Las diferentes piezas de madera, cuero, textil y metal que se emplean en la construcción de un piano, sea en el mueble o en la mecánica, son sensibles a los cambios de temperatura e higrometría. Esos materiales reaccionan a dichos cambios con leves movimientos de dilatación o contracción, de mayor o menor intensidad, dependiendo –como siempre– de su calidad y la precisión durante el montaje.
Así pues, las variaciones climáticas bruscas y continuadas resultan negativas para el instrumento, e influyen decisivamente en:
– la deformación y el desplazamiento de las maderas, lo que produce ruidos, mal funcionamiento y vibraciones no deseadas
– la aparición de desajustes mecánicos eventuales
– la duración de la afinación y, por tanto, su calidad y exactitud
– el disfrute y aprovechamiento del instrumento, en definitiva.
¿Cuál es el emplazamiento ideal de un piano?
– El piano no ha de ser acercado a un muro exterior.
– Cuando el piano no se utilice, deberá permanecer cerrado.
– Para pianos verticales, y en el plano acústico, deben estar a una distancia mínima de 10 a 15 cm de la pared.
– Evite las corrientes de aire, la exposición a los rayos del sol, la proximidad a fuentes de calor (un metro y medio, 1`50 como muy cerca).
-En una estancia, donde las condiciones climáticas sean constantes o lo más estables posibles. La temperatura ambiente deseable se encuentra entre los 20ºC y los 22ºC; igualmente, el porcentaje de humedad debería oscilar del 50% al 65%.
Para humidificar (aportar humedad) utilizaremos un humidificador exterior eléctrico. ¡Ojo! Un humidificador por evaporación –pero no por expulsión de vapor–, o tubos humidificadores que se instalan en el interior del piano. También son efectivos recipientes que contengan una cantidad suficiente de agua, que hay que mantener siempre llenos, situándolos en el interior, igualmente.
Para secar (deshumidificar) usaremos contenedores con cristales de sosa o deshumidificadores, que también se encuentran en el mercado. Otra solución consiste en emplear papel de periódico, renovándolo frecuentemente, y situándolo también en el interior del piano.
¿Cuánto tiempo ha de transcurrir entre afinación y afinación?
Aunque en parte depende de la calidad del piano, y de todo lo expuesto anteriormente, los cuatro cambios de estación afectan directamente al instrumento. En rigor, serían necesarias cuatro afinaciones anuales, y cada una de ellas tendería a coincidir con las estaciones del año. Sin embargo, dos afinaciones por año están reconocidas como el mínimo para un piano normal. En cualquier caso, se desaconseja dejar pasar más de un año, ya que no solamente existiría una pérdida general de la estabilidad sonora, sino también –y más grave– una ostensible bajada del diapasón. Una consecuencia fatal para el pianista y su público supondría la desafinación, con la consecuente deformación auditiva.
A veces, no resulta fácil practicar o aplicar en su totalidad lo aquí expuesto; sin embargo, es importante conocer esta información, y cumplir con aquello que sea posible. Queda en manos y a merced del buen criterio de quienes tengan la buena fortuna de poseer y disfrutar un piano.
Hay que señalar, por último, que el técnico afinador necesita el máximo silencio para llevar a buen término su trabajo correctamente.
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