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La comunicaci�n como materia prima de la pol�tica

Entrevistas con Marga Padilla y Miquel Vidal*

Mayo de 2005


Introducci�n


Varias d�cadas de una cr�tica social que giraba en torno a la idea de que los medios de comunicaci�n hab�an colonizado enteramente nuestro imaginario estallaron el 13 de marzo de 2004 por los aires ante un extra�o renacer de los espacios p�blicos. Frente a la manipulaci�n informativa de la muerte de casi 200 personas por parte del gobierno, miles de personas usaron las tecnolog�as de la comunicaci�n como instrumentos para crear lugares comunes donde fuera posible discutir, pensar y sentir libremente. En marzo de 2004 se intent� asediar todos los instantes de nuestra atenci�n, llenar cada mil�metro del espacio visual con im�genes que bloqueaban el pensamiento, infiltrar nuestro cerebro colectivo de consignas, pero no fue posible.

Desde hace al menos diez a�os viene gest�ndose la construcci�n, a trav�s de las nuevas tecnolog�as de la comunicaci�n, especialmente Internet, de una nueva esfera p�blica, que puede llegar a operar con autonom�a y efectividad frente a los monopolios medi�ticos que dominan los flujos comunicativos de la sociedad. Entre la paja de todos los oportunistas que pasan hoy por expertos y sociol�gos de las nuevas tecnolog�as de la comunicaci�n, se puede rastrear el grano de los pioneros que inventan, arriesgan, piensan y viven en primera persona la construcci�n de redes comunicativas y pol�ticas alternativas. Es sin duda el caso de Miquel Vidal y Marga Padilla, dos voces singulares que han compartido experiencias vinculadas al centro social Laboratorio como sinDominio o la primera Agencia en Construcci�n Permanente y que han experimentado luego en diferentes �mbitos (indymedias, radios que emiten por Internet, centros de medios contra la guerra, etc.).

Marga Padilla y Miquel Vidal han participado siempre en proyectos que tend�an a superar en los hechos la mera pr�ctica de la contrainformaci�n, abriendo espacios p�blicos comunicativos donde no s�lo se trata de la denuncia de los poderosos, sino de la producci�n de subjetividad alternativa y del uso social y pol�tico de herramientas libres. A trav�s de sus palabras (muchas veces en conflicto) interrogamos el presente de las utop�as virtuales que florecieron hace m�s de una d�cada, la presencia del cuerpo y las mujeres en la red, el problema del ruido y las nuevas patolog�as en la esfera de la informaci�n, la lucha por preservar Internet como un espacio p�blico, el desaf�o de los nuevos cercamientos a la inteligencia colectiva (patentes, copyright, etc.) y la aut�ntica naturaleza de la autonom�a en la red.


1  Liberar el ciberespacio: reflexi�n sobre un lustro de comunidades pol�ticas virtuales. Entrevista con Miquel Vidal

1.1  Recorrido hist�rico sobre la experiencia de sinDominio

El proceso de creaci�n de sinDominio (http://sindominio.net) dur� casi un a�o. Se inici� a final de verano de 1998 en unas jornadas que hubo en el Laboratorio 1 en la calle Embajadores. Eran unas jornadas del centro social y en ellas hab�a una parte que nos dedicamos a la telem�tica. Aunque ahora es una cosa que parece muy asumida, no lo era as� en aquel momento. En el Laboratorio hab�amos montado la primera �rea telem�tica (antecedente directo de los hacklabs) en un centro social ocupado en el Estado —ten�a ordenadores y conexi�n a Internet, cuando mucha gente no hab�a visto nunca Internet.

Dedicamos una parte de las jornadas a hablar de telem�tica, con algunos de los proyectos que nosotros pensamos que ten�an alg�n tipo de relaci�n o inter�s en Internet, en un proceso vinculado a los centros sociales. B�sicamente �ramos gente de Barcelona y de Madrid. Es ah� donde surge la idea de tener un servidor telem�tico propio, autogestionado. Nosotros ten�amos la imagen de lo que eran los centros sociales en el �mbito f�sico y quer�amos algo parecido en el �mbito telem�tico. El concepto de ocupar las ondas que se utilizaba en la radio se transformaba en el de ocupar la red. Ten�amos una idea un poco difusa de experimentar con la tecnolog�a y socializarla aunque no sab�amos muy bien c�mo ni de qu� manera.

Algunos de nosotros, los de Madrid, particip�bamos en la asamblea de gesti�n de Nodo 50 (http://www.nodo50.org) y ah� est�bamos adquiriendo una cierta experiencia en administraci�n de servidores y en Internet. Nodo 50 ten�a por entonces una infraestructura telem�tica muy buena, de lujo para la �poca, pues ten�a el aparato de una gran ONG detr�s. Pensamos que se pod�a plantear dentro de Nodo 50 el proyecto de sinDominio —que entonces no se llamaba sinDominio, era simplemente una idea sin nombre—, pero no fue bien recibido, pues se percibi� como «competencia pol�tica» y la discusi�n —bastante est�ril pero muy �til para el futuro de sinDominio pues nos permiti� determinar lo que no quer�amos ser y a qui�nes no nos quer�amos parecer— se alarg� casi un a�o.

Nodo 50 estaba y est� orientado b�sicamente el entorno de las ONGs y la izquierda tradicional (IU, PCE y la izquierda del PSOE, as� como tambi�n el ecologismo u organizaciones de solidaridad con Latinoam�rica). Nosotros pens�bamos que era muy poco atractivo para otro tipo de gente como era la que nosotros ve�amos dentro de los centros sociales. Por eso insist�amos mucho en que quer�amos un espacio de visibilidad para los centros sociales, que no ten�an absolutamente ninguna presencia en Internet. Lo que quer�a Nodo 50 era que toda esa realidad se recogiera incorpor�ndola directamente a Nodo 50. En aquel momento, adem�s, en el �mbito t�cnico no ofrec�a demasiado inter�s: todos sus servidores salvo uno estaban basados en Microsoft Windows. Nosotros empez�bamos a interesarnos con la cuesti�n de GNU/Linux y del Software Libre y para eso necesit�bamos una m�quina propia.

Hubo con Nodo 50 diferencias tambi�n en relaci�n a c�mo se entend�a la comunicaci�n pol�tica. Ellos b�sicamente se planteaban �sta con una funci�n de altavoz de las luchas sociales, en el sentido m�s convencional de reproducir lo mismo: un nuevo medio, Internet, que expresara lo mismo que se dec�a por los medios de comunicaci�n alternativos. No hac�an ning�n tipo de reflexi�n ni de an�lisis de lo que Internet supon�a ni sobre la red como espacio de intervenci�n espec�fico. Nosotros en cambio ve�amos �ste no s�lo como medio, sino tambi�n como un nuevo espacio pol�tico, como construcci�n de comunidades virtuales, como todo un mundo que estaba surgiendo en la propia red. Un movimiento social vinculado al movimiento hacker, pero tambi�n a las comunidades virtuales en su sentido m�s amplio.

Los impulsores de sinDominio prefer�amos la construcci�n pol�tica de ese nuevo espacio dentro de la red: que estuviera vinculado con lo que hab�a, pero que no fuera un simple reflejo de lo que exist�a en el mundo f�sico. Us�bamos la imagen de la tuber�a, dec�amos que Nodo 50 ten�a el planteamiento de la tuber�a: algo neutro, en el que meter los contenidos que ya existen y encauzarlos hacia otro sitio. Tampoco nos gustaba el modelo puramente clientelar, de servicios a cambio de dinero, que manten�a y mantiene todav�a el Nodo50. Nosotros quer�amos ir m�s lejos, construir una verdadera comunidad h�brida, imbuida de lo mejor de la cultura hacker y de lo mejor de los espacios pol�ticos autogestionados.

En aquel momento en el Estado Espa�ol no exist�an contactos en el �mbito telem�tico. Por esta raz�n empezamos a mirar otro tipo de experiencias que nos pudieran servir de referencia. La que m�s cercana nos resultaba era la italiana ECN (http://www.ecn.org/). Como la ve�amos nosotros en aquel momento, la ECN era un espacio dedicado a todo lo que hab�a sido el movimiento aut�nomo italiano: centros sociales y lo que se mov�a en torno a ellos. Ten�a un servidor basado en GNU/Linux y era autogestionado por la propia gente: los usuarios eran los que gestionaban el servidor y no hab�a divisi�n entre clientes y administradores. Esa era otra cosa que tambi�n cuestion�bamos en Nodo 50: ve�amos que hab�a una divisi�n muy grande entre los que est�bamos como administradores (varios de ellos adem�s liberados) y el resto del p�blico: simples usuarios, clientes.

El planteamiento de sinDominio fue desde el primer momento el de distribuir todo tipo de responsabilidades y tareas, no separar lo t�cnico y lo pol�tico. Aunque siempre va a haber gente con m�s conocimientos t�cnicos, no quer�amos que eso fuera una barrera infranqueable, ten�amos la voluntad de facilitar que quien tuviera inter�s en aprender pudiera hacerlo, que sinDominio no fuera s�lo un sitio donde hubiera contenidos interesantes o una expresi�n de colectivos y centros sociales, sino que adem�s fuera en s� mismo todo un proceso de capacitaci�n t�cnica en este �mbito.

El inicio de sinDominio tiene varios momentos. De marzo a octubre de 1999 funciona con una lista de correo alojada en un servidor italiano y con un dominio («sinDominio») alojado en un servidor alternativo —de orientaci�n anarquista— canadiense llamado Tao. Esos fueron los grandes apoyos que tuvimos, los dos de fuera. En cambio en el Estado espa�ol no encontramos ning�n tipo de apoyo, solo la oposici�n frontal de Nodo50. Sin embargo, poco a poco se fue sumando gente, pero una vez que el proyecto estaba en marcha. Costaba mucho convencer a gente cuando todav�a no era algo materializado.

Sobre el funcionamiento de sinDominio

Creo que las hip�tesis que ten�amos en un principio las verificamos y las conseguimos llevar adelante: romper la divisi�n entre t�cnicos y no t�cnicos, es decir, entre administradores y usuarios; evitar que se percibiera sinDominio como un espacio que �nicamente diera servicios y que se construyese como un espacio de autoaprendizaje y que se fuera ampliando mucho m�s all� de los centros sociales a modo de espacio de interfaz, de encuentro entre gente que proven�a de experiencias politizadas en el �mbito telem�tico —sobre todo vinculado al movimiento hacker y al movimiento del software libre— con gente que proven�a de movimientos sociales, tradicionales.

Ese aspecto quiz� es lo m�s novedoso que ha podido aportar sinDominio: ese espacio de encuentro entre techies y activistas que luego hemos visto desarrollarse en muchos otros proyectos, pero que en ese momento era totalmente novedoso aqu�. Normalmente los servidores pol�ticos, incluido Indymedia, los forman gente de perfil t�cnico muy diferenciado de la gente que publica, los editores, que ven el espacio telem�tico como un servicio. O viceversa: los sitios en los que predomina la gente del �mbito hacker es gente de perfil t�cnico. Pero en sinDominio han confluido las dos culturas y se han fundido bien.

Por otro lado, todo el aspecto de autoformaci�n ha salido muy bien, porque ha sido una especie de cantera, de escuela de hackers. La mayor parte del movimiento de los hacklabs (ahora hay much�simos por todo el Estado espa�ol) surge de gente de sinDominio. Todo ese aspecto de formaci�n t�cnica para mucha gente ha sido fundamental.

La voluntad de no reflejar simplemente los movimientos sociales, sino intentar construir de otra manera la red supuso, sobre todo el primer a�o, un conflicto importante entre la gente que s� que ten�a la idea de que fuera simplemente un altavoz y usarlo como una herramienta puramente ideol�gica y la gente que quer�amos construir una comunidad. Una comunidad requiere un espacio de confianza para que haya cooperaci�n.

La primera ACP reflejaba esa idea de altavoz, un poco plano, muy ideologizado. Era como indymedia, de publicaci�n abierta -pero toda la central, no solo la columna derecha-. No exist�an los colectivos editoriales como en la actualidad en Indymedia sino un grupo de personas que se responsabilizaba de quitar si hab�a burradas muy gordas. Una de las razones que nos llev� a cerrarla fue que nadie se hac�a responsable de la ACP y ve�amos que eso iba a salpicar tarde o temprano a sinDominio, ve�amos que era un desastre.

Las ONGs, los movimientos sociales y la red

Hubo una introducci�n mucho m�s r�pida de las cuestiones telem�ticas en el �mbito de las ONGs que en lo que se llamaban en aquellos a�os movimientos sociales. Las ONGs ten�an un planteamiento mucho m�s pragm�tico y adem�s ese �mbito estaba ya coordinado a nivel internacional a trav�s de una red mundial que depend�a de la UNESCO que se llama APC (Asociaci�n para el Progreso de las Comunicaciones) y les ofrec�a toda una serie de recursos: newsgroups (entonces no se usaban listas de correo, sino listas de news), servidores en el Tercer Mundo y conectividad a organizaciones sociales en el sentido m�s amplio.

Por otra parte, el �mbito de la izquierda radical, al menos en el Estado espa�ol, siempre ha sido de tendencia tecn�foba. Esta tecnofobia no se argumentaba mucho, simplemente hab�a desconfianza hacia la tecnolog�a, la «herramienta del diablo». La «moda» de Internet sin saber qu� era y la desconfianza hacia la tecnolog�a lo que hac�a era acumular un retraso que luego se pag� en forma de analfabetismo inform�tico y en que ese espacio de creaci�n e innovaci�n pol�tica que era la red lo desrrollaron gente vinculada a ONGs o hackers y no «militantes sociales».

En este sentido sinDominio se percib�a de una manera bastante ambivalente, por ejemplo, en unas jornadas de contrainformaci�n. Por un lado, encontr�bamos bastante entusiasmo y audiencia, normalmente entre gente m�s joven y sin experiencia pol�tica previa -al menos en temas de contrainformaci�n-. Por otro lado, en la gente que ya hac�a comunicaci�n alternativa o contrainformaci�n y que pens�bamos que iba a ser nuestra aliada es en la que encontramos m�s reticencias. Quiz� una explicaci�n de estas percepciones sea que los colectivos que ya ten�an sus �mbitos de trabajo establecidos les costaba m�s moverse, ya ten�an sus inercias y lo ve�an con cierta desconfianza. Nos encontramos much�simos prejuicios, no s�lo en el �mbito de la contrainformaci�n en la red, sino tambi�n en el tanteo con las Radios Libres.

De esta manera, sinDominio no tuvo organizaciones ni colectivos detr�s. Tuvo personas que constitu�an un grupo promotor, unos m�s metidos que otros, pero no hab�a un perfil previo de gente vinculada a la comunicaci�n alternativa, m�s bien al contrario.

1.2  De la primera ACP a Indymedia-Madrid

La primera ACP se defin�a como una herramienta que se daba a los colectivos de la contrainformaci�n para que la usaran, para que la informaci�n que recog�an por otros medios la volcaran en Internet. El hecho de que fuera para todo el mundo fue un experimento que permit�a el software que utiliz�bamos. Precisamente lo que, de una manera ingenua, quer�amos evitar era repetir algo que es inevitable en el �mbito f�sico: la unidireccionalidad en la comunicaci�n. Era la misma idea que tuvo Indymedia: dar la voz a todo el mundo, poner en tela de juicio la idea de que los colectivos de contrainformaci�n ya no eran necesarios, pues ahora podr�an ofrecer una herramienta para que todo el mundo informara directamente, sin mediaci�n. Pero nos fuimos demasiado al extremo contrario, por dar la voz a todo el mundo se arm� un guirigay brutal...

As� pues, la primera ACP surge como proyecto paralelo a sinDominio. Ten�amos muchas ganas de experimentar con lo t�cnico, pero aparte quer�amos dar alg�n contenido. Lo primero que pensamos fue una agencia de informaci�n. Tambi�n lo ve�amos interesante en t�rminos estrat�gicos porque iba a permitir que la gente viera m�s f�cilmente la utilidad de Internet. Estamos hablando del 99 y cinco a�os, aunque parezca poco, en tiempo de Internet es la mitad del tiempo de la web. La web tiene unos diez a�os ahora. Insist�amos mucho en que los centros sociales tuvieran puntos de acceso a Internet. Por ejemplo, hicimos una gira por el Sur con talleres para ense�ar a la gente de los centros sociales a pinchar la l�nea de tel�fono para que pudieran tener Internet.

Potencias y l�mites de construir comunidad en Internet

Una dificultad com�n a todas las iniciativas pol�ticas vinculadas a la red es la de tomar decisiones. Son espacios muy dados a que todo el mundo opine, que eso est� muy bien, pero luego hay que decidir cosas. El modelo que ha funcionado en sinDominio hasta ahora es ejercer el consenso, pero cabe decir que esto requiere un espacio previo de mucha confianza mutua y �sta, a su vez, de conocimiento personal. En sinDominio se decidi� que la asamblea fuera la lista de correo virtual y el espacio f�sico un complemento, que donde se tomaran las decisiones era en lo virtual por el hecho de que hab�a gente de diferentes sitios. Eso contradec�a bastante el discurso dentro de los colectivos pol�ticos de que las decisiones se toman presencialmente y en todo caso la red es un apoyo para facilitar la discusi�n.

Consecuentemente, el proceso de admisi�n se basa en c�rculos de confianza. Toda la gente que entra tiene que ser avalada por alguien y adem�s no tiene que haber nadie en contra. Esto sirve de freno al entusiasmo o al miedo a la soledad que siempre hay en los proyectos pol�ticos al principio, el querer que entre todo el mundo. Porque el primer a�o en sinDominio quer�amos ser cuanta m�s gente mejor y luego nos dimos cuenta de que precisamente eso facilitaba todo ese guirigay de falta de responsabilidad y el todo vale.

Tambi�n se encuentran en las iniciativas de comunicaci�n telem�tica los l�mites del todo vale, que debe ser confundido por apertura. La apertura en Internet tiene que ver con la ecolog�a comunicativa, que sirva para que se produzca ese com�n de la comunicaci�n, que no simplemente sea flujo de comunicaci�n. Por ejemplo: si en una asamblea de 50 personas hablan todas a la vez, por muy interesante que sea lo que esas 50 personas tiene que decir lo que se dice en realidad no comunica nada, porque nadie lo va a escuchar. Tiene que haber una gradaci�n temporal por la que primero habla uno, despu�s otro y as�. En Internet esa serializaci�n no es necesaria, puede comunicarse gente a la vez, pero luego tiene que haber un modo de que esa informaci�n no produzca ruido. La conclusi�n que sacamos de la primera ACP fue que no era m�s abierta, sino que hab�a mucho ruido en la comunicaci�n.

Para solucionar el ruido no hay una �nica manera. Una de ellas es que haya alguien que supervise lo que la gente publica y luego le d� salida. Otro modo que intentamos experimentar en la nueva ACP es que esa forma de arbitraje o moderaci�n se hiciera de manera colaborativa o distribuida, es decir, que fueran los propios usuarios quienes tuvieran mecanismos para poder decidir qu� cosas tienen m�s visibilidad. Ese es el modelo de hoy de Indymedia Madrid, pero no de la mayor�a de los Indymedia.

Los procesos de filtrado colaborativo evitan colectivamente que un solo individuo arruine un sitio de publicaci�n abierta. El planteamiento de publicaci�n en Indymedia ahora mismo es por un lado muy ingenuo y por otro muy vulnerable. Tarde o temprano se tendr� que plantear ese problema, porque muchos sitios en Internet mueren de �xito. Es necesario plantarse espacios dentro de la publicaci�n abierta que no est�n enterrados por el ruido o que no se puedan boicotear.

Ya que hablamos de filtrados, quiz�s ser�a necesario definir el concepto de troll, que es un concepto de la Red y no de la ACP. Es lo que en castellano se podr�a llamar un bulo. En los grupos de news y de listas de correos hace unos a�os hab�a gente que para divertirse a costa de los novatos met�an bulos para poner en evidencia al que no est� al tanto del bulo y re�rse a costa de eso. Entonces, por extensi�n, llam�bamos trolls a los provocadores, pero no tiene por qu� ser lo mismo, el t�rmino m�s exacto ser�a «provocadores», que es como siempre se ha denominado a este tipo de comportamientos pol�ticos.

Los usuarios experimentados son los que tienen una visi�n menos ingenua del tema de la publicaci�n abierta. En cambio desde los espacios m�s de izquierda alternativa se piensa que cualquier filtrado es censura, pero la censura en Internet es un contrasentido porque es un espacio donde si no publicas en un sitio puedes publicar en otro. El filtrado en la ACP, por ejemplo, se resume en que unas cosas est�n m�s visibles que otras, pero todo est� en la base de datos, no se borra nada (salvo que se pueda comprometer a alguien por razones de tipo judicial o se den datos de personas concretas). Lo �nico que se hace es ofrecer herramientas para quien quiera usarlas y percibir la informaci�n de otra manera (por ejemplo, con valoraciones de los propios usuarios).

Ese tipo de prejuicios, en los sitios m�s vinculados a comunidades t�cnicas (comunidades de hackers y software libre), quienes iniciaron este tipo de herramientas colaborativas, no se da. Lo que yo he visto en los foros m�s t�cnicos en que se puede determinar de forma m�s ecu�nime qui�n lleva raz�n y qui�n no, eso suele ser m�s productivo; pero, en cambio, en esos mismos foros cuando se deriva hacia la discusi�n pol�tica es igual de desastroso que Indymedia (el mismo desmadre, el «opin�dromo»...)

Indymedia-Madrid (acp.sindominio.net)

Indymedia Madrid ten�a un handicap muy grande que era la inercia de todo Indymedia: cientos de nodos b�sicamente cl�nicos en lo conceptual, en el modo en que se comunica la informaci�n y se participa. Indymedia-Madrid intent� un experimento que fue extraer la se�al del ruido a trav�s de la moderaci�n pero tal vez pecamos de cierta ingenuidad creyendo que ante una inercia tan grande como era la de todo Indymedia podr�amos hacer tranquilamente otra cosa. Sigue habiendo cierto conservadurismo y la gente, cuando ve que las cosas funcionan, piensa que deben quedarse como est�n. As� que t�rminos como «diversidad» o «multiplicidad» muchas veces no son m�s que etiquetas.

Yo creo que todo esto ha servido para marcar un poco los problemas, la agenda y las dificultades con las que se va a encontrar Indymedia cuando crezca m�s que para dar soluciones. Me parece que las soluciones que hemos implementado funcionan mejor en foros t�cnicos que en foros sociales. Estamos en el «Imperio de la Opini�n» (y la izquierda m�s que nadie), es decir, todas las opiniones son igual de v�lidas. Eso s�, todas las opiniones valen salvo las pol�ticamente incorrectas. Por ejemplo la opini�n sobre el tema de Palestina es un�nime, condena a Israel y cuando alguien tiene una opini�n distinta todo el mundo est� de acuerdo en juzgar eso. Pero cuando no hay tanta unanimidad la gente no quiere juzgar.

De manera puntual hemos conseguido romper con la «comunicaci�n autorreferencial». Yo veo que para lo que fue concebido Indymedia -como herramienta para el movimiento global- cuando se han dado esas citas globales ha cumplido perfectamente su cometido. Lo que parece que le cuesta mucho m�s trabajo es mantener la comunicaci�n cotidiana del d�a a d�a, de la actividad m�s cotidiana de la gente y de los colectivos. Transmitir eso por una v�a que no sea puramente propagand�stica. Ir un poco m�s all� y construir comunidades que de alg�n modo sean tambi�n autosuficientes en el sentido comunicativo, que no necesiten recurrir a los periodistas profesionales sino que sean los propios periodistas profesionales los que en su tiempo libre alimenten este tipo de informaci�n independiente de verdad, no vinculada a ning�n grupo de poder.

En definitiva, creo que cada vez m�s el problema va siendo el exceso de informaci�n y el d�ficit de atenci�n. La informaci�n es casi potencialmente infinita pero la atenci�n es limitada, su tiempo no lo puedes alargar y eso hay que resolverlo de alg�n modo para no crear una opacidad por exceso de est�mulos (que nadie escuche nada). No podemos repetir los mismos errores que la comunicaci�n tradicional -el bombardeo y el hablar m�s alto que los dem�s- sino buscar lo cualitativo en la comunicaci�n: a veces es preferible menos informaci�n y que sea buena y que haya procesos distribuidos para que no sean uno pocos los que selecciones qu� es bueno y qu� es malo. Esa yo creo que ser� la apuesta en los pr�ximos a�os en el �mbito de la comunicaci�n.

1.3  Centro de medios

Las siglas iniciales de Indymedia hac�an alusi�n precisamente a un espacio f�sico: Independent Media Center. Naci� en Seattle en 1999 como un centro de medios f�sico, con ordenadores donde los activistas se comunicaban con sus sitios de origen. El Centro de Medios contra la guerra (marzo de 2004, en el Labo 3) ten�a ese esp�ritu, producir una fuente de informaci�n donde las salidas fueran en diferentes soportes -que se pudieran sacar las cosas hacia Internet, pero quer�amos tambi�n hacerlo por radio-. Algunas de las radios comunitarias de Madrid (de Vallecas, Radio Almenara...) lo emitieron, as� como los italianos que nos enlazaron y sacaron al sat�lite a trav�s de Global. Tambi�n quer�amos que fuera una fuente de recepci�n de informaci�n: pusimos un tel�fono para que la gente pudiera llamar e informara de las manis y se emitiera por radio (se reproduc�a por FM, por Internet, por sat�lite...). Quer�amos que hubiera una especie de c�rculo virtuoso, que se retroalimentara y que incluyera una antena parab�lica para que emitiera no s�lo la radio, sino la cantidad de informaciones que sal�an y que no llegaban a Madrid.

En definitiva, la idea era no especializarnos en un medio sino hacer un uso t�ctico de ellos y que unos realimentaran otros, que no fuera una relaci�n puramente lineal, sino m�s bien circular. Pero cabe tener claro que sin ese contexto de emergencia que provocaron las movilizaciones contra la guerra hubiera sido un �rea telem�tica m�s tradicional. Sin aquel contexto, todo ese c�rculo virtuoso estar�a consolidado y disponible como infraestructura y cuando fuera necesario se volcar�a para ese tipo de eventos.

Para consolidar un centro de medios en Madrid de estas caracter�sticas, creo que hay que pensar primero en crear una infraestructura que sirva al propio proyecto y despu�s pensar en ofrecer cosas para el resto de gente, porque si no, puedes condenar a la gente del proyecto a que tenga que estar dedicada a mantener esa infraestructura para que otros la usen y eso acaba creando una divisi�n un poco utilitarista. Como les ha pasado a las radios libres: que unos cuantos utilizan su infraestructura para hacer programas, pongamos, de heavy y despu�s se desentienden por completo de la gesti�n del espacio com�n. Pero quiz� no se pueden quejar demasiado de ello, puesto que este modelo de proyectos comunicativos es el que han fomentado.

2  ï¿½Y si partimos en dos la Red? Entrevista con Margarita Padilla

�Por qu� el Nodo 50 dej� de interesaros?1

Marga: Nosotros al principio planteamos sinDominio como un proyecto a albergar dentro de Nodo 50. Ellos percibieron nuestra propuesta como competencia, y detr�s supongo que estaba la idea de unidad: que con un solo �rgano de expresi�n sobra y basta. Eso se disfrazaba con problemas m�s concretos, pero eran todos resolubles.

Por otro lado, aunque Nodo 50 ten�a una asamblea soberana, nunca estuvo claro para m� si era un proyecto de SODEPAZ, si era algo que depend�a pol�ticamente de SODEPAZ. Esa asamblea, aunque formalmente s� ten�a capacidad de decisi�n, yo creo que en realidad no la ten�a.

Todo esto se materializaba en discusiones en torno al software libre: nosotros valor�bamos que la conectividad iba a ser algo que se ofrecer�a gratuitamente, que no hab�a que poner empe�o en ello, y ellos ten�an una idea distinta. Pero el problema no era que sinDominio tuviera una idea y Nodo 50 otra, la pregunta a hacer ser�a m�s bien por qu� esas ideas no pudieron componerse. Para m�, la respuesta est� ah�: que Nodo 50 ten�a una idea muy antigua de la unidad, que es que hay algo que abarca y abarca y abarca... y no admite ning�n fork (fork es una expresi�n utilizada en programaci�n para indicar que un proceso crea una r�plica de s� mismo destinada a tomar autonom�a y automodificarse; por extensi�n se utiliza tambi�n cuando de un proyecto social surge una variante que toma autonom�a pero sin enfrentarse u oponerse al proyecto «padre»).

�Y otros debates sobre el software libre eran, m�s bien, pretextos para aferrar esa discusi�n?

M: Yo creo que s�. En tanto que sinDominio se planteaba como un proyecto aut�nomo albergado en Nodo 50 reclamaba la posibilidad aut�noma de desplegar ese proyecto y, evidentemente, sinDominio quer�a montarlo sobre software libre y en ese sentido ejerc�a una cierta presi�n. Pero para Nodo 50 eso no era tanto problema, porque, de hecho, ahora Nodo 50 es todo software libre. Yo cre�a que eso iba a llegar. Lo que hay que entender es por qu� se produjo una ruptura. Y no puede ser el asunto del software libre porque ellos pr�cticamente han llegado a los mismos puntos a los que nosotros propon�amos llegar. Por eso ya no hay ning�n resentimiento, porque ya no tiene ninguna vigencia ese conflicto... Ellos, adem�s, pensaban que sinDominio negaba Nodo 50 y ahora creo que no lo piensan, ahora ya no hay rivalidad en ese sentido, porque su idea de unidad se ha roto, no sirve en Internet.

Naturalmente, hay diferencias, y est� muy bien que las haya, porque un mundo s�lo con sinDominio no podr�a salir adelante, tiene que haber Nodos 50 que den servicios, que se planteen las cosas de otra manera.

Parece que Nodo 50 le da m�s importancia a la idea cl�sica de la comunicaci�n pol�tica como altavoz. En cambio, cuando visitas sinDominio parece que no hay vida porque, por ejemplo, no hay cambio de noticias en la portada, como ocurre en la p�gina principal de Nodo 50... Todo parece m�s un asunto construcci�n para dentro.

M: La verdad es que yo Nodo 50 no lo visito mucho, s�lo me llega su lista de noticias, pero en la trastienda de ambos proyectos hay una diferencia enorme, eso est� claro. Porque sinDominio, para bien o para mal, al fin y cabo se ha construido horizontalmente (por eso la misma web recoge esa dispersi�n que a veces parece ausencia o falta de contenido), mientras que todo el empe�o de Nodo 50 es (o era) intentar ser un punto de referencia, la cl�sica funci�n de un peri�dico, de un �rgano de una organizaci�n. Lo que pasa es que ellos este empe�o no se lo inventan, seguro que habr� personas, colectivos... que participan de esa idea de movimiento. Los que est�n ah� albergados quieren estar juntos de esa manera, como partes de un todo. En sinDominio no queremos estar juntos como partes de un todo. No se construye un todo. Queremos estar juntos. Punto.

sinDominio no es una firma para agregar a un cartel de manifestaci�n, por ejemplo. No es un sujeto.

M: Claro. De hecho, expl�citamente se rehuye usar el nombre de esa manera en convocatorias, campa�as...

Al principio, sinDominio empieza como un espacio de visibilidad en la red para centros sociales, que estaban en ebullici�n por entonces, y hab�a como distintas l�neas participando: mucha gente aut�noma, anarquista... Sin embargo, esos ya no son los rasgos definitorios m�s importantes. �C�mo valorar�as en trazo grues�simo lo que va de ese tiempo hasta ahora?

Esto tendr�as que revisarlo porque yo tengo muy mala memoria, pero creo que m�s o menos sinDominio se puso en funcionamiento en septiembre de 1999 y en diciembre/enero tuvo un «catacr�s», un golpetazo con la ACP. Eso marc� un antes y un despu�s en la experiencia de sinDominio. Despu�s del cierre de la ACP, sinDominio se conform� de otra manera.

Hubo una crisis y un corte, �qu� es lo que cambi�?

M: Habr�a que preguntarse desde d�nde te pones para ver lo que ha cambiado, si te pones desde dentro o fuera de sinDominio. Para mucha gente lo que cambi� fue la evidencia de que en sinDominio se daban relaciones de poder. Desde esa lectura, yo dir�a libertaria, el hecho de que se den relaciones de poder es intolerable, as� que tienes varias opciones: una es irte, otra es machacarlas. Si eres libertario y ves relaciones de poder no puedes construir ah� dentro.

Para la gente que no lo vemos as� lo que cambi� fue, y hablo de m�, una especie de encuentro con lo real: lo que pens�bamos que pod�a ser se demostr� que no pod�a ser. A partir de ah�, las cosas son como pueden, pero no como pens�bamos que iban a poder ser. sinDominio asumi� con respecto a la realidad una relaci�n un poco m�s negociadora, una componenda, por decirlo de alguna manera: «vamos a hacer lo que se puede».

Porque la idea que se vino abajo es la idea de que...

M: De que un proyecto social s�lo va a encontrar afectos en lo social. Esa es la idea que estall�: lo social era un peligro, una amenaza real para la existencia del proyecto. Entonces hay que poner puertas. Lo mismo que pas� en el centro social okupado El Laboratorio 2. Vives detr�s de la puerta y dentro de ella haces lo que puedes, pero has de vigilar que la puerta est�. Yo creo que es muy dif�cil unificar la experiencia. Cuando pasan estas cosas, cada cual lo vive como puede: hay soluciones m�s c�nicas, m�s sensibles, m�s dr�sticas, con el cerebro, con el est�mago... pero el efecto que tiene es que de alg�n modo la experiencia se va disolviendo, en el sentido de que la experiencia es menos concentrada, como si hubiera m�s agua. Notas que para otra persona no es lo mismo que para ti... dicho de otra manera: no hay asamblea. A partir de entonces no hay asamblea, hay cooperaci�n, apoyo, solidaridad.... pero hay un punto tr�gico, porque no nos dotamos de las ideas adecuadas que nos permitir�an superarlo. Con «no hay asamblea» quiero decir que no tiene capacidad de decisi�n, que no es soberana, que no conduce la experiencia, sino que es conducida por ella. No quiero decir que haya relaciones de poder, sino que no es soberana. Porque �qu� pas� con el tema de la ACP? Hab�a gente que valoraba que ese weblog abierto nos llevaba al fracaso y que hab�a que cerrarlo. Eso se discuti� en la asamblea y hab�a una disparidad de opiniones, todas ellas muy combativas, �y qu� pasaba?

�C�mo se decide algo as�?

M: Pues muy f�cil: siendo la asamblea de sinDominio una asamblea virtual se decide en un grupo presencial de personas de Madrid que o vivimos o tenemos mucha cercan�a con el centro social okupado Laboratorio 2 y vamos uno por uno: «ï¿½t� qu� har�as?», «ï¿½t� qu� har�as?» y «ï¿½t� qu� har�as?» «ï¿½Cerrar?» «Pues cerramos». Hacer eso cuando hay una asamblea es una pasada, pero se da precisamente porque no hay una asamblea, porque en las discusiones tel�maticas no �ramos de capaces de alcanzar un acuerdo s�lido.

Y a partir de entonces, �d�nde estar�a la soberan�a, la capacidad de decisi�n?

M: Es que yo creo que no la hay, que la asamblea es un objeto de la experiencia (de sinDominio). Pero no le quita su m�rito, �eh?, porque es cierto que hay deseos de horizontalidad. De todas formas, yo seguramente discrepo con gente de sinDominio, no se puede tomar mi opini�n como la dominante, ni mucho menos...

Pero s� que se toman decisiones para algunas cosas: si se apoya esta campa�a, si la portada se cambia...

M: S�, se toman decisiones, pero en el parlamento tambi�n se toman. La asamblea no est� para tomar decisiones, est� para crear un espacio y un tiempo aut�nomos donde los valores se impongan colectivamente. La asamblea tiene que «poder». «Poder» no es tomar decisiones, «poder» es decidir qu� tipo de decisiones, en qu� lenguaje las tomas, poder desconstruir las propias decisiones... poder de poder. Y yo creo que eso no lo tiene. Es m�s, a veces me he preguntado c�mo podr�a decidirse la disoluci�n de sinDominio. Creo que no podr�a hacerse porque, seg�n los estatutos de la asociaci�n, hay una cantidad de gente que tiene que votar -no s� si son dos o tres cuartas partas o as�- y nunca conseguir�s esos votos. Bueno, con soborno, amenazas... quiz�s s� (risas). De natural, nunca los conseguir�s, creo yo.

Claro, una lista no puede ser democr�tica porque las ciento cuarenta y tantas personas de una lista de correo no van a decidir nada y vuelve un poco la ley del m�s fuerte, �no?

M: Nada, nada, el m�ster de la lista es el que tiene la sart�n por el mango (esto lo digo un poco en broma)... [Risas]

�Y crees que la primera ACP produjo alg�n debate interesante o es un experimento fracasado por no haber previsto...?

M: No. Fracasado no, fue muy interesante. Lo que pasa es que nunca hemos vuelto a pensar sobre ello y ha pasado como una an�cdota. Como si un d�a llueve, pues un d�a pasa esto. Pero yo creo que esa es la experiencia fundacional de sinDominio, esa ruptura, porque, de forma impl�cita y tambi�n expl�cita: en personas, hechos, correos... cre� una experiencia de vac�o, de imposibilidad, de ver que no tienes «poder» para conducir una experiencia. Pero eso, bien mirado, est� genial porque destruye todo el supuesto de que alg�n d�a has podido conducir algo. Es la cosa lo que te conduce a ti.

�Crees que hasta el d�a de hoy marca la experiencia de sinDominio?

M: S�. Podr�a dar m�s detalles... pero es que no s� hasta qu� punto es una experiencia p�blica o privada, por eso no s� lo que tengo que explicar o lo que no... Por ejemplo, una de las cosas que creo yo que produjo el cierre de la ACP fue, no el priorizar, pero s� el mimar la entrada de gente con perfil t�cnico.

�Dices que despu�s del cierre de la ACP fue una de las cosas que se intent� promover?

M: Que hay quien ha intentado promover, no es que haya una l�nea: «decidimos todos...», no. Cada cual ha hecho lo que ha podido, pero por eso en las discusiones sobre las altas lo ves, ves qui�n las apoya, los valores que se muestran para apoyar un alta: --«Amador quiere el alta». --«Vale, yo le conozco». Pero a lo mejor digo otra cosa, digo: «Yo lo conozco» o «sabe mucho de software libre» o «est� en un centro social» o «est� en la CNT desde el siglo XIX».

�Y eso a ti qu� te parece, Marga, que se promoviera eso, enriquece...?

M: Muchas cosas diferentes no enriquecen una experiencia si no se componen. En principio puede ser un enriquecimiento, pero esa gente de perfil t�cnico que luego se intent� que entrara creo que nunca habr�a tenido el suficiente aplomo como para poder decidir el cierre de la ACP, porque no es gente «pol�tica», porque no se siente segura, porque teme el rechazo, porque no tiene «cuerpo» para encajar ese desaf�o. El cierre de la ACP fue una decisi�n de «esto se hace as� porque a nosotros nos da la gana, porque creemos que es lo mejor». �C�mo pudimos tomar esa decisi�n, qui�n la tom� o qu� la tom� en cada cual? Pues, sobre todo, eso s� que es muy claro para m�, el haber compartido la experiencia del centro social. Eso nos agenciaba lo suficiente como para componer la fuerza para tomar esa decisi�n resistiendo luego todas las cr�ticas que, claramente, nos iban a venir. No resisti�ndolas, sino incluso am�ndolas. Porque cuando haces eso alguien que no te critique es que no se entera, no defiende su papel. Esas cr�ticas ten�an que llegar, hab�a que aplaudirlas desde su posici�n ingenua, desde la distancia telem�tica o desde la falta de experiencia. No hab�a que taparlas, sino todo lo contrario.

Entonces, a pesar de que sinDominio es un proyecto no presencial o virtual, para m�, una de las ense�anzas que saqu� de eso es que la composici�n de los cuerpos que se rozan, el estar juntos, tiene un plus de potencia. Es decir: estar juntos, ver tu cara, saber qui�n eres, saber que cuando dices algo eres t� el que lo dices, haber pasado por la experiencia del Laboratorio... Eso crea una confianza, una complicidad que yo creo que no se puede producir -hasta la fecha- a base de compartir telem�ticamente muchas compilaciones de kernel y tener unas listas t�cnicas donde se comparte el conocimiento de forma impresionante. Porque lo que hac�a falta para decidir el cierre de la ACP no era este tipo de conocimiento, era otra cosa. Era experiencia, inteligencia, ver lo que est� pasando y decir: «que no me pase»... Yo no creo que tenga que defender mi posici�n respecto al software libre, pero es, es blando [software], es inmaterial. No es lo mismo que el hardware.

T� has pensado m�s sobre eso, sobre la ausencia de cuerpo en esos intercambios telem�ticos...

M: Esa fue una de las cosas que pensamos Raquel (Radio PWD) y yo cuando nos ofrecieron escribir una parte sobre ciberfeminismo en un libro que va a publicar la editorial Virus y que se va llamar algo as� como «Ciberguerrilla de la comunicaci�n». Empezamos a pensar desde cero, porque nosotras no somos ciberfeministas, ni siquiera feministas, as� que no entend�amos muy bien por qu� nos lo ped�an, pero algo ten�a que salir. El texto lo dividimos en cuatro cap�tulos:

el primero, que ser�a situar el contexto, es un cruce hist�rico entre la revoluci�n inform�tica y la revoluci�n sexual. Cuando Richard Stallman estaba fundando el proyecto GNU, el mismo d�a a la misma hora Donna Haraway escrib�a el Manifiesto Cyborg. O cuando Turing estaba haciendo su m�quina virtual hab�a una manifestaci�n, �y Turing se enteraba de la manifestaci�n? Pues seguramente no. En el segundo cap�tulo se analizaron las propuestas ciberfeministas. La propuesta ciberfeminista, muy brevemente, dec�a que la disoluci�n de los cuerpos en las redes virtuales producir�a un hundimiento del patriarcado (porque no estar�a encarnado): te permite el travestismo, el anonimato... y eso m�s o menos llega hasta el a�o 82.

En el tercer cap�tulo dijimos: bueno, �c�mo se podr�an hablar, si se encontraran, una ciberfeminista con un hacker? �qu� se dir�an? Lo resumo mucho, pero digamos que desde el punto de vista de la ciberfeminista el hacker se acerca mucho al manager de Luc Boltanski y �ve Chiapello (El nuevo esp�ritu del capitalismo, Madrid, Akal) y la presencia de ambos lo que hace es feminizar la red. Ante esta feminizaci�n la ciberfeminista se queda perpleja porque, bueno, s� que es cierto que se ha dado una feminizaci�n, incluso en los valores del «hombre de las redes» de Boltanski (como puede ser la abolici�n de distancias, la escucha, el cuidado... una serie de valores que tradicionalmente estar�an considerados como femeninos), pero hay algo que sigue haciendo que las redes est�n pobladas por hombres, a pesar de todo eso, a pesar de que en los hacklabs hay un ambiente mucho menos machista que en los ambientes normales, incluidos los militantes. Todas las mujeres a las que hemos preguntado coinciden en que en los hacklabs la presi�n machista es mucho menos significativa que en los ambientes normales incluidos los militantes, pero, a pesar de eso, en los hacklabs mayoritariamente hay muchachos. Hay mayoritariamente muchachos; luego aqu� hay algo que falla. Eso (lo que «falla») nosotras no podemos descubrirlo porque para descubrirlo tiene que haber pr�cticas que experimenten con ello, pero terminamos nuestra reflexi�n no aceptando que la ausencia de mujeres sea una ausencia, m�s bien queremos verlo como la �nica resistencia que se est� planteando, en el sentido pol�tico, a la red global. Resistencia que el «hombre de las redes» no puede oponer, porque �l vive en las redes.

�Una resistencia que estribar�a en sustraerse a la conexi�n?

M: Sustraerse a la conexi�n permanente. Sustraerse a la alta disponibilidad, a aceptar los dict�menes de nuevos centros de saber y de poder... Por eso en el t�tulo se toma la imagen de Pen�lope que teje y desteje, que no es muy original [risas], pero sirve para estas cosas, nos ven�a bien. Tomando la imagen de Pen�lope, que teje en el espacio p�blico pero en el privado, que en este caso no ser�a clandestino, sino un espacio de amigas, te sustraes y destejes. Lo cual no significa que no sepas tejer de maravilla, como quedar� claro al d�a siguiente cuando vuelvas a hacerlo, pero es que no te mola estar todo el d�a tejiendo. Gran diferencia con el «hombre de las redes», que no puede vivir fuera, no puede dejar de hacer red.

�Y hay alguna resonancia entre esto que cuentas y lo que ocurr�a en sinDominio, ese vac�o que no es un d�ficit o una carencia, sino que introduce algo positivo, o son dos cosas distintas?

M: Yo eso no lo puedo saber porque no puedo investigar en sinDominio, no puedo saber lo que pasa. Puedo imaginarlo, pero ser�a totalmente gratuito lo que imaginara. Podr�a ser que s�, pero el destejer se hace entre amigos. El tejer tambi�n, pero toda lucha se hace con amigos. Individualmente lo que t� hagas sirve para vivir el d�a y esperar al d�a siguiente a ver si consigues una amistad, que no est� mal. Esos espacios de amistad seguramente los habr� en sinDominio; por ejemplo, RadioPWD (http://sindominio.net/radiopwd/) es uno de ellos, pero su manera de estar en sinDominio, hay que aceptarlo, es bastante instrumental. Te lo voy a decir de otra manera: no se plantea crear un espacio de amistad en sinDominio, sinDominio es inmanejable. En todo caso, es poni�ndote como proyecto en sinDominio c�mo consigues olvidar todo este peso de problemas que no puedes manejar y puedes hacer algo. Poni�ndote como proyecto, tienes la opci�n de hacer algo en sinDominio y eso tiene su parte de afecto, porque actualmente podr�as hacerlo en otro sitio. Quiero decir: hacerlo en sinDominio es c�modo, pero cada vez hay m�s comodidad para hacer cosas fuera de ah� porque la tecnolog�a cada vez es m�s barata, m�s accesible... y el estar en sinDominio supone algo. Pero ese algo yo no s� lo que es. Lo valoro, porque no es que me d� igual, no es «s�lvese quien pueda», pero construir un espacio de amistad en sinDominio se ha manifestado imposible para m�.

�Por ese vac�o que introduce el cierre de la ACP?

M: Porque la experiencia virtual no unifica los espacios ni los tiempos. Por eso cuando alguien plantea algo, a lo mejor cincuenta personas una semana o quince d�as antes le�an el correo, etc., pero justo cuando t� planteas ese algo uno se va de vacaciones, el otro est� enfermo... Entonces, �por qu� aquello que t� propones no cuaja? Bueno, pues por cosas f�tiles, no ser� por nada grave, pero, por ejemplo, esta entrevista que hacemos t� y yo requiere que nos hayamos puesto de acuerdo. Hemos creado una experiencia com�n, un bagaje de un cierto esfuerzo porque t� te has desplazado, yo tambi�n... yo en mi casa estar�a m�s c�moda y para hacer esta entrevista he tenido que mover el cuerpo. Eso en sinDominio sencillamente no se puede hacer, en parte por decisi�n fundacional, en parte por resistencia... algo que ser�a dif�cil de analizar. S� podr�a existir la «secci�n de sinDominio Madrid», por llamarlo de alguna manera, para que nos vi�ramos. Pero yo creo que hay una especie de inteligencia que nos dice que eso no funcionar�a. Entonces que cada uno haga lo que pueda. Cuando haga falta poner dinero se pondr�, cuando haya una represi�n muy grave se responder�... y ese es el tope de lo que se puede hacer.

Desde que se funda sinDominio hasta ahora se ha pasado de alg�n modo de una euforia total por Internet como lugar horizontal, espacio liberado y ajeno al mando, a empezar a considerar su ambivalencia, en el sentido de que te conecta con otros y a la vez tambi�n les sirve a otros para controlarte a ti. �C�mo ha sido esa experiencia pr�ctica?

M: Es misterioso, porque �qu� es lo que permite que las cosas pasen? Cuando la gente se empieza a enviar mensajes para ir a la calle G�nova (referencia a la concentraci�n frente a la sede del Partido Popular el 13-M de 2004), eso ni era red ni era nada, �qu� era?, una red virtual. Pero pas�, �no? No te s� contestar, porque adem�s mi visi�n de sinDominio es muy parcial, porque es un proyecto que no lo entiendo, que no lo abarco, no lo concibo. Eso es lo que pasa. De hecho, incluso, en muchos aspectos he perdido el inter�s por saber qu� pasa. �Por qu�? Porque lo que pasa te domina hasta tal punto que estar�as todo el tiempo atendiendo a lo que pasa, pero no haciendo que pasen cosas. Por eso, entre otros motivos, la experiencia de radioPWD para m� es tan interesante, aunque sinDominio sea una palabra que se oye en todo el planeta y radioPWD sea algo insignificante. Para m� ha sido cada vez m�s dif�cil reunir el entusiasmo para intervenir en sinDominio. Carolina [sinDominio] y yo hicimos un dise�o UML sobre c�mo funcionaba sinDominio (UML es un lenguaje de representaci�n gr�fica que describe objetos y relaciones, normalmente aplicado a dise�ar software). Aplicamos UML a un entorno social, para ver si de esa manera el funcionamiento de sinDominio se pod�a describir, porque, supuestamente, con un diagrama UML todas las preguntas que t� hagas sobre el sistema mirando el diagrama quedan respondidas. Pero esta es muy cansado, porque el proyecto en s� no se deja intervenir, hace lo que le da la gana y al final dices: «que haga lo que quiera. A otra cosa». Tienes dos v�as en sinDominio: una, la administraci�n; otra, ponerte como proyecto. Existe a�n una m�s: la posibilidad que hemos hablado de la asamblea, pero ah� lo tienes todo negro. Entonces la v�a m�s posibilista es ponerte, como es nuestro caso, como radio.

�Y qu� os anim� a hacer la radio, qu� quer�ais experimentar con ella?

M: Cuando se ocup� el Laboratorio 3, Raquel y yo nos planteamos c�mo podr�amos estar en el Labo, porque ten�amos un problema com�n y es que el Labo en s� se nos aparec�a ca�tico y «consumidor de energ�a». O sea: que vas all� y nos sabes a qu� vas, te pones a hacer cosas, te vas y no sabes lo que has hecho ni por qu�. Esa manera de estar no nos gustaba y como tampoco est�bamos dispuestas a estar en plan militancia de asamblea (ir a todas las asambleas, asumir la gesti�n...), ten�amos un problema. Ese problema lo solucionamos diciendo: hacemos un programa de radio desde el Labo. Eso tuvo un empuj�n con el hackmeeting de Madrid. Pero el hackmeeting se organiz� desde un punto de vista de un gran evento, muy ostentoso, y como huir hacia delante no nos «molaba» y lo del hackmeeting no nos parec�a para tanto, dijimos: «bueno, como no queremos estar con ellos vamos a buscar un espacio propio donde podamos estar con, pero no hacer como ellos», y fue cuando retransmitimos por primera vez las charlas y talleres que se dieron en el hackmeeting.

Luego nos quedaron las ganas de seguir con un programa de radio. Lo hicimos con mucha dificultad porque la red wireless del Labo... t� ya sabes qu� pasa... no tiene un funcionamiento estable... hasta que hubo la primera amenaza de desalojo, que me parece que fue m�s o menos en marzo... y el hackmeeting fue en el octubre anterior. Entonces decidimos mudarnos al hacklab «Cielito Lindo» en la calle Santa Ana.

Para m� ha sido una experiencia muy interesante. Como un aut�ntico HowTo de c�mo se hace una amistad en el sentido que habla Marina [Garc�s]: amigo es una alianza que te hace m�s valiente. No una amistad psicol�gica: no te digo que hagas como yo, pero te digo que hagas conmigo; y todo eso crea una relaci�n de euforia, de confianza, de potencia... A lo tonto a lo tonto, hemos estado dos a�os emitiendo (que para lo que dura el tiempo en nuestro mundo est� bastante bien). Ahora ya lo hemos dejado porque... bueno, todav�a me lo estoy preguntando, pero la cosa est� en que siendo radioPWD... vamos a llamarle un proyecto -aunque yo creo que no fue ni eso, pero bueno- muy reconocido y valorado, no ha conseguido ampliar su territorio. Esa es una paradoja en la que queremos pensar y que con el 11-M se ha hecho muy evidente.

Tal y como se presenta el proyecto es un proyecto de comunicaci�n y otras cosas. Y esas cosas tienen su forma natural de actuar, que suele traducirse en que se divide la radio en trozos, se toma un trozo que se valoriza y sobre �l se aplica una norma. A eso lo puedes llamar relaci�n, cooperaci�n... pero no ampl�a el territorio. En realidad, no cambia las cosas, sigue siendo como era; es decir: viene alguien y nos dice: «ï¿½c�mo mola tener una radio! Yo podr�a ofreceros m�s ancho de banda porque tengo un amigo en la Universidad de no s� d�nde que tiene una m�quina con un gran ca��n...» Y t� le dices: «ya, pero es que ese no es nuestro problema, porque como no nos escucha nadie no necesitamos ancho de banda». «Ya, pero es que molar�a que esto se oyera...» Y le preguntas: «ï¿½Pero t� nos has escuchado alguna vez?» «Bueno, yo es que no he podido...». Nosotras hacemos radio, no ancho de banda, no nos valorizamos por el ancho de banda que tenemos, aunque lo necesitamos, as� que nos preguntamos �c�mo esa persona nos est� viendo? No como lo que somos, ni como lo que hacemos, sino que nos est� representando en su cabeza, nos representa seg�n los problemas que se supone que debemos tener, no los que tenemos. Y esta representaci�n nos presiona, porque si t� se lo dices a las claras: «olv�danos, no queremos ancho de banda porque no tenemos ese problema que t� supones que estamos teniendo», pues la manera de relacionarnos es un poco descort�s, pero aquella persona no te est� ayudando, te est� aplanando, haciendo ser lo que no quieres ser. Este ejemplo que te pongo es un ejemplo real...

Hemos emitido en dos a�os. El primer a�o en MP3 y el segundo en OGG. Cuando emit�amos en MP3 recibimos una presi�n muy fuerte para abandonar ese formato por estar sometido a patentes. Vale, pero es que a nosotras nos dan igual las patentes. �Por qu� alguien asume que nosotras participamos desde el punto de vista oficial del software libre sobre las patentes? (Porque radioPWD no es un proyecto de software libre, aunque nos guste el software libre). Y vuelves a lo mismo: «ï¿½t� nos escuchar�as mejor as�, en otro formato?» «No, pero es que ser�a mejor...». �Mejor para qui�n? Para la ley que est�s aplicando, en este caso, la ley del software libre que dice que no hay que utilizar formatos patentados. Pero es que al aplicarnos esta ley cambiamos de identidad; es decir: que pasamos a ser un proyecto de software libre. Lo mismo pasa si alguien dice que radioPWD es un proyecto de mujeres: es que no es un proyecto de mujeres, aunque Raquel y yo seamos mujeres.

Digamos que continuamente tuvimos que defender el espacio aut�nomo para no ser representadas. Raquel y yo fuimos a dar una charla a Barcelona para presentar ese cap�tulo del libro que he mencionado antes, y autom�ticamente de esa charla sacamos m�nimo tres «contactos», uno de los cuales nos ha invitado a Barcelona a dar otra charla a la que hemos dicho que no �bamos. �Alguien ha escuchado el programa de radio? Yo te digo que no, pondr�a la mano en el fuego. Son maneras virtuales de conectar. De hecho, hac�amos la broma aquella de que podr�amos dejar de hacer el programa de radio y seguir recibiendo contactos y dando charlas sobre la radio. Eso seguramente a un hombre de las redes le satisfar�a, porque lo que ans�a reconocimiento. Pero yo, �qu� hago con el reconocimiento? Es mucho m�s interesante el espacio y el tiempo que creo con Raquel, y eso es lo que no hemos conseguido que conecte con otros.

�Pero por qu� cancel�is eso, lo que os interesa, el espacio/tiempo de cooperaci�n, por lo otro (la incomprensi�n)?

M: No es por la incomprensi�n. Es porque lo que hemos pensado es dejar de hacer los programas de radio y junto con Anouk [Deville] plantearnos una composici�n electroac�stica [sobre el 11-M] y hablar entre nosotras en un lenguaje que no corresponda a la subjetividad pol�tica, que no est� codificado pol�ticamente. No es que nos hayamos hundido, ni mucho menos, es que hacer el programa ya empezaba a ser demasiado sencillo, f�cil, y como en realidad el programa es lo que no est� funcionando (funciona el nombre, pero no el programa en s�) pues se trata de cambiar de actividad.

Porque ampliar el territorio hubiera querido decir que m�s gente se compusiera con vosotras en unos t�rminos en los que vosotras...

M: Planteando problemas comunes. Pero �ojo!: problemas desde dentro, para m� el MP3 no es un problema. Es un problema que me lo da la ley, la ley del software libre dice que eso debe ser un problema para m�, pero para m� no lo es. En el segundo a�o nos cambiamos a OGG para contentar a cierta gente (y para demostrar que sab�amos hacerlo t�cnicamente), pero se ha demostrado que a la experiencia radioPWD no le sirve.

Son requerimientos externos que la tensionan un poco...

M: S�, pero est�rilmente. Te someten a una norma. Por ejemplo: sinDominio es muy poco cr�tico con la norma del software libre...

�Y t� no ves que eso sea planteable porque ser�as inmediatamente juzgada por esa norma y no habr�a discusi�n...?

M: �Es que no puede haber discusi�n! Yo puedo poner un correo a mis amistades y enemistades, pero eso no me compondr� con las amistades. As� como la enemistad con Nodo 50 fue muy productiva, se lleg� hasta el final (y est� muy bien que haya enemistades, es natural, tiene que haberlas), en sinDominio ni hay amistades ni enemistades fuertes porque las amistades y enemistades son virtuales.

En el texto que escribiste para Archipi�lago sobre «Agujeros negros en la red»2 dec�as que hab�a varias maneras de vivir la red: una de ellas, frente a los intentos de mercantilizaci�n de Internet, los comportamientos par�sitos de los crackers y la simple reivindicaci�n de privacidad, pon�a el �nfasis en que somos nosotros los que construimos la red y, m�s bien, son otros los que la parasitan --esa, tal vez, fue la primera idea de sinDominio--. Pero ah� detectabas l�mites o insuficiencias...

M: Porque de todo lo que se ha hecho hasta ahora, la mayor experiencia es la del software libre. Y el movimiento del software libre muestra c�mo no puedes establecer diferencias radicales, no puedes operar una desconexi�n de la red global, no puedes operar una desconexi�n y construir porque entonces tendr�as que estar dispuesto a acabar con tu identidad y eso no se acepta, no se puede soportar.

�Pero eso no te coloca en una posici�n demasiado centrada en el enemigo, como el �ndice que te indica si t� haces o no haces bien, frente a una idea m�s de autoafirmaci�n que no se preocupa tanto de si estoy destruyendo al enemigo o me est� recuperando?

M: La autoafirmaci�n tiene que desconectar de los valores dominantes y crear una comunidad. Esa comunidad produce espacios distintos, hay una frontera, claramente, porque al centro social hay gente que va y gente que no va. Y la gente que no va es porque no quiere cruzar esa frontera, porque sabe que la hay. El software libre no establece ese tipo de fronteras, yo no las he visto hasta ahora.

No es que busques un enemigo, es que en tus espacios aut�nomos, para que seas soberano en ellos, tiene que haber una desconexi�n de las cosas que no te gustan. Aquello que dejas fuera, por l�gica, ser� tu enemigo, pero hay cosas intolerables que no puedes dejar pasar dentro.

Pero, en el software libre �no habr�a una desconexi�n con respecto a todo lo que es el �mbito de lo propietario?

M: S�, pero el �mbito de lo propietario no es el �mbito exclusivo de lo productivo, de la valorizaci�n capitalista. A la valorizaci�n capitalista tambi�n le interesa el �mbito de lo p�blico much�simo, y el software libre nunca ha dicho nada con respecto al su propia capacidad para hacer negocios, nunca ha dicho que no se haga. Es un movimiento revolucionario, pero en el sentido en el que el capitalismo tambi�n lo es, porque el capitalismo tiene much�simo movimiento, produce infinidad de cosas.

Para m�, tal y como yo veo el software libre, es como un individualismo libertario, un valor de libertad muy grande forjado en un mercado individualista muy grande. Y de ah� toda la �tica del reconocimiento que, b�sicamente, es personal. De ah� todo el rollo con las firmas, los alias, etc. Dentro de eso, proyectos como sinDominio quiz� podr�an haber llevado hasta el final su singularidad, pero... No s� c�mo explicarte... el capitalismo est� en todo, algo tienes que operar para deshacerte de �l, y esa operaci�n requiere un acontecimiento. No se puede conseguir cada uno en su casa frente al ordenador o cada uno cuando pueda. No: hay que juntarse. Juntarse como en la calle G�nova. Eso es juntarse. Por eso, una netstrike, que hubiera sido cada uno en su casa d�ndole al bot�n y hundir la p�gina del PP, no hubiera sido lo mismo que la concentraci�n en la calle G�nova, seguro. Porque la experiencia, lo que est� pasando ah�, no es lo mismo.

Pero el problema es que, al asumir desde sinDominio totalmente los valores que operan el software libre, de repente, el proyecto no importa. Porque el proyecto tiene unos pilares como tal. Un pilar es la licencia GNU, desde luego, pero la licencia sin proyecto no sirve de nada, tiene que haber un proyecto. Quiero decirte: si hubiera conciencia colectiva de sinDominio creo que esa conciencia no asumir�a la liquidaci�n de sindominio como parte de la experiencia. Llevar adelante unas pr�cticas que pongan en riesgo la experiencia; o sea: asumir la posibilidad de poner en riesgo la experiencia llevando hasta el final la propia experimentaci�n. Porque al final tiene que acabar, si no acaba ya me dir�s [Risas], se tiene que agotar. Eso puede exigir ponerse en riesgo, hacer cosas exc�ntricas, separase de cosas que se basan en el software libre, asumir la totalidad esos problemas... crear autonom�a. sinDominio no ha valido para eso. Tiene que haber una diferencia, pero radical, de lo que difieres, y el software libre no es una diferencia de nada, es una corriente antisistema que, a veces, como todas las corrientes, pues va bien al propio sistema, otras veces le va mal, la manejo o no la manejo, tira y afloja... pero no es una lucha. No es un acontecimiento. No es algo interruptivo. No marca un antes y un despu�s. No distribuye el mapa de lo posible. No cambia las cosas. Ahora bien, �podr�amos haber hecho Raquel y yo la radio si no hubiera software libre? Seguramente no hubiera sido igual, pero no estamos en la totalidad de un movimiento. Las singularidades surgen al abrigo del movimiento y tambi�n fuera de �l (porque a nosotras el MP3 nos iba de maravilla...) [risas].

Pero sin haber una desconexi�n radical en un momento --un antes y un despu�s-- �no tiene efectos reales el software libre en los comportamientos de la gente que lo utiliza?

M: S�, pero �qu� buscas, qu� quieres? Porque, claro, yo ahora no me imagino la vida sin Internet, sin Google. Para m�, una de las experiencias m�s tristes es cuando estaba en el Labo 1 y no hab�a luz por el d�a y no pod�a encender el ordenador... El ejemplo lo tienes en esas huelgas que se hacen en la web contra las patentes que consiste en que te ponen una pantalla que te dice: «esto est� en huelga», clickas y entras en la p�gina. No est�n dispuestos a perder su web. �A qu� est�s dispuesto, qu� arriesgas? No se trata de buscar un enemigo. Pongamos que va a ser una cat�strofe si hay patentes (yo eso no lo s�, porque all� donde hay patentes es justo donde se produce m�s software libre, en EE.UU.), pero vale, me lo creo, por tanto: huelga. �Pues sep�rate, haz un Intranet con tus webs, dividimos Internet en dos: la web hecha con las patentes, y la que est� contra las patentes, yo qu� s�! Eso no puede ocurrir porque no se opera una separaci�n, est�s pegado a la red global.

Un ejemplo: los trabajadores de La Roca (radiadores, a�os 70) plantearon una huelga sin servicios m�nimos que inclu�a apagar los los hornos de cer�mica. Ten�a que haber servicios m�nimos, porque si cerraban, los hornos se cruj�an y la f�brica se iba a la mierda, toda la tecnolog�a se estropeaba. La respuesta aut�noma fue: «Pues bien, �y a nosotros qu� nos importa? �si la f�brica se va a la mierda no es nuestro problema». Eso no es tan f�cil de decir porque tu identidad va en ello, porque eres de clase obrera, luego necesitas trabajar, luego necesitas f�bricas. No es verdad que no te importe, s� te importa �y mucho! porque tienes miedo de no saber lo que eres.

Yo pienso que esa desconexi�n a lo mejor se da en sitios que desconozco, esa resistencia a la conexi�n que hablaba antes de las mujeres puede ser un fen�meno de este tipo, pero yo a esta manera de hacer huelga en Internet la veo un poco rid�cula, digo: «ï¿½pero bueno, �es tan importante nuestra informaci�n?!» [Risas] El caso es que no puedes decir: «ï¿½os vais a la mierda! �Yo me voy con mi potencia...!» No es tan f�cil. Yo no lo veo que eso ocurra.

�Y dir�as que son acontecimientos de desconexi�n lo que pas� en la calle G�nova, en las movilizaciones contra la guerra, o el 19/ 20?

M: Lo que pas� en la concentraci�n de la calle G�nova yo no lo veo un acontecimiento de desconexi�n, lo veo un acontecimiento de autoorganizaci�n. Pero s� que establece, s� que es un desaf�o porque, si t� quieres, las consignas que se gritaban son palabras vac�as: la verdad, los muertos, los vivos... pero trastocaba las formas, las romp�a totalmente, romp�a la jornada de reflexi�n, la forma de: «ya lo dir�s ma�ana, pero hoy no lo puedes decir». Ese trastocar las formas, el software libre ni lo va a hacer ni lo puede hacer porque se basa en una licencia y esa licencia est� apoyada con la ley, necesita leyes, es la norma que hay. Con esto no quiero desvalorizarlo porque, para empezar, yo vivo de �l y lo uso cotidianamente, no puedo imaginarme la vida sin ello, ya te digo. Pero no le puedo pedir lo que no me puede dar. No me puede dar unas posibilidades de emancipaci�n y de autonom�a un proyecto totalmente posibilista del mundo donde estamos. Se basa en una licencia, no puede ir contra la ley. �Qu� dice el software libre respecto al «top-manta»? No dice nada, no puede decir nada porque est� basado en una licencia y, claro, si est�s asociado al «top-manta», que se salta las leyes, �qui�n te va a respetar?

Pero tambi�n son dos culturas diferentes, �no?

M: Vale, pero sindominio hubiera podido singularizarse un poco: un pie en el software libre y otro pie en el mundo, «ï¿½qu� nos seduce?, �qu� nos llama?, �nos gusta emitir radio en MP3? Pues software libre con una excepci�n: movimiento social». Siempre ser� mejor que una licencia, �no?

Bueno, supongo que se hace es un uso instrumental de esa licencia para defender el movimiento social, la cooperaci�n que corre por debajo, a no ser que se caiga en un fetichismo absurdo... pero lo importante no creo que sea para nadie la licencia, sino encontrar ese bug en la ley para mejor defender las relaciones de cooperaci�n y no hacer un ataque frontal que puede destruirlas.

M: �Claro! Y tal y como surgi� el software libre la manera m�s inteligente, m�s constructiva y positiva ha sido la que ha tenido, de eso no hay duda. Pero establece un l�mite que yo creo que si no est�s dispuesto a saltarlo sabiendo que puedes perderlo todo, si no est�s dispuesto a apagar el horno, con tus problemas, tu conflicto, tu confrontaci�n, tus valores establecidos, tus fuerzas... Las jugadas est�n dadas. Yo realmente echo mucho de menos espacios donde, sin desvalorizar lo que significa el software libre, puedas tener unas pr�cticas aut�nomas respecto a los estilos dominantes. El hacklab no es as�, sinDominio no es as�... todos siguen la l�nea de Richard Stallman.

Tambi�n porque es un �mbito donde la gente quiz� no se atreve a...

M: S�, porque hay unas figuras de autoridad...

Es curioso, �no? Porque se supone que en el software libre la autor�a de los creadores de programas se desvanece m�s...

M: �En absoluto! la autor�a es sagrada. Lo que se desvanece es la propiedad. Para construir un movimiento, como se ha construido �ste, hacen falta Richard Stallmans. Son l�deres, sujetos en la jerarqu�a. Pero de horizontalidad nada de nada, �eh? Y es natural: hay que aparecer en los medios, vencer en la red global, ser una marca vendible como Coca-Cola, en el mismo mundo en que hay competencia con otros productos que funcionan con marcas...

�Y eso es lo que crees que impide que se establezca un espacio donde se puedan plantear con franqueza otras funciones?

M: No. Yo no creo que nuestra misi�n sea hablar con R. Stallman, ponernos de acuerdo con �l y decidir c�mo hacer la huelga contra las patentes. Ese nivel de unidad ya no me lo planteo, pero s� que en nuestras experiencias pensemos con nuestros cuerpos y con nuestras cabezas, no tomar todas las ideas que est�n dadas, no tener miedo a desgajarte del movimiento, no temer esa ruptura, porque para crear algo nuevo tiene que haber esos momentos de ruptura productiva, como pas� con sinDominio y el Nodo 50: �por qu� tenemos que estar juntos si vamos a estar mejor separados? (En ese momento en sinDominio no ten�amos miedo: estaba el Labo 1, no hab�a pasado el mes de agosto... rompimos con todo con lo que hab�a que romper para hacer lo que pens�bamos que ten�amos que hacer). Yo, por tanto, creo que no ser�a nada del otro mundo si en nuestros hacklabs, «sinDominios»... nos plante�ramos, por ejemplo, que la p�gina de sinDominio se cierra de verdad cuando haya huelga. O no salir a la huelga, o subvertir todo el contenido... algo que se salga de la l�nea correcta, de la norma.




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Ambas entrevistas fueron realizadas por Amador Fern�ndez-Savater para la revista Contrapoder, n�m. 9, primavera 2005.
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V�ase el texto fundacional: Por qu� el Nodo50 ha dejado de interesarme
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http://suburbia.sindominio.net/article.php3?id\_article=2

Este documento ha sido convertido desde LATEX por HEVEA para la Biblioweb de sinDominio.