El ciclo de movilizaciones que ha tenido lugar en diferentes partes del mundo desde el año 2011 ha despertado un notable interés entre académicos e investigadores de diferentes áreas de conocimiento. En este sentido, el Movimiento 15-M y las acciones ciudadanas que se han desarrollado en el Estado español durante los últimos 4 años, están siendo objeto de estudio en tesis doctorales y en grupos de investigación así como tema de debate y de reflexión en seminarios y congresos. De este modo, tanto el ciclo global de movilizaciones, en general, como el 15-M, en particular, se han convertido en temas de estudio específicos dentro del ámbito de las Ciencias Sociales.
Como muestra de este interés académico, el pasado mes de febrero se celebró en Sevilla el Congreso sobre Movimientos Sociales y TIC ‘Move.net’; un congreso que pretendía “servir de encuentro entre académicos, activistas y movimientos sociales para debatir sobre la apropiación social y política de las nuevas tecnologías”. En efecto, allí se produjo un interesante encuentro entre los académicos que estamos realizando investigación en el ámbito de los movimientos sociales surgidos durante los últimos años y los activistas que vienen desarrollando nuevas prácticas, dinámicas y repertorios de acción desde entonces. De alguna manera, no sólo estaba implícito que tanto a unos como a otros nos movían los mismos intereses personales a nivel social y político sino que durante el primer día se respiró también un ambiente de camaradería y colaboración que dejaba claro que allí, todos estábamos ‘en el mismo barco’.
Sin embargo, comenzaron a surgir algunas discrepancias entre ‘mundo activista’ y ‘mundo académico’ que, más allá de plantear posibles vías de colaboración para seguir profundizando en alianzas estratégicas que nos permitan seguir luchando por un mundo más justo y más democrático, llevaron el debate al barro de las trincheras como si se hubieran creado dos bandos enfrentados de un momento a otro. Es cierto que esto no fue algo generalizado ni fue la dinámica que protagonizó el encuentro; fueron las palabras y actitudes de algunas personas que, movidas por no sé qué impulsos, se empeñaron en defender sus identidades –activistas y académicas– de una manera que llegó a ser hostil para los que se habían convertido en adversarios.
Indudablemente, en torno a estas discrepancias se debatieron temas que es necesario abordar, temas fundamentales para que el activismo se nutra del trabajo académico y para que los académicos podamos aprender de las prácticas activistas y generar así conocimiento que pueda repercutir, a su vez, en la transformación social y política por la que todos trabajamos. No pongo en duda que aunque nos muevan intereses comunes y aunque nuestros planteamientos sean coincidentes, no tenemos ni los mismos procedimientos de análisis ni la misma manera de enfocar determinadas cuestiones; es por esto, precisamente, por lo que es necesaria la colaboración y el diálogo; y es por esto, también, por lo que nos necesitamos quizá ahora más que nunca.
Cuando comencé mi investigación, hace más de 2 años, pensaba tener una idea bastante clara del mundo activista. Vengo de un contexto marcado por la lucha social y eso me ha permitido situarme de una determinada manera e identificarme con unas causas y con unos colectivos específicos. Posteriormente, el estudio me ayudó a conocer la complejidad del activismo, sus conflictos, sus dinámicas y sus prácticas de acción entre otros aspectos teóricos. Sin embargo, la implicación en colectivos de diferente naturaleza me ha permitido acceder a dinámicas grupales que no habría podido conocer de otro modo y encontrarme con personas que me han enseñado cosas que no se aprenden por muchos libros que leas. Por este motivo –y también por muchos otros– no tengo más que palabras de reconocimiento hacia los activistas y admiración hacia el mundo del activismo.
Y digo esto porque cuando acudí a Sevilla para participar en el ‘Move.net’ pensé que este tipo de reconocimiento y que esta admiración serían mutuas entre el ‘mundo académico’ y el ‘mundo activista’. Quiero pensar que el desencuentro que se creó durante aquellas disputas fueron sólo situaciones puntuales, personalistas, poco representativas de nuestros espacios comunes y de nuestras dinámicas de trabajo, pero es cierto que generó una pequeña decepción entre los que pensábamos que todos los allí presentes estábamos ‘en el mismo barco’.
(Publicado en el periódico Madrid 15-M, Nº 36)