Mostrando entradas con la etiqueta SS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SS. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de diciembre de 2021

EINSATZGRUPPEN

 

Miembros de un Einsatzgruppe inmortalizados en una de sus metódicas sesiones de exterminio. La instantánea fue tomada justo cuando el pelotón de selectos psicópatas abría fuego contra varias de sus víctimas alineadas contra un muro. A la vista de la inmensa cantidad de testimonios gráficos que muestran la barbarie a la que se entregaron los tedescos, así como los escalofriantes relatos de los que lograron escapar de sus garras, siempre me pregunto cómo es que los aliados permitieron que Alemania siguiera existiendo como nación. Las cosas como son: se pasaron siete pueblos, dos aldeas y cuatro pedanías.

Sin duda, la eminencia gris más grisácea del nazismo

Einsatzgruppen, Grupos de Operaciones. Einnn... ssssssaaatz... gruppen. Suena como la cuchilla de la fallbeil de Plötzensee deslizándose por los largueros para, finalmente, cercenar con un golpe seco el cuello de la víctima y caer la cabeza en un balde metálico. Este palabro tan germánico es de los que quizás tengan unas connotaciones más siniestras del extenso surtido de organismos, milicias y demás unidades paramilitares relacionados con el nazismo. De hecho, solo sale a relucir cuando se hace mención a alguna masacre especialmente cruenta o por las paranoias de sus comandantes, elegidos entre lo más selecto de las complejas ramificaciones de las SS. Como creo es de todos sabido, si alguien es capaz de planificar cualquier cosa con una minuciosidad milimétrica es un tedesco, desde como untar la manteca colorá en la tostada a invadir un país y no dejar títere con cabeza. Así pues, diseñar un plan para crear un Reich milenario y suprimir al mismo tiempo el más mínimo atisbo de oposición era algo tan chorra como hacer el crucigrama matutino mientras te tomas un café con leche para alguien como Reinhard Heydrich, que si en vez de darle por ser un nazi contumaz le hubiera dado por la ciencia podría haber sido infinitamente más útil a la humanidad. Pero, ¿en qué consistía este plan? Bien, vayamos por partes porque todo en esta vida tiene un origen y un motivo, y los Einsatzgruppen no iban a ser menos.

El ciudadano Adolf haciendo su entrada triunfal en Viena a bordo de
su fastuoso Mercedes 540 G4. Tras él, sentadido y calladito, Arthur
Seyss-Inquart, que en ese momento no imaginaría que su destino era
acabar colgando del pescuezo por un sargento yankee

El primer paso para expandir la maltrecha Alemania producto del Tratado de Versalles era el Anschluss, la unión con Austria propiciada por el pangermanismo de ambas naciones porque, como ya sabemos, la unión hace la fuerza y tal. En realidad, dicha unión tenía una base histórica, cultural y racial sumamente sólida ya que ambas habían formado parte del Sacro Imperio durante siglos, y solo la atomización del mismo les hizo separarse. La desaparición del imperio austro-húngaro tras la Gran Guerra, así como la monarquía alemana con la Casa de Hohenzollern como cabeza visible, había dado paso a sendas repúblicas, por lo que consumar la unión ya no dependía de la voluntad de dinastías regias, sino del pueblo. Y por lo que se ve, muchos austriacos no veían precisamente con malos ojos eso de recuperar las añejas glorias imperiales bajo la égida de un nuevo Reich cuyo líder, encima, era paisano de ellos. En fin, el que quiera ilustrarse sobre el complejo proceso que llevó a la unificación, en la red hay información de sobra. A nosotros nos basta con saber que dicha unión se consumó el 12 de marzo de 1938. El primer territorio del Gran Reich acababa de sumarse a la fiesta.

Papeleta del referéndum por la unificación. Para los dubitativos,
nada mejor que ponerles el círculo del "sí" tres veces más grande
que el del "no"

Obviamente, los tedescos no eran tan memos como para no dar por sentado que, aunque deseado por muchos, el Anschluss también tenía sus detractores, y que amplios sectores de la clase política e intelectual austriaca no estaban por la labor de verse convertidos en una provincia alemana. Había que quitarse de encima a socialistas, comunistas, masones, clero católico (no olvidemos que en Austria el luteranismo no se comió una rosca durante la Reforma) y, por supuesto, a los judíos y cualquier otra raza que no figurase entre las aceptables. Naturalmente, también había gente que tampoco estaban precisamente convencidos de las bondades de la unificación tan cacareada por el ciudadano Adolf. Hablamos de gente normal, profesionales de cualquier tipo y en definitiva, gente del pueblo. Obviamente, estos posibles opositores debían ser eliminados o, en el mejor de los casos, estrechamente vigilados para impedir que la sociedad austriaca se lo pensara mejor. Si Austria pasaba a formar parte del Reich, los austriacos debían someterse en cuerpo y alma a los dictados del partido, y de la misma forma que Alemania fue limpiada de ovejas negras lo sería Austria. ¿Y quién mejor para organizar una buena limpieza que Heydrich? Obviamente, nadie.

El joven Heydrich con los parches de cuello
de SS-Oberführer

Desde el ascenso al poder del ciudadano Adolf, sin prisa pero sin pausa toda la infraestructura policial del estado fue yendo a parar a manos de las SS si bien Heydrich, principal fautor de estas unidades especiales, no era ni remotamente un veterano del partido. De hecho, tras ser expulsado en abril de 1931 de la Reichsmarine por un tribunal de honor debido a un lío de faldas, apenas un mes más tarde se afilió al NSDAP, al parecer instigado por su prometida, Lina von Hosten, que a pesar de su jeta de bollito de leche recién sacado del horno era una nazi fanática. Himmler no tardó mucho en tener noticias del nuevo fichaje y, tras conocerlo personalmente, quedó impresionado ante las dotes de aquel sujeto de aspecto absolutamente ario y con una inteligencia y una capacidad de trabajo poco vistas. Tanto le entusiasmó que en julio del año siguiente fue ascendido al rango de SS-Standartenführer y se le confió el cargo de Chef des Sicherheitsdienst beim Reichsführer SS, o sea, jefe del SD. A partir de ahí, su carrera fue meteórica, y se convirtió de facto en el alter ego de Himmler. En 1934, con apenas 30 años, ya había alcanzado el grado de SS-Gruppenführer, y dos años más tarde le fue confiada la Sicherheitspolizei (Policía de Seguridad), más conocida por su acrónimo: Sipo.

Franz Six (1909-1975)

Con estas herramientas en sus manos, Heydrich podía y, de hecho, pudo, confeccionar unas minuciosas listas de enemigos del estado en base a su posible influencia política, militar o social. Como una máquina perfectamente engrasada, nuestro hombre averiguó hasta la talla de calzoncillos que gastaba cada posible elemento subversivo, así que formó una unidad destinada a, una vez consumada la unificación, ir visitando uno por uno a los que figuraban en las listas de indeseables porque, como sabemos, un alemán sin una lista está más perdido que un submarino en un bidé. Así nació el Einsatzkommando Österreich (literalmente, Grupo de Trabajo de Austria), que entró en el territorio detrás de la Werhmacht para cumplir puntualmente las órdenes recibidas: limpiar a fondo todo el país. Una observación: este primigenio Einsatzkommando no era aún la típica unidad militar armada hasta los dientes merodeando por el Frente Oriental en busca de hijos del padrecito Iósif en forma de partisanos y comisarios políticos, aparte de los siempre anhelados judíos y gitanos condenados de antemano a acabar sus días en una fosa común. Hablamos de un grupo de la Sipo que, aparte de la limpieza de personal, debía entrar a saco en los organismos oficiales de Austria y poner a buen recaudo cualquier información de interés para el estado, así como vigilar que ningún probo funcionario que hubiese votado "no" al ciudadano Adolf se colase en los archivos para perpetrar alguna puñetería. Esta unidad fue puesta al mando del SS-Standartenführer Franz Six, un fulano que, además de nazi, tenía un doctorado en filosofía e incluso alternaba su militancia en las SS con su labor docente como profesor de periodismo en la universidad de Königsberg y como Presseleiter im SD-Hauptamt, Jefe de Prensa de la Oficina Principal del SD. 

El cantante homicida Waldemar Klingelhöfer
(1900-1977) con uniforme de SS-Sturmmann a
principios de los años 30
Abro un paréntesis para detallar un aspecto curioso sobre los mandos de los Einsatzgruppen, y es que prácticamente todos los que los comandaron a lo largo de la guerra eran profesionales altamente cualificados y con un nivel cultural muy por encima de la media. Recordemos que nuestro entrañable psicópata Oskar Dirlewanger era doctor en Ciencias Políticas, y entre los comandantes de los Einsatzgruppen había arquitectos, abogados, farmacéuticos, historiadores, filólogos, economistas e incluso dos personajes tan pintorescos como el SS-Sturmbannführer Waldemar Klingelhöfer, un profesor de canto y cantante lírico que en 1941 fue puesto al mando del Sonderkommando 7b, y alguien tan surrealista como el SS-Obersturmbannführer Ernst Biberstein, que hasta 1938 ejerció como pastor luterano para, a continuación, metamorfosearse en homicida al por mayor, y en vez de bendecir a los difuntos produjo cantidades industriales de difuntos cuando dirigió entre junio de 1942 y 1943 el Einsatzkommando 6, perteneciente al Einsatzgruppe C en Rostow (Rusia), pero como eran difuntos judíos le importaban un carajo. Heydrich, que era peligroso como una mamba negra pero listo como el hambre, afirmaba que no quería solo matones, sino también gente con talento. Hoy día sabemos que una de las características más acusadas de la psicopatía es una inteligencia superior a la media, cuando no niveles de superdotado. Si a eso añadimos el resto de ingredientes, como la falta de empatía y la ausencia de sentido de culpa, tenemos el ejecutor perfecto que no dudará en volarle la cabeza a un bebé mientras lo sostiene su madre en brazos. Cierro paréntesis.

Grupo de judíos obligados a limpiar las calles de Viena de rodillas.
Primer paso del manual: degradar al enemigo para presentarlo
como un ser inferior
Bien, así se gestó el concepto de Einsatzgruppe, y está de más decir que la minuciosa y callada labor del Einsatzkommando Österreich cumplió las expectativas porque, y esto siempre lo tuvieron muy presente todos los que en algún momento ostentaron el mando de estas unidades, su trabajo debía ser lo más sigiloso posible. En modo alguno convenía que sus travesuras trascendiesen más allá de los miembros de la unidad si bien, como veremos más adelante, el secreto raramente se pudo mantener y con el tiempo todo el mundo tenía como mínimo una vaga idea de quiénes eran y cómo actuaban estos personajes. Como vemos, la intención de Heydrich al crear este tipo de unidad era hacerse con el control administrativo y político del territorio anexionado, y ser las SS los encargados desde el primer momento de mover los hilos para eliminar la disidencia de la forma más discreta posible. Como es obvio, no era nada conveniente que la ciudadanía tuviese noticia de que el Dr. Fulano o el eximio Profesor Mengano, con ideas opuestas al pangermanismo pero a pesar de ello respetados por sus conciudadanos, habían sido enviados con nocturnidad y alevosía a algún campo de trabajo en Alemania o, peor aún, dos tipos de aspecto inquietante lo habían sacado de su casa de madrugada para, al cabo de un par de días, aparecer sus cadáveres flotando en el Danubio azul.

Neville Chamberlain (izda.) junto al ciudadano Adolf. Tanto quiso
apaciguar a la fiera que, al final, la fiera dio por sentado que tenía
carta blanca para hacer lo que le diera la gana. Aún hoy día vemos
cómo la tolerancia es considerada como signo de debilidad por los
fanáticos que aún se creen sus propios mantras supremacistas
El siguiente territorio en la lista para expandir el Reich Milenario eran los Sudetes, una zona que en aquel momento formaban parte de Checoslovaquia, país de nuevo cuño desgajado del Imperio Austro-Húngaro tras la Gran Guerra y que albergaba alrededor de un 30% de población de etnia, cultura y lengua germánicas. En este caso, el ciudadano Adolf no se anduvo con chorradas de convocatoria de referendos porque se trataba de parte de un país al que eso de sumarse al Reich le daba una higa, por lo que había que ocuparlo por la fuerza de las armas. A pesar de la angustiosa llamada de socorro del gobierno checo a las potencias europeas, nadie tuvo la osadía de pararle los pies al cada vez más agresivo ciudadano Adolf, que optó por los hechos consumados sin que nadie moviera ni una pestaña. Francia e Inglaterra se inclinaron por la apaciguación, o sea, dejar que los tedescos hicieran lo que les diera la gana, lo que acabó convenciendo al ciudadano Adolf de que, llegados a ese punto, nadie se opondría al movimiento definitivo, que sería la invasión de Polonia para reunificar Prusia Oriental con el resto de Alemania. Como sabemos, la cesión a Polonia de parte de Silesia y Prusia fue una de las cláusulas del Tratado de Versalles que solo sirvió para que los tedescos estuvieran planificando la siguiente guerra cuando aún no se había secado al tinta con la que firmaron el humillante documento.

Alemania tras la anexión de Austria, los Sudetes y el protectorado
de Bohemia y Moravia. En año y medio aumentaron en un
tercio su territorio sin que nadie tuviera valor para levantar la
voz al ciudadano Adolf
Tras consumarse la anexión de los Sudetes el 30 de septiembre de 1938, al día siguiente hicieron acto de presencia tropas de la Werhmacht que ocuparon el territorio en los diez días siguientes y, al igual que ocurrió en Austria, tras el ejército iban los encargados de la limpieza, en este caso dos unidades: el Einsatzgruppe Dresden al mando del SS-Standartenführer Heinz Jost y dividido en cinco Einsatzkommandos y, por otro lado, el Einsatzgruppe Wien al mando del SS-Standartenführer Walter Stahlecker y formado por dos Einsatzkommandos. Como ya pueden suponer, las órdenes que recibieron Jost y Stahlecker fueron exactamente las mismas que Six: limpiar a fondo el territorio ocupado, trincar a todos los enemigos raciales que no hubiesen tenido tiempo de largarse echando leches o que fueron tan pardillos como para pensar que nadie les haría nada, y quitar de la circulación a cualquier checo que pudiera incordiar para el siguiente paso, que llegaría en marzo del año siguiente: ocupar la mitad occidental de Checoslovaquia, creando el Protectorado de Bohemia y Moravia. Para esta ocasión se enviaron los Einsatzgruppen Praga y Brno, más el Einsatzkommando 9 al mando del SS-Hauptsturmführer Gustav vom Felde, enviado a la ciudad de Mies (Stříbro en checo), otra de las ciudades arrebatadas a Alemania tras su derrota.

Tropas de la Wehrmacht aporreando el suelo con su brioso paso de
oca durante una parada militar tras la ocupación de Checoslovaquia
Como vemos, Heydrich había dado forma a un tipo de unidad policial que, con precisión quirúrgica, se infiltraba en los territorios que se iban anexionando y, como pulpos, extendían sus tentáculos de forma inexorable para hacerse con el control de los mismos. Una vez cumplida su misión, los Einsatzgruppen eran disueltos y sustituidos por miembros de las diversas policías tedescas incluyendo, como no podía ser menos, a la Gestapo. Ellos se encargaban de mantener el orden y tener a raya o, mejor aún, reprimir de forma implacable los distintos movimientos de resistencia que surgían en cuanto se calmaban las aguas. A esos no les iba mejor, por supuesto. Tras unos interrogatorios en los que el ciudadano más granítico juraba a los cinco minutos que amaba profundamente a todos sus cuñados, eran enviados a cualquier campo donde sería usado como mano de obra esclava hasta la extenuación o, sin más, lo mandaban a la cámara de gas nada más bajarse del vagón de ganado en el que lo habían transportado a su destino final.

El padrecito Iósif, muy contentito él, rodeado por el incombustible
Mólotov y Von Ribbentrop tras la firma del Pacto de No Agresión
Bien, tras la ocupación de Checoslovaquia ya solo restaba dar comienzo al plan definitivo: aplastar Polonia, reunificando Alemania con Prusia Oriental y, finalmente, expandirse hacia el este. No olvidemos que, aunque Von Ribbentrop y el camarada Viacheslav Mijáilovich Mólotov se hacían arrumacos por aquellas fechas ante la sonriente jeta del padrecito Iósif, que daba por hecho que el ciudadano Adolf sería un aliado valioso, la intención había sido siempre y seguiría siendo ocupar inmensos territorios de la URSS como parte de un programa de expansión territorial para apoderarse de sus recursos naturales y explotarlos con mano de obra esclava, los untermenschen rusos que los nazis consideraban meros cachos de carne con menos valor monetario que un asno artrítico.

Da comienzo la limpieza. Miembros de un Einsatzgruppe ejecutando
a civiles polacos en Bochnia, cerca de Cracovia, en diciembre de 1939
Así pues, tras su meritoria actuación en Austria, los Sudetes y la ocupación de Checoslovaquia, Heydrich no perdió el tiempo y preparó los Einsatzgruppen que seguirían a la Werhmacht durante su avance por Polonia que, además de estar llena de polacos que odiaban bastante a los tedescos, estaba atiborrada de judíos que, obviamente, serían los primeros en ser eliminados. La invasión comenzó, como saben hasta los cuñados más zotes, el 1 de septiembre de 1939, y antes de que terminara el mes se llevó a cabo una profunda reforma en la estructura policial de Alemania con la creación del Reichssicherheisthauptamt, interminable palabro que traducimos como Oficina Principal de Seguridad del Reich y que abreviamos como RSHA, donde fueron a parar todas las policías del Reich: el SD, la Gestapo, la Sipo y la Kripo (Kriminal Polizei, Policía Criminal), a los que, aunque fuera del organigrama del RSHA, hay que sumar la Orpo (Ordnungspolizei, Policía del Orden), una policía uniformada convencional pero que se apuntaba a todas las movidas sangrientas que se presentasen, incluyendo matanzas tan sonadas como la de Lidice, que perpetraron con la precisión de un neurocirujano hasta borrar literalmente del mapa la desdichada población.

Ejecución sumaria durante la Operación Tannenberg. Como vemos,
para impedir rebotes se han colocado contra la pared de la casa una
hilera de traviesas de ferrocarril. Siempre tan previsores los tedescos...
Gracias a la previsión de Heydrich, cuando la Werhmacht se hizo la famosa foto doblando la barrera del paso fronterizo, siete Einsatzgruppen y un Einsatzkommando independiente estaban ya asignados para seguir la estela de los ejércitos que invadieron Polonia y empezar la limpieza desde el minuto uno. Sin embargo, estas unidades ya no estaban concebidas como grupos policiales destinados a reprimir a posibles enemigos políticos, sino como los escuadrones de la muerte por los que se les conoce de forma mayoritaria. Estos Einsatzgruppen tenían como objetivo el asesinato en masa de todos los judíos que se les pusieran a tiro y, sobre todo, llevar a cabo la Unternehmen Tannenberg (Operación Tannenberg). El nombre de dicha operación tenía unas siniestras connotaciones vengativas ya que hacía referencia a la batalla librada en 1410 por los caballeros teutónicos y una coalición de polacos y lituanos que le dieron las del tigre a los poderosos freires tedescos.

Oficiales de la Selbstschutz preparados para tomar parte en la
represión en Pomerania, en el contexto de la
Operación Tannenberg
La Unternehmen Tannenberg tenía la misión de eliminar físicamente alrededor de 61.000 polacos pertenecientes a las élites intelectuales, académicas, religiosas, militares y, en resumen, cualquiera que pudiera impedir que la población se convirtiera en una masa servil de sus nuevo amos. La lista de posibles subversivos fue elaborada durante varios años con la ayuda de la Volksdeutscher Selbstschutz (literalmente, Autoprotección del Pueblo Alemán), colaboracionistas de origen tedesco (no olvidemos que parte de Polonia había pertenecido a Alemania hasta 1918) que, tras la Gran Guerra, se vieron de la noche a la mañana convertidos en ciudadanos polacos. La redada fue seguida con la precisión habitual, y cada uno de los que pudieron detener acabó conforme se había dictado en su día: o eran enviados a campos de trabajo o, simplemente, eliminados in situ. Esta limpieza, que duró hasta enero de 1940, supuso la destrucción de 531 poblaciones y el asesinato de unos 20.000 polacos en 714 fusilamientos en masa más los que fueron enviados a palmarla lentamente en los campos de exterminio. En la segunda fase de esta operación, llevada a cabo en Pomerania, liquidaron a unas 40.000 personas de todos los sexos y edades. El paso final era reunir a los judíos que iban capturando en aldeas y pueblos pequeños para enviarlos a guetos hasta que llegara el momento de proceder, no a una aniquilación total, sino a su desaparición literal y absoluta convertidos en pavesas.

Desolador panorama de una calle polaca tras el paso de un
Einsatzgruppe. Muchos soldados de la Werhmacht veían
estas matanzas con malos ojos. No todos estaban fanatizados
hasta ese extremo, y la visión de mujeres y críos fusilados
les revolvía el estómago porque tenían familia en casa
La organización de estos Einsatzgruppen fue confiada por Heydrich al SS-Obergruppenführer Werner Best, que a su vez encargó la selección del personal al SS-Standartenführer Hans Joachim Tesmer, indicándole que, como ya citamos anteriormente, fueran sujetos con un nivel cultural por encima de la media y, si era posible, con experiencia militar. No obstante, este no era un requisito insalvable tanto en cuanto los Einsatzgruppen no estarían destinados a operaciones de combate, sino al papel de meros exterminadores. Por ello, lo más importante era que tuviesen claro que aquello no iba a ser un paseo militar ni una mera misión para mantener el orden público en las zonas ocupadas previamente por la Werhmacht. Antes al contrario, su cometido sería un enjundioso y exhaustivo trabajo de exterminio en el que se verían en el brete de aniquilar no solo hombres, sino también mujeres y críos sin excepción de edad. O sea, todos los señalados debían ser fusilados sin más. Salvo los pocos asesinatos previamente anunciados de las anteriores operaciones llevadas a cabo por los Einsatzgruppen en Austria y Checoslovaquia, donde de verdad empezaría la fiesta sería en Polonia.

Theodor Eicke (1892-1943). Palmó cuando
efectuaba un reconocimiento aéreo sobre
Artelnoje, en Rusia. La Storch en la que
viajaba fue derribada por los bolcheviques
Las actividades de los Einsatzgruppen en Polonia dieron lugar a las primeras fricciones con la Werhmacht que, de hecho, no dudaron en meter un paquete a los líderes de estos grupos de los que tenían constancia de que se habían pasado de la raya con sus acciones contra la población civil. Obviamente, al ciudadano Adolf le daban varias higas los escrúpulos de los estirados militares prusianos. Heydrich había organizado los Einsatzgruppen porque se lo ordenó Himmler, y Himmler recibió la orden de él mismo, así que los pundonorosos oficiales de la Werhmacht se quedaron con un palmo de narices porque el 4 de octubre de aquel mismo año, o sea, apenas cinco semanas después de iniciar la invasión, el ciudadano Adolf dio orden de sobreseer todas las denuncias interpuestas y, para colmo, tenían que sufrir la irritante compañía de las unidades de las SS-Totenkopfverbande al mando del aún más insoportable, arrogante y desconfiado SS-Obergruppenführer Theodor Eicke, que para la ocasión había desplegado tres regimientos: el Oberbayern, el Brandenburg y el Thurigen, que parecían querer hacerle la competencia a los Einsatzgruppen tanto en eficacia homicida como en sadismo. Poco después, los psicópatas de Eicke formarían la tristemente célebre 3ª SS-Division Totenkopf.

Policías auxiliares ucranianos, especialmente entusiastas a la hora
de dar caza a comisarios políticos soviéticos y partisanos rusos
En cuanto a los efectivos de los Einsatzgruppen, eran equiparables a los de un batallón de infantería ordinario, o sea, entre 500 y 900 hombres. Ya saben que estas cifras nunca eran definitivas y podían oscilar en base a innumerables factores. En el caso que nos ocupa es aún más complicado saber a ciencia cierta el número de hombres de cada unidad ya que en muchas ocasiones se sumaba a un determinado Einsatzgruppe un contingente de tropas locales fieles a los alemanes o bien eran traídos de otras zonas ocupadas- rusos, lituanos, húngaros, rumanos, etc.- que no figuraban en los roles de la unidad, por lo que oficialmente no existían. Por lo demás, sobre el papel cada Einsatzgruppe se dividía por lo general en cuatro Einsatzkommandos o Sonderkommandos- que podían ser reducidos a solo dos llegado el caso-, con efectivos comparables a los de una compañía. La unidad más pequeña era el Teilkommando, con efectivos a nivel de pelotón que podían ser usados de forma aislada para determinadas misiones, pero nunca de forma independiente de su unidad principal.

Los Einsatzgruppen que actuaron en Polonia, como dijimos anteriormente, fueron siete más un Einsatzkommando independiente. Cinco de ellos fueron agregados a sendos ejércitos, y el resto enviados a zonas ya ocupadas. Su modus operandi era bastante básico: cada Einsatzgruppe se asentaba en el sector que le correspondía, ya fuese el de ejército al que estaba agregado o al que se le asignaba, y sus Einsatzkommandos eran distribuidos por áreas más reducidas que debían peinar a fondo hasta dejarlas totalmente limpias de enemigos. No se andaban con muchas florituras: cavaban una profunda y larga fosa en la que iban alineando grupos de víctimas que, sin dilación, eran fusilados. La minuciosidad germánica hasta trazaba, como vemos en el gráfico, el perfil de las fosas, así cómo las distancias de tiro y el número de hombres que debían formar parte del pelotón en base al de víctimas. Los desdichados que esperaban su turno solían ser vigilados fuera de la vista del lugar de la ejecución para evitar en lo posible escenas de pánico o revueltas inesperadas en un intento postrero por salvar la vida, pero el simple hecho de oír las descargas ya era suficiente para saber lo que les esperaba.

Grupo de mujeres conducidas al lugar de ejecución, en este
caso en el bosque de Kampinos, al noroeste de Varsovia, en
diciembre de 1939
Y aunque los miembros de los Einsatzgruppen eran todos tipos correosos y, por supuesto, furibundos nazis, a muchos de ellos se le hizo bastante cuesta arriba verse en el brete de disparar a mujeres que suplicaban que, al menos, dejasen con vida a los críos que lloraban desesperadamente abrazados a ellas. Imaginen la escena y ya me dirán. Hay que ser un auténtico y verdadero hijo de la gran puta, un psicópata sin alma o estar fanatizado hasta extremos inconcebibles para perpetrar semejante aberración. Fusilar a un grupo de hombres a sangre fría ya debía ser un trance difícil de superar, pero apuntar con un arma a un crío aterrorizado demuestra el grado de perversión tan descomunal que puede alcanzar el ser "humano" cuando se le adoctrina y se le fanatiza adecuadamente.

Cinco fulanos para matar a una madre con su crío al borde
de una fosa común. Manda... cojones...
Con todo, muchos miembros de los Einsatzgruppen no lograron superar esas experiencias incluyendo a los oficiales, que eran los encargados de dar el tiro de gracia para que también se pringasen. Obedecieron porque su fanatismo les obligaba y porque, obviamente, si se echaban atrás en aquel momento acabarían haciendo compañía a sus víctimas, pero quedaron marcados de por vida. Más aún, las matanzas llevadas a cabo durante la invasión de Polonia se empezaron a conocer, como ya comentamos anteriormente, por los SD o los Sipo que volvían a casa de permiso o convalecientes de alguna herida y tenían que contarle a quien fuese el trago por el que habían tenido que pasar, lo que lógicamente contribuyó a que este tipo de acciones no fuera tan secretas como deseaban Himmler y Heydrich, que sabían que ciertas cosas era mejor que quedasen ocultas.

Sistema más habitual para los fusilamientos en masa: una
larga trinchera donde los que estaban a punto de morir
tenían ante sí los montones de cadáveres de los que ya
habían sido ejecutados
Con todo, el reglamento y el orden eran lo primero y, a pesar de las dantescas escenas que protagonizaron, nunca dejaban de enviar a la superioridad los informes preceptivos en los que se daban pelos y señales de cada operación, del número de personas liquidadas especificando sexo y edad y, por supuesto, una relación detallada de los bienes incautados incluyendo ante todo los objetos de valor, que eran enviados sin demora para engrosar las arcas del Reich si bien, como es habitual en estos casos, lo más valioso solía pasar a manos de los verdugos porque, total, nadie se enteraría. Sea como fuere, lo cierto es que muchos de ellos se vieron acometidos por graves depresiones y desórdenes psicológicos, y no fueron pocos los que decidieron autoasesinarse porque la conciencia les pesaba más que una hipoteca de interés fijo a 50 años.

Para ir concluyendo y poder chinchar a sus cuñados, ahí dejo una relación con los mandamases principales. Aclaración previa: los Einsatzgruppen solían estar al mando de un jefe con un rango acorde a sus efectivos que, como hemos dicho, eran bastante dispares. Los Einsatzkommando, aún siendo equivalentes a una compañía, estaban al mando de un SS-Sturmbannführer, el equivalente a un comandante del ejército regular. Bueno, al grano:

Einsatzgruppe I Wien, al mando del SS-Standartenführer Bruno Streckenbach. Agregado al 14º Ejército y compuesto por cuatro Einsatzkommandos.

Einsatzgruppe II Oppeln, al mando del SS-Obersturmbannführer Emanuel Schäfer. Agregado al 10º Ejército y compuesto por dos Einsatzkommandos.

Einsatzgruppe III Breslau, al mando del  SS-Obersturmbannführer Hans Fischer. Agregado al 8º Ejército y compuesto por dos Einsatzkommandos.

Einsatzgruppe IV Dramburg, al mando del  SS-Brigadeführer Lothar Beutel y, a partir del 23 de octubre de 1939, del SS-Standartenführer Josef Albert Meisinger, conocido por propios y extraños como "el carnicero de Varsovia" por su entusiasta labor como jefe de la Sipo y el SD en la capital polaca. Agregado al 4º Ejército y compuesto por dos Einsatzkommandos.

Einsatzgruppe V Allenstein, al mando del SS-Standartenführer Ernst Damzog. Agregado al 3º Ejército y compuesto por tres Einsatzkommandos.

Einsatzgruppe VI, al mando del  SS-Oberführer Erich Naumann. Destinado al sector de Wielkopolska (provincia de Gran Polonia, al oeste de Varsovia con Poznań como capital) y compuesto por dos Einsatzkommandos.

Einsatzgruppe z.b.V. (zur besonderen Verwendung, para uso especial), al mando del SS-Obergruppenführer Udo von Woyrsch y el SS-Oberführer Otto Rasch. Destinado al sector industrial de la Alta Silesia y Cieszyn Silesia, y compuesto por cuatro Polizeibataillone (batallón de policía) de la Ordnunsgpolizei y un Sonderkommando del SD formado por 350 hombres.

Einsatzkommando 16 Danzig, al mando del SS-Sturmbannführer Rudolf Tröger. Destinado al sector de Pomorze.

Varios SD bajan a toda velocidad del vehículo para llevar a
cabo una redada. Cualquier delación o sospecha suponía la
inesperada visita de estos sujetos tan impulsivos y cuyo
desenlace era por lo general totalmente imprevisible. Bueno, en
realidad sí era bastante previsible: o te pegaban dos tiros o te
mandaban a un campo de exterminio
Bueno, grosso modo, este fue el origen de los tenebrosos Einsatzgruppen. Tras su estreno bélico en Polonia tuvieron ocasión de dar rienda suelta a su barbarie en Rusia, donde se emplearon a fondo aniquilando a cientos de miles de víctimas que acabaron en enormes fosas comunes abiertas en lo más profundo de inmensos bosques para no dejar ni rastro de sus crímenes. Pero ojo, los Einsatzgruppen no solo estaban concebidos para limpiar los territorios del Este que, según los gloriosos planes del ciudadano Adolf, serían la inmensa colonia que daría a los semidivinos arios espacio vital de sobra para multiplicarse como un virus en una caja de Petri. Los países ocupados en Europa Occidental también serían visitados por unidades de Einsatzgruppen, si bien por el contexto en que se desarrolló la guerra en esa zona no hubo ocasión de perpetrar las matanzas que se llevaron a cabo en el Este y los Balcanes. De hecho, ante la hipotética invasión de la brumosa Albión (Dios maldiga a Nelson) ya tenían planificado el envío del denominado Einsatzkommando 6 al mando de Six, y tenían previsto otro sumamente peculiar, el Einsatzkommando Ägypten, que estaría al mando del SS-Obersturmbannführer Walther Rauff y concebido como un escuadrón de la muerte móvil para exterminar a los judíos que vivían en Palestina. La derrota de las fuerzas tedescas en El Alamein les libró de semejante visita, similar a la de un cuñado con hambre atrasada.

En fin, sirva este articulillo para hacer boca, porque los Einsatzgruppen dan para mucho más que una mera entrada. Y a modo de colofón y reflexión final, p
uede que muchos se pregunten cómo en el siglo XX se pudieron ver tantas escenas que parecen sacadas de la época más oscura de la Edad Media, pero el adoctrinamiento y el subsiguiente fanatismo son capaces de asacar el lado más perverso del ser humano. Cuando se cosifica, se considera un ser inferior y se inculca el odio al que es señalado como diferente ya no se le ve como una persona, sino como un sub-producto al que hay que aniquilar a ultranza. Himmler lo tenía muy claro cuando, refiriéndose a los judíos y demás razas prescindibles, afirmaba que "...hemos exterminado un germen, no queremos al final ser infectados por el germen y morir por él. No toleraré que aquí aparezca ni siquiera una pequeña mancha de sepsis que logre mantenerse. Donde quiera que aparezca, la cauterizaremos." Como vemos, el ex-avicultor reciclado en ángel exterminador, con su jeta de boticario de pueblo bonachón y sus gafas de probo funcionario, tenía las de Caín, y no dudaba en comparar a seres humanos con gérmenes a los que se elimina con un chute de penicilina. Ahí lo ven, con la parienta, su querida hija Gudrun (salió tan nazi como su padre) en el centro de la foto y dos chavales más que no tengo ni puñetera de quiénes son. Serían los hijos del que hizo la foto, supongo... En cualquier caso, el risueño Heini, con su caña de pescar y su apariencia de PATER FAMILIAS cariñoso y benevolente no era más que una máscara tras la que se escondía un fanático criminal que se creía de la misma estirpe que Odín.

Varios judíos obligados a jalarse de las barbas como forma de
humillación pública. Así se degrada a las personas para que,
finalmente, pierdan la condición de seres humanos ante los
ojos de la "raza superior". Los métodos han cambiado, pero
la teoría aún se sigue a rajatabla en algunos lugares del
planeta y, por supuesto, de España

Sin embargo, esta aberrante doctrina la seguimos viendo años más tarde en determinados estados yankees contra los negros tras haber, en teoría, dejado atrás el racismo imperante tras la derrota alemana. No deja de ser paradójico que el país que de facto ganó la guerra en el Frente Occidental y dejó cientos de miles de muertos y heridos para acabar con el ciudadano Adolf y juzgar a sus más encumbrados lacayos por crímenes contra la humanidad, mirara hacia otro lado cuando se linchaban negros, los segregaban de todas las formas imaginables y hasta se prohibía por ley el matrimonio mixto en algunos estados. Pero lo verdaderamente preocupante es que hoy, ya en el siglo XXI y escuchando a diario consignas en pro de la igualdad de todo lo igualable, aún hay quiénes inculcan y quiénes se dejan fagocitar por ese odio racista, sectario y supremacista que les lleva a matar a sangre fría en nombre de mitos identitarios inexistentes, a señalar, a aislar socialmente, a despreciar, a humillar o incluso a querer apedrear a un crío de cinco años porque sus padres no se avienen a someterse a los dictados de una parte de la tribu. No hay la más mínima diferencia entre un miembro de un Einsatzgruppe y esos orcos que destilan odio y fanatismo por cada poro de su cuerpo y se ahogan en su propia bilis. ¿Qué estoy desbarrando? Cito una parrafada de Himmler durante una reunión celebrada Poznań el 4 de octubre de 1943 con varios gerifaltes de las SS:

"Un principio básico debe ser la regla de conducta absoluta para los hombres de las SS: debemos ser honestos, decentes, leales y buenos camaradas con los miembros de nuestra propia sangre y con nadie más. Lo que le ocurra a un ruso o a un checo no me interesa en lo más mínimo. Que las naciones vivan en prosperidad o mueran de hambre me interesa sólo en la medida en que las consideremos esclavas de nuestra cultura."

Se atisban inquietantes coincidencias con el discurso de ciertos políticos de la España actual, ¿verdad? Más aún, cambien los términos "ruso", "checo" y "naciones" por los de, por ejemplo, "murciano", "extremeño" y "regiones" y ya no veremos inquietantes coincidencias, sino que será cuasi literal. En resumen, perros idénticos con distintos collares. Sirva de aviso. 

Hale, he dicho

ENTRADAS RELACIONADAS:

SONDEREINHEIT DIRLEWANGER

MALVADOS. OSKAR DIRLEWANGER

MALVADOS. WALTER REDER

LA MASACRE DE LAS FOSAS ARDEATINAS

LEIBSTANDARTE, LA ÉLITE DE LA ÉLITE


Esta monstruosidad tuvo lugar aún no hace 80 años. Desde entonces, se ha repetido sin solución de continuidad a lo largo del tiempo en los diversos genocidios que se han perpetrado en el mundo, siempre provocados por las mismas causas: el racismo, el nacionalismo y las ideologías que no toleran ningún tipo de oposición: Sudán, Bosnia, Biafra, Bangladesh, Myanmar, Ruanda, Camboya, Guatelama, Somalia, Congo, Uganda, China... y los que aún nos quedan por ver, me temo

miércoles, 25 de agosto de 2021

SONDEREINHEIT DIRLEWANGER

 


Miembros de la Brigada Kaminski en Varsovia, donde compartieron
cartel con la horda de Dirlewanger

Si nos mencionan a la siniestra 36ª División de Granaderos de las SS o, si lo prefieren y quieren asombrar a sus cuñados con su espléndida pronunciación tedesca, 36 Waffen-Grenadier Division der SS, lo primero que vendrá a nuestros magines será una imagen como la que vemos arriba, en la que un numeroso pelotón de ejecución, apiñados sobre el talud de una fosa común cavada por las mismas víctimas, abre fuego para apiolarlos sin tener en consideración edad ni sexo. Sin embargo, esa escena pudo protagonizarla cualquier Einsatzgruppe, o cualquier unidad de la Feldgendarmerie, la Ordnungspolizei o incluso de la Werhmacht, que cuando se les cruzaban los cables a los mandamases también hicieron de las suyas. Sin embargo, a la hora de sacar a relucir bandas de psicópatas suntuarios encabeza la lista la unidad de malvados CVM LAVDE del no menos perverso SS-Oberführer Oskar Dirlewanger, del que ya publicamos una breve semblanza en su día. Los más profanos en la materia puede que olviden mencionar al igualmente malo maloso Bronislav Vladislávovich Kaminski y su Sturmbrigade RONA, y que puso especial interés en figurar en el "top ten", como dicen ahora, de la lista de los mayores hideputas de los últimos mil años, pero es que la sombra de Dirlewanger eclipsa al resto. De un sujeto del que sus mismos colegas decían "donde hay fuego, hay Dirlewanger" puede esperarse de todo. De todo lo malo, naturalmente.

Dos fulanos del SS-Sonderregiment Dirlewanger
tomándose un respiro entre los escombros de
Varsovia. Por aquellas fechas aún no habían
alcanzado los efectivos de una brigada

Pero la realidad es que la archifamosa 36ª División fue creada en una época un tanto tardía, concretamente el 19 de febrero de 1945, y sus efectivos sacados de campos de concentración, prisiones políticas y cárceles comunes fueron la respuesta a las constantes peticiones de Dirlewanger para perpetrar sus matanzas a lo largo y ancho de Polonia, Bielorrusia y Eslovaquia, sus campos de acción principales salvo el período en que fueron enviados a Varsovia para unirse al contingente encargado de reprimir el levantamiento organizado por el Armia Krajova, la resistencia polaca que fue capaz de resistir el huracán de sangre y fuego desencadenado por los tedescos entre agosto y octubre de 1944. De hecho, la unidad primigenia de Dirlewanger se creó en 1940, cuando el ciudadano Adolf y el padrecito Iósif aún se mandaban postales desde el Berghof y su dacha de Crimea respectivamente como si se amasen como cuñados. Esto, probablemente, le habrá hecho levantar la ceja a más de uno porque eso de Sondereinheit (Unidad Especial) les suena raro, y aún más enterarse de que se formara en un momento en que el ciudadano Adolf aún daba saltitos de contento tras aplastar a los gabachos (Dios maldiga al enano corso) y echar al mar a los british (Dios maldiga a Nelson también, naturalmente) mientras les restregaba el Tratado de Versalles por las jetas. Así pues, ¿para qué necesitaban los tedescos una "unidad especial" cuando ya tenían sus Einsatzgruppen nutridos por fanáticos SS que demostraron sobradamente su crueldad y total falta de escrúpulos en Polonia? ¿Y por qué esa unidad sería puesta al mando de alguien tan problemático como Dirlewanger, que a su incuestionable arrojo en combate había que añadir su gran capacidad para meterse en líos de todas clases y había sido repudiado hasta por sus conmilitones? Pues a ello vamos, y así podrán bajar la ceja porque tenerla tanto tiempo levantaba debe producir calambres o incluso severas jaquecas. 

Aunque no se sabe con total certeza, la idea de crear esta unidad salió de Himmler. Cualquiera se preguntará para qué leches le hacía falta otra unidad de sádicos teniendo mogollón de Einsatzgruppen sueltos sin bozal por las zonas ocupadas de Polonia, pero la cuestión es que no quería más sádicos porque fauna de ese tipo le sobraba. En esta ocasión se buscaba algo más sutil. Seguramente a más de uno le resultará una novedad saber que Himmler era un forofo de la caza. Sí, ya sé que su jeta de probo y abnegado funcionario municipal no casa mucho con la de un cazador, pero lo era. En la foto de la derecha podemos verlo en compañía de Heydrich y Daluege, todos con una indumentaria muy propia de las circunstancias pero que no nos cuadra con la imagen que tenemos de estos personajes, uniformados hasta para meterse en la ducha. La cosa es que, en efecto, organizaba unas cacerías fastuosas en los cotos reservados para los gerifaltes nazis que, como todo lo relacionado con cuestiones venatorias, estaban bajo el control de Göring, que era otro entusiasta de darle al gatillo y que se hizo nombrar Reichsjägermeister (Maestro de los Cazadores del Reich) en 1933, y en julio del año siguiente Reichforstmeister, rango con categoría ministerial que abarcaba todo lo relacionado con la naturaleza incluyendo la explotación forestal, la caza y los parques nacionales de Alemania. ¿Que qué tiene que ver la caza con los siniestros homicidas de Dirlewanger? Pues todo.

Karl Wolff (1900-1984)

Una apacible tarde del 23 de marzo de 1940, a un funcionario del Ministerio de Justicia por nombre Sommer se le indigestaron de golpe las salchichas y el sauerkraut cuando recibió una llamada personal del SS-Gruppenführer Karl Wolff, jefe del Estado Mayor de las SS, con una comunicación bastante peculiar. Por orden del ciudadano Adolf, debían suspenderse las sentencias de los cazadores furtivos honorables y, dependiendo de su comportamiento en el frente, concederles el perdón. En este caso, la honorabilidad se debe entender como que el personal en cuestión debía estar acusado de practicar la caza furtiva, pero sin hacer uso de trampas o cualquier otro método que no fuese el Pirsch, o sea, el rececho. En la mentalidad tedesca, la quintaesencia del cazador es aquel que busca el trofeo máximo, para lo cual rastrea sin descanso, se sumerge en lo más profundo del bosque y hasta es capaz de atraer a la presa imitando los bramidos o gruñidos de un rival dispuesto a reñir por arrebatarle su territorio y, por supuesto, su harén. El éxtasis llega en el momento decisivo en el que una res con una fastuosa cornamenta o un jabalí con unas defensas terroríficas se le pone a tiro y, culminando el rito sagrado, dejarlo seco de un certero disparo que evite cualquier sufrimiento al animal. El cazador furtivo pasa de aprovechar la carne, solo quiere el trofeo para contemplarlo, admirarlo y recrear mil veces el lance mientras se pone hasta las cejas de cerveza delante de la chimenea. Pero, además, el furtivo tiene que ser capaz de eludir a los guardabosques, para lo cual debe ser un profundo conocedor del bosque, moverse por el mismo sin hacer ruido, convertirse en una sombra y esquivar a otro humano que, al menos, es tan diestro como él a la hora de buscar a su presa. Curiosamente, en las especificaciones se señalaba que, mientras que los tramperos eran indignos de ser llamados cazadores, los furtivos que hubiesen llegado a cometer actos de violencia, como enfrentarse a los guardabosques o hacer destrozos en propiedades privadas, debían ser tenidos en cuenta si bien serían excluidos los que, además de ser furtivos, fuesen delincuentes profesionales. En resumen, el candidato ideal era un cazador en su más pura esencia al que no le importase arrostrar cualquier riesgo, incluyendo enfrentamientos con vigilantes armados con tal de alcanzar su trofeo. En la mente de los tedescos, un sujeto así era un delincuente ya que contravenía la ley, pero que sin esa ley se convertía en un tipo audaz, incansable, tenaz y poseedor de las más acendradas virtudes germánicas.

Por esta serie de motivos, Wolff especificó que debía dividir a los posibles candidatos en tres grupos, a saber: por un lado, los que ya habían recibido la sentencia y/o estaban cumpliendo condena, por otro, los sentenciados que aún estaban pendientes de iniciar la pena impuesta y, finalmente, los que estaban en espera de sentencia, bien en libertad o bien detenidos. Finalmente, hizo hincapié en que serían preferibles ciudadanos naturales de Baviera o Austria. Está de más decir que Somme, tras vomitar el almuerzo, se puso de inmediato manos a la obra y, al cabo de una semana, ya se había enviado la relación de sujetos que solicitaba Wolff. La lista incluía 220 fulanos que ya estaban cumpliendo su condena, 225 que estaban sentenciados y a la espera de empezarla y 735 a la espera de sentencia, 103 de los cuales estaban bajo arresto. Obviamente, en esta relación se habían incluido hombres de todo tipo sin pararse en la edad, estado de salud, etc. ya que la orden de Wolff fue bastante ambigua al respecto, por lo que finalmente y tras hacer una selección más minuciosa solo quedaron 80 hombres que podían aspirar a verse libres del trullo a cambio de marchar al frente a redimir sus pecados palmando como auténticos y verdaderos héroes germanos.

Dirlewanger luciendo en el cuello los parches
de SS-Oberführer y su colección de medallas
Supongo que ya imaginan quién fue el designado por Himmler para ponerse el frente de esta unidad tan peculiar. En efecto, Oskar Dirlewanger, del que haremos una breve semblanza para ponernos en situación. Dirlewanger, a pesar de que la imagen que se tiene de él es la de un simple psicópata canijo y cabezón, que nadie se equivoque si además da por sentado que era el típico cerril que logró medrar en las SS solo por su extrema crueldad. Antes al contrario, como todos los psicópatas, era un sujeto muy inteligente, carismático y con una increíble capacidad de llevar adelante varios cometidos sin que tuvieran nada que ver los unos con los otros. Tras su periplo bélico durante la Gran Guerra, donde alcanzó el grado de teniente por méritos de guerra y hasta fue considerado como un héroe por impedir que 600 hombres de su unidad acabaran convertidos en prisioneros del guerra tras el Armisticio, se alistó en los Freikorps, alternando sus batallitas callejeras contra los marxistas con sus estudios de economía y derecho, primero en la universidad de Mannheim y luego en la de Frankfurt. En 1923 se afilió al partido nazi, si bien su permanencia duró bien poco a raíz de la ilegalización del mismo tras el fallido Putsch. Pero nuestro hombre no se durmió en los laureles, y siguió con sus estudios hasta alcanzar en 1925 un doctorado en Ciencias Políticas tras presentar su tesis titulada "Hacia una crítica de la teoría del control planificado de la economía". Y como el hombre se tenía que buscar las habichuelas, no dudó en aceptar un puesto como director ejecutivo de una fábrica de textiles de Erfurt que, paradojas de la vida, era propiedad de una familia judía, donde trabajó entre 1928 y 1931. En 1932 retornó al seno nazi, sumándose a las SA donde alcanzó rápidamente el rango de SA-Sturmführer y siendo puesto al frente del Strumbanns I/122 de Esslingen sin que, curiosamente, le tuvieran en cuenta el haber trabajado para unos malvados judíos enemigos del Reich. Parece ser que sus méritos del pasado, más su apoyo económico a las SA, pesaron más que aquel "pequeño pecado" si bien dicho apoyo parece ser que no salía de su bolsillo, sino de la caja de la empresa en la que trabajaba y que en aquel momento, por mucho que le doliera en el alma, era totalmente legal, ergo se había convertido en un simple chorizo acusado de desfalco. Con todo, bajo el prisma de los nazis era hasta lógico perdonarle que trabajase para un judío si aprovechaba para robar al judío y entregarle la pasta a sus colegas, digo yo...

Rara foto de Dirlewanger vestido de paisano,
seguramente del período entre guerras

No obstante, en 1933, ya con el partido nazi en el poder, lo pusieron al frente de la oficina de empleo de Heilbronn, una pequeña ciudad al norte de Baden-Wurtemberg, con la finalidad de dar preferencia a los miembros del partido, práctica habitual en los nazis para favorecer a los suyos en una época en que aún dominaba en toda Alemania un paro galopante. Así pues, como vemos, no hablamos de un simple cafre con menos de dos dedos de frente, sino de un cafre que debía tener un C.I. por encima de la media, que son los más peligrosos. Pero, por otro lado, Dirlewanger tenía un pequeño problema de tipo sexual: no solo era especialmente hembrero sino que, además, en sus preferencias incluía mocitas púberes para refocilarse. El partido miró para otro lado cuando se le acusó de desfalco en la empresa judía, hizo lo mismo cuando le llegaban denuncias por provocar disturbios o cuando se veía envuelto en accidentes de tráfico por ir un poco subido de alpiste, pero lo que no le toleraron fue encamarse con una voluntaria de la Cruz Roja de apenas 14 años de edad si bien nunca se supo, y eso que el mismo Dirlewanger juró por sus muelas que jamás pudo sospechar que se trataba de una cría debido a su avanzado desarrollo físico, si fue obligada o, más bien, aceptó de buen grado los requiebros del desmedido ciudadano Oskar. Pero, sea como fuere, el partido, ergo la Justicia, solo miraban que había profanado un sagrado útero destinado el día de mañana a recibir la semidivina simiente de un tedesco absolutamente ario, y no de un canijo cabezón por muy listo que fuera, así que en julio de 1934 lo metieron en la cárcel de Ludwigsburg por estupro.

Gottlob Berger (1896-1975)

Sus tropelías lo convirtieron en un apestado para el partido. Le fue retirado su doctorado, se acordaron de repente que había sido un asalariado de judíos, y todos sus méritos tanto en el partido como en la Gran Guerra fueron metidos en el baúl de los recuerdos, que no sé por qué lo llaman así porque ese baúl sirve precisamente para olvidar todo lo que se mete dentro. Así, cuando salió del trullo, el ciudadano Oskar se había convertido en un inadaptado sospechoso de cualquier cosa mala que ocurriera en 50 km. alrededor de su persona. Para expiar sus pecados tuvo que venir a España, como ya narramos en su momento, donde cosechó más heridas de guerra y alguna que otra medalla para añadirla a la pechera. Al volver a Alemania en 1939 consideró que ya había motivos sobrados para recuperar la confianza de los mandamases, así que puso todo su empeño en ser aceptado por el partido y en recuperar su doctorado que, aunque en aquel momento no le servía de gran cosa, para eso era suyo. Para ello contó con la inquebrantable amistad que le profesaba Gottlob Berger- en aquellas fechas SS-Brigadenführer-, a quién había conocido durante la guerra y que hasta el final hizo todo lo posible por disimular, cuando no ocultar descaradamente, todas las tropelías de su compadre y, por supuesto, exaltar sus méritos ante Himmler. Finalmente logró ser readmitido en el partido si bien no le respetaron la antigüedad, que la universidad de Frankfurt le devolviera el doctorado e incluso que el tribunal de Heilbronn le perdonara el pecadillo carnal tras emitir una sentencia absolutoria el 30 de abril de 1940.

Así pues, tras su periplo por tierras hispanas y su reinserción en la maquinaria nazi, Berger no dudó en recomendarlo personalmente a Himmler para dirigir su unidad de furtivos. Para ello, en junio de 1940 fue readmitido en las SS con el rango de SS-Obersturmführer (teniente). Cabe suponer que Berger debió contarle maravillas de su colega, porque es obvio que Himmler se pondría de inmediato al tanto del escabroso expediente de Dirlewanger pero, por otro lado, puede que esa mezcla de inteligencia, arrojo y pasiones desmedidas hicieran que lo viese poco menos que como un nibelungo. En fin, ya sabemos que estos ciudadanos no se regían por los baremos habituales, porque es evidente que nadie pondría una unidad militar al mando de un tipo que había pasado varios años en la trena por corruptor de menores y mil trastadas más por mucha testiculina que hubiese segregado durante la Gran Guerra. Quizás el hecho de que muchos jerarcas nazis también tenían un pasado un tanto oscuro hizo que pasase por alto sus pecados para quedarse solo con los méritos, que ciertamente los tenía. 

Un capitán de las SS enseñando a un recluta el manejo
de una ametralladora. El mismo Dirlewanger fue instructor
cuando era suboficial del Ejército Imperial

Bien, pues retomamos el relato y nos vemos en Oranienburgo, donde los 80 furtivos fueron enviados a finales de mayo de 1940 para recibir un mínimo de instrucción militar. Los acantonaron en un cuartel para ponerlos en forma si bien teniendo en cuenta que no eran precisamente jóvenes de 20 años sino hombres de unos 30, por lo que se supone que no les darían mucha caña y que su adiestramiento se basó más que nada en un moderado ejercicio físico y las chorradas cuarteleras de ordenanzas, formación en orden cerrado, marcar y paso y poco más. Al cabo, a ninguno lo iban a mandar desfilar en las brillantes paradas que tanto fascinaban al personal, viendo a los SS con sus elegantes uniformes negros diseñados por Hugo Boss pasando ante el ciudadano Adolf con un brioso paso de oca que levantaba literalmente polvaredas. De los 80 candidatos, finalmente solo 55 lograron pasar satisfactoriamente la instrucción, por lo que a los 25 restantes recibieron una palmadita en el lomo y fueron enviados de nuevo a prisión a cumplir sus condenas si bien en sus expedientes se indicó que no debían recibir ningún tipo de sanción ya que el hecho de no haber pasado el primer filtro no era a causa de falta de interés o de disciplina, sino solo a que físicamente no daban más de sí. Intuyo que estos 25 probos furtivos no solo no se lo tomaron a mal, sino que regresaron muy contentitos a sus respectivas prisiones a cumplir sus condenas que, a la vista de cómo estaba el patio, cuanto más largas mejor. Siempre era preferible pasar unos años en una cárcel asquerosa que palmarla en un frente asqueroso con el pellejo lleno de orificios.

Odilo Globocnik (1904-1945) Optó por meterse
un chute de cianuro antes de tener que dar
explicaciones a los rusos

En agosto de 1940, este pequeño grupúsculo fue agregado al 5º SS-Totenkopf Standarte con la denominación de Wilddieb-Kommando-Oranienburg (Comando de Cazadores Furtivos de Oranienburgo), y junto a su comandante los enviaron al distrito de Lublin, al este de Polonia, donde se les unieron 25 efectivos más y cuatro suboficiales de las SS con manchas disciplinarias en sus expedientes pero con la suficiente experiencia como para meter en cintura a 80 fulanos habituados a hacer durante toda su vida lo que les daba la real gana. La Sondereinheit Dirlewanger acababa de nacer, y sería puesta bajo el mando general del SS-Brigadenführer Odilo Globocnik, otro prenda con un pasado turbulento pero que, como era habitual en Himmler, le había caído en gracia por su arrojo y su palmaria mala leche que lo hacían un sujeto implacable. Esto le valió ser destinado a Lublin como SS und Polizeiführer (Jefe de la Policía y las SS). Parece ser que las relaciones entre Globocnik y Dirlewanger no fueron lo que se dice cordiales, principalmente porque la unidad del ciudadano Oskar se dedicaba entre otras cosas al decomiso de todo lo que encontraban de valor en las aldeas de la zona, lo que contrariaba a Globocnik porque era él el que quería echar el guante a todo lo que pudiera. De hecho, en enero de 1939 había sido acusado de especular con divisas y degradado a cabo, participando en la invasión de Polonia con ese rango hasta que Himmler lo perdonó a finales de aquel mismo año, le devolvió su graduación y lo mandó a Lublin con un cargo de confianza. O sea, tal para cual. Pero Dirlewanger siempre tenía a su ángel de la guarda particular pendiente de sacarle las castañas del fuego, y cuando Globocnik llegó a solicitar que se llevaran al ciudadano Oskar de sus dominios, Berger se encargó de echarle un capote a su protegido, que para eso era Obergruppenführer y, además, enlace entre Himmler y el Ministerio de Territorios Ocupados dirigido por Alfred Rosenberg y el SS-Führungshauptamt, o sea, Jefe de la Oficina Principal de las SS, ergo absolutamente intocable para Globocnik.

Parche de cuello de la unidad cuando "ascendió" a Sturmregiment.
Es un diseño bastante peculiar, mostrando dos fusiles cruzados con
una granada de mango debajo

Bien, ese fue el origen de la famosa 36ª División de Granaderos de las SS que, como hemos visto, no tiene absolutamente nada que ver con las dantescas escenas que llegaron a perpetrar posteriormente, cuando su estancia en Bielorrusia y Eslovaquia convirtió en un infierno las zonas donde actuaron, perpetrando las mayores monstruosidades que se puedan concebir hasta el extremo de que muchos mandos de las SS protestaron enérgicamente ante Himmler, al que le daba una higa las cuestiones éticas y morales siempre y cuando mantuvieran a raya a los cada vez más pujantes grupos de partisanos que no dejaban de producir bajas en el ejército alemán. Pero antes de llegar a eso, la misión de los furtivos consistía simplemente en moverse por la línea de demarcación soviético-alemana en dirección norte-sur comprendida entre Lublin y Stary Dzików. La Sondereinheit Dirlewanger se dedicaba a patearse a fondo la zona en busca de miembros del derrotado ejército polaco que, habiendo podido escaquearse a tiempo, pululaban por los bosques para, aprovechando el momento, aproximarse a las poblaciones o las líneas de comunicación y, gracias a su entrenamiento militar, hacer la puñeta a los invasores con una lenta pero siempre eficaz guerra de guerrilla. ¿Y quién mejor para perseguir a unos guerrilleros que unos cazadores furtivos que se movían como culebras por la espesura? Y no solo daban caza a los partisanos, sino que también se presentaban en las aldeas donde sospechaban que podían prestarles algún tipo de ayuda en forma de municiones, medicamentos o provisiones, las cuales eran naturalmente requisadas de inmediato sin tener en cuenta que, además, arramblaban con el último grano y el último pollo, dejando al personal expuesto a una hambruna que acabaría con ellos en poco tiempo.

Dos miembros de la unidad de Dirlewanger con sus
jetas cubiertas con máscaras de camuflaje. Aunque mucha
gente cree que se las ponían para no ser reconocidos, lo
que en aquella época era una chorrada y más tratándose de
tropas que no solían dejar testigos de sus masacres, la
realidad es que eran simplemente eso, parte del camuflaje
con que se ocultaban cuando se movían por los bosques
a la caza de partisanos rusos o polacos

Bueno, con esto terminamos. El pequeño grupo de furtivos no tardó mucho en aumentar de tamaño, nutriéndose de personajes cada vez más sanguinarios y crueles. Ni Dirlewanger ni el mismo Himmler se preocuparon de filtrar de algún modo al personal que sacaban de las cárceles, especialmente a los condenados por delitos de sangre de todo tipo, violadores e incluso tarados mentales con más peligro que una cobra con sífilis, capaces de degollar a sus candorosas abuelas por el simple placer de hundirles una bayoneta en la barriga. Lo que en principio sería una unidad dedicada a vigilar la frontera, impedir el tráfico del mercado negro y mantener a raya a los partisanos polacos fue degenerando hasta convertirse en la horda más implacable y salvaje de todo el ejército alemán, hasta el extremo de que los mismos nazis los comparaban con los lansquenetes de la Guerra de los Treinta Años que, sin el más mínimo atisbo de humanidad, se dedicaban a matar, violar y saquear a mansalva, dejando tras de sí regueros de cadáveres y aldeas envueltas en llamas. Pero de la evolución de la Sondereinheit Dirlewanger a la Sturmbrigade Dirlewanger ya hablaremos otro día, que por hoy ya me he enrollado más que una persiana.

Que el rubicundo Apolo les sea leve. Qué joía é la caló, cohone...

Hale, he dicho

Dirlewanger con algunos de sus queridos psicópatas. Como era de esperar, a medida que la unidad aumentó de efectivos y, por ende, de chalados y criminales, el régimen disciplinario impuesto por el ciudadano Oskar también se endureció de forma significativa y, además, de forma expeditiva, cercenando sobre la marcha y sin juicio previo cualquier intento de indisciplina. Una falta grave se solucionaba en diez minutos en forma de balazo en la nuca y santas pascuas. Si con su propia gente era capaz de eso, ya pueden imaginar lo que podría hacer con los habitantes de una aldea bielorrusa o eslovaca