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San Basilio: Vida y Legado Teológico

San Basilio el Grande nació en una familia cristiana en Capadocia. Se dedicó al estudio de la retórica y la filosofía antes de convertirse en obispo de Cesarea. Defendió vigorosamente la doctrina de la Trinidad contra los arrianos. Contribuyó a definir los términos teológicos para describir la Trinidad y preparó el camino para el Primer Concilio de Constantinopla. Fue uno de los Padres de la Iglesia más influyentes.
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San Basilio: Vida y Legado Teológico

San Basilio el Grande nació en una familia cristiana en Capadocia. Se dedicó al estudio de la retórica y la filosofía antes de convertirse en obispo de Cesarea. Defendió vigorosamente la doctrina de la Trinidad contra los arrianos. Contribuyó a definir los términos teológicos para describir la Trinidad y preparó el camino para el Primer Concilio de Constantinopla. Fue uno de los Padres de la Iglesia más influyentes.
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SAN BASILIO EL GRANDE


San Basilio naci en el seno de una familia profundamente cristiana. Su abuelo materno haba sufrido el martirio. Su padre, junto a una verdadera piedad, transmiti a los diez hijos una slida formacin doctrinal, y de aquel hogar salieron cuatro santos: el propio Basilio y sus hermanos Gregorio de Nisa y Pedro de Sebaste, obispos como l, y su hermana Macrina. Basilio dedic varios aos al estudio de la Retrica y la Filosofa en Constantinopla y Atenas. Ms tarde, cuando contaba unos veinticinco aos, regres a su ciudad natal, Cesarea de Capadocia, donde emprendi la profesin docente. Al poco tiempo, dej la enseanza y se retir al desierto para dedicarse a la contemplacin; as se convirti en uno de los pioneros de la vida monstica. En el 364 fue ordenado sacerdote, y seis aos ms tarde sucedi a Eusebio como Obispo de Cesarea, metropolitano de Capadocia, y exarca de la dicesis del Ponto. Falleci en el ao 379. Dedic sus mayores energas a defender la doctrina catlica sobre la consustancialidad del Verbo, definida solemnemente en el Concilio de Nicea (ao 325). Por esta razn sufri muchas contradicciones por parte de los herejes arrianos, y tuvo que hacer frente a los abusos de la autoridad imperial, que pretenda imponer con violencia la doctrina de Arrio. Con San Gregorio Nacianceno y San Gregorio de Nisa contribuy de manera decisiva a precisar el significado de los trminos con que la Iglesia expone el dogma trinitario, preparando de esta manera el Concilio I de Constantinopla (ao 381), que enunci de forma definitiva la doctrina de fe sobre la Santsima Trinidad. Basilio no pudo asistir a este Concilio pues falleci en el ao 379. Por sus servicios a la fe, San Basilio es llamado el Grande, y es contado entre los ocho mayores Padres y Doctores de la

Iglesia universal. Su produccin literaria comprende trabajos dogmticos, ascticos, pedaggicos y litrgicos. A l se debe la fijacin definitiva de una de las ms conocidas liturgias orientales, que lleva su nombre. Y, junto con San Gregorio Nacianceno, escribi dos Reglas que tuvieron un influjo decisivo en la vida monstica del Oriente cristiano. Muy extenso es tambin su epistolario. LOARTE ***** La accin del Espritu Santo (El Espritu Santo, IX, 22-23) ES/ACCION-DEL: Quien haya escuchado los nombres que se dan al Espritu Santo, no elevar en su interior el pensamiento a la suprema naturaleza? Pues al Espritu de Dios se le llama tambin Espritu de verdad, que procede del Padre; Espritu recto, Espritu principal. Pero Espritu Santo es su nombre propio y peculiar, porque ciertamente es el nombre que expresa, mejor que ningn otro, lo incorpreo, lo limpio de toda materia e indiviso. Por eso el Seor, enseando que lo incorpreo no puede comprehenderse, dijo a aquella mujer que pensaba que Dios es adorado en un lugar: Dios es Espritu (Jn 4, 24). Por tanto, al or Espritu, no es lcito moldear en el entendimiento la idea de una naturaleza circunscrita a un lugar, sujeta a cambios y alteraciones, en todo semejante a una criatura; sino que escudriando con el pensamiento hacia lo ms elevado que hay dentro de nosotros, se debe pensar forzosamente en una sustancia inteligente, infinita en cuanto a su poder, no situada en un lugar por su magnitud, no sujeta a la medida de los tiempos ni de los siglos, que da generosamente las cosas buenas que posee. Hacia el Espritu Santo converge todo lo que necesita de santificacin. Es apetecido por todo lo que tiene vida, ya que con su soplo refresca y socorre a todos los seres para que

alcancen su fin propio y natural. Es el que perfecciona todas las cosas, pero sin faltarle nada; no vive por renovacin, sino que mantiene la vida; no aumenta con aadidos, sino que constantemente est lleno, firme en s mismo, se encuentra en todas partes. El Espritu Santo es origen de la santificacin, luz inteligible que a toda potencia racional confiere cierta iluminacin para buscar la verdad. Inaccesible por naturaleza, pero alcanzable por benignidad. Todo lo llena con su poder, pero slo es participable por los que son dignos. No todos participan de l en la misma medida, sino que reparte su fuerza en proporcin a la fe. Simple en esencia, mltiple en potencia. Est presente por entero en cada cosa, y todo en todas partes. Se divide sin sufrir dao, y de l participan todos permaneciendo ntegro. As como el rayo de sol alumbra la tierra y el mar y se mezcla con el aire, pero se entrega al que lo disfruta como si fuera para l solo; as tambin el Espiritu Santo infunde la gracia suficiente e ntegra en todos los que son aptos para recibirle, ya sean muchos o uno solo; y los que de l participan, le gozan en la medida que les es permitido por su naturaleza, no en cuanto a l le es posible. La unin del Espritu Santo con el alma no se realiza por cercana de lugar (cmo podras acceder corporalmente a lo incorpreo?), sino por el apartarse de las pasiones, que, aadidas ms tarde al alma por su amistad con la carne, se hicieron extraas a la intimidad con Dios. Solamente si el hombre se purifica de la maldad que haba contrado con el pecado, si retorna a la natural belleza y, como imagen de un rey, vuelve por la pureza a la primitiva forma, slo entonces podr acercarse al Parclito. Y El, como el sol, alcanzando al ojo que est limpio, te mostrar en s mismo la imagen del que no se puede ver. En la bienaventurada contemplacin de su imagen vers la inefable hermosura del arquetipo. Por El los corazones se levantan hacia lo alto, los enfermos son llevados de la mano y se perfeccionan los que estn

progresando. Dando su luz a los que estn limpios de toda mancha, les vuelve espirituales gracias a la comunin que con El tienen. Y del mismo modo que los cuerpos ntidos y brillantes, cuando les toca un rayo de sol, se tornan ellos mismos brillantes y desprenden de s otro fulgor, as las almas que llevan el Espritu son iluminadas por el Espritu Santo y se hacen tambin ellas espirituales y envan la gracia a otras. De ah viene entonces la presciencia de las cosas futuras, la comprensin de las secretas, la percepcin de las ocultas, la distribucin de los dones, la ciudadana del cielo, las danzas con los ngeles; de ah surge la alegra sin fin, la perseverancia en Dios, la semejanza con Dios y lo ms sublime que se puede pedir: el endiosamiento. ***** Configurarse con Cristo (El Espritu Santo, XV; 35-36) BAU/MUERTE-VIDA/BASILIO: La economa de nuestro Dios y Salvador acerca de los hombres consiste en volver a llamarnos despus de la cada y en reconducirnos a su amistad despus de la separacin producida por la desobediencia. Por esto, la venida de Cristo en la carne, su predicacin evanglica, sus sufrimientos, la cruz, la sepultura, la resurreccin, ha hecho posible que el hombre, salvado por la imitacin de Cristo, recupere su primitiva filiacin adoptiva. Para el perfeccionamiento de tal vida es, pues, necesario imitar a Cristo no slo en los ejemplos de benignidad, humildad y paciencia que nos mostr con su vida; sino tambin en el de su propia muerte, como dijo Pablo, el imitador de Cristo: asemejndome a su muerte, de modo que al cabo pueda arribar a la resurreccin de los muertos (/Flp/03/10-11). Cmo nos haremos imitadores de su muerte? Sepultndonos con El en el Bautismo (cfr. Rm 6, 4-5). De qu modo es la sepultura y qu fruto se deriva de tal imitacin? Primero es

necesario cortar radicalmente con la vida pasada. Y esto slo es posible mediante una nueva generacin, segn las palabras del Seor (cfr. Jn 3, 3): la misma palabra regeneracin significa el principio de una segunda vida, de modo que, antes de alcanzarla, es necesario dar fin a la anterior. Pues as como los que han llegado al final del estadio, antes de dar la vuelta, se paran y descansan un momento, as tambin pareca necesario que mediara la muerte en el cambio de las vidas, de manera que acabe primero una y comience despus la siguiente. Cmo realizamos el descenso a los infiernos? Imitando por el Bautismo la sepultura de Cristo, pues los cuerpos de los que se bautizan son sepultados en el agua. Y es que el Bautismo manifiesta simblicamente la deposicin de las obras de la carne, segn dice el Apstol: vosotros tambin habis sido circuncidados con circuncisin no hecha por mano que cercena la carne, sino con la circuncisin de Cristo, al ser sepultados con l por el Bautismo (Col 2, 11-12). En cierto modo sucede que, por el Bautismo, el alma se limpia de la suciedad procedente de los sentidos carnales, segn lo que est escrito (Sal 50, 9): me lavars y quedar ms blanco que la nieve. De ah que somos limpiados de todas y cada una de las manchas, no segn la costumbre juda sino por el nico Bautismo salvador que conocemos, puesto que una sola es la muerte en beneficio del mundo y una sola la resurreccin de entre los muertos, y el Bautismo es figura de las dos. Para este fin, el Seor, que se preocupa de nuestra vida, estableci para nosotros la alianza del Bautismo, figura de la muerte y tipo de la vida: imagen de la muerte porque el agua cubre completamente, y prenda de la vida porque est contenido el Espritu Santo. Y as se nos hace evidente lo que nos preguntbamos: por qu el agua fue unida al Espritu Santo. Porque, encontrndose dos fines en el Bautismo que el cuerpo quede libre del pecado para que no produzca ms frutos de

muerte, y que viva por el Espritu Santo y d fruto de santificacin, el agua manifiesta la imagen de la muerte, acogiendo al cuerpo como en un sepulcro, y el Espritu Santo enva la fuerza vivificadora, devolviendo nuestras almas de la muerte a la primitiva vida. Esto es nacer de nuevo del agua y del Espritu (cfr. Jn 3, 5), porque la muerte se completa en el agua y nuestra vida se fortalece por el Espritu. Por ello, el gran misterio del Bautismo se realiza con tres inmersiones y otras tantas invocaciones, para dar a entender la figura de la muerte y para que las almas de los bautizados sean iluminadas mediante la entrega de la ciencia divina. Por tanto, si hay gracia en el agua, no procede de su naturaleza, sino de la presencia del Espritu Santo, pues el Bautismo no es la eliminacin de la suciedad corporal, sino la promesa de la buena conciencia para con Dios (cfr. 1 Pe 3, 21). El Seor, para prepararnos a esta vida que surge de la resurreccin propone toda la predicacin evanglica y prescribe la serenidad, la resignacin, el amor puro libre de los deleites de la carne, el desapego del dinero, a fin de que todo cuanto el mundo posee segn la naturaleza, nosotros, al recibirlo, lo pongamos en su sitio con nuestra eleccin. Por esto, si alguno dice que el Evangelio es figura de la vida que surge de la resurreccin, a mi parecer, no se equivocara. Por el Espritu Santo se nos da la recuperacin del paraso, el ascenso al Reino de los Cielos, la vuelta a la adopcin de hijos, la confianza de llamar Padre al mismo Dios, el hacernos consortes de la gracia de Cristo, el ser llamado hijo de la luz, el participar de la gloria del Cielo; en un palabra, el encontrarnos en la total plenitud de bendicin tanto en este mundo como en el venidero, pues al contemplar como en un espejo la gracia de las cosas buenas que se nos han asegurado en las promesas, las disfrutamos por la fe como si ya estuvieran presentes. Si la prenda es as, de qu modo ser el estado final? Y si tan grande es el inicio, cmo ser la consumacin de todo?

***** Recogimiento-interior (Epstola 11, 2-4) Si alguien quiere venir en pos de m, dice el Seor, niguese a si mismo, tome su cruz y sgame (Mt 16, 24). Para eso hay que procurar que el pensamiento se aquiete. No es posible que los ojos, si se mueven continuamente de un lado para otro, arriba y abajo, vean con claridad los objetos. Slo cuando se fija la mirada la visin es clara. Del mismo modo, es imposible que la mente de un hombre que se deje llevar por las infinitas preocupaciones de este mundo, contemple clara y establemente la verdad. Quien no est sujeto por los lazos del matrimonio se ve turbado por ambiciones, impulsos desenfrenados y amores locos; a quien ya tiene sobre s el vnculo conyugal, no le faltan un tumulto de inquietudes: si no tiene hijos, el anhelo de tenerlos; si los tiene, la preocupacin de educarlos, el cuidado de su mujer y de la casa, el gobierno de sus criados, la tensin que los negocios traen consigo, las rias con los vecinos, los pleitos en los tribunales, los riesgos del comercio, las fatigas de la agricultura. Cada da que alborea trae consigo particulares cuidados para el alma; y cada noche, heredera de las preocupaciones del da, inquieta el nimo con los mismos pensamientos. Hay un solo camino para liberarse de estos afanes: aislarse. Pero esta separacin no consiste en estar fsicamente fuera del mundo, sino en aliviar el nimo de sus lazos con las cosas corporales, estando desprendido de la patria, de la casa, de las propiedades, de los amigos, de las posesiones, de la vida, de los negocios, de las relaciones sociales, del conocimiento de las ciencias humanas; y preparndose para recibir en el corazn las huellas de la enseanza divina. Esta preparacin se alcanza despojando el corazn de lo que, a causa de un hbito malo y muy enraizado, lo monopoliza. No es posible escribir sobre la cera si no se borran los caracteres precedentes; tampoco se pueden imprimir en el alma las

enseanzas divinas, si antes no desaparecen las costumbres que estaban. El recogimiento procura grandes ventajas. Adormece nuestras pasiones, y otorga a la razn la posibilidad de desarraigarlas completamente. Cmo se puede vencer a las fieras, sino con la doma? As la ambicin, la ira, el miedo y la ansiedad, pasiones nocivas del alma, cuando se aplacan con la paz privndolas de continuos estmulos, pueden ser derrotadas ms fcilmente. (...) ORA/CONTINUA: El ejercicio de la piedad nutre el alma con pensamientos divinos. Qu cosa ms estupenda que imitar en la tierra al coro de los ngeles? Disponerse para la oracin con las primeras luces del da, y glorificar al Creador con himnos y alabanzas. Ms tarde, cuando el sol luce en lo alto, lleno de esplendor y de luz, acudir al trabajo, mientras la oracin nos acompaa a todas partes, condimentando las obraspor decirlo de algn modocon la sal de las jaculatorias. As tenemos el nimo dispuesto para la alegra y la serenidad. La paz es el principio de la purificacin del alma, porque ni la lengua parlotea palabras humanas, ni los ojos se detienen morosamente a contemplar los bellos colores y la armona de los cuerpos, ni el odo distrae la atencin del alma en escuchar los cantos compuestos para el placer o palabras de hombres, que es lo que ms suele disipar al alma. La mente no se dispersa hacia el mundo exterior. Si no es llevada por los sentidos a derramarse sobre el mundo, se retira dentro de s misma, y de all asciende hasta poner el pensamiento en Dios (...). Entonces, libre de preocupaciones terrenas, pone toda su energa en la adquisicin de los bienes eternos. Cmo podran alcanzarse la sabidura y la fortaleza, la justicia, la prudencia y todas las dems virtudes que sealan al hombre de buena voluntad el modo ms conveniente de cumplir cada acto de la vida? La va maestra para descubrir nuestro camino es la lectura frecuente de las Escrituras inspiradas por Dios. All, en efecto, se hallan todas las normas de conducta. Adems, la narracin

de la vida de los hombres justos, transmitida como imagen viva del modo de cumplir la voluntad de Dios, se nos pone ante los ojos para que imitemos sus buenas acciones. Y as cada uno, considerando aquel aspecto de su carcter que ms necesita de mejora, encuentra la medicina capaz de sanar su enfermedad, como en un hospital abierto a todos. El que desea la continencia, medita largamente la historia de Jos y aprende de l a vivir la templanza, pues se da cuenta de que Jos no slo fue continente, sino que estuvo dispuesto a ejercitar la virtud en todo, gracias a un hbito bien radicado. Se aprende la valenta de Job, cuando las circunstancias de su vida cambiaron radicalmente, y de un solo golpe dej de ser rico para convertirse en pobre, y siendo padre de una familia feliz, se encontr de repente sin hijos. Entonces, no slo permaneci constante manteniendo siempre el sentido sobrenatural, sino que ni siquiera se enfad contra los amigos que, pretendiendo consolarle, le insultaban, haciendo ms intenso su dolor. Cuando alguien desea ser manso y magnnimo al mismo tiempo, y as manifestar intransigencia contra los errores y comprensin con los hombres, encontrar que David era valeroso en las nobles empresas de la guerra, pero dulce y manso en el trato con los enemigos. As era tambin Moiss, cuando se encolerizaba grandemente con las ofensas de los que pecaban contra Dios, y soportaba serenamente las calumnias dirigidas a l mismo. (...) Las oraciones, en fin, adems de la lectura, hacen el nimo ms joven y ms maduro, ya que le mueven al deseo de poseer a Dios. Es bonita la oracin que hace ms presente a Dios en el alma. Precisamente en esto consiste la presencia de Dios: en tener a Dios dentro de s mismo, reforzado por la memoria. De este modo nos convertimos en templo de Dios: cuando la continuidad del recuerdo no se ve interrumpida por preocupaciones terrenas, cuando la mente no es turbada por sentimientos fugaces, cuando el que ama al Seor est desprendido de todo y se refugia slo en Dios, cuando

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rechaza todo lo que incita al mal y gasta su vida en el cumplimiento de obras virtuosas. ***** El deber de trabajar (Reglas ms amplias, 37, 1-2) Dice Nuestro Seor Jesucristo que quien trabaja merece su sustento (Mt 10, 10); [el alimento], por tanto, no es simplemente un derecho debido a todos sin distincin, sino de justicia para quien trabaja. El Apstol tambin nos manda trabajar con nuestras propias manos para tener con qu ayudar a los necesitados (cfr. Ef 4, 28). Es claro, por tanto, que hay que trabajar, y hacerlo con diligencia. No podemos convertir nuestra vida de piedad en un pretexto para la pereza o para huir de la obligacin. Todo lo contrario. Es un motivo de mayor empeo en la actividad y de mayor paciencia ante las tribulaciones, para que podamos repetir: con trabajos y fatigas, en frecuentes vigilias, con hambre y sed (2 Cor 11, 27). Este tenor de vida no slo nos sirve para mortificar el cuerpo, sino tambin para demostrar nuestro amor al prjimo, y que, mediante nuestras manos, Dios conceda lo necesario a los hermanos ms dbiles segn el ejemplo del Apstol, que dice en los Hechos: os he enseado en todo que trabajando as es como debemos socorrer a los necesitados (Hech 20, 35); y tambin: para que tengis con qu ayudar al necesitado (Ef 4, 28). De esta manera, un da seremos dignos de escuchar estas palabras: venid, benditos de mi Padre, tomad posesin del Reino preparado para vosotros desde la creacin del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber (Mt 25, 34-35). Hace falta insistir en que el ocio es malo, si el mismo Apstol dice abiertamente que el que no trabaja no ha de comer? Igual que el alimento diario es necesario, tambin lo es el trabajo cotidiano. No en vano, Salomn ha escrito esta alabanza [de la mujer laboriosa]: el pan que come no es fruto de pereza (Prv 31, 27). El Apstol dice de s mismo: ni

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comimos gratis el pan de nadie, sino trabajando da y noche con cansancio y fatiga (2 Tes 3, 8) a pesar de que, como predicador del Evangelio, tena derecho a vivir de su predicacin. El Seor uni la malicia a la pereza cuando dijo: siervo malo y perezoso (Mt 25, 26). Y tambin el sabio Salomn, no slo alaba a quien trabaja, sino que condena al vago envindolo junto al animal ms pequeo: vete donde la hormiga, perezoso!, le dice (Prv 6, 6). Por tanto, hemos de temer que estas palabras nos sean dirigidas en el da del juicio, porque quien nos ha dado energas para trabajar exigir que nuestras obras sean proporcionales a esas fuerzas. A quien mucho se le ha dado, mucho le ser exigido (Lc 12, 48) (...). Mientras movemos nuestras manos en el trabajo, debemos dirigirnos a Dios con la lenguasi es posible o til para edificar nuestra fe, o al menos con el corazn, mediante salmos, himnos y cantos espirituales, y as rezar tambin durante nuestra ocupacin, dando gracias a quien pone en nuestras manos la fuerza para trabajar, da a nuestra mente la capacidad de conocer y nos proporciona la materia, tanto de los instrumentos como de los objetos que fabricamos. Y todo esto, suplicando que nuestras obras sean del agrado de Dios. ***** AYUNO/BASILIO-SAN A) El ayuno Escogemos los pensamientos fundamentales de dos homilas del santo Doctor (cf. Ad Populum variis argumentis homiliae XIX. Homiliae I et II de ieiunio Divi Basilii Magni... omnia quae in hunc diem latino sermone donata sunt opera. Apud Philippum Nuntium Antuerpiae, MDLXVIII, p. 128). a) EXHORTACIN Entonad un canto, tocad los cmbalos, la dulce citara y el arpa; haced resonar en este mes las trompetas, en el plenilunio, en nuestra fiesta (Ps. 80,3-4). Nuestra pascua se acerca tambin y hemos de resonar las

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trompetas de la Escritura, que nos invitan al ayuno (uf. Hom. 1 initio). Sube a un alto monte y anuncia a Sin la buena nueva (Is. 40,9). El militar arenga a sus soldados y los inflama, de tal modo que desafan a la muerte; el entrenador pone delante de sus atletas la corona del premio, y al orle no se arredran ya por ningn esfuerzo. Dejadme a m que os dirija la palabra para alentaros a esta batalla del ayuno, preparatorio de la gran fiesta. Animo, soldados de Cristo, vamos a luchar contra las potestades invisibles! Los soldados y atletas robustecen su cuerpo para pelear. Nosotros, por el contrario, lo enflaquecemos para vencer. Lo que los masajes de aceite son para los msculos es la mortificacin para el alma. El ayuno es til en todo tiempo e impide siempre los ataques del demonio. Pero, sobre todo, se promulga por l en el orbe entero el edicto penitente. Soldados y caminantes, maridos y mercaderes, lo reciben con gozo. Nadie, pues, se excluya del censo que los ngeles van formando por las cudades, viendo quin ayuna. Eres rico? No creas al ayuno indigno de tu mesa. Pobre? No digas que es el campanero eterno de la tuya. Nio? Qu mejor escuela? (Hom. 2). Alegrad, pues, vuestros rostros. Los histriones representan el papel de los hipcritas asumiendo el tipo de personajes que no son. No lo hagas t; ayuna, y ayuna con alegra (Hom. 1). b) EJEMPLOS DE AYUNO "Todo lo que se distingue por su antigedad es venerable". Nada ms antiguo que el ayuno. En el paraso, el pequeo precepto impuesto por Dios no consisti sino en una muestra de abstinencia (Gen. 3,3). "Por no ayunar fuimos expulsados del edn; ayunemos, pues, para que se vuelvan a abrir sus puertas". Elegid entre Eva y Lzaro (Lc. 16,21); la una se perdi por gula y el otro se salv por sus privaciones. Moiss, antes de subir al monte, se prepar con un largo ayuno (Ex. 24,18), y all, mientras continuaba privado de todo alimento, Dios le fue escribiendo con su dedo los mandamientos en dos tablas. Qu ocurri entre tanto al pie del monte? Que el pueblo se sent para comer y se levant para jugar, y de la comida y el juego vino a caer en la idolatra. Esa perdi la primogenitura por su ansiedad de comida (Gen. 25,29-34). Samuel naci en

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premio de la oracin y del ayuno de su madre (1 Reg. 1,10). El ayuno convirti en inexpugnable a Sansn (Jc 13,24-25). Los profetas eran grandes ayunadores, como Eliseo, cuyo escaso y sencillo alimento en casa de la Sunamtide nos describe la Escritura (4 Reg. 4,8-10). Los jvenes del horno y Daniel, vencedores del fuego y de los leones, dieron asimismo ejemplo de la abstinencia. El ayuno apag las llamas y cerr las fauces del len Dn. 3,19 ss; 6,16-23). San Juan, el mayor entre todos los nacidos; San Pablo, que enumera el ayuno entre todos las dems sufrimientos de que se glora... Pero a qu seguir, si tenemos ah a nuestra cabeza y Seor, que, para darnos ~ejemplo, ayun cuarenta das? (Serm 1 y 2). C) EL AYUNO, UTIL PARA EL CUERPO Y PARA EL AMA No busques pretextos para excusarte, porque ests hablando con Dios, que lo sabe todo. Que no puedes ayunar y, en cambio, te regalas con grandes comilonas? Ms perjudican stas a la salud que el ayuno. El cuerpo que se embota a diario con demasiada comida, es como un buque cargado en exceso, y en peligro de hundirse al menor soplo de las olas. A juzgar por la vida de muchos, no parece sino que es ms cmodo correr que descansar, luchar que vivir tranquilo, pues prefieren las enfermedades a una parquedad saludable Y si venimos al orden espiritual, "el ayuno es quien da alas a la oracin para que pueda subir al cielo; es la firmeza de la familia, la salud de la madre y el maestro de los hijos". Despus de ponderar la sana alegra de una comida decerosa, tras la prctica del ayuno, porque el sol brilla ms claro al cesar la tormenta, y las continuas delicias vuelven inspido al mismo placer, continua San Basilio: "Aade a todo esto que el ayuno no slo te libra de la condenacin futura; sino que te preserva de muchos males y sujeta tu carne, de otro modo indmita... Ten cuidado, no sea que, por despreciar ahora el agua, tengas despus que mendigar una gota desde el infierno". Vivs en la crpula y os olvidis de alimentar el alma con los dogmas y la doctrina, "como si no supierais que vivimos en batalla perpetua y que quien abastece a una de las partes influye en la derrota de su

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contraria, y, por lo tanto, el que sirve a la carne aniquila al espritu, mientras que quien le ayuda reduce a servidumbre al cuerpo... Si quieres robustecer al alma, habrs de domar la carne con el ayuno, conforme a la sentencia del Apstol, el cual nos enseaba que cuanto ms se corrompe el hombre exterior, ms se renueva el interior... (Ef 4,22-24). Quin es el que ha conseguido participar de la mesa eterna, repleta de dones espirituales, viviendo aqu en esplndida abundancia? Moiss para recibir la ley necesit del ayuno, y ni no hubieran recurrido a l los ninivitas (Jn. 3,10), habran perecido,. Quines dejaron sus huesos en el desierto, sino los que recordaban ansiosos las carnes de Egipto?" El ayuno es el pan de los ngeles y nuestra armadura contra los espritus inmundos, que no son arrojados sino por l (Mt. 17,20) y por la oracin (Hom. 1). Cundo habis visto que el ayuno engendre la lujuria? No veis cmo en nuestra ciudad cesan las canciones meretricias y los bailes impdicos en cuanto nos dedicamos a ayunar?. El ayuno nos asemeja a los ngeles (Hom. 2). Pero tened cuidado de no mezclar otros vicios con vuestra abstinencia. Extindese aqu largamente San Basilio sobre los que ayunan, pero beben inmoderadamente, y aade: Perdonad al prjimo y componed los pleitos, no sea que ayunis de carne y devoris a vuestros hermanos. B) La tentacin CR/TENTACION a) INTERROGATORIO 75 "Podemos atribuir al demonio todos los pecados, tanto de pensamiento como de palabra y de obra?" b) RESPUESTA "En general opino que Satans no puede obligar a nadie a pecar, sino que, utilizando las inclinaciones de cada uno y los deseos prohibidos, consigue arrastrar a los que viven descuidados hacia las vicios que les son propios. Srvese como de ayuda de las tendencias naturales, tal y como ocurri con Cristo, cuando, al verlo hambriento, se le acerc para decirle: Si eres Hijo de Dios... En el caso de Judas se sirvi de los deseos perniciosos, pues al percibir su

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inclinacin a la avaricia, le empuj a vender al Seor por treinta dineros"... "Pero es evidente tambin que el mal nace muchas veces de nosotros mismos, y lo atestigua Cristo cuando dijo que los pensamientos malos salen del corazn" (Mt. 15,19). "El alma es como una via, la cual, descuidada por la pereza, no produce sino abrojos" (cf. Regulae breviores, o.c., p.442). C) La ambicin y la humildad Entre las obras de San Basilio figuran veintitrs discursos a Simone magistro ac sacri palatii quaestore, ex eius scriptis olim in unum congestae". En realidad, son una seleccin de pensamientos, copiados literalmente y unidos por materias que forman distintos sermones. Usamos los discursos 17 y 20 e indicamos los lugares de las obras del santo Doctor de donde han sido elegidos los prrafos correspondientes. Los textos seleccionados se relacionan con las tentaciones de soberbia y ambicin. "Es muy difcil que quien no se resigna nunca a ocupar el ltimo puesto ni a ser el menor de todos, pueda resistir los ataques de la ira o sufrir con paciencia los contratiempos. En cambio, el humilde, que, cuando se ve menospreciado, confiesa ser todava inferior, difcilmente se turbar, y si un da le llaman pobre, sabe muy bien que lo es, porque lo necesita todo, y porque no puede vivir sin la ayuda diaria de Dios". Si le echan en cara su humilde origen, se acuerda del barro. "Lo mismo de difcil es no aplanarse en la desgracia como no ensoberbecerse en la prosperidad, porque los hombres fatuos, si se ven honrados y observados, se engren ms todava" (cf. Hom. 7, ex comm. in Ps. 61). "Dcese ambicioso aquel que habla u obra movido por ese miserable y vaco honor de este mundo, dando, por ejemplo, limosnas para ser alabado. Como quiera que este tal busca su propia utilidad, no podemos decir de l ni que es misericordioso ni que hace el bien a sus semejantes". Tal fue el delito de Ananas, al que no se le di tiempo siquiera para arrepentirse (Act. 5,1-10). "El Seor, que resiste a los soberbios y exalta

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a los humildes, ha dado su palabra de que derribar por tierra la virtud de los fatuamente hinchados. Por lo tanto, todo el que se dedica a confundir la soberbia de estos tales, en realidad los libra y borra la semejanza que tenan con el demonio, padre de todo fasto y soberbia, persuadindoles a que sean verdaderos discpulos del que se nos propuso como modelo de mansedumbre y humildad" (ibid., Ex comm. in Eph.). "Y si alguna vez observas que tu hermano ha incurrido en algn delito, no detengas en eso tu pensamiento; examina despacio todo lo bueno que ha hecho y hace, y a buen seguro comprobars que es mejor que t. Las personas deben juzgarse no por un detalle, sino por el conjunto, como hace el mismo Dios". As juzg al rey Josafat, a quien perdon un grave delito por otras buenas obras (2 Par. 17,1-6). No te juzgues nunca superior a nadie, no sea que, absuelto por tu propia sentencia, vengas a ser castigado por otra muy justa del cielo. Si crees haber hecho algo bueno, da gracias a Dios, pero no te creas superior a nadie..., no te ocurra lo que al demonio, que quiso subir por encima del hombre, y Dios lo derrib de tal forma que ahora lo podemos pisotear' (cf. Hom. 17, Ex cont. de humilitate). D) El gobierno y el poder Es necesario que gobiernen los ms dignos, aunque muchas veces la necedad de los hombres procure lo contrario. Deben los jefes sobresalir en toda clase de virtudes, pues como sean ellos, as, por lo general, sern los ciudadanos. Si muchos pintores copian el mismo rostro, todos reproducirn idnticos rasgos. "La verdadera y perfecta obediencia de los sbditos a sus superiores consiste no slo en evitar el mal que se prohibe, sino en no llevar a cabo ni aun lo que es laudable, fuera de su direccin..." "El prncipe y todo el que gobierna ha de procurar no dejarse ensoberbecer por su cargo, para no perder el premio que merece la humildad. Y el que sirva al rey, tampoco se engra pensando si ocupa tales o cuales puestos... Bstenos la gran dignidad de podernos llamar siervos de tan gran Seor. Del mismo modo que no hemos de tributar culto ms que a Dios, tampoco debemos colocar

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nuestra esperanza sino en el Seor de todas las cosas. El que espera de los hombres o se ufana de cualquier negocio temporal, como el poder, la riqueza o alguna nadera de las que tanto estima el vulgo, ya no puede decir: Yav, mi Dios, a ti me acojo (Ps. 7,2), pues se nos ha avisado que no coloquemos nuestra esperanza en los prncipes (Ps. 145,3)..." (cf. Hom. 20, Ex ascetico).

SAN BASILIO EL GRANDE Sobre el Espritu Santo El Espritu Santo y el Cuerpo de Cristo: Al que ya no vive segn la carne, sino que es llevado por el Espritu de Dios, se lo llama hijo de Dios, se convierte en imagen de su Unignito y recibe el nombre de espiritual. Y de la misma manera que la facultad de ver acta en el ojo sano, as acta tambin en esta alma purificada la fuerza del Espritu. Y a la manera como la palabra est en la mente, unas veces como simple pensamiento del corazn, otras veces como palabra proferida por los labios, as tambin el Espritu Santo habita en nosotros unas veces dando testimonio a nuestro espritu y clamando en nuestros corazones: Abba! (Padre), otras veces hablando por medio de nuestros labios, segn aquello del Evangelio: No seris vosotros los que hablis, el Espritu de vuestro Padre hablar por vosotros. Ahora bien, de la misma manera que el todo est en cada una de las partes, hay que entender que el Espritu est ntegro en cada uno de los dones que distribuye: pues todos somos miembros, los unos de los otros, aunque tengamos dones diferentes segn las diversas gracias que hemos recibido de Dios. Por eso no puede el ojo decir a la mano: No tengo necesidad de ti; como tampoco la cabeza a los pies: No os necesito para hada. Por el contrario, todos los miembros reunidos constitutVen el cuerpo ntegro de Cristo, en la unidad del Espritu, y se prestan mutuamente los servicios necesarios, segn los dones que cada uno ha recibido.

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Pues Dios coloc los diversos miembros del cuerpo, a cada uno de ellos segn quiso. Y los miembros, por su parte, son solidarios unos de otros, en virtud del amor mutuo, nacido de su comunin en el mismo espritu. De manera que cuando un miembro sufre todos sufren con l; cuando un miembro es honrado, todos le felicitan. Y as como las partes estn en el todo, as cada uno de nosotros est en el Espritu, porque todos los que formamos un nico cuerpo hemos sido bautizados en un mismo Espritu. Y de la misma manera que podemos contemplar al Padre en el Hijo, as tambin podemos ver al Hijo en el Espritu. Por ello adorar a Dios en el Espritu es lo mismo que adorarlo en la luz o en la verdad, como se puede deducir de las palabras que el Seor dijo a la Samaritana. Pues ella, engaada como estaba por el error de su pueblo, crea que deba adorarse a Dios en un lugar determinado, pero el Seor la instruy, dicindole que Dios deba ser adorado en Espritu y en verdad, designndose, sin duda, a s mismo como la verdad. Por lo tanto, de la misma manera que decimos que hay que adorar al Hijo, como imagen de Dios Padre, tambin debemos decir que hay que adorar al Espritu, pues posee y refleja en s mismo la divinidad de Cristo. As pues, por la iluminacin del Espritu contemplamos propia y adecuadamente la gloria de Dios; y por medio de la impronta del Espritu llegamos a aquel de quien el mismo Espritu es impronta y sello. (26, 61 y 64; Liturgia de las Horas) Homilas Sembrar en justicia: Oh hombre, imita a la tierra; produce fruto igual que ella, no sea que parezcas peor que ella, que es un ser inanimado. La tierra produce unos frutos de los que ella no ha de gozar, sino que estn destinados a tu provecho. En cambio, los frutos de beneficencia que t produces los recolectas en provecho propio, ya que la recompensa de las buenas obras revierte en beneficio de los que las hacen. Cuando das al necesitado, lo que le das se convierte en algo tuyo y se te devuelve

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acrecentado. Del mismo modo que el grano de trigo, al caer en tierra, cede en provecho del que lo ha sembrado, as tambin el pan que t das al pobre te proporcionar en el futuro una ganancia no pequea. Procura, pues, que el fin de tus trabajos sea el comienzo de la siembra celestial: Sembrad para vosotros mismos en justicia, dice la Escritura. Tus riquezas tendrs que dejarlas aqu, lo quieras o no; por el contrario, la gloria que hayas adquirido con tus buenas obras la llevars hasta el Seor, cuando, rodeado de los elegidos, ante el juez universal, todos proclamarn tu generosidad, tu largueza y tus beneficios, atribuyndote todos los apelativos indicadores de tu humanidad y benignidad. Es que no ves cmo muchos dilapidan su dinero en los teatros, en los juegos atlticos, en las pantomimas, en las luchas entre hombres y fieras, cuyo solo espectculo repugna, y todo por una gloria momentnea, por el estrpito y aplauso del pueblo? Y t, sers avaro, tratndose de gastar en algo que ha de redundar en tanta gloria para ti? Recibirs la aprobacin del mismo Dios, los ngeles te alabarn, todos los hombres que existen desde el origen del mundo te proclamarn bienaventurado; en recompensa por haber administrado rectamente unos bienes corruptibles, recibirs la gloria eterna, la corona de justicia, el reino de los cielos. Y todo esto te tiene sin cuidado, y por el afn de los bienes presentes menosprecias aquellos bienes que son el objeto de nuestra esperanza. Ea, pues, reparte tus riquezas segn convenga, s liberal y esplndido en dar a los pobres. Ojal pueda decirse tambin de ti: Reparte limosna a los pobres, su caridad es constante. Deberas estar agradecido, contento y feliz por el honor que se te ha concedido, al no ser t quien ha de importunar a la Puerta de los dems, sino los dems quienes acuden a la tuya. Y en cambio te retraes y te haces casi inaccesible, rehyes el encuentro con los dems, para no verte obligado a soltar ni una Pequea ddiva. Slo sabes decir: No tengo nada que dar, soy pobre. En verdad eres pobre y privado de todo bien: pobre en amor, pobre en humanidad, pobre en confianza en Dios, pobre en esperanza eterna. (3,6; Liturgia de las Horas)

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Sobre la literatura pagana Publicado por ed. Rialp. col. Nebl n. 28, Madrid 1964 Utilidad de la ciencia profana y manera de aprovecharla: En efecto, se dice que Moiss, aquel clebre varn cuyo nombre es tenido entre todos los hombres como excepcional por su sabidura, despus de haber ejercitado su inteligencia en las ciencias de los egipcios, avanz ms por esto hasta llegar a la contemplacin del Que Es. Y de modo semejante, en tiempos tambin antiguos, pero ms cercanos a nosotros, cuentan que el sabio Daniel, despus de conocer en Babilonia la ciencia de los caldeos, al final emprendi el estudio de las divinas letras. Queda, por tanto, suficientemente demostrado con esto, que estas disciplinas profanas no son perjudiciales a los espritus. Nos queda por decir el modo de que lleguis vosotros a sacar provecho de su estudio. En primer lugar, pues, en cuanto a los poetas (por empezar por ah). Como son diversos los asuntos que tratan, no es fcil dar para todos una norma comn, sino que cuando os relatan las hazaas, proezas y dichos de los hroes, debis esforzaros por aceptarlo con afecto y tratar de imitarles e intentar con todo ahnco ser como ellos; pero cuando se trate de hombres perversos, entonces es necesario huir de imitarles, dejar su ejemplo, tapndonos los odos no con menos precaucin de la que dicen que tuvo Ulises al huir del canto de las sirenas. Pues el escuchar las palabras de los perversos es un camino para llegar a los hechos. Por eso con todo cuidado debemos guardar nuestra alma, no sea que a travs de un estilo o palabras agradables, sin sentirlo, admitamos algo peor, como los que toman veneno mezclado con miel. Por eso no alabaremos a los poetas cuando insultan y escarnecen, ni cuando relatan escenas de amores lujuriosos y de embriagueces, ni cuando fijan la felicidad en una mesa bien surtida con canciones disolutas. Y nunca haremos caso a los que hablan en ese sentido de

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los dioses y mucho menos cuando los muestren discutiendo de muchas cosas y sin ponerse de acuerdo. Pues, por ejemplo, entre los dioses, un hermano est en desacuerdo contra un hermano, y un padre con sus hijos, y con esto tenemos enseguida una guerra no gloriosa contra los padres. Y dejaremos para los cmicos los adulterios y amores de los dioses y sus libertinajes manifiestos, especialmente los de Jpiter, el principal corifeo de todos, segn ellos dicen, cuyos hechos avergonzaran, si alguno los contase de las bestias. Lo mismo debo decir de los historiadores, principalmente cuando escriben para agradar y hacer pasar el rato a los lectores. Ni tampoco imitaremos a los retricos en el arte de mentir. Pues ni en juicios ni en otros negocios nos es til y conveniente mentir a nosotros, que hemos escogido el recto y verdadero camino de la vida y a quienes la Ley nos manda no litigar. Ms bien aprobaremos las hazaas de aquellos en los que ensalzan la virtud o condenan el vicio y la maldad. Pues como para los que no son las abejas, hay placer suficiente con el solo olor o color de las flores, pero las abejas pueden sacar miel de ellas, as tambin aqu los que no van en busca slo del estilo y elegancia de estos libros, pueden sacar, adems, de ellos cierta utilidad para su alma. Debis, pues, vosotros seguir al detalle el ejemplo de las abejas. Porque stas no se paran en cualquier flor ni se esfuerzan por llevarse todo de las flores en las que posan su vuelo, sino que una vez que han tomado lo conveniente para su intento, lo dems lo dejan en paz. Tambin nosotros, si somos prudentes, extrayendo de estos autores lo que nos convenga y ms se parezca a la verdad, dejaremos lo restante. Y de la misma manera que al coger la flor del rosal esquivamos las espinas, as al pretender sacar el mayor fruto posible de tales escritos tendremos cuidado con lo que pueda perjudicar los intereses del alma (...)

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Pero acabemos lo que os deca al principio: no hemos de ad-Mitir y aceptar todo sin ms ni ms (de los libros o autores gentiles), sino lo que nos sea til. Pues est feo, por una parte, apartar lo daoso tratndose de alimentos y no tener cuenta alguna, por otra parte, con las lecturas, que alimentan el alma, y lanzarse a cualquier cosa que se presente, como arrastra consigo el torrente lo que encuentra. (Nebl 28, 40-43.52)

LOS IRACUNDOS
Introduccin: torpe bestialidad del iracundo Cuando las prescripciones de los mdicos son oportunas y estn conformes con lo que aconseja el arte, su utilidad se manifiesta sobre todo despus que se experimenta. As, en las exhortaciones espirituales, cuando los consejos estn confirmados por el xito, es entonces cuando aparece lo sabia y ltimamente que fueron dados para la enmienda de la vida y para la perfeccin de aquellos que los llevan a cabo. Pues cuando omos las sentencias de los Proverbios que nos ensean que "la ira pierde aun a los prudentes" 1, cuando omos la amonestacin del Apstol: "Toda ira, indignacin y alboroto con toda maldad, est lejos de vosotros" 2, y al Seor que dice que quien irrita temerariamente a su hermano es reo de juicio 3; si hemos experimentado esta pasin que no nace en nosotros, sino que se precipita desde fuera sobre nosotros como una inesperada tempestad, entonces, sobre todo, conoceremos bien lo admirable de las divinas amonestaciones. Y si a veces nosotros mismos hemos dado cabida a la ira, como abriendo paso a un ro impetuoso, y hemos experimentado la vergonzosa tribulacin de los posedos por esta pasin, habremos llegado a conocer entonces, la verdad de aquella sentencia: "El hombre iracundo no es honesto" 4. Porque una vez que este vicio hace perder la razn usurpa despus el dominio del alma.

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Embrutece por completo al hombre no permitindole ser hombre, pues ya no cuenta con el auxilio de la razn. Lo que el veneno causa a los envenenados, eso mismo hace la ira en los que se exasperan, rabian como perros, atacan como escorpiones, muerden como serpientes. La Sagrada Escritura suele llamar con frecuencia a los dominados por este vicio, fieras, a las que se asemejan en su maldad. Otras veces los llama perros que no ladran 5; otras, serpientes, raza de vboras 6. Y en efecto, los que estn dispuestos a destrozarse mutuamente y a hacer dao a sus semejantes, son con razn, contados entre las fieras y animales venenosos que por naturaleza tienen odio implacable al hombre y le atacan. La ira desenfrena la lengua y no hay guarda en la boca. Las manos sin sosiego, las afrentas, los insultos, las maldiciones, las heridas y otras cosas que quedan sin enumerar, son vicios engendrados por la ira y el furor. Tambin la espada, se afila por la ira, y la muerte del hombre se lleva a cabo por manos humanas. Por ella los hermanos llegan a desconocerse entre s. Los padres y los hijos reniegan de su naturaleza. Pues los iracundos se olvidan en primer lugar de s mismos; despus, de todos sus parientes. Y as como los torrentes que van a morir en alguna concavidad, arrastran consigo cuanto se les presenta delante, del mismo modo, los violentos e irresistibles mpetus de los iracundos, atropellan a todos por igual. No respetan las canas, ni la santidad de vida, ni el parentesco, ni los beneficios recibidos, ni dignidad alguna. Es la ira una locura pasajera. En el afn de vengarse, los iracundos aun a s mismo se precipitan muchas veces en una desgracia evidente, despreciando su propio bienestar. Picados como con un aguijn por el recuerdo de los que le han ofendido, hirviendo y saltando de enojo, no paran hasta que hacen algn dao a quien les ha irritado. Sin embargo, suele acontecer que son

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ellos los que lo reciben. Muchas veces sucede que las cosas que violentamente se quiebran, padecen ms de lo que daan, por cuanto se estrellan contra otras que las resisten. Descripcin del iracundo Quin podr explicar este mal? Los inclinados a la ira que se enciende por cualquier cosa, gritan y se enfurecen, acometen ms indecorosamente que cualquier animal venenoso. No desisten hasta que en ellos revienta como burbuja la ira, y hasta que se deshace la hinchazn que constituye su grave e incurable mal. Ni el filo de la espada, ni el fuego, ni cualquier otra cosa terrible es capaz de contener a un nimo encendido en ira. Se parecen a los posesos del demonio, de los cuales nada se diferencian los iracundos ni en su aspecto ni en el estado de su mal. Pues a los que estn sedientos de venganza les hierve la sangre alrededor del corazn, como agitada e inflamada por la fuerza del fuego. Saliendo al exterior presenta al airado en otra forma, mudndole la acostumbrada y a todos conocida, como si se pusiese una careta en la escena. Se desconocen en ellos los ojos propios y ordinarios. Su aspecto es fiero y su mirada despide fuego y hasta aguza sus dientes como un jabal. Su rostro est lvido y enrojecido. La mole de su cuerpo se entumece. Sus venas se hinchan por la tempestad que ruge en su fatigoso alentar. Su voz spera y muy levantada. Sus inarticuladas palabras se precipitan temerariamente, sin proceder con lentitud, ni con orden, ni con significacin. Despus que la causa de su exasperacin ha llegado al colmo y despus que su ira se enciende ms y ms como la llama con la abundancia de combustible, entonces es, cuando se ven espectculos que ni la lengua puede decir, ni de hecho se pueden tolerar. Levanta las manos contra el amigo, y descarga con ellas golpes en todas partes de su cuerpo. Ms an; da puntapis, sin compasin, sobre los ms delicados miembros. Todo lo que se le pone delante sirve de arma a la ira. Y si la parte contraria se encuentra con el mismo mal que le resiste, a saber, con otra rabia y locura semejante, entonces cayendo el uno sobre el otro, hacen y sufren mutuamente cuanto es

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justo que sufran los que luchan bajo semejante espritu. Las mutilaciones de los miembros, y muchas veces tambin la muerte, lo cuentan los que luchan como premio de la ira. Comenz el uno a levantar sus manos sin razn, el otro lo rechaza; repiti el otro el golpe, el segundo no cede. Y el cuerpo queda lastimado por las heridas. Pero la ira hace que no se sienta el dolor. Pues ni tiempo tienen para sentir lo que sufren, mientras tienen ocupada la mente en vengarse del que les hiere. Es necesario saber vencer con la mansedumbre Premio reservado a los mansos No curis un mal con otro mal 7, ni porfiis por vengaros unos a otros en hacer dao. En las luchas malas, es ms digno de compasin el que vence, porque se retira con mayor pecado. No te hagas deudor de un premio malo, ni pagues peor una deuda mala. Te insulta el iracundo? Detn con tu silencio el dao. Recibiendo en tu corazn como a un torrente la ira del otro, imitas a los vientos que rechazan con su soplo lo que se les arroja. No tengas a tu enemigo por maestro. Ni imites lo que odias. No te hagas como un espejo del que se irrita mostrando en ti mismo su figura. - Pero se enciende el otro . . . - Y t, acaso no ests tambin encendido? - Sus ojos arrojan sangre ... - Pero, dime, los tuyos miran con serenidad? - Su voz es spera ... - Pero, la tuya es suave?

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En los desiertos, el eco devuelve la voz al que la emiti. As tambin los insultos vuelven al que los profiri. Mejor dicho, el eco vuelve el mismo, mas el insulto viene aumentado. Porque, qu es lo que suelen echarse en cara el uno al otro los iracundos? El uno dice al otro: plebeyo, descendiente del linaje oscuro! El otro, en cambio, responde: esclavo, e hijo de esclavos! Este: pobre! Aqul: mendigo! Este: Ignorante! Aqul: mentecato! Y as hasta que se les acaban los insultos como agudas flechas. Despus que han arrojado de su boca como de una aljaba toda clase de improperios, pasan a la venganza por medio de los hechos. Porque la ira excita la ria; la ria engendra los insultos; los insultos, los golpes. Y no pocas veces a los golpes siguen las heridas y la muerte! Consejos para dominar al iracundo Alejemos el mal en su comienzo, arrojando de nuestras almas con todo empeo, la ira. Porque de esta manera arrancaremos con este vicio, como con raz y fundamento, muchsimos males. Te ha maldecido tu enemigo? Bendcele t. Te ha herido? Sfrelo. Te desprecia y te tiene por nada? Piensa que "eres de tierra y en tierra te has de convertir" 8. Quien medita este pensamiento, toda deshonra encuentra menor que la verdad. Si te muestras invulnerable ante las injurias, quitars al enemigo toda posibilidad de venganza. Adems, ganas de esta manera para ti, gran corona de paciencia, sirvindote de la locura del otro como de ocasin para tu propia virtud. Y si me crees, an aadirs t mismo otros oprobios a los que el otro te dice. Te llama plebeyo y hombre sin honor y sin ningn valor? Llmate a ti mismo tierra y polvo: que no eres ms noble que nuestro padre Abraham, y eso se llamaba a s mismo 9.

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Te llama ignorante, pobre e indigno de todo? T, llmate gusano y di que tu origen es el estircol, usando del lenguaje de David 10. Y a esto aade la hazaa de Moiss: Injuriado por Aarn y Mara, no pidi a Dios que les castigase, sino que rog por ellos. De quin quieres ser discpulo? De los hombres amigos de Dios y justos, o de los que estn llenos del espritu de maldad? Cuando se levante en ti la tentacin de injuriar, piensa que ests en esta alternativa: o de acercarte a Dios por la paciencia, o de acogerte por la ira al enemigo. Da tiempo a tus pensamientos para que elijan el partido ventajoso. Porque, o aprovechas algo a tu adversario con el ejemplo de la mansedumbre, o le irritas ms ferozmente con tu desprecio. Porque, qu cosa hay ms acerba para un enemigo que el ver que su adversario le supera en las injurias? No rebajes tu nimo; ni consientas ponerte al alcance de tus injuriadores. Deja que te ladre en vano; que se despedace a s mismo. Que as como el que azota a uno que no siente, se hace mal a s mismo (porque ni se venga del enemigo ni apacigua la ira), as el que ultraja a uno a quien no alteran los oprobios, no puede encontrar descanso para su sufrimiento. Por el contrario, se despedaza, como dije. Y qu es lo que cada uno de vosotros gana con los que estn presentes? A l le llaman mezquino, a ti magnnimo; a l iracundo y cruel, a ti sufrido y manso. El se arrepentir de las cosas que dijo: t nunca te arrepentirs de tu virtud. Cmo comportarse con los iracundos A qu decir ms? A l, su maledicencia le cerrar el reino de los cielos; porque los iracundos no alcanzarn el reino de Dios 11; mientras que a ti te abrir el reino tu silencio. Porque el que haya sufrido hasta el fin, ese se salvar 12. Pero si te vengas y te levantas igualmente contra el que te

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injuria, qu excusas vas a tener? Que l te provoc primero? Y, de qu perdn es esto digno? Tampoco el libertino que imputa el pecado de su cmplice porque le incit, deja por eso de ser digno de condenacin. Ni hay corona sin enemigos, ni cadas sin luchadores. Oye a David que dice: "Mientras el pecador se puso en contra de m, ni me exasper, ni me vengu, sino que enmudec y me humill y no dije nada de los bienes" 13. T te exacerbas con el ultraje como con un mal, y sin embargo le imitas como si fuera un bien. Porque, mira, haces lo que reprendes. Examinas con cuidado el mal ajeno, y tienes en nada tu propia vergenza? Es un mal la ira? Gurdate de imitarla. Que no basta para excusarse el que haya comenzado el otro. Ms justo es, a mi parecer, volver contra ti la queja. El otro no tuvo ejemplo para su enmienda. T, empero, viendo que el iracundo se porta indecorosamente, le imitas y le indignas. Te enfureces y te irritas. Y as tu pasin sirve de excusa al que comenz. Con las mismas cosas que haces le libras a aqul de culpa y te condenas a ti mismo. Pues si la ira es un mal, por qu no evitaste el dao? Y si merece perdn, por qu te irritas contra el iracundo? De ah que aunque fueres el segundo en la ofensa, nada te aprovecha esto. Porque en las luchas por una corona no es coronado el que las comienza, sino el que vence. Pues de igual manera no slo es condenado el que comenz el mal, sino tambin el que le sigui como a capitn hasta el pecado. Si te llam pobre, y lo eres, confiesa la verdad. Y si miente, qu te importa a ti de lo que diga? Benignidad de Jesucristo Cuando te dicen alabanzas que traspasan la raya de la verdad, no te enfureces. Pues tampoco te exasperes con los ultrajes falsos y mentirosos. No ves cmo las saetas suelen

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penetrar en lo duro y resistente, y en las cosas blandas que fcilmente ceden se estrella su mpetu? Pues piensa que algo semejante pasa con las injurias. El que les sale al encuentro, las recibe en s; pero el que se porta con blandura y cede, con la mansedumbre de su trato vuelve el mal dirigido contra l. Pero, por qu te turba el nombre de pobre? Acurdate de tu naturaleza. Entraste desnudo en el mundo, y desnudo saldrs de l 14. Y, qu cosa ms pobre que un desnudo? Por lo tanto, nada grave te han dicho; slo que te has apropiado a ti slo lo que has odo. Nadie ha sido llevado a la crcel por ser pobre. No es deshonroso el ser pobre, sino el no sufrir con buen nimo la pobreza. Acurdate del Seor que "siendo rico se hizo pobre por nosotros" 15. Si te llaman necio e ignorante, acurdate de las injurias con que los judos ultrajaron a la verdadera sabidura: "Eres samaritano y tienes en ti al demonio" 16. Y si te enfureces, confirmas los ultrajes. Porque hay cosa ms irracional que la ira? Pero si permaneces sin airarte, avergenzas al que se enfurece mostrando con la obra tu virtud. Has sido abofeteado? Tambin el Seor lo fue 17. Has sido escupido? Tambin Nuestro Seor. Porque "no retir su rostro de la deshonra de la saliva" 18. Has sido calumniado? Tambin el eterno Juez. Rasgaron tu tnica? A mi Seor se la desnudaron y "repartieron entre s sus vestidos" 19. An no has sido condenado, an no has sido sacrificado. Mucho te falta para que llegues a su imitacin. Ejemplos de mansedumbre Grbese cada una de estas cosas en tu mente y atemperars la hinchazn. En efecto: estos pensamientos y estos afectos

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contienen los saltos y trepidaciones de nuestro corazn, y llevan al alma a la fortaleza y tranquilidad; esto era, sin duda, lo que deca David: "Preparado estoy y no estoy turbado" 20. Conviene, pues, reprimir este necio y vergonzoso movimiento del nimo con el recuerdo de los ejemplos de los varones justos. El gran David sufri con mansedumbre la petulancia de Semei. No daba tiempo que la ira le moviese, sino que levantaba su mente a Dios y deca: "El Seor dijo a Semei que maldiga a David" 21. Y oyndose llamar sanguinario e inicuo, no se encendi de ira sino que se humillaba como si fuese digno de ser insultado de aquella manera. Aleja de ti estas dos cosas: el tenerte por digno de grandes cosas, y el tener a hombre alguno por muy inferior a ti en dignidad. De esta manera, la ira jams se levantar contra ti por las injurias que recibas. Grave sera que uno a quien has colmado de singulares gracias y beneficios, a su ingratitud aadiese el ser el primero en injuriarte y deshonrarte. Grave sera a la verdad. Sin embargo, mayor mal es para el que lo hace que para el que lo sufre. Que injurie l: t no le injuries. Sus palabras sean para ti ejercicio de virtud. Si no te sientes impresionado, ests sin herida. Si tu nimo sufre algo, contn el mpetu en ti mismo. Porque "en m, dice, ha sido turbado mi corazn" 22. Es decir, no dej salir afuera la pasin, sino que, como a una ola que se deshace dentro de los litorales, la ahog. Contn el corazn que ladra y se enfurece. Teman las pasiones la presencia de la razn, de lamanera que los nios temen cuando hacen alguna travesura, la presencia de algn varn respetable. Ventajas de la ira cuando es dcil a la razn Y cmo evitaremos los funestos daos que trae consigo el irritarse?

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Procurando persuadir a la ira que no se adelante a la razn. De esta manera, la tendremos sujeta a nosotros como a un caballo. Obedecer a la razn como a un freno. No saldr jams de su propio puesto. Se dejar guiar a donde quiera le conduzca la razn. Porque la irritacin de nuestro espritu es til para muchas obras de virtud, siempre y cuando sea aliada de la razn contra el pecado. Entonces, viene a ser como el soldado que rindiendo sus armas al general, acude prontamente a prestar auxilio a donde le mandan. De igual manera, la ira cuando est al servicio de la razn. La ira es el nervio del alma. Le da energas para emprender buenas obras. Si alguna vez la encuentra debilitada por el placer, la fortalece como un bao de hierro. La convierte de blanda y muelle, en austera y varonil. Ciertamente que si no te irritas contra el diablo, no te ser posible odiarle como merece. As, pues, conviene a mi parecer, amar la virtud con el mismo entusiasmo con que se debe odiar el pecado. Para esto es muy til la ira, siempre que se mantenga dcil a la razn y la siga, como al pastor el perro. En efecto, mustrase el perro, apacible y bueno ante el amo que le acaricia y le obedece a la menor indicacin. Sin embargo, ladra y se enfurece al llamado de voz extraa, aunque parezca que la voz trae agasajos. Ante el grito del amigo o del amo, por el contrario, se atemoriza y se calla. Este es el mejor y ms apto auxilio que a la parte razonable del alma, proporciona la ira. Porque el que as procede, no se aplacar ni har alianzas con los que ponen asechanzas. Nunca admitir la amistad con cosa alguna daosa, sino que siempre ladrar y despedazar como un lobo al placer engaador. Exhortacin para no torcer en dao nuestro lo que Dios nos concedi para nuestro bien Esta es la utilidad que se obtiene de la ira para los que saben valerse de ella. Segn el modo como se use de esta y otras energas, resulta un mal o un bien para el que las tiene.

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Por ejemplo; el que abusa de la parte concupiscible del alma para gozar de la carne y de los deleites impuros, es abominable y lascivo; pero el que la vuelve hacia Dios y hacia el deseo de los goces eternos, es digno de imitacin, y dichoso. De igual manera, quien dirige bien la parte racional, es prudente y sabio: pero el que aguza el entendimiento para dao del prjimo, es taimado y malhechor. No convirtamos, pues, para nosotros, en ocasin de pecado, lo que el Creador nos dio para nuestro bien. La ira excitada cuando conviene y como conviene, produce la fortaleza, la paciencia y la continencia. Sin embargo, si obra alejada de la recta razn, se convierte en locura. Por eso nos amonesta el Salmo: "Irritaos y no pequis" 23. Y el Seor amenaza con su juicio al que se enoja sin causa 24; pero no prohibe que usemos de la ira como una medicina. Porque aquellas palabras: "Pondr enemistad entre ti y la serpiente" 25, son propias de quien ensea que se ha de usar la ira como un arma. Por eso Moiss, el ms manso de todos los hombres 26, para castigar la idolatra arm las manos de los levitas con intencin de que diesen muerte a sus hermanos: "Ponga, dijo, cada uno la espada a su cintura, y pasad de puerta en puerta y volved por los campamentos, y mate cada uno a su hermano, cada uno a su vecino, cada uno a su allegado" 28. Y poco despus, dice: "Y dijo Moiss: Llenasteis hoy vuestras manos para el Seor 29, cada uno en vuestro hijo y en vuestro hermano, para que sobre vosotros venga bendicin" 30. Qu fue lo que santific a Fins? No fue su justa ira contra los lascivos? En efecto, siendo sumamente manso y apacible, despus que vio el pecado de Zambro y la Madianita, cometido desvergonzadamente y a la vista de todos sin que ocultasen el infame espectculo de su torpeza, no pudindolo tolerar, us oportunamente la ira, atravesando a los dos con una lanza 31.

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Y Samuel, no mat con justa ira, sacndole del medio, a Agag, rey de Amalec, salvado por Sal contra el mandato de Dios? 32. Por lo tanto, la ira es, muchas veces, medio para las buenas obras. El celoso Elas dio muerte, para bien de todo Israel, con ira sabia y prudente, a 450 varones, sacerdotes de la confusin 33 y a 400 sacerdotes de los bosques 34, que coman a la mesa de Jezabel 35. T, empero, te irritas sin razn contra tu hermano. Porque cmo no ha de ser sin razn cuando siendo uno el que provoca, t te irritas contra otro? Haces como los perros, que muerden las piedras cuando no alcanzan al que las arroja. El que es provocado es digno de compasin; pero el que provoca, de odio. Desfoga tu ira contra el enemigo de los hombres, contra el padre de la mentira, contra el autor del pecado. Mas compadcete de tu hermano, quien si an as permaneciere en el pecado, ser entregado a fuego eterno con el diablo. As como son distintos los nombres de indignacin e ira, as tambin debe distinguirse lo que estos nombres significan. La indignacin es como un incendio y repentina inflamacin del afecto. La ira es un dolor constante y una continua ansia de pagar con la misma moneda a los que nos injurian, como si el alma tuviera sed de venganza. Es necesario saber, pues, que por ambas partes pecan los hombres: o excitndose furiosa y temerariamente contra los que les irritan, o persiguiendo con engaos y acechanzas a los que les ofenden. Y de ambas cosas debemos guardarnos. Cmo frenar la ira Y qu se deber hacer a fin de que esta pasin no ultrapase los lmites? Para ello aprende primero la humildad, la cual el Seor aconsej con sus palabras y mostr con sus obras. Porque

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unas veces dice: "El que quiera ser el primero entre vosotros, sea el ltimo de todos" 36; otras, tolera manso y sin inmutarse al que le hiere 37. El Hacedor y Seor del cielo y de la tierra, el que es adorado por todas las criaturas tanto racionales como irracionales, "el que todo lo sostiene con la palabra de su poder" 38, no arroj vivo al infierno al que le hiri, haciendo que abriese la tierra para que tragase al impo; sino que le amonesta y le ensea: "Si he hablado mal, da testimonio de ello; pero si bien, por qu me hieres?" 39. Si conforme al precepto del Seor, acostumbras a considerarte como el ltimo de todos, cundo te enfurecers como si ultrajasen tu dignidad? Cuando te injuria un nio pequeo te causan risa sus ultrajes. Cuando un loco te dice palabras afrentosas, por ms digno le tienes de compasin que de odio. No son, pues, las palabras las que suelen excitar los disgustos, sino la soberbia que se levanta contra el que nos injuri, y la estima que cada uno tiene de s mismo. Por lo tanto, si arrojas estas dos cosas de tu alma, las injurias que vengan sern estrpitos que meten ruido en vano. "Deja la ira y arroja la indignacin" 40, para que as evites el peligro de este vicio, "que se descubre desde los cielos, sobre toda impiedad e injusticia de los hombres" 41. Si con prudente determinacin logras arrancar la amarga raz de la ira, extirpars con tal comienzo muchos vicios. Porque los engaos, las sospechas, la infidelidad, la malicia, las acechanzas, la audacia, y todo el enjambre de semejantes males, son frutos de este vicio. Procuremos, pues, no atraernos un mal tan grande: enfermedad del alma, obscuridad de la razn, alejamiento de Dios, ignorancia de la amistad, principio de la guerra, colmo de calamidades, demonio malo que se engendra en vuestras mismas almas, y se apodera como desvergonzado husped de nuestro interior, y cierra las puertas al Espritu Santo. Porque donde hay enemistades, litigios, rias, contiendas,

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disputas, que producen en el alma horribles desasosiegos, all no descansa jams el espritu de mansedumbre. Obedeciendo, pues, el consejo del apstol San Pablo, destirrese de nosotros toda ira, indignacin y gritera con toda maldad 42. Seamos afables y misericordiosos unos con otros, esperando el cumplimiento de la dichosa esperanza prometida a los mansos: "Bienaventurados los mansos, porque ellos poseern la tierra" 43 en nuestro Seor Jesucristo, a quien sea la gloria y el poder por todos los siglos. Amn.

Notas 1. Prov., XV, 1. 2. Efes., IV, 51. 3. Mt., V, 23. 4. Prov., XI, 25. 5. Isaas, LVI, 10. 6. Mt., XXIII, 33. 7. Rom., XII, 17. 8. Gn., III, 19. 9. Gn., XXVIII, 27. 10. Salmo XXI, 7. 11. Mt., X, 22. 12. Salmo XXXVIII, 2 y 3. 13. Job, I, 21.

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14. Job, I, 21. 15. II Cor., VIII, 9. 16. Jn., VIII. 17. Jn., XVIII. 18. Mc., XV, 19; Is., L, 6. 19. Mt., XI, 7. 20. Salmo CXVIR, 60 21. II Reyes, XVI, 10. 22. Salmo CXLII, 4. 23. Salmo IV, 56. 24. Mt., V, 22. 25. Gn., III, 15. 26. Nm., XXV, 17. 27. Nm., XII, 3. 28. Exod., XXXII, 27. 29 Es decir: "Habis consagrado hoy vuestras manos al Seor". Porque aunque en hebreo se lea llenar, bien puede traducirse por "iniciar" o "consagrado"; pues como expone Pagnino, a ninguno era lcito ejercer el cargo de sacrificar sin que llenase antes sus manos con partes de los sacrificios. 30. Exod., XXII, 29. 31. Nm., XXV, 2. 32. I Reyes, XV, 33.

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33. O "sacerdotes de Baal", como se lee en hebreo y en la Vulgata. 34. "Los sacerdotes de los bosques", o de otros dioses a quienes se ofrecan sacrificios en las selvas y bosques, como comenta el P. Comelio a Lapide. Calmet dice que eran los sacerdotes de la diosa de los bosques, es decir, de Astarts, a los cuales favoreca especialmente Jezabel. 35. III Reyes, XVIII, 22-40. 36. Mc., IX, 34. 37. Jn., XVIII, 22, 24. 38. Hebr., L, 3. 39. Jn., XVIII, 23. 40. Salmo XXXVI, 8. 41. Rom., I, 18. 42. Efes., IV, 31. 43. Mi., V, 4.

LA ENVIDIA
Descripcin de la envidia Bueno es Dios. Comunica El sus bienes a quienes los merecen. Malo es el diablo, autor de todas las maldades. Y as como el bueno sigue siempre el amor hacia el prjimo, de la misma manera el demonio acompaa siempre la envidia. Estemos prevenidos, pues, hermanos, contra el vicio de la envidia. No participemos de las obras del adversario, no sea que nos encontremos condenados con l a la misma pena. Pues si el soberbio cae en la pena del demonio, cmo escapar el envidioso del castigo del diablo?

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En las almas ningn vicio se arraiga ms funesto que la envidia, el cual sin hacer lo ms mnimo a los de afuera, es principal y propio mal para quien lo posee. Pues va consumiendo el alma como el orn al hierro. As como, segn cuentan, las vboras horadan al nacer el vientre de la madre que las engendr, as la envidia suele devorar el corazn que la ha criado. Es la envidia un pesar de la prosperidad del prjimo. De ah que las tristezas ni las congojas abandonan jams al envidioso. Es frtil el campo del vecino? Abunda en su casa todo lo necesario para vivir? Todo esto, es alimento para esta enfermedad y aumenta el dolor en el envidioso. De suerte que en nada se diferencia de un hombre desnudo a quien todas las cosas le lastiman. Es alguno valiente? Es de buen parecer? Todo hiere al envidioso. Es otro ms elegante en su forma? Otra llaga ms para el envidioso. Sobresale uno, entre muchos, por las dotes de su alma? Es admirado y emulado por su cordura y elocuencia? Es otro rico y esplndidamente dadivoso en sus limosnas y en su trato con los necesitados, y es muy alabado por aquellos a quien hace beneficios? Pues bien, todas estas cosas son llagas y heridas que le hieren en medio del corazn. Y lo ms terrible de la enfermedad, es, que ni siquiera se descubre. El envidioso anda con la vista baja y est melanclico y se inquieta; y se irrita poco a poco y perece bajo este mal. Si se le pregunta sobre su pasin, se avergenza de declarar su desgracia y de decir: soy envidioso y cruel; me afligen los bienes del amigo y lamento la alegra de mi hermano; y no tolero la presencia de los bienes ajenos, sino que tengo por calamidad la dicha de mi prjimo. As deba expresarse si quisiera decir la verdad. Mas prefiriendo no descubrir nada, tiene apresada en su pecho la enfermedad que abraza y roe ocultamente sus entraas. El envidioso goza con la desgracia de los dems

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No halla el envidioso mdico para su mal, ni puede encontrar alguna medicina, que calme la pasin, siendo que la Sagrada Escritura est llena de tales remedios. Qudale un remedio para su mal; la ruina de alguno de los que envidia. Este es el lmite del odio; ver caer de la felicidad al que envidiaba; observar la desgracia de aquel que era tenido por dichoso. Entonces hace la paces y se hace su amigo: cuando le ve llorando, cuando le contempla arrasado en lgrimas. No se goza con el que es feliz, y s se alegra con el que llora. Se compadece de aquella mudanza de vida, lamenta las desgracias en que ha cado desde la altura de la felicidad, y alaba la dicha pasada; no por misericordia y compasin, sino para hacerle sentir ms hondamente su desgracia. Alaba al hijo pequeo despus de muerto y le llena de lisonjas: cun, hermoso era!, icun despierto! cun apto para todo!; y mientras viva, ni una palabra se haba dignado proferir en su alabanza. Pero si ve que su alabanza es de todos aprobada, mudando nuevamente, siente envidia del muerto. Admira la riqueza despus de perdida. Alaba y aprueba la hermosura del cuerpo, la fuerza y el buen parecer, cuando las ves daadas por las enfermedades. En una palabra, es enemigo de los bienes presentes, y finge ser amigo de los que se han perdido. Ejemplos: Satans y Can Qu cosa hay, pues, ms terrible que esta enfermedad? La envidia es destruccin de la vida, peste de la naturaleza, enemiga de los bienes que Dios nos comunica, contraria del mismo Dios. Qu es lo que impuls al prncipe del mal, al diablo, a hacer la guerra a los hombres? No fue acaso la envidia? Por ella declar abiertamente la guerra a Dios; se enemist con El, por la munificencia con que trataba a los hombres. Y se venga en el hombre, ya que no puede hacerlo en Dios. Y esto es asimismo lo que hizo Can. El fue el primer discpulo del demonio, pues de l aprendi la envidia y el homicidio,

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pasiones hermanas a las que San Pablo pone juntas cuando dice: "Llenos de envidia y de homicidio" 2. Qu hizo, pues? Vio la honra que su hermano reciba de Dios y sinti emulacin. Mat al que reciba el honor para herir al que le honraba. Sintise dbil para luchar contra Dios. Cay sobre su hermano y le mat. Huyamos, hermanos, de esta enfermedad que nos induce hacer la guerra a Dios; Madre es este mal de los homicidios, deshonra de la naturaleza, desconocedora de la amistad, la ms irracional desgracia. Porqu te afliges, hombre, sin haber padecido nada? Porqus haces la guerra al que posee algn bien sin que disminuya en nada los tuyos? Y si gozando t de algunos bienes, te indignas contra el otro, no envidias abiertamente tu misma comodidad? Sal As era Sal; de los grandes beneficios que de David reciba, tomaba ocasin para hacerle la guerra. Pues, en primer lugar, libre de la locura por medio de aquella msica melodiosa y divina, intent traspasar con su lanza al bienhechor. Despus, salvado con todo su ejrcito de las manos de sus enemigos, libertado de los vergonzosos insultos que Goliat profera; como quiera que las vrgenes que danzaban atribuan a David una parte diez veces mayor de las hazaas, cantando: "Hiri Sal a mil y David a diez mil" 3, nicamente por este cntico y por el testimonio de la verdad misma, intent primero matarle con sus mismas manos y quitarle de en medio valindose de acechanzas. Cuando hua David, no por eso, depuso su enemistad, sino que al fin empleando contra l un ejrcito de tres mil hombres escogidos, le buscaba afanosamente 4. Si entonces se le hubiera preguntado, cul era la causa de la guerra, hablara, lamentndose de los beneficios que aquel hombre reciba. Y sorprendido cuando dorma, por aquel mismo tiempo de la persecucin, en una buena oportunidad para haber perecido a manos de su enemigo; salvado otra vez por el justo que se guardaba de poner en l sus manos; no por

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eso se dobleg ante tan grande beneficio; sino que rene otro ejrcito, le persigue nuevamente, hasta que, sorprendido por l mismo en una cueva 5 hizo que resplandeciese ms la virtud de David y quedase ms patente su propia maldad. Es la envidia un gnero de odio y el ms fiero, porque los beneficios doblegan a los que por otra causa son enemigos nuestros, pero el bien que se hace al envidioso le irrita ms; y cuando ms recibe, tanto ms se indigna, se entristece y se exacerba. Porque la desrazn que tiene por el poder del bienhechor es mayor que el agradecimiento por los bienes que de l recibe. A qu fiera no superan en la brutalidad de sus costumbres? A qu irracional no vencen en la crueldad? Los perros se hacen mansos, si se les da de comer; si se cuida a los leones, se domestican; pero los envidiosos acrecientan su mal con los beneficios. Los hermanos de Jos Que fue lo que hizo esclavo al generoso Jos sino la envidia de sus hermanos? 6. Es digno de considerar aqu la sin razn de este mal. Porque temiendo que se realizaran sus sueos, entregan a su hermano, sin saber que con el tiempo deberan postrarse ante un esclavo. Pero si son verdaderas las cosas que so, qu artificio podr impedir que se efecten las predicciones? Y si es falso lo que vio en sueos, porqu envidiis a uno que se engaa? Ms, por disposicin de Dios, su determinacin se volvi contra ellos mismos. Pues por los mismos medios con que creyeron impedir el vaticinio, por esos mismos prepararon el camino para que se llevasen a cabo. Si Jos no hubiera sido vendido, no hubiera venido a Egipto; su pureza no sera motivo de las acechanzas de una mujer lasciva, no hubiera sido aherrojado en la crcel, no se hubiera familiarizado con los criados del Faran, ni hubiera declarado los sueos, por lo cual recibi el mando de Egipto y fue reverenciado por aquellos sus hermanos, cuando acudieron a l debido a la caresta de trigo.

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Los enemigos de Jesucristo Pasemos ahora con nuestra consideracin a aquella envidia, la mayor de todas, que se ensa en las cosas ms grandes: la que se levant contra el Salvador por la locura de los judos. Por qu era envidiado? Por los milagros. Y, qu milagros eran stos? La salud de quienes la suplicaban. Alimentaba a los pobres, y el que les daba alimento era perseguido. Ahuyentaba los demonios, y el que los arrojaba era injuriado. Quedaban limpios los leprosos, los cojos andaban, oan los sordos y los ciegos vean; y el que haca estos, beneficios era arrojado fuera con despecho. Y por fin entregaron a la muerte al autor de la vida y azotaron al Libertador de los hombres, y condenaron al Juez del universo. Y con esta sola arma, comenzando desde la formacin del mundo, hasta la consumacin de los siglos, el destructor de nuestra vida, vale decir, el demonio, que se goza con nuestra perdicin y que cay por la envidia, nos persigue y derriba tambin a nosotros, queriendo llevarnos con l al precipicio, por medio de un mal semejante. La envidia se dirige preferentemente contra quienes estn ms unidos a nosotros Sabio era a la verdad el que ni siquiera permita que se comiese con un hombre envidioso 7, queriendo significar con la reunin en la comida, toda otra sociedad de la vida. Porque, as como tenemos cuidado de alejar el fuego todo lo posible de la materia que fcilmente puede quemarse, as conviene alejarse en cuanto sea posible de la conversacin y amistad de los envidiosos, ponindonos fuera del alcance de los dardos de la envidia. No suele acontecer que caigamos en las redes de la envidia, sino es acercndonos a ella por la familiaridad. Porque segn el dicho de Salomn: "Al hombre le viene la envidia de su compaero" 8. Y as es, en efecto. No envidia el escita al egipcio, sino cada uno al de su nacin. Y entre los de su nacin, no envidia a los que no conoce, sino a aquellos a quienes ms trata. Y entre los que trata, a los

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vecinos y a los que tienen el mismo oficio; y a los que de alguna manera le estn ms allegados. Y an entre otros, a los de la misma edad, a los parientes, a los hermanos. En una palabra, as como el gorgojo es enfermedad propia del trigo, as la envidia es debilidad de la amistad. Slo una cosa podra alguno alabar en este mal, el que cuanto ms vehementemente se excita, tanto ms dao hace al que le posee. Porque as como las saetas arrojadas con fuerza, si vienen a dar contra una cosa dura y resistente, vuelven contra el que las arroj; as los movimientos de la envidia, sin hacer ningn dao al envidiado, terminan por ser llagas para el envidioso. Porque, quin, al acongojarse de los bienes del prjimo, consigui que se disminuyesen? Ciertamente que solo a s mismo se atormenta y se consume por las tristezas. No obstante a los enfermos de envidia se los considera ms perjudiciales que los mismos animales venenosos. Porque estos inyectan el veneno por la herida que hacen y poco a poco es devorada por la pobre la parte mordida; pero de los envidiosos creen algunos que inyectan el dao con sola su mirada; de tal manera que los cuerpos bien dispuestos y florecientes en plena juventud, por el vigor de la edad, quedan macilentos, dominados por ellos, y cae por tierra toda la lozana, como socavada por el pernicioso ro que saliendo de los ojos del envidioso todo lo destruye y lo corrompe. Yo, sin embargo, rechazo este dicho popular inventado por las viejecitas en las reuniones de mujeres. Pero lo que digo es, que los demonios, que aborrecen lo bueno, una vez que encuentran voluntades amigas suyas, las manejan en todos los sentidos para sus intentos. Se valen hasta de los ojos de los envidiosos para que sirvan a su propio arbitrio. Y no te horrorizas en hacerte compaero del malvado demonio? Cmo es que das cabida en ti a un mal por el que te haces enemigo de quienes no te han hecho injuria alguna? No te horrorizas en hacerte enemigo de Dios, que es bueno y est libre de toda envidia? Semblanza del envidioso

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Huyamos de un tal insoportable vicio! Es mordedura de serpiente, invencin de los demonios, cosecha del enemigo, seal de perdicin, obstculo para la piedad, camino para el infierno, privacin del reino celestial. Cmo se conoce manifiestamente por su mismo rostro, a los envidiosos! Su mirada lnguida y obscura, rostro triste, entrecejo arrugado, perturbado su nimo por la pasin, privado de recto criterio en la verdad de las cosas. No tienen paz. Para ellos no es laudable ninguna obra de virtud, ni la elocuencia, aunque est adornada con la gravedad y la gracia, ni cosa alguna de las que se alaban y se admiran. Como los buitres, dejando atrs en su vuelo prados deliciosos y paisajes de suavsimas fragancias, se lanzan sobre los sitios donde hay mal olor. As como las moscas dejan lo sano y se arrojan sobre las heridas, as los envidiosos ni siquiera ven lo bueno de la vida y la grandeza de las buenas obras; se fijan en las debilidades. Y si en algo hay un desliz, y por cierto son muchos los de los hombres, lo publican, y quieren que de l se enteren los hombres. Justamente como hacen los malos pintores 9, quienes o de una nariz torcida o de una cicatriz u otra mutilacin corporal, o de cualquier otro defecto que uno tiene por naturaleza o por in accidente que le ha sobrevenido, deforman las facciones de la persona que pintan. Los envidiosos son pues, astutos en despreciar lo que merece alabanza, echndolo a mala parte; y en imputar a la virtud lo que es propio del vicio contrario a ella. Llaman temerario al valiente, necio al prudente, cruel al justo, falaz al sabio. Al que es magnnimo le tienen por hombre que hace gastos intiles. Al liberal le tienen por derrochador y al econmico por parco. En una palabra, todo gnero de virtud tiene para ellos cambiado su nombre en el del vicio contrario lo. Remedio contra la envidia: no hay que estimar las cosas terrenas ms de lo que valen Pero, qu? Voy a emplear todo mi discurso en reprender este vicio? Esto es tan slo la mitad de la cura. El mostrar al enfermo la gravedad de la enfermedad, para que tenga el debido cuidado de arrojarla de s, no es intil. Pero dejarle en

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este estado sin llevarle de la mano a la salud, no es otra cosa que abandonar al desesperado en manos de la enfermedad. Pues bien; cmo hemos de precavernos para no contraer la enfermedad? Cmo la sanaremos si una vez por desdicha, la contraemos? Primeramente, si ninguna cosa de este mundo tenemos por grande, ni por magnfica: ni las humanas riquezas, ni la gloria pasajera, ni la hermosura del cuerpo. Nuestro bien no est limitado a estas cosas caducas y perecederas. Somos llamados a participar de los bienes eternos y verdaderos. Y por esto no hay que envidiar al rico por sus riquezas; ni al poderoso por la grandeza de su dignidad y autoridad; ni al valiente, por la fuerza de su cuerpo; ni al sabio, por su facilidad en el hablar. Pues todas estas cosas son medios de virtud para los que usan bien de ellas, pero no contienen en s la felicidad. Por lo tanto, el que usa mal de ellas, es digno de compasin; como lo sera el que tomando una espada para vengarse de sus enemigos, se matase voluntariamente con ella a s mismo. Pero si usa bien y segn la recta razn de las cosas que posee, y es administrador de los bienes que de Dios ha recibido, y no los amontona por su propia comodidad, es digno de alabanza y de amor por la caridad que tiene con sus hermanos y por la generosidad de su carcter. Sobresale alguno por su prudencia, y ha recibido el don de poder hablar de Dios, y es expositor de las Sagradas Escrituras? No le envidies, ni desees que calle el intrprete de las Sagradas Letras slo porque la gracia que ha recibido del Espritu Santo, es acompaada de aprobacin y alabanza de sus oyentes. Es bien tuyo, y es bien que ha sido enviado para ti (el don de ensear de tu hermano), si es que quieres recibirle. Nadie obstruye la fuente que mana en abundancia. Cuando resplandece el sol, nadie se cubre los ojos, ni envidia a los que gozan de su luz, ni desea tan slo para s este placer. Pues bien, brotando en la Iglesia el manantial de la divina palabra, y difundindose en los corazones piadosos por los dones del Espritu Santo, no escuchas con gozo? No recibes con agradecimiento este favor? Pero te hieren los

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aplausos de los oyentes, y querras que no hubiese quien sacase fruto y quien alabase. Qu excusa va a tener esto delante del juez de nuestras conciencias? Estmese, pues, como hermoso por naturaleza el bien del alma. Y al que florece por sus riquezas y al que goza de poder y buena disposicin corporal y usa bien de lo que tiene, es justo tambin que se le estime y respete, por cuanto posee los medios comunes para vivir, y distribuye estas cosas con rectitud. Por su generosidad en repartirlas es liberal con los pobres, da socorro corporal a los enfermos. Todo lo dems que le queda cree ser tanto suyo como de cualquiera que lo necesitase. Quien no procede as, ms que digno de envidia lo es de compasin, pues tiene mayores ocasiones para ser malo. Porque esto es perderse con mayores riquezas y mercancas. Por lo tanto, si la riqueza es apoyo de la injusticia, digno de compasin es el rico. Si es medio para la virtud, no tiene lugar la envidia; pues su utilidad comn se pone al alcance de todos; a no ser que haya alguno tan perverso que envidie sus mismos bienes. En una palabra; si elevas tus pensamientos sobre las cosas humanas, y pones tu vista en la hermosura y gloria verdadera, muy lejos estars de tener por dignas de apetecerse y ser envidiadas las cosas perecederas y terrenas. El que est en esta disposicin y no admira las cosas mundanas como grandes, jams ser posedo por la envidia. Si a todo trance ansas la gloria y quieres sobresalir entre todos y por eso no sufres ser el segundo (porque tambin esto es ocasin de envidia), dirige esa tu pasin cual si fuera un torrente, hacia la adquisicin de la virtud. No quieras enriquecerte y buscar la gloria en las cosas de este mundo. No est esto en tus manos. Mas s debes ser justo, sobrio, prudente, valeroso y sufrido en los padecimientos y trabajos por causa de la virtud. De esta manera te salvars a ti mismo y por mejores bienes, adquirirs ms gloria. Porque la virtud est en nuestra mano, y puede adquirirla todo aquel que sea

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amante del trabajo. La abundancia de riquezas y la hermosura del cuerpo y la honra de las dignidades, no estn a nuestro alcance. Por lo tanto, si la virtud es un bien mejor y ms duradero, y que sin controversias goza ante todos del primer puesto, a ella debemos aspirar. Pero es muy difcil que la virtud se posesione de un alma, si sta no est limpia de todo vicio y, sobre todo, libre de la envidia. No ves t que gran mal es la hipocresa? Pues tambin es fruto de la envidia. Porque la doble cara del carcter, nace en los hombres, principalmente de la envidia, puesto que teniendo el odio escondido dentro del corazn, muestran exteriormente una falsa capa de caridad. Son semejantes a los escollos del mar, que cubiertos con poca agua son un mal imprevisto para los incautos navegantes. Por consiguiente, siendo verdad, que mana para nosotros de este vicio, como de una fuente, la muerte, la prdida de los bienes, el alejamiento de Dios, la transgresin de los mandamientos y la ruina total de todos los bienes naturales, obedezcamos al Apstol y "no nos hagamos ambiciosos de la gloria vana provocndonos unos a otros, envidindonos mutuamente" 11, sino seamos ms bien "benignos, misericordiosos, perdonndonos los unos a los otros, como tambin Dios nos perdon en Cristo" 12 Jess, Seor Nuestro, por Quien sea la gloria al Padre y al Espritu Santo por los siglos de los siglos. As sea. 2. Rom.,1, 29. 3. I Reyes, XVIII, 7 4. I Reyes, XXIV, 3. 5. 1 Reyes, XXVI, 7. 6. Gn., XXXVII, 28. 7. Prov., XXIII, 6.

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8. Eccli., IV, 4. 9. Con esto quiero hacer alusin a las caricaturistas, para quienes un defecto puesto a la vista, constituye mrito, mientras que un pintor serio, como fue Apelle, hubiera velado todo defecto, como lo hizo con el ojo de Alejandro. Es clebre su respuesta a quien preguntaba: "Y dnde est el ojo ciego?". "Dnde est ms bien vuestro juicio", le dijo. 10. En los ejemplos aducidos no se trata de vicios opuestos a las virtudes, sino de vicios que son la exageracin viciosa de la respectiva virtud. 11. Gal., V, 26. 12. Efes., IV, 32.

LA EMBRIAGUEZ
Disgusto y desaliento del santo por los excesos cometidos Los espectculos que ayer por la tarde tuvieron lugar1 me inducen por una parte a dirigiros la palabra. Pero por otra, reprime mi deseo y apaga todo mi entusiasmo la inutilidad de mis exhortaciones anteriores 2. Desmaya el labrador si no crece la primera semilla que siembra, mostrndose tardo y desalentado para sembrar de nuevo sobre la misma tierra. Ahora bien, con qu esperanza voy a hablaros hoy, si despus de tantas exhortaciones, como las que das pasados os hicimos incesantemente, y despus de haber estado da y noche, durante estas siete semanas de los ayunos, anunciandoos sin parar la buena nueva de la gracia del Seor, ningn fruto, ninguna utilidad se ha conseguido? Oh!, cuntas noches hsbis velado en vano! Cuntos dias os habis congregado en vano! Si es que es vano! Porque quien

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comienza una vez el camino de las buenas obras y vuelve despus a sus antiguas costumbres, no slo pierde el fruto de sus desvelos, sino que se hace digno de un mayor castigo. Habiendo gustado la suavidad de la palabra de Dios, habiendo sido digno de conocer los misterios de nuestra fe, todo lo perdi, seducido por un pasajero deleite. "El humilde, dice el sabio, es digno de perdn y de misericordia, pero el poderosa, poderosamente ser atormentado" 3. Con una sola tarde, con un solo ataque del enemigo se arruina y se destruye todo aquel trabajo. Qu nimo puedo tener yo para volver a hablaros? Hubiera callado, creedme, si no me hiciese temblar el ejemplo de Jeremas a quien por no querer hablar a un pueblo perverso, le sobrevino el castigo que l mismo nos cuenta: un fuego devorador se apoder de sus entraas y le consuma por todas partes, y no poda soportarlo 4. Descripcin de los excesos cometidos Unas mujeres lascivas, olvidadas del temor de Dios, despreciando el fuego eterno del infierno, en aquel mismo da en que deban haber estado quietas en sus casas en memoria de la resurreccin, recordando el da en que se abran los cielos y aparezca el Juez de los hombres, da en el que, al sonido de la trompeta divina, resucitarn los muertos, compareciendo el justo Juez que juzgar a cada uno segn sus obras: estas mujeres, digo, en lugar de estar pensando en estas cosas y de purgar sus almas de los malos pensamientos, borrando con lgrimas sus pecados anteriores y preparndose para recibir a Cristo en el da grande de su aparicin, sacudieron el yugo de su divino servicio 5. Arrojaron de sus sienes el velo de la honestidad, despreciaron a Dios y a sus ngeles. Se portaron indecorosamente ante toda mirada de los hombres, agitando sus cabellos, y sus tnicas. Durante el baile, con sus ojos lascivos, con risas desenfrenadas, impulsadas como por la locura, provocaban en s mismas toda la liviandad de los jvenes. E hicieron el baile nada menos que en la baslica de los mrtires, fuera de

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los muros de la ciudad, convirtiendo los lugares sagrados en lugares de corrupcin. Corrompieron la atmsfera con sus cantares livianos. Mancharon la tierra, al bailar sobre ella con sus inmundos pies. Desvergonzadas, locas, no omitieron ningn gnero de mana. Hicironse a s mismas, espectculo, delante de una turba de jvenes. Cmo callar esto? Cmo lo lamentar como merece? El vino es el que ha causado tantos estragos en estas almas. El vino, don de Dios, dado para alivio de la debilidad del cuerpo, y para usarlo con sobriedad, se ha convertido en aliciente para lascivia, por usarlo sin templanza. Efectos de la embriaguez. El santo no tiene confianza de ser escuchado La embriaguez, ese demonio voluntario 6 que penetra en el alma por medio del placer; la embriaguez madre de la maldad, enemiga de la virtud, al hombre fuerte le hace dbil, al casto lascivo; no conoce la justicia y, rebasa los lmites de la prudencia. De la misma manera que el agua es contraria al fuego, as el vino, usado en demasa, extingue la razn. Por eso me resista yo a hablar contra la embriaguez: no porque se tratase de un mal poco considerable, sino porque nada haban de aprovechar mis palabras. Porque si el ebrio ha perdido el juicio, y no sabe donde est, en vano habla quien le reprocha, pues l no le escucha. A quin pues hablar? Ciertamente que los que tienen necesidad de amonestaciones no oyen lo que se les dice. Los prudentes y los sobrios no tienen necesidad de mis palabras, pues estn libres de este vicio. Qu partido he de tomar en la presente condicin de cosas si ni mis palabras han de ser tiles, ni mi silencio seguro? Abandonaremos la cura? Pero es peligrosa la negligencia. Hablar contra los ebrios? Pero es tronar en odos sordos. Pero quizs, as como cuando aparece una peste, los mdicos aplican remedios aptos para prevenir el mal en los sanos,

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mas no osan tocar a los que ya estn infestados, as tambin en nuestro caso, la palabra tiene una mediana utilidad; la de tutelar y precaver a los fieles todava sanos, pero no servir para curar a los que estn ya atacados por la enfermedad. La embriaguez, fuente de daos fsicos En qu te diferencias, oh hombre, de los animales irracionales? No es en el don de la razn, don que recibiste del Creador, don por el cual eres constituido prncipe y seor de todas las criaturas? Pues quien se priva a s mismo de la razn y del juicio por la embriaguez, "se hace semejante a las bestias irracionales y pnese a la par de ellas" 7. Ms an: yo dira que los que estn embriagados son ms irracionales que los mismos brutos, puesto que todos los cuadrpedos, todas las bestias tienen en cierta manera ordenada su concupiscencia; pero los entregados al vino, tienen sus cuerpos animados por un ardor que supera al querido por la naturaleza. A todas horas y constantemente son impelidos a los deleites impuros y torpes. Y esto no slo los embrutece y los atonta, sino que la privacin de sus sentidos hace al embriagado el ms abominable de todos. Porque qu animal pierde el sentido de la vista y del odo, como lo pierde el que se embriaga? Pero los ebrios lo pierden, porque no conocen a sus parientes, y tratan muchas veces con desconocidos creyendo que son sus amigos, allegados. No pasan muchas veces saltando por las sombras, creyendo que atraviesan arroyos y valles? Sus odos estn continuamente percibiendo ruidos y estrpitos, como furor de mar tempestuoso. Les parece que la tierra se levanta hacia arriba, y que los montes giran a su alrededor. Unas veces ren sin cesar. Otras, se lamentan y lloran sin consuelo. Ora se muestran intrpidos y audaces, ora tmidos y temblorosos. El sueo les es pesado, difcil de sacudir, sofocante y parecido a la muerte. En las vigilias permanecen ms estpidos que en los mismos sueos. Su vida es una especie de sueo continuado. No teniendo quizs ni con qu vestirse, ni qu comer para maana, se imaginan ser reyes, capitanean ejrcitos, edifican ciudades, y reparten dinero. Es

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el vino el que llena sus cabezas de semejantes locuras y visiones. En otros, en cambio, produce efectos contrarios. Pierden el coraje, estn tristes, doloridos, llorosos, tmidos y consternados. Un mismo vino, segn la distinta constitucin produce distintos y diferentes efectos en los nimos. A los ardorosos y llenos de sangre, les pone alegres y gozosos. A los que ya han gastado las fuerzas con su peso, y les ha corrompido la sangre, les excita a los efectos contrarios 8. Qu necesidad hay de enumerar la turba de los dems trastornos? La pesadez de su carcter, el irritarse con facilidad, el ser quejumbrosos, el ser de nimo mudable, los gritos, los tumultos, el ser inclinados a las acciones criminales, el ser incapaces de refrenar y disimular la ira. La embriaguez, fuente de impureza Adems, la incontinencia en los goces y placeres, tiene su origen en el vino como en su fuente. A una con el vino, brota la enfermedad de la impureza, que es menor en los brutos que en los embriagados. Las bestias conocen los trminos de la naturaleza. Pero los ebrios pierden todo el control de su persona. Van hasta contra la naturaleza. Mas no es fcil decir y ponderar con palabras todos los males que se encierran en la embriaguez. Los daos que trae la peste, afligen de tiempo en tiempo a los hombres. El aire inyecta poco a poco su misma corrupcin en los cuerpos. Pero los daos que trae el vino lo invaden todo a un mismo tiempo. Porque pierden el alma con todo gnero de vicios. Corrompen al propio cuerpo con los inmoderados placeres, a que son arrastrados por una especie de furor. Ms an; los mismos vapores del vino hinchan de tal manera el cuerpo qu le hace perder su vigor vital con tales excesos. Tienen los ojos, lvidos, plido el semblante, embotado el espritu, atada la lengua. Sus gritos son confusos, sus pies titubeantes como los del nio, espontneos sus vmitos de lo superfluo que all tienen, como si saliesen de las bocas de unas bestias.

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Son desgraciados por sus lascivias, ms desgraciados an que los que en el mar son agitados por una tempestad. A stos las olas, sucedindose unas a otras, no les permiten salir a flote. De modo semejante, las almas de aqullos quedan ahogadas y sumergidas en el vino. Por eso, as como a la nave muy llena de mercancas, cuando es agitada por la tempestad, es necesario que le alivien el peso, arrojando parte de su carga al mar, as a stos es necesario aliviarles de lo que les hacen tan pesados. Y an apenas con el vmito quedan libres de sus cargas. Son tanto ms desgraciados que los navegantes; cuanto que aqullos son acometidos por los vientos, por el mar, y por fuerzas exteriores que no pueden impedir. Pero stos levantan voluntariamente en s mismos la tempestad de la embriaguez. El que es atacado por el demonio es digno de lstima. Pero el ebrio ni siquiera es digno de compasin, pues lucha con un enemigo voluntario. Llegan al colmo de componer ciertas medicinas, cuyo efecto no es atajar el mal que produce el vino, sino hacer que la embriaguez, sea constante y continua. Y por lo que hace al tiempo de la bebida, les parece pequeo el da; breve la noche, y corto el invierno. El ansia de beber No tiene fin este mal. Porque el mismo vino les abre el deseo de beber ms. No alivia la necesidad, sino que una bebida induce a la necesidad de otra bebida, abrasando a los embriagados, y despertando siempre el deseo de beber ms. Cuando piensan que van a saciar su sed insaciable, les sucede lo contrario. Porque con el continuo uso de este placer, se embotan y languidecen sus sentidos. Y as como la excesiva luz daa a la vista, y as como pierden sus sentidos los odos que son heridos con golpes y estrpitos muy grandes de manera que despus ya no oyen nada; as stos, dejndose arrastrar imprudente e incautamente por la aficin de este placer, llegan a perderle completamente. El vino ms

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puro dicen que es inspido, y parece agua. El fro les parece caliente, y aunque est helado, aunque est como la nieve, no pueden apagar la hoguera que en sti pecho ha encendido el inmoderado uso del vino. Ay de los ebrios! "Para qu son los ayes? Para quin los alborotos? Para quin los tribunales? Para quin los disgustos y las rias? Para quin las heridas intiles? Quin trae los ojos encendidos? No son stos los dados al vino, y los que andan explorando dnde hay bebidas?" 9. Ay! es palabra de lamentacin, y de lamentacin son dignos los que se embriagan, porque no han de alcanzar el reino de Dios 10. Vienen despus los alborotos, porque el vino turba sus mentes. Los disgustos y las rias se deben al amargo placer que el beber les ha acarreado. Quedan atados sus pies, atadas sus manos, por los vapores del vino, que se extienden por todo su cuerpo. Y an antes de todos estos padecimientos, en el mismo tiempo en que estn bebiendo, se apodera de ellos el furor de los frenticos. Porque despus que el vino se les sube a la cabeza, sienten en ella dolores insufribles. No pudiendo mantenerla recta sobre sus hombros, la dejan caer a un lado y otro balancendola sobre las vrtebras. Llaman entretenimiento al inmoderado y disputador hablar en los convites. Finalmente, los ebrios reciben heridas sin causa alguna. Por la embriaguez no pueden tenerse en pie. Caen hacia diversos lados. Necesariamente y sin causa se han de llenar de heridas sus cuerpos. Es intil amonestar a los ebrios acerca de los daos de la embriaguez. Tendrn la maldicin de Can Pero quin va a decir esto a los que estn llenos de vino? Pesada como tienen la cabeza por los vapores, dormitan,

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bostezan, ven nieblas delante de sus ojos, sienten nuseas. No oyen a sus maestros que les estn clamando por todas partes: "No os llenis de vino, porque en l est la lujuria" 11. Y en otra parte: "El vino es lujurioso y contumeliosa la embriaguez" 12. Y al mismo tiempo que hacen odos sordos, estn mostrando el fruto de su embriaguez. Su cuerpo est pesado por la hinchazn, sus ojos humedecidos, su boca seca y hecha una llama. Y as como las concavidades, donde desembocan los torrentes, mientras stos se despean en ellas, parecen estar llenas de agua, pero tan pronto como la corriente cesa, quedan secas y ridas; as, mientras en la boca del ebrio, est cayendo el vino, parece estar hmeda y llena; pero apenas cesa, queda seca y rida. Y viciado como est, por el uso inmoderado del vino, an la fuerza vital llega a perder. Porque, quin habr tan fuerte que pueda resistir a los males de la embriaguez? Qu arte podr evitar el que un cuerpo que siempre se abrasa, que est siempre anegado en vino, no se haga enfermizo, desgastado y flojo? De aqu los temblores y las debilidades. Por el inmoderado vino se les corta la respiracin, pierden los nervios su fortaleza, y todo el cuerpo, queda tembloroso por la falta de fuerza. Por qu atraes sobre ti la maldicin de Can, que toda su vida anduvo tembloroso y vagabundo? El cuerpo que pierde su natural base es inevitable que vacile y tiemble. El exceso en el beber hace olvidar las grandezas del Creador. Todo es discordia y vanidad Hasta dnde arrastra el vino? hasta dnde la embriaguez? El peligro est en que te conviertas en cieno y lodo en lugar de hombre. Por las embriagueces cotidianas tan mezclado ests con el vino, tan acabado ests por l, que slo hueles a vino. Como vaso corrompido no sirves para nada. A stos

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llora Isaas: "Ay de aquellos que se levantan por la maana, y se lanzan a la sidra, y esperan la tarde porque el vino les abrasa. Beben vino al son de la ctara y del pandero 13 y no miran las obras del Seor, ni consideran las obras del Seor!" 14. Tienen los ebrios costumbre de llamar sidra a toda bebida que pueda embriagar. Pues a los que, apenas comienza el da, andan en busca de los sitios donde se dan bebidas; a los que frecuentan las bodegas y las tabernas, a los que renen para beber, a los que agotan todos los cuidados de su alma en tales ocupaciones, a esos llora el profeta. Porque ningn tiempo les queda para considerar las maravillas de Dios. No tienen tiempo para levantar los ojos al cielo, y embelesarse con su hermosura y ponderar el orden de todo lo creado, para conocer por este orden al Creador. Apenas comienza el da, adornan con variados tapices y con floridas alfombras el lugar del convite. Todo su empeo y cuidado est en preparar las copas y los vasos para refrescar el vino. Sacan las copas adornadas con piedras preciosas y las de oro, como para un pblico y pomposo banquete, a fin de que su variedad les entretenga el fastidio, y para que mientras alternan unas y otras puedan beber durante ms largo tiempo. Discordia y vanidad Y an estn presentes maestros para el convite, y otros que sirven la copa, y architriclinos. Se simula orden en medio de la confusin, y armona en medio del alboroto. As como a los magistrados seculares les dan autoridad sus satlites, as tambin hacindose acompaar de sirvientes, la embriaguez, cual una reina, pretende ocultar lo mejor que puede, su deshonra. Adems, las coronas, las flores, embotan ms y ms a los dados a la perdicin. En el transcurso del convite nacen por el vino las disputas, los encuentros, los litigios, mientras que luchan por aventajarse mutuamente en la embriaguez. El que preside

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estas luchas es el diablo, y como premio de la victoria el pecado. Quien se echa ms vino, ese obtiene la victoria: "Su gloria consiste en su propia deshonra" 15. Luchan entre s, dandose a s mismos. Qu palabras podrn declarar las torpezas de las cosas que all se hacen? Todas estn llenas de necedad, todas de confusin. Los vencidos estn ebrios, ebrios los vencedores. Los sirvientes se mofan de ellos. Vacila la mano, la boca no recibe ms alimento. El vientre se agita y el mal no se amansa. El miserable cuerpo, despojado de natural vigor, se inclina a una y otra parte, sin poder dominar la violencia que ejerce el excesivo vino. Espectculo lamentable Oh espectculo lamentable para los ojos de un cristiano! Un hombre que est en la flor de la edad, de complexin robusta, que sobresale entre los guerreros, tiene que ser llevado a su casa, porque no puede levantarse ni andar con sus propios pies. Un hombre que deba ser el terror de los enemigos, es en la plaza objeto de diversin para cualquier muchacho. Es derribado sin armas, y matado sin enemigos. Hbil en las armas; cuando est en la flor de su edad es consumido por el vino; dispuesto a que los enemigos hagan de l lo que quieran. La embriaguez embota el entendimiento, destruye el vigor, trae una vejez prematura y prepara para la muerte en poco tiempo. Qu son los ebrios sino los dolos de los gentiles? Tienen ojos y no ven, tienen odos y no oyen 16. Sus manos estn desmadejadas, sus pies muertos. Quin ha puesto tales acechanzas? Quin ha causado este mal? Quin nos mezcl este veneno de la locura? Mirad, oh hombre, hiciste del convite un campo de batalla. De l salen los jvenes conducidos por manos ajenas, como heridos en el combate. Mataste con el vino a la flor de la

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juventud. Le invitas a un convite como a amigo, y le despides muerto, apagada su vida con el vino. Cuando crean que estaban ya hastiados de vino, comienzan a beber, y beben a la manera de los animales, como de una fuente que mana, ofreciendo a los convidados sendas corrientes. Porque cuando estn a la mitad del banquete entra un joven de lucidos hombros que an no est ebrio. Presenta en medio una gran vasija de vino fresco. Despide al copero, y de pie va repartiendo a los convidados unos tubos oblicuos, por los que se comunica la embriaguez a todos. Peregrina invencin en tal desorden, para que recibiendo todos en igual proporcin aquel deleite, ninguno pueda vencer al otro en la bebida. Distribuidos los tubos, y tomando cada uno el suyo, beben todos a la vez como los bueyes en los lagos, apresurndose por traer a sus gargantas cuanto les viene de la vasija refrigerante, por los plateados caos. Mira tu miserable vientre. Fjate en la grandeza del vaso que llenas, que apenas cabe en l una ctila. No mires a la vasija para agotarla, sino a tu vientre que ya est lleno. Por eso, ay de los que se levantan por la maana y se arrojan a la sidra! ay de los que esperan la tarde 17, y pasan todo el da en la embriaguez. Ningn tiempo les queda para mirar las obras del Seor y considerar sus maravillas! El vino les abrasa 18, porque el calor del vino, comunicndose a las carnes, se convierte en ascua para las encendidas saetas del enemigo. El vino sumerge en tinieblas a la razn y al entendimiento. Excita las pasiones y las lascivia como a un enjambre de abejas. Qu carroza es arrastrada por un tronco sin auriga tan temerariamente? Qu nave sin piloto no es agitada por las olas con ms seguridad que el embriagado? Contraste entre la embriaguez y la severidad cristiana. El juicio de Dios

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Por estos males, hombres mezclados con mujeres, entregando sus almas al espritu de la embriaguez, formando todos juntos una danza, se hirieron mutuamente con el aguijn de las pasiones. Las risas de una y otra parte, los cantares livianos, los gestos lascivos, todo era un llamado a la impureza. Te res? Dime, y te gozas, con gozo impuro, cuando te era mejor estar llorando y gimiendo los pecados pasados? Entonas cantos de meretriz, olvidndote de los himnos y salmos que aprendiste? Mueves los pies y saltas como los locos y bailas, cuando debieras hincar tus rodillas para adorar? A quin llorar? A las doncellas an no casadas o a las que estn ya sujetas al yugo del matrimonio? Aqullas volvieron sin la virginidad, stas sin la fidelidad a sus maridos. Qu si algunas evitaron por ventura el pecado en sus cuerpos, recibieron por completo el mal en sus almas. Lo mismo digo de los hombres. Si mir con malicia, malicia tiene. El que mira a una mujer para desearla, ha fornicado 19. Si tienen tanto peligro los que de paso e inadvertidamente miran a una mujer, qu peligros no han de tener los que de propsito asisten a tales espectculos para ver a unas mujeres que por la embriaguez se portan indecorosamente; que componen sus gestos para provocar la lascivia; que canten canciones muelles, que slo con ser odas pueden excitar la pasin de la carne en los lascivos? Qu van a decir, qu excusa van a presentar quienes de tales espectculos volvieron cargados de un enjambre de tantos males? No se ven obligados a confesar que miraron para excitar su concupiscencia? Por lo tanto, son reos de adulterio, segn el inevitable juicio de Dios. Cmo os va a recibir el Espritu Santo el da de Pentecosts, habindole tratado con tal desprecio el da de la Pascua?

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La venida de este Espritu fue clara y manifiesta a todos, pero t has preferido hacerte habitacin del espritu contrario, y te has convertido en templo de dolos 20, siendo as que deberas ser templo de Dios, donde habitase el Espritu Santo. Has trado sobre ti la maldicin del Profeta, que dice en nombre de Dios: Convertir sus solemnidades en luto 21. Cmo vais a mandar a vuestros siervos, cuando vosotros sois esclavos de vuestros brutales apetitos y de vuestra liviandad? Cmo vais a aconsejar a vuestros hijos, si vosotros llevis una vida escandalosa y desarreglada? Remedios contra el exceso de la bebida. Exhortaciones Pues qu? Os abandonar? Temo que el dscolo, tome de aqu ocasin para hacerse ms desvergonzado 22; y que el compungido quede anegado en mayor tristeza. La medicina, dice la Escritura, remediar grandes pecados 23. Crese con el ayuno, la embriaguez; con los Salmos, los cantares obscenos. Sean las lgrimas remedio de la risa. En vez de la danza, dblese la rodilla. Al aplauso de las manos, sucedan los golpes de pecho. En lugar de la elegancia en el vestir, mustrese la humildad. Sobre todo, redmate del pecado la limosna 24. Porque el precio de la redencin del hombre, son sus riquezas 25. Haz que muchos de los que yacen en la desgracia, sean tus compaeros en la oracin, a no ser que todava ests determinado a darte al mal. Cuando el pueblo se sent para comer y beber, y se levantaron para jugar (y su juego era la idolatra 26), los levitas, armados contra sus hermanos, consagraron sus manos al sacerdocio. As, que a todos los que temis al Seor, a todos los que os habis lamentado de la vileza de estos hechos execrables, os

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mandamos que os compadezcis como de vuestros miembros enfermos, de los que se arrepientan de la locura de sus acciones. Pero si algunos se mantienen obstinados, y se burlan de vuestra tristeza por su causa salid de entre ellos y separaos, y no toquis lo inmundo 27, para que avergonzados conozcan su maldad, y vosotros recibis el premio del cielo de Fins 28, en el justo juicio de Nuestro Dios y Salvador Jesucristo, a quien sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amn. Notas 1. El Sbado Santo. 2. Aldese a las exhortaciones con que el Santo haba querido disponer a los fieles a festejar santamente la Pascua. 3. Sab., VI, 7. 4. Jerm., XX, 9. 5. Isaas, III, 16. 6. Demonio voluntario es aquel que el hombre se elige por s mismo, a quien voluntariamente abre las puertas siendo atormentado por su propio querer. 7. Salmo LXVIIT, 13. 8. El Santo, sigue, en estas explicaciones fisiolgicas, el estado de la ciencia de su tiempo. 9. Prov., XXIII, 29. 10. I Cor., VI, 10. 11. Efes., V, 18. 12. Prov., XX, 1.

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13. En la actualidad diramos que beben al son de la guitarra y del acorden. 14. Isaas, V, 11. 15. Filip., III, 19. 16. Salmo CXIII, 5. 17. Isaas, V, 11. 18. Ibd. 19. Mt., V, 28. 20. Rom., VIII, 11. 21. Amos, VIII, 10. 22. II Cor., XI, 7. 23. Eccles., X, 4. 24. Dan.m IV, 24. 25. Prov., XIII, 8. 26. Exod., XXXII, 6. 27. Cor., VI, 17. 28. Nm., XXV, 11.

ATIENDE A TI MISMO
"Atiende a ti mismo, no sea que alguna vez una palabra oculta, se haga iniquidad en tu corazn" (Deut. XV, 9)2.

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Introduccin Dios Nuestro Creador, nos ha dado el uso de la palabra para que descubramos a los dems los designios del corazn; ya que somos de una misma naturaleza, quiere Dios que, comunique cada uno con su prjimo, sacando como de unas alacenas, las intenciones de los escondrijos del corazn. Si contsemos nicamente de alma, pronto nos entenderamos con los dems por medio de lo que pensamos. Pero como nuestra alma elabora los pensamientos revestida con el traje de la carne, tiene necesidad de palabras y nombres para publicar lo que dentro tiene. Y as, luego que nuestro pensamiento toma una voz significativa llevado por la palabra como en una barca, cruzando el espacio, pasa del que habla al que oye. Si encuentra profunda calina y silencio, entra como en puertos tranquilos e imperturbados en los odos de los que escuchan. Pero si como enfurecida tempestad, sopla contra el alboroto de los oyentes, naufragar disolvindose en medio del espacio. Haced, pues calina a la palabra con el silencio. Porque tal vez aparezca conteniendo algo til que podis llevar con vosotros. La palabra de la verdad es difcil de comprender; puede fcilmente escaprseles a los que no estn con atencin. Por eso, dispuso el Espritu Santo que fuese concisa y breve, para que significase con pocas palabras muchas cosas, y pudiese por la brevedad retenerse fcilmente en la memoria. Porque virtud natural de la palabra es el no ocultar con oscuridad las cosas que significan, no estar ociosa y vaca andando ligeramente alrededor de las cosas. El porqu de la sentencia Tal es la sentencia que poco ha nos leyeron de los libros de Moiss, de la cual os acordaris muy bien los diligentes; a no ser que por su brevedad haya pasado ligeramente por

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vuestros odos. Dice, pues, as: Atiende a ti mismo, no sea que alguna vez una palabra oculta se haga iniquidad en tu corazn 3. Somos los hombres inclinados a los pecados del pensamiento. Por eso el que form uno por uno nuestros corazones, sabiendo que la principal parte del pecado se comete con el apetito de la voluntad, orden en nosotros la pureza como la primera en la parte ms noble. El sitio donde ms fcilmente resbalamos al pecado lo ha favorecido con mayor esmero y vigilancia. Y as como los mdicos ms previsores, defienden muy de antemano con medicinas preservativas las partes ms dbiles de los cuerpos; de la misma manera, el comn curandero y verdadero mdico de las almas, previno con ms poderosos auxilios lo que conoci estar en nosotros ms inclinado al pecado. Las acciones del cuerpo necesitan tiempo, oportunidad, trabajos, ayudantes, y los dems gastos. No as los movimientos de la mente, pues se ejecutan instantneamente, se acaban sin cansancio, se detienen sin hacer nada; todo tiempo es apto para ellos. Suele ocurrir que algn arrogante y vanaglorioso de su castidad, revestido por afuera con mscaras de pudor, sentndose muchas veces en medio de los que le llaman dichoso por su virtud, acude con su mente, por el oculto movimiento del corazn, al lugar del pecado. Ve con la imaginacin lo que desea. Finge compaas indecorosas. Pntase claramente el placer en la escondida oficina de su corazn. Comete el pecado all dentro sin testigos; desconocido por todos hasta que venga el que ha de descubrir los escondrijos de las tinieblas, y manifestar los deseos de los corazones 4. Atiende, pues, no sea que alguna vez algn pensamiento oculto se haga iniquidad en tu corazn. Porque el que mire a una mujer para codiciarla, ya ha cometido adulterio en su corazn 5. Las acciones corporales las interrumpen muchos, mas el que peca con el deseo, ha cometido l pecado con la

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velocidad de los pensamientos. Por lo cual, contra esto tan resbaladizo, se nos dio pronto precaucin. As lo atestiguan las palabras: No sea que alguna vez una palabra oculta se haga delito en tu corazn. Atiende a ti mismo para que puedas discernir lo daoso de lo saludable Pero volvamos al comienzo de la sentencia. Atiende a ti mismo. Todos los animales tienen por concesin de Dios, quien todo lo cre, movimientos para mirar por su propia naturaleza. Y encontrars, si observas diligentemente, que la mayor parte de los brutos, sin que nadie les ensee tienen odio a los que les daan. Son atrados por el contrario, por cierta inclinacin natural, a gozar de lo que les es til. Por eso mismo Dios, nuestro maestro, nos dio este gran precepto para que lo que ellos hacen por naturaleza, eso lo hagamos nosotros con el auxilio de la razn. Lo que ellos hacen inconsiderablemente, quiere Dios que lo hagamos nosotros con atencin y con la continua direccin de los pensamientos. Quiere que seamos guardas diligentes de los movimientos que El nos da, huyendo del pecado como huyen los brutos de las comidas venenosas y siguiendo la justicia como siguen ellos las nutritivas hierbas. Atiende por lo tanto a ti mismo, para que puedas discernir lo daoso de lo saludable. Dos maneras de atender a s mismo Dos maneras hay de atender: una, contemplando con los ojos corporales las cosas visibles; otra, elevando la facultad espiritual del alma a la contemplacin de las cosas incorpreas. Si dijsemos que este precepto slo se refiere a la accin de los ojos, mostraremos de inmediato la imposibilidad de esto. Porque cmo uno se abarcara a s todo con el ojo? Pues, ni el ojo usa de su mirada para verse a s mismo, ni puede ver la parte superior de la cabeza, ni las espaldas, ni el rostro, ni la interior disposicin de las

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entraas. Por otra parte, sera una impiedad decir que no pueden guardarse los mandamientos del Espritu Santo. Resta, pues, que entendamos el precepto en cuanto se refiere a la accin del entendimiento. Atiende a ti mismo, es decir: examnate a ti mismo por todas partes. Ten despiertos los ojos del alma para vigilarte a ti mismo. Atraviesas por medio de lazos 6. Yacen ocultas por todas partes, trampas puestas por el enemigo. Examina, pues, todo lo que est a tu alrededor, para que te libres como el gamo de los lazos, y como el ave de la trampa 7. Porque al gamo no se le puede agarrar con lazos por la agudeza de su vista, por donde se lo llama as por la perspicacia de sus ojos. Y el pjaro, cuando est atento, con sus ligeras alas se remonta sobre las celadas de los cazadores. Pues mira. No te muestres ms perezoso que los irracionales en vigilarte a ti mismo. Est, atento, no sea que alguna vez, enredado en los lazos, seas presa del diablo, cazado por l en vida para ser su juguete. Atiende nicamente a ti mismo, a tu alma Atiende, pues, a ti mismo; a saber, no a tus cosas, ni a lo que te rodea, sino atiende nicamente a ti mismo. Porque una cosa somos nosotros mismos, y otra nuestras cosas; y otra, todo lo que nos rodea. Nosotros somos el alma y la mente en cuanto que hemos sido hechos a imagen del Creador. Cosa nuestra es el cuerpo y sus sentidos. Lo que nos rodea son las riquezas, artes y lo dems concerniente a la vida. Qu dice, pues, la sentencia? No atiendas a la carne ni busques en manera alguna su bien; la salud, la hermosura, el goce de los placeres, la larga vida. No admires las riquezas, la honra y el poder. No tengas por cosa grande cuanto satisface las necesidades de la vida temporal, no sea que

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desprecies, por la aficin a estas cosas, la vida ms excelente que tienes. Atiende a ti mismo; es decir a tu alma. Adrnala, cudala, hasta que desaparezca, por tu diligencia, toda suciedad que se la haya pegado del mal. Procura borrar toda la deshonra que le haya venido del pecado. Adrnala y embellcela con galas de virtud. Examnate a ti mismo quien eres. Conoce tu naturaleza: que es mortal tu cuerpo, e inmortal el alma. Conoce que tenemos una vida doble: una, perteneciente a la carne, que pasa velozmente; otra, perteneciente al alma, que no tiene lmite. Reflexiona diligentemente sobre ti mismo para dar a cada uno lo conveniente Atiende, pues, a ti mismo. No te pegues a las cosas perecederas como si fueran eternas. No desprecies las eternas como si fueran pasajeras. Desprecia la carne, porque pasa; cuida del alma, que es inmortal. Reflexiona con toda diligencia sobre ti mismo, para que aprendas a dar a cada uno lo conveniente: a la carne los alimentos y los vestidos, y al alma las enseanzas de la piedad, el comportamiento honesto, el ejercicio de la virtud, el dominio de las pasiones. Atiende a ti mismo para que no engordes excesivamente al cuerpo, ni andes solcito por la abundancia de la carne. Porque la carne desea contra el espritu, y el espritu contra la carne y mutuamente se contraran ambos 8. Atiende a ti mismo, no sea que, condescendiendo con la carne, des mayor poder al que menos vale. Porque as como en los fieles de las balanzas, si cargas mucho un platillo haces necesariamente al que est enfrente, en el lado contrario, ms ligero, as tambin en el cuerpo y en el alma la superioridad del uno comporta necesariamente la debilidad del otro. Y es as, que gozando de bienestar el cuerpo, y pesado por su obesidad, necesariamente el entendimiento est dbil y flojo para sus operaciones propias, mientras que, por el contrario, estando bien el alma y levantada a su propia grandeza, por medio de ejercicio del bien, sguese el que la debilite esta complexin del cuerpo.

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Precepto til para todos Y este mismo precepto es til para los dbiles, y en sumo grado consciente para los fuertes. Tambin los mdicos de las enfermedades aconsejan a los pacientes a que atiendan a s mismos, y nada descuiden de lo perteneciente a su salud. Pues de una manera semejante, la sentencia, el mdico de nuestras almas, sana con este pequeo remedio al alma enferma por el pecado. Atiende por lo tanto a ti mismo, para que conforme lo exige tu delito, recibas el remedio de la salud. Es grande y horrible tu pecado? Pues necesitas mucho la confesin, lgrimas amargas, continuadas vigilias, ayunos no interrumpidos. Es ligera y tolerable tu falta? Sea igual tambin la penitencia. Unicamente atiende a ti mismo, para que conozcas la salud y la enfermedad del alma. Porque muchos teniendo grandes e incurables enfermedades, ni se dan cuenta siquiera, por su excesiva inconsideracin, que estn enfermos. Grande es tambin la utilidad que se sigue de esta sentencia para los robustos en sus obras. Una misma sentencia, sana a los enfermos y perfecciona a los sanos. Cada uno de nosotros, que somos discpulos de esta sentencia, es administrador de algn oficio de los que prescribe el Evangelio 9. Porque en esta gran casa de la Iglesia, no slo hay ajuares de todas clases, de oro y de plata, de madera y de barro, sino que hay tambin toda clase de artes. Tiene la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios Vivo lo, cazadores, atletas, soldados. A todos stos se adapta esta breve sentencia. Comunica a cada uno diligencia en el trabajo, y entusiasmo en la voluntad. Eres cazador enviado por el Seor, que dijo: He aqu que yo envo muchos cazadores y los cazarn por todos los bosques 11.

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Atiende, pues, con diligencia, no se te escape la presa, para que cazando con la palabra de la verdad a los que se han convertido en fieras, por sus servicios, los traigas al Salvador. Eres caminante como lo era aquel que oraba as: Dirige mis pasos 12. Atiende a ti mismo. No tuerzas el camino, no te separes a la derecha o a la izquierda 13. Vete por el camino real. El arquitecto eche sobre la mente el cimiento de la fe, que es Cristo Jess 14. El albail mire como edifica, no con madera, ni heno, ni paja, sino con oro, plata y piedras preciosas. T, pastor, atiende, no te pase por alto alguna de las cosas que requiere el oficio pastoril. Y qu cosas son stas? Encamina al perdido, venda al golpeado, cura al enfermo. T labrador, cava alrededor de la higuera infructuosa y arroja all lo que ayude para la fecundidad. T que eres soldado, colabora al Evangelio pelea valiente, combate 15 contra todos los espritus del mal, contra las pasiones de la carne; toma toda la armadura de Dios: no te compliques en los negocios de la vida para que agrades al que te eligi para su milicia. T atleta, atiende a ti mismo. No faltes a las leyes atlticas; porque ninguno es coronado si no luch legalmente 16. Imita a San Pedro que corra y peleaba y era luchador; y as t, como un buen combatiente, ten firme la mirada de tu alma. Cubre las partes ms peligrosas con el impedimento de tus manos; ten fijos los ojos en el adversario. En tus carreras tiende tu vista a lo que te queda por delante 17. Corre de suerte que ganes el premio 18. Oponte en la lucha a los enemigos invisibles. Tal quiere la sentencia que seas durante la vida; no cobarde ni perezoso, sino cauto y vigilante gobernador de ti mismo. No me bastara el da entero si hubiera de continuar exponiendo, sea las obligaciones de los que coadyuvaban al

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Evangelio de Cristo, sea la eficacia del precepto y cun bien se acomoda a todos. Atiende a ti mismo, previnindote contra las vanas ilusiones Atiende a ti mismo. Se sobrio, aconsejado, observador de las cosas presentes, previsor de lo futuro. No pierdas lo ya presente, por tu pereza, ni te prometas el goce de lo que ni es, ni tal vez ser, como si estuviese ya en tus manos. Y no est por naturaleza esta enfermedad en los jvenes que por la ligereza de su entendimiento creen poseer ya lo que esperan? Porque cuando alguna vez estn en reposo, o en el descanso de la noche, se fraguan ellos mismos imgenes que no existen, son arrastrados por la insensibilidad de su mente a todas las cosas. Promtense el esplendor de la vida, brillante boda, feliz descendencia, larga vejez y honores de parte de todos. Despus, no pudiendo detener sus esperanzas en ninguna cosa, son arrebatados a las mayores cosas humanas. Poseen casas hermosas y grandes. Las llenan de toda clase de cosas preciosas. Ponen a su alrededor cuanto la vanidad de sus pensamientos les seala de terreno en el mundo. Las riquezas que de all resultan, las encierran en los cofres de la vanidad. A todo esto, aaden rebaos, innumerables multitud de domsticos, puestos polticos, dignidades militares, guerras, trofeos, el mismo reino. Todas estas cosas consideradas en las ficciones vacas de su mente, debido a su excesiva locura, les parece como que ya las gozaran de presente. Parece como que tuvieron ante sus pies lo que tan solo esperan. Tener sueos estando despierto, es una enfermedad propia de un alma dbil y perezosa. Pues bien, la Escritura, para estrujar esta vana soberbia de la inteligencia, y esta vanagloria de nuestros pensamientos, y para reprimir como con un freno de inconstancia de la mente, nos anuncia este grande y sabio precepto: "Atiende a ti

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mismo, sin prometerte lo que no existe, y dirige las cosas presentes a tu utilidad". Atiende a ti mismo y no quieras averiguar los males de otros Creo que el legislador us tambin esta amonestacin para hacer desaparecer asimismo este vicio de la sociedad. El indagar curiosamente los males ajenos, nos es ms fcil a todos, que el indagar diligentemente lo propio. A fin de que esto no suceda, (el legislador nos) dice: "Cesa de averiguar los males ajenos. No entregues a la ociosidad tus pensamientos para que se ocupen de la vida de los dems. Atiende a ti mismo, a saber, vuelve los ojos de tu alma para averiguar tus propias cosas". Pues muchos, como dice el Seor, ven una pajuela en el ojo de su hermano, y no ven la viga que llevan en el suyo 18. Por lo tanto, no ceses de examinarte a ti mismo. Examina tu vida, si marcha conforme al precepto. No te preocupes de lo que hay por defuera a tu alrededor. No te ocupes de observar y ver si acaso puedes encontrar en alguna parte ocasin de reprender a alguno. No seas como aquel soberbio y arrogante fariseo que estaba de pie llamndose a s mismo justo, y despreciando al mismo tiempo al publicano. T, por el contrario, no ceses de pedirte cuenta a ti mismo. Examnate si has pecado con tu pensamiento, si tu lengua se ha deslizado en algo, adelantndote a la razn, si en las obras de tus ruanos has hecho algo temerario. Y si en tu vida encontrares muchos pecados (y seguramente que siendo hombre los encontrars), di con l publicano: Oh Dios mo, compadeceos de m, que soy un pecador 20. Sentencia til para todas las circunstancias de la vida Atiende, pues, a ti mismo. Esta sentencia aun cuando tu vida se deslice prsperamente y goces de esplndida felicidad, ser til como un buen consejero que trae a la memoria las cosas humanas. Y si eres atribulado por las adversidades, ir tambin a su tiempo junto a tu corazn; de modo que ni la

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soberbia te levantar a jactancia, ni tampoco caers por la desesperacin en una deshonrosa tristeza. Ests orgulloso por tus riquezas y te jactas de la gloria de tus antepasados? Te engres de la patria y de la belleza del cuerpo y de los honores que de todos recibes? Atiende a ti mismo que eres mortal, que eres tierra y en tierra te has de convertir 21. Vuelve la vista hacia los que antes de ti estuvieron en semejantes honras. Dnde estn los que fueron admirados por su poder poltico? Dnde los oradores invencibles? Dnde los que reunan pblicas, asambleas; los que alimentaban briosos corceles, los generales, los strapas, los tiranos? No es todo polvo? No fue todo fbula? No se conserva en unos pocos huesos la memoria de su vida? Revuelve las sepulturas, a ver si puedes distinguir cul fue el siervo y cul el seor, quin el pobre y quin el rico. Separa, si puedes, al vasallo del rey, al valiente del cobarde, al hermoso del feo. Por consiguiente, si te acuerdas de tu naturaleza, jams te ensoberbecers. Y te acordars de ti, si atiendes a ti mismo. Eres de nacimiento humilde y desconocido, pobre nacido de pobres, sin casa, sin ciudad, dbil, necesitado del alimento de cada da? Temes a los poderosos y te abajas por lo humilde de tu vida? El pobre, dicen los Proverbios, no sufre la amenaza 22. Pero no te desalientes. Si en la actualidad no tienes nada digno de ser emulado, no depongas por eso tu esperanza. Levanta tu nimo a los bienes que ya te ha comunicado Dios, y a los que te esperan despus por su promesa. Porque, mira, en primer lugar, eres hombre. Eres el nico entre los animales formado por Dios 23,. Por ventura al que bien lo piensa no basta esto para consuelo grande? No le basta para su consuelo el haber sido formado por las mismas cranos de Dios que todo lo cre? Por otra parte; no te basta que hecho e imagen de tu Creador, puedas subir, por la prctica de la virtud, a una honra semejante a la de los ngeles? Tienes un alma dotada de inteligencia con la que

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puedes conocer a Dios. Al averiguar, por medio de la razn, la naturaleza de las cosas, adquieres el sabrossimo fruto de la sabidura. Adems, todos los animales de la tierra, tanto los domsticos como los de los bosques, los que se cran en las aguas como los voltiles, te sirven a ti y estn bajo tu dominio. No fue el hombre quien invent las artes y edific las ciudades? No fue l, quien descubri las cosas necesarias y las placenteras? Los mares, no le han abierto el camino, gracias a su entendimiento? Y el aire y el cielo y los coros de las estrellas, no le muestran su orden? Por qu entonces te desanimas por no tener un caballo de plateadas bridas? En cambio, tienes al Sol que con ms contante curso, durante todo el da, est sirvindote de antorcha. No tienes el resplandor del oro y de la plata. Pero tienes a la luna que te alumbra con su resplandor. No te paseas en carrozas recamadas de oro. Pero tienes pies, vehculo propio y hecho para ti. Por qu entonces considerar dichosos a los que tienen los bolsillos llenos mientras necesitan de pies ajenos para andar? No duermes en cama de marfil. Pero tienes la tierra, que vale mucho ms que todos los marfiles. Sobre ella es dulce el descanso, y veloz el sueo, libre de cuidados. No habitas bajo techo dorado. Pero tienes el cielo radiante, con la majestuosa belleza de los astros. Pero eso es humano. Tienes cosas mejores an. Dios mismo habit por ti en medio de los hombres. Tienes la comunicacin del Espritu Santo. Tienes la destruccin de la muerte y la esperanza de la resurreccin. En tu poder estn los preceptos divinos que perfeccionan tu vida. En tu poder est el acercarte a Dios por medio de los mandamientos. El reino de los cielos est dispuesto para ti. Coronas de justicias, estn preparadas para quien no huye de los trabajos de la virtud.

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En todas las ocasiones ten presente este precepto: "Atiende a ti mismo" Si atiendes a ti mismo, esto y mucho ms, encontrars a tu alrededor. Gozars de los bienes presentes y no te desanimars por los que te faltan. Si en todas las ocasiones tienes presente este precepto, te prestar siempre un auxilio muy grande. Por ejemplo: Acaso tu ira predomina a la razn y te impulsa a proferir palabras poco decorosas, y a poner por obra acciones crueles y fieras? Pues si atiendes a ti mismo refrenars la ira como a un potro indmito y brioso, maltratndola, con los golpes de la razn, como con un ltigo. Adems reprimirs tu lengua y no levantars tu mano contra quien te irrita. Acaso malos deseos aguijonean tu alma y la arrastran a movimientos lascivos y voluptuosos? Pues si atiendes a ti mismo y recuerdas que ese placer presente te conducir a un amargo fin, y que ese mismo goce que ahora resulta en nuestro cuerpo por el placer, engendrar el venenoso gusano que para siempre nos atormentar en el infierno, y que el ardor de la carne ha de ser la causa del fuego eterno: entonces, seguramente que pronto se alejarn ahuyentados los placeres y surgir dentro de tu alma una admirable tranquilidad y paz. Ocurrir como en el alboroto de las criadas disolutas, que cesa de inmediato con la presencia de la prudente ama de casa. Atiende, pues, a ti mismo. Y conoce que tu alma, por una parte es racional y capaz de discurrir, y por otra, est inclinada a las pasiones y a la irracionalidad. En cuanto a lo primero, en cuanto racional, le toca, por naturaleza, mandar. A las pasiones corresponde, sujetarse y obedecer a la razn. No permitas, pues, que la razn se rinda a las pasiones y se haga esclava de ellas. No permitas que stas se levanten contra la razn y se adueen del imperio del alma.

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El diligente examen de s mismo conduce al conocimiento de Dios Por ltimo, el diligente examen de ti mismo, te conducir, como por la mano, al conocimiento de Dios. Pues, si atiendes a ti mismo, nada te costar investigar mediante la disposicin de las cosas creadas, al Hacedor. En ti mismo, como en un "microkosmos" advertirs la gran sabidura del Criador. Por el alma inmortal que en ti habita, entenders que Dios es incorpreo. Entenders que no est limitado a ningn lugar alguno, sino que ocupa lugar por la unin que tiene con el cuerpo. Creers que Dios es invisible, al reflexionar sobre tu alma, porque tampoco a sta se le puede ver con los ojos del cuerpo. Pues ni tiene color, ni figura, ni le conviene ninguna cualidad del cuerpo, sino que tan slo por sus operaciones se la conoce. Por lo tanto, no pretendas conocer a Dios por tus ojos, sino que trayendo la fe a tu mente, has de tener de El un conocimiento espiritual. Admira cmo el artfice ha unido la energa de tu alma con el cuerpo; de manera que extendindose hasta sus extremidades, hace conspirar hacia un mismo fin a miembros tan distantes entre s. Admira la fuerza que el alma comunica al cuerpo. Admira cmo la carne obedece al alma. Admira cmo el cuerpo recibe la vida del alma y sta recibe en cambio sinsabores del cuerpo. Admira el bagaje de enseanzas que tiene el alma; cmo al conocimiento de las cosas aprendidas anteriormente no estorban los nuevos conocimientos que adquieres, sino que los recuerdos se conservan distintamente y sin confusin, esculpidos, como en una lmina de bronce, en la parte ms noble del alma. Admira finalmente, como, purificada de la torpeza del vicio, se hace, por la virtud, semejante al Criador. Atiende a ti mismo para que atiendas a Dios Despus de contemplar al alma, observa tambin, si te parece, la estructura del cuerpo. Admira cmo el mejor

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artfice le ha fabricado para que sea idnea morada del alma racional. Adems, observa cmo Dios nicamente al hombre, entre todos los animales, le form derecho, a fin de que sepas, por tu misma postura, que tienes origen divino. Pues todos los cuadrpedos miran a la tierra y se inclinan hacia su vientre. Pero en el hombre, la mirada est dispuesta de tal manera que vea el cielo, a fin de que no complazca a su vientre ni a los bajos apetitos; sino para que tenga puesta toda su intencin en el camino hacia el cielo. Adems, colocada, la cabeza en la parte superior, puso en ellas los sentidos. All est la vista, el odo, el gusto, el olfato, colocados todos, unos cerca de otros. Y sin embargo sujetos como estn a un lugar tan pequeo, cada uno no estorba en nada, la accin del otro. Los ojos ocupan la ms alta atalaya, a fin de que ninguna parte del cuerpo les haga sombra, sino que, colocados bajo la defensa de las cejas, extiendan su mirada, derechamente, desde lo ms alto y levantado. El odo no est abierto en lnea recta, sino que los sonidos que se producen en la atmsfera, los percibe por una tortuosa abertura. Esto est hecho con gran sabidura. Porque de esta manera se da libre paso a la voz, y cuando entra por las concavidades resuenan sin que dae al sentido lo que se desliza por defuera. Observa la naturaleza de la lengua. Mira cun delicada y flexible es, y sin embargo, suficiente para usar toda clase de palabras, gracias a la variedad de sus movimientos. Los dientes, son medios para la voz, prestando grande ayuda a la lengua; son a la vez los que coadyuvan de las funciones digestivas. Y de esta manera podrs recorrer y raciocinar convenientemente acerca de todas las cosas. Podrs admirar la respiracin del aire por el pulmn, la respiracin del calor en el corazn, los rganos de la digestin, los canales de la sangre. Y por medio de todas estas cosas, podrs conocer la

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investigable sabidura del Criador. El mismo te lo dice por el profeta: -Admirable se ha hecho tu sabidura en mi 24. Atiende, pues, a ti mismo, para que atiendas a Dios, a Quien sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amn. Notas 2. Este es el texto tal como lo tradujeron los Setenta. La Vulgata traduce: "Cave ne forte subrepar tibi impia cogitatio et dicas in corde tuo...". 3. Deut., XV, 9. 4. 1 Cor., IV, 5. 5. Mt, V, 28. 6. Eclesistico, IX, 20. 7. Prov., VI, 5. 8. Galat., V, 17. 9. II Tim., III, 20. 10. I Tim., III, 15. 11. Jer., XVI, 16. 12. Salmo CXVIII, 133. 13. Deut., V, 32. 14. 1 Cor.,111, 2. 15.1 Tim., IRr 15. 16. II Tim., II, 5. 17. Hip.,111, 13.

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18.1 Cor., IX, 24: 19. Mt., VII, 3 20. Lc., XVIR,13. 21. Gn., III, 10. 22: Pro,, XIII, 8> 23. Gn., II, 7. 24. Salmo CXXXVIII, 6

HOMILA A LOS RICOS


Advertencia Por el comienzo y desarrollo de esta homila, parece que acababan de leer el hecho que trae S. Mateo en los vers. 1626 del captulo XIX de su Evangelio y que traducimos a continuacin para que ms se aprecie el valor de esta verdadera joya oratoria: 16. Y he aqu que acercndose uno (a Jess) le dijo: Maestro bueno, qu bien har para alcanzar la vida eterna? 17. Y l le dijo: Por qu me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el bueno, Dios. Pues si quieres alcanzar la vida, guarda los mandamientos. 18. Dcele: Cules? Y Jess dijo: Aquello de: "'no matars, no cometers adulterio, no hurtars, no levantars falso testimonio" 1. 19. "Honra al padre y a la madre, y amars a tu prjimo como a ti mismo" 2. 20. Dcele el mancebo: Todo esto lo he guardado desde mi mocedad; qu me falta an?

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21. Djole Jess: Si quieres ser perfecto, ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres., y tendrs un tesoro en el cielo; y ven, y sgueme. 22. As que hubo odo el joven estas palabras, se march contristado, porque tena muchos bienes. 23. Y Jess dijo a sus discpulos: En verdad os digo que un rico difcilmente entrar en el reino de los cielos. 24. Y os vuelvo a decir: Ms fcil es que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de los cielos. 25. Y cuando oyeron esto los discpulos se quedaron en gran manera pasmados, diciendo: Pues quin puede salvarse? 26. Ms mirndoles Jess les dijo: Para los hombres esto es imposible, pero todo es posible para Dios.
1. Exod, XX, 13-17 y 12. 2. Lev. XIX, 18

El joven rico No hace mucho que se nos habl de este joven 1, y el que escuch con atencin se acordar bien de lo que entonces se dijo. Y lo primero, que no es el mismo que aquel perito en la ley de quien hace mencin San Lucas 2. Aquel era un tentador, que haca preguntas fingidas; mas este preguntaba con recta intencin, aunque no escuch con docilidad. Porque si hubiese preguntado por desprecio, no hubiese marchado triste con la respuesta del Seor. Por eso su carcter se nos presentaba como una mezcla, pues la escritura nos la muestra laudable en parte, y en parte desgraciadsimo y completamente desahuciado. Porque el conocer al que de veras es maestro y el dar este nombre al nico y verdadero, despreciando la soberbia de los fariseos, la opinin de los juriconsultos y la turba de los escribas, esto era lo que se alababa. Y se aprob tambin el que manifestase aquella

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solicitud por saber cmo alcanzara la vida eterna. Pero el no haber grabado en su corazn los saludables consejos que escuch de labios del verdadero maestro, el no haberlos puesto por obra, sino el que cegado por la pasin de la avaricia huyese triste; nos descubre toda su voluntad, no deseosa de seguir lo ms provechoso, sino lo que a todos es ms agradable. Esto prueba la inconstancia de su carcter y lo inconsecuente que era consigo mismo. Le llamas maestro, y no haces lo que debe hacer un discpulo? Confiesas que es bueno, y rechazas lo que te da? Porque el que es bueno, es a la vez comunicador de bienes. Le preguntas sobre la vida eterna, y muestras estar dado enteramente a los deleites de la vida presente. Mas, qu consejo impracticable o pesado, o intolerable te propuso el Maestro? "Vende lo que tienes y dselo a los pobres"1. Si te hubiera propuesto los trabajos de la agricultura, o los peligros del comercio, o cualquier otra molestia de las que acompaan a los que andan tras el dinero, se comprende que, llevando a mal el consejo, te retirases triste: pero si por un camino tan fcil, que no te haba de costar trabajo o sudor alguno, promete hacerte heredero de la vida eterna, por qu no te alegras de la facilidad de alcanzar tu salvacin? Por qu se apena tu corazn y te retiras triste, y te haces intiles los trabajos que ya habas llevado a cabo? Porque si, como dices, ni has matado, ni has cometido adulterio, ni has hurtado, ni has levantado falso testimonio a nadie, haces infructuosa la diligencia que has puesto en observar esto, pues no quieres tambin cumplir lo dems, slo con lo cual podrs entrar en el reino de Dios. Si el mdico prometiese restituirte aquellos miembros que o por la naturaleza, o por alguna enfermedad tenas mutilados; no oiras esto con tristeza: y porque el gran mdico de las almas quiere perfeccionarte a ti despojado de los principales bienes, no recibes el beneficio sino que lloras y te pones triste. No lo has guardado todo Manifiestamente, lejos ests de aquel precepto que manda amar a tu prjimo como a ti mismo 2 y falsamente atestiguas

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haberla guardado. Porque, mira, este mandamiento del Seor prueba que t eres completamente ajeno a la verdadera caridad. Porque si era verdad lo que afirmaste, que habas cumplido desde tu juventud con el precepto de la caridad, y que habas dado a los dems lo que a ti mismo de dnde, dime, te ha venido esta abundancia de riquezas? Pues el cuidado de los necesitados gasta las riquezas; pues cada uno ha de recibir un poco segn su necesidad; y todos han de repartir igualmente sus bienes y gastarlos entre los pobres. Por eso el que ama al prjimo como a s mismo, no posee ms que su prjimo. Pero t te presentas con muchas riquezas. De dnde pues, te han venido sino de que has pospuesto a tus comodidades, el bienestar de muchos? De manera que cuanto ms abundas en riquezas, tanto menor es tu caridad. Que si hubieses amado a tu prjimo, sin duda hubieras repartido con l tu dinero. Mas ahora tienes pegadas a ti las riquezas ms estrechamente que los miembros del cuerpo, y cuando se separan de ti te duele lo mismo que si te cortasen la parte ms principal de l. Si hubieras vestido al desnudo, si hubieras dado tu pan al hambriento, si hubieras abierto tus puertas al peregrino, si te hubieras hecho padre de los hurfanos, si te hubieras compadecido del enfermo, qu riquezas, dime, te costara dejar? Cmo habas de llevar a mal, dejar lo que te quedaba, si ya antes habas procurado distribuirlo a los necesitados? Adems, a ninguno le cuesta dar su dinero en las ferias cuando por l se provee de otras cosas necesarias; y cuando por poco dinero se hace con alguna cosa de mucha estima, se alegra porque ha negociado con felicidad; y t te entristeces porque das oro y plata y riquezas; es decir, piedra y polvo, para poseer la vida eterna? En qu emplears las riquezas? Mas en qu emplears la riqueza? Te vestirs con precioso traje? Bstate una tnica de dos codos, y un solo manto puede satisfacer la necesidad de vestidos. Gastars tus riquezas en comidas? Un solo pan basta para saciar el

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vientre. Pues por qu te entristeces? Qu es lo que pierdes? La gloria que nace de las riquezas? Si no buscases la gloria terrena, encontraras la verdadera y resplandeciente gloria que te condujera al reino de los cielos. Pero el mismo poseer las riquezas es cosa deleitosa, aunque ningn provecho resulte de ella. Mas todos sabis que el deseo de las cosas intiles es irracional. Te parecer increble lo que voy a decir, y es ms cierto que cualquier otra cosa. La riqueza, repartida de la manera que el Seor manda, suele durar; retenida, pasa a manos de otro. Si la guardas, no la poseers; si la repartes, no la perders. Porque, "La distribuy, se la dio a los pobres; su justicia permanecer para siempre" 4. Pero la mayor parte de los hombres apetecen la riqueza, no por los vestidos o alimentos, sino que ha discurrido el diablo el artificio de sugerir a los ricos mil ocasiones de gastar su dinero, hasta el punto de procurarse como necesario lo superfluo y lo intil, y de no bastarle nada para los gastos que tienen premeditados. Dividen su riqueza para la necesidad presente y para la que vendr; y separan una parte para ellos, y otra para sus hijos. Despus dividenla tambin para diversas ocasiones que tengan de gastar. Escucha las cosas a que las destinan: Este dinero, dicen, usmoslo; este otro quede escondido. Lo destinado a nuestros usos, traspase los lmites de la necesidad: esto gstese en la opulencia domstica, aquello sirva para el fausto exterior; esto suministre gastos en abundancia al que tenga que hacer un viaje, aquello proporcione al que quede en casa una vida oppara y fastuosa; de suerte que me admiro de los gastos intiles en que se piensa. Poseen innumerables carrozas: unas conducen los equipajes; otras, cubiertas de bronce y plata, les conducen a ellos mismos. Numerosos caballos, cuya raza se aprecia por la nobleza de los padres, como se hace entre los hombres. Unos llevan a estos voluptuosos a travs de la ciudad, otros prestan sus servicios en la casa, otros en los viajes. Los frenos, los correajes, los collares: todo de plata, todo adornado con oro. Mantos de prpura adornan a los caballos como a unos esposos; muchedumbre de mulos de distinto color: sus aurigas se suceden unos a otros, caminando unos delante,

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otros detrs. El nmero de los dems sirvientes es infinito y suficiente para toda clase de ostentacin: mayordomos, despenseros, agricultores, peritos en todas las artes, tanto en las necesarias como en las deleitables y voluptuosas; cocineros, panaderos, coperos, cazadores, escultores, pintores, operarios de toda clase de placer. Manadas de camellos, unos para llevar cargas, otros para que anden por las selvas; multitud de caballos y de bueyes, rebaos de ovejas y de puercos; sus respectivos pastores; campos que no slo basten para alimentar a todos estos, sino que aumenten an con sus cosechas las riquezas; balneario en la ciudad; balneario en el campo; casas que brillan con mrmoles de toda clase: unos de piedra frigias, otros de incrustaciones lacnicas o teslicas; y de estas casas, unas calientan en invierno, otras refrescan en el verano. El pavimento adornado con variedad de piedrecitas; el oro reviste la techumbre. Los trozos de pared en que no hay incrustaciones, estn adornados con flores pintadas. Y, cuando distribuidas las riquezas en mil usos, sobran todava: entonces las entierran y las guardan en sitios escondidos. - No sabemos lo que ha de suceder; a lo mejor nos sobrevienen necesidades inesperadas-. Tampoco sabes si has de necesitar el oro enterrado: lo que sabes como cierto es el castigo que merecen las costumbres inhumanas. Despus que no puedes gastar el oro en un sin nmero de invenciones, lo ocultas debajo de la tierra. Locura increble: cavar la tierra cuando el oro estaba en las minas; y volverlo a esconder en la tierra despus de haberlo descubierto. Seas quien fueres el que entierras las riquezas; con ellas entierras tu corazn. Porque "donde est tu tesoro, dice la Escritura, all est tambin tu corazn" 5. Por eso los mandamientos entristecen su corazn, porque les parece intolerable la vida, si no la emplean en gastos intiles. Y lo que le sucede a este joven, sucede a los que le imitan; me parece semejante a lo que sucedera a un viajero que, arrastrado por el deseo de ver una ciudad, se dirigiese a ella apresuradamente; pero que, detenindose en las primeras hosteras de junto a la muralla, se abstuviese por la pereza de moverse un poco

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ms, e hiciese intil el trabajo que se haba impuesto, privndose de ver las bellezas de la ciudad. Tales son los que quieren cumplir los dems mandamientos sin desprenderse de sus riquezas. A no pocos he conocido yo que ayunaban, que oraban, que geman, que ejercitaban toda clase de piedad que no exige gasto alguno; pero que ni un bolo daban a los pobres. Qu les aprovecha a estos el ejercicio de las dems virtudes? Porque no les ha de recibir el reino de los cielos: pues "ms fcil es, dice, que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de los cielos" 6. Tan terminante es la sentencia, infalible el que la dice, pero raros los que la practican. -Mas, cmo viviremos, me decs, si lo dejamos todo?- Qu especie de vida habr, si todos venden lo que tienen y se quedan sin ms?- No me preguntis cmo se entienden las rdenes establecidas. Sabe el legislador harmonizar lo imposible con la Ley. Tu corazn se pesa como en una balanza, para ver si se inclina a la verdadera vida o a las delicias presentes. Sed ricos, pero generosos con los pobres Conviene que ponderen los prudentes que el uso de las riquezas se les ha concedido para que sean los repartidores de ellas, no para gozar: deben alegrarse cuando se desprenden de ellas, como el que deja lo ajeno, y no llevarlo a mal como si perdiesen una cosa suya. Por qu te afliges? Por qu se exacerba tu corazn cuando oyes: "Vende lo que tienes?" Si hubieran de acompaarte tus bienes a la vida futura, ni an as los habas de desear con tanto afn; pues los obscurecern aquellos premios de all; pero habindoles de dejar necesariamente aqu, por qu no sacamos de ellos la ganancia que se nos promete si los vendemos? Mas t cuando das oro y compras un caballo, no te entristeces; y cuando se trata de dar estas cosas perecederas para recibir por ellas el reino de los cielos, derramas lgrimas, rechazas al que te las pide y rehusas darlas inventando mil causas para tus gastos?

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Qu vas a responder al juez, t que vistes a las paredes, y no vistes al hombre; que adornas a los caballos, y desprecias a tu hermano cubierto de harapos; que dejas que se pudra el trigo, y no alimentas a los hambrientos; que entierras el oro, y abandonas al oprimido? Y si te acompaa una esposa que tambin sea amante de las riquezas, la enfermedad se duplica: porque da ms pbulo a las comodidades, aumenta el ansia de placeres y excita el aguijn de los caprichos vanos, pensando en hacerse con piedras preciosas, margaritas, esmeraldas y jacintos; forjando y entretejiendo oro; y aumentando la enfermedad con toda clase de vanidades. Y no se cuidan de esto alguna que otra vez, sino que de da y de noche estn pensando en lo mismo. Y son innumerables los aduladores que van en pos, al servicio de sus apetitos: llaman a tintoreros, a cinceladores en oro, a perfumistas, a tejedores, a bordadores. Y no le dejan a uno ni tiempo para respirar, por los continuos encargos que le dan. No hay riquezas que puedan satisfacer los caprichos de una mujer, ni aun cuando corriesen por los ros: pues compran el ungento que viene del extranjero lo mismo que si fuese aceite de la plaza. Adanse a esto las flores martimas, la prpura, las plumas de ave, y la lana ms abundante que la de las ovejas. El oro ensartando piedras de inmenso precio adorna sus frentes y sus cuellos, est incrustado en sus cinturones, y ata sus manos y sus pies; porque las mujeres avaras de oro, se gozan de atarse con esposas, con tal que sea de oro lo que las ata. Pues cuando cuidar de su alma el que est al cuidado de los caprichos de una mujer? As como los turbiones y las tempestades hunden los navos que estn podridos, as tambin las perversas inclinaciones de las mujeres, sumergen las almas dbiles de sus esposos. Pues distribuyndose entre el marido y la mujer las riquezas en tantos usos, vencindose mutuamente en la invencin de nuevas vanidades, no es extrao que ninguna oportunidad tengan de mirar por los extraos. Si oyes: "Vende lo que tienes, y dalo a los pobres" para que tengas provisin durante el viaje a la felicidad eterna, te marchas tristes; pero

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si oyes: da dinero a las mujeres derrochadoras, dselo a los cinceladores, a los escultores, a los que trabajan en piedras, a los pintores; entonces te alegras como si con tu dinero alcanzaras cosa ms preciosa. No ves estas murallas derruidas por la accin del tiempo, cuyos restos se levantan como escollos alrededor de toda la ciudad? Cuntos pobres haba en la ciudad cuando se construyeron, quienes por trabajar en ellas eran despreciados por los ricos de entonces! Y dnde est el esplndido aparato de las obras? Dnde, aqul tan alabado por la magnificencia de estas cosas? (*). No han desaparecido y venido los muros a tierra lo mismo que los que hacen los nios con arena: mientras que est en el infierno aquel a quien ahora le pesar del empeo que puso en cosas vanas? Ensancha tu corazn: los muros grandes o pequeos cubren la misma necesidad. Cuando entro en la casa de un hombre vanidoso y que hasta el fin de su vida no acaba de enriquecerse, y veo su morada brillar con toda clase de adornos; veo que para l no hay cosa ms estimable que lo visible, pues hermosea las cosas inanimadas y tiene sin adornar su alma. Dime, qu utilidad mayor te proporcionan los lechos de plata, las mesas de plata, los asientos y sillas de marfil, si por usar tales cosas no llegan las riquezas a los pobres que se agolpan a tus puertas, lanzando toda clase de gemidos dignos de toda compasin? Y t les niegas la limosna y dices que no puedes socorrer a los pordioseros. Juras con tu lengua que no puedes, pero tu mano te contradice; porque aunque ella calle, pregona tu mentira el anillo que brilla a vista de todos. A cuntos puedes sacar de sus deudas con un solo de tus anillos? Cuntas casas puedes levantar que estn en ruinas? Una sola arca de aquellas en que guardas tus vestidos, basta para vestir a todo el pueblo, que est aterido de fro; y, sin embargo, sufres que el pobre se vaya sin nada, sin temer el justo castigo del juez. No te compadeciste, no se te compadecer; no abriste tu casa, se te cerrar el reino de los cielos; no diste pan, no recibirs la vida eterna. La sed de riquezas es insaciable

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Pero te llamas pobre a ti mismo; convengo contigo en ello, porque pobre es el que necesita muchas cosas. Mas a vosotros os hace necesitar muchas cosas vuestra insaciable avaricia. Te esfuerzas por amontonar diez talentos encima de otros diez: reunidos veinte, apeteces otros tantos, y lo que vas amontonando no satisfacen tu avaricia, sino que la enciende. Como para los ebrios el tener junto a s vino es ocasin para beber, as los que acaban de hacerse ricos despus de adquirir muchas cosas desean an ms, alimentando su enfermedad a la vez que amontonan y producindoles sus ansias un efecto contrario al que ellos buscan. Porque no les alegran tanto los bienes presentes, con ser tan abundantes, cuanto les entristecen los que les faltan, o mejor dicho, los que ellos creen que les faltan; de suerte que siempre est su nimo preocupado, luchando por adquirir ms. Cuando haban de alegrarse y estar en paz por ser ms ricos que muchos, se amargan y se entristecen de que haya alguno que otro ms rico que les supere. Cuando alcanzan a uno de estos ricos enseguida se esfuerzan por igualar a otro que lo es ms; y cuando alcanzan tambin a este pasan su emulacin a otro. Como los que suben una escalera tienen siempre un pie levantado para ponerle sobre el banzo que sigue y no se detienen hasta que llegan al ltimo; as estos no cesan de apetecer el poder hasta que, subidos a lo alto, se estrellan desde lo ms alto de la desgracia. Al ave selucida (*) la hizo el Criador del universo insaciable para bien de los hombres; pero t haces insaciable tu corazn para mal de muchos. Cuanto ve la vista, tanto apetece el avaro. "No se saciar el ojo viendo" 7, ni se saciar el avaro recibido. "El infierno nunca dijo basta" 8 ni el avaro dijo jams basta. Cundo vas a usar de las cosas presentes? Cundo gozars de ellas, si siempre te detiene el trabajo de adquirir ms? "Ay de los que aaden a una casa otra casa, y juntan un campo con otro campo para quitar algo a su prjimo!" 9 Qu es lo que t haces? No das mil excusas para despojar a tu prjimo? Me hace sombra la casa del vecino, es un alborotador, alberga a los vagabundos; y trayendo otros pretextos, exagerndolos y pregonndolos, revolvindolos siempre y molestando, no para hasta obligarle a irse a otro

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sitio. Qu fue lo que mat al israelita Nabutn? No fue la avaricia de Acab que apeteca su via? 10. El avaro es mal vecino en la ciudad, mal vecino en el campo. Conoce el mar sus trminos; respeta la noche los lmites que tanto tiempo ha le fueron sealados; pero el avaro no respeta el tiempo, no conoce el trmino, no cede al orden de sucesin, imita la violencia del fuego; todo lo invade, todo lo devora. Y como los ros nacidos de un pequeo principio crecen de una manera increble con los afluentes que poco a poco se les juntan, y arrastran en su violenta corriente todo lo que encuentran a su paso; as tambin los avaros cuando suben a gran poder, despus que han recibido mayor fuerza para hacer injusticias de aquellos a quienes ya han dominado, reducen a la esclavitud a los dems, viniendo a aumentar el nmero de los antes injuriados; y el aumento de poder es para ellos ocasin de mayor maldad. Porque los primeros que recibieron el dao ayudndoles contra su voluntad, infieren tambin a otros, perjuicios y agravios. Porque a qu vecino, a qu domstico, a quin que tenga trato con ellos no atraen? Nada resiste a la fuerza de las riquezas; todo cede ante la tirana; ante el poder todo se estremece: pues cada uno de los que han sido injuriados, ms cuenta tiene con que no le venga algo peor, que de vengarse de lo que ha padecido. Conduce las yuntas de bueyes, ara, siembra, recoge la cosecha que no le pertenece. Si te opones, vienen las heridas; si te quejas, eres reo, porque injuriaste; sers contado entre los esclavos, habitar la crcel: preparados estn los calumniadores para poner en peligro tu vida. Te tendrs por bien librado si, dando algo ms, te ves libre de estas molestias. Quisiera que respirases un poco de la injusticia de estas obras y se aquietasen tus pensamientos, para que ponderaras a donde va a parar el deseo de estas cosas. Tienes tantas yugadas de tierra arable: otras tantas de tierra para plantar rboles: montes, campos, selvas, ros, prados. Y despus de esto qu? No te esperan slo tres codos de tierra? No bastar para guardar tu cuerpo miserable, el peso de unas pocas piedras? Para qu trabajas? Por qu obras

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perversamente? Por qu recoges con tus manos cosas infructuosas? Y ojal fueran infructuosas, y no materia para el fuego eterno. No despertars de esta embriaguez? No recobras tus sentidos? No vuelves en ti? No pondrs delante de tus ojos el juicio de Cristo? Qu responders el da del juicio? Qu excusa vas a traer cuando aquellos a quienes has injuriado te rodeen y griten contra ti delante del juez eterno? Qu hars? qu abogados llevars? Qu testigos sacars? Cmo sobornars al juez a quien con ningn artificio se le puede engaar? No hay all oradores, no hay all palabras persuasivas que puedan echar por tierra la verdad del juez. No te acompaan los aduladores, ni las riquezas, ni el fausto de la dignidad; abandonado de los amigos, abandonado de los protectores, sin patrocinio, sin defensa, te encontrars cubierto de vergenza, triste, cabizbajo, solo, sin libertad y sin confianza para hablar. A donde quiera que vuelvas los ojos, encontrars argumentos claros y patentes de tus crmenes: por un lado las lgrimas del hurfano, por otro los gemidos de la viuda, de otra parte los mendigos abofeteados por tu misma mano, los esclavos que mataste, los vecinos a quienes provocaste a ira: todo se levantar contra ti: te rodear la multitud perversa de tus malas obras. Porque, como sigue la sombra al cuerpo, acompaan a las almas los pecados, reflejando claramente las obras. Por eso all no vale negar: cerrar su boca an el ms desvergonzado. Las mismas obras de cada uno, sin hablar, pero apareciendo tales cuales nosotros las hicimos, harn de testigos. Cmo podr poner delante de tus ojos aquellas cosas terribles? Si es que por ventura oyes, si te conmueves, acurdate de aquel da en el cual "se revelar la ira de Dios desde el cielo" 11; acurdate de la gloriosa venida de Cristo, cuando "los que hayan obrado bien se levantarn a la resurreccin de la vida, y los que mal, a la resurreccin del juicio" 12. Entonces ser la vergenza eterna para los pecadores "y la emulacin del fuego que ha de devorar a los

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enemigos" 13. Cusete esto tristeza; no te moleste el precepto. Cmo te llorar? Qu dir? No deseas el reino de los cielos? No temes el infierno? Dnde encontrar la salud para tu alma? Porque si no te horrorizan los tormentos, si no te estimula el premio, estoy hablando a un corazn de piedra. Inutilidad de las riquezas Mira, hombre, la naturaleza de las riquezas. Por qu admiras tanto el oro? Piedra es el oro, piedra la plata, piedra la margarita, piedra cada una de las piedras: el crislito, el berilo, el gata, el jacinto, la amatista, el jaspe. Y estas son la flor de las riquezas; de las cuales t, unas las guardas y escondes, ocultando en la obscuridad del resplandor de las piedras, y otras las llevas contigo glorindote del brillo de estas cosas preciosas. Dime, de qu te sirve ceir tu mano con piedras resplandecientes? No te avergenzas de desear las piedras, como las mujeres embarazadas? Porque estas las devoran, y t hasta tal punto apeteces la preciosidad de las piedras, que anhelas con ansia las de sardonio, las de jaspe y las amatistas. Cul de estas que ms adornan los vestidos te pudo aadir un da ms de vida? A quien perdon la muerte, porque fuese rico? De quin huy la enfermedad, por sus riquezas? Hasta cundo va a estar siendo el oro lazo de las almas, anzuelo de la muerte, astucia del pecado? Hasta cundo van a ser las riquezas causa de la guerra; por la cual se templan las armas y se aguzan las espadas? Daos que traen las riquezas Por las riquezas desconocen los parientes la naturaleza; los hermanos se miran con ojos criminales; por la riqueza alimentan los desiertos a los homicidas, el mar a los piratas, las ciudades a los sicofantas. Quin es el padre de la mentira? Quin el urdidor de falsas acusaciones? Quin engendra el perjuro? No es la riqueza? No es la pasin por el oro? Qu es lo que hacis, hombre? Quin ha convertido en lazos contra vosotros lo que es vuestro? Es auxilio para vivir. Que no han sido dadas las riquezas como incentivos

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para el mal. Son redencin del alma: no ocasin de perdicin. -Pero es necesaria la riqueza por los hijos-. Este es un especioso pretexto de la avaricia; porque os escudis con vuestros hijos, y entretanto satisfacis vuestro corazn. No pongis por excusa a un inocente: tiene seor propio, y propio conservador: de otro recibi la vida; de ese mismo espera los auxilios de la vida. Acaso los Evangelios no se han escrito para los casados? "Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes y dselo a los pobres" 14. Cuando pediste al Seor una prole numerosa, cuando le rogaste que te hiciese padre de muchos hijos; aadiste por ventura: "Dame hijos para violar los mandamientos; dame descendencia para no entrar en el reino de los cielos"? Adems, quin ser responsable de la voluntad del hijo, de que ha de usar convenientemente de lo que le entreguen? Porque la riqueza es para muchos medio para la deshonestidad. No has odo al Eclesiasts que dice: "Vi una grave enfermedad: las riquezas que para l guardaban, para su mal?" 15. Y en otra parte: "Lo dejo a mi sucesor, y quin sabe si ser sabio o necio?" 16. Mira, pues, no sea que habiendo amontonado con tantos sudores la riqueza, dispongas para otros materia de pecado y despus seas atormentado con doble pena por las iniquidades que t hiciste, y por las que hizo el otro ayudado por ti. No es ms pariente tuya tu alma que todos tus hijos? No est unida a ti ms estrechamente que todo lo dems? Pues es la primera, dala la principal parte de tu herencia, proporcinala socorro abundante para que viva, y reparte despus la herencia entre los hijos. Muchas veces, hijos que nada recibieron de sus padres, se hicieron con casa: mas si una vez desprecias tu alma, quin tendr compasin de ella? Esto lo he dicho para los padres. Los que no tienen hijos qu buena excusa nos traen de su tacaera? -No vendo lo que tengo no se lo doy a los pobres, por los necesarios usos de la vida-. Luego el Seor no es tu maestro, ni rige tu vida el Evangelio: sino que t te das la ley a ti mismo. Mira el peligro a que te expones, si as raciocinas. Porque si el Seor nos mand esto como cosa necesaria, y t lo rechazas como imposible, ninguna otra cosa haces sino decir que eres ms

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prudente que el legislador. Pero dices: despus que haya gozado de las riquezas durante toda mi vida, har herederos de ellas a los pobres, y en las tablas pblicas y en mi testamento, les declarar seores de ellas. Cuando no estars entre los hombres, entonces te hars humanitario? Cuando te vea muerto, te llamar amante de tu hermano? Se debern muchas gracias a tu munificencia, porque estando tendido en el sepulcro y convertido en tierra, fuiste por fin liberal y magnnimo en tus gastos. Si no lo haces ahora no lo hars cuando mueras Dime, de qu tiempo vas a pedir premio, del que viviste, o del que sigui a la muerte? Mas el tiempo que viviste lo pasaste dado a los deleites de la vida, y no tolerabas la vista de un pobre. Y despus de muerto qu hiciste? a qu obras se debe el premio? Muestra tus obras y pide la recompensa. Ninguno hace negocio acabadas ya las ferias; ni es coronado el que se acerca despus de la lucha; ni se adquiere la fama de valiente despus de terminada la guerra. Pues tampoco despus de la vida hay ocasin de ejercitar la caridad. Prometes ser bienhechor con la tinta, y con las tablas. Quin te anunciar la hora de tu partida? Quin te responder de la manera que has de morir? Cuntos han sido arrebatados por una repentina desgracia, sin que ni siquiera pudiesen pronunciar una palabra? A cuntos les ha faltado el sentido por la fiebre! A qu aguardas, pues; a esa hora en la que probablemente no sers dueo de ti? Cuanto todo ser obscura noche, en la pesadez de la enfermedad y el desamparo de todos; y preparado el que acecha tu hacienda; ordenndolo todo a favor suyo y haciendo mudas tus determinaciones. Entonces, volviendo a una y otra parte los ojos y viendo la soledad que te rodea, conocers por fin tu locura. Llorars entonces tu necedad en haber diferido el cumplimiento del precepto para aquel instante, cuando tu lengua atada y tu mano trmula por el estertor no pueden revelar tus deseos ni por palabras ni por escrito. Y aunque todo estuviese escrito con claridad y tu voz lo pregonase a todo el mundo, una sola letra interpuesta, puede trastocar tu

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determinacin: un sello falso, dos o tres perversos testigos, pondrn tu hacienda en manos de otros. Pues por qu te engaas a ti mismo usando ahora tus riquezas para los goces de la carne, y prometiendo para ms adelante lo que no estar en tu poder? Depravada determinacin, como queda, aclarado por lo dicho. -Vivo, gozar de las delicias; muerto, cumplir con el precepto-. Te dir Abraham: "Recibiste tus bienes en tu vida" 17. No cabe por el camino angosto y estrecho, si no dejas la mole de las riquezas. Saliste cargado con ellas, pues no las arrojaste como se te orden. Mientras viviste, te preferiste al precepto; muerto y podrido, antepusiste el precepto a los enemigos. Porque para que no reciba nada fulano, dices, que lo reciba el Seor. Y esto cmo lo llamaremos? venganza de tus enemigos o amor al prjimo? Lee tu testamento. -Quisiera an vivir y gozar de mis bienes-. Gracias, pues, a la muerte, no a ti. Porque si fueses inmortal, no te habras acordado de los mandamientos. De Dios nadie se burla "No os equivoquis; de Dios nadie se burla" 18. No se presenta al altar cosa muerta: trae una vctima viva: No se admite al que ofrece de lo que le sobra. Y t ofreces al bienhechor que te lo dio, lo que te ha sobrado de toda tu vida. Si no te atreves a dar las sobras de tu mesa a unos huspedes ilustres y nobles, cmo quieres que Dios se aplaque con las sobras de tu vida? Ved, ricos, el fin a donde lleva la avaricia, y dejad de amar las riquezas. Cuanto ms ames las riquezas, menos debes dejar de lo que posees. Trnalo todo para ti, llvalo todo, no dejes tus riquezas a los extraos. Tal vez ni te enterrarn tus domsticos con ornato fnebre; sino que te negarn las exequias, deseosos de agradar a tus herederos. Tal vez se volvern entonces sus lenguas contra ti. -Es una necedad, dirn, adornar a un muerto y enterrar con mucho gasto a uno que ya nada siente-. No es mejor que los que quedamos nos adornemos

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con sus magnficos y esplndidos vestidos y no dejarlos que se pudran a la vez con el cadver? Qu sacamos con levantar un suntuoso monumento y hacer una elegante sepultura y un gasto intil? Mejor ser emplear todo esto en los usos de la vida. -Esto dirn, y se vengarn de tu severidad ; y entregarn tus bienes a tus sucesores.Hazte por lo tanto a ti mismo las honras fnebres. Hermosa sepultura es la piedad. Marcha vestido con todas tus cosas; haz de tus riquezas un adorno propio; tenlas contigo. Cree al buen consejero que te ama, Cristo, que se hizo pobre por nosotros, para que nos enriquecisemos con su pobreza 19; que se entreg a s mismo por precio de nuestra redencin 20. Obedezcmosle como a sabio y conocedor de lo que nos conviene, sufrmosle como a amador nuestro, semosle agradecidos como a bienhechor. Sigamos sin vacilar lo que se nos ha mandado, para que seamos herederos de la eterna vida, que est en Jesucristo, al cual sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amn. ........................ Notas 1. Mat. XIX, 16. 2. Matth. XIX, 21. 3. Matth. XIX, 19-20. 4. Psal. CXI, 9. 5. Mat. VI, 21. 6. Luc. XVIII, 25. (*) Parece referirse aqu San Basilio a Tiberio; quien, en el ao 18, convirti la Capadocia en provincia romana e hizo de Cesrea su capital. 7. Eccl. I, 8.

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8. Prov. XXVII, 20. 9. Isa. V, 8. 10. III. Reg. XXI.(*) Es una especie de tordo de gran tamao, que se mantiene de langostas y otros insectos: llmase en algunas regiones zorzal. 11. Roman. I, 18. 12. Joan., V, 29. 13. Hebr. X, 27. 14. Math. XIX, 21. 15. Eccl. V, 12. 16. Eccl. II, 18 y 19. 17. Luc. XVI, 25. 18. Gal. VI, 7. 19. II Cor. VIII, 9. 20.1 Tim. lI, 6.

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