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Clase 12

PSA LACAN

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CLASE 12 – EL ESQUEMA LAMBDA (AUDIO)

[1 / 2]

Hola a todos, en esta clase vamos a ver la relación del sujeto y el otro, el
gran otro, el A con mayúscula. Partiremos del punto 3 del texto instancia
de la letra en donde Lacan retoma la frase freudiana donde eso era el yo
debe advenir o donde ello era el yo debe advenir, pero de que yo
hablamos para no caer en la trampa en la que cayeron los posfreudianos,
no se trata del yo moi sino del yo je que luego homologará al sujeto,
sujeto del inconsciente. En el texto Lacan dice cuál es ese otro con el cual
estoy más ligado que conmigo mismo puesto que en el seno de mi
identidad es él quien me agita y agrega el inconsciente es el discurso del
otro, ese otro que a través del lenguaje a través de los significantes que
dejaron marca a nivel inconsciente transformándose como dijimos en la
clase pasada en letra nos constituyen, la relación del hombre con el
significante está en el origen de su ser, entonces dice que habla de letra y
de ser y distingue al otro con minúscula al semejante del otro con
mayúscula, es para mostrar donde encontraremos la verdad del sujeto,
cuando habla del sujeto aquel del que se ocupa el psicoanálisis que no
puede abordarse en su totalidad sino en su abertura aquella que se
produce para acceder al inconsciente diciendo eso que no sabe que dice,
ese saber no sabido, no está ahí el sujeto donde se ve en el yo, puede
creer que es este yo pero no sabe lo que es. Para dar cuenta de estas
diferencias Lacan plantea un esquema el esquema L o lambda, letra que
toma del alfabeto griego, ustedes esto pueden encontrarlo en el
seminario 2 capítulo 19, los esquemas que él utiliza son intentos de
formalizar ciertos aspectos de la teoría psicoanalítica, en este esquema
nos muestra las relaciones que establecemos con nuestros semejantes, la
barrera que supone el yo en la cura, la aparición del sujeto y el lugar del
lenguaje en la articulación de estas conexiones, en este esquema
encontramos al yo moi a minúscula que proviene de la palabra francesa
outré otro, este yo moi es prisionero de la ilusión de unidad y síntesis
como lo han visto en el estadio del espejo, en él se encuentran las
creencias sobre la realidad y sobre uno mismo, nos encontramos dentro
del registro imaginario, en el otro extremo de este vector encontramos al
semejante al que escribe con una a prima, aquel con el que nos
identificamos, con quien podemos comunicarnos mediante el lenguaje,
ese otro con el que se identificó en el espejo que le permitió estructurar
imaginariamente su yo, podemos pensar que el yo es el otro y el otro soy
yo, para dar un ejemplo de la vida cotidiana podemos ir al lenguaje de los
niños o situaciones que se presentan entre los niños pequeños en donde
podemos escuchar, Pedro se porta bien o Pedro no se quiere bañar,
refiriéndose a sí mismo en tercera persona, siendo otro, o cuando quieren
aquello que tiene otro niño, un juguete quizás, que hasta que el amiguito
lo agarra no tenía ningún interés para él, entonces critica a quienes hablan
de un yo autónomo como lo hacían los posfreudianos y menciona a
Hartman o a Lowenstein, no puede ser esto más que una falacia dice
Lacan, el yo no puede considerarse independiente de las relaciones que lo
rodean, la relación entre el yo y el semejante se da en el vector o eje
imaginario, ese vector también recibe el nombre de muro del lenguaje, ya
que impide el acceso a la verdad del sujeto, es el discurso común, la
palabra vacía, aquella que discurre metonímicamente, en el otro vector
tenemos al sujeto y al otro, al otro con mayúscula, hablamos del sujeto del
inconsciente, aquel que no sabe lo que dice, que aparece, que tiene
duración evanescente y por eso vemos que la línea no es directa, es
punteada, el vector imaginario lo interrumpe, le hace de muro, estamos
aquí en el eje simbólico y la relación, o sea, en la otra punta del vector o
eje, encontramos al otro con mayúscula, el otro del lenguaje, el tesoro de
los significantes, en este lugar también podemos ubicar el inconsciente y
de ahí es que podemos volver sobre una de las frases con las que
iniciamos el audio, el inconsciente [2 / 2]

es el discurso del otro, la palabra verdadera que es fundada a partir de ese


otro, este esquema también permite ubicar lo que sucede en un análisis y
en qué lugar debe ubicarse el analista, el analista debe ubicarse en el lugar
del A, del A con mayúscula, del gran otro, esperando escuchar al sujeto, al
sujeto del inconsciente, aunque el yo del paciente del consultante lo trate
de ubicar todo el tiempo en A', debe estar advertido el analista que no es
desde allí que operará su escucha, el otro y el sujeto se interrelacionan
desde el principio como fundamento de su constitución, ambos
atravesados por el lenguaje, el lenguaje deja su marca en ellos, en el
sujeto que ya no tendrá acceso a la realidad sino a través del lenguaje,
mediatizado por el lenguaje desde los primeros momentos de su
existencia y como ya hemos dicho antes que es hablado incluso antes de
su nacimiento y luego por esos significantes que le vienen del otro, de ese
gran otro, el otro de los primeros cuidados, su madre, que le dicen lo que
él es, un niño hermoso, un gordito hermoso y lo que quiere o desea, si
tiene frío, hambre, codificando su grito o llanto, haciendo pasar sus
necesidades por la rueda del molino del lenguaje, así lo dice Lacan, de
forma alienante hasta que pueda producirse la separación, esto ya lo van
a ver cuando vean en próximas clases el complejo de Edipo, pero en
relación a esto podemos mencionar otra frase más de esas que circulan y
deberíamos poder explicar, la frase es el deseo es el deseo del otro lo que
yo quiero, deseo, es aquello que dice el otro a través de su palabra, de sus
significantes, pero ¿sabe el otro, el gran otro, lo que desea en eso que me
pide o me demanda, siendo que él mismo está atravesado por el lenguaje
para su constitución? Entonces podemos decir que el sujeto está
atravesado por el lenguaje desde el inicio, siempre es un sujeto barrado,
no existe el sujeto sin barrar, es un momento mítico si está sin barrar, lo
mismo para el otro, el gran otro, está atravesado por el lenguaje en su
origen, o sea que una sin barrar no existe, si lo pensamos como el tesoro
de los significantes o universo simbólico, la barra nos remite a que
siempre algo más puede decirse, no cierto, no habría un universo cerrado,
algo falta por decir, algo falta, no todo puede decirse, esa falta a la que
nos referimos es una falta estructural que nos convierte en sujetos
neuróticos y nos permite ser deseantes, solo podemos desear si algo falta,
en completud no se desea nada, pero no sabemos qué es lo que falta, será
ese objeto mítico de satisfacción perdido para siempre, el que después
Lacan conceptualiza como objeto A, y en la búsqueda de este objeto es
que el deseo se desplaza metonímicamente por la cadena discursiva y esto
es lo que escucha el analista con la aparición de la palabra plena o la letra,
revelando así al sujeto en su verdad en relación al deseo que lo habita,
hasta acá llegamos con el audio de la clase de hoy, saludos a todos y
continuaremos en próximas clases.

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