Inicio Hoy, veintisiete de abril del dos mil doce, me encuentro en La Paz. Finalmente.
Pero antes de anotar mis primeras impresiones me remito al inicio de este viaje. Lunes veintitrs de abril del mismo ao sali desde mi Buenos Aires natal rumbo al norte, a recorrer nuestra maravillosa Sudamerica. Luego de unas interminables 27 horas en tren, acomodado como fuera en un incomodo asiento para mi bestial humanidad, arribe a San Miguel de Tucuman entrando la tarde. Acomode a mi espalda y pecho los mas de treinta kilos que tenia en mis mochilas, salir del anden me costo no tanto por el peso de mis petates, si por los distintos pensares que poblaban mi pensamiento. Comenzaba a sentir que el viaje que tanto tiempo estuve esperando realmente comenzaba. Tome un taxi desde la estacin de tren hasta la terminal de mnibus para asegurar mi pasaje hasta La Quiaca. Originalmente el plan era hacer una parada de unos das en Salta para visitar a Rodrigo, mi pirmo, y luego otra en Jujuy para ver al Gringo un gran y querido amigo de mi viejo, pero mi deseo de dejar la Argentina pudo mas. Consegui bus para las 21:30 del 24 de abril. Faltaban mas de cinco horas asi que deje mis bagajes en la oficina de la empresa de transporte y me fui a vagabundear sin rumbo por las calles de la capital de Tucuman. Vanamente intente cambiar pesos a dlares. Bendita AFIP. Comi un panchuque -una salchicha envuelta en una masa crocante- y record que haban pasado como veinte aos desde mi ultima visita al jardn de la republica. Apenas asomaba el sol en el horizonte montaoso cuando llegue a La Quiaca. Durante las casi 10 horas que duro el viaje estuve pensando en el apunamiento, recordando lo mal que la haba pasado mucho tiempo atrs en la quebrada de Humahuaca cuando sent que me moria. Me olvide de pensar en el frio. A la mierda con el apunamiento, jamas sent tanto frio de golpe en mi vida, temblaba muchsimo tanto que me pareca que estaba bailando. El hostal que haba averiguado distaba media cuadra de la terminal de micros. Toque timbre y tuve que esperar unos interminables 5 minutos cagandome de frio a que el encargado se levantara. Segn mis averiguaciones la habitacin costaba cuarenta morlacos pero el tipo me quizo cobrar el doble. Sali carpiendo del lugar resignado a congelarme hasta que consiguiera otro hospedaje, que segn mis anotaciones se encontraba a diez cuadras. Habre recorrido la mitad del trayecto cuando vi un hotelito que no pretenda ser muy mucho asi que me mande de una. Hotel Belgrano acusaba el cartel. 55 morlacos por una habitacin, desayuno incuido. Siete y treinta acusaba el reloj, el desayuno estaba pronto a comenzar, mas opte por un reconfortante duchazo de agua caliente como recompensa para mis ateridos miembros y carcaza. Luego de 15 minutos de agua caliente pude dejar de tiritar; a desayunar se ha dicho. Un lechoso caf y unos libritos de grasa despus Sali a la calle con rumbo incierto (esto ser una constante en cada destino). Como todava necesitaba cambiar mis pesos argentos a moneda verdosa me fui pa Villazon sabiendo de antemano que en La Quiaca no hay casas de cambio. Esta opcin iba a resultarme en perdida pero no haba otra, necesitaba una moneda base para ir cambiando en cada pas.
Cuando me di cuenta estaba en Villazon con una agradable sensacin ahora si Ale, ahora si arranca la gueno-. Siempre renegu de las fronteras, pero esta vez el cruzar esa lnea imaginaria que nos separa unos a otros me lleno de felicidad, ironia del subconciente. La primera impresin que uno tiene cuando cruza el puente no es muy grata. Una calle estrecha de intenso transito vehicular, abarrotada de gente y comercios donde se vende desde hojas de coca hasta juguetes de factoria china. Cabe aclarar que todo articulo electrnico que se encuentre es mas pirata que Morgan. Ya entrado principio m derrotero cambista. Pude cambiar pesos a bolivianos (300=400), del verde ni hablar. Mejor dicho si hablar, pero no me gusta que me metan en dedo en el culo asi que nada, con migo no vas a salvarte el dia, Ladron! Enrumbado hacia la estacin de tren bajo un hercleo sol disfrute, despreocupado, de todo lo que mis ojos captaban. A medio camino febo pudo mas y pare en una placita bajo la refrescante lamida de la sombra a fumarme un pucho y mirar a las gentes pasar, tratando balancear las ganas de pitar tabaco y la urgente necesidad de respirar. Segui mi camino hasta la estacin de tren para conseguir mi ticket destino Oruro. Volviendo pare en la misma plaza a despuntar otra vez el vicio, entre bocanada y sucesivas oteadas a diestra y siniestra mi vista se poso en una esquina en particular donde haba bastante gente congregada. Con nada mas urgente que hacer me dirigi hacia ellos, intuyendo que si hay mucha gente junta es por que algo pasa. Con grata sorpresa descubri el mercado central, unos de los lugares mas buscados en cada lugar donde estuve y estare. Relamiendome con futuros aromas y colores ingrese. Segundos despus mi decepcion fue enorme al notar que ah se venden porqueras de plstico y devedes truchos. Justo antes de salir espantado de all note al fondo unos pequeos locales donde haba calderos humenates y pequesimas mesas con varios comensales. La mayora estaba lleno de gente local y me introversion impidi que entrara. Enojado conmigo casi me voy cuando veo un lugar con solo una persona, ah fui. Le pregunte a la cocinera que haba de comer, de todo lo que me dijo solo entend picante de pollo. Deme uno. Frijoles negros con quesito subitamente me acorde de Mexico-, arroz, cebollas tomates y morrones verdes en juliana y sobre todo eso una presa de pollo a eleccin hervido en caldo de verduras. El nombre del plato no le hacia los honores, del picante ni rastro, pero por suerte haba uno aparte , suave y delicioso. Al concluir el primer acto me ofrecieron una exquisita sopa de arroz y verduritas. Todo a 10 Bol. Panza llena, pasaje de tren en mano; destellos de alegra. Retome el camino hacia La Quiaca caminando tranquilamente , parando en todos los locales inclusive en los que no me interesaban. Otra vez en Argentina fui hasta el mercado. Ah si sent aromas, aunque familiares, a frutas y verduras que vencieron mi resfrio . No habiendo mucho que ver dedique mi atencin a las construcciones del
lugar. Muchas casas todava se siguen haciendo de adobe pero con revoque fino por encima. Era hora de la siesta. Una muy agradable siesta de seis horas. Ya de noche gane la calle otra vez. El inclemente frio hizo que desistiera del paseo nocturno, conducindome hacia el restaurante mas cercano. Lomo a la frontera se llamaba mi eleccin, un colchn de papas fritas con dos tiernos churrasquitos. Un hubo frito, cebolla y morrones asados coronaban el festin, luego vino la sopa (parece que por estos lados la sopa va al final) de arroz y osobuco; fra. El papeo concluyo, solo restaba ir a acostarse otra vez. Me enganche mirando pelculas acostado bajo soberanas mantas protectoras hasta las doce de la noche. La salida del hotel era a las 10 de la matina. Disfrute de la cama hasta el ultimo segundo. Cargao y a paso lento me dirigi hacia la estacin de tren; unos 5 km. Con alegra me despedi de mi pas, intrnsecamente deseando no volver por un tiempo. No tome en cuenta que hay una diferencia horaria entre Bolivia y Argentina, resultando en una anticipacin de cinco horas a la salida del tren. La formacin se divide en tres categoras: popular, salon y ejecutivo. Me incline por la segunda imaginando algo de confort; error. Agradezco que el fuerte olor a la coca no me molesta, menos mal por que el vagon pareca estar hecho de esa hoja. Con las rodillas a punto de desprenderse llegue a Oruro a las 9:10 de la matina. De la estacin de tren a la terminal de buses hay diecisiete cuadras. Infle el pecho y camine. Descubri que a pesar de mis pesadas mochilas, el calor y la caminata no transpiraba. No al menos como en Buenos Aires. Bolivia me gustaba cada vez mas. El fuerte deseo de conocer La Paz me llevo a saltear Oruro. Dos horas despus de haber llegado ya estaba arriba de un bus rumbo a la capital boliviana. Mientras el transporte iba abandonando la ciudad minera note que hay construcciones por todas partes, dos o tres por cuadra extendindose mas alla de los limites urbanos. La imagine como una ciudad pujante de crecimiento exponencial. Cuando vuelva a la Argentina tendre que hacer una escala mas larga all. Erroneamente pens que iba a viajar relativamente solo el bus salio prcticamente vacio de la terminal-, por lo que no despache la mochila grande. Como resultado tuve que llevarla en mi regazo por cuatro horas. Antes de entrar a La Paz el micro paso por El Alto, donde se encuentra el aeropuerto internacional. La vista que uno tiene bajando hacia La Paz es fascinante. Lamentablemente estaba inmovilizado y ni siquiera pude sacar la cmara del bolsillo. Asi arribe donde hacia mucho quera llegar. Caotica, laberntica, super poblada, hermosa es La Paz. Superficialmenete parece un ernome barrio del Once, lleno de gente y comercios, pero los cerros que la rodean le dan un plus.
Vague por las calles y me perdi. Me encotraba para perderme una vez mas; escale empinadas calles, rode en abruptas bajadas, pasee por el mercado, disfrute los atrapantes aromas a incienso de la calle de las brujas. Todo en una sola tarde. Faltan diez minutos para las diez de la noche , acaba de terminar el partido de Racing y comienza una pelea de boxeo. La recepcin del hostal es agradable, sentado en un silln, escribiendo y fumando un pucho no veo la hora que sea maana para seguir descubriendo esta maravillosa ciudad que en el poco tiempo que llevo en ella (aunque mucho hace que la imagino) logro atraparme. Los parpados pesan y la cabeza juega a soar lo que viene.