumento de legitimacin de prcticas comerciales injustas. En sntesis, la posicin poltica defendida en el ensayo puede resumirse as: la lucha por un comercio justo no es un combate ilusorio por ganar de forma creciente espacios de mercado sino por construir experiencias alternativas, elementos de resistencia que para ser eficaces, e incluso para mantenerse, deben combinarse con una lucha general por otro mundo. Nuestro consumo es importante pero no debemos renunciar a nuestra condicin de ciudadanos y como tales buscar cambios en la esfera de la poltica producto de la accin colectiva (p. 119). El segundo libro nos acerca al movimiento de los microcrditos. Este sistema crediticio se basa en la concesin de pequeos prstamos a familias pobres que trabajan por cuenta propia, cuyo importe vara dependiendo del pas donde se otorga, con comparativamente- bajas tasas de inters y sin necesidad de un aval. La idea de desarroll en Bangladesh, pero ha prendido con fuerza en Amrica Latina y el Caribe, donde ha permitido, segn estadsticas cuya fuente no siempre es conocida, la formacin de unas 50 millones de microempresas que generan empleos y mejoran la distribucin de los ingresos de unas 110 millones de personas que viven de sus propios negocios. Segn AFP y Reuters, el Grameen Bank, el Banco Rural, ha entregado ms de 5.700 millones de dlares en pequeos prstamos a bengales pobres, proveyendo de un salvavidas a millones y de un modelo bancario a ms de 100 naciones que lo han imitado, desde Estados Unidos hasta Uganda. La mismsima senadora y candidata a la presidencia USA, Hillary Clinton, habla regularmente de su viaje a Bangladesh, donde se sinti "inspirada por el poder de estos prstamos que ayudan incluso a las mujeres ms pobres a iniciar negocios, permitiendo que sus familias -y sus comunidades- salgan de la pobreza". El neocon Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial, tambin se ha sumado al movimiento. Despus de visitar Andhra Pradesh (India), ha hablado del "poder transformador" del microfinanciamiento. Es sabido tambin que la esposa del actual rey de Espaa habla en trminos muy elogiosos de movimiento y del banquero Nobel (No hay que olvidar, sin embargo, que M. Yunus no ha sido el inventor, ni tampoco, segn parece, es su banco el que concede mayor nmero de microcrditos ni incluso el que lo hace mejor. Pero, sin duda, ha conseguido ser el microbanquero ms meditico). Economistas de izquierda han apuntado un argumento que no merece pasar desapercibido: el xito de la experiencia financiera de Yunus es la
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demostracin de que la economa puede funcionar sin que su nico incentivo sea el nimo de lucro, basndose en algn concepto atendible de solidaridad y dando prioridad a la satisfaccin de las necesidades humanas en lugar de los privilegios de los ya privilegiados. Si, supuestamente, una sola entidad financiera ha sacado de la pobreza a millones de personas concediendo a travs de su banco de pobres crditos de pocas docenas de euros o dlares cmo puede justificarse entonces que sigan existiendo cientos de millones de pobres en el mundo mientras los bancos disponen de miles de millones de euros, dlares o libras? Reconocer el xito o el mrito, si se prefiere, de la propuesta de Yunus, apunta Juan Torres Lpez, equivale a aceptar el fracaso histrico de la banca estrictamente capitalista. Microcrditos se inicia con una cita de Bono, el cantante, no el ex ministro; su autor es ngel Font, director de Un Sol Mn, una de las cuatro fundaciones que canalizan la Obra Social de Caixa Catalunya, la primera entidad financiera que concedi microcrditos en Espaa (Acci Solidria contra l'Atur fueron los pioneros en este mbito). El ensayo est dividido en cuatro captulos: en el primero se da cuenta del origen del movimiento a partir de personas emprendedoras este es el trmino usado insistentemente por Font- que lo han solicitado; el segundo expone el concepto de usura y como ste se sita en la razn de ser del actual movimiento microfinanciero; el tercer captulo expone la importancia de las mujeres en este movimiento y en el ltimo apartado se informa de la situacin y perspectivas del sector microfinanciero global. Font seala en el eplogo que, coincidiendo con la etapa final de elaboracin de su trabajo, recibi la noticia de la concesin del Premio Nobel de la Paz 2006 a Yunus, y que para l este merecido reconocimiento suponeun importante apoyo y estmulo para todo el movimiento microfinanciero a escala mundial (p. 103), un movimiento que surge bajo la creencia de que el crdito es una arma rentable para luchar contra la pobreza que sirve a su vez como catalizador del desarrollo. Si los recursos financieros se ponen a disposicin de la gente empobrecida en los trminos y condiciones apropiadas y razonables, "estos millones de gente pequea con sus millones de pequeas iniciativas pueden sumarse hasta crear la maravilla ms grande del desarrollo" (Yunus dixit) Qu argumentos expone Font para defender su decidida apuesta por la bondad econmica y sobre todo social de los microcrditos? Bsicamente los siguientes: desde su implantacin, los microcrditos han sacado de la pobreza a millones de personas emprendedoras, especialmente a mujeres; los microcrditos evitan que personas desesperadas o mal informadas caigan en manos de mafias financieras o bien ayudan a estas personas a salir de esas redes sin escrpulos; los microcrditos llegan donde no llega la banca tradicional; finalmente, los microcrditos pueden adaptarse a entornos culturales muy diversos y los objetivos perseguidos por el movimiento y sus
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coordinaciones son alcanzables, no son utopas que se muevan en el mbito del impuro y fcil deseo. Font da detallada cuenta de algunas experiencias, algunas de ellas personales, para argumentar su tesis. Cabe sealar aqu algunos puntos discutibles en su exposicin, sin duda marginales, y algunas temas y crticas con los que Font hubiera podido dialogar para fundamentar an ms su posicin. Los puntos marginales. No parece una formulacin ajustada que Font que, para informar de la apuesta por los microcrditos desde sectores diferenciados del espectro poltico, seale que la izquierda clsica suele recordar que uno de los principios bsicos del marxismo puede finalmente hacerse realidad en los microcrditos: que el capital y el trabajo se encuentren sin intermediarios a favor de las clases oprimidas (p. 56). No existe ningn principio bsico del marxismo que afirma semejante tesis. Del mismo modo, cuando Font habla de la masacre de El Mozote (pp. 57-58), hubiera debido sealar que esta matanza se origin en una operacin antiguerrillera denominada "Operacin Rescate", en la cual, adems del Batalln Atlacatl, participaron unidades de la Tercera Brigada de Infantera y del Centro de Instruccin de Comandos de San Francisco Gotera de Instruccin. Y, desde luego, presentar la guerra civil salvadorea como un producto de la Guerra Fra, en la que dos potencias militares peleaban a travs de los contendientes salvadoreos (p. 57) presupone una escassima autonoma poltica en las fuerzas populares salvadoreas de la poca y una aproximacin simplificada y algo extraviada a lo que all sucedi. La guerra en El Salvador no fue slo una guerra entre bloques. Entre los temas y crticas que, en mi opinin, hubieran necesitado una mayor aproximacin por parte de Font -quien acaso ha considerado oportuno reservar energas para una futura ocasin- cabe sealar: El sistema de microcrditos no se pregunta por el origen del dinero que se presta. Se basa y perpeta la lgica actual del mercado y enaltece al emprendedor/a privado. La lucha contra las causas de la exclusin y el empobrecimiento quedan fuera de las finalidades del movimiento. El banco de Premio Nobel de la Paz -Nobel de la Paz?- tiene actualmente unos 20.000 empleados y ha generado 18 empresas ms. Una de ellas, la operadora de telfonos mviles ms grande del sur de Asia. La sede del Banco en la capital de Dhaka es una imponente torre de 21 pisos. No estamos ante el peligro de otra gran corporacin financiera, eso s menos conservadora, ms emprendedora ms humanista? En la actualidad, el banco fundado por Yunus es el mayor establecimiento financiero rural de Bangladesh y posee ms de 2,3 millones de prestatarios. Robert Pollin ha sealado, sin embargo, que Bangladesh y Bolivia son reconocidos como los lugares con programas de microcrditos ms exitosos del mundo pero, a pesar de ello, siguen siendo dos de los pases ms empobrecidos. En la patria
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del Grameen, cerca de un 80% de la gente sigue viviendo con menos de 2 dlares diarios. Puede pensarse, por otra parte, que los microcrditos son, siendo benvolos, meras micro-tiritas y cuando se sabe que en India ms de 100.000 agricultores, incluyendo muchsimas mujeres, se han suicidado porque sus gobiernos federales y estatales, ms grandes instituciones internacionales, han impulsado las prioridades conocidas del neoliberalismo, surge la sospecha de que acaso el gran inters meditico por el tema y las opiniones positivas de algunos grandes hombres y mujeres no son tan inocentes. Palagummi Sainath, un destacado periodista hind en temas de pobreza rural y consecuencias de la poltica econmica, ha argumentado sensatamente que los microcrditos pueden ser un instrumento legtimo en ciertas condiciones, mientras no se nos presenten como un arma gigantesca de liberacin. Nadie fue jams liberado por las deudas. Dicho esto, muchas mujeres pobres han hecho ms fciles sus vidas mediante ellos, dejando de lado a las burocracias bancarias y a los prestamistas sin alma. Pero, apunta Sainath, actualmente el Banco Mundial y el FMI, junto con bancos estatales y comerciales, se estn lanzando a la microfinanciacin. El negocio de los microcrditos se est convirtiendo, o puede convertirse, en un imperio gigantesco que devuelve el control a los mismos bancos y burocracias que las mujeres han tratado de abandonar. Sainath seala, adems, que las tasas de inters que pagan las mujeres micro-endeudadas son mucho ms elevadas que los intereses de prstamos de los bancos comerciales: entre un 24% y un 36% por prstamos para gastos productivos, mientras que las clases altas pueden financiar la compra de un Mercedes con intereses del 6% al 8% en el sistema bancario tradicional. El prstamo promedio del banco Grameen es de 130 dlares en Bangladesh, algo ms bajo en India. El problema bsico para las personas pobres de ambos pases es la falta de tierras. En Andhra Pradesh la tierra cuesta unas 100.000 rupias por acre y la tierra pobre 60.000, algo ms de 2.000 dlares. Con 130 dlares no se puede comprar ni siquiera una buena vaca. Sainath se pregunta: cuntas mujeres pobres pueden entonces haber escapado a la trampa de la pobreza en Andhra Pradesh? Y recuerda: Los intereses son elevados y las sanciones por no pago brutales. Durante las [] inundaciones en Andhra Pradesh, periodistas independientes fueron a una aldea donde todo haba arrastrado por la corriente. Los primeros que volvieron fueron los micro-acreedores, amenazando a las mujeres, exigiendo los pagos mensuales a mujeres que lo haban perdido todo. Hay, adems, un agente que no aparece ni tiene funcin alguna en el modelo de Yunus: el Estado. Nada se dice sobre las condiciones laborales de esos cientos de miles de empresarios individuales, de su sistema de cobertura sanitaria y qu cobertura social tienen cuando enferman o jubilan.
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Temas, todo ellos, que acaso siten en sus justos lmites una propuesta crediticia que no por ello merece ser mirada con ojos altivos desde la izquierda.
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4. Un libro militante Xavier Montagut y Fabrizio Dogliotti, Alimentos globalizados. Soberana alimentaria y comercio justo. Icaria, Barcelona, 2006, prlogo de Paul Nicholson, 198 pginas.
Jernimo Aguado, campesino y presidente de Plataforma Rural Espaola, y Gustavo Duch, director de Veterinarios sin Fronteras, sealaban recientemente (El Pas, Cartas al director, 28/7/2006) algunos datos de la situacin: 1. El panorama rural europeo vive su peor crisis desde que naciera la Poltica Agraria Comn. 2. Con la adaptacin de sta a las normas de la OMC, la desaparicin de las explotaciones familiares, diversas, sostenibles y que mantienen el mundo rural vivo, ha sido dramtica. 3. Los verdaderos agricultores no bloquean ningn desarrollo, son otras vctimas de un sistema que favorece y subvenciona a los agroindustrias. 4. No es cierto que el comercio equivalga a desarrollo: el efecto inmediato de la liberalizacin agrcola es el hundimiento de las materias primas cultivadas en los pases pobres (el precio del caf, por ejemplo, descendi un 18% entre 1974 y 1993, aumentando, sin embargo, un 240% el precio final al consumidor europeo). Paul Nicholson, militante de Va Campesina, en el sustantivo prlogo que ha escrito para Alimentos globalizados (pp. 7-10), aade otras consideraciones: 800 millones de personas, mayoritariamente del mundo rural, padecen malnutricin; las sucesivas crisis alimentarias (vacas locas, pollos con dioxinas) ponen de manifiesto la escassima calidad de los alimentos globalizados; la erosin de los suelos cultivables, la prdida de biodiversidad y la contaminacin de las aguas estn destruyendo los equilibrios naturales. El avance de la mercantilizacin de los alimentos, junto con el decisivo papel de la OMC, impiden a millones de campesinos el derecho a producir alimentos en condiciones para sus conciudadanos. La autoinmolacin del campesino coreano Lee en septiembre de 2003, seala Nicholson, simboliza dramticamente lo que la OMC significa para millones de campesinos: su muerte (p. 7). Consecuencia cada vez ms evidente del actual modelo agroalimentario: un mundo rural sin apenas campesinos. Ante esta situacin, cules son las propuestas de Va Campesina? Las siguientes: 1. La soberana alimentaria que implica poner el derecho de las personas y de las comunidades a alimentarse por encima de los intereses comerciales. 2. La soberana apoyara los mercados y productos locales en contraposicin a la produccin mercantil para la exportacin e importacin. 3. Reivindicacin del derecho de los pueblos a definir su propia poltica agraria, laboral, de pesca y de recursos, polticas adecuadas a sus necesidades especficas desde un punto de vista ecolgico, social, econmico y cultural. El
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comercio internacional debe ser slo un complemento del comercio local, ya que slo ste permite a los agricultores y consumidores decidir qu alimentos producir y cmo producirlos. 4. Defensa de un comercio que retribuya justamente a los agricultores y que garantice a los consumidores unos productos sanos y de calidad. En su opinin, los principios que animan el movimiento del comercio justo deben relacionarse con la estrategia de la soberana alimentaria. Es necesaria, adems, una alianza entre agricultores del Norte y del Sur, al igual que con los movimientos ecologistas, con las organizaciones que defienden un mundo ms justo o con los ciudadanos que estn cada vez ms preocupados por la calidad de sus alimentos y de su vida. Estas alianzas requieren el debate y la discusin franca entre los diferentes actores. Alimentos globalizados, en opinin de Nicholson, es una aportacin pionera en este camino que debe ofrecer alternativas al modelo neoliberal dominante. Montagut y Dogliotti ostentan magnficas condiciones para ello: una larga experiencia en la cooperacin al desarrollo, el comercio justo, a la que suman su prctica en la lucha por la soberana alimentaria. Efectivamente, los autores de este combativo ensayo inician su introduccin con el grito de la revuelta de los campesinos catalanes en 1640: Visca la terra, mori el mal govern!. Casi cuatrocientos aos despus, aunque entre la poblacin activa catalana los agricultores constituyan un escaso 2%, su lucha no ha finalizado aunque sus enemigos sean otros: la produccin de alimentos, base de la subsistencia humana, ya no est amenazada por ejrcitos feudales, sino por un modelo industrial arrasador y por un puado de multinacionales. La tierra, el agua, las semillas, la biodiversidad, los vitales recursos de la naturaleza, se han transformado en mercancas sujetas a las rgidas leyes del mercado (p. 14). El mal gobierno se llama hoy OMC, Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional. Para que no quede duda alguna de su posicin ni de su compromiso, Xavier Montagut, economista especializado en comercio internacional, consumo responsable y comercio justo y presidente de la Xarxa de Consum Solidari, y Fabricio Dogliotti, historiador y colaborador en diversas revistas de solidaridad, reivindican no slo el orgullo de ser campesino sino el orgullo de ser militante, sobre todo cuando esta palabra ya no est de moda y es menospreciada por nuevos trminos polticamente correctosSeguimos creyendo que la militancia, la lucha por cambiar un mundo que no nos gusta, es la mejor motivacin para trabajar voluntariamente, para realizar nuestro trabajo de forma profesional, para aprender de la gente que con nosotros lucha y milita (pp. 15-16). Por eso ste es un libro militante, porque ha sido escrito con la voluntad de ayudar a cambiar el estado actual de cosas y porque ha bebido de las fuentes del activismo de los agricultores, de los ecologistas y de los consumidores crticos. Algunos puntos destacables de Alimentos globalizados: 1. Su documentada presentacin del comercio internacional actual (pp. 17-20). 2.
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Su exposicin crtica de la walmartizacin del mundo (pp. 31-33). 3. Su rplica a los falsos mitos que amparan el libre comercio agrcola (pp. 45-49). 4. Su crtica a la biotecnologa (pp. 89-93). 5. Los principios esenciales de una reforma agraria integral (pp. 122-125). 6. Su magnfica exposicin de la agroecologa cubana (pp. 137-140). 7. Sus crticas a supuestas prcticas de comercio justo (pp. 165-167 y 187-193). Finalmente, su posicin poltica: el movimiento del comercio justo se sita como un componente de un movimiento altermundista ms general. Es aqu donde debe buscar su crecimiento y su influencia Son stos y no las grandes superficies los aliados que el movimiento de comercio justo debe ir encontrando, incluso pata ampliar sus prcticas comerciales alternativas (p. 197). Seala Nicholson al final de su presentacin, que alimentarse se ha convertido hoy en un acto poltico, de conciencia ciudadana, y no un mero acto fisiolgico. Acaso siempre fue as. No es, por ello, ninguna exageracin ni un mero enunciado consignstico afirmar que tambin la alimentacin es un frente de lucha poltica: urgente y de primer orden.
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5. La resolucin del misterio de la trinidad neoliberal Richard Peet (y colaboradores), La maldita trinidad. El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organizacin Mundial del Comercio. Editorial Laetoli, Pamplona 2004. Traductor de Mara Luisa Mazza y revisin tcnica de Henrike Galarza, 311 pginas.
Las polticas que surgen del FMI sobre la base de una singular mezcla de ideologa y mala economa presentan una arista dogmtica que pretende ocultar intereses especiales. El FMI ha fracasado en su misin debido a que ha supuesto -o ha deseado suponer-, y ello es un error no secundario, que lo que es bueno para la comunidad financiera internacional es bueno tambin para la economa mundial y para los ciudadanos del mundo. De tal forma que, si en el antiguo Imperio romano slo votaban los romanos, en el actual capitalismo internacional votan bsicamente los agentes financiero del nuevo Imperio. El autor de este diagnstico no es ningn miembro destacado de la izquierda alocada del movimiento alterglobalizador sino el mismsimo Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economa en 2001, ex-asesor de Bill Clinton y ex-economista jefe y vicepresidente del Banco Mundial. La parte final del prrafo se deduce de unas declaraciones de 2002 de alguien tan poco sospechoso de heterodoxia anticapitalista como el alto financiero especulativo popperiano Geoge Soros. Pues bien, al anlisis del FMI, del BM y de la Organizacin Mundial de Comercio est dedicado este ensayo de ttulo nada eufemstico La maldita trinidad. El adjetivo no es ningn exabrupto: como se seala en la contraportada del volumen, se calcula que unos seis millones de nios africanos, asiticos y latinoamericanos -represe en un nmero que recuerda otros infiernos no olvidables- mueren anualmente por causa de los efectos del ajuste estructural que el FMI exige e impone a la mayor parte de los pases en desarrollo si quieren seguir recibiendo sus crditos. Durante la dcada de los ochenta, cuando gran parte de los pases africanos cayeron bajo la tutela -o las garras, como se prefiera- de BM y del FMI, el ingreso por habitante disminuy un 25% en la mayor parte del frica subsahariana. En el prlogo que el autor, Richard Peet, ha escrito para la edicin espaola da cuenta del esquema central de su trabajo con toda la claridad exigible y sin abuso de retrica ocultadora: 1. Se analiza en primer lugar cmo un pequeo grupo de expertos de economa, una disciplina completamente tendenciosa (p. 7), concentrados en Washington, puedan controlar la vida (y la muerte) de millones de personas. 2. Se esboza un mapa institucional de los centros de poder y de la locura imperante en el
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centro del sistema: las decisiones econmicas que matan a millones de nios al ao pueden propagarse como si fueran consecuencia de los mejores pensamientos que jams haya tenido la humanidad (p. 7). 3. Se analiza, y disuelve, la presuposicin de que tales creencias son cientfica y eternamente vlidas. 4. Se prueba que el objetivo del polo neoliberal del Imperio es aniquilar a todos aquellos que se atrevan a disentir del sueo (pesadilla) americano. Todo ello, con una actitud epistmica y poltica que debera ser retenida: slo a travs de lo democracia directa y abierta puede expresarse algo parecido a la verdad, algo que es frgil y transitorio, que slo existir hasta que el mundo cambie de nuevo y trastoque todo lo que alguna vez creamos saber (p. 7). En medio, el autor, los autores, anotan definiciones de inters: democracia de mercado, es decir, la supuesta capacidad de comprar todo lo que se desea; escritura democrtica: escribir de forma que cualquiera que se esfuerce pueda comprender. Y cuando es necesario, claridad y rotundidad en las posiciones: Bajo la direccin de Michael Mike Moore, la OMC se convirti en una organizacin reaccionaria que recurra al ataque personal contra quienes discrepaban de sus posiciones y tcticas... Sin estos cambios [comercio justo, presencia de movimientos sociales] la OMC es una nueva y peligrosa forma de gobierno mundial... que debe desaparecer (pp. 249250). El balance de la investigacin est expuesto ntidamente en los pasajes finales de su ensayo y no parece que existan muchos argumentos consistentes que viajen en direccin opuesta: En lugar de actuar como agentes de una globalizacin ms pareja y equitativa, las instituciones que hemos analizado -el FMI, el Banco Mundial y la OMC- han cado presas de una ideologa neoliberal y se han situado del lado de aqullos que tienen tanto dinero que ya no saben qu hacer con l. La globalizacin debe transformarse en algo mejor a travs de una alianza democrtica de movimientos sociales que se oponga a la alianza de los ricos, los famosos y los filntropos sin fundamentos (p. 279). Es decir, como sealan con certeza Peet y sus colaboradores, los verdaderos realistas en la actual situacin son los llamados crticos idealistas, no las agrupaciones de expertos que dirigen el mundo y cuidan su apetito insaciable entre sofisticados clculos sin piedad de crculos excluyentes de poder. O, si se prefiere, como se sealaba en el Manifiesto, permaneciendo siempre en el estanque helado de clculos egostas. En consistencia con su posicin epistmica, de hecho, ste es un libro colectivo. La relacin de los estudiantes -en su mayor parte alumnos de doctorado de la Universidad de Clark, Worcester (Massachusetts, EE.UU.)que han colaborado en l figuran en la pgina 4 del ensayo. Tambin a ellos hay que agradecer su esfuerzo, su nada acomodaticia posicin poltica, su claridad y su eficacia investigadora. Otro libro, pues, para tener a mano y
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para figurar en un estante de biblioteca que lleve por etiqueta: Otro mundo es posible y necesario.
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6. Con letra de Eugne Pottier y al comps de la Internacional. Francisco Fernndez Buey, Gua para una globalizacin alternativa. Otro mundo es posible Barcelona, Ediciones B 2004, 356 pginas.
Para Vctor Ros, por las ideas robadas y por la revolucin bolivariana. Una, dos, tres, ... mil V.!
En su undcima tesis sobre Feuerbach, el joven Marx apuntaba que hasta aquel entonces los filsofos se haban limitado a interpretar el mundo (y esto, desde luego, no era ningn desvaro) pero que de lo que se trataba realmente era de transformarlo (y esto segundo acaso fuera mejor y sin duda mucho ms difcil). Es posible que ya entonces el autor de los Manuscritos econmico-filosficos fuera injusto, entre otros, con el mismsimo Platn, con Epicuro, con Bruno (o incluso con Galileo), con una parte no desdeable de la comunidad filosfica, pero es obvio que l mismo, con su hacer militante, refut para siempre su propia tesis. Cre escuela con su ejemplo. En esta admirable tradicin que intenta aunar verbo y accin, conocimiento y compromiso, palabra sentida, no slo dicha, e intervencin poltica, como es sabido y reconocido, se mueve, como pez en aguas no siempre en calma, Francisco Fernndez Buey (FFB), el autor de esta Gua (no gua) para una globalizacin alternativa. El libro, que trata del movimiento que en su origen fue llamado antiglobalizacin y que hoy prefiere llamarse a si mismo alterglobalizador (p. 21), movimiento que tiene el indudable mrito histrico de haber desarrollado una amplsima y tenaz labor de desvelamiento y deconstruccin de la ideologa neoliberal (Jacques Nikonoff), est estructurado en cinco captulos que, significativamente, se abren siempre con pasajes de La Internacional de Eugne Pottier, acaso porque el autor aore, o proponga como tarea de nuestra hora, una nueva Internacional anticapitalista sin exclusiones sectarias. El primero de ellos trata del estado del mundo del que ha salido este movimiento de movimientos que tambin aspira a ser global, aunque de otro modo. Se valoran aqu los hechos y se califica el mundo en que vivimos y se hace con los ojos y apoyndose en las plumas de los tericos y activistas del movimiento (p.22). Esta mirada desde abajo, desde el racional, crtico y apasionado punto de vista de los desfavorecidos y excluidos queda patente en el modo en que se presentan temas como la esclavitud moderna (pp. 62-65), la inmigracin y la pobreza (pp. 81-85) o las nuevas y viejas enfermedades (pp. 54-59). El captulo se cierra con una cuidada y medida presentacin de las tesis de Hardt y Negri sobre el Imperio y el imperialismo (pp. 85-92). El equilibrado balance crtico que construye FFB en este ltimo apartado es una ilustracin modlica de un estilo
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conciliador, que no oculta posibles diferencias pero que permanece siempre atento a los puntos de acuerdo, omnipresente a lo largo de toda la Gua, sea cual sea el tema, el autor y el alcance de la discrepancia. En el segundo captulo, el autor opera con mirada de historiador crtico, nada tendente al tpico ni al lugar comn, por muy comn que ste sea. Presenta Fernndez Buey una reconstruccin de la historia de este movimiento social crtico que remonta a la dcada de los setenta del siglo XX. Rompe aqu con tpicos aceptados pero inexactos y presenta el movimiento como un crisol de lo que hubo antes, subrayando su propsito explcito de superar lo que en su da fueron movimientos de un solo asunto (p.23), movimiento que persiste en el mantenimiento de la crtica al capitalismo realmente existente -no al fabulado en secciones publicitarias de las agencias neoliberales (y afines)- y lo hace con un cambio radical de lenguaje que tiene que ver directamente con la experiencia poltica y cultural de Chiapas. El autor precisa y argumenta con detalle contra posiciones aceptadas acrticamente. Por ejemplo: El eslogan ms clebre y ms veces repetido del mayo francs fue: La imaginacin al poder. Todo el mundo lo ha odo repetir muchas veces como smbolo de lo que se coca en Pars... Y sin embargo lo que quiso decir con ella quien la escribi apenas tiene nada que ver con pacifismo, protesta ldica y medioambientalismo . Esa frase cerraba una breve pero contundente declaracin de principios en la entrada principal de la Sorbona de Pars asediada por la polica. La declaracin deca as: Queremos que la revolucin que comienza liquide no slo la sociedad capitalista sino tambin la sociedad industrial. La sociedad de consumo morir de muerte violenta. La sociedad de la alienacin desaparecer de la historia. Estamos inventado un mundo nuevo original. La imaginacin al poder (pp. 104-105). A destacar igualmente en este segundo captulo las pginas dedicadas al movimiento okupa (pp. 126-131), a la existencia de alternativas y a la propuesta de Marcos del oxmoron como programa prximo del movimiento de movimientos (pp. 151-154). Con razonable actitud, cuando la situacin oscurece, FFB respira hondo, pone letra musicada a su propia letra y lo hace siempre con envidiable criterio: Leonard Cohen y Everybody knows. (Aqu es de obligado recuerdo que en Amor y revolucin, primer captulo de Leyendo a Gramsci, FFB abra igualmente con un fragmento de un poema de Lorca de Poeta en Nueva York, y escriba: Leonard Cohen canta el Pequeo vals viens de Federico Garca Lorca. Conjetura sin riesgo: el autor est sealando con nitidez por quien apuesta como letrista para los cnticos renovados de la V Internacional). En el tercer captulo -Cambiar el mundo de base-, se exponen los objetivos y procedimientos del movimiento, acaso inspirado por aquella excelente idea matemtico-social de Bruno Trentin: Menos nmeros, ms ideas. Se repasan aqu con ecuanimidad, pero sin olvidar discusiones, polmicas y desarrollos, las diversas medidas propugnadas desde el
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movimiento: la tasa Tobin, la renta bsica o subsidio universal garantizado y su evolucin, las ideas de sustentabilidad y biodiversidad, le ecologa poltica de la pobreza, la propuesta de soberana alimentaria, la democracia participativa,.. Tambin sobre otras cuestiones de fondo acaso ms clsicas: de qu se trata, de reformar o de cambiar el mundo de base, y de si para ello necesitamos o no la forma tradicional de partido, o ms bien se necesita otra cosa, an indefinida, entre la forma partido y la forma movimiento social (p. 25). Son igualmente destacables las pginas que FFB dedica al tema del sujeto emancipador y a sus formas organizativas (pp. 197-211), su antisectaria aproximacin a las propuestas de Holloway sobre cambios y poder (pp. 211-224) y a la filosofa de la responsabilidad y del lmite (pp. 189-191), concepcin que subyace a la idea de desarrollo sostenible. Late en el corazn de estas pginas una idea central: una parte no desdeable de las crticas a las propuestas del movimiento tienden a poner el acento en la correccin de las ideas pero en su imposible realizacin prctica: admitmoslo, sus proponentes son almas bellas... pero utpicas. FFB, con Trentin, apuesta por el coraje de la utopa, en el sentido consistente (y moral) del trmino que sin duda lo tiene. No todo lo que el sistema y sus defensores rechazan como utpico es imposible fsica, social o lgicamente. Cada vez ms, la acusacin de utpico es, en boca de poderosos, una forma de decir con mis privilegios nadie ose meterse. Contra las utopas tengo el instrumento nada utpico del Poder preventivo. El captulo se cierra con una reflexin politica que debera instaurarse como norma de comportamiento en la entrada de todos los centros de discusin alternativos. (...) la radicalidad al afrontar el malestar que produce la poltica seguramente no consiste en exaltar la antipoltica sino ms bien en ampliar, tanto a la forma partido como a la forma movimiento, las normas y reglas de comportamiento democrtico que queremos para el buen funcionamiento de la sociedad en general. Politica, pues, tanto hacia dentro como hacia fuera (p. 227). El cuarto captulo trata de la desobediencia civil, partiendo de la conviccin de que esta expresin resume la intencin y el espritu que en otros tiempos se llamaron revolucionarios (p. 25) y sealando que este instrumento de resistencia lleva camino de convertirse en la estrategia central del movimiento alterglobalizador. Esta fue la propuesta de Naomi Klein en la ltima reunin del foro social de Porto Alegre. En opinin del autor, el xito que ha alcanzado la expresin tiene que ver con la generalizacin de la conciencia del declive de las revoluciones en Occidente y con la percepcin, tambin generalizada, del fracaso de las sociedades surgidas de los movimientos revolucionarios del siglo XX (p. 237). Las controversias surgidas en torno a la nocin apuntan a la ambigedad de lo que hay que entender por civil, lo que obliga a precisar la nocin. Entre los autores que han teorizado la cuestin hay una propuesta de mnimos que FFB recoge: [la desobediencia civil es] un acto que, motivado por
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convicciones de conciencia o principios de justicia, implica el incumplimiento de un mandato del soberano por parte del agente (carcter desobediente), as como la aceptacin responsable de las consecuencias de dicho acto (carcter civil). (p. 241). El desmenuzamiento de la definicin y la discusin de planos prximos (desobediencia civil y no-violencia, justificacin politica de la desobediencia civil en democracia,...) que construye FFB es un excelente ejercicio de anlisis filosfico. A retener las pginas dedicadas al movimiento Tute Bianche (pp. 263-267). Tambin aqu, dylanianamente, los tiempos han cambiado: como apunta FFB, a ttulo de ilustracin, Toni Negri, que en los aos setenta fue uno de los tericos del grupo revolucionario Autonoma Obrera, llama hoy a la desobediencia y a imitar a los primeros cristianos que resistan bajo el imperio romano. El ltimo captulo trata de la democracia electoralista realmente existente. Se recogen en l las argumentadas crticas del movimiento a una concepcin bsicamente procedimental de la democracia, a su reduccin a procesos electorales conducidos publicitariamente y con tcnicas comerciales, y a la consiguiente sobre-representacin de los de arriba y en la infrarepresentacin de los de abajo. Pero no solo hay crticas sino tambin exposicin de alternativas. FFB deposita bsicamente su mirada en dos de ellas -las de Porto Alegre y Kerala- y finaliza su exposicin con dos de los problemas apuntados por tericos del Foro Social Mundial: la posibilidad de generalizar experiencias realmente participativas a las grandes y multiculturales ciudades actuales y el peso de la participacin de los de abajo en asuntos bsicos para la ciudadana. Ahondando en el carcter formativo de la Gua, cada captulo viene acompaado de una bibliografa bsica que incluye, como ya no puede ser de otro modo, visitadas y reconocidas referencias virtuales. El hilo rojo marxista-libertario (que acaso sea un oxmoron pero no es una contradiccin) es otro punto a destacar y acaso, y felizmente, tenga que ver con dos maestros reconocidos por FFB en reiteradas ocasiones: Maximilien Rubel y Manuel Sacristn. Estamos pues ante una documentada (no)gua, ante un libro colectivo, que con el objetivo declarado de instruir retoma lo apuntado y defendido por muchos otros, que no oculta sus valoraciones y posiciones, tomando como norma terico-moral no la discrepancia sistemtica sino la bsqueda de coincidencias y que ayuda a caminar informadamente por los diversos senderos del movimiento, con cuidada atencin a los debates centrales y a las finalidades perseguidas, y todo ello con un magnfico estilo y con un sentido comn que sin duda har levantar de su tumba sonriendo (y feliz) al propio Descartes. Destaca igualmente la fuerza argumentativa del autor. Una ilustracin de ello: ante las fciles, usuales e injustas descalificaciones del movimiento por falta de propuestas y por quedarse en la simple crtica, FFB apunta que
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los caricatos de hoy deberan saber que todo movimiento con realidad social en la historia ha empezado por ser anti-algo. Y que ese algo a lo que los activistas de todo movimiento social se oponan ha sido mayormente el tipo, modelo o sistema de sociedad realmente existente en su presente (p.32). Y todo ello, desde un punto de vista (alter) global y moral muy prximo al de aquella sentida propuesta de John Berger (Dnde estamos?, 2002):
(...) Es necesario tener una visin interdisciplinar de lo que est sucediendo, porque es necesario conectar esos campos que institucionalmente se mantienen separados. Y toda visin que intente conectarlos ser necesariamente poltica (en el sentido original de la palabra). La condicin esencial para pensar en trminos polticos a escala global es ver la unidad del sufrimiento innecesario que existe hoy en el mundo. ste es el punto de partida.
Era Pierre Vilar, quien sostena que saber mucho es necesario para el especialista y comprender suficientemente los diversos aspectos de lo real resulta indispensable para quien se entrega a un esfuerzo de sntesis. Este libro de FFB es un buen ejemplo de los excelentes resultados que puede dar de s la combinacin consistente de ambos aspectos: el autor conoce profundamente cada asunto que trata y, adems, comprende no slo suficientemente sino de modo brillante la totalidad (la globalidad), el conjunto en el que inscribe cada asunto. El admirable resultado de la combinacin que es este ensayo no consiste en que en l se diga todo acerca de todo lo que trata -tarea imposible incluso para un politico de la talla del autor de Marx (sin ismos)- sino en el modo en que nos va descubriendo procesos emergentes, diseccionando ideas y teoras y presentando las relaciones entre los diversos aspectos de la realidad contempornea y el movimiento de movimientos que propugna una globalizacin alternativa a la existente y que tiene el coraje de proclamar abiertamente que Otro Mundo Es Posible. A quin puede interesar este documentado ensayo, denso de ideas, escrito por un pensador slido y comprometido? En primer lugar, a aquellos que aspiren a una presentacin seria y honesta de los numerosos y cruciales asuntos aqu discutidos, con ponderacin de juicio en los temas tratados, sin que ello implique ocultamiento del punto de vista propio, y todo ello con un lenguaje que huye, con velocidad lumnica, de la reiteracin trillada de las palabras, de las ideas y de los argumentos. Si se quiere, a todos los que deseen tener una buena panormica del estado real del mundo del que ha salido el movimiento de movimientos, panormica vista no desde las torres del Pentgono y las salas de reuniones de las grandes transnacionales sino desde las pobladas y olvidadas orillas de los excluidos. En segundo lugar, a todos los que deseen adentrarse en los objetivos del movimiento alterglobalizador, y conocer a fondo los debates y los temas ms controvertidos que se dan en su seno. Como se seal: se trata de
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reformar el mundo o debemos aspirar, con los compases de la Internacional de fondo, a cambiarlo de base? Podemos hablar de un nuevo sujeto o de nuevos sujetos como motores activos del cambio? Hay que proponerse la toma del poder, por decirlo en trminos clsicos, o debe aspirarse a cambiar el mundo sin tomar el poder? O bien acaso este no es el tema de nuestra hora y hablar de l es un nueva forma de hacer el ridculo poltica y vitalmente?. En tercer lugar, a los jvenes, especialmente a los jvenes como parte destacada del movimiento. A los que lo son por edad y a los que lo siguen siendo de corazn y de espritu, como Gregorio Lpez Raimundo, que a sus noventa aos sigue ah, en todo acto contra la guerra y contra las injusticias(p. 7), a quien el libro est dedicado. En cuarto lugar, a todos aquellos que estn dispuestos a olvidar viejas e insustanciales disputas nominalistas. A pesar de las discusiones, es mucho ms, muchsimo ms lo que une al movimiento alterglobalizador que aquello que separa o que es causa de discrepancia. Seguramente nunca tuvo sentido discutir sobre un punto, una coma o un adjetivo. Ahora ms que nunca: las palabras deben postularse para buscar puntos de unin y no comas, rayas y fronteras de desunin. En quinto lugar, a todo ciudadano/a, sea cual sea su origen y posicin social, que comparta con el movimiento su oposicin al plan estratgico, dogmticamente defendido, de las grandes corporaciones de mercantilizar sin exclusin todo lo humano (incluyendo conocimientos, tiempo, cuerpo, afectos) y, en general, toda la vida del planeta. En sntesis: esta Gua es enormemente til como instrumento de formacin y ayuda para la accin para todos los que piensan, con coraje, con coherencia y sin medio al ridculo y a ser tachados de utpicos trasnochados, que Otro mundo es Posible y, adems, necesario. Pero tambin, por qu no (seamos optimistas slo por una vez), puede hacer dudar a aquellos seguidores de Leibniz que piensen con sinceridad y sin cinismo que ste no es un mundo perfecto pero que es el mejor de los mundos concebibles. Despus de leerlo, algunas de estas personas acaso pongan algunos parntesis e interrogantes en creencias asentadas, o bien comprendan mejor las motivaciones morales e intelectuales de todos aquellos que pensamos no slo que este mundo es un escndalo sino que es an ms escandaloso e inadmisible moralmente la reconciliacin con l. Hay, adems, otra mirada complementaria que me resisto a olvidar y que tiene que ver con las reflexiones no centrales que el autor introduce en su exposicin. Esta Gua debera ser leda -o releda- mirando siempre en los mrgenes de la informacin dada o en los parntesis de la discusiones presentadas. Tres ejemplos del primer captulo para ilustrar lo que aqu se quiere apuntar: 1. Hay, ciertamente, discusin acerca de cul es mejor palabra, si globalizacin o mundializacin, y esa discusin no es irrelevante,
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pero es mejor prescindir de ella momentneamente para no caer en matices nominalistas (p. 39). 2. El neocolonialismo adopta la forma de ecocolonialismo. Un ejemplo simblico: segn este discurso, se tratara de salvar la Amazonia, o la parte de la regin del Mato Grosso que linda con Bolivia, del supuesto primitivismo burgus-industrial brasileo, en nombre de la cultura burguesa euro-norteamericana, ahora autocrtica y ecolgicamente cultivada (p. 68). 3. Y cmo no recordar, cuando se habla sin ton ni son de responsabilidad de la especie y de tica ecolgica, que no es la primera vez en la historia que la usurpacin de las grandes palabras por los dominadores conduce al genocidio y que el recurso sistemtico a la palabra tica (por muy nueva que parezca esta que ahora se nos propone) oculta siempre la suciedad de los paales de aquella parte de la humanidad que tanta necesidad tiene de tal palabra? (p. 70). Vo Thi Mo1 era una mujer que viva en los tneles del Vietnam resistente. Provena del pueblo de Ben Suc, un enclave del Viet Cong. En 1967, tropas norteamericanas dirigidas por un oficial llamado Alexander Haig fueron a Ben Suc y mataron a gentes del pueblo, reunieron al resto y los llevaron a un campamento rodeado de alambre de espino. Quemaron todo, redujeron el pueblo a la nada. Finalmente, colocaron 4.500 kilos de explosivos y varios galones de napalm en un crter, lo cubrieron con tierra y lo hicieron volar todo por los aires. Vo Thi Mo ya era una dirigente de la guerrilla cuando su pueblo fue destrozado. Un da, al cabo del tiempo, mientras haca guardia en la entrada de un tnel, tres solados estadounidenses se sentaron en un lugar cercano. No podan verla. Estaban compartiendo comida. Sacaron lo que parecan ser cartas de sus familiares. Vo Thi Mo estaba fascinada: hacan lo mismo que ellos. Los soldados americanos leyeron sus cartas y empezaron a llorar. Lo mismo que hacan los guerrilleros combatientes. No poda atacarles. Su compaero, escondido detrs de ella, levant su arma para dispararles. Silenciosamente ella le apart. Vo tena entonces 17 aos. Qu es lo que nos hace conmover cuando leemos la historia de Vo Thi Mo? Probablemente que nos permite comprender ms y nos ayuda a intentar ser mejores. Puestos a ser exigentes, o a ser realistas y solicitar (consistentemente) lo imposible, qu podemos pedir a un ensayo de filosofa moral-poltica? Lo mismo o similar. Esta Gua de FFB cumple ambos requisitos con nota, y en ello, el lenguaje, el excelente castellano con el que est escrita no es asunto marginal. Adems, y como es sabido, en el principio fue el verbo y el verbo se hizo carne y antes, un poco antes, inspir a Francisco Fernndez Buey una magnfica e inolvidable Introduccin (Gnesis posmoderno pp. 9-21) que, sin atisbo de duda y sin posibilidad concebible de error, ser todo un clsico de la filosofa moral. Si le sumamos la hermosa dedicatoria que abre el ensayo y que tiene a Gregorio Lpez Raimundo como destinatario (firmada con los nombres de FFB en su militancia comunista
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clandestina), la necesidad de consulta permanente y de tener cerca de la mesilla de lectura (y resistencia) est gua de la (alter) globalizacin acaso est no solo mostrada sino demostrada. q.e.d.
(1) Jonathan Neale, La otra historia de la guerra del Vietnam, Barcelona, El Viejo Topo 2003, pp. 117-118.
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7. Lo pequeo es hermoso e interesante. Jos Luis Sampedro, El mercado y la globalizacin. Barcelona, Ediciones Destino 2002, 104 pginas. Ilustraciones de Santiago Sequeiros.
Se trata de la actualizacin de un antiguo texto de Sampedro de 1982 dividido en dos secciones -el mercado y la globalizacin- y una tal vez excesivamente detallada lista de trminos, que se abre con una sucinta presentacin donde Sampedro reflexiona sobre las dos grandes convenciones poltico-sociales de estos ltimos meses, el encuentro de Nueva York y el Foro de Porto Alegre, con el objetivo compartido de trazar planes para el futuro mundial, pero con la neta diferencia de que mientras el primero se centraba en cuestiones econmicas y financieras, el segundo debata los ms candentes problemas de la sociedad mundial (p.9). Sampedro resume las tesis opuestas que los dos foros sostuvieron sobre el funcionamiento de la fase actual del desarrollo de los mercados, la denominada globalizacin: si el foro bsicamente econmico de Nueva York mantuvo que la globalizacin realmente existente es la nica va para acabar con la pobreza en el mundo y que es adems inevitable por ser simple consecuencia del progreso tecnolgico, de ah la irracionalidad de los movimientos sociales contra-esta-globalizacin, en el Foro, esta vez s, social de Porto Alegre se ha sostenido y argido convincentemente que cuanto ms crece la actual globalizacin, ms ganan los ya enriquecidos, en peor situacin se quedan los ya empobrecidos, sealando que bastara con orientar el progreso tcnico hacia el inters social pensando en todos para originar otra globalizacin y otro mundo mejor, que es posible (p. 11). En la primera seccin del libro, Sampedro traza un sucinto pero sustancioso balance entre el mercado perfecto de la teora (pp.21-24) y el mercado imperfecto de la realidad (pp. 25-30), sealando la falsedad de la proposicin mercado es igual a libertad y construyendo una curiosa y, si se me permite, entraable reflexin -apartado 17- sobre las coles invisibles de los pases occidentales (y afines), concluyendo que el mercado de la competencia imperfecta -el nico existente en el mundo real- no es el reino de la providencial mano invisible benefactora sino, al contrario, el de manos bien visibles e interesadas, buscando el mximo beneficio privado a costa de quien sea y de lo que sea (p. 43). Sostiene finalmente Sampedro en esta seccin que el sistema internacional mercantil moderno se mueve hoy por dos condicionantes emergentes: por una parte, por la posibilidad casi instantnea de comunicaciones y transferencias econmicas y, por otra, por la amplsima liberalizacin de las operaciones privadas y la prctica ausencia de control
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pblico sobre ellas. Esta es, sostiene Sampedro, en sntesis, la estructura a la que ha llegado el mercado en su evolucin reciente, a la que se ha dado el nombre de globalizacin (p. 53). As pues, globalizacin es la denominacin dada a la ms moderna, avanzada y amplia forma del mercado mundial (p. 59). La librrima operatividad financiera es decisiva en la fase actual del sistema: fomenta sus operaciones especulativas por cuantas muy superiores al valor total de las mercancas intercambiadas mundialmente (p.59). Su objetivo no es elevar el nivel de vida colectivo, sino multiplicar sus beneficios aprovechando diferencias en los tipos de cambio y de cotizacin. Esta liberalizacin, este espacio operativo unificado mundialmente, no significa libertad para todos sino libertad real para los ms fuertes con mayor potencia econmica. Despus de argumentar sobre el carcter no democrtico de la actual globalizacin y situar correctamente su novedad relativa, Sampedro traza una breve reflexin sobre la heterogeneidad de los oponentes a la actual globalizacin y refuta contundentemente los dos argumentos usados por los poderes para desacreditar el movimiento: la violencia -aparte de que sera reaccin explicable a la opresin cotidiana de los abusos (p.75)- slo es imputable a grupos minoritarios y an a veces se ha demostrado ser provocada para justificar represiones policacas y, por otra parte, la ausencia de ideas slidas, de argumentos constructivos y bien trazados, desmentida por la existencia de un cuerpo de pensamiento social, sostenido por instituciones y publicaciones seriamente crticas con ese liberalismo (p. 75). Como buen poeta-narrador, acompandose de Neruda -No es hacia abajo ni hacia atrs la Vida-, Sampedro concluye su ensayo sosteniendo que no slo otro mundo es posible, un espacio que abarque todo y para todos, ms natural y ms racional que el de la reduccin economicista (p.84), sino que, descartada la necia y oportunista teora del final de la Historia y sin pretender caer en conjeturas-deseos especulativos un hecho resulta indudable: que la Vida supera a unos y a otros. Por eso cabe terminar afirmando, sin vacilar, que otro mundo es seguro. Podr no ser neoyorquino, ni alegrarse del todo, pero ser otro (p. 92) . Estamos pues frente a un dignsimo trabajo divulgativo bien escrito y argumentado. Sin duda, la dignidad de este breve ensayo se corresponde con la reiteradamente probada de su autor. Muchos son los ejemplos. Este, poco conocido por el pudor del receptor, merece ser contado. El 28 de octubre de 1965, Sampedro, por entonces catedrtico de estructura econmica en la Universidad de Madrid, escribi una carta a Sacristn, texto del que poda hacer uso pblico o privado, en la que le expresaba su solidaridad tras la expulsin de Sacristn, por razones estrictamente polticas, de la Universidad de Barcelona: Mi querido amigo y compaero:
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Acabo de enterarme de que no se le ha renovado a Vd. el encargo de curso de su asignatura en la Facultad de Ciencias Econmicas y Comerciales de Barcelona, y como considero muy de verdad que esa decisin nos causa una verdadera prdida en la enseanza, quiero enviarle esta carta para hacerle patente mi consideracin y el altsimo concepto que me merece su obra intelectual y docente. Una persona como Vd. nos honra a todos los universitarios. Slo lamento no tener personalmente mayor autoridad para respaldar mi juicio, pero no necesito decirle que, cualquiera que sea su valor, estoy dispuesto a manifestarlo donde Vd. estime necesario y en la forma ms categrica posible, empezando para ello con esta misma carta, de la que puede Vd. hacer en cualquier momento el uso pblico o privado que estime conveniente, pues su contenido es una declaracin que me honro en suscribir. Con el mayor afecto y compaerismo, le enva un cordial abrazo su buen amigo de quien sabe puede disponer.
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8. Piratas en accin. Vandana Shiva. Proteger o expoliar? Los derechos de propiedad intelectual. Intermn Oxfam. Barcelona 2003. Traduccin de Ana M Cadarso. Vandana Shiva. Cosecha robada. El secuestro del suministro mundial de alimentos. Paids, Barcelona 2003. Traduccin de Albino Santos Mosquera Como se seala en la contraportada de Proteger o expoliar?, trminos como derechos de propiedad intelectual (DPI), patentes, ADPIC o similares suenan, en primera instancia, a aburridas cuestiones tcnicas, a discusiones de expertos aspticos en lujosas oficinas empresariales o pblicas, con escassimo, por no decir nulo, inters poltico. Pero, como Vandana Shiva (VS) muestra documentadamente, si afinamos el odo, si prestamos mayor atencin al tema desarrollado, la msica suena muy distinta: las llamadas nuevas ideas, las tecnologas de punta, la identificacin de genes, las manipulaciones de los organismos vivos que pueden poseer y explorar las transnacionales para obtener beneficios astronmicos son temas cruciales de nuestra poca que afectan a toda la Humanidad y especialmente a las poblaciones del Tercer Mundo. La justa y supuestamente inocente proteccin intelectual se est transformando en un nuevo expolio empresarial-colonial, en una nueva forma de piratera. Algunas de las razones esgrimidas por VS para justificar la tesis que desarrolla en Proteger o expoliar? seran las siguientes: 1. Las patentes no formaron parte de nuestra vida cotidiana hasta la dcada de los ochenta. Hasta entonces, los nicos interesados eran los propios inventores, los examinadores de patentes y, sin duda, los abogados especialistas. Dos hechos cambiaron radicalmente la situacin e hicieron que el tema se convirtiera en un asunto crtico que afecta directamente a nuestra vidas: 1) La decisin del Tribunal Supremo de Estados Unidos de considerar la vida como un invento, permitiendo de este modo que el correspondiente departamento de la Administracin usamericana concediera patentes sobre la vida. As, el 12 de abril de 1988, la oficina de patentes de EEUU concedi a DuPont una patente sobre un ratn cuya lnea haba sido modificada para hacerlo susceptible al cncer. 2) La introduccin, por parte de EE.UU., de patentes y DPI en la Ronda Uruguay y en el GATT. 2. Durante los ltimos aos del siglo XX se han concedido patentes sobre conocimientos tradicionales y plantas autctonas, e incluso sobre microorganismos, genes, animales y clulas y protenas humanas. Hoy no slo se otorgan patentes para las mquinas, sino para los seres vivos y la biodiversidad; no slo para los nuevos inventos, sino para el saber de nuestras abuelas (p.9). As, los conocimientos tradicionales que pases como la India han utilizado durante siglos para intentar satisfacer sus necesidades
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ms bsicas estn en peligro de ser patentados por poderosas transnacionales. 3. Los sistemas de DPI lejos de evitar la piratera intelectual ms bien la fomentan, llegando a violar, en algunas ocasiones, los derechos humanos. De hecho, el sistema de patentes no estimula necesariamente, como se suele publicitar, la generacin de tecnologa y mucho menos la difusin. En un estudio de 1984, el 80% de las empresas norteamericanas analizadas admitieron que el principal motivo para sacar una patente era bloquear determinados sectores tcnicos, sin que tuvieran intencin alguna de explotar la invencin. A eso se le sigue llamando la regla de oro de la sagrada competencia en el libre mercado. 4. Si las patentes conceden a su titular el derecho exclusivo a su invencin (creacin, uso, venta, distribucin), los titulares de patentes sobre la vida pueden impedir que otros puedan elaborar o utilizar las semillas, plantas o animales patentados. Como los recursos vivos y los seres vivos se hacen a si mismos y lo agricultores siempre han guardado sus semillas y conservado sus terneros, el derecho de patentes occidental considera que guardar e intercambiar semillas es un robo contra la propiedad intelectual (p. 12). Muchas veces lo que se patentan son los conocimientos de las poblaciones indgenas y la innovacin tradicional. A medida que la era del combustible fsil deja paso a la era de la biologa, las patentes de material vivo se convierten en el medio para controlar las materias primas y los m