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martes, 10 de agosto de 2021

CACHORROS DE HITLER. EL ORIGEN

 

Estos mozalbetes tan serios, con jetas de fieros nibelungos y que chorrean seguridad en sí mismos serían, en teoría, los herederos del Reich de los Mil Años preconizado por el ciudadano Adolf, un Nuevo Orden mundial donde la raza aria cortaría el bacalao mientras el resto del personal se limitaba a dejarse someter porque eso de ser esclavo de un ario es lo más guay del planeta. Sin embargo, los que vivieron para verlo lo único que heredaron fue un país arrasado, dividido durante décadas y tachados de criminales por el resto de las naciones del mundo. No obstante, el lavado de cerebro fue tan fastuoso que la mayoría de los supervivientes jamás reconocieron su error al adorar a un acuarelista fracasado

Cuando salen a relucir las Juventudes Hitlerianas, los cuñados más puestos en la materia afirman rotundamente que esta organización fue el semillero o, mejor dicho, el criadero, de los invencibles guerreros que sustituirían a los caídos en combate por la Gran Alemania, los depositarios de los elevados principios patrios propalados por el nazismo que, tras la victoria final, se encargarían de poner las peras a cuarto a los vencidos, limpiarían Europa de judíos, eslavos y demás razas inferiores y la convertirían en su cortijo. En esta ocasión, los cuñados no mienten como bellacos, como es habitual en ellos, pero es posible que no tengan ni puñetera idea de cómo surgieron las Juventudes Hitlerianas que, como concepto de organización juvenil para inculcarles un ideario, en realidad estaban ya más que inventadas desde mucho antes de que al ciudadano Adolf le diera por empezar a dar discursos en las cervecerías muniquesas. Más aún: el ciudadano Adolf aún jugaba al aro en su Braunau am Inn natal bajo la lánguida y azulada mirada de su madre cuando Alemania ya rebosaba de ligas, organizaciones y sociedades juveniles de todo tipo e ideologías y, para colmo, para llegar a las Juventudes Hitlerianas por todos conocidas tuvieron que transcurrir varios años de "rodaje" hasta poner un poco de orden en aquel maremagno de entusiastas y vehementes mocitos que tenían muy claro como arreglar el mundo, cada uno a su manera, naturalmente.

Es más que probable que el chaval de la foto no olvidase jamás el
día en que tuvo el inmenso honor de posar junto al ciudadano Adolf,
el Führer enviado por Dios para salvar a Alemania de los
malvados que solo buscaban su perdición, y por el que estaría
dispuesto a palmarla si era necesario. Igual palmó, vete a saber...

Por otro lado, es de todos sabido que no hay nada más esponjoso que la sesera de un crío. Lo absorben todo, lo asimilan todo pero, al mismo tiempo, son manipulables, carecen del sentido crítico que dan los años, y se tragan cualquier camelo si se les presenta con el envoltorio adecuado. Por naturaleza, cualquier niño tiene claras sus preferencias: debe ser el mejor, el más listo, el más rápido y el más fuerte. Esas cualidades las obtendrá si procede de una estirpe de gente lista, rápida y fuerte, y buena prueba de ello son los héroes Fulano, Mengano y Zutano, que los precedieron en el tiempo y dejaron claro que, en efecto, los nuestros son los mejores, los más listos, los más rápidos y los más fuertes, aparte de los más guapos, faltaría más. Esto no es más que adoctrinamiento, es más antiguo que el hilo negro y, por desgracia, se sigue practicando actualmente, quizás con más denuedo que nunca en nuestra pútrida y decadente sociedad que se empeña hasta en decirnos qué debemos comer, como debemos hablar, qué debemos aprender o, en otros casos, en formar críos totalmente fanatizados en el arcaico concepto de raza superior para que el régimen de turno pueda asegurarse su continuidad, como vemos que pasa en determinadas regiones españolas. Y todo ello, adobado inteligentemente con una poderosa simbología, uniformes chulos, bandas de música, himnos y demás fanfarria paramilitar, son los ingredientes adecuados para terminar de zombificar a cualquier chaval rebosante de hormonas y deseoso de presumir delante de las nenas con su incipiente apostura viril.

Grupo de jovencitas de la BdM, la rama femenina de las Juventudes
Hitlerianas. Las nenas no escaparon al influjo maléfico del nazismo
tanto en cuanto debían ser las generadoras de los futuros amos del
mundo. Para su desgracia, pagaron el pato por las burradas que sus padres
y hermanos perpetraron en Rusia, y miles de ellas fueron violadas hasta
la extenuación por los hijos del padrecito Iósif, que llegaron a Alemania
bastante cabreados y encima, con razón

Lo cierto es que no hay ser más fanático que el que ha sido adoctrinado durante su infancia. Las ideas que le han inculcado se le han quedado grabadas de forma indeleble, jamás las pondrá en tela de juicio, jamás renunciará a ellas, y palmará de viejo completamente convencido de que está en posesión de la verdad. El niño que ha crecido debidamente aleccionado con una serie de dogmas y mantras con los que lo han machacado a diario desde que tiene uso de razón se convierte en un autómata que obedecerá ciegamente sin cuestionar por un instante si lo que le ordenan es legal, moralmente aceptable o, simplemente, si le produce asco obedecer. Lo hará y punto. Obviamente, estos rapaces son una herramienta fundamental en los regímenes totalitarios. No solo les garantizan la continuidad en el poder, sino también anulan la disidencia. El que piense distinto será anulado por ellos mismos sin necesidad de recurrir a policías políticas. La oveja negra será segregada del rebaño, presionada hasta la extenuación, humillada, vejada y vilipendiada hasta que, una de dos: o se suma al redil o se larga bien lejos. Y si no se aviene a una de las dos soluciones, pues se le elimina físicamente y santas pascuas.

Bien, creo que con este introito ya podemos ponernos en situación si bien en otra entrada abundaremos con detalle en los entresijos de esta organización porque, en realidad, su existencia podríamos dividirla en cuatro períodos claramente diferenciados: los grupos juveniles creados desde antes de la República de Weimar que sirvieron de inspiración para dar forma a la Hitler Jugend, sus comienzos  hasta su fundación oficial en 1926, su evolución hasta el ascenso al poder del ciudadano Adolf en 1933 y, finalmente, desde el comienzo de la guerra en 1939 hasta la derrota de Alemania, del Reich milenario prometido y del desastre total. Lo que sí les adelanto es que, como todas las organizaciones auspiciadas por el NSDAP, la de los jóvenes seguidores del nazismo abarcaba una extensa y compleja red de ramas y asociaciones afines cuya finalidad era solo una: absolutamente todos los críos y adolescentes de ambos sexos pasarían a ser propiedad del estado, bajo cuya tutela crecerían, serían educados y desarrollarían sus vidas, limitando la misión de los padres de la familia tradicional a procrear retoños, pero nada más. En resumen, fotos como la que ven a la izquierda, en plan "el bondadoso tío Adolf visitando a sus amados seguidores", milimétricamente estudiadas y compuestas por la eficaz propaganda de Goebbels, escondían en realidad un plan mucho más siniestro: convertir al "tío Adolf" en el "amo Adolf". Bueno, al grano...

Baden-Powell (centro de la imagen) rodeado por sus Scouts
Desde finales del siglo XIX ya existían en casi toda Europa asociaciones de chavales que abarcaban los intereses más dispares, desde amantes de las lagartijas a tañedores de ocarina, pasando por clubes de lectura, de filosofía, de poetastros, cristianos, católicos, protestantes, ateos y un et cétera tan largo que podría rellenar 38 párrafos. La juventud, siempre inquieta y deseosa de cambiar el mundo con nuevas ideas, buscaba la forma de hacerse un hueco en una sociedad totalmente jerarquizada en la que los adultos- adultos varones, por supuesto- eran los que tenían la voz cantante. Sin embargo, sus ímpetus juveniles les daban las energías necesarias para no caer en el desánimo si bien muchas de estas asociaciones no eran dirigidas por ellos mismos, sino por adultos que, con buena o mala fe, pretendían introducir nuevas ideologías o conceptos. Sirva como ejemplo el escultismo y la organización creada en 1907 por sir Robert Baden-Powell, basado en la vida al aire libre, la cooperación, las buenas acciones y tal si bien los dirigentes eran hombres jóvenes o adultos. 

Karl Fischer (1881-1941) en el centro de la imagen rodeado por
varios de sus pájaros migratorios
Los tedescos, un pueblo indudablemente culto, tenía también sus Bündes o Ligas formadas y, en este caso, dirigidas por jóvenes cuya sana intención era sacudirse de encima los controles paternos y gozar de su ocio haciendo lo que les daba la gana, siempre dentro de un orden, naturalmente. La más representativa era la Wandervögel (literalmente aves migratorias), fundada en 1896 por Karl Fischer en Steglitz, cerca en Berlín, e inicialmente no era más que lo que hoy sería uno de esos grupos de senderismo que aprovechan el domingo para quemar 500 calorías y meterse en el cuerpo 3.500 a base de grasas saturadas cuando paran a almorzar en la venta de Fulanito, que sirve un secreto o unos churrascos fastuosos. Así pues, la idea de Fischer consistía en formar una asociación de jóvenes dirigida por jóvenes y que, en cierto modo, fue pionera en su empeño por lograr que la sociedad patriarcal que no les hacía puñetero caso contase con ellos. El plan de actividades de la Wandervögel tenía en su programa salir de las ciudades cada vez más industrializadas para disfrutar de la naturaleza, recuperar viejas tradiciones alemanas, el folclore y las canciones de sus mayores y, como está mandado, recuperar la memoria de sus añejos héroes más o menos legendarios.

Grupo del Wandervögel en un alto para hacerse la foto junto a algún
pedrusco sagrado donde Wotan echó una siesta
Sin embargo, a pesar de su ideario aparentemente pacífico y un tanto simplón, no pasó mucho tiempo hasta que los apacibles senderistas empezaran a plantearse ir más allá, e incluir entre sus actividades temas relacionados con la política, la religión y un nacionalismo que, como vimos en su día, empezó a propagarse tras la reunificación de Alemania en 1871. Ya sabemos que la política es algo asqueroso que contamina todo lo que toca, y el primer efecto secundario del nacionalismo es el racismo, por lo que los excursionistas del Wandervögel llegaron a la conclusión de que los judíos no merecían compartir sus ratos de esparcimiento, y a partir de 1913 no solo no admitieron a ninguno más, sino que echaron de la organización a los que ya había desde sus comienzos. Los judíos se lo tomaron con filosofía, les hicieron dos higas y formaron su propio chiringuito por nombre Blau Weiss (Azul Blanco), imagino que en referencia a los colores del talit, una especie de chal blanco con rayas azules con que se cubren los hombres durante sus oraciones.

Y de la misma forma que empezaron a devanarse los sesos con temas contaminantes, tampoco tardaron mucho en empezar a adoptar otros aspectos de índole paramilitar a los que tan aficionados son los tedescos: una suerte de uniformidad, una jerarquía que marcaba claramente las diferencias de estatus entre sus miembros y, por ende, una forma de clasificarlos en base a dicha jerarquía. Los aspirantes a formar parte del 
Wandervögel debían pasar una serie de pruebas de admisión y, tras ser aceptados, lo hacían con el rango de Bursche (Joven), para posteriormente "ascender" a Bachant (compañero). El mandamás era el Oberbachant y, fíjense qué curioso, se saludaban entre ellos exclamando Heil! Por lo demás, se formaron distintos Gruppe nutridos por ocho o diez miembros que se reunían en un Heim (hogar, casa) donde charlaban, ensayaban con sus instrumentos y solucionaban los problemas de la sociedad en la que vivían. Varios de estos Gruppe se juntaban en base a la proximidad entre ellos formando un Orstgruppe, sucursales locales que a su vez se agrupaban a nivel provincial en una Gau que los abarcaba a todos. Les suena lo de Gauleiter, ¿verdad? En resumen, los beatíficos pájaros migratorios acabaron convirtiéndose sin darse cuenta en una organización jerarquizada porque un tedesco no sabe vivir sin que haya alguien que le de órdenes y, a su vez, él no pueda impartirlas a otros. Ahí vemos en la foto un grupo del Wandervögel durante una de sus caminatas marchando tras la bandera con el emblema de la organización, una cigüeña o similar en pleno vuelo migratorio porque, ¿dónde va un tedesco sin una bandera que le señale el camino?

Miembros de un Freikorps en el corazón de Berlín. Como se puede
ver, no se andaban con tonterías cuando llegaba el momento de
meter en cintura a los miembros de partidos marxistas deseosos
de propagar en Alemania una revolución bolchevique en toda regla
La Gran Guerra desmembró al Wandervögel, cuyos afiliados en edad militar fueron reclutados para ir a palmarla como auténticos y verdaderos héroes en las pútridas trincheras del Frente Occidental, y los otrora pacíficos caminantes se volvieron un poco más radicales, y se olvidaron de las excursiones, los conciertos y las charlas sobre poesía o héroes míticos. Los que volvieron vivos y razonablemente enteros habían experimentado una metamorfosis bastante acusada tras pasar por las penurias de la guerra, y la tremenda humillación de la derrota no solo hizo que empezaran a surgir como hongos asociaciones juveniles de todo tipo, sino que los que ya habían formado parte de alguna de ellas se transmutasen por completo, olvidando el buen rollito juvenil y alistándose en algún Freikorps o, por el contrario, en alguna organización comunista o socialista radicales. Los que no habían llegado a tener que marchar al frente se afiliaron a las Bündes de marcado perfil nacionalista surgidas tras la guerra porque, al cabo, la mayoría de ellos habían perdido a padres y/o hermanos en la suntuaria masacre que había mandado al traste los elevados principios morales anteriores al conflicto.

Rossbach junto al ciudadano Adolf en los primeros tiempos del
nazismo. Su amistad con Röhm y Heines estuvo a punto de costarle
el pellejo cuando la Noche de los Cuchillos Largos, e incluso se
le descubrieron en un registro fotos pornográficas para homosexuales
a pesar de estar casado. Se libró de la quema a cambio de "vaporizarse",
lo que aceptó sin problemas para reciclarse en agente de seguros

Por citar algunas de ellas, tenemos la Knappenschaft (Jóvenes Escuderos), la Freischaft (Jóvenes Libres) o la Schilljugend, creada en 1924 en Salzburgo por el teniente Gerhard Rossbach, un ex-jefe de un Freikorps que acabó formando parte de las SA. Todos ellos se dedicaban a darse estopa con los marxistas en constantes reyertas callejeras que siempre acababan con varios mozalbetes con la jeta partida, una brecha en la cabeza e incluso algún puntazo propinado por un arma blanca. Así mismo, otros pasaron a formar parte de la Jungstahlhelm, las rama juvenil de la famosa Stahlhelm (Cascos de Acero) fundada al mes siguiente de acabar la guerra por miembros del ejército imperial que, aparte de cabreados, habían visto nacer en ellos un nacionalismo exacerbado, un racismo feroz así como una ideología de extrema derecha tanto en cuanto consideraban a los marxistas culpables del desastre. Otro ex-Wandervögel llamado Friedrich Weber fundó su liga particular, la Oberland Bund, cuya ideología era muy próxima al nazismo y hasta se apuntaron al fallido Putsch de 1923. Todas estas organizaciones acabaron antes o después fagocitadas por la Hitler Jugend que, al cabo, eran las juventudes del partido en el poder a partir de 1933, y de buen o mal grado tuvieron que avenirse a aceptar que eran los que cortaban el bacalao porque, de lo contrario, pasabas de ser un ciudadano afín al ideario nazi a un enemigo del estado, con las nefastas consecuencias que todos conocemos.

Walther Darré (1895-1953) estrechando la mano al ciudadano Adolf.
Darré, además de alcanzar el rango de SS-Obergruppenführer, fue
ministro de Alimentación y Agricultura y director de la oficina de Raza
y Asentamiento de las SS
Pero de todos estos grupúsculos, el que destacó por su afinidad con los emergentes seguidores del ciudadano Adolf fue la Band der Artamenen creada en 1920 por August Kenstler y cuya influencia fue quizás la más significativa a la hora de fundar la Hitler Jugend. Artman, de donde tomaron el nombre, era al parecer un palabro de origen indo-europeo que venía a significar algo así como "resurgimiento a través de la fuerza original". La ideología de Kenstler era muy similar a la del nazismo: absolutamente xenófobos, partidarios de la expansión de Alemania hacia el este, con un profundo sentimiento nacionalista, de la patria y la raza, así como una vuelta a la agricultura como base de su economía. Para los que no lo sepan, los nazis daban especial protección a los ciudadanos que tenían por oficio la agricultura, a la que consideran la fuente de vida del pueblo germano y, de hecho, para ser agricultor había que certificar una ascendencia tan aria como la de un miembro de las SS. Según los nazis, nadie que no fuera ario era digno de confianza para proveer de alimentos a la población alemana. Kenstler era, al igual que los nazis, fiel seguidor de la doctrina de Walther Darré de la Blunt und Boden (Sangre y Tierra), y tenía la intención de que las masas de jóvenes se desplazaran a las zonas rurales para tomar parte en las labores del campo de forma altruista, cosa que por cierto no tuvo apenas éxito porque eso de darle al azadón o patear terrones no era nada atractivo. Aparte de esto, eran muy aficionados a la medicina natural, la herboristería, el ocultismo y los rituales místicos. No era ninguna casualidad que, antes de pasarse al naciente partido nazi, hombres como Heinrich Himmler o Rudolf Höss (no confundirlo con Hess) pertenecieran a la Band der Artamenen.

Publicación de 1919 que muestra a una judía bastante fea propinando
la "puñalada por la espalda" que derrotó a la Gran Alemania
Bien, todo lo que hemos visto hasta ahora fueron, por decirlo de algún modo, los ingredientes y el ambiente que se respiraba en Alemania para crear una organización juvenil del entonces mínimo partido nazi, que a principios de los años 20 era, como sabemos, uno más de los tropocientos grupúsculos ultranacionalistas y ultracabreados con la "puñalada por la espalda" que les obligó a sufrir la humillación más grande que habían conocido jamás. Alemania era un caos, la hiperinflación había hundido la economía, y el nefasto Tratado de Versalles no solo sirvió para arruinar a un pueblo ya arruinado por la guerra, sino como excusa para que el más feroz sentimiento de revancha surgiera de muchos millones de tedescos que se levantaban a diario de sus piltras odiando a la humanidad entera.

Gustav Adolf Lenk (1903-1987) en la época en
que comenzó su travesía política con solo 17 años
El artífice de las Juventudes Hitlerianas fue Gustav Lenk, un joven de apenas 17 años (había nacido en Múnich en octubre de 1903) que en 1921, al no tener la edad mínima para ingresar en el recientemente formado NSDAP, optó por reclutar chavales de su edad para formar, como tantos otros partidos y ligas, una rama juvenil para el partido. Lenk, que era un nazi fanático hasta la médula, logró que en el mes de marzo del año siguiente el Völkischer Beobachter, el periódico del partido, le publicara un incendiario artículo en el que exhortaba a todos los jóvenes entre 14 y 18 años a unirse a la liga sin tener en cuenta su clase social para luchar contra los enemigos de Alemania, los judíos y los marxistas, y que deseasen librarla de las humillantes condiciones en las que la Patria se veía como consecuencia de la derrota. A decir verdad, la oferta de Lenk no es que arrasase ya que provenía de un pequeño partido casi desconocido en aquel momento. El ciudadano Adolf aún era un don nadie que se desgañitaba en las cervecerías largando sus hipnóticos discursos y, la mayoría de las veces, tenía que salir de naja mientras sus guardaespaldas se liaban a palos con los comunistas o socialistas que iban a reventarle el mitin
.

Johann Klintzsch (1898-1959)
Pero Lenk no era de los que se desanimaban, y el 13 de mayo de 1922, apenas un par de meses después de publicar su llamamiento, se creó oficialmente la Jugendbund der NSDAP (Liga de la Juventud del NSDAP) en la Bürgerbräukeller de Múnich, que debía ser la segunda casa de los nazis porque todas sus movidas se organizaban en dicho local. Inicialmente, se decidió dividir a los miembros según su edad en dos secciones distintas: los chavales entre 14 y 16 años formarían parte de la Jungmannschaffen (literalmente, jóvenes trabajadores), y los de 16 a 18 en la Jungsturm Adolf Hitler (no creo que haga falta traducirlo). Como por sí solos no podían tener su propia organización- eran mozalbetes al fin y al cabo- fueron agregados a las SA, en aquel momento bajo el mando de Johann Ulrich Klintzsch, un fogueado miembro del Freikorps bautizado como Brigada Ehrhardt y uno de los fundadores de las Sturmabteilung. A los apenas 300 miembros de la organización juvenil se le asignó el uniforme de los SA (ojo, cada cual se pagaba el suyo, de regalar, nada). La presentación en sociedad de los jóvenes hitlerianos tuvo lugar aquel mismo año, concretamente en los actos celebrados entre los días 14 y 15 de octubre en Coburgo, donde se hizo entrega a 800 miembros de las SA de la Coburger Abzeichen (Insignia de Coburgo), la primera condecoración del partido nazi.

Lenk en 1933, cuando había pasado a formar
parte de las SA. La foto se tomó en la celebración
del 10º aniversario de Putsch de Múnich
En 1923, el Putsch dio al traste, de momento, con las aspiraciones del ciudadano Adolf. El partido nazi fue ilegalizado y, con él, todas las organizaciones que dependían del mismo incluyendo la Jugendbund. Pero Lenk era más incombustible que una plancha de amianto, y es justo reconocer que su lealtad al ciudadano Adolf estaba por encima de la de muchos de sus conmilitones más encumbrados. En noviembre de 1923 creó la "Asociación de la Juventud Patriótica de la Gran Alemania", pero la policía de Baviera no eran tan tonta como para no darse cuenta de que, en realidad, aquel chiringuito no era más que la Jungedbund camuflada a la espera de tiempos mejores, así que también la ilegalizaron y metieron a Lenk una breve temporada en la trena para que se le bajaran los humos. Pero a Lenk no le bajaban los humos ni una tormenta tropical, y en abril del año siguiente fundó el "Gran Movimiento Juvenil Alemán", que duró el tiempo que tardó la policía en echarle el guante y mandarlo a hacer compañía a su venerado ciudadano Adolf en la prisión de Landsberg en noviembre de aquel año. Con todo, el día 20 del mes siguiente fueron todos puestos en libertad.

Tras su breve periplo carcelario, el ciudadano Adolf tuvo que
esforzarse para refundar un partido que había sido desmembrado.
En la foto lo vemos soltando uno de sus discursos en 1925, cuando
aun estaba lejos el ascenso al poder absoluto
Pero la salida de la trena del ciudadano Adolf no hacía suponer que las cosas seguirían funcionando como siempre nada más pisar la calle. El partido había sido ilegalizado, muchos de sus miembros habían tomado las de Villadiego o juraban que no conocían de nada a aquel sujeto con flequillo repeinado y bigotito, y más de uno tramó la posibilidad de ser él mismo el que refundara el partido. Y el hasta ese momento fiel seguidor del ciudadano Adolf, el joven y emprendedor Lenk, dudaba también de las opciones del futuro Führer para recuperar las riendas del partido, así que ya tuvo que ver negro el panorama. Ante la duda, decidió fundar la enésima liga, en este caso bautizada como "Asociación Juvenil de Defensa Alemana", pero en esta ocasión sin ningún vinculo con el NSDAP. Está de más decir que tardaron medio nanosegundo en expulsar a Lenk del partido acusado de traidorzuelo e incluso de malversador. Intentó que se le permitiera una salida digna presentándola como una dimisión por su propia voluntad, para lo que envió un artículo al Völkischer Beobachter dando una serie de razones y tal, pero el artículo solo sirvió de papel higiénico a los tipógrafos. Lenk no había acabado de comprender un pequeño detalle: el que manifestaba la más mínima oposición al ciudadano Adolf se convertía en un apestado, y este aún conservaba la suficiente influencia y la lealtad de los mandamases como para estar convencido de que nadie le quitaría la silla de sus posaderas austriacas. Así pues, el fundador del germen de la más famosa organización del Reich tras las SS y las SA se veía obligado a salir por la puerta trasera, y dando gracias de que los nazis aún no habían alcanzado el poder, porque de lo contrario su destino habría sido posiblemente acabar colgado de un gancho de Plotzensee.

Julius Streicher (1885-1946). A pesar de haber sido
defenestrado por el mismo Hitler, su lealtad hacia su
persona fue monolítica hasta que la soga de la que lo
colgaron lo estranguló. Fue el único de los reos de
Nuremberg al que la caída no le partió el cuello,
dando lugar a una escena bastante desagradable
Con Lenk fuera de juego, en mayo de 1925 Hitler decidió darle el mando de la Jugendbund a Kurt Gruber, un joven apenas un año más joven que Lenk y, además, más capacitado para la organización. Su antecesor era un emprendedor nato, pero su vehemencia no lo convertían en un buen gestor mientras que Gruber poseía una mentalidad más, digamos, germánica en ese aspecto, y tuvo claro que lo más importante era, ante todo, reagrupar las tropociencias Bündes con ideologías afines o que eran seguidoras de la trayectoria del ciudadano Adolf, lo que logró sin problemas. Apenas un año más tarde, en abril de 1925, pudo anunciar a la galaxia entera la creación de una nueva organización juvenil del partido, y esta vez no dejaba ninguna duda sobre su pertenencia y a quién servían: las Hitler Jugend, nombre con el que pasarían a la historia y que, al parecer, se le ocurrió al furibundo Julius Streicher, el redactor de "Der Stürmer", un panfleto anti-semita que vomitaba las mayores infamias sobre cualquier enemigo del nazismo, especialmente si eran judíos. Streicher, que además de ser un pornógrafo vicioso, desde 1933 había sido Gauleiter de Frankonia y fue el único de los nazis ejecutados en Nuremberg que subió al cadalso berrando "Heil, Hitler!" como un poseso, y hasta se puso chulo con el sargento Woods, el controvertido verdugo del que hablamos en su día. Con todo, desde 1940 se había visto relegado al olvido por trincón y por poner a caldo a Göring, que era uno de los intocables del partido.

Foto tomada el 4 de julio de 1926 durante la celebración del
Reichsparteitag en Weimar. Las SA desfilan ante el Führer que,
como era habitual, prefería presidir estas movidas desde un
automóvil antes que desde una tribuna
En las celebraciones del Reichsparteitag (Día del Partido) que tuvieron lugar los días 3 y 4 de julio de 1926 se fundaron oficialmente las Hitler Jugend con Gruber como Reichsführer de las mismas. El ciudadano Adolf no acababa de verle la punta al tema de las ligas juveniles y, de hecho, en el primer mitin nacional de la organización celebrado en agosto del año siguiente apenas asistieron 600 mocitos de los 8.000 afiliados que tenían en toda Alemania, pero hay que comprender que, por aquella época, el partido estaba tieso, y no todos los padres podían costear el viaje a sus retoños. De hecho, incluso el tema de los uniformes era para muchas familias un serio inconveniente en un país en el que aún seguían sumidos en la ruina, con cifras de parados escandalosas y la inflación disparada. Pero la capacidad organizativa y la propaganda organizada por Gruber no tardó en dar frutos: al año siguiente acudieron al mitin celebrado en Nuremberg 2.500 nenes, ascendiendo el número de afiliados a 10.000.

Banda de trompetas de la Jungvolk en 1933. Al fondo asoma el
jefe de la misma, un joven veterano de las Hitler Jugend
Organizó la renacida liga hitleriana bajo el mismo patrón de las SA, nutridas por mandos jóvenes para alejar la imagen de jerarca germánico con mostacho al que todos estaban acostumbrados, y diseñó un uniforme chulo con dos finalidades: una, igualar a sus miembros, eliminando la posibilidad de establecer diferencias por clases sociales. Y dos, porque no existía en Alemania un chaval que no entrara en éxtasis a la vista de un uniforme con el aspecto más marcial posible. Dicho uniforme constaba de una camisa parda y pañoleta negra al cuello, pantalón de pana negro y un brazalete con la esvástica dentro de un rombo. Y, naturalmente, los proveyó de insignias y banderas con una gran carga simbólica, sobre todo la de la misma organización, una S rúnica blanca sobre fondo negro. La S, obviamente, era la inicial de Sieg, Victoria. Inicialmente, los miembros de la Hitler Hugend eran adolescentes varones de entre 14 y 18 años. Poco después se creó la Jungvolk (Juventud del Pueblo) para dar cabida a los críos de 10 a 14 años, y en diciembre de 1928 se crearon las dos formaciones juveniles para chicas: la Jungmädelbund (Liga de Muchachas Jóvenes) para las nenas de entre 10 y 14 años, y la famosa Bund deustcher Mädel, más conocida quizás por sus siglas BdM que acogía a las adolescentes entre 14 y 18. Pero, a pesar de los esfuerzos de Gruber, el ciudadano Adolf no acababa de ver clara la cosecha efectuada en aquellos años, y los enemigos del eficiente gestor no tardaron en hacerle crecer enanos por todas partes a pesar de haber sido capaz de relanzar la organización. Pero el hecho de que en 1929 los miembros ascendían ya a 13.000 efectivos, el partido lo consideraba un número insignificante. 

El ciudadano Adolf pasando revista a sus cachorros.
Tras él, el culminador de la obra de Lenk y Gruber,
Baldur von Schirach
El más empecinado murmurador contra los logros de Gruber era Baldur von Schirach, que logró convencer al Führer de que las Hitler Jugend estaban mal organizadas, peor dirigidas y que sabía de muchos casos de indisciplina e incluso homosexualidad. Schirach, fiel a la máxima de "difama que algo queda" y con pertinaz cabezonería, logró desbancar a Gruber en octubre 1931 y hacerse con el control absoluto de la juventud del partido. Pero, como veremos en una próxima entrada, la realidad es que el verdadero crecimiento de las Hitler Jugend no llegaron hasta que el NSDAP se hizo con el poder en 1933 porque ya no se trataba de atraer chavales, sino de una masa de chavales que se apuntaban porque, entre otras cosas, el partido favoreció la fagocitación de la miríada de ligas y asociaciones existentes que, sí o sí, no les quedó otra que sumarse a la adoración hitleriana. En cuanto a Gruber, lo relegaron a cargos irrelevantes sin apenas responsabilidad hasta que palmó en diciembre de 1943 de una hemorragia cerebral con solo 39 años, igual del berrinche con efecto retroactivo que se llevó al ver cómo su criatura acababa en manos de alguien como Schirach, al que consideraba un advenedizo sin escrúpulos. De hecho, a pesar de la popularidad que alcanzó en poco tiempo y de ser incluido en el círculo íntimo de Hitler, en los mentideros del partido se murmuraban todo tipo de chismes por su afición a la poseía, su sensiblero romanticismo, alejado del granítico germano que debía primar entre los gerifaltes nazis, así como por su cara regordeta y aniñada. Más aún, algunos no dudaban en asegurar que era homosexual y que su mujer, la hermosa y contestona Henriette, estaba liada con el mismísimo Führer, al que el tema mujeril parecía que no le tiraba mucho, pero no por cuestiones de desvíos sexuales, sino porque se consideraba en un estado superior al de los demás mortales, y su única esposa era Alemania.  

Anverso y reverso de la Blutorden
Bien, creo que hasta aquí podemos llegar de momento. Como han podido ver, la gestación de la criatura fue larga como un purgatorio, no exenta de mil y una trabas y, como suele pasar, los que más lucharon por ella acabaron relegados a la condición de sombras. De hecho, el mismo Lenk, que en justicia fue el verdadero fundador de la organización, tras su expulsión deshonrosa fue nuevamente readmitido en 1932, permitiéndosele militar en las SA en cargos irrelevantes en Berlín. En 1941 se le acusó de lucir la Blutorden, la Orden de la Sangre, una de las más preciadas condecoraciones del nazismo que solo podían ostentar los que tomaron parte en el Putsch de 1923. Lenk, en puridad, no había participado personalmente en el golpe y no estaba entre los que salieron a la calle a pegar tiros, pero sí es cierto que sufrió persecución y cárcel por su lealtad al partido pero, en todo caso, no se le había concedido, y como la usó por la cara, pues lo echaron del partido para siempre jamás. Del resto de su vida no se sabe nada salvo el año de su muerte. Así de cruel es la vida, y más cuando te metes en política.

Bueno, ahí queda eso.

Hale, he dicho

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Al cumplir los 18 años, los Hitlerjunge pasaban a engrosar las SA o las SS. Los adolescentes que se sumaron a la organización en sus primeros tiempos fueron los más fanatizados miembros de los Einsatzgruppen que sembraron el terror en las zonas ocupadas al inicio de la guerra, o los más despiadados guardianes de los campos de exterminio. Críos a los que se les había lavado la sesera de forma tan metódica que hasta sus mismos padres llegaban a tenerles miedo, porque un mocoso de 10 o 12 años no tenía el más mínimo reparo en denunciarlos si no saludaban con la debida energía, los oían murmurar sobre el ciudadano Adolf o, simplemente, no les hacía ni pizca de gracia ver cómo convertían a sus hijos en autómatas. Sea como fuere, lo cierto es que el nazismo se había apoderado de sus mentes

jueves, 14 de noviembre de 2019

Curiosidades: Nazismo y racismo


Una de las premisas del racismo nacionalista radica en demostrar de forma pública y notoria su desprecio hacia los que no
acatan los dogmas de la élite racial. Esta conocida foto muestra a una alemana aria, Adele Edelmann y a un judío, Oskar
Dankner, humillados en plena calle rodeados de fornidos SA para que a nadie se le ocurra protestar. El letrero que cuelga
del cuello de la mujer dice: "Soy la cerda más grande de la ciudad y solo trato con judíos". El del hombre "Como judío, solo
invito chicas alemanas a mi habitación
". Cabe resaltar que la que sale peor parada es la mujer por haber contaminado su
preciosa sangre aria. Aunque parezca increíble, este odio supremacista aún circula por Europa, pero en vez de colgarle a uno
un letrero del cuello le escriben gilipolleces similares en la puerta de su casa para marcarlos como enemigos de la tribu

Cualquier ciudadano medianamente leído sabe sobradamente lo nocivos que han sido los nacionalismos. Bueno, han sido y son porque, por desgracia, a pesar de la enorme cantidad de millones de personas que han palmado como consecuencia de esas nefastas tendencias supremacistas, aún vemos como hay muchos entes mononeuronales que se deleitan siguiendo esas ridículas paranoias, soñando con pertenecer a fantásticas razas superiores con más derechos que los demás y, naturalmente, son también los más inteligentes, los más guapos, los más guays y, para remate, la tienen más grande y entre ellos no existen los cuñados. Tarde o temprano, todos los que siguen esas ideas rayanas en la psicopatía paranoide acaban recibiendo una ducha de realismo que los devuelve de forma presta y cruda a la realidad, y se dan cuenta de que ni son más inteligentes, ni más guapos, ni más guays que el resto del personal, y encima la tienen normalita tirando a birriosa y sus cuñados no solo existen, sino que incluso les meten unos sablazos de aúpa.

El tristemente célebre Željko Ražnatović, más conocido
como Arkan, un preclaro ejemplo de lo que un líder
carismático puede perpetrar cuando se rodea de una
horda de pirados con el cerebro medio licuado por
creerse sus camelos supremacistas
Los nacionalismos son unos meros productos de ingeniería social puestos en marcha cuando se tiene la necesidad de elevar la moral de pueblos en dificultades de cualquier tipo: identitarias, económicas, demográficas, etc. Para decirlo de forma que nos entendamos todos: cuando el personal anda mohíno y con menos moral que el último galápago de su especie metido en un terrario hay que inventarse lo que sea para convencerlos de que no deben estar tristes, y para ello solo hacen falta dos ingredientes básicos: uno, inventar mitos y héroes a los que admirar e imitar. Y dos, crear un enemigo al que odiar ya que el odio tiene la capacidad de aunar voluntades. Así de malvada es el alma humana: hacer el bien apenas une a cuatro gatos, pero odiar a quien sea- una tribu, los vecinos, los del equipo de balompié contrario o las suegras- establece entre los odiadores unos vínculos férreos hasta el extremo de que muy pocos dan la vida por hacer el bien, pero muchos la entregan gustosos si hay que manifestar su odio acérrimo hacia el enemigo imaginario, y de eso hemos visto y veremos infinidad de casos. En la añeja Europa tuvimos un preclaro ejemplo con las guerras de la extinta Yugoslavia, y me temo que aún veremos más y ahí lo dejo porque no me quiero pringar de mierda, ya me entienden. Bien, hecho el introito de rigor, vamos a grano.

Y estas suelen ser las consecuencias: genocidios que acaban con la vida de
miles de personas por el simple hecho de no formar parte de la tribu. En
este caso vemos decenas de restos exhumados de fosas comunes en Bosnia
Todos sabemos de sobra que la ideología nazi contemplaba entre otras cosas un racismo tremebundo contra unos hipotéticos enemigos de la raza aria, los judíos, a los que no dudaron en exterminar por cientos de miles o millones- las cifras exactas jamás se sabrán- para liberar su sacrosanto suelo germánico de los que consideraban como una plaga. Pero ojo, no solo los judíos estaban en la lista negra de enemigos de los arios, sino que también incluían a los pueblos eslavos y los latinos a pesar de que el ciudadano Adolf no tuvo inconveniente en aliarse con el inefable Benito y prestar ayuda en 1936 a los demonios negros del sur, como los perros ingleses nos denominaban despectivamente (Dios maldiga a Nelson una burrada de veces). Pero, en este caso, primó el interés geo-político antes que el ideológico mientras que se despacharon a gusto con los untermenschen (sub-humanos) rusos, que para eso los hijos del padrecito Iósif eran enemigos del Reich de los Mil Años, qué carajo.

Y, curiosamente, hay ocasiones en que los más selectos
ejemplares de la tribu que reúnen todas las cualidades
para ser considerados verdaderos pura sangres resulta
que son cuarterones, como el siniestro Reinhard
Heydrich, quintaesencia del hombre ario con un
abuelo judío
Pero, ¿de dónde surgió esa animadversión patológica a todas las razas que no fueran la germánica? ¿Quién pudo desarrollar esa compleja empanada mental capaz de hacer que un pueblo culto y avanzado no dudase en abrazar una ideología tan perversa? Porque el ciudadano Adolf no tenía ni remotamente la capacidad para dar forma a algo semejante. Al cabo, no era más que el hijo de un modesto funcionario que había sido un pésimo estudiante y que tras la Gran Guerra se habría convertido en uno de los millones de currantes en paro en una Alemania arruinada que habría acabado de pintor de brocha gorda o algo por el estilo. Sus conmilitones más aventajados como Hess, Göring, Frank, Goebbels, etc. no eran ningunas lumbreras, sino gente con una capacidad normal, a lo sumo alguno que otro con una carrera universitaria en la que no se puede decir que destacasen de forma notable. Ni siquiera Rosenberg, el "ideológo" del partido había inventado nada nuevo. Se limitó a absorber algo que otros habían creado mucho antes. Y, por supuesto, el fundador del germen del partido nazi, Anton Drexler, mandamás del DAP (Deutsche Arbeiter Partei, Partido Obrero Alemán), era un simple mecánico que tenía sus habilidades como agitador, pero ni remotamente era capaz de crear y dar forma a algo tan endiabladamente complejo como para convencer al personal de que eran los elegidos de los dioses.

Alemania tras la unificación en 1871. Observese la cantidad de ducados,
principados y territorios que la conformaban. Pinchar para ver a un tamaño
más aceptable para no malgastar retinas
La realidad es que el nacionalismo alemán surgió a raíz de las guerra napoleónicas (Dios maldiga al enano corso), cuando Alemania como tal aún no existía y los restos del antaño todopoderoso Sacro Imperio no eran más que una amalgama de pequeños estados de los que solo destacaban Prusia y, en menor grado, Baviera. Tras la unificación y la creación del imperio alemán en 1871, los hasta entonces atribulados tedescos que lloraban amargamente en busca de su grandeza milenaria se pusieron muy contentitos porque, por lo menos, ya eran una nación. Todos los alemanes formaban un único cuerpo al que había que inculcar un sentimiento de pertenencia a ese país recién estrenado para que todos se sintieran parte del mismo unidos bajo una serie de elementos comunes basadas en el völkisch. El völkisch es un palabro sin traducción que podemos asimilarlo a un compendio de conceptos como la cultura popular, las costumbres y, sobre todo, la raza. El nuevo Reich estaba formado por el Volk, el pueblo en el sentido de conjunto de probos ciudadanos con una serie de nexos comunes basados en todo lo dicho. En la famosa proclama nazi Ein Volk, ein Reich, ein Führer (un pueblo, un imperio, un líder), el término Volk no hace referencia a la ciudadanía en sí o a la población alemana- que en teoría incluía judíos y personas de otras razas-, sino al Pueblo como concepto de grupo étnico con un origen racial, una lengua, unas costumbres y una cultura comunes.

Alemania tras el Anschluss. Obsérvese que Prusia Oriental está separada
del resto del país por la cesión de esos territorios a Polonia tras el Armisticio.
Ese fue uno de los mayores errores de los Aliados y una de las causas que
dieron lugar al estallido de la 2ª Guerra Mundial
El völkisch se extendió con gran rapidez por Austria y Alemania que, aunque países distintos, se consideraban parte de un todo como luego se vio en el Anschluss, cuando ambas naciones se fundieron en 1938 en una única entidad germánica. Así pues, en 1880, apenas nueve años después de la unificación de Alemania, ya existían numerosas sociedades völkisch dedicadas a fomentar los valores propios de su "tribu" y su rechazo hacia lo que en aquel momento consideraban las dos influencias más nefastas contra la raza germánica: los latinos, representados ante todo por su enemiga Francia, y los eslavos, que en la Edad Media derrotaron a los teutones en su afán expansionista hacia el este. Por otro lado, se consideraba que la religión cristiana- ya fuese católica, luterana o calvinista- era una fe invasora que había acabado con las verdaderas creencias de los antiguos pueblos germánicos basadas en el paganismo y el culto a la naturaleza. En resumen, el principal interés de estas sociedades völkisch no era otro que erradicar de la nueva Alemania tanto la influencia como la presencia de cualquier cosa que oliese a extranjera. Para imponer el völkisch había que purificar el país de su nociva presencia e imbuir a la población de etnia germánica del sentido del Volk.

Guido von List (1848-1919)
Así pues, como vemos, el völkisch se acabó convirtiendo en el germen de algo mucho más peligroso que anteponer la gastronomía nacional a la foránea, o decir que los héroes más heroicos eran Sigfrido y sus nibelungos. Solo bastaba la intervención de un visionario con más paranoias que un bonobo metido de por vida en una jaula de medio metro cúbico para que el völkisch fuese la base de partida para empezar a dar forma a una nueva ideología que, como suele pasar en estos casos, rápidamente encontró adeptos entre la ciudadanía más acomplejada o más deseosa de sentir el fervor patrio aunque esos fervores tuviesen menos base real que un apartamento comprado sobre planos. Ese visionario fue Guido von List.

Von List, que en realidad había nacido como List a secas pero se antepuso el aristocrático von posteriormente para darse pisto, era un vienés que, entre sus muchas facetas, se dedicaba al periodismo de viajes, era un consumado deportista y muy aficionado a pasarse horas y horas paseando por el campo en busca de una comunión con la naturaleza que consideraba parte de las esencias del völkisch al que tan devoto era. Empezó a dar que hablar cuando en 1888 publicó en su ciudad natal una novela histórica titulada "Carnutum", basada en los héroes germánicos que había acabado con el imperio romano y que aún no habían abrazado el cristianismo obligatorio por decreto, sino que seguían fieles a sus cultos paganos. Para darle más fuste a su novela afirmó que le había sido revelada mediante una visión, cosa que aún hoy día impresiona al personal, así que hace más de un siglo ni te cuento. De hecho, dos editores interesados en publicar obras de tipo pangermanista, Georg von Schönerer (este saldrá a relucir más abajo) y Karl Wolf, se pusieron en contacto con List para encargarle trabajos de una temática similar ya que los lectores de esa línea editorial ganaba adeptos constantemente.

Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891)
Durante las dos décadas siguientes List se entregó a fondo a crear una extensa obra literaria basada en la antigua religión pagana de los pueblos germánicos, el sacerdocio del dios Wotan y a involucrarse cada vez más en las ciencias ocultas a raíz de su conocimiento con Helena Petrovna Blavatsky, una teósofa y ocultista rusa de origen tedesco en cuyas obras afirmaba que los Maestros Secretos de Tibet le habían revelado la Ciencia Oculta para que la difundiese. Algo así como una Lobsang Rampa decimonónica, vaya... Esta proba majareta fue la que "reveló" a List, que tampoco debía carburar muy fino que digamos, que todas las etnias que habitaban el planeta procedían de una raza raíz, la aria, surgida en la Atlántida hacía nada más y nada menos que cien mil años de nada. De esas sub-razas, la más perfecta de todas era la teutónica, que hacía 20.000 años se había trasladado a los territorios de la actual Alemania desde Asia Central. Pero no todas las razas atlantes eran perfectas, sino que existían otras que habían surgido degeneradas como los indios de América, los mongoles, los malayos y, oh casualidad, los judíos. Por cierto, antes de que se me olvide: Wotan y Odín son el mismo dios como Zeus y Júpiter eran también el mismo. En el caso que nos ocupa, Odín era el nombre dado según la mitología nórdica, y Wotan la germánica. Lo digo por si alguien bichea sobre este tema por otro lado, que no se líe al ver ambos nombres porque son la misma cosa.

Wotan-Odín con su ojo tuerto. Alcanzar la sabiduría le
costó literalmente un ojo de la cara
En 1891, la Blavatsky se largó a hacer compañía a sus ancestros atlantes, pero a List lo dejó en este mundo con tal empanada mental que ya no tenía freno. En 1902 y debido a una operación de cataratas pasó sumido en una pertinaz ceguera durante once meses, tiempo que aprovechó para comerse más el tarro y llegar a conclusiones existenciales importantes gracias al mito teutónico por el que Wotan cedió un ojo a cambio de obtener la verdadera sabiduría. Y List, como cada día estaba más obsesionado con estos cultos paganos, pues aprovechando que veía menos que un gato de escayola "abrió el ojo interno" (¿Por un casual les suena lo del tercer ojo importado del Tibet?) para recibir el secreto de las runas, que no solo eran un alfabeto, sino un lenguaje arcano de poder y cuyas formas albergaban la geometría de la creación. ¿Alguien entiende algo? Porque yo no, para qué negarlo. La cuestión es que no solo vuecedes o yo no entendemos un carajo las paranoias de este sujeto, sino tampoco los miembros de la Academia Imperial de Ciencias de Viena, a los que envió un manuscrito sobre su revelación para obtener su visto bueno y ser publicado y ni se molestaron en contestarle.

Las runas Arnamen creadas por List
Pero List, que por aquel entonces ya se había añadido el von, tenía bastantes seguidores tan chalados y obsesionados como él, así que hicieron dos higas a los de la Academia y en 1905 formaron la Guido von List Gesellschaft (Sociedad List en cristiano y para abreviar), creada para la promoción de sus investigaciones, la publicación de sus obras y flotar de gustito cuando leían lo guay que era Wotan e ir por el bosque abrazando árboles o dándole palique a las piedras sagradas. Dio forma a la Armanenschaft (la ariosofía), el sacerdocio de Wotan que estaba al tanto del significado verdadero de la esvástica, que representaba el fuego primario invisible que está detrás de la creación, y que bajo esta doctrina los antiguos pueblos germánicos eran gobernados por bondadosos y simpáticos dictadores que, como sacerdotes del dios Wotan, eran poseedores de unos poderes ocultos gracias a los cuales protegían a su pueblo. El culmen de esta sarta de patrañas fue la publicación en 1908 de su obra Das Geheimnis der Runen (El Secreto de las Runas), donde explicaba detalladamente en qué consistían estos poderes obtenidos mediante una combinación de yoga, meditación, vocalización y el Armanen, las 18 runas imprescindibles para sus ritos y magia paganos. Ciertamente, para comprender a fondo en qué consistían toda esta serie de mitos, ritos y chorradas había que tener la mente muy clara o, más bien, tenerla totalmente obnubilada.

Jörg Lanz (1874-1954) con su hábito de neo-
templario luciendo una cruz potenzada
En todo caso, lo importante es que List dio forma a la parte mítica que el naciente nacionalismo germánico necesitaba para tener una meta común: volver a los orígenes tribales y a las más puras esencias de su raza elegida desde hacía miles de años para ser los más guays del planeta y crear los símbolos necesarios para darle apoyo a toda esa mitología tan enrevesada que, obviamente, solo unos pocos elegidos capaces de entenderlos podrían formar esa especie de nuevo clero pagano que dirigiría los destinos del Volk. Pero el trabajo de List inculcaba, por decirlo de algún modo, la vertiente espiritual. Sus trabajos se limitaban principalmente a las cuestiones de tipo teosófico, mental y demás zarandajas ocultistas. Hacía falta también una vertiente puramente material para redondear la cosa ya que el  völkisch  no solo se limitaba a las cuestiones culturales y demás, sino también palpables y tangibles. Había que dejar clara la superioridad racial, y no solo de boquilla, sino con "pruebas irrefutables". En resumen, hacía falta el verdadero artífice del racismo más rotundo, y para ello nadie mejor que Adolf Josef Lang, que se metamorfoseó el nombre por el más aristocrático Jörg Lanz von Liebenfels (Liebenfels significa literalmente "amante de las rocas", así que ya pueden imaginar el pelaje del andoba este).

Un número de la revista Ostara de 1923 en la que,
según parece, se entrega la obra "Theozoologie" por
capítulos para evitar cagaleras mentales si se lee todo
de golpe. La imagen muestra una especie de simio
raptando a una indefensa aria para calzársela. El
titular reza: Teozoología, o historia natural de los
dioses. I. La vieja alianza y el viejo dios
Lanz, otro vienés que formaba parte del grupo fundador de la Sociedad List, era un cisterciense exclaustrado en 1899 por, al parecer, resultarse excesivamente penosa la abstinencia sexual, así que mandó a paseo al beaterio, colgó los hábitos y se dedicó a publicar una revista de ocultismo por nombre Ostara, que según él alcanzó la nada despreciable tirada de 100.000 ejemplares. Y, mira por donde, entre sus lectores había un estudiante de arte de dudoso talento llamado Adolf Hitler que, como tantos paisanos de su época, estaba embebido por el pangermanismo. Pero las teorías raciales de Lanz iban mucho más allá de las propaladas por la Blavatsky y el mismo List. En 1904 había publicado la que sería su obra magna, Theozoologie (Teozoología), en la que exponía, como está mandado, una serie de revelaciones y visiones que había tenido durante su etapa como monje. Según esta espeluznante obra, la humanidad se había dividido en dos líneas: los arios puros, hombres-dioses o theozoa, que entre otros poderes eran telépatas, provenían de otras dimensiones y eran criados mediante electricidad. Pero algunos theozoa se habían reproducido con anthropozoa, hombres-bestia, dando lugar a una raza mestiza que formaba la inmensa mayoría de la humanidad. 



Púberes absolutamente arias que en pocos años serían las receptoras
de la simiente de varones igualmente arios para procrear en plan industrial
cantidades masivas de nenes genéticamente perfectos, o al menos eso es
lo que pretendían los eugenistas del partido nazi
Por todo ello, propugnaba la eugenesia para favorecer la expansión de los theozoa: por un lado, afirmaba que era preciso imponer la esterilización y/o eliminación de los anthropozoa (lo que luego fue la eutanasia o la esterilización de deficientes mentales y la tristemente famosa Solución Final), y la procreación de numerosos retoños de pura raza para aumentar la demografía de los theozoa, que fue tomada al pie de la letra por Himmler con la fundación en 1935 de la Lebensborn (Primavera de la Vida), una organización destinada a favorecer por todos los medios el aumento de la población aria. Obviamente, el tal Lanz o estaba como un cencerro o consumía substancias raritas antes de ponerse a escribir tal cúmulo de chorradas, pero lo malo es que cada vez había más gente que creía a pie juntillas sus dogmas y que, aunque supongo que nunca pudo imaginar que sus ideas dieran lugar a uno de los mayores genocidios de la historia, al cabo no dejaron de ser la base para ello cuando, en realidad, el partido nazi no era siquiera un proyecto. Vean como el que está predispuesto a aceptar las ideas más ridículas y, a la par, abyectas, no duda en tomar como artículo de fe cualquier chorrada por parte de sus líderes, y eso lo estamos viendo a diario por desgracia.

Bruno Berger, miembro de la expedición comandada en 1938
por Ernst Schäfer en el Tibet. En la foto lo vemos tomando
medidas antropométricas de una proba ciudadana para buscar
posibles similitudes con los arios occidentales
Para expandir sus ideas, Lanz fundó una orden neo-templaria que, según él, eran los custodios de las más puras esencias de la raza aria, y que debían crear un nuevo Ordenstaat (estado de la orden) similar al de los teutones que se expandiera desde el Mediterráneo hasta los territorios eslavos (idea reciclada en la posterior invasión de Rusia para usar su población como mano de obra esclava). Fue precisamente Lanz el que diseño una primera bandera con la esvástica para su organización que denominó como ORDO NOVI TEMPLI (Nueva Orden del Temple) que, entre otras cosas, también fomentó la búsqueda del Grial ya que lo consideraba poseedor de poderes psíquicos. Por cierto que también les sonará la búsqueda de este mítico objeto por parte de Otto Rahn en el Languedoc, así como las expediciones al Tibet organizadas por Himmler en busca de esa raza de atlantes de la que hablaba la Blavatsky. Con todo, la orden de Lanz no llegó a alcanzar la difusión que esperaba y, de hecho, tras el Anschluss fue discretamente relegado al olvido cuando tuvo la osadía de publicar en Ostara que las ideas plasmadas por el ciudadano Adolf en su Mein Kampf y la adopción de la esvástica eran creaciones suyas, lo cual era totalmente cierto, pero no fue una postura inteligente pretender ponerse por encima del Führer enviado por Dios para salvar a la Gran Alemania de sus enemigos.

Theodor Fritsch (1852-1933)
En 1910, los alemanes ya tenían claro cuáles eran sus enemigos más implacables: los masones y los judíos. Los primeros encarnaban las ideas de la Ilustración francesa- sus enemigos de siempre- y los segundos propagaban como la peste un capitalismo que, según ellos, era un concepto totalmente opuesto a las puras y austeras esencias del völkisch.  Así pues, empezaron a surgir organizaciones antisemitas que, como vemos, precedieron al ciudadano Adolf. Esto puede que sorprenda a más de uno ya que la idea más generalizada es precisamente que fueron los nazis los creadores y propaladores del odio al pueblo judío cuando, en realidad, la cosa venía de mucho antes. De hecho, la primera organización que se tomó en serio lo de hacerle la pascua a estos sufridos hijos de Yahvé fue la Germanenorden (Orden Germánica), una sociedad creada por Theodor Fritsch, un conocido antisemita fundador del movimiento Hammerbund (Liga del Martillo). El 1912 y con la ayuda de un tal Hermann Pohl formó su nueva organización destinada a divulgar las esencias del völkisch y, por supuesto, de nutrirla a base de miembros de lo más granado de la sociedad a nivel racial y, de paso, con un estatus social de cierta relevancia para ser tomados más en serio.

Portada de los estatutos de la Germanenorden.
Ejemplar datado hacia 1913
Pero todo el entramado se vino abajo con el estallido de la Gran Guerra. La Germanenorden se tambaleó debido a que gran parte de sus miembros fueron llamados a filas para palmar como auténticos y verdaderos héroes por el káiser, así que Pohl dimitió y se largó a Baviera en cuya capital, Múnich, fundó un nuevo chiringuito en 1916: la Germanenorden Walvater von Heilige Graal (Orden Germánica  de Walvater del Santo Grial. Walvater es un término que usan los tedescos para referirse a Wotan-Odín como, por ejemplo, los cristianos decimos el Todopoderoso como sinónimo de Dios). Pero antes de hacer la maleta trincó todos los sellos, libros y objetos mágicos de la Germanenorden original para ir ganando adeptos. Por cierto, recordemos que fue en Múnich donde empezó a cocerse el nazismo. Como ven, los caminos empiezan a juntarse como dirigidos por una siniestra disposición del destino más inexorable, y como se fueron sumando personajes sin la más mínima relación en esta historia para, al cabo, ser los artífices involuntarios del estallido final.

Adam Glauer, el pseudo-barón (1875-1945)
Y aquí entra en escena Adam Alfred Rudolf Glauer, un aventurero natural de Silesia que, tras mil y una vicisitudes acabó en Turquía, país en el que se nacionalizó en 1911 y donde fue adoptado por Heinrich, freiherr von Sebottendorff, un anciano barón que, obviamente, le legó además el apellido y el título, por lo que nuestro polifacético Glauer adoptó el pomposo nombre de Rudolf, freiherr von Sebottendorff. Imagino que de sus tres nombres el tercero fue el que le resultó más aristocrático. Este sujeto dedicaba su tiempo en Turquía entre otras cosas al estudio de la masonería, la Cábala, los Rosacruces y el sufismo. En 1913 regresó a su patria natal pero pudo evitar ser enviado al frente gracias a su nacionalidad turca, y tres años más tarde se sintió atraído por la organización de Pohl, que lo puso a reclutar posibles adeptos aprovechando su título, que eso de alternar con aristócratas- aunque en este caso era más falso que un billete de 3 euros- producía sueños húmedos entre los tedescos. Y como las cosas andaban un poco revueltas con el término de la contienda, el pseudo-barón y un conmilitón llamado Walther Nauhaus decidieron que lo más sensato era crear una organización tapadera. Así nació la famosa Thule Gesellschaft (Sociedad Thule), cuyo nombre tomaron de un mítico continente considerado por Lanz como el solar primigenio de la raza aria bajo el nombre de Arktogäa. El topónimo de Thule era en realidad griego, dado por un navegante llamado Pytheas de Masilia a un territorio descubierto hacia el 325 a.C. más allá de las Orcadas y las Shetland y que parece ser podría tratarse de Islandia si bien hay teorías para todos los gustos, como está mandado. Y fue esta sociedad la que, para darle un énfasis más germánico a su emblema, puso una daga sobre una esvástica curvilínea (la típica rueda solar).

Emblema de la Sociedad Thule
Bien, a estas alturas de esta extensa filípica puede que más de uno se pregunte qué leches tiene que ver todo lo dicho con el nazismo, su desmedida defensa de la raza aria y su afán por hacer la puñeta a los judíos. Pues hasta ahora nada, salvo la lectura de la revista Ostara por el ciudadano Adolf mientras intentaba vender sus acuarelas en Múnich. Pero al terminar la Gran Guerra y con Alemania sometida al infausto Tratado de Versalles, con el personal muy cabreado por la derrota cuando eran ellos los que ocupaban territorio enemigo y con la moral al nivel de las alcantarillas, necesitaban de forma imperiosa recurrir al mismo völkisch que tanto les ayudo décadas antes a sentirse orgullosos de pertenecer a una sola nación. La miseria y la humillación sufrida hacían imperioso un renacimiento que los políticos de la República de Weimar no eran capaces de insuflar al pueblo alemán y, cosas del destino, entre el marasmo de partidos y organizaciones de todo tipo que hacían que la vida en Alemania fuera un caos, fue la Sociedad Thule la que sirvió de punto de encuentro a una serie de personajes que, adoptando las abstrusas ideas de List y Lanz, pudieron tener la base ideológica necesaria para hacer resurgir el orgullo marchito de una nación humillada hasta el tuétano.

Dietrich Eckart (1868-1923)
De entrada, la Thule no solo pretendía expandir una serie de ideas que, en principio, no tenían nada que ver con la política. La situación del estado de Baviera, dominado por partidos de izquierda, les hizo ver que si querían recuperar la normalidad debían ser como sus adversarios, o sea, un partido de acción que se dedicase a algo más que dar conferencias sobre los dioses y la Walhalla. A partir de 1919 empezaron a sumarse ciudadanos de cierto nivel, no los típicos chalados que siempre se apuntan los primeros a este tipo de sociedades. En poco tiempo alcanzaron los 1.500 miembros entre los que se encontraban un ex-piloto de la Luftstreitfräfte llamado Rudolf Hess, Hans Frank, un joven excombatiente y miembro de un Freikorps; Dietrich Eckart, un conocido escritor y dramaturgo e incluso un joven ingeniero de origen ruso con la carrera apenas terminada, Alfred Rosenberg, que acabaría siendo el filtro por el que las ideas de List y Lanz fueron transfundidas al futuro NSDAP. Como vemos, el ciudadano Adolf aún no ha hecho acto de presencia. Qué cosas, ¿no?

El hotel "Cuatro Estaciones" de Múnich, sede de la Sociedad Thule
A principios de 1919, dos miembros de la Sociedad Thule, Anton Drexler y Karl Harrer deciden formar un partido que acogiese a personas de origen humilde o trabajadores antisemitas y contrari0s al comunismo, o sea, sujetos cuyo estatus social era la antítesis del personal que se reunía en el cuartel general de la Sociedad Thule, establecido en un selecto hotel de Múnich llamado Cuatro Estaciones. En este partido, denominado como Deutsche Arbeiter Partei (Partido Obrero Alemán), fue donde un buen día de julio de 1919 se presentó un veterano del ejército imperial que servía en una sección de inteligencia del nuevo y menguado ejército de la república. Se trataba del cabo Hitler, cuya misión consistía en infiltrarse en los grupúsculos y sociedades que habían crecido como hongos tras la guerra para mantener al ejército informado de los movimientos de esta caterva de gente que, ante todo, sembraban el caos por doquier. Fue afiliado con el nº 555 aunque en realidad el partido solo tenía 55 miembros contando con él. Habían empezado la numeración por el 500 para darse pisto. Sin embargo, cuando Dietrich Eckart lo conoció unos meses más tarde debió tener una revelación o algo por el estilo, porque poco menos que se puso a clamar como si se le hubiese aparecido un arcángel: ¡Está por venir un hombre de Alemania del que algún día el mundo hablará!. Las cosas como son: el augurio de Eckart se cumplió a rajatabla.

El ciudadano Adolf en una de sus vibrantes intervenciones.
Hay que reconocerle que, ya fuese obra de Eckart, ya fuese un
don natural, tenía una increíble capacidad para seducir a los
oyentes y dejarlos totalmente subyugados
No pasó mucho tiempo hasta que el ciudadano Adolf mandase a paseo el uniforme y viese claro que su destino era la política. Es probable que fuese Eckart el que lo convenciese porque, como hemos visto, desde el primer momento tuvo la certeza de que era el hombre señalado por la Providencia para devolver a la maltrecha Alemania su orgullo. Parece ser que la proverbial habilidad como orador de Hitler se la debía a Eckart, que además lo adiestró en presentación escénica, dicción y demás habilidades para lograr aquellos discursos hipnotizantes que llevaban al personal al paroxismo. Incluso se dice que, gracias a sus conocimientos en temas ocultistas, lo instruyó en mesmerismo y disciplina mediática para lograr que determinados espíritus lo poseyeran, lo que le permitía adoptar esas poses tan subyugantes y una gesticulación perfecta para acompañar sus discursos. Sea como fuere, lo cierto es que el ciudadano Adolf era capaz de arrastrar a las masas y hacer con ellas lo que quisiera, y eso es innegable.

Karl Harrer (1890-1926) y Anton Drexler (1884-1942), fundadores del DAP
Ya solo quedaba terminar de aunar todos los destinos en la encrucijada en la que se habían encontrado tras décadas caminando cada cual por su lado. Gracias al selecto círculo de amistades de Eckart, el ciudadano Adolf fue admitido en presencia de industriales, hombres de negocios y militares de elevado rango para ir haciéndose un nombre mientras que por otro lado se desgañitaba en las cervecerías muniquesas para exaltar a la plebe. Se hizo el amo del partido de Drexler, expulsando a su cofundador Karl Harrer, y en febrero de 1920 nació el Partido Obrero Alemán Nacionalsocialista en cuyo programa estaban plasmadas todas las ideas racistas, eugenistas, legendarias, mitológicas, esotéricas y ultra-nacionalistas que List y Lanz, que ni siquiera eran alemanes sino austriacos, habían dado forma muchos años antes. Era un nuevo völkisch destinado a levantar a los alemanes del puñetero suelo y devolverles su orgullo perdido. Pero, desgraciadamente, ya sabemos como acabó la cosa porque los nazis llevaron estas prácticas a sus más pavorosos extremos.

En fin, criaturas, así surgió el racismo en el partido nazi. Como vemos, a ningún miembro del partido se le había pasado por la cabeza nada semejante, ni una sola de sus ideas eran propias, el antisemitismo estaba firmemente asentado en Alemania antes de que Hitler y sus conmilitones vinieran al mundo, y el anticristianismo que tanto predicaron Rosenberg o Himmler era en realidad la réplica de un visionario para restablecer una religión pagana. Los nazis no inventaron nada, simplemente usaron una doctrina que les vino bien para, como decíamos al principio sobre el nacionalismo, buscar un enemigo al que odiar porque el odio es lo que establece los lazos más fuertes entre los hombres.

Georg, ritter von Schönerer (1842-1921). Hombres
como este han sido los fautores de los mayores
genocidios de la historia al defender y propalar
ideologías supremacistas. Ojo, aún hay muchos
como él. Demasiados para estar ya en el siglo XXI
Más aún, ni siquiera inventaron la esvástica a pesar de que actualmente se la conoce como el símbolo más chungo que se puede imaginar cuando, en su origen, era todo lo contrario como ya se explicó en una entrada que dedicamos a la simbología nazi. Hay representaciones de la esvástica con al menos diez mil años de antigüedad, y era usada por pueblos tan dispares como japoneses, chinos, indios americanos, romanos, griegos e incluso judíos y otras muchas culturas. La esvástica representaba originariamente el fuego, la fertilidad, el sol y las estrellas. El término proviene del sánscrito: su (bueno), asti (existir, ser) y ka (hacer). Juntándolo todo tendríamos algo así como "hacer el bien", aunque los alemanes la llaman Hakenkreuz, cruz con ganchos. Su otro nombre, cruz gamada, proviene del griego por estar formada por cuatro letras gamma unidas. La gamma tiene forma de L invertida: Γ. Ya en 1852, cuando el ciudadano Adolf no era ni un proyecto de feto, el antropólogo gabacho Émile Burnouf afirmó que la esvástica era el símbolo de la raza aria, y en 1879, cuando el político y editor austriaco Georg von Schönerer, el más furibundo antisemita, anticatólico y antieslavo de su país fundó el Partido Pangermánico, la adoptó también como símbolo völkisch. Lo agregó a la lista de runas de List como una runa escondida entre la 17 y la 18, dando a entender que representaba la energía oculta. Ya vimos como la Sociedad Thule la tomó como emblema, y la que todos conocemos fue obra de Friedrich Krohn, un odontólogo de Starnberg perteneciente a la Sociedad Thule. Al parecer, el diseño final de la bandera roja con la cruz negra dentro de un círculo blanco es el que finalmente dibujó el ciudadano Adolf para convertirse en el símbolo de la maldad absoluta.

Bueno, con esto acabamos. Así pues, cuando algún cuñado que se haya visto dos o tres documentales sobre lo cabrones que eran los nazis podrán dejarlos de piedra diciéndoles que, en realidad, el racismo no lo inventaron ellos y que la idea de pertenecer a una raza superior era casi medio siglo anterior a la fundación del partido. Seguramente no les dirigirán la palabra en un mes o dos por la humillación y el berrinche, de modo que eso que llevan ganado.

Hale, he dicho


Cuidado. Escenas como esta pueden repetirse en Europa porque el racismo nacionalista no solo sigue vivo, sino que
va en aumento. Los nazis fueron uno más de los muchos que abrazaron estas ideas, pero hay mogollón de orcos zombificados que aún defienden esas paranoias. Recuerden vuecedes dos cosas: una, que el hombre es el único animal
que tropieza más de dos veces en la misma piedra. Y dos, que jamás aprendemos de la  historia. Sirva de aviso, y el
que se sienta aludido que le den por donde amargan los pepinos. A buen entendedor...