Asedio a la Torre del Amor. Soporte para espejo (1350 – 1370). Museo del Louvre, París. Ref. OA6933

La Faula de les amors de Naptuno y Dyana: la crisis del amor cortés

La Faula de les amors de Naptuno y Dyana es una novela sentimental escrita en catalán por Francesc Alegre en el último tercio del siglo XV. La novela sentimental fue un género propio del cuatrocientos que surgió a consecuencia de la crisis del amor cortés. Estas novelas profundizan en el sufrimiento injusto del amante y suelen tener un desenlace trágico causado por la naturaleza engañosa e hipócrita de la dama, presentada como una distorsión obsoleta del ser puro, hierático e inalcanzable de obras anteriores.

En su novela Alegre fabula alegóricamente esta disfunción del amor cortés, instando a los amantes a huir de esta concepción amorosa por defectuosa. Al mismo tiempo la Faula resulta una advertencia para aquellas damas que usan la honestidad como pretexto y excusa para no rechazar explícitamente a sus seguidores, pudiendo así seguir recibiendo sus atenciones y dádivas. Muestra la Faula el castigo que han de sufrir las damas si persisten en sus engaños. En el fondo Alegre no crítica sólo una dama concreta y precisa, sino que carga contra toda la concepción cortesa del amor, en crisis manifiesta en este momento de transición.

Claudiano, el narrador y protagonista, hastiado de su amada, la cruel e hipócrita Dyana, y harto de sus desengaños amorosos, ha empezado a sentir odio hacia ella y este sentimiento lo ha llevado a olvidarla (esta es la primera advertencia para las damas farsantes). Para reforzarse en su olvido, ya fuera de su estado de enamoramiento anterior, rememora la experiencia vivida pero ahora transformada alegóricamente en narración mitológica, articulada como contranarrativa y venganza de su sufrimiento anterior. Con la Faula el narrador protagonista toma conciencia de una parte de su experiencia que no quiso ver, a saber, la verdadera actitud de la dama, y además le inflige un castigo ejemplar: la transformación en roca y el olvido total de parte de todos sus seguidores. Este es el núcleo de la narración.

Uno de los aspectos más innovadores e interesantes de la Faula es que Alegre construye su trama recurriéndo al mito clásico, no en vano Alegre tradujo y comentó los mitos ovidianos. Así, el narrador contempla la verdadera actitud de la dama a través de un espejo mágico ubicado en la Torre o Corte de Venus, por donde se accede a través del Jardín del Amor y a la que se asciende alegóricamente por los Nueve Escalones del Enamoramiento, desconocidos absolutamente por la fría Dyana. Una vez en la sala, Claudiano se da cuenta de la verdadera actitud y traición de Dyana, y también del desorden general que gobierna a todos los amantes seguidores del amor cortés.

La obra culmina con el castigo que Venus impone a Dyana: que los amantes dejen de cortejarla. Por ello, Dyana termina entregándose a Neptuno pensando únicamente en las riquezas que el dios puede ofrecerle (véase la negación de la riqueza como actitud amorosa en el texto anterior de Capellanus, párrafo I.VI.2), pero más tarde rechaza a Júpiter, que la castiga enviándole las tres Parcas y transformándola en una roca negra insensible. Este castigo es el punto culminante de la Faula de Alegre, dado que deshonra a la dama y libera al protagonista. 

En conclusión, la Faula puede leerse como un remedium amoris para el narrador protagonista, y para el atormentado y enamoradizo lector, ya que su odio inicial (‘oy’), causado por el rechazo hipócrita de su amante, se ha transformado en un durísimo escarmiento, no exento de una fuerte misoginia que subyace también en el tratamiento de la dama en la novela sentimental. 

Veamos el pasaje del castigo:

La terra hon posave [=Dyana] los peus restave secha, sens més criar erba ni suau flor, los murtrés li alsaven les branques si les mans alargave a pendre de lurs brots, les roses se cloïen si los girave l’ull a mirar-ne alguna, e los coloms ab gran remor de ales giraven de sa vista com de algun cassador. E si no stigués tant fora de bon juý, ab açò poguera clar conèxer com per ira de Venus los arbres y les flors, ab los ocells consegrats a aquella, la tenien en oy. Mes ab los ulls segats seguia lo camí de la trista ventura, e no guiats dels signes los seus passos, errats guiàran son camí fins en lo primer pati de aquella gran torre, qui és nomenat «Oci», a hon, per no saber lo camí de la sala ni ésser may passada per aquells nou grahons, qui són dret camí d’escusar les erras que fem sobrats de amor, stave passejant per lo clos de aquell, sens saber a hon era, ni rasselave del seu mal tant veý, quant arribà Cupido ab veus de molt gran cuyta, soŀlicitant la mare per axir a cloure lo procés de aquella acusada [=Dyana]. 

Hisqué la noble reyna, per complaure lo fill, fins al cap de la scala, e tots seguint a ella per veure què faria. Medea a la dreta e Ciŀla a la squerra, ab la ficta Dyana al mig, se presentaren al peu de la scala, e hoý la primera comensar en tal forma:

—Aquesta, presumint, ha comesa tal erra que, desdenyant les armes de Cupido, ha abrassat les riqueses de Plutó. Simulada! Ypòcrita! Maleyta sies tu de quantes per amor han may sentida pena! O, pública infàmia del femenil stat! Yo só tenguda en lo món per cruel per haver dade mort a mon petit germà y robat a mon pare, mes en la cort de Venus se fa de mi gran festa, d’on tu ést bendejada y del món avorrida per la tua cubdícia. Resta, confusió de quantes serquen honra, ací en aquest pati, hon may no se’n troba, e tots quants entraran, improperant-te diguen la següent latenia: 

“Maleyta sies tu de les xiques infantes, pus que per ton exemple a mal són convidades! Maleyta de les vèrgens, perquè hun temps ab àbit simulat has tachat llur coŀlegi! Maleyta de casades, torbant a sos marits! Maleyta de les viudes, usurpant los delits que són més propris d’elles! Maleyta de les monges, qui a Déu bé servèxan, perquè has servit infern! Maleyta de aquelles qui amen en públich, perquè has pervertit l’orde de les festes! Maleyta de les altres, qui usen la cautela per a salvar la honra, perquè la has usada per procurar diners!” 

En Francesc Alegre, Obres menors, Publications of eHumanista, Monographs in Humanities 20, Santa Barbara, 2019 (pp. 215-216). <https://www.ehumanista.ucsb.edu/sites/default/files/sitefiles/publications/monographs/BescosObresMenorsAlegre.pdf>

La tierra donde pisaba [Dyana] quedaba seca, sin más volver a dar hierba ni suave flor, los mirtos le alzaban las ramas si extendía sus manos para tomar los brotes, las rosas se cerraban si las miraba y las palomas, con gran ruido de alas, huían de su vista como si fuera un cazador. Y si no estuviera tan fuera de su sano juicio, con todos estos signos pudiera conocer claramente cómo por ira de Venus los árboles y las flores, con los pájaros consagrados a aquella, la tenían en odio. Mas con los ojos ciegos seguía el camino de su triste ventura, y no guiados sus pasos por los cisnes, errados guiaron su camino hasta el primer patio de aquella gran torre, que es llamado «Ocio», donde, por no saber el camino de la sala ni haber pasado nunca por aquellos nueve escalones que son camino directo para excusar los errores que cometemos superados por amor, estaba paseando por el cercado de aquel patio, sin saber dónde se encontraba, ni se daba cuenta de su mal tan claramente. En estas llegó Cupido con voces de muy grande prisa, solicitando a su madre [Venus] que saliera a concluir el proceso contra aquella acusada [Dyana].

Y salió la noble reina, para complacer a su hijo, hasta el pie de la escalera, y todos la seguíamos para ver qué haría. Medea a la derecha y Circe a la izquierda, con la ficticia Dyana en medio, se presentaron al pie de la escalera, y oí a la primera comenzar con tales palabras:

—¡Esta [Dyana], presumiendo, ha cometido tal error que, desdeñando las armas de Cupido, ha abrazado las riquezas de Plutón. ¡Simulada! ¡Hipócrita! ¡Maldita seas tú de cuantas por amor han sentido alguna vez pena! ¡Oh, pública infamia de la femenina condición! Yo [Medea] soy tenida en el mundo por cruel por haber dado muerte a mi pequeño hermano y robado a mi padre, mas en la corte de Venus se hace de mí gran fiesta, de donde tú eres maldecida y aborrecida por tu codicia. Quédate, confusión de cuantas buscan honra, aquí en este patio, donde nunca se la [honra] encuentra, y todos cuantos entrarán, improperándote, profieran la siguiente letanía:

“¡Maldita seas tú de las niñas infantes, puesto que por tu ejemplo son invitadas al mal! ¡Maldita de las vírgenes, porque un tiempo con hábito simulado has manchado su colegio! ¡Maldita de las casadas, turbando a sus maridos! ¡Maldita de las viudas, usurpando los deleites que son más propios de ellas! ¡Maldita de las monjas, que a Dios bien servían, porque has servido al infierno! ¡Maldita de aquellas que aman en público, porque has pervertido el orden de las fiestas! ¡Maldita de las otras, que usan la cautela para salvar la honra, porque la has usado para procurar dinero!”

***

The land where [Dyana] stepped became dry, no longer yielding grass or soft flowers, the myrtles raised their branches if she extended her hands to take their shoots, the roses closed if she looked at them, and the doves, with a great flapping of wings, fled from her sight as if she were a hunter. And if she had not been so out of her right mind, with all these signs she could have clearly known how, through the wrath of Venus, the trees and the flowers, with the birds consecrated to the goddess, hated her. But with blind eyes, she followed the path of her sad fortune, and with her steps not guided by swans, they wrongly guided her path to the first courtyard of that great tower, which is called “Idleness”. There, not knowing the way to the hall nor ever having passed those nine steps which are a direct path to excuse the errors we commit when overcome by love, she was walking around the enclosure of that courtyard, not knowing where she was, nor did she realize her evil so clearly. At this, Cupid arrived with voices of great haste, urging his mother [Venus] to come out to conclude the trial against that accused [Dyana].

And the noble queen came out, to please her son, to the foot of the stairs, and we all followed her to see what she would do. Medea on the right and Circe on the left, with the liar Dyana in the middle, presented themselves at the foot of the stairs, and I heard the first one begin with these words:

“This [Dyana], presumptuous, has committed such an error that, disdaining the arms of Cupid, she has embraced the riches of Pluto. Deceitful! Hypocrite! Cursed be you by as many as have ever felt sorrow for love! Oh, public infamy of the feminine condition! I [Medea] am held in the world to be cruel for having killed my little brother and stolen from my father, but in the court of Venus a great celebration is made for me, while you are cursed and abhorred for your greed. Stay here in this courtyard, where honor is never found, and all who enter, reviling you, utter the following litany:

‘Cursed be you by infant girls, since by your example they are invited to evil! Cursed by virgins, because for a time with a false habit you have stained their college! Cursed by married women, for disturbing their husbands! Cursed by widows, for usurping the delights that are most proper to them! Cursed by nuns, who served God well, because you have served hell! Cursed by those who love in public, because you have perverted the order of the festivals! Cursed by the others, who use caution to save their honor, because you have used it to procure money!'”

Traducciones del catalán: Pere Bescós

Portada: Asedio a la Torre del Amor. Soporte para espejo (1350 – 1370). Museo del Louvre, París. Ref. OA6933


OpenEdition le sugiere que cite este post de la siguiente manera:
Pere Bescós (1 de agosto de 2025). La Faula de les amors de Naptuno y Dyana: la crisis del amor cortés. Pasado Presente. Recuperado 16 de abril de 2026 de https://doi.org/10.58079/14ope


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